28 - En la carretera

Una vez en la carretera, avanzamos con cierta rapidez, lo cual resultó una bendición a medias, pues no tardamos en echar de menos la falta de caballos. En efecto, los que iban a pie no podían seguir la marcha y constantemente teníamos que detener la columna de a caballo para que los rezagados nos dieran alcance. Así, nos veíamos obligados con muchísima frecuencia a aflojar la marcha y a turnarnos para ir ora a pie ora a caballo.
No obstante, al final de la jornada hab√≠amos recorrido una considerable distancia. En efecto, como hab√≠amos decidido acampar en la carretera, proseguimos hasta que se hizo tan de noche que s√≥lo pod√≠amos ver a cien pasos. El cielo estaba estrellado y, aunque hac√≠a fr√≠o, el aire no era tan cortante como las noches pasadas. Era se√Īal inequ√≠voca de que el tiempo pasaba. La temperatura cambiaba. Remit√≠a sollen y pronto llegar√≠a gyd.
Yo deseaba que el tiempo transcurriera deprisa: cada d√≠a que pasaba era un d√≠a sin Goewyn, un d√≠a vac√≠o por su ausencia. Sent√≠a una inquietud en mi esp√≠ritu que nada pod√≠a aplacar excepto la luz de su mirada. Estaba angustiado y me devoraba el ansia de volverla a ver. El ni√Īo estaba creciendo en su vientre y me preguntaba si ya se le notar√≠a. A cada paso que daba repet√≠a una y otra vez su nombre.
Un día en que Cynan y yo caminábamos juntos, pues nos había tocado el turno de ir a pie, le pregunté:
¬ó¬ŅEchas mucho de menos a T√°ngwen?
Mi amigo inclinó la cabeza.
¬óLa echo tanto de menos que mi coraz√≥n languidece de a√Īoranza.
—Nunca dices nada —comenté.
—Se trata de mi propia angustia. Y la guardo para mí.
¬ó¬ŅPor qu√©? Compartimos el mismo dolor, hermano.
Cynan inclinó el astil de su lanza golpeteando la punta contra la piedra del pavimento.
—La guardo para mí —repitió—, porque no quiero afligirte con mis quejas. Bastante tienes con que hayan raptado a Goewyn; no hay necesidad de aumentar tus sufrimientos con los míos.
Cynan no quer√≠a seguir hablando del asunto y no insist√≠ m√°s. Su capacidad de dominio me humillaba. Me avergonzaba que pudiera renunciar incluso a hacer menci√≥n de su dolor para no aumentar el m√≠o; sobre todo porque yo apenas hab√≠a pensado en su propio sufrimiento. ¬ŅC√≥mo era posible que yo mereciera tanta lealtad?
Aquella noche acabamos las √ļltimas reservas de grano y fue una cena muy triste.
¬óCuanto antes dejemos atr√°s este maldito bosque mejor ¬ógru√Ī√≥ Bran¬ó. No puede durar para siempre.
Sentados en torno al fuego estábamos celebrando consejo para decidir qué hacer mientras los hombres comían.
—Ni nosotros tampoco —observé yo—. Sin comida y sin aguamiel pronto estaremos demasiado débiles para viajar.
¬óTenemos una despensa sobre pezu√Īas ¬ósugiri√≥ con delicadeza Scatha¬ó. Aunque cada caballo menos suponga que otro guerrero deber√° ir a pie.
—Nunca he comido carne de caballo —murmuró Cynan—. Y no tengo intención de hacerlo ahora.
—Yo sí he comido carne de caballo —dijo Tegid—. Y me alegré de poder hacerlo. Nos calentó el vientre y nos fortaleció la mano para la lucha.
Sab√≠a qu√© √©poca estaba rememorando Tegid: la huida a Findargad a trav√©s de las monta√Īas del norte de Prydain. Tambi√©n entonces era invierno. Nos persegu√≠an los coranyid, la hueste demon√≠aca de Nudd, mientras nos dirig√≠amos a la fortaleza de Meldryn Mawr. Helados y muertos de hambre, prosegu√≠amos nuestra penosa marcha hacia el abrigo y la protecci√≥n de la fortaleza. Ahora no sufr√≠amos el martirio del fr√≠o, pero hab√≠amos comenzado a padecer hambre.
—Nada bueno puede derivar de comer un caballo —murmuró Cynan con la barbilla hundida en el pecho—. Es una acción indigna.
—Quizás —asintió Scatha—. Pero las hay peores.
El eco de unos pasos me hizo estremecer; apareció de pronto Emyr, ansioso e intranquilo.
—Penderwydd, se trata de Alun —le dijo a Tegid—. Creo que deberías verlo.
Tegid se levantó sin decir una sola palabra y se alejó a toda prisa.
¬ó¬ŅQu√© le ha pasado? ¬ópregunt√≥ Cynan poni√©ndose en pie.
Bran se había levantado al aproximarse Emyr y se disponía a marcharse también.
¬óGaranaw lo encontr√≥ sentado bastante lejos ¬ónos explic√≥ el Cuervo se√Īalando hacia la carretera por la que hab√≠amos venido¬ó. Le hab√≠a tocado hacer el turno de a pie, pero no se reuni√≥ con nosotros cuando nos detuvimos a acampar. Por eso Garanaw sali√≥ en su busca a caballo.
Alun se había dejado caer pesadamente junto al fuego. Cerca, los demás Cuervos aguardaban inmóviles con expresión preocupada. No dijeron nada cuando nos vieron llegar, pero se acercaron más en cuanto Tegid se detuvo junto a su hermano de armas.
¬óAlun ¬ódijo el bardo¬ó, me han dicho que te has quedado rezagado en la carretera. ¬ŅQu√© ha pasado?
Alun alzó la cabeza con una sonrisa, pero sus ojos expresaban dolor y la piel le brillaba de sudor.
—Bueno —repuso en tono animoso echando una mirada a cuantos lo rodeábamos—. Hace días que no duermo todo lo bien que debiera... por una cosa o por otra.
Scatha se arrodilló a su lado.
¬ó¬ŅD√≥nde te duele, Alun? ¬ópregunt√≥ posando la mano en su hombro.
La caricia, aunque delicada, provocó una mueca de dolor en el Cuervo, que palideció.
Con sumo cuidado, Scatha quiso desabrocharle el prendedor que le sujetaba el manto. Alun puso su mano sobre la de ella y sacudió ligeramente la cabeza.
¬óNo, por favor.
¬óDeja que te ayudemos, hermano ¬ódijo Tegid con voz suave.
Alun dudó, luego cerró los ojos y asintió con la cabeza. Scatha le quitó con destreza el manto y le desabrochó el siarc. Alun no volvió a impedírselo y enseguida quedó a la vista el hombro. Un oscuro verdugón le iba desde el extremo del hombro hasta el omóplato.
—Traed una antorcha —ordenó el bardo, y poco después Niall le tendía una.
Tegid la cogió y se colocó detrás de Alun acercando la antorcha.
—¡Oh, Alun! —suspiró Scatha.
Algunos de los Cuervos murmuraron entre sí y Bran desvió la mirada.
¬ó¬°Vaya guerreros est√°is hechos! ¬óse burl√≥ Alun¬ó. ¬ŅEs la primera vez que veis un ara√Īazo?
El siarc ten√≠a un peque√Īo desgarr√≥n y algo de sangre; una costra cubr√≠a ya el ara√Īazo, pero debajo, la carne estaba enrojecida e inflamada y ten√≠a unas manchas verdinegras bastante feas.
Tegid examinó cuidadosamente el hombro de Alun, sosteniendo en alto la antorcha y tocándolo delicadamente con la punta de los dedos. Luego, puso la palma de la mano sobre el hombro hinchado.
¬óLa herida est√° caliente ¬ódijo¬ó Arde.
Scatha tendió la mano hacia Alun y posó la palma en la frente; la retiró enseguida.
¬óEst√°s ardiendo, Alun.
—Quizá me he sentado demasiado cerca del fuego —repuso el Cuervo riendo—, porque me pareció que tenía mucho frío.
—No voy a mentirte, hermano —dijo Tegid tendiéndome la antorcha y colocándose otra vez delante de Alun—. La herida no tiene buen aspecto. Se ha infectado. Tengo que abrirla y limpiarla.
Alun puso los ojos en blanco, pero su irritación era débil y parecía ocultar cierto alivio.
¬ó¬ŅTodo este jaleo por un simple ara√Īazo?
¬óAlun, si eso es un simple ara√Īazo ¬ódijo Cynan sin poder contenerse¬ó, mi lanza es una escoba.
—Traed agua fresca y trapos limpios, si es que podéis encontrar alguno —ordenó Tegid, con impaciencia.
Cynan se march√≥ al instante acompa√Īado de Niall.
—Necesitaré un cuchillo —siguió el bardo—, y muy afilado.
—El mío servirá —dijo Bran adelantándose.
Sacó el cuchillo del cinto y se lo tendió a Tegid.
El bardo pasó el pulgar por la hoja y se lo devolvió.
—Afílala. Necesito una hoja bien afilada y nueva.
—Cuando la hayas afilado caliéntala sobre las brasas —le ordené a Bran.
El Cuervo alzó las cejas sin comprender, pero yo insistí.
—Hazlo ahora mismo —dijo el Cuervo tendiendo el cuchillo a Drustwn que se apresuró a cumplir la orden.
Tegid se dirigió al resto de los Cuervos:
¬óHaced acopio de musgo, mantas y pieles de buey, y preparad luego un lecho.
—No voy a necesitar lecho alguno —protestó Alun.
¬óCuando haya terminado mi trabajo ¬óreplic√≥ Tegid¬ó, uno de los dos agradecer√° tener un lugar donde apoyar la cabeza. Si t√ļ no quieres utilizarlo, lo har√© yo.
Hizo una se√Īa a Garanaw y a Emyr que al instante se dieron la vuelta y desaparecieron.
Scatha y yo nos retiramos a cierta distancia.
—No me gusta el aspecto de la herida —comentó Scatha—. Me temo que el veneno de la serpiente ha hecho mella en Alun.
—Si así fuera, a estas horas ya estaría muerto —observé yo—. Ayuda a Tegid y ven a verme después.
Intenté mantenerme ocupado y mantener también ocupados a los demás, mientras Tegid y Scatha curaban al herido. Atamos los caballos y avivamos las hogueras; Cynan y yo organizamos las guardias y procuramos que los hombres se retiraran a descansar; luego volvimos junto al fuego y nos dispusimos a esperar.
Me quedé medio dormido; al cabo de un rato Cynan me despertó.
¬ó¬°Ya viene Tegid!
Bostecé y me incorporé.
¬ó¬ŅQu√© noticias traes, bardo?
Tegid se dejó caer pesadamente con los hombros hundidos por el cansancio. Cynan le sirvió una copa de agua.
—Si tuviera una gota de cerveza —le dijo—, te la cedería de buen grado. Cuenta con ella en cuanto pueda conseguirla.
—La apuraré con sumo placer —repuso el bardo con los ojos clavados en el fuego.
Bebió el agua, dejó a un lado la copa y cerró los ojos.
¬ó¬ŅC√≥mo est√° Alun? ¬óle pregunt√© otra vez.
Fingiendo no haberme oído, Tegid explicó con voz quebrada:
¬óLa herida era un simple ara√Īazo, como dec√≠a Alun. Pero estaba infectada y la infecci√≥n se ha extendido por el hombro y el brazo. Abr√≠ la herida y saqu√© la ponzo√Īa de la carne; luego la lav√© y le puse un emplasto para frenar el resto del veneno.
—Se recuperará pronto —afirmó Cynan deseoso de que así fuera.
¬óSe ha quedado dormido. Scatha lo velar√° durante la noche. Nos despertar√° si se produce alg√ļn cambio.
Tegid se frotó la cara con las manos.
—Alun es un hombre muy valiente. Creyó que la herida era insignificante y no quiso hacernos perder tiempo. Creo que hasta que no se derrumbó en la carretera ni se enteró de lo mal que se encontraba.
¬ó¬ŅPodr√° seguir viaje ma√Īana? ¬ódije verbalizando la cuesti√≥n que m√°s me preocupaba.
¬óExaminar√© de nuevo la herida por la ma√Īana; quiz√° pueda hacerlo mejor a la luz del d√≠a. Una noche de descanso puede hacer mucho ¬óse volvi√≥ a frotar la cara¬ó. A m√≠ tambi√©n me vendr√° bien.
Sin más, se envolvió en el manto y se quedó dormido.
Al día siguiente reemprendimos la marcha. Alun parecía haber recuperado las fuerzas y afirmaba encontrarse mucho mejor. Me aseguré de que no caminara y Tegid le dio bebedizos curativos que hizo con el contenido de la bolsa de cuero que llevaba al cinto. Alun tenía el aspecto y actuaba como un hombre en franca recuperación.
Así pues, proseguimos viaje; a medida que avanzaba el día aumentaba el dolor de los pies y el hambre, pero los ánimos no decaían. Dos días después vimos que el bosque empezaba a despejarse en cierta medida. Y al cabo de dos días más llegamos al límite del bosque. Pese a la falta de comida, nuestros corazones se animaron; era una bendición volver a ver el cielo azul sobre nuestras cabezas.
Y, aunque m√°s all√° del bosque se abr√≠a un panorama de monta√Īas peladas y √°ridos y rocosos p√°ramos, tan vasto y vac√≠o como denso y espeso era el bosque, los guerreros comenzaron a cantar en cuanto dejamos atr√°s los √ļltimos √°rboles. Tegid y yo, que √≠bamos en la vanguardia de la columna, nos detuvimos a escucharlos.
—Por fin han recuperado sus voces —comenté—. Me pregunto cuánto tiempo hace que no se ha oído una canción en Tir Aflan.
Tegid ladeó la cabeza y me dedicó una de sus espinosas miradas de soslayo.
¬ó¬ŅSe puede saber qu√© he dicho ahora?
El bardo se irguió, suspiró y miró la carretera que parecía estrecharse en la distancia.
—Todo esto va a pasar por obra del Hombre Cínico —salmodió—, que montado en un corcel de bronce, siembra un infortunio tan grande como calamitoso.
Reconoc√≠ al instante la profec√≠a de la banf√°ith; y al reconocerla sent√≠ un agudo dolor por la muerte de Gwenllian. Vi de nuevo el brillo de sus cabellos negros y sus incomparables ojos de esmeralda; vi su esbelto cuello y sus gr√°ciles hombros inclinados sobre el arpa, mientras sus dedos ta√Ī√≠an las cuerdas como si hicieran surgir del aire la belleza.
¬ó¬°Alzaos, hombre de Gwir! ¬ódije, retomando las palabras de la profec√≠a para demostrarle a Tegid que la recordaba muy bien¬ó. ¬°Empu√Īad las armas y enfrentaos a los hombres malvados que hay entre vosotros!
Tegid acabó la recitación:
¬óEl fragor de la batalla ser√° o√≠do en las estrellas del cielo y el A√Īo Grande avanzar√° hacia su consumaci√≥n final.
Yo repliqué:
¬óQue sobrevenga lo que sea. Estoy preparado.
¬ó¬ŅLo est√°s? ¬ópregunt√≥ el bardo.
Antes de que pudiera responderle, oímos un grito.
¬ó¬°Tegid! ¬°Llew! ¬°Venid enseguida!
Me di la vuelta en la silla y vi a Emyr que corría hacia nosotros. Volví grupas y cabalgué a su encuentro.
¬ó¬°Venid deprisa! ¬°Se trata de Alun!
Retrocedimos hacia donde aguardaban dos caballos sin jinete. Unos guerreros, entre ellos los Cuervos, se agolpaban a un lado de la carretera. Nos abrimos paso y vimos a Alun tendido en el suelo. Bran y Scatha se inclinaban sobre él, y Cynan le decía:
¬óNo te muevas, Alun. Est√°s enfermo. No es ninguna verg√ľenza caerse de la silla en tu estado.
—Me he quedado dormido —protestó Alun—. Eso es todo. Me quedé dormido y me caí. No es nada. Dejad que me levante.
¬óAlun ¬ódijo Tegid acuclill√°ndose a su lado¬ó, quiero echar un vistazo a tu hombro.
—Me encuentro bien, te lo aseguro —protestó Alun, sin ninguna convicción.
Le hice una se√Īa a Cynan, que inclin√≥ la cabeza hacia m√≠.
—Llévate a los hombres —le dije—. Nos reuniremos con vosotros en cuanto hayamos terminado.
¬óBien ¬ódijo Cynan.
Se levantó y comenzó a alejar a los mirones.
—Venga, vámonos. No podemos hacer nada por Alun si lo rodeamos como árboles que han echado raíces. La carretera no se acorta cuando nos detenemos.
A rega√Īadientes, los guerreros se alejaron dej√°ndonos a nosotros al cuidado de Alun. Tegid le desabroch√≥ con destreza el prendedor y le quit√≥ el manto; el siarc estaba empapado de sangre.
—Has sangrado, Alun —observó Tegid con voz neutra y tranquila.
¬ó¬ŅDe verdad? ¬óse admir√≥ Alun¬ó. No me he dado ni cuenta.
Tegid procedi√≥ a despegarle cuidadosamente el siarc de la piel. De la herida emanaba un olor dulz√≥n. El hombro y el antebrazo estaban muy inflamados, y la carne ten√≠a un feo color p√ļrpura con manchas verdinegras. La herida que Tegid hab√≠a abierto no hab√≠a cicatrizado y supuraba de ella un l√≠quido amarillento.
¬ó¬ŅY bien? ¬ódijo Alun, inclinando la cabeza para verse la herida.
¬óNo voy a mentirte, Alun ¬ódijo Tegid en tono solemne¬ó. No me gusta el aspecto de la herida.
El bardo presionó con los dedos la carne inflamada.
¬ó¬ŅTe duele?
¬óNo ¬ódijo Alun¬ó. No siento nada.
—Pues deberías sentirlo —repuso Tegid.
Luego se volvió hacia Bran.
¬óVe con Garanaw y Emyr al bosque, buscad algunos palos largos y traedlos. Haremos un cadarn para Alun.
Alun se revolvió y luchó por ponerse en pie.
¬óNo voy a dejar que me arrastr√©is detr√°s de un caballo como a un ni√Īo ¬ógru√Ī√≥¬ó. Ir√© a caballo o a pie.
El bardo frunció el entrecejo.
—Muy bien —asintió al fin—, te lo ahorraremos. Pero tendrás que soportar mi cura antes de que te deje montar de nuevo.
Alun sonrió.
¬óEres un hombre muy duro, Tegid ¬ódijo¬ó. Tan duro como la tierra bajo tus pies.
—Dejadnos los caballos —ordenó Tegid—. Nos reuniremos con vosotros en cuanto hayamos acabado.
Bran y yo dejamos a Tegid y a Scatha con Alun y nos apresuramos a dar alcance a la columna.
—Tegid está preocupado —comentó Bran—. Quiere ocultarnos la gravedad de la situación.
Hizo una pausa y a√Īadi√≥:
—Pero yo sé muy bien lo que está ocurriendo.
¬óBueno ¬órepuse, haciendo todo lo posible por tranquilizar al jefe de los Cuervos¬ó. Tegid tiene sus razones. No hay duda de que hace todo lo que est√° en sus manos.
Ocupamos nuestros puestos en vanguardia junto a Cynan. Y aunque los hombres continuaban cantando, mi optimismo se había desvanecido por completo.
El d√≠a acab√≥ con una gris y desapacible llovizna. Un viento fr√≠o barr√≠a los rocosos p√°ramos y nos alegramos de haber hecho acopio de le√Īa antes de abandonar el bosque. El viento, aunque quejumbroso y fr√≠o, era preferible al adusto silencio y a la mort√≠fera atm√≥sfera del bosque. Por eso nos tomamos con resignaci√≥n el fr√≠o y la humedad.
Comimos aguadas gachas que consist√≠an en agua hervida con unas √°speras y espinosas hierbas que cogimos de los bordes de la carretera. Las hierbas aromatizaban el caldo y le daban cierto sabor, aunque apenas aumentaban su consistencia. El agua, que recog√≠amos de peque√Īos recovecos entre las rocas, era mucho mejor que la del r√≠o. Algunos de los guerreros buscaron setas en las laderas cercanas, pero no encontraron ninguna.
Tegid y Scatha velaron a Alun toda la noche. Al alba me acerqué a ver cómo seguía el enfermo. Tegid salió a mi encuentro.
¬óNo creo que pueda viajar hoy.
¬óPues acamparemos aqu√≠ ¬ódije¬ó. No nos vendr√° mal un descanso y hay hierba de sobra para los caballos. ¬ŅC√≥mo est√°?
Tegid frunció el entrecejo; sus oscuros ojos rehuyeron los míos.
¬óNo muy bien.
—Pero se recuperará —me apresuré a afirmar.
¬óEs un hombre muy fuerte. Y no se arredra ante la lucha. Scatha y yo haremos todo lo que podamos por curarlo.
Hizo una pausa y a√Īadi√≥:
—El alimento lo ayudaría tanto como el descanso.
—No hay más que hablar. Me ocuparé de conseguírselo.
Eleg√≠ uno de los caballos m√°s peque√Īos, aunque no el m√°s joven, cuya carne hubiera sido m√°s tierna. Pero no era una elecci√≥n culinaria; deseaba conservar los mejores caballos tanto como fuera posible. Bran aprob√≥ mi elecci√≥n y Garanaw me ayud√≥ a sacrificar al pobre animal.
Cynan insistió en que no quería ni sacrificar ni comer carne de caballo.
¬óNo es digno de un rey de Caledon devorar un noble bruto, su compa√Īero de batalla ¬ómurmur√≥.
¬óMuy bien. Entonces tendr√°s que reprimir tu lengua cuando el estofado empiece a hervir y el aroma de carne asada tiente tus narices.
Pese al frío, Garanaw y yo nos quitamos los mantos, los siarcs, los breecs y los buskins. Nos llevamos al animal y lo sacrificamos con un golpe de espada tan rápido e indoloro como nos fue posible. El caballo se derrumbó sin un relincho y murió. Lo despellejamos y extendimos la piel sobre las rocas. Luego emprendimos la horripilante tarea de descuartizarlo. Cuando hubimos acabado estábamos cubiertos de sangre, pero habíamos conseguido un buen montón de carne.
Niall, Emyr y Drustwn, entretanto, se ocuparon de preparar los espetones en los que asar la carne. Garanaw y yo distribuimos las raciones entre los hombres, reservando las mejores porciones para Tegid. Temblando de frío, nos arrodillamos junto a un charco y nos lavamos; luego nos vestimos y corrimos a calentarnos junto al fuego mientras la carne se asaba.
Muy pronto, el viento propag√≥ por el campamento el aroma del asado y disip√≥ los escr√ļpulos de algunos sobre nuestra improvisada comida. Cuando la carne estuvo hecha, no ol√≠a de forma muy diferente a la de buey; y los hombres la devoraron de buena gana, por no decir con avidez. Me di cuenta de que la resoluci√≥n de Cynan empezaba a tambalearse, pero estaba seguro de que si le preguntaba si quer√≠a comer, contestar√≠a que no con orgullosa tozudez.
Scatha acudió en su ayuda. Cogió una ración doble y se sentó con las piernas cruzadas delante de él.
¬óSiempre acostumbraba decir a mis mabinogi ¬ódijo mientras masticaba con aire meditabundo¬ó que el deber de un jefe de guerreros es mantenerse con vida y con fuerzas para la batalla. El guerrero que fracasa en hacer todo lo que est√° en sus manos para conseguirlo, no presta a sus hombres la ayuda que debiera.
Cynan frunció el entrecejo y alzó la barbilla.
¬óLo recuerdo muy bien ¬ódijo.
¬óOs ense√Ī√© a encontrar huevos y algas y... ¬óhizo una pausa para chupar la grasa de sus dedos¬ó y todo cuanto puede servir de alimento a un guerrero hambriento que se halla lejos del hogar de su se√Īor.
Los anchos hombros de Cynan se encogieron un tanto, pero la tozuda expresión de su rostro no desapareció.
—Por eso me aseguraba de que sirvieran a mis cachorros carne de caballo —prosiguió Scatha como si nada.
Cynan la miró fijamente:
¬ó¬ŅNos serv√≠as carne de caballo?
—Sí. Creo que quien la prueba...
Algunos de los que estaban cerca escuchando la conversación sonrieron, aunque ninguno se atrevió a reír abiertamente. El disgusto que mostraba Cynan era sincero, pero asombrosamente duró muy poco.
Scatha le ofreci√≥ una porci√≥n de carne. Cynan la cogi√≥ entre sus manos y la mir√≥ fijamente como si aguardara que la carne le hiciera alg√ļn reproche.
¬óQue nunca sea dicho que Cynan Machae desperdici√≥ las ense√Īanzas que recibi√≥ en su juventud.
Luego se llevó la carne a la boca y le propinó un buen mordisco. Lo masticó con aire sombrío y se lo tragó. Nadie volvió a hablar del asunto.
Aquella noche nos acostamos satisfechos, con los estómagos llenos por primera vez desde hacía muchos días. Pero yo dormí muy poco, pues Tegid no tardó en despertarme. El viento había arreciado durante la noche y soplaba muy frío desde el norte.
—¡Shh! —me indicó—. Ven rápidamente y sin hacer ruido.
Me llev√≥ hasta el lugar que √©l y Scatha hab√≠an elegido para Alun, entre dos peque√Īas fogatas a los pies y a la cabeza del enfermo. Bran estaba junto a Scatha apoyado en la lanza con la cabeza gacha. Scatha con un trapo en las manos y un bol de agua en el regazo iba humedeciendo el rostro de Alun. El enfermo estaba muy quieto y ten√≠a los ojos cerrados.
Tegid se inclinó sobre el guerrero.
—Alun —dijo con voz suave—. Aquí está Llew. He ido a buscarlo tal como me pediste.
—Llew —dijo Alun con una voz que era poco menos que un suspiro—, quería decirte que lo lamento.
¬ó¬ŅQue lo lamentas? Alun, no tienes nada que lamentar ¬óme apresur√© a replicar¬ó. No...
—Quería ayudarte a rescatar a Goewyn.
¬óY lo har√°s, Alun. Pronto te recuperar√°s. Cuento contigo.
Me dirigió una amarga y enfebrecida sonrisa; sus ojos estaban vidriosos.
¬óNo, se√Īor, s√© que no me recuperar√©. Siento privarte de una espada m√°s.
Hizo una pausa y a√Īadi√≥:
—Me habría gustado ver la expresión de Paladyr cuando aparezcas ante él. Lamento perderme esa lucha.
—No digas eso, Alun —dije tragando saliva; me dolía la garganta y tenía un nudo en el estómago.
¬óPor m√≠ no lo lamento ¬órepuso el Cuervo tendi√©ndome una mano, se la cog√≠ y not√© que ard√≠a¬ó. Pero quer√≠a decirte que jam√°s he servido a un rey mejor que t√ļ, que jam√°s he conocido a un rey al que amara tanto como a ti. Lamento no tener otra vida, pero si la tuviera te la entregar√≠a tambi√©n de buen grado.
Tragó saliva y me di cuenta de que estaba sufriendo mucho.
—Siempre me gustó luchar, pero jamás alcé mi espada con maldad. Si los hombres hablan de mí en el futuro, me gustaría que recordaran esto —continuó el Cuervo.
Se me emborronó la vista.
—Ahora descansa —le dije con voz quebrada por la emoción.
—Pronto..., pronto descansaré para siempre —dijo él con la lengua y los labios secos.
Scatha le alzó la cabeza y vertió un poco de agua entre sus labios.
Alun apretó mi mano casi con desesperación.
¬óDale recuerdos de mi parte a Goewyn. Dile que habr√≠a sido el mayor placer de toda mi vida luchar con Paladyr por su libertad. Ella es el tesoro de Albi√≥n, Llew, y si t√ļ no hubieras acabado vi√©ndolo, yo mismo me habr√≠a casado con ella.
—Se lo diré, Alun —le prometí con voz ahogada por la emoción—, en cuanto la vea.
Alun tragó saliva una vez más y se estremeció con un espasmo de dolor. Cuando volvió a abrir los ojos, su expresión era más relajada; había perdido la lucha, pero sonreía.
¬óAh, ya es suficiente. Ya se acaba. Ahora me gustar√≠a ver a mis compa√Īeros de armas ¬óa√Īadi√≥ mirando a Bran.
Bran alzó la cabeza, asintió y se alejó deprisa. Alun, sin dejar de apretarme la mano, aunque ya con menos fuerza, me dijo:
¬óMano de Plata, s√≥lo me resta hacerte un √ļltimo ruego.
—Pídeme lo que quieras —dije con lágrimas en los ojos—. Lo que quieras, Alun. Dímelo y te lo concederé.
¬óSe√Īor, no me entierres en estos parajes ¬ódijo¬ó. Tir Aflan no es un lugar honorable para un guerrero.
—Haré lo que me pides —le prometí.
Pero él apretó con desesperación mi mano.
¬óNo me abandones aqu√≠. ¬°Te lo ruego! ¬óme implor√≥¬ó. Te lo ruego, se√Īor.
Tragó saliva y sus facciones se estremecieron de dolor.
—Cuando hayas terminado aquí tu tarea, llévame contigo. Entiérrame en Druim Vran.
Que un guerrero tuviera que suplicar de aquella forma me partía el alma. Las lágrimas rodaron por mis mejillas y me las enjugué con la manga.
—Así lo haré, hermano.
Mi promesa lo tranquilizó.
—Mi corazón pertenece a Albión —susurró—. Ya que no volveré a ver aquella hermosa tierra, me conformaré con que mis huesos regresen a ella.
—Así lo haré. Te lo juro, Alun.
Soltó mi mano y se recostó de nuevo. Scatha le dio más agua. Bran regresó entonces con el resto de la Bandada de Cuervos: Garanaw, Emyr, Drustwn y Niall. Uno tras otro se arrodillaron junto a su hermano de armas para despedirse de él. Bran despertó también a Cynan, que se arrodilló junto a Alun. Entretanto, Tegid, con la cabeza inclinada, contemplaba la escena con emocionados ojos, pero sin decir nada.
Bran fue el √ļltimo en hablar con el moribundo con voz segura y suave; luego pos√≥ la mano sobre la frente de Alun y despu√©s se la llev√≥ a la suya a modo de saludo. Cuando se levant√≥, dijo con voz firme:
¬óEl Cuervo ha levantado el vuelo.