39 - Oran mor

Dedicamos el d√≠a siguiente a descansar y reponer fuerzas. Pero a√ļn no hab√≠a acabado el d√≠a cuando Cynfarch y Calbha nos convocaron a consejo.
¬óNo es justo que los guerreros del Salvaje Sabueso respiren entre nosotros mientras nuestros hermanos de armas yacen yertos bajo la tierra ¬ódijo Cynfarch con firmeza¬ó Debe hacerse justicia.
¬óTiene raz√≥n ¬óa√Īadi√≥ Calbha¬ó. Cuanto antes terminemos, mejor. Propongo que lo hagamos ahora mismo.
Llew me miró.
¬ó¬ŅQu√© opinas, Tegid?
Yo miré a un rey, luego al otro; ambos eran hombres inexorables y no se apaciguarían hasta que se hubiera hecho justicia.
—Es verdad —dije—. Tarde o temprano tendremos que tomar una decisión. Es mejor hacerlo cuanto antes.
—De acuerdo, pues —asintió Llew—. Nos reuniremos en la orilla del lago.
Abandonamos el crannog y nos dirigimos a los almacenes donde estaban encerrados los prisioneros bajo estricta vigilancia desde la muerte de Meldron. Nos instalamos frente al lago sobre pieles de buey; Bran se sentó a la derecha de Llew, yo a la izquierda. Scatha estaba entre Cynan y yo; Cynfarch y Calbha completaban el círculo. Muchos habitantes de Dinas Dwr se congregaron detrás de nosotros; entre ellos distinguí la frágil figura de Nettles, inmóvil en la primera fila.
Los Cuervos trajeron ante nuestra presencia a los prisioneros: cincuenta guerreros de la Manada de Lobos y Siawn Hy era todo lo que quedaba de la banda de Meldron. Les habían atado las manos con cuerdas y los pies con cadenas, y habían sido despojados de los amuletos que contenían las Piedras Cantarinas.
Cynfarch fue el primero en tomar la palabra. Observó con mirada fría a los prisioneros y dijo:
¬ó¬ŅHay alguien que quiera hablar por ellos?
Como no hubo respuesta, preguntó:
¬ó¬ŅQui√©n es vuestro jefe?
Siawn Hy irguió la cabeza.
¬ó¬ŅC√≥mo os atrev√©is a juzgarnos? ¬ŅQui√©n os confiere el derecho a hacerlo?
¬óLa soberan√≠a de Caledon me otorga a m√≠ ese derecho ¬órepuso Cynfarch¬ó. T√ļ y los que est√°n contigo hab√©is asesinado a mi pueblo y arrasado mi tierra. Hab√©is violado, robado y destruido...
¬ó¬°Segu√≠amos a nuestro rey! ¬óle espet√≥ Siawn¬ó. Lo serv√≠amos como a ti te sirven tus guerreros. Sin embargo, t√ļ llamas a nuestra lealtad traici√≥n y a nuestra fidelidad, una ofensa contra la soberan√≠a.
—¡Sois una cuadrilla de ladrones y asesinos! —gritó Cynan—. ¡Habéis sembrado la destrucción por doquier!
¬óNo hemos hecho nada que no hay√°is hecho tambi√©n vosotros mismos ¬óreplic√≥ Siawn¬ó. ¬ŅQui√©n entre vosotros no ha alzado su espada contra otro? ¬ŅQui√©n entre vosotros no se ha apropiado de algo que no le pertenec√≠a?
Cynfarch y Calbha no supieron qué contestar. Siawn sonrió satisfecho.
¬óHab√©is hecho todo eso y mucho m√°s ¬óinsinu√≥ taimadamente¬ó y os hab√©is justificado a vosotros mismos diciendo: ¬ęSomos reyes, es nuestro derecho¬Ľ. Pero cuando un hombre como Meldron destaca, lo llam√°is ladr√≥n y asesino. Los hombres d√©biles son todos iguales: se convierten en cobardes ante la presencia de un hombre fuerte. Est√°is encolerizados y llam√°is a vuestra ira derecho; sois d√©biles y llam√°is a vuestra debilidad virtud. No obstante, cualquiera de vosotros habr√≠a hecho lo mismo que Meldron, si hubierais tenido el coraje suficiente. Os content√°is con vuestros insignificantes reinos, pero s√≥lo porque no os atrev√©is a apoderaros de m√°s.
—¡Silencio! —rugió Cynfarch.
Pero Siawn Hy se echó a reír.
—¡Ya lo veis! Es la pura verdad. Me mandáis callar porque no os agrada oír las verdades. Nos condenáis por lo que os falta a vosotros: la voluntad y el coraje para hacer lo que hizo Meldron.
Calbha se puso en pie.
—¡Mentiroso! —rugió—. ¡No estoy dispuesto a escucharte!
Siawn no se amilanó.
¬ó¬ŅPor qu√© no, Calbha? ¬ópregunt√≥¬ó. ¬ŅHas olvidado tus guerras con Meldryn Mawr? Mi memoria me dice que estallaron por un insulto a unos perros de caza. Y t√ļ lo utilizaste como excusa para apoderarte de algunos territorios de Prydain, ¬Ņno te acuerdas?
Calbha mir√≥ ce√Īudo al descarado prisionero que estaba ante √©l, pasmado de que Siawn Hy recordara aquellas viejas rencillas y se las echara en cara ahora.
—Eso era muy diferente —murmuró el rey cruino.
Yo recordaba muy bien la pelea que tan astutamente había mencionado Siawn Hy. Calbha y Meldryn Mawr habían librado una serie de batallas que habían comenzado por un comentario acerca de los sabuesos de Meldryn. No podía negarse la verdad de lo que Siawn afirmaba. Con un golpe maestro había logrado desarmar a Calbha.
¬óCalbha y Meldryn Mawr arreglaron sus rencillas hace mucho tiempo ¬óintervino Cynfarch acudiendo en ayuda del rey cruino¬ó. Adem√°s, en estos momentos no es asunto de nuestra incumbencia. Ahora estamos juzgando las acciones de Meldron.
¬óYa hab√©is ajustado cuentas con Meldron ¬órepuso Siawn¬ó. ¬ŅPor qu√© nos juzg√°is ahora por sus ofensas?
—No habría podido hacer lo que hizo —dijo Bran—, si no hubiera contado con vuestro apoyo.
¬ó¬ŅEs que es un crimen apoyar al rey? ¬ópregunt√≥ Siawn Hy. La Manada de Lobos se irgui√≥ con orgullo; parec√≠a haber recuperado la confianza¬ó. T√ļ abandonaste a tu se√Īor, ¬Ņcrees que eso te da derecho a juzgarme?
Bran miró a Siawn como si contemplara a una serpiente a la que hay que aplastar.
¬óNo fue como dices. Deformas la verdad para que tus mentiras encajen.
¬ó¬ŅEso crees? ¬ósonri√≥ Siawn¬ó. Te aseguro que, si Meldron hubiera vencido, estar√≠as t√ļ respondiendo por tu traici√≥n. Esa es la pura verdad. Ni√©gala si puedes.
Llew se inclinó hacia mí.
¬ó¬ŅTe das cuenta ahora de c√≥mo es? Es un verdadero maestro en el arte de la argumentaci√≥n. Pronto nos tendr√° a su merced.
¬ó¬ŅQu√© piensas hacer?
—El juicio fue idea de Cynfarch, no mía —dijo frunciendo el entrecejo—. Supongo que debo esperar y ver qué ocurre.
Miró en torno como buscando a alguien.
¬ó¬ŅD√≥nde est√° Nettles?
¬óAh√≠ mismo. ¬ŅPor qu√©?
—Llámalo; creo que debería estar con nosotros. Quizá lo necesitemos.
Me levanté y me dirigí hacia la multitud. Se había ido congregando mucha gente y no vi al profesor; pero él sí me vio buscarlo y acudió enseguida a mi lado.
¬óLlew pregunta por ti ¬óle dije¬ó. Quiere que te re√ļnas con nosotros.
El hombrecillo no contestó; se limitó a asentir como si entendiera. Regresamos al consejo y nos sentamos junto a Llew. Calbha estaba hablando otra vez.
¬óNettles..., ya est√°s aqu√≠ ¬ólo salud√≥ Llew al vernos¬ó. Me alegro. Escucha: no disponemos de mucho tiempo. ¬óHizo una pausa¬ó. ¬ŅComprendes?
—Sí —repuso el hombrecillo de cabellos blancos.
¬óMuy bien. Tratar√© de explicarte lo que est√° ocurriendo de la forma m√°s sencilla. ¬óSe√Īal√≥ a los prisioneros alineados frente a nosotros junto a la orilla del lago, cuyas sombras alargaba el sol poniente¬ó. Los est√°n juzgando..., ¬Ņentiendes?
¬óUn consejo de guerra ¬órepuso Nettles asintiendo¬ó. Entiendo.
¬óBien ¬ódijo Llew mir√°ndome¬ó. Muy bien.
Calbha terminó de hablar y Scatha, que hasta entonces había permanecido en silencio, tomó la palabra.
—Hablaste muy bien de lealtad y derechos —comenzó—. Pese a ello atacaste Ynys Sci, rompiendo los juramentos de lealtad que han sido respetados durante muchas generaciones. Por eso voy a juzgarte.
¬óOh, s√≠, Scatha, Supremo Jefe de Guerra, me inclino ante ti, que has ense√Īado a tantos guerreros el arte de asesinar ¬óreplic√≥ Siawn con una voz cortante como el filo de un cuchillo¬ó. Mientras tus artes eran practicadas contra otros, estabas muy satisfecha. Pero, en cuanto tu reino es invadido, clamas justicia. Ense√Īas a los hombres a matar, los armas y los env√≠as de regreso a su tierra, pero consideras una ofensa que empleen las habilidades que les inculcaste. ¬°Qu√© mezquina y absurda eres, Pen-y-Cat!
Siawn se burlaba de todos en sus crueles argumentaciones y los vencía con su lengua viperina. Cynfarch y Calbha no esperaban tal reacción y estaban muy inquietos. Hacía sólo unos momentos, estaban muy seguros de sus derechos, pero ahora no sabían qué responder y se pusieron a conferenciar entre ellos. Llew miró a Nettles.
¬óAqu√©l es Simon ¬óexplic√≥¬ó. ¬ŅTe acuerdas de √©l?
El hombrecillo asintió y escrutó a Siawn. Dijo algo en su lengua a Llew, quien le respondió y luego se dirigió a mí.
—Nettles dice que Weston y los otros, los dyn dythri que enviamos de vuelta a su mundo, estaban en comunicación con Simon. Intentaban reunirse con él. Simon ha puesto en peligro a Albión desde el principio. Trazó su plan con Meldron con la intención de aprovecharse de cualquier situación para su propio provecho.
¬óEn estos momentos Meldron est√° en Uffern ¬óobserv√© yo¬ó. Creo que ha llegado la hora de que Siawn Hy se re√ļna con su se√Īor.
Siawn, sonriendo abiertamente, exclamó en voz alta:
—¡No tenéis derecho a juzgarnos! ¡Dejadnos libres!
Llew me miró; me di cuenta de que estaba sopesando la decisión en su mente.
¬óT√ļ eres el rey por derecho ¬óle dije posando mi mano en su mano de plata¬ó. A ti te corresponde impartir justicia. Decidas lo que decidas, yo te apoyar√©.
Siawn Hy había desafiado de nuevo al consejo y esta vez le respondió Llew:
¬óHas dicho que no tenemos derecho a juzgarte, pero est√°s en un error. Hay alguien libre de culpa que puede pedirte cuentas.
¬ó¬ŅQui√©n? ¬ógru√Ī√≥ Siawn¬ó. Que venga a condenarnos si es que est√° aqu√≠.
La jauría de Lobos coreó a su jefe y comenzó a pedir que se presentara el acusador inocente si es que estaba allí.
Llew se puso en pie.
—Yo estoy libre le culpa —declaró con toda sencillez— No te he hecho mal alguno y sin embargo me has tratado con maldad e injusticia. Por eso y por toda la sangre inocente que ha sido derramada, te condeno.
Una amplia sonrisa de triunfo iluminó el rostro de Siawn.
—Condéname todo lo que quieras, amigo mío. No eres rey y por tanto no tienes derecho a juzgarme.
—Sí soy rey —replicó Llew—. La soberanía sólo puede ser conferida por el Bardo Supremo. La dignidad real de Prydain me fue entregada por Tegid Tathal en el rito del Tán n'Righ.
Siawn soltó una potente y seca carcajada. Cuando habló, había en su voz un pavoroso rencor.
¬ó¬ŅT√ļ, rey? ¬°Eres un tullido, amigo m√≠o! Un manco no puede ser rey.
Pero Llew alzó la mano y dobló uno a uno todos los dedos. Todos, incluso yo mismo, contemplamos boquiabiertos aquella maravilla. ¡La mano parecía real!
—Como puedes comprobar, Simon, ya no soy un tullido —dijo Llew; se volvió para que todos pudieran verlo y alzó la voz para que todos lo oyeran—. Con esta mano recupero la dignidad real que me fue robada.
¬ó¬ŅQui√©n te reconoce como rey? ¬órepuso con tono salvaje Siawn Hy, y me di cuenta de que por primera vez hab√≠a en su voz un deje de desesperaci√≥n¬ó. ¬ŅQui√©nes son tus s√ļbditos?
¬óYo lo reconozco como rey ¬óafirm√≥ Bran con voz tranquila¬ó. Yo soy su s√ļbdito y su servidor.
¬óT√ļ rechazaste a tu propio rey, Bran Bresal. Lo abandonaste cuando te convino. Puesto que te arrogas ese derecho, propongo que todos tengamos la misma oportunidad, que podamos jurar fidelidad a un nuevo se√Īor.
Estas palabras sembraron el desconcierto en el consejo.
¬óQuiz√°s habr√≠a que darles una oportunidad ¬óobserv√≥ Calbha, nervioso¬ó. Pero ¬Ņc√≥mo podr√≠amos confiar en ellos?
¬ó¬ŅQu√© oportunidad tuvieron nuestros muertos? ¬óreplic√≥ Llew¬ó. ¬ŅQu√© oportunidad tuvieron los que fueron violados y asesinados? ¬óa√Īadi√≥ mirando a Siawn y a la Manada con expresi√≥n inexorable¬ó. Cada vez que blandisteis la espada y alzasteis la lanza tuvisteis una oportunidad de elegir, y efectivamente elegisteis.
—Tiene razón —lo apoyó Scatha—. Sobradas veces han elegido ya a quién servir.
—Estoy de acuerdo —coincidió Cynan—. Si hay que brindarles una elección, entonces que elijan si quieren morir por su mano o por las nuestras.
Cynfarch y Calbha expresaron su acuerdo.
—Entonces está decidido —declaró Llew encarándose con los prisioneros—. Os condeno por haber apoyado al usurpador Meldron. Y exijo que la deuda de sangre sea pagada con sangre.
—Llew —dijo Scatha—, permíteme que te ayude en este asunto. A quien le falte valor para matarse, le brindo el mío, que es más que suficiente para hacerlo.
—Que así sea —repuso Llew.
Los prisioneros fueron llevados al otro lado de Druim Vran, a la llanura que se extend√≠a al pie del risco. Fueron conducidos hasta el t√ļmulo f√ļnebre de sus compa√Īeros y fueron ordenados en filas.
Nosotros nos quedamos al pie del mont√≠culo, de espaldas al sol poniente. Hab√≠a acudido mucha gente a contemplar la ejecuci√≥n, aunque muchos hab√≠an visto ya demasiada sangre y hab√≠an preferido quedarse en Dinas Dwr. Goewyn y Nettles estaban entre los que nos acompa√Īaron y observaron en primera fila c√≥mo se les iba dando a los condenados, uno tras otro, la oportunidad de darse muerte o perecer a manos de Scatha.
Treinta guerreros empu√Īaron su propia espada y se dejaron caer sobre ella; algunos mor√≠an con un grito, otros en silencio. Los dem√°s eligieron morir a manos de Scatha. La mujer no titube√≥ ni le tembl√≥ la mano una sola vez. A medida que iban muriendo, los hombres de Cynan llevaban los cad√°veres al mont√≠culo y los dejaban en torno al dolmen para que sirvieran de pasto a aves y fieras.
Luego, con el √ļltimo destello de sol en el oeste, le toc√≥ el turno a Siawn.
—Dame la espada. Yo mismo me daré muerte.
Garanaw y Emyr, que estaban a ambos lados del condenado, miraron a Llew, y √©ste asinti√≥. Scatha se hizo a un lado, y Garanaw puso la empu√Īadura de su espada entre las manos atadas de Siawn, y...
... antes de que Garanaw tuviera tiempo de retirar su mano, Siawn dio la vuelta a la hoja y se la deslizó con rapidez entre las piernas. Cortó las ligaduras y echó a correr en el preciso instante en que la espada de Emyr le pasaba rozando sobre la cabeza. Siguió corriendo a toda velocidad hacia el río gritando algo que no entendí.
Antes de que alguno de nosotros pudiera reaccionar, hab√≠a llegado al r√≠o. Sin dejar de gritar, se gir√≥ para mirarnos con una sonrisa de triunfo en los labios y, con las manos a√ļn atadas, alz√≥ la espada a modo de burlesco saludo.
La lanza de Bran vol√≥ por los aires antes de que nos apercibi√©ramos que la hab√≠a arrojado. El esbelto proyectil parec√≠a una mancha azul en el cielo del crep√ļsculo, una l√≠nea blanquiazul en la tenue luz del anochecer. Vimos que Siawn dejaba caer la espada y retroced√≠a apret√°ndose con las manos el pecho, de donde sobresal√≠a el astil de la lanza de Bran. El √≠mpetu del lanzazo de Bran empuj√≥ a Siawn Hy hasta la orilla del r√≠o. Con un pie en el agua y otro en tierra grit√≥ algo que tampoco entend√≠ y cay√≥. Era precisamente la hora-entre-horas.
Mientras ca√≠a, su cuerpo pareci√≥ desvanecerse. Se hab√≠a metido en el agua..., lo vi muy bien. Pero ¬Ņpod√≠a confiar en mis ojos? En efecto, no se oy√≥ chapoteo alguno, ni encontramos el cuerpo cuando registramos el lugar. Siawn Hy se hab√≠a desvanecido.
—Ha vuelto a casa —dijo Llew mirando fijamente el agua—. Siempre quise enviarlo de regreso, pero pensé que lo haría con vida.
¬ó√Čl lo eligi√≥.
—No —replicó Llew—. Fui yo.
El crep√ļsculo descendi√≥ sobre el valle; las primeras estrellas hab√≠an empezado a brillar y la luna resplandec√≠a en el horizonte. Llew mir√≥ al pueblo de Dinas Dwr, su pueblo, y a los reyes, guerreros y amigos que lo miraban.
—Se ha hecho justicia —declaró—. La deuda de sangre ha sido saldada.
—¡Salud, Llew Mano de Plata! —exclamó Bran alzando su lanza.
La Bandada de Cuervos coreó su grito, y el pueblo prorrumpió en vítores.
¬ó¬°Mano de Plata! ¬°Mano de Plata! ¬°Mano de Plata!
Llew alz√≥ la mano; la plata brill√≥ a la luz del crep√ļsculo, y yo vi en el destello de plata el resplandeciente esplendor de un rey.
Goewyn apareci√≥ caminando por la orilla del r√≠o; sin mirar a nadie, sin decir una palabra, se acerc√≥ a Llew. Todos los ojos se clavaron en aquella esbelta figura vestida con una t√ļnica blanca y un manto azul sobre los hombros. La luna se reflejaba en sus rubios cabellos de oro, y la muchacha parec√≠a brillar como una estrella de la tierra.
Llevaba en las manos una peque√Īa arca de madera de roble, que, seg√ļn la tradici√≥n de los bardos, es la madera de la inspiraci√≥n. Deposit√≥ el arca a los pies de Llew, se irgui√≥, se llev√≥ el dorso de la mano a la frente y retrocedi√≥ unos pasos. Llew se inclin√≥ y cogi√≥ el arca. La abri√≥, la levant√≥ en alto y la inclin√≥ un poco para que todos la vieran. Dentro hab√≠a unas piedrecitas blancas: las Piedras Cantarinas.
Llew sac√≥ una de las piedras y la mostr√≥ a la multitud. Vi que los dedos de plata se mov√≠an y doblaban mientras apretaba la piedra contra la palma de plata. Un sonido como el de un coro de truenos sali√≥ de la piedra, un sonido claro como la voz de las estrellas y l√≠mpido como las piedras preciosas que recorren los cielos; un sonido como si diez mil melodiosas arpas emitieran la conmovedora m√ļsica de Oran Mor, el Celestial M√ļsico; un sonido que ven√≠a de m√°s all√° del mundo, que nac√≠a de la Mano Segura y Certera.
Mi esp√≠ritu se elev√≥ ligero y me pareci√≥ que se fund√≠a con aquel sonido sin par. Perd√≠ la conciencia de m√≠ y del lugar donde me encontraba, y pas√© a formar parte de la melod√≠a que sent√≠a brotar de mi coraz√≥n. Abr√≠ la boca, pero no fue mi voz la que se elev√≥ en el crep√ļsculo, sino la de la Canci√≥n de Albi√≥n.
¬°Gloria del sol! ¬°Estrella rutilante de los cielos!
¬°Luz de luz, Excelsa y Sagrada tierra
que resplandece con las bendiciones del Sumo Dador!
¡Eterno don para la Raza de Albión!
¡Surcada por incontables ríos! Piélago de azules aguas,
playa de blancas olas, firmamento sacrosanto,
exaltada por el poder del √önico,
y bendecida por su paz.
¡Fuente de maravillas para los Descendientes de Albión!
¬°Deslumbrante con la pureza sin par de su verdor!
Hermosa como el esplendoroso destello de la esmeralda,
resplandecen sus profundas ca√Īadas,
brillan sus campos de labor.
¡Gema de incalculable valor para los Hijos de Albión!
¬°Rica en picos coronados de nieve, inconmensurablemente vasta!
¬°Fortaleza de escarpadas monta√Īas!
¬°Elevadas alturas, oscurecidas por los bosques y enrojecidas por veloces ciervos,
proclaman al viento el orgulloso esplendor de Albión!
¬°Veloces caballos cruzan las praderas! ¬°Gr√°ciles reba√Īos
beben hidromiel en dorados ríos,
retumban poderosos cascos
en atronadora alabanza al Supremo Sabedor,
fuente de alegría para el corazón de Albión!
Dorado es el grano del Supremo Dador,
generosa la liberalidad de los fértiles campos.
La tierra tiene el color rojo y oro de las manzanas,
la dulzura de los esplendorosos paneles de miel.
¡Es un milagro de abundancia para las tribus de Albión!
De plata es el tributo de las redes, numerosísimo el tesoro
de las felices aguas; salpicando de marrón las laderas,
lustrosos reba√Īos sirven
al Se√Īor del Fest√≠n.
¡Una maravilla de abundancia para las mesas de Albión!
Hombres sabios, Bardos de la Verdad, audazmente
inflaman sus corazones con la Creación.
¡La sabiduría,
la clarividencia,
la gloria de la verdad pertenece a los hombres de Albión!
¬°Encendida en las llamas celestiales, fraguada
en el abrasador fuego del Amor,
inflamada de la pasión más pura,
abrasada en el corazón del Creador,
una esplendorosa bendición ilumina Albión!
Nobles se√Īores, de rodillas en se√Īal de adoraci√≥n,
hicieron votos perpetuos
de abrazar la causa de la misericordia,
de honrar eternamente al jefe de los jefes.
¡La vida más allá de la muerte fue prometida a los Hijos de Albión!
La dignidad real surgió de la infinita Virtud,
forjada por la Mano Salvadora,
con la osadía que nace de la Honradez,
con la valentía que nace de la justicia.
¡Una espada de honor para defender a los Clanes de Albión!
Formada con los Nueve Elementos Sagrados,
fraguada por el Amor y la Luz del Se√Īor,
Gracia de las Gracias, Verdad de las Verdades,
llamada al Día de la Lucha,
¡Aird Righ reinará para siempre en Albión!
Cuando me despert√©, era noche cerrada. En mi caba√Īa del crannog, yac√≠a sobre una piel de buey amarillenta, pero ignoraba c√≥mo hab√≠a llegado hasta all√≠. El aire estaba silencioso y tranquilo, y el calor del d√≠a hab√≠a menguado considerablemente. Al principio pens√© que me hab√≠a despertado el eco de la Canci√≥n. Me qued√© acostado sin moverme aguzando el o√≠do en la oscuridad. Al cabo de un rato o√≠ de nuevo el sonido y sent√≠ en el rostro una ligera brisa.
Me levant√© y sal√≠ de la caba√Īa mientras en los cielos retumbaba un trueno y comenzaban a caer las primeras gotas de lluvia, unos goterones gruesos como las cuentas de un collar. Aspir√© en el aire el fresco perfume de la lluvia.
Retumb√≥ otro trueno y se oy√≥ un ruido que hac√≠a tiempo no se o√≠a en Albi√≥n: el sonido del viento y de la lluvia barriendo las circundantes colinas. La m√ļsica de la tempestad llen√≥ la ca√Īada y reson√≥ en el bosque; la lluvia se desencaden√≥ desde Druim Vran y avanz√≥ hasta Dinas Dwr a trav√©s del lago.
Alertada por la tormenta, la gente sal√≠a de las caba√Īas. Elevaban los ojos al cielo y dejaban que la bendita lluvia les ba√Īara el rostro. Mientras arreciaba la lluvia, estallaban los rel√°mpagos y respond√≠an los truenos con su poderoso estruendo. La gente cog√≠a agua con las manos y se lavaban los miembros y las cabezas tan duramente castigados por el calor; los hombres re√≠an y besaban a sus mujeres; los ni√Īos bailaban con los pies descalzos mientras el agua les empapaba la piel.
Mi visión interior se despertó de nuevo con el eco de las risas y del general regocijo. Con los ojos de la mente vi cómo las colinas se cubrían de verdor, los arroyos brotaban y los ríos volvían a correr. Vi cómo el ganado engordaba y las espigas crecían en los campos; los manzanos se doblaban con el peso de sus frutos; las nueces, las avellanas y los hayucos engordaban en sus cáscaras. Los peces nadaban en las aguas límpidas de los lagos mientras los patos, los ánsares y los cisnes anidaban en los bajíos. La leche se llenaba de blanca espuma y el dorado hidromiel brillaba en las tazas; apetitosa cerveza colmaba las jarras y sabrosos panes llenaban los hornos; los platos rebosaban de pescado y carne de todas clases: cerdo, venado, buey, aves. En toda Albión los hambrientos comían hasta hartarse y los sedientos bebían hasta saciarse.
Porque había acabado la larga opresión de sequía y muerte, y había comenzado el reinado de Mano de Plata.