13 - El crannog

Acampamos en un claro entre los pinos de la ladera que se cernía sobre el lago. El primer día Llew atrapó dos peces en las trampas que había hecho con canas entretejidas y que había escondido entre los juncos y la frondosa vegetación de la orilla.
Al atardecer, mientras asaba sus presas, charlamos de todo lo que nos había sucedido hasta llegar a aquellos parajes. Discutimos el significado de mi visión y cómo podría hacerse realidad; y determinamos lo que debíamos hacer. Después, con los corazones reconfortados y esperanzados, comimos los pescados y conversamos.
M√°s tarde, mientras rasgaba las cuerdas de mi arpa, Llew me cogi√≥ la mu√Īeca y me dijo con tono decidido:
¬óTegid, quiero hacer algo.
¬ó¬ŅAlgo como qu√©?
—No podemos quedarnos aquí sentados —continuó—, o no sucederá nada. Tenemos que hacer que suceda. Creo que deberíamos intentar algo.
¬ó¬ŅY qu√© es lo que se te ha ocurrido? D√≠melo y lo haremos.
—No sé —admitió—. Pero pensaré en algo.
No dijo nada m√°s por el momento. Pero a la ma√Īana siguiente se levant√≥ con el alba y abandon√≥ el campamento. Yo me despert√© m√°s tarde y me dirig√≠ hacia el lago, pensando hallarlo all√≠. Pero no hab√≠a ni rastro de √©l.
Me metí en el agua hasta la cintura y me lavé. Al salir, oí un ruido pesado y sordo. Agucé el oído y me apresuré a vestirme.
¬ó¬ŅLlew? ¬óllam√©. Luego grit√©¬ó: ¬°Llew! ¬ŅD√≥nde est√°s?
—¡Aquí! —respondió—. ¡Aquí!
El sonido de la voz me indicó que estaba en el vasto prado, junto al lago.
¬ó¬ŅQu√© ha sido ese ruido que he o√≠do? ¬óle pregunt√©.
—Esto —contestó colocando en mis manos un pesado objeto, redondo, suave y frío al tacto.
¬ó¬ŅPara qu√© est√°s acarreando piedras?
¬óEstoy marcando las dimensiones de nuestro caer ¬órepuso cogiendo otro pedrusco¬ó. Las piedras me sirven de hitos.
Al parecer hab√≠a acarreado piedras de la orilla del lago y las hab√≠a apilado. Ahora estaba recorriendo el per√≠metro de lo que iba a ser su fortaleza utilizando las piedras para se√Īalar las murallas. Lo acompa√Ī√© en el circuito y me fue ense√Īando d√≥nde hab√≠a colocado las piedras.
—Está muy bien —le dije—. Pero debería ser un bardo quien eligiera el emplazamiento de una fortaleza; sobre todo si ha de ser la residencia de un rey.
¬óYo no soy un rey ¬ógru√Ī√≥¬ó. Te olvidas de un detalle, Tegid. Soy un mutilado. En este mundo, los hombres no obedecen a un manco. ¬°Es la pura y dura verdad!
—Sí —asentí— ¡Esa es la costumbre! Sin embargo, el Supremo Sabedor es el Sumo Dador...
—¡Basta ya! ¡Estoy harto de oírte!
¬óPues vas a tener que hacerlo ¬óinsist√≠¬ó. La Mano Segura y Certera te ha se√Īalado; te ha escogido para labrar en ti su camino. Ahora te toca elegir a ti: o seguir o dar la vuelta. No hay otro camino. Si eliges seguir, quiz√° se nos revelen m√°s cosas.
¬óNo tiene sentido que yo elija. Nada de esto tiene sentido.
¬óYa te lo he dicho muchas veces: es un misterio.
¬ó¬ŅTodav√≠a persistes en tu idea?
¬óDesde luego ¬órepuse.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ŅQu√© te hace estar tan seguro?
¬óNo estoy seguro ¬óconfes√©¬ó. Nada es seguro. ¬ŅDeseas una certeza?
—¡Sí!
¬óEntonces es que deseas la muerte.
—¡Mi situación es terrible, Tegid!
—Sí, lo es, desde luego. Y difícil. Pero es que vivir es siempre una tarea ardua y fatigosa. Tendrás que escoger al final uno u otro camino. Nadie escapa de tener que elegir.
¬ó¬°Bah! Es in√ļtil seguir hablando contigo ¬ógrit√≥, y su voz reson√≥ en el valle como el grito de un p√°jaro.
¬óEl sendero se va revelando a medida que avanzamos ¬óle dije.
—Hablas como..., como un bardo —replicó colérico.
—Un bardo que no puede dejar de creer que hemos sido conducidos hasta este lugar con un designio. Y el que nos condujo hasta aquí no verá fallido ese designio.
—¡Pero si ya lo está! ¡Yo te creí, Tegid!
Me di cuenta en ese momento de que lo atenazaba un profundo dolor, y comprendí que la pérdida de su mano era la causa. Había en él una tremenda amargura, como si un arroyo envenenado le inundara el alma. Había soportado sus sufrimientos con bravura, pero no había desterrado de su corazón ni el dolor ni la amargura. Latían tras la impaciencia que había mostrado la víspera por la noche y tras el compulsivo trabajo de trasladar las piedras.
—Sólo digo la verdad cuando te aseguro que hay un misterio...
—¡Calla! —rugió arrojando al suelo la piedra que acarreaba—. No me hables más de misterios, Tegid, y no menciones nunca más la dignidad real. ¡No quiero oír ni una palabra más!
Le hervía la sangre, y pese a la distancia que nos separaba sentí el calor de su cólera.
¬ó¬ŅDe qu√© servir√≠a? ¬ómurmur√≥ arrebat√°ndome con brusquedad la piedra que sosten√≠a en mis manos¬ó. Ni siquiera tenemos herramientas para cortar una miserable rama de sauce, y mucho menos para construir algo. Si las tuvi√©ramos, no nos quedar√≠amos aqu√≠; volver√≠amos a Sci, adonde pertenecemos. No hay esperanza; estoy harto.
Nos quedamos callados un rato. El sol nos calentaba la espalda, el viento meneaba los pinos. Arriba, en Druim Vran, o√≠ el graznido de un cuervo. ¬ęEst√° en un error ¬ópens√©¬ó. Pertenecemos a este lugar.¬Ľ
¬óHay una esperanza ¬ódije¬ó. Remota, pero la hay.
¬ó¬°Palabrer√≠a de bardos! ¬ógru√Ī√≥ Llew con desd√©n¬ó. No podemos quedarnos, Tegid. No tenemos nada que hacer aqu√≠. Si no podemos regresar a Sci, vayamos junto a los galanaes. Puede que el pueblo de Cynan nos reciba amigablemente.
Como no contesté, insistió:
¬ó¬ŅMe has o√≠do?
Me incliné hacia la piedra que había caído a mis pies; había oído su impacto contra el suelo cuando la dejó caer.
—Te he oído —repuse—. Tienes razón.
¬ó¬ŅEn que deber√≠amos viajar hacia al sur?
¬óEn que deber√≠amos empezar de alg√ļn modo. Pero no aqu√≠.
¬ó¬ŅQu√© diferencia hay? ¬ómurmur√≥ en tono sombr√≠o.
Me volví hacia el lago. Al hacerlo, mi visión interior se despertó y vi la fortaleza; vi dónde debería estar.
—En el lago, eso es —le dije—. Pero no aquí, allí.
¬óEst√°s loco.
—Quizás —admití acercándome al lago.
¬ó¬ŅQuieres decir en el agua?
—Sí.
¬ó¬ŅEn medio del lago?
—Será un crannog— le expliqué.
¬ó¬ŅUn crannog?
—Es una construcción sobre una falsa isla hecha de troncos y piedras, que es...
¬óS√© c√≥mo es ¬óme interrumpi√≥ Llew con impaciencia¬ó. Pero si no podemos levantar ni una simple caba√Īa de barro, ¬Ņc√≥mo vamos a construir una fortaleza en medio del lago?
Al oírlo, mi visión interior se reavivó y vi una imagen de cómo sería el crannog.
—No será sólo una fortaleza —repuse—, sino una verdadera ciudad.
En efecto, la fortaleza que ve√≠a era muy grande, tanto como lo hab√≠a sido Sycharth. Era una isla de tierra y troncos en medio del lago; y no s√≥lo hab√≠a una isla, sino muchas otras m√°s peque√Īas unidas con puentes y diques que conformaban una enorme fortaleza, un caer construido sobre el agua: viviendas redondas hechas de mimbre y arcilla, empalizadas, graneros, almacenes, y sobre el mont√≠culo central, en medio de la isla mayor, un espacioso palacete para el jefe.
Vi el humo que ascend√≠a de las cocinas de las casas y de la chimenea del palacio. Vi ovejas, vacas y cerdos en los rediles del crannog, y tambi√©n cultivos de cereal plantados en el vasto prado junto al lago. Docenas de embarcaciones de variados tama√Īos surcaban las aguas en torno al caer, los ni√Īos nadaban y jugaban y las mujeres pescaban en los baj√≠os.
Vi todo eso y mucho más. Y se lo fui describiendo a Llew a medida que lo veía.
—Me gustaría verlo con mis propios ojos —comentó, y noté que la amargura desaparecía, se replegaba en lo más recóndito de su corazón.
Luego alzó la piedra que sostenía con su brazo herido, se acercó al lago y oí el chapoteo que producía al caer al agua.
¬ó¬°Ya est√°! ¬ógrit√≥¬ó. Ya he puesto la primera piedra. ¬ŅC√≥mo llamaremos a nuestra ciudad acu√°tica?
¬óT√ļ mismo la acabas de bautizar ¬ócontest√© reuni√©ndome con √©l¬ó. Dinas Dwr... la Ciudad Acu√°tica. As√≠ se llamar√°.
A Llew le agradó el nombre y arrojó otra piedra al lago.
—Dinas Dwr ha comenzado a ser construida —dijo—. Espero de corazón que el Dagda Sumo Dador nos envíe un bote, o no terminaremos nunca de construirla.
—Hará falta algo más que un bote. Hará falta un ejército de obreros y artesanos. No será sólo una ciudad, hermano. Será el refugio de mucha gente, una almenara construida en el norte para toda Albión.
Permanecimos largo rato sentados en una pe√Īa junto al lago, discutiendo la construcci√≥n del crannog. Describ√≠ la forma y la manera de hacerlo, sus ventajas en tiempos dif√≠ciles y sus desventajas. Llew me escuchaba con suma atenci√≥n; cuando hube acabado, se levant√≥.
¬óNo podemos llevar a cabo tan duro trabajo aliment√°ndonos s√≥lo de ra√≠ces, cortezas, pececillos y alg√ļn que otro p√°jaro ¬ódeclar√≥¬ó. Hace falta una buena alimentaci√≥n para fortalecer los brazos que deben levantar pesadas piedras y troncos.
¬ó¬ŅQu√© propones?
¬óBuscar varas de fresno y fabricar algunas lanzas para cazar ¬órepuso¬ó. En el bosque hay caza abundante; lo √ļnico que tenemos que hacer es ir tras ella.
—Sí, pero... —comencé a objetar.
—Sé lo que estás pensando —me interrumpió—. Scatha siempre repetía que un hombre que sólo es capaz de luchar con una mano es un guerrero a medias. Por eso en Ynys Sci aprendíamos a manejar las armas con ambas manos.
¬óNunca he puesto en duda tu capacidad.
—Tendré que practicar, desde luego —admitió—, pero recuperaré mi habilidad, ya lo verás.
¬ó¬ŅC√≥mo cortar√°s y afilar√°s las varas de fresno? ¬ópregunt√©.
—Con sílex —respondió—. Lo hay en la cima del risco y en las laderas. Lo utilizaremos para hacer rascadores, hachas y puntas de lanza.
Empleamos todo el d√≠a siguiente en coger y astillar s√≠lex para fabricar los instrumentos cortantes que necesit√°bamos. Me result√≥ m√°s f√°cil de lo que imaginaba trabajar al tacto y pronto me convert√≠ en un verdadero experto en la fabricaci√≥n de cortantes lascas de piedra tan afiladas como si fueran de hierro, aunque no tan resistentes. No ten√≠amos cuero para atar las hojas a la madera, pero utilizamos jirones de tela que arrancamos del borde de nuestros mantos. Trenc√© los jirones y despu√©s proced√≠ a trenzar otra vez las tiras resultantes: tres veces tres era un n√ļmero satisfactorio y adem√°s resistente.
Mientras trenzaba las cuerdas, Llew buscó una rama resistente para hacer el mango del hacha. Encontró una bastante gruesa de roble acabada en dos puntas y yo até la lasca de sílex a la madera.
Llew prob√≥ la resistencia de la herramienta golpeando un le√Īo.
—Servirá perfectamente —anunció sopesando la recién fabricada hacha—. Ahora sólo nos queda encontrar una buena vara de fresno.
—Hallarás las que quieras en el borde este del risco —le indiqué.
¬ó¬ŅEs que las has visto?
—No, pero sin duda es allí donde hay fresnos.
Regresó antes de que cayera la noche no con un par, sino con seis hermosas y flexibles varas de fresno. Cuatro estaban verdes, pero había dos secas que había arrancado de la ladera. Ya las había pelado y sólo faltaba afilarlas con el rascador de sílex que yo había fabricado.
Con una de las varas me hizo un bastón. Era más largo y más delgado que los que había usado hasta entonces, pero decidí que era muy manejable y apropiado para un bardo ciego.
—Siento que no sea un bastón de serbal —comentó Llew—. Pero te servirá hasta que encontremos algo más adecuado.
Acaricié la pulida y redondeada madera. Había hecho un buen trabajo con las rudimentarias herramientas y alabé su habilidad.
—Has hecho un magnífico trabajo, Llew. Es un excelente bastón. No podría tener otro mejor.
Al día siguiente, mientras Llew fabricaba el astil, acabé de hacer la punta de lanza y de trenzar tela para atarla. Cuando terminamos, empezaba ya a oscurecer.
¬óMa√Īana comeremos carne ¬óafirm√≥ Llew masticando una ra√≠z de malva¬ó. ¬°Ojal√° tuvi√©ramos un poco de sal! ¬óa√Īadi√≥.
—Estamos muy lejos del mar, pero en estos bosques abundan las hierbas aromáticas. Buscaré algunas en tu ausencia.
—Ten el fuego preparado. Traeré una buena cena —prometió.
Cumplió su promesa, sólo que en lugar de un jabalí o un ciervo, trajo tan sólo una ardilla. Volvía muy decepcionado y comentó que hubiera hecho mejor en emplear su tiempo pescando.
¬óLos ciervos corren demasiado deprisa ¬ómurmur√≥ mientras aguardaba que se asara la ardilla¬ó. Antes de que pueda ensayar un tiro decente, han desaparecido. Sin un caballo, jam√°s podr√© darles alcance. Y los jabal√≠es son muy peligrosos para un cazador a pie. Si quiero conseguir un ciervo o un jabal√≠ ¬óa√Īadi√≥¬ó, tendr√© que subir a un √°rbol, y aguardar a que la presa pase por debajo.
—Convendría localizar el sendero por donde van a beber —le sugerí—. A buen seguro toda la caza que hay a este lado del risco viene a abrevar al lago. Encuentra el sitio y aguarda allí.
Al d√≠a siguiente Llew se march√≥ a explorar las orillas del lago en busca del abrevadero. Yo cog√≠ el bast√≥n que me hab√≠a hecho y tanteando aqu√≠ y all√° me intern√© en el bosque y encontr√© un buen pu√Īado de nueces que envolv√≠ en unas hojas.
Llew regresó a mediodía con la noticia de que había encontrado el abrevadero y el sendero por el que a buen seguro los animales bajaban desde el bosque al lago.
—Está en la orilla oeste; el bosque es frondoso y el agua poco profunda. He visto rastros de ciervos y de jabalíes. A unos cien pasos del abrevadero hay un pino al que puedo subirme; es viejo y grande y el sotobosque poco denso. El sendero pasa justo debajo de una de las ramas del árbol y sin duda podré hacer un disparo certero desde allí. Deséame suerte, Tegid.
¬óClaro que te la deseo ¬órepuse¬ó. Pero ¬Ņvas a ir ahora mismo?
¬óCreo que ser√° lo mejor. Quiero apostarme antes de que caiga la noche para que no me olfateen.
—Vete, pues, y llévate esto —le dije tendiéndole las nueces envueltas en la hoja—. Que tengas buena caza.
Las cogi√≥ y yo me dispuse a esperar el resto del d√≠a. La luna apareci√≥ tarde, mucho despu√©s de que hubiera oscurecido. No esperaba que mi amigo regresara hasta la ma√Īana, pero mantuve el fuego encendido durante la noche para que pudiera orientarse si volv√≠a antes del amanecer.
Mientras caía la noche, cogí el arpa y me puse a cantar. La dulce melodía de las cuerdas se esparció por las tinieblas que me rodeaban como el resplandor de la fogata que yo no podía ver. Entoné con voz suave una melodía de paz y reposo para no perturbar la serenidad del bosque y de la noche.
Las cristalinas notas del arpa se derramaban dulcemente por el aire, las llamas crepitaban, y, de pronto, en una sutil alteración del aire, intuí la presencia de alguien. Se me puso la piel de gallina; alguien me estaba mirando.
Sent√≠ la presencia del intruso justo fuera del c√≠rculo de luz del fuego. ¬ŅEra un animal? No, no era un animal.
Interrumpí mi canción pero seguí rasgueando el arpa, aguzando el oído para captar hasta el más débil de los sonidos nocturnos. Al principio no oí nada, pero después capté una sofocada espiración.
Dejé a un lado el arpa y me puse en pie lentamente.
¬ó¬ŅQui√©n est√° ah√≠? ¬ópregunt√© con tono amable.
No hubo respuesta, pero capté un rumor de hojas, como si alguien devolviera a su lugar una rama que había mantenido apartada.
—Ven —dije, esta vez con tono decidido y enérgico—. Te invito a compartir conmigo el fuego.
Tampoco hubo respuesta.
¬óNo tengas miedo. No te har√© da√Īo. Ven. Charlaremos un rato.
Tampoco esta vez hubo respuesta; pero sí oí de forma clara e indistinta el crujido de una ramita y el rumor de las hojas mientras el intruso desaparecía. Esperé unos instantes: silencio absoluto. De nuevo estaba completamente solo.
Di una vuelta en torno al fuego dirigiéndome hacia el lugar donde había estado mi tímido visitante. Me apoyé en el bastón y agucé el oído, pero no oí nada. Luego, cuando me disponía a volver junto al fuego, noté algo bajo mis pies. Me incliné y lo cogí. Era un objeto plano y quebradizo, con agudas espinas unidas a un tallo de madera.
Le di varias vueltas entre los dedos antes de adivinar de qué se trataba: era una ramita de acebo.