33 - El regreso del errabundo

El profesor Nettleton picó espuelas cuando vio que yo corría ladera abajo para ir a su encuentro. Aunque enflaquecido y ojeroso por el largo viaje, sonreía con evidente alivio. Tendí las manos hacia él y lo hice desmontar de un apretado abrazo.
¬ó¬°Nettles! ¬°Nettles! ¬óexclam√©¬ó. ¬ŅQu√© est√°s haciendo aqu√≠? ¬ŅC√≥mo supiste d√≥nde est√°bamos?
El anciano sonrió y me palmoteó el brazo.
—El rey Calbha me dio una escolta de tres valientes guerreros y Gwion nos condujo hasta aquí.
Me percaté entonces de la presencia de los otros jinetes. Entre Cynan y Garanaw había tres guerreros que no parecían demasiado fatigados por el viaje y que llevaban sendos caballos cargados de provisiones; el cuarto jinete era Gwion Bach, el joven mabinog de Tegid.
¬ó¬ŅC√≥mo nos hab√©is encontrado? ¬ópregunt√© sacudiendo la cabeza asombrado¬ó. No puedo creer que est√©is aqu√≠.
—Fue muy fácil encontraros —repuso el profesor—. Sólo tuvimos que navegar hacia el este. Una vez en tierra, nos limitamos a seguir vuestras huellas.
Se√Īal√≥ al joven mabinog y a√Īadi√≥:
—Gwion está especialmente dotado para ese menester. Sin su ayuda hubiéramos perdido mucho tiempo.
Mientras los demás se reunían a nuestro alrededor le pregunté al mabinog:
¬ó¬ŅEs cierto, Gwion? ¬ŅSeguiste nuestras huellas?
—Así es, rey Llew —repuso el muchacho.
—Muy bien —les dije—, sea como fuere, habéis llegado al fin de vuestro viaje. Nos habéis encontrado. Pero sin duda estáis muy cansados. Vamos, descansaréis mientras nos comunicáis las noticias que traéis. Estamos ansiosos de oír cómo os ha ido y qué os ha traído hasta aquí.
Regresamos al campamento charlando animadamente sobre los rigores del viaje.
—¡Mirad! —exclamé al llegar—. El errabundo ha regresado.
Scatha y Tegid saludaron a los viajeros con at√≥nito asombro. Todos los guerreros celebraron ruidosamente su haza√Īa, muy alegres adem√°s porque hab√≠an visto los fardos de provisiones y casi ol√≠an ya el banquete que se avecinaba.
—Gwion siguió nuestro rastro —le expliqué a Tegid, palmoteando el hombro del joven.
El mabinog se irguió con orgullo y repuso con un aire de inmensa satisfacción:
—Por donde ibais pasando dejabais un rastro de luz. Día y noche nos limitamos a seguir el Aryant Ol. Y el Camino Radiante nos condujo hasta vosotros.
¬óBravo, muchacho ¬ódijo Tegid con orgullo¬ó. Me encantar√° o√≠r m√°s detalles luego. Os hab√©is enfrentado a enormes privaciones y peligros ¬óa√Īadi√≥ dirigi√©ndose a los dem√°s¬ó. Acuciante debe de ser la necesidad que os ha conducido hasta aqu√≠. ¬ŅPor qu√© hab√©is venido?
Gwion y los guerreros miraron a Nettles, que se apresuró a responder:
—Fue por mi insistencia, penderwydd. El rey Calbha me previno acerca de Tir Aflan. A cada paso que dábamos temía que no íbamos a llegar a tiempo.
Hizo una pausa y me miró tras sus lentes.
—Se trata de Weston y sus hombres —dijo humedeciéndose los labios—. Han logrado abrir un verdadero pórtico desde nuestro mundo a éste. Han conseguido transportar maquinaria por la brecha y han ideado sistemas para explotar esta tierra..., diamantes o algo de un valor similar.
¬óNo son diamantes ¬ópuntualic√© yo¬ó Se trata de alg√ļn metal precioso, creo.
Los puse al corriente en pocas palabras de la chimenea y de la maquinaria, se√Īales inequ√≠vocas de que estaban fundiendo metal. Luego relat√© a Tegid y a los dem√°s todo lo que Bran y yo hab√≠amos descubierto en el valle.
Nettleton escuchaba con expresión de angustia. Cuando hube acabado dijo:
—Es incluso peor de lo que imaginaba. No tenía idea...
Enmudeció abrumado por la gravedad de la situación.
—Ven —le dije intentando aliviar su angustia—. Siéntate. Descansa y después hablaremos.
Pero él se resistió y posó su mano en mi brazo para detenerme.
¬óHay algo m√°s, Llew. Siawn Hy est√° vivo.
Lo miré fijamente.
¬ó¬ŅC√≥mo dices?
—Simon está vivo, Lewis —dijo, llamándome por mi antiguo nombre para que me diera cuenta cabal del peligro—. Weston y él trabajan juntos. Han estado de acuerdo desde el principio.
Mientras hablaba, sentí que caía sobre mí el abrumador peso de la certeza. Era Siawn Hy y no Paladyr quien quería vengarse mediante el rapto de Goewyn. Paladyr era quizás el autor material del crimen, pero era Siawn Hy quien manejaba los hilos. La venenosa maldad de Siawn se había puesto de nuevo en marcha en aquel reino.
¬óLlew... ¬óEl profesor me estudiaba con preocupada atenci√≥n¬ó. ¬ŅMe has o√≠do?
—Sí —repuse sombríamente—. Siawn Hy vive..., eso explica muchas cosas.
¬óTras un primer contacto ¬ócontinu√≥ el profesor¬ó, Weston proporcion√≥ informaci√≥n a Simon, a cambio de una provisi√≥n de fondos que √©l obtendr√≠a de su padre. Simon ambicionaba convertirse en rey..., incluso se jactaba de ello. Pero t√ļ se lo impediste. A√ļn m√°s, t√ļ triunfaste en lo que √©l fracas√≥. No creo que te lo perdone jam√°s ¬óa√Īadi√≥ Nettles con √©nfasis.
—No —musité—. Yo tampoco lo creo.
Me alejé unos pasos de él y alzando la voz me dirigí entonces a los guerreros.
¬óDescargad las provisiones y preparad un banquete de bienvenida. Luego disponed vuestras armas. Hoy nos prepararemos y descansaremos. Ma√Īana nos enfrentaremos al enemigo.
Mientras los guerreros se aprestaban a cumplir las órdenes, llamé a Cynan, a Bran y a Scatha.
¬óAhora mismo celebraremos consejo y prepararemos la estrategia de batalla.
Cuando acabamos de deliberar, hacía largo rato que la noche había caído sobre el campamento; las estrellas iluminaban la bóveda del cielo con sus puntos de luz. Habíamos empleado en el consejo el resto de la jornada, haciendo sólo una pausa para compartir la comida de bienvenida que consistió en pan, buey salado y cerveza, gracias a las provisiones que nos habían traído. Aquella noche, mientras los guerreros dormían, recorrí el campamento mientras mis pensamientos volvían una y otra vez al significado de todo lo que me había revelado el profesor Nettleton.
Simon, gravemente herido por la lanza de Bran, había caído por el umbral de los mundos y había sido recogido por los hombres de Weston, que lo trasladaron a un hospital donde había pasado una larga convalecencia.
—Tras recuperarse —me había explicado Nettles en un aparte—, Simon desapareció. Y poco después la actividad se reanudó.
¬ó¬ŅC√≥mo lo averiguaste?
¬óHab√≠a estado al tanto de toda la operaci√≥n. Adem√°s me ayudaron. ¬ŅTe acuerdas de Susannah? ¬óme pregunt√≥, inclin√°ndose hacia m√≠.
Al oír aquel nombre surgió en mi memoria el rostro de una joven de mirada despierta, con cerebro y arrestos para cualquier reto. Sí, me acordaba de ella.
¬óSusannah ha sido una bendici√≥n de Dios ¬óme inform√≥ Nettles sobriamente¬ó. Se lo cont√© todo. No s√© c√≥mo me las habr√≠a arreglado sin ella. ¬óAdopt√≥ un aire serio y continu√≥¬ó. Despu√©s de la desaparici√≥n de Simon, comenc√© a percibir las se√Īales y supe que hab√≠a que hacer algo. El da√Īo es pavoroso.
¬ó¬ŅEl da√Īo?
¬óEl da√Īo sufrido por el mundo manifiesto. Surgen... ¬óvacil√≥ buscando la palabra m√°s adecuada¬ó surgen anomal√≠as. Casi todos los d√≠as aparecen aberraciones. El Nudo, el Nudo Sin Fin, se est√° desenredando. Y el mundo manifiesto est√° disminuyendo; el efecto es...
Tras las gafas sus ojos tenían una mirada intensa, como si me imploraran, me suplicaran y desearan ardientemente que le creyera.
—Por eso decidiste volver —sugerí yo.
¬óS√≠, y cuando Calbha me dijo que Goewyn hab√≠a sido raptada y llevada a la Tierra Maldita, tem√≠ que hab√≠a regresado demasiado tarde. Hay que detenerlo, Llew ¬óa√Īadi√≥ en tono firme e insistente¬ó. Est√°n manipulando fuerzas que escapan a su comprensi√≥n. Si persisten en su ambicioso e insensato empe√Īo, lo destruir√°n literalmente todo. No puedes imaginar...
Con las advertencias del anciano profesor resonando en mi mente como una campana agorera, deambulé por el silencioso campamento bajo el frío de la noche. El fin estaba cerca, presentía que se acercaba con la misma inexorabilidad del alba. Al día siguiente, me enfrentaría a mi enemigo y con la ayuda de la Mano Firme y Segura lo vencería, o moriría en el intento.
El valle estaba tal y como Bran y yo lo habíamos dejado: era una roja hendidura abierta en el vientre de la tierra. La humareda se cernía sobre él como un techo de hollín, e impedía el paso de la escasa luz que hubiera podido provenir del pálido y débil sol. Imaginé por un momento que la luz del sol penetraba entre la neblina y despejaba la suciedad y la contaminación. Pero, ¡ay!, haría falta algo más poderoso que la luz del sol para reparar la devastación que contemplábamos.
El lago lleno de espuma, letalmente quieto bajo el sudario de humo, parec√≠a un espejo empa√Īado. El hedor de las aguas y de la desolada tierra nos irritaban los pulmones y los ojos. Los guerreros ten√≠an que irse habituando poco a poco para seguir avanzando.
¬óLos dyn dythri est√°n all√≠ ¬ódije, se√Īalando con la punta de mi lanza hacia la presa y la chimenea.
Cynan, Bran, Scatha, Tegid y Nettles estaban a mi lado; los guerreros se habían reunido detrás de nosotros.
—No sé cuántos extranjeros han venido, pero es probable que sepan que estamos aquí y estarán preparados para enfrentarse a nosotros.
¬óMuy bien ¬ógru√Ī√≥ Cynan¬ó. As√≠ nadie podr√° decir que derrotamos al enemigo mientras dorm√≠a.
Scatha observaba con sus verdes ojos entrecerrados, estudiando el terreno en sus más mínimos detalles.
¬óNos lo describiste muy bien. Pero ser√° dif√≠cil salvar aquella ladera. Creo que deber√≠amos ir por el sendero ¬ódijo, se√Īalando el camino a la izquierda del lago por el que los obreros arrastraban sus fardos hacia el recinto oculto por la presa.
¬óLos esclavos no nos molestar√°n ¬ódije yo¬ó. No hay necesidad de eludirlos. No luchar√°n.
¬óNo veo ning√ļn extranjero ni tampoco a sus olwynog tuth√≥gi ¬ócoment√≥ Bran, y algunos guerreros se echaron a re√≠r; pero fue una risa nerviosa, no hab√≠a en ella alegr√≠a alguna.
Me volví para dirigir a los hombres las palabras que había estado sopesando durante la larga noche insomne:
—Compatriotas y amigos, hemos viajado hasta muy lejos y hemos soportado muchas penalidades que habrían arredrado a hombres inferiores a nosotros.
Se levantó un murmullo de aprobación.
¬óHoy ¬ócontinu√©¬ó vamos a enfrentarnos con el m√°s enga√Īoso y astuto de los enemigos. Enga√Īoso porque sus armas son la cobard√≠a y la artima√Īa. Astuto porque es ducho en la malicia y tortuoso en su forma de luchar. Os parecer√° un enemigo d√©bil y menospreciable, muy diferente a cuantos hasta ahora os hab√©is enfrentado. Sus armas os parecer√°n toscas e inferiores; pero no os dej√©is enga√Īar, porque pueden matar a distancia, sin que os deis cuenta siquiera. Deb√©is estar constantemente alerta, porque cuanto m√°s lejos est√© el enemigo m√°s peligroso ser√°.
Los hombres se miraron unos a otros atónitos, pero yo seguí hablando:
—Debéis comprenderlo bien. Prestad atención. El enemigo al que nos enfrentaremos hoy no presentará batalla. Saldrán corriendo y huirán. Lucharán desde sus escondrijos.
Mis palabras suscitaron resoplidos de desprecio.
¬ó¬°O√≠dme bien! ¬ócontinu√©¬ó. No os dej√©is enga√Īar. No esper√©is hallar en ellos ni destreza en las armas ni sentido del honor. Esperad s√≥lo desorden y cobard√≠a, porque en ellos se escuda un enemigo que no sabe lo que es el valor y el coraje.
Los guerreros aplaudieron ruidosamente alzando sus voces en gritos de escarnio.
¬óSu fuerza no reside en su n√ļmero, sino en la rapacidad y en el ansia de destrucci√≥n. Es un enemigo que aniquila sin remordimientos. La piedad no lo detendr√°, ni la compasi√≥n frenar√° su mano. Carece por completo de honor.
Se oyeron gritos y mofas ante la indignidad de semejante enemigo, pero yo alcé mi mano de plata para imponer silencio.
—¡Escuchadme con atención! Hoy no vamos a luchar por el honor; no hay gloria alguna en la derrota. Lucharemos sólo para sobrevivir. Somos muy pocos, pero nos interpondremos entre el enemigo y la destrucción de nuestro mundo. Si fracasamos, Albión sucumbirá bajo las sombras de la maldad y de la desolación, como le sucedió a Tir Aflan. Hoy vamos a luchar por la libertad de las víctimas del enemigo, por Goewyn y Tángwen, sí; pero también por aquellos que ni siquiera sospechan el peligro que los acecha. De ahora en adelante avanzaremos con perspicacia y astucia. Debemos usar la cautela en lugar de la lucha abierta; sí la cautela y el sigilo, e incluso la huida, pueden salvarnos para poder luchar de nuevo.
A los guerreros no les agradaron mis palabras y murmuraron contra t√°cticas tan cobardes, pero yo me mantuve firme:
—Aferraos al orgullo, y pereceremos. Velad por la dignidad, y moriremos. Hoy vamos a luchar, pero tenemos que sobrevivir a la lucha. Porque, si fracasamos, Albión sucumbirá. Y si Albión sucumbe, el orgullo y la dignidad de este mundo se habrán perdido irremediablemente.
Los gritos y murmullos cesaron. Mis palabras habían dado en la diana y se habían clavado profundamente. Hice una pausa antes de concluir:
—Escuchad, hermanos. En el tiempo que llevo entre vosotros he aprendido algo: el verdadero honor no yace en la destreza con las armas o en la fuerza de los brazos, sino en la virtud. La destreza se acaba, la fuerza también; sólo prevalece la virtud. Por tanto, dejemos a un lado lo que es falso. Prefiramos en su lugar el valor de la virtud y la gloria de la justicia.
Hab√≠a hablado con el coraz√≥n en la boca, pero ¬Ņme hab√≠an entendido? Ten√≠a la impresi√≥n de que me hab√≠a equivocado al hablarles de aquel modo en semejantes circunstancias. Me pareci√≥ que los guerreros no me hab√≠an entendido, que los hab√≠a perdido; y quiz√° tambi√©n la batalla.
Sin embargo, cuando la duda comenzaba a crecer, oí un débil golpeteo. Volví mi cabeza hacia el sonido y vi que Bran, con mirada resuelta y serena, golpeaba con el astil de la lanza el reborde del escudo. Click, click, click...
La Bandada de Cuervos no tardó en unírsele, Scatha y Cynan también lo imitaron. ¡Click! ¡Click! ¡Click! Poco después, de dos en dos y de tres en tres el resto de los guerreros comenzaron a golpetear sus escudos. ¡Click! ¡Click! ¡Click! El sonido se convirtió en un sonoro tamborileo y luego en un amenazador trueno, a medida que los astiles golpeaban con más fuerza y ritmo los escudos. ¡Crack! ¡Crack! ¡Crack! ¡Crack!
El estrépito fue aumentando y de pronto cesó de golpe. Oí cómo su eco se propagaba por el valle. Y entonces nos dirigimos ladera abajo hacia Cwm Gwaed, el Valle de la Sangre.