8 - Buen estudiante



-¬ŅNo juega para nada al juego de fantas√≠a?
-No ha llegado a elegir un personaje, y mucho menos a atravesar el portal.
-No es posible que no lo haya descubierto.
-Volvió a formatear las preferencias de su consola para que la invitación no siga apareciendo.
-De lo cual se deduce...
-Sabe que no es un juego. No quiere que analicemos cómo funciona su mente.
-Y sin embargo quiere que lo promocionemos.
-Eso no lo sé. Se entierra en sus estudios. En estos tres meses ha sacado unas notas brillantes en todas las pruebas. Pero sólo lee el material de las lecciones una vez. Las materias que estudia son de su propia elección.
-¬ŅComo cu√°les?
-Vauban.
-¬ŅFortificaciones del siglo diecisiete? ¬ŅEn qu√© est√° pensando?
-¬ŅVe el problema?
-¬ŅC√≥mo se lleva con los otros ni√Īos?
-Creo que la descripci√≥n cl√°sica es ¬ęsolitario¬Ľ. Es amable. No ofrece nada voluntariamente. S√≥lo pide lo que le interesa. Los novatos con los que va piensan que es raro. Saben que saca mejores puntuaciones que ellos en todo, pero no lo odian. Lo tratan como a una fuerza de la naturaleza. No son amigos, pero tampoco enemigos.
-Eso es importante, que no lo odien. Deberían hacerlo, si se mantiene tan apartado.

-Creo que es una habilidad que aprendi√≥ en la calle: mitigar la furia. √Čl mismo no se enfada nunca. Tal vez por eso dejaron de burlarse de su altura.
-Nada de lo que me est√° usted diciendo sugiere que tenga capacidad de mando.
-Si piensa que él intenta demostrarnos su capacidad de mando y fracasa, entonces usted tiene razón.
-Entonces... ¬Ņqu√© cree que est√° haciendo?
-Analiz√°ndonos.
-Recopila informaci√≥n sin ofrecer ninguna. ¬ŅDe verdad cree que es tan rebuscado?
-Sobrevivió en las calles.
-Creo que es hora de que sondee un poco.
-¬ŅY hacerle saber que su reticencia nos molesta?
-Si es tan listo como usted piensa, ya lo sabe.

A Bean no le importaba estar sucio. Despu√©s de todo, hab√≠a pasado a√Īos sin ba√Īarse. Unos cuantos d√≠as no le molestaban. Y si a los dem√°s les importaba, se guardaban sus opiniones para s√≠. Ya ten√≠an otro chismorreo sobre √©l. ¬°Es m√°s peque√Īo y m√°s joven que Ender! ¬°Saca las mejores puntuaciones en todas las pruebas! ¬°Apesta como un cerdo!
El tiempo que se dedicaba a la ducha era precioso. Era cuando √©l pod√≠a conectar su consola como uno de los otros ni√Īos, mientras los dem√°s se duchaban. Estaban desnudos, s√≥lo llevaban sus toallas a la ducha, por lo que sus uniformes no los identificaban. Durante ese lapso Bean pod√≠a conectar y explorar el sistema con total libertad; los profesores no pod√≠an saber que estaba aprendiendo los trucos. Dud√≥ un poco, s√≥lo un poco, cuando modific√≥ las preferencias, a fin de que no tuviera que enfrentarse a aquella est√ļpida invitaci√≥n a jugar su juego mental cada vez que cambiaba de tarea en su consola. Pero no era algo muy dif√≠cil, y decidi√≥ que no se alarmar√≠an demasiado por haberlo descubierto.
Hasta ahora, Bean hab√≠a descubierto s√≥lo unos pocos datos realmente √ļtiles, pero le parec√≠a que estaba a punto de derribar murallas m√°s importantes. Sab√≠a que hab√≠a un sistema virtual que los estudiantes ten√≠an que romper. Hab√≠a le√≠do leyendas sobre c√≥mo Ender (naturalmente) hab√≠a descifrado el sistema el primer d√≠a y firmado como Dios; sin embargo, era consciente de que, aunque Ender hubiera sido inusitadamente r√°pido al respecto, √©l no iba a hacer nada que no se esperara de un estudiante brillante y ambicioso.
El primer logro de Bean fue encontrar la forma en que el sistema de los profesores seguía la actividad informática de los estudiantes. Al evitar las acciones de las que se informaba inmediatamente a los profesores, pudo crear un área de archivos privados que no advertirían a menos que la buscaran deliberadamente. Entonces, cada vez que encontraba algo interesante en la red haciéndose pasar por otra persona, recordaba la ubicación, iba y descargaba la información en su área segura y trabajaba en ella a placer... mientras su consola informaba que estaba leyendo obras de la biblioteca. La verdad era que leía aquellas obras, por supuesto, pero con mucha más rapidez de lo que informaba su consola.
Con toda esa preparaci√≥n, Bean esperaba realizar verdaderos progresos. No obstante, muy pronto se top√≥ con los cortafuegos: informaci√≥n que el sistema ten√≠a, pero que no estaba disponible. Encontr√≥ varios rodeos. Por ejemplo, no pudo hallar ning√ļn mapa sobre el conjunto de la estaci√≥n s√≥lo de las zonas accesibles a los estudiantes, y √©stos eran siempre diagramas y bocetos, confeccionados deliberadamente a una escala inadecuada. Pero tambi√©n encontr√≥ una serie de mapas de emergencia en un programa que los mostraba de forma autom√°tica en las paredes de los pasillos, por si se produc√≠a una emergencia de p√©rdida de presi√≥n; en ellos estaban dibujadas las compuertas de seguridad m√°s cercanas. Esos mapas s√≠ estaban a escala, y al combinarlos con un solo mapa en su √°rea segura, pudo crear un esquema de toda la estaci√≥n. S√≥lo estaban marcadas las compuertas, naturalmente, pero descubri√≥ un sistema paralelo de pasillos a ambos lados de la zona de estudiantes. La estaci√≥n deb√≠a de ser no una, sino tres ruedas paralelas, que se entrecruzaban en muchos puntos. Ah√≠ era donde viv√≠an los profesores y el personal, donde se ubicaba el equipo de soporte vital, las comunicaciones con la flota. Lo malo era que dispon√≠an de unos sistemas de circulaci√≥n de aire separados. Los canales de uno no conduc√≠an a ninguno de los otros. Lo que significaba que, aunque con toda probabilidad podr√≠a espiar todo lo que pasaba en la rueda de los estudiantes, las otras ruedas quedaban fuera de su alcance.
Sin embargo, incluso dentro de la rueda de los estudiantes, había muchos lugares secretos que explorar. Los estudiantes tenían acceso a cuatro cubiertas, más el gimnasio

bajo la Cubierta-A y la sala de batalla sobre la Cubierta-D. No obstante, había nueve cubiertas, dos bajo la Cubierta-A y tres sobre la D. Esos espacios tenían que utilizarse para algo. Y si pensaban que merecía la pena ocultarlos a los estudiantes, Bean supuso que merecía la pena explorarlos.
Tendr√≠a que empezar a explorar pronto. Sus ejercicios lo estaban volviendo m√°s fuerte, y se conservaba delgado al no comer demasiado: era incre√≠ble cu√°nta comida intentaban obligarle a comer, y segu√≠an aumentando sus raciones, probablemente porque no hab√≠a ganado tanto peso como pretend√≠an que ganara. Pero lo que no pod√≠a controlar era su crecimiento en altura. No podr√≠a franquear los conductos dentro de poco... o quiz√°s no pod√≠a en ese preciso instante. Sin embargo, usar el sistema de aire para acceder a las cubiertas ocultas no era algo que pudiera hacer durante las duchas. Eso significar√≠a perder sue√Īo. As√≠ que segu√≠a posponi√©ndolo; alg√ļn d√≠a le ser√≠a posible.
Hasta que una ma√Īana muy temprano Dimak lleg√≥ a los barracones y anunci√≥ que todo el mundo ten√≠a que cambiar su contrase√Īa de inmediato. Lo deb√≠an hacer de espaldas al resto de los alumnos, y no ten√≠an que decirle a nadie cu√°l era la nueva contrase√Īa.
-Nunca la introduzc√°is donde alguien pueda veros -dijo.
-¬ŅAlguien ha estado utilizando las contrase√Īas de los dem√°s? -pregunt√≥ un ni√Īo. Por el tono en que lo dijo, seguro que le parec√≠a una idea repugnante. ¬°Qu√© desfachatez! A Bean le entraron ganas de echarse a re√≠r.
-Debe cambiarlas todo el personal de la F.I., as√≠ que bien podr√≠ais empezar a acostumbraros ahora -dijo Dimak-. Todo el que utilice la misma contrase√Īa durante m√°s de una semana aparecer√° en la lista negra.
Pero Bean dedujo que hab√≠an descubierto lo que estaba haciendo. Eso significaba que probablemente hab√≠an examinado sus sondeos durante las √ļltimas semanas y que sab√≠an lo que hab√≠a averiguado. Puso la consola en marcha y borr√≥ su directorio de archivos seguros, por si exist√≠a la posibilidad de que no lo hubieran descubierto todav√≠a. Todo lo que realmente necesitaba de all√≠ lo hab√≠a memorizado ya. Nunca volver√≠a a confiar en la consola para algo que su memoria pudiera almacenar.
Después de desnudarse y envolverse en la toalla, Bean se encaminó hacia las duchas con los demás. Pero Dimak lo detuvo en la puerta.
-Hablemos -dijo.
-¬ŅQu√© hay de m√≠ ducha?
-¬ŅQu√© ocurre? ¬ŅDe repente te preocupa la higiene?
Bean esper√≥ la reprimenda por robar contrase√Īas. Sin embargo, Dimak se sent√≥ a su lado en un camastro junto a la puerta y le formul√≥ preguntas mucho m√°s generales.
-¬ŅC√≥mo te va por aqu√≠?
-Bien.
-Sé que tus puntuaciones en las pruebas son satisfactorias, pero me preocupa que no estés haciendo muchos amigos.
-Tengo un montón de amigos.
-Quieres decir que conoces el nombre de un montón de gente y no te peleas con nadie.
Bean se encogió de hombros. No le gustaban estas preguntas más de lo que le habría gustado que le preguntaran cómo utilizaba su ordenador.
-Bean, el sistema que empleamos fue dise√Īado por un motivo. Consideramos varios factores cuando hemos de tomar nuestras decisiones referidas a las dotes de mando de los estudiantes. El trabajo en clase es una parte importante. Pero tambi√©n lo es el liderazgo.

-Todo el mundo aqu√≠ est√° plenamente capacitado para liderar, ¬Ņno?
Dimak se echó a reír.
-Bueno, es cierto, pero no podéis ser líderes todos a la vez.
-Tengo la altura de un ni√Īo de tres a√Īos -constat√≥ Bean-. No creo que muchos ni√Īos est√©n ansiosos por empezar a saludarme.
-Pero podr√≠as estar construyendo tu c√≠rculo de amistades. Los otros ni√Īos lo hacen. T√ļ no.
-Supongo que no tengo lo que hace falta para ser comandante.
Dimak alzó una ceja.
-¬ŅTratas de decirme que quieres que te despidan?
-¬ŅAcaso mis puntuaciones sugieren que tengo intenci√≥n de suspender?
-¬ŅQu√© es lo que quieres? -pregunt√≥ Dimak-. No juegas con la consola, como los otros ni√Īos. Tu programa de ejercicios es extra√Īo, aunque sabes que el programa est√°ndar est√° dise√Īado para fortaleceros para la sala de batalla. ¬ŅSignifica eso que tampoco pretendes jugar a ese juego? Porque si eso es lo que pretendes, se te expulsar√° de verdad. Es el principal medio de que disponemos para evaluar las dotes de mando. Por eso toda la vida de la escuela gira alrededor de las escuadras.
-Lo haré bien en la sala de batalla -aseguró Bean.
-Si piensas que puedes hacerlo sin preparación, te equivocas. Una mente rápida no puede sustituir a un cuerpo fuerte y ágil. No tienes ni idea de las condiciones físicas que se exigen en la sala de batalla.
-Me atendr√© a las tablas gimn√°sticas est√°ndar, se√Īor,
Dimak se ech√≥ hacia atr√°s y cerr√≥ los ojos con un peque√Īo suspiro.
-Vaya, s√≠ que eres obediente, ¬Ņno?
-Intento serlo, se√Īor.
-Eso es una mentira como una casa -dijo Dimak.
-¬ŅSe√Īor?
Estoy perdido, pensó Bean.
-Si dedicaras a hacer amigos la energía que dedicas a ocultar cosas a los profesores, serías el chico más querido de la escuela.
-Ese es Ender Wiggin, se√Īor.
-¬ŅY crees que no hemos notado lo mucho que te obsesiona Wiggin?
-¬ŅQue me obsesiona?
Bean nunca había vuelto a preguntar por él después del primer día. Nunca participaba en las charlas sobre las calificaciones. Nunca visitaba la sala de batalla durante las sesiones de práctica de Ender.
Oh. Qu√© error tan obvio. Est√ļpido.
-Eres el √ļnico novato que ha evitado por completo ver siquiera a Ender Wiggin. Conoces tan bien su horario que nunca est√°s en la misma sala que √©l. Eso requiere un verdadero esfuerzo.
-Soy un novato, se√Īor. √Čl est√° en una escuadra.
-No te hagas el tonto, Bean. Esto es sólo una excusa.
Decir una mentira in√ļtil y obvia, esa era la regla.
-Todo el mundo me compara constantemente con Ender, porque cuando vine aqu√≠ era muy peque√Īo, y bajito. Quer√≠a ser yo mismo.
-Esta te la dejaré pasar por ahora, porque hay un límite en la mierda en la que quiero que chapotees -soltó Dimak.

Pero al decir lo que hab√≠a dicho sobre Ender, Bean se pregunt√≥ si no podr√≠a ser cierto. ¬ŅPor qu√© no deber√≠a √©l experimentar un sentimiento normal, como los celos? No era una m√°quina. As√≠ que le ofendi√≥ un poco el hecho de que Dimak asumiera que ten√≠a que haber algo m√°s sutil. Que Bean ment√≠a no importaba lo que dijera.
-Dime por qué te niegas a jugar al juego de fantasía.
-Me parece aburrido y est√ļpido -dijo Bean, sincero por una vez.
-No me lo trago. Para empezar, no es aburrido y est√ļpido para ning√ļn otro ni√Īo de la Escuela de Batalla. De hecho, el juego se adapta a tus intereses.
No tengo ninguna duda de eso, pensó Bean.
-Es pura inventiva -dijo-. Nada es real.
-Deja de esconderte un segundo, ¬Ņquieres? -exclam√≥ Dimak-. Sabes perfectamente que utilizamos el juego para analizar la personalidad, y por eso te niegas a jugar.
-Creo que ya han analizado mi personalidad de todas formas -dijo Bean.
-No te rindes nunca, ¬Ņeh?
Bean no dijo nada. No había nada que decir.
-He estado mirando tu lista de lecturas -dijo Dimak-. ¬ŅVauban?
-¬ŅS√≠?
-¬ŅIngenier√≠a de fortificaciones de la √©poca de Luis XIV?
Bean asintió. Pensó en Vauban, en el modo en que sus estrategias se habían adaptado a la política financiera cada vez más precaria del rey. La defensa en profundidad había dado paso a una fina línea de defensas; se habían dejado de construir nuevas fortalezas y se dio preferencia a las que estaban mal ubicadas o eran innecesarias. La pobreza triunfó sobre la estrategia. Empezó a hablar sobre eso, pero Dimak lo interrumpió.
-Venga ya, Bean. ¬ŅPor qu√© est√°s estudiando un tema que no tiene nada que ver con la guerra en el espacio?
Bean no ten√≠a realmente una respuesta. Hab√≠a estado trabajando en la historia de la estrategia desde Jenofontes y Alejandro hasta C√©sar y Maquiavelo. Vauban ven√≠a despu√©s. No hab√≠a ning√ļn plan: la mayor√≠a de sus lecturas eran una tapadera para su trabajo inform√°tico clandestino. Pero ahora que Dimak se lo preguntaba, ¬Ņqu√© ten√≠an que ver, ciertamente, las fortificaciones del siglo diecisiete con la guerra en el espacio?
-No soy yo quien puso a Vauban en la biblioteca.
-Disponemos de todos los escritos militares que se encuentran en todas las bibliotecas de la flota. Nada m√°s significativo que eso.
Bean se encogió de hombros.
-Te pasaste dos horas con Vauban.
-¬ŅY qu√©? Me pas√© el mismo tiempo con Federico el Grande, y creo que no vamos a abrir zanjas en el campo, ni a pasar a bayoneta a todos los que rompan filas durante una avanzada.
-No le√≠ste a Vauban, ¬Ņverdad? -dijo Dimak-. Quiero saber qu√© estuviste haciendo.
-Leí a Vauban.
-¬ŅCrees que no sabemos lo r√°pido que lees?
-Y también pensé en Vauban.
-Muy bien, pues, ¬Ņen qu√© estuviste pensando?
-En lo que usted dijo. Cómo se aplica a la guerra en el espacio.
Con eso gan√≥ un poco de tiempo. ¬ŅQu√© tiene que ver Vauban con la guerra en el espacio?
-Estoy esperando -insistió Dimak-. Muéstrame las reflexiones que te ocuparon dos

horas ayer.
-Bueno, por supuesto, las fortificaciones no tienen lugar en el espacio -explicó Bean-. En el sentido tradicional, claro. Pero se pueden erigir otras edificaciones. Como las minifortalezas, donde dejas una fuerza de salida ante la fortificación principal. Además, se pueden estacionar escuadras de naves para interceptar a los cazas. Y se pueden emplazar barreras. Minas. Campos de material a la deriva que provoquen colisiones con las naves que se mueven a toda velocidad, frenándolas. Ese tipo de cosas.
Dimak asintió, pero no dijo nada.
Bean empezaba a calentar la discusión.
-El verdadero problema es que, al contrario que Vauban, s√≥lo tenemos un √ļnico punto que defender: la Tierra, Y el enemigo no se limita a una direcci√≥n. Podr√≠a venir de cualquier parte. De todas partes a la vez. As√≠ que nos encontramos con el problema cl√°sico de la defensa, elevado al cubo. Cuanto m√°s se desplieguen nuestras defensas, m√°s debemos tener, y si tus recursos son limitados, pronto tienes m√°s fortificaciones que las que puedes dotar. ¬ŅDe qu√© sirven las bases en las lunas de J√ļpiter, de Saturno o de Neptuno, cuando el enemigo no tiene que pasar por ellas en el plano de la elipse? Puede pasar de largo todas nuestras fortificaciones. Como Nimitz y MacArthur usaron el salto bidimensional de isla en isla contra la defensa en profundidad de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. S√≥lo que nuestro enemigo puede trabajar en tres dimensiones. Por tanto, no podemos mantener la defensa en profundidad. Nuestra √ļnica defensa es detectarlos pronto y componer una sola fuerza masiva.
Dimak asintió con un leve movimiento de cabeza. Su rostro no mostró ninguna expresión.
-Contin√ļa.
¬ŅContinuar? ¬ŅNo era suficiente para explicar dos horas de lectura?
-Bueno, entonces pensé que incluso eso estaba abocado al desastre, porque el enemigo es libre de dividir sus fuerzas. Así que, aunque interceptemos y derrotemos a noventa y nueve de cada cien escuadrones al ataque, sólo se precisa un escuadrón para causar una terrible devastación en la Tierra. Vimos cuánto territorio puede calcinar una sola nave cuando aparecieron por primera vez y empezaron a atacar China. Sólo con que llegaran diez naves en un solo día (y si se extienden lo suficiente, tendrían mucho más que un día), sería posible arrasar la mayoría de nuestros grandes centros de población. Todos nuestros huevos están en una sola cesta.
-Y sacaste todo eso de Vauban -concluyó Dimak.
Por fin. Al parecer, eso era suficiente para satisfacerlo.
-De pensar en Vauban, y tambi√©n en el hecho que nuestro problema defensivo entra√Īa una mayor dificultad.
-Bien -dijo Dimak-, ¬Ņqu√© soluci√≥n propones?
¬ŅSoluci√≥n? ¬ŅQu√© se cre√≠a Dimak que era √©l? ¬°Estaba pensando en c√≥mo controlar la situaci√≥n all√≠ en la Escuela de Batalla, no en c√≥mo salvar al mundo!
-Creo que no hay ninguna soluci√≥n -dijo Bean, para ganar tiempo otra vez. Pero, en cuanto lo dijo, empez√≥ a creer que era cierto-. No tiene sentido intentar defender la Tierra. De hecho, a menos que tengan alg√ļn sistema defensivo que no conozcamos, como un medio de proteger todo un planeta con un escudo invisible, el enemigo es igual de vulnerable. As√≠ que la √ļnica estrategia que tiene sentido es un ataque a gran escala. Enviar nuestra flota contra su mundo y destruirlo.
-¬ŅY si nuestras flotas se entrecruzan? -pregunt√≥ Dimak-. ¬ŅSi destruimos nuestros

mundos mutuamente y lo √ļnico que nos quedan son las naves?
-No -respondió Bean, la mente al galope-. No, si enviamos una flota inmediatamente después de la Segunda Guerra Insectora. Después de que la fuerza de choque de Mazer Rackham los derrotase, haría falta tiempo para que les llegara la noticia de su derrota. Así que construimos una flota lo más rápidamente posible y la lanzamos de inmediato contra su mundo. De esa forma, la noticia de su derrota les llega al mismo tiempo que nuestro devastador contraataque.
Dimak cerró los ojos.
-Y ahora nos lo dices.
-No -dijo Bean, como si de pronto comprendiera que tenía razón en todo-, Esa flota se ha enviado ya. Antes de que nadie de esta estación naciera, se envió.
-Una teoría interesante-reconoció Dimak-. Naturalmente, estás equivocado en todos los puntos.
-No, no lo estoy -replicó Bean. Sabía que no estaba equivocado, porque Dimak trataba de fingir que estaba tranquilo. El sudor le resbalaba por la frente. Bean había dado con algo importante, y Dimak lo sabía.
-Quiero decir que tu teor√≠a es cierta, es dif√≠cil la defensa en el espacio. Pero por duro que sea, tenemos que seguir en ello, y por eso est√°is vosotros aqu√≠. En cuanto al hecho de una supuesta segunda flota enviada... la Segunda Guerra Insectora agot√≥ los recursos de la humanidad, Bean. Hemos tardado todo este tiempo en conseguir de nuevo una flota de tama√Īo razonable. Y en lograr unas armas m√°s eficaces para la siguiente batalla. Si aprendiste algo de Vauban, deber√≠as haber descubierto que no se puede construir m√°s de lo que tienes recursos para mantener. Adem√°s, presupones que sabemos d√≥nde se halla el mundo del enemigo. Pero tu an√°lisis es v√°lido en cuanto has identificado la magnitud del problema al que nos enfrentamos.
Dimak se levantó del camastro.
-Es bueno saber que no pierdes todo el tiempo de estudio infiltrándote en el sistema informático -comentó.
Fue la √ļltima frase que pronunci√≥ antes de salir de los barracones.
Bean se levantó y regresó a su propio camastro, donde se vistió. Ya había pasado el momento de la ducha, y no importaba de todas formas. Porque sabía que había dado en el clavo, con lo que le había dicho a Dimak. La Segunda Guerra Insectora no había agotado los recursos de la humanidad, de eso estaba seguro. Los problemas para defender un planeta eran tan obvios que la Flota Internacional no podría haberlos pasado por alto, sobre todo después de haber estado a punto de perder una guerra. Sabían que tenían que atacar. Construyeron la flota. La lanzaron. Se perdió. Era inconcebible que no hubieran tomado ninguna otra medida.
Entonces, ¬Ņpara qu√© era toda esta tonter√≠a de la Escuela de Batalla? ¬ŅTen√≠a raz√≥n Dimak en que simplemente era para construir la flota defensiva alrededor de la Tierra y as√≠ contrarrestar cualquier ataque enemigo que la flota invasora propia hubiera pasado por el camino?
Si eso era cierto, no habr√≠a ning√ļn motivo para ocultarlo. Ning√ļn motivo para mentir. De hecho, toda la propaganda en la Tierra estaba dirigida a transmitir a la gente lo vital que era prepararse para la siguiente invasi√≥n insectora. As√≠ que Dimak no hab√≠a hecho m√°s que repetir la historia que la Flota Internacional contaba a todo el mundo en la Tierra desde hac√≠a generaciones. Sin embargo, sudaba a chorros. Lo que suger√≠a que la historia no era cierta.

La flota defensiva alrededor de la Tierra estaba ya completamente equipada, √©se era el problema. El proceso normal de reclutamiento habr√≠a sido suficiente. La guerra defensiva no requer√≠a brillantez, s√≥lo estar alerta. Detectar pronto, interceptar con cautela, proteger con la reserva apropiada. El √©xito depend√≠a no de la calidad del mando, sino de la cantidad de naves disponibles y la calidad de las armas. No hab√≠a ninguna raz√≥n para que existiera la Escuela de Batalla: la Escuela de Batalla s√≥lo ten√≠a sentido en el contexto de una guerra ofensiva, una guerra donde las maniobras, las estrategias y las t√°cticas tendr√≠an un papel importante. Pero la flota ofensiva ya se hab√≠a marchado. Por lo que Bean sab√≠a, la batalla ya se hab√≠a librado hac√≠a a√Īos y la F.I. esperaba la noticia para saber si hab√≠an ganado o perdido. Todo depend√≠a de a cu√°ntos a√Īos luz de distancia se encontraba el planeta natal de los insectores.
Por lo que sabemos, pensó Bean, la guerra ha terminado ya, la F.I. sabe que hemos ganado, y simplemente no se lo han dicho a nadie.
El motivo era obvio. Lo √ļnico que hab√≠a acabado con la guerra en la Tierra y hab√≠a unido a toda la humanidad era una causa com√ļn: derrotar a los insectores. En cuanto se supiera que ya no exist√≠a ninguna amenaza insectora se dar√≠a rienda suelta a todas las hostilidades acumuladas. Ya fuera el mundo musulm√°n contra occidente, o el contenido imperialismo ruso y la paranoia contra la alianza atl√°ntica, o el aventurerismo indio, o... o todos a la vez. El caos. Los recursos de la Flota Internacional ser√≠an divididos por comandantes amotinados de una facci√≥n u otra. Posiblemente ello significara la destrucci√≥n de la Tierra... a la que no contribuir√≠an los f√≥rmicos de modo alguno.
Eso era lo que la F.I. intentaba impedir. La terrible guerra caníbal que seguiría. Igual que Roma se deshizo en una guerra civil después de derrotar definitivamente a Cartago, sólo que mucho peor, porque las armas eran más temibles y los odios mucho más profundos, nacionales y religiosos en vez de las meras rivalidades personales entre los ciudadanos de Roma.
La F.I. estaba decidida a impedirlo.
En ese contexto, la Escuela de Batalla cobraba un sentido pleno. Durante muchos a√Īos, casi todos los ni√Īos de la Tierra hab√≠an sido examinados, y los que ten√≠an capacidad para el mando militar eran enviados al espacio. Los mejores graduados de la Escuela de Batalla, o al menos aquellos m√°s leales a la F.I., bien podr√≠an ser utilizados para comandar ej√©rcitos cuando se anunciara el esperado final de la guerra y se diera un golpe preventivo para eliminar a los ej√©rcitos nacionales y unificar el mundo, de forma definitiva y permanente, bajo un solo gobierno. No obstante, el prop√≥sito principal de la Escuela de Batalla era sacar a esos ni√Īos de la Tierra para que no pudieran convertirse en comandantes de los ej√©rcitos de ninguna naci√≥n o facci√≥n.
Despu√©s de todo, la invasi√≥n de Francia por las principales potencias europeas despu√©s de la Revoluci√≥n Francesa hizo que el desesperado gobierno franc√©s descubriera y ascendiera a Napole√≥n, aunque al final se hiciera con las riendas del poder en vez de defender solamente a la naci√≥n. La F.I. estaba decidida a que no hubiera Napoleones en la Tierra para liderar la resistencia. Todos los posibles Napoleones se hallaban en la Escuela de Batalla, vestidos con uniformes tontos y luchando unos con otros por la supremac√≠a en un juego est√ļpido. Todo era una lista negra. Al quedarse con nosotros, han domado el mundo.
-Si no te vistes, llegar√°s tarde a clase -dijo Nikolai, el ni√Īo que dorm√≠a en el camastro de abajo, frente a Bean.
-Gracias -respondió Bean. Se quitó la toalla seca y se puso rápidamente el uniforme.

-Lamento haber tenido que decirle que estabas usando mi contrase√Īa -dijo Nikolai.
Bean se quedó de una pieza.
-Quiero decir, no sab√≠a que eras t√ļ, pero empezaron a preguntarme qu√© estaba buscando en el sistema de mapas de emergencia, y como no sab√≠a de qu√© estaban hablando, no fue dif√≠cil suponer que alguien estaba firmando por m√≠, y aqu√≠ est√°s t√ļ, en el lugar perfecto para ver mi consola cada vez que la pongo en marcha y... quiero decir, que eres muy listo. Pero eso no significa que te haya denunciado.
-No importa -dijo Bean.
-Pero ¬Ņqu√© has descubierto en los mapas?
Hasta este momento, Bean habr√≠a pasado por alto la pregunta... y al ni√Īo. No gran cosa, s√≥lo sent√≠a curiosidad, eso es lo que habr√≠a dicho. Pero ahora todo su mundo hab√≠a cambiado. Ahora era preciso comunicarse con los otros ni√Īos, no s√≥lo para poder mostrar sus habilidades como l√≠der ante los maestros, sino porque cuando la guerra estallara en la Tierra, y cuando el plan de la F.I. fracasara, como iba a fracasar, √©l sabr√≠a qui√©nes eran sus aliados y enemigos entre los comandantes de los diversos ej√©rcitos nacionales y facciones.
Porque el plan de la F.I. fracasaría. Era un milagro que no hubiera fracasado ya.
Su éxito radicaba casi de un modo exclusivo en que millones de soldados y comandantes fueran más leales a la F.I. que a sus patrias, lo cual suponía un peligro. No, ello no iba a suceder. Era inevitable que la propia Flota Internacional se dividiera en facciones.
Sin embargo, no hab√≠a duda de que los conspiradores eran conscientes de ese peligro. El n√ļmero de conspiradores se habr√≠a reducido al m√°ximo, quiz√°s s√≥lo hubiese quedado el triunvirato de Hegem√≥n, Strategos y Polemarca y tal vez unas cuantas personas aqu√≠ en la Escuela de Batalla. Porque esta estaci√≥n era el coraz√≥n del plan. Aqu√≠ era donde todos los comandantes dotados desde hac√≠a dos generaciones hab√≠an sido √≠ntimamente estudiados. Exist√≠an archivos de todos ellos: qui√©n ten√≠a m√°s talento, qui√©n era m√°s valioso. Cu√°les eran sus debilidades, tanto de car√°cter como de mando. Qui√©nes eran sus amigos. Cu√°les eran sus lealtades. Cu√°les de ellos, por tanto, deber√≠an de tomar el mando de las fuerzas de la Flota Internacional en las guerras intrahumanas del futuro, y cu√°les habr√≠an de ser retirados del mando e incomunicados hasta que acabaran las hostilidades.
No era extra√Īo que se mostraran preocupados por la falta de participaci√≥n de Bean en su jueguecito mental. Eso lo convert√≠a en un elemento desconocido. Lo hac√≠a peligroso.
Pero ahora jugar era más peligroso que nunca. No jugar podría significar que estuvieran recelosos y temerosos, pero en cualquier movimiento que planearan contra él, al menos no sabrían nada sobre su personalidad. Mientras que sí jugaba, entonces podrían albergar menos sospechas..., pero si actuaban contra él, lo harían sabiendo toda la información que el juego les proporcionara. Y Bean no confiaba en su habilidad para vencer en ese juego. Aunque intentara darles resultados equivocados, esa estrategia en sí misma podría decirles más sobre él de lo que quería que supieran.
Había también otra posibilidad. Podía estar completamente equivocado. Podía haber información clave de la que carecía. Tal vez no se había enviado ninguna flota. Tal vez no habían derrotado a los insectores en su mundo natal. Tal vez había realmente un esfuerzo desesperado por construir una flota defensiva. Tal vez.
Bean tenía que obtener más información para verificar que su análisis era correcto y que sus opciones serían válidas.
Y su aislamiento tenía que terminar.
-Nikolai -dijo Bean-, no creer√≠as lo que he descubierto en esos mapas. ¬ŅSabes que hay

nueve cubiertas, no sólo cuatro?
-¬ŅNueve?
-Y eso sólo en esta rueda. Hay otras dos ruedas de las que no nos han hablado nunca.
-Pero las imágenes de la estación muestran una sola rueda.
-Esas imágenes fueron tomadas cuando sólo había una. Pero en los planos hay tres. Paralelas unas a otras, girando juntas.
Níkolai parecía pensativo.
-Pero eso son sólo los planos. Tal vez nunca llegaron a construir las otras ruedas.
-Entonces, ¬Ņpor qu√© tienen planos de ellas en el sistema de emergencia?
Nikolai se echó a reír.
-Mi padre siempre dice que los burócratas nunca tiran nada.
Por supuesto. ¬ŅPor qu√© no hab√≠a pensado en eso? Sin duda, el sistema de mapas de emergencia hab√≠a sido programado antes de que la primera rueda entrara en servicio. As√≠ que todos esos mapas estar√≠an ya en el sistema, aunque las otras ruedas no se construyeran nunca, aunque dos tercios del mapa no llegaran a colgarse nunca de una pared. Nadie se molestar√≠a en entrar en el sistema y borrarlo.
-No se me hab√≠a ocurrido -admiti√≥ Bean. Sab√≠a, dada su reputaci√≥n de inteligencia, que no pod√≠a hacer un cumplido mejor a Nikolai. Y, de hecho, pudo comprobarlo al ver la reacci√≥n de los otros ni√Īos en los camastros cercanos. Nadie hab√≠a mantenido una conversaci√≥n as√≠ con Bean antes. Nadie hab√≠a pensado en nada que Bean no hubiera pensado antes. Nikolai se sonroj√≥ de orgullo.
-Pero lo de las nueve cubiertas, tiene sentido -reconoció Nikolai.
-Ojalá supiera qué hay en ellas -dijo Bean.
-Sistemas de mantenimiento vital -aclar√≥ la ni√Īa llamada Luna de Trigo-. Tienen que fabricar el ox√≠geno en alguna parte. Eso requiere un mont√≥n de plantas.
Entonces se unieron m√°s ni√Īos a la conversaci√≥n.
-Y personal. Sólo vemos a los profesores y a los nutricionistas.
-Y tal vez sí que construyeron las otras ruedas. No podemos afirmar lo contrarío.
Todo el grupo empezó a especular. Y en el centro de todos, Bean.
Bean y su nuevo amigo, Nikolai.
-Vamos -dijo Nikolai-, llegaremos tarde a la clase de mates.

Tercera parte
ERUDITO