27 - La piedra del gigante

Pas√© la noche en vela en el soto de los abedules, desnudo y sentado en el suelo, sintiendo en mi piel el calor de la noche, escuchando el anormal silencio reinante y buscando con los ojos de la mente lo que en otros tiempos hubiera buscado en el Cuenco Adivinatorio. Escrut√© las misteriosas sendas del futuro en busca de alg√ļn presagio. Mi visi√≥n interior vislumbr√≥ muchas im√°genes, todas ellas desoladoras y descorazonadoras: ni√Īos fam√©licos de miembros esquel√©ticos y vientres hinchados, reses muertas junto a arroyos envenenados, poblados silenciosos, cosechas agostadas, cuervos posados en los costillares de los cad√°veres...
Me pareció que la tierra se estaba ahogando bajo una opresión que era como un pellejo pesado, viscoso y vasto: un pellejo putrefacto y corrupto que sofocaba todo bajo su peso.
Me levanté con el corazón encogido, me vestí y me dirigí hacia el lago donde los carros y los caballos estaban listos para la marcha. Goewyn estaba entre los pocos que se habían reunido para despedirnos.
—No te preocupes, Tegid. Me ocuparé de los mabinogi durante tu ausencia —dijo apretándome las manos; y noté el calor de las suyas.
¬óGracias, Goewyn.
¬óTe veo preocupado. ¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥ sin soltarme las manos¬ó. ¬ŅQu√© has visto?
—Nada bueno... Si de mí dependiera, no nos marcharíamos.
La muchacha se inclinó y sentí el calor de su aliento al besarme.
—Que tengas buen viaje y regreses sano y salvo —deseó.
Llew y Bran se nos acercaron con los caballos. Goewyn se despidió de ellos y, como Llew pareció no reparar en ella, se apresuró a retirarse.
¬óT√ļ y Alun conducid los carros ¬ódijo Llew dirigi√©ndose a Bran¬ó. Yo cabalgar√© con Tegid, Rhoedd y los dem√°s.
Montamos a caballo y se dio la se√Īal de marcha. O√≠ el crujir de las ruedas de madera sobre los guijarros mientras los carros emprend√≠an su lenta marcha hacia el risco. Esperamos a que el √ļltimo de los carros hubiera pasado y ocupamos nuestros puestos en retaguardia.
La comitiva estaba formada por seis carros de gran tama√Īo, cargados con pellejos y vasijas de agua fresca, y diez guerreros comandados por Bran y dos Cuervos. Los Cuervos restantes se quedaban para proteger Dinas Dwr a las √≥rdenes de Calbha y Scatha.
Aunque hac√≠a muy poco que el sol hab√≠a salido, el calor era ya considerable. Tras los carromatos fuimos ascendiendo la ladera de Druim Vran; luego, con sumo cuidado, descendimos por el escarpado camino del risco. Cuando llegamos a la ca√Īada que se abr√≠a en la otra vertiente, est√°bamos sudorosos y fatigados, a pesar de que el viaje no hab√≠a hecho m√°s que comenzar.
Seguimos el curso del r√≠o hacia el sureste. Nuestros dos Cuervos, Alun Tringad y Drustwn, cabalgaban a la cabeza para explorar el camino por si top√°bamos con alg√ļn esp√≠a de Meldron. Pero no encontramos ninguno. Tampoco vimos se√Īal alguna de que la plaga de Meldron hubiera invadido la regi√≥n norte de Caledon. Los r√≠os y fuentes eran claros y cristalinos; los lagos l√≠mpidos. Aun as√≠, obedeciendo el consejo de Rhoedd, nos abstuvimos de beber agua.
Las dos primeras jornadas de viaje, estuve alerta a cualquier sonido, a cualquier olor, en busca de alguna se√Īal, por d√©bil que fuera, del destino que sent√≠a que se cern√≠a sobre nosotros a medida que nos alej√°bamos de Dinas Dwr. Y, aunque no ocurri√≥ ning√ļn percance, mis temores no me abandonaban.
Al tercer día dejamos el río y tomamos Sarn Cathmail, la escarpada senda que une los umbríos bosques del norte con las colinas cubiertas de brezo del sur. Nuestros exploradores se adelantaron bastante cuando llegamos a terreno abierto y, aunque tomaron todas las precauciones posibles, no vieron a nadie. De este modo seguimos avanzando mientras mis oscuros presentimientos iban en aumento.
A media jornada del cuarto día avistamos el mojón de piedra que marca la mitad del camino de Sarn Cathmail. Carreg Cawr, la Piedra del Gigante, es un enorme monolito de color negro azulado que sobrepasa tres veces la altura de un hombre y se cierne sobre el camino pavimentado de losas. A semejanza de otros mojones, está labrada con símbolos sagrados que protegen la carretera y salvaguardan a los viajeros.
—Creo que sólo nos queda un día de camino —dijo Llew—. Pese al calor hemos mantenido una buena marcha. Todo está muy seco por aquí..., la yerba está requemada.
Mientras hablaba, mi visión interior se despertó y vi la larga carretera de color pizarra que se extendía ante nosotros entre una llanura herbosa rodeada por suaves colinas, bajo un cielo blanco y calinoso. Vi los carros cargados que traqueteaban por el camino y la negrura de Carreg Cawr brillando al sol.
Los exploradores habían pasado junto a la Piedra del Gigante y habían seguido adelante sin vislumbrar nada sospechoso; luego pasaron junto al mojón Bran y los guerreros y después, uno tras otro, lo hicieron los carros. Pero, mientras me acercaba a la piedra, los tenebrosos presagios que me habían inquietado desde el inicio del viaje aumentaron hasta convertirse en una palpable sensación de pavor.
Ya cerca de la piedra, tiré de las riendas y detuve mi caballo. Llew, que me precedía, se detuvo casi debajo del monolito. Alzó la mirada y examinó los antiguos símbolos con curiosidad.
¬ó¬ŅSabes qu√© significan esos s√≠mbolos? ¬óme pregunt√≥ por encima del hombro.
¬óS√≠ ¬órepuse secamente¬ó. Son se√Īales sagradas que bendicen y protegen la calzada.
¬óEso ya lo s√© ¬óinsisti√≥ √©l¬ó. Pero ¬Ņqu√© dicen?
Sin aguardar mi respuesta, se dio la vuelta en la silla, alzó las riendas y obligó al caballo a acercarse a la piedra. Yo agucé el oído. Sólo se oía el viento que mecía la yerba de las suaves colinas y, allá lejos, el chillido de un halcón. De pronto oí un grito de Llew.
Fue un grito de sorpresa, no de dolor. Vislumbré una sombra tras la Piedra del Gigante mientras Llew se volvía bruscamente.
¬ó¬ŅQu√© fue eso? ¬ŅHas o√≠do algo?
¬óNo.
—Acaba de golpearme algo. He sentido en la espalda algo..., como una piedra. Habría podido...
¬ó¬°Shh! ¬°Escucha!
Llew guard√≥ silencio y o√≠ un ligero ara√Īazo tras la Piedra del Gigante. Luego un apagado sonido met√°lico, como producido por los eslabones de una cadena de hierro; despu√©s... nada.
¬óHay alguien emboscado tras la Piedra del Gigante ¬óle dije a Llew, quien al punto empu√Ī√≥ la espada que llevaba colgada a la silla de montar.
Avanzó hacia el monolito.
—Sal —ordenó—. Sabemos que estás ahí. Sal de una vez.
Aguardamos, pero no hubo respuesta. Llew iba a hablar de nuevo, pero se lo impedí con un gesto.
¬ó¬°Escucha! ¬ógrit√© dirigi√©ndome a la piedra¬ó. Te habla el Bardo Supremo de Albi√≥n. Te ordeno que salgas ahora mismo. No vamos a hacerte ning√ļn da√Īo.
Por un momento reinó el más absoluto silencio. Luego oí el rumor de unos pasos sobre la yerba seca que crecía en la base del monolito.
Apareció una delgada figura, cubierta con los andrajos de un siarc y de un manto color verde. Y junto a aquella misteriosa aparición surgió un sabueso de color negro pizarra con una mancha blanca sobre una de las patas delanteras. Los reconocí al instante, antes incluso de que Llew exclamara:
¬ó¬°Ffand!
Desmont√≥ de un salto y corri√≥ hacia la ni√Īa. El perro se puso a ladrar y fue silenciado al momento.
¬ó¬°Twrch!
¬ó¬°Ffand! ¬°Mi valiente Ffand! ¬ódijo Llew abraz√°ndola y alz√°ndola en volandas. La ni√Īa se ech√≥ a re√≠r mientras Llew le besaba las sucias mejillas¬ó. ¬ŅQu√© est√°s haciendo aqu√≠ sola tan lejos de casa?
¬óNo estoy sola ¬órepuso Ffand¬ó. Twrch est√° conmigo ¬óa√Īadi√≥ acariciando al perro que le llegaba hasta la cadera.
—¡Twrch! —lo llamó Llew tendiendo la mano hacia el perro.
El animal estir√≥ el cuello y olisque√≥ la mano de Llew. ¬ŅReconoci√≥ el olor de su due√Īo? Desde luego, porque al instante comenz√≥ a ladrar y de un salto coloc√≥ sus enormes patas sobre los hombros de Llew y le lami√≥ la cara. Llew abraz√≥ al perro y le acarici√≥ el cuello con su mufl√≥n, que Twrch se apresur√≥ tambi√©n a lamer.
¬ó¬°Tranquilo, tranquilo, Twrch! ¬óLuego mir√≥ a Ffand¬ó. ¬ŅQu√© est√°s haciendo aqu√≠? ¬ŅPor qu√© has venido?
—Te buscaba —contestó Ffand.
¬ó¬ŅMe buscabas? ¬órepiti√≥, sorprendido y divertido a la vez.
—Supe que Llew estaba formando un reino en el norte y que Meldron te busca también en el norte. Así que yo también vine al norte.
—Muy lógico —observó Llew.
—Me dijiste que volverías a buscar al perro —dijo Ffand con cierto enojo—. Volviste, pero no nos esperaste. —Su tono era acusatorio, pero enseguida lo suavizó—. Por eso decidimos venir en tu busca.
¬ó¬ŅQue no os esper√©? ¬ŅA qu√© te refieres?
¬óCuando fuiste a Caer Modornn.
Yo desmonté y caminé hacia ellos.
¬óEs cierto que fuimos a Caer Modornn, pero no te vimos, Ffand.
¬óOs olvidasteis de m√≠ ¬óreplic√≥ la ni√Īa, enfadada.
—Sí—admitió Llew—. Lo siento mucho. Si hubiera sabido que nos estabas esperando, jamás nos habríamos marchado sin ti.
¬óY yo no habr√≠a tenido que tirarte piedras ¬óa√Īadi√≥ ella, y mi visi√≥n interior se despert√≥ con la imagen de una joven delgada de largos cabellos casta√Īos, enormes ojazos y piel bronceada.
Aunque era evidente que había recorrido una enorme distancia, tenía un aspecto saludable pese a sus harapos y a su delgadez.
Hab√≠a crecido desde la √ļltima vez que la hab√≠amos visto, pero a√ļn conservaba los aires de una ni√Īa. Con sus √°giles movimientos parec√≠a una salvaje criatura del bosque. En realidad, seg√ļn nos cont√≥, as√≠ hab√≠a vivido durante los a√Īos que siguieron a nuestra huida.
Como no había comida, ella y Twrch iban al bosque. Pasaban largo rato cazando y llevaban al poblado todo lo que podían capturar.
¬óLiebres y ardillas. Era la √ļnica carne que pod√≠amos conseguir.
¬óFfand ¬ódijo Llew¬ó, eres una aut√©ntica maravilla. ¬ŅTienes hambre?
—Tengo más sed que hambre. Por aquí el agua es mala.
Volv√≠ junto a mi caballo y cog√≠ la bolsa de provisiones. Saqu√© un pedazo de queso y algunas rebanadas de pan de cebada, que fueron muy bien recibidas. Despu√©s le tend√≠ a la ni√Īa el pellejo de agua, que casi agot√≥ antes de ofrec√©rselo a Twrch. El perro bebi√≥ lo que quedaba.
Ffand comenzó a devorar una de las rebanadas. Como suponíamos, estaba verdaderamente hambrienta. El perro, sentado junto a ella, se lamía el morro y aguardaba con paciencia.
¬óNo me extra√Īa que Meldron te tenga tanto miedo ¬ócoment√≥ la ni√Īa partiendo otra rebanada y meti√©ndose una mitad en la boca.
¬ó¬ŅC√≥mo sabes que Meldron me tiene miedo?
¬óDesde que fuiste a Caer Modornn ¬ócontest√≥ ella masticando con avidez¬ó, no ha cesado de buscarte. No hay nadie en toda Albi√≥n que no haya sido interrogado por la Manada de Lobos de Meldron: ¬ę¬ŅD√≥nde est√° el tullido Llew? ¬ŅY el ciego Tegid?¬Ľ. ¬óTrag√≥ un bocado y prosigui√≥¬ó: Ha jurado acabar contigo. Ha dicho que el que te encuentre ser√° premiado con tierras y riquezas..., muchas riquezas.
¬óPor eso saliste en mi busca.
Ffand se tomó la broma en serio.
—¡No! ¡Jamás ayudaría a Meldron! —protestó horrorizada de que Llew pudiera sospechar de ella—. He venido a avisarte y a traerte a Twrch. Es un perro magnífico... Yo misma lo he adiestrado..., y todos los reyes deben tener un perro.
¬óTe lo agradezco, Ffand ¬órepuso cari√Īosamente Llew¬ó. Me ser√° de gran utilidad un buen perro, aunque ya no soy rey. Al parecer, he contra√≠do una segunda deuda contigo.
El √ļltimo carro hab√≠a desaparecido tras la cima de una colina.
—Debemos marcharnos —dije, observando el mojón con los ojos de mi mente—. No deberíamos permanecer más tiempo aquí.
—Tegid tiene razón; tenemos que unirnos a los demás.
—Ven, Ffand, cabalgarás conmigo hasta que alcancemos los carros —me dirigí hacia mi caballo, monté y le tendí la mano.
La ni√Īa me observ√≥ con curiosidad y se mordi√≥ el labio.
¬ó¬ŅPuedes verme? ¬óme pregunt√≥ intrigada.
—Sí —respondí—. Así que deja de mirarme y dame la mano.
La sub√≠ a la grupa. Llew mont√≥ tambi√©n y reanudamos la marcha. Twrch trotaba entre los dos, primero junto a Llew, luego junto a Ffand y a m√≠, como si quisiera dividirse entre sus dos due√Īos.
Antes de que mi visi√≥n interior se apagara, vislumbr√© al sabueso con la cabeza levantada olisqueando el viento y caminando con sus √°giles y largas patas junto a Llew como si toda la vida hubiera gozado de la compa√Ī√≠a de un verdadero rey.
Al cabo la imagen se desvaneci√≥ y rein√≥ una total oscuridad. Comenc√© a calibrar el significado de lo que acababa de ocurrir. Era evidente que Ffand no supon√≠a amenaza alguna para nosotros y, no obstante, mis oscuros temores persist√≠an. Present√≠a algo. La Piedra del Gigante proyectaba sobre la senda su negra y abrumadora mole, pero pasamos junto a ella sin sufrir da√Īo alguno.
De pronto me pareci√≥ que sent√≠a un extra√Īo latido en mi est√≥mago y en mi pecho. Y en ese preciso instante o√≠ un ruido: algo pesado se mov√≠a lentamente; parec√≠a que rechinaran enormes piedras de molino. Tir√© de las riendas y volv√≠ grupas.
¬óFfand ¬ódije con urgencia¬ó, observa con atenci√≥n la Piedra del Gigante. Mira bien y dime lo que est√° sucediendo. ¬ŅQu√© ves?
¬óYo no...
¬ó¬°Deprisa, muchacha! ¬°Dime lo que ves!
Mis gritos alertaron a Llew, que detuvo su caballo y me gritó:
¬ó¬ŅQu√© pasa, Tegid?
¬óVeo la piedra ¬órepuso Ffand¬ó. Nada m√°s. Est√°... ¬óHizo una pausa¬ó. ¬ŅQu√© fue eso?
¬ó¬ŅViste algo?
—No, sentí algo... aquí, en el estómago.
El caballo se puso nervioso; relinchó y retrocedió unos pasos.
—Observa bien la piedra —le indiqué—. Dime todo lo que veas.
—Bien —comenzó de nuevo—, la piedra está allí. Como iba a decirte, está... —Contuvo el aliento—. ¡Mira!
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬°Ffand! Dime qu√© ocurre.
—¡Tegid! —gritó Llew, y oí el golpeteo de las herraduras de su caballo que se espantaba y piafaba.
El mío sacudió la cabeza y relinchó sobresaltado. Yo tiré firmemente de las riendas, y Ffand se agarró a mi manto.
¬ó¬°Habla de una vez, muchacha!
Llew se detuvo junto a nosotros.
—La piedra está moviéndose —dijo—. Está temblando o vibrando muy despacio. Y el suelo en torno a ella se está abriendo.
Oí un ruido como el que produce el tronco de un árbol al partirse de raíz... y después, silencio.
¬ó¬ŅQu√© m√°s? ¬ŅQu√© ocurre ahora?
—Nada —replicó Llew—. La piedra está de nuevo inmóvil.
Percib√≠ un ruido sordo y me di cuenta de que lo hac√≠a Twrch, el perro estaba gru√Īendo amenazadoramente.
—Tranquilo, Twrch —lo calmó Ffand.
O√≠ una especie de trino... no, un silbido. Era una se√Īal; alguien estaba emitiendo una se√Īal, una especie de silbido...
Twrch se puso a ladrar y ara√Īar el suelo.
¬ó¬°Twrch! ¬°Vuelve! ¬ógritaba Ffand.
—Dime qué está ocurriendo —grité—. ¡No puedo verlo!
¬óEl perro ¬ódijo Llew¬ó. Twrch ha echado a correr hacia la piedra.
—¡Mira! —exclamó Ffand, y sentí que su cuerpo temblaba de agitación— Ha aparecido algo...
—¡Dime qué es! ¡Dímelo!
—Es un animal —contestó Llew—. Creo que un zorro. No, sus patas son demasiado cortas y su cabeza demasiado grande. Quizá sea un tejón... —Hizo una pausa—. No, está demasiado lejos, no puedo distinguirlo bien. Pero ha surgido de la base de la piedra.
Twrch ladró otra vez. Su ladrido sonó bastante lejos.
¬óEl animal ha visto a Twrch. Huye.
¬ó¬ŅHacia d√≥nde?
¬óCorre trazando un √°ngulo desde la piedra hacia nosotros. Twrch lo persigue. Est√° a punto de alcanzarlo...
—¡Twrch! —gritó con todas sus fuerzas Ffand—. ¡No!
Me pas√≥ el brazo por la cintura, se inclin√≥ hacia un lado y desmont√≥ de un salto. O√≠ el ruido de sus buskins sobre las losas del camino; la ni√Īa corr√≠a hacia el perro sin dejar de gritar.
¬ó¬°Twrch! ¬°Detente! ¬°Vuelve!
A media distancia, o√≠ un aullido de Twrch en el momento en que alcanzaba al animal. Luego un gru√Īido que me indic√≥ que aquella bestia se hab√≠a dado la vuelta para defenderse. El gru√Īido se convirti√≥ en un quejido lastimero, que de pronto se interrumpi√≥. Pese a la distancia o√≠ el crujido de su cuello entre las mand√≠bulas del sabueso y supe que Twrch lo hab√≠a matado.
¬óBien ¬ódijo Llew¬ó, todo ha concluido. Fuera lo que fuera, Twrch lo ha matado.
Dejamos la calzada y cabalgamos sobre la herbosa llanura hacia el lugar donde Ffand sostenía por el collar al perro. Cuando desmontamos, Twrch se puso a ladrar, muy satisfecho de su presa.
—No —gimió Llew— Oh, no...
¬ó¬ŅQu√© es? ¬ópregunt√≥ Ffand intrigada. Supuse que estaba mirando al animal que yac√≠a sin vida sobre la yerba y que no sabia qu√© era.
¬ó¬ŅSabes qu√© es, Llew?
—Un perro..., una especie de perro —contestó en un tono que expresaba a la vez recelo y lástima.