2 - No crees en dios



¬ęCuando sigo el sendero de los dioses a trav√©s
de la madera
mis ojos siguen cada quiebro de las vetas.
Pero mi cuerpo se mueve en línea recta
para que quienes me miran vean que el sendero de
los dioses es recto,
mientras que yo habito en un mundo sin rectitud.¬Ľ
de Los susurros divinos de Han Qing jao
Novinha no quería verlo. Cuando se lo dijo a Ender, la amable y anciana maestra parecía
realmente preocupada.
—No estaba enfadada —explicó la vieja maestra—. Me dijo que...
Ender asintió; comprendía que la maestra se hallaba dividida entre la compasión y la
sinceridad.
—Puedes decírmelo con sus palabras. Es mi esposa, así que lo soportaré.
La vieja maestra puso los ojos en blanco.
—Yo también estoy casada, lo sabes.
Por supuesto que lo sabía. Todos los miembros de la Orden de los Hijos de la Mente de Cristo (Os Filhos da Mente de Cristo) estaban casados. Era una de sus normas.
¬óEstoy casada, as√≠ que s√© perfectamente que tu esposa es la √ļnica persona que sabe todas las palabras que t√ļ no soportas o√≠r.
¬óEntonces deja que me corrija ¬ódijo Ender suavemente¬ó. Es mi esposa, y estoy decidido a escucharla, pueda soportarlo o no.
—Dice que tiene que terminar de desherbar, así que no tiene tiempo para escaramuzas.
Sí, eso era propio de Novinha. Podía autoconvencerse de que había tomado sobre sus hombros el manto de Cristo pero, si así era, se trataba del Cristo que denunció a los fariseos, el Cristo que decía todas aquellas cosas crueles y sarcásticas a amigos y enemigos por igual, no el ser amable de paciencia infinita.
Con todo, Ender no era de los que se arredran simplemente porque sus sentimientos resultaran heridos.
¬óEntonces ¬Ņa qu√© estamos esperando? ¬ópregunt√≥¬ó. Mu√©strame d√≥nde puedo encontrar una azada.
La vieja maestra le contempl√≥ un buen rato; luego sonri√≥ y lo acompa√Ī√≥ a los jardines.
Al cabo de un momento, con guantes de trabajo y una azada en la mano, Ender se plantó al final de la hilera en la que Novinha trabajaba inclinada al sol, con los ojos fijos en el suelo mientras cortaba la raíz de una mala hierba tras otra, arrancándolas para que se secaran al calor abrasador. Se acercó a él.
Ender se dirigió hacia la fila sin desbrozar contigua a aquella donde Novinha trabajaba, y empezó a emplear la azada. No se encontrarían, pero pasarían uno al lado de la otra. Ella repararía en él o no. Le hablaría o no. Todavía lo amaba y lo necesitaba. O no. Pero no importaba, al final del día él habría trabajado en el mismo campo que su esposa, le habría facilitado el trabajo; y por tanto seguiría siendo su marido, por poco que ella lo quisiera.
La primera vez que se cruzaron Novinha ni siquiera alz√≥ la cabeza. No le hac√≠a falta. Sabr√≠a sin necesidad de mirar que el hombre que la acompa√Īaba justo despu√©s de haberse negado a ver su marido ten√≠a que ser √©l mismo. Ender sab√≠a que ella lo sabr√≠a, y tambi√©n que era demasiado orgullosa para mirarlo y demostrar que quer√≠a volver a verlo. Estudiar√≠a las malas hierbas hasta quedarse medio ciega, porque Novinha no era de las que se doblegan ante la voluntad de nadie.
Excepto, por supuesto, ante la voluntad de Jes√ļs. √Čse era el mensaje que le hab√≠a enviado, el mensaje que le hab√≠a tra√≠do aqu√≠, decidido a hablar con ella. Una breve nota en el lenguaje de la Iglesia. Se separaba de √©l para servir a Cristo entre los Filhos. Se sent√≠a llamada a esta obra. Ender ten√≠a que considerar que ya no ten√≠a ninguna responsabilidad hacia ella, y no deb√≠a esperar de ella sino lo que con gusto dar√≠a a cualquier hijo de Dios. Era un mensaje fr√≠o, pese a la amabilidad de su redacci√≥n.
Tampoco Ender era de los que se doblegaban f√°cilmente a la voluntad de nadie. En vez de obedecer el mensaje, se presentaba decidido a hacer justo lo contrario de lo que le hab√≠an pedido. ¬ŅY por qu√© no? Novinha ten√≠a un historial terrible en cuanto a la toma de decisiones. Cada vez que decid√≠a hacer algo por el bien de alguien, acababa destruy√©ndolo sin querer. Como en el caso de Libo, su amigo de la infancia y amante secreto, el padre de todos sus hijos durante su matrimonio con aquel otro hombre violento y est√©ril que fue su marido hasta que muri√≥. Temiendo que muriera a manos de los pequeninos, como su padre, Novinha le ocult√≥ los vitales descubrimientos que hab√≠a hecho sobre la biolog√≠a del planeta Lusitania, por miedo a que ese conocimiento lo matara. En cambio, fue la ignorancia de esa misma informaci√≥n la que lo llev√≥ a la muerte. Lo hizo por su bien y sin querer lo mat√≥.
Sería de suponer que aprendió algo de eso, pensó Ender. Pero sigue haciendo lo mismo. Tomando decisiones que deforman las vidas de los demás, sin consultar con ellos, sin concebir siquiera que tal vez no quieren que los salve de las supuestas tristezas de las que quiere salvarlos.
Si ella se hubiera casado simplemente con Libo en primer lugar y le hubiera contado todo lo que sab√≠a, √©l probablemente seguir√≠a vivo y Ender nunca se habr√≠a casado con su viuda ni la habr√≠a ayudado a educar a sus hijos m√°s j√≥venes. Era la √ļnica familia que Ender hab√≠a tenido y que pod√≠a esperar tener. Por equivocadas que fueran las decisiones de Novinha, la √©poca m√°s feliz de su vida hab√≠a sido consecuencia de uno de sus m√°s terribles errores.
Al cruzarse por segunda vez, Ender vio que ella seguía, tozudamente, dispuesta a no hablarle, así que, como siempre, él cedió primero y rompió el silencio entre ambos.
—Los Filhos están casados, lo sabes. Es una orden de matrimonios. No puedes convertirte en miembro pleno sin mí.
Ella dejó de trabajar. La hoja de la azada reposó sobre el suelo intacto, el mango en sus dedos enguantados.
¬óPuedo desherbar la remolacha sin ti ¬ódijo finalmente.
El corazón de Ender saltó de alivio: había penetrado su velo de silencio.
—No, no puedes —dijo—. Porque estoy aquí.
¬óEso son patatas. No puedo impedirte que me eches una mano con las patatas.
A su pesar, los dos se echaron a re√≠r; con un gru√Īido ella se enderez√≥, dej√≥ que el mango de la azada cayera al suelo, y cogi√≥ las manos de Ender entre las suyas, un contacto que le provoc√≥ un escalofr√≠o a pesar de las dos capas de guante grueso que hab√≠a entre sus palmas y dedos.
¬óSi profano con mi contacto... ¬óempez√≥ a decir Ender. ¬óNada de Shakespeare. Nada de ¬ędos labios sonrojando a prestos peregrinos¬Ľ.
—Te echo de menos —dijo él.
—Supéralo.
¬óNo tengo por qu√©. Si t√ļ te unes a los Filhos, yo tambi√©n. Ella se ri√≥.
Ender no tuvo en cuenta su desdén.
¬óSi un xenobi√≥logo puede retirarse de este mundo de sufrimiento sin sentido, ¬Ņpor qu√© no puede hacerlo un viejo portavoz de los muertos jubilado?
¬óAndrew ¬ódijo ella¬ó. No estoy aqu√≠ porque haya renunciado a la vida. Estoy aqu√≠ porque he vuelto realmente mi coraz√≥n al Redentor. T√ļ nunca podr√≠as hacerlo. No perteneces a esto.
¬óPertenezco si t√ļ perteneces. Hicimos un voto. Un voto sagrado que la Santa Iglesia no nos permitir√° ignorar. Por si se te ha olvidado.
Ella suspir√≥ y contempl√≥ el cielo por encima del muro del monasterio. M√°s all√° del muro, atravesando prados, una verja, subiendo una colina, tras entrar en los bosques... all√≠ hab√≠a ido el gran amor de su vida, Libo, y all√≠ hab√≠a muerto. En el lugar donde Pipo, su padre, que era tambi√©n como un padre para ella, hab√≠a ido antes para morir igualmente. Su hijo Estev√°o hab√≠a ido a otro bosque, y tambi√©n hab√≠a muerto, pero Ender supo, al observarla, que cuando ve√≠a el mundo m√°s all√° de aquellos muros, eran todas aquellas muertes lo que ve√≠a. Dos de ellas hab√≠an tenido lugar antes de que Ender llegara a Lusitania. Pero la muerte de Estev√°o... ella le hab√≠a suplicado a Ender que le impidiera ir al peligroso lugar donde los pequeninos hablaban de guerra, de matar a los humanos. Sab√≠a tan bien como Ender que detener a Estev√°o habr√≠a sido igual que destruirlo, pues no se hab√≠a hecho sacerdote para estar a salvo, sino para intentar llevar el mensaje de Cristo a aquella gente. Fuera cual fuese la alegr√≠a de los primeros m√°rtires cristianos, sin duda hab√≠a acudido a Estev√°o mientras mor√≠a lentamente en el abrazo de un √°rbol asesino. Fuera cual fuese el consuelo que Dios les enviaba en su hora de supremo sacrificio. Pero Novinha no hab√≠a sentido esa alegr√≠a. Al parecer, Dios no hac√≠a extensivo su consuelo a los parientes. Y en su pena y su furia, ella echaba la culpa a Ender. ¬ŅPor qu√© se hab√≠a casado con √©l, si no para ponerse a salvo de aquellos desastres?
√Čl nunca le hab√≠a dicho lo m√°s obvio: si hab√≠a alguien a quien echar la culpa, era a Dios, no a √©l. Despu√©s de todo, era Dios quien hab√≠a convertido en santos (bueno, casi santos) a sus padres, fallecidos mientras descubr√≠an el ant√≠doto para el virus de la descolada cuando ella era s√≥lo una ni√Īa. Sin duda fue Dios quien condujo a Estev√°o a predicar entre los m√°s peligrosos pequeninos. Sin embargo, en su pena era a Dios a quien recurr√≠a, y se apartaba de Ender, que s√≥lo hab√≠a pretendido lo mejor para ella.
Nunca lo había dicho porque sabía que ella no le escucharía. Y también se abstuvo de decirlo porque sabía que veía las cosas de otro modo. Si Dios se llevó a sus padres, a Pipo, a Libo, y finalmente a Esteváo, era porque Dios era justo y la castigaba por sus pecados. Pero cuando Ender no consiguió que Esteváo renunciara a su misión suicida entre los pequeninos, fue porque era ciego,
obstinado, testarudo y rebelde, y porque no la amaba lo suficiente.
Pero él la amaba. De todo corazón, la amaba.
¬ŅDe todo coraz√≥n?
Tanto como sabía. Y sin embargo, cuando sus más profundos secretos se revelaron en aquel primer viaje al Exterior, no fue a Novinha a quien su corazón conjuró. Así que al parecer había alguien que le importaba todavía más.
Bueno, no pod√≠a evitar lo que suced√≠a en su subconsciente, como tampoco pod√≠a Novinha. Lo √ļnico que controlaba era lo que hac√≠a realmente, y lo que ahora hac√≠a era demostrarle a Novinha que a pesar de que intentaba mantenerlo apartado, no lo conseguir√≠a. Tanto daba si Novinha cre√≠a que prefer√≠a a Jane y su relaci√≥n con los grandes asuntos de la raza humana. No era cierto, ella le importaba m√°s que nada. Renunciar√≠a a todo por ella. Desaparecer√≠a por ella tras los muros de un monasterio. Desbrozar√≠a hilera tras hilera de plantas bajo el c√°lido sol. Por ella. Pero ni siquiera eso era suficiente. Novinha insist√≠a en que lo hiciera no por ella, sino por Cristo. Bueno, era una l√°stima. No estaba casado con Cristo, ni ella tampoco. Con todo, a Dios no pod√≠a desagradarle que un marido y una esposa se lo dieran todo mutuamente. Sin duda eso era parte de lo que Dios esperaba de los seres humanos.
¬óSabes que no te echo la culpa de la muerte de Quim ¬ódijo ella, empleando el viejo apodo
familiar de Estev√°o.
—No lo sabía, pero me alegro.
¬óLo hice al principio, aunque siempre supe que era irracional. √Čl fue porque quiso, y era demasiado mayor para que un padre molesto lo detuviera. Si yo no pude, ¬Ņc√≥mo podr√≠as haberlo hecho t√ļ?
—Ni siquiera quise detenerlo —dijo Ender—. Quería que fuera. Era la culminación de la ambición de su vida.
¬óAhora lo s√©. Es verdad. Fue bueno que fuera, incluso fue bueno que muriese, porque su muerte signific√≥ algo, ¬Ņverdad? ¬óSalv√≥ a Lusitania de un holocausto.
¬óY llev√≥ a muchos a Cristo. ¬óSe ech√≥ a re√≠r, la vieja risa, la risa ir√≥nica que √©l hab√≠a llegadoa apreciar tanto por ser tan rara¬ó. √Ārboles por Jes√ļs. ¬ŅQui√©n lo habr√≠a imaginado?
¬óYa lo llaman San Esteban de los √Ārboles.
¬óEs prematuro. Hace falta tiempo. Primero debe ser beatificado. Ante su tumba tendr√°n que
producirse milagros de curación. Créeme, conozco el proceso.
¬óLos m√°rtires no abundan √ļltimamente ¬ódijo Ender¬ó. Ser√° beatificado. Ser√° canonizado. La gente rezar√° para que interceda ante Jes√ļs por ellos, y funcionar√°, porque si alguien se ha ganado el derecho a que Cristo le oiga es tu hijo Estev√°o.
Las lágrimas corrieron por las mejillas de Novinha, aunque volvió a reírse.
—Mis padres fueron mártires y serán santos; también mi hijo. La piedad se saltó una generación.
—Oh, sí. La tuya fue la generación del hedonismo egoísta.
Finalmente se volvió, las mejillas sucias de lágrimas, con aquel rostro sonriente y esos ojos cuya mirada penetraba en su corazón. La mujer que amaba.
¬óNo lamento mi adulterio ¬ódijo¬ó. ¬ŅC√≥mo puede perdonarme Cristo si no me arrepiento? Si no me hubiera acostado con Libo, mis hijos no habr√≠an existido. Sin duda Dios no desaprobar√° eso.
¬óCreo que lo que Jes√ļs dijo fue: ¬ęYo, el Se√Īor, perdonar√© a quien perdone. Pero a vosotros se os exige que perdon√©is a todos los hombres.¬Ľ
¬óM√°s o menos ¬ódijo ella¬ó. No soy una experta en las Escrituras. ¬óExtendi√≥ la mano y le acarici√≥ la mejilla¬ó. Eres tan fuerte, Ender. Pero pareces cansado. ¬ŅC√≥mo puedes cansarte? El universo de los seres humanos todav√≠a depende de ti. Si no toda la humanidad, al menos este mundo. Tienes que salvar este mundo. Pero est√°s cansado.
¬óLo estoy, hasta la m√©dula ¬ódijo √©l¬ó. Y t√ļ me has quitado el √ļltimo aliento que me quedaba.
¬óQu√© extra√Īo. Pensaba que lo que te hab√≠a quitado era el c√°ncer de tu vida.
¬óNo eres muy buena decidiendo lo que las dem√°s personas quieren y necesitan o√≠r de ti, Novinha. Nadie lo es. Es muy probable que todos hagamos da√Īo en vez de ayudar.
¬óPor eso vine aqu√≠, Ender. He renunciado a tomar decisiones. Deposit√© mi confianza en mi propio juicio. Luego la deposit√© en ti. La deposit√© en Libo, en Pipo, en mis padres, en Quim, y todos me decepcionaron y se marcharon o... no, s√© que t√ļ no te marchaste, y s√© que no fuiste t√ļ quien... Pero √≥yeme, Andrew, √≥yeme. El problema no estaba en la gente en quien confiaba, el problema fue que confiaba en ella cuando ning√ļn ser humano podr√≠a darme lo que necesitaba. Necesitaba liberaci√≥n. Necesitaba, necesito, redenci√≥n. Y no est√° en tus manos d√°rmela... tus manos abiertas, que me dan m√°s incluso de lo que tienes, Andrew, pero sigues sin tener lo que necesito. S√≥lo mi Redentor, s√≥loel Ungido, s√≥lo √Čl puede d√°rmelo. ¬ŅVes? La √ļnica manera que tengo de hacer que mi vida merezca la pena es ofrec√©rsela a √©l. Por eso estoy aqu√≠.
¬óDesbrozando.
¬óSeparando el trigo de la paja, creo. La gente tendr√° m√°s patatas, y mejores, porque yo habr√© arrancado las malas hierbas. No tengo que ser una eminencia ni hacerme notar para sentirme bien. Pero t√ļ, vienes aqu√≠ y me recuerdas que, aunque sea feliz, estoy haciendo da√Īo a alguien.
¬óPero no es as√≠ ¬ódijo Ender¬ó. Porque voy a quedarme contigo. Voy a unirme a los Filhos tambi√©n. Son una orden de matrimonios, y nosotros somos una pareja casada. Sin m√≠, no puedes unirte a ellos, y necesitas hacerlo. Conmigo, puedes. ¬ŅQu√© podr√≠a ser m√°s simple?
¬ó¬ŅM√°s simple? ¬óElla sacudi√≥ la cabeza¬ó. No crees en Dios, ¬Ņqu√© tal eso para empezar?
—Sí que creo en Dios —dijo Ender, molesto.
¬óOh, est√°s dispuesto a aceptar la existencia de Dios, pero no me refer√≠a a eso. Me refiero a creer en √©l como lo entiende una madre cuando le dice a su hijo: creo en ti. No le est√° diciendo que cree que existe, ¬Ņqu√© sentido tiene eso? Le dice que cree en su futuro, que conf√≠a en que har√° todo el bien que hay en √©l. Pone el futuro en sus manos, as√≠ es como cree en √©l. T√ļ no crees en Cristo de esa forma, Andrew. Sigues creyendo en ti mismo. En los dem√°s. Enviaste a tus peque√Īos delegados, a esos hijos que conjuraste durante tu visita al infierno... Puede que ahora mismo est√©s aqu√≠, detr√°s de estos muros, pero tu coraz√≥n est√° ah√≠ fuera, explorando planetas y tratando de detener la flota. No le dejas nada a Dios. No crees en √©l.
¬óDisc√ļlpame, pero si Dios quer√≠a hacerlo todo por s√≠ mismo, ¬Ņpara qu√© nos cre√≥?
¬óS√≠, bueno, creo recordar que uno de tus padres era un hereje, y sin duda de ah√≠ proceden tus extra√Īas ideas. ¬óEra un viejo chiste entre ambos, pero esta vez ninguno de los dos se ri√≥.
¬óCreo en ti-dijo Ender.
¬óPero consultas con Jane.
√Čl se meti√≥ la mano en el bolsillo, y luego la sac√≥ para mostrarle lo que conten√≠a: era una joya, con varios cables muy finos conectados; como un organismo brillante arrancado de su delicado lugar entre la frondosa vegetaci√≥n de las profundidades marinas. Ella la contempl√≥ un momento, sin comprender; luego advirti√≥ lo que era y le mir√≥ la oreja donde, desde que lo conoc√≠a, hab√≠a llevado la joya que lo conectaba con Jane, el programa de ordenador que hab√≠a cobrado vida, con Jane, su
amiga m√°s antigua, m√°s querida, m√°s digna de confianza.
—Andrew, no, no por mí.
¬óNo podr√© decir honradamente que estos muros me a√≠slan, mientras Jane sea capaz de susurrarme cosas al o√≠do ¬ódijo¬ó. Lo he hablado con ella. Se lo expliqu√©. Lo comprende. Seguimos siendo amigos. Pero no compa√Īeros.
¬óOh, Andrew ¬ódijo Novinha. Ahora lloraba abiertamente, y se abraz√≥ a √©l¬ó. Si lo hubieras hecho hace a√Īos, o por lo menos meses...
¬óTal vez no crea en Cristo como t√ļ crees. ¬ŅPero no es suficiente que crea en ti, y t√ļ creas en √©l?
¬óNo perteneces a este lugar, Andrew.
¬óPertenezco a este lugar m√°s que a ning√ļn otro, si es aqu√≠ donde t√ļ vives. No estoy tan cansado
del mundo, Novinha, como cansado de decidir. Estoy cansado de tratar de resolver las cosas.
—Aquí tratamos de resolver las cosas —dijo ella, apartándose.
—Pero aquí podemos ser, no la mente, sino los hijos de la mente. Podemos ser las manos y los pies, los labios y la lengua. Podemos realizar y no decidir. —Se agachó, se arrodilló, se sentó en el suelo, entre las jóvenes plantas. Se llevó las manos sucias a la cara y se frotó la frente con ellas, sabiendo que sólo estaba cubriendo de tierra su suciedad.
¬óOh, casi me lo he cre√≠do, Andrew, ¬°eres tan convincente! ¬ódijo Novinha¬ó. ¬ŅQu√©, has decidido dejar de ser el h√©roe de tu propia saga? ¬ŅO es s√≥lo un truco? ¬ŅSer servidor de todos, para poder ser el m√°s grande entre nosotros?
¬óSabes que nunca he pretendido la grandeza, ni la he conseguido, tampoco.
¬óOh, Andrew, narras tan bien las historias que te crees tus propias f√°bulas.
Ender la miró.
—Por favor, Novinha, dejarne vivir aquí contigo. Eres mi esposa. Mi vida no tiene sentido si te he perdido.
—Aquí vivimos como marido y mujer, pero no... sabes que no...
—Sé que los Filhos prohiben las relaciones sexuales —dijo Ender—. Soy tu marido. Mientras
no practique el sexo con nadie, bien puede ser contigo con quien no lo practique. —Sonrió
amargamente.
La sonrisa de ella fue sólo triste y compasiva.
¬óNovinha, ya no me interesa mi propia vida. ¬ŅComprendes? La √ļnica vida que me importa en
este mundo es la tuya. Si. te pierdo, ¬Ņqu√© me retendr√° aqu√≠?
No estaba completamente seguro de lo que quer√≠a decir. Las palabras hab√≠an acudido libremente a sus labios. Pero supo, mientras las pronunciaba, que no eran fruto de la autocompasi√≥n, sino m√°s bien una sincera admisi√≥n de la verdad. No era que pensara en el suicidio, o el exilio o cualquier otra soluci√≥n melodram√°tica. Se sent√≠a desvanecerse. Perd√≠a su asidero. Lusitania le parec√≠a cada vez menos real. Valentine segu√≠a all√≠, su querida hermana y amiga, y era como una roca; su vida era bien real, pero no para √©l, porque no le necesitaba. Plikt, su disc√≠pula no deseada, pod√≠a necesitar a Ender, pero no su realidad, s√≥lo la idea que ten√≠a de √©l. ¬ŅY qui√©n m√°s hab√≠a? Los hijos de Novinha y Libo, los hijos que hab√≠a criado como propios y amado como tales. No los amaba menos ahora, pero eran adultos y no le necesitaban. Jane, que una vez hab√≠a estado a punto de ser destruida por no haberle prestado atenci√≥n durante una hora, ya no le necesitaba tampoco, pues estaba en la joya de la oreja de Miro, y en otra joya en la oreja de Peter...
Peter. La joven Valentine. ¬ŅDe d√≥nde hab√≠an venido? Hab√≠an robado su alma y se la hab√≠an llevado consigo cuando se marcharon. Ejecutaban las acciones que √©l mismo habr√≠a realizado en otra √©poca. Y mientras esperaba aqu√≠, en Lusitania, y... se desvanec√≠a. Eso era lo que hab√≠a querido decir. Si perd√≠a a Novinha, ¬Ņqu√© le atar√≠a a este cuerpo que hab√≠a llevado por el universo a lo largo de todos aquellos milenios?
—No es decisión mía —dijo Novinha.
—Es decisión tuya —contestó Ender— que me quieras contigo, como uno de Os Filhos da Mente de Cristo. Si lo haces, entonces creo que podré superar todos los demás obstáculos.
Ella se rió de un modo desagradable.
¬ó¬ŅObst√°culos? Los hombres como t√ļ no encuentran obst√°culos. S√≥lo pasaderas.
¬ó¬ŅLos hombres como yo?
¬óS√≠, los hombres como t√ļ ¬ódijo Novinha¬ó. S√≥lo porque nunca haya conocido a otro igual, s√≥lo porque no importa cu√°nto amara a Libo, nunca estuvo para m√≠ tan vivo como t√ļ lo est√°s cada minuto... S√≥lo porque me encontr√© am√°ndote como mujer adulta por primera vez cuando te conoc√≠... S√≥lo porque te he echado m√°s de menos de lo que echo de menos a mis propios hijos, incluso a mis padres, incluso a los seres queridos perdidos de mi vida... S√≥lo porque no pueda so√Īar en nadie m√°s que en ti, eso no significa que no haya alguien m√°s como t√ļ en otra parte. El universo es un lugar grande. No puedes ser tan especial, ¬Ņno?
√Čl pas√≥ la mano entre las hojas de patata y la apoy√≥ amablemente sobre su muslo.
¬ó¬ŅMe amas todav√≠a, entonces? ¬ópregunt√≥.
¬óOh, ¬Ņpara eso has venido? ¬ŅPara averiguar si te amo?
√Čl asinti√≥.
¬óEn parte.
—Sí —dijo ella.
¬ó¬ŅEntonces puedo quedarme?
Ella se echó a llorar. Con fuerza. Se derrumbó en el suelo; él se echó sobre las plantas para abrazarla, para sostenerla, ajeno a las hojas que aplastaban. Al cabo de un rato, ella dejó de llorar y se volvió y lo abrazó con tanta fuerza como él la había abrazado.
¬óOh, Andrew ¬ósusurr√≥, con la voz rota y jadeante despu√©s de haber llorado¬ó. ¬ŅMe ama Dios lo suficiente para traerte a m√≠ de nuevo, cuando te necesito tanto?
¬óHasta que me muera-dijo Ender.
—Me conozco esa parte —dijo ella—. Pero le rezo a Dios para que me deje morir a mí primero
esta vez.