21 - Deducciones

-No vamos a esperar a que el coronel Graff repare el da√Īo que ha causado a Ender Wiggin. Wiggin no necesita la Escuela T√°ctica para el trabajo que har√°. Y necesitamos que los dem√°s avancen de inmediato. Tienen que conocer lo que pueden hacer las viejas naves antes de traerlos aqu√≠ y ponerlos en los simuladores, y eso requiere tiempo.
-Sólo han practicado unos pocos juegos.
-No deber√≠a haberles permitido tanto tiempo. Faltan dos meses, y para cuando acaben con T√°ctica, el viaje desde all√≠ a la FlotaCom ser√°n cuatro meses. Eso significa que s√≥lo estar√°n tres meses en T√°ctica antes de llevarlos a la Escuela de Mando. Tres meses para comprimir tres a√Īos de entrenamiento.
-Deber√≠a decirle que Bean parece haber aprobado la √ļltima prueba del coronel Graff.
-¬ŅPrueba? Cuando relev√© al coronel Graff, cre√≠ que su enfermizo programa de pruebas hab√≠a terminado tambi√©n.
-No sab√≠amos lo peligroso que era ese Aquiles. Nos hab√≠an advertido de que habr√≠a alg√ļn peligro, pero... parec√≠a tan agradable... No se lo estoy reprochando al coronel Graff, enti√©ndalo: no ten√≠a forma de saberlo.
-¬ŅDe saber qu√©?
-Que Aquiles es un asesino en serie.
-Eso debería hacer feliz a Graff. La cuenta de Ender llega a dos..
-No estoy bromeando, se√Īor. Aquiles tiene siete asesinatos en su haber.
-¬ŅY pas√≥ la selecci√≥n?
-Sabía cómo responder a las pruebas psicológicas.
-Por favor, dígame que ninguno de los siete asesinatos tuvo Iugar en la Escuela de Batalla.
-El n√ļmero ocho pudo haberlo sido. Pero Bean lo hizo confesar.
-¬ŅBean es sacerdote ahora?
-En realidad, se√Īor, fue una h√°bil estrategia de su parte. Engan√≥ a Aquiles... le prepar√≥ una emboscada, y la confesi√≥n era la √ļnica posibilidad de huir.
-As√≠ que Ender, el agradable americanito de clase media, mato al ni√Īo que quer√≠a darle una paliza en el cuarto de ba√Īo. Y Bean el pillastre callejero, entrega a un asesino en serie a la polic√≠a.
-Lo m√°s significativo para nuestros fines es que Ender era bueno construyendo equipos, pero derrot√≥ a Bonzo mano a mano, los dos solos. Y luego Bean, un solitario que casi no ten√≠a amigos despu√©s de un a√Īo en la escuela, derrota a Aquiles formando un equipo para que fueran su defensa y sus testigos. No tengo ni idea de si Graff predijo estos resultados, pero cada ni√Īo actu√≥ no s√≥lo contra nuestras expectativas, sino tambi√©n contra sus propias predilecciones.
-Predilecciones. Mayor Anderson.
-Todo constar√° en mi informe.
-Trate de escribirlo todo sin usar la palabra predilección ni una sola vez.
-S√≠, se√Īor.

-He asignado al destructor Cóndor para que recoja a grupo.
-¬ŅCu√°ntos quiere, se√Īor?
-Necesitamos un máximo de once en cualquier momento. Tenemos a Carby, Bee y Momoe camino de Táctica, pero Graff me ha asegurado que de esos tres, lo más probable es que sólo Carby trabaje bien con Wiggin. Necesitamos hacerle un sitio a Ender, pero no nos vendría mal tener un sustituto. Envíe a diez.
-¬ŅQu√© diez?
-¬ŅC√≥mo demonios voy a saberlo? Bueno... Bean, por supuesto. Y los otros nueve que piense que trabajan mejor con Bean o con Ender como comandante, con independencia de cu√°l de los dos resulte elegido al final.
-¬ŅUna lista para ambos posibles comandantes?
-Con Ender como primera elección. Queremos que todos entrenen juntos. Que se conviertan en un equipo.
Las órdenes llegaron a las 17.00. Bean tenía que subir a bordo del Cóndor a las 18.00. No es que tuviera mucho que llevarse. Una hora era más tiempo del que concedieron a Ender. Así que Bean fue y le dijo a su escuadra lo que ocurría, adonde iba.
-S√≥lo hemos librado cinco juegos -arguy√≥ It√ļ.
-Hay que tomar el autob√ļs cuando pasa, ¬Ņno? -respondi√≥
Bean.
-Ya.
-¬ŅQui√©n m√°s? -pregunt√≥ Ambul.
-No me lo dijeron. Sólo que iba a la Escuela Táctica.
-Ni siquiera sabemos dónde está.
-En alg√ļn lugar del espacio -dijo It√ļ.
-No me digas. -Era una tontería, pero todos se rieron. No era tan difícil despedirse. Sólo había pasado con los Conejos ocho días.
-Lamento no haber ganado ninguna batalla para ti -dijo It√ļ.
-Habríamos ganado, sí hubiera querido -respondió Bean.
Lo miraron como si estuviera loco.
-Yo fui quien propuso que nos olvid√°ramos de las puntuaciones, que dej√°ramos de preocuparnos por qui√©n gana. ¬ŅC√≥mo habr√≠amos quedado si hubi√©ramos ganado siempre?
-Habr√≠a parecido que s√≠ te importaban las calificaciones -dijo It√ļ.
-No es eso lo que me molesta -intervino otro jefe de batall√≥n-. ¬ŅMe est√°s diciendo que lo preparaste para que perdi√©ramos?
-No, os estoy diciendo que ten√≠a una prioridad diferente. ¬ŅQu√© aprendemos derrot√°ndonos unos a otros? Nada. Nunca vamos a tener que combatir contra ni√Īos humanos. Vamos a tener que combatir a los insectores. Entonces, ¬Ņqu√© necesitamos aprender? C√≥mo coordinar nuestros ataques. C√≥mo responder unos a otros. C√≥mo sentir el curso de la batalla, y hacernos responsables del conjunto, aunque no tengamos el mando. En eso estuve trabajando con vosotros, chicos. Y si gan√°bamos, si √≠bamos y freg√°bamos las paredes con ellos, usando mi estrategia, ¬Ņqu√© aprend√≠ais? Ya trabajasteis con un buen comandante. Lo que necesitabais hacer era trabajar unos con otros. As√≠ que os hice pasar por situaciones duras y al final encontrasteis formas de ayudaros unos a otros. De hacer que todo funcionara.
-Nunca lo hicimos lo bastante bien para ganar.

-No es as√≠ como lo evalu√© yo. Hicisteis que el batall√≥n funcionara. Cuando regresen los insectores, la situaci√≥n empeorar√°. Adem√°s de la fricci√≥n normal de la guerra, van a emplear t√°cticas que no se nos habr√°n ocurrido porque no son humanos, no piensan como nosotros A que, ¬Ņpara qu√© sirven entonces los planes de ataque? Lo intentamos, hacemos lo que podemos, pero lo que realmente cuenta es lo que hace cuando se rompe el mando. Cuando quedas s√≥lo t√ļ y tu batall√≥n, y t√ļ con tu transporte, y t√ļ con tu fuerza de choque masacrada suma s√≥lo cinco armas entre ocho naves. ¬ŅC√≥mo os ayud√°is unos otros? ¬ŅC√≥mo tir√°is hacia delante? En eso estuve trabajando. Y luego fui al comedor de oficiales y les cont√© lo que aprend√≠a. Lo que vosotros me mostrasteis. Tambi√©n aprend√≠ cosas de ellos. Os cont√© todo lo que aprend√≠ de ellos, ¬Ņno?
-Bueno, podr√≠as habernos dicho que estabas aprendiendo cosas de nosotros -dijo It√ļ. Todos estaban un poco resentidos.
-No tenía que decíroslo. Lo aprendisteis.
-Al menos podías habernos dicho que no importaba no ganar.
-Pero teníais que intentar ganar. No os lo dije porque sólo funciona si pensáis que importa. Como cuando vengan los insectores. Entonces contará, de verdad. Entonces será cuando tengáis que pensar, cuando perder signifique que vosotros y todo cuanto queréis, toda la especie humana, morirá. Mirad, no pensaba que fuéramos a estar mucho tiempo juntos. Así que aproveché el tiempo de la mejor manera posible, para vosotros y para mí. Todos vosotros estáis preparados para tomar el mando.
-¬ŅY t√ļ, Bean? -pregunt√≥ Ambul. Sonre√≠a, pero con cierta sorna-. ¬ŅEst√°s preparado para comandar una flota?
-No lo sé. Depende de si quieren ganar -respondió Bean, sonriente.
-Ahí está el tema, Bean -dijo Ambul-. A los soldados no les gusta perder.
-Y por eso la derrota es un profesor mucho m√°s fuerte que la victoria.
Ellos lo oyeron. Reflexionaron. Algunos asintieron.
-Si sobrevives -a√Īadi√≥ Bean. Y les sonri√≥.
Ellos les devolvieron la sonrisa.
-Os di lo mejor que se me ocurrió daros durante esta semana. -confesó Bean-. Y aprendí de vosotros todo lo que pude aprender. Gracias.
Se levantó y los saludó como un militar.
Ellos le devolvieron el saludo.
Bean se marchó. Y se dirigió a los barracones de la Escuadra Ka
-Nikolai acaba de recibir sus órdenes -le dijo un jefe de pelotón.
Por un instante, Bean se preguntó si Nikolai iría a la Escuela Táctica con él. Su primer pensamiento fue: no, no está preparado. Su segundo pensamiento fue: ojalá pudiera venir. El tercero: vaya amigo que soy, pensando primero que no se merece ser ascendido.
-¬ŅQu√© √≥rdenes? -pregunt√≥.
-Le han dado una escuadra. Demonios, ni siquiera era jefe de batallón aquí. Apenas llegó la semana pasada.
-¬ŅQu√© escuadra?
-La Conejo. -El jefe de pelotón miró de nuevo el uniforme de Bean-. Oh, supongo que va a sustituirte.
Bean se echó a reír y se dirigió a la habitación que acababa de abandonar.
Nikolai estaba dentro con la puerta abierta. Parecía desconcertado.
-¬ŅPuedo pasar?
Nikolai alzó la cabeza y sonrió.

-Dime que has venido a recuperar tu escuadra.
-Tengo un consejo que darte. Intenta ganar. Ellos piensan que es importante.
-No pude creerme que hubieras perdido los cinco combates.
-¬ŅSabes?, para ser una escuela donde ya no se anotan las victorias, todo el mundo sigue la cuenta.
-Yo te sigo la pista a ti.
-Nikolai, ojal√° pudieras venir conmigo.
-¬ŅQu√© ocurre, Bean? ¬ŅYa ha llegado el momento? ¬ŅEst√°n aqu√≠ los insectores?
-No lo sé.
-Venga ya, t√ļ siempre lo sabes todo.
-Si los insectores vinieran de veras, ¬Ņos dejar√≠an a todos vosotros aqu√≠ en la estaci√≥n? ¬ŅU os enviar√≠an a la Tierra? ¬ŅU os evacuar√≠an a alg√ļn oscuro asteroide? No lo s√©. Algunas cosas apuntan a que el final debe de estar muy cerca ya. Otras parecen indicar que no va a suceder nada importante cerca de aqu√≠.
-Entonces tal vez vayan a lanzar una enorme flota contra el mundo de los insectores y vosotros vais a crecer durante el viaje.
-Tal vez -dijo Bean-. Pero el momento de lanzar esa flota fue justo después de la Segunda Invasión.
-Bueno, ¬Ņy si no han descubierto hasta ahora d√≥nde se hallaba el mundo insector?
Bean se quedó helado.
-No se me hab√≠a ocurrido -dijo-. Quiero decir, deben de haber enviado se√Īales a casa. Todo lo que ten√≠amos que hacer era rastrear en esa direcci√≥n. Seguir la luz, ya sabes. Es lo que dicen los manuales.
-¬ŅY si no se comunican por medio de luz?
-La luz tarda un a√Īo en recorrer un a√Īo luz, pero sigue siendo m√°s r√°pida que ninguna otra cosa.
-Ninguna otra cosa que conozcamos -dijo Nikolai,
Bean se le quedó mirando.
-Oh, lo sé, es una estupidez. Las leyes de la física y todo eso Es que... ya sabes, sigo pensando, eso es todo. No me gusta descartar nada sólo porque sea imposible,
Bean se echó a reír.
-Mierda, Nikolai. Tendr√≠a que haber dejado que t√ļ hablaras m√°s y yo menos cuando dorm√≠amos uno enfrente del otro.
-Bean, sabes que no soy ning√ļn genio.
-Todos somos genios aquí, Nikolai.
-Yo soy de los m√°s corrientes.
-Entonces tal vez no seas ning√ļn Napole√≥n, Nikolai. Tal vez s√≥lo eres un Eisenhower. No esperes que llore por ti.
Ahora le tocó a Nikolai el turno de echarse a reír.
-Te echaré de menos, Bean.
-Gracias por ayudarme a enfrentarnos a Aquiles, Nikolai.
-Ese tipo era como una pesadilla.
-Y que lo digas.
-Y me alegra que llevaras a los dem√°s tambi√©n. It√ļ, Ambul, Crazy Tom... yo pensaba que nos vendr√≠a bien usar a otros seis m√°s, y Aquiles estaba colgando de aquel cable. Con tipos como √©se, uno comprende por qu√© inventaron la horca.
-Alg√ļn d√≠a -dijo Bean-, me necesitar√°s como yo te necesite a ti. Y yo estar√© all√≠.

-Lamento no haberme unido a tu escuadrón, Bean.
-Ten√≠as raz√≥n. Te lo ped√≠ porque eras mi amigo, y pensaba que necesitaba uno, pero tendr√≠a que haber sido un amigo tambi√©n, y ver que era lo que t√ļ necesitabas.
-Nunca volveré a dejarte tirado.
Bean rodeó a Nikolai con sus brazos. Nikolai lo abrazó a su vez.
Bean recordó el momento en que abandonó la Tierra. El abrazo de sor Carlotta, Y el análisis que realizó. Esto es lo que ella necesita, ni me cuesta nada. Por tanto, la abrazaré.
Bean ya no era ese ni√Īo.
Tal vez porque pude resarcir a Poke, después de todo. Demasiado tarde para ayudarla, pero conseguí que su asesino confesara. Hice que pagara algo, aunque nunca podrá ser suficiente.
-Ve a reunirte con tu escuadra, Nikolai -dijo Bean-. Yo tengo que tomar una nave.
Vio salir a Nikolai por la puerta y supo, con un intenso retortijón de pesar, que nunca volvería a ver a su amigo.
Dimak se encontraba en la habitación del mayor Anderson.
-Capit√°n Dimak, fui testigo de c√≥mo el coronel Graff soportaba sus constantes quejas, su resistencia a sus √≥rdenes, y no paraba de pensar: puede que Dimak tenga raz√≥n, pero yo nunca tolerar√≠a esa falta de respeto si estuviera al mando. Lo tumbar√≠a de espaldas y escribir√≠a ¬ęinsubordinado¬Ľ en unos cuarenta sitios en su expediente. Pens√© que deber√≠a dec√≠rselo antes de que formule su queja.
Dimak parpadeó.
-Adelante, estoy esperando.
-No es tanto una queja como una pregunta.
-Entonces formule su pregunta.
-Creí que había que elegir a un equipo que fuera igualmente compatible con Ender y con Bean.
-La palabra ¬ęigualmente¬Ľ no se ha empleado jam√°s, por lo que puedo recordar. Pero aunque as√≠ fuera, ¬Ņse le ha ocurrido que tal vez fuera imposible? Podr√≠a haber elegido a cuarenta ni√Īos brillantes que se habr√≠an sentido orgullosos y ansiosos de servir a las √≥rdenes de Andrew Wiggin. ¬ŅCu√°ntos estar√≠an igualmente orgullosos y ansiosos de servir a las √≥rdenes de Bean?
Dimak no tenía ninguna respuesta para eso.
-Tal como yo lo analizo, los soldados que elegí para que fueran en ese destructor son los estudiantes que están emocionalmente más cercanos y responden mejor a Ender Wiggin, y son a la vez los doce mejores comandantes de la escuela. Esos soldados no sienten tampoco ninguna animosidad particular hacia Bean. Así que si los ponen a sus órdenes, probablemente lo harán lo mejor que puedan.
-Nunca le perdonar√°n no ser Ender.
-Supongo que √©se ser√° el desaf√≠o de Bean. ¬ŅA qui√©n m√°s podr√≠a haber enviado? Nikolai es amigo de Bean, pero estar√≠a fuera de onda. Alg√ļn d√≠a estar√° preparado para la Escuela T√°ctica, y luego Mando, pero todav√≠a no. ¬ŅY qu√© otros amigos tiene Bean?
-Se ha ganado mucho respeto.
-Y lo perdió de nuevo cuando perdió sus cinco encuentros
-Le he explicado por qué él...
-¬°La humanidad no necesita explicaciones, capit√°n Dimak! ¬°Necesita vencedores!

Ender Wiggin tiene el fuego para ganar. Bean es capaz de perder cinco combates seguidos
como si eso no importara.
-No importaba. Aprendió de ellos lo que le era necesario.
-Capitán Dimak, veo que estoy cayendo en la misma trampa en la que cayó el coronel Graff. Ha cruzado usted la línea que separa al profesor del abogado. Le retiraría la custodia de Bean, si no fuera porque el hecho ya es irrelevante. Voy a enviar a los soldados que he decidido. Si Bean es de verdad tan brillante, encontrará un medio de trabajar con ellos.
-S√≠, se√Īor.
-Si le sirve de consuelo, recuerde que Crazy Tom fue uno de los que Bean eligió para que oyeran la confesión de Aquiles. Crazy Tom acudió, lo cual sugiere que, cuanto mejor conocen a Bean, más en serio se lo toman.
-Gracias, se√Īor.
-Bean ya no es su responsabilidad, capitán Dimak. Lo ha hecho bien con él. Lo felicito por ello. Ahora... vuelva al trabajo.
Dimak saludó.
Anderson saludó.
Y Dimak se marchó.
En el destructor C√≥ndor, la tripulaci√≥n no ten√≠a ni idea de qu√© hacer con esos ni√Īos. Todos conoc√≠an la Escuela de Batalla, y tanto el capit√°n como el piloto se hab√≠an graduado en ella. Pero despu√©s de la conversaci√≥n de rigor (¬ŅEn qu√© escuadra estabas? Oh, en mis tiempos la Rata era la mejor, la Drag√≥n era un desastre, c√≥mo cambian las cosas, o todo sigue igual), no hubo nada m√°s que decir.
Sin las preocupaciones compartidas de ser comandantes de escuadra, los ni√Īos pasaron a sus grupos naturales de amigos. Dink y Petra hab√≠an cultivado su amistad casi desde sus comienzos en la Escuela de Batalla, y eran tan veteranos que ninguno trat√≥ de penetrar ese c√≠rculo cerrado. Alai y Shen hab√≠an estado en el primer grupo de novatos de Ender, y Vlad y Dumper, que hab√≠an comandado los batallones B y E y eran probablemente quienes m√°s adoraban a Ender, estaban siempre con ellos. Crazy Tom, Fly Molo, y Hot Soup ya eran un tr√≠o en la Escuadra Drag√≥n. A nivel personal, Bean no esperaba que lo incluyeran ninguno de esos grupos, pero tampoco que lo excluyeran de un modo particular. Crazy Tom, al menos, se mostraba muy respetuoso hacia √©l, y a menudo dejaba que participase en sus conversaciones. Si Bean pertenec√≠a a alguno de los grupos, era al de Crazy Tom.
El √ļnico motivo por el que le molestaba la divisi√≥n en grupos era que hab√≠an sido reunidos claramente, no elegidos al azar. La confianza ten√≠a que crecer entre todos ellos, con fuerza si no con igualdad, pero hab√≠an sido elegidos para Ender (cualquier idiota se daba cuenta de ello) y no era asunto de Bean sugerir que jugaran todos a los juegos de a bordo, que aprendieran juntos, que hicieran cualquier cosa juntos. S√≠ Bean trataba de asegurar alg√ļn tipo de liderazgo, s√≥lo crear√≠a m√°s murallas de las que ya exist√≠an entre √©l y los dem√°s.
S√≥lo hab√≠a una persona del grupo que Bean pensaba que no encajaba all√≠. Y no pod√≠a hacer nada al respecto. Al parecer, los adultos no hac√≠an a Petra responsable de su cuasitraici√≥n a Ender que tuvo lugar en el pasillo la noche antes de la pelea a vida o muerte entre Ender y Bonzo. Pero Bean no estaba tan seguro. Petra era una de los mejores comandantes, lista, capaz de formarse una visi√≥n muy amplia del escenario, ¬ŅC√≥mo pod√≠a

haberse dejado enga√Īar por Bonzo? Naturalmente, no pod√≠a esperar que √©ste acabara con Ender. Pero hab√≠a sido descuidada, al menos, y en el peor de los casos hab√≠a estado jugando a alg√ļn tipo de juego que Bean no comprend√≠a del todo. As√≠ que sigui√≥ recelando de ella, lo cual no era nada bueno. Pero la desconfianza que le inspiraba era innegable.
Bean pasó los cuatro meses de viaje casi siempre en la biblioteca de la nave. Ahora que habían salido de la Escuela de Batalla, estaba casi seguro de que no lo espiaban con tanta insistencia. Así que ya no tenía que elegir su material de lectura pensando en las conclusiones que sacarían los profesores a partir de las obras seleccionadas.
No ley√≥ nada de historia o teor√≠a militar. Ya hab√≠a le√≠do a todos los escritores importantes y a muchos de menor talla, y conoc√≠a las campa√Īas importantes del derecho y del rev√©s, desde ambos bandos. Lo tenia todo almacenado en su memoria para evocarlo cada vez que lo necesitara. Lo que le faltaba era la imagen global. C√≥mo funcionaba el mundo. Historia pol√≠tica, social, econ√≥mica. Qu√© les suced√≠a a las naciones cuando no estaban en guerra. C√≥mo iniciaban y terminaban las guerras. C√≥mo les afectaba la victoria y la derrota. C√≥mo se formaban y se romp√≠an las alianzas.
Y, lo m√°s importante de todo, pero lo m√°s dif√≠cil de encontrar: qu√© estaba pasando en el mundo de hoy en d√≠a. La biblioteca del destructor s√≥lo ten√≠a la informaci√≥n actualizada hasta que atrac√≥ por fin en la Lanzadera Interestelar (LIS), donde dispuso de una lista autorizada documentos para descargar. Bean pod√≠a solicitar m√°s informaci√≥n, pero eso implicar√≠a que el ordenador de la biblioteca determinar√≠a los requisitos y utilizar√≠a la banda ancha de comunicaciones que luego habr√≠a que justificar. Se dar√≠an cuenta, y se preguntar√≠an por qu√© este ni√Īo estudiaba asuntos que no eran de su incumbencia.
Sin embargo, por lo que pudo encontrar a bordo, le result√≥ posible recomponer la situaci√≥n b√°sica en la Tierra, y llegar a algunas conclusiones. Durante los a√Īos anteriores a la Primera Invasi√≥n, varias potencias mundiales hab√≠an buscado, mediante la combinaci√≥n de terrorismo, golpes ¬ęquir√ļrgicos¬Ľ, operaciones militares limitadas, y sanciones econ√≥micas, boicots y embargos, ganar por la mano o amenazar con firmeza, o simplemente expresar su ira nacional o ideol√≥gica. Cuando aparecieron los insectores, China acababa de emerger como la potencia mundial dominante, econ√≥mica y militarmente, despu√©s de haberse reunificado por fin como democracia. Los norteamericanos y europeos jugaban a ser los ¬ęhermanos mayores¬Ľ de China, pero el equilibro econ√≥mico hab√≠a cambiado finalmente.
No obstante, lo que Bean ve√≠a como la fuerza impulsora de la historia era el resurgente Imperio Ruso. Donde los chinos simplemente daban por hecho que eran y deber√≠an ser el centro del universo, los rusos, guiados por una serie de ambiciosos demagogos y generales autoritarios, consideraban que la historia los hab√≠a despojado de su justo lugar, siglo tras siglo, y era hora de que eso terminara. Por eso Rusia forz√≥ la creaci√≥n del Nuevo Pacto de Varsovia, que devolvi√≥ sus fronteras efectivas a la cima del poder sovi√©tico... y m√°s all√°, puesto que entonces Grecia era su aliada, y una intimidada Turqu√≠a qued√≥ neutralizada. Europa estaba a punto de ser neutralizada, y el sue√Īo ruso de la hegemon√≠a desde el Pac√≠fico al Atl√°ntico por fin estaba a su alcance.
Entonces llegaron los fórmicos y sembraron un reguero de destrucción por toda China que causó cien millones de muertos. De repente, los ejércitos de tierra parecieron triviales, y las cuestiones de competencia internacional fueron pospuestas.
Pero eso era sólo superficial. De hecho, los rusos usaron su dominio de la oficina del Polemarca para construir una red de oficiales en puestos clave por toda la flota. Todo estaba en su sitio para que el enorme poder aprovechara el momento en que fueran derrotados

insectores... o antes, si pensaban que ser√≠a ventajoso para ellos. Por extra√Īo que pareciera, los rusos declaraban abiertamente sus intenciones: siempre lo hab√≠an hecho. No ten√≠an ning√ļn talento para la sutileza, pero lo compensaban con una sorprendente testarudez. Cualquier negociaci√≥n tardaba d√©cadas. Y mientras tanto, su penetraci√≥n en la flota era casi total. Las fuerzas de infanter√≠a leales al Estrategos quedar√≠an aisladas, incapaces de llegar a los lugares donde eran necesarias porque no habr√≠a naves para transportarlas.
Cuando la guerra con los insectores terminó, los rusos tenían planeado gobernar la flota horas después y por tanto, el mundo. Era su destino. Los norteamericanos se mostraron tan complacientes como siempre, seguros de que el destino lo resolvería todo a su favor. Sólo unos pocos demagogos vieron el peligro. El mundo chino y el musulmán estaban alerta ante el peligro, aunque fueron incapaces de plantear una defensa por miedo a romper la alianza que hacía posible la resistencia a los insectores.
Cuanto más estudiaba, más deseaba Bean no tener que ir a la Escuela Táctica. Esta guerra pertenecería a Ender y sus amigos. Y aunque Bean amaba a Ender tanto como cualquiera de ellos, y con mucho gusto serviría con ellos contra los insectores, lo cierto era que no lo necesitaban. Era la próxima guerra, la pugna por el dominio mundial, lo que le fascinaba. Los rusos podrían ser detenidos, si se llevaban a cabo los preparativos adecuados.
Pero entonces tuvo que preguntarse: ¬Ņdeber√≠an ser detenidos? Un golpe r√°pido, sangriento pero eficaz que pondr√≠a al mundo bajo un √ļnico gobierno... significar√≠a el final de la guerra entre los humanos, ¬Ņno? Y en semejante clima de paz, ¬Ņno estar√≠an mejor todas las naciones?
De ese modo, mientras Bean desarrollaba su plan para detener a los rusos, trataba de evaluar cómo sería un Imperio Ruso mundial.
Y llegó a la conclusión de que no duraría. Porque junto con su prepotencia nacional, los rusos también habían nutrido su sorprendente talento para el mal gobierno, esa sensación de mejora personal que convertía la corrupción en una forma de vida. La tradición institucional de la competencia que era esencial para un gobierno mundial de éxito no existía. Era en China donde esas instituciones y valores habían cobrado más fuerza. Pero incluso China sería un pobre sustituto para un genuino gobierno mundial que trascendiera los intereses nacionales. Un gobierno mundial equivocado acabaría por derrumbarse a causa de su propio peso.
Bean ansiaba hablar de estos asuntos con alguien... con Nikolai, o incluso con uno de los profesores. Le frenaba tener que pensar en círculos: sin estímulos externos era difícil liberarse de sus propias limitaciónes. Una mente sólo era capaz de pensar en sus propias preguntas, rara vez se sorprendía a sí misma. Pero progresó, muy poco a poco durante aquel viaje, y luego durante los meses en la Escuela Táctica.
T√°ctica fue un pu√Īado de viajes breves y detalladas visitas a diversas naves. A Bean le disgustaba que estuvieran basadas en dise√Īos antiguos, lo que le parec√≠a absurdo: ¬Ņpor qu√© entrenar a tus comandantes con naves que no ser√≠an utilizadas en la batalla? Pero los profesores trataron con desd√©n su objeci√≥n, se√Īalando que las naves eran las naves, a la larga, y las naves m√°s modernas ten√≠an que patrullar los per√≠metros del sistema solar. Para entrenar a ni√Īos, todas eran v√°lidas.
Les ense√Īaron muy poco del arte de pilotar, pues no iban a pilotar las naves, s√≥lo a comandarlas en la batalla. Ten√≠an que conseguir sentir c√≥mo funcionaban las armas, c√≥mo se mov√≠an las naves, qu√© pod√≠a esperarse de ellas, cu√°les eran sus limitaciones. Gran parte era aprendizaje memor√≠stico... pero eso era precisamente el tipo de aprendizaje que Bean

pod√≠a realizar casi en sue√Īos, pues era capaz de recordar cualquier cosa que hubiera o√≠do o escuchado con cierto grado de atenci√≥n.
As√≠ que, durante la Escuela T√°ctica, donde se comport√≥ tan bien como cualquiera, sigui√≥ concentr√°ndose en los problemas de la actual situaci√≥n pol√≠tica en la Tierra. Pues la Escuela T√°ctica estaba en LIS, y por ese motivo la biblioteca era puesta al d√≠a constantemente, y no s√≥lo con el material autorizado para ser incluido en las bibliotecas de las naves. Por primera vez, Bean empez√≥ a leer los escritos de pensadores pol√≠ticos actuales de la Tierra. Ley√≥ lo que proced√≠a de Rusia, y una vez m√°s se sorprendi√≥ de lo descaradamente que persegu√≠an sus ambiciones. Los escritores chinos advert√≠an el peligro, pero al ser chinos, no realizaban ning√ļn esfuerzo para recabar el apoyo de otras naciones a fin de plantear alg√ļn tipo de resistencia. Para los chinos, una vez que algo se sab√≠a en China, se sab√≠a en todas partes donde importaba. Y las naciones euroamericanas parec√≠an dominadas por una estudiada ignorancia que a Bean se le antojaba un deseo de muerte. Sin embargo, hab√≠a algunos que estaban despiertos, y pugnaban por establecer coaliciones.
Dos populares comentadores en concreto llamaron la atenci√≥n de Bean. A primera vista, Dem√≥stenes parec√≠a ser un alborotador que se basaba en los prejuicios y la xenofobia. Pero tambi√©n ten√≠a un √©xito notable al liderar un movimiento popular. Bean no sab√≠a si la vida bajo un gobierno liderado por Dem√≥stenes ser√≠a mejor que bajo los rusos, pero Dem√≥stenes al menos lo discutir√≠a. El otro comentarista que llamo la atenci√≥n de Bean era Locke, un tipo amable que apelaba a la paz mundial y a la forja de alianzas..., aunque en su aparente complacencia, Locke daba la impresi√≥n de actuar a partir de los mismos hechos que Dem√≥stenes, dando por hecho que los rusos eran lo suficientemente fuertes para ¬ęliderar¬Ľ el mundo, pero no estaban preparados para hacerlo de una manera ¬ębeneficiosa¬Ľ. En cierto modo, era como si Dem√≥stenes y Locke llevaran a cabo su investigaci√≥n juntos, leyendo las mismas fuentes y aprendiendo de los mismos corresponsales, pero luego se dirig√≠an a p√ļblicos completamente distintos.
Durante alg√ļn tiempo, Bean incluso juguete√≥ con la idea de que Locke y Dem√≥stenes fueran la misma persona. Pero no, los estilos literarios eran diferentes, y lo m√°s importante, pensaban y analizaban por separado. Bean no cre√≠a que nadie fuera tan listo para falsificar eso.
Fueran quienes fuesen, esos dos comentaristas eran quienes parecían ver la situación de manera más acertada, y por eso Bean empezó a concebir su ensayo sobre la estrategia en el mundo postfórmico como una carta a Locke y Demóstenes. Una carta personal. Una carta anónima. Porque sus observaciones deberían ser divulgadas, y esos dos parecían estar en la mejor posición para que las ideas de Bean dieran fruto.
Volviendo a antiguas costumbres, Bean se pas√≥ alg√ļn tiempo en la biblioteca para observar a vanos oficiales que se conectaban a la red, y pronto logr√≥ seis claves que podr√≠a utilizar. Entonces escribi√≥ una carta en seis partes, usando una clave diferente para cada una, y las envi√≥ a Locke y Dem√≥stenes con varios minutos de diferencia unas de otras. Lo hizo durante una hora en la que la biblioteca estaba abarrotada, y se asegur√≥ de que √©l mismo estuviera conectado a la red con su propia consola y en su barrac√≥n, y de que todo el mundo creyera que jugaba. Dudaba que contaran sus golpes de teclado y advirtieran que no estaba haciendo nada con su consola durante ese tiempo. Y si rastreaban la carta hasta √©l, bueno, l√°stima. Con toda probabilidad, Locke y Dem√≥stenes no tratar√≠an de localizarlo: en su carta les ped√≠a que no lo hicieran. Podr√≠an creerlo o no, estar√≠an de acuerdo con √©l o no; pero no pod√≠a ir m√°s all√°. Les hab√≠a dejado muy claro cu√°les eran exactamente los peligros, cu√°l era obviamente la estrategia rusa, y qu√© pasos hab√≠a que dar para asegurarse de que los

rusos no tuvieran éxito en su golpe preventivo.
Uno de los argumentos m√°s importantes que plante√≥ fue que los ni√Īos de las Escuelas de Batalla, T√°ctica y de Mando ten√≠an que regresar a la Tierra lo antes posible, una vez que los insectores fueran derrotados. Si permanec√≠an en el espacio, ser√≠an capturados por los rusos o la F.I. los mantendr√≠an en situaci√≥n de aislamiento. Pero esos ni√Īos eran las mejores mentes militares que la humanidad hab√≠a producido en generaciones. Si hab√≠a que someter el poder de una gran naci√≥n har√≠an falta comandantes brillantes que se opusieran a ellos.
Un d√≠a m√°s tarde, Dem√≥stenes divulg√≥ un ensayo por toda la red en el que solicitaba que la Escuela de Batalla de disolviera de inmediato y todos aquellos ni√Īos regresaran a casa. ¬ęHan secuestrado nuestros ni√Īos m√°s prometedores. Nuestros Alejandros y Napoleones, nuestros Rommels y Pattons, nuestros C√©sares y Federicos y Washingtons y Saladinos est√°n recluidos en un lugar donde no podemos alcanzarlos, donde no pueden ayudar a sus propios pueblos a ser libres de la amenaza de la dominaci√≥n rusa. ¬ŅY qui√©n puede dudar que los rusos pretenden capturar a esos ni√Īos y utilizarlos? O, si no pueden, sin duda intentar√°n, con un misil bien colocado, reducirlos a cenizas, y privarnos de nuestros l√≠deres militares naturales. Una demagogia deliciosa, dise√Īada para encender la ira y escandalizar a la gente. Bean pod√≠a imaginar la consternaci√≥n de los militares mientras su preciosa escuela se convert√≠a en un asunto pol√≠tico. Era un tema sentimental que Dem√≥stenes no dejar√≠a pasar y del que los nacionalistas de todo el mundo se har√≠an eco con gran fervor. Y como se trataba de ni√Īos, ning√ļn pol√≠tico pod√≠a osar oponerse al principio de que todos los ni√Īos de la Escuela de Batalla regresaran a casa en el momento en que terminara la guerra. No s√≥lo eso, sino que Locke prest√≥ su prestigiosa y moderada voz a la causa, apoyando abiertamente el principio del regreso de los ni√Īos. ¬ęPor supuesto, pagad al flautista, libradnos de las ratas invasoras... y luego traed a nuestros ni√Īos a casa.¬Ľ
Vio, escribió, y el mundo cambió un poquito. Era una sensación abrumadora. Hacía que todo el trabajo en la Escuela Táctica pareciera casi insignificante en comparación con eso. Quiso saltar en la clase y hablar a los demás de su triunfo. Pero lo mirarían como si estuviera loco. No sabían nada del mundo en general, y no se hacían responsables de él. Estaban encerrados en el mundo militar.
Tres d√≠as despu√©s de que Bean enviara sus cartas a Locke y Dem√≥stenes, los ni√Īos llegaron a clase y descubrieron que ten√≠an que marchar de inmediato a la Escuela de Mando, esta vez junto con Carn Carby, que estaba una clase por delante de ellos en la Escuela T√°ctica. Hab√≠an pasado s√≥lo tres meses en LIS, y Bean no pod√≠a dejar de preguntarse si sus cartas no habr√≠an provocado alguna variaci√≥n en el calendario. Si hab√≠a alg√ļn peligro de que los ni√Īos pudieran ser enviados a casa antes de lo previsto, la EL ten√≠a que asegurarse de que sus preciados espec√≠menes estuvieran fuera de alcance.