24 - El valle de la aflicción

—Dejadlo en mis manos —declaró Cynan—. Lo haré con sumo gusto.
Llew se disponía a poner alguna objeción, pero Bran no le dio tiempo a hablar.
—El riesgo es muy grande, pero Cynan tiene razón: es la clase de plan que puede funcionar.
¬ó¬ŅY si fracasa? ¬ópregunt√≥ Llew.
Bran se encogió de hombros.
¬óEntonces atac√°is el caer ¬ódijo Cynan¬ó. Pero, si el plan resulta, habremos salvado muchas vidas.
Llew me miró.
¬ó¬ŅQu√© opinas, Tegid?
¬ó¬ŅPor qu√© apoderarse por la fuerza de lo que podemos conseguir a hurtadillas? ¬óMe volv√≠ hacia Cynan¬ó. Pero no vayas solo; ll√©vate a Rhoedd.
¬óMuy bien ¬óasinti√≥ Llew a rega√Īadientes¬ó. Puesto que no hay manera de imped√≠rtelo, m√°rchate lo antes posible. Te esperaremos aqu√≠. Si surge alg√ļn problema, vuelve enseguida. Ya conoces la contrase√Īa.
¬óS√≠, s√≠ ¬órepuso Cynan¬ó. Hemos repasado tantas veces el plan que hasta los caballos conocen la contrase√Īa. Todo saldr√° bien, hermano. Si las piedras est√°n ah√≠, las encontrar√©.
Cynan y Rhoedd se armaron y partieron al punto. Llew y Bran observaron desde nuestro escondrijo c√≥mo los dos hombres sub√≠an por el camino que llevaba a Caer Modorn. Como mi vista interior me hab√≠a abandonado, me dispuse a esperar apoyado en mi bast√≥n. El d√≠a era templado, la brisa suave. Ol√≠a a hojas mohosas, a madera podrida y a tierra h√ļmeda. Nos hab√≠amos escondido entre los matorrales del r√≠o al pie de Caer Modorn, lo suficientemente cerca para observar sin ser vistos; √©ramos s√≥lo diez hombres, pues los dem√°s hab√≠an acampado a cierta distancia.
—Han llegado a las puertas —informó Bran poco después—. Los guardianes les han dado el alto. Hay hombres en las murallas.
¬óCynan est√° hablando con ellos ¬óagreg√≥ Llew¬ó. Es una buena se√Īal. Cynan es capaz de hablar hasta con las patas de una mesa.
¬óEst√°n abriendo las puertas ¬óa√Īadi√≥ Bran¬ó. Han salido algunos hombres... Tres, no..., cuatro. ¬ŅVes a √©se? ¬óle dijo a Llew¬ó. El moreno que est√° hablando con Cynan.
—Sí —respondió Llew.
¬óSe llama Glessi. Es un capit√°n rhewtano; bueno, lo era. Parece haber encontrado un hogar junto a Meldron. No me sorprende en absoluto; siempre fue una serpiente escurridiza y astuta.
¬ó¬ŅQu√© ocurre ahora? ¬ópregunt√©.
¬óSiguen hablando ¬órepuso Llew¬ó. El tal Glessi parece estar meditando. Ha cruzado los brazos sobre el pecho y se acaricia la barba. Est√° pensando. Cynan sigue hablando. Dar√≠a algo por o√≠r lo que dice. ¬óHizo una pausa y a√Īadi√≥¬ó Sea lo que sea, parece que ha funcionado. Entran en el caer. ¬°Ya est√°!
Oí una ligera palmada en un hombro o un brazo.
—¡Lo ha conseguido! —exclamó Llew—. ¡Ya están dentro!
—Ahora, a esperar —dijo Bran—. Haré la primera guardia.
Llew se levantó y me condujo hasta la orilla del río con los Cuervos. Nos sentamos entre las zarzas y los sauces. Unos se pusieron a dormitar, otros a charlar en voz muy baja. Yo me sumí una vez más en los sombríos pensamientos que me habían invadido desde que habíamos desembarcado en Prydain hacía seis días.
El triste viaje hacia el sur siguiendo la costa occidental nos hab√≠a llevado hasta Muir Glain, el anchuroso y plateado estuario al este de la destruida Sycharth donde Meldryn Mawr hab√≠a instalado sus astilleros. Desde la √ļltima vez que hab√≠a estado all√≠, matas de escaramujos y abedules hab√≠an invadido el lugar donde antes se constru√≠an con madera de roble los cascos de las embarcaciones. Los ortigales florec√≠an donde en otros tiempos se acumulaban montones de virutas de madera tan espesos como la nieve.
Penetramos en el estuario y navegamos r√≠o arriba hasta donde nos fue posible; cuando las aguas comenzaron a hacerse poco profundas, anclamos los barcos. Acampamos en un claro del bosque y dejamos all√≠ al grueso de los guerreros. A la ma√Īana siguiente, con s√≥lo cuarenta hombres nos internamos en el valle del r√≠o Modornn y dejamos el resto de nuestras fuerzas para proteger los barcos.
Scatha no ten√≠a √°nimos para viajar con nosotros, as√≠ que se qued√≥ con Goewyn, cuyas heridas requer√≠an especiales cuidados. Durante la primera jornada y las cinco siguientes, remontamos el r√≠o por la ca√Īada. Ya cerca del poblado, dejamos treinta hombres a prudente distancia y nos acercamos al caer para tomar posiciones.
Meldron hab√≠a decidido construir su fortaleza en el lugar del viejo caer de madera que vigilaba la regi√≥n norte de Prydain. Caer Modornn s√≥lo se hab√≠a utilizado en tiempos de guerra; nunca hab√≠a sido un verdadero poblado. Y, aunque yo en otros tiempos hab√≠a aconsejado a Meldron que no se instalara all√≠, ahora pude comprender por qu√© √©l se hab√≠a empe√Īado en hacerlo. A un rey interesado en reconstruir el reino de Prydain le habr√≠a sido de m√°s ayuda una fortaleza en el sur abierta al comercio mar√≠timo.
Pero Meldron abrigaba desmesuradas ambiciones. El Salvaje Sabueso de Destrucción deseaba dominar toda la Isla de la Fuerza. Y Caer Modornn se alzaba en un lugar estratégico para que una banda de guerreros hiciera incursiones en Llogres y Caledon. ¡Oh! Si hubiera sabido sus intenciones, si hubiera sabido cuán desmesurada era su ambición y cuán insaciable su codicia, lo habría destruido como quien extermina a un perro rabioso.
¬ŅCu√°ntos guerreros yac√≠an en sus moradas de tierra por su culpa? ¬ŅCu√°ntas mujeres sollozaban por sus maridos durante la noche? ¬ŅCu√°ntos ni√Īos lloraban a sus madres? Si hubiera sabido lo que escond√≠a en su coraz√≥n, lo habr√≠a asesinado de buen grado. Tanto de buen grado como con profundo dolor, lo habr√≠a matado antes de que devastara la tierra con su corrupci√≥n.
Desde nuestro escondrijo hab√≠amos observado el caer y hab√≠amos discutido la mejor manera de recuperar las Piedras Cantarinas. Cynan se hab√≠a mostrado partidario de llevar a cabo un enga√Īo simple pero muy audaz: acercarse a las puertas y pedir la hospitalidad debida a unos guerreros errantes.
—No me conocen —había dicho—. Iré yo solo con Rhoedd. No los alarmará lo más mínimo ver tan sólo a dos guerreros junto a las puertas. No representamos amenaza alguna para ellos.
—No me gusta —había objetado Llew, considerando que el plan era insensato y temerario.
—Por eso precisamente funcionará, hermano. No sospecharán nuestro verdadero propósito —había insistido Cynan, que tras algunas discusiones había acabado por salirse con la suya.
Y ahora nosotros estábamos allí esperando.
El d√≠a fue cayendo. Sent√≠ en la piel el fr√≠o aliento de la noche y o√≠ su canci√≥n en las ramas y en el sotobosque mientras el crep√ļsculo se convert√≠a en anochecer. Luego o√≠ el ligero rumor de unos pasos y me incorpor√©.
¬óNi la menor se√Īal ¬ódijo Bran en voz baja.
—Haré la guardia siguiente —repuso Llew.
Un ligero rumor de ropas me indicó que se había levantado y se había marchado.
Bran se sentó a mi lado y la noche se fue espesando en torno.
—Pronto será totalmente de noche —comentó Bran al cabo de un rato.
Me di cuenta de que me estaba mirando y me pareció sentir la sutil caricia de su mirada en mi cara.
¬ó¬ŅS√≠? ¬ópregunt√©¬ó. ¬ŅQu√© quieres preguntarme?
Soltó una risita entre dientes.
¬óSabes que te estoy mirando ¬ódijo¬ó. Pero ¬Ņc√≥mo puedes saberlo?
¬óA veces me imagino lo que est√° ocurriendo, aunque puedo equivocarme ¬óle expliqu√©¬ó. Pero a veces veo las cosas aqu√≠ ¬óa√Īad√≠ toc√°ndome la frente con la punta de un dedo¬ó, y te aseguro que veo m√°s de lo que jam√°s hubiera podido imaginar.
¬ó¬ŅComo ocurri√≥ en Ynys Sci? ¬óinquiri√≥.
—Sí —asentí, y le conté nuestro encuentro con Gofannon en el bosquecillo sagrado—. Desde entonces parece como si se me concediera la visión cuando la necesito. Pero viene y va a su voluntad; no puedo dominarla a mi antojo.
Estuvimos charlando un buen rato. Luego Niall nos trajo pan y carne seca; comimos y seguimos charlando, y después Bran llamó a Alun Tringad para que se hiciera cargo de la guardia siguiente. Yo me eché a dormir, y las guardias se fueron sucediendo durante toda la noche.
Me despertó un susurro de Emyr.
—Se ha abierto la puerta —anunció.
Me puse en pie al momento. Bran ya se había levantado.
¬óDespierta a los dem√°s y dile a Llew que se re√ļna con nosotros ¬óle indic√≥ Bran.
Se fue corriendo al puesto de observación, y yo lo seguí. Oí el crujido de las ramitas cuando Bran las apartó para observar mejor.
¬ó¬ŅQu√© ves?
—La puerta se ha... —comenzó a decir—. Hay alguien. Vienen hacia aquí.
¬ó¬ŅEs Cynan?
—No puedo verlo... Está demasiado oscuro. Pero juraría que es él. Viene hacia aquí. —Hizo una pausa y luego agregó— No, me parece que es Rhoedd.
Aguardamos unos instantes y no tardamos en oír unos pasos apresurados.
¬ó¬°Estamos aqu√≠! ¬°Por este lado! ¬ósusurr√≥ Bran¬ó. ¬ŅD√≥nde est√° Cynan?
¬óEnseguida vendr√° ¬órepuso la voz de Rhoedd¬ó. Me ha enviado delante para abrir las puertas y avisaros. Tenemos que marcharnos inmediatamente en cuanto aparezca.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥ Llew junto a m√≠¬ó. ¬ŅQu√© demonios est√° haciendo?
—Encontramos el lugar donde están guardadas las piedras. No hay centinelas, pero sí una puerta con una cadena. Va a forzar la puerta y cogerlas.
—¡Está loco! No podrá traerlas él solo —objetó Llew—. Alguien tendrá que ir al caer para ayudarlo.
Se oyó un grito en el caer. Un perro comenzó a ladrar con ferocidad y se oyeron más gritos. Después el rugido del carynx desgarró la oscuridad de la noche.
—Bien —murmuró Llew, y lo oí desenvainar la espada—. ¡Lo han descubierto! Ahora nos toca a nosotros. Preparados.
—¡Mirad! —exclamó Bran—. Alguien se acerca. Es Cynan. ¡Ha podido escapar!
Poco después oí sus pisadas.
—¡Corred! —gritó cuando estuvo cerca—. ¡Me persiguen!
No dijo nada más, ni falta que hacía. En efecto, mientras hablaba se levantó un alborotado estruendo en el caer: ladridos de perros, gritos de hombres, estrépito de armas.
—¡Por aquí! —gritó Bran.
Alguien me cogió del brazo.
—¡Sígueme! —me indicó Llew.
Corrimos hacia el río y nos metimos de cabeza en él. Lo atravesamos como pudimos y nos reunimos en la otra orilla.
¬óPrimero registrar√°n los matorrales ¬ódijo Bran¬ó. Si nos quedamos en este lado quiz√° podamos despistarlos.
—Hay que ir hacia el norte —opiné yo.
¬óNuestros hombres est√°n hacia el sur ¬óse√Īal√≥ Rhoedd.
—A menos que queramos entablar batalla, sería mejor que los alejáramos de los nuestros —expliqué—. Podemos regresar por otro camino.
¬óPrimero tenemos que librarnos de ellos ¬ódijo Alun¬ó. ¬°Huyamos mientras podamos!
¬ó¬ŅD√≥nde est√°n las piedras?
—No estaban allí —repuso Cynan, jadeando—. Meldron debe de habérselas llevado consigo.
¬ó¬ŅEst√°s seguro?
¬ó¬ŅPara qu√© crees que romp√≠ la caja?
¬ó¬ŅRompiste la caja?
—Pues claro —replicó Cynan—. Tenía que asegurarme de que no estaban.
—¡Deprisa! —urgió Bran—. ¡Ya habrá tiempo para hablar!
Mientras los guerreros registraban los matorrales en la otra orilla del río, nos abrimos paso entre el tupido sotobosque con dirección norte. Al principio pareció que iba a ser fácil eludirlos, pero algunos perseguidores cruzaron el río y los perros encontraron nuestro rastro.
Era cuestión de correr más rápido que ellos. Corríamos sobre las rocas esquivando los árboles; las ramas nos golpeaban la cara y nos desgarraban las mangas y los mantos. Bran iba a la cabeza y forzaba la marcha mientras el ruido de nuestros perseguidores atronaba en nuestros oídos. Trastabillando, cayendo, tropezando en rocas y raíces, yo me esforzaba en seguir adelante. Llew y Garanaw corrían a mi lado, me levantaban cuando me caía, me ayudaban a no perder el equilibrio..., casi me llevaban en volandas.
Poco a poco fueron disminuyendo los gritos de nuestros perseguidores a medida que los dejábamos atrás. Llegamos a un vado, Bran cruzó el río y continuamos nuestra huida por la otra orilla. Cruzamos el Modornn dos veces más como medida de prudencia y el alba nos sorprendió muy al norte de la fortaleza. Nos detuvimos a escuchar y no oímos nada.
¬óCreo que se han dado la vuelta ¬ódijo Cynan¬ó. Ahora podemos descansar.
Pero Bran no quiso oír hablar de ello.
¬óA√ļn no ¬óreplic√≥.
Nos condujo hacia un risco cubierto de brezo que se levantaba al este a cierta distancia; desde all√≠ podr√≠amos vigilar la ca√Īada mientras descans√°bamos. Sentados entre el brezo o tendidos en las rocas fuimos recuperando las fuerzas para poder regresar junto a los nuestros.
¬óBien ¬ódijo Llew al cabo de un rato¬ó. ¬ŅEs que voy a tener que sonsac√°rtelo? ¬ŅQu√© sucedi√≥ en la fortaleza?
Cynan se incorporó.
¬óOjal√° me hubierais visto ¬órepuso¬ó. Estuve magn√≠fico. ¬ŅNo es cierto, Rhoedd?
¬óMuy cierto, se√Īor ¬óasinti√≥ Rhoedd¬ó. Estuviste magn√≠fico.
¬óCu√©ntanos tu haza√Īa ¬ólo apremi√≥ Alun Tringad¬ó, para que podamos apreciar tu valor.
—Y después —apostilló Drustwn— podremos cantar tus alabanzas adecuadamente.
¬óAunque no es algo que necesites ¬óa√Īadi√≥ Emyr¬ó. T√ļ solito te bastas y te sobras.
—Escuchadme y preparaos a quedaros boquiabiertos —se jactó Cynan.
—¡Empieza de una vez! —exclamó Llew.
—Rhoedd y yo nos dirigimos hacia el caer —comenzó Cynan—. Caminábamos muy despacio..., como si fuéramos dos guerreros vagabundos.
—Sí, sí —lo interrumpió Alun—, ya sabemos eso. Os vimos. Cuéntanos lo que pasó dentro.
—Rhoedd y yo nos dirigimos al caer —repitió Cynan—. Y allí me tenéis pensando lo que diría a los centinelas para que nos dejaran entrar en la fortaleza. Mientras caminábamos lo iba pensando...
¬ó¬°Ya sabemos eso! ¬óexclam√≥ impaciente Alun¬ó. Abrieron las puertas y os franquearon la entrada. ¬ŅQu√© sucedi√≥ luego?
Cynan fingió no haberlo oído.
¬óMientras camin√°bamos, yo iba pensando. Y le dije a Rhoedd: ¬ę¬ŅSabes una cosa, Rhoedd? Esos hombres est√°n habituados a o√≠r mentiras. Sospecho que de la ma√Īana a la noche son enga√Īados constantemente por Meldron y sus compinches¬Ľ. ¬ęUna observaci√≥n muy aguda, se√Īor¬Ľ, repuso Rhoedd, ¬ęmuy aguda¬Ľ.
Los Cuervos se impacientaron, pero Cynan hizo caso omiso de sus protestas y continuó con toda su cachaza:
¬óY yo le dije: ¬ęAs√≠ que les voy a decir la verdad. Les contar√© lo que realmente le ha sucedido a Meldron, y ellos se quedar√°n tan boquiabiertos que nos invitar√°n a entrar y a sentarnos a su mesa para poder enterarse de toda la historia¬Ľ. Y eso fue lo que hice. Nos acercamos a la puerta de la fortaleza; los guardianes, al vernos, nos gritaron desde la muralla: ¬ę¬°Alto! ¬ŅQui√©nes sois? ¬ŅQu√© os trae hasta aqu√≠?¬Ľ. Yo respond√≠: ¬ęMe llamo Cynan ap Cynfarch y vengo de Ynys Sci. Os traigo noticias de Meldron, vuestro se√Īor¬Ľ.
¬ó¬ŅQu√© contest√≥ el centinela? ¬ópregunt√≥ ansioso Garanaw, haci√©ndose eco de la impaciencia de los Cuervos por conocer todos los detalles de la historia.
¬ó¬ŅQue qu√© contest√≥ el centinela? ¬órepiti√≥ riendo Cynan¬ó. Pues contest√≥: ¬ę¬ŅDe nuestro se√Īor Meldron?¬Ľ. Y yo le dije: ¬ę¬ŅEs que insin√ļas que en este reino hay m√°s de un se√Īor Meldron?¬Ľ. Rhoedd, ¬Ņno es cierto que les dije eso?
¬óS√≠, se√Īor ¬óafirm√≥ Rhoedd¬ó. Palabra por palabra.
¬óBueno, nuestro hombre se qued√≥ pensativo unos instantes y luego llam√≥ a sus compa√Īeros..., supongo que para que lo ayudaran a pensar. Mientras tanto nosotros dos esperamos tranquilamente, sin mover ni un cabello. Luego la puerta se abri√≥ y salieron cuatro hombres. Uno de ellos llevaba un enorme bigotazo...
—Se llama Glessi —observó Bran.
¬óEso es ¬óasinti√≥ Cynan¬ó. El tal Glessi frunci√≥ el entrecejo, se dio una palmada en el pecho y dijo: ¬ę¬ŅQu√© pasa con Meldron? ¬ŅQui√©n demonios eres t√ļ?¬Ľ. Desde luego, no se puede decir que sea un sujeto de buenos modales. Yo le contest√© que ten√≠a noticias de su se√Īor y no tuvo m√°s remedio que darnos la bienvenida. ¬ę¬ŅQu√© quieres?¬Ľ, pregunt√≥. ¬ę¬ŅQue qu√© quiero?¬Ľ, repet√≠ yo. ¬ęBebida fresca, comida caliente y un lugar junto al fuego para descansar.¬Ľ Glessi frunci√≥ de nuevo el entrecejo, cosa que debe de ser en √©l una costumbre, y repuso: ¬ęBueno, si traes noticias de Meldron, supongo que ser√° mejor que entr√©is¬Ľ. ¬ŅQu√© hicimos entonces, Rhoedd?
—Entramos con la cabeza bien alta, como a ti te gusta —contestó Rhoedd muy contento de poder meter baza en el relato.
¬ó¬ŅQu√© ocurri√≥ despu√©s? ¬óinquiri√≥ Llew.
¬óBueno, trajeron cerveza en abundancia y bebimos y charlamos un buen rato. ¬ę¬ŅC√≥mo es Ynys Sci?¬Ľ, me preguntaron. ¬ęHace un tiempo magn√≠fico y la brisa es suave¬Ľ, les respond√≠. Ellos dijeron: ¬ęNos alegra mucho o√≠r eso. ¬ŅY qu√© tal est√° Meldron?¬Ľ. Entonces yo les contest√©: ¬ęAmigos, ten√©is suerte por estar aqu√≠ y no donde est√° vuestro se√Īor esta noche¬Ľ. ¬ę¬ŅQu√© ha pasado?¬Ľ, me preguntaron. ¬ęVoy a contaros toda la verdad; a Meldron no le van demasiado bien las cosas en Ynys Sci. Ha sido atacado. Le han destruido seis barcos y le han robado dos. Tardar√° bastante tiempo en reparar un barco para poder marcharse de la isla.¬Ľ
¬ó¬ŅQu√© dijeron ellos al o√≠r esas noticias? ¬óquiso saber Niall.
¬ó¬ŅQue qu√© dijeron? Pues exclamaron: ¬ę¬°Qu√© terrible y desgraciada noticia!¬Ľ. ¬ŅY qu√© les dije yo? Pues les dije: ¬ę¬°Ay!, una noticia en verdad terrible. Nosotros escapamos con vida y vinimos hasta aqu√≠ lo m√°s deprisa que pudimos¬Ľ.
Cynan se echó a reír, y los Cuervos lo corearon.
¬óEntonces ellos nos dieron las gracias por haberles llevado tales nuevas, ¬Ņno es cierto, Rhoedd?
¬óS√≠, se√Īor, muy cierto.
¬óBueno, luego cenamos y bebimos un poco m√°s. Yo procur√© que las copas circularan sin cesar y mientras tanto no cesaba de observar qu√© hac√≠an y ad√≥nde iban. Luego les dije que ten√≠a que orinar y sal√≠ fuera con Rhoedd. Dimos una peque√Īa vuelta, pero hab√≠a anochecido y apenas se ve√≠a; de todos modos, vi un almac√©n cerca del palacete con la puerta cerrada por una cadena. Cuando regresamos, me llev√© aparte a Glessi y le dije: ¬ęMeldron debe de tener muchos tesoros para llenar un almac√©n tan grande¬Ľ.
¬ó¬ŅDe veras le dijiste eso?
¬óDe veras ¬óafirm√≥ Cynan¬ó. El tal Glessi estaba borracho y sin duda le encanta fanfarronear. ¬ę¬°Tesoros!¬Ľ, exclam√≥. ¬ęLo que guarda es nada m√°s y nada menos que las Piedras Cantarinas de Albi√≥n. Son unas piedras de extra√Īos poderes, muy valiosas. Su principal virtud es otorgar la victoria en la batalla.¬Ľ Me cont√≥ eso y muchas cosas m√°s. Bien, s√≥lo tuve que esperar a que se durmieran; despu√©s Rhoedd y yo salimos sigilosamente del palacete, entramos en el almac√©n y encontramos la caja; era de madera y estaba cerrada con cadenas y flejes.
¬ó¬ŅQu√© hicisteis entonces? ¬ópregunt√≥ Drustwn.
—Cuéntaselo, Rhoedd.
¬óCynan me orden√≥ que fuera a abrir la puerta. Me dijo: ¬ęRhoedd, me temo que voy a tener que armar un buen alboroto. Debemos estar listos para huir a toda prisa¬Ľ. As√≠ que yo abr√≠ la puerta y vine a avisaros.
—Yo lo observé desde el almacén —continuó Cynan—. Y, cuando vi que había abierto la puerta de la fortaleza, cogí la caja. Pesaba bastante, pero pensé que no tanto como debería haber pesado. La saqué fuera y la arrojé violentamente contra el abrevadero que había en el patio. ¡Vaya estrépito!
¬ó¬ŅY despu√©s? ¬ópregunt√≥ Llew¬ó. ¬ŅQu√© viste?
¬óVi que la caja no se hab√≠a roto. Ten√≠a que arrojarla otra vez. As√≠ que la cog√≠ en alto y la dej√© caer con todas mis fuerzas. ¬°Crash! ¬°La caja se hizo pedazos! Y ah√≠ me ten√©is de rodillas husmeando entre las astillas. ¬ŅY qu√© fue lo que encontr√©?
¬ó¬ŅQu√© fue lo que encontraste? ¬órepiti√≥ con impaciencia Alun¬ó. Acaba de una vez, hombre.
Pero a Cynan no le agradaba que le metieran prisa.
¬óBuscaba las Piedras Cantarinas. Buscaba y rebuscaba pero no las ve√≠a. ¬ŅQu√© era lo que ve√≠a?
—¡Cynan! —gritó Llew—. ¡Suéltalo de una vez!
—Ni más ni menos que arena —dijo Cynan—. Arcilla y arena del río. Las piedras no estaban en la caja. ¡Mirad! ¡Comprobadlo vosotros mismos!
Oí el suave susurro de la arena al caer sobre la piedra.
¬ó¬ŅEsto es todo lo que hab√≠a en la caja? ¬óinquiri√≥ Llew.
—Nada más —aseguró Cynan.
Llew me cogió la mano, me hizo poner la palma hacia arriba y me la fue llenando de una seca y arenosa sustancia. Me la acerqué a la cara y la olisqueé. Olía a madera y a tierra. Me sacudí la mano y me llevé un dedo a la lengua: sabía a barro.
¬ó√Čsta es toda la historia ¬óconcluy√≥ Cynan¬ó. Me habr√≠a gustado que hubiera tenido un final m√°s feliz, pero no ha podido ser.
—Quizás están escondidas en otro lugar —sugirió Bran.
¬óNo ¬óintervine yo¬ó. No encontraremos las piedras en Caer Modornn. Volvamos junto a los barcos y regresemos a casa.
—No podemos regresar por donde vinimos —objetó Llew—. Tendremos que dar un rodeo en torno al caer hacia el oeste.
—Mejor —comenté yo—. Así podremos observar cómo le va a Prydain bajo el dominio de Meldron.
Nos dirigimos hacia el oeste alej√°ndonos del r√≠o y, cuando estuvimos a cierta distancia del caer, doblamos hacia el sur y llegamos hasta un peque√Īo poblado, un pu√Īado de miserables caba√Īas de barro y paja junto a un arroyo poco profundo. Unas setenta personas se api√Īaban en las hediondas casuchas; eran mertanos, cuyo rey y nobles hab√≠an sido asesinados. Setenta infelices cubiertos de harapos y mal alimentados. Meldron los hab√≠a convertido en esclavos a cambio de un m√≠sero sustento.
Cuando entramos en el poblado un perro fam√©lico alert√≥ con sus ladridos a los habitantes, que salieron de sus casuchas y se acercaron a nosotros. Los ladridos despertaron mi visi√≥n interior, y vi con toda claridad el lugar al que hab√≠amos llegado. Ni√Īos medio desnudos, descalzos, con enormes ojazos, se escond√≠an tras sus derrotados progenitores. Todos ten√≠an la sombr√≠a y vac√≠a mirada de la gente que vive con una carga imposible de soportar durante mucho tiempo.
Cynan se dirigió al jefe del poblado, un hombre llamado Ognw, que le contó que los obligaban a cultivar los campos pero les negaban el producto de su trabajo.
¬óMeldron se queda con todo ¬óse quej√≥ el hombre mientras los dem√°s murmuraban l√ļgubremente detr√°s de √©l¬ó. Nos deja s√≥lo las sobras. Nada m√°s.
—Pero podéis cazar en los bosques —observó Bran—. No hay por qué morirse de hambre.
¬ó¬°Pobres de nosotros! Nos est√° permitido cazar ¬órepuso Ognw con amargura¬ó, pero no tenemos lanzas ni cuchillos.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥ Cynan.
¬óLas armas nos est√°n vedadas ¬ómurmur√≥ el jefe¬ó. ¬ŅHab√©is tratado alguna vez de derribar a un ciervo s√≥lo con vuestras manos? ¬ŅO a un jabal√≠?
—No tenemos carne —intervino uno de aquellos desgraciados— Sólo grano mohoso y cuajada ácida.
Un hombre que sólo tenía un ojo contó cómo el rey enviaba a buscar la cosecha en cuanto estaba recogida.
—Dicen que nos darán todo el grano que necesitamos gratis. Y lo pedimos, claro que lo pedimos. Pero nos escupen por toda respuesta —concluyó el hombre escupiendo en el suelo.
¬óDos de los nuestros fueron a pedir carne al rey ¬óa√Īadi√≥ Ognw¬ó. Tres d√≠as despu√©s nos trajeron sus cuerpos para que los enterr√°ramos. Nos dijeron que hab√≠an sido atacados por un animal salvaje.
—No existía tal animal salvaje —dijo el tuerto—. Fue Meldron.
—Meldron arrebata todo —comentó una mujer—. Arrebata todo y no da nada a cambio.
Abandonamos el poblado y seguimos recorriendo el devastado territorio. A medida que nos acerc√°bamos a Caer Modornn, √≠bamos encontrando m√°s poblados. En todos ellos observ√°bamos la misma miseria y o√≠amos relatos parecidos: las exigencias del rey, los deseos del rey, los enga√Īos del rey eran la causa de todos los sufrimientos. Meldron hab√≠a convertido el anchuroso y f√©rtil valle del Modornn en el Valle de la Aflicci√≥n. El pueblo gem√≠a bajo el peso de su aflicci√≥n.
A medida que escuchábamos las desesperadas quejas de aquellas gentes, se me iba haciendo más evidente cómo Meldron se había ido saliendo con la suya frente a los reyes de Llogres. Había atacado a los que eran más débiles que él y se había ganado la amistad de los más poderosos con profusos regalos, generosas alianzas y acuerdos comerciales. Y todo en perjuicio del pueblo.
Ni siquiera los llwyddios, la tribu del propio Meldron ¬óy tambi√©n la m√≠a¬ó, se hab√≠an librado del tormento de su cruel se√Īor. Los llwyddios no lo pasaban mucho mejor que el ganado que apacentaban en las boscosas colinas. Con mi visi√≥n interior vi a los hombres de mi propia sangre y fui incapaz de reconocerlos.
¬óDinos qu√© crimen hemos cometido ¬óme rog√≥ uno de ellos, un pariente que hab√≠a servido con lealtad a Meldryn Mawr y que hab√≠a soportado el horror de la persecuci√≥n de Nudd y las privaciones de la huida a Findargad¬ó. Dinos qu√© hemos hecho para merecer esto. Nuestro ganado recibe mejor trato que nosotros, y si alguien se atreve a tocar a alg√ļn animal debe responder ante el mism√≠simo Meldron.
Una mujer de hundidas mejillas con un bebé desnudo colgando de su pecho nos tendió una mano.
¬óPor favor, bondadoso se√Īor, ayudadnos. Nos estamos muriendo de hambre.
Cynan miró a Llew.
¬óBueno, hermano, ¬Ņvas a dar la orden t√ļ o la doy yo?
—Yo lo haré —repuso Llew—, y con sumo gusto.
Llew se dirigió a los Cuervos.
—Drustwn, Emyr, Alun —dijo—, traed aquí al ganado. Lo sacrificaremos para obtener carne. Garanaw y Niall, traed madera y encended fuego.
Luego se volvió al pueblo.
—Hoy comeréis hasta saciaros.
Pero la gente estaba aterrorizada.
¬ó¬°No! ¬ógritaron¬ó. Si Meldron se entera, nos matar√°.
—No se enterará —los tranquilizó Cynan—. Se ha marchado y tardará bastante en regresar. Y cuando lo haga podéis decirle que Llew y Cynan sacrificaron su ganado para escarnecerlo.
Acarrearon el ganado desde las colinas y encendieron el fuego. Luego sacrificaron un buen n√ļmero de vacas y el resto del reba√Īo fue llevado a los poblados vecinos. En cada lugarejo se sacrificaban unas cuantas cabezas para alimentar al pueblo. Aunque todos estaban deseosos de comer carne, tem√≠an la ira de Meldron y el miedo ensombrec√≠a el fest√≠n.
—No deberíamos permanecer aquí más tiempo —aconsejó Bran—. Ya hemos hecho por esta gente todo lo que está en nuestra mano.
¬óSin embargo, me gustar√≠a hacer algo m√°s ¬óreplic√≥ Llew¬ó. ¬ŅCrees que podr√≠amos llev√°rnoslos con nosotros? ¬óme pregunt√≥.
¬óSi quieren venir... Pero no creo que deseen abandonar sus casuchas.
¬ó¬ŅQue no desean abandonarlas? ¬óme contradijo Cynan¬ó. Si t√ļ fueras un esclavo de Meldron, ¬Ņdudar√≠as un solo momento cuando alguien te ofreciera la libertad?
—Ofrécesela y verás —contesté.
Y eso hicieron al punto Llew y Cynan: ofrecieron la libertad a todos los que quisieran aceptarla. Pero nadie quiso; todos prefirieron quedarse en sus casuchas, pese a su hediondez y miseria. Y aunque discutimos con ellos largamente no pudimos convencerlos de que no nos volveríamos contra ellos como había hecho Meldron. No fuimos capaces de hacerles ver que les estábamos ofreciendo la vida y no la muerte en vida a la que estaban condenados.
Su negativa a librarse de la esclavitud nos entristeci√≥ m√°s que todo lo que hasta entonces hab√≠amos visto. Mi alma se estremeci√≥ de dolor como atravesada por la espada de un enemigo. Me entraron ganas de llorar ante la est√ļpida ceguera de aquellos desgraciados. Pero Meldron los hab√≠a intimidado y confundido tanto que ya no pod√≠an sentir o pensar como seres humanos. No comprend√≠an que les est√°bamos ofreciendo el regreso a la libertad y a la dignidad. ¬ŅC√≥mo habr√≠an podido comprenderlo? Para ellos esas palabras hab√≠an dejado de tener significado.
Reiteramos la oferta de libertad en el siguiente poblado. Y otra vez fue rehusada. Sin perder tiempo en in√ļtiles explicaciones, el jefe nos llev√≥ hasta un peque√Īo cairn que se alzaba en la cima de una colina junto al poblado. Lo seguimos intrigados; cuando nos acercamos al lugar, una bandada de grajos ech√≥ a volar entre graznidos y nos dimos cuenta de que el cairn consist√≠a no en un mont√≥n de piedras sino en un mont√≥n de calaveras. Algunas de ellas conservaban a√ļn jirones de piel y mechones de enmara√Īados cabellos. Pero los p√°jaros hab√≠an hecho un buen trabajo y los huesos brillaban a la luz del sol.
Mi visión interior me había abandonado otra vez, pero no tenía necesidad de ver para sentir la atrocidad de aquel vandálico acto. Llew me lo describió con todo detalle y luego le preguntó al jefe:
¬ó¬ŅQu√© sucedi√≥?
¬óMeldron juzg√≥ que la cosecha era peque√Īa. Nos acus√≥ de haberle escamoteado parte de ella ¬óexplic√≥ el hombre¬ó. Como no encontr√≥ el grano que pretend√≠a que hab√≠amos escondido, procedi√≥ a matar a la gente. Y nos dej√≥ aqu√≠ este mont√≥n de huesos como escarmiento.
¬óBuen hombre ¬ódijo Cynan¬ó, ¬Ņno quieres acompa√Īarnos?
¬ó¬ŅY dar a Meldron otra excusa para seguir matando? ¬ófue la respuesta del hombre¬ó. Si nos cogiera, esta vez no quedar√≠a nadie con vida.
—Con nosotros estarás a salvo —le aseguró Bran.
El hombre esboz√≥ una l√ļgubre sonrisa.
¬óNing√ļn hombre estar√° a salvo mientras viva Meldron.
—Me estoy poniendo enfermo —observó Cynan—. Vayámonos de aquí.
Llew asintió con pesar.
—No podemos hacer nada más por ellos, y permanecer más tiempo aquí nos pondría a nosotros en serio peligro.
Abandonamos el poblado llwyddio y acampamos en el bosque a poca distancia de Caer Modornn. Tan pronto como se hizo de día, esquivamos la fortaleza y nos dirigimos al estuario donde aguardaban nuestros barcos. Nos reunimos con el grueso de nuestros guerreros y subimos a los barcos. Aunque el sol brilló durante todos los días de la travesía, no fue capaz de confortar e iluminar nuestros espíritus; Prydain se había convertido en una tierra tan desierta y sombría como un cenagal. La constatación de la perversidad de Meldron pesaba tanto sobre nuestras almas que incluso a plena luz del día el viaje se nos antojaba lóbrego y tétrico.
En cuanto subimos a bordo izamos las velas y abandonamos Prydain con la marea. Por desgracia, habíamos conseguido muy poco de lo que habíamos planeado lograr. Gwenllian, Govan, Boru y los jóvenes guerreros de la escuela de Scatha habían muerto, y no habíamos recuperado las piedras portadoras de la Canción. Al menos, habíamos salvado a Scatha y a Goewyn. Y en verdad habíamos asestado a Meldron un golpe que tardaría en olvidar.
Esto deber√≠a haber sido un motivo suficiente de regocijo. Pero a nuestro regreso a Caledon no nos acompa√Īaba la alegr√≠a sino la tristeza. Nuestros corazones se sent√≠an abrumados por el peso de la mortal aflicci√≥n que hab√≠amos presenciado en el reino de Meldron. Todos nosotros lament√°bamos profundamente la desgracia de aquella atormentada tierra y todos nosotros, cada uno a su manera, juramos vengarla.