4 - Soy un hombre de perfecta sencillez



¬ęCuando era ni√Īa, pensaba
que un dios se decepcionaba
cada vez que alguna distracción
interrumpía mi seguimiento de las líneas
marcadas en las vetas de la madera.
Ahora sé que los dioses esperan esas interrupciones,
pues conocen nuestra fragilidad.
Lo que les sorprende es que concluyamos nuestros
actos.¬Ľ

de Los susurros divinos de Han Qing¬ó¬ójao
Al segundo d√≠a, Peter y Wang-mu se aventuraron en el mundo de Viento Divino. No tuvieron que preocuparse por aprender un idioma. Viento Divino era un mundo antiguo, de la primera oleada de los colonizados tras la emigraci√≥n inicial de la Tierra. Era originalmente tan reaccionario como Sendero, aferrado a viejas costumbres. Pero las costumbres de Viento Divino eran japonesas, y por eso cab√≠a la posibilidad de un cambio radical. Con apenas trescientos a√Īos de historia propia, el mundo se transform√≥ y dej√≥ de ser el aislado feudo de un shogunato ritualizado para convertirse en un centro cosmopolita de comercio, industria y filosof√≠a. Los japoneses de Viento Divino se enorgullec√≠an de ser anfitriones de visitantes de todos los mundos, y hab√≠a a√ļn muchos lugares donde los ni√Īos crec√≠an hablando s√≥lo japon√©s hasta el momento de ingresar en el colegio. Pero, llegados a la edad adulta, todos los habitantes de Viento Divino hablaban stark con fluidez, y los mejores con elegancia, con gracia, con sorprendente econom√≠a; Mil Fiorelli dec√≠a, en su libro m√°s famoso, Observaciones a simple vista de mundos distantes, que el stark era un idioma que no ten√≠a hablantes nativos hasta que se susurraba en Viento Divino.
Y as√≠, cuando Peter y Wang-mu atravesaron los bosques de la gran reserva natural donde hab√≠a aterrizado su nave para llegar a una aldea de le√Īadores, ri√©ndose del tiempo que hab√≠an estado ¬ęperdidos¬Ľ en el bosque, nadie se fij√≥ dos veces en los rasgos chinos y el acento de Wang-mu, ni en la piel blanca de Peter y en su falta de pliegue epic√°ntico. Dijeron que hab√≠an perdido sus documentos, pero una consulta al ordenador revel√≥ que ten√≠an permiso de conducir autom√≥viles en la ciudad de Nagoya, y aunque al parecer Peter ten√≠a un par de multas de tr√°fico all√≠, por lo dem√°s no hab√≠a cometido ning√ļn acto ilegal. Como profesi√≥n de Peter constaba ¬ęmaestro independiente de f√≠sica¬Ľ; Wang-mu constaba como ¬ęfil√≥sofa itinerante¬Ľ. Ambas posiciones eran bastante respetables, dada su juventud y su carencia de lazos familiares. Cuando les hicieron preguntas informales (¬ęTengo un primo que ense√Īa gram√°tica progenerativa en la Universidad Komatsu de Nagoya¬Ľ), Jane apunt√≥ a Peter los comentarios adecuados:
¬óYo nunca voy m√°s all√° del Edificio Oe. Los ling√ľistas no se hablan con los f√≠sicos. Piensan que s√≥lo sabemos de matem√°ticas. Seg√ļn Wang-mu, el √ļnico idioma que hablamos los f√≠sicos es la gram√°tica de los sue√Īos.
Wang-mu no tenía una apuntadora tan amistosa en el oído, pero se suponía que una filósofa itinerante era gnómica en su discurso y mántica de pensamiento. Así que pudo contestar al comentario de Peter diciendo:
¬óDigo que es la √ļnica gram√°tica que hablas. No hay ninguna que puedas comprender.
Esto empuj√≥ a Peter a hacerle cosquillas; Wang-mu se ri√≥ y le retorci√≥ la mu√Īeca hasta que par√≥. As√≠ demostraron a los le√Īadores que eran exactamente lo que sus documentos dec√≠an: j√≥venes brillantes atontados por el amor... o por la juventud, como si hubiera alguna diferencia.
Los llevaron en un flotador del Gobierno de vuelta a terreno civilizado, donde (gracias a la manipulación que hizo Jane de las redes informáticas), encontraron un apartamento que hasta el día anterior había estado vacío y sin amueblar, pero que ahora estaba lleno de una ecléctica mezcla de muebles y arte que reflejaba una encantadora combinación de pobreza y gusto exquisito.
¬óMuy bonito ¬ódijo Peter.
Wang-mu, familiarizada s√≥lo con el gusto de un mundo, y en realidad con el de un √ļnico hombre de ese mundo, apenas pod√≠a evaluar las decisiones de Jane. Hab√≠a lugares donde sentarse, tanto sillas occidentales, que doblaban a la gente en √°ngulos rectos y nunca le resultaban c√≥modas a Wang-mu, como esteras orientales, que animaban a la gente a retorcerse en c√≠rculos con la armon√≠a de la tierra. El dormitorio, con su colch√≥n occidental levantado del suelo (aunque no hab√≠a ratas ni cucarachas), era obviamente para Peter; Wang-mu sab√≠a que la misma esterilla que la invitaba a sentarse en la habitaci√≥n principal del apartamento ser√≠a tambi√©n el lugar donde dormir√≠a de noche.
Ofreci√≥ a Peter el primer ba√Īo; sin embargo, √©l no parec√≠a tener prisa por lavarse, aunque ol√≠a a sudor despu√©s del paseo y las horas transcurridas en el flotador. As√≠ que Wang-mu acab√≥ disfrutando del ba√Īo, con los ojos cerrados, y medit√≥ hasta que se sinti√≥ restaurada. Cuando abri√≥ los ojos ya no se encontr√≥ extra√Īa. Era ella misma, y los objetos y espacios que la rodeaban pod√≠an relacionarse con ella sin da√Īar su sentido del yo. Era una capacidad que hab√≠a adquirido de peque√Īa, cuando no ten√≠a poder ni siquiera sobre su propio cuerpo y deb√≠a obedecer en todo. Era lo que la preservaba. Su vida ten√≠a muchas cosas desagradables prendidas como r√©moras en un tibur√≥n, pero ninguna cambiaba qui√©n era bajo la piel, en la fr√≠a oscuridad de su soledad con los ojos cerrados y la mente en paz.
Cuando sali√≥ del ba√Īo, encontr√≥ a Peter comiendo ausente un plato de uvas mientras contemplaba una holobra en la que actores japoneses enmascarados se gritaban y daban grandes y torpes zancadas ruidosas como si interpretaran a personajes dos veces m√°s grandes que ellos.
¬ó¬ŅHas aprendido japon√©s? ¬ópregunt√≥ Wang-mu.
¬óJane me lo traduce. Es una gente muy rara.
—Es una antigua forma de representación teatral.
¬óPero muy aburrida. ¬ŅHubo alguna vez alguien cuyo coraz√≥n se conmoviera con todos esos gritos?
—Si estás metido en la historia, entonces gritan las palabras de tu propio corazón.
¬ó¬ŅEl coraz√≥n de alguien dice: ¬ęSoy el viento de la fr√≠a nieve de la monta√Īa, y t√ļ eres el tigre cuyo rugido se congelar√° en tus o√≠dos antes de que tiembles y mueras con el cuchillo de hierro de mis
ojos invernales¬Ľ?
¬óUna frase digna de ti ¬ódijo Wang-mu¬ó, Lo tuyo son las fanfarronadas y las baladronadas.
¬óYo soy el hombre de ojos redondos que maldice y apesta como el cad√°ver de una mofeta
podrida, y t√ļ eres la flor que se marchitar√° a menos que me d√© inmediatamente una ducha con lej√≠a y
amoníaco.
¬óCierra los ojos cuando lo hagas. Son productos abrasivos.
No hab√≠a ordenador en el apartamento. Tal vez la holovisi√≥n pod√≠a utilizarse como tal pero, si era as√≠, Wang-mu no sab√≠a c√≥mo. Los controles no se parec√≠an a nada que hubiera visto en casa de Han Fei-tzu, pero eso no era sorprendente. Los habitantes de Sendero no copiaban sus dise√Īos de otros mundos, si era posible. Wang-mu ni siquiera sab√≠a c√≥mo apagar el sonido. No importaba. Se sent√≥ en la estera y trat√≥ de recordar todo lo que sab√≠a de los japoneses por sus estudios de la historia terrestre con Han Qing-jao y su padre, Han Fei-tzu. Era consciente de que su educaci√≥n era deficiente, porque al ser una ni√Īa de clase baja nadie se hab√≠a molestado en ense√Īarle mucho hasta que entr√≥ al servicio de Qing-jao. Han Fei-tzu le hab√≠a dicho que se olvidara de los estudios acad√©micos y que buscara simplemente la informaci√≥n de acuerdo con sus intereses.
—Tu mente no está estropeada por la educación tradicional, por tanto debes seguir tu propio camino en cada materia.
A pesar de esta aparente libertad, Fei-tzu pronto le mostró que era un maestro severo aunque las materias fueran de libre elección. La desafiaba, la interrogaba en todo lo que aprendía sobre historia
o biograf√≠a; le exig√≠a que generalizara, luego refutaba sus generalizaciones; y si ella cambiaba de opini√≥n, entonces exig√≠a con la misma fuerza que defendiera su nueva postura, aunque un momento antes hubiera sido la suya propia. El resultado fue que, incluso con una informaci√≥n limitada, estaba preparada para repasarla, descartar conclusiones anteriores y formular nuevas hip√≥tesis. As√≠ que pod√≠a cerrar los ojos y continuar su educaci√≥n sin que ninguna joya le susurrara al o√≠do, pues segu√≠a oyendo las c√°usticas preguntas de Han Fei-tzu aunque se encontrara a a√Īos-luz de distancia.
Los actores dejaron de gritar antes de que Peter terminara de ducharse. Wang-mu no se dio
cuenta de eso, pero sí de que una voz procedente del holovisor decía:
¬ó¬ŅTe gustar√≠a otra selecci√≥n grabada, o prefieres conectar con una emisi√≥n actual?
Por un momento, Wang-mu pensó que la voz debía de ser de Jane; luego se dio cuenta de que era
simplemente el men√ļ de la m√°quina.
¬ó¬ŅTienes noticias? ¬ópregunt√≥.
¬ó¬ŅLocales, regionales, planetarias o interplanetarias?
—Empieza con las locales —dijo Wang-mu. Era forastera aquí. Bien podía familiarizarse con
las cosas.
Cuando Peter sali√≥ del cuarto de ba√Īo, limpio y vestido con uno de los estilizados atuendos locales que Jane hab√≠a encargado para √©l, Wang-mu estaba enfrascada en la noticia de un juicio; alguien hab√≠a sido acusado de agotar la pesca en una regi√≥n situada a pocos cientos de kil√≥metros de la ciudad donde estaban. ¬ŅC√≥mo se llamaba el lugar?
Oh, s√≠. Nagoya. Como Jane hab√≠a declarado en todos sus falsos registros que √©sta era su ciudad natal, fue aqu√≠ donde los trajo el flotador. ¬óTodos los mundos son iguales ¬ódio Wang-mu¬ó. La gente quiere comer pescado, y algunos quieren pescar m√°s de lo que el mar puede reponer. ¬ó¬ŅQu√© da√Īo hace si pesco un d√≠a de m√°s o me llevo una tonelada de m√°s? ¬ópregunt√≥ Peter.
—Si todo el mundo lo hiciera, entonces... —se detuvo—. Ya veo. Estabas expresando de forma irónica el modo de pensar de los malhechores.
¬ó¬ŅYa voy limpio y guapo? ¬ópregunt√≥ Peter, d√°ndose la vuelta para mostrar su ropa, amplia per√≥ que de alg√ļn modo realzaba su silueta.
—Los colores son chillones. Te queda gritón.
¬óNo, no ¬ódijo Peter¬ó. La idea es que la gente que me vea grite.
—Aaaah —gritó Wang-mu en voz baja.
¬óJane dice que en realidad es un traje conservador... para un hombre de mi edad y supuesta
profesión. Los hombres de Nagoya tienen fama de ser pavos reales.
¬ó¬ŅY las mujeres?
—Con los pechos al aire todo el tiempo. Una visión sorprendente.
—Eso es mentira. No he visto a una sola mujer con los pechos desnudos cuando veníamos y...
¬óSe detuvo, y le mir√≥ con el ce√Īo fruncido¬ó. ¬ŅDe verdad quieres que asuma que todo lo que dices
es mentira?
—Pensé que merecía la pena intentarlo.
¬óNo seas tonto. No tengo pechos.
¬óLos tienes peque√Īos. Sin duda eres consciente de la diferencia. ¬óNo quiero discutir sobre mi
cuerpo con un hombre vestido con un jard√≠n mal dise√Īado.
¬óAqu√≠ las mujeres son todas un cero a la izquierda ¬ódijo Peter¬ó. Tr√°gico pero cierto. La dignidad y todo eso. S√≥lo a los j√≥venes y los muchachos en edad de merecer se les permite este tipo de plumaje. Creo que los colores vivos son para espantar a las mujeres. ¬°No esperes nada serio por parte de este chico! Qu√©date a jugar, o m√°rchate, Algo as√≠. Creo que Jane eligi√≥ esta ciudad para nosotros con el √ļnico prop√≥sito de hacerme llevar esta ropa.
¬óTengo hambre. Estoy cansada.
¬ó¬ŅQu√© es m√°s urgente?
¬óEl hambre.
—Ahí tienes uvas —ofreció él.
¬óQue no has lavado. Supongo que es parte de tu deseo de muerte.
—En Viento Divino, los insectos saben cuál es su sitio y se quedan allí. No hay pesticidas. Jane me lo aseguró.
—Tampoco hay pesticidas en Sendero —dijo Wang-mu—. Pero lavamos la fruta para eliminar las bacterias y otras criaturas unicelulares. La disentería amébica nos retrasaría.
¬óOh, pero el cuarto de ba√Īo est√° muy bien, ser√≠a una l√°stima no utilizarlo ¬ócontest√≥ Peter. A pesar de su actitud, Wang-mu vio que su comentario sobre la disenter√≠a lo molestaba.
¬óVamos a comer fuera ¬ó¬ódijo Wang-mu¬ó. Jane tiene dinero para nosotros, ¬Ņno?
Peter escuchó un momento algo que surgía de la joya que llevaba en la oreja.
¬óS√≠, y lo √ļnico que tenemos que hacer es decirle al encargado del restaurante que hemos perdido el carn√© de identidad y nos tomar√° las huellas para cargarlo en nuestra cuenta. Jane dice que somos muy ricos si es necesario, pero que deber√≠amos intentar actuar como si tuvi√©ramos medios limitados y sali√©ramos ocasionalmente a celebrar algo. ¬ŅQu√© tenemos que celebrar?
¬óTu ba√Īo.
¬óCelebra t√ļ eso. Yo celebrar√© nuestro regreso sanos y salvos del bosque.
Pronto se encontraron en la calle, un lugar bullicioso con pocos coches, cientos de bicicletas, y miles de personas en las calzadas y aceras deslizantes.
A Wang-mu no les gustaban esas extra√Īas m√°quinas e insisti√≥ en caminar sobre suelo s√≥lido, lo que implicaba elegir un restaurante cercano. Los edificios del vecindario eran viejos, pero no decr√©pitos; un barrio con solera, pero tambi√©n con orgullo. El estilo era radicalmente abierto, con arcos y patios, columnas y tejados, pero pocos muros y nada de cristal.
—El tiempo aquí debe de ser ideal —comentó Wang-mu.
¬óTropical, pero en la costa tienen vientos fr√≠os. Llueve cada tarde durante una hora o as√≠, al menos la mayor parte del a√Īo, pero nunca hace mucho calor y jam√°s hiela.
¬óParece como si todo estuviera al aire libre siempre.
¬óEso es falso ¬ódijo Peter¬ó. Nuestro apartamento ten√≠a ventanas y control de clima, ya te diste cuenta. Pero da al jard√≠n y adem√°s las ventanas est√°n empotradas, para que desde abajo no se vean los cristales. Muy art√≠stico. Aspecto natural, pero artificial. Hipocres√≠a y enga√Īo... un rasgo humano universal.
¬óEs una hermosa forma de vivir ¬ó¬ódijo Wang-mu¬ó. Me gusta Nagoya.
—Lástima que no vayamos a pasar aquí mucho tiempo.
Antes de que ella pudiera preguntar adónde iban y por qué,
Peter la hizo entrar en el patio de un concurrido restaurante.
—En éste cocinan el pescado —dijo—. Espero que no te importe.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ŅLos otros lo sirven crudo? ¬óle pregunt√≥ Wang-mu, riendo. Entonces advirti√≥ que Peter hablaba en serio. ¬°Pescado crudo!
—Los japoneses son famosos por eso, y en Nagoya es casi una religión. Fíjate... no hay ni una cara japonesa en el restaurante. No se dignarían a comer pescado que haya sido destruido por el calor. Es una de las cosas a las que se aferran.. Ahora hay tan pocas cosas genuinamente japonesas en su cultura, que se vuelcan en las pocas costumbres niponas que sobreviven.
Wang-mu asintió, comprendiendo perfectamente que una cultura pudiera aferrarse a tradiciones muertas sólo por el bien de la identidad nacional, y también agradecida por estar en un lugar donde esas costumbres eran todas superficiales y no distorsionaban y destruían las vidas de las personas como ocurría en Sendero.
La comida llegó rápidamente (casi no se tarda nada en cocinar el pescado), y mientras comían,
Peter cambió de postura varias veces sobre la estera.
¬óL√°stima que este sitio no sea lo bastante poco tradicional como para tener sillas.
¬ó¬ŅPor qu√© odi√°is tanto la tierra los europeos que siempre viv√≠s por encima de ella? ¬ópregunt√≥ Wang-mu.
—Ya has respondido a tu pregunta —dijo Peter fríamente—. Empiezas con la suposición de que odiamos la tierra. Hace que parezcas una primitiva que utiliza la magia.
Wang-mu se ruborizó y guardó silencio.
—Oh, ahórrame el rollo de la mujer oriental pasiva. O el de la manipulación pasiva a través de
la culpa de me-entrenaron-para-ser-criada-y¬ót√ļ-pareces-un-cruel-amo-sin-coraz√≥n. S√© que soy un
aut√©ntico mierda y no voy a cambiar s√≥lo porque t√ļ parezcas tan abatida.
—Entonces podrías cambiar porque deseas no seguir siendo un mierda.
¬óEs mi car√°cter. Ender me cre√≥ odioso para poder odiarme. El beneficio a√Īadido es que t√ļ puedes odiarme tambi√©n.
—Oh, cállate y cómete el pescado. No sabes de lo que estás hablando. Se supone que tienes que analizar a los seres humanos y no puedes comprender a la persona que está más cerca de ti de todo el mundo.
¬óNo quiero comprenderte ¬ódijo Peter¬ó. Quiero cumplir mi misi√≥n explotando esa brillante inteligencia que al parecer tienes... aunque creas que la gente que se agacha est√° de alg√ļn modo ¬ęm√°s cerca de la tierra¬Ľ que los que permanecen erguidos.
—No hablaba de mí. Me refería a la persona más cercana a ti: Ender.
—Está lejísimos ahora mismo, menos mal.
—No te creó para poder odiarte. Dejó de hacerlo hace mucho tiempo.
—Sí, sí, escribió El Hegemón, etcétera, etcétera.
—Eso es. Te creó porque necesitaba desesperadamente alguien que le odiara a él.
Peter puso los ojos en blanco y tom√≥ un sorbo de pi√Īa colada. ¬óLa cantidad justa de coco. Creo que me retirar√© aqu√≠, si Ender no se muere y me hace desaparecer primero.
¬ó¬ŅDigo algo que es verdad y me respondes hablando del coco en el zumo de pi√Īa?
¬óNovinha le odia. No me necesita.
—Novinha está enfadada con él, pero se equivoca al estarlo y él lo sabe. Lo que necesita de ti
es... una furia justa. Que le odies por el mal que hay realmente en él, y que nadie más que él mismo ve
o cree que exista. —Soy sólo una pesadilla de su infancia. Has leído demasiado sobre el tema. —No te conjuró porque el Peter de verdad fuera tan importante en su infancia. Te conjuró
porque eres el juez, el que condena. Eso es lo que Peter le ense√Ī√≥ cuando era ni√Īo. T√ļ mismo me lo dijiste al hablar de tus recuerdos. Peter burl√°ndose de √©l, dici√©ndole que era indigno, in√ļtil, est√ļpido, cobarde. T√ļ lo haces ahora. Contemplas su vida y lo llamas xenocida, fracasado. Por alg√ļn motivo √©l necesita esto, necesita tener alguien que le maldiga.
—Bueno, qué suerte entonces que yo esté por aquí para despreciarlo-dijo Peter.
—Pero también necesita desesperadamente alguien que le perdone, que tenga piedad de él, que interprete todas sus acciones como buenas intenciones. Valentine no está allí porque él la ame... tiene a la verdadera Valentine para eso. Tiene a su esposa. Necesita que tu hermana exista para que pueda perdonarlo.
¬ó¬ŅY si yo dejo de odiar a Ender, ya no me necesitar√° y desaparecer√©?
—Si Ender deja de odiarse a sí mismo, entonces no necesitará que seas malo y será más fácil tratar contigo.
—Sí, bueno, no es tan fácil llevarse bien con alguien que está analizando constantemente a una persona que nunca ha conocido y dando sermones a la persona que sí conoce.
¬óEspero conseguir que te sientas mal ¬ódijo Wang-mu¬ó. Es justo, ¬Ņno?
—Creo que Jane nos trajo aquí porque las costumbres locales reflejan quiénes somos. Aunque
soy una marioneta, encuentro alg√ļn perverso placer en la vida. Mientras que t√ļ... puedes volver
cualquier cosa gris sólo hablando del tema.
Wang-mu reprimió las lágrimas y se concentró en la comida.
¬ó¬ŅQu√© te pasa? ¬ódijo Peter.
Ella le ignor√≥, mastic√≥ lentamente, encontrando el n√ļcleo intacto de s√≠ misma que disfrutaba de
la comida. ¬ó¬ŅNo sientes nada? Ella trag√≥, lo mir√≥.
¬óYa echo de menos a la se√Īorita Han Fei-tzu y apenas hace dos d√≠as que me fui. ¬óSonri√≥ d√©bilmente¬ó. He conocido a un hombre lleno de gracia y sabidur√≠a. Me encontr√≥ interesante. Me siento muy c√≥moda aburri√©ndote.
Peter inmediatamente hizo como si se arrojara agua a la cara.
—Estoy ardiendo, me pica, oh, no puedo soportarlo. ¡Malvada! ¡Tienes el aliento de un dragón! ¡Los hombres mueren a causa de tus palabras!
—Sólo las marionetas que manotean colgadas de sus cuerdas —dijo Wang-mu.
¬óMejor colgar de las cuerdas que estar atado con ellas.
¬óOh, los dioses deben de amarme para haberme dejado en compa√Ī√≠a de un hombre tan h√°bil
con las palabras.
¬óMientras que a m√≠ los dioses me han dejado en compa√Ī√≠a de una mujer sin pechos.
Ella se obligó a fingir que se lo tomaba a broma.
¬óPeque√Īitos, seg√ļn dijiste.
De repente, la sonrisa desapareció de la cara de Peter.
¬óLo siento ¬ódijo¬ó. Te he herido.
¬óNo lo creo. Te lo dir√© m√°s tarde, despu√©s de una buena noche de sue√Īo.
—Creía que estábamos bromeando —dijo Peter—. Intercambiando insultos.
—Lo estábamos —respondió Wang-mu—. Pero yo me los tomo en serio.
Peter dio un respingo.
—Entonces yo también me siento herido.
¬óT√ļ no sabes c√≥mo herir. S√≥lo te est√°s burlando de m√≠. Peter apart√≥ el plato y se levant√≥.
¬óNos veremos en el apartamento. ¬ŅCrees que sabr√°s encontrar el camino?
¬ó¬ŅTe importa?
¬óMenos mal que no tengo alma ¬ódijo Peter¬ó. Eso es lo √ļnico que te impide devorarla.
—Si alguna vez tuviera tu alma en la boca, la escupiría.
¬óDescansa un poco. Para el trabajo que tenemos por delante, necesito una mente, no una pelea.
Salió del restaurante. La ropa le sentaba mal. La gente se lo quedó mirando. Era un hombre demasiado digno y fuerte para vestir de manera tan chillona. Wang-mu vio de inmediato que eso le avergonzaba.
También vio que se movía rápidamente porque sabía que aquella ropa era un error. Sin duda haría que Jane le encargara algo con lo que pareciera más mayor, más maduro, algo más a tono con su necesidad de honor.
Mientras que yo necesito algo que me haga desaparecer. O mejor todavía, ropa que me permita salir volando de aquí, en una sola noche, volar al Exterior y luego al Interior, a casa de Han Fei-tzu, donde puedo mirar a los ojos sin ver piedad ni desprecio. Ni dolor. Pues hay dolor en los ojos de Peter, y no ha estado bien por mi parte decir que no sentía ninguno. Al valorar tanto mi propio dolor he cometido el error de creer que eso me daba derecho a infligirle más. Si le pido disculpas, se burlará de mí por eso.
Pero prefiero que se burle de m√≠ por hacer una cosa buena que ser respetada sabiendo que he hecho algo mal. ¬ŅEs un principio que me ense√Ī√≥ Han Fei-tzu? No. Nac√≠ con eso. Como dec√≠a mi madre, demasiado orgullo, demasiado orgullo.
Sin embargo, cuando regres√≥ al apartamento, Peter estaba dormido; agotada, ella pospuso sus disculpas y durmi√≥ tambi√©n. Ambos se despertaron durante la noche, pero no al mismo tiempo; y por la ma√Īana, el resquemor de la pelea de la noche anterior se hab√≠a apagado. Ten√≠an trabajo que hacer, y para ella era m√°s importante comprender lo que iban a intentar que cerrar una brecha entre ellos que parec√≠a, a la luz de la ma√Īana, una discusi√≥n nimia entre amigos cansados.
—El hombre que Jane ha elegido para que lo visitemos es un filósofo.
¬ó¬ŅComo yo? ¬ódijo Wang-mu, agudamente consciente de su nueva identidad falsa.
—Eso es lo que quería discutir contigo. Hay dos tipos de filósofos en Viento Divino. Aimaina Hikari, el hombre al que vamos a conocer, es un filósofo analítico. No estás preparada para enfrentarte a él. Así que eres del otro tipo: gnómica y mántica, tendente a soltar frases que sorprenden a los demás por su aparente irrelevancia.
¬ó¬ŅEs necesario que mis frases supuestamente profundas s√≥lo parezcan irrelevantes?
—No tienes que preocuparte por eso. Los filósofos gnómicos dependen unos de otros para conectar sus irrelevancias con el mundo real. Por eso cualquiera puede fingir serlo.
Wang-mu sintió que su ira se elevaba como el mercurio de un termómetro.
—Qué amable por tu parte al elegirme esa profesión.
¬óNo te ofendas ¬ódijo Peter¬ó. Jane y yo tuvimos que recurrir a alg√ļn papel que pudieras interpretar en este planeta concreto y que no revelara que eres una nativa de Sendero sin educaci√≥n. Tienes que entender que en Viento Divino no se permite a ning√ļn ni√Īo crecer siendo un ignorante sin remisi√≥n, como sucede con los servidores de Sendero.
Wang-mu no sigui√≥ discutiendo. ¬ŅQu√© sentido tendr√≠a? Si uno ten√≠a que decir, en una discusi√≥n, ¬ę ¬°Soy inteligente! ¬°S√© cosas! ¬Ľ, entonces tambi√©n pod√≠a dejar de discutir. De hecho, se le ocurri√≥ que esa idea era exactamente una de las frases gn√≥micas de las que hablaba Peter. As√≠ lo dijo.
¬óNo, no, no me refiero a epigramas ¬ócorrigi√≥ Peter¬ó. Son demasiado anal√≠ticos. Me refiero a cosas verdaderamente extra√Īas. Por ejemplo, podr√≠as haber dicho: ¬ęEl p√°jaro carpintero ataca el √°rbol para llegar al insecto¬Ľ, y entonces yo tendr√≠a que haberme puesto a pensar c√≥mo encaja eso connuestra situaci√≥n. ¬ŅSoy yo el p√°jaro carpintero? ¬ŅEl √°rbol? ¬ŅEl insecto? √Čsa es la gracia del asunto.
—Me parece que acabas de demostrar que eres el más gnómico de los dos.
Peter puso los ojos en blanco y se acercó a la puerta.
¬óPeter ¬ódijo ella, sin moverse del sitio.
√Čl se volvi√≥.
¬ó¬ŅNo te ser√≠a de m√°s ayuda si supiera por qu√© vamos a conocer a ese hombre, y qui√©n es?
Peter se encogió de hombros.
¬óSupongo. Aunque sabemos que Aimaina Hikari no es la persona, ni siquiera una de las personas que estamos buscando.
—Dime entonces a quién buscamos.
¬óBuscamos el centro de poder de los Cien Mundos. ¬ó¬ŅEntonces por qu√© estamos aqu√≠, en vez de en el Congreso Estelar?
¬óEl Congreso Estelar es una farsa. Los delegados son actores. Los guiones se escriben en otra parte.
—Aquí.
—La facción del Congreso que se está saliendo con la suya con la Flota Lusitania no es la que ama la guerra. Ese grupo se alegra de todo el asunto, desde luego, ya que siempre creen en la brutalidad para sofocar las insurrecciones y todo eso, pero nunca habrían podido conseguir los votos para enviar la flota sin un grupo bisagra que está muy influenciado por una escuela de filósofos de
Viento Divino.
¬ó¬ŅDe la cual Aimaina Hikari es el l√≠der?
—Es más sutil que eso. En realidad es un filósofo solitario que no pertenece a ninguna escuela
concreta. Pero representa una especie de pureza del pensamiento japonés que le convierte en algo así
como una conciencia para los filósofos que influyen en el grupo bisagra del Congreso.
¬ó¬ŅCu√°ntas fichas de domin√≥ crees que puedes poner en fila para que se derriben unas a otras?
—No, eso no es lo bastante gnómico. Sigue siendo demasiado analítico.
¬óTodav√≠a no estoy interpretando mi papel. ¬ŅCu√°les son las ideas que ese grupo bisagra saca de
esta escuela filosófica?
Peter suspir√≥ y se sent√≥... en una silla, por supuesto. Wang-mu lo hizo en el suelo y pens√≥: ¬ęAs√≠ es como le gusta verse a un hombre europeo, con la cabeza m√°s alta que los dem√°s, ense√Īando a una mujer asi√°tica. Pero desde mi perspectiva, se ha desconectado de la tierra. Escuchar√© sus palabras, pero sabiendo que es cosa m√≠a hacer que lleguen a un lugar vivo.¬Ľ
¬óEl grupo bisagra nunca usar√≠a la fuerza masiva contra lo que en realidad es una disputa menor con una colonia diminuta. El asunto empez√≥, como sabes, cuando dos xen√≥logos, Miro Ribe√≠ra y Ouanda Mucumbi, fueron capturados ense√Īando agricultura a los pequeninos de Lusitania. Esto constitu√≠a una interferencia cultural, y se les orden√≥ salir del planeta para ser juzgados. Naturalmente, con las viejas naves relativistas que viajaban a la velocidad de la luz, sacarlos del planeta significaba que cuando volvieran, si lo hac√≠an, todos aquellos a quienes conoc√≠an ser√≠an viejos o estar√≠an muertos. As√≠ que √©se era un modo de tratarlos brutalmente duro y equival√≠a a prejuzgarlos. El Congreso esperaba quiz√° protestas por parte del gobierno de Lusitania, pero se encontr√≥ con un desaf√≠o abierto y el corte de las comunicaciones ansible. Los tipos duros del Congreso empezaron inmediatamente a moverse para enviar un contingente de tropas y tomar el control de Lusitania. Pero no tuvieron los votos, hasta...
¬óHasta que resucitaron el espectro del virus de la descolada.
¬óExactamente. El grupo que se opon√≠a totalmente al uso de la fuerza sac√≥ a colaci√≥n la descolada como motivo para no enviar las tropas... porque en esa √©poca cualquier infectado por el virus ten√≠a que quedarse en Lusitania y seguir tomando un inhibidor que imped√≠a que la descolada destruyera tu cuerpo desde dentro. Por primera vez, el peligro de la descolada fue ampliamente conocido, y el grupo bisagra surgi√≥, constituido por aquellos a quienes sorprend√≠a que Lusitania no hubiera sido puesta antes en cuarentena. ¬ŅQu√© pod√≠a ser m√°s peligroso que un virus semi-inteligente y de r√°pida propagaci√≥n en manos de los rebeldes? El grupo estaba formado casi en su totalidad por delegados fuertemente influenciados por la Escuela Necesaria de Viento Divino.
Wang-mu asintió.
¬ó¬ŅY qu√© ense√Īan los necesarios?
¬óQue uno vive en paz y armon√≠a con su entorno, sin perturbar nada, soportando con paciencia las afecciones leves e incluso las serias. No obstante, cuando surge una aut√©ntica amenaza para la supervivencia, hay que actuar con brutal eficacia. La m√°xima es: Act√ļa s√≥lo cuando sea necesario, y entonces hazlo a la mayor velocidad y con toda la fueza. Si los militaristas quer√≠an un contingente de tropas, los delegados influidos por los necesarios insistieron en enviar una flota armada con el Artefacto de Disrupci√≥n Molecular, que destruir√≠a la amenaza del virus de la descolada de una vez por todas. Hay una clara iron√≠a en todo esto, ¬Ņno crees?
¬óNo la veo.
¬óOh, todo encaja a la perfecci√≥n. Ender Wiggin us√≥ el Peque√Īo Doctor para exterminar el mundo natal de los insectores. Ahora va a ser utilizado por segunda vez... ¬°contra el mundo donde √©l vive! M√°s a√ļn: el primer fil√≥sofo necesario, Ooka, citaba al propio Ender como m√°ximo ejemplo de sus ideas. Mientras los insectores fueron considerados una amenaza peligrosa para la supervivencia de la humanidad, la √ļnica respuesta apropiada era la total erradicaci√≥n del enemigo. Nada de medias tintas. Por supuesto, result√≥ que los insectores no eran una amenaza despu√©s de todo, como el propio Ender escribi√≥ en su libro La Reina Colmena, pero Ooka defendi√≥ el error porque la verdad se desconoc√≠a en el momento en que los superiores de Ender lanzaron a √©ste contra el enemigo. Lo que Ooka dijo fue: ¬ęNunca intercambies pu√Īetazos con el enemigo.¬Ľ Su idea era que nunca hay que intentar golpear a nadie, pero que si te ves obligado a hacerlo debes golpear una sola vez con tanta fuerza que tu enemigo no pueda jam√°s contraatacar.
—Así que usó a Ender como ejemplo de...
¬óEso es. Las acciones del propio Ender est√°n siendo empleadas para justificar otro ataque contra una especie inofensiva.
¬óLa descolada no era inofensiva.
¬óNo ¬ódijo Peter¬ó. Pero Ender y Ela encontraron otro modo, ¬Ņno? Descargaron un golpe contra la propia descolada. Pero no hay manera de convencer al Congreso de que retire la flota. Como Jane interfiri√≥ las comunicaciones ansible entre el Congreso y la flota, creen que se enfrentan a una conspiraci√≥n de grandes proporciones. Cualquier argumento que presentemos ser√° tomado como una campa√Īa de desinformaci√≥n. Adem√°s, ¬Ņqui√©n se creer√≠a el rebuscado relato del primer viaje al Exterior en el que Ela cre√≥ la antidescolada, Miro se recre√≥ a s√≠ mismo y Ender nos hizo a mi querida hermana y a m√≠?
—Así que los necesarios del Congreso...
¬óNo se autodenominan as√≠. Pero su influencia es muy fuerte. Mi opini√≥n y la de Jane es que si podemos hacer que alg√ļn necesario destacado se declare en contra de la Flota Lusitania... alegando motivos convincentes, por supuesto, la unanimidad de la mayor√≠a pro-flota del Congreso se romper√°. Es una mayor√≠a d√©bil: hay much√≠sima gente horrorizada por un uso tan devastador de la fuerza contra un mundo colonial, y otros que est√°n a√ļn m√°s aterrorizados ante la idea de que el Congreso destruya a los pequeninos, la primera especie inteligente encontrada desde la destrucci√≥n de los insectores. Les encantar√≠a detener la flota, o en el peor de los casos usarla para imponer una cuarentena permanente.
¬ó¬ŅPor qu√© no nos reunimos entonces con un necesario?
¬ó¬ŅPor qu√© iban a escucharnos? Si nos identificamos como partidarios de la causa Lusitania, nos encarcelar√≠an e interrogar√≠an. Y si no lo hacemos, ¬Ņqui√©n se tomar√° en serio nuestras ideas?
¬óEse Aimaina Hikari, entonces. ¬ŅQu√© es?
—Algunos lo llaman el filósofo Yamato. Todos los necesarios de Viento Divino son, naturalmente, japoneses, y la influencia de la filosofía ha aumentado entre los nipones, tanto en sus mundos nativos como dondequiera que haya una población substancial. Así que aunque Hikari no sea un necesario, se le honra como el custodio del alma japonesa.
—Si él les dice que es antijaponés destruir Lusitania...
¬óPero no lo har√°. No f√°cilmente, al menos. Su primer trabajo, con el que se gan√≥ la reputaci√≥n de fil√≥sofo Yamato, inclu√≠a la idea de que los japoneses nacieron como marionetas rebeldes. La primera en tirar de las cuerdas fue la cultura china. Pero Hikari dice que Jap√≥n aprendi√≥ todo lo malo del intento de invasi√≥n china... que una gran tormenta, llamada por cierto kamikaze, que significa Viento Divino, malogr√≥. Puedes estar segura de que todos en este mundo, al menos, recuerdan esa antigua historia. Pues bien, Jap√≥n se aisl√≥, y al principio se neg√≥ a tratar con los europeos cuando llegaron. Pero luego una flota americana abri√≥ por la fuerza Jap√≥n al comercio exterior, y entonces los japoneses se dispusieron a recuperar el tiempo perdido. La Restauraci√≥n Meiji los llev√≥ a tratar de industrializarse y occidentalizarse... y una vez m√°s, seg√ļn dice Hikari, unas nuevas cuerdas hicieron bailar la marioneta. S√≥lo que una vez m√°s, aprendieron la mala lecci√≥n. Como los europeosde esa √©poca eran imperialistas que se repart√≠an √Āfrica y Asia, Jap√≥n decidi√≥ que quer√≠a un trozo del pastel imperial. All√≠ estaba China, la antigua maestra de t√≠teres. As√≠ que hubo una invasi√≥n...
¬óNos ense√Īaron esa invasi√≥n en Sendero ¬ódijo Wang-mu.
¬óMe sorprende que ense√Īen historia m√°s reciente que la invasi√≥n mongola ¬ódijo Peter.
¬óLos japoneses fueron detenidos finalmente cuando los americanos lanzaron las primeras armas nucleares sobre dos ciudades niponas.
¬óEl equivalente, en aquellos tiempos, del Peque√Īo Doctor. El arma invencible, definitiva. Los japoneses no tardaron en considerar esas armas nucleares como una especie de emblema de orgullo: fuimos el primer pueblo atacado con armas nucleares. Se convirti√≥ en una especie de agravio permanente, lo que en realidad no era mala cosa, porque en parte les dio √≠mpetu para fundar y poblar muchas colonias, para no ser nunca m√°s una naci√≥n-isla indefensa. Pero entonces llega Aimaina Hikari y dice... Por cierto, el nombre lo eligi√≥ √©l mismo; es el seud√≥nimo que utiliz√≥ para firmar su primer libro. Significa Luz Ambigua.
—Qué gnómico —dijo Wang-mu.
Peter hizo una mueca.
—Oh, díselo a él, se pondrá muy orgulloso. Bueno pues, en su primer libro dice que los japoneses aprendieron la lección. Aquellas bombas nucleares cortaron las cuerdas. Japón quedó completamente humillado. El orgulloso gobierno antiguo fue destruido, el emperador se convirtió en una simple figura, la democracia llegó a Japón, y luego la prosperidad y el poder.
¬ó¬ŅLas bombas fueron entonces una bendici√≥n? ¬óle pregunt√≥ Wang-mu, dubitativa.
—No, no, en absoluto. Piensa que la prosperidad de Japón destruyó el alma del pueblo. Adoptaron a su destructor como padre. Se convirtieron en el hijo bastardo de América, que cobró vida por las bombas americanas. Marionetas otra vez.
¬ó¬ŅEntonces qu√© tiene eso que ver con los necesarios?
—Japón fue bombardeado, dice Hikari, precisamente porque los japoneses ya eran demasiado europeos. Trataron a China como los europeos trataron a América, con egoísmo y brutalidad. Pero los antepasados japoneses no pudieron soportar ver a sus hijos convertirse en tales bestias. Así, igual que los dioses de Japón enviaron un Viento Divino para detener a la flota china, enviaron también las bombas americanas para impedir que Japón se convirtiera en un estado imperialista como los europeos. La respuesta nipona tendría que haber sido soportar la ocupación americana y luego, cuando acabara, regresar a la pureza japonesa, ser otra vez castos e íntegros. El título de su libro fue No es demasiado tarde.
—Y apuesto a que los necesarios utilizan el bombardeo americano de Japón como otro ejemplo de golpear con fuerza y velocidad máximas.
¬óNing√ļn japon√©s se habr√≠a atrevido a ver con buenos ojos el bombardeo americano, hasta que Hikari hizo posible entenderlo no como un modo de sojuzgar Jap√≥n, sino como el intento de los dioses para redimir al pueblo.
¬ó¬ŅAs√≠ que est√°s diciendo que los necesarios lo respetan tanto que, si cambiara de opini√≥n, ellos tambi√©n cambiar√≠an... pero que no lo har√° porque cree que el bombardeo de Jap√≥n fue un don divino?
—Esperemos que cambie de opinión —dijo Peter—, o nuestro viaje será un fracaso. El problema es que no hay ninguna posibilidad de que esté abierto a que lo convenzamos. Y Jane no ha sabido deducir a partir de sus escritos qué o quién podría influenciarlo. Tenemos que hablar con él para averiguar adónde ir a continuación... para poder cambiar la opinión de los otros.
¬óEs realmente complicado, ¬Ņno?
¬óPor eso no cre√≠a que mereciera la pena explic√°rtelo. ¬ŅQu√© vas a hacer exactamente con esta informaci√≥n? ¬ŅEntrar en una discusi√≥n sobre la sutileza de la historia con un fil√≥sofo anal√≠tico de primera fila como Hikari?
¬óVoy a escuchar ¬ódijo Wang-mu.
¬óEso es lo que ibas a hacer antes ¬ódijo Peter.
—Pero ahora sabré a quién escucho.
¬óJane piensa que es un error que te ponga al corriente, porque ahora interpretar√°s todo lo que diga Hikari a la luz de lo que Jane y yo sabemos ya.
¬óDile a Jane que las √ļnicas personas que valoran la pureza de la ignorancia son aquellas que
se benefician del monopolio del conocimiento.
Peter se echó a reír.
¬óEpigramas otra vez ¬ódijo¬ó. Se supone que tienes que decir...
¬óNo me digas c√≥mo ser gn√≥mica otra vez ¬ócontest√≥ Wang-mu. Se levant√≥ del suelo. Ahora su cabeza estaba por encima de la de Peter¬ó. T√ļ eres el gnomo. Y en cuanto a que yo soy m√°ntica... recuerda que la mantis se come a su pareja.
—No soy tu pareja —dijo Peter—, y mántico se refiere a una filosofía que procede de la visión, la inspiración o la intuición en vez de hacerlo de la erudición y la razón.
¬óSi no eres mi pareja, deja de tratarme como a una esposa.
Peter se quedó perplejo, luego desvió la mirada.
¬ó¬ŅEstaba haciendo eso?
¬óEn Sendero, el marido da por hecho que su esposa es tonta y le ense√Īa incluso las cosas que
ya sabe. En Sendero, la esposa tiene que fingir, cuando le ense√Īa algo a su marido, que s√≥lo le est√°
recordando cosas que √©l le ense√Ī√≥ mucho antes.
¬óBueno, soy un pat√°n insensible, ¬Ņverdad?
—Por favor, recuerda —dijo Wang-mu—, que cuando nos reunamos con ese Aimaina Hikari, él
y yo tenemos una base de conocimiento que t√ļ nunca tendr√°s.
¬ó¬ŅY cu√°l es?
¬óLa vida.
Ella vio el dolor en su rostro y de inmediato lamentó habérselo causado. Pero fue un reflejo
condicionado: la habían entrenado desde la infancia para lamentar las ofensas que causaba, no
importaba cu√°n merecidas fueran.
¬óUfff ¬ódijo Peter, como si su dolor fuera fingido.
Wang-mu no demostró ninguna piedad: ya no era una servidora.
¬óTe enorgulleces de saber m√°s que yo, pero todo cuanto sabes Ender lo ha puesto en tu cabeza
o Jane te lo susurra al o√≠do. Yo no tengo a ninguna Jane, no tuve a ning√ļn Ender. Todo lo que s√©, lo aprend√≠ con mi esfuerzo. Sobreviv√≠. As√≠ que, por favor, no me trates con desprecio otra vez. Si soy de alg√ļn valor para esta expedici√≥n, ser√° porque s√© todo lo que t√ļ sabes... porque todo lo que t√ļ sabes se me puede ense√Īar, pero lo que yo s√©, t√ļ nunca lo podr√°s aprender.
Las bromas se acabaron. Peter tenía la cara encendida de furia.
—Cómo... quién...
—Cómo me atrevo —dijo Wang-mu, haciéndose eco de la frase que supuso había iniciado Peter
—. Quién me creo que soy.
¬óNo he dicho eso ¬ódijo Peter en voz baja, d√°ndose la vuelta.
¬óNo s√© estar en mi lugar, ¬Ņverdad? ¬ópregunt√≥ ella¬ó. Han Fei-tzu me habl√≥ de Peter Wiggin. El original, no la copia. De c√≥mo hizo que su hermana Valentine tomara parte en su conspiraci√≥n para obtener la hegemon√≠a en la Tierra. De c√≥mo la hizo escribir todo el material de Dem√≥stenes, demagogia provocadora, mientras que √©l escrib√≠a todo el material de Locke, las ideas anal√≠ticas y elevadas. Pero la demagogia barata proced√≠a de √©l.
¬óIgual que las ideas elevadas ¬ódijo Peter.
—Exactamente —respondió Wang-mu—. Lo que nunca procedió de él, lo que sólo procedió de Valentine, fue algo que él nunca vio ni valoró. Un alma humana.
¬ó¬ŅHan Fei-tzu dijo eso?
—Sí.
—Entonces es un asno. Porque Peter tenía un alma tan humana como la de Valentine. —Dio un
paso hacia ella, ce√Īudo¬ó. Yo soy quien no tiene alma, Wang-mu.
Por un momento ella le tuvo miedo. ¬ŅC√≥mo saber qu√© violencia hab√≠a sido creada dentro de √©l? ¬ŅQu√© oscura ira del ai√ļa de Ender pod√≠a expresarse a trav√©s de este substituto que hab√≠a creado? Pero Peter no descarg√≥ ning√ļn golpe. Tal vez no era necesario.
Aimaina Hikari sali√≥ en persona a la puerta principal de su jard√≠n para recibirlos. Iba vestido con sencillez, y alrededor del cuello luc√≠a el camafeo que llevaban todos los japoneses tradicionalistas de Viento Divino: un diminuto estuche que conten√≠a cenizas de todos sus dignos antepasados. Peter ya le hab√≠a explicado a Wang-mu que, cuando un hombre como Hikari mor√≠a, una pizca de las cenizas de su camafeo se a√Īad√≠a a una parte de sus propias cenizas y se entregaba a los hijos o a los nietos para que la llevaran. As√≠ que, toda su antigua familia colgaba de su cuello, caminara o durmiera, y constitu√≠a el regalo m√°s precioso que pod√≠a legar a la posteridad. Era una costumbre que Wang-mu, sin antepasados dignos de menci√≥n, encontr√≥ a la vez atractiva e inquietante.
Hikari saludó a Wang-mu con una inclinación de cabeza, pero tendió la mano a Peter para que se la estrechara. Peter lo hizo con una leve muestra de sorpresa.
—Oh, me llaman custodio del espíritu Yamato —dijo Hikari con una sonrisa—, pero eso no significa que deba ser rudo y obligar a los europeos a comportarse como los japoneses. Ver a un europeo inclinarse es tan doloroso como ver a un cerdo bailar ballet. Mientras Hikari los conducía a través del jardín hasta su tradicional casa de paredes de papel, Peter y Wang-mu se miraron y sonrieron. Establecieron así una tregua muda entre ellos, pues ambos captaron de inmediato que Hikari iba a ser un oponente formidable, y necesitaban ser aliados si querían aprender algo de él.
—Una filósofa y un físico —dijo Hikari—. Investigué sobre ustedes cuando me enviaron una nota solicitando una cita. He recibido antes visitas de filósofos, y de físicos, y también de europeos y de chinos, pero lo que realmente me intriga de ustedes dos es por qué están juntos.
—Ella me encontró sexualmente irresistible —dijo Peter—, y no puedo quitármela de encima.
—Entonces mostró su más encantadora sonrisa.
Para placer de Wang-mu, la ironía occidental de Peter dejó a Hikari impasible y serio; notó que el cuello de Peter empezaba a enrojecer.
Era su turno... hacer de gnomo en serio.
¬óEl cerdo chapotea en el barro, pero se calienta en la piedra soleada.
Hikari se volvió hacia ella, tan impasible como antes.
—Escribiré esas palabras en mi corazón —dijo.
Wang-mu se preguntó si Peter comprendía que acababa de ser víctima de la ironía oriental de
Hikari.
¬óHemos venido a aprender de usted ¬ódijo Peter.
¬óEntonces debo darles de comer y despedirlos decepcionados ¬ódijo Hikari¬ó. No tengo nada
que ense√Īar a un f√≠sico o a una fil√≥sofa. Si no tuviera hijos, no tendr√≠a a nadie a quien ense√Īar, pues
sólo ellos saben menos que yo.
—No, no —dijo Peter—. Es usted un hombre sabio. El custodio del espíritu Yamato.
¬óYa he dicho que es as√≠ como me llaman. Pero el esp√≠ritu Yamato es demasiado grande para ser contenido en un recept√°culo tan peque√Īo como mi alma. Y sin embargo el esp√≠ritu Yamato es demasiado peque√Īo para ser digno de la atenci√≥n de las poderosas almas de los chinos y los europeos. Ustedes son los maestros, como China y Europa han sido siempre los maestros de Jap√≥n.
Wang-mu no conoc√≠a bien a Peter, pero s√≠ lo suficiente para ver que ahora estaba confuso, sin saber c√≥mo continuar. En su vida de vagabundeo, Ender hab√≠a visitado varias culturas orientales e incluso, seg√ļn Han Fei-tzu, hablaba coreano; lo que significaba que quiz√° Ender fuera capaz de tratar con la humildad ritualizada de un hombre como Hikari... sobre todo ya que obviamente estaba utilizando esa humildad en tono de burla. Pero lo que Ender sab√≠a y lo que hab√≠a dado a su identidad-Peter eran dos cosas distintas. Esta conversaci√≥n ser√≠a cosa de ella, y comprendi√≥ que la mejor forma de jugar con Hikari era negarse a dejarle controlar la situaci√≥n.
¬óMuy bien ¬ódijo¬ó. Le ense√Īaremos. Pues cuando le mostremos nuestra ignorancia, ver√°
dónde nos hace más falta su sabiduría.
Hikari miró a Peter un instante. Luego dio una palmada. Una criada apareció en la puerta.
—Té —dijo.
Wang-mu se incorpor√≥ inmediatamente de un salto. S√≥lo cuando se encontraba ya de pie se dio cuenta de lo que iba a hacer. Hab√≠a o√≠do muchas veces en el pasado aquella orden perentoria de traer el t√©, pero no fue un reflejo ciego lo que la hizo levantarse; m√°s bien fue la intuici√≥n de que la √ļnica forma de derrotar a Hikari en su propio terreno era seguirle el juego: ser√≠a m√°s humilde que √©l.
¬óHe sido sirvienta toda mi vida ¬ódijo Wang-mu sinceramente¬ó, pero siempre torpe. ¬óEso no era tan sincero¬ó. ¬ŅPuedo ir con su criada y aprender de ella? Puede que no sea lo bastante sabia para aprender las ideas de un gran fil√≥sofo, pero quiz√° pueda aprender de la criada que es digna de traer el t√© a Aimaina Hikari.
Pudo ver por la vacilación de Hikari que éste sabía que había matado su triunfo. Pero el hombre era hábil. Inmediatamente, se puso en pie.
¬óYa me ha dado usted una gran lecci√≥n ¬ódijo¬ó. Ahora iremos y veremos c√≥mo Kenji prepara el t√©. Si va a ser su maestra, Si Wang-mu, tambi√©n debe ser la m√≠a. ¬ŅPues c√≥mo podr√≠a soportar saber que alguien de mi casa sabe algo que yo todav√≠a no he aprendido?
Wang-mu tuvo que admirar sus recursos. Una vez más se había colocado a sí mismo por debajo de ella.
¬°Pobre Kenji, la criada! Wang-mu vio que era una mujer diestra y bien ense√Īada, pero la pon√≠a nerviosa tener a esas tres personas, sobre todo a su amo, observ√°ndola preparar el t√©. As√≠ que Wang¬≠mu inmediatamente intervino y ¬ęayud√≥¬Ľ... cometiendo deliberadamente un error. De inmediato Kenji se encontr√≥ en su elemento, y recuper√≥ la confianza.
¬óLo ha olvidado usted ¬ódijo amablemente¬ó, porque mi cocina est√° muy desordenada.
Entonces mostró a Wang-mu cómo se preparaba el té.
¬óAl menos en Nagoya ¬ódijo modestamente¬ó. Al menos en esta casa.
Wang-mu observó con atención, concentrada sólo en Kenji y en lo que hacía, pues vio rápidamente que la forma japonesa de preparar el té (o tal vez fuera la forma de Viento Divino, o simplemente la forma de Nagoya, o de los humildes filósofos que mantenían el espíritu Yamato) era distinta de la que había seguido tan cuidadosamente en casa de Han Fei-tzu. Cuando el té estuvo preparado, Wang-mu había en efecto aprendido de ella. Pues, tras haber confesado ser una servidora, y teniendo un expediente informático que aseguraba que había pasado toda su vida en una comunidad china de Viento Divino, Wang-mu podría haber servido el té adecuadamente de esa forma.
Regresaron a la habitaci√≥n principal de la casa de Hikari. Kenji y Wang-mu llevaban cada una una peque√Īa mesa de t√©. Kenji ofreci√≥ su mesa a Hikari y √©ste se la ofreci√≥ a su vez a Peter con una inclinaci√≥n de cabeza. Fue Wang-mu quien sirvi√≥ a Hikari. Y cuando Kenji se apart√≥ de Peter, Wang¬≠mu tambi√©n se apart√≥ de Hikari.
Por primera vez, Hikari pareci√≥... ¬Ņfurioso? Sus ojos echaban chispas, al menos. Pues al colocarse Wang-mu exactamente al mismo nivel que Kenji, lo hab√≠a colocado a √©l en una situaci√≥n en la que deb√≠a avergonzarse por ser m√°s orgulloso que ella y despedir a su criada, o bien interrumpir el buen orden de su propia casa invitando a Kenji a sentarse con ellos tres como una igual.
—Kenji —dijo Hikari—. Déjame servir el té por ti.
Jaque, pensó Wang-mu. Y mate.
Adem√°s obtuvo un premio extra cuando Peter, que por fin hab√≠a comprendido el juego, le sirvi√≥ el t√© a ella y se las apa√Ī√≥ para derram√°rselo encima, lo que empuj√≥ a Hikari a derramarse tambi√©n un poco de t√© encima para tranquilizar a su invitado. El dolor del t√© caliente y luego la incomodidad mientras se enfriaba y se secaba merec√≠an la pena por el placer de saber que mientras ella, Wang-mu, hab√≠a demostrado ser una digna rival de Hikari en cortes√≠a, Peter simplemente hab√≠a demostrado ser un manazas.
¬ŅO no era Wang-mu una digna rival de Hikari? El hombre deb√≠a de haber visto y comprendido sus esfuerzos por rebajarse ante √©l. Era posible, entonces, que estuviera (humildemente) permiti√©ndole tener el orgullo de ser la m√°s humilde de los dos. En cuanto Wang-mu se dio cuenta de que eso era posible, supo con certeza que as√≠ era y que la victoria era de √©l.
No soy tan lista como pensaba.
Mir√≥ a Peter, esperando que se hiciera cargo de una vez de la situaci√≥n e hiciera lo que fuera que tuviese en mente. Pero √©l parec√≠a perfectamente contento de que ella actuara. Desde luego, no se lanz√≥ al ataque. ¬ŅSe daba cuenta tambi√©n de que acababa de ser derrotada en su propio juego porque no lo hab√≠a llevado lo bastante ejos? ¬ŅLe estaba dando la cuerda para que se ahorcase?
Bueno, atemos bien el nudo.
¬óAimaina Hikari, algunos le llaman custodio del esp√≠ritu Yamato. Peter y yo crecimos en un mundo japon√©s, y sin embargo los japoneses permiten humildemente que el stark sea el idioma de la escuela p√ļblica, por lo que no hablamos japon√©s. En mi barrio chino, y en la ciudad americana de Peter, pasamos nuestra infancia al borde de la cultura nipona, observ√°ndola. As√≠ que, de nuestra vasta ignorancia, la parte que ha de resultarle a usted m√°s obvia es en lo que al Yamato se refiere.
¬óOh, Wang-mu, crea usted un misterio de lo obvio. Nadie comprende al Yamato mejor que quienes lo ven desde fuera, igual que el padre comprende mejor al ni√Īo que el ni√Īo se comprende a s√≠ mismo.
—Entonces le iluminaré —dijo Wang-mu, olvidando el juego de la humildad—, pues veo a Japón como una nación Periférica, y no soy capaz de ver si sus ideas harán de Japón una nueva nación Centro o iniciarán la decadencia que todas las naciones Periféricas experimentan cuando adquieren poder.
¬óCapto un centenar de posibles significados, la mayor√≠a de ellos probablemente apropiados en el caso de mi pueblo, para su t√©rmino ¬ęnaci√≥n Perif√©rica¬Ľ ¬ódijo Hikari¬ó. ¬ŅPero qu√© es una naci√≥n Centro, y c√≥mo puede un pueblo convertirse en una?
¬óNo soy muy versada en historia terrestre ¬óle dijo Wang-mu¬ó, pero mientras estudiaba lo poco que s√©, me pareci√≥ que hab√≠a un pu√Īado de naciones Centro, cuya cultura era tan fuerte que engull√≠a a todos los conquistadores. Egipto fue una, y China otra. Cada una de ellas se unific√≥ y luego se expandi√≥ no m√°s de lo necesario para proteger sus fronteras y pacificar sus tierras. Cada una de ellas acept√≥ a sus conquistadores y los asimil√≥ durante miles de a√Īos. La escritura egipcia y la escritura china persistieron s√≥lo con modificaciones estil√≠sticas, de forma que el pasado permaneci√≥ presente para aquellos que sab√≠an leer.
Wang-mu comprendi√≥, por la postura envarada de Peter, que estaba muy preocupado. Despu√©s de todo, ella dec√≠a cosas que no eran gn√≥micas en absoluto. Pero como no sab√≠a comportarse con el asi√°tico, sigui√≥ sin hacer ning√ļn esfuerzo por intervenir.
¬óEsas dos naciones nacieron en tiempos de barbarie ¬ódijo Hikari¬ó. ¬ŅEst√° diciendo que ninguna naci√≥n puede convertirse en una naci√≥n Centro ahora?
¬óNo lo s√© ¬ócontest√≥ Wang-mu¬ó. Ni siquiera s√© si mi distinci√≥n entre naciones Perif√©ricas y naciones Centro tiene ning√ļn valor. S√≠ s√© que una naci√≥n Centro puede conservar su poder cultural mucho despu√©s de haber perdido su control pol√≠tico. Mesopotamia fue conquistada repetidas veces por sus vecinos y, sin embargo, cada conquista cambi√≥ m√°s al conquistador que a Mesopotamia misma. Los reyes de Asiria y Caldea y Persia fueron casi indistinguibles despu√©s de haber saboreado la cultura de la tierra entre los r√≠os. Pero una naci√≥n Centro tambi√©n puede caer de manera tan completa que desaparece. Egipto se tambale√≥ bajo el golpe cultural del helenismo, se puso de rodillas ante la ideolog√≠a del cristianismo, y finalmente fue barrido por el Islam. S√≥lo los edificios de piedra recordaron a los ni√Īos lo que hab√≠an hecho sus antepasados y qui√©nes hab√≠an sido. La historia no tiene leyes, y todas las pautas que encontramos en ella no son m√°s que ilusiones √ļtiles.
—Veo que es usted una filósofa —dijo Hikari.
—Es muy generoso al llamar por ese digno nombre mis infantiles especulaciones. Pero déjeme decirle ahora lo que pienso sobre las naciones Periféricas. Nacen a la sombra, o podríamos decir que a la luz de otras naciones. Japón se volvió civilizado bajo la influencia de China. Roma se descubrió a sí misma a la sombra de los griegos.
—De los etruscos primero —apuntó Peter.
Hikari lo mir√≥ impasible, luego se volvi√≥ hacia Wang-mu sin hacer ning√ļn comentario. La muchacha casi pudo sentir a Peter retorcerse por haber sido ignorado. Sinti√≥ un poco de pena por √©l. No mucha, s√≥lo un poco.
¬óLas naciones Centro conf√≠an tanto en s√≠ mismas que generalmente no necesitan embarcarse en campa√Īas de conquista. Est√°n seguras de que son superiores y de que todas las dem√°s naciones desean ser como ellas y obedecerlas. Pero las Perif√©ricas, cuando sienten por primera vez su fuerza deben demostr√°rsela a s√≠ mismas, y casi siempre lo hacen con la espada. As√≠, los √°rabes se hicieron con las tierras m√°s lejanas del Imperio Romano y se anexionaron Persia. As√≠ los macedonios, situados en la frontera de Grecia, la conquistaron; y tras haber sido engullidos culturalmente, tanto que ahora se consideraban a s√≠ mismos griegos, conquistaron el imperio en cuyas fronteras hab√≠an iniciado los griegos su civilizaci√≥n: Persia. Los vikingos tuvieron que acosar Europa antes de asentar reinos en N√°poles, Sicilia, Normand√≠a, Irlanda y, finalmente, en Inglaterra. Y Jap√≥n...
¬óNosotros tratamos de quedarnos en nuestras islas ¬ódijo Hikari suavemente.
—Japón, cuando surgió, arrasó el Pacifico tratando de conquistar la gran nación Centro de China hasta que finalmente lo detuvieron las bombas de la nueva nación Centro de América.
—Yo diría que América fue la nación Periférica definitiva —dijo Hikari.
¬óAm√©rica fue colonizada por gente perif√©rica, pero la idea de Am√©rica se convirti√≥ en el nuevo principio fuerte que la convirti√≥ en una naci√≥n Centro. Eran tan arrogantes que, una vez sometidas sus propias tierras, no tuvieron ninguna voluntad de imperio. Simplemente dieron por supuesto que todas las naciones quer√≠an ser como ellos. Engulleron todas las dem√°s culturas. Incluso en Viento Divino, ¬Ņcu√°l es el idioma de los colegios? No fue Inglaterra la que nos impuso su idioma, el stark, el Discurso del Congreso Estelar.
—Que América estuviera en ascenso tecnológico en el momento en que llegó la Reina Colmena y nos obligó a extendernos entre las estrellas no fue más que una casualidad.
¬óLa idea de Am√©rica se convirti√≥ en la idea Centro, creo ¬ódijo Wang-mu¬ó. Todas las naciones a partir de entonces adoptaron las formas de la democracia. Incluso ahora nos gobierna el Congreso Estelar. Todos vivimos dentro de la cultura americana nos guste o no. As√≠ que lo que me pregunto es si, ahora que Jap√≥n ha tomado el control de esta naci√≥n Centro, ser√° engullido como fueron engullidos los mongoles por China o si conservar√° su identidad cultural pero acabar√° por perder control, como la naci√≥n Centro de Turqu√≠a perdi√≥ el control del Islam y la naci√≥n Centro Manch√ļ perdi√≥ el control de China.
Hikari estaba inquieto. ¬ŅFurioso? ¬ŅMolesto? Wang-mu no ten√≠a forma de adivinarlo.
¬óLa fil√≥sofa Si Wang-mu dice una cosa que me resulta imposible aceptar ¬ódijo¬ó. ¬ŅC√≥mo puede usted decir que los japoneses controlan ahora el Congreso Estelar y los Cien Mundos? ¬ŅCu√°ndo fue esa revoluci√≥n que nadie ha advertido?
¬óPensaba que usted era capaz de ver lo que han conseguido sus ense√Īanzas del modo Yamato¬órespondi√≥ Wang-mu¬ó. La existencia de la Flota Lusitania es la prueba del control japon√©s. √Čse es el gran descubrimiento que mi amigo el f√≠sico me ense√Ī√≥, y √©se ha sido el motivo de que acudi√©ramos a usted.
Peter la mir√≥ verdaderamente horrorizado. Wang-mu se imaginaba lo que estaba pensando. ¬ŅEstaba loca al mostrar tan abiertamente sus cartas? Pero ella sab√≠a que lo hab√≠a hecho en un contexto que no revelaba nada sobre los motivos de su visita.
Y, sin perder la compostura, Peter siguió su indicación y procedió a exponer el análisis que Jane había hecho del Congreso Estelar, los necesarios y la Flota Lusitania; aunque por supuesto presentó las ideas como si fueran propias. Hikari escuchó, asintiendo de vez en cuando, sacudiendo la cabeza en otras ocasiones. La impasibilidad había desaparecido, la actitud de divertida distancia había quedado descartada.
¬ó¬ŅEntonces me est√° usted diciendo ¬óresumi√≥ cuando Peter termin√≥¬ó que a causa de mi librito sobre las bombas americanas los necesarios han tomado control del Gobierno y lanzado la Flota Lusitania? ¬ŅDe eso me responsabiliza?
—No es cuestión de culpa o de mérito —dijo Peter—. Usted no lo planeó. Por lo que sé, ni siquiera lo aprueba.
—Ni siquiera pienso en la política del Congreso Estelar. Soy del Yamato.
—Pero eso es lo que hemos venido a aprender —dijo Wang-mu—. Veo que es usted un hombre de la periferia, no del centro. Por tanto, no dejará que el Yamato sea engullido por la nación Centro. Los japoneses permanecerán apartados de su propia hegemonía, y al final escapará de sus manos y recaerá en otras.
Hikari sacudió la cabeza.
—No consentiré que responsabilice a Japón de la Flota Lusitania. Nosotros somos el pueblo castigado por los dioses, no enviamos flotas para destruir a los demás.
¬óLos necesarios lo hacen ¬ódijo Peter.
¬óLos necesarios hablan ¬órepuso Hikari¬ó. Nadie escucha.
—Usted no los escucha —le dijo Peter—. Pero el Congreso sí.
¬óY los necesarios le escuchan a usted.
—¡Soy un hombre de perfecta sencillez! —gritó Hikari, poniéndose en pie—. ¡Han venido a torturarme con acusaciones que no pueden ser verdad!
¬óNo hacemos ninguna acusaci√≥n ¬ódijo Wang-mu en voz baja, rehusando ponerse en pie¬ó. Ofrecemos una observaci√≥n. Si estamos equivocados, le suplicamos que nos ense√Īe nuestro error.
Hikari estaba temblando, y su mano izquierda se aferró al camafeo con las cenizas de sus antepasados que colgaba de un lazo de seda de su cuello.
¬óNo ¬ódijo¬ó. No les dejar√© fingir ser humildes buscadores de la verdad. Son ustedes asesinos. ¬°Asesinos del coraz√≥n que vienen a destruirme, a decirme que al buscar el modo Yamato he causado de alguna forma que mi pueblo gobierne los mundos humanos y use ese poder para destruir una especie inteligente d√©bil e indefensa! Es una terrible mentira la que me cuentan al decir que la obra de mi vida ha sido tan in√ļtil. Preferir√≠a que hubiera puesto veneno en mi t√©, Si Wang-mu. Preferir√≠a que me hubiera puesto una pistola en la cabeza y me la hubiera volado, Peter Wiggin. Sus padres les pusieron buenos nombres... esos nombres orgullosos y terribles que ambos llevan. ¬ŅLa Real Madre del Oeste? ¬ŅUna diosa? ¬°Y Peter Wiggin, el primer hegem√≥n! ¬ŅQui√©n da a su hijo un nombre as√≠?
Peter se levantó, y extendió la mano para ayudar a Wang-mu a ponerse en pie.
¬óLe hemos ofendido sin pretenderlo ¬ódijo¬ó. Estoy avergonzado. Debemos irnos de inmediato.
Wang-mu se sorprendió al oír hablar a Peter de un modo tan oriental. La costumbre americana era ofrecer excusas, quedarse y discutir.
Le dej√≥ acompa√Īarla hasta la puerta. Hikari no les sigui√≥; eso qued√≥ para la pobre Kenji, que estaba aterrada de ver a su pl√°cido amo tan trastornado. Pero Wang-mu estaba decidida a no dejar que su visita terminara en desastre. As√≠ que, en el √ļltimo momento, volvi√≥ corriendo y se arroj√≥ al suelo, postrada ante Hikari, exactamente en la misma pose de humillaci√≥n que hab√≠a jurado hac√≠a muy poco no volver a adoptar jam√°s. Pero sab√≠a que mientras estuviera en esa postura, Hikari tehdr√≠a que escucharla.
¬óOh, Aimaina Hikari ¬ódijo¬ó, has hablado de nuestros nombres, ¬Ņpero has olvidado el tuyo propio? ¬ŅC√≥mo puede creer un hombre llamado ¬ęLuz Ambigua¬Ľ que sus ense√Īanzas tendr√°n s√≥lo el efecto que pretend√≠a?
Al o√≠r esas palabras, Hikari se dio la vuelta y sali√≥ de la habitaci√≥n. ¬ŅHab√≠a empeorado Wang¬≠mu la situaci√≥n o la hab√≠a mejorado? Wang-mu no ten√≠a modo de saberlo. Se puso en pie y camin√≥ tristemente hacia la puerta. Peter estar√≠a furioso con ella. Con su atrevimiento bien pod√≠a haberlo estropeado todo... y no s√≥lo para ellos, sino tambi√©n para todos aquellos que tan desesperadamente anhelaban que detuvieran la Flota Lusitania.
Sin embargo, para su sorpresa, Peter se mostró perfectamente contento una vez que dejaron atrás
el jardín de Hikari.
¬óBien hecho, por extra√Īa que fuera tu t√©cnica ¬ódijo.
¬ó¬ŅQu√© quieres decir? Ha sido un desastre ¬ócontest√≥ ella; pero estaba ansiosa por creer que de
alg√ļn modo √©l ten√≠a raz√≥n y que lo hab√≠a hecho bien despu√©s de todo.
¬óOh, est√° furioso y nunca nos volver√° a hablar, ¬Ņpero a qui√©n le importa? No intent√°bamos hacerle cambiar de opini√≥n. S√≥lo trat√°bamos de averiguar qui√©n tiene influencia sobre √©l. Y lo hicimos.
¬ó¬ŅLo hicimos?
¬óJane lo capt√≥ de inmediato. Cuando dijo que era un hombre de ¬ęperfecta sencillez¬Ľ.
¬ó¬ŅTiene eso alg√ļn significado oculto?
¬óEl se√Īor Hikari, querida, se ha revelado como miembro secreto del Ua Lava.
Wang-mu estaba desconcertada.
¬óEs un movimiento religioso. O un chiste. Es dif√≠cil saberlo. Es un t√©rmino samoano que significa literalmente ¬ęsuficiente ya¬Ľ, pero que se traduce m√°s adecuadamente como ¬ęya basta¬Ľ.
—Estoy segura de que eres un experto en samoano. —Wang-mu, por su parte, nunca había oído hablar de ese idioma.
¬óJane lo es ¬ódijo Peter, molesto¬ó. Tengo su joya en mi o√≠do y t√ļ no. ¬ŅNo quieres que te transmita lo que me dice?
—Sí, por favor.
—Es una especie de filosofía... basada en el estoicismo alegre, podríamos decir, porque tanto si
las cosas van mal como si van bien dices lo mismo. Pero seg√ļn ense√Īaba esa filosof√≠a una escritora
samoana llamada Leiloa Lavea, se convirti√≥ en algo m√°s que una simple actitud. Ella ense√Ī√≥...
¬ó¬ŅElla? ¬ŅHikari es disc√≠pulo de una mujer?
—No he dicho eso. Si escuchas, te diré lo que me está diciendo Jane.
Esperó. Ella escuchó.
¬óMuy bien, pues, lo que Leiloa Lavea ense√Īaba era una especie de comunismo voluntario. No es suficiente con re√≠rse s√≥lo de la buena fortuna y decir ¬ęya basta¬Ľ. Tienes que decir en serio que tienes suficiente; y como lo dices en serio, coges lo que te sobra y lo regalas. Del mismo modo, cuando viene la mala fortuna, la soportas hasta que se vuelve insoportable... hasta que tu familia pasa hambre, o no puedes trabajar m√°s. Y entonces vuelves a decir ¬ęya basta¬Ľ y cambias algo: te mudas de casa; cambias de carrera; dejas gue,tu c√≥nyuge tome todas las decisiones. Algo. No soportas lo insoportable.
¬ó¬ŅQu√© tiene eso que ver con la ¬ęperfecta sencillez¬Ľ?
¬óLeiloa Lavea ense√Ī√≥ que cuando has conseguido el equilibrio en tu vida, cuando la buena fortuna sobrante ha sido plenamente compartida, y toda la mala fortuna ha sido eliminada, lo que
queda es una vida de perfecta sencillez. Eso es lo que nos estaba diciendo Aimaina Hikari. Hasta que llegamos, su vida se desarrollaba con perfecta sencillez. Pero ahora lo hemos desequilibrado. Eso es bueno, porque significa que tendrá que luchar para descubrir cómo restaurar la sencillez hasta su perfección. Está abierto a influencias. No nuestras, por supuesto.
¬ó¬ŅDe Leiloa Lavea?
¬óDif√≠cilmente. Lleva muerta dos mil a√Īos. Ender la conoci√≥, por cierto. Fue a hablar de una muerte en su mundo nativo de... bueno, el Congreso Estelar lo llama Pac√≠fica, pero los samoanos de all√≠ lo llaman Lumana'i, ¬ęEl Futuro¬Ľ.
—No habló en su muerte, entonces.
¬óEn la de un asesino fiyiano. Un tipo que hab√≠a matado a m√°s de doscientos ni√Īos, todos ellos tonganos. No le gustaban los tonganos, al parecer. Aplazaron treinta a√Īos su funeral para que Ender pudiera hablar en su nombre. Esperaban que el Portavoz de los Muertos le encontrara sentido a lo que hab√≠a hecho.
¬ó¬ŅY lo consigui√≥?
Peter hizo una mueca.
—Oh, por supuesto, fue espléndido. Ender no puede hacer nada mal. Bla, bla, bla.
Ella ignoró su hostilidad hacia Ender.
¬ó¬ŅConoci√≥ a Leiloa Lavea?
¬óSu nombre significa ¬ęestar perdida, estar herida¬Ľ.
—Déjame adivinarlo. Lo eligió ella misma.
—Exacto. Ya sabes cómo son los escritores. Igual que Hikari, se crean a sí mismos mientras
crean su obra. O tal vez crean su obra para crearse a sí mismos.
—Qué gnómico —dijo Wang-mu.
¬óOh, deja ya eso ¬ócontest√≥ Peter¬ó. ¬ŅCrees de verdad en toda esa historia sobre las naciones Perif√©ricas y las naciones Centro?
—Se me ocurrió la primera vez que Han Fei-tzu me contó la historia de la Tierra. No se rió de mí cuando le expuse mi teoría.
—Oh, yo tampoco me río. Es una chorrada ingenua, por supuesto, pero no es exactamente graciosa. Wang-mu ignoró su burla.
¬óSi Leiloa Lavea est√° muerta, ¬Ņad√≥nde iremos?
¬óA Pac√≠fica. A Lumana'i. Hikari entr√≥ en contacto con el movimiento Ua Lava en sus a√Īos de adolescencia, en la universidad. Gracias a una estudiante samoana... la nieta de la embajadora de Pac√≠fica. Nunca hab√≠a estado en Lumana'i, claro, y por eso se aferraba con m√°s fuerza a sus costumbres y se convirti√≥ en toda una valedora de Leiloa Lavea. Eso fue mucho antes de que Hikariescribiera nada. √Čl nunca habla de ello, nunca ha escrito sobre el Ua Lava, pero ahora que se ha descubierto, Jane est√° hallando influencias del Ua Lava en toda su obra. Y tiene amigos en Lumana'i. Nunca los ha visto, pero mantienen correspondencia a trav√©s de la red ansible.
¬ó¬ŅQu√© hay de la nieta del embajador?
¬óAhora mismo est√° en una nave, camino de Lumana'i. Se march√≥ hace veinte a√Īos, cuando su abuelo muri√≥. Llegar√°... bueno, dentro de unos diez a√Īos o as√≠. Depende del tiempo. Ser√° recibida con grandes honores, no hay duda, y el cuerpo de su abuelo ser√° enterrado o quemado o lo que quiera que hagan... quemado, dice Jane, con gran ceremonia.
¬óPero Hikari no intentar√° hablar con ella.
—Haría falta una semana para que le llegara incluso un simple mensaje, dada la velocidad a la que va la nave. No hay manera de mantener una discusión filosófica. Habría llegado a casa antes de que él terminara de formular su pregunta.
Por primera vez, Wang-mu empezó a comprender las implicaciones del vuelo instantáneo que
Peter y ella habían utilizado. Se podría acabar con los largos viajes que aplastaban vidas.
¬óSi al menos... ¬ódijo.
—Lo sé —respondió Peter—. Pero no podemos. Ella sabía que tenía razón.
¬óEntonces vamos all√≠ ¬ódijo, regresando al tema¬ó. ¬ŅLuego qu√©?
¬óJane est√° atenta para ver a qui√©n escribe Hikari. √Čsa es la persona que estar√° en condiciones de influirle. Y as√≠...
¬óCon esa persona tendremos que hablar.
¬óEso es. ¬ŅTienes que orinar o algo antes de que busquemos un transporte que nos lleve a
nuestra peque√Īa cabina del bosque?
¬óNo me vendr√≠a mal ¬ódijo Wang-mu¬ó. Y t√ļ podr√≠as cambiarte de ropa.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ŅTe parece que incluso este atuendo conservador podr√≠a resultar demasiado atrevido?
¬ó¬ŅQu√© vamos a llevar en Lumana'i?
—Oh, bueno, muchos de sus habitantes van por ahí desnudos. En los trópicos. Jane dice que
dada la enorme gordura de muchos polinesios adultos, puede ser un espect√°culo inspirador.
Wang-mu se estremeció.
¬óNo vamos a fingir ser nativos, ¬Ņno?
—Allí no ——dijo Peter—. Jane va a falsificar nuestra identidad. Seremos pasajeros de una
nave que llegó ayer de Moskva. Probablemente nos haremos pasar por burócratas del Gobierno.
¬ó¬ŅNo es eso ilegal?
Peter la mir√≥ con extra√Īeza.
—Wang-mu, ya hemos cometido traición contra el Congreso sólo por abandonar Lusitania. Es un
delito capital. No creo que hacernos pasar por agentes del Gobierno vaya a suponer ninguna
diferencia.
—Pero yo no dejé Lusitania —dijo Wang-mu—. Ni siquiera la he visto nunca.
¬óOh, no te has perdido gran cosa: un pu√Īado de sabanas y bosques, alguna f√°brica de la Reina
Colmena aqu√≠ y all√° donde se construyen naves y un pu√Īado de alien√≠genas parecidos a cerdos
viviendo en los √°rboles.
¬óPero soy c√≥mplice de traici√≥n, ¬Ņno?
—Y también culpable de haberle estropeado el día a un filósofo japonés.
¬óQue me corten la cabeza.
Una hora despu√©s estaban en un flotador privado... tan privado que el piloto no les hizo ninguna pregunta; y Jane se encarg√≥ de que todos sus papeles estuvieran en orden. Antes del anochecer regresaron a su peque√Īa nave.
—Tendríamos que haber dormido en el apartamento —dijo Peter, contemplando con tristeza los primitivos camastros.
Wang-mu se ri√≥ de √©l y se acurruc√≥ en el suelo. Por la ma√Īana, descansados, descubrieron que Jane ya los hab√≠a llevado a Pac√≠fica mientras dorm√≠an.
Aimaina Hikari despert√≥ de su sue√Īo a la luz incierta del amanecer, y se levant√≥ de la cama a un aire que no era c√°lido ni fr√≠o. Su descanso no hab√≠a sido reparador, y sus sue√Īos hab√≠an sido desagradables, fren√©ticos; todo lo que hac√≠a volv√≠a a √©l convertido en lo contrario de lo que pretend√≠a. En su sue√Īo, Aimaina escalaba para llegar al fondo de un ca√Ī√≥n. Hablaba y la gente se alejaba de √©l. Escrib√≠a y las p√°ginas del libro escapaban de su mano, esparci√©ndose por el suelo.
Comprendi√≥ que todo esto era consecuencia de la visita de aquellos mentirosos forasteros. Hab√≠a intentado ignorarlos toda la tarde, mientras le√≠a historias y ensayos; olvidarlos toda la noche, mientras conversaba con siete amigos que vinieron a visitarlo. Pero las historias y ensayos parec√≠angritarle: ¬ę√Čstas son las palabras de la gente insegura de una naci√≥n Perif√©rica¬Ľ; y los siete amigos eran todos necesarios, seg√ļn advirti√≥, y cuando dirigi√≥ la conversaci√≥n hacia la Flota Lusitania, pronto comprendi√≥ que todos ellos cre√≠an exactamente lo que los dos mentirosos de nombre rid√≠culo hab√≠an dicho.
As√≠ que Aimaina se encontr√≥ en la claridad previa al amanecer, sentado sobre una esterilla de su jard√≠n, acariciando el recept√°culo de las cenizas de sus antepasados, pregunt√°ndose: ¬ŅMe enviaron esos sue√Īos mis antepasados? ¬ŅEnviaron tambi√©n a esos mentirosos visitantes? Y si sus acusaciones contra m√≠ eran ciertas, ¬Ņen qu√© ment√≠an? Pues sab√≠a, por la forma en que se miraban, por la vacilaci√≥n seguida de arrojo de la mujer, que estaban actuando; no hab√≠an ensayado pero de alg√ļn modo segu√≠an un gui√≥n.
El amanecer estall√≥, revelando cada hoja de cada √°rbol, luego todas las plantas inferiores, para dar a cada una su coloraci√≥n distintiva; se levant√≥ brisa y la luz se volvi√≥ infinitamente cambiante. M√°s tarde, con el calor del d√≠a, todas las hojas ser√≠an iguales: quietas, sometidas, recibiendo la luz del sol a chorro. Luego, por la tarde, las nubes cabalgar√≠an por el cielo, caer√≠a una lluvia ligera ; las hojas fl√°cidas recuperar√≠an su fuerza, brillar√≠an con el agua, su color se har√≠a m√°s profundo al prepararse para la noche, para la vida de la noche, para los sue√Īos de las plantas que crecen por la noche gracias a la luz almacenada durante el d√≠a, llenas de los frescos r√≠os internos creados por la lluvia. Aimaina Hikari se hizo uno con las hojas, expulsando de su mente todos los pensamientos menos la luz y el viento y la lluvia hasta que el amanecer lleg√≥ a su fin y el sol empez√≥ a declinar con el calor del d√≠a. Entonces abandon√≥ su asiento en el jard√≠n.
Kenji le hab√≠a preparado un pescado peque√Īo para desayunar. Se lo comi√≥ despacio, delicadamente, como para no romper el perfecto esqueleto que hab√≠a dado forma al pez. Los m√ļsculos tiraban de aqu√≠ y de all√°, y los huesos se flexionaban pero no llegaban a romperse. No los romper√© ahora, pero tomar√© para mi propio cuerpo la fuerza de los m√ļsculos. Por √ļltimo, se comi√≥ los ojos. De las partes que se mueven procede la fuerza del animal. Toc√≥ de nuevo el recept√°culo de sus antepasados. Sin embargo, la sabidur√≠a que yo tengo no procede de lo que como, sino de lo que me da cada hora aquellos que me susurran al o√≠do desde edades pret√©ri tas. Los hombres vivos olvidan las lecciones del pasado. Pero lo antepasados nunca olvidan.
Aimaina se levantó de la mesa y se dirigió al ordenador, instalado en su cobertizo del jardín. Era sólo otra herramienta, por eso lo tenía allí, en vez de darle un lugar preferente dentro de la casa o en un despacho oficial como hacían tantas otras personas. Su ordenador era como una paleta. Lo usaba, lo soltaba.
Una cara apareció en el aire sobre su terminal.
—Voy a llamar a mi amigo Yasunari —dijo Aimaina—. Pero no quiero molestarlo. Este asunto es tan trivial que me avergonzaría que pierda su tiempo con él.
—Déjame que te ayude entonces, en su beneficio —dijo la cara en el aire.
—Ayer pedí información sobre Peter Wiggin y Si Wang-mu, que pidieron una cita para
visitarme.
¬óLo recuerdo. Fue un placer encontrarlos tan r√°pidamente para ti.
¬óSu visita me preocup√≥ mucho ¬ódijo Aimaina¬ó. Algo de le que me dijeron no era verdad, y necesito m√°s informaci√≥n para averiguar de qu√© se trata. No deseo violar su intimidad, pero hay archivos p√ļblicos... quiz√° de su asistencia a la escuela, o de su trabajo, o sobre algunos asuntos familiares...
—Yasunari nos ha dicho que todas las cosas que pides son para un propósito sabio. Déjame
buscar.
La cara desapareció un instante, luego volvió a aparecer casi de inmediato.
¬óEsto es muy extra√Īo. ¬ŅHe cometido alg√ļn error? ¬ódeletre√≥ los nombres cuidadosamente.
¬óEs correcto ¬ódijo Aimaina¬ó. Exactamente como ayer.
¬óYo tambi√©n los recuerdo. Viven en un apartamento a pocas manzanas de tu casa. Pero hoy no puedo encontrarlos. Y al buscar en el edificio de apartamentos descubro que el que ocuparon lleva vac√≠o un a√Īo. Aimaina, me sorprende mucho. ¬ŅC√≥mo pueden dos personas existir un d√≠a y no existir al d√≠a siguiente? ¬ŅHe cometido alg√ļn error, ya sea ayer u hoy?
¬óNo cometiste ning√ļn error, ayudante de mi amigo. Esta es la informaci√≥n que necesitaba. Por favor, te suplico que no pienses m√°s en ello. Lo que a ti te parece un misterio es de hecho una respuesta a mis preguntas.
Intercambiaron despedidas corteses. Aimaina sali√≥ de su habitaci√≥n de trabajo en el jard√≠n y deambul√≥ entre las hojas que se inclinaban bajo la presi√≥n de la luz del sol. Los antepasados han lanzado su sabidur√≠a sobre m√≠, pens√≥, como cae la luz sobre las hojas; y anoche el agua fluy√≥ a trav√©s de m√≠, llevando esta sabidur√≠a a trav√©s de mi mente como la savia corre por el √°rbol. Peter Wiggin y Si Wang-mu eran de carne y hueso, y estaban llenos de mentiras, pero vinieron a m√≠ y dijeron la verdad que yo necesitaba o√≠r. ¬ŅNo es as√≠ como los antepasados transmiten mensajes a sus hijos vivos? De alg√ļn modo, he lanzado naves equipadas con la m√°s terrible de las armas de guerra. Lo hice cuando era joven; ahora las naves est√°n cerca de su destino y yo soy viejo y no puedo hacerlas regresar. Un mundo ser√° destruido y el Congreso recurrir√° a los necesarios para obtener su aprobaci√≥n y todos se la dar√°n, y entonces los necesarios recurrir√°n a m√≠ para que lo apruebe y yo ocultar√© mi rostro, avergonzado. Mis hojas caer√°n y yo me quedar√© desnudo ante ellas. Por eso no deber√≠a haber vivido mi vida en este lugar tropical. He olvidado el invierno. He olvidado la verg√ľenza y la muerte.
Perfecta sencillez... pensaba que lo había conseguido. Pero en cambio he sido un portador de la mala suerte.
Permaneció sentado en el jardín durante una hora, dibujando caracteres sencillos en la fina gravilla del sendero, borrándolos y volviendo a escribir. Por fin regresó al cobertizo y tecleó en el ordenador el mensaje que había estado componiendo:
Ender el Xenocida era un ni√Īo y no sab√≠a que la guerra era real; sin embargo, decidi√≥ destruir un planeta habitado en su juego. Yo soy un adulto y he sabido siempre que el juego era real; pero no sab√≠a que era uno de los jugadores. ¬ŅEs mi culpa mayor o menor que la del Xenocida si otro mundo es destruido y otra especie raman aniquilada? ¬ŅQu√© ha sido de mi camino hacia la sencillez?
Su amigo no sabría mucho de las circunstancias que rodeaban esta declaración; pero no necesitaría más. Consideraría la pregunta. Buscaría una respuesta. Un momento después, un ansible del planeta Pacífica recibió este mensaje. Por el camino, fue leído por la entidad que cabalgaba todos los hilos de la red ansible. Sin embargo, para Jane el mensaje no importaba tanto como la dirección a la que iba dirigido. Ahora Peter y Wang-mu sabrían adónde ir para dar el siguiente paso en su misión.