16 - La b√ļsqueda

Me desperté temprano, pero Goewyn ya se había levantado y vestido. Se acercó al lecho, se inclinó y me besó diciéndome:
—No quería despertarte.
¬ó¬ŅQu√© haces? ¬ópregunt√©, cogi√©ndola de la mano y atray√©ndola hacia m√≠¬ó. Ven a la cama... venid los dos.
—Prometí salir con Tángwen —repuso.
¬óOh ¬óbostec√©¬ó. ¬ŅAd√≥nde vais?
¬óA cabalgar.
¬ó¬ŅY vas a dejar abandonado a tu esposo en este fr√≠o y solitario lecho? Ven aqu√≠ y espera al menos a que salga el sol.
Ella se echó a reír y me besó otra vez.
—No tardará en hacerse de día. Duérmete, y déjame marchar.
—No —dije alzando la mano y acariciándole el cuello—. Nunca permitiré que te marches.
Ella acarició con los labios mi mano y luego la tomó entre las suyas y me besó la palma.
¬óT√°ngwen me est√° esperando.
—Ten cuidado, amor mío —le advertí mientras se marchaba.
Me qued√© en la cama un rato; luego me levant√©, me vest√≠ r√°pidamente y sal√≠. La negrura del cielo se estaba ti√Īendo de un gris azulado y las estrellas se iban apagando; all√° en el este, sobre las monta√Īas, el cielo se adornaba con rayas de color sangre, como ara√Īazos sobre una p√°lida carne. No hab√≠a nadie en el patio; el humo de las cocinas se alzaba en una blanca y esbelta columna. Me estremec√≠ de fr√≠o y cruc√© el patio a toda prisa.
El palacio estaba silencioso, pero algunas personas se habían levantado y se afanaban de un lado a otro. Habían avivado el fuego y me acerqué a la chimenea para entrar en calor. No había ni rastro de Goewyn y Tángwen; sin duda, tenían la intención de desayunar cuando regresaran del paseo a caballo.
Garanaw, ya levantado, me saludó y charlamos un rato hasta que sacaron del horno las tortas de avena y las trajeron humeantes a la sala. Nos sentamos a la mesa y no tardaron en reunirse con nosotros Bran, unos cuantos Cuervos madrugadores y algunos hombres del séquito de Cynan. También apareció poco después el propio Cynan, saludando ruidosamente a todos y ocupando su lugar en el banco. Las tortas estaban calientes y sabrosas y las regamos con rica cerveza negra.
Comenzamos a hablar de caza y todos coincidimos en que un día empleado en la persecución de un ciervo o un jabalí sería una jornada bien aprovechada.
—La cena resultará más sabrosa si hay caza —declaró Cynan.
—Y disfrutaremos más de la caza si hay apuestas —se apresuró a apostillar Alun Tringad.
¬ó¬ŅMe enga√Īan mis o√≠dos? ¬óse pregunt√≥ jocosamente Cynan¬ó. ¬ŅAlun Tringad est√° ofreciendo su oro?
—Si eres capaz de traer un ciervo mayor que el que yo consiga, te entregaré complacido parte de mi oro.
—Me avergonzaría despojarte de tu tesoro tan fácilmente —bromeó Cynan— Y nunca lo haría si no fuera aconsejable darte una lección de humildad.
¬óEntonces apostemos ¬óle dijo Alun¬ó, y escojamos a los hombres que deben acompa√Īarnos. Cuanto antes salgamos, antes disfrutar√© de mis ganancias. A decir verdad, ya siento el peso de tus brazaletes de oro en mi brazo.
¬óA menos que esperes adormecerme con tus vac√≠as fanfarronadas ¬órepuso Cynan¬ó, te demostrar√© enseguida lo que es un cazador digno de su renombre. Por tanto, te recomiendo que eches una √ļltima mirada a tu oro.
Alun se puso en pie y llamó a sus hermanos los Cuervos.
¬óHermanos ¬óles dijo¬ó, ya he aguantado demasiado la est√ļpida charla de este arrogante sujeto. Demostr√©mosle lo que pueden conseguir los verdaderos cazadores y decidamos ahora c√≥mo vamos a repartirnos sus tesoros.
Cynan también se puso en pie.
—Llew, cabalga conmigo, hermano —me dijo, y llamó luego a los de su séquito—. Vamos, amigos, la caza aguarda y también una buena cantidad de oro.
Luego se fijó la hora del regreso.
—A la puesta de sol nos reuniremos en el patio —sugirió Alun.
Cynan se mostró de acuerdo.
—Y el penderwydd de Albión decidirá quién de los dos es el ganador..., aunque no será necesario, pues será de sobra evidente cuál de los dos es el cazador más hábil.
—Cierto, cierto —asintió Alun—. Será muy fácil discernirlo.
Ech√© una r√°pida mirada a mi alrededor pero Tegid no estaba en la sala. No importaba, habr√≠a tiempo para hablar con √©l cuando regres√°ramos de la cacer√≠a. Rudos vozarrones atronaron el palacio mientras se cruzaban apuestas, se fijaban ventajas y se acordaban cantidades. Devoramos las √ļltimas tortas de avena, salimos en tropel del palacio y cruzamos a toda prisa el lago helado para dirigirnos a los establos en busca de los caballos. Ensillamos y entre amistosas pullas cabalgamos a lo largo de la helada orilla.
Cynan y yo abríamos la marcha, siguiendo las huellas que Tángwen y Goewyn habían dejado sobre la nieve. A medio camino del bosque, la senda se alejaba de la orilla y se dirigía hacia el risco. Pero nosotros seguimos la orilla del lago hacia los senderos de caza, en las laderas. Tan pronto como nos encontramos en el bosque nos dividimos: la partida de Alun tomó una dirección, y la de Cynan, otra.
El sol se alzaba sobre las cimas de las colinas y el día era espléndido. Había nieve en los senderos de caza, pero gracias a los árboles no era demasiado espesa. Vimos rastros de muchos animales, pero como hacía días que no nevaba, era imposible saber cuáles eran recientes y cuáles antiguos.
Nos desperdigamos por el sendero y nos internamos en el silencioso santuario del bosque, con las lanzas apoyadas en los muslos mientras nos abr√≠amos paso entre el sotobosque. Las sombras de los √°rboles dibujaban un enrejado azul sobre la endurecida nieve. El aire fr√≠o me hormigueaba en la piel de las mejillas, la nariz y la barbilla. Me arrebuj√© en el manto para aprovechar el calor de mi caballo. El radiante sol, el cielo azul y la compa√Ī√≠a de hombres valientes promet√≠an un espl√©ndido d√≠a de caza.
Dej√© que los compa√Īeros m√°s √°vidos de caza se pusieran en cabeza y me rezagu√© para disfrutar del paseo a caballo. Seguimos el largo sendero de caza que iba ascendiendo hacia el risco; al cruzar un arroyuelo avistamos un ciervo rojo escondido tras un arbusto de endrino. Los perros lo hubieran acosado gustosos, pero Cynan quer√≠a una presa mayor y los oblig√≥ a regresar al sendero. Poco despu√©s su paciencia se vio recompensada con el descubrimiento del rastro fresco de un peque√Īo reba√Īo de ciervos.
—Está todavía caliente —estaba diciendo uno de los hombres de Cynan cuando me uní a ellos.
—Bien —exclamó Cynan—. Estad alerta. La presa está muy cerca.
Continuamos a buen paso y no tardamos en avistar los ciervos: tres hembras y un macho enorme. Esta vez no retuvimos a los perros y, en cuanto reson√≥ el grito de caza, se lanzaron tras la presa. El ciervo mir√≥ a los perros con sus enormes e inescrutables ojos negros, luego alz√≥ su majestuosa cabeza y bram√≥ para avisar a su peque√Īo clan.
Las hembras alzaron las colas y desaparecieron de un salto tras unos arbustos. Sólo entonces el ciervo emprendió la huida. En vez de tratar de abrirnos paso entre la espesura, dejamos que los perros se adelantaran y nos lanzamos en persecución de la presa.
¬°Qu√© magn√≠fica persecuci√≥n! El viejo ciervo demostr√≥ ser un astuto oponente y nos llev√≥ por un largo e intrincado sendero que atravesaba espesas arboledas, ascend√≠a por el escarpado risco y despu√©s descend√≠a otra vez para desembocar en una pineda. Lo acorralamos contra una pe√Īa al pie del acantilado. Las hembras hab√≠an escapado y el ciervo estaba casi muerto de cansancio. Aun as√≠, se revolvi√≥ para hacernos frente.
El sol, p√°lido y apagado en el horizonte, era casi tan peque√Īo como una luna, cuando acabamos de atar al ciervo a unas angarillas y emprendimos el regreso. Nos hab√≠amos alejado considerablemente en nuestra febril persecuci√≥n. Est√°bamos cansados y helados pues el sudor hab√≠a empapado nuestras ropas, pero nos sent√≠amos satisfechos de nuestra caza y est√°bamos seguros de ganar la apuesta. Cuando salimos del bosque y cogimos el sendero que bordeaba la orilla del lago, nos dio la bienvenida el hermoso y majestuoso espect√°culo de un cielo lavanda y dorado en un resplandeciente ocaso de sollen.
La partida de Alun Tringad ya había regresado y nos estaban esperando junto a los establos. Sus trofeos, dos hermosos jabalíes, yacían sobre la nieve. Al ver a nuestro ciervo comenzaron a burlarse de nuestro fracaso.
¬ó¬ŅS√≥lo un ciervo? ¬óexclam√≥ Alun Tringad al frente de sus hombres¬ó. Con tantos hombretones a caballo amenaz√°ndolo con sus lanzas, no me extra√Īa que el pobre animal haya muerto del susto.
¬óAunque achacoso ¬órepuso Cynan desmontando¬ó, nuestro ciervo servir√° para que te despojemos de tu tesoro.
Luego observó los jabalíes, con aire triste y decepcionado.
¬óOh, es vergonzoso lo que has hecho, Alun, amigo m√≠o..., mira que separar estos dos cerditos de su madre. ¬ŅPor qu√© no me entregas ahora mismo tu oro y te libras as√≠ de que se haga p√ļblica tu torpeza al mostrar esos dos animalitos esmirriados?
—No tan deprisa, Cynan Machae —replicó uno de los hombres de Alun Tringad—. El Bardo Supremo decidirá quién ha ganado la apuesta. Esperaremos hasta oír lo que decide.
—¡Uf! —resopló Cynan—, traed a Tegid, claro que sí; sólo trataba de evitaros la terrible humillación que os espera.
En cuanto avist√≥ nuestra partida en el sendero del lago, Alun Tringad hab√≠a enviado a un hombre en busca de Tegid. Uno de los hombres de Cynan se√Īal√≥ hacia el crannog.
—¡Ya viene! —gritó Gweir—. ¡Ahí viene el penderwydd!
Volv√≠ la cabeza y vi un grupo de personas que desde el crannog cruzaba a toda prisa el lago helado. Busqu√© a Goewyn, con la esperanza de verla entre la gente, pero ni ella ni T√°ngwen estaban en el grupo. Sin duda, hab√≠an decidido quedarse al calor de la chimenea. Y no me extra√Īaba, yo mismo ansiaba quitarme mis empapadas ropas y sentarme junto al fuego con una jarra de cerveza en la mano.
Cuando la multitud llegó junto a nosotros se levantó un murmullo de admiración. En cuanto vieron las piezas cobradas todos alabaron la destreza de los cazadores y el éxito de la cacería; como debía ser, pues todos íbamos a alimentarnos durante días del producto de nuestros esfuerzos.
¬ó¬°Penderwydd! ¬ógrit√≥ Alun¬ó. La cacer√≠a ha terminado. Aqu√≠ tienes el resultado de nuestro trabajo. Como puedes ver, lo hemos hecho muy bien. Desde luego, es obvio que hemos vencido a la partida de Cynan. S√≥lo falta que t√ļ confirmes la inevitable decisi√≥n.
El Bardo Supremo sacó una mano del manto y la alzó.
—Así lo haré, Alun Tringad. Pero lo que es tan obvio para ti puede que no lo sea tanto para los que carecen de tu entusiasmo por el oro de Cynan. De todas formas, hazte a un lado y permite que alguien con ojos no velados por la avaricia examine la evidencia.
Tegid examin√≥ primero las piezas de Alun y luego la de Cynan. Empuj√≥ con la punta del pie los animales muertos e inspeccion√≥ sus pieles, dientes, colmillos, ojos, pezu√Īas, colas y astas. Entretanto, los dos bandos se martirizaban mutuamente con pullas y rechiflas, aguardando la decisi√≥n del bardo. Tegid se lo tom√≥ con tranquilidad y se deten√≠a aqu√≠ y all√≠ para pensar en un detalle u otro que simulaba haber descubierto, o que le indicaba la extremadamente partidista multitud.
Despu√©s, coloc√°ndose entre el ciervo y los dos jabal√≠es, frunci√≥ el ce√Īo y apoy√≥ la barbilla en un pu√Īo con aire meditabundo. La expectaci√≥n fue en aumento y las apuestas se doblaron y triplicaron, pues por el sesgo de una ceja o el movimiento de un labio, uno y otro bando imaginaban que la opini√≥n del bardo se inclinaba a su favor.
Por fin, Tegid se irguió y alzando la vara para imponer silencio se dispuso a comunicar su decisión.
¬óCorresponde por derecho al rey actuar como juez ante su pueblo ¬órecord√≥ a todos¬ó; pero como el rey ha tomado parte en la cacer√≠a, le pido permiso para emitir mi juicio ¬óa√Īadi√≥ mir√°ndome.
¬óTe lo concedo de buen grado ¬órepuse¬ó. Por favor, contin√ļa.
La multitud urgió a gritos al Bardo Supremo para que proclamara el ganador. Pero Tegid no parecía tener prisa. Se cubrió la cabeza con un pliegue del manto y dijo:
¬óHe sopesado el asunto cuidadosamente. Desde los tiempos de Dylwyn Cuchillo Corto...
Los espectadores murmuraron impacientes, pero Tegid prosiguió con toda calma.
—... y desde los tiempos de Tryffin el Alto, está en la propia naturaleza de las cosas que la vida de un ciervo equivale a la de un oso, y que la de un oso equivale a la de dos jabalíes.
La impaciencia se transformó en frustración, pues la multitud adivinó lo que venía a continuación.
¬óAs√≠ pues, parece l√≥gico que un ciervo equivalga a dos jabal√≠es. En consecuencia, el asunto no debe decidirse seg√ļn la cantidad de carne, sino que debemos tener en cuenta otros detalles antes de decidir.
Hizo una pausa para pasear la mirada por la concurrencia. Se levantaron murmullos de aprobaci√≥n y gru√Īidos de protestas. El bardo aguard√≥ a que cesaran.
—Por esta razón he examinado las bestias cuidadosamente —les dijo—. Y ésta es mi decisión.
La multitud contuvo el aliento. ¬ŅCu√°l ser√≠a?
¬óEl ciervo es un bravo rival y un arrogante se√Īor entre los de su especie...
Los hombres de Cynan, al oírlo, soltaron un alarido de triunfo.
¬óPero ¬óse apresur√≥ a a√Īadir Tegid¬ó, los jabal√≠es no son menos arrogantes. Y adem√°s, hay dos. Si no fuera as√≠, me decidir√≠a por el ciervo. Sin embargo, puesto que para encontrar y abatir dos animales tan magn√≠ficos y nobles, el cazador debe poner en juego toda su habilidad y destreza, declaro que los que han cazado los dos jabal√≠es son los ganadores de la competici√≥n celebrada en el d√≠a de hoy. Yo, Tegid Tathal, penderwydd de Albi√≥n, he hablado.
Cost√≥ un momento desentra√Īar lo que el Bardo Supremo hab√≠a dicho, pero despu√©s todos comenzaron a discutir la decisi√≥n. Cynan apel√≥ a la belleza y otros variados m√©ritos de su ejemplar, pero Tegid permaneci√≥ inconmovible: el ganador era Alun Tringad. No hab√≠a nada que hacer, los perdedores deb√≠an pagar a los ganadores. Tegid golpe√≥ tres veces el suelo con su vara y dio por terminado el asunto.
Regresamos al luminoso calor del palacio, ansiosos por comer, beber, descansar y comentar las incidencias de la cacer√≠a. Al entrar en la sala busqu√© con la mirada a Goewyn, y, como no estaba, me dirig√≠ a mi caba√Īa.
Estaba oscura y vac√≠a, y las cenizas de la chimenea estaban fr√≠as. Era obvio que hac√≠a tiempo que Goewyn no hab√≠a estado all√≠, quiz√° desde la ma√Īana. Corr√≠ a palacio y me dirig√≠ hacia Tegid, que estaba junto a la chimenea esperando a que le pasaran la jarra de cerveza.
¬ó¬ŅD√≥nde est√° Goewyn? ¬óle pregunt√© sin m√°s pre√°mbulos.
¬óHola, Llew. ¬ŅGoewyn? No la he visto ¬órespondi√≥¬ó. ¬ŅPor qu√© lo preguntas.
¬óNo la encuentro. Sali√≥ a cabalgar con T√°ngwen esta ma√Īana.
¬óA lo mejor est√°...
¬óNo est√° en la caba√Īa ¬ólo interrump√≠ paseando una nerviosa mirada por el sal√≥n¬ó. Tampoco veo a T√°ngwen.
Sin decir ni una palabra Tegid se volvió y llamó a Cynan.
¬ó¬ŅD√≥nde est√° T√°ngwen? ¬óle pregunt√≥.
¬ó¬ŅLa has visto desde esta ma√Īana? ¬óa√Īad√≠ yo mir√°ndolo angustiado.
¬ó¬ŅQue si la he visto? ¬órepiti√≥ alzando la copa; bebi√≥ un trago y luego me la pas√≥¬ó. Desde el alba he estado en el sendero de caza, como bien sabes.
¬óGoewyn y T√°ngwen salieron esta ma√Īana a caballo ¬óle expliqu√© procurando dominar mi voz¬ó, y al parecer no han regresado.
¬ó¬ŅQue no han regresado? ¬ódijo Cynan mirando hacia la puerta como si esperara que las dos mujeres aparecieran en aquel momento¬ó. Pues ya se ha hecho de noche.
¬óEso es lo m√°s inquietante ¬ódije¬ó. Si les ha sucedido algo...
—Si están aquí, alguien las habrá visto, seguro —me interrumpió Tegid en tono tranquilizador.
El bardo se alejó unos pasos; poco después lo vi subido a la mesa con la vara en alto.
¬ó¬°Amigos! ¬°Escuchadme! Debo hablar con Goewyn y T√°ngwen ahora mismo. ¬ŅQui√©n sabe d√≥nde est√°n?
Aguardamos. La gente se miró y se encogió de hombros. La pregunta corrió de boca en boca pero nadie fue capaz de dar la menor información. Nadie recordaba haber visto a ninguna de las dos mujeres. Tegid repitió la pregunta, pero tampoco esta vez obtuvo respuesta alguna. Agradeció a la gente su atención y volvió a reunirse con nosotros.
¬óRegistraremos el crannog ¬ódijo.
Aunque hablaba con calma, era evidente que estaba preocupado, y eso en modo alguno suavizó mi creciente ansiedad.
En aquel momento se nos acercó una de las doncellas.
¬óCon vuestro permiso, se√Īores ¬ódijo apretando nerviosamente la jarra que llevaba¬ó, yo he visto a la reina Goewyn.
¬ó¬ŅD√≥nde? ¬ópregunt√© con brusquedad¬ó. Por favor, habla con entera libertad.
—En el patio —contestó.
Yo me precipité velozmente hacia la puerta, pero Tegid me retuvo por el brazo.
¬ó¬ŅCu√°ndo fue eso? ¬ópregunt√≥.
La doncella pareció dudar.
¬óHabla de una vez ¬óla urgi√≥ el bardo¬ó. ¬ŅCu√°ndo la viste?
¬óEsta ma√Īana muy temprano ¬órespondi√≥ la joven con voz temblorosa, pues creo que se hab√≠a dado cuenta de que aquello no era lo que dese√°bamos o√≠r¬ó. Iban riendo mientras caminaban... las dos, la reina y T√°ngwen. Imagin√© que abandonaban el crannog para ir a cabalgar.
¬óTodav√≠a deb√≠a de estar oscuro ¬óobserv√≥ Cynan¬ó. ¬ŅEst√°s segura de que eran ellas?
¬óS√≠, se√Īor ¬órepuso la doncella¬ó. Estoy segura de que las vi.
¬ó¬ŅY T√°ngwen iba con ella? ¬óprosigui√≥ Cynan.
¬óS√≠, se√Īor.
—Gracias, Ailla —dije, pues había reconocido a la joven como una de las doncellas que acostumbraba servir a Goewyn.
Tegid le indicó que podía marcharse y dijo:
¬óRegistremos ahora mismo el crannog.
Al salir del palacio, Tegid hizo una se√Īa a Gwion, su primer mabinog, y le susurr√≥ algo al o√≠do. Gwion asinti√≥ y sali√≥ corriendo antes que nosotros.
Registramos el crannog entre tres, tras dividirlo en tres secciones. No nos llev√≥ mucho tiempo. Yo corr√≠ de casa en casa; golpeaba las puertas con mi mano de plata para alertar a los ocupantes y luego asomaba la cabeza. La mayor√≠a de las caba√Īas estaban vac√≠as, pues sus habitantes se hab√≠an reunido en palacio; pero en las que estaban ocupadas nadie hab√≠a visto a ninguna de las dos mujeres. Tambi√©n registr√© los almacenes. Mientras corr√≠a a reunirme con Cynan y Tegid en el sal√≥n, ya estaba convencido de que Goewyn no se encontraba en Dinas Dwr.
Tegid me aguardaba en la puerta en compa√Ī√≠a de Gwion.
—No me gusta nada —me dijo bruscamente—. He enviado a Gwion a los establos. Sus caballos no están allí.
El corazón me dio un vuelco.
¬óEntonces es que les ha sucedido algo.
Cynan apareció en aquel momento y por su forma de caminar, con la cabeza baja y los hombros hundidos, adiviné que no había descubierto nada y que estaba más que preocupado.
—Será difícil seguir su rastro —dijo sin más preámbulos—. Necesitaremos antorchas y caballos de refresco. Voy a llamar a mis guerreros.
¬óLos Cuervos nos acompa√Īar√°n ¬ódije¬ó. Drustwn puede seguir un rastro incluso en plena oscuridad. Preparar√© los caballos. Ve a por los guerreros. ¬°Date prisa!