36 - La canción

Desde la muralla, miles de piedras llovieron en medio de la galerna. Cayeron dando vueltas y tumbos y se rompieron en resplandecientes a√Īicos que se precipitaron entre la tormenta sobre la enfurecida masa de enemigos. Cada astilla, cada fragmento levantaba un acorde de incomparable armon√≠a.
Los acordes se acompasaban y entremezclaban en una hermosa melod√≠a que abat√≠a las filas del enemigo. Nudd rugi√≥ al o√≠rla, levant√≥ el negro colmillo de Wyrm, y el vendaval se convirti√≥ en un ensordecedor estruendo. El viento sofocaba la maravillosa melod√≠a, la apagaba con su terror√≠fico ulular. Est√°bamos perdidos; nada, ni siquiera la Canci√≥n de Albi√≥n, pod√≠a sobrevivir ante el azote del odio del Se√Īor de las Tinieblas, la Muerte y la Destrucci√≥n.
El viento ululaba, arrastrando el sonido como para llevárselo lejos. Pero el sonido no se extinguió con la tempestad. Se intensificó y se hizo más sonoro; se extendió con la tormenta y llenó las alturas azotadas por el viento con la resplandeciente melodía, como si el vendaval acrecentara su fuerza. Y de pronto el sonido comenzó a formar palabras, las vivificadoras palabras de la Canción de Albión:
¬°Gloria del sol! ¬°Estrella rutilante de los cielos!
¬°Luz de luz, Excelsa y Sagrada tierra,
que resplandece con las bendiciones del Sumo Dador!
¡Eterno don para la Raza de Albión!
¡Surcada por incontables ríos! Piélago de azules aguas,
playa de blancas olas, firmamento sacrosanto,
exaltada por el poder del √önico,
y bendecida por su paz.
¡Fuente de maravillas para los Descendientes de Albión!
¬°Deslumbrante con la pureza sin par de su verdor!
Hermosa como el esplendoroso destello de la esmeralda,
resplandecen sus profundas ca√Īadas,
brillan sus campos de labor.
¡Gema de incalculable valor para los Hijos de Albión!
Los coranyid no pudieron resistir el poder de la Canci√≥n. La m√ļsica los abati√≥ y cayeron ahog√°ndose, vomitando, jadeando, luchando por respirar. Mientras la Canci√≥n los arrollaba, la Hueste Demon√≠aca comenz√≥ a fundirse, a filtrarse por el suelo, a disolverse como el barro en la lluvia. La odiosa horda del infierno hund√≠a en la tierra los pies, las rodillas, las caderas; se licuaba, se desvanec√≠a, desaparec√≠a, se colaba por las grietas que se abr√≠an en la tierra para trag√°rselos. El omnipotente esplendor de la Canci√≥n los empujaba hacia las profundidades, arrojando sobre ellos las alegres notas de su melod√≠a como si fuera una lluvia de esplendorosas flechas. Los demonios hu√≠an de la Canci√≥n y se apresuraban a volver a las l√ļgubres galer√≠as de su mundo subterr√°neo.
¬°Rica en picos coronados de nieve, inconmensurablemente vasta!
¬°Fortaleza de escarpadas monta√Īas!
¬°Elevadas alturas, oscurecidas por los bosques y enrojecidas por veloces ciervos,
proclaman al viento el orgulloso esplendor de Albión!
¬°Veloces caballos cruzan las praderas! ¬°Gr√°ciles reba√Īos
beben hidromiel en dorados ríos,
retumban poderosos cascos,
en atronadora alabanza al Supremo Sabedor,
fuente de alegría para el corazón de Albión!
En tonos cada vez más agudos, la Canción se levantó hasta las nubes en esplendorosa melodía, hiriendo el helado cielo de sollen. La luz del sol brilló y resplandeció, fundió las tinieblas e iluminó los escondidos parajes donde se habían hecho fuertes las sombras. La hermosa y dorada luz hirió a la Hueste del Abismo, que gritó de dolor mientras los demonios se apresuraban a huir arrastrándose como lagartos, escarbando como escarabajos, deslizándose como víboras y buscando desesperadamente el refugio de sus fétidas e insalubres madrigueras.
Entretanto, la Canci√≥n resonaba en el aire. Toda Albi√≥n se estremec√≠a con su m√ļsica, y la Canci√≥n era coreada de monta√Īa a monta√Īa y llenaba con su esplendor ca√Īadas y valles, como las aguas de una tempestuosa marea desbordan los diques e inundan las tierras, como las fuentes de dorado hidromiel rebosan las tinas, como un impetuoso r√≠o alimentado por infinitos arroyos crece, se desborda y se precipita en cascada sobre la tierra arrastrando todo en torrentes de chispeante agua. Nosotros ahuec√°bamos las manos y beb√≠amos todo lo que pod√≠amos contener en ellas, pero las aguas ¬óla Canci√≥n¬ó segu√≠a huyendo sin disminuir.
S√≥lo logr√°bamos captar peque√Īos fragmentos de su totalidad, pero esos insignificantes retazos representaban para nosotros la vida. La letra de la Canci√≥n, pre√Īada de vida, reconfortaba nuestros corazones y nuestras almas. Solloz√°bamos de alegr√≠a al o√≠rla.
Dorado es el grano del Supremo Dador,
generosa la liberalidad de los fértiles campos.
La tierra tiene el color rojo y oro de las manzanas,
la dulzura de los esplendorosos panales de miel.
¡Es un milagro de abundancia para las tribus de Albión!
De plata es el tributo de las redes, numerosísimo el tesoro
de las felices aguas; salpicando de marrón las laderas
lustrosos reba√Īos sirven
al Se√Īor del Fest√≠n.
¡Una maravilla de abundancia para las mesas de Albión!
Nudd, inmóvil y solo en medio de la marea de sus fugitivas fuerzas, levantó la lanza y emitió un terrible alarido de desafío. Pero la Canción, rodeándolo, sofocó su grito. Y, en lugar de la odiosa voz de Nudd, seguimos oyendo la Canción.
Hombres sabios, Bardos de la Verdad, audazmente
inflaman sus corazones con la Creación.
¡La sabiduría,
la clarividencia,
la gloria de la verdad pertenece a los hombres de Albión!
¬°Encendida en las llamas celestiales, fraguada
en el abrasador fuego del Amor,
inflamada de la pasión más pura,
abrasada en el corazón del Creador,
una esplendorosa bendición ilumina a Albión!
El enloquecido Nudd no pudo resistir m√°s ante la exaltada majestad de la Canci√≥n. Abandonado por la legi√≥n de malditos, debilitado por la magnificencia de la Canci√≥n y por su inmisericorde embestida, el Pr√≠ncipe del Abismo, el Se√Īor de la Corrupci√≥n, se rindi√≥. Bram√≥ su furia contra las cumbres de las monta√Īas, pero la Canci√≥n lo cubr√≠a, lo saturaba, lo embargaba todo.
Nobles se√Īores de rodillas en se√Īal de adoraci√≥n,
hicieron votos perpetuos
de abrazar la causa de la misericordia,
de honrar eternamente al Jefe de los jefes.
¡La vida más allá de la muerte fue prometida a los Hijos de Albión!
La dignidad real surgió de la infinita Virtud,
forjada por la Mano Salvadora;
con la osadía que nace de la Honradez,
con la valentía que nace de la Justicia,
¡una espada de honor para defender a los Clanes de Albión!
Formada con los Nueve Elementos Sagrados,
fraguada por el Amor y la Luz del Se√Īor,
Gracia de las Gracias, Verdad de las Verdades,
llamada al Día de la Lucha,
¡Aird Righ reinará para siempre en Albión!
Derrotado, Nudd se precipit√≥ tras sus coranyid en las profundidades del mundo infernal. Vimos c√≥mo su negra silueta iba palideciendo hasta disolverse como una sucia neblina ante la resplandeciente claridad del sol. El perverso enemigo desapareci√≥ ante nuestros ojos, se hundi√≥ en el abismo del que hab√≠a sido liberado. Nudd fue el √ļltimo en desaparecer y debi√≥ de llevarse con √©l la Caldera de la Resurrecci√≥n, porque, cuando todo hubo acabado, no encontramos ni rastro de ella.
Miré la meseta que se extendía junto a las murallas. No quedaba ni un solo enemigo. Todos se habían desvanecido. La dorada luz del sol alumbraba por doquier; el cielo resplandecía brillante y azul entre dispersos jirones de nubes. El asedio había concluido, la batalla había acabado. Estábamos a salvo.
Nos miramos unos a otros, y por unos instantes el mundo se estremeci√≥ con el √ļltimo eco mientras la Canci√≥n se alejaba. Luego un agudo grito rompi√≥ la quietud. Me di la vuelta con rapidez y vi que Tegid, encaramado al muro, danzaba alegremente con los brazos extendidos y el manto flotando en torno. Poco despu√©s todos se pusieron a gritar y llorar; eran gritos de alegr√≠a y l√°grimas de felicidad. Algunos subieron tambi√©n al parapeto y se pusieron a bailar. La alegr√≠a era tan grande que todo el caer vibraba con la algarab√≠a.
Por encima del tumulto, o√≠ que Tegid entonaba una canci√≥n con voz potente y clara. Estaba cantando la Canci√≥n de Albi√≥n. Las palabras surg√≠an de lo m√°s profundo de su coraz√≥n y prend√≠an en los corazones de los dem√°s como chispas desprendidas de una antorcha. Y enseguida la Canci√≥n de Albi√≥n reson√≥ en las monta√Īas que rodeaban la fortaleza.
¬ó¬°Escucha! ¬ógrit√© dirigi√©ndome al rey que estaba a√ļn a mi lado¬ó. La Canci√≥n de Albi√≥n ha sido recuperada.
Pero el rey no me contestó. Había inclinado la cabeza y cerrado los ojos; las lágrimas le corrían por las mejillas, y sus hombros se estremecían con los sollozos que surgían imparablemente de su garganta. En medio de la alegría por la victoria, el rey Meldryn Mawr lloraba.