21 - El asalto a sci

Los vi con los ojos de la mente: noventa guerreros en la playa contemplando c√≥mo los barcos entraban en la bah√≠a. Amenazadores nubarrones se acercaban desde el este; el viento azotaba nuestros mantos. Pero las aguas de la resguardada bah√≠a permanec√≠an tranquilas como plomo fundido. Alc√© al cielo mis ojos sin luz y vislumbr√© un retazo de azul que a√ļn resplandec√≠a all√° arriba. Ol√≠ en el aire la lluvia y o√≠ las olas que se estrellaban contra la rocosa costa fuera de la bah√≠a.
Se acercaban cuatro barcos con velas cuadradas y sólidos mástiles. Las velas, de color rojo sangre, se henchían al viento mientras los ligeros bajeles volaban delante de la tempestad. Nuestros caballos, presintiendo la proximidad de la tormenta, se movían inquietos cabeceando y pateando la arena con los cascos. Dos hombres y cuatro muchachos los llevarían de regreso a Dinas Dwr, donde se había quedado el rey Calbha. No podríamos utilizar caballos en el lugar adonde nos dirigíamos, y, si nuestra misión fracasaba, a Calbha le iban a hacer sin duda mucha falta.
Era el anochecer del tercer día desde que nos habíamos marchado de Dinas Dwr. Y los barcos se habían hecho a la mar desde el sur de Caledon para salir a nuestro encuentro.
¬óTardar√©is en llegar a este punto de la costa tres jornadas a caballo por la sierra ¬ónos hab√≠a explicado Cynan mientras se√Īalaba con un palo un lugar en el mapa que hab√≠a dibujado en el suelo¬ó. Aqu√≠ os recoger√°n los barcos ¬ódijo se√Īalando otra vez¬ó. S√≥lo tenemos cuatro barcos ¬óa√Īadi√≥ como si nos hiciera una advertencia.
¬óCuatro ser√°n suficientes ¬ódijo con rotunda seguridad Llew.
¬óNo podemos llevar caballos.
—No nos servirían de nada —replicó Llew.
—Somos muy pocos frente a la hueste de Meldron —observó Bran—. Cuenta con quinientos hombres por lo menos...
¬óSi nuestros informadores son dignos de cr√©dito... ¬óterci√≥ con escepticismo Calbha¬ó. No se pusieron de acuerdo sobre el n√ļmero de barcos que hab√≠an visto.
¬óMeldron puede llevar cuantos guerreros se le antojen ¬ódijo Llew con cierta agresividad¬ó. Pero nosotros no podemos llevar m√°s de los que tenemos.
—Pero si Meldron nos presenta batalla a campo abierto... —insistió Calbha.
El rey protestaba en realidad porque se había decidido que debía quedarse en Dinas Dwr para proteger a sus habitantes.
Llew sacudió la cabeza en gesto conciliador.
¬óAlg√ļn d√≠a nos enfrentaremos con Meldron en el campo de batalla y entonces mediremos nuestras fuerzas. Pero a√ļn no ha llegado ese momento. Aunque llev√°ramos m√°s guerreros, no podr√≠amos vencer a Meldron todav√≠a, y a nosotros no nos servir√≠an de gran ayuda. ¬óSe levant√≥ y se sacudi√≥ el polvo¬ó. Ya llegar√° el d√≠a de la revancha, Calbha.
Así terminó la junta de guerra.
Cynan se march√≥ de inmediato con cuatro guerreros hacia Dun Cruach para aparejar los barcos de su padre. Nosotros nos dedicamos afanosamente a disponer armas y caballos para el viaje hacia la costa, esperando con ansiedad el d√≠a se√Īalado para la marcha y procurando apaciguar el orgullo herido de Calbha por haber sido excluido de la expedici√≥n.
Tres d√≠as m√°s tarde partimos al alba y nos internamos en la ca√Īada siguiendo la ribera del tranquilo lago. De vez en cuando y sin previo aviso, las tinieblas de mi ceguera se iluminaban con las resplandecientes im√°genes del mundo que me rodeaba: hombres a caballo atravesando profundos y verdes valles..., la niebla descendiendo por las laderas desde las cimas de la sierra..., el sol reflej√°ndose en el metal..., guerreros con mantos rojos y redondos escudos blancos..., un lago azul y un cielo a√ļn m√°s azul con retazos de gris..., un plomizo crep√ļsculo extendi√©ndose a hurtadillas por la b√≥veda celeste..., estrellas brillando como hogueras de un campamento en una oscura llanura...
Oía el penetrante grito de las águilas que planeaban con el viento. Oía el apagado golpeteo de los cascos sobre el camino y el agradable tintineo de los ronzales. Oía las graciosas chanzas de los hombres que se armaban de buen humor para enfrentarse a la dura misión que los aguardaba.
Era un plan arriesgado, dada la abrumadora superioridad del enemigo. La sorpresa era nuestra √ļnica ventaja. Nunca m√°s podr√≠amos volver a sorprender a Meldron, sobre todo porque nuestro ataque le revelar√≠a que Llew y yo segu√≠amos con vida. Ten√≠amos una oportunidad, s√≥lo una. Pero, si todo iba bien, a lo mejor ser√≠a suficiente.
Llew conoc√≠a la isla palmo a palmo. Los seis a√Īos que hab√≠a pasado bajo la tutela de Scatha facilitar√≠an nuestra arriesgada aventura. Sab√≠a perfectamente d√≥nde pod√≠an acercarse los barcos a la costa sin ser avistados; sab√≠a en qu√© colinas y valles podr√≠amos refugiarnos; sab√≠a c√≥mo atacar el caer con mayor efectividad. Nuestro plan se basaba en el profundo conocimiento que Llew ten√≠a de Ynys Sci. Y Cynan conoc√≠a la isla casi tan bien como √©l.
Mientras avanz√°bamos por la sierra, yo trataba, como tantas otras veces, de adivinar lo que nos aguardaba, de apartar el velo que ocultaba el futuro para vislumbrar lo que ocurrir√≠a cuando nos enfrent√°ramos con Meldron. Pero era in√ļtil; no se me conced√≠an ni presentimientos ni visiones. Acab√© por desistir. El conocimiento vendr√≠a cuando el Dagda me lo concediera, pero no antes. ¬°Que as√≠ fuera!
Ahora est√°bamos contemplando al fin c√≥mo los barcos de Cynan entraban en la bah√≠a, una de las innumerables ensenadas sin nombre que el mar ha erosionado en la rocosa costa del norte. ¬ęEste lugar deber√≠a llamarse de alg√ļn modo¬Ľ, pens√© mientras escuchaba el lejano retumbar del trueno entre las r√°fagas del viento: Cuan Doneann, la Bah√≠a de la Tormenta.
Llew, que había estado hablando con Bran junto a la orilla, se me acercó; los guijarros de la playa crujieron bajo sus pies.
—Cada vez me agrada más ese hombre —comentó cuando llegó a mi lado.
—En él encontrarás un valiosísimo Jefe de Batalla —dije yo—. La Bandada de Cuervos alzará el vuelo bajo sus órdenes. Y él te seguirá a ti doquiera que lo conduzcas, hermano.
Pasó por alto mi observación y me preguntó:
¬ó¬ŅHas visto algo de lo que nos aguarda en Ynys Sci?
—Todavía no —confesé—. Ten por seguro que te lo comunicaré enseguida.
¬ó¬ŅCrees que esta empresa es una locura?
¬óS√≠ ¬órepuse¬ó. Pero ¬Ņqu√© importa? No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras haya la m√°s m√≠nima posibilidad de salvarlos.
—Espero que no sea demasiado tarde —murmuró sombríamente Llew.
¬ó¬ŅQu√© quieres que te diga? ¬°D√≠melo y te lo dir√©! ¬órepliqu√© con m√°s impaciencia de la que sent√≠a para conjurar la nota de incertidumbre que hab√≠a captado en las palabras de Llew. Porque la incertidumbre, igual que la duda y la vacilaci√≥n, son semejantes al miedo.
¬óDeseo la verdad ¬ócontest√≥ Llew¬ó. ¬ŅQu√© crees que vamos a encontrar all√°?
¬ó¬ŅDeseas o√≠r la verdad? Pues voy a dec√≠rtela: no tengo ni idea. Hasta que no lleguemos a Ynys Sci no sabremos lo que vamos a encontrar.
—¡Cálmate, hermano! —exclamó Llew, un tanto ofendido—. Sólo estaba preguntando.
—Pero voy a decirte algo más —continué más apaciguado.
¬ó¬ŅQu√©?
—Si salimos con éxito, Meldron tardará bastante tiempo en volver a atacar a alguien. Y creo que sólo por eso vale la pena arriesgarse.
Un trueno estalló en el mar y su eco se prolongó a lo largo del acantilado.
—Será una dura travesía —observó Llew.
¬óMejor que mejor. No se les ocurrir√° que alguien pueda hacerse a la mar con semejante temporal.
Alguien gritó en la playa.
¬óVamos ¬ódijo Llew¬ó, ha llegado la hora de subir a bordo. Conviene que nos embarquemos los primeros para dar ejemplo.
Nos acercamos a la orilla y nos dirigimos hacia el barco; Llew con su lanza y su escudo, yo con mi vara de fresno. Los hombres se apresuraron a seguirnos, corrieron hacia los barcos y subieron a bordo. La travesía sería dura, pero los veleros volarían como gaviotas delante de la amenazadora tormenta.
¡Y cómo volamos! Aunque el mar rugía, las velas se tensaban y los mástiles gemían; las proas de los barcos se deslizaban entre las espumantes olas hendiéndolas con poderosa energía. Todo el día y toda la noche, interminable y turbulenta, desafiamos la furia del océano.
Al alba avistamos nuestro destino: los verdes y plateados promontorios de Ynys Sci se alzaban resplandecientes en un mar de color pizarra. Sin embargo, no nos dirigimos a tierra, sino que plegamos velas y aguardamos a que cayera la noche. El sol parecía clavado en el cielo, tan lento nos parecía su curso. Mientras los barcos se balanceaban en el mar, los hombres dormitaban o afilaban sus espadas. En el cielo los jirones de nubes volaban hacia el horizonte.
Por fin, medio escondido en un manto gris de nubes, el sol se hundi√≥ en el l√≠mite del mundo para iniciar su viaje a trav√©s de los reinos inferiores. Las tinieblas se congregaron en el este y se fueron extendiendo por el mar. Cuando juzgamos que ya no pod√≠amos ser avistados desde la isla, Llew dio la se√Īal e izamos velas.
Nos acercamos a Ynys Sci desde el este y atracamos en una ensenada que Llew conoc√≠a. Los guerreros se deslizaron por la borda y se dirigieron hacia la orilla. La corriente era fuerte y la costa peligrosa, con escarpados acantilados y golfos sembrados de pe√Īascos; as√≠ que, cuando el √ļltimo guerrero hubo llegado a tierra firme, los barcos se hicieron a la mar otra vez. Nos reunimos en la estrecha playa y comenzamos a subir por las hendiduras del acantilado cubiertas por cantos rodados. Una vez arriba, nos apresuramos tierra adentro para llegar al lugar escogido antes de que se hiciera de d√≠a.
No llevábamos antorchas y caminábamos a marchas forzadas; la oscuridad hacía que muchos hombres tropezaran en las irregularidades del terreno. Llew iba a la cabeza y no parecía tener dificultad alguna en encontrar el camino; tres columnas de guerreros lo seguían a toda velocidad entre las tinieblas de la noche para llegar a sus posiciones antes del amanecer.
El escarpado camino nos condujo hasta unas colinas de empinadas laderas; el susurro de los pies entre la hierba era la √ļnica se√Īal de nuestro paso. Atravesando colinas y peque√Īos arroyos, cruzando el escarpado lomo de la isla, llegamos a nuestro destino en el tiempo calculado. Mientras los hombres descansaban en la ca√Īada a la espera del alba, Llew, Cynan, Bran y yo subimos a la cima de la colina para observar desde lo alto el poblado de Scatha: unas cuantas casernas, algunas peque√Īas viviendas, cocinas, graneros, caba√Īas y almacenes se api√Īaban en torno a un amplio palacio de elevado techo.
Yo me sent√© mientras los otros, tendidos boca abajo, observaban entre los pe√Īascos de la cumbre y aguardaban a que el alba iluminara poco a poco el poblado.
—Meldron está ahí, sin duda alguna —dijo Bran—. En el patio de armas hay muchos caballos, calculo que cerca de doscientos.
¬óClanna na c√Ļ! ¬ójur√≥ en voz baja Cynan¬ó. A fe que es un perro atrevido. Ataqu√©moslo ahora mismo.
—Calma, hermano —lo apaciguó Llew—. Scatha y los demás son lo más importante. Enzarzarnos con Meldron no les serviría de ninguna ayuda.
—Pero lo cogeríamos por sorpresa. No puede escapar, ni puede contar con más hombres de los que ahora mismo tiene. Insisto en que lo ataquemos. Podríamos vencerlo.
—Seguramente moriríamos en el intento —replicó Llew—. Piénsalo, Cynan, son cinco contra uno. Nos matarían en un abrir y cerrar de ojos.
¬óNunca tendremos una oportunidad mejor ¬ógru√Ī√≥ Cynan.
¬óEscucha ¬ódijo Llew¬ó, yo odio a Meldron mucho m√°s que cualquiera de vosotros. Pero morir por dejarnos llevar por el rencor no servir√≠a de nada. La vida de los cientos de personas que se han quedado en Dinas Dwr depende de nuestro regreso. As√≠ que nos limitaremos a hacer lo que hemos venido a hacer. ¬ŅDe acuerdo?
Cynan asinti√≥ a rega√Īadientes y observ√≥:
¬ó¬ŅY si ya los ha matado?
¬óNo se ven se√Īales de lucha ¬óobserv√≥ Bran¬ó. No creo que se haya entablado ninguna batalla.
—Tal vez los ha matado sin lucha —apuntó Cynan—. Meldron es muy capaz.
Yo me eché al suelo y me uní a ellos.
—Meldron vino en busca de algo —observé—. Y todavía no se ha marchado.
¬óPor tanto no ha conseguido a√ļn lo que quer√≠a... ¬ŅEs eso lo que quieres decir? ¬ópregunt√≥ Cynan¬ó. Entonces hemos llegado a tiempo.
Oí un rumor en el suelo.
¬óLlew ¬ódijo Cynan¬ó, nosotros... ¬ŅLlew?
Llew no respondi√≥. O√≠ un susurro a mi lado y el ligero rumor de unos pies que se alejaban. Con los ojos de la mente vi que Llew se pon√≠a en pie y se dirig√≠a a lo m√°s alto de la colina. Empu√Īando con violencia la lanza, la levant√≥ por encima de la cabeza en un silencioso gesto de desaf√≠o. Los rayos dorados y rojos del alba lo iluminaban de tal forma que parec√≠a resplandecer con la Luz de los H√©roes. Se qued√≥ inm√≥vil unos instantes; luego se dio la vuelta y emprendi√≥ el descenso hacia donde aguardaban los guerreros.
¬ó¬ŅQu√© est√°s pensando, hermano? ¬ólo interrogu√© al reunirme con Llew.
Permaneció unos momentos pensativo con la frente apoyada en el astil de la lanza.
¬óEstoy pensando que quiz√°s hoy me enfrente con mi amigo ¬órepuso¬ó. Simon..., Siawn..., fue en otros tiempos mi amigo, mi camarada m√°s querido; com√≠amos juntos, viv√≠amos juntos... Jam√°s so√Ī√© que pudiera ocurrir todo esto. Te lo digo sinceramente, Tegid: no acabo de entenderlo.
¬óEs encomiable llorar la p√©rdida de un amigo ¬ódije con voz suave¬ó. Lam√©ntalo, pero no te lleves a enga√Īo. La maldad y la codicia de esos hombres que est√°n ah√≠ abajo no tiene l√≠mites. Su iniquidad ha inundado Albi√≥n con la sangre de los inocentes que han asesinado. El mal que han maquinado los ha envilecido y deben ser detenidos. Hoy comenzaremos a poner fin a su maldad.
¬óYa lo s√©..., ya lo s√©... Pero me hace da√Īo; es como si un cuchillo me atravesara las tripas, Tegid. ¬°Simon era mi amigo!
¬óLlora por el amigo perdido, pero no llores por Siawn Hy. No olvides que ha estado contra ti desde el momento en que llegaste. S√≥lo se ha preocupado de s√≠ mismo. √Čl y Meldron son bestias rabiosas que deben ser destruidas.
Oí unos pasos y reconocí a Cynan. Llew se enderezó.
—Ha llegado la hora —anunció Cynan—. Los barcos fondearán pronto en la bahía. Debemos ponernos en marcha.
¬óVe con tus hombres ¬óle dije¬ó. Ahora mismo vamos.
¬óNo hay tiempo para...
—Sólo unos instantes, Cynan. Por favor.
—Muy bien —asintió alejándose.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬ópregunt√≥ Llew cuando hubo desaparecido.
¬óHe estado pensando ¬órepuse¬ó. En las Piedras Cantarinas.
¬ó¬ŅY qu√©?
—Si Meldron ha traído las piedras a Ynys Sci, debemos intentar arrebatárselas. Me pone enfermo que Meldron posea la Canción de Albión y la utilice para sus perversidades. Debemos apoderarnos de las piedras y llevárnoslas a Dinas Dwr.
Antes de que Llew pudiera responder se oyó el grito de alerta de Bran, que se había quedado en la cima de la colina.
¬ó¬°Ya vienen!
¬óTenemos que marcharnos, Tegid.
Llew hizo ademán de darse la vuelta, pero lo agarré por la manga del siarc.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬óexclam√≥ con impaciencia.
—Las Piedras Cantarinas —lo urgí—. Debemos recuperarlas.
—Sí, sí —asintió irritado—. Lo haremos si es posible. Pero, si todo sale bien, no entablaremos batalla con Meldron. Quizá no tengamos oportunidad de buscar las piedras. Además, es posible que no las haya traído.
¬óSiempre las lleva consigo.
¬ó¬ŅC√≥mo lo sabes?
—Conozco muy bien a Meldron —repliqué.
—Mira, Tegid, no hay tiempo para discusiones. Deberías habérmelo comentado antes. Tenemos que marcharnos. Los barcos están entrando en la bahía.
¬óPero ¬Ņy si las Piedras Cantarinas est√°n en Ynys Sci?
¬óNos apoderaremos de ellas si podemos ¬óprometi√≥ Llew¬ó. ¬ŅDe acuerdo?
¬óMuy bien.
Nos apresuramos a reunirnos con los dem√°s. La banda de guerreros se dividi√≥ en dos grupos: uno acompa√Īar√≠a a Cynan, el otro a Bran. Llew y yo ir√≠amos al poblado con Bran, mientras Cynan y sus hombres se dirigir√≠an a la bah√≠a al pie del caer.
A una se√Īal de Bran emprendimos la marcha. Llew sab√≠a c√≥mo pod√≠amos acercarnos sin ser avistados. Las colinas que se alzaban tras el caer nos ocultar√≠an de los enemigos la mayor parte del camino, y muy cerca de las casas hab√≠a campos de cereales por los que podr√≠amos avanzar sin ser vistos.
Camin√°bamos en silencio. La tierra, espesa y h√ļmeda, amortiguaba nuestros pasos. Descendimos la ladera hasta un campo de cebada con el coraz√≥n en un pu√Īo. Nos agachamos y nos internamos entre las hileras de cereal con las cabezas gachas y las espaldas encorvadas.
Avanzamos a rastras entre las espigas. Ol√≠a a tierra mojada y a grano seco; aguzamos el o√≠do por si capt√°bamos alguna se√Īal de que hab√≠amos sido descubiertos. Como no o√≠mos ning√ļn grito de alarma, nos agazapamos al borde del campo y nos dispusimos a esperar.
Nuestros barcos no hab√≠an estado ociosos. Tripulados s√≥lo por dos hombres cada uno, hab√≠an doblado el promontorio este con rumbo a la bah√≠a que en el sur serv√≠a como √ļnico puerto de Ynys Sci. Al alba los barcos ten√≠an √≥rdenes de entrar en la bah√≠a a toda vela con un bosque de erizadas lanzas en los costados.
Nosotros nos limitaríamos a esperar a que los centinelas de Meldron avistaran los barcos y dieran la alarma.