20 - Capitulo 20

Para:: MinCol@MinCol.gob
De: Gob%Shakespeare@MinCol.gob
Asunto: ¿Ese trabajo sigue disponible?
Estimado Hyrum:
Tengo razones personales que no detallaré, pero también creo que lo mejor para Shakespeare es que, cuando parta la nave de colonización, yo esté a bordo. Supervisaré la llegada y la acogida de los nuevos colonos. Los colonos actuales ya han pasado por un cambio profundo: los colonos que llegaron conmigo ya están incluidos en la expresión «viejos colonos» anticipando la llegada de la nave. Los viejos que lucharon contra los insectores son ahora los «originales», pero no hay un término para diferenciar a sus descendientes de la gente que llegó conmigo.
Si me quedase, entonces tanto el gobernador del nuevo asentamiento como yo seríamos nombramientos del MinCol. Si me voy y soy reemplazado por un consejo electo de los cuatro asentamientos, con un presidente electo y alcaldes electos, será casi irresistible la presión para que el nuevo gobernador se limite a un único mandato de dos años y sea luego reemplazado por un alcalde electo.
Mientras tanto, los «viejos colonos» han sembrado las cosechas de los nuevos, pero sólo han construido la mitad de las casas. Fue una propuesta mía, para que los nuevos colonos puedan unirse a la construcción del resto. Deben experimentar el trabajo que llevan para a preciarmejor el que los viejos colonos realizaron para ellos. Y trabajar codo con codo evitará que sean dos grupos de extraños... aunque los he ubicado tan lejos como para que tu meta de un desarrollo distinto tenga también posibilidad de cumplirse. Sin embargo, no pueden estarseparados por completo o la exogamia no sería posible y, en este momento, los genes son más importantes que la cultura para la salud futura del grupo humano de este mundo.
Un grupo humano, sí... pero tenemos que preocuparnos de nuestros cuerpos físicos tal y como siempre lo han hecho los pastores. El tío Sel sería el primero en reírse y diría que es más que adecuado. Antes que humanos somos mamíferos, y si olvidamos al mamífero, entonces loque nos hace humanos será superado por la bestia hambrienta.
He estado estudiando todo lo posible sobre Virlomi y las guerras en las que luchó. ¡Qué mujer más asombrosa! Sus registros en la Escuela de Batalla sólo muestran una alumno
normal (dentro de un grupo ya de por sí extraordinario). Pero la Escuela de Batalla se dedicaba a la guerra, no a la revolución ni a la supervivencia nacional; las pruebas tampoco medían si alguien tenía tendencia a convertirse en semidiós. De haber existido esa prueba, mepregunto qué habría indicado sobre Peter cuando no era más que un niño y no el gobernante del mundo.
Hablando de Peter, él y yo estamos hablando; quizá ya lo sabías. No nos enviamos mensajes, empleamos el ancho de banda de ansible para charlar. Resulta agridulce verle con casi sesenta años. El pelo de un gris acerado, la cara marcada, con algo de sobrepeso (pero todavía en plena forma) y las arrugas de la responsabilidad grabadas en la cara. No es el chico que conocí y al que odiaba. Pero la existencia de ese hombre no borra de mi memoria al chico.
Para mí son simplemente dos personas diferentes que resulta que se llaman igual.
Me encuentro admirando al hombre. Se enfrentó a decisiones tan terribles como las mías...
y se enfrentó a ellas con los ojos abiertos. Antes de tomar sus decisiones sabía que a consecuencia de ellas moriría gente. Y sin embargo demostró más compasión de la que él (o yo, o, ya puestos, Valentine) esperábamos.
Me cuenta que en su infancia, después de que yo me fuese a la Escuela de Batalla, decidió que la única forma de triunfar era engañar a la gente para que creyese que era tan encantador como yo. (Pensé que bromeaba, pero no era así; no creo que mi reputación en la Escuela de Batalla fuese de «encantador», pero Peter se enfrentaba a la forma en que me recordaban en casa.) Por tanto, examinaba todas sus decisiones y se preguntaba «qué haría una buena persona» y lo hacía. Pero ahora ha descubierto algo muy importante sobre la naturaleza humana. Si te pasas la vida fingiendo ser bueno, entonces eres indistinguible de una buena persona. La hipocresía continua se convierte en la verdad. Peter se ha convertido a sí mismo en un buen hombre, aunque iniciase ese camino por razones que estaban lejos de ser puras.
Lo que me da muchas esperanzas sobre mí mismo. Ahora no tengo más que encontrar algún trabajo para descargar la carga que soporto. Gobernar una colonia ha sido un trabajo interesante y valioso, pero no ha surtido en mí el efecto que esperaba. Todavía me despierto con la cabeza llena de insectores muertos, soldados muertos y niños muertos. Todavía me despierto con recuerdos que me dicen que sigo siendo lo que Peter solía ser. Cuando desaparezcan, podré volver a ser yo mismo.
Sé que te inquieta que piense así. Bien, tal es tu carga, ¿no? Pero deja que te garantice que mi carga es responsabilidad mía sólo a medias. Tú, Mazer y los demás oficiales que me entrenaban y me utilizaban, además de los otros niños, lo hicisteis por una causa justa... y salió bien. Conmigo tienes la responsabilidad de todo comandante por los soldados que sobreviven pero sufren un daño. Los soldados siguen siendo responsables de su vida tras la guerra; es amargamente irónico que tu única respuesta para ellos sea: «No es culpa mía que sobrevivieses. De haber muerto, no hubieras tenido que soportar estas heridas. Es una porción de la vida que se te devolvió; es el enemigo el que se llevó todo lo que no tienes. Mi trabajo consistía en hacer que vuestra muerte y vuestras heridas sirviesen para algo, y eso hice.»
Eso es lo que he aprendido de los soldados que viven aquí. Todavía recuerdan a los camaradas caídos; todavía echan de menos la vida que dejaron en la Tierra, la familia que no
volvieron a ver, los lugares que sólo pueden visitar en sueños y mediante el recuerdo. Sin embargo, no me culpan a mí. Los enorgullece lo que hicimos ¡untos. Casi todos ellos me han dicho, en un momento u otro, que valió la pena. Porque ganamos.
Y por tanto eso te digo. La carga que yo llevo sobre los hombros vale la pena, porque ganamos.
Por tanto, aprecio tu advertencia sobre el librito que corre por ahí, La Reina Colmena. Al contrario que tú, no creo que sea una tontería; creo que «La voz de los muertos» ha dicho una verdad, sucediese lo que cuenta realmente o no. Supongamos que las reinas colmena fuesen tan hermosas y tuviesen tan buenas intenciones como imagina «La voz de los muertos». Eso no cambia el hecho de que durante la guerra no podían indicarnos que sus intenciones habían cambiado y que lamentaban lo que habían hecho. Seguimos sin tener la culpa (aunque notenerla no nos exima de la responsabilidad).
Tengo una sospecha que no puedo verificar: creo que aunque los insectores dependían de las reinas colmena hasta el punto de que cuando ellas murieron también murieron obreros y soldados, eso no significa que formasen un único organismo, o que las reinas colmena no debiesen tener en cuenta las necesidades profundas, la voluntad de los individuos. Y como los insectores individualmente eran tan estúpidos, las reinas colmena no les podían contar las sutilezas. ¿Es posible que, si las reinas colmena se hubiesen negado a librar las batallas iniciales, dejando que nosotros las masacrásemos como buenos pacifistas, el instinto de supervivencia de los insectores individuales se hubiese manifestado con tanta fuerza como para superar el poder de sus amas? Las batallas se hubieran librado... pero los insectores habrían luchado de un modo incoherente, sin inteligencia. Lo que a su vez hubiera podido llevar a que los insectores, en todas partes, se rebelasen contra sus reinas. Incluso un dictador debe respetar la voluntad de los peones, porque sin su obediencia carece de poder. Tales son mis reflexiones sobre La Reina Colmena, ya que lo preguntas. Y sobre todo lo demás, porque debes oír mis ideas tanto como yo necesito contarlas. Durante la guerra, tú fuiste mi reina colmena, y yo fui tu insector. En dos ocasiones quise rechazar tu supremacía; en dos ocasiones, Bean intervino y volvió a uncirme con el yugo. Pero todo lo que hice lo hice por propia voluntad, como todo buen soldado, siervo o esclavo. La tarea del tirano no consiste en obligar, sino en convencer incluso a los reacios de que la obediencia es mejor para sus intereses que la resistencia.
Por tanto, si deseas enviar esta nave que llega a la colonia Ganges, yo iré y veré qué puedo hacer para ayudar a Virlomi con ese hijo secuestrado de Bean y su muy peculiar madre (aunque no es el hecho de que te escupiese lo que demuestra que es peculiar; hay, o había,cientos que hubiesen hecho cola por tener ese privilegio). Tengo la sensación de que Virlomi se verá superada porque su colonia es mayoritariamente india. Por ese motivo todas sus decisiones parecerán injustas con todos los no indios, y si ese Randall Firth es tan listo comosu padre, y si su madre le ha criado para odiar a todo el que se interponga en el camino de Achilles Flandres, lo que desde luego incluye a Virlomi, entonces ésa es la cuña que Randall explotará para intentar destruirla y hacerse con el poder.
Y aunque hay personas en la F.I. y el MinCol que creen que nada de lo que suceda en las colonias puede amenazar la Tierra, me alegro de que tú reconozcas que no es así. Un rebelde-guerrero en un mundo colonial puede cautivar a millones de personas en la Tierra. Quizás a miles de millones. Y La Reina Colmena podría tener su papel en ello. Un demagogo inteligente de las colonias podría cubrirse con el manto de las reinas colmena desaparecidas, jugando con el sentimiento intenso de que los mundos coloniales fueron de alguna forma
«maltratados» por la Tierra y se les debe algo. Es irracional, pero hay precedentes de conclusiones todavía más ilógicas.
Incluso si no puedes o ya no deseas enviarme a Ganges, yo sin embargo subiré a esa nave, así que espero que el plan de vuelo me lleve a algún lugar interesante. Valentine todavía no ha decidido si venir conmigo, pero como, al trabajar en sus historias, se ha mantenidocompletamente distanciada, tanto emocional como socialmente, de esta colonia, creo que vendrá, ya que no tiene ningún incentivo para permanecer aquí sin mí.
Tu abeja obrera de toda la vida,
ENDER
Achilles entró en la choza donde la gobernadora Virlomi vivía en su altanera pobreza. Ella intentaba que fuera evidente la sencillez de su vivienda... pero era completamente innecesario levantar paredes de adobe y construir un techo de paja habiendo cerca tanta buena madera. Todos los actos de Virlomi estaban pensados para aumentar su prestigio entre los colonos indios. Pero a Achilles le inspiraba desprecio.
—Randall Firth —se presentó al «amigo» que hacía guardia en el exterior.
Virlomi había dicho: «Mis amigos hacen guardia para proteger mi tiempo», y había añadido que «para poder meditar en ocasiones». Pero sus «amigos» comían en la mesa común y recibían su parte de la cosecha, por lo que sus servicios para con ella eran, de hecho, servicios pagados. Eran policías
o guardianes, y todos lo sabían.
Pero no, los indios se limitaban a decir que realmente eran voluntarios, realmente cumplían adicionalmente con todo un día de trabajo.
Todo un día de trabajo... para un indio. En cuanto hace un poco de calor se tienden a descansar y las personas normales tienen que compensar su desidia.
No es de extrañar que mi padre, Achilles el Grande, comandase a los chinos en la conquista de la India. Alguien tenía que enseñarles a trabajar. Pero nada podría enseñarles a pensar.
Dentro de la choza, Virlomi hilaba a mano. ¿Por qué? Porque Gandhi lo hacía.
Poseían cuatro hiladoras y dos telares automáticos, y piezas de sobra para mantenerlos en funcionamiento cien años, hasta que ya pudiesen fabricarlos ellos mismos. No había ninguna necesidad de tejer a mano. Incluso Gandhi lo hacía
simplemente porque protestaba por el modo en que los telares ingleses dejaban sin trabajo a los
indios. ¿Qué intentaba conseguir Virlomi?
—Randall —dijo ella.
—Virlomi —respondió él.
—Gracias por venir.
—Nadie puede negarse a cumplir una orden de nuestra amada gobernadora.
Virlomi le dirigió una mirada cautelosa.

—Y sin embargo siempre encuentras el modo de hacerlo.
—Sólo porque tu poder es ilegítimo —dijo Achilles—. Incluso antes de que fundáramos nuestra
colonia, Shakespeare declaró su independencia y se puso a elegir gobernadores para un mandato de
dos años.

—Y nosotros hicimos lo mismo —dijo Yirlomi.

—Siempre te eligen a ti —dijo Achilles—. La persona nombrada por el MinCol.

—Así es la democracia.

—Democracia únicamente porque los dados están cargados. Literalmente. Con indios. Y tú te

dedicas a este juego de la mujer santa para tenerlos bajo tu sumisión.
—Tienes demasiado tiempo para leer —dijo Virlomi—, si conoces palabras como
«sumisión».
Una apertura muy fácil...
—¿Por qué sientes la necesidad de evitar que los ciudadanos se eduquen? —
preguntó Achilles.
La expresión agradable de Virlomi no cambió.
—¿Por qué para ti todo es política?
—¿No estaría bien que nadie prestase atención a la política para que tú pudieses quedártela toda?
—Randall —dijo Virlomi—, no te he hecho venir porque agitas a los colonos no indios.
—Y, sin embargo, por eso he venido.

—Tengo una oportunidad para ti.

Achilles debía admitirlo: Virlomi seguía con lo suyo. Quizá fuese uno de los atributos de una diosa
india.
—¿Vas a ofrecerme otro trabajo simbólico para apaciguar mi ego?
—No dejas de repetir que estás atrapado en este mundo, que nunca has estado en otra parte, que toda

tu vida has vivido bajo el dominio de los indios, rodeado por la cultura india.
—Tus espías te han informado con precisión.
Esperaba que ella se pusiese a discutir acerca de si sus informadores eran espías o no, ya que se

trataba de ciudadanos normales que asistían a actos públicos y luego los comentaban. Pero
aparentemente a ella ese tema la cansaba tanto como a él. Y

además, estaba claro que tenía algo más urgente que decir.
—Dentro de más o menos un mes llegará una nave estelar —dijo Virlomi—. Viene de la colonia
Shakespeare y trae varios de sus exitosos híbridos y modificaciones genéticas para mejorar nuestros
recursos agrícolas. Una visita muy importante.

—No soy granjero —dijo Achilles.
—Cuando viene una nave espacial —dijo Virlomi— no es para siempre. Vienen y luego se van.
Ahora Achilles comprendía perfectamente qué se le ofrecía. Eso si era una oferta y no un exilio

forzoso.
—¿Van adonde? —preguntó.
—En este caso, me garantizan que el piloto lleva la nave de vuelta a la Tierra...
bien, cerca de la Tierra... para analizar, divulgar, estudiar y compartir con todas las colonias las

muestras de Shakespeare y nuestra pobre oferta. Es posible que acaben cultivando algunos especímenes en la misma Tierra, porque la producción es grande y las adaptaciones climáticas son muy favorables.
—¿Le van a poner tu nombre a una de las especies? —preguntó Achilles.
—Te ofrezco la oportunidad de salir al amplio mundo y verlo con tus propios ojos.
Ahora mismo los indios sólo son un cuarto de la población de la Tierra, y podrás ir a muchos lugares

donde casi nunca verás a indios.
—No son los indios lo que no me gusta —dijo Achilles sin convicción.

—¿Oh?
—Es el gobierno petulante y autoritario que finge ser democrático.
—Aquí los indios son mayoría. Democrático por definición, aunque sea petulante
—dijo Virlomi.
—La Tierra está gobernada por un dictador malvado.
—La Tierra la gobierna un Congreso electo y la preside un Hegemón electo.
—Una hegemonía fundada en el asesinato de...
—Del hombre que erróneamente crees que era tu padre —dijo Virlomi.
Esa frase golpeó a Achilles como un martillo. Durante toda su vida, él y su madre habían guardado el

secreto sobre su procedencia, de la misma forma que nadie jamás había oído que lo llamaran por su

nombre secreto, pero verdadero, de Achilles.
Siempre era Randall esto y Randall aquello; sólo en momentos de verdadera intimidad su madre le
llamaba Achilles. Sólo interiormente se refería a sí mismo como Achilles.

Pero Virlomi lo sabía. ¿Cómo?

—Vi como tu supuesto padre asesinaba niños a sangre fría —dijo Virlomi—.

Asesinó a un buen amigo mío. Sin mediar provocación.

—Eso es mentira —dijo Achilles.

—Ah. ¿Tienes testigos que me contradigan?

—Hubo provocación. Intentaba unificar el mundo e imponer la paz.

—Era un psicópata que asesinó a todos los que le ayudaron... o le vieron indefenso.

—No a todos —dijo Achilles—. Te dejó vivir.

—No le ayudé. No le frustré. Permanecí invisible hasta que al final pude escapar de él. Luego me

dediqué a liberar a mi país de la cruel opresión que nos había impuesto.

—Achilles Flandres lograba la paz mundial y tú llevaste de nuevo la guerra al país que él había
pacificado.
—Pero no tienes inconveniente en admitir que te crees la fantasía de que era tu padre.
—Creo que mi madre lo sabe mejor que nadie.

—Tu madre sólo sabe lo que le contaron. Porque ella es una madre de alquiler... no es tu madre
genética. Le implantaron tu embrión. Le mintieron. Y ella te transmitió esa mentira. No era más que
otra víctima secuestrada por Achilles. Y te ha tenido prisionero, hasta ahora. Eres su última víctima,
y la más patética.

La mano de Achilles salió disparada antes de que pudiera controlarse. El golpe no fue muy fuerte...
no tanto como hubiera podido ser dadas su altura y su fuerza.
—Me han atacado —dijo Virlomi en voz baja.

Dos de sus «amigos» entraron en la choza. Agarraron a Achilles por los brazos.
—Acuso a Randall Firth de atacar a la gobernadora. Bajo pena de perjurio, Randall, ¿admites que me
has golpeado?

—Qué mentira más absurda —exclamó Achilles.

—Ya suponía que responderías así —dijo Virlomi—. Hay tres vídeos desde ángulos diferentes que
demostrarán la verdad de la acusación y del perjurio. Cuando
seas condenado, Randall, recomendaré que te envíen al exilio. A la Tierra... el lugar que por lo visto

crees que será infinitamente mejor que Ganges. Tu madre podrá acompañarte o no, como prefiera.

Ha jugado conmigo como con un pez, pensó Achilles. Mi padre jamás lo hubiera consentido. La
humillación... la ofensa insoportable. Así vivía mi padre, y así viviré yo.
—Toda la grabación —dijo Achilles—. Eso verán... cómo me has acosado.
Virlomi se puso elegantemente en pie y se le aproximó, acercando la boca a su oído.
—Toda la grabación —dijo Virlomi—. Demostrará quién crees que es tu padre y que apruebas sus

acciones. Acciones que toda la especie humana considera el summum de la maldad.
Se alejó de él.
—Decide tú mismo si hay que mostrar toda la grabación o sólo una parte.
Achilles sabía que aquél era el momento en el que se esperaba que amenazase o vociferase

patéticamente. Pero todavía estaban grabando.

—Veo que sabes manipular a un niño —dijo Achilles—. Sólo tengo dieciséis años y has provocado
mi furia.
—Ah, sí, dieciséis. Eres grande para tus años, ¿no?
—De corazón y mente, así como de piel y huesos —dijo Achilles... su respuesta habitual—.

Recuerda, Su Excelencia la gobernadora, que embaucarme es una cosa y derribarme otra muy

distinta.

Se volvió y luego esperó a que los hombres que le sujetaban los brazos se colocasen a su lado. Juntos
salieron de la choza. Achilles se detuvo abruptamente.
—Sabéis que os podría hacer saltar como moscas si así lo quisiese.
—Oh, sí, señor Firth. Sólo servíamos de testigos. Si no, que le retuviésemos no sería más que

simbólico.
—Y esperabais que derribase a uno de vosotros frente a la cámara.
—Esperamos que los hombres y las mujeres puedan vivir juntos sin violencia.
—Pero no os importa ser las víctimas de la violencia, y podéis emplearla para desacreditar o

destruir a vuestro enemigo.
—¿Es usted nuestro enemigo, señor Firth?
—Espero que no —contestó Achilles—. Pero vuestra diosa quiere que lo sea.
—Oh, ella no es nuestra diosa, señor Firth. —Se rieron como si la idea fuese totalmente absurda.
Mientras Achilles se alejaba, ya iba planeando su siguiente movimiento. Ella emplearía la reputación

de su padre contra él... y no creía que fuese a guardar el secreto, porque tenía razón al decir que

cualquier relación entre él y Achilles el Grande le marcaría permanentemente.
Si es algo ampliamente aceptado que mi padre es el peor hombre de la historia, entonces debo
encontrar uno peor y relacionarlo con ella.

Y en cuanto a eso de que su madre era de alquiler, Randall no permitiría que la mentira de Virlomi se interpusiese entre él y su madre. A ella le rompería el corazón el simple hecho de que él llegase a poner en duda que era su madre. No, Virlomi, no dejaré que me conviertas en un arma para hacer daño a mi madre.