23 - La huida

—¡Paladyr! —gritó Llew—. ¡Tegid! ¡Es Paladyr!
—Ya lo le visto —repliqué, y con los ojos de la mente vi que Meldron se volvía hacia su paladín. Paladyr volvió grupas y desapareció del acantilado.
¬ó¬ŅAd√≥nde habr√° ido? ¬óse pregunt√≥ Llew¬ó. ¬ŅLo ves, Tegid?
—No lo veo —repuse, con el corazón encogido de negros presentimientos.
Cynan se acercó a nosotros, chorreando agua y sangrando de un tajo en el antebrazo.
¬ó¬ŅD√≥nde est√°n los dem√°s? ¬óinquiri√≥.
¬óBoru ha muerto ¬óle dijo Llew¬ó. Y tambi√©n todos los aprendices de guerrero. ¬óBajando la voz a√Īadi√≥¬ó: Govan tambi√©n ha muerto. Pero no creo que Scatha lo sepa todav√≠a.
¬ó¬ŅY Gwenllian?
—No lo sé —respondió Llew—. Scatha dijo que las habían hecho prisioneras cuando ella se negó a unirse a la banda de Meldron. Ella y Goewyn pudieron escapar.
—A lo mejor Gwenllian también pudo escapar —observó con esperanza Cynan.
Al oírlo, me invadió tan espantoso pavor que me tambaleé como si me hubieran golpeado; tuve que agarrarme a la borda y sostenerme la cabeza entre las manos.
Llew se dio cuenta y me agarró del brazo para impedir que me cayera.
¬ó¬ŅQu√© te pasa?
Como no le respondía, me sacudió por el hombro.
¬óTegid, ¬Ņqu√© sucede? ¬ŅAlgo va mal? ¬ŅQu√© ha pasado?
Abrí la boca para hablar, pero sólo pude emitir un gemido, que se convirtió en un alarido. No podía callarme, no podía dominarme.
—¡Mirad! —exclamó Bran.
Llew y Bran dirigieron los ojos hacia el acantilado. Paladyr había regresado y se había detenido al borde del precipicio; llevaba algo al hombro.
¬ó¬ŅQu√© es eso? ¬ŅQu√© lleva? ¬ópregunt√≥ Cynan.
—No... —murmuró Llew con la voz quebrada por el dolor.
Paladyr arrojó al suelo su fardo y lo enderezó de una violenta sacudida. Aunque ya sabía lo que era, el corazón me dio un vuelco.
—Mo anam! —juró Cynan.
Llew soltó un reniego entre dientes; Bran maldijo a Meldron y a su chusma de seguidores; Scatha, paralizada de horror, miraba a su hija Gwenllian, que estaba de pie, al borde del precipicio, junto al paladín de Meldron.
En lo alto del acantilado, Paladyr agarr√≥ el manto de la banf√°ith por la capucha y se lo arranc√≥ con violencia. La muchacha ten√≠a las manos atadas y luchaba d√©bilmente por liberarse. Paladyr le dio un pu√Īetazo en la cara. La cabeza se le venci√≥ hacia atr√°s, las rodillas se le doblaron y cay√≥ contra Paladyr.
—¡Gwenllian! —gritó Scatha.
Los demás podían desviar la mirada, si querían, pero yo no podía librarme de la visión de los ojos de mi mente, que registraban sin compasión toda la escena. ¡Ojalá la oscuridad de la ceguera total me hubiera invadido de nuevo!
Paladyr cogió en brazos a Gwenllian y la levantó por encima de su cabeza. La muchacha se debatía y pateaba, pero él la sostuvo firmemente en alto y, avanzando hacia el borde del precipicio, la arrojó al abismo.
Gwenllian solt√≥ un desesperado grito, y su cuerpo se estrell√≥ contra las rocas. Con el violento choque se le rompi√≥ la espina dorsal y se le quebraron brazos y piernas. El cuerpo, que resaltaba blanco entre los negros y resbaladizos pe√Īascos, cay√≥ rodando hasta el mar dejando detr√°s una estela carmes√≠.
—¡Gwenllian! —aulló Scatha, y su grito se convirtió en un sollozo.
Me apreté la cabeza entre las manos para librarme de tan espantosa visión, pero los ojos de mi mente miraron el acantilado y vi a Paladyr contemplando las aguas con una sonrisa. Meldron dijo algo a su paladín, y éste se volvió a contestarle. Luego Paladyr se inclinó, recogió el manto y lo blandió en alto para que lo viéramos. Después lo soltó y fue cayendo lentamente hacia el mar. Meldron volvió grupas y desapareció. Pero Siawn Hy se quedó unos minutos contemplando los barcos. Cuando se aseguró de que lo estábamos mirando, sonrió y blandió la lanza como si nos saludara.
Después también desapareció y ante los ojos de mi mente sólo quedó la imagen del cuerpo de una hermosa mujer flotando sin vida entre las aguas, con las carnes desgarradas, los rojos cabellos ondeando entre las algas a merced de la corriente, los verdes ojos apagados, los labios partidos y la boca abierta y llena de agua...
Luego la imagen se fue desvaneciendo en una oscuridad neblinosa y la ceguera me invadió de nuevo.
Mientras los enemigos vociferaban de rabia sobre el acantilado, viramos los barcos robados y enfilamos la costa oeste de Ynys Sci. Al crep√ļsculo avistamos nuestros barcos. Al principio emprendieron veloz huida, pero los barcos de Meldron eran m√°s r√°pidos y pronto los alcanzamos y nos dimos a conocer. Acercando casco contra casco sobre la ondulante corriente, transbordamos unos cuantos guerreros y emprendimos el viaje de regreso.
Llew instal√≥ a Scatha y a su hija en un lugar resguardado junto al m√°stil y me rog√≥ que les comunicara a ambas que hab√≠amos hallado el cad√°ver de Govan. Les relat√© los tristes hechos y a√Īad√≠ que hab√≠amos podido enterrarla. Goewyn se cubri√≥ la cabeza con el manto y llor√≥ amargamente. Scatha soport√≥ su dolor sin derramar una l√°grima, con una dignidad encomiable.
—Gracias, Tegid Tathal —dijo, y se dispuso a consolar a su hija—. Déjanos solas, por favor.
El viento siguió soplando firme y regularmente en el estrecho, y al alba llegamos a una protegida ensenada de la costa norte de Caledon. Desembarcamos para descansar y trazar la segunda parte de nuestro plan. Cuando los hombres estuvieron instalados cómodamente, Bran, Cynan, Llew y yo nos reunimos en un cercano otero que se levantaba sobre la arenosa playa. Las olas, al romper en la playa, producían un melancólico susurro.
—La deuda de sangre es enorme, y Meldron tendrá que saldarla —declaró Cynan en tono firme—. Pasará cierto tiempo antes de que pueda abandonar esa isla. Propongo que ataquemos ahora mismo y destruyamos a todos los que lo apoyan.
—Estoy de acuerdo —coincidió Bran—. Debemos atacar mientras el grueso de sus tropas está en Ynys Sci. Quizá no volvamos a tener una oportunidad como ésta.
Cynan y Bran explicaron la conveniencia de su plan, y Llew los escuchó con atención. Luego sentí que me tocaba en el hombro.
¬ó¬ŅQu√© opinas, Tegid?
¬ó¬ŅQu√© puedo decir que no haya sido dicho ya? Hemos asestado un buen golpe a Meldron. Hay que combatirlo por todos los medios.
Llew notó en mi respuesta una nota de desaprobación.
¬ó¬ŅCu√°l es el problema, Tegid? ¬ŅQu√© es lo que va mal?
¬ó¬ŅAcaso he dicho que algo va mal?
¬óNo, pero podr√≠a jurar que lo piensas ¬órepuso d√°ndome unos golpecitos en el brazo con su mu√Ī√≥n¬ó. ¬ŅDe qu√© se trata? No es momento de adivinanzas.
—Las Piedras Cantarinas... —empecé a decir.
¬ó¬°Ah, vaya! ¬óme interrumpi√≥ irritado¬ó. ¬ŅQu√© pasa con ellas?
¬óAtacar la fortaleza de Meldron... est√° muy bien pensado ¬órepliqu√©¬ó. Pero ser√≠a un esfuerzo in√ļtil si no podemos recuperar las piedras.
—Dijiste que las lleva siempre con él —observó Llew.
—Dije que probablemente así es. Pero, como no pudimos registrar Ynys Sci, creo que sería conveniente que registráramos su fortaleza.
Bran terció en la conversación:
—Esas Piedras Cantarinas de las que estáis hablando deben de ser muy valiosas. Sin embargo, jamás había oído hablar de ellas.
—Cuéntaselo, bardo. Yo ya conozco la historia, pero tendré sumo gusto en volver a oírla —dijo Cynan.
Asentí y guardé silencio unos instantes para encontrar las palabras adecuadas.
—Antes de que el sol, la luna y las estrellas hubieran empezado a recorrer sus interminables órbitas, antes de que las criaturas respiraran, mucho antes del principio de todo lo que existe y existirá, fue cantada la Canción de Albión. La Canción sostiene este mundo y en ella se sustenta todo lo que existe. La Canción es el inestimable tesoro de este mundo y no puede ser expoliado por criaturas de almas mezquinas o por servidores indignos.
En cuanto hube empezado el relato, las palabras fueron brotando y fluyendo por sí mismas con el lirismo de los bardos.
¬óMeldryn Mawr, el Soberano Se√Īor, al igual que los poderosos reyes de Prydain que lo hab√≠an precedido, defendi√≥ la Canci√≥n durante los largos a√Īos de supremac√≠a de nuestro clan. En lo m√°s profundo de la monta√Īa sobre la que se alzaba la fortaleza de Findargad, el Phantarch de Albi√≥n, el Supremo, dorm√≠a su sue√Īo encantado, seguro y protegido por el baluarte de un verdadero rey. Pero el Gusano de ardiente aliento mordi√≥ profundamente, y de su mordisco brot√≥ la corrupci√≥n. Las ra√≠ces de la dignidad real de Prydain se pudrieron. La leg√≠tima soberan√≠a declin√≥; el defensor baj√≥ la guardia y los enemigos de la Canci√≥n aprovecharon la ocasi√≥n. El Phantarch fue asesinado para silenciar la Canci√≥n, pero su fuerza era la fuerza de la Canci√≥n de Albi√≥n y su sagrada misi√≥n prevaleci√≥. En efecto, aunque el Phantarch, el Bardo de Bardos, descendi√≥ a los abismos de la muerte, la Canci√≥n fue salvada.
Bran confesó que no acertaba a explicarse cómo podía haber ocurrido.
¬óYo tampoco pod√≠a entenderlo cuando me lo contaron ¬óterci√≥ Cynan¬ó. Pero escucha y ver√°s. Contin√ļa ¬óa√Īadi√≥ dirigi√©ndose a m√≠.
¬óT√ļ ya conoces la historia ¬órepuse¬ó. Cu√©ntala t√ļ.
¬óCon sumo gusto ¬óreplic√≥ Cynan con entusiasmo¬ó. Esto fue lo que sucedi√≥: el Phantarch, con poderosos hechizos, at√≥ la Canci√≥n a las piedras con las que lo hab√≠an lapidado. Mientras la vida lo abandonaba, el sabio bardo insufl√≥ la inestimable Canci√≥n a las piedras que le serv√≠an de sepultura, para que la Canci√≥n no se perdiera. ¬ŅLo he explicado bien? ¬óme pregunt√≥ cuando hubo acabado.
—Con todo detalle —afirmé.
¬óPerdonadme ¬ódijo Bran¬ó, pero hay algo que todav√≠a no entiendo. Si Meldron quer√≠a silenciar la Canci√≥n, ¬Ņpor qu√© carga con las Piedras Cantarinas? ¬ŅPor qu√© no las destruye ahora que las tiene en su poder?
—Eres muy perspicaz, Bran —observé—. Has dado precisamente en el meollo de la cuestión.
—Explícamelo si puedes —pidió el Jefe de Batalla.
Me disponía a hacerlo, pero Llew se me adelantó.
¬óLa clave est√° en Siawn Hy ¬ódijo¬ó No pertenece a este mundo. Es un extra√Īo aqu√≠, lo mismo que yo. Pero, a diferencia de m√≠, Simon, que as√≠ se llama en mi mundo, no cre√≠a en el poder de la Canci√≥n de Albi√≥n. Pens√≥ que, silenciando al Phantarch, podr√≠a hacerse due√Īo de todo... o, al menos, logr√≥ convencer a Meldron de que lo intentara.
—Así fue como durante un tiempo la Canción de Albión permaneció en silencio —proseguí yo—. Y entonces se desató el Cythrawl, la Criatura del Abismo, porque la Canción, una vez silenciada, ya no pudo impedir que se escapara. El Bardo Supremo Ollathir detuvo y rechazó al instrumento de los infiernos, pero no pudo impedir que antes de que desapareciera invocara a Nudd, el príncipe de Uffern, y a su Horda de Demonios, para que sembrara la destrucción en el pueblo de Prydain por haberse atrevido a proteger la Canción. Resistimos innumerables y amargas penalidades, y por fin el ancestral enemigo fue vencido ante las puertas de Findargad.
Cynan no pudo guardar silencio por m√°s tiempo.
¬óLlew llev√≥ a cabo la Heroica Haza√Īa sobre la muralla ¬óexclam√≥, y cont√≥ c√≥mo Llew hab√≠a encontrado las Piedras Cantarinas y c√≥mo, inspirado por el awen del Bardo Supremo, las hab√≠a utilizado para salvar Albi√≥n¬ó. Nudd y los perversos coranyid fueron arrojados de nuevo al Annwn.
—Después de la batalla, recogimos los fragmentos de las piedras que portaban la Canción —explicó Llew—. Y Meldron se las quedó.
¬óNo sab√≠amos por entonces lo que estaba planeando; de otro modo no se lo habr√≠amos permitido ¬óa√Īad√≠ yo¬ó. Pero Meldron ha visto con sus propios ojos el poder de las piedras y planea ahora aprovecharse de ese poder para proclamarse Supremo Rey de Albi√≥n.
—No lo logrará mientras me quede un hálito de vida —juró Bran—. Nunca lo verán mis ojos convertido en Soberano Rey.
¬óLo mismo digo ¬óa√Īadi√≥ Cynan¬ó. No habr√° para nosotros descanso hasta que hayamos liberado las Piedras Cantarinas de las garras del Salvaje Sabueso.
Seguimos hablando de este y otros asuntos, y después Bran y Cynan regresaron junto a sus hombres. Cuando se hubieron marchado, le dije a Llew:
¬óNo has expresado tu opini√≥n acerca del ataque a la fortaleza del Salvaje Sabueso; Cynan y Bran se mostraron de acuerdo, pero t√ļ no has dicho nada. ¬ŅEs que no lo apruebas?
—No es eso —repuso él—. Considero que es el momento adecuado, puesto que Meldron se ha quedado aislado en Ynys Sci y le costará tiempo y trabajo reparar sus barcos.
¬óPodemos recuperar las piedras y regresar a Dinas Dwr antes de que pueda poner a flote un casco ¬ódije¬ó. ¬ŅPor qu√©, pues, te muestras reacio al ataque?
—No es que me muestre reacio, Tegid —contestó con tono crispado—. Simplemente creo que todos estos planes sobre las piedras son una temeridad.
¬ó¬ŅPor qu√©?
¬óYa tenemos m√°s que suficientes preocupaciones como para a√Īadir la de las piedras. Adem√°s, es probable que Meldron las lleve consigo dondequiera que vaya; t√ļ mismo lo dijiste. Es una p√©rdida de tiempo y no servir√° de nada.
¬óEntonces ¬Ņpor qu√© tienes miedo de ir a buscarlas?
¬ó¬ŅAcaso he dicho que tenga miedo? ¬óme espet√≥¬ó. Adelante... Busca todo lo que quieras si eso te hace feliz.
—Llew —dije tratando de calmarlo—, debemos hacerlo. Todo esto no acabará hasta que hayamos recuperado las Piedras de la Canción y...
¬ó¬°Tegid, todo esto no acabar√° hasta que Simon regrese al lugar de donde vino!
Se alejó bruscamente y me esquivó el resto del día. Por la noche, a la luz de las fogatas del campamento, canté Pwyll, príncipe de Prydan, una leyenda muy hermosa. Scatha y su hija durmieron en uno de los barcos, y nosotros lo hicimos bajo las estrellas. Nos levantamos al alba y, mientras el sol comenzaba su viaje a través del cielo azul, pusimos rumbo sur, hacia Prydain.
Maffar, la m√°s bella de las estaciones, nos bendijo con un mar en calma y vientos suaves. Nuestros barcos volaban como gaviotas surcando el verde espejo del mar. Por la noche acamp√°bamos en las cuevas de la costa y al d√≠a siguiente reemprend√≠amos viaje. A lo largo de la costa avistamos poblados desiertos y campos de labor convertidos en eriales; de vez en cuando vislumbr√°bamos la escurridiza silueta de un lobo en las monta√Īas. Vimos halcones, zorros, patos salvajes y otros animales, pero ni rastro de seres humanos.
Prydain era un desierto. Meldron, en lugar de hacer todo lo que estaba en su mano para devolver la prosperidad a la tierra de nuestro pueblo, hab√≠a agravado a√ļn m√°s la desolaci√≥n sembrada por Nudd y los coranyid. En efecto, hab√≠a llevado la destrucci√≥n a parajes por donde no hab√≠a pasado el temible Nudd; ahora Llogres y Caledon sangraban bajo su cruel rapacidad.
No lograba entenderlo. Ya otras veces hab√≠a meditado largamente en aquel misterio. ¬ŅPor qu√© el perverso Nudd hab√≠a atacado s√≥lo a Prydain? ¬ŅPor qu√© Llogres y Caledon hab√≠an escapado a su odio? ¬ŅEs que de alg√ļn modo era Prydain m√°s vulnerable que los otros dos reinos?
Quizá la explicación de tal hecho tenía que ver con el Phantarch y con la Canción. O quizás existía otra razón que todavía ignoraba.
Fuera como fuera, la desolación de mi tierra me desgarraba el alma; sufría en mi espíritu el abandono de todos aquellos hogares, de todos aquellos poblados desiertos. Me sentía abrumado por el dolor de todos los muertos del reino de Prydain; muertos que nadie había llorado ni enterrado, muertos sólo conocidos por el mismísimo Dagda. A medida que nuestro viaje se acercaba a su fin, yo me iba sumiendo en la más dolorosa desesperación jamás experimentada. No podía encararme con toda aquella devastación, crueldad, rapacidad, angustia y sufrimiento sin experimentar una aflicción infinita.
Scatha buscaba en m√≠ consuelo para su pena. Pero yo no pod√≠a procur√°rselo. ¬ŅC√≥mo habr√≠a podido aliviar su dolor cuando todo Prydain reclamaba de m√≠ una palabra de consuelo y yo no sab√≠a qu√© decir? Ante tanto sufrimiento permanec√≠a mudo. No pod√≠a decir nada que reparara tanta ruina y mitigara tanta pena.
¬ęLam√©ntate y entrist√©cete, porque el dolor asuela Albi√≥n en tres frentes¬Ľ, hab√≠a dicho la banf√°ith. ¬°Ay, Gwenllian, por tu boca hab√≠a hablado la verdad!