3 - Daenerys

Dany lo tocó. El tejido era tan suave que parecía deslizarse como agua entre los dedos. Nunca había llevado nada tan delicado. Se asustó y apartó la mano.
‚ÄĒ¬ŅDe verdad es para m√≠?
‚ÄĒUn regalo del mag√≠ster Illyrio ‚ÄĒasinti√≥ Viserys con una sonrisa. Aquella noche, su hermano estaba de buen humor‚ÄĒ. Este color te resaltar√° el violeta de los ojos. Y tambi√©n dispondr√°s de joyas de oro, muchas. Me lo ha prometido Illyrio. Esta velada debes parecer una princesa.
¬ęUna princesa¬Ľ, pens√≥ Dany. Ya se hab√≠a olvidado de c√≥mo era aquello. Quiz√° nunca lo hab√≠a sabido del todo.
‚ÄĒ¬ŅPor qu√© nos ayuda tanto? ‚ÄĒpregunt√≥‚ÄĒ. ¬ŅQu√© quiere de nosotros?
Llevaban casi medio a√Īo viviendo en la casa del mag√≠ster, comiendo en su mesa y mimados por sus criados. Dany ten√≠a trece a√Īos, edad suficiente para saber que regalos como aqu√©llos rara vez eran desinteresados all√≠, en la ciudad libre de Pentos.
‚ÄĒIllyrio no es ning√ļn idiota ‚ÄĒdijo Viserys. Era un joven flaco, con manos nerviosas y ojos color lila claro, siempre febriles‚ÄĒ. El mag√≠ster sabe que, cuando est√© sentado en mi trono, no olvidar√© a mis amigos.
Dany no dijo nada. El mag√≠ster Illyrio comerciaba con especias, piedras preciosas, huesodrag√≥n y otras mercanc√≠as menos delicadas. Seg√ļn los rumores ten√≠a amigos repartidos por las Nueve Ciudades Libres, y a√ļn m√°s lejos, en Vaes Dothrak y en las legendarias tierras que se extend√≠an m√°s all√° del mar de Jade. Tambi√©n se dec√≠a que jam√°s hab√≠a tenido un amigo al que no hubiera vendido de buena gana por un precio razonable. Dany escuchaba los comentarios en las calles y o√≠a aquellas cosas, pero nunca se le ocurrir√≠a discutir con su hermano mientras √©ste tej√≠a sus redes de sue√Īos. No quer√≠a bajo ning√ļn concepto suscitar su ira, lo que Viserys llamaba ¬ędespertar al drag√≥n¬Ľ.
‚ÄĒIllyrio va a enviar a las esclavas para que te ba√Īen ‚ÄĒdijo su hermano despu√©s de colgar el traje largo junto a la puerta‚ÄĒ. Qu√≠tate bien la peste a establo. Khal Drogo ya tiene mil caballos, esta noche busca una montura distinta. ‚ÄĒLa examin√≥ con gesto cr√≠tico‚ÄĒ. Sigues igual de desgarbada. Ender√©zate. ‚ÄĒLe empuj√≥ los hombros hacia atr√°s con las manos‚ÄĒ. Que se enteren de que ya tienes formas de mujer. ‚ÄĒRoz√≥ ligeramente los pechos incipientes y pellizc√≥ un pez√≥n‚ÄĒ. No me falles esta noche. Si me fallas, lo pagar√°s caro. No querr√°s despertar al drag√≥n, ¬Ņverdad? ‚ÄĒLe dio un pellizco retorcido y doloroso a trav√©s del tejido basto de la t√ļnica‚ÄĒ. ¬ŅVerdad? ‚ÄĒinsisti√≥.
‚ÄĒNo ‚ÄĒrespondi√≥ Dany d√≥cilmente.
‚ÄĒMuy bien. ‚ÄĒLe dedic√≥ una sonrisa y le toc√≥ el pelo casi con afecto‚ÄĒ. Cuando se escriba la historia de mi reinado, dir√°n que comenz√≥ esta noche, hermanita.
En cuanto se marchó, Dany se dirigió hacia la ventana y contempló pensativa las aguas de la bahía. Las torres cuadradas de ladrillo que conformaban el perfil de Pentos eran siluetas negras contra el cielo del ocaso. Dany alcanzaba a oír los cánticos de los sacerdotes rojos, que estaban encendiendo las hogueras nocturnas, y los gritos de los chiquillos harapientos que jugaban al otro lado de los muros de la hacienda. Por un momento deseó con todas sus fuerzas estar allí fuera con ellos, descalza, jadeante y vestida con harapos; sin pasado a sus espaldas, sin futuro, y sobre todo sin la perspectiva de asistir a un banquete en la mansión de Khal Drogo.
En alg√ļn lugar hacia el poniente, m√°s all√° del mar Angosto, se extend√≠a una tierra de colinas verdes, llanuras en flor y anchos r√≠os caudalosos, donde torres de piedra oscura se alzaban entre imponentes monta√Īas gris√°ceas y los caballeros con armadura cabalgaban a la batalla bajo los estandartes de sus se√Īores. Los dothrakis denominaban aquel lugar Raesh Andahli, Tierra de los √Āndalos. En las Ciudades Libres se hablaba de los occidentos y de los Reinos del Poniente. Su hermano utilizaba un nombre m√°s sencillo, la llamaba: ¬ęnuestra tierra¬Ľ. Para √©l, aquellas palabras eran como una plegaria. Si las repet√≠a con frecuencia suficiente, los dioses acabar√≠an por escucharlas. ¬ęNuestra por derecho de sangre, s√≥lo la traici√≥n nos la arrebat√≥, pero sigue siendo nuestra, ser√° nuestra eternamente. No se le puede robar a un drag√≥n lo que es suyo. No, no. El drag√≥n recuerda.¬Ľ
Quiz√° el drag√≥n recordara, pero Dany no. Nunca hab√≠a visto aquella tierra que seg√ļn su hermano les pertenec√≠a, aquel reino m√°s all√° del mar Angosto. Los lugares de los que le hablaba, Roca Casterly y el Nido de √Āguilas, Altojard√≠n y el Valle de Arryn, Dorne y la Isla de los Rostros... no eran m√°s que palabras para ella. Viserys ten√≠a ocho a√Īos cuando salieron huyendo de Desembarco del Rey para escapar de los ej√©rcitos del Usurpador, pero en aquellos d√≠as Daenerys no era m√°s que un proyecto en el vientre de su madre.
Pero su hermano le hab√≠a contado tantas veces aquellas historias que, en ocasiones, Dany llegaba a imaginar c√≥mo hab√≠a sido todo. La huida a medianoche hacia Rocadrag√≥n, con la luz de la luna reflejada en las velas negras del barco. Su hermano Rhaegar luchando contra el Usurpador en las aguas ensangrentadas del Tridente y muriendo por la mujer a la que amaba. El saqueo de Desembarco del Rey a manos de aquellos a los que Viserys llamaba ¬ęlos perros del Usurpador¬Ľ, los se√Īores Lannister y Stark. La princesa Elia de Dorne suplicando piedad mientras le arrancaban del pecho al heredero de Rhaegar y lo asesinaban ante sus ojos. Los cr√°neos bru√Īidos de los √ļltimos dragones, mirando sin ver desde las paredes del sal√≥n del trono donde el Matarreyes le hab√≠a abierto la garganta a su padre con una espada dorada.
Ella había nacido en Rocadragón nueve meses después de la huida, durante una tormenta de verano que amenazaba con quebrantar la solidez de la propia isla. Se dijo que la tormenta había sido espantosa. La flota de los Targaryen, anclada cerca de allí, quedó destruida; el viento arrancó enormes bloques de piedra de los parapetos y los precipitó a las aguas embravecidas del mar Angosto. Su madre había muerto en el parto, y eso Viserys jamás se lo había perdonado.
Dany tampoco ten√≠a recuerdos de Rocadrag√≥n. Hab√≠an huido de nuevo justo antes de que el hermano del Usurpador se hiciera a la mar con la nueva flota. Para entonces, de los Siete Reinos que fueron suyos ya s√≥lo les quedaba Rocadrag√≥n, la cuna de su antigua Casa. No lo conservar√≠an mucho tiempo. La guarnici√≥n ten√≠a intenci√≥n de venderlos al Usurpador, pero una noche Ser Willem Darry y otros cuatro leales entraron en las habitaciones de los ni√Īos y se los llevaron junto con su aya. Protegidos por la oscuridad, pusieron rumbo hacia el refugio que les ofrec√≠a la costa braavosiana.
Recordaba vagamente a Ser Willem, un hombret√≥n corpulento y canoso, casi ciego, que rug√≠a √≥rdenes desde el lecho de enfermo. Los criados le ten√≠an p√°nico, pero con Dany siempre fue amable. La llamaba ¬ęprincesita¬Ľ y, a veces, ¬ęmi se√Īora¬Ľ, y ten√≠a las manos suaves como el cuero viejo. Pero nunca sal√≠a de la cama, y el hedor a enfermedad, un olor dulz√≥n, c√°lido y h√ļmedo, lo envolv√≠a d√≠a y noche. Aquello fue mientras vivieron en Braavos, en la casa grande con la puerta roja. All√≠ Dany hab√≠a tenido una habitaci√≥n para ella sola, y junto a su ventana crec√≠a un limonero. Cuando muri√≥ Ser Willem, los criados robaron el poco dinero que les quedaba y se marcharon, y poco despu√©s el due√Īo de la gran casa los puso de patitas en la calle. Dany llor√≥ amargamente cuando la puerta roja se cerr√≥ tras ellos para siempre.
Desde entonces hab√≠an seguido vagando, de Braavos a Myr, de Myr a Tyrosh, y de all√≠ a Qohor, a Volantis y a Lys. Nunca se quedaban mucho tiempo en ning√ļn lugar. Su hermano se negaba. Insist√≠a en que los asesinos a sueldo del Usurpador les pisaban los talones, aunque Dany jam√°s hab√≠a visto a ninguno.
Al principio los mag√≠steres, arcontes y pr√≠ncipes mercaderes estaban encantados de recibir a los √ļltimos Targaryen en sus hogares y a sus mesas, pero a medida que pasaban los a√Īos y el Usurpador segu√≠a ocupando el Trono de Hierro, las puertas se les cerraron y sus vidas eran cada vez m√°s m√≠seras. Hac√≠a mucho que se hab√≠an visto obligados a vender los √ļltimos tesoros que conservaban, y ahora ya no les quedaba ni el dinero de la corona de su madre. En los callejones y tabernuchas de Pentos llamaban a su hermano el rey mendigo. Dany prefer√≠a no saber c√≥mo la llamaban a ella.
‚ÄĒAlg√ļn d√≠a lo recuperaremos todo, hermanita ‚ÄĒle promet√≠a √©l. A veces le temblaban las manos al hablar del tema‚ÄĒ. Las joyas y las sedas, Rocadrag√≥n y Desembarco del Rey, el Trono de Hierro y los Siete Reinos. Volveremos a tener todo lo que nos arrebataron.
Viserys viv√≠a pensando s√≥lo en ese d√≠a. En cuanto a Dany, lo √ļnico que quer√≠a recuperar era la casa grande de la puerta roja y el limonero junto a su ventana, la infancia que no lleg√≥ a tener.
Llamaron suavemente a la puerta.
‚ÄĒAdelante ‚ÄĒdijo Dany mientras se apartaba de la ventana.
Las criadas de Illyrio entraron, hicieron una reverencia y pusieron manos a la obra. Eran esclavas, un regalo de uno de los muchos amigos dothrakis del mag√≠ster; en la ciudad libre de Pentos no exist√≠a la esclavitud. La anciana, menuda y gris como un ratoncillo, nunca abr√≠a la boca, pero la jovencita lo compensaba con creces. Aquella chica de ojos azules y pelo rubio que no paraba de parlotear mientras trabajaba era, a sus diecis√©is a√Īos, la favorita de Illyrio.
Le llenaron la ba√Īera con agua caliente que hab√≠an subido de la cocina, y la perfumaron con aceites arom√°ticos. La jovencita ayud√≥ a Dany a quitarse la t√ļnica de algod√≥n basto por encima de la cabeza y a meterse en la ba√Īera. El agua estaba demasiado caliente, pero Daenerys no hizo ni un gesto, no dijo nada. Le gustaba el calor. La hac√≠a sentir limpia. Adem√°s, su hermano le dec√≠a a menudo que nada era demasiado caliente para un Targaryen.
¬ęNuestra casa es la casa del drag√≥n. Llevamos el fuego en la sangre¬Ľ, √©sas eran sus palabras.
La anciana le lavó la larga cabellera, tan rubia que era casi plateada, y se la desenredó suavemente, siempre en el más completo silencio. La chica le frotaba la espalda y los pies, y le comentaba la suerte que tenía.
‚ÄĒDrogo es tan rico que hasta sus esclavos llevan collares de oro. En su khalasar cabalgan cien mil hombres, su palacio de Vaes Dothrak tiene doscientas habitaciones, todas con puertas de plata maciza.
Y sigui√≥ sin cesar, largo rato, acerca de lo guapo que era el khal, alto y valiente, audaz en la batalla, el mejor jinete que jam√°s hab√≠a montado a lomos de un caballo, un arquero perfecto... Daenerys no dijo nada. Siempre hab√≠a dado por supuesto que, cuando llegara a la mayor√≠a de edad, se casar√≠a con Viserys. Los Targaryen se hab√≠an casado entre hermanos durante siglos, desde que Aegon el Conquistador hab√≠a desposado a sus hermanas. Viserys le hab√≠a dicho mil veces que ten√≠an que mantener pura la estirpe; por sus venas corr√≠a sangre de reyes, la sangre dorada de la vieja Valyria, la sangre del drag√≥n. Los dragones no se apareaban con las bestias del campo, y los Targaryen no mezclaban su sangre con la de hombres inferiores. Pero ahora Viserys la vend√≠a a un extra√Īo, a un b√°rbaro.
Cuando estuvo aseada, las esclavas la ayudaron a salir del agua y la secaron con toallas. La chica le cepill√≥ la cabellera hasta que qued√≥ brillante como plata fundida, mientras la anciana la ung√≠a con el perfume florespecia de las llanuras dothraki: una gota en cada mu√Īeca, detr√°s de las orejas, en los pezones y la √ļltima, todo frescor, entre las piernas. La vistieron con las prendas et√©reas que le hab√≠a enviado el mag√≠ster Illyrio y le pusieron el vestido largo, de oscura seda color ciruela para que le resaltara el violeta de los ojos. La joven le calz√≥ las sandalias doradas mientras la anciana le colocaba la diadema en el pelo y le deslizaba brazaletes de oro con incrustaciones de amatistas en las mu√Īecas. Por √ļltimo le pusieron el collar, un grueso torques dorado con grabados de antiguos jerogl√≠ficos valyrianos.
‚ÄĒAhora pareces toda una princesa ‚ÄĒle dijo la chica asombrada cuando terminaron.
Dany contempló su imagen en el espejo azogado que Illyrio, siempre atento, le había proporcionado.
¬ęUna princesa¬Ľ, pens√≥. Pero record√≥ lo que le hab√≠a dicho la joven, que Khal Drogo era tan rico que hasta sus esclavos llevaban collares de oro. Sinti√≥ un escalofr√≠o repentino y se le eriz√≥ el vello de los brazos desnudos.
Su hermano la esperaba en el fresco salón recibidor. Estaba sentado al borde de la piscina y removía el agua con los dedos. Al verla llegar, se levantó y la examinó con ojo crítico.
‚ÄĒQu√©date ah√≠ ‚ÄĒle dijo‚ÄĒ. Date la vuelta. S√≠. Bien. Tienes un aspecto...
‚ÄĒRegio ‚ÄĒintervino el mag√≠ster Illyrio, que en aquel momento cruzaba el arco de la entrada. Se mov√≠a con una delicadeza sorprendente para ser un hombre tan corpulento. Bajo las prendas sueltas de seda de colores llamativos, pliegues de grasa se le mov√≠an al caminar. Llevaba anillos en todos los dedos, y su criado le hab√≠a aceitado la barba amarilla dividida en dos partes para que brillara como oro de verdad‚ÄĒ. Que el Se√Īor de la Luz os llene de bendiciones en este d√≠a venturoso, princesa Daenerys ‚ÄĒ a√Īadi√≥ al tiempo que le tomaba la mano. Hizo una inclinaci√≥n galante con la cabeza, y los dientes amarillentos y podridos se le asomaron durante un momento entre el oro de la barba‚ÄĒ. Es una aut√©ntica visi√≥n, Alteza, una aut√©ntica visi√≥n ‚ÄĒdijo a su hermano‚ÄĒ. Drogo se quedar√° extasiado.
‚ÄĒEst√° muy flaca ‚ÄĒreplic√≥ Viserys. Ten√≠a el pelo rubio plata, como ella, y lo llevaba recogido hacia atr√°s y sujeto con un prendedor de huesodrag√≥n. Le daba un aspecto severo, que le enfatizaba los rasgos duros y huesudos del rostro. Apoy√≥ la mano en el pu√Īo de la espada que le hab√≠a prestado Illyrio‚ÄĒ. ¬ŅEst√°s seguro de que a Khal Drogo le gustan las mujeres tan j√≥venes?
‚ÄĒLo que importa es su linaje. Es suficientemente mayor para el khal ‚ÄĒle respondi√≥ Illyrio por en√©sima vez‚ÄĒ. Y miradla ahora. Ese pelo tan rubio, esos ojos p√ļrpura... La sangre de la antigua Valyria corre por sus venas, no cabe duda, no cabe duda. Adem√°s, es la hija del viejo rey y la hermana del nuevo, Drogo enloquecer√° por ella.
Cuando le soltó la mano, Dany se dio cuenta de que la suya temblaba.
‚ÄĒTienes raz√≥n ‚ÄĒdijo su hermano, titubeante‚ÄĒ. A esos b√°rbaros les gustan cosas muy raras. Ni√Īos, caballos, ovejas...
‚ÄĒSer√° mejor que no se lo dig√°is a Khal Drogo ‚ÄĒse√Īal√≥ Illyrio.
‚ÄĒ¬ŅMe tomas por idiota? ‚ÄĒLa ira relampague√≥ en los ojos lila de su hermano.
‚ÄĒOs tomo por un rey ‚ÄĒcontest√≥ el mag√≠ster con una ligera reverencia‚ÄĒ. Los reyes no adoptan las mismas precauciones que los hombres vulgares. Perdonadme si os he ofendido. ‚ÄĒSe dio la vuelta y dio unas palmadas para llamar a los porteadores.
Las calles de Pentos estaban ya oscuras cuando se pusieron en marcha en el palanquín de Illyrio, decorado con tallas muy elaboradas. Dos criados caminaban delante para iluminarles el camino con recargadas lámparas de aceite de cristal azul claro, mientras una docena de hombres fuertes cargaban las varas sobre sus hombros. Dentro, tras las cortinas, hacía calor e iban demasiado apretados. Dany percibía con claridad el hedor de las carnes pálidas de Illyrio incluso a través de sus perfumes pegajosos.
Su hermano, que iba junto a ella tendido entre almohadones, no se dio cuenta. Su mente estaba muy lejos, al otro lado del mar Angosto.
‚ÄĒNo nos har√° falta todo su khalasar ‚ÄĒdijo Viserys. Jugueteaba con el pomo de la espada prestada, aunque Dany sab√≠a que nunca hab√≠a blandido una por necesidad‚ÄĒ. Me bastar√° con diez mil. S√≠, con diez mil dothrakis puedo arrasar los Siete Reinos. Y hay otros que tampoco quieren al Usurpador. Tyrell, Redwyne, Darry, Greyjoy... Los de Dorne arden en deseos de vengar la muerte de Elia y de sus hijos. Y el pueblo llano estar√° con nosotros. Claman por su rey. ‚ÄĒMir√≥ a Illyrio con ansiedad‚ÄĒ. ¬ŅNo es cierto?
‚ÄĒSon vuestro pueblo, y os aman ‚ÄĒdijo el mag√≠ster Illyrio, afable‚ÄĒ. A lo largo y ancho de todo el reino, en todos los poblados, los hombres brindan por vos en secreto y las mujeres bordan dragones en los estandartes y los esconden a la espera del d√≠a en que volv√°is cruzando las aguas. ‚ÄĒSe encogi√≥ de hombros‚ÄĒ. Al menos, eso me dicen mis agentes.
Dany no disponía de agentes ni de manera alguna de saber qué hacía o pensaba el pueblo al otro lado del mar Angosto, pero desconfiaba de las palabras aduladoras de Illyrio. En realidad, desconfiaba de todo lo que viniera de él. En cambio, su hermano asentía con entusiasmo.
‚ÄĒYo mismo me encargar√© de dar muerte al Usurpador ‚ÄĒprometi√≥ el joven, que nunca hab√≠a matado a nadie‚ÄĒ, igual que √©l mat√≥ a mi hermano Rhaegar. Y tambi√©n acabar√© con Lannister, el Matarreyes, por lo que le hizo a mi padre.
‚ÄĒEso ser√≠a de lo m√°s apropiado ‚ÄĒdijo el mag√≠ster Illyrio.
Dany vio asomarse una sonrisa entre los labios regordetes, pero su hermano no se dio cuenta. Viserys asintió y apartó una cortina para contemplar la calle. Dany supo que estaba luchando una vez más en la Batalla del Tridente.
La mansi√≥n de nueve torreones de Khal Drogo se alzaba junto a las aguas de la bah√≠a, con los altos muros de ladrillo cubiertos de hiedra clara. Illyrio les hab√≠a dicho que fue un regalo de los mag√≠steres de Pentos al khal. Las Ciudades Libres siempre eran as√≠ de generosas con los se√Īores de los caballos.
‚ÄĒNo es que tengamos miedo de esos b√°rbaros ‚ÄĒles explic√≥ con una sonrisa‚ÄĒ. El Se√Īor de la Luz defender√≠a los muros de nuestra ciudad contra un mill√≥n de dothrakis... o eso nos aseguran los sacerdotes rojos. Pero ¬Ņpara qu√© correr riesgos, cuando la amistad se puede comprar a tan bajo precio?
El palanqu√≠n se detuvo ante la puerta de la finca, y uno de los guardias de la casa apart√≥ bruscamente los cortinajes. Ten√≠a la piel cobriza y los ojos almendrados de los dothrakis, pero iba afeitado y llevaba el casco de bronce con punta de los Inmaculados. Les dirigi√≥ una mirada fr√≠a. El mag√≠ster Illyrio le gru√Ī√≥ algo en el √°spero idioma dothraki; el guardia replic√≥ de la misma manera y les hizo una se√Īal para que cruzaran la puerta.
Dany advirti√≥ que su hermano ten√≠a la mano crispada sobre la empu√Īadura de la espada ajena. Parec√≠a casi tan asustado como ella.
‚ÄĒEunuco insolente ‚ÄĒmurmur√≥ Viserys mientras el palanqu√≠n se alzaba de nuevo y se dirig√≠a hacia la casa.
‚ÄĒEsta noche habr√° muchos hombres importantes en el banquete. ‚ÄĒLas palabras del mag√≠ster Illyrio eran pura miel‚ÄĒ. Son personas que tienen enemigos. El khal est√° obligado a proteger a sus invitados, sobre todo a vos, Alteza. No cabe duda de que el Usurpador pagar√≠a mucho por vuestra cabeza.
‚ÄĒS√≠, claro ‚ÄĒasinti√≥ Viserys, sombr√≠o‚ÄĒ. Ya lo ha intentado m√°s de una vez, Illyrio. Sus asesinos a sueldo nos siguen adondequiera que vayamos. Soy el √ļltimo drag√≥n, y no podr√° dormir tranquilo mientras yo viva.
El palanqu√≠n aminor√≥ la marcha y se detuvo. Alguien apart√≥ los cortinajes, y un esclavo le tendi√≥ la mano a Daenerys para ayudarla a salir. Dany se fijo en que el collar que llevaba era de bronce corriente. Su hermano la sigui√≥, todav√≠a con la mano sobre la empu√Īadura de la espada, aferr√°ndola con fuerza. Hizo falta la ayuda de dos hombres fuertes para poner de nuevo en pie al mag√≠ster Illyrio.
En el interior de la casa, el olor a especias, a lim√≥n dulce y a canela, creaba una atm√≥sfera casi palpable. Los acompa√Īaron hasta un sal√≥n recibidor en el que hab√≠a una vidriera de cristal coloreado que representaba la Maldici√≥n de Valyria. A lo largo de las paredes se quemaba aceite en l√°mparas de hierro negro. Un eunuco situado bajo un arco de piedra con motivos vegetales anunci√≥ su llegada.
‚ÄĒViserys de la Casa Targaryen, el tercero de su nombre ‚ÄĒproclam√≥ con voz alta y clara‚ÄĒ, rey de los √°ndalos y los rhoynar y los primeros hombres, se√Īor de los Siete Reinos y Protector del Reino. Su hermana, Daenerys de la Tormenta, princesa de Rocadrag√≥n. Su honorable anfitri√≥n, Illyrio Mopatis, mag√≠ster de la Ciudad Libre de Pentos.
Pasaron junto al eunuco para acceder a un patio de muros cubiertos de hiedra clara. La luz de la luna te√Ī√≠a las hojas con tonalidades hueso y plata mientras los invitados paseaban ante ellas. Muchos eran se√Īores dothrakis de los caballos, hombres corpulentos de piel rojiza, con largos bigotes adornados con anillos de metal y las cabelleras negras bien aceitadas, trenzadas y llenas de campanillas. Pero entre ellos hab√≠a tambi√©n matones y mercenarios de Pentos, Myr y Tyrosh; un sacerdote rojo a√ļn m√°s gordo que Illyrio; hombres velludos del Puerto de Ibben; y se√Īores de las Islas del Verano, de piel oscura como el √©bano. Daenerys los mir√≥, maravillada... y, de pronto, con un escalofr√≠o de temor, se dio cuenta de que era la √ļnica mujer entre los presentes.
‚ÄĒAquellos tres de all√≠ son jinetes de sangre de Drogo ‚ÄĒles susurr√≥ Illyrio, inclin√°ndose hacia ellos‚ÄĒ. El que est√° junto a la columna es Khal Moro, con su hijo Rhogoro. El hombre de la barba verde es el hermano del arconte de Tyrosh, y el que est√° detr√°s de √©l es Ser Jorah Mormont.
‚ÄĒ¬ŅUn caballero? ‚ÄĒpregunt√≥ Daenerys. El √ļltimo nombre le hab√≠a llamado la atenci√≥n.
‚ÄĒNi m√°s ni menos. ‚ÄĒIllyrio sonri√≥ tras la barba‚ÄĒ. Ungido con los siete √≥leos por el mism√≠simo Septon Supremo.
‚ÄĒ¬ŅQu√© hace aqu√≠?
‚ÄĒEl Usurpador quer√≠a ajusticiarlo ‚ÄĒles dijo Illyrio‚ÄĒ. Alguna disputa sin importancia. Creo que vendi√≥ unos cazadores furtivos a un esclavista tyroshi en vez de entregarlos a la Guardia de la Noche. Una ley absurda. Cada uno tendr√≠a que ser libre para hacer lo que quisiera en sus tierras.
‚ÄĒQuiero hablar con Ser Jorah antes de que acabe la velada ‚ÄĒdijo su hermano.
Dany se sorprendi√≥ a s√≠ misma mirando al caballero con curiosidad. Era un hombre de cierta edad, m√°s de cuarenta a√Īos, y ten√≠a una calvicie incipiente, pero parec√≠a fuerte y en forma. Sus ropas no eran de seda y algod√≥n, sino de lana y cuero.
Llevaba una t√ļnica color verde oscuro, con el bordado de un oso negro sobre las dos patas traseras.
A√ļn estaba mirando a aquel hombre extra√Īo de su tierra natal al que no hab√≠a visto nunca cuando el mag√≠ster Illyrio le puso una mano h√ļmeda en el hombro desnudo.
‚ÄĒVenid, mi querida princesa ‚ÄĒsusurr√≥‚ÄĒ. Ah√≠ est√° el khal en persona.
Dany sinti√≥ deseos de huir y esconderse, pero su hermano la estaba mirando. Sab√≠a que, si lo disgustaba, despertar√≠a al drag√≥n. Se dio la vuelta con el coraz√≥n en un pu√Īo, y mir√≥ al hombre que, si Viserys se sal√≠a con la suya, la pedir√≠a en matrimonio antes de que acabara la noche.
¬ęLa joven esclava no andaba desencaminada¬Ľ, pens√≥. Khal Drogo era un palmo m√°s alto que el hombre de mayor estatura de la sala, pero su andar era ligero, tan elegante como el de la pantera del zool√≥gico privado de Illyrio. Tambi√©n era m√°s joven de lo que Dany pensaba, no tendr√≠a m√°s de treinta a√Īos. Ten√≠a la piel del color del cobre bru√Īido, y luc√≠a muchos anillos de oro y bronce en el espeso bigote.
‚ÄĒTengo que ir a presentar mis respetos ‚ÄĒdigo el mag√≠ster‚ÄĒ. Esperad aqu√≠, le dir√© que venga.
‚ÄĒ¬ŅLe has visto la trenza, hermanita? ‚ÄĒle pregunt√≥ Viserys mientras Illyrio se alejaba, agarr√°ndola del brazo con tanta fuerza que le hizo da√Īo.
La trenza de Drogo era negra como la noche, estaba impregnada de aceites aromáticos y adornada con multitud de campanillas que tintineaban suavemente cada vez que se movía. Le colgaba por debajo de la cintura, más abajo incluso de las nalgas, y la punta le rozaba la parte trasera de los muslos.
‚ÄĒ¬ŅVes lo larga que la lleva? ‚ÄĒcontinu√≥ Viserys‚ÄĒ. Cuando un dothraki cae derrotado en combate, le cortan la trenza para que todo el mundo sepa que ha sido avergonzado. Khal Drogo nunca ha perdido una batalla. Es la reencarnaci√≥n de Aegon Lordrag√≥n, y t√ļ vas a ser su reina.
Dany contempló a Khal Drogo. Tenía el rostro severo y cruel, con ojos tan fríos y oscuros como el ónice. Su hermano la golpeaba a veces, cuando ella despertaba al dragón, pero no le daba miedo de la misma manera que aquel hombre.
‚ÄĒNo quiero ser su reina ‚ÄĒse oy√≥ decir con voz fr√°gil, queda‚ÄĒ. Por favor, Viserys, por favor, no quiero. Quiero irme a casa.
‚ÄĒ¬ŅA casa? ‚ÄĒNo levant√≥ la voz, pero la ira reverberaba en ella‚ÄĒ. ¬ŅC√≥mo vamos a volver a casa, hermanita? ¬°Nos quitaron nuestra casa! ‚ÄĒLa arrastr√≥ hacia las sombras, fuera de la vista de los dem√°s; hund√≠a los dedos en la piel de la ni√Īa‚ÄĒ. ¬ŅC√≥mo vamos a volver a casa? ‚ÄĒrepiti√≥, pensando en Desembarco del Rey y en Rocadrag√≥n, y en todo el reino que hab√≠an perdido.
Dany se refería sólo a sus habitaciones en la hacienda de Illyrio, que sin duda no eran su verdadero hogar, pero no tenían otra cosa. Su hermano ni siquiera pensaba en aquello. Allí no tenía nada parecido a un hogar. Ni la casa grande de la puerta roja había sido un hogar para él. La aferró con más fuerza todavía, exigiendo una respuesta.
‚ÄĒNo lo s√©... ‚ÄĒdijo al final Dany con la voz quebrada y los ojos llenos de l√°grimas.
‚ÄĒYo s√≠ ‚ÄĒdijo √©l con voz cortante‚ÄĒ. Vamos a volver a casa con un ej√©rcito, hermanita. Vamos a volver con el ej√©rcito de Khal Drogo. Y si para eso tienes que casarte y acostarte con √©l, lo har√°s. ‚ÄĒSonri√≥‚ÄĒ. Si hiciera falta dejar√≠a que te follara todo su khalasar, hermanita, los cuarenta mil hombres uno tras otro, y tambi√©n sus caballos si con eso consiguiera mi ej√©rcito. Da las gracias de que sea s√≥lo Drogo. Con el tiempo hasta puede que te guste. Venga, s√©cate los ojos. Illyrio lo trae hacia aqu√≠, y no quiero que te vea llorar.
Dany se gir√≥ y vio que era verdad. El mag√≠ster Illyrio, todo sonrisas y reverencias, acompa√Īaba a Khal Drogo hacia ellos. Se sec√≥ con el dorso de la mano las l√°grimas que no hab√≠a llegado a derramar.
‚ÄĒSonr√≠e ‚ÄĒsusurr√≥ Viserys, nervioso, con la mano otra vez en la empu√Īadura de la espada‚ÄĒ. Y haz el favor de erguirte. Que vea que tienes tetas. Ya andas bastante escasa aunque te pongas derecha.
Daenerys sonrió y se irguió.