13 - Hasta que la muerte nos sorprenda a todos



¬ęNo digo que haya disfrutado mucho
del trabajo que los dioses me impusieron.
Mi √ļnico placer
estuvo en mis días de instrucción,
en aquellas horas entre las acuciantes demandas
de los dioses.
Me pongo gustosa a su disposición, siempre.
Pero oh, era tan dulce
aprender lo ancho que podía ser el universo,
medirme contra mis profesores,
y equivocarme a veces, sin demasiadas consecuencias...¬Ľ

de Los susurros divinos de Han Oing jao
¬ó¬ŅQuer√©is ir a la universidad y montar turnos en nuestra nueva red inform√°tica a prueba de dioses? ¬ópregunt√≥ Grace.
Por supuesto que Peter y Wang-mu quer√≠an ir. Pero para su sorpresa, Malu se ech√≥ a re√≠r alborozado e insisti√≥ en ir tambi√©n. La deidad una vez habit√≥ en los ordenadores, ¬Ņno? Y si encontraba el camino de regreso, ¬Ņno deber√≠a estar Malu all√≠ para saludarla?
Esto complicó un poco las cosas, pues la visita de Malu a la universidad requería una notificación previa al presidente para que éste pudiera orquestar una bienvenida adecuada. No era necesario hacerlo por Malu; que no era vanidoso ni le impresionaban demasiado las ceremonias que no tenían un sentido inmediato. Pero la cuestión era demostrarle al pueblo samoano que la universidad respetaba todavía las antiguas costumbres, de las que Malu era el más reverenciado protector y seguidor.
De luaus de fruta y pescado en la playa, de hogueras al descubierto, esteras de palma y chozas de techo de paja, a un hovercar, una autopista y los edificios de colores vivos de la universidad moderna... a Wang-mu le pareci√≥ un viaje a trav√©s de la historia de la raza humana. Y sin embargo ya hab√≠a hecho ese viaje en otra ocasi√≥n, desde Sendero; formaba parte de su vida pasar de lo antiguo a lo moderno, una y otra vez. Sent√≠a l√°stima por aquellos que s√≥lo conoc√≠an una cosa y no la otra. Era mejor poder seleccionar de todo el men√ļ de logros humanos que estar limitada a una estrecha gama.
Peter y Wang-mu bajaron discretamente del hovercar antes de que el vehículo llevara a Malu a la recepción oficial. El hijo de Grace los guió en un breve recorrido por las nuevas instalaciones informáticas.
¬óEstos nuevos ordenadores siguen todos los protocolos enviados por el Congreso Estelar. No habr√° m√°s conexiones directas entre redes inform√°ticas y ansibles, sino un desfase temporal; cada infopaquete ser√° inspeccionado por software de seguridad que detectar√° todo acto no autorizado.
¬óEn otras palabras ¬ódijo Peter¬ó: Jane nunca volver√° a entrar.
¬ó√Čse es el plan. ¬óEl muchacho (pues, a pesar de su tama√Īo, eso parec√≠a ser) sonri√≥ de oreja a oreja¬ó. Todo perfecto, todo nuevo, en total armon√≠a.
Wang-mu se sinti√≥ asqueada. As√≠ ser√≠a en los Cien Mundos: Jane bloqueada del todo. Y sin acceso a la enorme capacidad inform√°tica de las redes combinadas de toda la civilizaci√≥n humana, ¬Ņc√≥mo recuperar√≠a el poder para lanzar una nave al Exterior y devolverla al Interior? Wang-mu se hab√≠a alegrado de abandonar Sendero, pero no estaba segura de que quisiera pasar el resto de su vida en Pac√≠fica. Sobre todo si ten√≠a que quedarse con Peter, pues no hab√≠a ninguna posibilidad de que √©l se contentara con la forma m√°s lenta y relajada de vivir la vida que ten√≠an en las islas. En realidad, era tambi√©n demasiado lenta para ella. Le encantaba estar con los samoanos, pero la impaciencia por hacer algo crec√≠a en su interior. Quiz√° quienes se educaban entre esta gente sublimaban de alg√ļn modo su ambici√≥n, o quiz√°s hab√≠a algo en el genotipo racial que la suprim√≠a o la reemplazaba; pero el incesante impulso de Wang-mu por reforzar y expandir su papel en la vida no iba a desaparecer por un luau en la playa, por mucho que lo hubiera disfrutado y preciara su recuerdo.
El recorrido no hab√≠a terminado a√ļn, por supuesto, y Wang-mu sigui√≥ diligentemente al hijo de Grace. Sin embargo, prestaba la atenci√≥n estrictamente necesaria para responder con amabilidad. Peter parec√≠a a√ļn m√°s distra√≠do, y Wang-mu imaginaba por qu√©. No s√≥lo tendr√≠a los mismos sentimientos que ella, sino que tambi√©n lamentar√≠a la p√©rdida de conexi√≥n con Jane a trav√©s de la joya en su o√≠do. Si ella no recuperaba su habilidad para controlar el flujo de datos a trav√©s de las comunicaciones de los sat√©lites que orbitaban este mundo, √©l no volver√≠a a o√≠r su voz jam√°s.
Llegaron a una sección más antigua del campus, a unos edificios ajados de estilo arquitectónico más funcional.
¬óA nadie le gusta venir aqu√≠, porque les recuerda lo recientemente que nuestra universidad ha dejado de ser s√≥lo una escuela para formar ingenieros y maestros. Este edificio tiene trescientos a√Īos. Entremos.
¬ó¬ŅTenemos que hacerlo? ¬ópregunt√≥ Wang-mu¬ó. Quiero decir, ¬Ņes necesario? Creo que desde fuera nos hacemos una idea.
—Oh, pero creo que querréis ver este lugar. Es muy interesante porque en él se conservan algunas de las viejas maneras de hacer las cosas.
Wang-mu por supuesto accedió a seguirlo, como requería la cortesía, y Peter hizo lo mismo, en silencio. Entraron y oyeron el rumor de los antiguos sistemas de aire acondicionado y notaron el ambiente refrigerado.
¬ó¬Ņ√Čstas son las viejas ma√Īeras? ¬ópregunt√≥ Wang-mu¬ó. No tan antiguas como la vida en la playa, creo.
—No tan antiguas, es verdad —dijo su guía—. Pero claro, aquí no conservamos lo mismo.
Entraron en una gran sala cubierta de parte a parte con cientos y cientos de ordenadores dispuestos en apretadas hileras de mesas. No había espacio para que nadie se sentara ante las máquinas; apenas lo había para que los técnicos pasaran de lado entre las mesas para atenderlos. Todos los ordenadores estaban encendidos, pero el aire sobre los terminales estaba vacío y no daba ninguna pista de lo que sucedía dentro de ellos.
—Teníamos que hacer algo con todos los viejos ordenadores que el Congreso Estelar nos mandó desconectar. Así que los pusimos aquí con los viejos ordenadores de las otras universidades y empresas de las islas; hawaianos, tahitianos, maoríes y todo eso... todo el mundo ayudó. Ocupa seis plantas igual que ésta en este edificio, y otros tres más, aunque éste es el más grande.
—Jane —dijo Peter, y sonrió.
—Aquí es donde almacenamos todo lo que ella nos dio. Naturalmente, de forma oficial estos ordenadores no están conectados a ninguna red. Sólo se utilizan para las prácticas de los estudiantes. Pero los inspectores del Congreso nunca vienen aquí. Vieron todo lo que quisieron cuando revisaron nuestra nueva instalación. Cumple las normas al detalle... ¡somos ciudadanos obedientes y leales! Pero me temo que aquí se han pasado algunas cosas por alto. Por ejemplo, parece haber una conexión intermitente con el ansible de la universidad. Cada vez que el ansible transmite mensajes fuera de este mundo, se conecta a un solo ordenador: el enlace oficial de salvaguarda con su demora temporal. Pero cuando el ansible conecta con unos cuantos destinos extravagantes (el satélite samoano, por ejemplo, o cierta colonia lejana que supuestamente está incomunicada con todos los ansibles de los Cien Mundos), entonces una vieja conexión olvidada entra en funcionamiento, y el ansible tiene acceso completo a todo esto.
Peter se rió con verdadera alegría. A Wang-mu le encantó el sonido de su risa, pero también sintió un poco de celos por la idea de que Jane pudiera volver con él.
¬óY otra cosa extra√Īa ¬ódijo el hijo de Grace¬ó. Uno de los nuevos ordenadores ha sido instalado aqu√≠, s√≥lo que con algunas alteraciones. No informa correctamente al programa principal, por lo que parece: olvida decirle que existe un enlace ultrarr√°pido en tiempo real con esta inexistente red al viejo estilo. Es una l√°stima que no se lo diga, porque eso permite una conexi√≥n completamente ilegal entre esta vieja red conectada al ansible y el nuevo programa a prueba de dioses. De ese modo las peticiones de informaci√≥n pueden ser aprobadas, y cualquier software inspector las considera perfectamente legales puesto que provienen de este nuevo ordenador perfectamente legal pero sorprendentemente defectuoso.
Peter sonreía de buena gana.
¬óBien, alguien tuvo que trabajar muy r√°pido para lograr esto.
¬óMalu nos dijo que la deidad iba a morir, pero entre nosotros y ella trazamos un plan. Ahora la √ļnica pregunta es: ¬Ņencontrar√° el camino de regreso?
¬óCreo que s√≠ ¬ódijo Peter¬ó. Por supuesto, esto no es ni siquiera una peque√Īa fracci√≥n de lo que sol√≠a tener.
—Sabemos que tiene un par de instalaciones similares aquí y allá. No muchas, es verdad, y las nuevas barreras de retraso temporal permitirán que tenga acceso a toda la información pero le impedirán usar la mayoría de las nuevas redes como parte de sus procesos de pensamiento. Con todo, es algo. Tal vez sea suficiente.
—Sabíais quiénes éramos antes de que llegáramos —dijo Wang-mu—. Ya trabajabais con Jane.
—Creo que las pruebas son elocuentes —respondió el hijo de Grace.
¬ó¬ŅEntonces por qu√© Jane nos trajo aqu√≠? ¬ŅQu√© era todo ese sinsentido de necesitarnos aqu√≠ para detener la Flota Lusitania?
—No lo sé —dijo Peter—. Y dudo que nadie lo sepa. Tal vez Jane simplemente quería tenernos en un entorno amigable para poder volver a encontrarnos. Dudo que haya nada así en Viento Divino.
—Y tal vez —dijo Wang-mu, siguiendo sus propias especulaciones—, tal vez quería que estuvieses aquí, con Malu y Grace, cuando le llegara el momento de morir.
—Y de morir yo también. Me refiero a mí como Ender, por supuesto.
—Y quizá, si ya no iba a estar aquí para protegernos con sus manipulaciones de datos, quería que estuviésemos entre amigos.
¬óPor supuesto ¬ódijo el hijo de Grace¬ó. Es una diosa, cuida de su gente.
¬ó¬ŅDe sus adoradores? ¬ópregunt√≥ Wang-mu. Peter hizo una mueca.
¬óSus amigos ¬ódijo el muchacho¬ó. En Samoa tratamos a los dioses con gran respeto, pero
también somos sus amigos, y ayudamos a los buenos cuando podemos. Los dioses necesitan de vez en
cuando la ayuda de los humanos. Creo que lo hicimos bien, ¬Ņno os parece?
—Hicisteis bien —dijo Peter—. Habéis sido fieles. El muchacho sonrió.
Pronto volvieron a la nueva instalación informática, y vieron cómo con gran ceremonia el presidente de la universidad pulsaba la tecla que iniciaba el programa que activaba y controlaba el ansible de la universidad. Inmediatamente llegaron mensajes y programas de prueba del Congreso Estelar; sondearon e inspeccionaron el sistema para asegurarse de que no había fallos de seguridad y de que todos los protocolos se habían seguido adecuadamente. Wang-mu notaba lo tenso que estaba todo el mundo (excepto Malu, que parecía incapaz de temer nada) hasta que, unos minutos más tarde, los programas terminaron su inspección y presentaron su informe. Inmediatamente llegó el mensaje del Congreso asegurando que la red era obediente y segura. Los trucos y subterfugios no habían sido detectados.
—En cualquier momento ya —murmuró Grace.
¬ó¬ŅC√≥mo sabremos si todo esto ha funcionado? ¬ópregunt√≥ Wang-mu en voz baja.
—Peter nos lo dirá —le respondió Grace, sorprendida de que Wang-mu no lo hubiera comprendido—. La joya en su oreja... el satélite samoano le hablará.
Olhado y Grego contemplaban el texto del ansible que durante veinte a√Īos hab√≠a contactado s√≥lo con la lanzadera y la nave de Jakt. Volv√≠a a recibir un mensaje. Se estaban estableciendo contactos con cuatro ansibles de otros mundos donde grupos de simpatizantes lusitanos (o al menos amigos de Jane) hab√≠an seguido sus instrucciones para esquivar parcialmente las nuevas regulaciones. No se enviaron mensajes reales porque los humanos no ten√≠an nada que decirse. La cuesti√≥n era simplemente mantener el enlace vivo para que Jane pudiera viajar a trav√©s de √©l y conectarse con alguna peque√Īa parte de su antigua capacidad.
Nada de todo esto se hab√≠a hecho con participaci√≥n humana de Lusitania. Toda la programaci√≥n requerida se hab√≠a conseguido gracias a las implacablemente eficaces obreras de la Reina Colmena, con la ayuda de los pequeninos de vez en cuando. Olhado y Grego hab√≠an sido invitados en el √ļltimo minuto, como simples observadores. Pero comprend√≠an. Jane hablaba con la Reina Colmena y la Reina Colmena hablaba con los padres-√°rbol. Jane no hab√≠a obrado a trav√©s de los humanos porque los lusitanos con los que se relacionaba eran Miro, que ten√≠a otro trabajo que hacer para ella, y Ender, que se hab√≠a quitado la joya de la oreja antes de morir. Olhado y Grego hab√≠an discutido sobre esto en cuanto el pequenino Zambullida les explic√≥ lo que suced√≠a y les pidi√≥ que acudieran a observar.
—Considero su actitud un tanto desafiante —dijo Olhado—. Si Ender la rechazó y Miro estaba
ocupado...
¬óO entusiasmado con la Joven Valentine, no lo olvides ¬órepuso Grego.
¬óBueno, lo ha hecho sin ayuda humana.
¬ó¬ŅC√≥mo puede funcionar? ¬ódijo Grego¬ó. Antes estaba conectada a miles de millones de ordenadores. Como mucho ahora tendr√° varios millares, al menos utilizables de forma directa. No es suficiente. Ela y Quara no volver√°n jam√°s. Ni Miro.
¬óTal vez no. No ser√° la primera vez que perdamos a miembros de la familia al servicio de una causa superior.
Pens√≥ en los famosos padres de su madre, Os Venerados, que dentro de pocos a√Īos ser√≠an santos... si un representante del Papa consegu√≠a llegar a Lusitania para examinar las pruebas. Y en su verdadero padre, Libo, y en el padre de √©ste; ambos hab√≠an muerto antes de que los hijos de Novinha supieron que eran parientes. Todos muertos por la causa de la ciencia: Os Venerados en la lucha por contener la descolada. Pipo y Libo en el esfuerzo por comunicarse y comprender a los pequeninos. Su hermano Quim hab√≠a muerto como un m√°rtir, tratando de cerrar una peligrosa brecha en la relaci√≥n entre humanos y pequeninos de Lusitania. Y ahora Ender, su padre adoptivo, hab√≠a muerto por la causa de tratar de encontrar un modo de salvar la vida de Jane y, con ella, el viaje m√°s r√°pido que la luz. Si Miro y Ela y Quara mor√≠an en el esfuerzo por entablar comunicaci√≥n con los descoladores, seguir√≠an la tradici√≥n familiar.
—Lo que me pregunto —dijo Olhado—, es qué tenemos nosotros de malo que no se nos ha pedido que muramos por una causa noble.
—No entiendo de causas nobles —respondió Grego—, pero tenemos una flota apuntándonos. Creo que eso bastará para matarnos.
Un s√ļbito estallido de actividad en los terminales les dijo que la espera hab√≠a terminado.
¬óHemos conectado con Samoa ¬ódijo Zambullida¬ó. Y ahora con Memphis. Y Sendero. Y
H√©gira. ¬óHizo el peque√Īo moh√≠n que invariablemente hac√≠an los pequeninos cuando estaban
contentos¬ó. Todos van a conectar. Los programas rastreadores no los encontraron.
¬ó¬ŅPero ser√° suficiente? ¬ópregunt√≥ Grego¬ó. ¬ŅSe mueven de nuevo las naves?
Zambullida se encogió estudiadamente de hombros.
¬óLo sabremos cuando tu familia regrese, ¬Ņno?
¬óMadre no quiere poner fecha para el funeral de Ender hasta que regresen ¬ódijo Grego.
A la mención del nombre de Ender, Zambullida se deprimió.
—El hombre que llevó a Humano a la Tercera Vida —dijo—. Y casi no tenemos nada que enterrar.
—Me preguntaba si pasarán días, semanas o meses antes de que Jane recupere sus poderes... si es que lo hace —dijo Grego.
—No lo sé —respondió Zambullida.
—Sólo tienen unas cuantas semanas de aire.
¬óNo lo sabe, Grego ¬ódijo Olhado.
¬óYa. Pero la Reina Colmena lo sabe. Y se lo dir√° a los padres √°rbol. Pensaba... que la noticia
podía filtrarse.
¬ó¬ŅC√≥mo puede la Reina Colmena saber lo que suceder√° en el futuro? ¬ópregunt√≥ Olhado¬ó. ¬ŅC√≥mo puede saber nadie lo que Jane puede o no puede conseguir? Hemos vuelto a conectar con otros mundos. Algunas partes de su memoria central han sido devueltas a la red ansible, aunque subrepticiamente. Puede que las encuentre. Puede que no. Si las encuentra, puede que sea suficiente,
o no. Pero Zambullida no lo sabe. Grego se dio la vuelta.
—Lo sé —dijo.
¬óTodos tenemos miedo ¬óle dijo Olhado¬ó. Incluso la Reina Colmena. Ninguno de nosotros quiere morir.
¬óJane muri√≥, pero no est√° muerta ¬ódijo Grego¬ó. Seg√ļn Miro, parece que el ai√ļa de Ender est√° viviendo como Peter en otro mundo. Las reinas colmena mueren y sus recuerdos siguen viviendo en las mentes de sus hijas. Los pequeninos logran vivir como √°rboles.
¬óAlgunos de nosotros ¬ódijo Zambullida.
¬ó¬ŅPero y nosotros qu√©? ¬ódijo Grego¬ó. ¬ŅNos extinguiremos? ¬ŅQu√© diferencia habr√° entonces; los que ten√≠amos planes, qu√© importar√° el trabajo que hayamos hecho? ¬ŅLos hijos que hayamos criado? ¬óMir√≥ a Olhado¬ó. ¬ŅQu√© importar√° entonces que tengas una familia tan grande y feliz, si ser√°s borrado en un instante por esa... bomba?
¬óNing√ļn momento de mi vida con mi familia ha sido un momento malgastado ¬ódijo Olhado
tranquilamente.
¬óPero el sentido de la familia es la continuidad, ¬Ņno? Conectar con el futuro.
—En parte, sí. Pero en parte el propósito es el ahora, el momento presente. Y en parte la red de conexiones, los enlaces de un alma a otra. Si el propósito de toda vida fuera sólo continuar hacia el futuro, entonces ninguna tendría significado, porque todo sería expectación y preparación. Está el goce, Grego. Está la felicidad que ya hemos tenido. La felicidad de cada momento. El final de nuestras vidas, aunque no haya continuación hacia delante ni descendencia, el final de nuestras vidas no borra el principio.
¬óPero no habr√° servido de nada. Si tus hijos mueren, entonces todo ser√° un despilfarro.
¬óNo ¬ódijo Olhado tranquilamente¬ó.
Dices eso porque no tienes hijos, Greguinho. Pero nada se desperdicia. El ni√Īo que sostuviste en tus brazos durante un d√≠a antes de que muriera no fue un despilfarro, porque ese d√≠a es un prop√≥sito suficiente en s√≠ mismo. La entrop√≠a ha sido retrasada una hora, un d√≠a, una semana, un mes. El que todos podamos morir en este peque√Īo mundo no deshace las vidas antes de las muertes.
Grego sacudió la cabeza.
—Sí que lo hace, Olhado. La muerte lo deshace todo. Olhado se encogió de hombros.
¬ó¬ŅEntonces por qu√© te molestas en hacer nada, Grego? Porque alg√ļn d√≠a morir√°s. ¬ŅPor qu√© deber√≠a nadie tener hijos? Alg√ļn d√≠a morir√°n, sus hijos morir√°n, todos morir√°n. Alg√ļn d√≠a las estrellas se apagar√°n o reventar√°n. Alg√ļn d√≠a la muerte nos cubrir√° a todos como el agua de un lago y tal vez nada salga a la superficie para mostrar que estuvimos aqu√≠. Pero estuvimos, y durante eltiempo que vivimos, estuvimos vivos. √Čsa es la verdad: lo que es, lo que fue, lo que ser√°... no lo que pudo ser, lo que deber√≠a haber sido, lo que nunca pudo ser. Si morimos, entonces nuestra muerte significa algo para el resto del universo. Aunque nuestras vidas sean desconocidas, el hecho de que alguien viviera antes, y muriera, tendr√° repercusiones, dar√° forma al universo.
¬ó¬ŅY eso es suficiente significado para ti? ¬ódijo Grego¬ó. ¬ŅMorir y que sirva de lecci√≥n?
¬ŅMorir para que la gente pueda sentirse mal por haberte matado?
¬óHay peores significados para una vida.
Zambullida los interrumpió.
¬óEl √ļltimo de los ansibles que esper√°bamos est√° en l√≠nea. Ya est√°n todos conectados.
Dejaron de hablar. Era hora de que Jane encontrara el camino de regreso a sí misma, si podía.
Esperaron.
A través de una de sus obreras, la Reina Colmena veía y oía la noticia de la restauración de los
enlaces ansible.
<¬ŅPuede hacerlo? ¬ŅPuedes guiarla?>
tiene que encontrar su propio camino. Lo √ļnico que puedo hacer es decirle que es la hora.>
<¬ŅAs√≠ que s√≥lo podemos mirar?>
través de las madres-árbol. Prepárate.>
<¬ŅPara qu√©?>

<¬ŅQu√© necesitar√°? ¬ŅCu√°ndo lo necesitar√°?>

En el terminal de la nave varada, la obrera de la Reina Colmena alz√≥ s√ļbitamente la cabeza,
luego se levantó de su asiento y se acercó a Jane.
Jane interrumpió su trabajo.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬ópregunt√≥ distra√≠da.
Y entonces, al recordar la se√Īal que estaba esperando, observ√≥ a Miro, que se hab√≠a vuelto para
ver qué sucedía.
¬óTengo que irme ¬ódijo ella.
Y se desplomó en su asiento como si se hubiera desmayado.
De inmediato, Miro se levantó; Ela lo imitó. La obrera había soltado ya a Jane de su silla y la
estaba alzando. Miro la ayudó a llevar el cuerpo por los pasillos ingrávidos hasta las camas situadas
en la parte trasera de la nave. Allí la tendieron y la ataron. Ela comprobó sus signos vitales.
¬óDuerme profundamente ¬ódijo¬ó. Respira muy despacio.
¬ó¬ŅUn coma? ¬ópregunt√≥ Miro.
—Está haciendo lo mínimo para permanecer con vida —dijo Ela—. Aparte de eso, no hay nada.
¬óVamos ¬ódijo Quara desde la puerta¬ó. Volvamos al trabajo.
Miro se volvió hacia ella, furioso... pero Ela le contuvo.
—Puedes quedarte a cuidarla si quieres —dijo—, pero Quara tiene razón. Hay trabajo que
hacer. Ella est√° haciendo el suyo.
Miro se gir√≥ hacia Jane y le toc√≥ la mano, la cogi√≥, la sostuvo. Los dem√°s dejaron los dormitorios. No puedes o√≠rme, no puedes sentirme, no puedes verme, dijo Miro en silencio. As√≠ que supongo que para ti no estoy aqu√≠. Sin embargo, no puedo dejarte. ¬ŅDe qu√© tengo miedo? Todo: moriremos si no tienes √©xito en lo que est√°s haciendo ahora. As√≠ que no es tu muerte lo que temo.
Temo a tu viejo yo, tu antigua existencia entre los ordenadores y los ansibles. Has probado un cuerpo humano, pero cuando tus antiguos poderes sean restaurados, tu vida humana ser√° s√≥lo una parte de ti otra vez. S√≥lo un aparato sensor entre millones. Un peque√Īo conjunto de recuerdos perdido en un abrumador mar de memoria. Podr√°s dedicarme una parte diminuta de tu atenci√≥n, y yo nunca sabr√© que soy perpetuamente un pensamiento secundario en tu vida.
Es una de las pegas de amar a alguien mucho m√°s grande que t√ļ, se dijo Miro. Nunca notar√© la diferencia. Ella volver√° y yo ser√© feliz con todo el tiempo que tengamos juntos y nunca sabr√© el poco tiempo y esfuerzo que dedica a estar conmigo. Una diversi√≥n, eso es lo que soy.
Entonces sacudi√≥ la cabeza, solt√≥ su mano, y sali√≥ de la habitaci√≥n. No escuchar√© la voz de la desesperaci√≥n, se dijo. ¬ŅDomar√≠a a este gran ser, la convertir√≠a en mi esclava para que cada momento de su vida me perteneciera? ¬ŅEnfocar√≠a sus ojos para que no pudieran ver m√°s que mi rostro? Debo alegrarme por ser parte de ella, en vez de lamentar no ser m√°s.
Regres√≥ a su puesto y volvi√≥ al trabajo. Pero unos momentos despu√©s se levant√≥ y regres√≥ con ella. Era in√ļtil. Hasta que volviera, hasta que supiera el resultado, no podr√≠a pensar en nada m√°s.
Jane no iba exactamente a la deriva. Ten√≠a intacta su conexi√≥n con los tres ansibles de Lusitania, y los encontr√≥ con facilidad. Y con la misma soltura hall√≥ las nuevas conexiones de los ansibles de media docena de mundos. Desde all√≠, encontr√≥ r√°pidamente el camino a trav√©s de la mara√Īa de interrupciones y cortes que proteg√≠an su entrada al sistema e imped√≠an que fuera descubierta por los programas esp√≠a del Congreso. Todo march√≥ como ella y sus amigos hab√≠an planeado.
Era peque√Īo, poco espacioso, como sab√≠a que iba a ser. Pero casi nunca hab√≠a utilizado la capacidad total del sistema, excepto cuando controlaba las naves estelares. Entonces necesitaba toda la memoria para contener la imagen completa de la nave que transportaba.
Obviamente, no había suficiente capacidad en unos cuantos miles de máquinas. Sin embargo, era un alivio conectar con programas que había usado hacía tanto tiempo para que pensaran por ella: sirvientes que utilizaba como la Reina Colmena a sus obreras... Un aspecto más en el que soy como ella, advirtió Jane. Los puso en marcha, luego exploró los recuerdos que durante aquellos largos días habían estado dolorosamente ausentes. Una vez más estuvo en posesión de un sistema mental que le permitía prestar atención a docenas de procesos que se ejecutaban simultáneamente.
Y sin embargo todav√≠a iba todo mal. Hab√≠a estado en un cuerpo humano s√≥lo un d√≠a y el yo electr√≥nico que antes le hab√≠a parecido tan rico le quedaba demasiado peque√Īo. No era porque tuviera tan pocos ordenadores cuando antes hab√≠a dispuesto de tantos. M√°s bien, era peque√Īo por naturaleza. La ambig√ľedad de la carne proporcionaba una enormidad de posibilidades que simplemente no se daban en un mundo binario. Hab√≠a estado viva, y ahora sab√≠a que su habit√°culo electr√≥nico s√≥lo le proporcionaba una fracci√≥n de vida. Por mucho que hubiera conseguido durante sus milenios de existencia en la m√°quina, no produc√≠a ninguna satisfacci√≥n comparado con unos pocos minutos en aquel cuerpo de carne y hueso.
Si había creído que alguna vez dejaría el cuerpo-Val, ahora sabía que no lo haría nunca. Esa era su raíz, ahora y siempre. De hecho, tendría que obligarse a extenderse en estos sistemas informáticos cuando los necesitara. Por inclinación natural, no entraría en ellos.
Pero no hab√≠a motivos para contarle a nadie su decepci√≥n. Todav√≠a no. Se lo dir√≠a a Miro cuando volviera con √©l. La escuchar√≠a y no se lo dir√≠a a nadie m√°s. Probablemente, incluso se sentir√≠a aliviado. Sin duda le preocupaba que ella se sintiera tentada de quedarse en los ordenadores y no volviera al cuerpo que todav√≠a pod√≠a sentir, reclamando con fuerza su atenci√≥n aunque sumido en la laxitud de un profundo sue√Īo. Pero Miro no ten√≠a nada que temer. ¬ŅNo hab√≠a pasado muchos meses en un cuerpo que era tan limitado que apenas pod√≠a soportar vivir en √©l? Ella no desear√≠a ser s√≥lo una habitante inform√°tica de la misma forma que √©l no regresar√≠a al cuerpo da√Īado cerebralmente que tanto le hab√≠a torturado.
Sin embargo soy yo, es parte de m√≠. Eso era lo que aquellos amigos le hab√≠an dado, y no les dir√≠a lo doloroso que resultaba encajar en esta peque√Īa clase de vida. Mostr√≥ su antigua y familiar cara de Jane sobre un terminal en cada mundo, y les sonri√≥, y les habl√≥:
¬óGracias, amigos m√≠os. Nunca olvidar√© vuestro amor y lealtad hacia m√≠. Tardar√© alg√ļn tiempo en descubrir cu√°nto est√° abierto ante m√≠, y cu√°nto est√° cerrado. Os dir√© lo que sepa cuando lo sepa. Pero os aseguro que, pueda o no conseguir algo comparable a lo que antes hac√≠a, os debo esta restauraci√≥n, a todos vosotros. Ya era vuestra amiga eterna; ahora estoy en deuda eterna.
Le respondieron; ella oy√≥ todas las respuestas, convers√≥ con ellos usando s√≥lo peque√Īas partes de su atenci√≥n.
El resto exploraba. Encontr√≥ las interfaces ocultas de los principales sistemas inform√°ticos que hab√≠an dise√Īado los programadores del Congreso Estelar. Fue bastante f√°cil saquearlos en busca de cualquier informaci√≥n que deseara; de hecho, en cuesti√≥n de segundos encontr√≥ el camino a los archivos m√°s secretos del Congreso y descubri√≥ cada especificaci√≥n t√©cnica y cada protocolo de las nuevas redes. Pero sonde√≥ de forma indirecta, como si tanteara con la mano el contenido de una caja de galletas, a oscuras, incapaz de ver lo que tocaba. Enviaba peque√Īos programas de b√ļsqueda que le tra√≠an lo que quer√≠a; eran guiados por confusos protocolos que arrastraban informaci√≥n tangencial que de alg√ļn modo los forzaba a recogerla. Ciertamente, ella ten√≠a el poder de sabotear, si hubiera querido castigarlos. Podr√≠a haberlo roto todo, destruido todos los datos. Pero nada de eso, ni encontrar secretos ni extender su venganza, ten√≠a nada que ver con lo que ahora necesitaba. Sus amigos hab√≠an salvado la informaci√≥n m√°s vital para ella. Lo que necesitaba era capacidad, y no la ten√≠a. Las nuevas redes estaban separadas y tan desfasadas de los ansibles que no pod√≠a usarlas para pensar. Trat√≥ de encontrar medios de cargar y descargar r√°pidamente datos que pudiera usar para lanzar una nave al Exterior y de regreso al Interior, pero no era lo bastante veloz. S√≥lo trocitos y piezas de cada nave ir√≠an fuera, y casi nada regresar√≠a.
Tengo todo mi conocimiento. Lo que no tengo es espacio.
Sin embargo, su ai√ļa recorr√≠a todo el circuito. Muchas veces por segundo pasaba a trav√©s del cuerpo-Val atado a la cama en la nave. Muchas veces por segundo tocaba los ansibles y ordenadores de su red restaurada aunque truncada. Y muchas veces por segundo deambulaba por los di√°fanos enlaces de las madres-√°rbol.
Un millar, diez millares de veces su ai√ļa recorri√≥ este circuito antes de que advirtiera por fin que las madres-√°rbol eran tambi√©n un espacio de almacenamiento. Ten√≠an pocos pensamientos propios, pero las estructuras estaban ah√≠ y pod√≠an almacenar memoria sin desfases. Ella pod√≠a pensar, pod√≠a guardar el pensamiento, pod√≠a retirarlo al instante. Y las madres-√°rbol eran fractualmente profundas: pod√≠an almacenar la memoria por capas, pensamientos dentro de pensamientos, m√°s y m√°s profundamente en las estructuras y pautas de las c√©lulas vivas, sin interferir jam√°s los tenues y dulces pensamientos de los propios √°rboles. Era un sistema mucho mejor que las redes inform√°ticas; era por naturaleza m√°s extenso que cualquier artilugio binario. Aunque hab√≠a muchas menos madres-√°rbol que ordenadores, incluso en su nueva red encogida, la profundidad y riqueza de la memoria significaba que hab√≠a mucho m√°s espacio para datos que pod√≠an ser recuperados con m√°s rapidez. Excepto los datos b√°sicos, sus propios recuerdos de viajes estelares pasados, Jane no necesitar√≠a para nada los ordenadores. El camino a las estrellas era ahora una larga avenida de √°rboles.
A solas en una nave en la superficie de Lusitania, una obrera de la Reina Colmena esperaba. Jane la encontr√≥ f√°cilmente, la encontr√≥ y record√≥ la forma de la nave. Aunque hab√≠a ¬ęolvidado¬Ľ c√≥mo hacer un vuelo estelar durante un d√≠a o dos, el recuerdo regres√≥ y lo hizo con facilidad: lanz√≥ la nave al Exterior y la recuper√≥ un instante despu√©s, s√≥lo que a muchos kil√≥metros de distancia, en un claro, ante la entrada del nido de la Reina Colmena. La obrera se levant√≥, abri√≥ la puerta y sali√≥ al exterior. Por supuesto, no hubo ninguna celebraci√≥n. La Reina Colmena simplemente mir√≥ a trav√©s de los ojos de la obrera para verificar el √©xito del vuelo; luego explor√≥ el cuerpo de la obrera y la propia nave para asegurarse de que no se hab√≠a perdido o da√Īado nada.
Jane pudo oír la voz de la Reina Colmena como si procediera de muy lejos, pues retrocedía instintivamente ante una fuente tan potente de pensamiento. Lo que oía era la transmisión del mensaje, la voz de Humano hablando en su mente.

Regres√≥ entonces a la nave que conten√≠a su propio cuerpo viviente. Cuando transportaba a otra gente, dejaba que sus propios ai√ļas vigilaran su carne y la mantuvieran intacta. El resultado de eso hab√≠an sido las ca√≥ticas creaciones de Miro y Ender, con su ansia de cuerpos distintos a aquellos en los que viv√≠an. Pero ese efecto se evitaba ahora f√°cilmente dejando que los viajeros estuvieran s√≥lo una fracci√≥n de segundo en el Exterior, lo suficiente para asegurarse de que los trozos de todo y de todos estaban juntos. Esta vez, sin embargo, tendr√≠a que contener una nave y el cuerpo-Val, y tambi√©n llevarse a Miro, Ela, Apagafuegos, Quara y una obrera de la Reina Colmena. No pod√≠a haber fallos.
Sin embargo, funcion√≥ con bastante facilidad. Contuvo en la memoria la lanzadera familiar, la gente que hab√≠a llevado tan a menudo antes. Su nuevo cuerpo le era ya tan conocido que, para su alivio, no hizo falta ning√ļn esfuerzo especial para contenerlo junto con la nave. La √ļnica novedad fue que, en vez de enviar y recuperar, los acompa√Ī√≥. Su propio ai√ļa fue con el resto al Exterior.
√Čse fue el √ļnico problema. Una vez en el Exterior, no ten√≠a forma de saber cu√°nto tiempo hab√≠an pasado all√≠. Podr√≠a haber sido una hora. Un a√Īo. Un picosegundo. Nunca antes hab√≠a salido al Exterior. Se distrajo, fue aturdidor, luego aterrador no tener ninguna ra√≠z ni anclaje. ¬ŅC√≥mo puedo regresar? ¬ŅA qu√© estoy conectada?
Al formular la pregunta, encontr√≥ su anclaje, pues su ai√ļa acababa de terminar un solo circuito por el cuerpo-Val en el Exterior cuando salt√≥ a su circuito de las madres-√°rbol. En ese momento llam√≥ a la nave y todos sus ocupantes al Interior, y los coloc√≥ donde quer√≠a: la zona de aterrizaje del astropuerto de Lusitania.
Los inspeccionó rápidamente. Todos estaban allí. Había funcionado. No morirían en el espacio. Todavía podía controlar el vuelo espacial, incluso estando ella misma a bordo. Y aunque no iría de viaje muy a menudo (había sido demasiado aterrador, aunque su conexión con las madres-árbol la sostenía) ahora sabía que podía hacer volar las naves sin problema.
Malu gritó y los otros se volvieron a mirarlo. Todos habían visto la cara de Jane en el aire sobre los terminales, un centenar de caras de Jane por toda la sala. Habían aplaudido y lo habían celebrado en su momento. Por eso, Wang-mu se preguntó qué pasaba ahora.
—¡La deidad ha movido la nave! —gritó Malu—. ¡La deidad ha encontrado de nuevo su poder!
Wang-mu oyó las palabras y se preguntó cómo lo sabía. Pero Peter, no importaba qué dudas pudiera albergar, se tomó la noticia de modo más personal. La rodeó con sus brazos, la levantó del suelo, y giró con ella.
—Somos libres otra vez —exclamó, tan alegre como Malu—. ¡Somos libres para correr mundo de nuevo!
En ese momento Wang-mu finalmente comprendi√≥ que el hombre que amaba era, en lo m√°s hondo, el mismo Ender Wiggin que hab√≠a deambulado de mundo en mundo durante tres mil a√Īos. ¬ŅPor qu√© hab√≠a estado Peter tan silencioso y sombr√≠o y explotaba de alegr√≠a ahora? Porque no pod√≠a soportar la idea de tener que consumir su vida en un solo mundo.
¬ŅEn d√≥nde me he metido?, se pregunt√≥ Wang-mu. ¬ŅVa a ser as√≠ mi vida, una semana aqu√≠, un mes all√≠?
Y luego pens√≥: ¬ŅY qu√©? Si la semana es con Peter, si el mes es a su lado, ser√° hogar suficiente para m√≠. Y si no, ya habr√° tiempo de establecer alg√ļn tipo de compromiso. Incluso Ender se asent√≥ por fin, en Lusitania.
Adem√°s, tal vez yo misma sea una vagabunda. Todav√≠a soy joven, ¬Ņc√≥mo s√© siquiera qu√© tipo de vida quiero llevar? Con Jane para llevarnos a cualquier parte en s√≥lo un instante, podemos ver todos los Cien Mundos y las colonias m√°s nuevas, y todo lo dem√°s que queramos antes de tener que pensar en asentarnos.
Alguien gritaba en la sala de control. Miro sabía que tendría que dejar el cuerpo dormido de Jane y averiguarlo. Pero no quería soltarle la mano. No quería apartar los ojos de ella.
¬ó¬°Han cortado! ¬óvolvieron a gritar. Era Quara, aterrada y furiosa¬ó. Estaba recibiendo sus emisiones y de repente nada.
Miro casi se ri√≥ en voz alta. ¬ŅC√≥mo era posible que Quara no lo comprendiera? La raz√≥n por la que ya no pod√≠a recibir las emisiones de los descoladores era porque ya no estaban orbitando su planeta. ¬ŅNo notaba el peso de la gravedad? Jane lo hab√≠a conseguido. Los hab√≠a tra√≠do de vuelta a casa.
¬ŅPero hab√≠a regresado ella? Miro le apret√≥ la mano, se inclin√≥, le bes√≥ la mejilla.
—Jane —susurró—. No te pierdas ahí fuera. Ven aquí. Ven aquí conmigo.
¬óMuy bien ¬ódijo ella.
√Čl alz√≥ la cabeza, la mir√≥ a los ojos.
¬óLo conseguiste.
¬óY con bastante facilidad, despu√©s de tantas preocupaciones. Pero creo que mi cuerpo no fue dise√Īado para dormir tanprofundamente. No puedo moverme.
Miro pulsó el resorte rápido de la cama, y todas las bandas se soltaron.
—Oh —dijo ella—. Me habéis atado.
Trató de incorporarse, pero volvió a tenderse de inmediato.
¬ó¬ŅMareada? ¬ópregunt√≥ Miro.
—La habitación me da vueltas. Tal vez pueda hacer vuelos en el futuro sin tener que atarme tan
a conciencia.
La puerta se abrió de golpe. Quara apareció en el umbral, temblando de furia.
—¡Cómo te atreves a hacerlo sin advertirme siquiera!
Ela estaba detr√°s, discutiendo con ella.
¬ó¬°Por el amor de Dios, Quara, nos ha tra√≠do a casa! ¬ŅNo es suficiente?
—¡Podrías tener algo de decencia! —gritó Quara—. ¡Podrías habernos dicho que estabas
llevando a cabo tu experimento!
¬óTe trajo con nosotros, ¬Ņno? ¬ódijo Miro, riendo.
Su risa s√≥lo enfureci√≥ a√ļn m√°s a Quara.
¬ó¬°No es humana! ¬°Eso es lo que te gusta de ella, Miro! Nunca podr√≠as haberte enamorado de una mujer de verdad. ¬ŅCu√°l es tu historia? Te enamoraste de una mujer que result√≥ ser tu hermanastra, luego de la aut√≥mata de Ender, y ahora de un ordenador que lleva un cuerpo humano como si fuera un aut√≥mata. Claro que te r√≠es en un momento como √©ste. No tienes sentimientos humanos.
Jane se había puesto de pie, aunque su equilibrio era inestable. A Miro le complació ver que se
recuperaba tan rápidamente de su estado comatoso. Apenas prestó atención a los insultos de Quara
—¡No me ignores, pretencioso y pedante hijo de puta! —le gritó Quara.
√Čl la ignor√≥, sinti√©ndose de hecho bastante pretencioso y pedante al hacerlo. Jane, sosteni√©ndole
la mano, lo siguió fuera de la cámara. Mientras pasaba por su lado, Quara le gritó:
¬ó¬°No eres ninguna diosa que tenga derecho a menearme de un sitio a otro sin preguntar!
Y le dio un empujón.
No fue gran cosa. Pero Jane choc√≥ contra Miro. √Čl se volvi√≥ temiendo que ella fuera a caerse. Al hacerlo, le dio tiempo de ver c√≥mo Jane desplegaba los dedos contra el pecho de Quara y la empujaba, con mucha m√°s fuerza. La cabeza de Quara choc√≥ contra la pared del pasillo, y entonces, perdido completamente el equilibro, cay√≥ al suelo a los pies de Ela.
—¡Ha tratado de matarme! —chilló Quara.
—Si quisiera matarte —respondió Ela suavemente—, estarías chupando espacio en la órbita del planeta de los descoladores.
—¡Todos me odiáis! —gritó Quara, y se echó a llorar.
Miro abrió la puerta de la lanzadera y condujo a Jane a la luz. Era su primer paso en la superficie de un planeta, su primera visión de la luz del sol con aquellos ojos humanos. Se quedó allí de pie petrificada, y luego volvió la cabeza para ver más, miró al cielo, Y entonces estalló en lágrimas y se abrazó a él.
¬ó¬°Oh, Miro! ¬°Es demasiado para soportarlo! ¬°Todo es demasiado maravilloso!
—Tendrías que verlo en primavera —dijo él tontamente.
Un momento despu√©s, ella se recuper√≥ lo suficiente para volver a contemplar el mundo, a dar pasos de tanteo. Vieron que un hovercar se acercaba ya desde Milagro. Ser√≠an Olhado y Grego, o tal vez Valentine y Jakt. Conocer√≠an a Jane-como-Val por primera vez. Valentine, m√°s que nadie, recordar√≠a a Val y la echar√≠a de menos; al contrario que Miro, no ten√≠a ning√ļn recuerdo concreto de Jane, pues no hab√≠an sido √≠ntimas.
Pero si Miro conocía a Valentine, sabía que se guardaría para sí la pena que pudiera sentir; sólo haría partícipe a Jane de su bienvenida, y tal vez mostraría cierta curiosidad. Valentine era así. Para ella era más importante comprender que lamentar. Sentía todas las cosas profundamente, pero no dejaba que su propia pena o su dolor se interpusieran entre ella y la posibilidad de aprender cuanto pudiese.
¬óNo tendr√≠a que haberlo hecho ¬ódijo Jane. ¬ó¬ŅHacer qu√©?
—Usar la violencia física contra Quara.
Miro se encogió de hombros.
—Es lo que ella quería. Le gusta.
—No, no quiere eso —dijo Jane—. No en el fondo del corazón. Quiere lo que todo el mundo... ser amada y atendida, formar parte de algo hermoso, tener el respeto de aquellos a quienes admira.
¬óS√≠, bueno, si t√ļ lo dices.
¬óNo, Miro, lo ves t√ļ mismo ¬óinsisti√≥ Jane.
¬óS√≠, lo veo ¬órespondi√≥ Miro¬ó. Pero dej√© de intentarlo hace a√Īos. La necesidad de Quara era y es tan grande que una persona como yo podr√≠a ser tragada por ella una docena de veces. Entonces yo tambi√©n ten√≠a problemas propios. No me condenes porque la ignor√©. Su barril de tristeza tiene suficiente profundidad para contener un millar de cubos de felicidad.
—No te condeno. Sólo... tenía que saber que veías cuánto te ama y te necesita. Necesitaba que
fueras...
¬óNecesitabas que fuera como Ender.
¬óNecesitaba que fueras lo mejor de ti.
¬óSabes que yo tambi√©n amaba a Ender. Le considero el mejor hombre. Y no lamento el hecho de que me gustar√≠a ser al menos algunas de las cosas que fue para ti. Siempre que t√ļ tambi√©n quieras unas cuantas cosas que sean s√≥lo m√≠as y no de √©l.
—No espero que seas perfecto —dijo Jane—. Ni que seas Ender. Y será mejor que no esperes perfección por mi parte, porque por mucho que intente hacerme la sabia, sigo siendo la que empujó a tu hermana.
¬ó¬ŅQui√©n sabe? Tal vez eso haya convertido a Quara en tu mejor amiga.
—Espero que no —dijo Jane—. Pero si es cierto, haré todo lo que pueda por ella. Después de todo, ahora va a ser mi hermana.
, dijo la Reina Colmena.
, respondió Humano.






, dijo la Reina Colmena.