10 - Fisg√ďn

-No puedo ayudarles. No me facilitaron la información que les solicité.
-Le dimos los malditos sumarios.
-No me dieron nada y lo sabe. Y ahora viene a pedirme que eval√ļe a Bean por ustedes... pero no me dicen por qu√©, no me ofrecen ning√ļn contexto. Esperan una respuesta, pero me privan de los medios para proporcionarla.
-Frustrante, ¬Ņverdad?
-No para mí. Simplemente, no les daré ninguna respuesta.
-Entonces Bean est√° fuera del programa.
-Si han tomado una decisión, ninguna respuesta que yo les dé les hará modificarla, sobre todo porque se han asegurado de que mi respuesta no sea digna de confianza.
-Sabe usted m√°s de lo que me ha dicho, y debo saberlo.
-Qué maravilla. Al fin nos compenetrarnos a la perfección. Eso es exactamente lo que le he repetido yo en varias ocasiones.
-¬ŅOjo por ojo? Qu√© cristiano por su parte.
-Los no creyentes siempre quieren que los dem√°s act√ļen como cristianos.
-Tal vez no se haya enterado, pero hay una guerra en marcha.
-Una vez m√°s, lo mismo podr√≠a haberle dicho yo. Hay una guerra en marcha, aunque ustedes me mantienen al margen con sus est√ļpidos secretos. Como no hay ninguna prueba de que el enemigo f√≥rmico nos est√© espiando, ese secreto no tiene nada que ver con la guerra. Es el Triunvirato quien pretende conservar su poder sobre a humanidad. Y no tengo el m√°s m√≠nimo inter√©s en eso.
-Se equivoca. Esa información es confidencial para poder impedir que se lleven a cabo experimentos monstruosos.
-Sólo un idiota cierra la puerta cuando el lobo está ya dentro de granero.
-¬ŅTiene pruebas de que Bean sea el resultado de un experimento gen√©tico?
-¬ŅC√≥mo puedo demostrarlo, cuando me han impedido acceder a todas as pruebas? Adem√°s, lo que importa no es si tiene los genes alterados, sino qu√© podr√≠an llevarle a hacer esos cambios gen√©ticos, si es que realmente ha sido sometido a ellos. Sus pruebas fueron dise√Īadas para predecir el comportamiento de los seres humanos normales. Tal vez no puedan aplicarse a Bean.
-Si es tan impredecible, entonces no podemos confiar en él. Queda excluido.
-¬ŅY si es el √ļnico que puede ganar la guerra? ¬ŅLo expulsar√° del programa entonces?
Bean no quer√≠a meterse mucha comida en el cuerpo, no esa noche, as√≠ que la regal√≥ casi toda y entreg√≥ la bandeja limpia antes de que ning√ļn otro ni√Īo terminara. Que el

nutricionista sospechara si quería; necesitaba estar un rato a solas en los barracones.
Los ingenieros siempre hab√≠an instalado la salida de aire en la parte superior de la pared, sobre la puerta del pasillo. Por tanto, el aire deb√≠a fluir al interior de la habitaci√≥n desde el extremo opuesto, donde los camastros de m√°s no ten√≠an ning√ļn ocupante. Como no hab√≠a descubierto ning√ļn conducto en ese extremo de la habitaci√≥n, ten√≠a que estar ubicado bajo los camastros inferiores. No pod√≠a buscarlo cuando los dem√°s pudieran verlo, porque nadie deb√≠a saber que estaba interesado en los conductos de aire. Ahora, solo, se tir√≥ al suelo y en un momento logr√≥ hacer saltar la tapa. Trat√≥ de volver a ponerla, prestando atenci√≥n al ruido que causaba esa maniobra. Demasiado. La pantalla del respiradero tendr√≠a que quedarse fuera. La dej√≥ en el suelo junto a la abertura, pero apartada, para no tropezar con ella por accidente. Luego, para asegurarse, la sac√≥ de debajo del camastro y la desliz√≥ bajo el que ten√≠a enfrente.
Hecho. Entonces continuó sus actividades rutinarias.
Hasta la noche. Hasta que la respiraci√≥n de los otros ni√Īos le dijo que la mayor√≠a, si no todos, estaban dormidos.
Bean dorm√≠a desnudo, como casi todos los ni√Īos: su uniforme no lo delatar√≠a. Les hab√≠an dicho que llevaran las toallas cuando fueran y vinieran del ba√Īo durante la noche, as√≠ que Bean supuso que tambi√©n las toallas pod√≠an ser localizadas. Por tanto, cuando se levant√≥ del camastro, descolg√≥ la toalla de la percha y se envolvi√≥ en ella mientras trotaba hasta la puerta del barrac√≥n.
Nada fuera de lo corriente. Despu√©s de que apagaran las luces, ten√≠an permiso para ir al ba√Īo, aunque no deb√≠an tenerlo por costumbre, y Bean se hab√≠a asegurado de ir alguna que otra vez durante su estancia en la Escuela de Batalla. No estaba violando ninguna norma. Y era buena idea hacer su primera excursi√≥n con la vejiga vac√≠a.
Cuando regres√≥, si alguien estaba despierto, lo √ļnico que vio fue a un ni√Īo envuelto en una toalla que regresaba a su cama.
Pero pas√≥ de largo y se agach√≥ en silencio, para deslizarse bajo el √ļltimo camastro, donde le esperaba el conducto abierto. Dej√≥ la toalla en el suelo bajo la cama, de forma que s√≠ alguien se despertaba y se percataba de que el camastro de Bean estaba vac√≠o, advirtiera que faltaba la toalla y pensara que hab√≠a ido al cuarto de ba√Īo.
Introducirse en la abertura no fue menos doloroso en esa ocasi√≥n, pero una vez dentro Bean descubri√≥ que el ejercicio le hab√≠a venido bien. Pod√≠a deslizarse en √°ngulo, movi√©ndose siempre lo suficientemente despacio para no hacer ning√ļn ruido y evitar lastimarse la piel con cualquier enganche met√°lico. No deseaba dar explicaciones luego.
La oscuridad absoluta del conducto de aire lo oblig√≥ a tener presente a cada instante el mapa de la estaci√≥n. La d√©bil lucecita de los barracones s√≥lo le permit√≠a distinguir el emplazamiento de cada respiradero. Pero lo que importaba no era d√≥nde estaban situados los otros barracones de ese nivel. Bean ten√≠a que subir o bajar a una cubierta donde los profesores viv√≠an y trabajaban. A juzgar por la cantidad de tiempo que Dimak tardaba en llegar a su barrac√≥n las escasas ocasiones que una pelea entre los ni√Īos demandaba su atenci√≥n, Bean calculaba que su barrac√≥n se encontraba en otra cubierta. Y como Dimak llegaba siempre con la respiraci√≥n algo entrecortada, Bean tambi√©n supon√≠a que era una cubierta por debajo de su nivel, no por encima: para alcanzarlos. Dimak ten√≠a que subir una escalera, no deslizarse por una barra.
Sin embargo, Bean no tenía ninguna intención de bajar primero. Tenía que comprobar si podía subir con éxito a una cubierta superior antes de arriesgarse a quedar atrapado en una inferior.

As√≠ que cuando por fin, despu√©s de dejar atr√°s tres barracones, llego, a un pozo vertical, no baj√≥. En cambio, sonde√≥ las paredes para comprobar si eran mucho m√°s grandes que las horizontales. En efecto, el espacio que hab√≠a entre ellas era considerablemente m√°s amplio: Bean no llegaba de un lado a otro. Pero s√≥lo era un poco m√°s profundo. Eso estaba bien. Siempre que no se esforzara y sudara demasiado, la fricci√≥n entre su piel y las paredes delanteras y traseras del conducto le permitir√≠an subir poco a poco. Y en el conducto vertical, era posible mirar hacia delante, con lo que pod√≠a dar a su cuello un peque√Īo respiro despu√©s de estar tanto tiempo vuelto hac√≠a un lado.
Hacia abajo era casi tan difícil como hacia arriba, porque una vez que empezó a resbalar fue más difícil detenerse. También era consciente de que cuanto más bajaba, más pesado se volvía. Y tenía que ir comprobando el estado de la pared, en busca de otro conducto lateral.
Pero no tuvo que hacerlo palpando, despu√©s de todo. Pod√≠a distinguir el conducto lateral, porque entraba luz en ambas direcciones. Los profesores no observaban las mismas reglas para apagar las luces que los estudiantes, y sus habitaciones eran m√°s peque√Īas, as√≠ que hab√≠a un mayor n√ļmero de respiraderos y se filtraba m√°s luz al conducto.
En la primera habitación, un profesor estaba despierto, ocupado con su consola. El problema era que Bean, asomado a la pantalla del respiradero cerca de la puerta, no podía ver nada de lo que tecleaba.
Le ocurriría lo mismo en todas las habitaciones. Los respiraderos del suelo no le servirían. Tenía que meterse en el sistema de toma de aire.
Volvi√≥ al conducto vertical. El viento ven√≠a desde abajo, y por tanto ten√≠a que ir hacia all√≠ para cruzar de un sistema a otro. Su √ļnica esperanza era que el sistema de conducci√≥n tuviera una puerta de acceso antes de llegar a los ventiladores, y que pudiera encontrarla en la oscuridad.
Siguiendo la corriente de aire, mucho m√°s liviano despu√©s de subir siete cubiertas, finalmente lleg√≥ a una zona m√°s ancha con una peque√Īa franja de luz. Los ventiladores eran mucho m√°s potentes, pero todav√≠a no pod√≠a verlos. No importaba. Se apartar√≠a de ese viento.
La puerta de acceso estaba claramente indicada. También podía estar programada para disparar la alarma en caso de que se abriera. Pero lo dudaba. En Rotterdam sí que había esa clase de mecanismos para protegerse contra los rateros. Los robos con escalo no representaban un grave problema en las estaciones espaciales. Esa puerta sólo dispondría de una alarma si todas las puertas de la estación estaban dotadas de alarmas. Pronto lo descubriría.
Abrió la puerta, salió a un espacio tenuemente iluminado, y la cerró tras él.
Desde allí, podía observar la estructura de la estación: las vigas, las secciones de placas de metal. No había ninguna superficie sólida. La habitación era también mucho más fría, y no sólo porque se hubiera apartado del viento caliente. El frío del espacio se extendía al otro lado de esas placas curvas. Los calefactores tal vez estuvieran situados en esa cámara, pero el aislamiento era muy bueno, y no se habían molestado en bombear mucho aire caliente en este lugar, confiando en cambio en que el calor se filtrara. Bean no había pasado tanto frío desde Rotterdam... pero comparado con llevar ropas finas en las calles mientras soplaba el viento invernal del mar del Norte, aquello era casi una brisa balsámica. A Bean le molestó haberse acomodado tanto en este sitio, en preocuparse por un frío tan ligero. Y sin embargo tiritó un par de veces. Ni siquiera en Rotterdam estuvo desnudo.
Siguiendo los conductos, subió la escalerilla de los trabajadores hasta los calefactores

y luego encontró los conductos de toma de aire y los siguió hacia abajo. Fue bastante fácil encontrar una puerta de acceso y entrar en el principal conducto vertical.
Como el aire del sistema no tenía que soportar presión positiva, los conductos no tenían que ser tan estrechos. Además, ésa era la parte del sistema donde había que detener y eliminar la suciedad, así que era importante mantener la capacidad de acceso; para cuando el aire pasaba los hornos, estaba ya limpio. Por tanto, en vez de subir y bajar por conductos estrechos, Bean bajó tranquilamente por una escalerilla, donde había suficiente luz para leer sin dificultad los carteles que anunciaban a qué cubierta daba cada abertura.
En realidad, los pasillos laterales no eran conductos, sino que ocupaban todo el espacio entre el techo de un pasillo y el suelo del superior. Todos los cables se encontraban allí, así como todas las tuberías: agua caliente, agua fría, sistema de drenaje. Y además de las franjas de tenues luces de trabajo, el espacio estaba frecuentemente iluminado por respiraderos, situados a ambos lados, las mismas estrechas franjas de aberturas que Bean había visto desde el suelo en su primera excursión.
En ese momento pudo ver f√°cilmente las habitaciones de cada profesor. Sigui√≥ arrastr√°ndose, haciendo el menor ruido posible, una habilidad que hab√≠a perfeccionado husmeando por Rotterdam. Enseguida encontr√≥ lo que buscaba: un profesor que estaba despierto, pero no trabajaba con su consola. Bean no lo conoc√≠a bien, porque supervisaba a un grupo mayor de novatos y no impart√≠a ninguna de las clases a las que √©l asist√≠a. Se dirig√≠a hacia la ducha. Eso significaba que volver√≠a a la habitaci√≥n y, tal vez, pondr√≠a la consola en marcha, lo que le permitir√≠a a Bean tener una oportunidad de conocer su nombre de conexi√≥n y su contrase√Īa.
Sin duda, los profesores cambiaban de contrase√Īa a menudo, as√≠ que lo que consiguiera no durar√≠a mucho. A√ļn m√°s, siempre era posible que al intentar usar la clave de un profesor con la consola de un estudiante se disparara alg√ļn tipo de alarma. Pero Bean lo dudaba. Todo el sistema de seguridad estaba dise√Īado para mantener controlados a los estudiantes, para estudiar su conducta. Los profesores no ser√≠an vigilados tan de cerca. Sol√≠an trabajar con sus consolas a alguna hora que tuvieran libre y se conectaban a las consolas de los estudiantes durante el d√≠a para resolverles alg√ļn problema o proporcionarles recursos inform√°ticos m√°s personalizados. Bean estaba casi seguro de que el riesgo de ser descubierto quedaba compensado por los beneficios de usurpar la personalidad de un profesor.
Mientras esperaba, oy√≥ voces unas cuantas habitaciones m√°s arriba. No estaba lo bastante cerca para distinguir las palabras. ¬ŅIba a dejar pasar la oportunidad de averiguar la identidad del maestro que se duchaba?
Momentos después se asomó a la habitación de... el propio Dimak. Estaba hablando con un hombre cuya imagen holográfica flotaba en el aire sobre su consola. El coronel Graff, advirtió Bean. El comandante de la Escuela de Batalla.
-Mi estrategia fue bastante simple -decía Graff-. Cedí y le permití acceder al material que quería. Ella tenía razón, no puedo obtener una respuesta satisfactoria por su parte a menos que le deje ver los datos que solicita.
-¬ŅLe dio alguna respuesta?
-No, es demasiado pronto. Pero me formuló una pregunta muy buena.
-¬ŅCu√°l?
-Si el ni√Īo es realmente humano.
-Oh, venga ya. ¬ŅCree que es una larva de insector con un traje humano?
-No tiene nada que ver con los insectores. Genéticamente mejorado. Eso explicaría

muchas cosas.
-Pero seguiría siendo humano, entonces.
-¬ŅNo es eso discutible? La diferencia entre humanos y chimpanc√©s es m√≠nima, desde el punto de vista gen√©tico. Entre los humanos y los neandertales ten√≠a que ser insignificante. ¬ŅCu√°nta diferencia har√≠a falta para que fuera una especie distinta?
-Resulta interesante, en términos filosóficos, pero en la práctica...
-En la pr√°ctica, no sabemos lo que har√° este ni√Īo. No se dispone ning√ļn dato sobre su especie. Es un primate, lo cual sugiere ciertas regularidades, pero no podemos presuponer nada sobre sus motivaciones porque...
-Se√Īor, con el debido respeto, sigue siendo un ni√Īo. Es un ser humano. No es ning√ļn alien√≠gena...
-Eso es precisamente lo que tenemos que averiguar antes de de terminar hasta qué punto podemos fiarnos de él, Y es por esto por lo que tiene que vigilarle con mucha más atención. Tiene que lograr que entre en el juego mental, como sea. Porque no podemos utilizarlo hasta que sepamos en qué medida podemos confiar en él.
Era interesante que ellos mismos lo llamaran el juego mental, pensó Bean.
Entonces advirti√≥ lo que estaban diciendo. ¬ęTiene que lograr que entre en el juego mental¬Ľ Por lo que Bean sab√≠a, √©l era el √ļnico ni√Īo que no jugaba al juego de fantas√≠a. Estaban hablando de √©l. Una nueva especie. Gen√©ticamente alterado. Bean sinti√≥ su coraz√≥n latirle en el pecho. ¬ŅQu√© era √©l? No era s√≥lo listo, sino... diferente.
-¬ŅQu√© hay de la filtraci√≥n de seguridad? -pregunt√≥ Dimak.
-Eso es el otro tema. Tiene usted que descubrir qu√© sabe. O al menos hasta qu√© punto es probable que lo cuente a los otros ni√Īos. √Čse es el mayor peligro ahora mismo. ¬ŅLa posibilidad de que el ni√Īo sea el comandante que necesitamos compensa el riesgo que supone quebrantar la seguridad y colapsar el programa? Cre√≠ que con Ender ten√≠amos una apuesta a largo plazo de todo o nada, pero √©ste hace que Ender parezca una apuesta segura.
-No cre√≠a que fuera usted jugador, se√Īor.
-No lo soy. Pero a veces uno se ve obligado a jugar.
-Estoy en ello, se√Īor.
-Codifique todo lo que me envíe sobre él. Sin nombres. Ninguna discusión con los otros profesores aparte de lo normal. Controle el tema.
-Por supuesto.
-Si la √ļnica forma de derrotar a los insectores es sustituirnos por una nueva especie, Dimak, ¬Ņhabremos salvado entonces realmente a la humanidad?
-Un ni√Īo no es ning√ļn sustituto para una especie -replic√≥ Dimak.
-El pie en la puerta. El morro del camello que se asoma a la tienda. Si les das a ellos una pulgada... -¬ŅEllos, se√Īor?
-Sí, soy paranoico y xenófobo. Así es como conseguí este trabajo. Cultive esas virtudes y también usted podrá alcanzar mi cómodo puesto.
Dimak se echó a reír. Graff no. Su cabeza desapareció de la pantalla.
A pesar de aquella conversaci√≥n, Bean record√≥ que estaba esperando conseguir una contrase√Īa. As√≠ que regres√≥ arrastr√°ndose a la otra habitaci√≥n.
El profesor no había vuelto de la ducha.
¬ŅDe qu√© fallo de seguridad estaban hablando? Deb√≠a de haber sido reciente, pues lo discut√≠an con apremio. Lo m√°s probable es que guardara relaci√≥n con la conversaci√≥n que hab√≠a mantenido con Dimak. Y, sin embargo, se hab√≠a equivocado al suponer que la batalla ya hab√≠a tenido lugar, porque de lo contrario Dimak y Graff no estar√≠an discutiendo si √©l era

o no el √ļnico que podr√≠a derrotar a los insectores. Si los insectores no hab√≠an sido derrotados a√ļn, el fallo de seguridad ten√≠a que ser otra cosa. Pod√≠a ser, en efecto, que la conclusi√≥n a la que hab√≠a llegado fuera cierta en parte, y la Escuela de Batalla existiera tanto para despojar a la Tierra de buenos comandantes como para derrotar a los insectores. El temor de Graff y Dimak podr√≠a ser que Bean hiciera part√≠cipes a los otros ni√Īos del secreto. En algunos de ellos, al menos, podr√≠a volver a encender el sentimiento de lealtad hac√≠a la naci√≥n o hac√≠a el grupo √©tnico o la ideolog√≠a de sus padres.
Como Bean hab√≠a estado planeando sondear la lealtad de los otros estudiantes en los siguientes meses y a√Īos, ahora tendr√≠a que ser el doble de cauteloso para no dejar que sus conversaciones llamaran la atenci√≥n de los profesores. Todo lo que necesitaba saber era cu√°l de los ni√Īos mejores y m√°s inteligentes sent√≠an mayor lealtad hac√≠a sus hogares. Naturalmente, para eso Bean tendr√≠a que descubrir c√≥mo funcionaba la lealtad, para de este modo tener alguna idea de c√≥mo debilitarla o fortalecerla, c√≥mo explotarla o darle la vuelta.
Pero el hecho de que su primera conclusi√≥n pudiera explicar las palabras de Graff y Dimak no significaba que fuera acertada. Y como la √ļltima guerra insectora no se hab√≠a librado todav√≠a, tampoco significaba que estuviera completamente equivocado. Podr√≠an, por ejemplo, haber enviado una flota contra el mundo natal insector hac√≠a a√Īos, pero seguir formando comandantes para repeler una flota de invasi√≥n que se acercara a la Tierra. En ese caso, el fallo de seguridad que Graff y Dimak tem√≠an era que Bean asustara a los otros haci√©ndoles saber lo urgente y apurada que era la situaci√≥n de la humanidad.
Lo ir√≥nico era que de todos los ni√Īos que Bean hab√≠a conocido en su vida, ninguno pod√≠a guardar un secreto tan bien como √©l. Ni siquiera Aquiles, pues al rehusar compartir el pan de Poke hab√≠a revelado su juego.
Bean era capaz de mantener un secreto, pero tambi√©n sab√≠a que hay ocasiones en que tienes que dar a entender algo de lo que sabes para conseguir m√°s informaci√≥n. Eso era lo que hab√≠a instado la conversaci√≥n que hab√≠a mantenido con Dimak. Era peligroso, pero a la larga, si pod√≠a impedir que lo apartaran de la escuela para silenciarlo (por no mencionar impedir que lo mataran), habr√≠a aprendido informaci√≥n m√°s importante que la que ellos le hab√≠an facilitado. Al final, lo √ļnico que ellos podr√≠an aprender de √©l quedaba limitado a s√≠ mismo. Y lo que √©l aprend√≠a sobre ellos no era tan s√≥lo informaci√≥n personal, sino que se extend√≠a a un campo de un conocimiento mucho m√°s grande.
√Čl. √Čse era el puzzle al que se enfrentaban, qui√©n era. Era una tonter√≠a preocuparse por si era humano. ¬ŅQu√© otra cosa pod√≠a ser? Nunca hab√≠a visto a ning√ļn ni√Īo mostrar ning√ļn deseo o sentimiento que √©l mismo no hubiera experimentado. La √ļnica diferencia era que Bean era m√°s fuerte, y no dejaba que sus necesidades y pasiones controlaran sus actos. ¬ŅLo convert√≠a eso en alien√≠gena? Era humano... s√≥lo que mejor que la mayor√≠a.
El profesor volvi√≥ a la habitaci√≥n. Colg√≥ su toalla h√ļmeda, pero incluso antes de vestirse se sent√≥ y conect√≥ su consola. Bean vio c√≥mo sus dedos se mov√≠an sobre las teclas. Era muy r√°pido. Un destello de golpes. Tendr√≠a que repasar el recuerdo en su mente muchas veces para estar seguro. Pero al final lo hab√≠a visto: nada obstru√≠a su visi√≥n.
Bean regresó hacia el pozo vertical. La expedición de esta noche ya lo había llevado hasta donde se atrevía. Necesitaba dormir, y cada minuto fuera del barracón aumentaba el riesgo de ser descubierto.
De hecho, hab√≠a tenido mucha suerte en su primera expedici√≥n por los conductos. Poder o√≠r a Dimak y a Graff conversando acerca de √©l, descubrir a un maestro que le brindaba la gran oportunidad de ver su contrase√Īa. Por un momento, a Bean se le pas√≥ por

la mente que tal vez supieran que estaba en el sistema de ventilación, y que lo habían preparado todo, para ver qué hacía. Podría ser un experimento más.
No. Hab√≠a sido por azar que el profesor le hab√≠a mostrado su contrase√Īa. Bean hab√≠a decidido observarlo porque iba a ducharse, porque su consola estaba colocada sobre una mesa de tal forma que Bean tuvo una razonable posibilidad de verlo escribir. Hab√≠a sido una elecci√≥n inteligente por su parte. Hab√≠a corrido el riesgo, y se hab√≠a aprovechado de las circunstancias.
En cuanto a Dimak y Graff, podr√≠a haber sido casualidad el haberlos o√≠do hablar, pero fue √©l quien decidi√≥ acercarse para escucharlos. Y, ahora que lo pensaba, hab√≠a resuelto ir a explorar los conductos precisamente por el mismo hecho que hab√≠a preocupado tanto a Graff y Dimak. No era ninguna sorpresa que su conversaci√≥n tuviera lugar despu√©s de que las luces se apagaran para los ni√Īos: entonces era cuando las cosas empezaban a calmarse, y, con los deberes cumplidos, habr√≠a tiempo para conversar sin que Graff llamara a Dimak a una reuni√≥n extraordinaria que podr√≠a provocar preguntas en la mente de los otros profesores. No era suerte, en realidad: Bean hab√≠a forjado su propia suerte. Vio la conexi√≥n y escuch√≥ la conversaci√≥n porque no hab√≠a vacilado en entrar en el sistema de ventilaci√≥n. Sin duda, hab√≠a sido r√°pido en actuar.
Siempre forjaba su propia suerte.
Tal vez era algo que acompa√Īaba a la alteraci√≥n gen√©tica de la que hab√≠a hablado Graff, fuera cual fuese.
Ella, habían dicho. Ella había formulado la pregunta de si Bean era genéticamente humano. Una mujer que buscaba información, y Graff había cedido, le había dado permiso para acceder a hechos que le estaban ocultos. Eso significaba que recibiría más respuestas de esa mujer cuando empezara a manejar esos nuevos datos. Más respuestas sobre el origen de Bean.
¬ŅPodr√≠a ser sor Carlotta quien hab√≠a dudado de la humanidad de Bean?
¬ŅSor Carlotta, que llor√≥ cuando la dej√≥ y vino al espacio? ¬ŅSor Carlotta, que lo amaba como una madre ama a su hijo? ¬ŅC√≥mo pod√≠a dudar de √©l?
Si quer√≠an encontrar a un humano inhumano, un alien√≠gena en un traje humano, deber√≠an echar un buen vistazo a una monja que abraza a un ni√Īo como si fuera suyo, y luego va por ah√≠ sembrando dudas sobre si es un ni√Īo de verdad. Lo contrario del cuento de Pinocho, toca a un ni√Īo de verdad y lo convierte en algo espantoso y temible.
No pod√≠an haber estado hablando de sor Carlotta. Ser√≠a otra mujer. Haber pensado que pod√≠a tratarse de ella era, simplemente, un error, igual que haber supuesto que la √ļltima batalla con los insectores ya hab√≠a tenido lugar. Por eso Bean nunca se fiaba del todo de sus propias conclusiones. Actuaba conforme a ellas, pero siempre dejaba abierta la posibilidad de que sus interpretaciones pudieran ser equivocadas.
Adem√°s, no era su problema descubrir si era humano o no. Fuera lo que fuese, era √©l mismo y deb√≠a actuar de manera que no s√≥lo continuara vivo, sino que lograra controlar su futuro tanto como le fuera posible. El √ļnico peligro al que se enfrentaba era que ellos s√≠ se mostraban preocupados por el hecho de que pudiera haber sido sometido a una alteraci√≥n gen√©tica. Por tanto, Bean deb√≠a procurar parecer tan normal que sus miedos sobre ese asunto quedaran zanjados.
Pero ¬Ņc√≥mo pod√≠a pretender ser normal? No hab√≠a ingresado en la Escuela de Batalla por ser normal, sino por ser extraordinario. Ya puestos lo mismo ocurr√≠a con todos los otros ni√Īos. Y el colegio los presionaba tanto que algunos adoptaban un car√°cter muy extra√Īo. Como Bonzo Madrid, con su deseo de venganza a voces contra Ender Wiggin. As√≠ que, de

hecho, Bean no deber√≠a parecer normal, sino extra√Īo, pero del modo esperado.
Era imposible falsear eso. Todav√≠a desconoc√≠a qu√© signos buscaban los profesores en la conducta de los ni√Īos de por all√≠. Podr√≠a descubrir diez cosas por hacer, y hacerlas, sin averiguar nunca que hab√≠a noventa detalles que no hab√≠a advertido.
No, lo que tenía que hacer no era actuar de un modo predecible, sino convertirse en lo que ellos esperaban que fuera su comandante perfecto.
Cuando regres√≥ a su barrac√≥n, se meti√≥ en el camastro y mir√≥ qu√© hora era, se dio cuenta de que hab√≠a estado fuera menos de sesenta minutos. Guard√≥ su consola y se qued√≥ tumbado, repasando mentalmente la imagen de los dedos del profesor, mientras se conectaba. Cuando estuvo razonablemente seguro de cu√°les eran la clave y la contrase√Īa, se relaj√≥ y procur√≥ dormir.
S√≥lo entonces, cuando empezaba a conciliar el sue√Īo, resolvi√≥ cu√°l ser√≠a su camuflaje perfecto para acabar con los miedos de los profesores y conseguir a la vez seguridad y progreso.
Tenía que convertirse en Ender Wiggin.