23 - El juego de ender

-General, usted es el Estrategos. Tiene la autoridad para hacer esto, y yo la obligación.
-No necesito que comandantes caídos en desgracia de la antigua Escuela de Batalla me digan cuáles son mis obligaciones.
-Si no arresta al Polemarca y sus conspiradores...
-Coronel Graff, si golpeo yo primero, caerá sobre mí la culpa de la guerra que se origine.
-S√≠, se√Īor. Pero d√≠game qu√© ser√≠a mejor. Todo el mundo le echa a usted la culpa, pero ganamos la guerra, o nadie le echa la culpa, porque lo han colocado de espaldas a un muro y lo han fusilado despu√©s de que el golpe del Polemarca asegure la hegemon√≠a rusa en el mundo.
-No dispararé el primer tiro.
-Un comandante militar que no quiere dar un golpe preventivo cuando tiene información con base...
-La política del asunto...
-¡Si los deja ganar, será el fin de la política!
-¬°Los rusos dejaron de ser los malos all√° en el siglo XX!
-Quien haga las acciones malas, √©se es el malo. Usted es el sheriff, se√Īor, no importa si la gente lo aprueba o no. Haga su trabajo.
Cuando Ender lleg√≥, Bean ocup√≥ de nuevo su lugar entre los jefes de batall√≥n. Nadie se lo mencion√≥. Hab√≠a sido el comandante en jefe, los hab√≠a entrenado bien, pero Ender siempre hab√≠a sido el comandante natural de ese grupo, y ahora que se encontraba all√≠, Bean volv√≠a a ser peque√Īo.
Y justamente, Bean lo sabía. Los había liderado bien, pero Ender hacía que pareciera un novato. No es que las estrategias de Ender fueran mejores que las suyas: en realidad, no lo eran. Diferentes en ocasiones, pero con mucha frecuencia Bean se daba cuenta de que hacía exactamente lo que él habría hecho.
La diferencia fundamental estaba en la forma en que lideraba a los demás. Contaba con su fiera devoción en vez de la obediencia un tanto resentida que Bean obtenía de ellos, lo cual ayudó desde el principio. Pero también se ganó su devoción advirtiendo no sólo lo que sucedía en la batalla, sino también lo que pasaba por la mente de sus comandantes. Era severo, a veces incluso inflexible, y dejaba claro que esperaba que lo hicieran mejor que mejor. Y sin embargo tenía una manera de dar una entonación a palabras inocuas, de mostrar aprecio, admiración, intimidad. Ellos sentían que aquel cuyo honor necesitaban los conocía. Bean, sencillamente, no sabía hacer eso. Sus ánimos eran siempre más obvios, un poco pesados. Para ellos significaba menos porque parecía más calculado. Era más calculado. Ender era sólo... él mismo. La autoridad surgía de él como su respiración.
Pulsaron un interruptor gen√©tico en m√≠ y me convirtieron en un atleta intelectual. Puedo meter gol desde cualquier lugar del campo, pero siempre sabiendo cu√°ndo hay que dar la patada. Sabiendo c√≥mo forjar un equipo de un pu√Īado de jugadores. ¬ŅQu√© interruptor pulsaron en los genes de Ender Wiggin? ¬ŅO se trataba de algo m√°s profundo que el genio mec√°nico del cuerpo? ¬ŅHay un esp√≠ritu, y Ender ha recibido un don de Dios? Lo seguimos como disc√≠pulos. Esperamos que extraiga agua de la piedra.
¬ŅPuedo aprender a hacer lo que √©l hace? ¬ŅO soy como tantos de los escritores militares que he estudiado, condenado a ser un segund√≥n en el campo, recordado s√≥lo por sus cr√≥nicas y explicaciones del genio de otros comandantes? ¬ŅEscribir√© un libro despu√©s de esto, explicando c√≥mo lo hizo Ender?
Que Ender escriba ese libro. O Graff. Yo tengo trabajo que hacer aqu√≠, y cuando lo acabe, elegir√© mi propia obra y lo har√© lo mejor que pueda. Si se me recuerda s√≥lo porque fui uno de los compa√Īeros de Ender, que as√≠ sea. Servir con Ender es su propia recompensa.
Pero ah..., c√≥mo dol√≠a ver lo felices que eran los dem√°s, y c√≥mo no le prestaban ninguna atenci√≥n, excepto para burlarse de √©l como si fuera un hermano peque√Īo, como una mascota. C√≥mo deb√≠an de haberle odiado cuando era su l√≠der.
Lo peor de todo era la forma en que Ender lo trataba también. No es que ninguno pudiera ver a Ender. Pero durante su larga separación, parecía que Ender había olvidado que en una ocasión había confiado en Bean. Se apoyaba más en Petra, en Alai, en Dink y en Shen. Los que nunca habían estado en una escuadra con él, Bean y los otros jefes de pelotón de la Escuadra Dragón seguían siendo utilizados, confiaba en ellos, pero cuando había alguna maniobra difícil de hacer, algo que requería creatividad, Ender nunca pensaba en Bean.
No importaba. No pod√≠a pensar en eso. Porque Bean sab√≠a que junto con su primera misi√≥n como jefe de los escuadrones, ten√≠a otra, m√°s profunda. Ten√≠a que ver c√≥mo se desarrollaba cada batalla, listo para intervenir en cualquier momento, por si Ender fallaba, Ender no parec√≠a darse cuenta de que los profesores confiaban en Bean en ese sentido, pero Bean lo sab√≠a, por lo que a veces se distra√≠a un poco a la hora de cumplir su misi√≥n oficial, y Ender, a su vez, se impacientaba con √©l por llegar un poco tarde, o estar algo desatento. Porque Ender no sab√≠a que en cualquier momento, si el supervisor lo se√Īalaba, Bean podr√≠a tomar el mando y continuar el plan de Ender, supervisando a todos los l√≠deres de escuadr√≥n, para salvar el juego.
Al principio, esa misión pareció vacía: Ender nunca fallaba. Pero entonces cambió la situación.
Fue el d√≠a despu√©s de que Ender les mencionara, casualmente, que ten√≠a un profesor diferente del suyo. Se refer√≠a a √©l como ¬ęMazer¬Ľ demasiado a menudo, y Crazy Tom coment√≥;
-Debe de haberlo pasado fatal, al crecer con ese nombre.
-Cuando crecía el nombre no era famoso -dijo Ender.
-Alguien que sea tan viejo está muerto -replicó Shen.
-No si lo metieron en una nave luz durante un mont√≥n de a√Īos y luego lo recuperaron.
Entonces se dieron cuenta.
-¬ŅTu profesor es el aut√©ntico Mazer Rackham?
-¬ŅSab√©is que dicen que es un h√©roe brillante? -dijo Ender.
Claro que lo sabían.
-Lo que no mencionan es que es un completo gilipollas.
Y entonces la nueva simulación comenzó y volvieron al trabajo.
Al día siguiente, Ender les dijo que las cosas estaban cambiando.
-Hasta ahora hemos estado jugando contra el ordenador o unos contra otros. Pero a partir de ahora, cada pocos días el propio Mazer y un equipo de pilotos experimentados controlará a la flota contraria. Todo vale.
Una serie de pruebas, con el mismísimo Mazer Rackham como oponente. A Bean le olió a chamusquina.
No son pruebas, son trampas, preparativos para las condiciones que pueden darse cuando la flota se acerque al planeta de los insectores. La El. está recibiendo información preliminar de la flota expedicionaria, y nos están preparando para lo que los insectores vayan a lanzarnos cuando se produzca la batalla.
El problema era que no importaba lo brillantes que pudieran ser Mazer Rackham y los otros oficiales; seguían siendo humanos. Cuando se produjera la batalla de verdad, los insectores por fuerza actuarían de formas que a los humanos no se les podrían ocurrir.
Entonces llegó la primera de aquellas pruebas: y fue embarazoso comprobar qué estrategia tan juvenil emplearon. Una gran formación globular, rodeando a una sola nave.
En esta batalla qued√≥ claro que Ender sab√≠a cosas que no les hab√≠a dicho. Para empezar, les dijo que no hicieran caso de la nave en el centro del globo. Era un se√Īuelo. Pero ¬Ņc√≥mo pod√≠a saberlo? Porque sab√≠a que los insectores mostrar√≠an una sola nave as√≠, y era mentira. Lo cual significa que los insectores esperan que ataquemos esa nave.
Excepto, claro, que no se trataba de los insectores, sino de Mazer Rackham. Entonces ¬Ņpor qu√© esperaba Rackham que los insectores esperaran que los humanos fueran a atacar a una sola nave?
Bean recordó aquellos vids que Ender había contemplado una y otra vez en la Escuela de Batalla, todas las películas de propaganda de la Segunda Invasión.
Nunca mostraban la batalla porque no la hubo. Ni Mazer Rackham dirigi√≥ una fuerza de choque con una estrategia brillante. Mazer Rackham atac√≥ a una sola nave y la guerra termin√≥. Por eso no hab√≠a v√≠deos de combates mano a mano. Mazer Rackham mat√≥ a la reina. Y ahora esperaba que los insectores mostraran m√≠a nave central como se√Īuelo, porque as√≠ fue como vencimos la √ļltima vez.
Mata a la reina, y los insectores están indefensos. Sin mente. Eso es lo que querían decir los vids. Ender lo sabe, pero también sabe que los insectores saben que lo sabemos, así que no pica el anzuelo.
Lo segundo que Ender y ellos sab√≠an no era el uso del arma que no apareci√≥ en ninguna de sus simulaciones hasta esta primera prueba. Ender la llamaba ¬ęel Peque√Īo Doctor¬Ľ, y luego no dijo nada m√°s al respecto... hasta que le orden√≥ a Alai emplearla cuando la flota enemiga estuviera m√°s concentrada. Para su sorpresa, el artilugio desencadeno una reacci√≥n en cadena que salt√≥ de nave a nave, hasta destruir casi todas las naves f√≥rmicas, excepto las m√°s exteriores. Y luego fue f√°cil acabar con aqu√©llas. El campo de juego qued√≥ despejado cuando terminaron.
-¬ŅPor qu√© fue tan est√ļpida su estrategia? -pregunt√≥ Bean.
-Eso es lo que yo me preguntaba -contestó Ender-. Pero no perdimos ninguna nave, así que muy bien.
Más tarde, Ender les contó lo que decía Mazer: estaban simulando toda una secuencia de invasión, y por eso llevaba al enemigo simulado a una curva de aprendizaje.
-La próxima vez habrán aprendido. No será tan fácil.
Bean lo oy√≥ y se alarm√≥. ¬ŅUna secuencia de invasi√≥n? ¬ŅPor qu√© un escenario semejante? ¬ŅPor qu√© no calentamientos antes de una sola batalla?
Porque los insectores poseían más de un mundo, pensó Bean. Claro que sí. Descubrieron la Tierra y esperaban convertirla en otra colonia más, como habían hecho antes.
Pero nosotros tenemos más de una flota. Una para cada mundo fórmico.
Y el motivo de que puedan aprender de batalla en batalla es porque ellos tienen también medios de comunicación más rápidos que la luz en el espacio interestelar.
Todas las deducciones de Bean quedaron confirmadas. Tambi√©n descubri√≥ el secreto tras aquellas pruebas. Mazer Rackham no estaba comandando una flota simulada. Era una batalla real, y la √ļnica funci√≥n que desempe√Īaba Rackham era ver c√≥mo se desarrollaba y luego instruir a Ender en lo que significaban las estrategias enemigas y el modo de contrarrestarlas en el futuro.
Por eso daban oralmente la mayor√≠a de sus √≥rdenes. Las transmit√≠an a tripulaciones reales en naves reales que segu√≠an sus √≥rdenes y libraban batallas de verdad. Toda nave que perdamos, pens√≥ Bean, significa que mueren hombres y mujeres adultos. Cualquier descuido por nuestra parte se cobra vidas. Sin embargo, no nos lo dicen precisamente porque no podr√≠amos soportar la carga de ese conocimiento. En tiempo de guerra, los comandantes siempre han tenido que aprender el concepto de ¬ęp√©rdidas aceptables¬Ľ. Pero los que conservan su humanidad nunca aceptan esa idea, Bean lo comprend√≠a. Los tortura. As√≠ que nos protegen, ni√Īos-soldados, convenci√©ndonos de que se trata solamente de juegos y pruebas.
Por tanto, no puedo dejar que nadie sepa que lo sé. Por tanto, debo de aceptar las pérdidas sin decir palabra, sin ninguna duda visible.
Debo intentar olvidar que morirá gente por culpa de nuestra osadía que su sacrificio no significa una simple puntuación en un juego, sino sus vidas.
Hab√≠a pruebas cada pocos d√≠as, y cada batalla duraba m√°s tiempo Alai bromeaba diciendo que tendr√≠an que ponerles pa√Īales para no tener que distraerse cuando tuvieran que hacer pis durante la batalla. Al d√≠a siguiente, les colocaron cat√©teres. Fue Crazy Tom quien puso fin a eso.
-Venga ya, a ver si nos dan unas jarras para mear dentro. No podemos jugar a esto con algo colgando de nuestras pichas.
Después de eso, les dieron las jarras. Sin embargo, Bean nunca oyó que ninguno las utilizara. Y aunque se preguntaba qué le dieron a Petra, nadie tuvo el valor de preguntárselo para no despertar su ira.
Bean no tard√≥ en advertir algunos de los errores de Ender. Para empezar, Ender confiaba demasiado en Petra. Ella siempre recib√≠a el mando de la fuerza central, ya que era capaz de observar un centenar de cosas diferentes a la vez; de este modo Ender pod√≠a concentrarse en las fintas, los planes, los trucos. ¬ŅNo se daba cuenta Ender de que a Petra, una perfeccionista de tomo y lomo, se la com√≠a viva la culpa y la verg√ľenza por los errores que comet√≠a? Era buena con la gente, y sin embargo parec√≠a creer que era dura, en vez de darse cuenta de que su dureza era una mascarada para ocultar su intensa ansiedad. Cada error pesaba sobre ella. No dorm√≠a bien, y se notaba porque se fatigaba cada vez m√°s durante las batallas.
Pero claro, tal vez el motivo por el que Ender no se daba cuenta de lo que le estaba haciendo a ella era porque también él estaba cansado. Todos lo estaban. Cedían un poco bajo la presión, y a veces cedían mucho. Se fatigaban cada vez más, cometían más errores, a medida que las pruebas se hicieron más duras, las batallas más largas.
Como las batallas se hac√≠an m√°s duras con cada nueva prueba, Ender se vio obligado a delegar un mayor n√ļmero de decisiones a los dem√°s. En vez de ejecutar las √≥rdenes detalladas de Ender, los jefes de escuadr√≥n ten√≠an m√°s peso sobre sus hombros. Durante largas secuencias, Ender estaba demasiado ocupado en una parte de la batalla para dar nuevas √≥rdenes en otra. Los jefes de escuadr√≥n que resultaban afectados empezaron a hablar entre s√≠ para decidir su t√°ctica hasta que Ender volviera a prestarles atenci√≥n. Y Bean agradeci√≥ el hecho de que, aunque Ender nunca le asignaba las misiones interesantes, algunos de los otros hablaban con √©l cuando Ender estaba concentrado en otra parte. Crazy Tom y Hot Soup elaboraban sus propios planes, pero por rutina se los transmit√≠an a Bean. Y como, en cada batalla, dedicaba la mitad de su atenci√≥n a observar y analizar el plan de Ender, Bean pod√≠a decirles, con bastante precisi√≥n, qu√© deber√≠an hacer para que el plan general funcionara. De vez en cuando Ender alababa a Tom o Soup por decisiones que proced√≠an de los consejos de Bean. Era lo m√°s parecido a un halago que Bean escuch√≥.
Los otros jefes de batall√≥n y los ni√Īos mayores simplemente no se volv√≠an hacia Bean. Y √©l comprend√≠a por qu√©: les debi√≥ de doler en lo m√°s profundo que los otros profesores hubiesen puesto a Bean por encima de ellos antes de que llegara Ender. Ahora que ten√≠an a su verdadero comandante, nunca iban a hacer nada que pareciera que se deb√≠a a Bean. S√≠, √©l lo comprend√≠a..., pero eso no quer√≠a decir que no doliera.
Quisieran o no que supervisara su trabajo, fueran sus sentimientos heridos o no, aquélla seguía siendo su misión y estaba decidido a no bajar la guardia. A medida que la presión se fue haciendo más intensa, a medida que se fueron cansando más, Bean prestó una mayor atención porque las posibilidades de error aumentaron.
Un d√≠a Petra se qued√≥ dormida durante la batalla. Hab√≠a dejado que sus fuerzas se internaran a la deriva en una posici√≥n vulnerable, y el enemigo se aprovech√≥ de eso, con lo que redujo su escuadr√≥n a cenizas. ¬ŅPor qu√© no dio la orden de retroceder? A√ļn peor, tampoco Ender lo advirti√≥ a tiempo. Fue Bean quien se lo dijo: pasa algo con Petra.
Ender la llamó. Ella no respondió. Ender le pasó el control de sus dos naves restantes a Crazy Tom y entonces trató de salvar la batalla. Petra, como de costumbre, había ocupado la posición central, y la pérdida de la mayor parte de su gran escuadrón fue un golpe devastador. Sólo gracias al hecho de que el enemigo se confió demasiado, Ender pudo tender un par de trampas y recuperar la iniciativa. Ganó, pero las pérdidas fueron enormes.
Petra al parecer despertó casi al final de la batalla y descubrió que sus controles no le respondían, y no pudo hablar hasta que todo terminó. Entonces su micrófono volvió a conectarse y pudieron oírla llorar.
-Lo siento, lo siento. Decidle a Ender que lo siento, no puede oírme, lo siento muchísimo...
Bean la alcanz√≥ antes de que pudiera regresar a su habitaci√≥n. Se tambaleaba por el t√ļnel, apoyada contra una pared, llorando, y empleaba sus manos para encontrar el camino, porque las l√°grimas le imped√≠an ver. Bean se acerc√≥ y la toc√≥. Ella le quit√≥ la mano de encima.
-Petra -dijo Bean-. El cansancio es el cansancio. No puede permanecer despierta cuando tu cerebro desconecta.
-¡Fue mi cerebro el que desconectó! ¡No sabes lo que se siente porque siempre eres tan listo que podrías hacer todos nuestros trabajos y jugar al ajedrez al mismo tiempo!
-Petra, él dependía demasiado de ti, nunca te dio un descanso
-El tampoco descansa, y no veo que...
-Sí, lo ves. Estaba claro que pasaba algo raro con tu escuadrón varios segundos antes de que alguien le llamara a Ender la atención. E incluso entonces, trató de despertarte antes de entregarle el control a otro. Si hubiera actuado más rápido, habrían quedado seis naves, no solamente dos.
-T√ļ se lo se√Īalaste. T√ļ me estabas vigilando. Me controlabas.
-Petra, yo vigilo a todo el mundo.
-Dijiste que confiarías en mí, pero no es verdad. Y no deberías, nadie debería confiar en mí.
Se echó a llorar, incontrolable, apoyada contra la piedra de la pared.
Entonces llegaron un par de oficiales. Se la llevaron, pero no a su habitación.
Graff lo llamó poco después.
-Manejaste bien el asunto -dijo-. Para eso estás aquí.
-Tampoco yo fui r√°pido -dijo Bean.
-Estabas vigilando. Viste que el plan se ven√≠a abajo, llamaste la atenci√≥n de Ender al respecto. Hiciste tu trabajo. Los otros ni√Īos no se dieron cuenta y s√© que eso tuvo que dolerte...
-No me importa lo que ellos adviertan...
-Pero hiciste el trabajo. En esa batalla t√ļ reventaste el banquillo.
-Sea lo que sea eso.
-Es béisbol. Oh, claro. No era muy popular en las calles de Rotterdam.
-Por favor ¬Ņpuedo retirarme ya a mi habitaci√≥n?
-Dentro de un momento. Bean, Ender se está cansando. Está cometiendo errores. Cada vez es más importante que lo vigiles todo. Que estés allí para él. Viste lo que le pasó a Petra.
-Todos nos estamos cansando.
-Bueno, Ender tambi√©n. Peor que nadie. Llora dormido. Tiene sue√Īos extra√Īos. Habla de que Mazer le esp√≠a en sue√Īos, y sabe lo que planea.
-¬ŅMe est√° diciendo que se est√° volviendo loco?
-Te estoy diciendo que la √ļnica persona a la que presiona m√°s que a Petra es a s√≠ mismo. C√ļbrelo, Bean. Prot√©gelo.
-Ya lo hago.
-Pero siempre de mala gana, Bean.
Las palabras de Graff lo sorprendieron. Al principio pensó ¡No, no es así! Luego recapacitó.
-Ender no te está empleando para nada importante y, después de haber dirigido el espectáculo, eso tiene que jorobarte, Bean. Pero no es culpa de Ender. Mazer ha estado diciéndole a Ender que tiene dudas sobre tu habilidad para manejar una gran flota de naves. Por eso no te han dado las misiones complicadas e interesantes. No es que Ender acepte lo que dice Mazer. Pero todo lo que haces, Ender lo ve a través de la lente de falta de confianza de Mazer.
-Mazer Rackham piensa que yo...
-Mazer Rackham sabe exactamente lo que eres y lo que puedes hacer. Pero teníamos que asegurarnos de que Ender no te asignara algo tan complicado que no pudieras seguir el curso general de la batalla. Y teníamos que hacerlo sin decirle a Ender que eres su refuerzo.
-¬ŅEntonces por qu√© me lo dice a m√≠?
-Cuando esta prueba se acabe y consigas el mando real, le diremos a Ender la verdad de lo que estabas haciendo, y por qué Mazer dijo lo que dijo. Sé que para ti significa mucho contar con la confianza de Ender, y no crees tenerla, y por eso quería que supieras por qué. Es cosa nuestra.
-¬ŅPor qu√© este s√ļbito arrebato de sinceridad?
-Porque creo que lo har√°s mejor si lo sabes.
-Lo har√© mejor crey√©ndolo, sea cierto o no. Podr√≠a estar usted mintiendo. As√≠ que, ¬Ņhe aprendido algo realmente √ļtil de esta conversaci√≥n?
-Cree lo que quieras, Bean.
Petra no vino a practicar en un par de días. Cuando regresó, naturalmente Ender ya no le dio las misiones difíciles. Realizó bien lo que le ordenaban, pero su pasión había desaparecido. Tenía el corazón roto.
Pero, maldita sea, había dormido un par de días. Todos estaban un pelín celosos por eso, aunque ninguno se habría cambiado por ella. No importaba qué dios concreto tuvieran en mente, todos rezaban: que no me pase a mí. Sin embargo, al mismo tiempo, también rezaban la oración contraría: Oh, déjame dormir, déjame que pase un día en donde no tenga que pensar en este juego.
Las pruebas continuaron. ¬ŅCu√°ntos mundos hab√≠an colonizado esos hijos de puta antes de llegar a la Tierra?, se preguntaba Bean ¬ŅY estamos seguros de conocerlos todos? ¬ŅY de qu√© nos sirve destruir sus flotas cuando no tenemos tropas para ocupar las colonias derrotadas? ¬ŅO acaso s√≥lo dejamos nuestras naves all√≠, para que disparen contra todo lo que intente salir de la superficie del planeta?
Petra no fue la √ļnica en reventar. Vlad se volvi√≥ catat√≥nico y no pudieron levantarlo de la cama. Los m√©dicos tardaron tres d√≠as en reanimarlo, y al contrario de Petra, no regres√≥. No pod√≠a concentrarse.
Bean seguía esperando a que Crazy Tom fuera el siguiente, pero a pesar de su mote, parecía estar volviéndose más cuerdo a medida que se cansaba más y más. En cambio, fue Fly Molo quien empezó a reírse cuando perdió el control de su escuadrón. Ender lo relevó de inmediato, y por una vez puso a Bean al mando de las naves de Fly, quien regresó al día siguiente, sin ninguna explicación; no obstante, todos comprendieron que no podían encargársele misiones especiales.
Bean se dio cuenta de que Ender se mostraba cada d√≠a m√°s abstra√≠do. Sus √≥rdenes ven√≠an despu√©s de pausas cada vez m√°s largas, y un par de veces no las formul√≥ con suficiente claridad. Bean las tradujo inmediatamente a una forma m√°s comprensible, y Ender nunca supo que hab√≠a habido confusi√≥n. Pero los dem√°s empezaron a percatarse de que Bean estaba siguiendo toda la batalla, no s√≥lo una parte. Quiz√°s incluso vieron que Bean planteaba preguntas durante una batalla, saltaba alg√ļn comentario para que Ender advirtiera algo relevante, pero nunca tuvieron la sensaci√≥n de que Bean estuviese criticando a nadie. Despu√©s de las batallas, uno o dos de los chicos mayores hablaban con Bean. Nada importante. S√≥lo una mano en el hombro, en la espalda, y un par de palabras.
-Buena partida.
-Buen trabajo.
-Sigue así.
-Gracias, Bean.
No había advertido cuánto necesitaba el aprecio de los otros hasta que finalmente lo tuvo.
-Bean, para el siguiente juego, creo que deberías saber algo.
-¬ŅQu√©?
El coronel Graff vaciló.
-No pudimos despertar a Ender esta ma√Īana. Ha tenido pesadillas. No come a menos que lo obliguemos. Se muerde la mano en sue√Īos... hasta que sangra. Y hoy no pudimos despertarlo. Pudimos posponerla la... la prueba... para que est√© al mando como de costumbre, pero... no como de costumbre.
-Estoy preparado. Siempre lo estoy.
-Sí, pero... mira, por lo que parece, esta prueba... es que no hay...
-No hay esperanza.
-Cualquier cosa que puedas hacer para ayudar. Cualquier sugerencia.
-Ese aparato del Doctor, Ender no nos ha dejado utilizarlo desde hace mucho tiempo.
-El enemigo descubri√≥ c√≥mo funciona y no dejan que las naves se acerquen lo suficiente para que se extienda una reacci√≥n en cadena. Hace falta cierta cantidad de masa para poder mantener el campo. B√°sicamente, ahora es s√≥lo un estallido. In√ļtil.
-Habría estado bien si me hubieran dicho antes cómo funciona.
-Hay gente que no quiere que te digamos nada, Bean. Eres capaz de analizar cualquier fragmento de información y sacar unas deducciones que no queremos que sepas. Ellos temen darte la más mínima información.
-Coronel Graff, usted sabe que yo sé que esas batallas son de verdad. Mazer Rackham no se las está inventando. Cuando perdemos naves, mueren hombres de verdad.
A Graff le cambió la expresión.
-Y son hombres que Mazer Rackham conoce, ¬Ņno?
Graff asintió con un leve movimiento de cabeza.
-¬ŅCreen que Ender no puede sentir lo que Mazer est√° sintiendo? No conozco a ese tipo, tal vez sea una roca, pero creo que cuando hace sus cr√≠ticas a Ender, deja escapar su... no s√©, su angustia... y Ender lo nota. Porque Ender est√° mucho m√°s cansado despu√©s de una cr√≠tica que antes. Puede que no sepa lo que sucede de verdad, pero sabe que hay algo terrible en juego. Sabe que Mazer Rackham est√° realmente molesto por todos los errores que comete.
-¬ŅHas encontrado alg√ļn modo de colarte en la habitaci√≥n de Ender?
-S√© c√≥mo escuchar a Ender. No me equivoco respecto a Mazer ¬Ņverdad?
Graff sacudió la cabeza.
-Coronel Graff, lo que usted no ve, lo que nadie parece recordar¬Ö es ese √ļltimo juego en la Escuela de Batalla, donde Ender me entreg√≥ su escuadra. No se trataba de ninguna estrategia. Renunciaba a su puesto. Hab√≠a acabado. Estaba en huelga. No lo descubrieron porque lo graduaron. Aquel asunto con Bonzo acab√≥ con √©l. Creo que la angustia de Mazer Rackham est√° haci√©ndole lo mismo. Creo que aunque Ender no es consciente de que ha matado a alguien, lo sabe en el fondo, y le quema por dentro.
Graff le dirigió una mirada severa.
-S√© que Bonzo muri√≥. Lo vi. He visto la muerte antes, ¬Ņrecuerda? No te meten la nariz en el cerebro, pierdes diez litros de sangre y te marchas de rositas. Ustedes nunca le han dicho a Ender que Bonzo muri√≥, pero son tontos si piensan que no lo sabe. Y, gracias a Mazer, sabe que toda nave que perdemos significa que mueren hombres buenos. No puede soportarlo, coronel Graff.
-Eres a√ļn m√°s reflexivo de lo que se te acredita, Bean.
-Lo s√©, soy el fr√≠o intelecto inhumano, ¬Ņno? -Bean se ri√≥ amargamente-, Alterado gen√©ticamente, por tanto soy tan alien√≠gena como los insectores.
Graff se ruborizó.
-Nadie ha dicho eso jam√°s.
-Quiere decir que nunca lo han dicho delante de m√≠. A sabiendas. Lo que no parecen comprender es que a veces hay que decirle a la gente la verdad y pedirles que hagan lo que uno quiere, en vez de tratar de enga√Īarlo para que lo haga.
-¬ŅEst√°s diciendo que deber√≠amos decirle a Ender que el juego es real?
-¬°No! ¬ŅEst√° usted loco? Si est√° as√≠ de trastornado cuando el conocimiento es inconsciente, ¬Ņqu√© cree que suceder√≠a s√≠ supiera que lo sab√≠a? Se quedar√≠a petrificado.
-Pero t√ļ no. ¬ŅEs eso? ¬ŅDeber√≠as estar al mando de la pr√≥xima batalla?
-Sigue sin comprenderlo, coronel Graff. Yo no me quedo petrificado porque no es mi batalla. Yo ayudo. Observo. Pero soy libre. Porque es el juego de Ender.
El simulador de Bean cobró vida.
-Es la hora-dijo Graff-. Buena suerte.
-Coronel Graff, puede que Ender vuelva a declararse en huelga. Puede que se baje en marcha. Puede que dimita. Tal vez se diga: es sólo un juego y estoy harto, no me importa lo que me hagan, se acabó. Es propio de él, hacer eso. Cuando la situación parece completamente injusta y absurda.
-¬ŅY si le prometiera que es el √ļltimo?
Bean se puso el casco y preguntó:
-¬ŅSer√≠a verdad?
Graff asintió.
-S√≠, bueno, creo que no habr√≠a mucha diferencia. Adem√°s, ahora es alumno de Mazer, ¬Ņno?
-Supongo. Mazer hablaba de decirle que era el examen final.
-Mazer es ahora el profesor de Ender -musit√≥ Bean-. Y usted tiene que cargar conmigo. El ni√Īo que no quer√≠a.
Graff volvió a ruborizarse.
-Es verdad -reconoció-. Ya que pareces saberlo todo, no te quería.
Aunque Bean ya lo sabía, las palabras le hirieron de todas formas.
-Pero Bean-dijo Graff-, el caso es que estaba equivocado.
Puso una mano sobre el hombro de Bean y abandonó la sala.
Bean conect√≥. Fue el √ļltimo de los l√≠deres de escuadr√≥n en hacerlo.
-¬ŅEst√°is ah√≠? -pregunt√≥ Ender a trav√©s de los cascos.
-Todos nosotros -contest√≥ Bean-. Llegas un poco tarde para las pr√°cticas de esta ma√Īana, ¬Ņno?
-Lo siento -dijo Ender-. Me quedé dormido.
Todos se rieron. Excepto Bean.
Como calentamiento, Ender los hizo ejecutar algunas maniobras, antes de la batalla. Y entonces llegó el momento. La pantalla se despejó.
Bean esperó, la ansiedad royendo sus tripas.
El enemigo apareció en la pantalla.
Su flota se desplegaba alrededor de un planeta, ubicado en el centro de la imagen. Habían librado batallas cerca de planetas antes, pero en todos los otros casos el mundo estaba cerca del borde de la imagen: la flota enemiga siempre había intentado atraerlos fuera del planeta.
Esta vez no había trucos. Sólo el enjambre más increíble de naves enemigas. Siempre apostadas a distancia unas de otras, miles y miles de naves seguían unas pautas aleatorias, impredecibles, entrelazadas, unidas en una nube de muerte en torno al planeta.
√Čste es el planeta natal, pens√≥ Bean. Casi lo dijo en voz alta, pero se contuvo a tiempo. √Čsta es una simulaci√≥n de la defensa insectora de su mundo de origen.
Han tenido generaciones para prepararnos. Todas las batallas anteriores no eran nada.
Estos f√≥rmicos pueden perder cualquier n√ļmero de insectores individuales y no les importa. Lo √ļnico que cuenta es la reina. Como la que Mazer Rackham mat√≥ en la Segunda Invasi√≥n. Y no han puesto a una reina en peligro en ninguna de esas batallas. Hasta ahora.
Por eso act√ļan como un enjambre. Hay una reina aqu√≠.
¬ŅD√≥nde?
En la superficie del planeta, pensó Bean. La idea es impedir que lleguemos a la superficie.
Así que ahí es exactamente donde tendremos que ir. El Artilugio del Doctor necesita masa. Los planetas tienen masa.
Muy sencillo, si no fuera porque no hab√≠a forma de hacer que esa peque√Īa flota de naves humanas atravesara aquel enjambre y se acercara lo suficiente al planeta para desplegar al Doctor. Si la historia ense√Īaba algo, era precisamente eso: cuando el otro bando es mucho m√°s fuerte, y entonces el √ļnico curso sensato de acci√≥n es retirarse para salvar tus fuerzas y combatir otro d√≠a.
En esta guerra, sin embargo, no habría otro día. No había ninguna esperanza de retirada. Las decisiones que perdían esta batalla, y por tanto esta guerra, se tomaron hacía dos generaciones, cuando lanzaron estas naves, una fuerza inadecuada desde el principio. Los comandantes que pusieron esta flota en movimiento tal vez ni siquiera sabían, entonces, que éste era el mundo natal insector. No era culpa de nadie. Simplemente, no disponían de fuerzas suficientes para hacer siquiera una mella en las defensas enemigas. No importaba lo brillante que fuera Ender. Cuando sólo tienes a un tipo con una pala, no puedes construir un dique para contener el mar.
No hab√≠a retirada, ninguna posibilidad de victoria, ning√ļn espacio para maniobrar, ning√ļn motivo para que el enemigo hiciera otra cosa sino continuar haciendo lo que hac√≠an.
S√≥lo hab√≠a veinte naves espaciales en la flota humana, cada una con cuatro cazas. Y ten√≠an el dise√Īo m√°s antiguo, torpes comparadas con algunos de los cazas que hab√≠an maniobrado en batallas anteriores. Ten√≠a sentido: el mundo insector era probablemente el m√°s lejano, as√≠ que la flota que llegaba all√≠ ahora hab√≠a salido antes que las dem√°s. Antes de que las naves mejores la siguieran.
Ochenta cazas. Contra cinco mil, tal vez diez mil naves enemigas. Era imposible determinar el n√ļmero exacto. Bean advirti√≥ que la pantalla perd√≠a la cuenta de las naves enemigas, y que la suma total segu√≠a fluctuando. Hab√≠a tantas que el sistema se estaba sobrecargando. Se encend√≠an y apagaban como luci√©rnagas.
Pasó un largo rato: muchos segundos, tal vez un minuto. Normalmente, para entonces Ender ya les habría dado la orden de que se desplegaran. Pero de él no llegaba más que silencio.
Una luz se encendió en la consola de Bean. Sabía lo que eso significaba. Todo lo que tenía que hacer era pulsar un botón, y el control de la batalla sería suyo. Se lo estaban ofreciendo, porque pensaban que Ender se había quedado petrificado.
No es as√≠, pens√≥ Bean. No se ha dejado llevar por el p√°nico. Simplemente ha comprendido la situaci√≥n, exactamente igual que yo la entiendo. No hay ninguna estrategia. S√≥lo que no ve que esto es simplemente el azar de la guerra, un desastre que no se puede evitar. Lo que ve es una prueba planteada por sus profesores, por Mazer Rackham, un test tan absurdo e injusto que el √ļnico curso de acci√≥n razonable es negarse a hacerlo.
Fueron muy listos, al ocultarle la verdad todo este tiempo. Pero ahora se iba a volver en su contra. Si Ender entend√≠a que esto no era un juego, que presenciaba una guerra real, entonces tal vez realizara alg√ļn esfuerzo desesperado o, con su genio, incluso podr√≠a encontrar una soluci√≥n a un problema que, por lo que Bean pod√≠a ver, no ten√≠a soluci√≥n alguna. Pero Ender no comprend√≠a la realidad, y por eso para √©l era como aquel d√≠a en la sala de batalla, frente a dos escuadras, cuando le encarg√≥ todo el asunto a Bean y, en efecto, se neg√≥ a jugar.
Por un momento, Bean se sinti√≥ tentado de gritar la verdad. ¬°No es un juego, es la verdad, √©sta es la √ļltima batalla, hemos perdido esta guerra despu√©s de todo! Pero ¬Ņqu√© ganar√≠a con eso, excepto que el p√°nico cundiera entre todos los dem√°s?
Sin embargo, era absurdo pensar siquiera en pulsar aquel botón para hacerse con el mando. Ender no se había desplomado ni fracasado. La batalla era invencible: no debería librarse siquiera. Las vidas de los hombres a bordo de aquellas naves no deberían malgastarse con una acción desesperada, al estilo de la Carga de la Brigada Ligera. No soy el general Burnside en Fredericksburg. No envío a mis hombres a una muerte insensata, absurda, sin esperanza.
Si tuviera un plan, tomaría el control. Pero no tengo ninguno. Así que, para bien o para mal, es el juego de Ender, no el mío.
Y había otro motivo para no hacerse cargo.
Bean recordó haber estado de pie ante el cuerpo caído de un matón que era demasiado peligroso para ser domado, mientras le decía a Poke: Mátalo ahora, mátalo.
Yo tenía razón. Y ahora, una vez más, el matón debe morir. Aunque no sepa cómo hacerlo, no podemos perder esta guerra. No sé cómo ganarla, pero no soy Dios, no lo veo todo. Y tal vez Ender tampoco vea una solución, pero si alguien puede encontrar una, si alguien puede hacer que suceda, es él.
Tal vez no sea imposible. Tal vez haya alg√ļn modo de llegar a la superficie del planeta y eliminar a los insectores del Universo. Es el momento de los milagros. Por Ender, los dem√°s har√°n su mejor trabajo. Si yo me hago cargo, estar√°n tan trastornados, tan distra√≠dos que aunque elabore un plan viable, nunca funcionar√° porque sus corazones no estar√≠an en ello.
Ender tiene que intentarlo. Si no, todos moriremos. Porque aunque los insectores no fueran a enviar otra flota contra nosotros, despu√©s de esto tendr√°n que hacerlo. Porque derrotamos a todas sus flotas en todas las batallas hasta ahora. Si no vencemos √©sta, destruyendo su capacidad de hacer la guerra contra nosotros, entonces volver√°n. Y esta vez habr√°n descubierto tambi√©n c√≥mo fabricar el Peque√Īo Doctor.
Nosotros sólo tenemos un mundo. Sólo abrigamos una esperanza.
Hazlo, Ender.
Entonces en la mente de Bean destellaron las palabras que Ender pronunci√≥ en su primer d√≠a de entrenamiento en la Escuadra Drag√≥n: ¬ęRecordad, la puerta enemiga est√° abajo.¬Ľ En la √ļltima batalla de la escuadra, cuando no hab√≠a ninguna esperanza √©sa fue la estrategia que Ender emple√≥: env√≠o al batall√≥n de Bean para que hiciera chocar sus cascos contra el suelo que rodeaba la puerta y vencer. L√°stima que no pudieran utilizar esos trucos ahora.
Desplegar el Peque√Īo Doctor contra la superficie del planeta para hacerlo volar todo, eso podr√≠a valer. Pero no pod√≠a conseguirse desde aqu√≠.
Era hora de rendirse. Hora de salir del juego, de decirles que no enviaran a unos ni√Īos a realizar el trabajo de adultos. Hemos terminado.
-Recordad -dijo Bean irónicamente-, la puerta del enemigo está abajo.
Fly Molo, Hot Soup, Vlad, Dumper, Crazy Tom, se rieron sombríamente. Habían estado en la Escuadra Dragón. Recordaban cómo se habían empleado esas palabras.
Pero Ender no pareció pillar el chiste.
Ender no parec√≠a comprender que no hab√≠a forma de hacer llegar el Peque√Īo Doctor a la superficie del planeta.
En cambio, su voz resonó en sus oídos, dándoles órdenes. Los situó en tensa formación, cilindros con cilindros.
Bean quiso gritar: ¡No lo hagas! Hay hombres de verdad en esas naves, y si los envías allí, todos morirán, un sacrificio sin ninguna esperanza de victoria.
Pero se mordió la lengua, porque, en el fondo de su mente, en el más profundo rincón de su corazón, todavía albergaba la esperanza de que Ender pudiera hacer lo imposible. Y mientras existiera esa esperanza, las vidas de aquellos hombres eran, por elección propia cuando zarparon en esta expedición, sacrificables.
Ender los puso en movimiento, haciendo que esquivaran aquí y allá la siempre cambiante formación del enjambre enemigo.
Sin duda, el enemigo ve lo que estamos haciendo, pensó Bean. Sin duda, cada tres o cuatro movimientos nos acercamos un poco más al planeta.
En cualquier momento, el enemigo podr√≠a destruirlos r√°pidamente al concentrar sus fuerzas. ¬ŅEntonces por qu√© no lo hac√≠an?
A Bean se le ocurri√≥ una posibilidad. Los insectores no se atrev√≠an a concentrar sus fuerzas junto a la tensa formaci√≥n de Ender, porque en el momento en que sus naves estuvieran muy juntas, Ender podr√≠a usar al Peque√Īo Doctor contra ellos.
Entonces se le ocurri√≥ otra explicaci√≥n. ¬ŅPodr√≠a ser simplemente que hab√≠a demasiadas naves insectoras? ¬ŅPodr√≠a ser que la reina o las reinas ten√≠an que emplear toda su concentraci√≥n, toda su fuerza mental s√≥lo para mantener a diez mil naves en el espacio sin que se acercaran demasiado unas a otras?
Al contrario de Ender, la reina insectora no pod√≠a pasar el control de sus naves a sus subordinados. No ten√≠a ning√ļn subordinado. Los insectores individuales eran como sus manos y sus pies. Ahora ten√≠a cientos de manos y pies, o quiz√°s miles de ellos, todos movi√©ndose a la vez.
Por eso no respondía con inteligencia. Sus fuerzas eran demasiado numerosas. Por eso no efectuaba los movimientos obvios, tender trampas, impedir que Ender llevara su cilindro cada vez más cerca del planeta con cada cabriola y viraje que realizaba.
De hecho, las maniobras erróneas que hacían los insectores resultaban en extremo ridículas. Pues a medida que Ender penetraba más y más profundamente en el pozo de gravedad del planeta, los insectores construían una gruesa pared de fuerzas detrás de la formación de Ender.
¬°Est√°n bloqueando nuestra retirada!
Bean encontró de inmediato una tercera y más importante explicación para lo que estaba sucediendo. Los insectores habían aprendido las lecciones equivocadas de las batallas anteriores. Hasta ahora, la estrategia de Ender había sido siempre asegurarse la supervivencia de tantas naves humanas como fuera posible. Siempre se había asegurado una línea de retirada. Los insectores, con su enorme ventaja numérica, estaban finalmente en situación de garantizar que las fuerzas humanas no escaparan.
No había manera, al principio de la batalla, de predecir que los insectores cometerían semejante error. Sin embargo, a lo largo de la historia, las grandes victorias habían sido tanto fruto de los errores del ejército perdedor como de la brillantez de los vencedores en la batalla. Los insectores han aprendido por fin, por fin, que los humanos valoramos cada vida humana individual. No sacrificamos nuestras fuerzas porque cada soldado es la reina de una colmena de un solo miembro. Pero los insectores han aprendido esa lección justo a tiempo para que resulte desesperadamente equivocada: porque los humanos, cuando hay una razón de peso, sí que sacrificamos nuestras vidas. Nos arrojamos contra la granada para salvar a nuestros amigos de la trampa. Nos levantamos de las trincheras y cargamos contra el enemigo y morimos como moscas ante un soplete. Nos atamos bombas al cuerpo y nos hacemos volar en medio de nuestros enemigos. Cuando hay una razón de peso, los humanos nos volvemos locos.
Los insectores creen que no utilizaremos el Peque√Īo Doctor porque la √ļnica forma de usarlo es destruir nuestras naves en el proceso. Desde el momento en que Ender empez√≥ a dar √≥rdenes, qued√≥ claro que se trataba de un acto suicida. Estas naves no estaban preparadas para entrar en la atm√≥sfera. Y, sin embargo, para acercarse lo suficiente al planeta y detonar el Peque√Īo Doctor, ten√≠an que hacer exactamente eso.
Bajar al pozo de gravedad y lanzar el arma justo antes de que la nave arda. Y si funciona, si el planeta es destruido por la fuerza que contenga este arma terrible, la reacción en cadena se extenderá al espacio y se llevará por delante todas las naves que hayan sobrevivido.
Ganemos o perdamos, no habr√° supervivientes humanos en esta batalla.
Los insectores nunca nos han visto actuar así. No comprenden que, sí, los humanos actuarán siempre para mantenerse con vida... excepto en las ocasiones en que no lo hacen. En la experiencia de los insectores, los seres autónomos no se sacrifican. Una vez que comprendieron la autonomía humana, quedó sembrada la semilla de su derrota.
Cuando Ender estudiaba a los insectores, en su obsesi√≥n por ellos a lo largo de tantos a√Īos de entrenamiento, ¬Ņlleg√≥ a saber que cometer√≠an errores tan terribles?
Yo no lo sab√≠a. No habr√≠a planeado esta estrategia. No ten√≠a ninguna estrategia. Ender era el √ļnico comandante que podr√≠a haberlo sabido, o deducido, o esperado inconscientemente que, cuando desplegara sus fuerzas, el enemigo vacilara, tropezara, cayera, fracasara.
¬ŅO lo sab√≠a acaso? ¬ŅPodr√≠a ser que hubiera llegado a la misma conclusi√≥n que yo, que esta batalla era imposible de ganar? ¬ŅQue haya decidido no jugar, que se declarara en huelga, que renunciara? ¬ŅY entonces mis amargas palabras, ¬ęla puerta enemiga est√° abajo¬Ľ, disparara su f√ļtil, in√ļtil gesto de desesperaci√≥n, enviar sus naves a una destrucci√≥n segura porque no sab√≠a que hab√≠a naves de verdad ah√≠ fuera, con hombres de verdad a bordo, a los que enviaba a la muerte? ¬ŅPodr√≠a ser que se haya sorprendido tanto como yo por los errores del enemigo? ¬ŅPuede nuestra victoria ser un accidente?
No. Pues aunque mis palabras provocaran a Ender para pasar a la acci√≥n, segu√≠a siendo √©l quien eligi√≥ esta, formaci√≥n, estas fintas y evasiones, esta ruta serpentante. Fueron las victorias anteriores de Ender las que ense√Īaron al enemigo a pensar en nosotros como un tipo de criatura, cuando en realidad somos algo muy distinto. Fingi√≥ todo este tiempo que los humanos somos seres racionales, cuando en realidad somos los monstruos m√°s terribles que estos pobres alien√≠genas podr√≠an haber imaginado en sus pesadillas. No ten√≠an forma de conocer la historia del ciego Sans√≥n, que derrib√≥ el templo sobre su propia cabeza para matar a sus enemigos.
En esas naves, pensó Bean, hay hombres individuales que renunciaron a sus hogares y familias, al mundo de su nacimiento, para cruzar una enorme porción de la galaxia y hacer la guerra a un enemigo terrible. En alguna parte del camino tenían que comprender que la estrategia de Ender requiere que todos mueran. Quizás ya lo saben. Y sin embargo obedecen y seguirán obedeciendo las órdenes que se les den. Como en la famosa Carga de la Brigada Ligera, estos soldados dan sus vidas, confiando que sus comandantes las utilicen bien. Mientras que nosotros estamos aquí a salvo en estos simuladores, jugando un complicado juego de ordenador, ellos obedecen, y mueren para que toda la humanidad pueda vivir.
Y sin embargo nosotros, los que les damos las √≥rdenes, los ni√Īos dentro de estas complicadas m√°quinas de juego, no tenemos ni idea de su valor, de su sacrificio. No podemos darles el honor que se merecen, porque ni siquiera sabemos que existen.
Excepto yo.
En la mente de Bean resonaron las escrituras favoritas de sor Carlotta. Tal vez significaban tanto para ella porque no ten√≠a hijos. Le hab√≠a contado a Bean la historia de la rebeli√≥n de Absal√≥n contra su propio padre, el rey David. En el curso de la batalla, Absal√≥n muri√≥. Cuando le comunicaron la noticia a David, signific√≥ la victoria, signific√≥ que ninguno m√°s de sus soldados morir√≠a. Su trono estaba a salvo. Su vida estaba a salvo. Pero en lo √ļnico en que pudo pensar fue en su hijo, en su amado hijo, en su hijo muerto.
Bean encogi√≥ la cabeza, de modo que su voz s√≥lo pudiera ser o√≠da por los hombres que ten√≠a a sus √≥rdenes. Y entonces, lo suficiente para hablar, puls√≥ el bot√≥n que har√≠a que su voz llegara a los o√≠dos de todos los hombres de aquella flota lejana. Bean no sab√≠a c√≥mo les sonar√≠a su voz: ¬Ņoir√≠an su vocecita infantil, o llegar√≠an los sonidos distorsionados, de modo que lo escuchar√≠an como a un adulto, o quiz√°s como una voz met√°lica, digna de una m√°quina? No importaba. De alg√ļn modo los hombres de aquella flota lejana oir√≠an su voz, transmitida m√°s r√°pida que la luz, Dios sabe c√≥mo.
-Oh, mi hijo Absalón -dijo Bean en voz baja, conociendo por primera vez el tipo de angustia que podía arrancar esas palabras de la boca de un hombre-. Mi hijo, mi hijo Absalón. Ojalá permitiera Dios que yo muriese por ti. Oh, Absalón, mi hijo. ¡Mis hijos!
Lo había modificado un poco, pero Dios entendería. Y si no lo hacía, sor Carlotta sí.
Ahora, pensó Bean. Hazlo ahora, Ender. No podrás acercarte más sin revelar el juego. Están empezando a comprender el peligro. Están concentrando sus fuerzas. Nos borrarán del cielo antes de que podamos lanzar nuestras armas...
-Muy bien, todo el mundo excepto el escuadr√≥n de Petra -dijo Ender-. En picado, lo m√°s r√°pido que pod√°is. Lanzad el Peque√Īo Doctor contra el planeta. Esperad hasta el √ļltimo segundo posible. Petra, c√ļbrenos como puedas.
Los jefes de escuadrón, Bean entre ellos, repitieron las órdenes de Ender a sus propias flotas. Y entonces no quedó otra cosa que hacer sino observar. Cada nave quedó sola.
El enemigo comprendió, y se abalanzó para destruir a los humanos a la carga. Caza tras caza fueron abatidos por las lentas naves de la flota fórmica. Sólo unos pocos cazas humanos sobrevivieron lo suficiente para entrar en la atmósfera.
Aguantad, pensó Bean. Aguantad cuanto podáis.
Las naves que se lanzaron demasiado pronto vieron sus Peque√Īos Doctores arder en la atm√≥sfera antes de que pudieran estallar. Unas cuantas naves se quemaron antes de poder hacerlo.
Quedaban dos naves. Una pertenecía al escuadrón de Bean.
-No la lanc√©is -orden√≥ Bean por el micr√≥fono, la cabeza gacha-. Hacedla explotar dentro de vuestra nave. Que Dios os acompa√Īe.
Bean no ten√≠a forma de saber si fue su nave o la otra la que lo hizo. S√≥lo sab√≠a que ambas naves desaparecieron de la pantalla sin disparar. Y entonces la superficie del planeta empez√≥ a borbotear. De repente, una vasta erupci√≥n brot√≥ hacia los √ļltimos cazas humanos, las naves de Petra, en las cuales tal vez hubiera o no hombres vivos para ver c√≥mo se acercaba la muerte. Para ver c√≥mo se acercaba la victoria.
El simulador mostr√≥ una imagen espectacular mientras el planeta en explosi√≥n engull√≠a a todas las naves enemigas, envolvi√©ndolas en la reacci√≥n en cadena. Sin embargo, mucho antes de que la √ļltima nave fuera tragada, las maniobras hab√≠an cesado. Flotaban a la deriva, muertos. Como las naves insectoras muertas en los vids de la Segunda Invasi√≥n. Las reinas de la colmena hab√≠an muerto en la superficie del planeta. La destrucci√≥n de las naves restantes fue una simple formalidad. Los insectores ya estaban muertos.
Bean sali√≥ al t√ļnel y descubri√≥ que los otros ni√Īos ya estaban all√≠, felicit√°ndose unos a otros y comentando lo formidable que era el efecto de la explosi√≥n, y pregunt√°ndose si algo as√≠ podr√≠a suceder de verdad.
-Sí -dijo Bean-. Podría.
-Como si t√ļ lo supieras -dijo Fly Molo, riendo.
-Claro que sé que podría suceder -dijo Bean-. Sucedió.
Lo miraron sin comprender. ¬ŅCu√°ndo sucedi√≥? Nunca hab√≠a o√≠do nada igual. ¬ŅD√≥nde podr√≠an haber probado ese arma contra un planeta? ¬°Ah, claro, se cargaron Neptuno!
-Acaba de suceder ahora mismo -dijo Bean-. Sucedió en el mundo natal de los insectores. Acabamos de volarlo. Están todos muertos.
Finalmente, empezaron a comprender que hablaba en serio. Le pusieron objeciones. √Čl les explic√≥ lo del aparato de comunicaciones m√°s r√°pido que la luz. No lo creyeron.
Entonces otra voz entró en la conversación.
-Se llama ansible.
Volvieron la cabeza y vieron al coronel Graff al fondo del t√ļnel.
Entonces... ¬ŅBean dec√≠a la verdad? ¬ŅHab√≠a sido una batalla real?
-Todas fueron reales -dijo Bean-. Y las supuestas pruebas. Batallas de verdad. Victorias de verdad. ¬ŅNo es cierto, coronel Graff? Estuvimos librando una guerra de verdad todo el tiempo.
-Ahora ha terminado -dijo Graff-. La especie humana continuar√° existiendo. Los insectores han pasado a la historia.
Finalmente lo creyeron, y se sintieron mareados por la magnitud de todo aquello. Se acabó. Vencimos. No estábamos haciendo prácticas, éramos comandantes de verdad.
Entonces, por fin, sobrevino el silencio.
-¬ŅEst√°n todos muertos? -pregunt√≥ Petra.
Bean asintió.
Miraron de nuevo a Graff.
-Tenemos informes. Toda actividad vital ha cesado en todos los otros planetas. Deben de haber congregado a sus reinas en su planeta natal. Cuando las reinas mueren, los insectores mueren. Ahora no hay ning√ļn enemigo.
Petra empezó a llorar, apoyada contra la pared. Bean quiso acercarse, pero Dink estaba allí. Dink fue el amigo que la sostuvo, que la consoló.
Regresaron a sus barracones, tristes y a la vez contentos. Petra no fue la √ļnica que llor√≥. Pero nadie pod√≠a decir s√≠ las l√°grimas eran de angustia o de alivio.
S√≥lo Bean no regres√≥ a su habitaci√≥n, quiz√°s porque era el √ļnico que no estaba sorprendido. Se qued√≥ en el t√ļnel con Graff.
-¬ŅC√≥mo se lo est√° tomando Ender?
-Mal -dijo Graff-. Tendríamos que habérselo dicho con más cuidado, pero todo se precipitó. En el momento de la victoria.
-Todos sus juegos dieron fruto -dijo Bean.
-S√© lo que sucedi√≥, Bean. ¬ŅPor qu√© le dejaste el control? ¬ŅC√≥mo supiste que elaborar√≠a ese plan?
-No lo supe. S√≥lo sab√≠a que yo no ten√≠a ning√ļn plan.
-Pero lo que dijiste... ¬ęla puerta del enemigo est√° abajo¬Ľ. √Čse es el plan que Ender emple√≥.
-No era un plan -dijo Bean-. Tal vez le hizo pensar en un plan. Pero era él. Era Ender. Apostaron ustedes su dinero al chico adecuado.
Graff mir√≥ a Bean en silencio, luego extendi√≥ la mano y la apoy√≥ sobre la cabeza del ni√Īo, y le revolvi√≥ un poco el pelo.
-Creo que tal vez os ayudasteis mutuamente a cruzar la línea de meta.
-No importa, ¬Ņno? Se ha terminado, de todas formas. Y tambi√©n se ha terminado la unidad temporal de la especie humana.
-Sí-dijo Graff. Retiró la mano y se la pasó por el pelo-. Creí en tu análisis. Traté de dar el aviso. Si el Estrategos oyó mi consejo, los hombres del Polemarca estarán siendo arrestados aquí en Eros y por toda la flota.
-¬ŅLo har√°n pac√≠ficamente? -pregunt√≥ Bean.
-Ya veremos.
El sonido de disparos reson√≥ en alg√ļn t√ļnel lejano.
-Parece que no -dijo Bean.
Oyeron el sonido de hombres corriendo. Y pronto los vieron, un contingente de una docena de marines armados.
Bean y Graff advirtieron que se acercaban.
-¬ŅAmigos o enemigos?
-Todos llevan el mismo uniforme -contest√≥ Graff-. T√ļ eres el que lo predijo, Bean. Detr√°s de esas puertas -se√Īal√≥ las habitaciones de los ni√Īos-, esos ni√Īos son los despojos de la guerra. Al mando de los ej√©rcitos de la Tierra, son la esperanza de la victoria. T√ļ eres la esperanza.
Los soldados se detuvieron delante de Graff.
-Venimos a proteger a los ni√Īos, se√Īor -dijo el l√≠der.
-¬ŅDe qu√©?
-Los hombres del Polemarca parecen resistirse al arresto, se√Īor -explic√≥ el soldado-. El Estrategos ha ordenado que estos ni√Īos sean mantenidos a salvo a toda costa.
Graff se sintió visiblemente aliviado al darse cuenta de qué lado estaban estos soldados.
-La ni√Īa est√° en esa habitaci√≥n de all√≠. Les sugiero que se hagan fuertes en esos dos barracones mientras dure esta crisis.
-¬ŅEs √©ste el ni√Īo que lo consigui√≥? -pregunt√≥ el soldado, se√Īalando a Bean.
-Es uno de ellos.
-Fue Ender Wiggin quien lo hizo -rectificó Bean-. Ender era nuestro comandante.
-¬ŅEst√° en una de esas habitaciones?
-Está con Mazer Rackham -dijo Graff-. Y éste se queda conmigo.
El soldado salud√≥. Empez√≥ a situar a sus hombres en posiciones m√°s avanzadas t√ļnel abajo, con s√≥lo un guardia ante cada puerta para impedir que los ni√Īos salieran y se perdieran durante la lucha.
Bean trot√≥ junto a Graff mientras √©ste recorr√≠a decidido el t√ļnel, m√°s all√° del m√°s lejano de los guardias.
-Si el Estrategos lo ha hecho bien, los ansibles habr√°n sido asegurados. No s√© t√ļ, pero quiero estar all√≠ cuando llegue la noticia. Y cuando salga.
-¬ŅEs dif√≠cil de aprender el ruso? -pregunt√≥ Bean.
-¬ŅEso es lo que entiendes por humor?
-Sólo era una pregunta.
-Bean, eres un gran chico, pero cierra el pico, ¬Ņvale?
Bean se echó a reír.
-Vale.
-¬ŅNo te importa si sigo llam√°ndote Bean?
-Es mi nombre.
-Tu nombre debería haber sido Julian Delphiki. Si hubieras tenido un certificado de nacimiento, ése es el nombre que habría aparecido en él.
-¬ŅQuiere decir que es cierto?
-¬ŅTe mentir√≠a en una cosa as√≠?
Entonces, advirtiendo el absurdo de lo que acababa de decir, se echaron a reír. Se rieron tanto que todavía sonreían cuando pasaron el destacamento de marines que protegía la entrada al complejo ansible.
-¬ŅCree que alguien me solicitar√° como consejero militar? -pregunt√≥ Bean-. Porque voy a participar en esta guerra, aunque tenga que mentir sobre mi edad y alistarme en los marines.