15 - Valor

-Gen√©ticamente, son gemelos id√©nticos. La √ļnica diferencia es la clave de Ant√≥n.
-Así que los Delphiki tienen dos hijos.
-Los Delphiki tienen un hijo, Nikolai, y va a quedarse con nosotros durante todo el período de instrucción. Bean es un huérfano que encontraron en las calles de Rotterdam.
-Porque fue secuestrado.
-La ley es clara. Los óvulos fertilizados son una propiedad. Se que esto es una cuestión de sensibilidad religiosa para usted, pero la F.I. se atiene a la ley, no...
-La F.l. se atiene a la ley cuando le conviene para conseguir sus fines. Sé que están librando ustedes una guerra. Pero esto guerra no será eterna. Todo lo que pido es: conviertan esta información en parte de un archivo... parte de muchos archivos. Para que cuando la guerra termine, las pruebas no hayan desaparecido. Para que la verdad no quede oculta.
-Por supuesto.
-No, no por supuesto. Sabe usted que en el momento en que los fórmicos sean derrotados, la F.l. no tendrá ninguna razón para existir. Tratará de continuar existiendo para mantener la paz internacional. Pero la liga no es lo bastante fuerte desde el punto de vista político para sobrevivir a los vientos nacionalistas que soplarán. La F.l. se romperá en pedazos, cada uno siguiendo a su propio líder, y Dios nos ayude si alguna parte de la flota usa alguna vez sus armas contra la superficie de la Tierra.
-Ha pasado usted mucho tiempo leyendo el Apocalipsis.
-Puede que no sea uno de los ni√Īos genio de su escuela, pero s√© c√≥mo andan las corrientes de opini√≥n en la Tierra, En las redes, un demagogo llamado Dem√≥stenes est√° encendiendo Occidente con maniobras secretas e ilegales del Polemarca para dar ventaja al Nuevo Pacto de Varsovia, y la propaganda es a√ļn m√°s virulenta desde Mosc√ļ, Bagdad, Buenos Aires, Pek√≠n. Hay unas pocas voces racionales, como Locke, pero se las censura y no se les hace caso. Usted y yo no podemos hacer nada para evitar una guerra mundial. Pero podemos hacer todo lo posible para asegurarnos de que estos ni√Īos no se conviertan en peones de ese juego.
-La √ļnica forma de que no sean peones es que sean jugadores
-Los han estado educando. Seguro que no los temen. Denles su oportunidad para jugar.
-Sor Carlotta, todo mi trabajo se centra en prepararnos para el enfrentamiento con los f√≥rmicos. En convertir a estos ni√Īos en comandantes brillantes, dignos de confianza. No puedo mirar m√°s all√° de esa meta.
-No mire. Deje la puerta abierta para que sus familias, sus naciones los reclamen.

-No puedo pensar en eso ahora.
-Ahora es el √ļnico momento en que tendr√° poder para hacerlo.
-Me sobreestima.
-Se subestima usted.
La Escuadra Dragón sólo llevaba un mes practicando cuando Wiggin entró en el barracón apenas unos segundos después de que se encendieran las luces, blandiendo una tira de papel, órdenes de batalla. Se enfrentarían a la Escuadra Conejo a las 07.00. Y lo harían sin desayunar.
-No quiero que nadie vomite en la sala de batalla.
-¬ŅPodemos al menos echar una meada primero? -pregunt√≥ Nikolai.
-No m√°s de un decalitro -dijo Wiggin.
Todos se rieron, pero tambi√©n estaban nerviosos. Al ser una escuadra nueva, con s√≥lo un pu√Īado de veteranos, no esperaban vencer, pero tampoco quer√≠an ser humillados. Todos ten√≠an formas distintas de tratar con los nervios: algunos se volv√≠an silenciosos, otros charlatanes. Algunos bromeaban y alardeaban, otros se volv√≠an hoscos. Algunos se tend√≠an en sus camastros y cerraban los ojos.
Bean los observ√≥. Trat√≥ de recordar si los ni√Īos de la banda de Poke hac√≠an alguna vez estas cosas. Y entonces se dio cuenta: ten√≠an hambre, no miedo de quedar en rid√≠culo. No se siente ese tipo de miedo a menos que hayas tenido suficiente de comer. As√≠ era c√≥mo se sent√≠an los matones, temerosos de ser humillados pero no de pasar hambre. Y naturalmente, los matones de las duchas mostraban todos esta actitud Siempre estaban actuando, siempre conscientes de que los dem√°s los observaban. Temerosos de tener que luchar, pero tambi√©n ansiosos de ello.
¬ŅQu√© siento yo?
¬ŅQu√© es lo que me pasa que tengo que pensar en ello para saberlo?
Oh... estoy aquí sentado, observando. Soy uno de ésos.
Bean sac√≥ su traje refulgente, pero entonces advirti√≥ que ten√≠a que ir al cuarto de ba√Īo antes de pon√©rselo. Salt√≥ a la cubierta, recogi√≥ la toalla de su percha y se cubri√≥ con ella. Por un momento record√≥ aquella noche en que escondi√≥ la toalla bajo uno de los camastros y se meti√≥ en el sistema de ventilaci√≥n. Ahora ya no cabr√≠a. Demasiados m√ļsculos, demasiado alto. Segu√≠a siendo el m√°s bajito de toda la Escuela de Batalla, y dudaba que nadie m√°s advirtiera que hab√≠a crecido, pero era consciente de que ahora sus brazos y piernas eran m√°s largos. Pod√≠a alcanzar los objetos con m√°s facilidad. No ten√≠a que saltar tan a menudo para cumplir con la rutina, como tocar la pared con la palma para entrar en el gimnasio.
He cambiado, pensó Bean. Mi cuerpo, naturalmente, pero también de forma de pensar.
Nikolai estaba todavía tendido en la cama con la almohada sobre la cabeza. Todo el mundo tenía su forma de enfrentarse a la situación.
Los otros ni√Īos utilizaban los servicios y beb√≠an agua, pero Bean fue el √ļnico que pens√≥ que ser√≠a buena idea ducharse. Sol√≠an burlarse de √©l pregunt√°ndole si el agua todav√≠a estaba caliente cuando llegaba all√° abajo, pero √©se era ya un viejo chiste. Lo que Bean quer√≠a era el vapor. La ceguera de la niebla a su alrededor, de los espejos empa√Īados, todo oculto, de forma que pudiera ser cualquiera, en cualquier parte, de cualquier tama√Īo.
Alg√ļn d√≠a, todos me ver√°n como yo me veo. M√°s grande que ninguno de ellos.

Sac√°ndoles una cabeza a los dem√°s, capaz de ver m√°s lejos, de llegar m√°s lejos, de llevar cargas con las que ellos s√≥lo pod√≠an so√Īar. En Rotterdam lo √ļnico que me importaba era seguir vivo. Pero aqu√≠, bien alimentado, he descubierto qui√©n soy. Lo que podr√≠a ser. Tal vez ellos piensen que soy un alien√≠gena o un robot o algo por el estilo, s√≥lo porque no soy corriente desde el punto de vista gen√©tico. Pero cuando haya realizado las grandes acciones de mi vida, estar√°n orgullosos de declararme humano, furioso contra cualquiera que cuestione si soy realmente uno de ellos.
M√°s grande que Wiggin.
Apartó la idea de su cabeza, o trató de hacerlo. Esto no era una competición. En el mundo, había suficiente espacio para dos grandes hombres al mismo tiempo.
Lee y Grant fueron contemporáneos, lucharon el uno contra el otro. Bismarck y Disraeli. Napoleón y Wellington.
No, esa comparación no era válida. Lincoln y Grant, por ejemplo. Dos grandes hombres trabajando juntos.
Sin embargo, era desconcertante advertir lo raro que era eso. Napole√≥n nunca pudo soportar que ninguno de sus lugartenientes tuviera autoridad real. Todas las victorias ten√≠an que ser s√≥lo suyas. ¬ŅQui√©n era el gran hombre junto a Augusto? ¬ŅJunto a Alejandro? Tuvieron amigos, tuvieron rivales, pero nunca tuvieron compa√Īeros.
Por eso Wiggin me ha apartado, aunque ahora ya sabe por los informes que le dan a los comandantes de las escuadras que tengo una mente como ning√ļn otro miembro de la Drag√≥n. Porque soy un rival demasiado obvio. Porque le he ense√Īado las cartas el primer d√≠a que intent√© destacar, y me ha hecho saber que eso no suceder√° mientras est√© en su escuadra.
Alguien entr√≥ en el cuarto de ba√Īo. Bean no pudo ver qui√©n era a causa del vapor. Nadie lo salud√≥. Todos los dem√°s deb√≠an de haber terminado ya y regresado al barrac√≥n para prepararse.
El recién llegado se abrió paso entre la bruma hasta la ducha de Bean, Era Wiggin.
Bean se quedó allí, cubierto de jabón. Se sintió como un idiota. Estaba tan absorto que había olvidado frotarse, y estaba allí de pie en medio de la bruma, perdido en sus pensamientos. Rápidamente, se colocó bajo el chorro de agua.
-¬ŅBean?
-¬ŅSe√Īor? -Bean se volvi√≥ hacia √©l. Wiggin estaba en la entrada de la ducha.
-Creí que había ordenado a todo el mundo que bajara al gimnasio.
Bean pensó. La escena se desarrolló en su mente. Sí, Wiggin había ordenado que todo el mundo llevara sus trajes refulgentes al gimnasio.
-Lo siento. Yo... estaba pensando en otra cosa...
-Todo el mundo est√° nervioso antes de su primera batalla.
Bean se odió a sí mismo. Había permitido que Wiggin lo viera haciendo una estupidez. Se había olvidado de una orden... Bean no se olvidaba nunca de nada. Es que no lo había registrado en su memoria. Y ahora se mostraba condescendiente con él. ¡Todo el mundo estaba nervioso!
-T√ļ no lo estuviste - dijo Bean.
Wiggin ya se había marchado. Regresó.
-¬ŅNo?
-Bonzo Madrid te dio la orden de no sacar tu arma. Tenías que quedarte allí como una momia. No te pusiste nervioso por eso.
No - dijo Wiggin -. Me cabreé.

Es mejor que estar nervioso.
Wiggin se disponía a marcharse cuando se dio otra vez la vuelta.
-¬ŅHas orinado?
-Lo hice antes de ducharme -dijo Bean.
Wiggin sonrió. Entonces la sonrisa desapareció.
-Llegas tarde, Bean, y todavía te estás enjabonando. Ya he hecho que lleven tu traje refulgente al gimnasio. Todo lo que nos hace falta es que metas tu culo dentro.
Descolgó la toalla de Bean de su percha.
-Esto te estará esperando allí también. Ahora muévete. Wiggin se marchó.
Bean cerr√≥ el agua, furioso. Eso era completamente innecesario, y Wiggin lo sab√≠a. Hacerle atravesar el pasillo h√ļmedo y desnudo durante el momento en que las dem√°s escuadras volver√≠an del desayuno. Era una bajeza, y una estupidez.
Cualquier cosa para dejarme en rid√≠culo. Aprovecha todas las oportunidades, Bean, idiota, sigues aqu√≠ de pie. Podr√≠as haber corrido al gimnasio y llegado antes que √©l. En cambio, te est√°s disparando t√ļ mismo al pie, so est√ļpido. ¬ŅY por qu√©? Nada de esto tiene sentido. Nada de esto va a ayudarte. Quieres que te nombre jefe de batall√≥n, no que te mire con desd√©n. Entonces, ¬Ņpor qu√© te comportas como un est√ļpido, como un cr√≠o asustado e indigno de confianza, eh?
Y sigues aquí de pie, petrificado.
Soy un cobarde.
La idea atravesó la mente de Bean y lo llenó de terror. Pero no desapareció.
Soy uno de esos tipos que se quedan quietos o hacen cosas completamente irracionales cuando tienen miedo. Pierden el control y se quedan atontados.
Pero no hice eso en Rotterdam. De lo contrario, ahora estaría muerto.
O tal vez s√≠ lo hice. Tal vez por eso no llam√© a Poke y Aquiles cuando los vi solos en el muelle. El no la habr√≠a matado y yo hubiera esta do all√≠ para ser testigo de lo que suced√≠a. En cambio, me fui corriendo hasta que me di cuenta del peligro que ella corr√≠a. Pero ¬Ņpor qu√© no la advert√≠ antes? Porque s√≠ lo advert√≠, igual que o√≠ a Wiggin decirnos que nos reuni√©ramos en el gimnasio. Lo hab√≠a o√≠do, lo hab√≠a comprendido perfectamente, pero fui demasiado cobarde para actuar. Tuve demasiado miedo de que algo saliera mal.
Y tal vez eso es lo que sucedi√≥ cuando Aquiles estaba ca√≠do en el suelo y le dije a Poke que lo matara. Yo estaba equivocado y ella ten√≠a raz√≥n. Porque cualquier otro mat√≥n al que ella hubiera capturado de esa forma habr√≠a querido vengarse y habr√≠a actuado inmediatamente, mat√°ndola en cuanto se levantara. Aquiles era el m√°s probable, tal vez el √ļnico que acceder√≠a al acuerdo que hab√≠a ideado Bean. No hab√≠a otra elecci√≥n. Pero me asust√©. M√°talo, dije, porque quer√≠a que todo eso se acabara cuanto antes.
Y sigo aquí de pie. Ya no corre el agua. Estoy mojado y tengo frío. Pero no puedo moverme.
Nikolai esperaba en la puerta.
-L√°stima lo de tu diarrea-dijo.
-¬ŅQu√©?
-Le dije a Ender que te levantaste con diarrea anoche. Por esto tuviste que venir al cuarto de ba√Īo. Estabas enfermo, pero no se lo dijiste porque no quer√≠as perderte la primera batalla.
-Estoy tan asustado que no podría cagar ni un mojoncito aunque quisiera.
-Me dio tu toalla. Dijo que fue una estupidez por su parte quit√°rtela -dijo Nikolai y entr√≥ en el cuarto de ba√Īo y se la entrego-. Dice que te necesita en la batalla, y que se alegra

de que te estés recuperando.
-No me necesita. Ni siquiera me quiere.
-Venga ya, Bean -dijo Nikolai-. Puedes hacerlo.
Bean se secó. Le sentó bien moverse, hacer algo.
-Creo que ya est√°s bastante seco.
Una vez más, Bean advirtió que sólo se estaba secando una y otra vez.
-Nikolai, ¬Ņqu√© es lo que me pasa?
-Tienes miedo de que se descubra que eres s√≥lo un ni√Īo peque√Īo. Bueno, voy a darte una pista: eres un ni√Īo peque√Īo.
__Y t√ļ tambi√©n.
-As√≠ que no est√° mal sentirse mal, ¬ŅNo es eso lo que me dices siempre? -Nikolai se ech√≥ a re√≠r-. Vamos, si yo puedo hacerlo, con lo malo que soy, t√ļ tambi√©n.
-Nikolai -dijo Bean.
-¬ŅAhora qu√©?
-Tengo que cagar de verdad.
-Pues no esperar√°s que te limpie el culo.
-Si no salgo en tres minutos, ven a buscarme.
Helado y sudoroso (una combinación que no había creído posible), Bean entró en el retrete y cerró la puerta. El dolor de su abdomen era feroz. Pero no podía descargar y quedarse tranquilo.
¬ŅDe qu√© tengo tanto miedo?
Finalmente, su sistema digestivo triunfó sobre su sistema nervioso. Fue como si todo lo que hubiera comido en su vida saliera de una sola vez.
-Se acabó el tiempo -advirtió Nikolai-. Voy a entrar.
-T√ļ mismo -dijo Bean-. He terminado, voy a salir.
Por fin vac√≠o, limpio, y tambi√©n humillado delante de su √ļnico amigo de verdad, Bean sali√≥ del retrete y se envolvi√≥ en la toalla.
-Gracias por evitar que sea un mentiroso -dijo Nikolai.
-¬ŅQu√©?
-Lo de tu diarrea.
-Por ti tendría disentería.
-Eso sí que es amistad.
Para cuando llegaron al gimnasio, todo el mundo se había puesto ya los trajes refulgentes y estaban preparados para salir. Mientras Nikolai ayudaba a Bean a vestirse, Wiggin ordenó a los demás que se tumbaran en las colchonetas y realizaran ejercicios de relajación, Bean incluso tuvo tiempo de tumbarse un par de minutos antes de que Wiggin los hiciera levantarse a todos. Las 06.56. Cuatro minutos para entrar en la sala de batalla. Lo estaba haciendo bastante bien.
Mientras corr√≠an por el pasillo, Wiggin saltaba de vez en cuando para tocar el techo. Tras √©l, el resto de la escuadra saltaba y tocaba el mismo punto. Excepto los m√°s peque√Īos. Bean, con el coraz√≥n todav√≠a ardiendo por la humillaci√≥n y el resentimiento y el temor, no lo intent√≥. Hac√≠as ese tipo de cosas cuando pertenec√≠as al grupo. Y √©l no pertenec√≠a. Despu√©s de toda su brillantez en clase, ahora sab√≠a la verdad. Era un cobarde. No encajaba en el ej√©rcito. Si no pod√≠a arriesgarse siquiera a practicar un juego, ¬Ņqu√© valor tendr√≠a en combate? Los verdaderos generales se expon√≠an al fuego enemigo. Ten√≠an que ser intr√©pidos, un ejemplo de valor para sus hombres.
Yo me quedo petrificado, me doy duchas largas, y cago las raciones de una semana.

Veamos quién sigue ese ejemplo.
En la puerta, Wiggin tuvo tiempo de alinearlos en pelotones, y luego recordarles:
-¬ŅD√≥nde est√° la puerta del enemigo?
-¬°Abajo! -respondieron todos.
Bean sólo silabeó la palabra. Abajo. Abajo abajo abajo.
¬ŅCu√°l es la mejor manera de derribar a un ganso?
La pared gris ante ellos desapareci√≥, y pudieron ver el interior de la sala de batalla. Estaba en penumbra, no oscura, sino tan d√©bilmente iluminada que la √ļnica forma de poder ver la puerta enemiga era gracias a la luz de los uniformes refulgentes de la Escuadra Conejo, que se filtraba por ella.
Wiggin no ten√≠a prisa por atravesar la puerta. Se qued√≥ all√≠ estudiando la sala, que estaba dispuesta en una parrilla abierta, con ocho ¬ęestrellas¬Ľ (cubos grandes que serv√≠an como obst√°culos, cobertura, y plataformas) distribuidas de forma equitativa aunque aleatoria por todo el espacio.
Wiggin dio su primera orden al batallón C. El batallón de Crazy Tom. El batallón al que pertenecía Bean. La orden pasó por toda la fila.
-Ender dice que nos deslicemos por la pared.
Y luego:
-Tom dice que os disparéis a las piernas y entréis de rodillas. Pared sur.
Entraron en la sala en silencio, usando los asideros para impulsarse a lo largo del techo hasta la pared este.
-Están disponiéndose en formación de batalla. Todo lo que queremos hacer es cortarlos un poco, ponerlos nerviosos, confundirlos, porque no saben qué hacer con nosotros. Somos incursores. Así que les disparamos y luego nos escondemos detrás de esa estrella. No os quedéis atascados en el centro. Y apuntad. No disparéis en vano.
Bean cumplió las órdenes de manera mecánica. Ahora era ya una costumbre ponerse en posición, congelar sus piernas, y luego lanzarse con el cuerpo orientado hacía el lugar adecuado. Lo habían hecho centenares de veces. Lo hizo a la perfección, igual que los otros siete soldados del batallón. Nadie esperaba que ninguno fallara. Estaba allí donde esperaban que estuviera, haciendo su trabajo.
Se deslizaron por la pared, siempre con un asidero al alcance. Sus piernas congeladas estaban oscuras, bloqueando las luces del resto de los trajes refulgentes hasta que estuvieran lo bastante cerca. Wiggin hacía algo arriba, cerca de la puerta, para distraer la atención de la Escuadra Conejo, de modo que la sorpresa fue bastante buena.
Cuando se acercaban, Crazy Tom dijo:
-Dividíos y rebotad hasta la estrella. Yo al norte, vosotros al sur.
Era una maniobra que Crazy Tom había practicado con su batallón. Era, además, el momento adecuado para hacerla. Confundiría al enemigo al tener a dos grupos a los que disparar, cada uno en una dirección distinta.
Se agarraron a los asideros. Sus cuerpos, naturalmente, se recortaron contra la pared, y de repente todas las luces de sus trajes refulgentes fueron visibles. Alguien en la Escuadra Conejo los localizó y dio la alarma.
Pero el batall√≥n C se hab√≠a puesto ya en marcha, la mitad diagonalmente al sur, la otra mitad al norte, todos en √°ngulo hacia el suelo. Bean empez√≥ a disparar; el enemigo tambi√©n le dispar√≥ a √©l. Oy√≥ el leve silbido que avisaba que el rayo de alguien hab√≠a alcanzado su traje, pero se retorc√≠a lentamente, y tan lejos del enemigo que ninguno de los rayos permanec√≠a en un sitio el tiempo suficiente para causar da√Īos. Mientras tanto,

descubrió que su brazo apuntaba a la perfección, sin temblar para nada. Había practicado esto muchas veces, y era bueno. Una muerte limpia, no sólo un brazo o una pierna.
Tuvo tiempo para un segundo disparo antes de golpear la pared y rebotar hasta la estrella de reencuentro. Un enemigo más lo alcanzó antes de que llegara, y luego se aferró al asidero de la estrella y anunció:
-Bean presente.
-Hemos perdido tres -dijo Crazy Tom-. Pero su formación se ha ido al infierno.
-¬ŅY ahora qu√©? -pregunt√≥ Dag.
Por los gritos sabían que la batalla principal continuaba.
Bean repasó lo que había visto mientras se aproximaba a la estrella.
-Han enviado a una docena de tipos a esta estrella para eliminarnos -dijo-. Vendr√°n por las caras este y oeste.
Todos lo miraron como si estuviera loco. ¬ŅC√≥mo pod√≠a saber eso?
-Nos queda un segundo -dijo Bean.
-Todos al sur -ordenó Crazy Tom.
Pasaron a la cara sur de la estrella. No hab√≠a ning√ļn Conejo all√≠, Pero Crazy Tom inmediatamente los hizo atacar la cara oeste. En efecto, all√≠ estaban los componentes de la otra escuadra, a punto de atacar lo que consideraban era la parte ¬ętrasera¬Ľ de la estrella; o, como la escuadra Drag√≥n se hab√≠a entrenado a pensar, el fondo. As√≠ que para lo Conejos el ataque pareci√≥ venir desde abajo, la direcci√≥n con la que menos contaban. En unos momentos, los seis Conejos que hab√≠a en es cara quedaron congelados, flotando bajo la estrella.
La otra mitad de la fuerza de ataque se daría cuenta de ello y sabría lo que había sucedido.
-Arriba -dijo Crazy Tom.
Para el enemigo, eso ser√≠a la parte frontal de la estrella, la posici√≥n m√°s expuesta al fuego de la formaci√≥n principal. El √ļltimo lugar al que esperaban que fuera el batall√≥n de Tom.
Una vez estuvieron allí, en vez de continuar enfrentándose a la fuerza de choque que venía hacia ellos, Crazy Tom los hizo disparar a la formación principal Conejo, o a lo que quedaba de ella: principalmente grupos desorganizados que se ocultaban detrás de las estrellas y disparaban a los Dragones que caían hacía ellos desde varias direcciones. Los cinco miembros del batallón C tuvieron tiempo de alcanzara un par de Conejos antes de que la fuerza de choque los volviera a encontrar.
Sin esperar órdenes, Bean se lanzó al instante para apartarse de la superficie de la estrella y, de ese modo, poder disparar hacia abajo a la fuerza de choque. Desde tan cerca, pudo matar a cuatro soldados sin dificultad antes de que los giros cesaran bruscamente y su traje quedara rígido y oscuro por completo. El Conejo que lo había eliminado no pertenecía a la fuerza de choque: era alguien de la fuerza principal que tenía encima. Y para su satisfacción, Bean pudo ver que a causa de sus disparos, sólo un soldado del batallón C fue alcanzado por la fuerza de choque enviada contra ellos. Entonces rotó, y se perdió de vista.
Ya no importaba. Estaba eliminado. Pero lo había hecho bien. Estaba seguro de que había conseguido siete muertes, tal vez más. Y no se trataba sólo de su puntuación personal. Había proporcionado la información que Crazy Tom necesitó para tomar una buena decisión táctica, y luego había emprendido la acción valerosa que impidió que la fuerza de choque causara demasiadas bajas. Como resultado, el batallón C permaneció en posición para atacar al enemigo desde atrás. Sin un sitio donde esconderse, los Conejos serían

eliminados en unos instantes. Y Bean había intervenido en todo eso.
No me quedé petrificado cuando pasamos a la acción. Hice lo que había sido entrenado para hacer, y me mantuve alerta, y pensé. Probablemente puedo hacerlo mejor, moverme más rápido, ver más. Pero para una primera batalla, lo hice bien. Tengo madera de soldado.
Como el batallón C era crucial para la victoria, Wiggin usó a los cuatro jefes de batallón para apretar con sus cascos las esquinas de la puerta enemiga, y concedió a Crazy Tom el honor de pasar por la puerta, que era como formalmente terminaba el juego, y encender las luces.
El propio mayor Anderson vino a felicitar al comandante vencedor y supervisar la operación de limpieza. Wiggin descongeló rápidamente a las bajas. Bean se sintió aliviado cuando su traje pudo volver a moverse. Usando su gancho, Wiggin los acercó a todos e hizo formar a sus soldados en cinco batallones antes de empezar a descongelar a la Escuadra Conejo. Permanecieron firmes en el aire, los pies hacia abajo, las cabezas arriba... y cuando los Conejos se descongelaron, se fueron orientando poco a poco en la misma dirección. No tenían forma de saberlo, pero para la Escuadra Dragón la victoria fue entonces más que completa: pues el enemigo se orientaba ahora como si su propia puerta fuera abajo.
Bean y Nikolai estaban desayunando ya cuando Crazy Tom se acercó a su mesa.
-Ender dice que en vez de quince minutos para desayunar, tenemos hasta las 07.45. Y nos dejar√° salir de la pr√°ctica con tiempo para ducharnos.
Qué magnífica noticia. Ahora podían comer más despacio.
No es que a Bean le importara. Su bandeja tenía poca comida; casi había terminado. Una vez dentro de la Escuadra Dragón, Crazy Tom lo pilló regalando comida. Bean le dijo que siempre le daban demasiado, y Tom llevó el asunto a Ender, quien hizo que los nutricionistas dejaran de sobrealimentar a Bean. Esa era la primera vez que Bean dejaba poder comer más. Y eso era sólo porque estaba agotado por la batalla.
-Inteligente-dijo Nikolai.
-¬ŅQu√©?
-Ender nos dice que tenemos quince minutos para comer, cosa que nos parece apresurada y no nos gusta. Entonces nos envía a los jefes de batallón, diciéndonos que tenemos hasta las 07.45. Son sólo diez minutos más, pero parece una eternidad. Y una ducha... se supone que podemos ducharnos después del juego, pero ahora estamos agradecidos.
-Y le cedió a los jefes de batallón la oportunidad de traer la buena noticia -dijo Bean.
-¬ŅEs importante eso? -pregunt√≥ Nikolai-. Sabemos que fue cosa de Ender.
-La mayor√≠a de los comandantes se aseguran de que todas las buenas noticias procedan de ellos -dijo Bean-, y las malas noticias de los jefes de batall√≥n. Pero el √ļnico prop√≥sito de Wiggin es formar a sus jefes de batall√≥n. Crazy Tom entr√≥ all√≠ con nada m√°s que su entrenamiento y su cerebro y un solo objetivo: golpear primero desde U pared y ponerse tras ellos. Todo lo dem√°s fue cosa suya.
-Sí, pero si sus jefes de batallón la cagan, la mancha queda en el expediente de Ender -replicó Nikolai.
Bean sacudió la cabeza.
-La cuestión es que, en su primera batalla, Wiggin dividió sus fuerzas para conseguir un efecto táctico, y el batallón C pudo continuar atacando incluso después de que nos

qued√°ramos sin planes, porque Crazy Tom estaba de verdad a cargo de nosotros. No nos
quedamos sentados preguntándonos qué quería Wiggin de nosotros.
Nikolai lo comprendió, y asintió.
-Bacana. Eso es.
-Completamente cierto -dijo Bean. A estas alturas, todo el mundo en la mesa lo estaba escuchando-. Y eso se debe a que Wiggin no est√° pensando s√≥lo en la Escuela de Batalla y las puntuaciones y en mierdas por el estilo. Sigue viendo los vids de la Segunda Invasi√≥n, ¬Ņlo sab√≠as? Est√° pensando en c√≥mo derrotar a los insectores. Y sabe que la forma de hacerlo es tener tantos comandantes dispuestos a combatirlos como sea posible. Wiggin no quiere ser el √ļnico comandante preparado para combatir a los insectores. El quiere luchar junto a unos grandes jefes de batall√≥n, junto a los segundos jefes y, si es posible, junto a todos y cada uno de sus soldados dispuestos a comandar una flota contra los insectores si es necesario.
Bean sab√≠a que, con toda probabilidad, su entusiasmo estaba dando a Wiggin cr√©dito por m√°s cosas de las que hab√≠a planeado en realidad, pero a√ļn estaba lleno del brillo de la victoria. Y adem√°s, lo que dec√≠a era verdad: Wiggin no era ning√ļn Napole√≥n, que sujetaba las riendas con tanta fuerza que ninguno de sus comandantes fuera capaz de liderar a sus soldados de manera brillante e independiente. Crazy Tom se hab√≠a comportado bien bajo presi√≥n. Hab√≠a tomado las decisiones adecuadas, incluyendo la decisi√≥n de escuchar a su soldado mas peque√Īo, el m√°s in√ļtil en apariencia. Y Crazy Tom lo hab√≠a hecho porque Wiggin hab√≠a dado ejemplo al escuchar a sus jefes de batall√≥n.
Aprendes, analizas, decides, act√ļas.
Después de desayunar, mientras se dirigían a las prácticas, Nikolai le preguntó:
-¬ŅPor qu√© lo llamas Wiggin?
-Porque no somos amigos -dijo Bean.
-Oh, entonces es m√≠ster Wiggin y m√≠ster Bean, ¬Ņes eso?
-No. Bean es mi nombre de pila.
-Oh. Entonces es míster Wiggin y Quién demonios seas.
-Exacto.
Todos esperaban tener al menos una semana para ir por ah√≠ alardeando sobre su perfecto r√©cord de victoria-perdida. En cambio, a las 06.30 de la ma√Īana siguiente, Wiggin apareci√≥ en el barrac√≥n, de nuevo blandiendo √≥rdenes de batalla.
-Caballeros, espero que aprendierais algo ayer, porque hoy vamos a repetirlo.
Todos se sorprendieron, y algunos se enfadaron: no era justo, no estaban preparados. Wiggin le tendió las órdenes a Fly Molo, que acababa de salir a desayunar.
-¡Trajes refulgentes! -gritó Fly, quien estaba convencido de que ser la primera escuadra en librar dos batallas seguidas era algo magnífico.
Pero Hot Soup, el jefe del batallón D, mostraba otra actitud.
-¬ŅPor qu√© no nos lo dijiste antes?
-Me pareció que necesitabais la ducha -dijo Wiggin-. Ayer la Escuadra Conejo dijo que vencimos sólo porque el hedor los dejó aturdidos.
Todos los que estaban cerca y pudieron oírlo se echaron a reír. Pero a Bean no le hizo gracia. Sabía que el papel no estaba allí cuando Wiggin se despertó. Los profesores lo habían colocado más tarde.
-No encontraste el papel hasta que volviste de la ducha, ¬Ņverdad?

Wiggin le dirigió una mirada neutra.
-Naturalmente. No estoy tan cerca del suelo como t√ļ.
El tono desde√Īoso de su voz fue como un pu√Īetazo para Bean. S√≥lo entonces se dio cuenta de que Wiggin hab√≠a interpretado su pregunta como una cr√≠tica: que √©l pensaba que Wiggin no hab√≠a estado atento y no hab√≠a advertido las √≥rdenes. As√≠ que ahora hab√≠a una marca m√°s contra Bean en el dossier mental de Wiggin. Pero Bean no pod√≠a dejar que eso lo trastornara. No era igual que si Wiggin lo hubiera etiquetado como cobarde. Tal vez Crazy Tom le hab√≠a contado c√≥mo Bean contribuy√≥ a la victoria de ayer, y tal vez no. No cambiar√≠a lo que Wiggin hab√≠a visto con sus propios ojos: Bean retras√°ndose en la ducha. Y ahora, al parecer, Bean le reprochaba que les obligara a todos a ir corriendo a su segunda batalla. Tal vez me har√°n jefe de batall√≥n cuando cumpla treinta a√Īos. Y s√≥lo si todos los dem√°s se ahogan en un accidente de barco.
Wiggin seguía hablando, por supuesto, explicando cómo deberían esperar batallas en cualquier momento, pues se estaban quebrantando las antiguas normas.
-No puedo simular que me gusta la forma en que están jugando con nosotros, pero sí me gusta una cosa: que tengo una escuadra que puedo manejar.
Mientras se ponía el traje refulgente, Bean pensó en la actitud que adoptaban los profesores y lo que ello implicaba. Estaban presionando cada vez más a Wiggin, y también poniéndoselo más difícil. Y esto era sólo el principio. Eran sólo las primeras gotas de lluvia de una tormenta.
¬ŅPor qu√©? No porque Wiggin fuera tan bueno que necesitara las pruebas. Al contrario: Wiggin estaba entrenando bien a su escuadra, y la Escuela de Batalla s√≥lo se beneficiar√≠a de ello concedi√©ndole tiempo de sobra para hacerlo. As√≠ que ten√≠a que ser algo externo a la Escuela de Batalla.
S√≥lo hab√≠a una posibilidad, en realidad. Los invasores se acercaban. Los insectores estaban s√≥lo a unos pocos a√Īos luz de distancia. Ten√≠an que terminar el entrenamiento de Wiggin.
Wiggin. No todos nosotros, sólo Wiggin. Porque si fuera todo el mundo, entonces el plan de trabajo de todo el mundo se aceleraría de la misma manera. No sólo el nuestro.
As√≠ que ya es demasiado tarde para m√≠. Han elegido a Wiggin para depositar en √©l todas sus esperanzas. Ya no importar√° si soy jefe de batall√≥n o no. Todo lo que importa es: ¬Ņestar√° Wiggin preparado?
Si Wiggin tiene √©xito, seguir√°n habiendo posibilidades de que yo consiga convertirme en l√≠der despu√©s. La liga se har√° pedazos. Habr√° guerra entre los humanos. O bien la F.I. me utilizar√° para mantener la paz, o tal vez pueda entrar en alg√ļn ej√©rcito en la Tierra. Tengo mucha vida por delante. A menos que Wiggin comande nuestra flota contra los insectores y pierda. Entonces ninguno de nosotros tendr√° vida ninguna.
Todo lo que puedo hacer en ese preciso instante es tratar de ayudar a Wiggin a aprender todo cuanto pueda aprender aqu√≠. El problema es que no estoy lo bastante cerca de √©l para tener ning√ļn efecto.
La batalla era contra Petra Arkanian, comandante de la Escuadra F√©nix. Petra era m√°s lista que Carn Carby; tambi√©n ten√≠a la ventaja de haber o√≠do c√≥mo Wiggin trabajaba sin ninguna formaci√≥n y usaba peque√Īos grupos de ataque para romper las formaciones antes del combate principal. Con todo, Drag√≥n termin√≥ con s√≥lo tres soldados alcanzados y nueve parcialmente incapacitados. Una derrota aplastante. Bean pudo ver que a Petra tampoco le gust√≥. Lo m√°s probable era que pensara que Wiggin lo hab√≠a preparado as√≠, para humillarla deliberadamente. Pero se desquitar√≠a muy pronto: Wiggin dejaba libres a sus jefes de

batallón, y cada uno de ellos buscaba la victoria absoluta, como habían sido entrenados. Su sistema funcionaba mejor, eso era todo, y el viejo método de plantear las batallas estaba condenado al fracaso.
Muy pronto, todos los dem√°s comandantes empezar√≠an a adaptarse, a aprender cada uno de los movimientos de Wiggin. Y la Escuadra Drag√≥n se enfrentar√≠a a otras escuadras que estar√≠an divididas en cinco batallones, no cuatro, y que se mover√≠an de forma libre, con unos jefes de batall√≥n m√°s h√°biles para las maniobras. Los ni√Īos no llegaban a la Escuela de Batalla si eran idiotas. El √ļnico motivo de que la t√©cnica funcionara una segunda vez fue porque s√≥lo hab√≠a pasado un d√≠a desde la primera batalla, y nadie esperaba tener que enfrentarse tan pronto a Wiggin. Ahora sabr√≠an que hab√≠a que hacer cambios r√°pidamente. Bean dedujo que con toda probabilidad nunca volver√≠an a ver otra formaci√≥n.
¬ŅY entonces qu√©? ¬ŅHab√≠a vaciado Wiggin su cargador, o tendr√≠a nuevos trucos en la manga? El problema era que la innovaci√≥n nunca consegu√≠a la victoria a largo plazo. Era demasiado f√°cil que el enemigo imitara y mejorara tus innovaciones. La verdadera prueba para Wiggin seria lo que hiciera cuando se enfrentara con otras escuadras que utilizaran t√°cticas similares.
Y la verdadera prueba para m√≠ ser√° ver si podr√© soportarlo cuando Wiggin cometa alg√ļn est√ļpido error y yo tenga que quedarme sentado como cualquier otro soldado, vi√©ndolo.
El tercer día, otra batalla. El cuarto día, otra. Victoria. Victoria. Pero cada vez le sacaban menos puntos al enemigo. Bean ganaba cada vez más confianza como soldado... y se sentía más frustrado porque tan sólo podía contribuir con su buena puntería o, ocasionalmente, con alguna sugerencia; a veces también le recordaba algo a Crazy Tom eso era todo.
Bean le escribió a Dimak al respecto, explicando cómo estaba siendo infrautilizado y sugiriendo que podría entrenarse mejor trabajando con un comandante peor, donde tendría mejores posibilidades de conseguir su propio batallón.
La respuesta fue breve:
-¬ŅQui√©n m√°s te querr√≠a? Aprende de Ender.
Muy duro, pero cierto. Sin duda, ni siquiera Wiggin lo quería en realidad. O le habían prohibido trasladar a sus soldados, o había intentado apartar a Bean y nadie había querido quedárselo.
Estaban en el tiempo libre de la tarde tras su cuarta batalla. La mayor√≠a de los otros ni√Īos trataban de no perder el ritmo de sus clases: los combates empezaban a hacerles mella, sobre todo porque se daban cuenta de que ten√≠an que entrenar duro para no quedarse atr√°s. Sin embargo, Bean se enfrentaba a las clases con la soltura de siempre, y cuando Nikolai le dijo que no necesitaba que lo ayudaran m√°s con sus trabajos, decidi√≥ dar un paseo.
Al pasar ante la habitaci√≥n de Wiggin (un cub√≠culo a√ļn m√°s peque√Īo que los estrechos cuartos que ten√≠an los profesores, donde apenas hab√≠a espacio para un camastro, una silla y una mesita), Bean se sinti√≥ tentado de llamar a la puerta, sentarse y aclarar las cosas con Wiggin de una vez por todas. Entonces el sentido com√ļn prevaleci√≥ por encima de la frustraci√≥n y la vanidad, y Bean continu√≥ caminando hasta llegar a la arcada.
No estaba tan llena como de costumbre. Bean supuso que era debido a que todo el mundo hacía prácticas extra en ese tiempo libre, tratando de descubrir lo que pensaban que

hacía Wiggin antes de tener que enfrentarse a él en batalla. Con todo, había unos cuantos dispuestos a juguetear con los controles y hacer que las pantallas y los hologramas cobraran vida.
Bean encontró un juego de pantalla plana que tenía por héroe a un ratón. Nadie lo utilizaba, así que empezó a maniobrar por un laberinto. Rápidamente el laberinto dio paso a los pasadizos y gateras de una vieja casa, con trampas emplazadas aquí y allá, nada complicado. los gatos lo perseguían... en vano. Saltó a una mesa y se encontró cara a cara con un gigante.
Un gigante que le ofreció una bebida.
Esto era el juego de fantas√≠a. Era el juego psicol√≥gico que todos los dem√°s practicaban en sus consolas todo el tiempo. Lo hab√≠an enga√Īado para que lo jugara una vez, pero dudaba que hubieran aprendido algo importante hasta ahora. A la mierda con ellos. Pod√≠an enga√Īarlo para que jugara hasta cierto punto, pero no tenia que ir mas all√°... si no fuera porque la cara del gigante hab√≠a cambiado. Era Aquiles.
Bean se qued√≥ all√≠, aturdido durante un momento. Petrificado, aterrado. ¬ŅC√≥mo lo sab√≠an? ¬ŅPor qu√© lo hac√≠an? Enfrentarlo cara a cara con Aquiles, y por sorpresa. Qu√© hijos de puta.
Se retiró del juego.
Momentos después, se dio la vuelta y regresó. El gigante ya no estaba en la pantalla. El ratón corría de nuevo, tratando de escapar del laberinto.
No, no jugar√©. Aquiles est√° muy lejos y no tiene poder para hacerme da√Īo. Ni a Poke tampoco, ni a nadie m√°s. No tengo que pensar en √©l y, seguro como que el infierno existe que no tengo que beber nada que me ofrezca.
Bean se marchó de nuevo, y esta vez no regresó.
Camin√≥ hasta el comedor. Acababa de cerrar, pero Bean no ten√≠a otra cosa que hacer, as√≠ que se sent√≥ en el pasillo ante la puerta del sal√≥n y apoy√≥ la cabeza en las rodillas. Pens√≥ en Rotterdam, cuando se sentaba en lo alto de un cubo de basura para observar a Poke trabajando con su banda, y c√≥mo ella era la jefa de banda m√°s decente que hab√≠a visto jam√°s, la manera en que escuchaba a los ni√Īos peque√Īos y les daba una porci√≥n justa y los manten√≠a vivos aunque significara no comer mucho ella misma, y por eso la eligi√≥, porque ten√≠a compasi√≥n... tanta compasi√≥n que era capaz de escuchar a un ni√Īo.
Su compasión la mató.
Yo la maté al elegirla.
Ser√° mejor que Dios exista. Para que pueda condenar a Aquiles en el infierno para siempre.
Alguien le dio una patada en el pie.
-M√°rchate -dijo Bean-. No te estoy molestando.
Fuera quien fuese volvió a darle otra patada. Utilizando las manos, Bean evitó caer. Alzó la mirada. Bonzo Madrid se alzaba sobre él.
-Tengo entendido que eres el mojoncito que se agarra a los pelos del culo de la Escuadra Dragón -le soltó Bonzo.
Había otros tres tipos con él. Tipos grandes. Todos tenían cara de matón.
-Hola, Bonzo.
-Tenemos que hablar, capullo.
-¬ŅQu√© es esto, espionaje? -pregunt√≥ Bean-. Se supone que no puedes hablar con los soldados de otras escuadras.
-No necesito espiar para derrotar a la Escuadra Drag√≥n ¬Ėdijo Bonzo.

-¬ŅAs√≠ que entonces buscas a los soldados m√°s peque√Īos de la Drag√≥n, y cuando los encuentras los presionas un poco hasta que lloran?
El rostro de Bonzo mostró su furia. No es que no lo hiciera siempre.
-¬ŅEs que tienes ganas de comerte tu propio culo, capullo?
A Bean no le gustaban los matones. Y como, en este momento se sentía culpable por el asesinato de Poke, no le importaba si Bonzo Madrid acababa siendo el que administrara la pena de muerte. Era hora de dar rienda suelta a su mente.
-Pesas al menos tres veces m√°s que yo -le solt√≥ Bean-, y no lo digo por el cr√°neo que lo tienes vac√≠o. Eres un segund√≥n que de alg√ļn modo consigui√≥ una escuadra y nunca ha sabido qu√© hacer con ella. Wiggin va a aplastarte y ni siquiera tendr√° que molestarse en intentarlo. ¬ŅQu√© importa lo que me hagas? Soy el soldado m√°s peque√Īo y m√°s d√©bil de toda la escuela. Naturalmente, me eliges a m√≠ para golpearme.
-S√≠, el m√°s peque√Īo y el m√°s d√©bil -core√≥ uno de los otros ni√Īos.
Bonzo permaneci√≥ callado. Las palabras de Bean le hab√≠an ofendido. Bonzo era orgulloso, y sab√≠a que si en ese momento hac√≠a da√Īo a Bean ser√≠a una humillaci√≥n, no un placer.
-Ender Wiggin no va a derrotarme con esa colecci√≥n de novatos y desechos que llama escuadra. Puede que haya vencido a un pu√Īado de tarados como Carn y... Petra -dijo escupiendo su nombre-. Pero cada vez que encontramos mierda, mi escuadra la aplasta.
Bean le dirigió su mirada más dura.
-¬ŅNo lo entiendes, Bonzo? Los profesores han elegido a Wiggin. Es el mejor. El mejor que ha habido jam√°s. No le dieron la peor escuadra. Le dieron la mejor. Esos veteranos que llamas desechos... eran soldados tan buenos que los comandantes est√ļpidos no pudieron entenderse con ellos y trataron de trasladarlos de todas formas. Wiggin sabe c√≥mo utilizar a los buenos soldados, aunque t√ļ no sepas. Por eso esta venciendo. Es m√°s listo que t√ļ. Y sus soldados son todos m√°s listos que los tuyos. Las apuestas est√°n en tu contra, Bonzo. Bien podr√≠as rendirte ahora. Cuando tu pat√©tica Escuadra Salamandra se enfrente a nosotros, os daremos una paliza tan grande que tendr√©is que mear sentados.
Bean habría seguido hablando (no es que tuviera un plan y, desde luego habría podido soltar mucho más) si no lo hubieran interrumpido. Dos de los amigos de Bonzo lo acorralaron y lo apretujaron contra, pared, por encima de sus propias cabezas. Bonzo le rodeó la garganta con una mano, justo debajo de la mandíbula, y apretó. Los otros soltaron. Bean quedó colgando del cuello, y no podía respirar. Por reflejo, pataleó, esforzándose por alcanzarlo con los pies. Pero los largos brazos de Bonzo estaban demasiado lejos para que ninguna de las patadas de Bean lo alcanzara.
-Una cosa es el juego -susurr√≥ Bonzo-. Los profesores pueden ama√Īarlo y d√°rselo a su pelota, Wiggin. Pero llegar√° el momento en que no sea un juego. Y cuando llegue ese momento, no ser√° un traje refulgente congelado lo que impida a Wiggin moverse. ¬ŅComprendes?
¬ŅQu√© respuesta esperaba? Bean no pod√≠a asentir ni hablar.
Bonzo se quedó allí de pie, sonriendo con malicia, mientras Bean se debatía.
Cuando Bonzo lo dejó caer al suelo, finalmente, a Bean ya se le empezaba a nublar la vista. Se quedó allí tendido, tosiendo y jadeando.
¬ŅQu√© he hecho? Me he burlado de Bonzo Madrid. Un mat√≥n que carece de la sutileza de Aquiles. Cuando Wiggin lo derrote, no lo aceptar√°. No se contentar√° con una demostraci√≥n tampoco. Su odio por Wiggin es profundo.
En cuanto recuperó la respiración, Bean regresó a los barracones. Nikolai advirtió de

inmediato las marcas en su cuello.
-¬ŅQui√©n ha querido ahogarte?
-No lo sé.
-No me vengas con ésas. Lo tenías de cara, mira las marcas de esos dedos.
-No lo recuerdo.
T√ļ recuerdas incluso las pautas de las arterias de tu propia placenta.
-No voy a decírtelo -dijo Bean. Para eso, Nikolai no tenía ninguna respuesta, aunque no le gustara.
Bean conectó como ^Graff y escribió una nota a Dimak, aunque sabía que no serviría para nada.
¬ęBonzo est√° loco. Podr√≠a matar a alguien, y Wiggin es el combatiente al que m√°s odia.¬Ľ
La respuesta llegó de inmediato, casi como si Dimak hubiera estado esperando el mensaje.
¬ęLimpia tu propia mierda. No le vayas llorando a mam√°.¬Ľ
Esas palabras le hicieron da√Īo. No era la mierda de Bean, sino la de Wiggin. Y, en el fondo, de los profesores, por haber puesto de entrada a Wiggin en la escuadra de Bonzo. Y luego meterse con √©l porque no ten√≠a madre... ¬Ņcu√°ndo se hab√≠an convertido los profesores en el enemigo? Se supone que tienen que protegernos de los ni√Īos locos como Bonzo Madrid. ¬ŅC√≥mo piensan que voy a limpiar esta mierda?
Lo √ļnico que detendr√° a Bonzo Madrid es matarlo.
Entonces Bean record√≥ c√≥mo hab√≠a mirado a Aquiles mientras dec√≠a: ¬ęTienes que matarlo.¬Ľ
¬ŅPor qu√© no pude mantener la boca cerrada? ¬ŅPor qu√© tuve que meterme con Bonzo Madrid? Wiggin va a acabar como Poke. Y ser√° otra vez por culpa m√≠a.