3 - Somos demasiados



¬ęDejadme que os cuente la historia m√°s hermosa que conozco.
A un hombre le regalaron un perro, al que quería mucho. El perro iba con él a todas
partes, pero el hombre no pudo ense√Īarle a hacer nada √ļtil. El perro no recog√≠a cosas ni
rastreaba, no corría, ni protegía, ni montaba guardia. Se sentaba a su lado y le miraba,
siempre con la misma expresión inescrutable.
"Eso no es un perro, es un lobo", dijo la esposa del hombre. "Sólo me es fiel a mí",
respondió él, y su esposa nunca volvió a discutir con él.
Un día el hombre se llevó al perro con él en su avión privado y mientras volaban
sobre cumbres nevadas los motores fallaron
y el avión se hizo pedazos entre los árboles. El hombre yacía sangrante
con el vientre abierto por esquirlas de metal;
el vapor brotaba de su cuerpo en el aire frío,
pero en lo √ļnico que pod√≠a pensar era en su perro fiel. ¬ŅEstaba vivo? ¬ŅEstaba
herido?
Imaginad su alivio cuando el perro apareció chapoteando y lo observó con la mirada
fija de siempre. Al cabo de una hora, el perro olisqueó el abdomen abierto
del hombre
y luego empezó a sacarle los intestinos y el bazo y el hígado y a comérselos
sin dejar de estudiar la cara del hombre. "Gracias a Dios", dijo el hombre,
"Al menos uno de nosotros no morir√° de hambre."¬Ľ
de los susurros divinos de Han Qing-Jao
De todas las naves m√°s veloces que la luz que corr√≠an al Exterior y volv√≠an al Interior siguiendo √≥rdenes de Jade, s√≥lo la de Miro se parec√≠a a una nave espacial normal, por el buen motivo de que no era sino la lanzadera que anta√Īo llevaba pasajeros y carga entre las grandes astronaves que orbitaban Lusitania. Ahora que las nuevas naves pod√≠an ir instant√°neamente de la superficie de un planeta a la de otro, no hab√≠a necesidad de sistemas de apoyo vital ni de combustible, y como Jane ten√≠a que albergar toda la estructura de cada aparato en su memoria, las m√°s simples eran las mejores. De hecho, apenas pod√≠an ser consideradas veh√≠culos. Ahora eran simples cabinas, sin ventanas, casi sin muebles, peladas como un aula de otros tiempos. La gente de Lusitania se refer√≠a ahora al viaje espacial como encaixarse, que quer√≠a decir en portugu√©s ¬ęmeterse en la caja¬Ľ o, m√°s literalmente, ¬ęencajarse¬Ľ.
Miro, sin embargo, estaba explorando, buscando nuevos planetas capaces de albergar las tres especies de vida inteligente: humanos, pequeninos y reinas colmena. Para esto necesitaba una nave más tradicional, pues aunque iba de planeta en planeta siguiendo el desvío instantáneo de Jane a través del Exterior, no siempre llegaba a un mundo cuyo aire fuera respirable. En realidad, Jane siempre lo situaba en órbita sobre cada nuevo planeta, para que pudiera observar, medir, analizar, y sólo aterrizara en los más prometedores para tomar la decisión final de que el mundo era utilizable.
No viajaba solo. Habr√≠a sido demasiado trabajo para una sola persona, y necesitaba que todo cuanto hac√≠a fuera comprobado doblemente. De todos los trabajos de Lusitania, √©ste era el m√°s peligroso, pues nunca sab√≠a al abrir la puerta de su nave si habr√≠a alguna amenaza imprevisible en el nuevo mundo. Miro hab√≠a considerado durante mucho tiempo que su vida pod√≠a ser sacrificada; en los largos a√Īos pasados atrapado en un cuerpo lisiado hab√≠a anhelado la muerte.
Luego, desde que su primer viaje al Exterior le permiti√≥ recrear su cuerpo con la perfecci√≥n de la juventud, consideraba todo momento, toda hora, todo d√≠a de su vida como un regalo no merecido. No la desperdiciar√≠a, pero no dejar√≠a de ponerla en peligro por el bien de los dem√°s. ¬ŅPero qui√©n m√°s podr√≠a compartir su tranquila despreocupaci√≥n?
Parec√≠a que la joven Valentine estaba hecha para mandar, en todos los sentidos. Miro la hab√≠a visto cobrar existencia al mismo tiempo que su propio cuerpo nuevo. Ella no ten√≠a pasado, ni parientes, ni enlace alguno con ning√ļn mundo excepto a trav√©s de Ender, cuya mente la hab√≠a creado, y de Peter, su igual. Oh, y quiz√° pudiera considerarse relacionada con la Valentine original, ¬ęla Valentine real¬Ľ, como la llamaba la joven Val; pero no era ning√ļn secreto que la Vieja Valentine no ten√≠a la m√°s m√≠nima intenci√≥n de pasar ni siquiera un instante en compa√Ī√≠a de esta joven belleza cuya existencia era en s√≠ un escarnio. Adem√°s, la Joven Val fue creada como la imagen de Ender de la perfecta virtud. No s√≥lo no ten√≠a conexiones, sino que era una altruista dispuesta a sacrificarse por el bien de los dem√°s. As√≠ que cada vez que Miro entraba en la lanzadera ten√≠a a la joven Val como compa√Īera, una ayudante de fiar, un apoyo constante.
Pero no una amiga. Pues Miro sab√≠a perfectamente bien qui√©n era realmente Val: Ender disfrazado. No una mujer. Y su amor y lealtad hacia √©l eran el amor y la lealtad de Ender, a menudo puestos a prueba, pero de Ender, no de ella. Ella no ten√≠a nada propio. As√≠ que, aunque Miro se hab√≠a acostumbrado a su compa√Ī√≠a, y re√≠a y bromeaba con ella m√°s f√°cilmente de lo que hab√≠a hecho con nadie en toda su vida, no confiaba en ella, no se permit√≠a sentir por ella un afecto m√°s profundo que la camarader√≠a. Si Val advert√≠a la falta de conexi√≥n entre ambos no dec√≠a nada; si eso la her√≠a, nunca dejaba ver el dolor. Manifestaba su alegr√≠a por los √©xitos e insist√≠a en que se esforzaran a√ļn m√°s.
¬óNo tenemos que pasar un d√≠a entero en ning√ļn mundo ¬ódijo desde el principio, y lo demostraba ci√Ī√©ndose a un programa que les permit√≠a hacer tres viajes al d√≠a. Regresaban a casa cada tres viajes, a una Lusitania silenciosa ya por el sue√Īo; dorm√≠an en la nave y hablaban con los dem√°s s√≥lo para advertirles de los problemas concretos que los colonos encontrar√≠an probablemente en cualquiera de los nuevos mundos descubiertos ese d√≠a. Y el plan de tres viajes era s√≥lo en los d√≠as en que se ocupaban de planetas probables. Cuando Jane los llevaba a mundos que eran claramente inadecuados (acu√°ticos, por ejemplo, o sin examinar biol√≥gicamente) continuaban viaje r√°pidamente para comprobar el siguiente mundo candidato, y el siguiente, a veces cinco o seis en esos d√≠as aciagos en los que nada parec√≠a funcionar. La joven Val los empujaba a ambos al l√≠mite de su resistencia, d√≠a tras d√≠a, y Miro aceptaba su liderato en este aspecto del viaje porque sab√≠a que era necesario.
Su amiga, sin embargo, no ten√≠a forma humana. Para √©l, habitaba en la joya de su oreja. Jane, un susurro en su mente cuando despert√≥ por primera vez; la amiga que o√≠a todo lo que subvocalizaba, que conoc√≠a sus necesidades antes de que √©l mismo las advirtiera. Jane, que compart√≠a todos sus pensamientos y sue√Īos, que le hab√≠a acompa√Īado en los peores momentos de su vida de lisiado, que le hab√≠a llevado al Exterior, donde pudo renovarse. Jane, su amiga m√°s sincera, que pronto morir√≠a.
√Čse era su verdadero l√≠mite. Cuando Jane muriera los vuelos estelares instant√°neos se acabar√≠an, pues no hab√≠a ning√ļn otro ser con el poder mental de sacar nada m√°s complicado que una pelota de goma al Exterior y devolverlo al Interior. Y la muerte de Jane se producir√≠a no por una causa natural, sino porque el Congreso Estelar, tras haber descubierto la existencia de un programa subversivo capaz de controlar o al menos de acceder a todos sus ordenadores, estaba cerrando, desconectando sistem√°ticamente todas sus redes. Jane sent√≠a ya la herida de aquellos sistemas que hab√≠an sido apartados del conjunto para que no pudiera acceder a ellos. Pronto transmitir√≠an los c√≥digos que la borrar√≠an por completo, de golpe. Y cuando ella muriera, todos los que no hubieran sido evacuados de la superficie de Lusitania y trasladados a otro mundo estar√≠an atrapados, esperando la llegada de la Flota Lusitania, que se acercaba cada vez m√°s, decidida a destruirlos a todos.
Era un trabajo sombr√≠o, pues a pesar de todos los esfuerzos de Miro, su querida amiga morir√≠a. Era en parte por eso, lo sab√≠a bien, que evitaba entablar una verdadera amistad con la joven Val: porque habr√≠a sido una deslealtad hacia Jane sentir afecto por otra persona durante las √ļltimas semanas o d√≠as de su vida.
As√≠, la existencia de Miro era una interminable rutina de trabajo, de concentraci√≥n mental: estudiaba los hallazgos de los instrumentos de la lanzadera, analizaba fotograf√≠as a√©reas, pilotaba la lanzadera hasta peligrosas zonas de aterrizaje nunca exploradas para por fin (con muy poca frecuencia) tener la posibilidad de abrir la puerta y respirar un aire extra√Īo. Y al final de cada viaje tampoco hab√≠a tiempo de quejarse o alegrarse, ni siquiera hab√≠a tiempo para descansar: cerraba la puerta y a una orden suya Jane los llevaba de vuelta a Lusitania, para empezar de nuevo.
Esta vez hubo algo diferente. Miro abri√≥ la puerta de la lanzadera y encontr√≥ no a su padre adoptivo, Ender, ni a los pequeninos que preparaban la comida para √©l y la Joven Val, ni a los l√≠deres normales de la colina que esperaban sus informes, sino a sus hermanos Olhado y Grego, y a su hermana Elanora, y a Valentine, la hermana de Ender. ¬ŅLa Vieja Valentine hab√≠a acudido a un lugar donde sin duda iba a encontrarse con su joven gemela? Miro vio de inmediato c√≥mo se observaban la joven Val y la Vieja Valentine, evitando que sus ojos se encontraran, y luego desviaban la mirada para no verse. ¬ŅO era que la joven Val no miraba a la otra porque quer√≠a evitar ofender a la mujer mayor? Sin duda, la Joven Val habr√≠a desaparecido gustosamente antes que causar a la Vieja Valentine un instante de dolor. Ya que desaparecer no le era posible, hac√≠a lo que s√≠ estaba en su mano: permanecer apartada cuando la Vieja Valentine estaba presente.
¬ó¬ŅA qu√© viene esta reuni√≥n? ¬ópregunt√≥ Miro¬ó. ¬ŅEst√° enferma madre?
¬óNo, todo el mundo goza de buena salud ¬ódijo Olhado. ¬óExcepto mental ¬óa√Īadi√≥ Grego¬ó. Madre est√° loca como una cabra, y ahora Ender est√° loco tambi√©n.
Miro asintió, hizo una mueca.
¬óDejadme adivinar. Se ha unido a ella con los Filhos. Inmediatamente, Grego y Olhado miraron la joya que Miro llevaba en la oreja.
¬óNo, Jane no me lo ha dicho. Es que conozco a Ender ¬ódijo Miro¬ó. Se toma su matrimonio muy en serio.
¬óS√≠, bueno, ha dejado algo as√≠ como un vac√≠o de poder por aqu√≠ ¬ócontest√≥ Olhado¬ó. Y no es que todo el mundo haga mal su trabajo. Quiero decir que el sistema funciona y todo eso. Pero era a Ender a quien todos acud√≠amos para que nos dijera qu√© hacer cuando el sistema dejaba de funcionar. ¬ŅSabes a qu√© me refiero?
—Lo sé —dijo Miro—. Y puedes hablar de eso delante de Jane. Sabe que va a ser desconectada en cuanto el Congreso Estelar culmine su plan.
—Es más complicado que eso —respondió Grego—. La mayoría de la gente no conoce el peligro que corre Jane... de hecho, la mayoría ni siquiera sabe que existe. Pero saben sumar dos y dos y se dan cuenta de que, incluso a plena carga, no hay manera de sacar a todos los humanos de Lusitania antes de que llegue la flota. Mucho menos a los pequeninos. Por lo tanto, saben que, a menos que se detenga a la flota, alguien tendrá que quedarse aquí a morir. Ya hay quienes dicen que hemos malgastado suficiente espacio en las naves para árboles e insectos.
Al decir ¬ę√°rboles¬Ľ se refer√≠a, naturalmente, a los pequeninos, quienes de hecho no estaban transportando a padres y madres-√°rbol; al decir ¬ęinsectos¬Ľ se refer√≠a a la Reina Colmena, que tampoco estaba desperdiciando espacio enviando muchas obreras. Pero en cada mundo que estaban colonizando hab√≠a un buen n√ļmero de pequeninos y al menos una reina colmena y un pu√Īado de obreras para ayudarla a empezar. No importaba que fuera la Reina Colmena de cada mundo la que produjera r√°pidamente obreras que hac√≠an el grueso del trabajo para iniciar la agricultura; no importaba que, por no llevar √°rboles consigo, al menos un macho y una hembra de cada grupo de pequeninos tuvieran que ser ¬ęplantados¬Ľ: morir lenta y dolorosamente para que un padre-√°rbol y una madre-√°rbol echaran ra√≠ces y mantuvieran el ciclo de vida pequenina. Todos sab√≠an (Grego mejor que nadie, pues recientemente hab√≠a estado metido en el meollo del asunto) que bajo la tranquila superficie subyac√≠a una corriente de competencia entre las especies.
Y no era s√≥lo cosa de los humanos. Mientras que en Lusitania los pequeninos segu√≠an superando a los hombres en gran n√ļmero, en las nuevas colonias los humanos predominaban. ¬ęEs vuestra flota la que viene a destruir Lusitania ¬ódec√≠a Humano, el actual l√≠der de los padres-√°rbol¬ó. Y aunque todos los humanos de Lusitania murieran, la raza humana continuar√≠a, mientras que para la Reina Colmena y nosotros est√° en juego nada menos que la supervivencia de nuestras especies. Y, sin embargo, comprendemos que debemos dejar a los humanos dominar durante un tiempo estos nuevos mundos, dado vuestro conocimiento de habilidades y tecnolog√≠as que nosotros a√ļn no dominamos, dada vuestra pr√°ctica en someter nuevos mundos, y porque segu√≠s teniendo el poder de prender fuego a nuestros bosques.¬Ľ Humano lo dec√≠a de un modo muy razonable, su resentimiento oculto por un lenguaje amable, pero muchos otros pequeninos y padres-√°rbol lo dec√≠an m√°s apasionadamente: ¬ę¬ŅPor qu√© deber√≠amos dejar a los invasores humanos, que nos trajeron todo este mal, salvar a casi toda su poblaci√≥n mientras que la mayor√≠a de nosotros muere?¬Ľ
¬óEl resentimiento entre las especies no es nada nuevo ¬ódijo Miro.
—Pero hasta ahora teníamos a Ender para contenerlo —repuso Grego—. Los pequeninos, la Reina Colmena y la mayoría de la población humana veían a Ender como un interlocutor justo, alguien en quien confiar. Sabían que mientras estuviera a cargo de las cosas, mientras su voz se dejara oír, sus intereses estarían protegidos.
¬óEnder no es la √ļnica buena persona que dirige este √©xodo ¬ódijo Miro.
¬óEs una cuesti√≥n de confianza, no de virtud ¬óintervino Valentine¬ó. Los no-humanos saben que Ender es el Portavoz de los Muertos. Ning√ļn otro humano ha hablado jam√°s en favor de otra especie de esa forma. Y sin embargo los humanos saben que Ender es el Xenocida, que cuando la raza humana recibi√≥ la amenaza de un enemigo hace incontables generaciones, fue √©l quien actu√≥ para detenerlo y salvar a la humanidad de la aniquilaci√≥n. No hay exactamente un candidato con cualificaciones similares dispuesto a ocupar el puesto de Ender.
¬ó¬ŅY qu√© tiene eso que ver conmigo? ¬ópregunt√≥ Miro bruscamente¬ó. Nadie me hace caso. No tengo contactos. Desde luego, no puedo ocupar el lugar de Ender, y ahora mismo estoy cansado y necesito dormir. Mirad a la joven Val, est√° medio muerta de cansancio tambi√©n.
Era cierto; apenas podía tenerse en pie. Miro extendió de inmediato la mano para sujetarla; agradecida, ella se apoyó en su hombro.
—No queremos que ocupes el lugar de Ender —dijo Olhado—. No queremos que nadie ocupe su puesto. Queremos que él lo haga.
Miro se echó a reír.
¬ó¬ŅPiensas que puedo persuadirlo? ¬°Ten√©is a su hermana aqu√≠ mismo! ¬°Enviadla a ella!
La Vieja Valentine hizo una mueca.
¬óMiro, no quiere verme.
¬ó¬ŅY qu√© te hace pensar que querr√° verme a m√≠?
—A ti no, Miro. A Jane. La joya de tu oreja. Miro los miró, desconcertado.
¬ó¬ŅQuieres decir que Ender se ha quitado la suya?
Pudo oír a Jane decirle al oído:
—He estado ocupada. No me pareció importante mencionártelo.
Pero Miro sabía cómo había devastado aquello a Jane antes, cuando Ender la desconectó. Ahora
ella tenía otros amigos, sí, pero eso no significaba que no le resultara doloroso.
La Vieja Valentine continuó:
¬óSi puedes verle y convencerle de que hable con Jane...
Miro sacudió la cabeza.
¬óSe quit√≥ la joya... ¬Ņno os dais cuenta de que eso es definitivo? Se ha comprometido a seguir a Madre en el exilio. Ender nunca renuncia a sus compromisos.
Todos sab√≠an que era verdad. Sab√≠an, de hecho, que no hab√≠an acudido a Miro con la esperanza real de que consiguiera lo que necesitaban, sino como un √ļltimo acto de desesperaci√≥n.
—Así que dejamos que las cosas sigan su curso —dijo Grego—. Nos dejamos hundir en el caos. Y luego, acosados por la guerra entre especies, moriremos en el oprobio cuando llegue la flota. Jane tiene suerte; ya habrá muerto cuando eso suceda.
—Dile que gracias —comunicó Jane a Miro.
—Jane dice que gracias —informó Miro—. Tienes mucho tacto, Grego.
Grego se ruborizó, pero no retiró lo dicho.
—Ender no es Dios —dijo Miro—. Lo haremos lo mejor que sepamos sin él. Pero ahora mismo lo mejor que podemos hacer es...
—Dormir, lo sabemos —intervino la Vieja Valentine—. Pero no en la nave esta vez. Por favor. Nos duele el corazón de ver lo cansados que estáis los dos. Jakt ha traído el taxi. Venid a casa y dormid en una cama.
Miro se volvió hacia la Joven Val, que seguía apoyada en su hombro, adormilada.
—Los dos, por supuesto —dijo la Vieja Valentine—. No me perturba tanto su existencia como todos parecéis pensar.
—Por supuesto que no —dijo la joven Val. Extendió un brazo agotado, y las dos mujeres que llevaban el mismo nombre se cogieron de la mano. Miro vio cómo la Joven Val se separaba de él
para apoyarse en el brazo de la Vieja Valentine. Sus propios sentimientos le sorprendieron. En vez de sentir alivio porque hubiera menos tensi√≥n entre ellas de lo que pensaba, estaba furioso. Furioso de celos, eso era. ¬ęElla se estaba apoyando en m√≠¬Ľ, quiso decirle. ¬ŅQu√© clase de respuesta infantil era √©sa?
Y entonces, mientras las miraba marcharse, vio lo que no deber√≠a haber visto: Valentine se estremeci√≥. ¬ŅFue un escalofr√≠o s√ļbito? La noche era fr√≠a, en efecto. Pero no, Miro estaba seguro de que era el contacto con su joven gemela, y no el aire nocturno, lo que hizo temblar a la Vieja Valentine.
¬óVamos, Miro ¬ódijo Olhado¬ó. Te llevaremos en el hovercar a casa de Valentine.
¬ó¬ŅNos detendremos a comer por el camino?
—También es la casa de Jakt —dijo Elanora—. Siempre hay comida.
Mientras el hovercar los llevaba a trav√©s de Milagro, el poblado humano, pasaron cerca de algunas de las docenas de naves que estaban en servicio. El trabajo de emigraci√≥n no cesaba de noche. Los estibadores (muchos de ellos pequeninos) cargaban suministros y equipo para su transporte. Las familias hac√≠an cola para llenar el espacio que pudiera haber en las cabinas. Jane no descansar√≠a esa noche mientras llevaba caja tras caja al Exterior y de nuevo al Interior. En otros mundos se alzaban nuevas casas, se araban nuevos campos. ¬ŅEra de d√≠a o de noche en aquellos otros lugares? No importaba. En cierto modo ya hab√≠an tenido √©xito: se estaban colonizando nuevos mundos y, gustara o no, cada mundo ten√≠a su colmena, su nuevo bosque pequenino y su aldea humana.
Si Jane muriera hoy, pens√≥ Miro, si la flota llegara ma√Īana y nos redujera a todos a cenizas, ¬Ņqu√© importar√≠a en el gran esquema de las cosas? Las semillas han sido esparcidas al viento; algunas, al menos, echar√°n ra√≠ces. Y si el viaje m√°s r√°pido que la luz muere con Jane, incluso eso podr√≠a ser para bien, pues obligar√° a cada uno de esos mundos a luchar por s√≠ mismo. Algunas colonias fracasar√°n y morir√°n, sin duda. En algunas de ellas estallar√° la guerra, y tal vez una especie u otra sea aniquilada. Pero no ser√° la misma especie la que muera en cada mundo, o la misma especie la que viva; y en algunos mundos, al menos, encontraremos un modo de vivir en paz. Y lo que nos queda son los detalles. El que este o aquel individuo viva o muera importa, por supuesto, pero no tanto como la supervivencia de las especies.
Debía de haber estado subvócalizando algunos de sus pensamientos, porque Jane le contestó.
¬ó¬ŅNo tiene un programa de ordenador ojos y o√≠dos? ¬ŅNo tengo coraz√≥n o cerebro? ¬ŅCuando me haces cosquillas, no me r√≠o?
—Francamente, no —dijo Miro en silencio, moviendo los labios y la lengua y los dientes para dar forma a palabras que sólo ella podía oír.
¬óPero cuando yo muera, todos los seres de mi especie morir√°n tambi√©n ¬ódijo ella¬ó. Perd√≥name si considero que esto tiene significado c√≥smico. No soy tan abnegada como t√ļ, Miro. No considero estar viviendo un tiempo prestado. Era mi firme intenci√≥n vivir eternamente, as√≠ que cualquier cosa menor es una decepci√≥n.
—Dime qué puedo hacer y lo haré. Moriría por salvarte, si eso es lo que hace falta.
¬óAfortunadamente, morir√°s tarde o temprano, no importa lo que suceda ¬ódijo Jane¬ó. √Čse es mi √ļnico consuelo, que al morir no hago m√°s que enfrentarme al mismo destino que el resto de las criaturas vivas. Incluso esos √°rboles que viven tanto. Incluso esas reinas de colmena que transmiten sus recuerdos de generaci√≥n en generaci√≥n. Pero yo, ay, no tendr√© hijos. ¬ŅC√≥mo podr√≠a tenerlos? S√≥lo soy una criatura de mente. Nadie ha pensado en apareamientos mentales.
—Es una lástima, porque apuesto a que serías magnífica en el catre virtual.
¬óLa mejor.
Guardaron silencio un rato.
Sólo cuando se acercaban a casa de Jakt, un edificio nuevo de las afueras de Milagro, Jane volvió a hablar.
¬óRecuerda, Miro, que haga lo que haga Ender con su propio yo, cuando la joven Valentine habla sigue siendo el ai√ļa de Ender quien habla.
—Lo mismo sucede con Peter —dijo Miro—. Ahí hay una pega. Digamos que la Joven Val, por dulce que sea, no representa exactamente una visión equilibrada de nada. Ender puede controlarla, pero ella no es Ender.
¬óHay demasiados Ender, ¬Ņverdad? Y, al parecer, yo tambi√©n sobro, al menos en opini√≥n del
Congreso Estelar.
¬óSomos demasiados ¬ódijo Miro¬ó. Pero nunca suficientes.
Llegaron. Miro y la joven Val entraron. Comieron rápidamente; se quedaron dormidos nada más acostarse. Miro fue consciente de oír voces en la lejanía esa noche, pues no durmió bien, sino que despertó varias veces, incómodo en aquel colchón tan blando, y tal vez incómodo por hallarse apartado de su deber, como un soldado que se siente culpable por haber abandonado su puesto.
A pesar de su cansancio, Miro no durmi√≥ hasta tarde. De hecho, el cielo estaba todav√≠a oscuro cuando se despert√≥ poco antes del amanecer y, como era su costumbre, se levant√≥ inmediatamente de la cama, temblando adormilado mientras los √ļltimos restos del sue√Īo hu√≠an de su cuerpo. Se visti√≥ y sali√≥ al sal√≥n para buscar el cuarto de ba√Īo y orinar. Al hacerlo, oy√≥ voces en la cocina. O bien la conversaci√≥n de la noche anterior continuaba, o alg√ļn otro madrugador neur√≥tico hab√≠a rechazado la soledad matutina y charlaba como si el amanecer no fuera la oscura hora de la desesperaci√≥n.
Se detuvo ante su puerta abierta, dispuesto a entrar y dejar fuera aquellas voces. Entonces advirtió que una de ellas pertenecía a la Joven Val. Comprendió que la otra era la de la Vieja Valentine. De inmediato se dio la vuelta y se acercó a la cocina, y de nuevo vaciló en el umbral.
Cierto, las dos Valentines estaban sentadas a la mesa, una frente a la otra, pero sin mirarse. Miraban por la ventana mientras se tomaban uno de los zumos de fruta y verduras de la Vieja Valentine.
¬ó¬ŅTe apetece uno, Miro? ¬ópregunt√≥ la Vieja Valentine, sin alzar la cabeza.
—Ni en mi lecho de muerte —dijo Miro—. No pretendía interrumpiros.
¬óBien ¬ódijo la Vieja Valentine.
La joven Valentine continuó sin decir nada.
Miro entró en la cocina, se acercó al fregadero, y se sirvió un vaso de agua, que bebió de un largo trago.
¬óTe dije que era Miro quien estaba en el cuarto de ba√Īo ¬ódijo la Vieja Valentine¬ó. Nadie
procesa tanta agua al día como este querido muchacho.
Miro se echó a reír, pero no oyó reírse a la Joven Val.
—Estoy interrumpiendo vuestra conversación —dijo—. Me voy.
—Quédate —pidió la Vieja Valentine.
¬óPor favor ¬ódijo la joven Val.
¬ó¬ŅPara complacer a cu√°l? ¬ópregunt√≥ Miro. Se volvi√≥ hacia ella y sonri√≥.
Val le acercó una silla con el pie.
¬óSi√©ntate. La se√Īora y yo est√°bamos hablando sobre nuestra condici√≥n de gemelas.
¬óDecidimos que tengo la responsabilidad de morir primero ¬ódijo la Vieja Valentine.
¬óAl contrario ¬órepuso la joven Val¬ó, decidimos que Gepetto no cre√≥ a Pinocho porque quisiera un ni√Īo de verdad. Siempre quiso una marioneta. Toda la historia del ni√Īo de verdad fue s√≥lo a causa de la pereza de Gepetto. Quer√≠a que la marioneta bailara... pero no quer√≠a tomarse la molestia de tirar de los hilos.
¬óT√ļ eres Pinocho ¬ódijo Miro¬ó. Y Ender...
—Mi hermano no intentó hacerte —dijo la Vieja Valentine—. Y tampoco quiere controlarte.
—Lo sé —susurró la Joven Val. Y de repente hubo lágrimas en sus ojos.
Miro extendió una mano para colocarla sobre la suya en la mesa, pero de inmediato ella la retiró. No, no estaba evitando su contacto, simplemente alzó la mano para secarse las molestas lágrimas de los ojos.
—Sé que él cortaría los hilos si pudiera —dijo la Joven Val—, Como Miro cortó los hilos de su antiguo cuerpo roto.
Miro lo recordaba clar√≠simamente. En un instante estaba sentado en la astronave, contemplando aquella imagen perfecta de s√≠ mismo, fuerte y joven y sano; y al siguiente era aquella imagen, hab√≠a sido siempre aquella imagen, y lo que contemplaba era la versi√≥n lisiada, rota, con el cerebro da√Īado, de s√≠ mismo. Y mientras observaba, aquel cuerpo no amado, no querido, se hizo polvo y desapareci√≥.
¬óNo creo que te odie como yo odiaba a mi antiguo yo ¬ódijo Miro.
¬óNo tiene que odiarme. No fue el odio lo que mat√≥ a tu antiguo cuerpo. ¬óLa joven Val no le mir√≥ a los ojos. En todas sus horas juntos explorando mundos, nunca hab√≠an hablado sobre nada tan personal. Ella nunca se hab√≠a atrevido a discutir con √©l acerca del momento en que ambos hab√≠an sido creados¬ó. T√ļ odiabas tu antiguo cuerpo mientras estabas dentro de √©l pero, en cuanto volviste al cuerpo adecuado, simplemente dejaste de prestar atenci√≥n al antiguo. Ya no era parte de ti. Tu ai√ļa ya no ten√≠a ninguna responsabilidad hacia √©l. Y sin nada que sirviera de sost√©n... se escabull√≥ la liebre.
¬óMu√Īeco de madera ¬óle dijo Miro¬ó. Ahora liebre. ¬ŅQu√© m√°s soy?
La Vieja Valentine ignoró su intento de bromear.
—Así que estás diciendo que Ender no te encuentra interesante. —Me admira —dijo la joven Val—. Pero me encuentra aburrida.
—Sí, bueno, a mí también —repuso la Vieja Valentine.
¬óEso es absurdo ¬ódijo Miro.
¬ó¬ŅLo es? ¬ópregunt√≥ la Vieja Valentine¬ó. √Čl nunca me sigui√≥ a ninguna parte; fui yo la que siempre le sigui√≥ a √©l. Creo que Ender buscaba una misi√≥n en la vida, alguna gran acci√≥n que realizar para redimir el terrible acto que acab√≥ con su infancia. Pens√≥ que escribir La Reina Colmena servir√≠a. Y luego, con mi ayuda para prepararlo, escribi√≥ El Hegem√≥n y pens√≥ que eso ser√≠a suficiente, pero no lo fue. Sigui√≥ buscando algo que ocupara toda su atenci√≥n y casi lo encontr√≥, o encontr√≥ algo que lo hizo durante una semana o un mes. Pero una cosa es segura: eso que ocupaba su atenci√≥n nunca fui yo, aunque viaj√© con √©l miles de millones de kil√≥metros durante tres mil a√Īos. Esas historias que escrib√≠.., no fue por amor a la historia, sino porque le ayudaba en su trabajo con mis escritos. y cuando terminaba cada uno, entonces, durante unas cuantas horas de lectura y discusi√≥n, ten√≠a su atenci√≥n. S√≥lo que cada vez me resultaba menos satisfactorio porque no era yo quien manten√≠a su atenci√≥n, sino la historia que hab√≠a escrito. Hasta que por fin encontr√© a un hombre que me entreg√≥ su coraz√≥n, y me qued√© con √©l mientras mi hermano adolescente continuaba sin m√≠ y encontraba una familia que ocup√≥ todo su coraz√≥n; y all√≠ est√°bamos, a planetas de distancia, pero finalmente m√°s felices separados de lo que lo hab√≠amos sido juntos.
¬óEntonces, ¬Ņpor qu√© volviste con √©l? ¬ópregunt√≥ Miro.
—No vine por él. Vine por ti. —La Vieja Valentine sonrió—. Vine por un mundo en peligro de destrucción. Pero me alegré de ver a Ender, aunque sabía que nunca me pertenecería.
¬óEsto puede ser una descripci√≥n adecuada de c√≥mo te sent√≠as t√ļ ¬ódijo la joven Val¬ó. Pero debiste de tener su atenci√≥n, a alg√ļn nivel. Yo existo porque t√ļ siempre estuviste en su coraz√≥n.
—Una fantasía de su infancia, tal vez. No yo.
¬óM√≠rame ¬ódijo la joven Val¬ó. ¬ŅEs √©ste el cuerpo que ten√≠as cuando √©l contaba cinco a√Īos y se lo llevaron de su casa para enviarlo a la Escuela de Batalla? ¬ŅEs siquiera el de la adolescente que conoci√≥ ese verano junto al lago en Carolina del Norte? Debi√≥ de prestarte atenci√≥n incluso mientras crec√≠as, porque su imagen de ti cambi√≥ para convertirse en m√≠.
—Eres lo que yo fui cuando trabajábamos juntos en El Hegemón —contestó la Vieja Valentine
tristemente.
¬ó¬ŅEstabas tan cansada? ¬ópreg√ļnt√≥ la Joven Val.
¬óYo lo estoy ¬ódijo Miro.
¬óNo, no lo est√°s ¬ódijo la Vieja Valentine¬ó. Eres la viva imagen del vigor. Sigues celebrando
la llegada de tu precioso cuerpo nuevo. Mi gemela está agotada hasta el fondo del corazón.
¬óLa atenci√≥n de Ender siempre ha estado dividida ¬ódijo la Joven Val¬ó. Ver√©is, estoy llena de sus recuerdos... o m√°s bien de los recuerdos que inconscientemente pens√≥ que deber√≠a tener pero que naturalmente suelen consistir en cosas que √©l recuerda sobre aqu√≠ mi amiga ¬óindic√≥ a la Vieja Valentine¬ó, lo que significa que todo lo que yo recuerdo es mi vida con Ender. Y √©l siempre tuvo a Jane en la oreja, y a las personas de cuyas muertes era Portavoz, y a sus estudiantes, y a la Reina Colmena en su cris√°lida, y todo lo dem√°s. Pero todas sus relaciones eran adolescentes. Hasta que lleg√≥ aqu√≠ y finalmente se entreg√≥ de pleno a alguien m√°s. A ti y a tu familia, Miro. A Novinha. Por primera vez dio a otras personas el poder de herirlo emocionalmente; fue a la vez magn√≠fico y doloroso. Pero incluso eso pod√≠a sobrellevarlo, pues es un hombre fuerte, y los hombres fuertes tienen una gran resistencia. Ahora, sin embargo, el asunto es distinto. Peter y yo no tenemos vidaaparte de la suya. Decir que √©l es uno con Novinha es metaf√≥rico; con Peter y conmigo es literal. √Čl es nosotros. Y su ai√ļa no es lo bastante grande, no es lo bastante fuerte o copioso, no puede prestar atenci√≥n por igual a las tres vidas que dependen de √©l. Me di cuenta de eso en cuanto... ¬Ņc√≥mo lo llamamos? ¬ŅMe cre√≥? ¬ŅMe fabric√≥?
¬óEn cuanto naciste ¬ódijo la Vieja Valentine.
¬óFuiste un sue√Īo hecho realidad ¬ódijo Miro, con s√≥lo un deje de iron√≠a.
¬óNo puede mantenernos a los tres: Ender, Peter, yo. Uno de nosotros va a tener que desvanecerse. Uno de nosotros al menos va a tener que morir. Y soy yo. Lo supe desde el principio. Yo soy la que va a morir.
Miro trat√≥ de tranquilizarla. ¬ŅPero c√≥mo se tranquiliza a alguien, excepto haci√©ndole recordar situaciones que terminaron bien? No hab√≠a situaciones similares que sacar a colaci√≥n.
¬óEl problema es que, sea cual fuere la parte del ai√ļa de Ender que sigo teniendo dentro de m√≠, est√° absolutamente decidido a vivir. No quiero morir. Por eso s√© que a√ļn me presta cierta atenci√≥n, porque no quiero morir.
—Entonces ve a verlo —dijo la Vieja Valentine—. Habla con él.
La joven Val soltó una amarga carcajada y apartó la mirada.
¬óPor favor, pap√°, d√©jame vivir ¬ódijo, remedando la voz de una ni√Īa¬ó. Ya que no es algo que √©l controle conscientemente, ¬Ņqu√© podr√≠a hacer al respecto, excepto sufrir la culpa? ¬ŅY por qu√© deber√≠a sentirse culpable? Si dejo de existir, es porque mi propio yo no me valora. El es yo. ¬ŅSe sienten mal las puntas muertas de las u√Īas cuando te las cortas?
¬óPero t√ļ est√°s llamando su atenci√≥n ¬ódijo Miro.
¬óEsperaba que la b√ļsqueda de mundos habitables le intrigara. Me volqu√© en ella, tratando de encontrarla excitante. Pero, la verdad, es algo muy rutinario. Importante, pero rutinario. Miro asinti√≥.
—Cierto. Jane encuentra los mundos. Nosotros sólo los procesamos.
¬óY ya hay suficientes mundos. Suficientes colonias. Dos docenas... los pequeninos y las reinas colmena ya no van a morir, aunque Lusitania sea destruida. El atasco no est√° en el n√ļmero de mundos, sino en el n√ļmero de naves. As√≠ que nuestro trabajo ya no llama la atenci√≥n de Ender. Mi cuerpo sabe que no es necesario.
Se cogi√≥ con la mano un gran mech√≥n de cabellos y tir√≥, no con fuerza, sino suavemente, y el cabello se desprendi√≥ f√°cilmente. Un gran pu√Īado de pelo, sin signo alguno de dolor. Dej√≥ que cayera sobre la mesa. Qued√≥ all√≠, como un miembro cercenado, grotesco, imposible.
¬óCreo que si no tengo cuidado, podr√≠a hacer lo mismo con los dedos ¬ósusurr√≥ ella¬ó. Es m√°s lento, pero gradualmente me convertir√© en polvo igual que tu antiguo cuerpo, Miro. Porque √©l no est√° interesado en m√≠. Peter resuelve misterios y libra guerras pol√≠ticas en alg√ļn mundo lejano. Ender lucha por conservar a la mujer que ama. Pero yo...
En ese momento, mientras el pelo arrancado revelaba la profundidad de su tristeza, su soledad, su autorrechazo, Miro se dio cuenta de algo en lo que no se hab√≠a permitido pensar hasta entonces: durante las semanas que hab√≠an viajado juntos de mundo en mundo hab√≠a llegado a amarla, y su infelicidad lo her√≠a como si fuera propia. Y quiz√° lo era, quiz√°s era el recuerdo de su propia autorrepulsa. Pero fuera cual fuese el motivo, segu√≠a pareci√©ndole algo m√°s profundo que la simple compasi√≥n. Era una especie de deseo. S√≠, era una clase de amor. Si esta hermosa joven, esta joven sabia, inteligente y lista era rechazada por su propio coraz√≥n, entonces el coraz√≥n de Miro tendr√≠a espacio suficiente para aceptarla. Si Ender no quiere ser t√ļ, deja que yo lo sea, gimi√≥ en silencio, sabiendo mientras formulaba el pensamiento por primera vez que sent√≠a as√≠ sin advertirlo desde hac√≠a d√≠as, semanas, y sabiendo al mismo tiempo que no pod√≠a ser para ella lo que era Ender.
Sin embargo, ¬Ņhar√≠a su amor por la Joven Val lo que hac√≠a el propio Ender? ¬ŅLlamar√≠a lo suficiente su atenci√≥n para mantenerla viva, para reforzarla?
Miro extendi√≥ la mano y recogi√≥ el mech√≥n de pelo, lo enrosc√≥ en sus dedos y luego se guard√≥ los rizos en el bolsillo de la t√ļnica.
—No quiero que te desvanezcas —dijo. Palabras atrevidas para él.
La joven Val lo mir√≥ con extra√Īeza.
¬óPensaba que Ouanda era el gran amor de tu vida.
—Ahora es una mujer de mediana edad —dijo Miro—. Casada y feliz, con una familia. Sería triste que el gran amor de mi vida fuera una mujer que ya no existe y, aunque lo fuera, ella no me querría.
¬óEres muy amable. Pero no creo que podamos enga√Īar a Ender y hacer que se preocupe por mi vida fingiendo enamorarnos.
Sus palabras fueron una pu√Īalada para el coraz√≥n de Miro, porque ella hab√≠a visto f√°cilmente cu√°nto de lo que dec√≠a se deb√≠a a la piedad. Sin embargo, no todo era as√≠; la mayor parte se rebull√≠a en el subconsciente esperando su oportunidad para salir.
¬óNo era mi intenci√≥n enga√Īar a nadie ¬ódijo. Excepto a m√≠ mismo, pens√≥. Porque la joven Val no podr√≠a amarme. Despu√©s de todo, no es una mujer de verdad. Es Ender.
Pero eso era absurdo. Su cuerpo era de mujer. ¬ŅY de d√≥nde proced√≠an las elecciones del amor, sino del cuerpo? ¬ŅHab√≠a algo masculino y femenino en el ai√ļa? Antes de gobernar un cuerpo de carne y hueso, ¬Ņera macho o hembra? Y si era as√≠, ¬Ņsignificaba eso que los ai√ļas que compon√≠an √°tomos y mol√©culas, rocas y estrellas y luz y viento eran claramente chicos o chicas? Tonter√≠as. El ai√ļa de Ender pod√≠a ser una mujer, pod√≠a amar como una mujer tan f√°cilmente como ahora amaba en un cuerpo de hombre y a la manera de un hombre, a la madre del propio Miro. No era fallo de la joven Val; si lo miraba con tanta piedad, el fallo era suyo. Incluso con su cuerpo renovado, no era un hombre a quien una mujer (o al menos esta mujer, en este momento la m√°s deseable de todas las mujeres) pudiera amar, o deseara amar, o esperara conquistar.
—No tendría que haber venido —murmuró. Se apartó de la mesa y salió de la habitación en dos zancadas. Recorrió el pasillo y una vez más se plantó ante su puerta abierta. Oyó sus voces.
¬óNo, no vayas con √©l ¬ódijo la Vieja Valentine. Luego a√Īadi√≥ algo, m√°s bajo. Y a continuaci√≥n ¬ó: Puede que tenga un cuerpo nuevo, pero el odio que siente hacia s√≠ mismo no se ha curado.
Un murmullo por parte de la joven Val.
—Miro hablaba desde el fondo de su corazón —le aseguró la Vieja Valentine—. Ha sido muy
valiente al decirlo.
Una vez más, la Joven Val habló demasiado bajo para que Miro la oyera.
¬ó¬ŅC√≥mo puedes saberlo? ¬ódijo la Vieja Valentine¬ó. Lo que tienes que entender es que hicimos un largo viaje juntos, no hace mucho, y creo que se enamor√≥ un poco de m√≠ durante ese vuelo.
Probablemente era cierto. Era decididamente cierto. Miro tenía que admitirlo: algunos de sus sentimientos hacia la Joven Val eran realmente sus sentimientos hacia la Vieja Valentine, transferidos de una mujer que estaba permanentemente fuera de su alcance a esta joven que podía serle accesible,
o al menos eso hab√≠a esperado. Las dos voces hablaban ahora en un tono tan bajo que Miro ni siquiera distingu√≠a las palabras. Pero sigui√≥ esperando, las manos apretadas contra el marco de la puerta, escuchando el sonido de aquellas dos voces tan parecidas pero tan claramente diferenciables. Era una m√ļsica que hab√≠a escuchado eternamente.
—Si hay alguien que se parezca a Ender en todo este universo —la Vieja Valentine subió el tono de voz—, ése es Miro. Se lisió intentando salvar a los inocentes de la destrucción. Todavía no se ha curado.
Quería que yo lo oyera, advirtió Miro. Lo ha dicho en voz alta sabiendo que yo estaba aquí, que estaba escuchando. La vieja bruja estaba atenta al sonido de mi puerta y como no la ha oído cerrarse, sabe que puedo oírlas; intenta ofrecerme un modo de verme a mí mismo. Pero no soy Ender. Apenas soy Miro, y si me dice cosas así es la prueba justa de que no sabe quién soy.
Una voz le habló al oído.
¬óOh, si vas a enga√Īarte a ti mismo cierra el pico.
Por supuesto, Jane lo había oído todo. Incluso sus pensamientos, porque, como de costumbre, reflejaba sus pensamientos conscientes con labios, lengua y dientes. Ni siquiera era capaz de pensar sin mover la boca. Con Jane conectada a su oído, se pasaba las horas de vigilia en un confesionario que nunca cerraba.
¬óAs√≠ que amas a la chica ¬ódijo Jane¬ó. ¬ŅPor qu√© no? As√≠ que tus motivos se complican por tus sentimientos hacia Ender y Valentine y a Ouanda y a ti mismo. ¬ŅY qu√©? ¬ŅQu√© amor ha sido siempre puro, qu√© amante ha estado jam√°s libre de complicaciones? Piensa en ella como en un s√ļcubo. La amar√°s, y se desmoronar√° en tus brazos.
La burla de Jane le enfurecía y le divertía al mismo tiempo. Entró en la habitación y cerró con
cuidado la puerta. Entonces, le susurró:
—Eres una vieja perra celosa, Jane. Me quieres sólo para ti.
—Estoy segura de que tienes razón. Si Ender me hubiera amado alguna vez, habría creado mi
cuerpo humano cuando se sintió tan fértil allá en el Exterior. Entonces podría ser tu pareja.
—Ya tienes todo mi corazón —dijo Miro—. Enterito.
—Eres un mentiroso. Sólo soy una calculadora-agenda parlante, y lo sabes.
—Pero eres muy muy rica —dijo Miro—. Me casaré contigo por tu dinero.
¬óAh. Ella se equivoca en una cosa, por cierto.
¬ó¬ŅEn qu√©? ¬ópregunt√≥ Miro, sin saber a qui√©n se refer√≠a Jane.
—No habéis acabado de explorar mundos. Esté o no esté Ender interesado en el tema (y creo que lo está, porque ella no se ha convertido en polvo todavía), el trabajo no se termina sólo porque haya suficientes planetas habitables para salvar a los cerdis y los insectores.
Jane usaba con frecuencia los diminutivos y t√©rminos peyorativos. Miro a menudo se preguntaba, pero nunca se hab√≠a atrevido a plantearlo, si ten√≠a alg√ļn peyorativo para los humanos. Pero le parec√≠a saber cu√°l ser√≠a su respuesta de todas formas: ¬ęLa palabra "humano" es un peyorativo.¬Ľ
¬ó¬ŅEntonces qu√© estamos buscando? ¬ópregunt√≥ Miro.
—Todos los mundos que seamos capaces de encontrar antes de que yo muera —respondió Jane.
Miro pens√≥ en eso mientras yac√≠a tendido en la cama. Pens√≥ mientras se revolv√≠a y se agitaba un par de veces. Luego se levant√≥, se visti√≥ y sali√≥ a la calle para mezclarse con los otros madrugadores, que atend√≠an sus propios asuntos, pocos de los cuales lo conoc√≠an o eran conscientes siquiera de su existencia. Por ser miembro de la extra√Īa familia Ribeira no hab√≠a tenido muchos amigos escolares; por ser a la vez inteligente y t√≠mido hab√≠a tenido a√ļn menos amistades adolescentes.
Su √ļnica amiga hab√≠a sido Ouanda, hasta que penetrar en el per√≠metro sellado de la colonia humana le dej√≥ con lesiones cerebrales y se neg√≥ incluso a verla. Luego, su viaje en busca de Valentine hab√≠a cortado los pocos y fr√°giles lazos que le un√≠an con su mundo natal. Para √©l s√≥lo pasaron unos cuantos meses en una astronave, pero cuando volvi√≥ hab√≠an transcurrido a√Īos, y ahora era el hijo m√°s joven de su madre, el √ļnico cuya vida no hab√≠a comenzado todav√≠a. Los ni√Īos que antes hab√≠a cuidado eran adultos que lo trataban como un tierno recuerdo de su juventud. S√≥lo Ender no hab√≠a cambiado. No importaba cu√°ntos a√Īos pasaran. No importaba lo que sucediera. Ender era el mismo.
¬ŅSegu√≠a siendo cierto? ¬ŅSegu√≠a siendo el mismo hombre incluso ahora, que se encerraba en un momento de crisis, oculto en un monasterio s√≥lo porque Madre hab√≠a renunciado por fin a la vida? Miro conoc√≠a muy por encima la vida de Ender. Lo apartaron de su familia a la corta edad de cinco a√Īos. Lo llevaron a la Escuela de Batalla en √≥rbita, de donde sali√≥ siendo la √ļltima esperanza de la humanidad en su guerra contra la implacable invasi√≥n de los insectores. Luego lo llevaron al mando de la flota en Eros, donde le dijeron que ser√≠a sometido a entrenamiento avanzado, aunque sin que √©l lo supiera comand√≥ las flotas de verdad, situadas a a√Īos-luz de distancia, pues sus √≥rdenes eran transmitidas por ansible. Gan√≥ brillantemente esa guerra y, al final, cometi√≥ el acto completamente inconsciente de destruir el mundo natal de los insectores. Pensaba que era un juego.
Pensaba que era un juego, pero al mismo tiempo sab√≠a que el juego era una simulaci√≥n de la realidad. En el juego hab√≠a decidido hacer lo inimaginable; eso signific√≥, al menos para Ender, que no estaba libre de culpa cuando el juego result√≥ ser real. Aunque la √ļltima Reina Colmena le hab√≠a perdonado y se hab√≠a puesto a su cuidado, dentro de su cris√°lida, no pudo librarse de ese sentimiento. Era s√≥lo un ni√Īo, hac√≠a lo que los adultos le impulsaban a hacer; pero en el fondo sab√≠a que incluso un ni√Īo es una persona de verdad, que los actos de un ni√Īo son actos reales, que incluso un juego infantil no carece de contexto moral.
As√≠ que, antes de que saliera el sol, Miro se encontr√≥ ante Ender, los dos sentados en un banco de piedra del jard√≠n que pronto estar√≠a soleado, pero que ahora estaba h√ļmedo de roc√≠o; y lo que Miro se encontr√≥ diciendo a este hombre inalterado, inalterable, fue:
¬ó¬ŅQu√© es toda esta historia del monasterio, Ender, sino una forma cobarde y ciega de autocrucificarte?
—Yo también te he echado de menos, Miro —dijo Ender—. Pero pareces cansado. Necesitas dormir más.
Miro suspiró y sacudió la cabeza.
—No es eso lo que pretendía decirte. Intento comprenderte, de verdad. Valentine dice que soy
como t√ļ.
¬ó¬ŅTe refieres a la Valentine real?
¬óLas dos son reales.
¬óBueno, si soy como t√ļ, entonces est√ļdiate a ti mismo y dime lo que encuentras.
Miro se preguntó, al mirarlo, si Ender hablaba en serio. Ender palmeó la rodilla de Miro.
—La verdad es que ahora mismo no soy necesario ahí fuera.
¬óNo crees eso ni por un segundo ¬ódijo Miro.
—Pero creo que lo creo —dijo Ender—, y para mí eso es suficiente. Por favor, no me
desilusiones. No he desayunado todavía.
—No, te aprovechas de que estás dividido en tres. Esta parte de ti, el hombre de mediana edad, puede permitirse el lujo de dedicarse por completo a su esposa... pero sólo porque tiene dos jóvenes marionetas que salen y hacen el trabajo que realmente le interesa.
¬óPero no me interesa ¬ódijo Ender¬ó. No me importa.
—No te importa como Ender porque como Peter y Valentine ya te encargas de todo. Sólo que Valentine no está bien. No te preocupas lo suficiente por lo que ella hace. Lo que le sucedió a mi antiguo cuerpo lisiado le está sucediendo a ella. Más despacio, pero es lo mismo. Ella lo cree así, piensa que es posible. Y yo también. Y Jane.
¬óDale a Jane mi amor. La echo de menos.
¬óLe doy a Jane mi amor, Ender.
Ender sonrió al notar su resistencia.
—Si estuvieran a punto de fusilarnos, Miro, insistirías en beber un montón de agua para que tuvieran que manejar un cadáver cubierto de orina una vez muerto.
¬óValentine no es un sue√Īo ni una ilusi√≥n, Ender ¬ódijo Miro, neg√°ndose a ser conducido a una
discusión sobre su propia terquedad—. Es real, y la estás matando.
¬óUna forma terriblemente dram√°tica de expresarlo.
¬óSi la hubieras visto arrancarse mechones de pelo esta ma√Īana...
¬ó¬ŅEntonces es bastante histri√≥nica? Bueno, a ti siempre te han gustado los gestos teatrales. No
me sorprende que os llevéis bien.
¬óAndrew, te estoy diciendo que tienes que...
De repente Ender se puso serio y su voz se impuso a la de Miro aunque no hablaba alto.
¬óUsa la cabeza, Miro. ¬ŅFue una decisi√≥n consciente saltar de tu antiguo cuerpo a este modelo m√°s nuevo? ¬ŅLo pensaste y dijiste: ¬ęBueno, dejar√© que este cuerpo viejo se desmorone en mol√©culas porque este cuerpo nuevo es un lugar mejor que habitar¬Ľ?
Miro comprendi√≥ de inmediato. Ender no pod√≠a controlar conscientemente d√≥nde centraba su atenci√≥n. Su ai√ļa, aunque era su yo m√°s profundo, no se dejaba mandar.
¬óDescubr√≠ lo que realmente quiero viendo lo que hago ¬ódijo Ender¬ó. Eso es lo que todos hacemos, si somos sinceros. Tenemos nuestros sentimientos, tomamos nuestras decisiones, pero al final examinamos nuestras vidas y vemos c√≥mo a veces ignoramos nuestros sentimientos, mientras que la mayor√≠a de nuestras decisiones fueron realmente racionalizaciones porque ya hab√≠amos decidido en el fondo de nuestro de coraz√≥n antes de reconocerlo conscientemente. No puedo evitarlo si la parte de m√≠ que controla a esa muchacha cuya compa√Ī√≠a compartes no es tan importante para mi voluntad subconsciente como te gustar√≠a. Como ella necesita. No puedo hacer nada.
Miro inclinó la cabeza.
El sol se alzó sobre los árboles. De repente el banco se iluminó, y Miro alzó la cabeza para ver cómo la luz creaba un halo alrededor del cabello despeinado de Ender.
¬ó¬ŅAcicalarse va en contra de la regla mon√°stica? ¬ópregunt√≥.
¬óTe sientes atra√≠do por ella, ¬Ņverdad? ¬ódijo Ender, sin plantear realmente una pregunta¬ó. Y
te sientes un poco incómodo porque ella es realmente yo.
Miro se encogió de hombros.
—Es una raíz en el camino. Pero creo que puedo pasar por encima.
¬ó¬ŅPero qu√© hay si yo no me siento atra√≠do hacia ti? ¬ópregunt√≥ Ender alegremente.
Miro extendió los brazos y se puso de perfil.
¬óImpensable.
¬óEres guapo como un cachorrito ¬ódijo Ender¬ó. Estoy seguro de que la joven Valentine sue√Īa contigo. No s√©. Yo s√≥lo sue√Īo en planetas que estallan y en la muerte de todos los que amo.
—Sé que no has olvidado este mundo, Andrew —lo dijo a modo de disculpa, pero Ender la rechazó.
—No puedo olvidarlo, pero puedo ignorarlo. Estoy ignorando el mundo, Miro. Te estoy ignorando a ti, a esas dos psiques ambulantes mías. En este momento, estoy intentando ignorar a todo el mundo menos a tu madre.
¬óY a Dios. No debes olvidar a 'Dios.
¬óNi por un solo instante. De hecho, no puedo olvidar nada ni a nadie. Pero s√≠, estoy ignorandoa Dios, excepto en lo en que Novinha me necesita para reparar en √Čl. Estoy tomando la forma del marido que necesita.
¬ó¬ŅPor qu√©, Andrew? Sabes que Madre est√° m√°s loca que una cabra.
—Nada de eso —reprochó Ender—. Pero aunque fuera cierto... bueno, razón de más.
—Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Lo apruebo, filosóficamente, pero no sabes cómo....
El cansancio barrió entonces a Miro. No encontraba las palabras necesarias para decir lo que quería. Sabía que se debía a que trataba de decirle a Ender cómo era, en este momento, ser Miro Ribeira; y Miro no era capaz siquiera de identificar sus propios sentimientos, mucho menos de expresarlos en voz alta.
—Desculpa —murmuró, pasando al portugués porque era el idioma de su infancia, el idioma de sus emociones. Tuvo que secarse las lágrimas de las mejillas—. Se não mudar nem você, não há nada que possa nada.
Si ni siquiera puedo hacer que act√ļes, que cambies, entonces no hay nada que pueda hacer.
—Nem eu? —repitió Ender—. En todo el universo, Miro, no hay nadie más difícil de cambiar que yo.
—Madre lo hizo. Te cambió.
¬óNo, no lo hizo. S√≥lo me permiti√≥ ser lo que necesitaba y quer√≠a ser. Como ahora, Miro. No puedo hacer feliz a todo el mundo. No puedo hacerme feliz a m√≠ mismo, no hago gran cosa por ti, y en cuanto a los grandes problemas, tampoco valgo para eso. Pero tal vez pueda hacer feliz a tu madre, o al menos algo m√°s feliz, por alg√ļn tiempo, o puedo intentarlo.
Tomó las manos de Miro en las suyas, las acercó a su propio rostro, y cuando las retiró no estaban secas.
Miro vio c√≥mo Ender se levantaba del banco e iba hacia el huerto soleado. Sin duda este aspecto habr√≠a tenido Ad√°n, pens√≥, si nunca hubiera comido el fruto prohibido; si se hubiera quedado eternamente en el jard√≠n. Durante tres mil a√Īos Ender hab√≠a rozado la superficie de la vida. Finalmente se aferr√≥ a mi madre. Me pas√© toda la infancia tratando de librarme de ella, y √©l viene y decide unirse a ella y...
¬ŅY a qu√© estoy unido yo sino a √©l? A √©l en forma de mujer. A √©l con un mech√≥n de pelo sobre la mesa de la cocina.
Se levantaba ya del banco cuando Ender se volvió de pronto a mirarlo y agitó la mano para atraer su atención. Miro empezó a avanzar hacia él, pero Ender no esperó. Se llevó las manos a la boca y gritó:
—¡Díselo a Jane! ¡A ver si se le ocurre cómo hacerlo! ¡Puede tener ese cuerpo!
Miro tardó un momento en comprender que hablaba de la joven Val.
No es sólo un cuerpo, viejo destructor de planetas egocéntrico. No es sólo un traje viejo que regalar porque ya no te sienta bien o porque la moda ha cambiado.
Pero entonces su furia desapareció, pues se dio cuenta de que él mismo había hecho exactamente
eso con su antiguo cuerpo.
Lo había tirado sin mirar atrás.
Y la idea le intrig√≥. Jane. ¬ŅEra posible? Si su ai√ļa pudiera residir en la joven Val, ¬Ņpodr√≠a un cuerpo humano sostener lo suficiente de la mente de Jane para permitirla sobrevivir cuando el Congreso Estelar trataba de desconectarla?
¬óSois demasiado lentos ¬ómurmur√≥ Jane en su o√≠do¬ó. He estado hablando con la Reina Colmena y Humano y tratando de averiguar c√≥mo se hace... asignar un ai√ļa a un cuerpo. La Reina Colmena lo hizo una vez, al crearme. Pero no escogieron exactamente un ai√ļa concreto. Tomaron lo que hab√≠a. Lo que apareci√≥. Soy un poco m√°s dif√≠cil.
Miro no dijo nada mientras se dirigía hacia la puerta del monasterio.
¬óOh, s√≠, y luego est√° el peque√Īo asunto de tus sentimientos hacia la Joven Val. Odias el hecho de que amarla sea, en cierto modo, amar a Ender. Pero si yo me hiciera cargo, si yo fuera la voluntad dentro de la vida de la Joven Val, ¬Ņseguir√≠a siendo la mujer que amas? ¬ŅSobrevivir√≠a algo de ella?
¬ŅSer√≠a un asesinato?
¬óOh, calla ¬ódijo Miro en voz alta.
La portera del monasterio le miró sorprendida.
¬óUsted no ¬ódijo Miro¬ó. Pero eso no significa que no sea una buena idea.
Miro notó los ojos de la mujer sobre la espalda hasta que salió del monasterio y se encontró en el camino que bajaba hacia Milagro. Hora de volver a la nave. Val me estará esperando. Sea quien sea.
Ender es con Madre tan leal, tan paciente... ¬Ņes as√≠ lo que siento por Val? O no, no se trata de sentir, ¬Ņverdad? Es un acto de voluntad. Es una decisi√≥n irrevocable. ¬ŅSer√≠a capaz de tomarla por alguna mujer, por cualquier persona? ¬ŅPodr√≠a entregarme para siempre?
Recordó entonces a Ouanda, y caminó hasta la nave con el recuerdo de la amarga pérdida.