19 - La invasión

Todos a una nos volvimos hacia el risco. El cuerno de batalla son√≥ otra vez, recorriendo el silencioso valle como un estremecimiento de pavor. Al instante, ante los ojos de mi mente apareci√≥ la imagen de un cielo despejado que el sol poniente te√Ī√≠a de rojo y oro y una hueste de guerreros que surg√≠a del bosque, unos a pie, otros a caballo: unos cien hombres con las armas en ristre. Vi refulgir sus escudos a la roja luz del atardecer. Vi al jefe a la cabeza de sus guerreros rodeado por una guardia montada.
Llew orden√≥ a los guerreros que empu√Īaran las armas, y los dem√°s se precipitaron hacia los crannogs. Aunque todav√≠a no hab√≠amos levantado las murallas de troncos, la gente estar√≠a m√°s a salvo en los crannogs que en las casas junto al lago. Los Cuervos volaron a buscar las armas almacenadas en las caba√Īas y los dem√°s corrieron a toda prisa hacia el lago. Cynan orden√≥ a sus guerreros que fueran en busca de los caballos, y en pocos instantes todo fue confusi√≥n: guerreros que se apresuraban de aqu√≠ para all√°, cogiendo lanzas y espadas y poniendo los ronzales a los caballos; hombres que se precipitaban a botar las barcas, mujeres que corr√≠an abrazando a sus beb√©s, ni√Īos que gritaban, botes que se deslizaban en las aguas.
—¡Les haremos frente en el prado! —gritó Cynan montando de un salto.
¬óDonde el arroyo cruza la ca√Īada ¬órespondi√≥ Llew¬ó. As√≠ daremos tiempo a que la gente llegue a la fortaleza.
Garanaw le llev√≥ una espada a Llew y procedi√≥ a ce√Ī√≠rsela a la cadera. Llew rechaz√≥ su ayuda.
¬óVeinte contra cien ¬óme dijo Llew cuando pude reunirme con √©l¬ó. ¬ŅCrees que tendremos alguna oportunidad, Tegid?
—Creo que sería más prudente aguardar y ver quiénes son esos hombres y por qué han venido —repuse.
Llew dejó de pelearse con el cinto de cuero y me miró.
¬ó¬ŅQu√© has visto?
¬óLo mismo que t√ļ: guerreros cabalgando hacia nuestro poblado. Pero anunciaron su llegada a toque de carynx ¬óobserv√©¬ó. Un detalle ciertamente extra√Īo, teniendo en cuenta que un ataque por sorpresa les habr√≠a asegurado una r√°pida victoria.
Llew siguió luchando con el cinto.
—Querían asustarnos, con la idea de rodearnos sin tener que entablar batalla.
—Quizá sólo querían advertirnos.
—Es un desafío, no un aviso —terció Cynan—. Mi opinión es que tenemos que hacerles frente antes de que puedan rodearnos.
¬óLuchar o hablar, a ti te corresponde decidir.
Llew dudó unos instantes sopesando las consecuencias de su decisión. Cynan se agitó nervioso.
¬óDebemos hacerles frente ¬óinsisti√≥¬ó. Somos muy inferiores en n√ļmero. No podemos permitir que nos rodeen.
¬ó¬ŅBien? ¬ŅQu√© piensas hacer? ¬ópregunt√©.
—Cynan tiene razón. Vienen con las espadas desenvainadas. Debemos plantarles cara.
—¡Eso es! —exclamó Cynan sacudiendo las riendas—. ¡Ea! —gritó clavando los talones en los flancos de su caballo, que se lanzó al galope.
Rhoedd acudi√≥ corriendo con un gara√Ī√≥n ruano. Entreg√≥ las bridas a Llew, entrelaz√≥ las manos y lo aup√≥ en la silla; luego le tendi√≥ un escudo, que Llew coloc√≥ sobre su brazo mutilado, y una lanza.
Bran Bresal se acercó a lomos de un fogoso caballo bayo.
¬ó¬ŅCabalgar√°s con nosotros, Llew?
—Sí.
El rugido del cuerno de batalla resonó en el prado. Los caballos patearon y cabecearon inquietos.
—Deséanos suerte, Tegid —exclamó Llew.
Alcé mi vara hacia él.
¬óQue vuestras espadas sean r√°pidas y certeras y vuestras lanzas vuelen como el viento.
Bran espoleó su caballo; Llew azuzó al suyo y ambos se alejaron al galope. Yo me encaminé hacia la orilla del lago donde la gente aguardaba a que los botes regresaran para llevarlos a lugar seguro.
Oí los cascos de un caballo sobre la rocosa orilla y me volví al tiempo que Rhoedd, lanza en ristre, llegaba junto a mí.
—Tengo órdenes de quedarme contigo —murmuró sin poder disimular el disgusto que lo embargaba por tener que quedarse en retaguardia para proteger a un bardo ciego.
—No te inquietes, Rhoedd —dije procurando consolarlo—. Nos quedaremos aquí en la orilla para poder observar lo que sucede.
Me mir√≥ con extra√Īeza, pero yo no me molest√© en explicarle que pod√≠a ver con los ojos de la mente. Los botes regresaron por los √ļltimos pasajeros, y un hombre nos grit√≥ que nos di√©ramos prisa.
—Diles que se vayan. Nos quedamos aquí.
Rhoedd les indicó con un gesto que se marcharan y les dijo que íbamos a quedarnos en la orilla.
¬ó¬ŅQu√© vas a hacer, se√Īor? ¬óme pregunt√≥ luego.
—Sígueme.
Cogí el bastón, me di la vuelta y comencé a caminar hacia el prado. Rhoedd cabalgaba a mi derecha, mirándome de reojo para descubrir cómo me las arreglaba para poder ver.
Llew, Bran y los Cuervos avanzaban hacia Druim Vran atravesando el prado. Cynan y los guerreros galanaes avanzaban un poco más al sur que la Bandada de Cuervos. Los invasores se dirigían al arroyo. Avanzaban despacio con las armas preparadas; los jinetes iban en vanguardia. La retaguardia ya había salido del bosque.
—Deben de ser unos sesenta —observé.
Rhoedd hizo un c√°lculo r√°pido.
—Sí —contestó mirándome de nuevo.
Con los ojos de la mente vi los dorados rayos del sol relampagueando en el metal de las armas y oí que el carynx resonaba otra vez: fuerte como un trueno y desgarrador como una herida.
Con un alarido, los enemigos se lanzaron al ataque. Los caballos se precipitaron en el arroyo y en el prado; los cascos golpeaban la tierra como atronadores tambores.
Los Cuervos espolearon los caballos y cargaron contra los invasores. Volando todos a una, con Llew entre sus filas, se precipitaron en los campos recién arados levantando una nube de polvo. La velocidad de la carga cortaba la respiración. Volaban como una lanza hacia el blanco: certeros e imparables.
Los enemigos se agruparon como se contraen los m√ļsculos para recibir un golpe. Las lanzas se erizaron y emitieron un fulgor mortal.
Contuve el aliento aguardando el estrépito del choque.
Pero, en el √ļltimo momento, Bran desvi√≥ la carga de los Cuervos, alej√°ndolos de los que se preparaban para rechazarlos y dirigi√©ndolos hacia otro blanco. Los enemigos vieron de pronto que los Cuervos se les echaban encima en enloquecida carrera y se dieron cuenta de que iban a morir porque no ten√≠an tiempo de prepararse a rechazar la carga.
Se oy√≥ un grito penetrante, como el de un √°guila al lanzarse contra su presa. Me qued√© asombrado ante aquel extra√Īo alarido: agudo como una hoja afilada, se clavaba en los t√≠mpanos y en el coraz√≥n. Eran Bran y sus guerreros emitiendo el agudo y terrible grito de guerra de los Cuervos.
La línea enemiga se quebró. Los invasores se dispersaron. Los caballos tropezaron y derribaron a sus desventurados jinetes. Los guerreros de a pie se arrojaron al suelo para eludir los cascos de los caballos desbocados.
El centro de la línea enemiga cedió ante la carga de la Bandada de Cuervos. Cynan, que se había lanzado al ataque, vio la brecha que se había abierto y se precipitó hacia allí. Los hombres que habían logrado escapar de los Cuervos veían ahora que un nuevo terror se les echaba encima.
Los guerreros de a pie dieron media vuelta y huyeron hacia el arroyo. Los jinetes se aprestaron a resistir. Azuzaron los caballos y alzaron las lanzas. El choque fue brutal. La tierra pareció temblar. Oí un crujido como el que produce un tronco al rajarse.
Los enemigos desaparecieron como por encanto. La fuerza de la carga de Cynan los había barrido.
—¡Jo! —gritó Rhoedd agitando la lanza—. ¡Qué magnífico espectáculo!
La carga de los Cuervos hab√≠a sido como una cuchillada, la de Cynan como un lanzazo que rematara el tajo del cuchillo. Tras el descalabro del centro de la l√≠nea, el Jefe de Batalla de los enemigos dio la se√Īal de retirada. Deb√≠an reagruparse si quer√≠an volver a unir sus fuerzas.
Pero Bran no ten√≠a la menor intenci√≥n de permitirlo. En efecto, mientras el cuerno de batalla emit√≠a la se√Īal, sorprendi√≥ a los enemigos por detr√°s, de forma que al volverse tuvieron que enfrentarse de nuevo con la veloz carga de Cuervos.
Los que osaron resistirlos fueron masacrados, los que optaron por huir fueron arrollados por los caballos. El avance enemigo se detuvo mientras la línea de batalla se deshacía por completo. Los enemigos cruzaban a toda prisa el arroyo para refugiarse en el bosque. El Jefe de Batalla se afanaba por evitar la derrota. Lo vi dar órdenes a sus guerreros, tratando en vano de reagruparlos mientras los Cuervos se disponían a atacar otra vez.
El carynx sonó de nuevo. Pero esta vez fue Cynan quien respondió a su llamada. La antorcha de rojos cabellos blandió su lanza, y los guerreros galanaes se precipitaron como una tormenta con los mantos al viento entre un fulgor de escudos.
De pronto vi una solitaria figura que surgía del bosque sobre un caballo pío. El corazón me dio un vuelco.
Un gemido escapó de mis labios. Me tambaleé y tuve que apoyarme en el bastón para no caer. Rhoedd me sostuvo.
¬ó¬ŅQu√© ocurre? ¬ŅTe sientes enfermo?
¬ó¬°Detenlos!
¬ó¬ŅQu√© dices?
Lo cogí del brazo.
¬ó¬°Debemos detenerlos!
¬ó¬ŅDetener... la batalla? ¬ópregunt√≥ asombrado mientras yo echaba a correr hacia el arroyo¬ó. ¬°Espera!
Tropecé al llegar al campo recién arado; no podía correr con suficiente velocidad.
¬ó¬°Deteneos! ¬°Deteneos! ¬°Llew! ¬°Deteneos!
Quiz√° la aparici√≥n de un bardo ciego corriendo enloquecido por los campos y tropezando en los surcos llam√≥ la atenci√≥n de alguien. No lo s√©. Pero lo cierto es que o√≠ un grito, y Llew se gir√≥ en su silla; no me vio pero sus ojos escudri√Īaron el prado.
—¡Llew! —grité yo.
Entonces me vio corriendo y gritó algo a Bran. Yo tomé aliento y grité con todas mis fuerzas:
¬ó¬°Calbha!
Creo que me oyó, porque se detuvo y se separó de los guerreros.
¬ó¬°Es Calbha! ¬ógrit√© se√Īalando con mi bast√≥n al solitario jinete¬ó. ¬°Calbha!
Y eché de nuevo a correr.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬ógrit√≥ Rhoedd a mi espalda.
—¡Un error! —respondí yo precipitándome hacia el arroyo.
Con cuatro zancadas salvamos el arroyo. Al llegar a la otra orilla, oí el largo y estridente sonido del carynx de Emyr. Un segundo toque bastó para detener a los Cuervos que se disponían a atacar de nuevo.
Llew galopó hacia mí.
¬ó¬°Tegid! ¬ógrit√≥¬ó. ¬ŅEst√°s seguro?
¬ó¬°Es Calbha! ¬órepet√≠ se√Īalando con mi bast√≥n al guerrero que se aproximaba¬ó. ¬°Su caballo! ¬°Mira su caballo! ¬°Hab√©is atacado a un amigo!
Llew se dio la vuelta en la silla y mir√≥ hacia donde yo se√Īalaba.
¬óClanna na c√Ļ! ¬óexclam√≥¬ó. ¬ŅQu√© estar√° haciendo aqu√≠?
Llew tiró de las riendas tan violentamente que su caballo piafó y casi lo derribó. Luego lo lanzó al galope entre los juncos y corrió a detener el ataque de Cynan. Bran salió a su encuentro. Llew aminoró el galope para gritarle algo al Jefe de Batalla de los Cuervos y después lo espoleó otra vez. Bran dio una orden a Emyr, quien al instante hizo sonar el cuerno con todas sus fuerzas.
Miré hacia donde la banda de Cynan cargaba contra los enemigos en desbandada. Vislumbré un relámpago de rojos cabellos y mi visión interior se desvaneció de golpe. Me había quedado ciego otra vez.
¬ó¬°Rhoedd! ¬ógrit√©¬ó. ¬ŅD√≥nde est√°s?
¬óAqu√≠, se√Īor ¬órespondi√≥ muy cerca de m√≠.
¬ó¬°Rhoedd, no puedo ver! Mira bien y dime lo que est√° sucediendo.
—Pero, yo creí que...
¬ó¬°Deprisa, hombre! ¬ŅQu√© est√° sucediendo? ¬ŅSigue avanzando Cynan?
¬óS√≠, se√Īor, sigue avanzando. No... ¬°Se han detenido!
—Habla, Rhoedd. Cuéntame lo que pasa..., como aquella otra vez.
—Cynan se ha empinado en los estribos. Mira a un lado y a otro. Grita algo; veo que mueve la boca. Me parece que está impartiendo órdenes a sus guerreros. Lo están escuchando... y ahora... Cynan avanza solo. Cabalga hacia Llew, creo... Sí, en efecto.
¬ó¬ŅQu√© hay del jinete enemigo? El que monta sobre un caballo p√≠o... ¬ŅQu√© hace?
¬óSe ha detenido. Sigue a caballo, como esperando algo.
¬ó¬ŅQu√© aspecto tiene? ¬ŅPuedes verlo bien?
¬óNo, se√Īor, est√° demasiado lejos.
¬ó¬ŅQu√© m√°s?
¬óAhora Llew y Cynan avanzan uno hacia otro. Llew est√° haciendo con la mano el signo de la paz... Se√Īala hacia su banda de guerreros. Los galanaes est√°n quietos, y Cynan cabalga al encuentro de Llew.
¬ó¬ŅQu√© hace Bran?
¬óLos Cuervos se han dado la vuelta ¬órespondi√≥ Rhoedd¬ó. Se dirigen hacia los ca√≠dos en el campo de batalla. ¬óLuego mir√≥ hacia Cynan y Llew¬ó. Los dos se√Īores se acercan al lugar donde aguarda el extranjero.
—¡Llévame con ellos! —le ordené tirándole de la manga—. ¡Deprisa!
Rhoedd echó a andar, y yo me agarré a su siarc.
¬óCabalgan hacia el extranjero. Cynan lleva la lanza en ristre. El extranjero los est√° aguardando.
El terreno ascendía hacia el risco. Rhoedd se detuvo.
¬óUn enemigo ca√≠do. ¬óSe inclin√≥ hacia el cuerpo y a√Īadi√≥¬ó: Est√° muerto, se√Īor.
Seguimos adelante e insté a mi guía a que me contara lo que pasaba.
¬óSe han encontrado. Parece que est√°n hablando...
¬ó¬ŅQu√© m√°s? ¬óEl guerrero se detuvo¬ó. Rhoedd, ¬Ņqu√© sucede? Cu√©ntame...
—No puedo creerlo, bardo —respondió asombrado.
¬ó¬°Habla de una vez! ¬ŅQu√© ocurre?
—Los dos hombres... han..., han... —Se interrumpió.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ŅQu√©?
¬óHan extendido los brazos... ¬°Se est√°n abrazando!
Exhalé un suspiro de alivio.
¬óVamos, Rhoedd, deprisa.
Llew y el extranjero habían desmontado y estaban hablando cuando llegamos junto a ellos.
—Aquí, Tegid —gritó Llew guiándome hacia él.
Segu√≠ el sonido de su voz y sent√≠ que su mu√Ī√≥n me rozaba el brazo por el codo.
¬ó¬°Salud, Calbha! ¬ódije¬ó. Si hubi√©ramos sabido que eras t√ļ, nos habr√≠amos ahorrado una batalla... y la vida de muchos hombres valientes.
—Tus palabras me resultan muy amargas, Tegid Tathal..., sobre todo porque están cargadas de razón. Sólo yo tengo la culpa; mía es la deuda de sangre.
Su dolor era genuino; ante nosotros teníamos a un hombre derrotado y abatido.
¬óLo siento ¬óa√Īadi√≥¬ó. Aunque soy un rey sin reino ni riquezas, os juro que os compensar√© como juzgu√©is conveniente.
¬óCalbha ¬órepuso Llew¬ó, no hables de compensaciones. No hemos sufrido hoy ning√ļn da√Īo irreparable.
¬óNo hemos perdido ni un hombre ¬óintervino Cynan¬ó. Nadie ha resultado ni siquiera herido.
—Busca consuelo para tu pueblo —le dijo Llew—. Has sufrido muchas bajas y lamentamos habértelas causado.
—Calbha —hablé yo—, estás muy lejos de tu casa.
¬óYa no tengo casa ¬ómurmur√≥ el rey en tono l√ļgubre¬ó. He perdido mis tierras y mi reino. Me han arrebatado mis tierras y mi reino, han aniquilado a mi pueblo. ¬óCon voz quebrada como un roble hendido, a√Īadi√≥¬ó Mi reina..., mi esposa ha muerto.
—Meldron lo atacó —me explicó Llew, aunque yo había adivinado ya lo que había ocurrido.
¬óS√≠, Meldron me atac√≥, como atac√≥ a los dem√°s se√Īor√≠os de Liogres ¬óexplic√≥ el rey cruino¬ó. Resistimos todo lo que pudimos, pero sus fuerzas est√°n mejor armadas y son muy numerosas. Se le ha unido mucha gente. Los que no han querido perecer bajo su espada se han visto obligados a aliarse con √©l. Resistimos alg√ļn tiempo, pero todo fue in√ļtil.
¬ó¬ŅC√≥mo se te ocurri√≥ venir aqu√≠?
—Oímos decir que había un refugio seguro en el norte, en Caledon.
¬óEntonces ¬Ņpor qu√© nos atacaste? ¬ópregunt√≥ Cynan, exasperado¬ó. Mo anam!
—Ahh... —gimió Calbha—. Tenía miedo... Obré precipitadamente.
¬óEst√ļpidamente ¬ósusurr√≥ Rhoedd a mi lado.
La llegada de Bran fue un verdadero alivio para Llew.
—Ocho muertos —informó el Jefe de Batalla— y seis heridos, que ya están recibiendo atención.
—Mía es la deuda de sangre —musitó Calbha—. Estoy avergonzado.
¬ó¬ŅCu√°ntas personas traes contigo?
¬óTrescientas, sin contar los ni√Īos.
—¡Trescientas! —repitió, aturdido, Rhoedd.
¬ó¬ŅD√≥nde est√°n? ¬óinquiri√≥ Llew.
—Aguardan en el bosque —respondió Calbha.
¬óRe√ļnelos y ll√©valos hasta el lago. Los acogeremos.
¬ó¬ŅQu√© vamos a hacer con tanta gente? ¬óse pregunt√≥ Rhoedd en voz alta¬ó. Trescientos...
¬óNo son s√≥lo cruinos ¬óse apresur√≥ a a√Īadir Calbha¬ó. En el camino encontramos muchos fugitivos. Addanos y mereridos. Se han quedado sin se√Īor y sin protecci√≥n. Tambi√©n hay mawrthonos, catrinos y neifionos vagando por las monta√Īas... Los hemos visto. ¬óCall√≥ abrumado por el dolor¬ó. La desgracia se ha abatido sobre todo el territorio de Llogres... Nadie est√° ya a salvo en su hogar.
Recordé la profecía de la banfáith.
¬ó¬ęLlogres se quedar√° sin se√Īor¬Ľ ¬ómusit√© para m√≠ mismo.
¬óRecordad lo que voy a deciros ¬ódijo Calbha en tono l√ļgubre¬ó. Cuando Meldron haya acabado con Llogres atacar√° Caledon. Nada puede colmar su insaciable deseo de lucha. Pretende dominar toda Albi√≥n.
Tras estas palabras, el rey cruino montó a caballo y regresó al bosque para reunir a su gente. Y así comenzó la invasión de Dinas Dwr.