10 - El hijo del poderoso rey

Las dulces notas del arpa se derramaron como monedas de los dedos de Tegid; como brillantes chispas surgidas del vigoroso fuego subieron en vistoso remolino hacia las sombras del tejado. La voz del Bardo Supremo se alzó para unirse a la melodía del arpa y ambas se hermanaron en una armonía sin par, mientras Tegid comenzaba a cantar la historia que había preparado para el alban ardduan. Y la canción decía así:
—En los primeros días de la existencia del hombre, cuando el rocío de la creación brillaba todavía sobre la tierra, había un rey que gobernaba muchos reinos y dominaba muchos clanes. El rey se llamaba Cadwallon y gobernó larga y sabiamente, incrementando la fortuna de cuantos estaban bajo su protección. El rey tenía por costumbre subir todas las noches al montículo de las asambleas, que se alzaba junto a su fortaleza, y contemplar sus tierras para ver personalmente cómo andaban los asuntos de su pueblo. Y sucedió que...
¬ĽUn atardecer, mientras Cadwallon estaba sentado en el mont√≠culo mirando sus tierras, cay√≥ en la cuenta de que sus dominios hab√≠an crecido demasiado. "Ya no puedo ver los l√≠mites de mi reino, ni puedo contar el n√ļmero de sus habitantes; mi bardo tardar√≠a tres d√≠as enteros en enumerar el nombre de las tribus. Ser√≠a vergonzoso ¬ópens√≥¬ó que si alg√ļn contratiempo nos amenazara, no tuviera tiempo de prevenirlo e impedir que cayera sobre mi pueblo. Y no ser√≠a dif√≠cil que tal eventualidad ocurriera, porque mi reino ha crecido demasiado como para que lo pueda gobernar s√≥lo un rey. As√≠ pues, debo encontrar a alguien que me ayude a gobernar y a mantener la paz en mi pueblo."
¬ĽY aconteci√≥ que no faltaban hombres deseosos de convertirse en reyes y ayudarlo en las tareas de gobierno. Pero por desgracia, no a todos les importaba tanto el bienestar de los clanes como a Cadwallon, y al poderoso rey le aflig√≠a la idea de que un hombre ego√≠sta se convirtiera en un tirano con su consentimiento. As√≠ que se retir√≥ al mont√≠culo del gorsedd para meditar: "No bajar√© hasta que haya descubierto una soluci√≥n al problema".
¬ĽDurante tres amaneceres y tres crep√ļsculos, Cadwallon permaneci√≥ all√≠; y pasaron tres m√°s y luego otros tres, hasta que al anochecer del noveno d√≠a se le ocurri√≥ una manera de determinar qui√©n de sus hombres era digno de ayudarlo. Se levant√≥ y regres√≥ lleno de confianza a su fortaleza.
¬ĽAl d√≠a siguiente envi√≥ mensajeros a los cuatro puntos cardinales de su reino con el siguiente mensaje: "Nobles, el poderoso rey os invita a servirlo durante una estaci√≥n y a descansar en su palacio donde se celebrar√°n fiestas y juegos y donde no cesar√°n las rondas de copas de aguamiel".
¬ĽCuando los capitanes hubieron recibido la invitaci√≥n se apresuraron a acudir junto a su se√Īor. Y cuando vieron la abundancia de comida y bebida dispuesta en su honor se sintieron profundamente complacidos, y exclamaron que Cadwallon era, con seguridad, el m√°s ben√©volo y generoso de todos los se√Īores.
¬ĽDespu√©s de que se hubieran sentado a la mesa seg√ļn sus rangos, dio comienzo el fest√≠n. Comieron y bebieron cuanto quisieron y tras haber satisfecho a placer el hambre, comenzaron a charlar, como es costumbre entre hombres, de las diferentes aventuras que les hab√≠an acontecido. Hablaron uno tras otro y cada uno de ellos cont√≥ su mejor historia para delicia de los dem√°s.
¬ĽEl poderoso rey escuch√≥ la charla preocupado, mientras miraba fijamente el fondo de su copa. Cuando le preguntaron el porqu√© de su expresi√≥n, el poderoso rey respondi√≥:
¬Ľ"Hemos escuchado muchas historias, pero ninguna tan extra√Īa como la que os voy a explicar. De todas las aventuras que hab√©is relatado, la m√≠a es la m√°s misteriosa. Dar√≠a mi vida porque alguno fuera capaz de explicarme su significado."
¬Ľ"Afortunado t√ļ, oh rey, si √©se es todo el motivo de tu preocupaci√≥n ¬óreplicaron los nobles¬ó. Estamos dispuestos a cumplir tu deseo. Cu√©ntanos tu historia y enseguida libraremos a tu coraz√≥n de ese peso."
¬Ľ"Escuchadme pues ¬ódijo el rey¬ó, pero no cre√°is que vais a descubrir el significado de mi relato tan f√°cilmente como imagin√°is, porque estoy convencido de que la historia os causar√° no poca consternaci√≥n antes de que llegue a su fin."
¬Ľ"Has de saber, poderoso rey, que no tenemos miedo a nada. Adem√°s, tus palabras han despertado nuestra curiosidad. Habla con toda tranquilidad pues nada puede consternarnos."
¬Ľ"Sin duda sab√©is perfectamente lo que dec√≠s", musit√≥ el rey.
¬ĽY a continuaci√≥n comenz√≥ a relatar su aventura:
¬Ľ"Yo no he sido siempre el rey que contempl√°is ahora ¬ódijo Cadwallon a sus capitanes¬ó. En mi juventud era fogoso y arrogante pues supon√≠a que nadie pod√≠a vencerme con las armas. Pensando que ya hab√≠a realizado todas las haza√Īas posibles en este reino, me encamin√© a salvajes territorios muy alejados de las regiones que conocemos. Deseaba ganar gloria y fama con mi destreza en las armas, ansiaba o√≠r mi nombre alabado en imperecederas canciones."
¬Ľ"¬ŅQu√© sucedi√≥? ¬ólo interrumpieron los nobles¬ó. ¬ŅQu√© hallaste en esos territorios?"
¬Ľ"Encontr√© el m√°s hermoso valle que jam√°s nadie haya podido contemplar. √Ārboles de todas clases crec√≠an en los bosques, y un ancho r√≠o corr√≠a por el valle. Cruc√© el r√≠o, hall√© un sendero y llegu√© a una inmensa llanura repleta de toda clase de flores. Como el sendero prosegu√≠a, me dispuse a seguirlo. Cabalgu√© tres d√≠as y tres noches y al fin llegu√© a una espl√©ndida fortaleza junto a un turbulento mar azul.
¬Ľ"Al acercarme a la fortaleza top√© con dos muchachos, de cabellos tan negros que me hicieron pensar en las alas de los cuervos; ambos iban ataviados con elegantes ropajes y mantos de color verde, y llevaban al cuello torques de plata. Los dos portaban arcos de asta con cuerdas de tendones de ciervo y saetas de marfil de morsa con puntas de oro y plumas de √°guila. Sus cinturones eran de plata y sus cuchillos de oro, y estaban disparando flechas contra un escudo cubierto por una piel de buey.
¬Ľ"A cierta distancia hab√≠a un hombre con los cabellos tan blancos que me hicieron pensar en las alas de los cisnes. Llevaba los cabellos y la barba pulcramente arreglados y luc√≠a una torque de oro en el cuello. Su manto era azul y su cintur√≥n y buskins de fino cuero marr√≥n. Cabalgu√© al encuentro de aquel hombre con un saludo en los labios, pero fue tan cort√©s como para saludarme √©l antes de que yo pudiera hablar y me invit√≥ a entrar en la fortaleza, cosa que yo ansiaba hacer pues era una aut√©ntica maravilla. All√≠ vi otros hombres y observ√© enseguida que era un pueblo muy pr√≥spero porque el √ļltimo de ellos hac√≠a gala de la misma riqueza que mi hu√©sped, y el m√°s poderoso no parec√≠a ni tres veces m√°s rico que el m√°s modesto.
¬Ľ"¬°Cinco j√≥venes se hicieron cargo de mi caballo y lo atendieron mejor que los m√°s diligentes mozos que jam√°s hubiera conocido. Luego el hombre me condujo al palacio construido sobre pilares de oro y cubierto con un techo de moteadas plumas de p√°jaros. Dentro, atractivos hombres y hermosas mujeres conversaban pl√°cidamente, cantaban, jugaban, se divert√≠an. Veinte doncellas cos√≠an junto a los ventanales y la menos agraciada de ellas era mucho m√°s bella que cualquiera de las doncellas de la isla de la Fuerza. Cuando entramos en el palacio, las doncellas se levantaron para saludarme y me dieron la bienvenida con exquisita amabilidad.
¬Ľ"Cinco me quitaron los buskins y me cogieron las armas, otras cinco me despojaron de mis gastadas ropas de viaje y me vistieron con ropas nuevas: siarc, breecs y un manto de fino tejido. Otras cinco cubrieron la mesa con un hermoso mantel y otras cinco trajeron comida en cinco enormes bandejas. Las cinco que me hab√≠an quitado los buskins y las armas trajeron suaves cojines para que me sentara, y las cinco que me hab√≠an vestido me acompa√Īaron a la mesa.
¬Ľ"Me sent√© al lado del hombre que me hab√≠a conducido a la fortaleza y el resto de la rutilante concurrencia se sent√≥ a nuestro alrededor. No hab√≠a en la mesa ni una sola copa, bol o bandeja que no fuera de oro, plata o asta. Y la comida... ¬°qu√© comida! Jam√°s hab√≠a probado manjares tan deliciosos al paladar y tan saludables para el est√≥mago como los que com√≠ en aquel sal√≥n en tan espl√©ndida compa√Ī√≠a.
¬Ľ"Mientras estuvimos comiendo nadie me dirigi√≥ ni una sola palabra. Al cabo de un rato, cuando el hombre sentado a mi lado se dio cuenta de que hab√≠a acabado de comer se volvi√≥ hacia m√≠ y me dijo:
¬Ľ'"Veo que preferir√≠as hablar mejor que comer.'
¬Ľ"'Se√Īor ¬órepuse¬ó, ya es hora de que hable con alguien. Incluso los mejores manjares son pobres si se comparten en silencio.'
¬Ľ"'Bueno ¬órespondi√≥ el hombre¬ó, no quer√≠amos molestarte mientras com√≠as. Pero si hubiese sabido que eras de esa opini√≥n, te habr√≠amos hablado mucho antes. Charlemos pues ahora, si nada te lo impide.'
¬Ľ"Y me pregunt√≥ qui√©n era y qu√© misi√≥n me hab√≠a llevado hasta ellos.
¬Ľ"'Se√Īor ¬ócontest√©¬ó, tienes ante ti a un hombre muy diestro en el manejo de las armas. Recorro los desconocidos territorios del mundo con la esperanza de encontrar alguien que pueda vencerme. Porque en verdad te dir√© que no me divierte en absoluto vencer a hombres menos diestros que yo, y hace mucho tiempo que en mi pa√≠s no existe guerrero capaz de proporcionarme la diversi√≥n que anhelo.'
¬Ľ"'Amigo m√≠o ¬órepuso el hombre, con una sonrisa¬ó, me encantar√≠a satisfacer tu deseo si no creyera que podr√≠as salir perjudicado.'
¬Ľ"Sus palabras causaron en m√≠ profunda decepci√≥n, y el se√Īor, al ver la expresi√≥n de mi rostro, a√Īadi√≥:
¬Ľ'"Sin embargo, puesto que prefieres el peligro a la prudencia, voy a decirte algo. Prep√°rate.'
¬Ľ'"Se√Īor, estoy preparado', fue mi respuesta.
¬Ľ'"Esc√ļchame, pues, con atenci√≥n, porque s√≥lo te lo explicar√© una vez. Pasa aqu√≠ la noche, lev√°ntate ma√Īana al alba y toma el sendero que te condujo a esta fortaleza hasta que llegues a un bosque. El sendero se interna en el bosque y a poca distancia se bifurca; toma el camino de la izquierda y s√≠guelo hasta que llegues a un claro en el centro del cual se alza un mont√≠culo. Sobre el mont√≠culo ver√°s a un hombre enorme. Preg√ļntale ad√≥nde debes dirigirte y, aunque a menudo se muestra descort√©s, creo que te dir√° d√≥nde encontrar lo que buscas.'
¬Ľ"La noche me pareci√≥ interminable. Ni todos los d√≠as del mundo hasta el fin de los siglos me habr√≠an parecido m√°s largos. Siempre que alzaba los ojos al cielo me parec√≠a que la ma√Īana estaba a√ļn m√°s lejos que la √ļltima vez que hab√≠a mirado. Sin embargo, al fin vi que el cielo griseaba en el este y supe que la noche hab√≠a terminado. Me levant√©, me vest√≠, mont√© a caballo y me puse en camino. Hall√© el bosque y hall√© la bifurcaci√≥n de caminos; tom√© el de la izquierda y hall√© el claro con el mont√≠culo en el centro, tal como el poderoso se√Īor lo hab√≠a descrito.
¬Ľ"Hab√≠a un hombre sentado sobre el mont√≠culo. Mi hu√©sped me hab√≠a dicho que era enorme, pero en verdad era m√°s grande de lo que hab√≠a imaginado... y mucho m√°s feo. Ten√≠a s√≥lo un ojo en medio de la frente, y s√≥lo un pie; espesos pelos le cubr√≠an la cabeza, los hombros y los brazos. Llevaba una lanza de hierro que hubiera resultado pesada para cuatro guerreros y que el hombre bland√≠a como si nada. En torno al hombre, y sobre y alrededor del mont√≠culo, pac√≠an ciervos, cerdos, ovejas y animales salvajes de todas clases... ¬°los hab√≠a a miles!
¬Ľ" Salud√© al Guardi√°n del Bosque y recib√≠ una respuesta malhumorada, cosa que ya me esperaba; le pregunt√© luego qu√© poder ten√≠a sobre los animales que se api√Īaban alrededor. De nuevo recib√≠ una respuesta malhumorada:
¬ę"'Hombrecillo ¬óse mof√≥¬ó, si no lo sabes debes de ser sin duda el m√°s lerdo de toda tu especie. No obstante, te demostrar√© el poder que poseo.'
¬Ľ"El peludo gigante alz√≥ la lanza y la dispar√≥ contra un ciervo. La lanza dio en el blanco y el animal se derrumb√≥; los mugidos del ciervo sacudieron los √°rboles e hicieron que se moviera la tierra bajo mis pies. Toda clase de animales salvajes acudieron al o√≠rlo desde los cuatro puntos cardinales del mundo. Acudieron a miles y miles, de modo que a mi caballo, rodeado de pronto por lobos, osos, ciervos, nutrias, zorros, tejones, ardillas, ratones, serpientes, hormigas, etc√©tera, apenas le quedaba sitio para moverse.
¬Ľ"Los animales miraban al gigantesco Guardi√°n del Bosque como hombres leales que honraran a su se√Īor; √©l les orden√≥ que pacieran y al instante las fieras le obedecieron.
¬Ľ"'Bueno, hombrecillo ¬óme dijo¬ó, ya has visto el poder que ostento sobre los animales. Pero creo que no has venido hasta aqu√≠ para admirar mi poder, por muy grande que sea. ¬ŅQu√© es lo que quieres?
¬Ľ"Le expliqu√© qui√©n era y qu√© estaba buscando, y me respondi√≥ groseramente que me largara. Pero yo insist√≠ y finalmente me dijo:
¬Ľ"'Bueno, si eres tan est√ļpido como para andar buscando semejante cosa, no voy a ser yo quien te lo impida. Sigue el sendero que encontrar√°s al final del claro ¬óa√Īadi√≥ alzando la lanza de hierro y se√Īalando la direcci√≥n que deb√≠a tomar¬ó. Al cabo de un rato encontrar√°s una monta√Īa; sube por la ladera hasta la cima y desde all√≠ ver√°s una ca√Īada tan impresionante como jam√°s en tu vida has visto. En el centro de esa ca√Īada ver√°s un tejo m√°s viejo y alto que cualquiera de los de tu mundo. Bajo las ramas del tejo hay un estanque, junto al estanque una piedra y sobre la piedra una vasija de plata con una cadena que lo sujeta a la piedra. Coge la vasija, si es que te atreves, ll√©nala de agua y vi√©rtela sobre la piedra. No me preguntes lo que suceder√° a continuaci√≥n, porque no voy a dec√≠rtelo aunque me lo preguntes durante mil a√Īos.'
¬Ľ'"Gran se√Īor ¬órepuse¬ó, no soy de esa clase de hombres que se amilanan as√≠ como as√≠. Tengo que saber lo que suceder√° a continuaci√≥n aunque deba permanecer aqu√≠ durante miles de a√Īos.'
¬Ľ"'¬ŅHabrase visto hombre m√°s ignorante e insensato que t√ļ? ¬óexclam√≥ el Guardi√°n del Bosque¬ó. No obstante, te dir√© lo que suceder√° a continuaci√≥n: la pe√Īa atronar√° con tal fuerza que te parecer√° que estallan los cielos y la tierra, y caer√° una cascada de agua tan violenta y fr√≠a que probablemente no sobrevivir√°s. ¬°Caer√° un granizo tan grueso como hogazas de pan! No me preguntes lo que suceder√° a continuaci√≥n porque no voy a dec√≠rtelo.
¬Ľ'"¬°Poderoso se√Īor! ¬ódije yo¬ó. Creo que ya me has dicho bastante. Puedo averiguar el resto por m√≠ mismo. Gracias por tu ayuda.'
¬Ľ"'¬°Ah! ¬óexclam√≥ √©l¬ó. No tienes por qu√© d√°rmelas, pues la ayuda que te he proporcionado probablemente ser√° tu perdici√≥n. Espero no volver a encontrarme jam√°s con un hombre tan insensato como t√ļ. ¬°Adi√≥s!'
¬Ľ" Segu√≠ el camino que me hab√≠a indicado y cabalgu√© hasta la cima de la monta√Īa desde la cual divis√© la enorme ca√Īada y el tejo. El √°rbol era m√°s alto y viejo de lo que me hab√≠a dicho el Guardi√°n del Bosque. Me acerqu√© al √°rbol y encontr√© el estanque, la piedra, la vasija de plata y la cadena..., tal como √©l me hab√≠a descrito.
¬Ľ"Ansioso de probar mi destreza, no perd√≠ un segundo; cog√≠ la vasija, la llen√© con agua del estanque y la vert√≠ sobre la piedra. Al instante reson√≥ un trueno m√°s fuerte de lo que el poderoso se√Īor me hab√≠a dicho, y despu√©s cay√≥ un granizo tan grande como hogazas de pan. A decir verdad, amigos m√≠os, si no me hubiera metido bajo la pe√Īa no estar√≠a aqu√≠ ahora para cont√°roslo. Aun as√≠, estaba a punto de perder la vida cuando la granizada ces√≥ de golpe. Al tejo no le quedaba ni una sola hoja verde, pero el tiempo hab√≠a aclarado y una bandada de p√°jaros se pos√≥ en las desnudas ramas y comenzaron a cantar.
¬Ľ"Estoy seguro de que ning√ļn hombre ha o√≠do jam√°s una m√ļsica m√°s dulce y conmovedora que aqu√©lla. Pero cuando m√°s estaba disfrutando de ella, o√≠ unos lastimeros gemidos que fueron aumentando hasta resonar en toda la ca√Īada. Y los gemidos se transformaron despu√©s en palabras.
¬Ľ'"Guerrero, ¬Ņqu√© quieres de m√≠? ¬ŅQu√© mal te he infligido que te ha empujado a hacerme a m√≠ y a mi reino lo que has hecho?
¬Ľ'"¬ŅQui√©n eres, se√Īor? ¬ópregunt√© yo¬ó. ¬ŅQu√© mal te he causado?
¬Ľ"La quejumbrosa voz respondi√≥:
¬Ľ"'¬ŅNo sabes acaso que a causa de la lluvia que has provocado tan imprudentemente no ha quedado en mi reino ni un hombre ni un animal vivos? Lo has destruido todo.'
¬Ľ"Tras estas palabras apareci√≥ un guerrero montado en un caballo negro y ataviado tambi√©n √©l de negro; su lanza y su escudo eran negros y negra asimismo, desde la empu√Īadura a la punta, la espada que pend√≠a de su cadera. El corcel negro pate√≥ el suelo con sus negras pezu√Īas y sin m√°s palabras el guerrero se lanz√≥ contra m√≠.
¬Ľ"Aunque hab√≠a aparecido de forma brusca, yo estaba preparado. Pensando que al fin iba a conseguir imperecedero renombre, bland√≠ mi lanza y ataqu√©. Confiaba plenamente en la fuerza de mi caballo y en el r√°pido avance del imponente guerrero. Pero aunque mi ataque fue m√°s h√°bil que los mejores que jam√°s hubiera llevado a cabo, fui r√°pidamente derribado del caballo y arrojado ignominiosamente al suelo. Sin mirarme y sin dirigirme palabra alguna, mi negro enemigo pas√≥ el astil de su lanza por la brida de mi caballo y se lo llev√≥ abandon√°ndome a mi suerte. Ni siquiera se tom√≥ la molestia de hacerme prisionero o despojarme de mis armas.
¬Ľ"De este modo, me vi obligado a volver por el mismo camino que hab√≠a tomado antes, y cuando llegu√© al claro del Guardi√°n del Bosque por poco me fundo de verg√ľenza ante los insultos que me dirigi√≥. Dej√© que me denostara cuanto le viniera en gana y desde luego lo hizo con singular elocuencia. Luego, suspir√© y me dispuse a regresar a la espl√©ndida fortaleza junto al mar.
¬Ľ"Fui recibido m√°s calurosamente a√ļn que la primera vez y me sirvieron manjares si cabe a√ļn m√°s deliciosos. Convers√© con placer con los hombres y mujeres de aquel hermoso lugar y ellos charlaron afectuosamente conmigo. No obstante, nadie hizo menci√≥n alguna de mi viaje al reino del Caballero Negro, y yo tampoco. La verg√ľenza que sent√≠a era tan grande como mi perdida arrogancia.
¬Ľ"Pas√© la noche all√≠ y cuando me levant√© encontr√© un hermoso caballo bayo con crines del color del liquen rojo. Cog√≠ mis armas, me desped√≠ del se√Īor de aquel lugar y regres√© a mi reino. Todav√≠a hoy conservo aquel caballo y no miento al deciros que preferir√≠a perder mi mano derecha antes que desprenderme de √©l."
¬ĽDespu√©s, el rey alz√≥ los ojos y mir√≥ a su alrededor.
¬Ľ"Pero de verdad os aseguro que dar√≠a la mitad de mi reino al hombre que pudiera explicarme el significado de mi aventura."
¬ĽDe este modo termin√≥ Cadwallon su extra√Īa historia. Sus nobles se quedaron asombrados no s√≥lo por la humildad de su rey, que les hab√≠a contado una historia de la que tan malparado hab√≠a salido, sino por los extra√Īos hechos narrados. Entonces, tom√≥ la palabra un valiente guerrero llamado Hy Gwyd:
¬Ľ"Nobles ¬ódijo¬ó, nuestro se√Īor nos ha relatado una historia muy interesante. Y, si no estoy equivocado, nuestro poderoso rey nos ha lanzado adem√°s un reto: que descubramos el significado de su extra√Īa aventura. Por tanto, comport√©monos como deben hacerlo los hombres valientes; afrontemos el reto del rey y descubramos el significado de la historia."
¬ĽLos nobles discutieron el asunto entre ellos. Hablaron largo y tendido porque no todos estaban de acuerdo con Hy Gwyd. Finalmente decidieron que no era prudente entremezclarse en misterios como aqu√©l, y que era mejor dejar las cosas como estaban. Y sin m√°s se entregaron de nuevo al placer de la fiesta y del banquete. Pero Hy Gwyd, tan ambicioso como inteligente, no estaba dispuesto a abandonar la batalla y continu√≥ argumentando y argumentando hasta que al fin logr√≥ convencer a un amigo, un guerrero llamado Teleri.
¬ĽAs√≠, mientras los dem√°s com√≠an y beb√≠an, los dos guerreros salieron del palacio. Ensillaron sus caballos, empu√Īaron sus armas y salieron del caer de Cadwallon para resolver el misterio. Cabalgaron leguas y m√°s leguas en busca de los extra√Īos territorios que el rey hab√≠a descrito. Y finalmente dieron con el bosque y con el sendero, y supieron con certeza que era el mismo bosque y el mismo sendero de los que les hab√≠a hablado Cadwallon.
¬ĽSiguieron el sendero, llegaron al maravilloso valle, cruzaron el ancho y refulgente r√≠o y encontraron el camino hacia la interminable llanura repleta de flores de todas clases. Mientras la atravesaban, la fragancia de las flores colmaba sus pulmones y la maravilla del paisaje, sus ojos. Cabalgaron tres d√≠as y tres noches y al fin llegaron hasta la espl√©ndida fortaleza, junto a un turbulento mar de un intenso color azul.
¬ĽDos muchachos con torques de plata y arcos de asta estaban disparando flechas de marfil contra un escudo blanco, tal como Cadwallon les hab√≠a contado. Un hombre de cabellos de oro contemplaba a los muchachos, y los tres saludaron calurosamente a los jinetes y los invitaron a cenar en la fortaleza. La gente que encontraron all√≠ era m√°s hermosa y las mujeres m√°s encantadoras de lo que hab√≠an imaginado. Bellas mujeres se dispusieron a servirlos como hab√≠an servido a Cadwallon, y los manjares que comieron en el maravilloso palacio sobrepasaban en mucho cuantos hab√≠an probado hasta entonces. Cuando hubieron acabado de cenar, el se√Īor que les hab√≠a dado la bienvenida se dirigi√≥ a ellos y les pregunt√≥ qu√© misi√≥n los hab√≠a llevado all√≠.
¬Ľ"Estamos buscando al Caballero Negro que guarda el estanque", respondi√≥ Hy Gwyd.
¬Ľ"¬°Ojal√° hubierais respondido cualquier otra cosa! ¬órepuso el se√Īor¬ó. Pero si est√°is decididos a buscar la verdad de este asunto, no voy a imped√≠roslo."
¬ĽY a continuaci√≥n les dio toda clase de detalles, como les hab√≠a contado Cadwallon.
¬ĽAl alba, los dos amigos atravesaron aquel hermoso reino hasta llegar al claro donde encontraron al Guardi√°n del Bosque en su mont√≠culo. El Guardi√°n era m√°s feo e impresionante de lo que hab√≠an imaginado. Siguiendo las desabridas indicaciones del hura√Īo se√Īor llegaron al valle m√°s all√° de la monta√Īa donde se alzaba el tejo. Encontraron el estanque y la vasija de plata sobre la piedra. Teleri quer√≠a regresar por donde hab√≠an venido, pero Hy Gwyd se ech√≥ a re√≠r y se burl√≥ de √©l:
¬Ľ"No hemos llegado hasta tan lejos para darnos la vuelta ¬ódijo¬ó. Intuyo que triunfaremos donde nuestro rey fracas√≥; tenemos al alcance de la mano la ocasi√≥n de ser m√°s grandes de lo que jam√°s fue Cadwallon."
¬ĽTras estas palabras cogi√≥ la vasija, la llen√≥ de agua y la verti√≥ sobre la piedra. El trueno y la tormenta que siguieron fueron mucho m√°s imponentes de lo que les hab√≠a dicho Cadwallon. Pensaron que iban a morir y estaban sin duda a punto de hacerlo cuando el cielo se despej√≥ y el tejo sin hojas se llen√≥ de p√°jaros. Sus trinos eran m√°s armoniosos y placenteros de lo que hab√≠an imaginado, pero, cuando estaban disfrutando con deleite de aquella m√ļsica, comenzaron a o√≠rse unos gemidos tan quejumbrosos que parec√≠a como si el mundo estuviera agonizando. Los dos guerreros aguzaron la mirada y vieron que se aproximaba un solitario jinete: era el Caballero Negro, cuya aparici√≥n les hab√≠a sido anunciada.
¬ĽEl Caballero Negro los mir√≥ tristemente y les dijo:
¬Ľ"Hermanos, ¬Ņqu√© quer√©is de m√≠? ¬ŅQu√© da√Īo os he infligido para que desearais hacerme a m√≠ y a mi reino lo que nos hab√©is hecho?"
¬Ľ"¬ŅQui√©n eres, se√Īor? ¬ópreguntaron los dos guerreros¬ó. ¬ŅQu√© da√Īo te hemos causado?"
¬Ľ"¬ŅNo sab√©is que a causa de la lluvia que tan imprudentemente hab√©is provocado no queda en mi reino hombre o animal alguno con vida? Lo hab√©is destruido todo."
¬ĽLos dos guerreros se miraron uno a otro meditando qu√© deb√≠an hacer.
¬Ľ"Hermano ¬ócoment√≥ Teleri¬ó, necesitamos un plan, porque todo est√° ocurriendo tal como nos cont√≥ el rey y no estamos m√°s cerca de descubrir el misterio que cuando emprendimos la aventura. Propongo que regresemos antes de que nos sobrevenga alguna desgracia."
¬Ľ"¬°No puedo dar cr√©dito a lo que oigo! ¬óse mof√≥ Hy Gwyd¬ó. Estamos a punto de ganar una gloria y un poder inmensos. √Ātate una lanza a la espalda si es necesario, pero s√≠gueme. No podemos regresar."
¬ĽCon estas palabras, Hy Gwyd alz√≥ el escudo y blandi√≥ la lanza. Cuando el Caballero Negro vio que estaban dispuestos a enfrentarse con √©l, los atac√≥ derrib√°ndolos con la misma facilidad que si hubieran sido tiernos infantes. Luego hizo el gesto de arrebatarles los caballos; pero los dos amigos, adiestrados por lo que le hab√≠a pasado al rey, saltaron a una, agarraron la lanza del enemigo y lo derribaron de su montura. El Caballero Negro logr√≥ ponerse de rodillas y desenvain√≥ la espada. Pero Hy Gwyd fue m√°s r√°pido.
¬ĽAlz√≥ la espada y la dej√≥ caer: rod√≥ la cabeza del Caballero Negro y su cuerpo se desplom√≥ como si fuera un roble ca√≠do. Hy Gwyd envain√≥ la espada, jadeante pero muy satisfecho de s√≠ mismo.
¬Ľ"Lo hemos conseguido, hermano ¬ódijo¬ó. Hemos triunfado donde fracas√≥ nuestro rey. Nos hemos ganado fama y renombre al demostrar que somos m√°s diestros que √©l."
¬ĽTeleri estaba a√ļn intentando recobrar el aliento para responder, cuando se oyeron unos lamentos a√ļn m√°s quejumbrosos que los gemidos del Caballero Negro, y fueron aumentando hasta convertirse en un agudo gemido. Expresaban tanta pena y dolor que parec√≠a que iban a arrancar l√°grimas incluso de las piedras. Si toda la tristeza del mundo se expresara de pronto en una voz, no podr√≠a resultar tan conmovedora. Los dos guerreros creyeron que no podr√≠an sobrevivir al violento ataque de tanto dolor.
¬ĽMiraron a su alrededor para dar con el origen de aquel grito y vieron una mujer arrastr√°ndose cerca de donde estaban, y ¬°oh!... era lo m√°s horrible que hab√≠an visto en su vida. Si toda la belleza de las mujeres del mundo se marchitara de pronto y recayera en el descarnado cuerpo de la m√°s repulsiva anciana, el resultado no podr√≠a dar idea de la fealdad que ambos j√≥venes contemplaban. La cara de la mujer era una masa arrugada; dientes negros y torcidos le asomaban entre los labios partidos. Sus fl√°ccidas carnes eran una masa de llagas agusanadas; piojos y gusanos pululaban entre sus cabellos. Los sucios andrajos que colgaban de su repulsivo cuerpo hab√≠an sido en otro tiempo hermosos vestidos.
¬ĽLos gemidos de dolor segu√≠an saliendo de la garganta de aquella horripilante mujer, m√°s y m√°s quejumbrosos a medida que se acercaba. Cuando lleg√≥ al estanque, mir√≥ el cad√°ver del Caballero Negro y sus gemidos se hicieron a√ļn m√°s agudos. Los p√°jaros cayeron muertos de los √°rboles ante tan conmovedor sonido.
¬Ľ"¬°Malditos se√°is! ¬óexclam√≥, mientras l√°grimas de tristeza le resbalaban por sus arrugadas mejillas¬ó. ¬°Miradme! Antes era hermosa y ahora soy horrible. ¬ŅQu√© va a ser de m√≠?"
¬Ľ"Se√Īora, ¬Ņqui√©n eres? ¬ópregunt√≥ Teleri¬ó. ¬ŅPor que nos maldices?"
¬Ľ"¬°Hab√©is matado a mi marido! ¬órepuso la espantosa mujer¬ó. ¬°Me hab√©is arrebatado a mi esposo y me he quedado sola y abandonada! ¬óSe inclin√≥ hacia el cad√°ver, cogi√≥ la degollada cabeza por los cabellos y la bes√≥ en la boca¬ó. ¬°Malditos! ¬°Malditos! Mi se√Īor ha muerto. ¬ŅQui√©n cuidar√° de m√≠ ahora? ¬ŅQui√©n ser√° mi consuelo y ayuda?"
¬Ľ"Tranquil√≠zate, si puedes ¬ódijo Teleri¬ó. ¬ŅQu√© quieres de nosotros?"
¬Ľ"Hab√©is asesinado al Guardi√°n del Estanque ¬ódijo el espantajo¬ó. Era mi marido. Ahora uno de vosotros ha de ocupar su lugar. Uno de vosotros debe tomarme por esposa", a√Īadi√≥, acerc√°ndose a los guerreros.
¬ĽDesped√≠a tal hedor que a los dos amigos les fallaron las piernas y se les revolvieron las tripas. Con los ojos enrojecidos por el llanto, moqueando y babeando, la vieja les tendi√≥ los brazos mostrando un cuerpo tan arruinado y repugnante que los dos guerreros cerraron los ojos para no vomitar.
¬Ľ"¬°No! ¬ógritaron¬ó. No te acerques m√°s o nos desmayaremos."
¬Ľ"¬ŅY bien? ¬ópregunt√≥ la Bruja Negra¬ó. ¬ŅQui√©n de vosotros va a tomarme por esposa?"
¬ĽSe dirigi√≥ primero a Hy Gwyd y a√Īadi√≥:
¬ę"¬ŅQuieres abrazarme t√ļ?"
¬ĽHy Gwyd apart√≥ la vista de ella.
¬ę"¬°Ap√°rtate de m√≠, bruja! ¬óle grit√≥¬ó. Jam√°s te abrazar√©."
¬ęEntonces ella se dirigi√≥ a Teleri.
¬ę"Creo que t√ļ eres m√°s compasivo ¬óle dijo¬ó. ¬ŅQuieres abrazarme t√ļ?"
¬ĽEl est√≥mago de Teleri se revolvi√≥; le sudaban las palmas de las manos y las plantas de los pies. Aspir√≥ profundamente para no desmayarse.
¬ę"Se√Īora, es lo √ļltimo que har√≠a en mi vida", respondi√≥.
¬ęAl o√≠rlo, la mujer comenz√≥ a llorar otra vez y tan lastimeros eran sus gemidos que se oscureci√≥ el cielo, comenz√≥ a soplar el viento, empez√≥ a llover y retumb√≥ en los cielos un trueno. Incluso la tierra tembl√≥ y todo el universo se tambale√≥ mientras los √°rboles se derrumbaban y las monta√Īas se hund√≠an en el mar.
¬ĽLa repentina arremetida de la tormenta llen√≥ de pavor a los dos guerreros.
¬Ľ"Vay√°monos de aqu√≠ a toda prisa ¬ógrit√≥ Hy Gwyd¬ó. Ya hemos llevado a cabo lo que vinimos a hacer."
¬ĽPero, aunque estaba muerto de miedo, Teleri no quer√≠a abandonar a la mujer si estaba en su mano remediar su aflicci√≥n.
¬Ľ"Se√Īora ¬óle dijo¬ó, aunque se me abran las carnes, os abrazar√©."
¬Ľ"¬°Est√°s loco, Teleri! ¬óle grit√≥ Hy Gwyd¬ó. ¬°Te la mereces!"
¬ĽLuego mont√≥ a caballo y se alej√≥ a toda prisa en medio de la tempestad.
¬ĽTeleri reuni√≥ todo su valor y se acerc√≥ a la bruja. Le lloraban los ojos, pero no sab√≠a si era por el asco que le produc√≠a su aspecto o por el hedor que desped√≠a. Le temblaban los brazos y la fuerza se le escurr√≠a como agua. Crey√≥ que su pobre coraz√≥n iba a estallarle por la verg√ľenza y la repugnancia que sent√≠a.
¬ĽNo obstante, logr√≥ alzar los temblorosos brazos y abrazar a la vieja. Sinti√≥ que los brazos de ella, fr√≠os como el hielo, lo as√≠an y que sus esquel√©ticos dedos se le hund√≠an en la carne.
¬Ľ"Mujer ¬ódijo¬ó, ya te he abrazado y ha sido sin duda un triste abrazo. Ni la helada muerte puede ser m√°s desolada, ni la fr√≠a tumba m√°s horrible."
¬Ľ"Ahora debes acostarte conmigo", le dijo la bruja ech√°ndole en pleno rostro su f√©tido aliento.
¬ĽDe cerca era, si cabe, m√°s fea, m√°s horripilante y m√°s repulsiva a√ļn.
¬ę"¬ŅAcostarme contigo?"
¬ĽTeleri casi perdi√≥ la raz√≥n. Pens√≥ en huir, pero la Bruja Negra lo ten√≠a bien agarrado y como no hab√≠a escapatoria decidi√≥ hacer frente a la situaci√≥n.
¬Ľ"Creo que ser√° un repugnante acoplamiento. Pero si te satisface, lo har√© para complacerte, pero el buen Dios sabe que yo no encontrar√© placer en semejante uni√≥n."
¬ĽTeleri cogi√≥ a la Bruja Negra en sus brazos y yaci√≥ con ella. Pos√≥ sus labios en la repugnante boca y la bes√≥. Hicieron el amor, carne joven sobre quebradizo esqueleto, pero Teleri no pudo soportarlo y perdi√≥ el conocimiento.
¬ĽCuando se despert√≥ se encontr√≥ entre los brazos de la m√°s hermosa doncella que jam√°s hubiera visto. Sus largos cabellos eran amarillos como el polen y sus brazos gr√°ciles y flexibles, sus pechos firmes y sus piernas √°giles y largas. El joven se incorpor√≥ con un grito.
¬Ľ"¬ŅD√≥nde estoy? ¬ŅQu√© ha sido de la mujer que estaba aqu√≠?"
¬ĽLa doncella se sent√≥ y sonri√≥, y a Teleri le pareci√≥ que hasta entonces no hab√≠a visto el aut√©ntico brillo del sol.
¬Ľ"¬ŅCu√°ntas mujeres necesitas?", le pregunt√≥ la muchacha, con una voz que era como la dulzura de la miel en la boca.
¬Ľ"Se√Īora ¬ódijo Teleri¬ó, t√ļ eres la √ļnica mujer que necesito. Prom√©teme que nunca me dejar√°s."
¬Ľ"Permanecer√© siempre a tu lado, Teleri ¬órespondi√≥ la joven¬ó, pues, si no estoy equivocada, soy tu esposa y t√ļ eres mi marido."
¬Ľ"¬ŅC√≥mo te llamas?", pregunt√≥ Teleri ante el absurdo de tener esposa pero desconocer su nombre.
¬Ľ"Amado m√≠o, mi nombre ser√° el que te resulte m√°s placentero al o√≠do ¬órespondi√≥ la joven con ternura¬ó. Pron√ļncialo y as√≠ me llamar√© para siempre."
¬Ľ"Entonces te llamar√© Arianrhod ¬ódijo √©l¬ó, porque es el nombre que m√°s me gusta."
¬ĽTeleri atrajo hacia √©l a la joven y la abraz√≥; su piel era fina y suave y su contacto lo llen√≥ de deleite. La bes√≥ y su alma se elev√≥ en √©xtasis. El amor que sent√≠a no conoc√≠a l√≠mites.
¬ĽLuego se vistieron con ropajes dignos de reyes. Teleri encontr√≥ a su caballo pastando cerca y mont√≥. Acomod√≥ a su esposa delante de √©l y se alej√≥ del estanque emprendiendo el regreso a su reino por el mismo camino por el que hab√≠a venido.
¬ęTras varios d√≠as de viaje, Teleri y Arianrhod llegaron al caer de Cadwallon donde fueron calurosamente recibidos. Sus amigos celebraron la buena suerte que hab√≠a tenido Teleri al encontrar una esposa tan bella y prudente.
¬ę"Bienvenido a casa, Teleri ¬óle dijo el rey Cadwallon¬ó. Por fin has regresado. Empezaba a pensar que tendr√≠a que gobernar el reino yo solo, porque no encontraba a nadie digno de ayudarme."
¬ę"¬ŅQu√© est√°s diciendo, se√Īor? ¬ópregunt√≥ Teleri¬ó. Hy Gwyd se march√≥ antes que yo. Fue √©l quien mat√≥ al Caballero Negro."
¬ę"Ah, pero no es Hy Gwyd quien est√° ante m√≠ ¬órepuso Cadwallon sacudiendo la cabeza lentamente¬ó, ni tampoco es Hy Gwyd quien ha regresado tan espl√©ndidamente ataviado y con una esposa tan hermosa y regia. El hombre del que hablas no ha vuelto y creo que jam√°s lo har√°. Por tanto, no hablemos m√°s de √©l, porque ya he hallado a quien merece m√°s que ning√ļn otro compartir mi trono, y a quien por esa raz√≥n deseo honrar por encima de todos los dem√°s. Desde este d√≠a eres mi hijo y como tal gozar√°s de la bendici√≥n de mi poder y prosperidad."
¬ĽTras estas palabras, el rey se quit√≥ la torque de su garganta y se la puso a Teleri, confiri√©ndole as√≠ una dignidad real no menos soberana ni menos honorable que la suya. Teleri apenas pod√≠a dar cr√©dito a su buena suerte.
¬ĽCadwallon decret√≥ una temporada de festejos en todo el reino y sembr√≥ general regocijo entre todos sus s√ļbditos. Luego confi√≥ la mitad de sus territorios a Teleri y se retir√≥ al otro conf√≠n de su reino desde donde contempl√≥ con deleite y alegr√≠a cuanto hac√≠a Teleri. En efecto, el joven se revel√≥ como un astuto e inteligente rey, y, a medida que creci√≥ su gloria, creci√≥ tambi√©n la de Cadwallon. La fama de Teleri aument√≥ entre su pueblo de modo que el prestigio del poderoso rey se increment√≥ a trav√©s del de su hijo adoptivo.
¬ĽPor su parte, Teleri, sobradamente satisfecho con la parte que le hab√≠a correspondido, procur√≥ aumentar la fama de su poderoso protector entre los hombres. Pero de Hy Gwyd nunca m√°s se supo ni nadie volvi√≥ a verlo jam√°s. Parec√≠a como si nunca hubiera existido.
¬ĽTeleri y Arianrhod gobernaron muchos a√Īos con sabidur√≠a, siempre exultantes de felicidad. El amor que se dispensaban fue creciendo hasta colmar de imperecedera ventura todo el pa√≠s del poderoso rey.
¬ĽAqu√≠ termina la historia del Hijo del Poderoso Rey. Que la escuche quien lo desee.