9 - Alban ardduan

Llegamos a Dun Cruach cuando el tiempo empezaba a empeorar. Al atravesar las puertas de la muralla, llovía a cántaros y arreciaba el vendaval. Había sido un viaje agradable, pero estaba deseoso de abandonar las tiendas por el calor y la lumbre de un acogedor salón. Cynan y los galanaes nos franquearon las puertas y nos acogieron con entusiasmo.
¬ó¬°Llew! ¬°Goewyn! ¬óexclam√≥ Cynan al tiempo que nos abrazaba¬ó. ¬°Mo anam! Hace d√≠as que os esper√°bamos. ¬ŅOs hab√©is perdido?
¬ó¬°Perdido! Goewyn, ¬Ņlo has o√≠do? Has de saber, Cynan Dos Torques, que yo personalmente he inspeccionado palmo a palmo todos los caminos, rutas y senderos de toda Llogres y de casi toda Caledon. Te lo juro, antes se perder√≠a un ciervo en las ca√Īadas que Llew Mano de Plata.
¬óAh, Goewyn ¬ósuspir√≥ Cynan y me di cuenta de que la ten√≠a abrazada por la cintura¬ó. ¬ŅPor qu√© te casaste con un hombre tan malhumorado? Deber√≠as haberte casado conmigo. Mira ahora lo que tienes que soportar.
Sacudió tristemente la cabeza y chasqueó la lengua. Goewyn lo besó en la mejilla.
—¡Ay, Cynan! —suspiró—. ¡Si lo hubiese sabido...!
¬óHablas mucho de matrimonio ¬ócoment√©¬ó. ¬ŅEst√°s tratando de decirnos algo?
El guerrero pareci√≥ s√ļbitamente t√≠mido.
¬óAhora que lo dices, hermano, creo que he encontrado una mujer de mi agrado.
¬óYa tienes media batalla ganada ¬órepliqu√© yo¬ó. Pero, vayamos al grano. ¬ŅQu√© le pareces t√ļ a ella?
—Bueno —repuso Cynan con una reticencia rara en él—, hemos hablado y se muestra de acuerdo. Casualmente vamos a casarnos durante tu estancia aquí.
—En el solsticio, quizá —sugirió Tegid, que no se había perdido detalle—. Será un día muy favorable..., el alban ardduan.
—Bienvenido, penderwydd —lo saludó calurosamente Cynan tendiéndole los brazos y estrechándolo como a un hermano.
¬ó¬ŅQu√© es eso del alban ardduan? ¬ópregunt√© yo¬ó. Jam√°s hab√≠a o√≠do ese nombre.
¬óEs ¬óexplic√≥ despacio el bardo¬ó el √ļnico solsticio en un milenio que coincide con una luna llena.
—Y —continuó Goewyn retomando la explicación de Tegid— se puede ver a la vez cómo se pone el sol y sale la luna. De este modo, en el día más oscuro del ano, la oscuridad es vencida.
Recordé con un estremecimiento que Goewyn, igual que sus hermanas, había sido en otro tiempo banfáith en el palacio de un rey. Govan y Gwenllian habían muerto, y de las tres hermanas de Ynys Sci sólo sobrevivía Goewyn.
¬óPor eso ¬óconcluy√≥ Tegid¬ó es un d√≠a de buen ag√ľero, un d√≠a favorable para emprender cualquier empresa.
¬óEntonces, magn√≠fico ¬ócoment√© yo¬ó. Si alguna vez ha habido un hombre realmente necesitado de esa ayuda, √©se eres t√ļ, hermano. ¬óRecorr√≠ con los ojos el concurrido sal√≥n y pregunt√©¬ó Pero ¬Ņd√≥nde est√° ella, Cynan? Me gustar√≠a conocer a la mujer que se ha ganado tu coraz√≥n.
Todos vimos entonces que una esbelta mujer de piel muy blanca y ojos azules se acercaba a nosotros con un enorme bol de cerveza en sus largas y gráciles manos. Era evidente por qué había cautivado a Cynan, pues sus cabellos eran tan luminosamente pelirrojos como los de él; los llevaba sueltos sobre los hombros en tan hermosa melena rizada que un hombre podría perderse en ellos. Caminaba con paso decidido y mirada franca, y todo en ella respiraba audacia y energía. Parecía estar con creces a la altura de Cynan.
—Amigos míos —dijo el rey de los galanaes alegremente—, ésta es Tángwen, la afortunada mujer que ha aceptado ser mi esposa.
Sonriendo, la muchacha me ofreció el bol.
¬óBienvenido, Mano de Plata.
Su voz era profunda y vibrante; ante mi expresión de sorpresa sonrió con malicia y dijo:
¬óNo, no nos hab√≠amos visto nunca. Creo que me acordar√≠a si as√≠ hubiera sido. Pero Cynan me ha hablado tanto de ti que creo que te conozco como si fueras mi hermano. Y adem√°s, ¬Ņqu√© otro hombre iba a llevar en un brazo una mano de plata?
Me entregó el bol y mientras yo lo cogía, dejó que las yemas de sus dedos acariciaran mi mano de plata.
Bebí un trago del reconfortante líquido y le devolví el bol. Ella se lo pasó a Tegid.
—Te doy la bienvenida, penderwydd — dijo— A ti te conocería incluso sin la vara de serbal. Sólo hay un Tegid Tathal.
Tegid alzó el bol, bebió y se lo devolvió sin separar ni un instante sus ojos de la atractiva pelirroja. Tángwen, imperturbable ante la mirada del bardo, se dirigió a la reina.
—Goewyn —dijo en tono suave—, esperaba con impaciencia saludarte. Desde que llegué a Dun Cruach, no he oído más que alabanzas para la reina de Llew. Espero que seamos buenas amigas.
—Me encantaría —respondió Goewyn aceptando el bol.
Aunque sonre√≠a, not√© que entrecerraba los ojos como si buscara alg√ļn rasgo familiar en el rostro de la otra mujer.
Luego Tángwen se llevó el bol a los labios diciendo:
¬óBienvenidos, hermanos. Que se colmen vuestros deseos durante vuestra estancia entre nosotros y que esa estancia sea larga.
Cynan contemplaba el ritual con una mirada de orgullo. Era evidente que la había aleccionado bien. Tángwen nos conocía a todos y hablaba con franqueza y calor. En cierto modo, me sentía desconcertado ante las enérgicas maneras de la joven, pero comprendí que eran precisamente lo que resultaba más atractivo para Cynan, que no era hombre que soportara la afectación.
Después de ofrecernos el bol, Tángwen se acercó a Bran y a los Cuervos que acababan de hacer su entrada. Contemplamos cómo se alejaba su esbelta silueta.
¬óEs hermosa, ¬Ņverdad? La flor m√°s bella de la ca√Īada ¬ócoment√≥ Cynan.
¬óEs una maravilla ¬óasent√≠¬ó. ¬ŅQui√©n es y d√≥nde la has encontrado?
—Se mueve con familiaridad en el palacio de un rey —observó Goewyn—. Estoy segura de que no es la primera vez que ofrece la copa de bienvenida.
¬óHas dado en el clavo ¬óreplic√≥ con orgullo Cynan¬ó. Es hija del rey Ercoll, que muri√≥ en una batalla contra Meldron. Su pueblo ha estado vagando por Caledon buscando un lugar donde establecerse y lleg√≥ casualmente hasta aqu√≠. Enseguida me di cuenta de que era de noble cuna. Desempe√Īar√° el papel de reina a la perfecci√≥n.
Poco a poco el salón había ido llenándose. Habían preparado comida y cuando la sirvieron Cynan nos condujo a la mesa. Comimos y charlamos hasta bien entrada la noche, disfrutando de la primera de otras muchas cenas en torno al hogar.
Pasamos un agradable invierno en Dun Cruach. Cuando brillaba el sol cabalg√°bamos por las neblinosas colinas y camin√°bamos por los empapados brezales, resbalando en las h√ļmedas rocas y espantando a gallos y perdices. Cuando la nevisca golpeaba sobre el tejado o la nieve remolineaba arrastrada por el helado viento del norte, nos qued√°bamos en el palacio y nos entreten√≠amos jugando al brandub, al gwddbwyll y a otros juegos, como durante los hermosos inviernos pasados en Ynys Sci. Por la noche, el sal√≥n se llenaba con las encantadoras melod√≠as del arpa de Tegid. Era una verdadera delicia escuchar en compa√Ī√≠a de amigos las historias que los reyes de Albi√≥n hab√≠an o√≠do desde tiempos inmemoriales. Yo disfrutaba de cada segundo.
Cuando estaba ya cercano el día de la boda de Cynan y Tángwen, Tegid nos confesó que estaba componiendo una canción especialmente para tal ocasión. Al preguntarle de qué trataría, se limitó a decir que era una antigua y hermosa historia que colmaría de felicidad a quienes la oyeran.
Entretanto, Goewyn y T√°ngwen se dedicaban a los preparativos de la ceremonia. Pasaban mucho tiempo juntas y parec√≠an gozar de su mutua compa√Ī√≠a. Me parec√≠a que formaban una notable y curiosa pareja y juzgaba que Cynan y yo √©ramos los hombres m√°s afortunados de Albi√≥n y que pod√≠amos sentirnos orgullosos de tenerlas por esposas.
Cynan estaba encantado con su elección y comentaba a menudo la feliz casualidad que había conducido a Tángwen hasta su puerta.
—Podía haber ido a parar a cualquier otro lugar —decía—, pero por suerte vino a parar aquí, conmigo.
A m√≠ me parec√≠a aquello algo m√°s que una simple casualidad, pero ¬Ņqu√© importaba? Si Cynan quer√≠a creer que hab√≠a sido el destino quien la hab√≠a conducido hasta √©l, ¬Ņqu√© derecho ten√≠a yo a desenga√Īarlo?
En todos los asuntos, T√°ngwen se las hab√≠a arreglado para convertirse en el centro de la casa de Cynan. La timidez y la humildad no eran modo alguno rasgos de su personalidad; era inteligente, capaz, y no intentaba simular una docilidad y una modestia que no pose√≠a. Sin embargo, hab√≠a en ella algo raro..., una especie de impulso extra√Īamente reprimido. A menudo se manten√≠a apartada mientras Tegid cantaba y miraba desde las sombras con una expresi√≥n casi burlona, ir√≥nica, como si despreciara nuestra compa√Ī√≠a o desde√Īara los placeres de la reuni√≥n. Otras veces parec√≠a olvidarse de s√≠ misma y participaba contenta de las veladas. Me parec√≠a como si estuviera siguiendo las directrices de un plan m√°s que los dictados de su propio coraz√≥n. Y no era yo el √ļnico en notarlo.
—En su alma hay algo oscuro y escondido —me comentó Goewyn una noche cuando nos hubimos retirado a nuestros aposentos—. Se siente confundida e infeliz.
¬ó¬ŅInfeliz? ¬ŅDe verdad lo crees? A lo mejor es que tiene miedo de resultar herida otra vez ¬ósuger√≠ yo.
Goewyn sacudió la cabeza ligeramente.
—No, creo que quiere sinceramente ser amiga mía; pero hay en ella una frialdad y una dureza que se lo impide. A veces desearía llegar al fondo de su corazón y sacarlo a la luz. Creo que entonces se sentiría mucho mejor.
¬óQuiz√°s es su forma de ocultar el dolor.
Goewyn me dirigi√≥ una extra√Īa mirada.
¬ó¬ŅPor qu√© dices que ha resultado herida?
—Bueno —repuse despacio—, Cynan me dijo que el padre de Tángwen había sido asesinado en una batalla contra Meldron. Supongo que ella todavía arrastra ese dolor, lo mismo que otros muchos que hemos encontrado en nuestro viaje.
—A lo mejor —asintió Goewyn con aire meditabundo.
¬ó¬ŅCrees que puede ser otra cosa?
—No —respondió tras unos momentos—. Debe de ser eso. Estoy segura de que estás en lo cierto.
Los d√≠as se iban acortando a medida que se acercaba el alban ardduan y la boda de Cynan. Los guerreros galanaes y la Bandada de Cuervos hab√≠an llenado las cocinas con variadas piezas de caza y los cocineros manten√≠an los hornos calientes, mientras preparaban la comida del banquete. El cervecero y sus ayudantes, en previsi√≥n de una enorme demanda del fruto de su trabajo, trajinaban incansablemente llenando las tinajas de aguamiel y cerveza. La v√≠spera de la boda se sacrificaron los cerdos engordados para la ocasi√≥n y a la ma√Īana siguiente nos despert√≥ el aroma del asado.
Tras desayunar un poco de pan y agua, nos ataviamos con las ropas de fiesta y nos reunimos en el salón, ansiosos de que la fiesta comenzara. En los soportes de hierro chisporroteaban numerosas antorchas que desvanecían las sombras de todos los rincones. Aquel día iban a permanecer encendidas de alba a alba para cumplir el ritual del alban arddan.
Cynan compareci√≥ primero, ataviado elegantemente con unos breecs rojos y naranjas y un siarc amarillo. Llevaba un manto a rayas azules y blancas y ostentaba el enorme broche de oro de su padre. Se hab√≠a cepillado la roja barba y se hab√≠a anudado su espesa cabellera roja en la nuca. Sus torques de oro y plata bru√Īida brillaban como espejos. Estaba inquieto y no cesaba de tocarse el cintur√≥n y ajustarse el manto.
¬óJam√°s se ha visto en Albi√≥n un novio con un aire tan regio ¬óle dije¬ó. Estate quieto de una vez. ¬ŅQuieres que ella crea que se casa con un manojo de nervios?
¬ó¬ŅPor qu√© tarda tanto? ¬ópregunt√≥ observando nerviosamente el sal√≥n por tercera vez en pocos momentos.
¬óTranquilo ¬órepuse¬ó. Si has soportado tu soledad tanto tiempo, puedes soportarla un poquito m√°s.
¬ó¬ŅHabr√° cambiado de opini√≥n?
—Goewyn está con ella —lo tranquilicé—. No cambiará de opinión.
¬ó¬ŅPor qu√© tardan tanto? ¬órepiti√≥ estirando el cuello para inspeccionar otra vez el sal√≥n¬ó. ¬°Ah√≠ est√°n! ¬óexclam√≥ apresur√°ndose a salir corriendo.
—Tranquilízate; es Tegid.
—¡Vaya, sólo Tegid! —y se tocó otra vez como si estuviera buscando algo de su persona que se le hubiera perdido.
¬ó¬ŅQu√© aspecto tengo?
¬óOh, para mi gusto muy guapo. Ahora estate quieto de una vez, que est√°s haciendo un agujero en el suelo.
¬ó¬ŅQu√© significa eso de ¬ęs√≥lo Tegid¬Ľ? ¬ópregunt√≥ el bardo.
¬óNo le hagas caso ¬óle dije a Tegid¬ó. Cynan no est√° hoy en sus cabales.
—Me arde la garganta —se quejó Cynan—. Necesito un trago.
—Luego; después de la boda.
—Sólo una copa.
¬óNi una gota siquiera. No deseamos que el rey de los galanaes se caiga redondo al suelo durante su boda.
¬ó¬°Te digo que me muero de sed!
¬óEntonces, procura hacerlo en silencio.
—Ahí están —terció Tegid.
Y en aquel preciso instante se oyó un murmullo en el otro extremo del salón. Cynan y yo nos volvimos y vimos que efectivamente Goewyn y Tángwen se acercaban.
La novia de Cynan era una aut√©ntica visi√≥n, un resplandor de salvaje belleza: dos largas trenzas entretejidas con cintas de oro pend√≠an de sus sienes y se perd√≠an en la lujuriosa cascada de flameantes rizos que le ca√≠an sobre los hombros. Llevaba un manto carmes√≠ y una t√ļnica de color albaricoque sobre una camisa de color salm√≥n. Iba descalza y en ambos tobillos llevaba gruesos brazaletes de oro que desped√≠an destellos a cada paso. Sobre su pecho resplandec√≠a un espl√©ndido broche de plata: un aro rodeado de fulgurantes gemas de color rojo, suspendido por una fina cadena de plata del prendedor, una hermosa piedra de brillante color azul. Sin duda, aquella magn√≠fica joya era el m√°s preciado tesoro de su padre.
Cynan no pudo dominarse por más tiempo. Salió al encuentro de ella, la rodeó con sus brazos y poco menos que la trajo en volandas a donde estábamos nosotros, junto a la enorme chimenea central.
—¡Qué mayor alegría para un hombre que la de abrazar a una hermosa mujer, en un resplandeciente salón rodeado de sus jefes de batalla! —exclamó.
Luego besó a Tángwen y declaró solemnemente:
—Hoy es el día más feliz de mi vida.
Tángwen lo atrajo hacia sí y le dio un ardiente y prolongado beso en los labios.
—Vamos, Tegid —dijo Cynan—. Aquí está la novia; el salón está repleto y el banquete aguarda. ¡Lleva a cabo de una vez el rito para que podamos disfrutar de la fiesta!
Con la vara en alto y voz potente Tegid rogó a los reunidos que fueran testigos del matrimonio de Cynan y Tángwen. Los asistentes se apresuraron a acercarse y la ceremonia comenzó. La boda fue más o menos como la mía; los novios se intercambiaron regalos y prendas y compartieron el bol. Sentí en la mía la mano de Goewyn, que acercó los labios a mi oreja y me musitó su amor mordisqueándome el lóbulo al apartarse.
La ceremonia concluyó con los tres rituales golpes de vara del Bardo Supremo. Cynan soltó un alarido y cogió en brazos a la novia. La llevó hasta la mesa y la sentó encima.
—¡Compatriotas y amigos! —exclamó—. ¡Aquí tenéis a mi esposa! ¡Saludadla todos como reina de los galanaes!
Los galanaes saludaron a su reina con un coro de gritos que atron√≥ el sal√≥n. T√°ngwen, con el rostro arrebolado de felicidad, sonriente, radiante, se puso en pie sobre la mesa para recibir las aclamaciones de su pueblo. La alegr√≠a que expresaba su cara se troc√≥ de pronto en triunfo, como si acabara de ganar una re√Īida campa√Īa.
Cynan le tendió los brazos y ella se dejó caer en ellos. Se abrazaron ante el general griterío. Después, el rey ordenó que trajeran cerveza para que todos brindaran por la salud y la felicidad de la pareja. El cervecero y sus hombres portaron la primera tinaja que colocaron junto a la chimenea. Copas y vasijas se hundieron en ella para salir llenas a rebosar. Alzamos las copas y las voces.
—¡Sláinte! ¡Sláinte mör! —gritamos brindando por la vida, la salud, la felicidad y la prosperidad del reinado de Cynan.
Afuera comenz√≥ a nevar. El viento helado azotaba las monta√Īas, arrastrando la nieve que ca√≠a de un p√°lido cielo. Dentro, en el sal√≥n, comenz√≥ la fiesta: portaron en sus espetones olorosos cuartos de venado y cerdo, bandejas de panes de todas clases; enormes quesos de color amarillo p√°lido y montones de crujientes manzanas. Comimos, bebimos y charlamos, y seguimos comiendo y bebiendo, disfrutando del oscuro d√≠a en el iluminado sal√≥n rodeados de amigos y abundancia. Cuando hubimos comido hasta la saciedad, alguien pidi√≥ una canci√≥n. Tegid cogi√≥ el arpa y se coloc√≥ junto a la chimenea en el centro del sal√≥n.
Hizo sonar una cuerda y aguardó a que todos encontraran acomodo y a que la concurrencia se callara. Poco a poco se fue haciendo el silencio en el salón. Entonces el bardo alzó la voz y dijo:
¬óEs justo celebrar la uni√≥n de un hombre y una mujer con boda, banquetes y canciones, m√°s aun que celebrar las victorias de los guerreros y las conquistas de los reyes. Es justo prestar atenci√≥n a las leyendas de nuestro pueblo, porque as√≠ aprendemos qui√©nes somos y qu√© se nos exige en esta vida y en la del m√°s all√°. En este d√≠a m√°s que en ning√ļn otro, cuando arde la luz del alban ardduan en las alturas, es justo que nos entreguemos a la diversi√≥n, es justo acercarse al hogar para escuchar las canciones de nuestra estirpe. Reun√≠os y escuchad, pues, cuantos quer√°is o√≠r el relato de una historia verdadera; escuchad con los o√≠dos, Hijos de Albi√≥n, y escuchad tambi√©n con vuestros corazones.
Tras estas palabras, inclinó la cabeza y guardó silencio. Después, acarició con los dedos las cuerdas del arpa, hizo surgir del aire una melodía, tomó aliento y empezó a cantar.