19 - Rebelde

-Llamar a Aquiles fue el √ļltimo gesto de Graff, y sabemos que esta maniobra suscitaba una gran preocupaci√≥n. ¬ŅPor qu√© no jugar sobre seguro y cambiar al menos a Aquiles a otra escuadra?
-Bean no tiene por qué vivir la situación de Bonzo Madrid.
-Pero no tenemos ninguna seguridad de que sea as√≠, se√Īor. El coronel Graff se guard√≥ un mont√≥n de informaci√≥n para s√≠. Un mont√≥n de conversaciones con sor Carlotta, por ejemplo, sin ning√ļn memor√°ndum de lo que se dijo en ellas. Graff sabe cosas sobre Bean y, puedo promet√©rselo, tambi√©n sobre Aquiles. Creo que nos ha tendido una trampa.
-Se equivoca, capit√°n Dimak. Si Graff ha tendido una trampa, no ha sido a nosotros.
-¬ŅEst√° seguro de eso?
-A Graff no le gustan los juegos burocr√°ticos. No le preocupamos un pimiento usted ni yo. Si ha tendido una trampa, en cualquier caso ser√° para Bean.
-¡Bueno, a eso me refería!
-Comprendo su argumento. Pero Aquiles se queda.
-¬ŅPor qu√©?
-Las pruebas de Aquiles demuestran que posee un temperamento notablemente equilibrado. No es ning√ļn Bonzo Madrid. Por tanto, Bean no corre peligro f√≠sico. La tensi√≥n parece ser m√°s bien psicol√≥gica. Una prueba de car√°cter. Y √©se es precisamente el aspecto de Bean que m√°s desconocemos, dada su negativa a jugar al juego mental y la ambig√ľedad de la informaci√≥n que obtuvimos por sus juegos con su clave de acceso. Por tanto, creo que esta relaci√≥n forzosa con su enemigo merece la pena.
-¬ŅEnemigo o n√©mesis, se√Īor?
-Los seguiremos de cerca. No haré que los adultos estén tan lejos que no puedan llegar para intervenir a tiempo, como dispuso Graff con Ender y Bonzo. Se tomarán todas las precauciones. No voy a jugar a la ruleta rusa como hizo Graff.
-S√≠ que lo va a hacer, se√Īor. La √ļnica diferencia es que que s√≥lo ten√≠a una rec√°mara vac√≠a, y usted no sabe cu√°ntas rec√°maras est√°n vac√≠as porque √©l carg√≥ el arma.
En su primera ma√Īana como comandante de la Escuadra Conejo Bean se despert√≥ y descubri√≥ un papelito en el suelo. Por un momento se sorprendi√≥ ante la idea de que le pudieran haber asignado una batalla antes incluso de conocer a su escuadra, pero para su alivio la nota era algo mucho m√°s mundano.
Dado el n√ļmero de nuevos comandantes, la tradici√≥n de no reunirse en el comedor de comandantes hasta despu√©s de la primera victoria queda abolida. Comer√°s en la sala de oficiales inmediatamente.

Sí, era lógico. Como iban a acelerar los planes de batalla para todo el mundo, querían que los comandantes pudieran compartir información desde el principio. Y que también estuvieran sujetos a la presión social de sus iguales.
Con el papel en la mano, Bean recordó el modo en que Ender sostenía sus órdenes, cada imposible nueva permutación en el juego. El hecho de que su orden tuviera sentido no significaba que fuera acertada. No había nada sagrado en el juego que hiciera que Bean lamentara los cambios en reglas y costumbres, pero la forma en que los profesores los manipulaban sí que le molestaba.
El haberle cortado el acceso a la información sobre los estudiantes por ejemplo. La cuestión no era por qué la cortaban, ni siquiera por qué le dejaron acceder a ella durante tanto tiempo. La cuestión era por qué los otros comandantes no disponían de tanta información se suponía que estaban aprendiendo a ser líderes, entonces deberían tener las herramientas del liderazgo.
Y mientras estuvieran cambiando el sistema, ¬Ņpor qu√© no deshacerse de todo lo realmente pernicioso y destructivo que realizaban? Por ejemplo, las gr√°ficas de puntuaciones en los comedores, ¬°Porcentajes y puntos! En vez de combatir con ganas, esas puntuaci√≥n hac√≠an que soldados y comandantes por igual fueran m√°s cautelosos, menos dispuestos a experimentar. Por eso la rid√≠cula costumbre de pelear en formaci√≥n hab√≠a durado tanto tiempo: Ender no pod√≠a haber sido el primer comandante en ver un modo mejor. Pero nadie quer√≠a sacudir el barco, para ser el que innovara y pagara el precio desapareciendo de las estad√≠sticas. Era mucho mejor tratar cada batalla como un problema completamente separado, y sentirse libres de enzarzarse en las batallas como si fueran un juego en vez de trabajo. La creatividad y el desaf√≠o aumentar√≠an de forma dr√°stica. Y los comandantes no tendr√≠an que preocuparse, cuando dieran una orden a un batall√≥n o a un individuo, si hac√≠an que un soldado concreto sacrificara su estad√≠stica por bien de la escuadra.
No obstante, lo más importante era el desafío que encerraba la decisión que había tomado Ender: rechazar el juego. El hecho de que se graduara antes de poder declararse en huelga no cambiaba el hecho de que, si lo hubiera hecho así, Bean lo habría apoyado.
Ahora que Ender ya no estaba, no tenía sentido boicotear el juego. Sobre todo si Bean y los demás iban a avanzar hasta un punto en que podrían ser parte de la flota de Ender cuando se produjeran las batallas de verdad. Pero podían hacerse cargo del juego, usarlo para sus propios fines.
As√≠ que, vestido con su nuevo uniforme de la Escuadra Conejo, que tampoco le estaba bien, Bean se encontr√≥ una vez m√°s de pie sobre una mesa, en esa ocasi√≥n en el comedor de oficiales, que era mucho m√°s peque√Īo. Como el discurso de Bean del d√≠a anterior ya se hab√≠a convertido en leyenda, hubo risas y algunos abucheos cuando se levant√≥.

-¬ŅLa gente de donde vienes come con los pies, Bean?
-En vez de subirte a las mesas, ¬Ņpor qu√© no creces, Bean?
-¡Ponte zancos para que podamos mantener las mesas limpias! Pero los otros nuevos comandantes que, hasta el día anterior, eran jefes de batallón en la Escuadra Dragón, no se burlaron ni se rieron. Pronto prevaleció su respetuosa atención hacia Bean y el silencio se extendió por la sala.
Bean alz√≥ un brazo para se√Īalar la pizarra que mostraba las puniciones.
-¬ŅD√≥nde est√° la Escuadra Drag√≥n? -pregunt√≥.
-La disolvieron -respondió Petra Arkanian-. Los soldados han sido distribuidos entre

las otras escuadras. Excepto vosotros, que antes erais Dragones.
Bean escuchó, guardándose para sí su opinión sobre ella. Todo lo que pudo pensar fue que, dos noches antes, voluntariamente o no, fue la judas que trataba de atraer a Ender a una trampa.
-Sin la Dragón ahí arriba -dijo-, esa pizarra no significa nada. Sean cuales sean las calificaciones que obtengamos, no serían las mas altas si la Dragón estuviera todavía ahí.
-No podemos hacer gran cosa al respecto -manifestó Dink Meeker.
-El problema no es que falte la Drag√≥n -dijo Bean-. El problema es que no deber√≠amos tener esa pizarra. No somos enemigos unos de otros. El √ļnico enemigo son los insectores. Se supone que nosotros somos aliados. Tendr√≠amos que estar aprendiendo unos de otros, compartiendo informaci√≥n e ideas. Tendr√≠amos que sentirnos libres para experimentar, para probar nuevas maniobras sin temer las repercusiones que ello pueda tener en nuestras calificaciones. Esa pizarra de ah√≠ es el juego de los profesores, que nos vuelven por turnos a unos contra otros. Como Bonzo. Nadie de aqu√≠ est√° tan loco de celos como √©l, pero venga ya, era lo que esas calificaciones estaban condenadas a crear. Quiso romperle la cabeza a nuestro mejor comandante, nuestra mejor esperanza contra la siguiente invasi√≥n de los insectores, ¬ŅY Por qu√©? Porque Ender lo humillaba en las calificaciones. ¬°Pensad en eso! ¬°Las calificaciones eran m√°s importantes para √©l que la guerra contra los f√≥rmicos!
-Bonzo estaba loco -replicó William Bee.
-Pues entonces no estemos locos. Quitemos esas calificaciones del juego. Libremos una batalla cada vez, partiendo de cero. Usad todo vuestro ingenio para ganar. Y cuando acabe la batalla, ambos comandantes se sientan y explican qu√© pensaban, por qu√© hicieron lo que hicieron, para poder aprender uno del otro. ¬°Nada de secretos! ¬°Todo el mundo lo prueba todo! ¬°Y a hacer pu√Īetas las calificaci√≥n!
Hubo murmullos de asentimiento, y no sólo por parte de los antiguos Dragones.
-Te resulta f√°cil decir eso -dijo Shen-. Tus calificaciones ahora son las √ļltimas.
-Y √©se es precisamente el problema. Recelas de mis motivos, ¬Ņy por qu√©? Por culpa de las calificaciones. Pero ¬Ņno se supone que todos vamos a ser comandantes de la misma flota alg√ļn d√≠a? ¬ŅQue vamos a trabajar juntos? ¬ŅQue vamos a confiar los unos en los otros? ¬ŅQu√© punto estar√≠a enferma la F.I., si todos los capitanes de sus naves y los comandantes de sus fuerzas de choque y los almirantes de flota se pasaran el tiempo preocup√°ndose por sus estad√≠sticas en vez de trabajar juntos para derrotar a los f√≥rmicos? Quiero aprender de ti, Shen. No quiero competir contigo por un rango vac√≠o que los profeses han colgado en la pared para manipularnos.
-Estoy segura de que a vosotros los Dragones os preocupa aprender de nosotros, los perdedores -dijo Petra.
Así lo dijo, sin tapujos.
-¬°S√≠! S√≠ me preocupa. Precisamente porque he estado en la Escuadra Drag√≥n. Aqu√≠ hay nueve de nosotros que conocemos bastante bien s√≥lo lo que aprendimos de Ender. Bueno, por brillante que fuera, no es el √ļnico en la flota, ni siquiera en la escuela, que sabe algo. Necesito aprender c√≥mo piensas t√ļ. No necesito que me guardes secretos, y t√ļ no necesitas que yo te guarde secretos a ti. Tal vez parte de lo que convert√≠a a Ender en el mejor era que hac√≠a que todos sus jefes de batall√≥n hablaran entre s√≠, que se sintieran libres para intentar maniobras y t√°cticas nuevas, pero s√≥lo mientras comparti√©ramos lo que hac√≠amos. Hubo m√°s asentimientos esta vez. Incluso los que dudaban asent√≠an pensativos.
-Lo que propongo es esto: un rechazo unánime de esa pizarra de ahí, no sólo ésta,

sino la del comedor de los soldados también. Todos acordamos no prestarle ninguna atención, punto. Le pedimos a los profesores que las desconecten o las dejen en blanco. Si se niegan, traemos sábanas para cubrirlas, o les arrojamos las sillas hasta romperlas. No tenemos que jugar a su juego. Podemos hacernos cargo de nuestra propia educación y prepararnos para combatir al verdadero enemigo. Tenemos que recordar, siempre, quién es el enemigo de verdad.
-Sí, los profesores -aseguró Dink Meeker.
Todos se echaron a reír. Pero entonces Dink Meeker se subió a la mesa junto a Bean.
-Soy el comandante m√°s antiguo, ahora que han graduado a todos los tipos mayores. Probablemente soy el soldado m√°s viejo que queda en la Escuela de Batalla. As√≠ que propongo que adoptemos la propuesta de Bean ahora mismo, y yo me encargar√© de acudir a los profesores para exigirles que desconecten las pizarras. ¬ŅAlguien tiene algo en contra?
Nadie.
-Entonces todo el mundo de acuerdo. Si las pizarras siguen contadas en el almuerzo, traeremos s√°banas para cubrirlas. Si siguen conectadas en la cena, entonces olvidaos de utilizar las sillas para romperlas: nos negaremos a llevar a nuestras escuadras a ninguna batalla hasta que las desconecten.
Alai habló desde la cola para servirse la comida.
-Eso har√° que las calificaciones de todos...
Entonces Alai advirtió lo que estaba diciendo, y se rió de sí mismo.
-Maldici√≥n, s√≠ que nos han lavado el cerebro, ¬Ņeh?
Bean estaba todav√≠a acalorado por la victoria cuando, despu√©s del desayuno, se dirigi√≥ al barrac√≥n de los Conejos para reunirse oficialmente con sus soldados por primera vez. Conejo ten√≠a las pr√°cticas mediod√≠a, as√≠ que s√≥lo le quedaba media hora entre el desayuno y las primeras clases de la ma√Īana. El d√≠a anterior, cuando habl√≥ con It√ļ ten√≠a la mente ocupada en otras cosas, y no prest√≥ mucha atenci√≥n a lo que suced√≠a dentro del barrac√≥n. Pero en ese momento advirti√≥ que al contrario que en la Escuadra Drag√≥n, los soldados de la Conejo eran todos de la edad normal. Ni uno solo se acercaba siquiera a la altura de Bean. Parec√≠a el mu√Īeco de alguien, y peor a√ļn, se sent√≠a as√≠ tambi√©n cuando camin√≥ por el pasillo entre los camastros, al advertir que todos aquellos ni√Īos enormes (y un par de ni√Īas) lo miraban.
A medio camino, se volvió para mirar a aquéllos antes quienes ya había pasado. Bien podría tocar ese problema de inmediato.
-El primer problema que veo -dijo Bean en voz alta- es que todos sois demasiado altos.
Nadie se rió. Bean se entristeció un poco, pero debía continuar.
-Estoy creciendo lo más rápido que puedo. Aparte de eso, no sé qué puedo hacer al respecto.
Sólo entonces un par soltaron una risilla. Pero fue un alivio que al menos unos pocos estuvieran dispuestos a seguirle el juego.
-Realizaremos la primera práctica juntos a las 10.30. En cuanto nuestra primera batalla juntos, no puedo predecirlo, pero no puedo prometer eso: los profesores no van a darme los tres meses establecidos después de asignarme una nueva escuadra. Lo mismo sucederá los otros nuevos comandantes recién nombrados. Dieron a Wiggin sólo unas pocas semanas con la Dragón antes de que entrara batalla... y la Dragón era una escuadra

nueva, que sali√≥ de la nada. Conejo es una buena escuadra con una reputaci√≥n s√≥lida. La √ļnica persona nueva que hay aqu√≠ soy yo. Espero que las batallas comiencen en cuesti√≥n de d√≠as, una semana como m√°ximo, y espero que sean frecuentes. As√≠ que durante el primer par de pr√°cticas, os entrenar√© conforme al sistema existente. Necesito ver c√≥mo trabaj√°is con vuestros jefes de batall√≥n, como trabajan entre s√≠ los batallones, como respond√©is a las √≥rdenes, qu√© comandos emple√°is. Os dar√© un par de indicaciones sobre la actitud que deb√©is adoptar, m√°s que nada, pero quiero que os mov√°is como cuando estabais a las √≥rdenes de Carn. No obstante no dej√©is de trabajar duro, para poder veros en vuestra mejor forma
¬ŅAlguna pregunta? Ninguna. Silencio.
Una cosa m√°s. Anteayer, Bonzo y algunos de sus amigos acecharon a Ender Wiggin en los pasillos. Advert√≠ el peligro, pero los soldados de la Escuadra Drag√≥n eran demasiado peque√Īos para enfrentarse a la banda que Bonzo hab√≠a reunido. Cuando necesit√© ayuda para mi comandante, no acud√≠ a la puerta de la Escuadra Conejo por casualidad. No era el barrac√≥n m√°s cercano. Vine aqu√≠ porque sab√≠a que ten√≠ais un comandante justo en Carn Carby, y cre√≠ que su escuadra mostrar√≠a la misma actitud. Aunque no sintierais ning√ļn amor especial por Ender Wiggin o la Escuadra Drag√≥n, sab√≠a que no os quedar√≠ais de brazos cruzados y dejar√≠ais que un pu√Īado de matones golpeara a un ni√Īo m√°s peque√Īo al que no pod√≠an vencer con justicia en batalla. Y no me equivoqu√© con vosotros. Cuando salisteis de este barrac√≥n y os colocasteis como testigos en el pasillo, me sent√≠ orgulloso. Ahora estoy orgulloso de ser uno de vosotros.
Eso sirvió. La adulación rara vez fracasa, y nunca lo hace si es sincera. Al hacerles saber que ya se habían ganado su respeto, disipó gran parte de la tensión, pues naturalmente estaban preocupados de que, en calidad de antiguo Dragón, despreciara a la primera escuadra que derrotó Ender Wiggin. Ahora sabían que no, y así Bean tendría una oportunidad de ganarse también su respeto.
It√ļ empez√≥ a aplaudir, y los otros ni√Īos lo imitaron. No fue una ovaci√≥n larga, pero s√≠ lo suficiente para hacerle saber que la puerta estaba abierta, al menos una rendija.
Alzó las manos para silenciar el aplauso: justo a tiempo, pues estaba acabando ya.
-Me gustar√≠a que los jefes de batall√≥n me acompa√Īaran a mi habitaci√≥n. Ser√°n s√≥lo unos minutos. Los dem√°s pod√©is retiraros hasta las Pr√°cticas.
Casi de inmediato, It√ļ se situ√≥ a su lado.
-Buen trabajo. Sólo un error.
-¬ŅCu√°l?
No eres el √ļnico nuevo.
-¬ŅHan asignado a uno de los soldados de la Drag√≥n a la Conejo? -Por un momento, Bean tuvo la esperanza de que se tratara de Nikolai. Le vendr√≠a bien un amigo de confianza.
No hubo esa suerte.
-¬°No, un soldado Drag√≥n ser√≠a un veterano! Quiero decir que este tipo es nuevo. Ingres√≥ en la Escuela de Batalla ayer por la tarde y lo destinaron aqu√≠ anoche, en cuanto t√ļ llegaste.
-¬ŅUn novato? ¬ŅDestinado directamente a una escuadra?
-Oh, le preguntamos por eso, y ha recibido un montón de clase. Pasó por una serie de operaciones en la Tierra, y lo ha estudiado todo pero...
-¬ŅQuieres decir que se est√° recuperando tambi√©n de una operaci√≥n?
-No, camina bien, es... Mira, ¬Ņpor qu√© no vas a verlo? Lo que necesito saber es si quieres asignarlo a un batall√≥n o qu√©.
-Sí, vamos a verlo.

It√ļ lo condujo al fondo del barrac√≥n. All√≠ estaba, de pie junto a su camastro, varios cent√≠metros m√°s alto de lo que Bean recordaba, ahora con las dos piernas igual de largas, y rectas. El ni√Īo al que hab√≠a visto acariciar a Poke, minutos antes de que su cuerpo muerto cayera al r√≠o.
-Hola, Aquiles -dijo Bean.
-Hola, Bean -dijo Aquiles, y le dedicó una sonrisa triunfal-. Parece que eres un tío grande aquí.
-Es una forma de hablar.
-¬ŅOs conoc√©is? -dijo It√ļ.
-Nos conocimos en Rotterdam -contestó Aquiles.
No pueden hab√©rmelo asignado por accidente. Nunca le cont√© a nadie m√°s que a sor Carlotta lo que hizo, pero ¬Ņc√≥mo puedo saber que le cont√≥ ella a la El.? Tal vez lo han puesto aqu√≠ porque piensan que al ser los dos de las calles de Rotterdam, de la misma banda, la misma familia, tal vez yo pueda ayudarlo a integrarse en la escuela m√°s r√°pido. O tal vez saben que es un asesino capaz de guardar rencor durante mucho, mucho tiempo, y golpear en el momento m√°s inesperado. Tal vez saben que plane√≥ mi muerte igual que plane√≥ la de Poke. Tal vez est√° aqu√≠ para ser mi Bonzo Madrid.
Excepto que yo no he recibido clases de defensa personal. Y tengo la mitad de su tama√Īo... no podr√≠a ni romperle la nariz. Fuera lo que fuese lo que intentaban conseguir poniendo en peligro la vida Ender, √©l siempre tuvo m√°s posibilidades de sobrevivir de las que tendr√© yo.
Lo √ļnico a mi favor es que Aquiles quiere sobrevivir y prosperar, lo que aten√ļa sus ansias de venganza. Como puede posponer su venganza eternamente, no tiene prisa para actuar. Y, al contrario que Bonzo, nunca permitir√° que lo enga√Īen para acabar actuando en circunstancias en las que pueda ser identificado como el asesino. Mientras que me necesite, y mientras yo no est√© nunca a solas, probablemente estar√© a salvo,
A salvo. Se estremeció. Poke también se sintió a salvo.
-Aquiles fue mi comandante all√≠ -declar√≥ Bean-. Mantuvo a un grupo de ni√Īos con vida. Nos hizo entrar en los comedores de caridad.
-Bean es demasiado modesto. Todo fue idea suya. B√°sicamente, nos ense√Ī√≥ la idea de trabajar juntos. He estudiado mucho desde entonces, Bean. Me he pasado un a√Īo entero entre libros y clases... cuando no me estaban cortando las piernas y pulverizando y haciendo crecer de nuevo mis huesos. Y finalmente supe lo suficiente para comprender qu√© salto nos ayudaste a dar. De la barbarie a la civilizaci√≥n. Bean representa una nueva evoluci√≥n humana.
Bean no era tan est√ļpido para no saber cu√°ndo lo estaban halagando. Al mismo tiempo, era bueno que este nuevo ni√Īo, reci√©n llegado de la Tierra, supiera ya qui√©n era Bean y mostrara respeto hacia √©l.
-La evolución de los pigmeos, al menos -replicó Bean.
-Bean era el cabroncete más duro que había en la calle, te lo aseguro.
No, esto no era lo que Bean necesitaba ahora mismo. Aquiles acababa de cruzar la l√≠nea de la adulaci√≥n hacia la posesi√≥n. Si lo catalogaba de ¬ęduro cabroncete¬Ľ, eso significaba que Aquiles era superior a Bean, porque era capaz de evaluarlo. Esas historias podr√≠an ser √ļtiles para dar cr√©dito a Bean, pero a la vez honrar√≠an a Aquiles, lo convertir√≠an de inmediato en uno del grupo. Y Bean no quer√≠a que Aquiles estuviera dentro todav√≠a.
Aquiles continuaba, a medida que m√°s soldados se acercaban a escuchar.
La forma en que fui reclutado para la banda de Bean, eso sí que... No era mi banda


cortó Bean-. Y aquí en la Escuela de Batalla no contamos historias sobre casa, y tampoco las escuchamos. Así que agradecería que nunca vuelvas a hablar sobre nada de lo que sucedió en Rotterdam, no mientras estés en mi escuadra.
Se había hecho el simpático durante su discurso de apertura. Pero ahora era el momento de imponer su autoridad.
Aquiles no pareció avergonzarse por la reprimenda.
-Entiendo. No hay problema.
-Es hora de que os preparéis para ir a clase -advirtió Bean a los soldados-. Necesito reunirme sólo con mis jefes de batallón.
Se√Īal√≥ a Ambul, un soldado thai que, seg√ļn lo que hab√≠a le√≠do Bean en los informes estudiantiles, tendr√≠a que haber sido jefe de batall√≥n hac√≠a mucho tiempo, si no hubiera sido por su tendencia a desobedecer √≥rdenes est√ļpidas.
-T√ļ, Ambul, te ordeno que lleves y traigas a Aquiles a las clases correspondientes y le ense√Īes a llevar un traje refulgente y a ejecutar los movimientos b√°sicos en la sala de batalla. Aquiles, tienes que obedecer a Ambul como si fuera Dios hasta que te asigne a un batall√≥n regular.
Aquiles sonrió.
-Pero yo no obedezco a Dios.
¬ŅCrees que no lo s√©?
-La respuesta adecuada a una orden m√≠a es ¬ęS√≠, se√Īor¬Ľ.
La sonrisa de Aquiles desapareció.
-S√≠, se√Īor.
-Me alegro de tenerte aquí-mintió Bean.
-Me alegro de estar aqu√≠, se√Īor -dijo Aquiles.
Bean estaba casi seguro de que Aquiles no le había mentido: su motivo para alegrarse era muy complicado y, ahora, ciertamente incluía, un renovado deseo de ver muerto a Bean.
Por primera vez, Bean comprendió el motivo por el que Ender casi siempre actuaba como si fuera ajeno a la amenaza de Bonzo. Era una elección sencilla, en realidad. Podía actuar para salvarse, o podía actuar para mantener el control sobre su escuadra. Para mantener la autoridad de un modo efectivo, Bean tenía que insistir en una obediencia y un respeto totales por parte de sus soldados, aunque eso significara denigrar a Aquiles, aunque eso representara exponerse a un peligro mayor.
Sin embargo, otra parte de √©l pensaba: Aquiles no estar√≠a aqu√≠ si no tuviera la habilidad de un l√≠der. Lo hizo de maravilla, como ¬ępadre¬Ľ en Rotterdam. Es responsabilidad m√≠a hacer que progrese lo mas r√°pidamente posible, por el bien de su utilidad potencial para la F.I.., no puedo dejar que mi miedo personal interfiera con eso, ni mi odio por lo que le hizo a Poke. As√≠ que, aunque Aquiles sea la encarnaci√≥n del mal, mi tarea es convertirlo en un soldado altamente eficaz con buenas posibilidades de ascender a comandante.
Mientras tanto, tendré mucho cuidado.