18 - Capitulo 18

Para: Gob%ShakespeareCol@MinCol.gob
Asunto: Colonos inesperados
Estimado Ender:
Me alegra saber que todo va bien en la colonia Shakespeare. La integraci√≥n con √©xito de los nuevos colonos no tiene igual en ning√ļn otro lugar, y hemos aceptado la petici√≥n del gobernador de la colonia IX de que no les enviemos m√°s colonos o un nuevo gobernador. Es decir, se han declarado todav√≠a m√°s independientes que vosotros. (Mencionaron tu declaraci√≥n de que Shakespeare no aceptar√≠a a gobernadores externos como el elemento que les impuls√≥ a decidir si quer√≠an nuevos colonos, as√≠ que en parte es culpa tuya, ¬Ņno crees?) Por desgracia, su declaraci√≥n nos lleg√≥ cuando una nave con varios miles de colonos, un nuevo gobernador y una cantidad inmensa de suministros ya estaba muy cerca del planeta.
Salieron no mucho despu√©s que tu nave. Ahora se encuentran a treinta y nueve a√Īos luz de casa y han cancelado la fiesta a la que los hab√≠an invitado.
Sin embargo, Shakespeare est√° cerca de la ruta que segu√≠a la nave, y en este momento se encuentra en una posici√≥n que nos permitir√≠a sacarla de la velocidad de la luz y hacerla virar tan pronto como sea posible. Llegar√≠a a tu planeta dentro de m√°s o menos un a√Īo.
Esos colonos ser√≠an unos extra√Īos para vosotros. Tienen su propio gobernador... una vez m√°s, alguien a quien no conoces y de quien nada sabes. Con toda seguridad ser√≠a mejor que tuviesen su propio asentamiento, que aceptaran consejo, ayuda m√©dica y suministros de vuestro grupo pero con autogobierno.
Como ya has dividido tu colonia en cinco pueblos, el asentamiento que formen será mayor que cualquiera de los vuestros. Será una integración mucho más difícil que a la llegada de tu nave, y propongo una federación de dos colonias en lugar de una incorporación a la vuestra.
O, si lo prefieres, una federación de cinco ciudades... aunque veros superados en una proporción de cuatro a uno por los nuevos colonos en semejante federación acabará provocando sus propias tensiones.
Si me dices que no los envíe, cumpliré tus deseos; puedo mantenerlos en suspenso, incluso poner a gran parte de la tripulación a estasis, hasta que esté listo uno de los planetas que terraformamos.
Pero si hay alguien que pueda adaptarse a esta situaci√≥n y convencer a su colonia para aceptar a los reci√©n llegados, √©se eres t√ļ.
Adjunto toda la información, incluidas biografías y carga.
HYRUM
De: Gob%ShakespeareCol@MinCol.gob
Para: MinCol@MinCol.gob
Asunto: Re: Colonos inesperados
Estimado Hyrum:
Les encontraremos un lugar y tendremos sus edificios listos cuando lleguen. Los instalaremos cerca de una ciudad insectora, para que puedan usar su tecnolog√≠a y cultivar sus campos, como hicimos nosotros. Nos has dado un a√Īo de margen, as√≠ que tendremos tiempo para plantar campos y √°rboles frutales con cultivos locales adaptados para humanos y cultivos de la Tierra modificados gen√©ticamente. La gente de Shakespeare vot√≥ a favor y todos reciben el proyecto con entusiasmo. Partir√© pronto para buscar un lugar adecuado.
ANDREW
En los once a√Īos de la vida de Abra s√≥lo hab√≠a sucedido algo que importase: la llegada de Ender Wiggin.
Hasta ese momento, s√≥lo exist√≠a el trabajo. Se esperaba que los ni√Īos realizasen las labores de las que fuesen capaces, y Abra ten√≠a la desgracia de ser h√°bil con las manos. Antes de ser capaz de formar frases pod√≠a deshacer y hacer nudos. Era capaz de comprender el funcionamiento de las m√°quinas y, cuando tuvo fuerzas para usar herramientas de adulto, fue capaz de arreglarlas o modificarlas. Comprend√≠a el flujo de energ√≠a a trav√©s de las piezas met√°licas. Y por tanto, siempre ten√≠a alg√ļn trabajo del que ocuparse, incluso cuando los otros ni√Īos jugaban.
Su padre, Ix, se sent√≠a orgulloso de su hijo, as√≠ que Abra se sent√≠a orgulloso de s√≠ mismo. Se alegraba de ser un ni√Īo al que requer√≠an para realizar tareas adultas. Era mucho m√°s peque√Īo que su hermano mayor Po, quien hab√≠a partido con el t√≠o Sel para encontrar a los bichos dorados; pero a √©l lo hab√≠an enviado a improvisar el carrito bajo que la gente usaba para entrar y salir de la cueva, llevar comida a la colonia del bicho y sacar los cad√°veres dorados.
Sin embargo, Abra tambi√©n miraba nost√°lgico a los ni√Īos de su edad (no pod√≠a llamarlos amigos, porque pasaba con ellos muy poco tiempo) cuando iban a la charca a nadar, trepaban a un √°rbol del huerto o se disparaban con armas de madera.
S√≥lo su madre, Hannah, le comprend√≠a. En ocasiones le animaba a ir con los otros, a abandonar el trabajo que estuviese realizando. Pero era demasiado tarde. Al igual que un pajarito reci√©n nacido tocado por manos humanas, por lo que ten√≠a ya el olor del hombre, Abra estaba marcado por su trabajo con los adultos. Los otros ni√Īos no estaban resentidos con √©l, simplemente no lo consideraban uno de los suyos. De haber intentado ir con ellos, a todos ellos les hubiera parecido tan inapropiado como si un adulto hubiese insistido en jugar a sus juegos. Habr√≠a sido un desastre. Sobre todo porque Abra estaba secretamente convencido de que los juegos infantiles se le dar√≠an muy mal. Cuando era peque√Īo e intentaba construir algo con bloques, lloraba si otros ni√Īos derribaban sus estructuras. Pero los otros ni√Īos aparentemente eran incapaces de comprender por qu√© constru√≠a si no era para luego derribar lo construido.
He aquí lo que la llegada de Ender había significado para Abra: Ender Wiggin era el gobernador, y sin embargo era joven, de la misma edad que Po. Los adultos le hablaban a Ender como si fuese uno de los suyos. No, como si fuese su superior. Le exponían problemas para que los solucionase. Le presentaban las disputas y aceptaban sus decisiones, prestando atención a sus explicaciones, planteándole preguntas, aceptando su forma de entender las cosas.
Soy como √©l, pens√≥ Abra. Los adultos me consultan sobre sus m√°quinas de la misma forma que consultan sus problemas a Ender. Se quedan quietos y prestan atenci√≥n a mis explicaciones. Hacen loque les digo que deben hacer para resolver el problema. √Čl y yo vivimos la misma vida... realmente no somos ni√Īos. No tenemos amigos.
Bien, Ender ten√≠a a su hermana, claro, pero Valentine era una reclusa extra√Īa, que se quedaba en casa todo el d√≠a, excepto durante el paseo matutino en verano y el paseo vespertino en invierno. Dec√≠an que escrib√≠a libros. Todos los cient√≠ficos adultos escrib√≠an cosas que enviaban a otros mundos, y luego le√≠an los art√≠culos y libros que recib√≠an. Pero ella no escrib√≠a ciencia. Escrib√≠a historia. Sobre el pasado. ¬ŅQu√© importaba el pasado si en el presente hab√≠a tanto que hacer y tanto por descubrir? No era posible que a Ender le interesase aquello. Abra no pod√≠a imaginar siquiera de qu√© hablaban. ¬ęHoy he dado permiso a Lo y Amato para divorciarse.¬Ľ ¬ę¬ŅEso sucedi√≥ hace cien a√Īos?¬Ľ ¬ęNo.¬Ľ ¬ęEntonces no me interesa.¬Ľ
Abra también tenía hermanos. Po le trataba bien. Todos le trataban bien. Pero no jugaban con él. Jugaban entre sí.
Lo que estaba bien. Abra no quer√≠a ¬ęjugar¬Ľ. Quer√≠a hacer cosas de verdad, que importasen. Obten√≠a tanto placer de la reparaci√≥n de m√°quinas y la construcci√≥n de artilugios como ellos de sus juegos, luchas falsas y derribos. Y ahora que su madre dec√≠a que ya no ten√≠a que ir a la escuela y no sufrir√≠a la humillaci√≥n constante por no saber leer y escribir, Abra invert√≠a su tiempo libre en seguir a Ender Wiggin a todas partes.
El gobernador Wiggin era consciente de su presencia, porque de vez en cuando hablaba con Abra... en ocasiones le explicaba detalles o también le hacía preguntas.
Pero en general dejaba que Abra le siguiese y, si otros adultos que hablaban de asuntos importantes miraban a Abra como si le preguntasen a Ender por qu√© le acompa√Īaba ese ni√Īo, Ender se limitaba a hacer caso omiso de la pregunta silenciosa y pronto todo segu√≠a como si Abra no estuviese presente.
Por tanto, cuando Ender partió en su expedición para buscar un lugar apropiado en el que pudiese
aterrizar la nave espacial y fundar otra colonia, nadie puso objeciones a que Abra fuese con él. Pero,
eso sí, su padre se molestó en hablar con Abra en privado:

¬óEs una gran responsabilidad ¬ódijo¬ó. No har√°s nada peligroso. Si al gobernador le pasa algo, tu

primera responsabilidad es informarme por satfono.
Estaremos siguiendo vuestra posición y enviaremos ayuda de inmediato. No intentes hacer nada hasta
que no lo hayas notificado. ¬ŅComprendido?

Claro que lo comprendía. Para su padre, Abra simplemente iba de seguro. El consejo de su madre era
algo menos pesimista sobre la capacidad de Abra.
—No discutas con él —dijo—. Primero escucha, discute después.

¬óPor supuesto, mam√°.
¬óDices ¬ępor supuesto¬Ľ pero no se te da bien escuchar, Abra, siempre crees saber lo que la gente va
a decir, y tienes que dejar que lo digan porque a veces te equivocas.

Abra asintió.
—Escucharé a Ender, madre.
Su madre hizo un gesto de exasperaci√≥n... aunque les gritaba a los otros ni√Īos cuando se lo hac√≠an a

ella.
—Sí, supongo que lo harás. ¡Sólo Ender es tan sabio como para saber más que mi Abra!
¬óNo creo saberlo todo, mam√°. ¬ó¬ŅC√≥mo pod√≠a hacerle comprender que s√≥lo se impacientaba con

los adultos cuando creían comprender las máquinas y no era así?
Por lo demás, él no hablaba. Pero como habitualmente los adultos creían saber qué había ido mal con
una m√°quina rota, y por lo general se equivocaban, gran parte de sus conversaciones con adultos
consistían en corregirlos... o pasar de ellos. No hablaban de otra cosa sino de máquinas, y Abra las

conocía mejor que ellos. Pero con Ender casi nunca hablaba de máquinas. Hablaba de todo, y Abra
lo asimilaba todo.
—Intentaré evitar que Po se case con Alessandra antes de tu regreso —dijo su madre.
—No me importa —dijo Abra—. No tienen que esperar por mí. No les haré falta la noche de bodas.
—A veces a esa cara tuya le iría bien una bofetada, Abra —dijo su madre—. Pero Ender te aguanta.

Ese chico es un santo. Santo André.
¬óSan Ender ¬ódijo Abra.

¬óSu nombre de pila es Andrew.
¬óPero el nombre que le convierte en santo es Ender.
—Mi hijo el teólogo. ¡Y luego dices que no crees saberlo todo! —Su madre sacudió la cabeza, aparentemente molesta con él.
Abra no comprend√≠a c√≥mo empezaban aquellas discusiones, o por qu√© habitualmente los adultos acababan cabeceando y alej√°ndose de √©l. El se tomaba las ideas de ellos en serio (excepto sobre las m√°quinas); ¬Ņpor qu√© no pod√≠an corresponderle a √©l de la misma forma?
Ender le tomaba en serio. E iba a pasar días, quizá semanas, con Ender Wiggin.
Ellos dos solos.
Cargaron en el deslizador provisiones para tres semanas, aunque Ender dijo que no creía que fuesen a estar fuera tanto tiempo. Po se pasó por allí para despedirse, con Alessandra pegada como un hongo, y dijo:
¬óIntenta no ser una molestia, Abra.
—Estás celoso porque me lleva a mí y no a ti —dijo Abra.
Alessandra habló. Aparentemente era un hongo parlante.
—Po no quiere ir a ninguna parte. —Con lo que pretendía decir, por supuesto, que no hubiera podido soportar estar alejado de ella ni un segundo.
Sin embargo, Po se mantuvo inexpresivo, por lo que Abra supo perfectamente que, aunque pod√≠a ser que estuviese totalmente colado por esa chica, aun as√≠ hubiese preferido ir de viaje con Ender que quedarse con ella. Pero en contra de lo que su madre opinaba de √©l, Abra no dijo nada. Ni siquiera le hizo un gui√Īo a Po. Mantuvo el rostro tan inexpresivo como el de su hermano. Era la forma que ten√≠an los mayas de re√≠rse de alguien que ten√≠an justo delante sin ser descorteses o iniciar una pelea.
Para Abra el viaje result√≥ una experiencia extra√Īa. Al principio, claro, simplemente se deslizaron sobre los campos que ya conoc√≠an.
Por territorio familiar. Luego siguieron la carretera a Falstaff, que se encontraba al oeste de Miranda; tambi√©n era territorio conocido, porque la hermana casada de Abra, Alma, viv√≠a all√≠ con su esposo, aquel enorme y est√ļpido depresivo de Sim√≥n, que siempre hac√≠a cosquillas a los ni√Īos peque√Īos hasta que se orinaban encima y luego se re√≠a de ellos por haberse orinado encima como beb√©s. Abra se sinti√≥ aliviado de que Ender s√≥lo parase para saludar al alcalde del pueblo y prosiguieran el viaje sin m√°s retrasos.
La primera noche acamparon en una ca√Īada cubierta de hierba, a resguardo del viento que soplaba. Hubo tormenta, pero ellos se encontraban protegidos dentro de la tienda y sin que Abra tuviese que ped√≠rselo, Ender le cont√≥ historias de la Escuela de Batalla y de c√≥mo era el juego en la sala de batalla, y que realmente no era un juego sino entrenamiento y pruebas para el mando.
¬óAlgunas personas nacen para mandar ¬ódijo Ender¬ó. Simplemente piensan de esa forma, quieran
o no quieran mandar. Mientras que otras nacen ansiando tener autoridad pero no tienen capacidad de mando. Es muy triste.
¬ó¬ŅPor qu√© iba a querer alguien hacer algo que no se le da bien? ¬óAbra intent√≥ imaginarse queriendo ser un acad√©mico, a pesar de sus problemas para leer. Era absurdo.
¬óEl mando es algo extra√Īo ¬ódijo Ender¬ó. La gente lo percibe pero no tiene ni idea de c√≥mo funciona.
—Lo sé —dijo Abra—. Eso mismo le pasa a la mayoría de la gente con las máquinas. Pero a pesar de todo intentan arreglarlas y empeoran los problemas.
—Así que lo comprendes bien —dijo Ender—. No ven lo que hace un líder, simplemente comprueban que todos respetan a un buen líder y desean esa atención y ese respeto sin comprender que deben ganárselos.
¬óA ti todos te respetan ¬ódijo Abra.
¬óY sin embargo casi no hago nada ¬ódij o Ender¬ó. Debo aprender el trabajo de otras personas lo suficiente para ayudarlas porque no tengo suficiente trabajo propio.
Dirigir esta colonia es demasiado f√°cil para ser un trabajo a tiempo completo.
¬óF√°cil para ti ¬ódijo Abra.
¬óSupongo ¬ódijo Ender¬ó. Pero claro, incluso cuando me dedico a otros trabajos estoy realizando mi trabajo como gobernador. Porque no dejo de conocer a gente. No puedes ser el l√≠der de personas a las que no conoces o a las que como m√≠nimo comprendes. En la guerra, por ejemplo, si no sabes de lo que son capaces tus soldados, ¬Ņc√≥mo puedes llevarlos a la batalla y esperar tener √©xito? Lo mismo vale para el enemigo. Debes conocer al enemigo.
Abra medit√≥ sobre aquello mientras permanec√≠an en la oscuridad de la tienda. Lo pens√≥ durante tanto tiempo que quiz√°s incluso lo so√Ī√≥ un rato; so√Ī√≥ con Ender sentado y habl√°ndoles a los insectores (s√≥lo los reci√©n llegados los llamaban insectores) e intercambiando con ellos regalos de Navidad. Pero quiz√° simplemente se lo imagin√≥ estando despierto, porque estaba despierto cuando susurr√≥:
¬ó¬ŅEs por eso que pasas tanto tiempo con los bichos de oro?
Era como si Ender hubiese estado pensando lo mismo, porque no respondi√≥ con una de esas respuestas impacientes de los adultos, como: ¬ę¬ŅDe qu√© hablas?¬Ľ Sab√≠a que Abra todav√≠a se aferraba al hilo de su conversaci√≥n anterior. De hecho, Ender
parecía somnoliento, y Abra se preguntó si no dormía hasta que su voz le había despertado y, aun así, sabía de qué hablaba.
—Sí—dijo Ender—. Comprendí a las reinas colmena lo suficiente para derrotarlas.
Pero no lo suficiente como para comprender por qué me lo permitieron.
¬ó¬ŅTe lo permitieron?
—No, lucharon todo lo posible para impedir mi victoria. Pero también se reunieron allí donde yo

pod√≠a matarlas a todas en una √ļnica batalla. Y sab√≠an que ten√≠a un arma capaz de lograrlo. Un arma que ellas comprend√≠an mejor que nosotros, porque la obtuvimos de ellas. Nosotros todav√≠a no comprendemos todos los principios cient√≠ficos con los que opera. Pero ellas s√≠. Y a pesar de ello se reunieron y me esperaron. No lo comprendo. Por tanto... intento comunicarme con las larvas de los bichos de oro. Para hacerme una idea de la forma de pensar de las reinas colmena.
¬óPo dice que a nadie se le da mejor que a ti.
¬ó¬ŅEso dice?¬óDice que todos los dem√°s tienen que esforzarse mucho para entrever alguna imagen
de la cabeza de los bichos, pero que t√ļ has podido hacerlo desde el principio.
—No me había dado cuenta de que fuese tan poco habitual —dijo Ender.
¬óLo comentan cuando t√ļ no est√°s. Po habla de ello con pap√°.
—Interesante —dijo Ender. No parecía halagado ni fingir modestia... Ender sinceramente parecía

considerar ese talento poco habitual para hablar con los bichos de oro un simple hecho.
Al meditarlo, Abra comprendió que tenía sentido. No debías enorgullecerte de que se te diese bien

algo, si as√≠ nac√≠as. Era tan est√ļpido como sentirse orgulloso de tener dos piernas, hablar una lengua o
hacer caca.
Como estaba con Ender, Abra se sintió con libertad de decir lo que acababa de pensar, y Ender se

rio.

¬óExacto, Abra. Algo que consigues esforz√°ndote es una cosa. ¬ŅPor qu√© no sentirse orgulloso de
ello? ¬ŅPor qu√© no sentirse bien por ello? Pero por algo con lo que naces...
simplemente eres as√≠. ¬ŅTe importa si te cito?
Abra no estaba seguro qu√© significaba eso de citar. ¬ŅIba a escribir un art√≠culo acad√©mico? ¬ŅUna

carta?
¬óAdelante ¬ódijo Abra.
¬óBien... entonces se me da extra√Īamente bien hablar con los bichos dorados ¬ó
dijo Ender—. No tenía ni idea. Pero no hablo con ellos. Es más bien que ellos me muestran lo que

recuerdan y a√Īaden un sentimiento. Como ¬ęaqu√≠ est√° mi recuerdo de la comida¬Ľ y a√Īaden ¬ęhambre¬Ľ. O la misma imagen de comida m√°s una sensaci√≥n de revulsi√≥n o miedo, con lo que quieren decir que es venenosa, no me gusta el sabor o... ya comprendes.
¬óSin palabras ¬ódijo Abra.
¬óExacto.
—Así entiendo yo las máquinas —dijo Abra—. Para explicárselo a la gente debo encontrar palabras, pero cuando lo comprendo, simplemente lo sé. Pero no creo que la máquina me hable. No hay sentimiento.
¬óPuede que no sea hablar ¬ódijo Ender¬ó, pero eso no quiere decir que no puedas escuchar.
¬ó¬°Exacto! ¬°S√≠! ¬°As√≠ es! ¬óAbra casi grit√≥ las palabras. Adem√°s ten√≠a los ojos llenos de l√°grimas y tampoco sab√≠a por qu√©. O... s√≠ que lo sab√≠a. Ning√ļn adulto hab√≠a sabido jam√°s c√≥mo era.
—Una vez tuve un amigo y creo que él veía las batallas de la misma forma. Yo tenía que pensarlo todo con detalle, la disposición de las fuerzas y demás, pero Bean simplemente las veía. Ni siquiera se daba cuenta de que a los demás les llevaba más tiempo comprender... o que jamás comprendían. Para él simplemente era evidente.
¬ó¬ŅBean? ¬ŅEso es un nombre?
—Era huérfano. Era su nombre en la calle. No descubrió su verdadero nombre hasta mucho después, cuando gente que se preocupaba por él investigó para descubrir que había sido secuestrado siendo un embrión y modificado genéticamente para convertirlo en un genio.
—Oh —exclamó Abra—. Por tanto, él no era realmente así.
¬óNo, Abra ¬ódijo Ender¬ó. Realmente somos el producto de nuestros genes.
Realmente poseemos cualquier habilidad que nos aporten. Es con lo que empezamos.
El hecho de que sus genes fuesen conformados deliberadamente por científicos criminales, no significa que fuesen menos importantes sus genes que los nuestros, que son el resultado de la selección aleatoria de genes de nuestro padre y genes de nuestra madre. Yo también fui creado deliberadamente. No por medio de ciencia ilegal, sino porque mis padres en parte se escogieron mutuamente porque los dos eran muy inteligentes, y luego la Flota Internacional les pidió que tuviesen un tercer hijo porque mi hermano y mi hermana eran genios pero no exactamente lo que la F.I.
quer√≠a. ¬ŅSignifica eso que yo no soy realmente yo? ¬ŅQu√© ser√≠a yo si mis padres no me hubiesen tenido?
Abra ten√≠a muchas dificultades para seguir el hilo de la conversaci√≥n. Le daba sue√Īo. Bostez√≥.
Entonces a Ender se le ocurrió una comparación que Abra comprendió:
¬óEs como decir, ¬Ņqu√© ser√≠a un compresor de no ser un compresor?
—Eso es una tontería. Es un compresor. Si no fuese un compresor, no sería nada.
¬óBien, ahora lo comprendes.
Abra susurró la siguiente pregunta:
¬óEntonces, ¬Ņeres como mi padre y no crees en las almas?
—No —dijo Ender—. No sé nada sobre las almas. Sólo sé que mientras estamos vivos, en estos

cuerpos, sólo podemos hacer lo que nuestro cuerpo puede hacer. Mis padres creen en el alma. He

conocido gente que estaba absolutamente convencida.
Gente inteligente. Buena gente. Así que el simple hecho de que yo no lo comprenda no significa que
esté seguro de que no pueda ser cierto.

¬óEso dice pap√°.
¬ó¬ŅVes? El cree en el alma.
¬óPero mam√° habla como... dice que puede mirarme a los ojos y ver mi alma.
¬óQuiz√° pueda.
¬ó¬ŅC√≥mo t√ļ miras una larva de bicho de oro y ves lo que piensa?
—Quizá —dijo Ender—. Pero no veo lo que piensa. Sólo veo lo que envía a mi mente. Yo intento

mandar pensamientos a su mente, pero no creo que realmente esté mandando nada. Creo que la capacidad de comunicarse con el pensamiento pertenece por completo a la larva. Lanza cosas a mi mente, y luego toma de mi mente lo que yo le muestro. Pero yo no hago nada.
¬óEntonces, si no haces nada, ¬Ņc√≥mo puedes ser mejor que otras personas?
¬óSi es que realmente soy mejor... y recuerda, en realidad tu padre y Po no pueden saber con
seguridad que lo soy. Quiz√° poseo una mente a la que le resulta m√°s f√°cil acceder al bicho de oro.
¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ópregunt√≥ Abra¬ó. ¬ŅPor qu√© un ser humano nacido en la Tierra iba a tener un cerebro

al que un bicho de oro pudiese entrar con m√°s facilidad?
—No lo sé —dijo Ender—. Es una de las cosas que vine a descubrir a este mundo.
—Eso no es cierto —dijo Abra—. ¡No pudiste venir a este mundo a descubrir por qué tu cerebro

resultaba de más fácil acceso para los insectores, porque antes de llegar aquí no sabías que tu
cerebro pudiera hacer algo así!
Ender rió.

¬óNo toleras el kuso, ¬Ņverdad?
¬ó¬ŅQu√© es el kuso?
¬ó¬ęMierda¬Ľ ¬ódijo Ender¬ó. ¬ęGilipolleces.¬Ľ
¬ó¬ŅMe ment√≠as?
¬óNo ¬ódijo Ender¬ó. √Čsa es la cuesti√≥n. En Eros, cuando luch√°bamos, ten√≠a sue√Īos. Yo no sab√≠a que luchaba en una guerra, pero lo hac√≠a. Tuve un sue√Īo en el
que un mont√≥n de insectores me diseccionaban. S√≥lo que en lugar de abrir mi cuerpo me iban cortando los recuerdos y mostr√°ndolos como hologramas, intentando darles sentido. ¬ŅPor qu√© tuve ese sue√Īo, Abra? Cuando ganamos la guerra y descubr√≠ que en realidad hab√≠a estado luchando contra las reinas colmena y no contra una simulaci√≥n inform√°tica o mis profesores, pens√© en ese sue√Īo y me hice preguntas.
¬ŅIntentaban ellos comprenderme tan insistentemente como lo intentaba yo? ¬ŅLo so√Ī√© porque en cierta forma yo era consciente de que se met√≠an en mi cabeza y eso me daba miedo?
¬óVaya ¬ódijo Abra¬ó. Pero si pod√≠an leer tu mente, ¬Ņpor qu√© no te derrotaron?
¬óPorque mis victorias no estaban en mi mente ¬ódijo Ender¬ó. Eso es lo raro. Yo pensaba en las batallas, s√≠, pero no las ve√≠a como Bean. Yo ve√≠a a la gente. A los soldados que comandaba. Sab√≠a lo que esos chicos pod√≠an hacer. As√≠ que los colocaba en situaciones en que sus decisiones resultar√≠an cruciales, les dec√≠a lo que quer√≠a que hiciesen y luego confiaba en que tomaran las decisiones necesarias para lograr mis objetivos. En realidad no sab√≠a lo que har√≠an. As√≠ que meterse en mi cabeza jam√°s les hubiera revelado a las reinas colmena lo que yo pensaba, porque yo no ten√≠a ning√ļn plan que pudiesen usar contra m√≠.
¬ó¬ŅPor eso pensabas as√≠? ¬ŅPara que no pudiesen descubrir tus planes?
—Yo no sabía que el juego era real. Todo esto lo pensé después. Al intentar comprender.
¬óPero si es cierto, entonces t√ļ siempre te comunicabas con los insectores... con las reinas colmena insectoras.
¬óNo lo s√©. Quiz√°s ellas lo intentaban pero no pudieron entender. Estoy seguro de que no me mandaron nada a la mente, o al menos no con tal claridad como para que yo lo comprendiese. ¬ŅY qu√© podr√≠an extraer de mis pensamientos? No lo s√©. Quiz√°s aquello no lleg√≥ a suceder. Quiz√° s√≥lo lo so√Ī√© porque no dejaba de pensar en ellas.
¬ŅQu√© har√© cuando me enfrente a las reinas colmena de verdad? Si esta simulaci√≥n fuese una batalla real, ¬Ņc√≥mo pensar√≠a una reina colmena? Esas cosas.
¬ó¬ŅQu√© piensa pap√°? ¬ópregunt√≥ Abra¬ó. Es muy listo y ahora sabe m√°s que nadie sobre los bichos de oro.
¬óNo lo he hablado con tu padre.
—Oh —Abra digirió aquello en silencio.
¬óAbra ¬ódijo Ender¬ó. No se lo he contado a nadie.
—Oh —Abra se sintió anonadado por la confianza de Ender. Se quedó sin habla.
¬óVamos a dormir¬ódijo Ender¬ó. Quiero que estemos despiertos y de camino a primera hora. La

nueva colonia tiene que estar a varios días de viaje, incluso yendo en deslizador. Y una vez que
demos con la zona general, debo marcar lugares
concretos para los edificios, los campos, la pista de aterrizaje para el transbordador y dem√°s.
¬óQuiz√°s encontremos otra cueva de bichos de oro.

¬óQuiz√° ¬ódijo Ender¬ó. O de alg√ļn otro metal. Como la cueva de bauxita que encontraste.
¬óEl que todos los bichos de aluminio estuviesen muertos no significa que no vayamos a encontrar
otra cueva con bichos vivos, ¬Ņverdad? ¬ódijo Abra.

¬óEs posible que encontr√°semos a los √ļnicos supervivientes ¬ódijo Ender.
—Pero papá dice que lo más probable es lo contrario. Dice que sería demasiada coincidencia que

los bichos de oro que más han sobrevividoresulten ser precisamente los que descubrieron el tío Sel
yPo.
¬óTu padre no es matem√°tico ¬ódijo Ender¬ó. No entiende de probabilidades.
¬ó¬ŅQu√© significa eso?
¬óSel y Po encontraron la cueva con larvas de oro vivas. Por tanto, la probabilidad de que ellos la

encontrasen, en este universo causal, era del cien por cien. Porque sucedió.
¬óOh.
—Pero como no sabemos cuántas cuevas de bichos hay, o dónde están situadas, cualquier cálculo

sobre nuestras posibilidades de encontrarlas no es de probabilidades... es sólo una suposición. No tenemos datos suficientes para calcular una probabilidad matemática.
¬óSabemos que hab√≠a una segunda ¬ódijo Abra¬ó. As√≠ que no es como si no supi√©semos nada. ¬óPero con los datos que tenemos, una cueva con bichos de oro vivos y otra con bichos de aluminio muertos, ¬Ņqu√© conclusi√≥n sacar√≠as?
¬óQue tenemos tantas probabilidades de encontrarlos vivos como de encontrarlos muertos. Eso dice padre.
¬óPero en realidad no es cierto ¬ódijo Ender¬ó. Porque en la cueva que encontraron Sel y Po los bichos no prosperaban. Casi hab√≠an muerto. Y en la otra cueva, hab√≠an muerto. Por tanto, ¬Ņahora cu√°les son las probabilidades?
Abra lo pensó con cuidado.
—No lo sé —dijo—. Depende de lo grande que fuese cada colonia y de si se les ha ocurrido

comerse los cuerpos de sus padres como hicieron esos bichos, y quiz√° de otras cosas que ni siquiera
conozco.
—Ahora piensas como un científico —dijo Ender—. Ahora, por favor, piensa como alguien que

duerme. Ma√Īana nos espera un largo d√≠a.
***
Al día siguiente viajaron de sol a sol y a Abra todo empezó a parecerle igual.
¬ó¬ŅQu√© tiene de malo este lugar? ¬ódijo Abra¬ó. Los... insectores cultivaban aqu√≠ y les iba bien. Y la

pista de aterrizaje podría estar allí.
—Está demasiado cerca —dijo Ender—. No hay espacio suficiente para que los recién llegados

desarrollen su propia cultura. Está tan cerca que si sintiesen envidia de Falstaff podrían intentar
conquistarla.
¬ó¬ŅPor qu√© iban a hacer eso?
—Porque son humanos —dijo Ender—. Y, concretamente, porque entonces tendrían gente que sabe

todo lo que sabemos y puede hacer todo lo que hacemos.
—Pero aun así seguiría siendo nuestra gente—dijo Abra.
¬óNo por mucho tiempo ¬ódijo Ender¬ó. Ahora que nuestros poblados est√°n separados, los

falstaffianos se pondr√°n a pensar en lo que conviene a Falstaff.

Podrían estar resentidos con Miranda porque creen que nos impondremos, y quizá deseen unirse
voluntariamente a la nueva gente.
Abra lo meditó durante diez kilómetros.
¬ó¬ŅQu√© tendr√≠a eso de malo? ¬ódijo.
En esta ocasión fue a Ender al que le llevó un momento pensar antes de responder.
—Ah, que Falstaff se uniese voluntariamente a la nueva gente. Bien, no sé si tendría algo de malo.

Sólo sé que lo que quiero que suceda es que todos los poblados, incluido el nuevo, estén tan separados como para desarrollar sus propias tradiciones y su propia cultura, y tan alejados como para que no luchen por los mismos recursos, pero convenientemente cerca para que se den
matrimonios entre ellos y comercien.

Tengo la esperanza de que haya una distancia perfecta que evite que se peleen entre sí, o al menos
que lo evite durante mucho tiempo.
—Siempre que te tengamos como gobernador, da igual, porque ganaríamos —dijo Abra.
—No me importa quién gane —dijo Ender—. Es el hecho de que haya una guerra lo que sería

horrible.
¬ó¬°No opinabas lo mismo cuando derrotaste a los insectores!
¬óNo ¬ódijo Ender¬ó. Cuando est√° en juego la supervivencia de la especie humana, no puedes evitar

que te importe ganar. Pero si la guerra es entre colonos de este planeta, ¬Ņpor qu√© iba a importarme
quién gana? Gane quien gane, habrá muerte, pérdidas, sufrimiento, odio, recuerdos amargos y las
semillas de guerras futuras. Y

ambos bandos serían humanos, por lo que, pasase lo que pasase, los humanos perderían. Y perderían

y no dejar√≠an de perder. Abra, a veces rezo, ¬Ņlo sab√≠as?
Porque mis padres rezaban. En ocasiones le hablo a Dios a pesar de que no s√© nada sobre √Čl. Le pido
que se acaben las guerras.

—Se han acabado —dijo Abra—. En la Tierra. El Hegemón unificó a toda la humanidad y ya no hay

guerra.
¬óS√≠ ¬ódijo Ender¬ó. ¬ŅNo ser√≠a una ridiculez que hubi√©semos alcanzado finalmente la paz en la
Tierra y nos pusiéramos a guerrear en Shakespeare?

¬óEl Hegem√≥n es tu hermano, ¬Ņno? ¬ópregunt√≥ Abra.
¬óEs el hermano de Valentine ¬ódijo Ender.
¬óPero ella es tu hermana ¬ódijo Abra.
—Es hermano de Valentine —repuso Ender, y su rostro se volvió tenebroso y Abra no le preguntó

qué pretendía decir.
***
En el tercer día del viaje, cuando el sol estaba como a dos palmos sobre el horizonte occidental (el

tiempo de los relojes no significaba nada allí, ya que los habían fabricado en la Tierra para los días
terrestres, y a nadie le parecía bien ninguna de las propuestas para dividir el día de Shakespeare en
horas y minutos), Ender detuvo el deslizador en la cresta de una colina que daba a un ancho valle con
huertos llenos de maleza y campos con √°rboles que llevaban creciendo cuarenta a√Īos.

En algunas de las colinas circundantes hab√≠a t√ļneles de entrada, y chimeneas que demostraban que

allí se había fabricado algo.
—Este lugar parece tan adecuado como cualquiera —sentenció Ender. Y así, de esa forma, se escogió el lugar para la nueva colonia.
Montaron la tienda, Ender preparó la cena y él y Abra fueron juntos al valle y echaron un vistazo a un par de cuevas. No había bichos, claro, ya que aquél no había sido ese tipo de asentamiento, pero había máquinas de un tipo que no habían visto nunca y Abra quiso de inmediato examinarlas, pero Ender dijo:
—Te prometo que serás el primero en echar un vistazo a esas máquinas, pero no ahora. Esta noche no. No es nuestra misión. Debemos distribuir una nueva colonia.
Debo decidir dónde irán los campos, la fuente de agua... tenemos que encontrar el sistema de alcantarillado insector, comprobar si podemos poner en marcha su equipo de generadores. Todo lo que hizo la generación de Sel Menach mucho antes de que nacieses. Pero pronto tendremos tiempo para las máquinas insectoras. Y luego, créeme, te dejarán pasar días y semanas con ellas.
Abra quer√≠a resistirse, como un ni√Īo, pero sab√≠a que Ender ten√≠a raz√≥n. As√≠ que acept√≥ la promesa de Ender y se qued√≥ con √©l durante el resto del paseo nocturno.
El sol se hab√≠a puesto antes de que volvieran al campamento... cuando llegaron para dormir s√≥lo hab√≠a un tenue resplandor en el cielo. En aquella ocasi√≥n Ender le pidi√≥ a Abra que le contase historias que sus padres le hubiesen contado, las historias mayas de su padre, las historias chinas de su madre y las historias cat√≥licas que los dos ten√≠an en com√ļn. Abra tard√≥ tanto en cont√°rselas que apenas pod√≠a mantener los ojos abiertos. Luego durmieron.
Al día siguiente, Ender y Abra delimitaron campos y dispusieron las calles, registrándolo todo en holomapas, en el escritorio de campo de Ender, que se transmitían automáticamente al ordenador situado en órbita. Ni siquiera era necesario llamar a su padre por satfono, porque recibía automáticamente toda la información y podía ver lo que hacían.
A √ļltima hora de esa tarde, Ender suspir√≥ y dijo:
¬ó¬ŅSabes?, esto es un poco aburrido.
¬ó¬ŅEn serio? ¬ódijo Abra, sarc√°stico.
—Incluso los esclavos tenían de vez en cuando tiempo de descanso.
¬ó¬ŅQui√©nes? ¬óAbra tem√≠a que fuese algo que se aprend√≠a en la escuela y que √©l desconoc√≠a porque no sab√≠a leer y hab√≠a dejado de ir al colegio.
—No sabes lo feliz que me hace que no sepas de qué hablo.
Bien, si Ender era feliz, Abra era feliz.
—Durante la próxima hora, digo que hagamos lo que nos apetezca —propuso Ender.
¬ó¬ŅComo qu√©? ¬ópregunt√≥ Abra.
¬ó¬ŅQu√©, quieres decir que debo decidir por ti qu√© te parece divertido?
¬ó¬ŅQu√© vas a hacer t√ļ?
—Voy a ver si se puede nadar en el río.
—Eso es peligroso y no deberías hacerlo solo.
¬óSi me ahogo, llama a tu padre para que venga a buscarte.
—Podría llevar el deslizador de vuelta a casa, lo sabes.
—Pero no podrías subir a él mi cadáver —dijo Ender.
—¡No hables de morir! —protestó Abra. Pretendía parecer furioso. Pero la voz le tembló y pareció

asustado.

—Soy buen nadador —dijo Ender—. Voy a comprobar el agua para asegurarme de que no me pondré
enfermo y s√≥lo nadar√© donde no hay corriente, ¬Ņvale? Y eres libre de nadar conmigo si quieres.
—No me gusta nadar. —En realidad, nunca había aprendido a nadar bien.
¬óBien... no te vayas a meter en cuevas y a jugar con m√°quinas, ¬Ņvale? ¬ódijo Ender¬ó. Porque las

máquinas sí que dan miedo.
—Sólo porque no las comprendes.
¬óExacto ¬ódijo Ender¬ó. Pero ¬Ņy si algo saliese mal? ¬ŅY si tuviese que llevar tu cuerpo retorcido e

incinerado a tus padres?
Abra rio.
¬óAs√≠ que yo puedo dejar morir al gobernador, pero t√ļ no puedes dejar morir a un chico tonto.
¬óExacto ¬ódijo Ender¬ó. Porque eres mi responsabilidad, pero tu √ļnica responsabilidad es informar

de mi muerte si llega a producirse.
Así que Ender regresó al deslizador y recogió el equipo para analizar el agua. Y
como Abra sabía bien que Ender iba a tener que comprobar el río de todas formas, comprendió que

en realidad Ender no estaba descansando pero le había ofrecido un descanso a Abra. Bien, dos

pod√≠an jugar al mismo juego. Abra invertir√≠a el tiempo en llegar a la cresta monta√Īosa y comprobar

qu√© hab√≠a al otro lado. Eso era √ļtil. Era un verdadero trabajo que alguien tendr√≠a que hacer. As√≠ que mientras Ender nadaba en el r√≠o, Abra a√Īadir√≠a detalles al mapa.
El paseo le llev√≥ m√°s tiempo a Abra de lo que hab√≠a pensado. Las colinas del otro lado parec√≠an enga√Īosamente cercanas. Pero cuanto m√°s sub√≠a, m√°s f√°cil era ver el lugar donde Ender, efectivamente, nadaba. Se pregunt√≥ si le ve√≠a. Se volvi√≥ y salud√≥ un par de veces, pero Ender no respondi√≥, probablemente porque a ojos de Ender √©l no era m√°s que una mota, de la misma forma que para √©l Ender era una mota. O
Ender no miraba, lo que tambi√©n estaba bien. Significaba que Ender confiaba en que √©l no la joder√≠a y se har√≠a da√Īo o se perder√≠a.
En la cima de la colina Abra vio por qu√© el r√≠o del valle se ensanchaba... entre las colinas hab√≠a una presa para riego, de forma que el donde el r√≠o se ensanchaba al otro lado de la presa, era un estanque. Pero la ca√≠da de agua no era muy grande, y ciertas compuertas estaban siempre abiertas de forma que el r√≠o fluyese permanentemente por tres canales. Uno era el cauce original, y los otros dos llevaban agua a trav√©s de canales ligeramente m√°s elevados que recorr√≠an la parte norte del valle. All√≠, al sur del r√≠o, los canales estaban permanentemente secos, por lo que Abra pod√≠a comprobar la diferencia de resultado con la irrigaci√≥n. Ambos lados del valle estaban llenos de vida, pero en el lado h√ļmedo crec√≠an √°rboles y en el lado seco s√≥lo hierba y arbustos bajos.
Pero cuando miró el lado de la hierba se dio cuenta de que había algo raro en el paisaje. En lugar de ser un llano fluvial liso, como el valle alto que tenía a su espalda, donde estaba Ender, había en él varios montículos. Y su disposición no tenía nada de natural.
Los hab√≠an construido los insectores. Pero ¬Ņpara qu√©?
Y ahora que se fijaba, ve√≠a aqu√≠ y all√° estructuras que parec√≠an todav√≠a m√°s artificiales. Tampoco ten√≠an el aspecto de los edificios insectores habituales. Aqu√©llos eran algo nuevo y extra√Īo, y aunque estaban cubiertos de hierba y trepadoras, segu√≠an siendo claramente visibles.
Abra baj√≥ con cuidado por la pendiente... no corr√≠a, porque no conoc√≠a el terreno y lo √ļltimo que quer√≠a era torcerse un tobillo y convertirse en una carga para Ender.
Llegó al mayor de los montículos artificiales. Era muy inclinado, pero estaba cubierto de hierba, por lo que no le fue difícil subir. Llegó a la parte superior y comprendió que estaba hueco por dentro, y que allí había agua retenida.
Abra recorri√≥ la parte superior y descubri√≥ que de un extremo sal√≠an dos crestas como dos piernas, formando un peque√Īo valle ancho entre ellas. Y cuando se dio la vuelta vio que tambi√©n hab√≠a unas crestas bajas que pod√≠an ser brazos, y donde deb√≠a estar la cabeza hab√≠a una enorme roca blanca que brillaba al sol, que para todo el mundo tendr√≠a el aspecto de un cr√°neo.
Tenía forma de hombre. No la forma de un insector... la de un hombre.
Le recorrió un estremecimiento... un temor, una emoción. Un lugar así no podía existir. Y, sin embargo, allí estaba.
Oyó que gritaban su nombre. Alzó la vista y vio que Ender había llevado el deslizador a la cresta
monta√Īosa, desde el otro valle, y le miraba. Abra salud√≥ con la mano y grit√≥:
¬ó¬°Eh, Ender!
Ender le vio y se deslizó hasta la base de la colina por la que había subido Abra.

¬óSube ¬ódijo Abra.
Cuando Ender hubo subido la pendiente, desplazando algunos trozos de vegetación porque era más
grande que Abra y pesaba m√°s, Abra se√Īal√≥ la estructura corp√≥rea de las colinas artificiales.

¬ó¬ŅPuedes creerlo?

Aparentemente Ender no lo veía de la misma forma que Abra. Se limitó a mirar y no dijo nada.

¬óEs como si se hubiese muerto un gigante ¬ódijo Abra¬ó y la tierra hubiese cubierto su cad√°ver.

Abra oyó que Ender aspiraba con fuerza, por lo que supo que al final lo había comprendido.

Ender mir√≥ a su alrededor y, sin decir nada, se√Īal√≥ algunas de las estructuras m√°s peque√Īas y

cubiertas de enredaderas. Sacó los binoculares y miró un buen rato.
—Imposible —musitó.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ŅQu√© son?
Ender no respondi√≥. En su lugar, recorri√≥ a lo largo la colina, hacia la ¬ęcabeza¬Ľ.
Abra bajó al cuello y subió a la barbilla.
—Alguien tuvo que construirlo —dijo Abra. Rascó la superficie blanca—. Mira, este cráneo no es

de piedra. Es de cemento.
—Lo sé —dijo Ender—. Lo construyeron para mí.
¬ó¬ŅQu√©?
—Conozco este lugar, Abra. Los insectores lo construyeron para mí.
—Todos habían muerto antes de que el abuelo y la abuela llegasen aquí —dijo Abra.
—Tienes razón, es imposible, pero sé lo que sé. —Ender apoyó la mano en el hombro de Abra—.

Abra, no debo llevarte conmigo.
¬ó¬ŅAdonde?

¬óAh√≠ ¬óEnder se√Īal√≥¬ó. Podr√≠a ser peligroso. Si me conoc√≠an tan bien como para construir este

lugar, podrían haber planeado...
¬óAjustar cuentas ¬ódijo Abra.
—Por matarlos —apostilló Ender.
¬óEntonces no vayas, Ender. No hagas lo que ellos quieren que hagas.
¬óSi quieren venganza, Abra, no me importa. Pero quiz√° no es lo que quieren.
Quizás esto es todo lo cerca que podían estar de hablar. De dejarme una nota.
—No sabían leer ni escribir. Ni siquiera tenían el concepto de escritura y lectura...
eso dec√≠a padre. Por tanto, ¬Ņc√≥mo iban a saber dejar una nota?
—Quizás aprendieron justo antes de morir —conjeturó Ender.
¬óBien, lo que tengo m√°s claro que el agua es que no voy a quedarme aqu√≠ si t√ļ te vas a otra parte.

Voy contigo.
Ender miró divertido a Abra. Negó con la cabeza, sonriendo.
¬óNo. Eres demasiado joven para arriesgarte a...
—¡Venga! —protestó Abra disgustado—. Eres Ender Wiggin. ¡No me digas lo que puede hacer un

ni√Īo de once a√Īos!
Así que fueron juntos en el deslizador hasta el primer conjunto de estructuras.
Ender paró y bajó. Formaban las estructuras armazones metálicos que sostenían las enredaderas.

Abra vio que había columpios y toboganes, como los del parque de Miranda. Los de Miranda eran

m√°s peque√Īos, porque eran para ni√Īos. Pero no hab√≠a duda.

Pero los insectores no tenían bebés, tenían larvas. Los gusanos no necesitan columpios y toboganes.

¬óFabricaron cosas humanas ¬ódijo Abra.

Ender se limitó a asentir.

¬óRealmente sacaban cosas de tu cabeza ¬ódijo Abra.
¬ó√Čsa es una posible explicaci√≥n ¬ódijo Ender. Luego subieron al deslizador y siguieron. Ender
parecía conocer el camino.

Se acercaron a la estructura más lejana. Era una torre gruesa con algunas paredes más bajas, todo ello cubierto de hiedra. Cerca de la parte superior de la torre había una ventana.
—Sabías que estaría aquí—dijo Abra.
—Era mi pesadilla —dijo Ender—. Mi recuerdo del juego de fantasía.
Abra no ten√≠a ni idea qu√© era ¬ęel juego de fantas√≠a¬Ľ, pero comprendi√≥ que ese lugar representaba uno

de esos sue√Īos que los insectores sacaban de Ender cuando lo diseccionaron en el sue√Īo que le hab√≠a

contado.
Ender salió del deslizador.
¬óNo me sigas ¬ódijo¬ó. Si no he vuelto dentro de una hora, entonces este lugar es peligroso y debes
volver de inmediato a casa y cont√°rselo a todos.

¬óAgu√°ntate, Ender, voy contigo ¬ódijo Abra.

Ender le miró con frialdad.

¬óAgu√°ntate t√ļ, Abra, o te cubrir√© de lodo.

Las palabras eran burlonas y también el tono. Pero sus ojos indicaban que no bromeaba y Abra supo

que hablaba en serio.
Así que Abra se quedó en el deslizador y vio como Ender corría hacia el castillo...
porque eso era. Y luego Ender trepó por la parte exterior de la torre y entró por la ventana.
Abra se quedó observando la torre mucho tiempo. De vez en cuando miraba el reloj del deslizador. Y

al final su mirada se desplazaba err√°tica. Vio p√°jaros e insectos, animales peque√Īos entre la hierba,

nubes moviéndose por el cielo.
Por eso no vio a Ender salir de la torre. Sólo le vio caminando hacia el deslizador, con la chaqueta
enrollada bajo el brazo.

Sólo que había algo en la chaqueta. Pero Abra no preguntó qué había encontrado.

Supuso que si Ender quería que lo supiese se lo contaría.

—No vamos a levantar la nueva colonia aquí—dijo Ender.

¬óVale ¬ódijo Abra.

¬óRegresemos y levantemos el campamento ¬ódijo Ender.

Buscaron durante cinco días más, muy al este y al sur del primer sitio que habían encontrado, hasta

que dieron con otro lugar para la colonia. Era un asentamiento insector mayor, con zonas mucho m√°s

amplias para campos y todas las se√Īales de precipitaciones anuales abundantes.
¬ó√Čste es lugar adecuado ¬ódijo Ender¬ó. Mejor clima, m√°s c√°lido. Tierra buena y rica.
Invirtieron una semana en delimitar el nuevo asentamiento.
Llegó la hora de volver a casa. La noche antes de irse, tendidos en el suelo porque hacía demasiado

calor para estar dentro de la tienda, Abra se lo preguntó al fin. No le preguntó lo que Ender había
traído de la torre (eso jamás se lo hubiera preguntado) sino algo más fundamental.
¬óEnder, ¬Ņqu√© pretend√≠an decir al construirlo para ti?
Ender guardó silencio un buen rato.

—No voy a contarte toda la verdad, Abra. Porque no quiero que nadie la conozca. Ni siquiera quiero que sepan lo que hemos encontrado. Espero que se haya desmoronado cuando la gente vuelva a pasar por aquí. Pero incluso si no es así, nadie más lo comprenderá. Y en el futuro lejano, nadie creerá que los insectores levantaron este lugar. Pensarán que lo hicieron los colonos humanos.
—No tienes que contármelo todo —dijo Abra—. Y no le contaré a nadie lo que hemos encontrado.
—Sé que no lo harás —dijo Ender. Vaciló de nuevo—. No quiero mentirte. Así que sólo te contaré
verdades. Encontré la respuesta, Abra.
¬ó¬ŅA qu√©?
¬óA mi pregunta.
¬ó¬ŅPuedes decirme algo sobre ella?
¬óNunca has planteado la pregunta. Espero por Dios que nunca sepas cu√°l es.
¬óPero el mensaje era realmente para ti.
—Sí, Abra. Me dejaron un mensaje contándome por qué murieron.
¬ó¬ŅPorqu√©?
—No, Abra. Es mi carga. Sólo mía. —Ender agarró el brazo de Abra—. Que no haya rumores sobre

lo que Ender Wiggin encontró en este lugar.
¬óNo los habr√° ¬ódijo Abra.
¬ó¬Ņ Quieres decir que a los once a√Īos est√°s dispuesto a llevarte un secreto a la tumba?
—Sí —dijo Abra sin vacilar—. Pero espero no tener que hacerlo demasiado pronto.
Ender rio.

¬óYo espero lo mismo. Espero que vivas mucho, mucho tiempo.
—Guardaré el secreto toda mi vida. Aunque en realidad no sé cuál es.
***
Ender entr√≥ en la casa donde Valentine trabajaba en su pen√ļltimo volumen de su historia de las

Guerras Insectoras. Dej√≥ su escritorio en la mesa, frente a ella. Ella lo mir√≥. √Čl sonri√≥, con una
sonrisa guasona, mec√°nica, y se puso a teclear.
No enga√Ī√≥ a Valentine. La sonrisa era falsa, pero la felicidad subyacente era real.
Ender era feliz.
¬ŅQu√© hab√≠a pasado en el viaje para encontrar la ubicaci√≥n de la nueva colonia?
No se lo contó. Ella no preguntó. A Valentine le bastaba con saber que él era feliz.