18 - Amigo

-No era preciso que muriera ese ni√Īo.
-La muerte de ese ni√Īo no estaba prevista.
-Pero era previsible.
-Siempre se pueden prever sucesos que ya han ocurrido. Son ni√Īos, despu√©s de todo. No esper√°bamos que se desencadenara tanta violencia.
-No le creo. Creo que éste es precisamente el nivel de violencia que esperaba. Es lo que había preparado. Piensa que el experimento tuvo éxito
-No puedo controlar sus opiniones. Solamente puedo estar en desacuerdo con ellas.
-Ender Wiggin est√° preparado para ser trasladado a la Escuela de Mando. √Čse es mi informe.
-Tengo un informe separado de Dap, el profesor asignado a su vigilancia. Y ese informe (por el cual no se impondr√° sanci√≥n alguna contra el capit√°n Dap) me dice que Andrew Wiggin no est√° ¬ępsicol√≥gicamente apto para el deber¬Ľ.
-Si es así, cosa que dudo, es sólo temporal.
¬ŅDe cu√°nto tiempo cree que disponernos? No, coronel Graff, Por el momento tenemos que considerar su curso de acci√≥n relativo a Wiggin como un fracaso, y el ni√Īo queda inutilizado no s√≥lo Para nuestros prop√≥sitos, sino posiblemente para cualquier otro tambi√©n. As√≠ pues, si puede hacerse sin m√°s muertes, quiero que se adelante al otro. Lo quiero aqu√≠ en la Escuela de Mando lo m√°s pronto posible.
-Muy bien, se√Īor. Aunque debo decirle que considero a Bean poco digno de confianza.
¬ŅPor qu√©, porque no se ha convertido todav√≠a en un asesino?
-Porque no es humano, se√Īor.
-La diferencia genética está dentro de la escala de variaciones comunes.
-Fue creado por medios artificiales, y su creador fue un por no decir un loco demostrado.
-Podr√≠a ver alg√ļn peligro si su padre fuera un criminal. O su madre. Pero ¬Ņsu m√©dico? El ni√Īo es exactamente lo que necesitamos cuanto m√°s r√°pido podamos conseguirlo, mejor.
-Es impredecible.
-¬ŅY Wiggin no lo es?
-Menos impredecible, se√Īor.
-Una respuesta muy cuidadosa, teniendo en cuenta que acaba de insistir en que el asesinato de hoy no fue ¬ęprevisible¬Ľ.
-¬°No fue un asesinato, se√Īor!
-Homicidio, entonces.
-El temple de Wiggin est√° demostrado, se√Īor, mientras que el de Bean no.
-Tengo el informe de Dimak... por e cual tampoco él ha de ser...

-Castigado. Lo s√©, se√Īor.
-La conducta de Bean en el curso de estos acontecimientos ha sido ejemplar.
-Entonces e informe del capit√°n Dimak era incompleto. ¬ŅNo le inform√≥ que fue Bean quien puede haber empujado a Bonzo a la violencia al romper la seguridad y comunicarle que la escuadra de Ender estaba compuesta por estudiantes excepcionales?
-Eso fue una acción con consecuencias impredecibles.
-Bean actuó para salvar su propia vida, y al hacerlo el peligro recayó sobre los hombros de Ender Wiggin. El que luego tratara de aminorar el peligro no cambia el hecho de que, cuando está bajo presión, Bean se convierte en un traidor.
-¡Qué maneras de hablar!
-¬ŅEso lo dice el hombre que acaba de catalogar de asesinato un claro caso de defensa personal?
-¬°Ya basta! Queda relevado de su cargo como comandante la Escuela de Batalla durante el per√≠odo de descanso y recuperaci√≥n de Ender Wiggin. Si Wiggin se recupera lo suficiente para venir a la Escuela de Mando, puede usted venir con √©l y continuar influyendo la educaci√≥n de los ni√Īos que traigamos aqu√≠. Si no, puede que espere la corte marcial en la Tierra.
-¬ŅMe retira efectivamente del cargo, entonces?
-Cuando suba a la lanzadera con Wiggin. El mayor Anderson permanecer√° como comandante en funciones.
-Muy bien, se√Īor. Wiggin regresar√° al entrenamiento, se√Īor.
-Si todavía lo queremos.
-Cuando se recupere de la desaz√≥n que todos sentimos por la desafortunada muerte de Madrid, se dar√° cuenta de que tengo raz√≥n, Ender es el √ļnico candidato viable, ahora mucho m√°s que antes.
-Le permito que haga esa consideración. Y si tiene razón, deseo que su trabajo con Wiggin avance a una velocidad vertiginosa. Puede retirarse.
Ender todavía tenía puesta nada más que la toalla cuando entró en el barracón. Bean lo vio allí de pie, con un rictus de muerte, y pensó: Sabe que Bonzo está muerto, y eso lo está matando.
-Hola, Ender -dijo Hot Soup, que estaba junto a la puerta con los otros jefes de batallón.
-¬ŅVamos a practicar esta noche? -pregunt√≥ uno de los soldados m√°s j√≥venes.
Ender le pasó un papelito a Hot Soup.
-Supongo que eso significa que no -dijo Nikolai en voz baja.
Hot Soup lo leyó.
-¬°Esos hijos de puta! ¬ŅDos a la vez?
Crazy Tom echó un vistazo por encima de su hombro.
-¬°Dos escuadras!
-Tropezarán unos con otros -aseguró Bean. Lo que más le molestaba de los profesores no era la estupidez de tratar de combinar escuadras, un plan cuya ineficacia había sido demostrada una y otra vez a lo largo de la historia, sino más bien la testaruda mentalidad

que los impulsaba a presionar a√ļn m√°s a Ender en un momento como √©ste, ¬ŅEs que no se daban cuenta del da√Īo que le estaban causando? ¬ŅSu objetivo era entrenarlo o acabar con √©l? Porque ya estaba entrenado desde hac√≠a tiempo. Tendr√≠a que haberse licenciado en la Escuela de Batalla la semana anterior. ¬ŅY ahora le daban una batalla m√°s, complemente carente de sentido, cuando ya estaba al borde de la desesperaci√≥n?
-Tengo que lavarme -dijo Ender-. Preparaos, llamad a todo el mundo, yo me reuniré con vosotros allí, en la puerta.
En su voz, Bean adivinó una completa falta de interés. No, algo profundo. Ender no deseaba ganar esta batalla.
Ender se dio la vuelta para marcharse. Todo el mundo advirtió la sangre en su cabeza, en sus hombros, en su espalda. Se marchó.
Todos ignoraron la sangre. Tenían que hacerlo.
-¡Dos escuadras comepedos! -exclamó Crazy Tom-. ¡Les romperemos el culo!
Ese parecía ser el consenso general mientras se ponían los trajes refulgentes.
Bean se guardó la bobina de estacha en el cinturón de su traje. Si debía echar una mano a Ender de improviso, sería en esta batalla, cuando ya no estaba interesado en ganar.
Como hab√≠a prometido, Ender se reuni√≥ con ellos en la puerta antes de que se abriera: apenas un momento antes. Recorri√≥ el pasillo flanqueado por sus soldados, quienes lo miraban con amor, con reverencia, con confianza. Excepto Bean, que lo miraba con angustia. Ender Wiggin no era m√°s grande que la vida, lo sab√≠a. Ten√≠a el tama√Īo exacto de la vida, as√≠ que su carga superior era demasiado para √©l. Y sin embargo la soportaba. Por el momento.
La puerta se hizo transparente.
Cuatro estrellas se habían combinado directamente delante de la puerta, por lo que habían bloqueado por completo su visión de la sala de batalla. Ender tendría que desplegar sus fuerzas a ciegas. Por lo que sabía, el enemigo ya había entrado en la sala hacía quince minutos. Por lo que podía imaginar, se habían desplegado igual que Bonzo había desplegado a su ejército, sólo que esta vez sería una maniobra totalmente eficaz tener la puerta rodeada de soldados enemigos.
Pero Ender no dijo nada. Se quedó allí observando la barrera.
Bean casi se lo esperaba. Estaba preparado. Lo que hizo no era obvio: caminó para colocarse directamente junto a Ender en la puerta. Pero sabía que eso era todo lo que hacía falta. Un recordatorio.
-Bean -dijo Ender-. Re√ļne a tus muchachos y dime qu√© hay a otro lado de esta estrella.
-S√≠, se√Īor -contest√≥ Bean. Sac√≥ la bobina de estacha, y con sus cinco soldados dio el corto salto de la puerta a la estrella. Inmediatamente, la puerta por la que acababa de entrar se convirti√≥ en el techo, la estrella su suelo temporal. Bean se at√≥ la cuerda a la cintura mientras los otros ni√Īos la desenrollaban, disponi√©ndola por toda la estrella suelta. Cuando desplegaron una tercera parte, Bean declar√≥ que era suficiente. Deduc√≠a que las cuatro estrellas eran en realidad ocho, que compon√≠an un cubo perfecto. Si se equivocaba, entonces tenia demasiada estacha y chocar√≠a contra el techo en vez de rodear la estrella. Despu√©s de todo, cosas peores pod√≠an suceder.
Se deslizó por el borde de la estrella. Tenía razón, era un cubo. La luz que había en la habitación era demasiado tenue para poder ver bien lo que hacían las otras escuadras, pero creyó adivinar que se desplegaban. Al parecer, no habían tenido tiempo de aventajarse, en esa ocasión. Informó rápidamente de esto a Ducheval, quien se lo repitió a Ender mientras

Bean actuaba. Sin duda, Ender empezaría a sacar al resto de la escuadra de inmediato, antes de que se agotara el tiempo.
Bean se lanzó directo desde el techo. Sobre él, su pelotón aseguraba el otro extremo de la cuerda, para que se soltara adecuadamente y se detuviera con brusquedad.
A Bean le disgustó el golpe que sintió en el estómago cuando el cable se tensó, pero tenía algo de emocionante ese aumento de velocidad. Sin embargo, de repente se movió hacia el sur. Pudo ver los distantes destellos del enemigo disparándole. Sólo soldados de una mitad de la zona enemiga disparaban.
Cuando el cable alcanz√≥ el siguiente borde del cubo, su velocidad aument√≥ otra vez y se elev√≥ en un arco que, por un momento, pareci√≥ que iba a hacerle rozar contra el techo. Entonces el √ļltimo borde se ancl√≥, pas√≥ tras la estrella y fue recogido diestramente por su pelot√≥n. Bean agit√≥ brazos y piernas para comprobar que no les hab√≠a ocurrido nada. Pod√≠a imaginar lo que estar√≠a pensando el enemigo sobre sus m√°gicas maniobras en el aire. Lo que importaba era que Ender no hab√≠a atravesado la puerta. El tiempo deb√≠a de haberse agotado ya.
Ender entró solo. Bean lo informó lo más rápidamente posible.
- Hay poca luz, pero la suficiente para no poder seguir a la gente fácilmente por las luces de sus trajes. Las peores condiciones visuales posibles. Todo es espacio abierto desde esta estrella al lado enemigo de a sala. Alrededor de su puerta tienen ocho estrellas formando un cuadrado. No veo a nadie excepto a los que se asoman tras las cajas. Están allí a la expectativa. En la distancia, oyeron al enemigo burlarse.
-¡Eh! ¡Tenemos hambre, venid a darnos de comer! ¡Tenéis el culo marrón! ¡Tenéis el culo Dragón!
Bean continuó su informe, pero no tenía ni idea de si Ender le escuchaba.
-Me dispararon desde sólo la mitad de su espacio. Lo que significa que los dos comandantes no se han puesto de acuerdo y que ninguno tiene el mando supremo.
-En una guerra de verdad -declaró Ender-, cualquier comandante con cerebro se retiraría y salvaría a su ejército.
-Qué demonios -dijo Bean-. Es sólo un juego.
-Dej√≥ de ser un juego cuando se cargaron las normas. Aquello no iba bien, pens√≥ Bean. ¬ŅDe cu√°nto tiempo dispon√≠as para que su escuadra atravesara las puertas?
-Entonces c√°rgatelas t√ļ tambi√©n.
Miró a Ender a los ojos, exigiendo que despertara, que prestara atención, que actuara.
La mirada inexpresiva se borró del rostro de Ender. Sonrió. Fue magnífico ver eso.
-Muy bien. Por qué no. Veamos cómo reaccionan a una formación.
Ender empezó a llamar al resto de la escuadra para que atravesara la puerta. Iban a estar un poco apretujados en lo alto de aquella estrella, pero no había ninguna elección.
Result√≥ que el plan de Ender era utilizar otra de las ideas est√ļpidas de Bean, una de las que le hab√≠a visto practicar con su pelot√≥n. Una formaci√≥n en pantalla de soldados congelados, controlados por el pelot√≥n de Bean, que permaneci√≥ sin congelar detr√°s de ellos. Tras haberle dicho a Bean lo que quer√≠a que hiciera, Ender se uni√≥ a la formaci√≥n como soldado y dej√≥ que Bean lo organizara todo.
-Es tu espect√°culo -dijo.
Bean no esperaba que Ender fuera a hacer una cosa así, pero tenía sentido. Lo que Ender quería era no librar esta batalla y permitirse ser parte de una pantalla de soldados congelados, dejar la batalla a otro era lo más parecido a hacerse a un lado.

Bean se puso a trabajar de inmediato, construyendo la pantalla en cuatro partes, cada una de un batallón. Los batallones A, B y C se alinearon en columnas de cuatro por tres, los brazos entrelazados con hombres que tenían al lado, la fila superior de tres con los pies bajo los brazos de los cuatro soldados de abajo. Cuando todos estuvieron bien sujetos, Bean y su pelotón los congelaron. Entonces cada uno los hombres de Bean se agarró a una sección de la pantalla y, procurando moverse muy despacio para que a causa de la inercia la pantalla no quedase fuera de control, salieron de la estrella y bajaron lentamente hasta situarse debajo de ella. Entonces todo el pelotón de Bean se unió de nuevo en una sola pantalla.
-¬ŅCu√°ndo hab√©is ensayado esto? -pregunt√≥ Dumper, el jefe del batall√≥n E.
-Nunca lo hemos hecho antes -respondi√≥ sinceramente Bean-. Hemos hecho maniobras y enlaces con pantallas de un solo hombre, pero ¬Ņcon siete? Es una novedad para nosotros.
Dumper se echo a reír.
-Y allí está Ender, agarrado a la pantalla como todo el mundo. Eso es confianza, Bean, viejo amigo.
Eso es desesperación, pensó Bean. Pero no sintió la necesidad de comentarlo en voz alta.
Cuando todo estuvo preparado, el batallón E se colocó en posición tras la pantalla y, siguiendo las órdenes de Bean, empujaron con toda la fuerza posible.
La pantalla vol√≥ hacia la puerta enemiga. El fuego enemigo, aunque era intenso, s√≥lo alcanzaba a los soldados congelados que ocupaban las primeras posiciones. El batall√≥n E y el pelot√≥n de Bean siguieron avanzando, muy despacio, pero lo suficiente para que ning√ļn disparo perdido los alcanzara. Y consiguieron devolver alg√ļn disparo, con lo que eliminaron a algunos soldados enemigos y los obligaron a permanecer a cubierto.
Cuando Bean calcul√≥ que no podr√≠an llegar m√°s lejos antes de que Grifo o Tigre lanzaran un ataque, dio la orden y su batall√≥n se separ√≥; haciendo que las cuatro secciones de la pantalla tambi√©n se separaran y se movieran ligeramente, y el resultado fue que cayeron hacia las esquinas de las estrellas donde estaban congregados Grifos y Tigres. El batall√≥n E acompa√Ī√≥ a las pantallas, disparando como locos, tratando de compensar su reducido n√ļmero.
A la cuenta de tres, los cuatro miembros del batall√≥n de Bean que acompa√Īaban a cada pantalla empujaron de nuevo; esta vez apuntando hacia el centro y abajo, de forma que se reunieron con Bean y Ducheval, impuls√°ndose hac√≠a la puerta enemiga.
Mantuvieron los cuerpos r√≠gidos, sin disparar ni un tiro, y funcion√≥. Todos eran peque√Īos: iban claramente a la deriva, sin moverse para ning√ļn prop√≥sito concreto. Los enemigos pensaron que eran soldados congelados, si llegaron a advertirlos. Unos cuantos fueron alcanzados parcialmente por disparos perdidos, pero ni siquiera bajo el fuego se movieron, y el enemigo pronto dej√≥ de hacerles caso.
Cuando llegaron a la puerta enemiga, lentamente, sin decir palabra, Bean hizo que cada uno de los cuatro colocara el casco en su sitio en las esquinas de la puerta. Apretaron, igual que en el ritual del final del juego, y Bean empujó a Ducheval, haciendo que atravesara la puerta mientras Bean saltaba otra vez hacia arriba.
En ese momento se encendieron las luces de la sala de batalla. Todas las armas quedaron desconectadas. La batalla había terminado
Grifos y Tigres tardaron un momento en advertir qué había pasado. Dragón sólo tenía unos pocos soldados que no estuvieran congelados o inutilizados, mientras que Grifo y Tigre estaban principalmente intactos, pues habían desarrollado estrategias conservadoras.

Bean sab√≠a que si alguno de ellos hubiera sido agresivo, la estrategia de Ender no habr√≠a funcionado. Pero al haber visto a Bean volar alrededor de la estrella, haciendo lo imposible, y luego su extra√Īa maniobra de pantalla al acercarse tan despacio, se sintieron intimidados y no actuaron. La leyenda de Ender era tan grande que no se atrevieron a comprometer sus fuerzas por miedo a caer en una trampa. S√≥lo que... √©sa era la trampa.
El mayor Anderson entró en la sala por la puerta de los profesores.
-Ender -gritó.
Ender estaba congelado: s√≥lo pudo responder gru√Īendo con las mand√≠bulas apretadas. Era un sonido que los comandantes victoriosos rara vez ten√≠an que hacer.
Mediante el gancho, Anderson voló hacia Ender y lo descongeló. Bean estaba a media sala de distancia, pero oyó las palabras de Ender, tan claro fue su discurso, tan silenciosa estaba la sala.
-He vuelto a derrotarlo, se√Īor.
Los miembros del batallón de Bean lo miraron, preguntándose sin duda si estaba resentido porque Ender reclamaba el crédito por una victoria que había sido orquestada y ejecutada enteramente por Bean. Pero Bean comprendió lo que estaba diciendo Ender. No hablaba de la victoria sobre las escuadra Grifo y Tigre. Hablaba de una victoria sobre los profesores. Y esa victoria fue la decisión de entregar su escuadra a Bean y quitarse de en medio. Si pensaban someter a Ender a la prueba definitiva, haciéndole combatir a dos escuadras después una pelea personal por su supervivencia en los lavabos, los derrotó: había evitado la prueba.
Anderson también entendió lo que decía Ender.
-Tonterías, Ender -dijo. Hablaba en voz baja, pero la sala esta ba tan silenciosa que también pudieron oírse sus palabras-. Tu batalla fue contra Grifos y Tigres.
-¬ŅTan est√ļpido cree que soy? -dijo Ender.
Bien dicho, pensó Bean.
Anderson se dirigió a todo el grupo.
-Despu√©s de esa peque√Īa maniobra, las reglas ser√°n revisadas para que todos los soldados enemigos est√©n congelados o inutilizados antes de que la puerta pueda abrirse.
-¬ŅReglas? -murmur√≥ Ducheval mientras volv√≠a a entrar. Bean le
sólo podía funcionar una vez, de todas formas -dijo Ender.
Anderson le tendió el gancho a Ender. En vez de descongelar a sus soldados uno a uno, y luego al enemigo, Ender introdujo la orden que los descongelaba a todos a la vez, y luego le devolvió el gancho a Anderson, quien lo tomó y se dirigió al centro, donde normalmente tenían lugar los rituales del final del juego.
-¬°Eh! -grit√≥ Ender-. ¬ŅQu√© ser√° la pr√≥xima vez? ¬ŅMi escuadra en una jaula sin armas, contra todo el resto de la Escuela de Batalla? ¬ŅQu√© tal un poco de igualdad?
La mayoría de soldados se mostraron de acuerdo, y no todos procedían de la Escuadra Dragón. Pero Anderson no pareció prestar atención.
Fue William Bee, de la Escuadra Grifo, quien dijo lo que casi todos pensaban.
-Ender, s√≠ t√ļ est√°s en un bando de la batalla, no habr√° igualdad, no importa cu√°les sean las condiciones.
Los ejércitos expresaron su consentimiento, muchos de los soldados se rieron, y Talo Momoe, para no quedarse atrás, empezó a batir las palmas rítmicamente.
-¬°Ender Wiggin! -grit√≥. Otros ni√Īos continuaron el c√°ntico.
Pero Bean sabía la verdad. Sabía, en realidad, lo que sabía Ender. Que no importaba lo bueno que fuera un comandante, lo lleno de recursos, lo bien preparado que estuviera su

ej√©rcito, lo excelentes que fueran sus lugartenientes, lo valiente y decisiva que fuera la pelea; la victoria casi siempre se la llevaba quien ten√≠a m√°s poder para causar da√Īos. A veces David mata a Goliath, y la gente nunca lo olvida. Pero hab√≠a un mont√≥n de gente peque√Īa a la que Goliath hab√≠a aplastado antes. Nadie cantaba canciones sobre aquellas batallas, porque sab√≠an era el resultado probable. No, era el resultado inevitable, excepto cuando hab√≠a milagros.
Los insectores no sabr√≠an ni les importar√≠a lo legendario que fuera el comandante Ender para sus propios hombres. Las naves humanas no ten√≠an ning√ļn truco m√°gico como la estacha de Bean para deslumbrar a los insectores, para pillarlos desprevenidos. Ender lo sab√≠a. Bean lo sab√≠a. ¬ŅY si David no hubiera tenido una honda, un pu√Īado de piedras, y tiempo para lanzarlas? ¬ŅDeque le habr√≠a servido su buena punter√≠a?
Era bueno, estaba bien que los soldados de las tres escuadras vitorearan a Ender. y entonaran su nombre cuando se dirigía a la puerta enemiga, donde le esperaban Bean y su pelotón. Pero en el fondo no significaba nada, excepto que todo el mundo depositaría demasiadas esperanzas en la habilidad de Ender. Aquello sólo haría aumentar su carga.
Yo llevaría parte de esa carga si pudiera, dijo Bean para sí. Como he hecho hoy, puedes entregármela y yo me encargaré de todo si puedo. No estás solo en esto.
Sólo que mientras lo pensaba, Bean supo que no era cierto. Si se podía hacer, Ender era quien tendría que hacerlo. Todos esos meses en que Bean se negó a ver a Ender, ocultándose de él, fueron porque no podía soportar el hecho de que Ender era lo que Bean sólo deseaba ser, la clase de persona en quien uno pone todas sus esperanzas, que puede disipar todos tus miedos, y no te abandona, no te traiciona.
Quiero ser el tipo de ni√Īo que t√ļ eres, pens√≥ Bean. Pero no quiero pasar por lo que t√ļ has pasado para llegar hasta ah√≠.
Entonces, mientras Ender atravesaba la puerta y Bean lo seguía, recordó haberse puesto en la cola tras Poke o Sargento o Aquiles en las calles de Rotterdam, y casi se echó a reír mientras pensaba: yo tampoco quiero tener que pasar por lo que he pasado para llegar hasta aquí.
En el pasillo, Ender se marchó en vez de esperar a sus soldados. Pero no muy rápido, y pronto lo alcanzaron, lo rodearon, lo obligaron a detenerse. Sólo su silencio, su impasibilidad, impidió que dieran rienda suelta a su excitación.
-¬ŅPr√°ctica esta noche? -pregunt√≥ Crazy Tom.
Ender negó con la cabeza.
-¬ŅMa√Īana por la ma√Īana, entonces?
-No.
-Bueno, ¬Ņcu√°ndo?
-Nunca más, por lo que a mí respecta.
No todo el mundo lo había oído, pero los que sí lo hicieron empezaron a murmurar.
-Eh, eso no es justo -protest√≥ un soldado del batall√≥n B-. No es culpa nuestra que los profesores est√©n ama√Īando el juego. No puedes dejar de ense√Īarnos cosas porque...
Ender asest√≥ un golpe a la pared y le grit√≥ al ni√Īo:
-¬°Ya no me importa el juego!
Miró a los otros soldados, a los ojos, se negó a dejarlos fingir que no habían oído.
-¬ŅEs que no lo comprend√©is? El juego ha terminado.
Se marchó.
Algunos de los ni√Īos quisieron seguirlo, dieron unos cuantos pasos pero Hot Soup agarr√≥ a un par de ellos por el cuello de sus trajes refulgentes y dijo.

-Dejadlo en paz. ¬ŅAcaso no veis que quiere estar solo?
Claro que quiere estar solo, pens√≥ Bean. Ha matado a un ni√Īo, y aunque no sepa el resultado, es consciente de lo que estaba en juego. Los profesores estaban dispuestos a dejar que se enfrentara a la muerte sin ayuda. ¬ŅPor qu√© querr√≠a seguir jugando con ellos? Bien por ti, Ender.
Pero no tan bien para el resto de nosotros. No es que seas nuestro padre o algo así. Más bien un hermano, y lo que pasa con los hermanos es que uno se turna para cuidar al otro. A veces es preciso sentarte y ser el que se encarga de la custodia.
Fly Molo los condujo de vuelta a los barracones. Bean los sigui√≥, deseando poder ir con Ender, asegurarle que estaba completamente de acuerdo, que lo comprend√≠a. Pero eso era pat√©tico, advirti√≥. ¬ŅPor qu√© deber√≠a preocuparle a Ender si lo comprendo o no? S√≥lo soy un cr√≠o, un miembro de su escuadra. Me conoce, sabe c√≥mo utilizarme, pero ¬Ņqu√© le importa lo que s√© de √©l?
Bean se subió a su camastro y encontró una tira de papel en él.
Traslado Bean Escuadra Conejo Comandante.

Esa era la escuadra de Carn Carby. ¬ŅLo iban a relevar del mando? Era un buen tipo... no un gran comandante, pero ¬Ņpor qu√© no pod√≠an esperar a que se graduara?
Porque hab√≠an acabado con esa escuela, por eso. Est√°n promocionando a todo el mundo que piensan que necesita alguna experiencia de mando, y grad√ļan a otros estudiantes para dejarles sitio. Puede que yo est√© con la Escuadra Conejo, pero apuesto a que no por mucho tiempo.
Sac√≥ su consola, con la intenci√≥n de conectar como ^Graff y comparar las listas. Para descubrir qu√© hab√≠a ocurrido con sus compa√Īeros
Pero la clave ^Graff no funcionó. Al parecer, ya no consideraban permitir que Bean conservara su acceso interno.
Al fondo de la sala, los ni√Īos mayores chismorreaban. Bean oy√≥ la voz de Crazy Tom alzarse por encima de las dem√°s.
-¬ŅQuieres decir que tengo que averiguar c√≥mo debo derrotar Escuadra Drag√≥n?
La noticia pronto fue voz com√ļn. Los jefes de batall√≥n y segundos hab√≠an recibido todos √≥rdenes de traslado. Cada uno de ellos recib√≠a el mando de una escuadra. Drag√≥n hab√≠a sido desmantelada.
Unos cinco minutos más tarde, Fly Molo condujo a los otros jefes de batallón y se encaminaron todos hacia la puerta, pasando entre lo camastros. Era obvio: tenían que decirle a Ender lo que los profesores le habían hecho ahora.
Pero para sorpresa de Bean, Fly se detuvo ante su camastro y lo miró, y luego miró a todos los demás jefes de batallón que tenía detrás
-Bean, alguien tiene que decírselo a Ender.
Bean asintió.
-Pensamos... ya que eres su amigo...
Bean no dej√≥ que su rostro mostrara ninguna expresi√≥n, pero estaba aturdido. ¬ŅYo? ¬ŅAmigo de Ender? No m√°s que cualquier otro de esa habitaci√≥n.
Entonces se dio cuenta. En esta escuadra, Ender gozaba del amor y la admiración de

todo el mundo. Y todos sabían que contaban con la confianza de Ender. Pero sólo Bean había entrado en el círculo de confianza de Ender, cuando le concedió el mando de su pelotón especial. Y cuando Ender quiso dejar de jugar, fue a Bean a quien entregó su escuadra. Bean era lo más parecido a un amigo que habían visto que tuviera Ender desde que recibió el mando de la Dragón.
Bean mir√≥ a Nikolai, que sonre√≠a de oreja a oreja. Nikolai lo salud√≥ y silabe√≥ la palabra ¬ęcomandante¬Ľ.
Bean le devolvi√≥ el saludo a Nikolai, pero no pudo sonre√≠r, consciente del da√Īo que har√≠a a Ender. Mir√≥ a Fly Molo y asinti√≥, y luego salt√≥ de la cama y sali√≥ por la puerta.
Sin embargo, no fue directamente a la habitación de Ender. Se dirigió a la de Carn Carby. Nadie respondió. Así que fue al barracón los Conejos y llamó a la puerta.
-¬ŅD√≥nde est√° Carn? -pregunt√≥. .
-Graduado -dijo It√ļ, el jefe del batall√≥n A de los Conejos- Lo descubri√≥ har√° cosa de media hora.
-Tuvimos una batalla.
-Ya lo s√©. Dos escuadras a la vez. Vencisteis, ¬Ņno?
Bean asintió.
-Apuesto a que Carn no fue el √ļnico que se gradu√≥ pronto.
-Un mont√≥n de comandantes - respondi√≥ It√ļ - . M√°s de la mitad.
-¬ŅIncluido Bonzo Madrid? Quiero decir, ¬Ņse gradu√≥?
- Eso es lo que dec√≠a la nota oficial. - It√ļ se encogi√≥ de hombros- Todo el mundo sabe que, en cualquier caso, lo m√°s probable es que Bonzo fuera despedido. Quiero decir, ni siquiera han puesto en la lista de su destino. S√≥lo ¬ęCartagena¬Ľ. Su ciudad natal. ¬ŅEso no es ser despedido, eh? Pero deja que los profesores lo llamen como quieran. -Apuesto a que el total de graduados fueron nueve - observ√≥ Bean- -¬ŅNo?
-S√≠. Nueve. ¬ŅAs√≠ que sabes algo?
-Malas noticias, creo - dijo Bean. Le mostr√≥ a It√ļ su orden de traslado.
-Santa merda - dijo It√ļ, Entonces salud√≥. Fue un saludo desprovisto de sarcasmo, y tambi√©n de entusiasmo.
-¬ŅTe importar√≠a informar a los dem√°s? Dales la posibilidad de acostumbrarse a la idea antes de que yo aparezca, ¬Ņquieres? Tengo que hablar con Ender. Tal vez ya sabe que le han quitado a toda su c√ļpula de mando y les han dado escuadras propias. Pero si no, tengo que dec√≠rselo.
-¬ŅTodos los jefes de batall√≥n de los Dragones?
-Y todos los segundos.
Pensó en decir: lamento que Conejo tenga que cargar conmigo. Pero Ender nunca habría dicho nada así. Y si Bean iba a ser comandante, no podía empezar con una disculpa.
-Creo que Carn Carby ten√≠a una buena organizaci√≥n ¬Ėdijo Bean-. As√≠ que no espero cambiar a ninguno de los jefes de batall√≥n durante la primera semana, hasta que vea c√≥mo van las cosas en la pr√°ctica y decida en qu√© forma estamos para el tipo de batallas que vamos a librar a partir de ahora, ya que la mayor√≠a de los comandantes son ni√Īos entrenados en la Drag√≥n.
It√ļ lo comprendi√≥ de inmediato. -T√≠o, eso va a ser raro, ¬Ņno? Ender os entrena a todos, y ahora ten√©is que luchar unos contra otros. -Una cosa est√° clara -dijo Bean-. No tengo ninguna intenci√≥n convertir a la Escuadra Conejo en una copia de la Drag√≥n. No somos los mismos ni√Īos y no lucharemos contra los

mismos oponentes. Conejo es una buena escuadra. No tenemos que copiar a nadie.
It√ļ sonri√≥.
-Aunque eso sea una chorrada, se√Īor, es una chorrada de primera categor√≠a. La transmitir√©.
Saludó.
Bean le devolvió el saludo. Luego corrió hacía las habitado Ender.
El colch√≥n, las s√°banas y la almohada de Ender estaban en medio del pasillo. Por un momento, Bean se pregunt√≥ por qu√©. Entonces vio que las s√°banas y el colch√≥n estaban todav√≠a h√ļmedas y ensangrentadas. Agua de la ducha de Ender. Sangre de la cara de Bonzo. Al parecer Ender no los quer√≠a en su cuarto.
Bean llamó a la puerta.
-M√°rchate -dijo Ender en voz baja.
Bean volvió a llamar. Y otra vez más.
-Pasa -ordenó Ender.
Bean abrió la puerta.
-M√°rchate, Bean.
Bean asintió. Comprendía su reacción. Pero tenía que entregar su mensaje. Así que se miró los zapatos y esperó a que él le pidiera qué quería. O le gritara. Lo que Ender quisiera hacer. Porque los otros jefes de batallón estaban equivocados. Bean no tenía ninguna relación especial con Ender. No fuera del juego.
Ender no dijo nada. Y siguió sin decir nada.
Bean levant√≥ la cabeza y vio que Ender lo miraba. No estaba furioso. S√≥lo... miraba. ¬ŅQu√© ve en m√≠?, se pregunt√≥ Bean. ¬ŅHasta que punto me conoce? ¬ŅQu√© piensa de m√≠? ¬ŅQu√© significo ante sus ojos?
Eso era algo que probablemente Bean no sabría nunca. Y había ido allí para otra cosa. Era hora de cumplir con su misión.
Dio un paso hacia Ender. Volvió la mano, de manera que la orden de traslado quedó visible. No se la ofreció a Ender, pero sabía que Ender la vería.
-¬ŅTe han trasladado? -pregunt√≥ Ender. Se lo solt√≥ sin entonaci√≥n alguna, como si se lo esperara.
-A la Escuadra Conejo.
Ender asintió. .
-Carn Carby es un buen tipo. Espero que reconozca lo que vales.
Esas palabras fueron para Bean como una bendición, la bendición que tanto había anhelado. Se tragó la emoción que crecía en su interior. Todavía faltaba por transmitir una parte de su mensaje.
-Carn Carby se ha graduado hoy -dijo Bean-. Recibió la notificación mientras nosotros librábamos nuestra batalla.
-Bien -dijo Ender-. ¬ŅQui√©n va a comandar entonces la Conejo?
No parecía interesado, pero era la pregunta que cabía formular en ese momento.
-Yo - dijo Bean. Estaba cortado; una sonrisa asomó a sus labios por sorpresa.
Ender miro al cielo y asintió.
-Naturalmente. Despu√©s de todo, s√≥lo tienes cuatro a√Īos menos de lo normal.
-No tiene gracia -dijo Bean- . No s√© qu√© est√° pasando aqu√≠ -excepto que el sistema parec√≠a funcionar a base de puro p√°nico-. Todos los cambios en el juego. Y ahora esto. No soy el √ļnico trasladado ¬Ņsabes? Han graduado a la mitad de los comandantes y han trasladado a un mont√≥n de los nuestros para que comanden sus escuadras.

-¬ŅQui√©nes?
Ahora Ender sí parecía interesado.
-Parece que... todos los jefes de batallón y todos los ayudantes.
-Naturalmente. Si deciden destruir mi escuadra, la har√°n pedazos. Hagan lo que hagan, son concienzudos.
-De todas formas vencer√°s, Ender. Todos lo sabemos. Crazy Tom dijo: ¬ę¬ŅQuieres decir que tengo que averiguar c√≥mo derrotar a la Es cuadra Drag√≥n?¬Ľ
Sus palabras le sonaban vac√≠as incluso a √©l. Quer√≠a parecer animoso, pero sab√≠a que no podr√≠a enga√Īar a Ender. Aun as√≠, continu√≥ farfullando.
-No pueden hacerte esto, han roto...
-Ya no hay nada que hacer.
Han roto la confianza, quiso decir Bean. No es lo mismo. T√ļ no estas roto. Ellos s√≠. Pero todo lo que sali√≥ por su boca fueron palabras vac√≠as y vacilantes:
-No, Ender, no pueden...
-Ya no me importa su juego, Bean - asever√≥ Ender - . No voy a seguir jug√°ndolo. No m√°s pr√°cticas. No m√°s batallas. Pueden poner sus tiritas de papel en el suelo todo lo que quieran, pero no ir√©. Lo decid√≠ antes de salir por la puerta hoy. Por eso hice que t√ļ entraras primero. No cre√≠ que funcionaria, pero no me importaba. S√≥lo quer√≠a largarme con estilo.
Lo se, pens√≥ Bean. ¬ŅCrees que no lo sab√≠a? Pero si se trata de estilo, desde luego lo tienes.
-Tendr√≠as que haber visto la cara de William Bee. Se qued√≥ all√≠ tratando de averiguar c√≥mo hab√≠a perdido cuando t√ļ s√≥lo ten√≠as siete que pod√≠an mover los dedos de los pies, mientras que √©l s√≥lo ten√≠a a tres que no.
-¬ŅPor qu√© deber√≠a querer ver la cara de William Bee? -dijo Ender-. ¬ŅPor qu√© querr√≠a derrotar a nadie?
Bean sinti√≥ el calor de la verg√ľenza en su rostro. No ten√≠a que haber dicho eso. Pero tampoco sab√≠a lo que era m√°s adecuado. Algo que hiciera que Ender se sintiera mejor. Para que comprendiera cu√°nto lo amaban y honraban.
Sólo que el amor y el honor eran parte de la carga que Ender soportaba. No había nada que Bean pudiera decir que no la hiciera más pesada. Así que permaneció en silencio.
Ender se frotó los ojos.
-Lastimé a Bonzo con ganas hoy, Bean. Lo lastimé de veras.
Por supuesto. Todo esto no es nada. Lo que pesa sobre Ender es esa pelea terrible en el cuarto de ba√Īo. La pelea que sus amigos, su escuadra, no hicieron nada por impedir. Y lo que le dol√≠a no era el peligro que corri√≥, sino el da√Īo que provoc√≥ al defenderse.
-Se lo merec√≠a -dijo Bean. Sus propias palabras lo sorprendieron. ¬ŅEra lo mejor que pod√≠a ofrecer? Pero ¬Ņqu√© m√°s pod√≠a decir? ¬ęTranquilo, Ender. Naturalmente, a m√≠ me pareci√≥ que estaba muerto, y probablemente soy el √ļnico ni√Īo de esta escuela que sabe qu√© aspecto tiene la muerte, pero... ¬°tranquilo! ¬°Se lo merec√≠a!¬Ľ
-Lo golpeé de pié -dijo Ender-. Fue como si estuviera muerto, allí de pie. Y seguí golpeándolo.
Así que lo sabía. Y sin embargo... no lo sabía del todo. Y Bean no iba a decírselo. Había momentos en que era preciso ser completamente sincero con los amigos, pero éste no era uno de ellos.
-S√≥lo quer√≠a asegurarme de que no volviera a hacerme da√Īo.
-No lo hará -aseguró Bean-. Lo enviaron a casa.
-¬ŅYa?

Bean le cont√≥ lo que hab√≠a dicho It√ļ. Mientras tanto, le pareci√≥ que Ender intu√≠a que estaba ocultando algo. Sin duda, era imposible enga√Īar a Ender Wiggin.
-Me alegro de que lo graduaran -dijo Ender.
Menuda graduaci√≥n. Iban a enterrarlo, o a incinerarlo, o lo que hicieran ahora con los cad√°veres en Espa√Īa.
Espa√Īa. Pablo de Noches, que le hab√≠a salvado la vida, era espa√Īol. Y ahora un cad√°ver volv√≠a all√≠, un ni√Īo que se volvi√≥ asesino en su raz√≥n, y muri√≥ por ello.
Debo estar divagando, pens√≥ Bean. ¬ŅQu√© importa que Bonzo fue espa√Īol y Pablo de Noches tambi√©n? ¬ŅQu√© importa que nadie sea nada?
Mientras esos pensamientos pasaban por la mente de Bean, se esforzó en hablar como alguien que no sabía nada, tratando de tranquilizar a Ender pero sabiendo que si Ender creía que no sabía nada, entonces sus palabras carecían de significado, eran pura mentira.
-¬ŅEs verdad que ten√≠a a un grupo entero de chicos esper√°ndote?
Bean quiso salir corriendo de la habitación. Qué falso resultaba todo, incluso para sí mismo.
-No -dijo Ender-. Sólo estábamos él y yo. Luchó con honor.
Bean se sintió aliviado. Ender se había replegado tanto en sí mismo que ni siquiera advertía lo que Bean estaba diciendo, lo falso que era.
-Yo no luché con honor. Luché para ganar.
S√≠, eso es, pens√≥ Bean. Luchaste de la √ļnica manera que merece la pena luchar, de la √ļnica manera que tiene sentido.
-Y ganaste. Lo sacaste de órbita -dijo. Era lo que más se acercaba a la verdad.
Llamaron a la puerta. Se abri√≥ inmediatamente, sin esperar una respuesta. Antes de que Bean pudiera volverse para ver de qui√©n se trataba, supo que era un profesor: si hubiera sido un ni√Īo, Ender no habr√≠a alzado tanto la cabeza.
El mayor Anderson y el coronel Graff.
-Ender Wiggin -dijo Graff.
Ender se puso en pie.
-S√≠, se√Īor.
La calma mortal había regresado a su voz.
-Tu ataque de furia en la sala de batalla hoy ha sido una insubordinación y no debe volver a repetirse.
Bean no pod√≠a creer lo est√ļpido que resultaba todo aquello. Despu√©s de lo que hab√≠a pasado Ender, de lo que los profesores le hab√≠an hecho pasar, ¬Ņten√≠an que seguir jugando con √©l este juego opresivo? ¬ŅPara hacerle sentir completamente solo incluso en ese momento? Esos tipos eran implacables.
Ender respondi√≥ con otro √°tono: ¬ęS√≠, se√Īor.¬Ľ Pero Bean estaba harto.
-Creo que es hora de que alguien le diga a los profesores cómo s sentimos por lo que han estado haciendo.
Anderson y Graff hicieron como si no hubieran oído. En cambio, Anderson le tendió a Ender una hoja de papel. No una tira de traslado. Un conjunto de órdenes completo. Ender iba a ser trasladado de la escuela.
-¬ŅGraduado? -pregunt√≥ Bean.
Ender asintió.
-¬ŅPor qu√© han tardado tanto? -pregunt√≥ Bean-. S√≥lo eres dos o tres a√Īos m√°s joven de lo normal. Ya has aprendido a caminar, a hablar y a vestirte solo. ¬ŅQu√© les queda por ense√Īarte?

Toda la historia parec√≠a una broma. ¬ŅDe verdad pensaban que en ganaban a alguien? Le echaban la bronca a Ender por insubordinaci√≥n pero luego lo graduaban porque ten√≠an una guerra en marcha y no les quedaba mucho tiempo para prepararlo. Era la √ļnica esperanza para vencer y lo trataban como si fuera una mierda pegada en el zapato.
-Todo lo que s√© es que el juego se ha acabado -dijo Ender. Dobl√≥ el papel-Por fin. ¬ŅPuedo dec√≠rselo a mi escuadra?
-No hay tiempo -dijo Graff-. Tu lanzadera parte dentro de veinte minutos. Además, es mejor no hablar con ellos después de recibir las órdenes. De este modo resulta más fácil.
-¬ŅPara ellos o para ustedes? -pregunt√≥ Ender.
Se volvi√≥ hacia Bean, le dio la mano. Para Bean, fue como si lo tocara el dedo de Dios. Lo llen√≥ de luz. Tal vez soy su amigo. Tal vez siente hacia m√≠ una peque√Īa parte del... sentimiento que √©l me inspira.
Entonces se acabó. Ender le soltó la mano. Se volvió hacia la puerta.
-Espera -dijo Bean-. ¬ŅAdonde vas? ¬ŅT√°cticas? ¬ŅNavegaci√≥n? ¬ŅApoyo?
-A la Escuela de Mando -dijo Ender.
-¬ŅPre-Mando?
-Mando.
Ender salió por la puerta.
Derecho a la Escuela de Mando. La escuela de élite cuyo emplazamiento era un secreto. Los adultos iban a la Escuela de Mando. La batalla tendría lugar muy pronto, para que tuvieran que saltarse todas cosas que tenía que aprender en Tácticas y Pre-Mando.
Agarró a Graff por la manga.
-¬°Nadie va a la Escuela de Mando hasta que tiene diecis√©is a√Īos!
Graff se zafó de la mano de Bean y salió. Si captó el sarcasmo Bean, no dio muestras de ello.
La puerta se cerró. Bean se quedó solo en la habitación de Ender.
Miró alrededor. Sin Ender, la habitación no era nada. Estar aquí no justificaba nada. Sin embargo, apenas habían pasado unos cuantos días, ni siquiera una semana, desde que Bean estuvo aquí y Ender le dijo que iba a recibir un batallón, después de todo.
Por alg√ļn motivo, Bean record√≥ el momento en que Poke le tendi√≥ seis cacahuetes. Era la vida lo que le tend√≠a entonces.
¬ŅEra vida lo que Ender le hab√≠a dado a Bean? ¬ŅEra lo mismo?
No. Poke le dio la vida. Ender le dio significado.
Cuando Ender se encontraba allí, ésa era la habitación más importante de la Escuela de Batalla. En aquel momento no era más que un cuartucho.
Bean regresó pasillo abajo hasta la habitación que había pertenecido a Carn Carby hasta entonces. Hasta hacía una hora. Apoyó la palma... y la abrió. Ya había sido programada.
La habitación estaba vacía. No había nada dentro.
La habitación es mía, pensó Bean.
Mía, y sin embargo sigue vacía.
Sinti√≥ un arrebato de emoci√≥n en su interior. Deber√≠a estar nervioso, orgulloso de tener su propio mando. Pero en realidad no le importaba. Como Ender dijo, el juego no era nada. Bean realizar√≠a un trabajo decente, pero merecer√≠a el respeto de sus soldados porque parte de la gloria de Ender estar√≠a reflejada en √©l, un peque√Īo Napole√≥n que llevaba zapatos de hombre mientras ladraba √≥rdenes con vocecita infantil. Un Cal√≠gula diminuto, el ¬ęBotita¬Ľ, el orgullo del ej√©rcito de Germ√°nico. Pero cuando llevaba las botas de su padre,

esas botas estaban vac√≠as, y Cal√≠gula lo sab√≠a, y nada de lo que hiciera podr√≠a cambiarlo. ¬ŅEra √©sa su locura?
No me volverá loco, pensó Bean. Porque no ansío lo que Ender tiene o lo que es. Es suficiente con que él sea Ender Wiggin. Yo no tengo que serlo.
Comprendía lo que era ese sentimiento que se agolpaba en su interior, que llenaba su corazón, que hacía asomar lágrimas a sus ojos y arder su rostro, y lo obligaba a jadear, a sollozar en silencio. Se mordió los labios, tratando de hacer que la emoción desapareciera por la fuerza- No sirvió. Ender se había ido.
Ahora que sab√≠a lo que era el sentimiento, pod√≠a controlarlo. Se tumbo en el camastro y ejecut√≥ su rutina de relajamiento hasta que le pasaron las ganas de llorar. Ender le hab√≠a dado la mano al despedirse. Ender hab√≠a dicho: ¬ęEspero que reconozca lo que vales.¬Ľ En realidad, Bean no ten√≠a nada que demostrar. Lo har√≠a lo mejor posible con la escuadra Conejo porque, tal vez, en alg√ļn momento en el futuro, cuando Ender estuviera en el puente de la nave insignia de la flota humana, Bean tal vez tendr√≠a alg√ļn papel que representar, alg√ļn modo de ayudar. Alguna pirueta que Ender necesitara que hiciera para deslumbrar a los insectores. As√≠ que complacer√≠a a los profesores, los dejar√≠a absolutamente impresionados, de manera que mantuvieran las puertas abiertas para √©l, hasta que llegara un d√≠a en que una puerta se abriera y su amigo Ender asomara al otro lado, y √©l pudiera estar de nuevo a sus √≥rdenes.