3 - Desquite

-Eso ha creído antes.
-Es un líder nato. Pero no encaja en sus parámetros físicos.
-Entonces me disculpará si no perdemos el tiempo con él.
-Si aprueba sus requerimientos intelectuales y de personalidad, es bastante probable que por una insignificante fracción del presupuesto destinado al papel higiénico o a los distintivos metálicos de la F.I., puedan corregirse sus limitaciones físicas.
-No creía que las monjas pudieran ser sarcásticas.
-No puedo golpearle con una regla. El sarcasmo es mi √ļltimo recurso.
-Déjeme ver las pruebas.
-Les dejar√© ver al ni√Īo. Y ya que estamos en ello, les dejar√© ver a otro.
-¬ŅTambi√©n con limitaciones f√≠sicas?
-Es peque√Īo. Joven. Pero tambi√©n lo era el ni√Īo Wiggin, seg√ļn he o√≠do. Y √©ste... de alg√ļn modo, aprendi√≥ a leer solo en las calles.
-Ah, sor Carlotta, usted me ayuda a llenar las horas vacías de mi vida.
-Mantenerlo apartado del mal es mi modo de servir a Dios.
Al oír eso, Bean acudió directamente a Aquiles. Era demasiado peligroso que Ulises saliera del hospital y se corriera la voz de que quería desquitarse de su humillación.
-Creía que todo eso ya formaba parte del pasado -dijo Poke con tristeza-. Las peleas, quiero decir.
-Ulises ha estado en cama todo este tiempo -contestó Aquiles-.
Aunque esté enterado de los cambios, no ha tenido tiempo de ver cómo funciona todavía.
-Nos mantendremos unidos -dijo Sargento-. Te salvaremos.
-Lo más seguro para todos es que yo desaparezca durante unos cuantos días -aseveró Aquiles-. Para manteneros a salvo a vosotros,
-Entonces, ¬Ņc√≥mo entraremos en el comedor? -pregunt√≥ uno de los m√°s peque√Īos-. Nunca nos dejar√°n entrar sin ti.
-Seguid a Poke. En la puerta, Helga os dejar√° entrar igual.
-¬ŅY si Ulises sale? -pregunt√≥ uno de los peque√Īos. Se sec√≥ las l√°grimas de los ojos, para no pasar verg√ľenza.
-Entonces yo moriré -contestó Aquiles-. No creo que se contente con enviarme al hospital.
El ni√Īo rompi√≥ a llorar, lo que provoc√≥ que otro empezara a gemir, y pronto hubo un coro c√≠e sollozos, mientras Aquiles sacud√≠a la cabeza y se echaba a re√≠r.

-No voy a morir. Estaréis seguros si yo me quito de en medio, y vendré cuando Ulises ya haya tenido tiempo de enfriarse y acostumbrarse al sistema.
Bean observaba y escuchaba en silencio. No creía que Aquiles estuviera manejando bien la situación, le había avisado y su propia responsabilidad había llegado a su fin. El hecho de que Aquiles se escondiera sería interpretado como un signo de debilidad, y tendrían problemas.
Aquiles se march√≥ esa noche sin decirle a nadie adonde, para que a ninguno se le escapara por accidente. Bean juguete√≥ con la idea de seguirlo para ver qu√© hac√≠a de verdad, pero advirti√≥ que ser√≠a m√°s √ļtil con el grupo principal. Despu√©s de todo, Poke ser√≠a su l√≠der ahora, y Poke era s√≥lo una jefa del mont√≥n. En otras palabras, est√ļpida. Necesitaba a Bean, aunque no lo supiera.
Esa noche Bean trat√≥ de hacer guardia, aunque no sab√≠a exactamente para qu√©. Por fin se qued√≥ dormido, y so√Ī√≥ con la escuela, s√≥lo que no era la escuela de la acera o el callej√≥n con sor Carlotta, sino una escuela de verdad, con mesas y sillas. Pero en el sue√Īo Bean no consegu√≠a mantenerse sentado en un pupitre, sino que flotaba en el aire, y cuando quer√≠a volaba a cualquier lugar de la sala. Hasta el techo. Hasta una grieta en la pared, a un oscuro lugar secreto... Iba ganando altura a medida que aumentaba la sensaci√≥n de calor.
Despert√≥ en la oscuridad. Se hab√≠a levantado un aire fr√≠o. Necesitaba orinar. Tambi√©n deseaba volar. Ver que el sue√Īo terminaba casi hab√≠a estado a punto de arrancarle las l√°grimas, de puro dolor. Seg√ļn cre√≠a recordar, era la primera vez que so√Īaba con que pod√≠a volar. ¬ŅPor qu√© ten√≠a que ser peque√Īo? ¬ŅPor qu√© necesitaba estas piernas tan cortas para poder ir de un lugar a otro? Cuando estaba volando pod√≠a mirar desde arriba a todo el mundo y ver las coronillas rid√≠culas de la gente, pod√≠a mearse o cagarse en ellos como si fuera un p√°jaro. No ten√≠a miedo porque si se molestaban pod√≠a escapar volando, y ellos nunca lo alcanzar√≠an.
Por supuesto, si √©l pudiera volar, toda la gente podr√≠a volar tambi√©n y √©l seguir√≠a siendo el m√°s peque√Īo y el m√°s lento, y todos se mear√≠an y se cagar√≠an encima de √©l igualmente.
No podría volverse a dormir. Bean lo sentía en su interior. Estaba demasiado asustado, y no sabía por qué. Se levantó y se dirigió al callejón para orinar.
Poke estaba allí. Alzó la cabeza y lo vio.
-Déjame sola un momento -exigió.
-No -respondió él.
-No me des la lata, mequetrefe.
-Sé que te agachas para mear -dijo él-, y no voy a mirar a otro lado.
Apretando los dientes, ella esper√≥ a que el ni√Īo le diera la espalda para orinar contra la pared.
-Supongo que si fueras a decírselo a alguien, ya lo habrías hecho -dijo.
-Todos saben que eres una chica, Poke. Cuanto no est√°s delante, pap√° Aquiles siempre habla de ¬ęella¬Ľ cuando se refiere a ti.
-No es mi padre.
-Eso suponía -dijo Bean. Esperó, de cara a la pared.
-Ya puedes darte la vuelta.
La chica estaba de pie, abroch√°ndose de nuevo los pantalones.
-Tengo miedo de algo, Poke -confesó Bean.
-¬ŅDe qu√©?
-No lo sé.

-¬ŅNo sabes de qu√© tienes miedo?
-Por eso me da tanto miedo.
Ella dejó escapar una risotada suave y brusca a la vez.
-Bean, lo √ļnico que significa eso es que tienes cuatro a√Īos. Los ni√Īos chicos ven formas en la noche. O no ven formas. De todas maneras, sienten miedo.
-Yo no -aclaró Bean-. Cuando tengo miedo, es porque algo va mal.
-Ulises quiere hacerle da√Īo a Aquiles, es eso.
-A ti te da igual, ¬Ņverdad?
Ella se le quedó mirando.
-Ahora comemos mejor que nunca. Todo el mundo es feliz. Fue tu plan. Y a mí no me gustaba ser el jefe.
-Pero lo odias.
Ella vaciló.
-Es que parece que siempre se está riendo de mí.
-¬ŅC√≥mo sabes de qu√© tienen miedo los ni√Īos chicos?
-Porque yo fui una de ellos -respondió Poke-. Y me acuerdo.
-Ulises no va a hacerle da√Īo a Aquiles.
-Lo sé.
-Porque t√ļ est√°s planeando buscar a Aquiles y protegerlo.
-Planeo quedarme aqu√≠ y vigilar a los ni√Īos.
-O tal vez est√°s planeando buscar primero a Ulises y matarlo.
-¬ŅC√≥mo? Es m√°s grande que yo. Con diferencia.
-No has venido aqu√≠ a mear -dijo Bean-. Si no, es que tienes la vejiga del tama√Īo de una bolita de goma.
-¬ŅMe has o√≠do?
Bean se encogió de hombros.
-No me dejaste mirar.
-Piensas demasiado, pero no sabes lo suficiente para entender lo que ocurre.
-Creo que Aquiles nos minti√≥ respecto a lo que iba a hacer -manifest√≥ Bean-, y creo que t√ļ me est√°s mintiendo ahora.
-Acost√ļmbrate. El mundo est√° lleno de mentirosos.
-A Ulises no le importa a quién vaya a matar -dijo Bean-. Se quedará tan contento si te mata a ti o a Aquiles.
Poke sacudió la cabeza, impaciente.
-Ulises no es nada. No va a hacerle da√Īo a nadie. Es s√≥lo un bocazas.
-¬ŅPor qu√© est√°s despierta?
Poke se encogió de hombros.
-Vas a tratar de matar a Aquiles, ¬Ņverdad? -dijo Bean-. Y hacer que parezca que lo hizo Ulises.
Ella puso los ojos en blanco.
-Oye, ¬Ņacaso te entrenas para ser tan est√ļpido, o qu√©?
-¬°Soy lo bastante listo para saber que est√°s mintiendo!
-Vu√©lvete a dormir -dijo ella-. Vuelve con los otros ni√Īos.
√Čl la observ√≥ durante un instante, y entonces obedeci√≥.
O más bien, fingió obedecer. Volvió al lugar donde dormía, pero de inmediato salió arrastrándose por detrás y se subió a cajas, comedores, muretes, y finalmente se encaramó a un techo bajo. Llegó al borde justo a tiempo de ver a Poke salir a la calle desde el callejón.

Se dirigía a alguna parte. Iba a reunirse con alguien.
Bean se deslizó por una tubería hasta un tonel, y corrió tras ella por Korte Hoog Straat. Trató de no hacer ruido, pero ella no, y muchos otros ruidos inundaban la ciudad, así que Poke nunca llegó a oír sus pasos. Se mantuvo aferrado a las sombras de las paredes, pero no se retrasó demasiado. La seguía sin más preámbulos; ella sólo se volvió una vez. Se encaminaba hacia el río. Para reunirse con alguien.
Bean apostaba por dos candidatos. Ulises o Aquiles. ¬ŅA qui√©n m√°s conoc√≠a ella que no estuviera ya dormido en el nido? Pero ¬Ņpara qu√© iba a reunirse con ellos? ¬ŅPara suplicarle a Ulises por la vida de Aquiles? ¬ŅPara presentarse como una hero√≠na en su lugar? ¬ŅO para tratar de persuadir a Aquiles de que regresara y se enfrentara a Ulises en vez de ocultarse? No, Bean podr√≠a haber pensado en todos eso, pero Poke no era tan previsora.
Poke se detuvo en mitad de una zona despejada, situada en el muelle de Scheepmakershaven, y mir√≥ alrededor. Entonces advirti√≥ lo que andaba buscando. Bean aguz√≥ la vista. Alguien esperaba en las sombras. Bean se encaram√≥ a una caja enorme, buscando una mayor visibilidad. Oy√≥ las dos voces (ambos eran ni√Īos), pero no logr√≥ entender lo que dec√≠an. Fuera quien fuese, era m√°s alto que Poke. Pero podr√≠a tratarse entonces de Aquiles o de Ulises.
El ni√Īo rode√≥ a Poke con sus brazos y la bes√≥.
Eso s√≠ que era extra√Īo. Bean hab√≠a visto a adultos hacer eso un mont√≥n de veces, pero ¬Ņpara qu√© se besaban los ni√Īos? Poke ten√≠a nueve anos. Claro que hab√≠a putas de esa edad, pero todo el mundo sab√≠a que los t√≠os que las compraban eran unos pervertidos.
Bean tenía que acercarse más, para escuchar lo que decían. Se deslizó por la parte posterior de la caja y se internó lentamente en las sombras de un quiosco. Ellos, como para darle una satisfacción, se volvieron hacia donde estaba. No podía verlos bien, como tampoco ellos podían verlo a él, pero ahora podía oír retazos de la conversación.
-Lo prometiste -decía Poke. El chico murmuró algo.
Un barco que pasaba por el río escrutó la orilla con un reflector y mostró el rostro del chico que se encontraba con Poke. Era Aquiles.
Bean no quiso ver m√°s. Pensar que hab√≠a llegado a creer que Aquiles matar√≠a alg√ļn d√≠a a Poke... Estos l√≠os entre chicos y chicas era algo que nunca hab√≠a conseguido entender. En medio del odio, ocurre esto. Justo cuando Bean empezaba a saber moverse por el mundo.
Se escabulló y corrió por Posthoornstraat arriba.
Pero no regresó a su nido en el escondite, todavía no. Pues aunque para entonces ya se había llevado varias sorpresas, su corazón no había dejado de latir; algo va mal, le decía, algo va mal.
Justo en ese momento record√≥ que Poke no era la √ļnica que le ocultaba algo. Aquiles hab√≠a mentido tambi√©n. Se callaba algo. Alg√ļn plan. ¬ŅEra s√≥lo esta cita con Poke? Entonces, ¬Ņqu√© significaba todo ese cuento de esconderse de Ulises? Para tomar a Poke como chica, no ten√≠a que esconderse. Pod√≠a hacerlo al descubierto. Algunos matones hac√≠an eso, los m√°s mayores. Pero normalmente no tomaban a ni√Īas de nueve a√Īos. ¬ŅQu√© era lo que escond√≠a Aquiles?
-Lo prometiste -le había dicho Poke a Aquiles allá en el muelle.
¬ŅQu√© hab√≠a prometido? Por eso hab√≠a acudido Poke a verlo..., para recordarle su promesa. Pero ¬Ņqu√© podr√≠a haberle prometido Aquiles que no le diera ya como miembro de su familia? Aquiles no ten√≠a nada.
En ese caso, deb√≠a de haber prometido no hacer algo. ¬ŅNo matarla? No, eso resultar√≠a

demasiado est√ļpido incluso para Poke, encontrarse a solas con Aquiles.
No matarme a m√≠, pens√≥ Bean. √Čsa es la promesa. No matarme a m√≠.
S√≥lo que no soy yo quien corre peligro, o quien corre m√°s peligro. Puede que dijera que lo matase, pero fue Poke quien lo derrib√≥, quien se alz√≥ sobre √©l. Aquiles todav√≠a deb√≠a de conservar esa imagen en su mente, la deb√≠a de recordar todo el tiempo, deb√≠a de so√Īar con ella, √©l, tendido en el suelo, con una ni√Īa de nueve a√Īos alz√°ndose sobre √©l con un pedrusco en la mano, amenazando con matarlo. Un lisiado como √©l, que de alg√ļn modo se hab√≠a abierto paso entre las filas de los matones... Era duro, pero siempre era objeto de las burlas de los ni√Īos con dos piernas buenas: era el mat√≥n de categor√≠a inferior. Y √©se debi√≥ de ser el peor momento de su vida, cuando una ni√Īa de nueve a√Īos lo derrib√≥ y un pu√Īado de ni√Īos peque√Īos se abalanzaron sobre √©l.
Poke, te echa la culpa a ti. Tiene que aplastarte para borrar la agonía de ese recuerdo.
Ahora estaba claro. Todo lo que Aquiles hab√≠a dicho hoy era mentira. No se estaba ocultando de Ulises. Desafiar√≠a a Ulises... Lo m√°s probable es que lo hiciera al d√≠a siguiente. Pero cuando se batiera con Ulises, Aquiles se sentir√≠a m√°s agraviado. ¬°Mataste a Poke!, gritar√≠a acus√°ndolo, Ulises parecer√≠a tan est√ļpido y d√©bil al negarlo todo despu√©s de tanto alardear c√≥mo iba a desquitarse... Tal vez incluso admitiera haberla matado, s√≥lo por fanfarronear. Y entonces Aquiles golpear√≠a a Ulises y nadie podr√≠a echarle la culpa de haber matado al ni√Īo. No ser√≠a solamente en defensa propia, sino para defender a su familia.
Aquiles era demasiado listo. Y paciente. Esperó a matar a Poke hasta que hubiera alguien más a quien echar la culpa.
Bean corrió a advertirla. Tan rápidamente como sus piernecitas podían moverse, con las zancadas más grandes que podía dar. Corrió y corrió.
El muelle donde Poke se había encontrado con Aquiles estaba desierto.
Bean miró alrededor, sin saber qué hacer. Pensó en llamar a voces, pero eso sería una estupidez. El hecho de que Aquiles odiara más a Poke no significaba que lo hubiera perdonado a él, aunque permitiera que le diera su pan.
O Bean tal vez se hab√≠a vuelto loco por nada. La hab√≠a abrazado, ¬Ņno? Ella acudi√≥ por voluntad propia, ¬Ņverdad? Hab√≠a ciertos aspectos de la relaci√≥n entre chicos y chicas que no comprend√≠a. Aquiles era un proveedor, un protector, no un asesino. Es mi mente la que funciona as√≠, se dec√≠a Bean a s√≠ mismo, mi mente la que piensa en matar a alguien que est√° indefenso, s√≥lo porque podr√≠a suponer un peligro m√°s adelante. Aquiles es el bueno. Yo soy el malo, el criminal.
Así pues, Aquiles era el que sabía amar. Bean era el que no sabía.
Bean se acercó al borde del muelle y contempló el canal. El agua estaba cubierta por una bruma baja. En la otra orilla, las luces de Boompjes Straat parpadeaban como en el Día de Sinterklaas. Las olas acariciaban los pilares con dulzura.
Miró el río a sus pies. Algo se movía en el agua, y chocaba contra el muelle. Bean siguió mirando un buen rato sin comprender. Pero entonces se dio cuenta de que desde el principio había sabido qué era, pero se había negado a creerlo. Era Poke. Estaba muerta. Era tal y como Bean había temido. Todo el mundo en la calle creería que Ulises era culpable de asesinato, aunque no pudiera demostrarse nada. Bean había tenido razón en todo. Fuera lo que fuese lo que ocurría entre chicos y chicas no superaba el odio, la venganza nacida de la humillación.
Mientras Bean permanecía allí de pie, contemplando el agua, cayó en cuenta de que debía decir lo que había sucedido, a todo el mundo, o decidir no decírselo nunca a nadie,

porque si Aquiles se enteraba de lo que había visto esa noche, le mataría sin pensárselo dos veces.
Aquiles diría, simplemente: Ulises ha vuelto a golpear. Entonces podría fingir que vengaba dos muertes, no una, al matar a Ulises.
No, todo lo que Bean podía hacer era guardar silencio. Fingir que no había visto el cadáver de Poke flotando en el agua, la cara vuelta hacia arriba, claramente reconocible a la luz de la luna.
Era est√ļpida. Tan est√ļpida que no hab√≠a adivinado los planes de Aquiles, tan est√ļpida que hab√≠a confiado en √©l de todas formas, y no en Bean. Tan est√ļpida como Bean, que se march√≥ en vez de advertirla, salvar tal vez su vida al proporcionarle un testigo que Aquiles no podr√≠a pillar y por tanto no podr√≠a silenciar.
Ella era el motivo por el que Bean estaba vivo. Ella fue quien le hab√≠a puesto ese nombre. Ella fue la que escuch√≥ su plan. Y ahora hab√≠a muerto por eso, y √©l podr√≠a haberla salvado. Cierto, le dijo al principio que matara a Aquiles, pero al final ella hab√≠a hecho bien al elegirlo¬Ö Era el √ļnico de los matones que podr√≠a haberlo calculado todo para llevarlo adelante con tanto estilo. Pero Bean tambi√©n hab√≠a tenido algo de raz√≥n. Aquiles era un mentiroso de campeonato, y cuando decidi√≥ que Poke muriera, empez√≥ a construir la mentira que encubrir√≠a el asesinato... La mentira que llev√≥ a Poke a acudir sola al lugar donde podr√≠a matarla sin testigos, la mentira para buscarse una coartada a los ojos de los ni√Īos m√°s peque√Īos.
Confié en él, pensó Bean. Supe lo que era desde el principio, y sin embargo confié en él.
Vaya, Poke, has sido demasiado amable, demasiado buena. Me salvaste y yo te fallé.
Pero no es sólo culpa mía. Fue ella quien se vio a solas con él.
Sola con √©l, ¬Ņtratando de salvar mi vida? ¬°Qu√© error, Poke, pensar en alguien m√°s que en ti!
¬ŅVoy a morir tambi√©n por sus errores?
No. Moriré por los míos.
Pero no esa noche. Aquiles no hab√≠a puesto en marcha ning√ļn plan para matar a Bean. Pero a partir de ese momento, cuando fuese incapaz de conciliar el sue√Īo durante la noche, pensar√≠a en que Aquiles estaba esperando. Contando los minutos. Hasta el d√≠a en que Bean, tambi√©n, se encontrara en el fondo del r√≠o.
Justo cuando sor Carlotta trataba de sensibilizarse ante el dolor que sufr√≠an estos ni√Īos, uno de ellos apareci√≥ estrangulado en el r√≠o. Pero la muerte de Poke fue un motivo m√°s para continuar con las pruebas. Todav√≠a no hab√≠an encontrado a Aquiles: ya que aquel tal Ulises, hab√≠a golpeado una vez, era improbable que Aquiles saliera de su escondite durante alg√ļn tiempo. As√≠ que sor Carlotta no tuvo m√°s remedio que continuar con Bean.
Al principio el ni√Īo estuvo distra√≠do, y obtuvo pobres resultados, sor Carlotta no pudo comprender c√≥mo pod√≠a hacer mal incluso los ejercicios m√°s b√°sicos del test, cuando era tan inteligente que hab√≠a aprendido a leer √©l solo en la calle. Ten√≠a que ser la muerte de Poke. As√≠ que interrumpi√≥ la prueba y habl√≥ con √©l sobre la muerte, sobre c√≥mo el esp√≠ritu de Poke se hab√≠a ido con Dios y los santos, quienes cuidar√≠an de ella y la har√≠an m√°s feliz de lo que hab√≠a sido en vida. √Čl no parec√≠a interesado. Si acaso, obtuvo peores resultados cuando iniciaron la siguiente fase del test.
Puesto que la compasión no funcionaba, optaría por mostrarse más dura.

-¬ŅNo comprendes para qu√© es esta prueba, Bean? -pregunt√≥.
-No -respondi√≥ √©l, y aunque no a√Īadi√≥ un ¬ęni me importa¬Ľ, se adivin√≥ en su tono de voz.
-Todo lo que conoces es la vida en la calle. Pero las calles de Rotterdam sólo son parte de una gran ciudad, y Rotterdam es sólo una ciudad en un mundo con miles de ciudades similares. De toda la especie humana, Bean, de eso trata esta prueba. Porque los fórmicos...
-Los insectores -dijo Bean. Como la mayoría de los pilluelos de la calle, repudiaba los eufemismos.
-Volver√°n y arrasar√°n la Tierra, y matar√°n a toda alma viviente, esta prueba es para ver si t√ļ eres uno de los ni√Īos que ser√°n llevados a la Escuela de Batalla para ser entrenado en el mando de las fuerzas que intentar√°n detenerlos. Esta prueba es para salvar al mundo, Bean.
Por primera vez desde que empezó la prueba, Bean le dedicó toda su atención.
¬ŅD√≥nde est√° la Escuela de Batalla?
-En una plataforma orbital en el espacio. ¬°Si obtienes buenos resultados en este test, conseguir√°s ser un espacial!
Su rostro no traslucía ni un asomo de ansiedad. Tan sólo una fría capacidad de cálculo.
Hasta ahora lo he estado haciendo bastante mal, ¬Ņverdad?
-Hasta ahora, los resultados de la prueba demuestran que eres demasiado est√ļpido para ser capaz de caminar y respirar al mismo tiempo.
-¬ŅPuedo empezar de nuevo?
-Sí, tengo otro modelo del test -respondió sor Carlotta.
-Démelo.
Mientras ella iba a buscar el otro examen, le sonrió, y trató de relajarlo.
-Entonces quieres ser un hombre del espacio, ¬Ņno es eso? ¬ŅO quiz√°s te gusta m√°s la idea de formar parte de la Flota Internacional?

√Čl la ignor√≥.
Esta vez respondió a todas las preguntas del test, aunque éste resultaba algo largo para realizarlo en el tiempo reglamentario. No obtuvo la puntuación máxima, pero sí unos muy buenos resultados. Tanto que todo el mundo se quedó asombrado.
As√≠ que ella le entreg√≥ otro tipo de pruebas, √©stas dise√Īadas para ni√Īos mayores; el modelo est√°ndar, en realidad, que los ni√Īos de seis a√Īos realizaban para ingresar en la Escuela de Batalla en la edad normal. No los hizo tan bien: hab√≠a demasiadas experiencias que todav√≠a no hab√≠a vivido, y por tanto no pod√≠a comprender el contenido de algunas de las preguntas. Pero en este caso tambi√©n obtuvo una puntuaci√≥n notable. Mejor que ning√ļn otro estudiante que ella hubiera examinado.
Y pensar que hab√≠a cre√≠do que era Aquiles quien en verdad estaba capacitado. Este peque√Īo, este ni√Īo... era sorprendente. Nadie creer√≠a que lo hab√≠a encontrado en las calles, en un estado rayano a la inanici√≥n.
Justo en ese momento, una idea aflor√≥ en la mente de la monja, y cuando el peque√Īo hubo terminado la segunda prueba y ella hubo anotado la puntuaci√≥n, se acomod√≥ en su silla y sonri√≥ al peque√Īo Bean, que la miraba con esos ojos hinchados. Entonces le pregunt√≥:
-¬ŅDe qui√©n fue la idea, a qui√©n se le ocurri√≥ lo de la familia de los ni√Īos de la calle?
-Fue idea de Aquiles -dijo Bean.

Sor Carlotta esperó.
-Fue idea suya llamarlo familia, al menos -aclaró Bean.
Ella siguió esperando. Si le daba tiempo, el orgullo traería más cosas a la superficie.
-Pero hacer que un mat√≥n protegiera a los peque√Īos, √©se fue mi plan -dijo Bean-. Se lo cont√© a Poke, y ella se lo pens√≥ y decidi√≥ intentarlo, y s√≥lo cometi√≥ un error.
-¬ŅQu√© error?
-Eligió al matón equivocado para que nos protegiera.
-¬ŅLo dices porque no pudo proteger√≠a de Ulises?
Bean se rió con amargura mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.
-Ulises va por ahí alardeando sobre lo que va a hacer.
Sor Carlotta lo sabía, pero no quería saberlo.
-Sabes entonces quién la mató?
-Le dije a ella que lo matara. Le dije que era el matón equivocado. Lo vi en su cara, allí tirado en el suelo, vi que nunca la perdonaría. Pero es frío. Esperó mucho tiempo. Pero nunca aceptaba su pan. Eso debería de habérselo indicado a Poke. No tendría que haberse quedado a solas con él.
Empezó a llorar con fuerza.
-Creo que me proteg√≠a a m√≠. Porque le dije que lo matara aquel primer d√≠a. Creo que trataba de convencerlo de que no me matara. Sor Carlotta intent√≥ apa√Īar la emoci√≥n de su voz. -¬ŅCrees que podr√≠as correr peligro?
-Ahora que se lo he dicho, s√≠-respondi√≥ √©l. Y entonces, tras pens√°rselo un momento, a√Īadi√≥-: Ya corr√≠a peligro antes. El no perdona. Siempre se desquita.
-Te darás cuenta de que no es así como yo, o Hazie, Helga, quiero decir, vemos a Aquiles. Para nosotras, parece... civilizado. Bean la miró como si estuviera loca.
-¬ŅNo es eso ser civilizado? ¬ŅPoder esperar hasta conseguir lo que quieres?
-Quieres salir de Rotterdam e ir a la Escuela de Batalla para poder escapar de Aquiles. Bean asintió.
-¬ŅQu√© hay de los otros ni√Īos? ¬ŅCrees que corren peligro con √©l?
-No -dijo Bean-. Es su pap√°.
-Pero no es el tuyo. Aunque tomaba tu pan.
-La abraz√≥ y la bes√≥ -dijo Bean-. Los vi en el muelle, y ella dej√≥ que la besara y luego dijo algo sobre la promesa que √©l hab√≠a hecho. Entonces me march√©, pero en ese momento me di cuenta y corr√≠ de vuelta, no pudo pasar mucho rato, s√≥lo llegu√© a unas seis manzanas de distancia, ella estaba all√≠ muerta, con el ojo fuera, flotando en el agua, chocando contra el muelle. √Čl puede besarte y matarte, si te odia lo suficiente. Sor Carlotta hizo tamborilear los dedos sobre la mesa.
-Qué dilema.
-¬ŅQu√© es un dilema?
-Iba a hacerle las pruebas también a Aquiles. Creo que podría entrar en la Escuela de Batalla.
Todo el cuerpo de Bean se tensó.

-Entonces no me env√≠e a m√≠. √Čl o yo.
-¬ŅDe verdad crees...? -La voz de la monja se apag√≥-. ¬ŅDe verdad crees que intentar√≠a matarte all√≠?
-¬ŅIntentar? -replic√≥ Bean, mostrando su desd√©n-. Aquiles no intenta.
Sor Carlotta sabía que la personalidad de la que hablaba Bean, aquella implacable determinación, era uno de los requisitos indispensables para ingresar en la Escuela de

Batalla. Podría hacer que Aquiles les resultara más atractivo que Bean. Y allí arriba podrían canalizar aquella violencia asesina, darle un buen uso.
Pero civilizar a los matones de la calle no hab√≠a sido idea de Aquiles. Hab√≠a sido Bean quien lo hab√≠a pensado. Incre√≠ble, para un ni√Īo tan joven. Este ni√Īo era el premio, no el que viv√≠a para la venganza en fr√≠o. Pero una cosa estaba clara. Ser√≠a un error por su parte llevarlos a ambos. Aunque sin duda tambi√©n podr√≠a llevar al otro a una escuela aqu√≠ en la Tierra, y apartarlo de las calles. Aquiles se volver√≠a verdaderamente civilizado, al ver que la desesperaci√≥n de la calle ya no incitaba a los ni√Īos a la violencia.
Entonces se dio cuenta de la tonter√≠a que hab√≠a estado pensando. No era la desesperaci√≥n de la calle lo que impuls√≥ a Aquiles a asesinar a Poke. Fue el orgullo. Fue Ca√≠n, quien pens√≥ que la verg√ľenza era motivo suficiente para quitarle la vida a su hermano. Fue Judas, quien no vacil√≥ en besar antes de matar. ¬ŅEn qu√© estaba pensando, en considerar el mal como si fuera un mero producto mec√°nico de la privaci√≥n? Todos los ni√Īos de la calle sufr√≠an miedo y hambre, indefensi√≥n y desesperaci√≥n. Pero no todos se convert√≠an en asesinos calculadores y fr√≠os.
Es decir, si Bean tenía razón.
Pero ella no albergaba ninguna duda de que Bean le decía la verdad. Si Bean mentía, renunciaría a juzgar el carácter infantil. Ahora que lo pensaba, Aquiles era astuto. Un adulador. Todo lo que decía estaba calculado para impresionar. Pero Bean hablaba poco, y cuando lo hacía hablaba con claridad. Y era joven, y su miedo y su pesar en esta habitación eran reales.
Naturalmente, tambi√©n hab√≠a instado a matar a otro ni√Īo.
Pero sólo porque suponía un peligro para los demás. No era orgullo.
¬ŅC√≥mo puedo juzgar? ¬ŅNo se supone que Cristo es el juez de los vivos y los muertos? ¬ŅPor qu√© esto est√° en mi mano, cuando no soy digna de hacerlo?
-¬ŅQuieres quedarte aqu√≠, Bean, mientras comunico los resultados de tu prueba a la gente que autoriza el acceso a la Escuela de Batalla? Aqu√≠ estar√°s a salvo.
√Čl se mir√≥ las manos y asinti√≥. Entonces apoy√≥ la cabeza en sus brazos y solloz√≥.
Aquiles volvi√≥ al nido esa ma√Īana.
-No podía mantenerme alejado -dijo-. Era una situación demasiado arriesgada.
Los llevó a desayunar, como siempre. Pero Poke y Bean no estaban allí.
Entonces Sargento hizo su ronda habitual, escuchando aqu√≠ y all√°, hablando con otros ni√Īos, hablando con un adulto u otro, para descubrir qu√© suced√≠a, averiguar cualquier dato que pudiera ser de utilidad. Fue en el muelle de Winjhaven donde oy√≥ a algunos de los marineros comentar que hab√≠a aparecido un cad√°ver en el r√≠o esa ma√Īana. Una ni√Īa. Sargento se inform√≥ de d√≥nde hab√≠an llevado el cuerpo hasta que llegaran las autoridades. No se amedrent√≥, se acerc√≥ directamente al cad√°ver, que estaba cubierto por una lona, y sin pedir permiso a nadie la retir√≥ y mir√≥ a la ni√Īa.
-¬°Chico! ¬ŅQu√© est√°s haciendo?
-Se llama Poke -dijo.
-¬ŅLa conoces? ¬ŅSabes qui√©n puede haberla matado?
-Un chaval llamado Ulises, ése es el que la mató -afirmó Sargento. Entonces soltó la lona y terminó su ronda. Aquiles tenía que saber que sus temores no eran infundados, que Ulises iba a eliminar a todos los miembros de la familia que pudiera.
-No tenemos m√°s remedio que matarlo -dijo Sargento. Ya se ha derramado suficiente

sangre -contestó Aquiles-. Pero me temo que tienes razón.
Algunos de los ni√Īos m√°s peque√Īos lloraban. Uno de ellos explic√≥: Poke me dio de comer cuando me estaba muriendo. -Cierra el pico -orden√≥ Sargento-. Ahora comemos mejor que cuando Poke era la jefa.
Puso una mano sobre el hombro de Sargento y trató de tranquilizarlo.
-Poke hizo lo mejor que un jefe de banda podía hacer. Y ella es la que me aceptó en la familia. Así que en cierto modo, todo lo que yo hago para vosotros lo consiguió ella.
Todos asintieron solemnemente.
-¬ŅCrees que Ulises se carg√≥ a Bean tambi√©n? -pregunt√≥ un ni√Īo.
-Si lo hizo, es una gran pérdida -dijo Sargento.
-Toda p√©rdida para mi familia es una gran p√©rdida -aclar√≥ Aquiles-. Pero ya no habr√° m√°s. Ulises tendr√° que marcharse de la ciudad, ahora mismo, o morir√°. Haz correr la voz, Sargento. Que se sepa en las calles que el desaf√≠o sigue en pie. Ulises no comer√° en ning√ļn comedor de la ciudad, hasta que se enfrente a m√≠. Eso es lo que decidi√≥ √©l mismo, cuando eligi√≥ clavarle a Poke un cuchillo en el ojo.

Sargento le dirigi√≥ un saludo militar y ech√≥ a correr. √Čsa habr√≠a sido la imagen de la obediencia total si no hubiera llorado mientras corr√≠a. Porque no le hab√≠a dicho a nadie c√≥mo hab√≠a muerto Poke, c√≥mo su ojo se hab√≠a convertido en una cuenca ensangrentada. Tal vez Aquiles lo sab√≠a de alguna otra forma, tal vez ya se hab√≠a enterado, pero no lo mencion√≥ hasta que Sargento regres√≥ con las noticias. Tal vez, tal vez. Sargento sab√≠a la verdad. Ulises no levant√≥ la mano contra nadie. Lo hizo Aquiles. Como hab√≠a advertido Bean desde el principio. La mat√≥ ahora porque las culpas recaer√≠an en Ulises. Y all√≠ estaba, hablando de lo buena que era ella y de c√≥mo todos deber√≠an de estarle agradecidos y diciendo que todo lo que Aquiles pod√≠a darles, era gracias a Poke.
Así que Bean tenía razón. En todo. Aquiles podría ser un buen padre para la familia, pero también era un asesino, y nunca perdonaba.
Pero Poke lo sab√≠a. Bean la hab√≠a advertido, y ella lo sab√≠a, pero escogi√≥ a Aquiles como padre de todas formas. Lo escogi√≥ y luego muri√≥ por √©l. Era como ese Jes√ļs del que Helga predicaba en su comedor mientras com√≠an. Muri√≥ por su gente. Y Aquiles era como Dios. Hac√≠a que la gente pagara por sus pecados, no importaba lo que hicieran.
Lo importante es estar del lado de Dios. Eso es lo que ense√Īa Helga, ¬Ņno? Estar con Dios.
Estaré con Aquiles. Honraré a mi padre, eso seguro, para poder permanecer vivo hasta que sea lo bastante mayor para seguir solo.
Y en cuanto a Bean, bueno, era listo, pero no lo suficiente para permanecer con vida, y si no eres lo bastante listo para permanecer con vida, entonces est√°s mejor muerto.
Cuando Sargento lleg√≥ a su primera esquina para divulgar la noticia de que Aquiles prohib√≠a a Ulises probar bocado en ning√ļn comedor de la ciudad, ya hab√≠a dejado de llorar. Se acab√≥ la pena. Ahora se trataba de sobrevivir. Aunque Sargento sab√≠a que Ulises no hab√≠a matado a nadie, pretend√≠a hacerlo, y segu√≠a siendo importante que muriera para proteger a la familia. La muerte de Poke era una buena excusa para exigir al resto de los padres que se retiraran y dejaran que Aquiles tratara con √©l. Cuando todo terminara, Aquiles ser√≠a el l√≠der de todos los padres de Rotterdam. Y Sargento permanecer√≠a a su lado, sabiendo el secreto de su venganza, sin dec√≠rselo a nadie, porque de este modo Sargento, la familia y todos los pillastres de Rotterdam lograr√≠an sobrevivir.