13 - El molino del aird righ

—¡Deprisa! ¡Deprisa! —gritó Goewyn adelantándome—. Creí que estabas ansioso por llegar a casa.
Espole√© mi caballo y galop√© tras ella. Goewyn lleg√≥ al pie del risco antes que yo y sin aminorar la marcha emprendi√≥ la ascensi√≥n. La segu√≠ entre la nube de polvo y las piedrecillas que levantaban las pezu√Īas de su corcel, pero no pude darle alcance. Lleg√≥ antes que yo a la cima del risco, desmont√≥ de un salto y me aguard√≥.
¬óBienvenido a casa, oh rey ¬óme dijo.
Pasé una pierna por encima del cuello de mi caballo y desmonté.
¬óSe√Īora, exijo que me d√© un beso de bienvenida ¬ódije atray√©ndola hacia m√≠.
El pueblo corrió a nuestro encuentro y muy pronto nos vimos rodeados por una multitud ansiosa de saludarnos.
¡Qué alegre bienvenida! El tumulto era sincero y ruidoso, los saludos mareantes. Enseguida nos vimos arrastrados por un verdadero remolino de bienvenidas. Scatha apareció entre la multitud, tendió los brazos hacia su hija y la atrajo hacia ella con ternura; luego me abrazó estrechamente y cogiendo mi mano y la de Goewyn nos contempló con ojos brillantes y dijo:
—Bienvenidos, hijos míos, me alegro infinito de veros.
Nos bes√≥ a ambos y nos abraz√≥ de nuevo con los ojos h√ļmedos de emoci√≥n.
¬óOs he echado mucho de menos a los dos ¬ódijo.
Luego, mirándonos fijamente a los ojos, preguntó:
¬ó¬ŅS√≥lo sois dos?
—Por ahora todavía dos —respondió mi esposa.
—Bueno —concedió Scatha—, no por eso sois menos bienvenidos. Todos los días me acordaba con nostalgia de vosotros.
La abrazamos otra vez mientras yo dirigía una rápida mirada al crannog.
¬óYa veo que Dinas Dwr ha sobrevivido a nuestra ausencia.
¬ó¬ŅSobrevivido? ¬óvoce√≥ Calbha abri√©ndose paso entre el gent√≠o, con los cuervos que se hab√≠an quedado pis√°ndole los talones¬ó. ¬°Hemos prosperado! ¬°Bienvenido, Mano de Plata! ¬óa√Īadi√≥ asi√©ndome ambas manos¬ó. ¬ŅHa ido bien el viaje?
—Mejor imposible, Calbha —repuse— Hemos recorrido todo el territorio. Todo ha salido a la perfección.
—Esta noche celebraremos vuestro regreso —anunció Scatha—. Ahora os aguarda en palacio la copa de bienvenida.
Gracias a la previsión de Tegid, Scatha y Calbha habían tenido tiempo sobrado para preparar la fiesta de nuestro regreso. Empujados por el alegre gentío, nos dirigimos a la ciudad del lago; a la dorada luz del sol poniente Dinas Dwr me pareció una gema que brillaba en un vasto y resplandeciente brazalete.
Una vez en la orilla, saltamos a los botes y remamos deprisa hacia el crannog, donde nos aguardaban los que habían tenido que quedarse en la ciudad para ocuparse de los preparativos.
En el momento en que saltamos de los botes percibimos el aroma a carne asada. Dos bueyes y seis cerdos rezumaban grasa sobre el carbón vegetal; fuera del palacio habían sido dispuestas tinajas de cerveza y pellejos de aguamiel. Al acercarnos, doce muchachas se apresuraron a salir a nuestro encuentro portando copas de oro y plata.
¬óBienvenido, poderoso rey ¬ódijo una graciosa y sonriente doncella tendi√©ndome una copa¬ó. Has estado ausente del hogar mucho tiempo. Bebe y descansa ¬óa√Īadi√≥ con dulzura, y mi coraz√≥n se derriti√≥ al o√≠rla.
Cogí la copa, me la llevé a los labios y bebí un trago del dulce y dorado néctar. Estaba aromatizado con anís y sentí su caricia en mi lengua y su calor en mi garganta. Tras afirmar calurosamente que era la mejor bebida que jamás hubiera probado, le pasé la copa a Goewyn. Después de que hubiera bebido el rey, fueron distribuidas el resto de copas, vasijas y jarras; luego dio comienzo la fiesta.
Nadie se sentía más feliz que yo por haber regresado a casa. Contemplé satisfecho la abarrotada sala y los rostros radiantes de cuantos se habían quedado. Era mi pueblo, yo era su rey. Sentí que en verdad estaba de vuelta en mi hogar, que me habían echado de menos y que estaban muy contentos con mi regreso.
Hasta que no me encontré en palacio, saboreé el aromatizado aguamiel y oí las aclamaciones de mi pueblo, no capté plenamente la sabiduría de Tegid al proponerme el viaje. Al recorrer el territorio como rey, había incrementado mi majestad. Ahora pertenecía a aquella tierra, formaba parte de ella en cuerpo y alma. De forma ancestral y mística, el viaje unía mi espíritu con Albión y con su pueblo. Sentí que mi alma se ensanchaba hasta abarcar a cuantos me rodeaban y me acordé de cuantos había conocido durante mi recorrido. Con la misma intensidad con que amaba a los que estaban junto a mí, amaba también a los ausentes. Todos eran mi pueblo y yo era su rey.
Vi a Tegid a cierta distancia con una vasija en las manos, rodeado de sus mabinogi. Al darse cuenta de que lo estaba mirando bajó la vasija y sonrió. El astuto bardo sabía muy bien lo que había ocurrido. Sabía muy bien el efecto que el viaje y aquella bienvenida producirían en mi alma. Me sonrió por encima del recipiente, lo alzó y bebió un trago. Oh, sí, claro que lo sabía.
Goewyn me entregó otra vez la copa, yo la alcé hacia Tegid y bebí de nuevo. Luego brindamos Goewyn y yo. Garanaw, que se había quedado para ayudar a Scatha a entrenar a los jóvenes guerreros, se acercó a saludarme como a un hermano. Bebimos juntos y luego me vi embarcado en una prolongada ronda de brindis, a la salud de todos los amigos a quien hacía tanto tiempo no había visto.
Luego trajeron la comida: monta√Īas de panes y pasteles, crujientes pedazos de carne asada, humeantes calderos llenos de puerros, calabacines y coles. Fue un banquete espl√©ndido: comimos a la luz de las antorchas, rodeados por la oscuridad y el calor de la noche.
Cuando acabamos de cenar, Tegid pidi√≥ su arpa y nos dejamos llevar por la m√ļsica. La melod√≠a sin igual que el bardo arrancaba de las cuerdas convert√≠a la b√≥veda celeste en una vasta Copa de Adivinaci√≥n, llena a rebosar con el agua oscura de todas las posibilidades y en la que cada estrella brillaba como una tentadora promesa. Romp√≠a el alba cuando finalmente nos retiramos a descansar y nos abandonamos al sue√Īo de la felicidad.
Pocos d√≠as despu√©s se march√≥ Calbha, ansioso de regresar a sus territorios de Llogres y establecerse all√≠ con su pueblo antes de que llegara sallen. Yo no envidiaba la dura tarea que le aguardaba y cuid√© de que se llevara abundantes provisiones de grano y aguamiel, y cerdos, ovejas y vacas con los que comenzar a criar nuevos reba√Īos. Le di todo lo necesario para pasar el primer invierno y nos separamos con votos de eterna amistad y promesas de visitarnos a menudo. √Čl y los supervivientes de su tribu emprendieron la marcha con una docena de carros repletos de provisiones, herramientas y armas.
Como Calbha hab√≠a dicho, Dinas Dwr hab√≠a prosperado durante nuestra ausencia. Los cultivos y los reba√Īos hab√≠an medrado, la gente hab√≠a prosperado y se sent√≠a feliz. El horror desencadenado por Meldron, el Salvaje Sabueso, se iba desvaneciendo y con √©l la corrupta abominaci√≥n de su reinado.
Tras haber llevado a cabo el Cylchedd por mis territorios, no me hac√≠a a la idea de sentarme en mi trono y contemplar tranquilamente c√≥mo iban pasando los d√≠as; en efecto, ansiaba m√°s que nunca llegar a ser un buen rey. Mientras los d√≠as calurosos iban transcurriendo, me preguntaba una y otra vez qu√© pod√≠a hacer en beneficio de mi pueblo. ¬ŅQu√© pod√≠a regalarles?
Mi bardo me sugiri√≥ que les regalara la prudencia de un sabio gobierno, pero yo quer√≠a algo m√°s tangible: una obra de ingenier√≠a como un puente o una carretera; pero ninguna de las dos cosas me parec√≠a realmente adecuada. Si era una carretera, ¬Ņad√≥nde ir√≠a? Si era un puente, ¬Ņsobre qu√© lo tender√≠a?
Estuve pensando un par de d√≠as tratando de dar con algo pr√°ctico que proporcionara un buen servicio a mi pueblo. Y, por casualidad, una ma√Īana en que paseaba entre los cobertizos y los talleres a la orilla del lago, o√≠ el lento y pesado chirrido de una rueda. Mir√© hacia all√≠ y vi a dos mujeres inclinadas sobre una enorme rueda doble de piedra. Una de ellas daba vueltas a la piedra superior con un bast√≥n, mientras la otra iba derramando grano seco por el agujero de en medio. Al darse cuenta de que las estaba mirando, ambas me saludaron.
¬óPor favor, continuad ¬óles dije¬ó. No quiero interrumpiros.
Ellas reanudaron su tarea y yo observ√© el duro proceso. Vi sus esbeltas espaldas inclinadas y sus brazos tensos por el esfuerzo de hacer girar la pesada rueda. Era un duro trabajo para conseguir un alimento que se consumir√≠a inmediatamente, y al d√≠a siguiente habr√≠a m√°s grano que moler. Cuando acabaron, las mujeres recogieron la harina de la piedra y utilizaron una escobilla de paja para barrer las part√≠culas m√°s peque√Īas y meterlas en un saco. Luego me dijeron adi√≥s y se marcharon. Pero, tan pronto como se qued√≥ libre la piedra, aparecieron otras dos mujeres, cogieron grano del almac√©n y procedieron a molerlo.
No era, desde luego, una faena nueva en Dinas Dwr. Se venía realizando de la misma manera desde tiempos inmemoriales, probablemente desde que la primera cosecha fue recogida y secada. Pero era la primera vez que yo la presenciaba y me daba cuenta del esfuerzo físico que suponía. Y así, de pronto, se me ocurrió lo que podía regalar a mi pueblo. Les regalaría un molino.
¬°Un molino! Algo verdaderamente sencillo y rudimentario, pero una aut√©ntica maravilla si jam√°s se hab√≠a tenido uno. Y nadie lo hab√≠a tenido. Seg√ļn ten√≠a entendido, jam√°s hab√≠a habido un molino en Albi√≥n. Al pensar en el tiempo y los esfuerzos que se ahorrar√≠an, me maravill√© de que no se me hubiera ocurrido antes. Despu√©s del molino, ya se me ocurrir√≠an otras cosas quiz√° m√°s sofisticadas. El molino era s√≥lo el principio, pero era un proyecto tan bueno como el que m√°s para comenzar.
De vuelta al crannog llamé a mi sabio bardo.
¬óTegid ¬óle dije¬ó, voy a construir un molino. Y t√ļ me ayudar√°s.
Tegid me miró con expresión escéptica y se mordió el labio inferior.
—Ya sabes —le expliqué—, un molino... con piedras para moler el grano.
Me miró un tanto asombrado, pero se mostró de acuerdo en que, al menos en principio, construir un molino era una buena idea.
¬óNo, no me refiero a un par de piedras de moler movidas a mano. Las piedras de mi molino ser√°n mucho m√°s grandes.
¬ó¬ŅC√≥mo de grandes? ¬ópregunt√≥ entrecerrando los ojos.
¬óEnormes. ¬°Inmensas! Lo suficientemente grandes para moler en pocos d√≠as las reservas de grano de toda una estaci√≥n. ¬ŅQu√© te parece?
Mi respuesta pareci√≥ confundirle a√ļn m√°s.
¬óUn proyecto en verdad ambicioso ¬órepuso¬ó. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que ser√° muy dif√≠cil mover unas piedras de moler tan grandes. ¬ŅEst√°s sugiriendo que las muevan bueyes?
¬óNo ¬óle dije¬ó, nada de bueyes.
—Menos mal —comentó con cierto alivio—. Los bueyes tienen que ser alimentados y...
¬óEstoy sugiriendo que las mueva el agua.
¬ó¬ŅAgua?
¬óExactamente. Ser√° un molino de agua.
Un asombro indecible se pintó en su rostro. Yo me eché a reír. Cuando se disponía a abrir la boca para protestar, yo me adelanté:
—Es un invento muy sencillo de mi mundo. Pero funcionará igualmente aquí. Te mostraré lo que quiero decir.
Me arrodillé y saqué mi cuchillo. Dibujé unas líneas en el suelo y comencé a explicárselo:
¬óEsto es el arroyo que desemboca en el lago. Y esto es el lago ¬óa√Īad√≠ dibujando un amplio c√≠rculo.
Tegid estudió los trazos y asintió.
—Ahora veamos —dije dibujando un cuadrado en el arroyo—. Si construimos una presa aquí...
—Si construimos una presa aquí, el arroyo inundará el prado y el agua no llegará al lago.
—Es cierto —asentí—. A menos que el agua tenga forma de sobrepasar la presa. Mira, construiremos un vertedor con una estrecha abertura y lograremos así que el agua fluya despacio... por una rueda giratoria. Una rueda con paletas.
Dibujé una rueda con paletas planas e indiqué con la mano cómo el agua empujaría las paletas y haría girar la rueda.
¬óAs√≠. ¬ŅLo entiendes? Y la rueda giratoria va unida a la piedra de moler ¬óa√Īad√≠ entrelazando los dedos para evocar el engranaje giratorio.
—Y al girar la rueda gira también la piedra de moler —asintió Tegid con perspicacia.
¬óEso es.
El bardo frunci√≥ el ce√Īo mientras examinaba con atenci√≥n el dibujo.
—Supongo que sabes cómo hay que construirlo —dijo al fin.
—Desde luego —afirmé con seguridad—. Bueno, así lo creo.
¬óEs una verdadera maravilla que me gustar√≠a mucho ver ¬óobserv√≥ Tegid¬ó. Pero ¬Ņno har√° que el pueblo se vuelva perezoso? ¬óse apresur√≥ a preguntar frunciendo el ce√Īo.
—No te preocupes, hermano. El pueblo tiene mucho que hacer aunque no tenga necesidad de moler a mano el grano. Confía en mí.
Tegid se irguió.
¬óMuy bien. ¬ŅC√≥mo vas a hacerlo?
—Primero hay que elegir el lugar apropiado para construir el vertedor —repuse poniéndome en pie y guardando el cuchillo en el cinto— Para eso necesitaré tu consejo.
¬ó¬ŅCu√°ndo quieres empezar?
¬óAhora mismo.
Abandonamos el crannog y caminamos por la orilla del lago hasta el lugar donde el arroyo que fluía bordeando el risco desembocaba en el lago. Luego remontamos la corriente hacia Druim Vran; de vez en cuando nos deteníamos y Tegid estudiaba el terreno. En un lugar aproximadamente a medio camino del acantilado, donde el arroyo emergía de entre abruptos bancales en el límite de los bosques que cubrían las laderas de Druim Vran, el bardo se detuvo.
—Aquí —dijo golpeando el suelo con su vara—. Este es el lugar que juzgo más apropiado para tu molino.
A mí me parecía poco prometedor.
—No hay sitio para el vertedor —comenté.
Hab√≠a imaginado una represa plana y tranquila, con truchas jugueteando entre la moteada umbr√≠a... no aquel escalonado desnivel de monta√Īa.
—Resultará fácil hacer la presa del molino —adujo Tegid—. Hay cerca toda la madera y piedra que se necesite, y es precisamente aquí donde el agua comienza a precipitarse hacia el lago.
Estudié la corriente del arroyo; observé las boscosas laderas y las penas de los bancales. Tegid tenía razón; era el lugar más apropiado para el molino. Lo había imaginado de forma muy distinta, pero la configuración del terreno nos proporcionaba la ventaja de poder aprovechar la fuerza de la gravedad para hacer girar la rueda del molino, y además allí sería menos difícil impedir que el agua inundara el prado. Me pregunté admirado qué sabría el astuto bardo de cosas como la gravedad y la energía hidráulica.
—Tienes razón, Tegid. Es el lugar ideal. Construiremos nuestro molino aquí.
Aquel mismo d√≠a comenzaron las obras. Primero orden√© que se limpiara el lugar de maleza. Mientras lo hac√≠an, busqu√© el modo de dibujar mi proyecto y me decid√≠ por una afilada rama de pino y una tablilla de amarillenta cera; luego proced√≠ a ense√Īar a mi maestro de obras, un hombre llamado Huel Gadarn, el funcionamiento de los molinos de agua. Era un hombre tan r√°pido como inteligente; unos cuantos trazos en la tablilla fueron suficientes para que entendiera no s√≥lo la forma, sino el concepto de lo que estaba dibujando. El √ļnico aspecto del ingenio que le result√≥ misterioso fue la manera en que la fuerza de la rueda se transfer√≠a a las gigantescas piedras de moler; pero tal dificultad se deb√≠a m√°s a mi escasa habilidad para esbozar el engranaje que a su inteligencia.
Después construimos una maqueta con ramas, cortezas y arcilla. Cuando estuvo terminada, comprobé con profunda satisfacción que Huel había entendido perfectamente los complejos mecanismos del proyecto. No había duda de que, pese al tiempo y a la inclinación del terreno, Huel podría construir el molino. Podíamos ponernos, pues, manos a la obra.
Una vez el lugar estuvo despejado de maleza, comenzamos a cavar para construir la presa. Pero entonces comenzó a llover.
Pas√© el primer d√≠a de lluvia dibujando varios proyectos de engranajes. El segundo comenc√© a pasear nerviosamente de un lado a otro. El cuarto d√≠a, que amaneci√≥ tan gris y h√ļmedo como los anteriores, segu√≠a paseando nerviosamente y maldiciendo la lluvia. Goewyn me soport√≥ todo lo que pudo, hasta que al fin perdi√≥ la paciencia y me inform√≥ de que ning√ļn engranaje, por complicado que fuera, merec√≠a la irritaci√≥n y el nerviosismo que yo le estaba causando, y me inst√≥ a que me marchara a pasear a otra parte.
Pasé el resto del día en el palacio, escuchando insulsas conversaciones y muriéndome de ganas por ir a ver las obras. Afortunadamente, el día siguiente amaneció claro y despejado y por fin, con gran contento por parte de Goewyn, pudimos empezar a excavar los cimientos de la nueva maravilla de Albión: el Molino del Aird Righ.