16 - Compa√Ďero

-Ya ve, Antón, la clave que descubrió ha sido activada, y puede ser la salvación de la especie humana.
-Pero el pobre ni√Īo. Vivir toda la vida tan peque√Īo, y luego morir como gigante.
-Tal vez le... divertirá la ironía.
-Que extra√Īo es pensar que mi peque√Īa clave pueda ser la salvaci√≥n de la especie humana. De las bestias invasoras, al menos. ¬ŅQui√©n nos salvar√° cuando volvamos a convertirnos en nuestro propio enemigo?
-No somos enemigos, usted y yo.
-No hay mucha gente que sea enemiga de nadie. Pero los que están llenos de codicia, orgullo u odio... su pasión es lo bastante fuerte para empujar al mundo a la guerra.
-Si Dios puede crear un arna grande para salvarnos de una amenaza, ¬Ņno responder√° a nuestras oraciones creando otra cuando la necesitemos?
-Pero, sor Carlotta, sabe usted que el ni√Īo del que habla no fue creado por Dios. Fue creado por un secuestrador, un asesino de ni√Īos, un cient√≠fico al margen de la ley.
-¬ŅSabe por qu√© Satan√°s est√° tan furioso todo el tiempo? Porque cada vez que comete una fechor√≠a particularmente osada, Dios la utiliza para que sirva a sus propios prop√≥sitos.
-Entonces Dios usa a la gente malvada como herramienta.
-Dios nos da la libertad de cometer grandes males, si así lo elegimos. Luego utiliza su propia libertad para crear bien a partir de ese mal, pues eso es lo que elige.
-Así que, a la larga, Dios gana siempre.
-Sí.
-Pero a la corta puede ser incómodo.
-¬ŅY cu√°ndo, en el pasado, habr√≠a preferido usted morir, en vez de estar vivo aqu√≠ hoy?
-Eso es. Nos acostumbramos a todo. Encontrarnos esperanza en cualquier cosa.
-Por eso nunca he comprendido el suicidio. Incluso aquellos que sufren por grandes depresiones o culpas... ¬Ņno sienten el consuelo de Cristo en sus corazones, d√°ndoles esperanza?
-¬ŅMe lo pregunta a m√≠?
-Como Dios no est√° a mi alcance, se lo pregunto a un compa√Īero mortal.
-Seg√ļn mi punto de vista, el suicidio no es realmente el deseo de que termine la vida.
-¬ŅQu√© es, entonces?
-Es la √ļnica forma que tiene una persona impotente de lograr que todo el mundo se olvide de su verg√ľenza. El deseo no es morir, sino esconderse.

-Como Ad√°n y Eva se escondieron del Se√Īor.
-Porque estaban desnudos.
-Si la gente triste pudiera recordar... Todo e mundo est√° desnudo. Todo el mundo quiere esconderse. Pero la vida sigue siendo dulce. Dejemos que contin√ļe.
-¬ŅNo cree entonces que los f√≥rmicos sean la bestia de! Apocalipsis, hermana?
-No, Antón. Creo que también son hijos de Dios.
-Y sin embargo encontr√≥ a este ni√Īo s√≥lo para que pudiera crecer y destruirlos.
-Derrotarlos. Adem√°s, si Dios no quiere que mueran, no morir√°n.
-Y si Dios quiere que nosotros muramos, moriremos. ¬ŅPor que se esfuerza tanto, entonces?
-Porque ofrecí a Dios estas manos mías, y le sirvo lo mejor que puedo. Si no hubiera querido que encontrara a Bean, no lo habría hecho.
-¬ŅY si Dios quiere que los f√≥rmicos prevalezcan?
-Encontrará otras manos para hacerlo. Para ese trabajo, no puede contar con las mías.
Últimamente, mientras los jefes de batallón entrenaban a los soldados, a Ender le había dado por desaparecer. Bean utilizó su clave ^Graff para descubrir qué estaba haciendo. Había vuelto a estudiar los vids de la victoria de Mazer Rackham, de un modo más intenso y concienzudo que antes. Y esta vez, como la escuadra de Wiggin libraba batallas a diario y las ganaba todas, los otros comandantes y muchos jefes de batallón y soldados rasos empezaron también a acudir a la a visualizar los mismos vids, tratando de encontrar sentido a lo que veía Wiggin en ellos.
Qu√© est√ļpidos, pens√≥ Bean. Wiggin no est√° buscando nada para utilizarlo aqu√≠ en la Escuela de Batalla: ha creado un ej√©rcito poderoso y vers√°til y descubrir√° qu√© hacer con ellos en el acto. Est√° estudiando esos vids para averiguar qu√© t√°cticas deb√≠a usar para derrotar a los insectores. Porque ahora lo sabe: se enfrentar√° a ellos alg√ļn d√≠a. Los profesores no estar√≠an forzando todo el sistema en la Escuela de Batalla si no nos acerc√°ramos a la crisis, si no necesitaran a Ender Wiggin para que nos salve de la invasi√≥n de los insectores. Por eso Wiggin estudia a los insectores, buscando con desespero una idea de lo que quieren, de c√≥mo luchan, de c√≥mo mueren.
¬ŅPor qu√© no ven los profesores que Wiggin ya ha acabado? Ni siquiera piensa ya en la Escuela de Batalla. Deber√≠an sacarlo de aqu√≠ y llevarlo a la Escuela T√°ctica, o al siguiente estadio de su entrenamiento, sea cual sea. En cambio, lo est√°n presionando, lo est√°n cansando.
Y a nosotros también. Estamos cansados.
Bean lo ve√≠a especialmente en Nikolai, quien se esforzaba mucho m√°s que los dem√°s para no perder el ritmo. Si fu√©ramos un ej√©rcito ordinario, pens√≥ Bean, la mayor√≠a de nosotros ser√≠amos como Nikolai. En realidad, muchos lo somos: Nikolai no es el primero en mostrar su cansancio. Los soldados dejan caer los cubiertos o las bandejas de comida en los almuerzos. Al menos uno se ha meado en la cama. Discutimos m√°s en las pr√°cticas. El trabajo en clase se resiente. Todo el mundo tiene l√≠mites. Incluso yo, el ni√Īo gen√©ticamente alterado, la m√°quina pensante, necesito tiempo para relubricar y repostar, y no dispongo de

él.
Bean incluso le escribi√≥ al coronel Graff al respecto, en una notita que dec√≠a solamente: ¬ęUna cosa es entrenar soldados y otra muy distinta agotarlos.¬Ľ No obtuvo ninguna respuesta.
Era tarde, media hora antes de la cena. Ya hab√≠an ganado un juego esa ma√Īana y practicaron despu√©s de la clase, aunque los jefes de batall√≥n, a sugerencia de Wiggin, hab√≠an dejado a sus soldados marchar temprano. La mayor parte de la Escuadra Drag√≥n estaba ahora visti√©ndose despu√©s de la ducha, aunque algunos hab√≠an ido a matar el rato a la sala de juegos o la sala de v√≠deo... o a la biblioteca. Ya nadie prestaba atenci√≥n a las clases, pero unos cuantos todav√≠a ejecutaban los movimientos.
Wiggin apareció en la puerta, blandiendo nuevas órdenes.
Una segunda batalla el mismo día.
-Esta es difícil y no hay tiempo -advirtió Wiggin-. Se lo notificaron a Bonzo hace veinte minutos, y para cuando lleguemos a puerta ya llevarán dentro unos cinco minutos como mínimo.
Envi√≥ a los cuatro soldados m√°s cercanos a la puerta (todos j√≥venes, pero ya no eran novatos, sino veteranos) a buscar a los que se hab√≠an marchado. Bean se visti√≥ con relativa rapidez; ahora hab√≠a aprendido a hacerlo solo, pero no sin tener que soportar un mont√≥n de chistes sobre el hecho de que era el √ļnico soldado que debi√≥ practicar para vestirse, y segu√≠a siendo lento.
Mientras se vestían, se quejaron de que todo aquello resultaba cada vez más absurdo. La Escuadra Dragón debería tener un descanso de vez en cuando. Fly Molo fue quien se quejó con más fuerza, pero incluso Crazy Tom, que normalmente se reía de todo, mostró su fastidio.
-¡Nadie ha tenido dos batallas el mismo día!
Entonces Wiggin le respondió:
-Nadie ha derrotado nunca a la Escuadra Drag√≥n. ¬ŅVa a ser √©sta tu gran oportunidad de perder?
Por supuesto que no. Nadie pretendía perder. Sólo querían quejarse.
Tardaron un rato, pero por fin se reunieron en el pasillo ante la sala de batalla. La puerta estaba ya abierta. Unos cuantos de tos √ļltimos en llegar todav√≠a se estaban poniendo sus trajes refulgentes. Bean estaba detr√°s de Crazy Tom, as√≠ que pod√≠a ver la sala. Luces brillantes. Ninguna estrella, ninguna parrilla, ning√ļn escondite de ninguna clase. La puerta enemiga estaba abierta, y sin embargo no se ve√≠a ni a un solo soldado de la Escuadra Salamandra.
-Vaya, vaya -dijo Crazy Tom-. Todavía no han salido, tampoco.
Bean puso los ojos en blanco. Claro que habían salido. Pero en una sala sin coberturas, simplemente habían formado en el techo, reunidos alrededor de la puerta de la Escuadra Dragón, dispuestos a destruirlos a todos a medida que fueran saliendo.
Wiggin capt√≥ la expresi√≥n facial de Bean y sonri√≥ mientras se llevaba un dedo a la boca para indicar que todos guardaran silencio, y se√Īal√≥ alrededor de la puerta, para hacerles saber d√≥nde estaban congregados los Salamandras, y luego indic√≥ que se retiraran.
La estrategia era sencilla y obvia. Como Bonzo Madrid había situado su escuadra contra una pared, dispuesta a ser masacrada, sólo había que encontrar la forma adecuada de entrar en la sala de batalla y efectuar la masacre.
La solución de Wiggin (que fue del agrado de Bean) fue transformar los soldados más grandes en vehículos acorazados haciendo que arrodillaran y congelando sus piernas.

Entonces un soldado m√°s peque√Īo se arrodillaba sobre las pantorrillas de cada ni√Īo grande, pasaba un brazo alrededor de la cintura del soldado grande, y se preparaba para disparar. Los soldados m√°s grandes fueron utilizados como lanzadores, para arrojar a cada pareja a la sala de batalla.
Por una vez, ser peque√Īo tuvo sus ventajas. Bean y Crazy Tom fueron la pareja que Wiggin emple√≥ para demostrar lo que pretend√≠a que hicieran todos. Como resultado, cuando las dos primeras parejas fueron lanzadas al interior de la sala, Bean tuvo que empezar la matanza. Elimin√≥ a tres casi de inmediato: tan de cerca, el rayo quedaba muy concentrado y las muertes fueron r√°pidas. Y cuando empezaron a quedar fuera de alcance, Bean rode√≥ a Crazy Tom y se desgaj√≥ de √©l, dirigi√©ndose al este y hacia arriba mientras Tom ca√≠a a√ļn m√°s r√°pidamente hacia el otro extremo de la sala. Cuando los otros Dragones vieron c√≥mo hab√≠a conseguido Bean permanecer dentro del alcance de tiro, movi√©ndose de lado para que no lo alcanzaran, muchos hicieron lo mismo. Bean acab√≥ por ser neutralizado, pero apenas importaba: todos los Salamandras fueron aniquilados, y no hubo ni uno solo que consiguiera apartarse de la pared. Incluso cuando qued√≥ claro que eran un blanco f√°cil y estacionario, Bonzo no comprendi√≥ que estaba condenado hasta que √©l mismo qued√≥ congelado, y nadie m√°s tuvo la iniciativa de dar una contraorden para que empezaran a moverse y no fueran tan f√°ciles de alcanzar. Un ejemplo m√°s de por qu√© un comandante que gobernaba por medio del miedo y tomaba todas las decisiones √©l solo siempre ser√≠a derrotado, tarde o temprano.
La batalla no hab√≠a durado ni un minuto, desde que Bean entr√≥ por la puerta cabalgando a Crazy Tom hasta que el √ļltimo Salamandra qued√≥ congelado.
Lo que sorprendió a Bean fue que Wiggin, normalmente tan sereno, estaba jodido y lo mostraba. El mayor Anderson ni siquiera tuvo la oportunidad de darle la enhorabuena oficial antes de que Wiggin le gritara:
-Creía que nos había enfrentado a una escuadra que pudiera igualarnos en una lucha justa.
¬ŅPor qu√© pens√≥ eso? Wiggin deb√≠a de haber mantenido alg√ļn tipo de conversaci√≥n con Anderson, deb√≠an de haberle prometido algo no se hab√≠a cumplido.
Pero Anderson no explicó nada.
-Enhorabuena por la victoria, comandante.
Wiggin no las aceptó. Aquel día no iba a ser como siempre. Se volvió hacia su escuadra y llamó a Bean por su nombre.
-Si hubieras sido el comandante de la Escuadra Salamandra, ¬Ņqu√© habr√≠as hecho?
Como otro Drag√≥n lo hab√≠a utilizado para impulsarse en pleno aire, Bean flotaba ahora cerca de la puerta enemiga, pero oy√≥ la pregunta: Wiggin no estaba siendo sutil al respecto. Bean no quer√≠a contestar, porque sab√≠a que era un grave error hablar mal de los Salamandras y llamar al soldado m√°s peque√Īo de la Escuadra Drag√≥n para que corrigiera las est√ļpidas t√°cticas de Bonzo. Wiggin no hab√≠a tenido la mano de Bonzo alrededor de la garganta como Bean. Con todo, Wiggin era comandante, y la t√°ctica de Bonzo hab√≠a sido una estupidez, y era divertido decirlo.
-Mantener una pauta cambiante de movimiento delante de la puerta -respondió Bean, en voz alta, de modo que todos los soldados pudieran oírlo, incluso los Salamandras, todavía pegados al techo-. No hay que quedarse quieto cuando el enemigo conoce tu posición exacta.
Wiggin se volvió de nuevo hacia Anderson.
-Ya que hace trampas, ¬Ņpor qu√© no entrena a la otra escuadra para que al menos las

haga de manera inteligente?
Anderson continuó tranquilo, ignorando el estallido de Wiggin.
-Sugiero que retires a tu escuadra.
Wiggin no perdió tiempo con rituales. Pulsó los botones que descongelaban a ambas escuadras. Y en vez de formar para recibir la rendición formal, gritó:
-¡Escuadra Dragón, retírense!
Bean era uno de los que estaban m√°s cerca de la puerta, pero esper√≥ a ser de los √ļltimos, de modo que Wiggin y √©l pudieran estar junto.
-Acabas de humillar a Bonzo, y es...
-Lo sé -dijo Wiggin. Apretó el paso y se alejó, pues no quería oí hablar del tema.
-¡Es peligroso! -le gritó Bean. Esfuerzo baldío. O bien Wiggin ya sabía que había provocado al matón equivocado, o no le importaba.
¬ŅLo hac√≠a deliberadamente? Wiggin se controlaba siempre, siempre ten√≠a un plan. Pero Bean no pod√≠a imaginar que ese plan implicara gritarle al mayor Anderson y avergonzar a Bonzo Madrid delante de su escuadra.
¬ŅPor qu√© iba a hacer Wiggin una estupidez semejante?
Era casi imposible pensar en geometr√≠a, aunque hab√≠a un examen al d√≠a siguiente. Las clases carec√≠an ahora de importancia alguna, y sin embargo segu√≠an haciendo pruebas y aprobando y suspendiendo para continuar con sus misiones. Los √ļltimos d√≠as, Bean hab√≠a obtenido calificaciones algo menos que perfectas. No es que no conociera las respuestas, o al menos c√≥mo averiguarlas. Pero su mente segu√≠a centr√°ndose en asuntos de mayor importancia: nuevas t√°cticas que pudieran sorprender al enemigo; nuevos trucos que los profesores pudieran sacarse de la manga por la manera en que ama√Īaban las cosas; qu√© podr√≠a estar sucediendo en la guerra de verdad, para que el sistema empezara a colapsarse de esta forma; qu√© pasar√≠a en la Tierra y en la EL cuando los insectores fueran derrotados. Resultaba dif√≠cil preocuparse por vol√ļmenes, √°reas, caras y dimensiones de s√≥lidos. En la prueba del d√≠a anterior, mientras resolv√≠a los problemas de gravedad cerca de masas planetarias estelares, Bean finalmente se hart√≥ y escribi√≥:
2 + 2 = pv2 + N
CUANDO SEPAN EL VALOR DE N, TERMINAR√Č EL EXAMEN.
Sab√≠a que todos los profesores estaban al tanto de lo que suced√≠a, y si quer√≠an fingir que las clases a√ļn importaban, muy bien, pero √©l no ten√≠a que jugar.
Al mismo tiempo, sabía que los problemas de gravedad eran importantes para alguien cuyo futuro probable estaría en la Flota Internacional. También necesitaba una buena base en geometría, ya que sabía a qué tipo de cálculos matemáticos tendría que enfrentarse. No iba ser ingeniero ni artillero ni científico de cohetes ni, con toda probabilidad, tampoco piloto. Pero tenía que saber lo que ellos sabían mejor que ellos mismos, o nunca lo respetarían lo suficiente para seguirlo.
Esta noche no, eso es todo, pens√≥ Bean. Esta noche puedo descansar. Ma√Īana aprender√© lo que necesito aprender. Cuando no est√© tan cansado.
Cerró los ojos.
Volvió a abrirlos. Abrió su taquilla y sacó su consola.

En las calles de Rotterdam anduvo cansado, agotado por el hambre y la malnutrici√≥n y el abatimiento. Pero sigui√≥ en guardia sigui√≥ pensando. Y por tanto pudo continuar con vida. En este ej√©rcito todo el mundo se estaba cansando, lo cual significaba que habr√≠a cada vez m√°s errores est√ļpidos. Bean, menos que nadie, pod√≠a permitirse cometer estupideces. No ser est√ļpido era el √ļnico haber que ten√≠a.
Conectó. Un mensaje apareció en su pantalla:
Re√ļnete conmigo de inmediato. Ender.
Sólo faltaban diez minutos para que apagaran las luces. Tal vez Wiggin había enviado el mensaje tres horas antes. Pero mejor tarde que nunca. Saltó de su camastro de inmediato, olvidándose de los zapatos, y recorrió el pasillo sólo con los calcetines puestos. Llamó a la puerta en la que se leía.
COMANDANTE ESCUADRA DRAG√ďN
-Pasa - dijo Wiggin.
Bean abrió la puerta y entró. Wiggin parecía cansado, igual que el coronel Graff parecía cansado siempre. Ojeras profundas, el rostro abotargado, los hombros encogidos, pero los ojos brillantes y fieros, alerta, pensando,
Acabo de leer tu mensaje - dijo Bean.
Bien.
Casi es la hora de apagar las luces.
-Te ayudaré a encontrar el camino en la oscuridad.
El sarcasmo sorprendió a Bean. Como de costumbre, Wiggin había dado una interpretación completamente diferente al comentario de Bean.
-Es que no sabía si sabías la hora que es...
-Siempre sé la hora que es.
Bean suspir√≥ por dentro. Nunca fallaba. Cada vez que ten√≠a una conversaci√≥n con Wiggin, resultaba una especie de competici√≥n para ver qui√©n fastidiaba a qui√©n, y Bean siempre perd√≠a, incluso cuando eran los fallos de percepci√≥n de Wiggin quienes las causaban. Bean odiaba estas situaciones. Reconoc√≠a el genio de Wiggin y lo honraba por ello. ¬ŅPor qu√© no pod√≠a Wiggin ver nada bueno en √©l?
Pero Bean no dijo nada. No había nada que pudiera decir para mejorar la situación. Wiggin lo había llamado. Que hablara Wiggin.
-¬ŅRecuerdas lo que pas√≥ hace cuatro semanas, Bean? ¬ŅCuando dijiste que te nombrara jefe de batall√≥n?
-Sí.
-He nombrado cinco jefes de batall√≥n y cinco ayudantes desde entonces. Y ninguno de ellos fuiste t√ļ. -Wiggin alz√≥ las cejas-. ¬ŅHice bien?
-S√≠, se√Īor.
Pero sólo porque no te molestaste en darme una oportunidad para demostrar quién soy antes de hacer los nombramientos.
-Entonces dime cómo te ha ido en estas ocho batallas.
Bean quiso recalcarle una y otra vez que las sugerencias que había dado a Crazy Tom habían convertido al batallón C en el más eficaz dentro de la escuadra. Que sus

innovaciones t√°cticas y sus respuestas creativas a las diversas situaciones hab√≠an sido imitadas por los otros soldados. Pero eso ser√≠a alardear y rozar√≠a la insubordinaci√≥n. No era lo que dir√≠a un soldado que quer√≠a ser oficial. Crazy Tom podr√≠a haber informado de la contribuci√≥n de Bean o no. No era asunto de Bean informar de nada sobre s√≠ mismo que no fuera de dominio p√ļblico.
-Hoy ha sido la primera vez que me han neutralizado con facilidad, pero el ordenador me ha adjudicado once blancos antes de que tuviera que pararme. Nunca he tenido menos de cinco blancos en una batalla. También he completado todas las misiones que se me han encomendado.
-¬ŅPor qu√© te convirtieron en soldado tan joven, Bean?
-No m√°s joven que lo que t√ļ fuiste.
Técnicamente no era cierto, pero se acercaba bastante.
-Pero ¬Ņpor qu√©?
¬ŅAdonde quer√≠a llegar? Fue decisi√≥n de los profesores. ¬ŅHab√≠a descubierto que hab√≠a sido Bean quien compuso la lista? ¬ŅSab√≠a que Bean se hab√≠a elegido a s√≠ mismo?
-No lo sé.
-Sí que lo sabes, y yo también.
No, Wiggin no le estaba preguntando específicamente por qué lo habían nombrado soldado. Estaba preguntando por qué los novatos fueron ascendidos de pronto tan jóvenes.
-He tratado de averiguarlo, pero son s√≥lo suposiciones. ¬ĖNo pod√≠a decir que las suposiciones de Bean fueran s√≥lo eso, pero tambi√©n lo eran las de Wiggin-. Eres... muy bueno. Lo sab√≠an, te ascendiereron...
-Dime por qué, Bean.
Entonces Bean comprendió la pregunta que le formulaba en realidad.
-Porque nos necesitan, por eso.
Se sentó en el suelo y miró, no a la cara de Wiggin, sino a sus pies. Bean sabía cosas que se suponía que no debía saber. Que los profesores no sabían que sabía. Y probablemente, había profesores siguiendo esta conversación. Bean no podía dejar que su rostro revelara cuánto comprendía realmente.
-Porque necesitan a alguien que derrote a los insectores. Eso es lo √ļnico que les importa.
-Es importante que sepas eso, Bean.
Bean quiso exigir, ¬Ņpor qu√© es importante que yo lo sepa? ¬ŅO est√°s s√≥lo diciendo que la gente en general deber√≠a saberlo? ¬ŅHas visto qui√©n soy y lo has comprendido por fin? ¬ŅQue soy t√ļ, s√≥lo que m√°s listo y menos agradable, el mejor estratega pero el comandante m√°s d√©bil? ¬ŅQue si fracasas, si te vienes abajo, si enfermas y mueres, entonces tendr√© que ser yo? ¬ŅPor eso tengo que saber esto?
-Porque -continu√≥ Wiggin-, la mayor√≠a de los ni√Īos de esta escuela piensan que el juego es importante en s√≠ mismo, pero no lo es. S√≥lo es importante porque los ayuda a encontrar ni√Īos que puedan convertirse en verdaderos comandantes en la guerra de verdad. Pero en cuanto al juego, que se joda. Eso es lo que est√°n haciendo. Jodiendo el juego.
-Qué curioso -dijo Bean-. Pensaba que nos lo estaban haciendo sólo a nosotros.
No, si Wiggin pensaba que Bean necesitaba que se lo explicaran; no comprendía quién era Bean realmente. Con todo, Bean se encontraba en la habitación de Wiggin, charlando con él. Eso ya era algo.
-Un juego nueve semanas antes de lo previsto. Un juego diario. Y ahora dos juegos el mismo día. Bean, no sé qué están haciendo los profesores, pero mi escuadra se está

cansando, y yo me estoy cansando, y a ellos no les preocupan para nada las reglas del juego. He consultado las estadísticas en el ordenador. Nadie ha destruido jamás tantos enemigos y mantenido a tantos soldados propios en activo e toda la historia del juego.
¬ŅQu√© era esto, alardear? Bean respondi√≥ como hab√≠a que contestar a una frase de ese tipo.
-Eres el mejor, Ender,
Wiggin sacudió la cabeza. Si oyó la ironía en la voz de Bean, no respondió a ello.
-Tal vez. Pero no fue por accidente que recibí a los soldados que asignaron. Novatos, rechazados de otras escuadras, pero ponlos a todos juntos y el peor de mis soldados podría ser jefe de batallón en cualquier otra escuadra. Hasta este momento me han favorecido, pero con certeza, Bean, que ahora quieren acabar conmigo.
Así que Wiggin comprendía cómo había sido seleccionada su escuadra, aunque no supiera quién había hecho la selección. O tal vez lo sabía todo, y esto era todo lo que quería mostrarle a Bean por el momento. Era difícil adivinar cuántas cosas hacía Wiggin siguiendo sus cálculos y cuántas eran meramente intuitivas.
-No pueden acabar contigo.
-Te sorprender√≠as -dijo Wiggin, e inspir√≥ profundamente, de repente, como si fuera una pu√Īalada de dolor, o le costara trabajo respirar. Bean lo mir√≥ y advirti√≥ que estaba sucediendo lo imposible. En vez de burlarse de √©l, Ender Wiggin confiaba en √©l. No mucho. Un poquito. Ender estaba dejando que Bean viera que era humano. Lo acercaba al c√≠rculo interno. Convirti√©ndolo en... ¬Ņen qu√©? ¬ŅConsejero? ¬ŅConfidente?
-Tal vez te sorprender√°s t√ļ -dijo Bean.
-Siempre se me ocurren ideas nuevas. Pero, alg√ļn d√≠a, alguien pensar√° en algo que yo no haya pensado antes, y no estar√© preparado.
-¬ŅQu√© es lo peor que podr√≠a suceder? -pregunt√≥ Bean-. Pierdes un juego.
-S√≠. Eso es lo peor que podr√≠a suceder. No puedo perder ning√ļn juego. Porque si pierdo alguno...
Dej√≥ la frase a medias. Bean se pregunt√≥ qu√© consecuencias imaginaba que hab√≠a. ¬ŅSimplemente la leyenda de Ender Wiggin, soldado perfecto, se perder√≠a? ¬ŅO su ej√©rcito perder√≠a la confianza en √©l, o en su propia invencibilidad? ¬ŅO se trataba de la guerra grande, y perder un juego all√≠ en la Escuela de Batalla podr√≠a hacer temblar la confianza que los profesores ten√≠an en que Ender era el comandante del futuro, el que liderar√≠a la flota, s√≠ pod√≠an prepararlo antes de que llegara la invasi√≥n insectora?
Una vez más, Bean no sabía cuánto sabían los profesores sobre lo que él había deducido sobre el avance de la gran guerra. Era mejor el silencio.
-Necesito que seas listo, Bean -dijo Ender-. Necesito que pienses en soluciones a los problemas que todav√≠a no hemos visto. Quiero que pruebes cosas que nadie m√°s haya probado porque son absolutamente est√ļpidas.
¬ŅDe qu√© va todo esto, Ender? ¬ŅQu√© has decidido sobre m√≠, para traerme a tu habitaci√≥n esta noche?
-¬ŅPor qu√© yo?
-Porque aunque hay soldados mejores que t√ļ en la Escuadra Drag√≥n (no muchos, pero s√≠ algunos), no hay nadie que pueda pensar mejor y m√°s r√°pido que t√ļ.
Entonces se había fijado. Después de un mes de frustración, Bean advirtió que era mejor así. Ender había visto su trabajo en la batalla lo había juzgado por lo que hizo, no por su reputación en las clases o por los rumores de que era el alumno que había sacado las notas más altas en la historia del colegio. Bean se había ganado esta evaluación, y se la

hab√≠a dado la √ļnica persona en la escuela cuya opini√≥n anhelaba.
Ender le mostró su consola. Había doce nombres. Dos o tres soldados de cada batallón. Bean supo de inmediato cómo los había elegido Ender. Todos eran buenos soldados, seguros de sí mismos y dignos de confianza. Pero no eran los que alardeaban, los que se pavoneaban, los que presumían. De hecho, eran los que Bean valoraba más entre aquellos que no eran jefes de batallón.
-Escoge a cinco de ellos -exigi√≥ Ender-. Uno de cada batall√≥n. Son una escuadrilla especial, y t√ļ los entrenar√°s. S√≥lo durante las sesiones de pr√°cticas extra. Cu√©ntame lo que les haces. No pases demasiado tiempo con otras actividades. La mayor parte del tiempo t√ļ y tu escuadrilla ser√©is integrantes de la escuadra, parte de vuestros batallones regulares. Pero cuando os necesite ser√° porque hay algo que s√≥lo vosotros pod√°is hacer.
Había algo más en aquellos doce nombres.
-Todos son nuevos. No hay ning√ļn veterano.
-Despu√©s de la semana pasada, Bean, todos nuestros soldados son veteranos. ¬ŅNo te das cuenta que en los baremos individuales, nuestros cuarenta soldados est√°n entre los cincuenta superiores? ¬ŅQue hay que bajar diecisiete puestos para encontrar un soldado que no sea un Drag√≥n.
-¬ŅY si no se me ocurre nada? -pregunt√≥ Bean.
-Entonces me habré equivocado contigo.
Bean sonrió.
-No te has equivocado.
Las luces se apagaron.
-¬ŅPuedes encontrar el camino de vuelta, Bean?
-Probablemente no.
-Entonces qu√©date aqu√≠. Si escuchas con atenci√≥n, puedes o√≠r al duendecillo que nos visita por la noche y nos encomienda nuestra misi√≥n para ma√Īana.
-No nos asignar√°n otra batalla ma√Īana, ¬Ņno? -lo dijo como broma pero Ender no respondi√≥.
Bean lo oyó meterse en la cama.
Ender era todav√≠a peque√Īo para ser comandante. Sus pies no llegaban al final del camastro. Hab√≠a espacio de sobra para que Bean se acurrucara al pie de la cama. As√≠ que se subi√≥ y se qued√≥ quieto, para no molestar el sue√Īo de Ender. Si estaba durmiendo. Si no yac√≠a despierto en mitad del silencio, tratando de dar sentido a... ¬Ņqu√©?
Para Bean, la misi√≥n era simplemente pensar lo impensable: pod√≠an usar contra ellos planes est√ļpidos, y formas de contrarrestarlos; pod√≠an introducir innovaciones igualmente est√ļpidas para sembrar confusi√≥n entre las otras escuadras y, seg√ļn sospechaba, para forzarlos a imitar estrategias completamente prescindibles. Como pocos de los otros comandantes entend√≠an por qu√© la Escuadra Drag√≥n estaba ganando, segu√≠an imitando las t√°cticas empleadas en una batalla concreta en vez de prestar atenci√≥n al m√©todo subyacente que Ender utilizaba para entrenar y organizar a su escuadra. Como afirm√≥ Napole√≥n, lo √ļnico que un comandante controla de verdad es su propio ej√©rcito: entrenamiento, moral, confianza, iniciativa, mando y, en menor grado, suministros, situaci√≥n, movimiento, lealtad y valor en la batalla. Qu√© har√° el enemigo y qu√© suceder√° entonces es algo que desaf√≠a toda planificaci√≥n. El comandante debe ser capaz de cambiar de planes bruscamente cuando aparezcan obst√°culos u oportunidades. Si su ej√©rcito no est√° preparado y dispuesto a responder a su voluntad, su astucia se reduce a nada.
Los comandantes menos eficaces no comprendían esto. Como no llegaban a

reconocer que Ender venc√≠a porque su ej√©rcito y √©l respond√≠an √°gil e instant√°neamente al cambio, s√≥lo se les ocurr√≠a imitar las t√°cticas espec√≠ficas que le hab√≠an visto emplear. Aunque los gambitos significativos de Bean fueran irrelevantes para el resultado de la batalla, har√≠an que otros comandantes perdieran el tiempo imitando irrelevancias. De vez en cuando encontrar√≠a algo que pudiera ser √ļtil. Pero no era m√°s que una distracci√≥n.
A Bean no le importaba. Si Ender quería una distracción, lo que importaba era que había elegido a Bean para crear ese espectáculo, y Bean lo haría lo mejor que pudiera hacerse.
Pero si Ender estaba despierto esta noche, no era porque le preocuparan las batallas que la Escuadra Dragón libraría al día siguiente, al otro y también al de después. Ender estaba pensando en los insectores y en como combatirlos cuando terminara su entrenamiento y lo lanzaran a la guerra, con las vidas de hombres de verdad dependiendo de sus decisiones, con la supervivencia de la humanidad pendiente del resultado.
En ese esquema, ¬Ņcu√°l es mi lugar?, pens√≥ Bean. Me alegro de que la carga recaiga sobre Ender, no porque yo no pudiera soportarla (tal vez podr√≠a) sino porque tengo plena confianza en que Ender puede hacerlo. Sea lo que sea lo que hace que los hombres amen a los comandantes que deciden cu√°ndo morir√°n, Ender lo tiene, y si yo lo tengo nadie ha visto a√ļn ninguna prueba de ello. Adem√°s, incluso sin haber sido alterado gen√©ticamente, Ender posee unas habilidades que las pruebas no miden, m√°s profundas que el simple intelecto.
Pero no debería soportar esa situación a solas. Yo puedo ayudarlo. Puedo olvidar la geometría, la astronomía y todas las otras tonterías y concentrarme en los problemas a los que se enfrenta más directamente. Investigaré cómo libran la guerra otros animales, sobre todo los insectos colmenares, ya que los fórmicos se parecen a las hormigas igual que nosotros nos parecemos a los primates.
Y también puedo protegerlo.
Bean pensó de nuevo en Bonzo Madrid. En la furia letal de los matones de Rotterdam.
¬ŅPor qu√© han puesto los profesores a Ender en esta situaci√≥n? Es un blanco obvio para el odio de los otros ni√Īos. Los chicos de la Escuela de Batalla llevaban la guerra en el coraz√≥n. Ansiaban el triunfo. Odiaban la derrota. Si carec√≠an de esos atributos, nunca habr√≠an sido tra√≠dos a este lugar. Sin embargo, desde el principio, Ender hab√≠a sido apartado de los dem√°s: m√°s joven pero m√°s listo, el soldado destacado y ahora el comandante que lograba que todos los dem√°s comandantes parecieran beb√©s. Algunos comandantes respond√≠an a la derrota volvi√©ndose sumisos: Cara Carby, por ejemplo, ahora alababa a Ender a sus espaldas y estudiaba sus batallas para tratar de aprender a ganar, sin advertir que hab√≠a que estudiar el entrenamiento de Ender, no sus batallas, para comprender sus victorias. Pero la mayor√≠a de los otros comandante estaban resentidos, asustados, avergonzados, furiosos, celosos, y estaba en su car√°cter traducir esos sentimientos en acciones violentas... estaban seguros de la victoria.
Como las calles de Rotterdam. Como los matones, que luchaban por la supremacía, por rango, por respeto, Ender había desnudado a Bonzo. No podía soportarlo. Se vengaría, igual que Aquiles vengó su humillación.
Los profesores lo comprend√≠an. Lo pretend√≠an. Ender hab√≠a superado sin la menor dificultad todas las pruebas que le hab√≠an puesto: fuera lo que fuese que ense√Īaba la Escuela de Batalla, √©l ya lo hab√≠a asimilado. Entonces, ¬Ņpor qu√© no lo trasladaban al siguiente nivel? Porque hab√≠a una lecci√≥n que intentaban ense√Īarle, o una prueba que intentaban que pasara, que no estaba incluida en el curr√≠culum habitual. S√≥lo que esta

prueba concreta podr√≠a tener el m√°s tr√°gico desenlace: la muerte. Bean hab√≠a sentido los dedos de Bonzo en su garganta. Era un ni√Īo que, cuando se dejase ir, buscar√≠a el poder absoluto que consigue el asesino en el momento de la muerte de su v√≠ctima.
Están colocando a Ender en una situación callejera. Lo están poniendo a prueba para ver sí puede sobrevivir.
No saben lo que están haciendo, los idiotas. La calle no es un examen. La calle es una lotería.
Yo sal√≠ ganador... y estoy vivo. Pero la supervivencia de Ender no depender√° de su habilidad. La suerte desempe√Īa un papel demasiado grande. Adem√°s de la habilidad y la resoluci√≥n y el poder del oponente.
Bonzo tal vez sea incapaz de controlar las emociones que lo debilitan, pero su presencia en la Escuela de Batalla significa que no carece de habilidades. Lo nombraron comandante porque cierto tipo de soldado lo seguir√° hasta la muerte y el horror. Ender corre un peligro mortal. Y los profesores, que piensan que somos unos ni√Īos, no tienen ni la m√°s m√≠nima idea de lo r√°pidamente que llega la muerte. Desviaran la mirada unos minutos, se apartar√°n lo suficiente para no poder regresar a tiempo, y el gran Ender Wiggin, de quien dependen todas sus esperanzas, habr√° muerto, punto final. Lo vi en las calles de Rotterdam. Es igual de f√°cil que suceda aqu√≠, en esas habitaciones limpias, en el espacio, igual que en la calle.
Así que Bean olvidó el trabajo de clase esa noche, tendido a los pies de Ender. A partir de ese momento, tendría dos nuevos cursos que estudiar. Ayudaría a Ender a prepararse para la guerra contra los insectores. Pero también lo ayudaría en la lucha callejera que le estaban preparando.
No es que Ender no se diera cuenta. Despu√©s de alg√ļn tipo de altercado en la sala de batalla durante una de las primeras pr√°cticas en tiempo libre, Ender hab√≠a seguido un curso de defensa personal, y sab√≠a algo de luchas hombre a hombre. Pero Bonzo no lo atacar√≠a de hombre a hombre. Era demasiado consciente de que hab√≠a sido derrotado. El prop√≥sito de Bonzo no ser√≠a una revancha, no ser√≠a un desquite. Ser√≠a un castigo. Ser√≠a una eliminaci√≥n. Traer√≠a a una banda.
Y los profesores no se dar√≠an cuenta del peligro hasta que fuera demasiado tarde. Segu√≠an sin considerar que nada de lo que hac√≠an los ni√Īos fuera ¬ęreal¬Ľ.
As√≠ que despu√©s de pensar en astucias y estupideces que hacer con su nueva escuadrilla, Bean trat√≥ tambi√©n de pensar en formas de acechar a Bonzo para que, entre la multitud, tuviera que enfrentarse a Ender Wiggin a solas o no hacerlo. Despojar a Bonzo de su apoyo. Destruir la moral, la reputaci√≥n de todo mat√≥n que pudiera acompa√Īarlo.
Ender no podía realizar ese trabajo .Sin la ayuda de Bean.

Quinta parte
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