29 - ¬°vuela, cuervo!

Envuelto en un manto marr√≥n, Tegid escrutaba con sus oscuros ojos el vasto panorama monta√Īoso. De un uniforme color pardusco, salpicado de vez en cuando por el blanco de las rocas, interminablemente mon√≥tono y desesperadamente des√©rtico ¬ós√≥lo hab√≠an algunas matas de brezo y turbas cenagosas en torno a pe√Īas que sobresal√≠an como islas en un mar color de or√≠n¬ó, el p√°ramo se extend√≠a desolado y abandonado hasta donde alcanzaba la vista. Jorobas de √°ridas monta√Īas, encorvadas como hombros, se empujaban unas a otras en todas direcciones hacia el horizonte.
No me miró cuando me acerqué a él.
—No deberías haberle prometido a Alun que lo llevarías a casa.
—Se lo juré, bardo. Y pienso cumplir mi promesa.
Sus labios se apretaron en una mueca de desaprobación.
—No podemos cargar con su cuerpo y no hay forma de llevarlo de regreso a Albión. Debemos enterrarlo aquí.
Mientras contemplaba la tenebrosa vastedad de aquel páramo, repliqué:
¬óAlun merece algo mejor, y lo tendr√°.
—Entonces te sugiero que pienses en alguna solución.
¬ó¬ŅQu√© te parece si quemamos el cuerpo? Ya s√© que no es la forma m√°s honorable de desprenderse de un cad√°ver, pero puede ser llevada a cabo con dignidad y respeto.
Tegid me miró meditabundo con el entrecejo fruncido. Yo comprendía perfectamente la resistencia del bardo: quemar un cuerpo se reservaba sólo para enemigos, proscritos y criminales.
—Es un procedimiento conocido en Albión —admitió al fin—. Ha habido épocas en que se hacía por necesidad.
¬ó¬ŅAcaso no estamos viviendo una de esas √©pocas? ¬ópregunt√© con ligereza¬ó. Nos obliga a ello una imperiosa necesidad.
—Sí —reconoció el bardo—, nos obliga a ello una imperiosa necesidad y el juramento de un rey. Así están las cosas. Pero, hay que vigilar bien el fuego para que los huesos no se quemen. Deben ser reunidos y guardados. Yo me ocuparé de eso.
¬óY cuando regresemos a Albi√≥n ¬óa√Īad√≠¬ó, los enterraremos en Druim Vran.
—Que así sea.
¬óBien. Reuniremos le√Īa para encender la pira.
Envié ocho hombres al bosque con varios caballos para que trajeran la madera que se necesitaba. Se marcharon bajo el mando de Bran, porque, cuando le expliqué lo que pretendía hacer, el jefe de los Cuervos insistió en conducir él mismo a los jinetes.
¬óNo es necesario, Bran; puede encargarse cualquier otro.
—Si el cuerpo de Alun tiene que ser quemado —replicó él con firmeza—, quiero escoger personalmente la madera. Alun me salvó del Wyrm, es lo menos que puedo hacer por él.
Puesto que no hab√≠a forma de hacerle desistir, le permit√≠ que fuera. El bosque no estaba demasiado lejos y los caballos estaban bien alimentados y descansados; insist√≠ en que la partida deb√≠a estar de vuelta en el campamento al crep√ļsculo del d√≠a siguiente. El d√≠a no estaba muy avanzado y partieron en cuanto ensillaron los caballos. Los vimos alejarse con la peque√Īa cantidad de carne de caballo que nos hab√≠a quedado.
Los estuve observando hasta que se perdieron de vista y despu√©s, con el coraz√≥n en un pu√Īo, me dispuse a elegir otro caballo para sacrificarlo.
Regresaron al d√≠a siguiente por la ma√Īana entre una espesa niebla. El p√°ramo se iba encharcando con la pertinaz llovizna, arrastrada por una fresca brisa del este, que hab√≠a reemplazado al helado viento del norte de la noche. A la plomiza luz de la ma√Īana el p√°ramo ten√≠a un aspecto inh√≥spito y triste.
Tras intercambiar saludos, los enviamos a calentarse junto al fuego. Ordené que descargaran los caballos y los soltaran para que pacieran; luego me reuní con Bran junto a la fogata. El jefe de los Cuervos me informó lacónicamente de la expedición.
¬óEsta tierra est√° muerta ¬ódijo sacudiendo su manto¬ó. Todo est√° tal como lo vimos. No ha cambiado nada.
Orden√© que trajeran un poco de asado de la v√≠spera y lo dej√© comiendo. Entretanto, Tegid y yo preparamos la pira para la cremaci√≥n del cad√°ver de Alun. La le√Īa hab√≠a sido descargada junto a la carretera, y el bardo estaba ocupado en clasificarla seg√ļn su longitud, cuando me reun√≠ con √©l. Tras haberla ordenado, transportamos brazadas de seleccionada madera a una enorme roca plana y comenzamos a apilarla cuidadosamente.
Me enfrasqu√© en la tarea y trabajamos juntos sin hablar, transportando y apilando la le√Īa hasta erigir un resistente catafalco de madera tronco sobre tronco. Era un trabajo duro y, como los dos nos mov√≠amos r√≠tmicamente, me vino a la memoria el d√≠a en que el bardo y yo comenzamos a construir Dinas Dwr. Me aferr√© a aquel recuerdo reconfortado por su templado resplandor mientras trabaj√°bamos hombro con hombro. Cuando terminamos, la pira se alzaba en su solitaria pe√Īa como una peque√Īa fortaleza de troncos. Algunos hombres se hab√≠an acercado mientras trabaj√°bamos y ahora contemplaban con triste mirada la pira.
Tegid, al verlos allí inmóviles, les dijo:
¬óCuando el sol se ponga encenderemos el fuego.
La niebla se aclar√≥ mientras el d√≠a tocaba a su fin y el sol se inclinaba hacia el oeste, regal√°ndonos unos espl√©ndidos destellos de dorada luz antes de que las tinieblas nos envolvieran de nuevo. Mir√© hacia el sol poniente y vi que los guerreros en grupos de dos o tres atravesaban el p√°ramo y se acercaban a la pe√Īa donde Tegid y yo aguard√°bamos.
Cuando todos estuvieron reunidos, el cuerpo de Alun, cubierto y enfundado tras su muerte en una piel de buey, fue traído a hombros de los Cuervos y depositado sobre la pira. Tegid encendió un fuego, preparó las antorchas y se las entregó a los cuatro Cuervos que quedaban y a Bran.
Luego el bardo se encaram√≥ a la pe√Īa y ocup√≥ su puesto en la cabecera de la pira. Alz√≥ los brazos y exclam√≥ con voz sonora:
—Parientes y amigos, Alun Tringad ha muerto. Ha llegado la hora de liberar el alma de nuestro hermano de armas para que emprenda su viaje por los Reinos Superiores. Su cuerpo será quemado, pero sus cenizas no serán enterradas en Tir Aflan. Cuando el fuego haya terminado su trabajo, recogeré los huesos y regresarán con nosotros a Albión para ser enterrados en Druim Vran.
Luego, se cubri√≥ la cabeza con un pliegue del manto, alz√≥ la vara y cerr√≥ los ojos. Poco despu√©s comenz√≥ a entonar suave y disonantemente una endecha f√ļnebre:
Cuando la boca sea sellada,
cuando los ojos sean cerrados,
cuando el aliento cese de respirar,
cuando el corazón cese de latir,
cuando el corazón y el aliento cesen;
que la Mano Firme y Segura te sustente
y te proteja de todo mal.
Que la Mano Firme y Segura te sustente
y guíe tus pies en el camino,
que la Mano Firme y Segura te sustente
y te conduzca por el filo del puente,
que la Mano Firme y Segura te proteja, te guíe
y te conduzca por el estrecho camino
por el que abandonas este mundo.
Que te guarde de desgracias y peligros,
que encienda ante ti la hermosa luz de la alegría,
que te conduzca a las Mansiones de la Paz,
y al servicio de un Verdadero Rey
en las Mansiones de la Paz,
donde Gloria, Honor y Majestad
deleitan para siempre al Noble Linaje.
Que la mirada del Dios Omnipotente
sea la estrella que te guíe,
que el aliento del Dios Bondadoso
abra para ti un dulce camino,
que el corazón de la Majestad Divina
te favorezca con su bendición.
Que las llamas de este fuego
iluminen tu camino...
Que las llamas de este fuego
iluminen tu camino...
Que las llamas de este fuego
iluminen tu camino al mundo del m√°s all√°.
Tras pronunciar estas palabras, el Bardo Supremo llam√≥ a los Cuervos. Uno tras otro, Garanaw, Emyr, Niall y Drustwn, se adelantaron portando las antorchas y las arrojaron a la base de la pira. Bran se adelant√≥ el √ļltimo y arroj√≥ su antorcha junto a las otras. El fuego rugi√≥ con el viento, prendi√≥ y se alz√≥ hacia el cuerpo de Alun que yac√≠a en su tosco lecho de madera.
Como todos los que me rodeaban, contempl√© c√≥mo las llamas se alzaban entre el enrejado de le√Īa y acariciaban la carne yerta de mi amigo. Sent√≠a un inmenso dolor por m√≠ mismo: jam√°s volver√≠a a o√≠rlo cantar, jam√°s volver√≠a a verlo apostar en el palacio. Echar√≠a de menos sus absurdas fanfarronadas, sus audaces e insensatos retos..., como aquella vez que ret√≥ a Cynan a labrar, derribar y transportar troncos durante todo un d√≠a hasta casi matarse de agotamiento por una simple chucher√≠a de oro.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas y dejé que rodaran libremente por mis mejillas. Era hermoso recordar y llorar por lo que había perdido y no podría recobrar jamás.
¬ęAdi√≥s, Alun Tringad ¬óme dije mientras el fuego ululaba y cruj√≠a¬ó. Que te vaya bien en tu viaje.¬Ľ
Una voz, pre√Īada de dolor, rasg√≥ el silencio:
—¡Vuela, Cuervo! Extiende tus alas sobre nuevos campos y bosques; que tu voz sea oída en desconocidas tierras.
Bran, con el noble rostro cubierto de lágrimas que brillaban a la luz del fuego, echó el brazo hacia atrás y disparó su lanza hacia los cielos. Vi que la punta destellaba a la luz de las estrellas y luego se perdía en la oscuridad..., una imagen que simbolizaba a la perfección la liberación del espíritu de un guerrero.
Las llamas se avivaron más y más; sentí su calor en el rostro; mi manto humeaba vapor. El chasquido de las llamas se convirtió en un rugido; el resplandor del fuego danzaba haciendo retroceder las sombras de la siempre amenazadora oscuridad. Luego, la pira se derrumbó sobre sí misma arrastrando el cuerpo al salvaje y dorado corazón del fuego funerario, para consumirlo allí. Estuvimos contemplando las llamas largo rato, hasta que sólo quedaron rescoldos, un montón de relucientes ascuas sobre la pena.
—Todo ha acabado —declaró Tegid—. Alun Tringad se ha marchado para siempre.
Entonces regresamos al campamento y dejamos a Tegid entregado a la tarea de recoger los huesos del fuego.
Yo caminaba junto a Bran. Como me había emocionado su adiós a Alun, así se lo dije.
¬óFue una hermosa despedida, muy adecuada para un Cuervo que se ha marchado.
Bran ladeó la cabeza y me miró como si acabara de sugerirle que creía que la luna se acostaba en el mar.
—Pero Alun no se ha marchado —observó con toda sencillez—, sólo se nos ha adelantado.
Seguimos caminando y Bran me explicó:
¬óLos Cuervos hemos jurado reunirnos todos en el mundo del m√°s all√°. De este modo, si uno de nosotros cae en la batalla, hay un hermano de armas aguardando para darnos la bienvenida en el m√°s all√°. Tanto en este mundo como en el otro, continuaremos siendo los Cuervos.
Su fe en tal acuerdo era simple y maravillosa; y adem√°s absoluta. Ni una sombra de duda o escr√ļpulo oscurec√≠a su confianza. Yo, que carec√≠a por completo de tal seguridad, no pude menos que maravillarme.
Al día siguiente partimos al alba. Una espesa niebla emborronaba y oscurecía el mundo a nuestro alrededor. El cielo, denso como la lana, se cernía sobre nuestras cabezas como una empapada piel de oveja. Cuando el invisible sol alcanzaba el mediodía, el viento arreció y fue arrastrando jirones de niebla por el páramo.
Avanz√°bamos en una doble columna, temblando bajo los h√ļmedos mantos. Los caballos caminaban con las cabezas bajas, casi rozando el suelo con las narices; las pezu√Īas resonaban sordamente en la pavimentada carretera.
Con el pelo empapado hasta la ra√≠z y pegado al cr√°neo, yo caminaba penosamente con los pies entumecidos, y no pensaba m√°s que en sentarme ante un buen fuego y librarme del fr√≠o que me atenazaba los huesos. Por eso me cogi√≥ desprevenido la s√ļbita revelaci√≥n de Tegid:
¬óAnoche vi una almenara.
Me volví bruscamente hacia él y lo miré atónito, sin poder creer que no se hubiera molestado en decírmelo antes. El bardo no me devolvió la mirada, sino que siguió cabalgando con los hombros hundidos contemplando de soslayo la llovizna, empapado hasta los huesos pero impertérrito.
¬°Bardos!
—Cuando los rescoldos se enfriaron —continuó con la mayor placidez—, recogí los huesos de Alun.
Mis ojos se posaron un instante en el aseado fardo que pendía de su silla envuelto en el manto de Alun.
¬óAl regresar al campamento vi la almenara.
¬óYa. ¬ŅMe lo comunicas ahora por alg√ļn motivo especial?
—Creí que te agradaría oír una buena noticia —dijo mi sabio bardo dignándose mirarme.
Yo también clavé los ojos en él mientras el agua me chorreaba por los cabellos y la cara.
¬óEst√°s enfadado ¬óobserv√≥¬ó. ¬ŅPor qu√©?
Helado hasta la m√©dula, sin haber comido durante d√≠as m√°s que carne de caballo, entristecido por la muerte de Alun, lo √ļltimo que habr√≠a esperado o deseado era que mi Bardo Supremo me ocultara tan importante informaci√≥n.
¬óNo es nada ¬óle dije esforz√°ndome por dominar mi c√≥lera¬ó. ¬ŅQu√© crees que significa?
—Significa —repuso en un tono que sugería que el significado de la almenara era más que obvio— que estamos acercándonos al final de nuestro viaje.
Sus palabras me llenaron de un extra√Īo regocijo. Se acercaba la confrontaci√≥n final. La esperanza alert√≥ mis sentidos; mi esp√≠ritu se anim√≥. La fatiga de la jornada se evaporaba, mientras en mi interior prend√≠a la ardiente llama de la expectaci√≥n. ¬°Se acerca el final! ¬°Prep√°rate, Paladyr!
Nos internamos en las √°ridas monta√Īas. Las cenagosas turbas fueron cediendo lugar al brezo y al tojo. Transcurr√≠an los d√≠as y la carretera segu√≠a perdi√©ndose en el horizonte; viaj√°bamos desde el alba, apagada y gris, hasta el crep√ļsculo, mortecino e igualmente gris; nos deten√≠amos s√≥lo para abrevar los caballos. Com√≠amos s√≥lo por la noche en torno a las fogatas, cuando pod√≠amos asar la carne de otro caballo sacrificado; y com√≠amos lamentando amargamente a cada bocado la p√©rdida de otro caballo; pero era carne y nos reconfortaba y llenaba el est√≥mago. Nadie se quejaba.
Poco a poco el terreno comenz√≥ a ascender. Las monta√Īas eran m√°s altas, los valles m√°s profundos y las pendientes m√°s escarpadas a medida que el accidentado terreno ascend√≠a hacia las monta√Īas. Un d√≠a coronamos una larga pendiente y vimos en lontananza el d√©bil resplandor de picachos coronados de nieve. Luego las nubes y la niebla se cerraron de nuevo y durante varios d√≠as no vimos nada. Cuando el cielo se aclar√≥ otra vez un poco, las monta√Īas estaban mucho m√°s cerca; incluso distingu√≠amos diferentes picachos, agudos y escarpados, sobresaliendo entre los oscuros nubarrones.
El tiempo fue aclarando y aunque la niebla todavía nos rodeaba y cegaba durante el día, las noches eran a menudo claras y secas, y las estrellas brillaban como puntas de lanza en un cielo negro como la pez. Una noche, Tegid se me acercó mientras dormía junto al fuego.
¬óLlew...
Me desperté al notar su mano en el hombro.
¬óVen conmigo.
¬ó¬ŅQu√© pasa?
No respondi√≥, pero me indic√≥ con un gesto que lo siguiera a cierta distancia del campamento. La luna se hab√≠a alzado sobre el horizonte e iluminaba d√©bilmente la tierra. Subimos a la cima de una colina y Tegid se√Īal√≥ hacia el este. Mir√© y vi una luz sobre un risco a poca distancia, y m√°s all√° otra. Mientras estaba mirando, una tercera luz parpade√≥ m√°s all√°.
Inm√≥viles en la oscuridad de la noche, escrutando las tinieblas, el bardo y yo aguard√°bamos. El viento aullaba contra las desnudas pe√Īas de la cima, como un animal al acecho. Poco despu√©s se encendi√≥ un cuarto fuego, como una estrella que iluminara una lejana colina.
Contemplé las almenaras brillando en la noche y supe con certeza que el enemigo estaba cerca.
—Había visto esto en mi visión —dijo Tegid con voz suave.
Volví a oír el eco de su voz, que entonaba una canción mientras las enfurecidas olas empujaban nuestro frágil bote contra las mortales rocas de la costa.
El viento ululaba llenando la noche con un tenebroso sonido.
¬óAlun ¬ódijo Tegid deliberadamente despacio para escoger con cuidado sus palabras¬ó fue el √ļnico de los Cuervos que vio a Crom Cruach.
Al principio no entendí lo que quería decir.
—Y ahora Alun está muerto —repliqué contestando a la pregunta implícita del bardo.
—Sí.
¬óPor lo tanto, yo ser√© el siguiente. ¬ŅEs eso lo que quieres decir?
¬óEso me temo.
—Entonces tus temores carecen de fundamento —le dije con determinación—. Puedes comprobarlo en tu propia visión. Alun y yo, los dos, vimos a Abrigo Amarillo. Y los dos luchamos con la serpiente. Alun murió, sí. Pero yo estoy vivo. Aquí acaba todo.
Se√Īalando hacia la l√≠nea de almenaras que brillaban al este, en el horizonte, Tegid dijo:
—No, aquí no acaba todo. El final está allá.
Cuando regresamos al campamento el cielo comenzaba a grisear. Bran estaba despierto. Le informamos de las almenaras y recibió la noticia con la mayor tranquilidad.
—De ahora en adelante avanzaremos con más cautela —se limitó a decir—. Mi consejo es que enviemos exploradores por delante.
—Muy bien —asentí—. Así lo haremos.
Bran se llevó el dorso de la mano a la frente y se alejó. Poco después, Emyr y Niall salieron del campamento a caballo. Observé que no cabalgaban por la carretera, sino entre la larga hierba que la bordeaba. Irían más despacio, pero no se los oiría.
¬ęEl principio del fin¬Ľ, pens√©.
Los seguí una cierta distancia y vi cómo desaparecían en la pálida luz del alba.
¬óQue la Mano Firme y Segura os acompa√Īe, hermanos ¬óles grit√©.
Mi voz resonó en las desoladas colinas y murió entre el brezo. La tierra pareció estremecerse con mi grito.
¬óQue la Mano Firme y Segura nos proteja a todos ¬óa√Īad√≠, y regres√© a toda prisa al campamento para enfrentarme a las exigencias del d√≠a que alboreaba.