14 - Visitantes

Llew regresó al alba con una presa, un corzo que arrojó junto al fuego y al instante olvidó para contarme muy excitado lo que había visto.
—¡Fue increíble! —jadeó—. ¡No vas a creerlo, Tegid!
Regresaba corriendo desde el lago arrastrando la pieza cobrada y apenas le quedaba aliento.
—Tenía que mantenerme despierto... —respiró con fuerza—, para no caerme del árbol... Hacía un frío espantoso allá arriba... Así que me moví para no quedarme tieso y...
¬óC√°lmate ¬óle dije¬ó. Puedo esperar.
Respiró profundamente varias veces.
¬óSe me cay√≥ la lanza ¬ócontinu√≥ con voz m√°s firme¬ó. Justo en medio del sendero. Estaba oscuro, pero a la luz de la luna la vi perfectamente all√° abajo. Baj√© del √°rbol para cogerla... ¬óHizo una pausa y tom√≥ aliento otra vez¬ó. Y en el preciso momento en que la cog√≠a... Tegid, te parecer√° extra√Īo, pero intu√≠ que hab√≠a alguien conmigo. Sent√≠ sus ojos, como si me estuviera observando. Pens√© que se trataba de un ciervo. Trep√© otra vez al √°rbol con toda la rapidez y el sigilo que me fue posible y me dispuse a arrojar la lanza en cuanto el animal apareciera por el sendero.
Tragó otra vez saliva y continuó:
—Entretanto me iba maldiciendo a mí mismo por haber sido tan torpe. Estaba seguro de que había perdido la oportunidad de cobrar una buena pieza. Pero mientras me apostaba de nuevo oí un ruido en el sendero. Miré hacia abajo y de pie, justo bajo la rama en que yo estaba... —La voz le tembló de agitación—. ¡Lo vi, Tegid! ¡No vas a creerme! Al principio no sabía lo que era; parecía un oscuro amasijo, ¡pero tenía cara y distinguí perfectamente sus ojos! Tegid, sus ojos brillaban a la luz de la luna. ¡Me estaban mirando! ¡Me había visto! Era...
¬óAcaba de una vez, ¬Ņqu√© era? ¬ólo interrump√≠¬ó. ¬ŅQui√©n te estaba mirando, hermano?
¬óEra... ¬Ņc√≥mo se dice?, ¬°un √°rbol viviente!
¬ó¬ŅUn √°rbol viviente?
¬óNo s√© c√≥mo se dice. ¬ŅC√≥mo lo llam√°is?
—No puedo saber a qué te refieres si no acabas de contarme lo que viste —repuse—. Descríbemelo.
—Era como un hombre: muy alto y delgado, cubierto de hojas y espinas. Tenía pelo, creo, aunque en realidad estaba cubierto de los pies a la cabeza de ramitas y hojas de todas clases. Sus ojos..., Tegid, sus ojos eran enormes y me miraban fijamente. Me vio. Sabía que yo estaba allá arriba. ¡Por poco me caigo del árbol al ver a aquella cosa allá abajo que me miraba! Aquella cosa...
¬óUn cylenchar ¬óle dije.
¬ó¬ŅUn cylenchar? ¬órepiti√≥ tratando de comprender el significado de la palabra¬ó. ¬ŅUn arbusto vergonzoso..., un √°rbol t√≠mido?
¬óUn √°rbol, o un bosque, s√≠ ¬órepliqu√©¬ó. Aunque no vergonzoso, sino escondido o rec√≥ndito. Es una palabra muy antigua; significa ¬ęel que se esconde en el bosque¬Ľ.
¬óPero ¬Ņqu√© es?
Le tendí la ramita de acebo. Llew la cogió.
—También estuvo aquí —le expliqué—. Creo que lo atrajo la melodía de mi arpa.
¬ó¬ŅA √©l?
—Sí, al que se esconde en el bosque, al cylenchar.
¬óEl Hombre Verde ¬ódijo Llew en voz baja¬ó. En mi mundo lo llamamos el Hombre Verde. Una vez vi uno. Era...
Se quedó callado rememorando el incidente.
¬ó¬ŅQu√© ocurre, hermano? ¬ŅDe qu√© te est√°s acordando?
—Simon y yo vimos uno..., vimos a un Hombre Verde, a un cylenchar, en la carretera. Antes de venir aquí. Viajábamos por Escocia...; por Caledon..., junto a un lago como éste.
Su voz se apag√≥ de nuevo. Ech√© m√°s le√Īa al fuego.
—Siéntate —sugerí—. Descansa.
Tend√≠ la mano hacia el corzo que hab√≠a tra√≠do y pas√© mis dedos sobre su piel; era un animal joven, peque√Īo y flexible. Su carne ser√≠a sin duda tierna y f√°cil de masticar.
—Has cobrado una buena pieza; tendremos comida suficiente para varios días.
¬óNo fui yo quien la caz√≥ ¬órepuso Llew¬ó. Me la trajo el cylenchar. Poco antes del alba, o√≠ un ruido entre los arbustos y me dispuse a disparar la lanza. Y entonces vi... ¬óhizo una pausa y trag√≥ saliva¬ó vi un confuso revoltijo verde de ramas, hojas y tallos que se quebraban y mov√≠an; poco despu√©s desapareci√≥ y vi el cuerpo del corzo en el claro bajo el √°rbol. Ya estaba muerto. Baj√© del √°rbol. El animal estaba a√ļn caliente; hac√≠a muy poco que lo hab√≠an matado. Aguard√© unos instantes, pero no sucedi√≥ nada. As√≠ que lo cog√≠ y lo traje.
Estuvimos un rato sentados escuchando el chisporroteo del fuego y preguntándonos si el cylenchar nos estaría observando en aquellos momentos. Sospecho que nos había visto desde el primer momento, mientras acampábamos y fabricábamos las armas. Nos había observado y nos había traído un regalo. Era su manera de damos la bienvenida.
¬óLos seres que se esconden en el bosque son muy antiguos ¬ódije al cabo de un rato¬ó. Cuando el roc√≠o de la creaci√≥n estaba a√ļn fresco, ya habitaban en la tierra. Cuando los hombres llegaron a Albi√≥n, se retiraron a los bosques, donde aguardan y observan.
¬ó¬ŅQu√© observan?
—Todo. Escondidos entre las hojas y las sombras se enteran de todo lo que sucede. Cuidan de los árboles y de los animales que se refugian dentro del círculo de la espesura. Son los guardianes del bosque.
¬óHas dicho que nos ha dado la bienvenida y nos ha acogido en estos parajes. ¬ŅPor qu√© lo habr√° hecho?
—No lo sé. Pero estoy seguro de que seremos observados y creo que también protegidos.
¬óY alimentados.
—Sí, observados y alimentados. Cortaremos un pedazo de carne para el cylenchar, así le demostraremos nuestro respeto y agradecimiento. Si acepta la carne, sabremos seguro que nuestra presencia es bien acogida.
Llew colgó el corzo por las piernas de la rama de un árbol y le practicó un corte en la garganta para desangrarlo; después fue a buscar unas cuantas ramas de sauce y procedió a despellejarlo.
—Estás cansado —le dije—. Vete a dormir. Yo me encargaré de lo demás.
¬ó¬ŅCrees que podr√°s?
—Sí. Te despertaré para cenar —repuse.
El trabajo me result√≥ un poco m√°s dif√≠cil de lo que hab√≠a imaginado, m√°s por la falta de un buen cuchillo de hierro que por la ceguera. Con una hoja de s√≠lex y un rascador, me las apa√Ī√© para despellejar al animal. Cort√© el cuerpo en cuatro trozos lo mejor que pude y le descoyunt√© las ancas. Envolv√≠ en el pellejo las porciones que consider√© prudente reservar; apart√© las asaduras para alimento de los p√°jaros y de los animales del bosque y las arroj√© lejos porque no quer√≠a ensuciar el campamento con los desperdicios.
Cuando hube terminado, llevé la carne junto al fuego, avivé las llamas y clavé las dos ancas en sendos espetones que Llew había fabricado con varas de sauce. Luego procedí a asarlas mientras aguardaba que Llew se despertara.
A mediod√≠a, saboreamos el suculento venado. Comimos hasta hartarnos y luego fuimos al lago a beber y a ba√Īarnos. El agua estaba fr√≠a y nos provoc√≥ una saludable reacci√≥n mientras nad√°bamos y chapote√°bamos. Echaba de menos el jab√≥n y me molestaba la venda h√ļmeda en los ojos. Llew se me acerc√≥ nadando al ver que me la quitaba.
—Es hora de ver cómo va cicatrizando —dije.
¬óDe acuerdo. Yo har√© lo mismo ¬órepuso comenzando a desatarse el vendaje del mu√Ī√≥n.
¬ó¬ŅQu√© tal? Dime lo que veas.
Sentí que me tocaba una sien y me hacía volver la cara de un lado a otro.
¬óNo quiero mentirte, hermano ¬ódeclar√≥ en tono solemne¬ó. No tiene buen aspecto, aunque tampoco tan malo como ser√≠a de temer. Creo que el color ha mejorado. El corte fue profundo. ¬ŅVes algo?
¬óNo. Y no creo que pueda volver a ver jam√°s.
¬óLo siento, Tegid ¬óa√Īadi√≥ en un tono que no dejaba lugar a la menor esperanza.
¬ó¬ŅC√≥mo va tu brazo?
¬óCicatriza. La piel est√° a√ļn ligeramente inflamada, y muy roja. Pero la carne est√° comenzando a cicatrizar en el mu√Ī√≥n. La herida todav√≠a supura un l√≠quido acuoso, pero no amarillento. Me la volver√© a vendar, pero no creo que le resulte perjudicial un buen ba√Īo; el agua fr√≠a le sentar√° bien.
—Si tuviéramos un caldero, haría una pócima para desinflamar la carne... No había acabado de hablar cuando mi visión interior se despertó y vi con los ojos de la mente a un hombre de pie a la orilla del lago con una jofaina en las manos. La alzó por encima de su cabeza y, mientras el sol se asomaba por el risco, la arrojó al lago. Vi el chapoteo y el brillo de la jofaina al hundirse en las aguas.
¬ó¬ŅQu√© ocurre, Tegid? ¬ŅQu√© has visto?
—Hay una jofaina, una vasija de bronce... ahí —indiqué volviéndome hacia el lago—. Fue la ofrenda de un noble en recuerdo de un hijo muerto al nacer.
¬ó¬ŅD√≥nde est√°?
¬óEn el fondo del lago ¬órespond√≠ se√Īalando el lugar que hab√≠a visto en mi mente¬ó. Ah√≠.
—Espera —dijo Llew—. Intentaré cogerla.
Había aceptado mi visión sin hacer preguntas. Enseguida se sumergió en el lago y buscó entre las redondeadas piedras del fondo la vasija que le había descrito. Buceó una y otra vez sin resultado alguno.
¬ó¬°Aguarda! ¬óle grit√©¬ó Esc√ļchame con atenci√≥n; te dir√© exactamente d√≥nde debes buscar.
Me dirig√≠ hacia la orilla. Como antes, mientras me mov√≠a, la imagen mental volvi√≥ a aparecer. A mi derecha vi una pe√Īa enorme medio sumergida en el agua; el hombre que hab√≠a visto estaba de pie en esa pe√Īa con la vasija en las manos. Tropezando en las redondeadas piedras del fondo, llegu√© hasta all√° y me encaram√© a la pe√Īa. Luego me volv√≠ de nuevo hacia el lago y extend√≠ las manos.
¬ó¬ŅD√≥nde est√°s, Llew?
—Aquí —contestó—. Un poco a tu izquierda.
Localicé su situación por la voz y sobrepuse mentalmente su imagen a la que había aparecido en mi mente.
¬óLevanta la mano, Llew.
Levantó la mano sobre su cabeza y la imagen de mi visión interior hizo lo mismo: ambas imágenes se habían convertido en una sola.
—La vasija está detrás de ti, a la derecha —le indiqué.
¬ó¬ŅA qu√© distancia?
Calculé la distancia entre él y el lugar donde había visto el chapoteo.
—Dos pasos a tu derecha —respondí—, y unos siete u ocho pasos más atrás.
Llew se dio la vuelta, se alejó unos pasos y mi visión se desvaneció. Oí el ruido del agua mientras se dirigía al lugar que le había indicado y después un chapoteo me indicó que se había sumergido de nuevo. Buceó varias veces. Yo permanecía en guardia esperando a que emergiera. Durante unos instantes no oí nada y de pronto...
—¡Ya la tengo! —gritó Llew— ¡Aquí está! He encontrado la vasija.
Sali√≥ del agua. Yo extend√≠ los brazos y sent√≠ el fr√≠o y h√ļmedo peso de la vasija en mis manos. Era ancha y honda, de macizo y bien batido bronce; en el borde ten√≠a tres profundas incisiones.
—Es mayor de lo que esperaba —comentó Llew, y adiviné la sonrisa que le iluminaba el rostro—. Estaba boca abajo y bajo el agua parecía una roca. Pero la encontré justo donde me dijiste. —Hizo una pausa y se volvió hacia el lago—. Me pregunto cuántas otras cosas esconden estas aguas.
Iba a responderle, pero antes de que pudiera decir nada oí el relincho de un caballo.
¬ó¬°Escucha!
El relincho reson√≥ de nuevo claramente en el silencio de la ca√Īada.
¬óViene del otro lado del lago ¬ódijo Llew.
¬ó¬ŅVes algo?
No me contestó; sentí su tensión. Oí la ligera brisa que soplaba sobre las aguas; el viento ululaba desde lo alto del acantilado por encima del lago.
—Sí —susurró Llew—. Un guerrero. Con escudo y lanza. Ha bajado hasta el lago para abrevar el caballo. Todavía no nos ha visto.
¬ó¬ŅEst√° solo?
—No veo a nadie junto a él.
¬óObserva bien.
—No, no hay nadie más. Está solo —repuso al cabo de unos instantes—. Se ha arrodillado. Está bebiendo. —Hizo una pausa—. Ahora se levanta. Mira hacia aquí.
Llew me asió el brazo con su mano sana.
—¡Nos ha visto! —siseó—. Ha vuelto a montar.
¬ó¬ŅViene hacia aqu√≠?
Llew pareció dudar.
¬óNo ¬órespondi√≥ al fin solt√°ndome el brazo¬ó. Se va por donde ha venido. Se marcha... Ya no lo veo ¬óa√Īadi√≥ poco despu√©s.
¬óVamos ¬ódije yo entreg√°ndole la vasija y bajando de la pe√Īa¬ó. Creo que debemos prepararnos para recibir visitantes.
¬ó¬ŅCrees que volver√°?
¬óS√≠ ¬óle respond√≠ por encima del hombro mientras cojeaba sobre las piedras de la playa¬ó. Creo que tenemos que dar por sentado que volver√° y esta vez acompa√Īado.
Permanecimos en guardia toda la noche y todo el d√≠a siguiente. Y, aunque Llew escal√≥ el risco para otear la ca√Īada, no vio a nadie. Empec√© a pensar que a lo mejor me hab√≠a equivocado, que el jinete no volver√≠a.
—He recorrido todo el acantilado —comentó cuando regresó al campamento—. No he visto ni oído nada.
Con un profundo suspiro clavó su lanza y se dejó caer al suelo.
—Estoy hambriento, Tegid —le oí decir al otro lado del apagado círculo de la fogata—. Encendamos fuego y asemos un poco de carne.
Dudé. No había encendido fuego la noche anterior por miedo a que lo vieran los intrusos.
¬ó¬ŅQu√© te parece? ¬óinsisti√≥ Llew¬ó. Nadie ha aparecido. Si hubiera alguien en los bosques, lo habr√≠a o√≠do. No hay ni un alma.
Mis temores parecían, en efecto, infundados y exagerados.
¬óMuy bien ¬óconsent√≠ a rega√Īadientes¬ó, amontona la le√Īa. Encenderemos fuego.
Llew apil√≥ los le√Īos y yo encend√≠ la llama. Poco despu√©s, lo que nos quedaba del corzo ¬ótres porciones que a√ļn no nos hab√≠amos comido¬ó estaba as√°ndose en los espetones y el aire se iba impregnando con el agradable aroma de la carne; la grasa crepitaba mientras √≠bamos dando vueltas al asado.
Llew, que estaba muy hambriento, arrancó con los dedos una tira de carne y la engulló sin apenas masticarla.
¬óMmm... ¬ómurmur√≥ de gusto¬ó, est√° excelente, Tegid. Todo el d√≠a he estado so√Īando con este momento.
Mientras la carne se hacía, acerqué la vasija de bronce al fuego. En ausencia de Llew, había preparado la pócima. En el bosque abundaban todo tipo de hierbas y, pese a mi ceguera, en poco tiempo recogí las que necesitaba. La tarea más ardua fue ir a buscar agua al lago y traerla en la vasija sin derramarla.
Eché en el agua las hierbas y las dejé en reposo para que se mezclaran. Ahora que habíamos encendido fuego, me dispuse a calentar la pócima. Mientras aguardaba a que hirviera, preparé una ramita de avellano para removerla. Llew continuaba arrancando tiras de carne del asado y chupándose los dedos, y yo removía el contenido de la vasija olfateando el aroma de las hierbas.
¬ó¬ŅQu√© es ese mejunje? ¬ópregunt√≥ distra√≠damente Llew¬ó. Parece...
—¡Shh! —siseé.
Agucé el oído y escuché atentamente los ruidos del bosque: un pájaro trepador, un zorzal, el suave susurro de las hojas secas bajo los arbustos... y después el apagado tintineo de la brida de un caballo.
¬óEst√°n a cierta distancia todav√≠a ¬ódije¬ó. Alej√©monos del fuego. Nos esconderemos en el bosque hasta que averig√ľemos lo que pretenden.
Llew se puso en pie y empu√Ī√≥ la lanza. Pero, antes de que pudiera dar un paso hacia donde yo estaba, se oy√≥ una voz justo detr√°s de m√≠.
¬ó¬°Quieto, amigo!
Me volví hacia la voz.
¬óNo comet√°is ninguna locura ¬óa√Īadi√≥.
—Suelta la lanza, amigo —ordenó otra voz en tono amenazador.
¬ó¬ŅEs √©sta una bienvenida apropiada para guerreros de nuestro rango? ¬óterci√≥ otra.
—No hagáis el menor movimiento —ordenó la primera.
Oí movimientos detrás de mí y también a ambos lados. Era obvio que habían dejado los caballos a cierta distancia y se habían acercado a nuestro campamento a pie. No teníamos escapatoria. Estábamos rodeados.