54 - Daenerys

Dany se incorporó sobre un codo para mirarlo, tan alto, tan magnífico. Lo que más le gustaba era su cabello. Nunca se lo había cortado, porque no conocía la derrota.
‚ÄĒLa profec√≠a dice que el semental cabalgar√° hasta los confines de la tierra ‚ÄĒdijo.
‚ÄĒLa tierra termina en el mar de sal negra ‚ÄĒreplic√≥ Drogo al instante. Moj√≥ un pa√Īo en un barre√Īo de agua tibia para limpiarse el sudor y el aceite de la piel‚ÄĒ. Caballo no puede cruzar agua envenenada.
‚ÄĒEn las Ciudades Libres hay miles de barcos ‚ÄĒle dijo Dany, como tantas veces antes‚ÄĒ. Caballos de madera con cien patas, que vuelan sobre el mar con alas llenas de viento.
‚ÄĒNo hablaremos m√°s de caballos de madera y sillas de hierro. ‚ÄĒKhal Drogo no quer√≠a o√≠r hablar de aquello. Solt√≥ el pa√Īo y empez√≥ a vestirse‚ÄĒ. Hoy ir√© a la hierba a cazar, mujer esposa ‚ÄĒanunci√≥ mientras se pon√≠a un chaleco pintado y se abrochaba un cintur√≥n ancho, hecho de medallones de plata, oro y bronce.
‚ÄĒS√≠, mi sol y estrellas ‚ÄĒdijo Dany.
Drogo y sus jinetes de sangre iban a cabalgar en busca del hrakkar, el gran le√≥n blanco de las llanuras. Si regresaban triunfantes, su se√Īor esposo estar√≠a de excelente humor, y quiz√° entonces la escuchara.
√Čl no tem√≠a a las bestias salvajes, ni a ning√ļn hombre que respirase, pero el mar era otra cosa. Para los dothrakis, el agua que los caballos no pod√≠an beber era agua contaminada; las llanuras ondulantes y verdosas del oc√©ano les inspiraban una repulsi√≥n supersticiosa. Drogo era m√°s audaz que cualquier otro se√Īor de los caballos en casi todos los sentidos... pero no en aqu√©l. Si ella consiguiera subirlo a un barco...
Cuando el khal y sus jinetes de sangre se marcharon con sus arcos, Dany llamó a las doncellas. Se sentía tan gruesa y torpe que agradecía la ayuda de sus manos fuertes y hábiles, cuando en el pasado la había incomodado su manera de revolotear en torno a ella. La limpiaron bien, y la vistieron con sedas sueltas y vaporosas. Mientras Doreah le cepillaba el cabello, envió a Jhiqui a buscar a Ser Jorah Mormont.
El caballero acudió al instante. Llevaba polainas de piel de caballo y chaleco pintado, como cualquier otro jinete. Tenía el pecho amplio y los brazos musculosos cubiertos de vello negro.
‚ÄĒPrincesa m√≠a ‚ÄĒdijo‚ÄĒ. ¬ŅEn qu√© puedo serviros?
‚ÄĒQuiero que habl√©is con mi se√Īor esposo ‚ÄĒdijo Dany‚ÄĒ. Drogo dice que el semental que monta el mundo gobernar√° sobre todas las tierras, y no tendr√° por qu√© cruzar las aguas envenenadas. Habla de llevar el khalasar al este cuando nazca Rhaego, para saquear las tierras que rodean el mar de Jade.
‚ÄĒEl khal no ha visto jam√°s los Siete Reinos ‚ÄĒdijo al final el caballero, que se hab√≠a quedado pensativo‚ÄĒ. Para √©l no significan nada. Si alguna vez piensa en ellos, sin duda los imagina como islas, como unas cuantas ciudades peque√Īas erigidas sobre rocas, como Lorath o Lys, y rodeadas de mares tormentosos. Las riquezas del este le parecen una perspectiva m√°s tentadora.
‚ÄĒPero debe ir hacia el oeste ‚ÄĒinsisti√≥ Dany, desesperada‚ÄĒ. Por favor, ayudadme, tengo que hacer que lo entienda.
Ella nunca hab√≠a visto los Siete Reinos, igual que Drogo, pero sent√≠a que los conoc√≠a tras escuchar todas las historias que le contara su hermano. Viserys le hab√≠a prometido mil veces que alg√ļn d√≠a la llevar√≠a all√≠. Pero estaba muerto, y sus promesas hab√≠an muerto con √©l.
‚ÄĒLos dothrakis hacen las cosas cuando creen conveniente, y por los motivos que consideran convenientes ‚ÄĒrespondi√≥ el caballero‚ÄĒ. Tened paciencia, princesa. No comet√°is el mismo error que vuestro hermano. Volveremos a nuestro hogar, os lo prometo.
¬ŅHogar? Aquella palabra la entristec√≠a. Ser Jorah ten√≠a su Isla del Oso, pero, ¬Ņcu√°l era el hogar para ella? Unas cuantas historias, nombres recitados con la solemnidad de una plegaria, el recuerdo cada vez m√°s lejano de una puerta roja... ¬Ņser√≠a Vaes Dothrak su hogar para siempre? Cuando miraba a las viejas del dosh khaleen, ¬Ņestaba contemplando su futuro?
Ser Jorah debió de advertir la tristeza en su rostro.
‚ÄĒDurante la noche ha llegado una gran caravana, khaleesi. Cuatrocientos caballos que vienen de Pentos, pasando por Norvos y por Qohor, bajo el mando del capit√°n mercante Byan Votyris. Puede que Illyrio haya enviado alguna carta. ¬ŅQuer√©is ir al Mercado Occidental?
‚ÄĒS√≠ ‚ÄĒdijo Dany animada‚ÄĒ. Me encantar√≠a. ‚ÄĒLos mercados cobraban vida siempre que llegaba una caravana. Nunca se sab√≠a qu√© tesoros llevaban los mercaderes, y le gustar√≠a volver a o√≠r hablar en valyriano, como en las Ciudades Libres‚ÄĒ. Irri, que me preparen una litera.
‚ÄĒAvisar√© a vuestro khas ‚ÄĒdijo ser Jorah, al tiempo que se retiraba.
Si Khal Drogo hubiera estado con ella, Dany habría ido montada en la plata. Las madres dothrakis iban a caballo casi hasta el momento del parto, y ella no quería parecer débil a los ojos de su esposo. Pero el khal estaba de caza, y era agradable tumbarse sobre cojines suaves y dejarse llevar por Vaes Dothrak bajo cortinas rojas que la protegían del sol. Ser Jorah montó y cabalgó junto a ella, con los cuatro jóvenes de su khas y las doncellas.
Era un d√≠a c√°lido y sin nubes, el cielo ten√≠a un profundo color azul. Cuando soplaba el viento, le tra√≠a los olores deliciosos de la tierra y la hierba. La litera pas√≥ bajo los monumentos robados, que proyectaban sombras en el camino. Dany examin√≥ los rostros de los h√©roes muertos y los reyes olvidados. Se pregunt√≥ si los dioses de las ciudades quemadas a√ļn escuchaban plegarias.
¬ęSi no fuera de la sangre del drag√≥n ‚ÄĒmedit√≥ con melancol√≠a‚ÄĒ, esto podr√≠a ser mi hogar.¬Ľ Era la khaleesi, ten√≠a un hombre fuerte y un caballo r√°pido, doncellas que la serv√≠an, guerreros que la proteg√≠an y un lugar de honor reservado en el dosh khaleen para cuando se hiciera vieja... y en su vientre crec√≠a un hijo que alg√ļn d√≠a dominar√≠a el mundo. Cualquier mujer se conformar√≠a con eso. Pero el drag√≥n, no. Tras la muerte de Viserys, Daenerys era la √ļltima, no quedaba nadie m√°s. Ella era la semilla de reyes y conquistadores, igual que el ni√Īo que llevaba dentro. No deb√≠a olvidarlo jam√°s.
El Mercado Occidental era una gran plaza de tierra batida, rodeada de edificaciones de ladrillo de barro cocido, establos para animales y tabernas encaladas. En el suelo sobresalían prominencias, como los dorsos de grandes bestias subterráneas, fauces negras abiertas que llevaban a cavernas inmensas, muy frescas, que servían como almacenes. El centro de la plaza era un laberinto de tenderetes y pasadizos retorcidos, con un entoldado de hierba trenzada.
Cuando llegaron hab√≠a un centenar de mercaderes y comerciantes descargando mercanc√≠as e instalando tenderetes, pero aun as√≠ el inmenso mercado parec√≠a silencioso y desierto en comparaci√≥n con los populosos bazares que Dany recordaba de Pentos y de otras Ciudades Libres. Ser Jorah le hab√≠a explicado que las caravanas llegaban a Vaes Dothrak procedentes del este y del oeste, pero no tanto para vender cosas a los dothrakis como para comerciar entre ellos. Los jinetes los dejaban ir y venir sin molestarlos, siempre que respetaran la paz de la ciudad sagrada, no profanaran la Madre de las Monta√Īas ni el Vientre del Mundo, y honraran a las viejas del dosh khaleen con los tradicionales regalos de sal, plata y semillas. Los dothrakis no acababan de comprender aquello de la compra y la venta.
A Dany le gustaba el exotismo del Mercado Oriental, con sus extra√Īas formas, sonidos y olores. Sol√≠a pasar all√≠ muchas ma√Īanas, mordisqueando huevos de √°rbol, empanadas de saltamontes y fideos verdes, escuchando las voces agudas y ululantes de los vendedores de p√≥cimas, contemplando las manticoras en sus jaulas de plata, los inmensos elefantes grises y los caballos con rayas blancas y negras de Jogos Nhai. Tambi√©n le gustaba observar a los que pasaban: los asshai'i morenos y solemnes, los qartheen altos y p√°lidos, los hombres de Yi Ti, con ojos brillantes y sombreros con colas de mono, las doncellas guerreras de Bayasabhad, Shamyriana y Kayakayanaya, con anillos de hierro en los pezones y rub√≠es en las mejillas, y hasta los severos y aterradores Hombres Sombr√≠os, que se llenaban de tatuajes el pecho, los brazos y las piernas, y ocultaban los rostros detr√°s de m√°scaras. El Mercado Oriental era, para Dany, un lugar lleno de magia y maravillas.
En cambio, el Mercado Occidental olía a hogar.
Cuando Irri y Jhiqui la ayudaron a bajarse de la litera, olfate√≥ el aire y reconoci√≥ los olores penetrantes del ajo y la pimienta, aromas que recordaron a Dany los d√≠as lejanos en los callejones de Tyrosh y Myr, y la hicieron sonre√≠r. Por debajo de aquellos olores le lleg√≥ tambi√©n el de los perfumes dulces y embriagadores de Lys. Vio esclavos que transportaban rollos de intrincado encaje de Myr y de lanas finas en una docena de colores vivos. Los guardias de la caravana vagaban por los pasillos entre los tenderetes con cascos de cobre y t√ļnicas hasta la rodilla de algod√≥n amarillo acolchado, con las vainas de las espadas vac√≠as colgadas de los cinturones de cuero. Tras uno de los tenderetes, un armero exhib√≠a corazas de acero con ornamentos de oro y plata, y yelmos trabajados para darles forma de cabezas de animales. Junto a √©l hab√≠a una joven hermosa que vend√≠a joyer√≠a de oro de Lannisport, anillos, broches, torques, y medallones exquisitamente labrados perfectos para hacer cinturones. Vigilaba el tenderete un corpulento eunuco, calvo y mudo, vestido con ropas de terciopelo empapadas de sudor, que miraba con el ce√Īo fruncido a todo el que se acercaba. Al otro lado del pasillo hab√≠a un grueso comerciante de tejidos de Yi Ti, que regateaba con un pentoshi por el precio de un tinte verde. La cola de mono de su sombrero se mov√≠a de un lado al otro cada vez que sacud√≠a la cabeza.
‚ÄĒDe peque√Īa me encantaba jugar en el bazar ‚ÄĒcont√≥ Dany a Ser Jorah mientras deambulaban por el pasillo sombreado entre los tenderetes‚ÄĒ. Aquello estaba tan vivo... tantas personas gritando y riendo, tantas cosas maravillosas a la vista... aunque rara vez ten√≠amos dinero para comprar nada. Bueno, excepto una salchicha de cuando en cuando, o dedos de miel... ¬Ņen los Siete Reinos hay dedos de miel como los que preparan en
Tyrosh? ‚ÄĒSon unos pastelillos, ¬Ņverdad? No sabr√≠a deciros, princesa. ‚ÄĒHizo una reverencia‚ÄĒ. Si me disculp√°is un instante, voy a ver al capit√°n, por si trae cartas para nosotros.
‚ÄĒMuy bien. Os ayudar√© a buscarlo.
‚ÄĒNo hace falta que os molest√©is. ‚ÄĒSer Jorah apart√≥ la vista, nervioso‚ÄĒ. Disfrutad del mercado. Me reunir√© con vos en cuanto termine con este asunto.
¬ęQu√© curioso¬Ľ, pens√≥ Dany mientras ve√≠a c√≥mo se alejaba a zancadas entre la muchedumbre. No entend√≠a por qu√© no quer√≠a que lo acompa√Īara. Quiz√° Ser Jorah quisiera buscar una mujer despu√©s de hablar con el capit√°n mercante. A menudo, con las caravanas viajaban algunas prostitutas, eso s√≠ lo sab√≠a, y a algunos hombres les daba verg√ľenza que se vieran sus relaciones. Se encogi√≥ de hombros.
‚ÄĒVamos ‚ÄĒdijo Dany a los dem√°s y reanud√≥ el paseo por el mercado, seguida por sus doncellas‚ÄĒ. ¬°Oh, mirad! ‚ÄĒexclam√≥ dirigi√©ndose a Doreah‚ÄĒ. A esas salchichas me refer√≠a. ‚ÄĒSe√Īal√≥ en direcci√≥n a un tenderete, tras el que una mujercita arrugada asaba carne y cebollas sobre una piedra caliente‚ÄĒ. Las preparan con mucho ajo y chiles picantes. ‚ÄĒEncantada con su descubrimiento, Dany insisti√≥ en que todos probaran las salchichas. Las doncellas devoraron las suyas entre sonrisas y risitas, aunque los hombres de su khas olisquearon la carne con desconfianza‚ÄĒ. El sabor es diferente al que recordaba ‚ÄĒdijo Dany tras los primeros mordiscos.
‚ÄĒEn Pentos las preparo con cerdo ‚ÄĒdijo la anciana‚ÄĒ, pero todos mis puercos murieron en el mar dothraki. √Čstas son de carne de caballo, khaleesi, pero las condimento igual.
‚ÄĒVaya ‚ÄĒsuspir√≥ Dany, decepcionada.
En cambio a Quaro le gustó tanto la salchicha que se comió otra, y Rakharo, para superarlo, se comió tres más, tras lo cual eructó de manera sonora. Dany se echó a reír.
‚ÄĒNo os o√≠amos re√≠r desde que Drogo coron√≥ a vuestro hermano, el Khal Raggat ‚ÄĒdijo Irri‚ÄĒ. Me alegra veros as√≠, khaleesi.
Dany sonri√≥ con timidez. A ella tambi√©n le gustaba re√≠r. Volv√≠a a sentirse casi una ni√Īa.
Dedicaron media ma√Īana a recorrer el mercado. Vio una hermosa capa con plumas que ven√≠a de las Islas del Verano y se la regalaron. Ella a cambio dio al mercader un medall√≥n de plata de su cintur√≥n. Era la costumbre entre los dothrakis. Un vendedor de p√°jaros ense√Ī√≥ a un loro verde y rojo a decir su nombre, y Dany volvi√≥ a re√≠rse, pero no se lo llev√≥. ¬ŅQu√© pod√≠a hacer con un loro verde y rojo en un khalasar? En cambio s√≠ cogi√≥ una docena de botellitas de aceites perfumados, los aromas de su infancia; s√≥lo ten√≠a que cerrar los ojos y olerlos, y volv√≠a a ver la casa grande de la puerta roja. Doreah mir√≥ con ojos ansiosos un amuleto de fertilidad en el tenderete de un mago, y Dany lo cogi√≥ para ella, pensando que luego tendr√≠a que buscar algo tambi√©n para Irri y Jhiqui.
Al doblar una esquina se encontraron con un mercader que ofrec√≠a diminutos vasitos de su mercanc√≠a a los transe√ļntes.
‚ÄĒTintos dulces ‚ÄĒproclamaba en excelente dothraki‚ÄĒ. Tengo tintos dulces, de Lys, de Volantis y del Rejo. Blancos de Lys, co√Īac de peras de Tyrosh, vino de fuego, vino de pimienta, n√©ctares verdes de Myr. Cosechas de bayas ahumadas y agrios de Andal, tengo de todo, tengo de todo. ‚ÄĒEra un hombrecillo menudo, esbelto y atractivo, con el cabello rubio rizado y perfumado a la moda de Lys. Cuando Dany se detuvo ante su puesto, hizo una profunda reverencia‚ÄĒ. ¬ŅQuiere probar algo la khaleesi? Tengo un tinto dulce de Dorne, mi se√Īora, su sabor canta a ciruelas, a cerezas y a roble oscuro. ¬ŅUn barril, una copa, un traguito? Despu√©s de probarlo le pondr√©is mi nombre a vuestro hijo.
‚ÄĒMi hijo ya tiene nombre, pero probar√© vuestro vino veraniego ‚ÄĒdijo Dany, sonriente, en valyriano, en el valyriano que se hablaba en las Ciudades Libres. Las palabras le salieron con dificultad, hac√≠a mucho tiempo que no hablaba el idioma‚ÄĒ. S√≥lo un traguito, si sois tan amable.
Seguramente el mercader la había tomado por dothraki, en vista de las ropas que llevaba, el pelo aceitado y la piel bronceada por el sol. La miró, atónito.
‚ÄĒMi se√Īora, ¬Ņsois... de Tyrosh? ¬ŅEs posible?
‚ÄĒPuede que hable como los tyroshis, y que mi atuendo sea dothraki, pero soy occidental, de los Reinos del Poniente ‚ÄĒle respondi√≥ Dany.
‚ÄĒTen√©is el honor de hablar con Daenerys de la Casa Targaryen ‚ÄĒdijo Doreah adelant√°ndose hasta situarse junto a ella‚ÄĒ, Daenerys de la Tormenta, khaleesi de los jinetes y princesa de los Siete Reinos.
‚ÄĒPrincesa ‚ÄĒdijo el comerciante de vinos poni√©ndose de rodillas e inclinando la cabeza.
‚ÄĒLevantaos ‚ÄĒle orden√≥ Dany‚ÄĒ. Sigo queriendo probar ese vino veraniego del que hablabais.
‚ÄĒ¬Ņ√Čse? ‚ÄĒEl hombre se levant√≥‚ÄĒ. Una porquer√≠a de Dorne. No es digno de una princesa. Tengo un tinto seco del Rejo, tostado y delicioso. Permitid que os lo regale.
‚ÄĒMe honr√°is, ser ‚ÄĒmurmur√≥ con voz dulce. En las visitas de Khal Drogo a las Ciudades Libres, su esposo se hab√≠a aficionado a los buenos vinos, y sab√≠a que aquella cosecha tan noble lo complacer√≠a.
‚ÄĒEl honor es m√≠o. ‚ÄĒEl comerciante rebusc√≥ en la parte trasera del tenderete, y volvi√≥ con un barrilito de roble. Llevaba grabado en fuego un racimo de uvas‚ÄĒ. El blas√≥n de los Redwyne ‚ÄĒdijo‚ÄĒ, del Rejo. No hay bebida mejor.
‚ÄĒKhal Drogo y yo lo tomaremos juntos. Aggo, pon esto en mi litera, por favor. ‚ÄĒEl comerciante de vinos sonri√≥ de oreja a oreja cuando el dothraki cogi√≥ el barrilito.
Dany no se dio cuenta de que Ser Jorah había regresado hasta que oyó su voz.
‚ÄĒNo. ‚ÄĒTen√≠a un tono extra√Īo, brusco‚ÄĒ. Aggo, deja ese barril aqu√≠. ‚ÄĒAggo mir√≥ a Dany. Ella asinti√≥, titubeante.
‚ÄĒ¬ŅSucede algo, Ser Jorah?
‚ÄĒTengo sed. √Ābrelo, mercader.
‚ÄĒEl vino es para la khaleesi, ser ‚ÄĒreplic√≥ el comerciante con el ce√Īo fruncido‚ÄĒ, no para personas como vos.
‚ÄĒSi no lo abres ahora mismo ‚ÄĒdijo Ser Jorah acerc√°ndose m√°s al puesto‚ÄĒ, lo abrir√© yo. Con tu cabeza. ‚ÄĒNo llevaba armas, estaban en la ciudad sagrada, s√≥lo ten√≠a sus manos... pero con las manos le bastaba: eran grandes, duras, peligrosas, con los nudillos cubiertos de vello negro. El mercader titube√≥ un momento, cogi√≥ el martillo y rompi√≥ el tap√≥n del barrilito‚ÄĒ. Sirve ‚ÄĒorden√≥ Ser Jorah.
Los cuatro j√≥venes guerreros del khas de Dany se situaron tras √©l, con el ce√Īo fruncido, y lo miraron fijamente con los ojos oscuros y almendrados.
‚ÄĒSer√≠a un crimen beber un vino como √©ste sin dejar que se airease ‚ÄĒdijo el comerciante de vinos que no hab√≠a soltado a√ļn el martillo.
‚ÄĒHaz lo que dice Ser Jorah ‚ÄĒorden√≥ Dany. Jhogo se hab√≠a llevado la mano al l√°tigo, pero ella lo detuvo con un leve toque en el brazo. La gente empezaba a pararse para mirar.
‚ÄĒComo ordene la princesa ‚ÄĒdijo el hombrecillo dirigi√©ndole una mirada r√°pida y hosca. Tuvo que soltar el martillo para coger el barrilito. Sirvi√≥ dos vasitos de cata diminutos, con tanta habilidad que no se derram√≥ ni una gota.
Ser Jorah cogi√≥ uno y olfate√≥ el vino con el ce√Īo fruncido.
‚ÄĒDulce, ¬Ņeh? ‚ÄĒcoment√≥ el mercader con una sonrisa‚ÄĒ. ¬ŅCapt√°is el olor afrutado, ser? Es el perfume del Rejo. Probadlo, mi se√Īor, y decidme si no es el mejor vino, el m√°s delicioso que haya llegado a vuestra boca.
‚ÄĒPru√©balo t√ļ primero ‚ÄĒdijo Ser Jorah ofreci√©ndole el vaso.
‚ÄĒ¬ŅYo? ‚ÄĒEl hombrecillo se ech√≥ a re√≠r‚ÄĒ. Yo no soy digno de una cosecha como √©sta, mi se√Īor. Y mal comerciante de vinos es aquel que bebe sus mejores caldos. ‚ÄĒSu sonrisa era amistosa, pero Dany vio que ten√≠a la frente perlada de sudor.
‚ÄĒVas a beber ‚ÄĒdijo Dany, fr√≠a como el hielo‚ÄĒ. Apura el vaso, o dir√© que te sujeten mientras Ser Jorah te vac√≠a el barril entero en el gaznate.
El vendedor de vinos se encogió de hombros, extendió la mano para coger el vaso... y en su lugar agarró el barrilito, y lo lanzó contra ella con todas sus fuerzas. Ser Jorah se tiró contra ella para apartarla de la trayectoria. El barrilito le dio en el hombro, y fue a estrellarse contra el suelo. Dany se tambaleó y perdió el equilibrio.
‚ÄĒ¬°No! ‚ÄĒgrit√≥, echando los brazos hacia adelante para amortiguar la ca√≠da...
... y Doreah la agarró por el brazo y tiró de ella hacia atrás, de manera que cayó sobre las rodillas, no sobre el vientre.
El mercader saltó por encima del tenderete y trató de huir entre Aggo y Rakharo. Quaro echó mano del arakh que no llevaba cuando el hombrecillo rubio lo empujó para pasar. Corrió por el pasillo entre las tiendas. Dany oyó el restallar del látigo de Jhogo y vio cómo la serpiente de cuero se enroscaba en torno a la pierna del comerciante, que cayó de bruces.
Una docena de guardias de la caravana corrieron hacia ellos. Al frente iba su jefe, el capitán mercante Byan Votyris, un menudo norvoshi con piel como el cuero viejo y bigotes azulados que le llegaban hasta las orejas. Pareció entender qué pasaba sin que nadie dijera ni palabra.
‚ÄĒLlevaos a √©ste para que el khal disponga de √©l ‚ÄĒorden√≥, se√Īalando al hombre ca√≠do. Dos de los guardias pusieron al hombre en pie‚ÄĒ. Sus bienes son vuestros, princesa ‚ÄĒsigui√≥ el capit√°n mercante‚ÄĒ. Es poca compensaci√≥n, ya que ha sido uno de mis hombres quien ha intentado semejante cosa.
Doreah y Jhiqui ayudaron a Dany a ponerse en pie. El vino envenenado se seguía derramando en la tierra.
‚ÄĒ¬ŅC√≥mo lo supisteis? ‚ÄĒpregunt√≥ temblorosa a Ser Jorah‚ÄĒ. ¬ŅC√≥mo?
‚ÄĒNo lo supe hasta que ese hombre se neg√≥ a beber, khaleesi. Pero, tras leer la carta del mag√≠ster Illyrio, me tem√≠a algo. ‚ÄĒLos ojos oscuros escudri√Īaron los rostros de los desconocidos que los rodeaban en el mercado‚ÄĒ. V√°monos. Es mejor no hablar aqu√≠.
Dany estaba al borde de las l√°grimas. Volv√≠a a tener en la boca un sabor conocido, el del miedo. El miedo a Viserys que la hab√≠a dominado durante a√Īos, el miedo a despertar al drag√≥n. Aquello era todav√≠a peor. No s√≥lo tem√≠a por ella misma, sino tambi√©n por el beb√©. √Čste debi√≥ de percibir su inquietud, porque se mov√≠a intranquilo en su interior. Dany se acarici√≥ el vientre, deseando poder tocarlo, calmarlo.
‚ÄĒEres de la sangre del drag√≥n, peque√Īo ‚ÄĒsusurr√≥ mientras la litera se mec√≠a, con las cortinas echadas‚ÄĒ. Eres de la sangre del drag√≥n, y el drag√≥n no tiene miedo.
Una vez en la caverna subterránea que era su hogar en Vaes Dothrak, Dany ordenó que la dejaran a solas con Ser Jorah.
‚ÄĒDecidme ‚ÄĒorden√≥ al tiempo que se acomodaba sobre los cojines‚ÄĒ, ¬Ņha sido el Usurpador?
‚ÄĒS√≠. ‚ÄĒEl caballero le mostr√≥ un pergamino doblado‚ÄĒ. Una carta para Viserys, del mag√≠ster Illyrio. Robert Baratheon ofrece tierras y un t√≠tulo de lord por vuestra muerte o la de vuestro hermano.
‚ÄĒ¬ŅLa de mi hermano? ‚ÄĒSu sollozo fue casi una carcajada‚ÄĒ. No lo sabe a√ļn, ¬Ņeh? El Usurpador tendr√° que nombrar lord a Drogo. ‚ÄĒAhora la carcajada fue casi un sollozo. Se estrech√≥ el vientre con gesto protector‚ÄĒ. Y a m√≠. ¬ŅS√≥lo a m√≠?
‚ÄĒA vos y a vuestro hijo ‚ÄĒdijo Ser Jorah, sombr√≠o.
‚ÄĒNo. No har√° da√Īo a mi hijo. ‚ÄĒSe prometi√≥ que no llorar√≠a. Que no temblar√≠a de miedo.
¬ęEl Usurpador ha despertado al drag√≥n¬Ľ, se dijo... y desvi√≥ la mirada hacia los huevos de drag√≥n, que reposaban en sus nidos de terciopelo. La luz titubeante de la l√°mpara arrancaba destellos de las escamas p√©treas, como chispas de jade, de rub√≠, de oro.
¬ŅFue una locura nacida del miedo lo que la domin√≥ en aquel momento? ¬ŅO tal vez una extra√Īa sabidur√≠a, enterrada en su sangre? Dany no habr√≠a sabido decirlo.
‚ÄĒSer Jorah, encended el brasero ‚ÄĒse oy√≥ decir.
‚ÄĒ¬ŅKhaleesi? ‚ÄĒEl caballero la mir√≥, extra√Īado‚ÄĒ. Hace mucho calor. ¬ŅEst√°is segura?
‚ÄĒS√≠. ‚ÄĒDany jam√°s hab√≠a estado tan segura de nada‚ÄĒ. Siento... siento escalofr√≠os. Encended el brasero.
‚ÄĒA vuestras √≥rdenes ‚ÄĒdijo el caballero con una reverencia. Cuando el fuego estuvo encendido, Dany despach√≥ a Ser Jorah. Para lo que iba a hacer necesitaba estar sola.
¬ęEsto es una locura ‚ÄĒse dijo al tiempo que cog√≠a el huevo negro y escarlata‚ÄĒ. Se romper√° y arder√°, y es tan hermoso... Ser Jorah pensar√° que soy tonta por estropearlo, pero... pero...¬Ľ
Acunó el huevo entre las manos, lo llevó ante el brasero y lo puso sobre los carbones al rojo. Las escamas negras parecieron brillar al absorber el calor. Las llamas lamieron la piedra con diminutas lenguas rojas. Dany colocó los otros dos huevos junto al negro, sobre el fuego. Se alejó del brasero y contuvo la respiración.
Se quedó mirando hasta que las ascuas se convirtieron en cenizas. Algunas chispas flotaron en torno a los huevos, y el calor dibujaba ondulaciones sobre ellos. Nada más.
¬ęVuestro hermano Rhaegar fue el √ļltimo drag√≥n¬Ľ, le hab√≠a dicho Ser Jorah. Dany contempl√≥ los huevos con tristeza. ¬ŅQu√© hab√≠a esperado? Los huevos hab√≠an estado vivos hac√≠a mil a√Īos, pero ya no eran m√°s que piedras hermosas. De ellos no saldr√≠a jam√°s un drag√≥n. Un drag√≥n era aire y fuego. Carne viva, no piedra muerta.
Cuando Khal Drogo regres√≥, el brasero volv√≠a a estar fr√≠o. Cohollo llevaba por las riendas un caballo cargado con el cuerpo de un gran le√≥n blanco. Las estrellas empezaban a brillar en el cielo. El khal se baj√≥ de su semental entre carcajadas y mostr√≥ a Dany los ara√Īazos en la pierna, all√≠ donde las garras del hrakkar hab√≠an traspasado el tejido de las polainas.
‚ÄĒTe har√© una capa con su piel, luna de mi vida ‚ÄĒjur√≥.
Las risas cesaron cuando Dany le contó lo que había sucedido en el mercado. Khal Drogo se quedó en silencio.
‚ÄĒEste envenenador ha sido el primero ‚ÄĒle advirti√≥ Ser Jorah Mormont‚ÄĒ, pero no ser√° el √ļltimo. Muchos hombres arriesgar√≠an lo que fuera por un t√≠tulo de lord.
‚ÄĒEse vendedor de venenos huy√≥ de la luna de mi vida ‚ÄĒdijo al final Drogo, despu√©s de estar un rato en silencio‚ÄĒ. Ahora correr√° tras ella. Eso har√°. Jhogo, Jorah el √Āndalo, a cada uno de vosotros os digo esto, elegid cualquiera de mis caballos, y ser√° vuestro. Cualquiera excepto el m√≠o y la plata que fue mi regalo a la luna de mi vida. Eso os obsequio por lo que hab√©is hecho.
¬ĽY a Rhaego hijo de Drogo, el semental que montar√° el mundo, a √©l tambi√©n le prometo un regalo. A √©l le entregar√© esa silla de hierro en la que se sentaba el padre de su madre. A √©l le entregar√© los Siete Reinos. Eso har√© yo, Drogo, khal. ‚ÄĒAlz√≥ la voz y levant√≥ el pu√Īo hacia el cielo‚ÄĒ. Llevar√© mi khalasar hacia el oeste, adonde termina el mundo, montar√© en los caballos de madera que cruzan el agua de sal negra, como ning√ļn otro khal ha hecho antes. Matar√© a los hombres de los vestidos de hierro y derribar√© sus casas de piedra. Violar√© a sus mujeres, tomar√© a sus hijos como esclavos, y traer√© sus dioses a Vaes Dothrak para que se inclinen bajo la Madre de las Monta√Īas. Lo juro yo, Drogo, hijo de Bharbo. Lo juro ante la Madre de las Monta√Īas, las estrellas son testigo.
El khalasar parti√≥ de Vaes Dothrak dos d√≠as despu√©s, hacia el sudoeste, por las llanuras. Khal Drogo iba a la cabeza, a lomos de su gara√Ī√≥n rojizo. Daenerys iba a su lado, montada en la plata. El vendedor de vinos corr√≠a tras ellos, desnudo, a pie, encadenado por la garganta y las mu√Īecas. Las cadenas iban atadas al cabestro de la plata de Dany. Mientras montara, tendr√≠a que correr tras ella, descalzo y tambaleante. No le suceder√≠a nada... mientras mantuviera su ritmo.