13 - Escuadra drag√ďn

-Necesito tener acceso a la información genética de Bean. -Eso no es posible -dijo Graff. -Y yo que pensaba que mi permiso de seguridad me abriría cualquier

puerta.
-Inventamos una nueva categor√≠a de seguridad, llamada ¬ęNo para sor Carlotta¬Ľ. No queremos que comparta la informaci√≥n gen√©tica de Bean con nadie m√°s. Y ya planeaba ponerla en otras manos, ¬Ņno?
-Sólo para realizar una prueba. Entonces... tendrán que realizara ustedes por
m√≠. Quiero comparar el ADN de Bean con el de Volescu. -Cre√≠ que me hab√≠a dicho que Volescu era la fuente del ADN clonado. -He estado pensando en eso desde que se lo dije, coronel Graff, ¬Ņy sabe
una cosa? Bean no se parece a Volescu. Tampoco puedo ver cómo podría
crecer para convertirse en él. -Tal vez la diferencia de crecimiento haga que parezca también distinto. -Tal vez. Pero también es posible que Volescu esté mintiendo. Es un hombre
vanidoso. -¬ŅMintiendo en todo? -No, solo mintiendo en algo. Sobre la paternidad, muy posiblemente. Y si est√°
mintiendo en eso...
-¬ŅEntonces quiz√°s el diagn√≥stico sobre el futuro de Bean no sea tan negro? ¬ŅCree que no lo hemos comprobado ya con nuestros especialistas? Volescu no ment√≠a sobre eso, al menos. Es muy probable que la clave de Ant√≥n se ajuste a su descripci√≥n.
-Por favor. Hagan la prueba y díganme los resultados. -Porque no quiere usted que Bean sea hijo de Volescu. -No quiero que Bean sea gemelo de Volescu. Y creo que usted tampoco. -Buen argumento. De todos modos, ha de saber que el chico es algo

vanidoso. -Cuando se es tan dotado como Bean, la seguridad en uno mismo parece
vanidad a los dem√°s. -S√≠, pero no tiene que refregarla por la cara, ¬Ņno? -Oh, vaya. ¬ŅHa resultado herido el ego de alguien? -El m√≠o no. Todav√≠a. Pero uno de sus profesores se siente un poco dolorido. -Me he dado cuenta de que ya no me dice que falsifiqu√© sus puntuaciones. -S√≠, sor Carlotta, tuvo usted raz√≥n todo el tiempo. Se merece estar aqu√≠. Y
aqu√≠ est√°... Bueno, digamos que acert√≥ usted a loter√≠a despu√©s de tantos a√Īos de
b√ļsqueda. -Es la loter√≠a de la humanidad. -Dije que mereci√≥ la pena traerlo aqu√≠, no que sea el que nos llevar√° a la

victoria. La ruleta sigue girando. Y he apostado mi dinero a otro n√ļmero.
Subir la escalera mientras se sosten√≠a un traje refulgente no era pr√°ctico, as√≠ que Wiggin hizo que los que ya estaban vestidos corrieran por el pasillo arriba y abajo, calentando, mientras que Bean y los otros ni√Īos desnudos o semivestidos acabaran de ponerse la ropa. Nikolai ayud√≥ a Bean a abrochar su traje; a Bean le humillaba necesitar ayuda, pero habr√≠a sido peor ser el √ļltimo en acabar: el mocoso de turno que retrasa a todo el grupo. Gracias a la ayuda de Nikolai, no fue el √ļltimo.
-Gracias.
-Niadequé.
Momentos después, subían la escalera hasta el nivel de la sala de batalla. Wiggin los llevó a todos hasta la puerta superior, la que abría justo en el centro de la pared de la sala. La que se usaba para entrar cuando había una batalla en marcha. Había asideros en los lados, el techo y el suelo, para que de esa forma los estudiantes pudieran revolverse y lanzarse en un entorno de gravedad cero. Se contaba que la gravedad era más baja en la sala de batalla porque estaba más cerca del centro de la estación, pero Bean sabía que era falso. En ese caso habría fuerza centrífuga en las puertas y un pronunciado efecto Coriolis. En cambio, las salas de batalla estaban completamente ingrávidas. Para eso significaba que la
F.I. disponía de un aparato que bloqueaba la gravedad o, más probablemente, producía gravedad falsa perfectamente equilibrada para contrarrestar el Coriolis y las fuerzas centrífugas empezando exactamente por la puerta. Era una tecnología sorprendente, y nunca se hablaba de ella dentro de la F.I.; de hecho, no se trataba al menos en la bibliografía disponible para los alumnos de la Escuela de Batalla. Además, fuera se desconocía por completo. Wiggin los dividió en cuatro filas por el pasillo y les ordenó que saltaran y emplearan los asideros del techo para entrar en la sala.
-Reuníos en la pared del fondo, como si os dirigierais a la puerta del enemigo.
Para los veteranos eso significaba algo. Para los novatos, que nunca habían estado en una batalla ni tampoco habían entrado por la puerta superior, no significaba absolutamente nada.
-Corred hacia arriba y entrad de cuatro en cuatro cuando yo abra la puerta, un grupo por segundo.
Wiggin se dirigi√≥ a la parte trasera del grupo y, usando su gancho, un controlador pegado al interior de su mu√Īeca y curvado para encajar en su mano izquierda, hizo que la puerta, que antes parec√≠a bastante s√≥lida, desapareciera.
-¬°Vamos!
Los primeros cuatro ni√Īos empezaron a correr hacia la puerta.
-¬°Vamos!
El siguiente grupo empezó a correr antes de que el primero la alcanzara siquiera. A la mínima vacilación se produciría un choque.
-¬°Vamos!
El primer grupo saltó y giró con diversos grados de torpeza y en varias direcciones.
-¬°Vamos!
Los grupos posteriores aprendieron, o lo intentaron, a partir de la torpeza que
demostraron los primeros. -¬°Vamos!

Bean estaba al final de la fila, en el √ļltimo grupo. Wiggin le puso una mano en el hombro.
Puedes usar un asidero lateral si quieres.
Qu√© bien, pens√≥ Bean. Ahora decides tratarme como a un beb√©. No porque el maldito traje no me est√© bien, sino s√≥lo porque soy peque√Īo. Ni hablar -replic√≥ Bean.
-¬°Vamos!
Bean sigui√≥ el ritmo de los otros tres, aunque eso significara mover las piernas el doble de r√°pido, y cuando se acerc√≥ a la puerta dio un salto, toc√≥ el asidero del techo con los dedos al pasar, y se perdi√≥ en el interior de la sala sin ning√ļn control, girando en tres mareantes direcciones a la vez.
Pero lo cierto es que no esperaba hacerlo mejor, y en vez de luchar contra el giro, se calmó y ejecutó su rutina antináuseas, relajándose hasta que alcanzó una pared y tuvo que prepararse para el impacto. No aterrizó cerca de uno de los asideros y tampoco se encontraba de la forma correcta para agarrarse a nada. Así que rebotó, pero esta vez voló con un poco más de estabilidad, y acabó en el techo muy cerca de la pared del fondo. Tardó menos tiempo que algunos en llegar al sitio donde los demás se congregaban, alineados a lo largo del suelo bajo la puerta central de la pared del fondo: la puerta enemiga.
Wiggin vol√≥ tranquilamente por los aires. Como ten√≠a un garfio, durante las pr√°cticas pod√≠a maniobrar en el aire de maneras que a los soldados les resultaba imposible; sin embargo, durante la batalla, el garfio ser√≠a in√ļtil, as√≠ que los comandantes ten√≠an que asegurarse de que sab√≠an moverse sin el control extra que proporcionaba. Bean advirti√≥ con alegr√≠a que "Wiggin no parec√≠a utilizar el garfio para nada. Naveg√≥ de lado; luego agarr√≥ un asidero del suelo a unos diez pasos de la pared del fondo y se qued√≥ colgando en el aire. Boca abajo.
Tras fijar su mirada en uno de ellos, Wiggin exigió:
-¬ŅPor qu√© est√°s boca abajo, soldado?
Inmediatamente, algunos de los otros soldados empezaron a ponerse boca abajo como Wiggin.
-¡Atención! -ladró Wiggin. Todo movimiento cesó-. ¡Repreguntado por qué estás boca abajo!
A Bean le sorprendi√≥ que el soldado no respondiera, ¬ŅHab√≠a olvidado lo que hizo el profesor de la lanzadera cuando ven√≠an de camino? ¬ŅLa desorientaci√≥n deliberada? ¬ŅO era algo que s√≥lo hac√≠a Dimak?
-¡Pregunto por qué todos vosotros tenéis los pies en el aire y la cabeza hacia el suelo!
Wiggin no mir√≥ a Bean en particular, y √©sa era una pregunta que Bean no quer√≠a responder. No pod√≠a saber qu√© respuesta en concreto buscaba Wiggin, ¬Ņas√≠ que por qu√© abrir la boca s√≥lo para cerrarla?
Fue un chico llamado Shame (la abreviatura de Seamus) quien habló por fin.
-Se√Īor, √©sta es la direcci√≥n en la que entramos por la puerta.
Buen trabajo, pens√≥ Bean. Mejor que alg√ļn est√ļpido argumento de que no hab√≠a ni arriba ni abajo en gravedad cero.
-¬ŅY qu√© diferencia hay? ¬ŅQu√© diferencia hay con la gravedad del pasillo?; ¬ŅVamos a luchar en el pasillo? ¬ŅHay gravedad aqu√≠?
No, se√Īor, murmuraron todos.
-A partir de ahora, olvidaos de la gravedad cada vez que entr√©is por esa puerta. La gravedad se ha acabado, ha desparecido. ¬ŅMe entend√©is? Sea cual sea vuestra gravedad cuando entr√©is por la puerta, recordad: la puerta del enemigo es abajo. Arriba est√° vuestra

propia puerta. El norte est√° por ah√≠ -se√Īal√≥ hacia lo que hab√≠a sido el techo-, el sur est√° por
ah√≠, el este es eso, el oeste est√°... ¬Ņpor donde?
Ellos se√Īalaron.
-Eso es lo que esperaba -dijo Wiggin-, El √ļnico proceso que hab√©is dominado es el de eliminaci√≥n, y el √ļnico motivo que lo explica es porque pod√©is hacerlo en el ba√Īo.
Bean observ√≥, divertido. As√≠ que Wiggin suscrib√≠a la escuela de entrenamiento b√°sico sois-tan-est√ļpidos-que-me-necesit√°is-para-que-os-limpie-el-culo. Bueno, tal vez era necesario. Uno de los rituales del entrenamiento. Aburrido de muerte, pero... privilegio del comandante.
Wiggin miró a Bean, pero sus ojos siguieron moviéndose.
-¬°Qu√© circo he visto ah√≠ fuera! ¬ŅLlam√°is a eso formar filas? ¬ŅLlam√°is a eso volar? Muy bien, saltad todos y formad en el techo. ¬°Ahora mismo! ¬°Moveos!
Bean sab√≠a cu√°l era la trampa y se abalanz√≥ hacia la pared por la que acababan de entrar antes de que Wiggin terminara de hablar siquiera. La mayor√≠a de los otros ni√Īos tambi√©n comprendieron cu√°l era la prueba, pero bastantes de ellos se lanzaron en la direcci√≥n equivocada: hacia la direcci√≥n que Ender hab√≠a llamado norte en vez de la que hab√≠a identificado como arriba. Esa vez Bean lleg√≥ por casualidad cerca de un asidero, y lo agarr√≥ con sorprendente facilidad. Lo hab√≠a hecho antes en las pr√°cticas de su grupo de salto, pero era tan peque√Īo que, al contrario de los dem√°s, era bastante posible que aterrizara en un sitio donde no hubiera ning√ļn asidero a su alcance. Sin lugar a dudas, tener los brazos cortos era una pega en la sala de batalla. En tramos cortos pod√≠a apuntar hacia un asidero y llegar con cierta precisi√≥n, pero saltando de un lado a otro ten√≠a pocas esperanzas de lograrlo. As√≠ que le pareci√≥ bien que esta vez, al menos, no pareciera un zopenco. De hecho, al haberse lanzado el primero, lleg√≥ el primero tambi√©n.
Bean se dio la vuelta y vio que los que habían metido la pata tenían que hacer el largo y embarazoso segundo salto para reunirse con el resto de la escuadra. Se sorprendió un poco de quiénes eran algunos de los patosos. No prestar atención los podía convertir a todos en payasos, pensó.
Wiggin lo observaba de nuevo, y esta vez con conocimiento de causa.
-¬°T√ļ! -exclam√≥ Wiggin, mientras lo se√Īalaba-. ¬ŅD√≥nde es abajo?
Pero ¬Ņno acababan de verlo?
-Hacia la puerta enemiga.
-¬ŅNombre, chico?
Venga ya, ¬Ņde verdad que Wiggin no sab√≠a qui√©n era el ni√Īo bajito con las mejores notas de toda la maldita escuela? Bueno, si vamos a jugar al sargento duro y al recluta patoso, ser√° mejor que siga el gui√≥n.
-El nombre de este soldado es Bean, se√Īor.
-¬ŅTe llaman as√≠ por tu tama√Īo o por tu cerebro?
Algunos de los otros soldados se rieron. Pero no muchos. Ellos s√≠ conoc√≠an la reputaci√≥n de Bean. Para ellos ya no resultaba divertido que fuera tan peque√Īo: era embarazoso que un ni√Īo tan chico pudiera obtener notas perfectas en las pruebas donde hab√≠a preguntas que ellos ni siquiera comprend√≠an.
-Bien, Bean, tienes raz√≥n en dos cosas -Wiggin incluy√≥ ahora a todo el grupo mientras se enzarzaba en una fil√≠pica sobre c√≥mo atravesar la puerta con los pies por delante te convert√≠a en un blanco mucho m√°s peque√Īo para el enemigo. De este modo, le resultaba m√°s dif√≠cil alcanzarte y congelarte-. ¬ŅQu√© sucede cuando te congelan?
-No puedes moverte -respondió alguien.

-Eso es lo que significa congelado-dijo Wiggin-. Pero ¬Ņqu√© es lo que te ocurre?
En opinión de Bean, Wiggin no había planteado la pregunta con suficiente claridad, y no tenía sentido prolongar la agonía mientras los demás lo descubrían. Así que habló.
-Contin√ļas en la direcci√≥n con la que empezaste. A la velocidad a la que ibas cuando te alcanzaron.
-Eso es -dijo Wiggin-. ¬°Vosotros cinco, los del fondo, moveos!
Se√Īal√≥ a cinco soldados, quienes pasaron tanto rato mir√°ndose unos a otros para asegurarse qu√© cinco eran que Wiggin tuvo tiempo de dispararles a todos, congel√°ndolos en su sitio. Durante las pr√°cticas, tardabas unos minutos en descongelarte, a menos que el comandante utilizara su gancho para descongelarlos antes.
-¬°Los otros cinco, moveos!
Siete ni√Īos se movieron de inmediato: no hubo tiempo para contar. Wiggin les dispar√≥ tan r√°pido como a los de antes, pero como ya se hab√≠an lanzado, siguieron movi√©ndose a buen ritmo hacia las paredes a las que se dirig√≠an.
Los primeros cinco flotaban en el aire cerca del lugar donde habían sido congelados.
-Mirad a esos supuestos soldados. Su comandante les ordenó que se movieran, y miradlos ahora. No sólo están congelados, sino que están congelados aquí mismo, donde pueden ponerse en medio. Mientras que los demás, porque se movieron cuando se les ordenó, están congelados ahí abajo, entorpeciendo el movimiento enemigo, bloqueando su visión. Imagino que unos cinco de vosotros habréis comprendido el argumento.
Todos lo comprendemos, Wiggin, pens√≥ Bean. No es que traigan a nadie est√ļpido a la Escuela de Batalla. No puedes decir que no te haya escogido a la mejor escuadra posible.
-Y sin duda Bean es uno de ellos. ¬ŅVerdad, Bean?
Bean apenas pod√≠a creer que Wiggin lo se√Īalara otra vez.
Me est√° utilizando para avergonzar a los dem√°s s√≥lo porque soy peque√Īo. El peque√Īajo sabe las respuestas, as√≠ que por qu√© vosotros no, grandullones.
Pero claro, Wiggin no se da cuenta todavía. Cree que tiene una escuadra de novatos incompetentes y rechazados. No ha tenido una oportunidad de ver que cuenta con un grupo selecto. Así que piensa que soy el más ridículo de tan triste patulea. Ha descubierto que no soy idiota, pero sigue dando por hecho que los otros lo son.
Wiggin mantenía los ojos fijos en él. Ah, sí, le había formulado una pregunta.
-Verdad, se√Īor -dijo Bean.
-Entonces, ¬Ņcu√°l es el argumento?
Debía escupirle de vuelta exactamente lo que les acababa de decir.
-Cuando se os ordene moveos, moveos rápido, para que si os congelan rebotéis por ahí en vez de entorpecer las operaciones de nuestra escuadra.
-Excelente. Al menos tengo un soldado que se entera de las cosas.
Bean se sent√≠a disgustado. ¬Ņ√Čste era el comandante que se supon√≠a que iba a convertir a la Drag√≥n en una escuadra legendaria? Se supon√≠a que Wiggin iba a ser el alfa y omega de la Escuela de Batalla, y est√° jugando a convertirme en el chivo expiatorio. Wiggin ni siquiera se ha interesado por nuestras notas, no ha discutido de sus soldados con los profesores. Si lo hubiera hecho, ya sabr√≠a que soy el ni√Īo m√°s listo de la escuela. Todos los dem√°s lo saben. Por eso se miran cortados unos a otros. Wiggin est√° revelando su propia ignorancia.
Bean se percató de que Wiggin parecía advertir el disgusto de sus propios soldados. Fue sólo un parpadeo, pero finalmente Wiggin quizás se había dado cuenta de que su plan para divertirse a costa del mas débil se volvía en contra suya. Porque por fin continuó con

el entrenamiento. Les ense√Ī√≥ a arrodillarse en el aire (incluso dispar√°ndose a las piernas para inmovilizarlas) y luego a disparar entre las rodillas mientras ca√≠an hacia el enemigo, de forma que las piernas se convert√≠an en un escudo que absorb√≠a el fuego y les permit√≠a disparar al descubierto durante per√≠odos de tiempo m√°s largos. Una buena t√°ctica, y Bean finalmente empez√≥ a pensar que Wiggin tal vez no ser√≠a un comandante desastroso despu√©s de todo. Pod√≠a sentir que los otros respetaban por fin a su nuevo comandante.
Cuando comprendieron eso, Wiggin se descongeló a sí mismo y a los soldados que había congelado en la demostración.
-Bien -dijo-, ¬Ņdonde est√° la puerta enemiga?
-¬°Abajo! -respondieron todos.
-¬ŅY cu√°l es nuestra posici√≥n de ataque?
Oh, vaya, pens√≥ Bean, como si todos pudi√©ramos dar una explicaci√≥n al un√≠sono. La √ļnica manera de responder era demostrarlo, as√≠ que Bean se separ√≥ de la pared, lanz√°ndose hac√≠a el otro lado mientras disparaba por entre las rodillas. No lo hizo a la perfecci√≥n (experiment√≥ un poco de rotaci√≥n en la ca√≠da) pero en conjunto, no estuvo mal para ser su primer intento de maniobra.
En ese momento, oyó que Wiggin gritaba a los demás:
-¬ŅEs que Bean es el √ļnico que sabe c√≥mo hacerlo?
Para cuando Bean lleg√≥ a la otra pared, el resto de la escuadra ca√≠a hacia √©l, gritando como si atacaran. S√≥lo Wiggin permaneci√≥ en el techo. Bean advirti√≥, divertido, que estaba orientado all√≠ de la misma manera que en el pasillo: la cabeza al ¬ęnorte¬Ľ, el antiguo ¬ęarriba¬Ľ. Puede que supiera la teor√≠a, pero en la pr√°ctica resultaba dif√≠cil olvidarse de la gravedad. Bean se hab√≠a encargado de orientarse de lado, la cabeza al oeste. Y los soldados que se le acercaban hicieron lo mismo, orient√°ndose a partir de √©l. Si Wiggin se dio cuenta, no dijo nada.
-¡Ahora volved aquí, y atacadme todos!
Inmediatamente su traje refulgente se encendió con el fuego de cuarenta armas que le disparaban. Toda la escuadra convergía hacia él.
-Ay -gimió Wiggin cuando llegaron-. Me habéis dado.
La mayoría se echó a reír.
-Bien, ¬Ņpara qu√© sirven vuestras piernas, en combate?
Para nada, dijeron algunos ni√Īos.
-Bean no piensa así -dijo Wiggin.
As√≠ que no va a dejarme en paz ni siquiera ahora. Bueno, ¬Ņqu√© es lo quiere o√≠r? Alguien murmur√≥ ¬ęescudos¬Ľ, pero Wiggin no contest√≥ as√≠ que deb√≠a de tener otra respuesta en mente.
-Son la mejor forma para impulsarnos en las paredes -dedujo Bean.
-Eso es.
-Venga ya, el impulso es movimiento, no combate -dijo Crazy Tom y unos cuantos se mostraron de acuerdo.
Oh, bueno, aqu√≠ empieza otra vez, pens√≥ Bean. Crazy Tom va a enzarzase en una discusi√≥n est√ļpida con el comandante, quien se cabrea con √©l y...
Pero Wiggin no se molestó por la corrección que hizo Crazy Tom. Tan sólo lo corrigió a su vez, con amabilidad.
-No hay combate sin movimiento. Ahora bien, con las piernas congeladas as√≠, ¬Ņpod√©is impulsaros en las paredes?
Bean no tenía ni idea. Los demás tampoco.

-¬ŅBean? -pregunt√≥ Wiggin. Naturalmente.
-Nunca lo he intentado, pero tal vez si te vuelves hacia la pared y te doblas por la cintura...
-S√≠, pero no. Observadme. Estoy de espaldas a la pared, con las piernas congeladas. Como estoy arrodillado, mis pies est√°n contra la pared. Normalmente, cuando te impulsas tienes que hacerlo hacia abajo, as√≠ que todo tu cuerpo se tensa como un muelle*, ¬Ņde acuerdo?
El grupo se ri√≥. Por primera vez, Bean advirti√≥ que quiz√°s Wiggin no era tan tonto al lograr que todo el grupo se riera del peque√Īo. Tal vez sab√≠a perfectamente que Bean era el m√°s listo de todos, y se hab√≠a referido a √©l como ejemplo para as√≠ poder controlar todo el resentimiento que los dem√°s ni√Īos sent√≠an hac√≠a √©l. Wiggin pretend√≠a, pues, que los dem√°s ni√Īos pensaran que estaba bien re√≠rse de Bean, despreciarlo aunque fuera listo.
Felicidades, Wiggin. Destruye la efectividad de tu mejor soldado, aseg√ļrate de que no lo respeta nadie.
Sin embargo, era m√°s importante aprender lo que ense√Īaba Wiggin que molestarse por el m√©todo que empleaba. As√≠ que Bean prest√≥ toda su atenci√≥n mientras Wiggin demostraba c√≥mo se pod√≠a despegar uno de la pared con las piernas inmovilizadas. Advirti√≥ que Wiggin giraba deliberadamente. De esa forma ser√≠a m√°s dif√≠cil disparar mientras volaba, pero tambi√©n ser√≠a m√°s dif√≠cil que un enemigo distante concentrara suficiente luz en ninguna parte de √©l para matarlo.
Puede que yo esté fastidiado, pero eso no significa que no pueda aprender.
Fue una práctica larga y agotadora, en la que ensayaron una y otra vez nuevas habilidades. Bean advirtió que Wiggin no estaba dispuesto a dejarles que aprendieran cada técnica por separado. Tenían que hacerlo todo a la vez, integrarlo en movimientos suaves y continuos. Como si bailáramos, pensó Bean. No aprendes a disparar y luego aprendes a lanzarte y luego a hacer un giro controlado: aprendes a lanzar-disparar-girar.
Al final acabaron todos sudorosos, agotados y enrojecidos, entusiasmados por haber aprendido cosas de las que nunca habían oído hablar a los otros soldados. Wiggin los reunió en la puerta inferior y anunció que tendrían otra práctica durante el tiempo libre.
-Y no me digáis que el tiempo libre se supone que es libre. Lo sé, y sois perfectamente libres de hacer lo que queráis. Simplemente os invito a una sesión de práctica extra y voluntaria.
Ellos se rieron. Este grupo estaba formado por ni√Īos que hab√≠an decidido no hacer las pr√°cticas extra en la sala de batalla con Wiggin, y √©l pretend√≠a hacerles entender que era preciso que cambiaran sus prioridades. Pero no importaba. Despu√©s de esta ma√Īana, sab√≠an que cuando Wiggin dirig√≠a una pr√°ctica, cada segundo era vital. No pod√≠an permitirse faltar a una sesi√≥n, o quedar√≠an muy retrasados. Wiggin se quedar√≠a con su tiempo libre. Ni siquiera Crazy Tom protest√≥ al respecto.
* Juego de palabras intraducible. Ender est√° empleando el t√©rmino string, cuerda o tend√≥n, string bean, habichuela verde, para mencionar el apodo del otro ni√Īo. (N. del T.)
Pero Bean sab√≠a que ten√≠a que cambiar su relaci√≥n con Wiggin en ese preciso instante, o no habr√≠a ninguna posibilidad de que pudiera ser l√≠der. Lo que Wiggin le hab√≠a hecho en la pr√°ctica de hoy, aprovecharse del resentimiento que los otros ni√Īos sent√≠an hacia el peque√Īo empoll√≥n, hab√≠a reducido en gran medida las posibilidades que tenia Bean de convertirse en uno de los l√≠deres de la escuadra: si los otros ni√Īos lo despreciaban, ¬Ņqui√©n lo seguir√≠a?
As√≠ que esper√≥ a que los otros ni√Īos se hubieran marchado para poder hablar a solas con Wiggin.
-Hola, Bean -dijo Wiggin.
-Hola, Ender -dijo Bean.
¬ŅAdvert√≠a Wiggin el sarcasmo con el que Bean hab√≠a pronunciado nombre? ¬ŅPor eso hizo una pausa antes de contestar?
-Se√Īor -dijo Wiggin en voz baja.
Oh corta el rollo, he visto esos vids, todos nos reímos de esos vids.
-S√© lo que est√° haciendo, Ender, se√Īor, y le advierto...
-¬ŅMe adviertes?
-Que puedo ser el mejor hombre que tenga, pero no juegue conmigo.
-¬ŅO qu√©?
-O seré el peor hombre que tenga. Una cosa u otra.
No es que Bean esperara que Wiggin entendiera lo que quer√≠a decir con eso: que Bean s√≥lo pod√≠a ser un gran soldado si ten√≠a la confianza y el respeto de Wiggin, o de lo contrario ser√≠a s√≥lo el ni√Īo peque√Īo, in√ļtil por completo. Wiggin probablemente entender√≠a que Bean pretend√≠a causar problemas si no lo utilizaba. Y tal vez, hasta cierto punto, era verdad.
-¬ŅY qu√© es lo que quieres? -pregunt√≥ Wiggin-. ¬ŅAmor y besos?
Díselo claro, para que no pueda fingir que no te entiende.
-Quiero un batallón.
Wiggin se acerc√≥ a Bean, lo mir√≥. Sin embargo, para Bean fue buena se√Īal que no se hubiera echado a re√≠r.
-¬ŅPor qu√© deber√≠as tener un batall√≥n?
-Porque sabría qué hacer con él.
-Saber qu√© hacer con un batall√≥n es f√°cil. Conseguir que obedezcan las √≥rdenes es lo dif√≠cil. ¬ŅPor qu√© querr√≠a ning√ļn soldado seguir a un capullo peque√Īito como t√ļ?
Wiggin había llegado al meollo de la cuestión. Pero a Bean no le gustó la forma maliciosa en que lo dijo.
-Tengo entendido que también le llamaban así. Parece que Bonzo Madrid todavía lo hace.
Wiggin no picó el anzuelo.
-Te he hecho una pregunta, soldado.
-Me ganar√© su respeto, se√Īor, si no me detiene.
Para su sorpresa, Wiggin sonrió.
-Te estoy ayudando. -Y un cuerno.
-Nadie se fijar√≠a en ti, excepto para sentir pena por el ni√Īo peque√Īito. Pero hoy me he asegurado de que todos te miren.
Tendr√≠as que haber investigado, Wiggin. Eres el √ļnico que no sabe qui√©n soy.
-Estar√°n observando cada movimiento que hagas -dijo Wiggin-. Lo √ļnico que tienes que hacer ahora para ganarte su respeto es ser perfecto.

-Entonces no tendré ninguna oportunidad para aprender antes de ser juzgado.
Así era como se demostraba el talento.
-Pobrecillo. Nadie lo trata con justicia.
La deliberada testarudez de Wiggin lo enfureció. ¡Eres más listo que eso, Wiggin!
Al percibir la ira de Bean, Wiggin extendió una mano y lo apretó firmemente contra la pared.
-Te diré cómo se consigue un batallón. Demuéstrame que sabes lo que haces como soldado. Demuéstrame que sabes cómo usar a otros soldados. Y luego demuéstrame que alguien más está dispuesto a seguirte a la batalla. Sólo entonces conseguirás tu batallón.
Bean no hizo caso de la mano que lo apretujaba. Haría falta mucho más para intimidarlo físicamente.
-De acuerdo -dijo-. Si éste es el trato, dentro de un mes me habré convertido en el jefe de un batallón.
Ahora le tocó a Wiggin el turno de enfurecerse. Agarró a Bean por la parte delantera de su traje refulgente, y lo alzó por la pared hasta que se miraron a la cara.
-Cuando digo que trabajo de una manera, Bean, entonces es que trabajo de esa manera.
Bean se limit√≥ a sonre√≠rle. Con la gravedad tan baja, a estas alturas de la estaci√≥n, levantar en vilo a los ni√Īos peque√Īos no supon√≠a ninguna demostraci√≥n de fuerza. Y Wiggin no era un mat√≥n. El no supon√≠a ninguna amenaza ser√≠a.
Wiggin lo soltó. Bean se deslizó por la pared y aterrizó suavemente sobre sus pies, rebotó un poquito y volvió a posarse. Wiggin se dirigió a la barra y se deslizó hasta otra cubierta. Bean había ganado este encuentro al conseguir molestar a Wiggin. Además, Wiggin era consciente de que no había sabido manejar bien la situación. No lo olvidaría. De hecho, era Wiggin quien había perdido algo de autoridad, y lo sabía, y trataría de recuperarla.
Yo no soy como t√ļ, Wiggin. Yo s√≠ doy a los dem√°s una oportunidad de aprender lo que hacen antes de insistir en la perfecci√≥n. Has metido la pata conmigo hoy, pero te dar√© una oportunidad de hacerlo mejor ma√Īana y al d√≠a siguiente.
Pero cuando Bean llegó a la barra y extendió la mano para agarrarse, advirtió que sus manos temblaban y le fallaban las fuerzas. Tuvo que detenerse un momento, apoyándose en la barra, hasta que se calmó.
No hab√≠a ganado aquel encuentro cara a cara con Wiggin. Incluso podr√≠a haber sido una estupidez. Wiggin lo hab√≠a herido con aquellos comentarios despectivos, al ponerlo en rid√≠culo. Bean hab√≠a estado estudiando a Wiggin como sujeto de su teolog√≠a personal, y hoy hab√≠a descubierto que durante todo ese tiempo Wiggin ni siquiera sab√≠a que √©l exist√≠a. Todo el mundo comparaba a Bean con Wiggin... pero al parecer Wiggin no se hab√≠a enterado o no le importaba siquiera. Hab√≠a tratado a Bean como si no fuera nada. Y despu√©s de haber trabajado tan duro todo el a√Īo para ganarse un respeto, a Bean no le resultaba f√°cil volver a ser nada. Eso le provocaba sentimientos que cre√≠a haber dejado atr√°s en Rotterdam. El miedo enfermizo a la muerte inminente. Aunque sab√≠a que all√≠ nadie alzar√≠a una mano contra √©l, todav√≠a recordaba que hab√≠a estado al borde de la muerte cuando se acerc√≥ a Poke y puso su vida en sus manos.
¬ŅEs eso lo que he hecho, una vez m√°s? Al incluirme en esta lista, he puesto mi futuro en manos de este ni√Īo. Contaba que √©l viera en m√≠ lo mismo que yo. Pero naturalmente, no pudo. Tengo que darle tiempo.
Si había tiempo. Porque los profesores se movían rápidamente y Bean tal vez no

dispondr√≠a de un a√Īo entero en esta escuadra para demostrar a Wiggin lo que val√≠a.