12 - Druim vran

—Te la regaló —dijo Llew—. Quería que te la quedaras.
La tentación era grande; jamás había tocado un arpa tan magnífica.
¬ó¬ŅHa dejado algo m√°s? ¬ópregunt√©.
Llew se detuvo y echó una ojeada al campamento.
—No —dijo—. Sólo el arpa. No hay rastro del tonel de cerveza, ni de las jarras; ni siquiera de las sobras de la comida. Todo ha desaparecido excepto el arpa. Es tuya, créeme. Incluso tiene una correa.
Al despertarnos, la cueva estaba vac√≠a; el se√Īor de la fragua hab√≠a desaparecido. Pero hab√≠a olvidado el arpa. Quiz√°, como insist√≠a en repetir Llew, Gofannon deseaba que me la quedara. Pero yo hab√≠a empezado a albergar dudas acerca de nuestro gigantesco anfitri√≥n.
—Deberías quedártela, Tegid —insistió Llew— no puedes dejarla ahí tirada.
—Tienes razón, hermano. —Cogí la correa y me cargué el arpa al hombro—. Vámonos.
Silenciosamente, para no perturbar la paz del nemeton, emprendimos el camino; Llew abría la marcha, y yo lo seguía con la mano izquierda sobre su hombro, tanteando el camino con la vara que llevaba en la mano derecha. No regresamos al campamento del día anterior, sino que seguimos el sendero que bordeaba el río. Caminamos largo rato. Llew iba sumido en sus pensamientos, y yo también tenía suficientes preocupaciones con las que entretenerme.
El día era templado. Caminábamos por la ribera del río, cosa que hacía más fácil la marcha. A mediodía nos detuvimos a beber, cogiendo el agua con las manos, y después nos sentamos en el herboso bancal a descansar.
—Anoche fue la primera vez desde que..., desde que Meldron... —Llew se interrumpió—, la primera vez que no sentí dolor.
Me di cuenta de pronto que mi herida ya no me molestaba ni me ard√≠a. Me llev√© una mano a mis destrozados ojos; aunque la herida estaba a√ļn tierna, el dolor hab√≠a desaparecido por completo.
—Al parecer Gofannon nos ha favorecido con su bendición, tal como prometió —observó Llew.
—No creo que fuera Gofannon —dije más para mí mismo que para que me oyera Llew.
¬ó¬ŅQu√© quieres decir?
—Tomó la apariencia de Gofannon —respondí—, pero creo que no fue el Artífice de la Forja quien nos hospedó anoche.
¬óEntonces ¬Ņqui√©n era?
¬óOtro gran se√Īor, mucho m√°s poderoso y ancestral. Quiz√° la mism√≠sima Mano Segura y Certera.
—Quizá —repuso Llew pensativamente—. No lo viste mientras cantaba. Pero yo lo observé con mucha atención. Cambió por completo, Tegid. Antes tenía una apariencia salvaje, imponente, pero, mientras escuchaba tu canción, adquirió un aspecto totalmente distinto. Te lo aseguro, hermano, cambió por completo.
¬ó¬ŅDe verdad?
—Si lo hubieras podido ver, lo creerías. Cuando terminaste de cantar, no podía ni hablar. Ni yo tampoco. Siempre has cantado muy bien, Tegid, pero anoche... —Llew hizo una pausa, como buscando las palabras más adecuadas—. Anoche cantaste como el mismísimo Phantarch.
Me quedé pensativo. A decir verdad, mientras cantaba, me había parecido que podía ver. Mientras la canción salía de mi boca y las palabras me iban fluyendo a los labios, dejé de ser ciego. Durante todo el tiempo que estuve cantando, vi el esplendor del mundo ante mí, como si mis tinieblas se iluminaran con la luz de la canción, como si la visión de la canción se convirtiera en mi vista.
Reanudamos la marcha y nos fuimos internando en las boscosas colinas de Caledon. Bajo mis pies not√© que la tierra comenzaba a ascender, las colinas eran m√°s altas y los valles m√°s profundos a medida que nos acerc√°bamos a los picos de las monta√Īas. El r√≠o se fue haciendo m√°s estrecho, m√°s profundo, m√°s r√°pido, y la corriente m√°s ruidosa. Llew me guiaba con habilidad: se hab√≠a convertido en mis ojos.
Pero, a medida que el sendero ascend√≠a y el bosque se espesaba, nuestra marcha se hizo m√°s lenta y se convirti√≥ en una penosa ascensi√≥n. Para aliviar el cansancio, √≠bamos charlando de la tierra, de las estaciones, de los movimientos del sol en la b√≥veda celeste. Discut√≠amos el nombre y la posici√≥n de las estrellas: la U√Īa del Cielo, el Bendito Salvado, el Carro, el Oso y el Jabal√≠, las Siete Doncellas, Arianrhod con la Rueda de Plata y todas las dem√°s. Ahond√°bamos en misterios a la vez antiguos y sagrados. Charl√°bamos de cosas secretas y de cosas conocidas, de cosas visibles y de cosas invisibles, como los poderes del aire y del fuego, de la tierra y del agua; de principios y verdades como la sinceridad, el honor, la lealtad, la amistad y la justicia. Habl√°bamos de grandes reyes y jefes, de l√≠deres sabios y de l√≠deres locos. Tambi√©n charlamos largamente de la dignidad real, del derecho a gobernar pueblos y naciones, de los secretos del recto juicio, de la sagrada naturaleza de la soberan√≠a.
Como siempre, Llew mostraba gran interés por todo. Su capacidad era asombrosa. Tenía una memoria de bardo. Aprendía y recordaba. Su sabiduría crecía, como crecen los árboles cuando alcanzan con sus raíces las aguas subterráneas: a lo alto y a lo ancho, extendiendo sus ramas y sobresaliendo en la espesura. Como hubiera dicho Ollathir, se estaba convirtiendo en un roble de sabiduría.
Le dije muchas cosas que s√≥lo conoc√≠an los bardos. Pero ¬Ņqu√© importaba? Ya no hab√≠a bardos en Albi√≥n, y la sabidur√≠a, igual que el fuego, se acrecienta cuando se comparte.
Pero, aunque iban acrecentándose sus conocimientos, no vislumbré en él la menor chispa del awen, el menor destello del resplandor que se escondía en su alma. El awen de Ollathir permanecía oculto como una gema escondida, aguardando revelarse cuando y donde quisiera.
Com√≠amos lo poco que encontr√°bamos, pero el hambre era nuestra compa√Īera inseparable. En cambio, no padec√≠amos sed, porque beb√≠amos agua del r√≠o hasta saciarnos. Nuestros cuerpos enflaquecieron por el ayuno y se fortalecieron con los rigores del camino. Las privaciones nos acercaron a√ļn m√°s a nuestras almas. Llew y yo nos convertimos en hermanos de coraz√≥n, porque nos un√≠a un lazo m√°s estrecho que el de la sangre.
Un día, después de muchas jornadas de viaje, nos despertaron la lluvia y el viento del norte. Permanecimos bajo los árboles esperando a que el temporal cesara. Llovió todo el día y, cuando finalmente cesó la lluvia y las nubes se despejaron, era ya demasiado tarde para emprender la marcha. Pero, así y todo, ascendimos hasta el final del sendero para ver el panorama.
¬óEstamos en la cima de una colina que se cierne sobre una ca√Īada ¬óme explic√≥ Llew¬ó. La colina que se alza al otro lado de la ca√Īada es muy alta, m√°s que √©sta.
¬ó¬ŅQu√© hay m√°s all√°?
—No lo veo; hay una pared alta y escarpada. Será difícil escalarla. Quizá sea mejor buscar otro camino.
Asentí, tratando de grabar en mi mente el paisaje que acababa de describirme.
¬ó¬ŅQu√© aspecto tiene el bosque?
¬óAbundan sobre todo los pinos, muy densos en las ca√Īadas, pero un poco m√°s escasos en las cimas. ¬óHizo una pausa para abarcar todo el panorama a izquierda y derecha¬ó. Creo que la colina forma parte de una enorme cordillera; parece que hay un camino que la recorre de norte a sur. Si es as√≠, podr√≠amos seguirlo en direcci√≥n sur.
Medit√© unos instantes. ¬ŅEra posible que hubiera en Caledon alg√ļn sendero antiguo? Tal vez, pero yo no sab√≠a de ninguno. De pronto el viento arreci√≥ y cambi√≥ de direcci√≥n soplando del sur y llev√°ndose la lluvia; el aire se llen√≥ de un fuerte aroma a pino h√ļmedo.
Inspir√© el agradable perfume, y ante los ojos de mi mente apareci√≥ la imagen de un lago: el lago de mi visi√≥n. De pronto, vi la escarpada ladera de la ca√Īada que se hund√≠a en el bosque y los altos pinos que se alzaban hacia un despejado cielo azul, que se reflejaba en la l√≠mpida superficie del lago.
¬ó¬ŅQu√© te sucede, Tegid? ¬ópregunt√≥ Llew, que ya se iba acostumbrando a mis lapsos¬ó. ¬ŅQu√© est√°s pensando?
¬óSubamos al punto m√°s alto de la sierra.
Llew no dijo que no.
¬óQueda poco tiempo de luz; estamos lejos y se har√° de noche antes de que lleguemos a la cima.
—A mí me da exactamente igual.
Llew me dio un codazo.
¬ó¬ŅEs un chiste, Tegid? Es la primera vez que bromeas a costa de tu ceguera.
Luego observó el camino que teníamos que seguir y suspiró.
¬óVamos.
Descendimos muy deprisa, pero la ascensión de la otra ladera fue muy penosa. Llew se apresuraba todo lo que podía mientras la luz iba apagándose. Habría ido más deprisa sin mí, pero tampoco mucho más, pues, aunque los matorrales me golpeaban constantemente las espinillas, me había convertido casi en un experto en tantear el camino con mi bastón y podía andar con relativa velocidad.
A medida que la pendiente iba haci√©ndose m√°s abrupta, las instrucciones de Llew fueron haci√©ndose m√°s sucintas; hablaba s√≥lo lo necesario para guiarme, y me pregunt√© asombrado si era consciente de lo bien que lo hac√≠a. ¬ŅAcaso era muy diferente guiar a un ciego que gobernar a los hombres? Escoger la direcci√≥n adecuada, elegir el sendero m√°s seguro, advertir de las irregularidades del camino con palabras de √°nimo, guiar, abrir la marcha sin alejarse demasiado... En el fondo, ¬Ņno consist√≠an en lo mismo el trabajo de gu√≠a y el de rey?
—Ya queda poco —comentó Llew—. Casi hemos llegado.
¬ó¬ŅQu√© ves? ¬óle pregunt√©.
¬óEstaba en lo cierto al pensar que se trataba de una cordillera. ¬óMe cogi√≥ del brazo y tir√≥ de m√≠ hasta colocarme junto a √©l¬ó. El panorama es espl√©ndido, Tegid. El sol se ha puesto y el cielo tiene el color del brezo. Estamos en un risco muy alto. Ante nosotros se abre una vasta ca√Īada en forma de escudilla, rodeada casi enteramente por la pared del risco. Un arroyo atraviesa la pared en alg√ļn lugar ah√≠ abajo y desemboca en un lago que hay en el centro de la ca√Īada. Altos √°rboles bordean el lago por tres lados; en el cuarto hay un hermoso prado cubierto de yerba. El lago es como un espejo; se ven las nubes reflejadas en el agua... y las estrellas que han comenzado a aparecer. Es bell√≠simo ¬óconcluy√≥¬ó. Me gustar√≠a poder describ√≠rtelo mejor. Me gustar√≠a que pudieras verlo con tus propios ojos.
—Lo he visto —repliqué—. Y realmente es muy bello.
¬ó¬ŅConoc√≠as este lugar?
—Nunca había estado aquí —le expliqué—, pero estoy casi seguro de que es el paraje que vi en mi visión.
¬óLa visi√≥n que tuviste en el bote..., ya recuerdo. ¬óLuego contempl√≥ otra vez el lago¬ó. ¬ŅQu√© m√°s viste, Tegid?
Reavivé los recuerdos de aquella tormentosa noche y busqué los resplandecientes destellos de mi visión.
—Vi un lago..., vi una fortaleza de enormes y robustos troncos... Vi un ejército incomparable..., centenares de guerreros reunidos en torno a un trono que se levanta sobre un montículo —le dije reviviendo las imágenes—. Vi...
¬óEspera; quisiera que describieras el paraje con todo detalle. Procura ser muy preciso.
Me concentré, asiendo en mi mente las imágenes.
—Veo —comencé despacio— un soto de altos pinos que asoman por el risco a nuestra derecha. La ladera es escarpada y boscosa y se levanta desde la misma orilla del lago.
¬óSigue.
¬óEl lago es m√°s largo que ancho; ocupa casi toda la longitud del valle. Como has dicho, est√° bordeado de √°rboles por tres lados, y en el cuarto hay un prado herboso.
¬ó¬ŅC√≥mo es el prado?
¬óForma una peque√Īa llanura entre el lago y la monta√Īa; una llanura perfectamente resguardada porque el risco se alza desde el suelo formando una escarpada pared a modo de muralla natural.
¬ó¬ŅQu√© m√°s?
¬óEl lago est√° rodeado por una playa rocosa; de piedras negras, del tama√Īo de hogazas. Del bosque salen algunos senderos de caza que van a parar al lago.
—Es increíble —asintió Llew—. Es tal y como lo describes. —Me dio una palmada en el hombro—. Bajemos al lago. Acamparemos allí.
¬óPero has dicho que ha oscurecido. ¬ŅC√≥mo vas a ver el camino?
¬óNo lo veo ¬ócontest√≥ alegremente¬ó. Es de noche. Pero no necesito ver el camino. T√ļ me guiar√°s.
¬ó¬ŅTe burlas de m√≠?
¬ó¬ŅNo dijiste que te daba exactamente igual? ¬órepuso¬ó. Tu vista interior nos llevar√° hasta all√≠. Ni tropezaremos ni nos perderemos. No daremos ni un solo paso en falso.
Se oy√≥ el graznido de un cuervo. Aguc√© el o√≠do y o√≠ otro en respuesta, luego muchos m√°s. Pronto la cima de la monta√Īa reson√≥ con los desgarrados y agudos graznidos. Los cuervos se estaban reuniendo en el risco para pasar la noche.
¬ó¬ŅHas o√≠do? ¬ódijo Llew¬ó. Los guardianes de este lugar nos est√°n saludando. Vamos, hermano, sin duda seremos bien recibidos en estos parajes.
Est√°bamos en Druim Vran, el Risco de los Cuervos... ¬ęEs sin duda el lugar que apareci√≥ en mi visi√≥n¬Ľ, pens√©, y me pareci√≥ o√≠r de nuevo las prof√©ticas palabras de la banf√°ith. ¬ęPero Caledon se salvar√°; la Bandada de Cuervos acudir√° en tropel a sus umbr√≠as ca√Īadas, y el graznido ser√° su canci√≥n.¬Ľ
Llew estaba en lo cierto. Me sumergí de nuevo en la visión que me había sido concedida y, ¡sí!, como si estuviéramos a plena luz del día, vi el camino que se extendía a mis pies.
—Muy bien —asentí—. Probemos la exactitud de mi visión. Bajaremos juntos.
Me ajust√© la correa del arpa al hombro y di un paso con alegre audacia. Mi pie se pos√≥ en el camino que hab√≠a visto mi mente. Luego di otro paso y otros dos m√°s. Ante mi sorpresa, el camino que ve√≠a con los ojos del alma iba apareciendo a medida que avanz√°bamos. Vislumbr√© el estrecho sendero que descend√≠a ante m√≠, aunque m√°s que camino era un curso seco de agua pre√Īado de ra√≠ces y de rocas desprendidas. Peligroso incluso a plena luz del d√≠a, iba a resultar muy traicionero para Llew en plena oscuridad.
Di unos cuantos pasos m√°s.
—El sendero desciende abruptamente ahora —indiqué a Llew describiéndole lo que veía en mi mente—. Apoya tu mano en mi hombro. Bajaremos muy despacio.
Llew obedeció, y juntos emprendimos el lento descenso hacia el lago. Me concentré con todos mis sentidos; pese al frío de la noche, el sudor me corría por la frente y por la espalda. Cada paso era una prueba de confianza, una promesa que se renovaba y nos acercaba penosamente a la recompensa final.
As√≠ √≠bamos descendiendo siguiendo el tortuoso sendero. Contrariamente a la optimista afirmaci√≥n de Llew, perd√≠amos a menudo pie: tropez√°bamos en las piedras y nos enred√°bamos con las ra√≠ces; resbal√°bamos en los cantos rodados y nos ara√Ī√°bamos con ramas y matojos. Pero segu√≠amos adelante haciendo caso omiso de todos esos insignificantes obst√°culos.
—Tegid, eres una auténtica maravilla —jadeó Llew con alivio cuando hubimos terminado el penoso descenso.
Caminamos un poco más hasta un lugar desde el que se veía el lago. Los árboles eran muy altos; encontramos un abrigo entre las ramas y nos dejamos caer sobre un lecho de pinaza.
¬óEstoy rendido ¬óa√Īadi√≥ con un gemido.
No tardó en quedarse dormido en el mismo lugar donde se había dejado caer.
Yo también estaba exhausto. Pero mi mente ardía de agitación. Ciego, había logrado salvar aquel camino traicionero. Guiado sólo con mi visión mental, había encontrado el invisible sendero, y sentía que dentro de mí un nuevo poder surgía como la llama de un fuego recién encendido. La visión que había tenido aquella pavorosa noche de tormenta se había hecho realidad. Paso a paso, habíamos comprobado que era cierta.
Estaba ciego, pero hab√≠a encontrado una nueva capacidad para ver. Y me parec√≠a que la vista que ahora pose√≠a era m√°s fidedigna que la que ten√≠a antes. ¬°Pod√≠a ver! Ya no me sent√≠a confinado en las limitaciones de la luz y la distancia. ¬°Pod√≠a ver! Si pod√≠a ver m√°s all√° de los m√°s lejanos panoramas, ¬Ņpodr√≠a tambi√©n ver m√°s all√° del presente y del futuro, podr√≠a ver lo que todav√≠a ten√≠a que ocurrir?
No pude conciliar el sue√Īo. ¬ŅC√≥mo hubiera podido? Me arrebuj√© en mi manto, contemplando mentalmente el lago, tal como era, tal como quiz√° podr√≠a ser. Rasgu√© suavemente las cuerdas del arpa y me puse a cantar, expresando con mi voz la visi√≥n que ard√≠a en mi alma. El Supremo Sabedor es el Sumo Dador; que todos los hombres honren y veneren al que sostiene todo lo creado con su Mano Segura y Certera.