17 - Capitulo 17

De: Gob%ShakespeareCol@MinCol.gob
Asunto: Hagamos una revolución muy tranquila
Estimado Hyrum:
Me han recibido calurosamente como gobernador, especialmente debido a tu intervención a larga distancia, así como al entusiasmo de los nativos.
Seguimos trayendo colonos de la nave tan r√°pido como podemos construirles alojamientos.
Vamos a dividirnos en cuatro asentamientos: el original, Miranda; Falstaff, Polonio y Mercucio. Hubo bastante entusiasmo por un pueblo que se llamara Calibán, pero se esfumó en cuanto la gente se imaginó la futura escuela y cuál podría ser su mascota.
Comprendes, por supuesto, que en las colonias que haya autogobierno local es inevitable, y cuanto antes sea mejor. Por buenas intenciones que tengáis, por vital que siga siendo que la Tierra pague los gastos astronómicos (y el juego de palabras es intencionado) del viaje estelar con la lejana esperanza de que acabe reportando beneficios, de ninguna manera la F.I. podría forzar a una población a aceptar a un gobernador indeseado... no por mucho tiempo.
Es mucho mejor que las naves de la F.I. lleguen como embajadoras, para promover el comercio y las buenas relaciones y para t raer colonos y suministros que compensen la carga que representan para la economía local.
Como prueba de buena voluntad, tengo la intenci√≥n de servir dos a√Īos como gobernador, periodo en el cual patrocinar√© la redacci√≥n de una Constituci√≥n. La presentaremos al MinCol, no para su aprobaci√≥n (si nos gusta, ser√° nuestra Constituci√≥n), sino para que estime si el MinCol puede recomendar Shakespeare como destino para los colonos. Ah√≠ radica vuestro poder: en vuestra capacidad para decidir si un colono puede unirse o no a una colonia existente.
Y quizás una comisión reguladora podría reunirse por ansible, con un representante y un voto por colonia y certificar que las demás son socias comerciales valiosas. De tal forma, una colonia que establezca un gobierno intolerable puede ser apartada y dejada de lado del comercio y los nuevos colonos... pero nadie cometerá la tontería de intentar declarar la guerra (otra palabra para imponer una política) a un asentamiento que llevaría media vida alcanzar.
¬ŅEsta carta constituye una declaraci√≥n de independencia? No una muy excelsa. M√°s bien afirma que somos independientes lo hagamos oficial o no. Esta gente ha sobrevivido cuarenta a√Īos totalmente sola. Se alegran de haber recibido los suministros y los nuevos genes (plantas,animales y personas), pero no eran imprescindibles.
En cierta forma, cada una de estas colonias es un híbrido: humana en genes y cultura, pero insectora en infraestructura. Los insectores construían bien; no nos hace falta despejar tierra o buscar agua y procesarla, y el sistema de alcantarillado parece construido para durar unaeternidad. ¡Un buen monumento! Todavía nos sirven llevándose nuestros excrementos.
Debido a lo que los insectores prepararon y los buenos científicos como Sel Menach lograron en las colonias, la F.I. y el MinCol no poseen el poder que podrían haber tenido.
Digo todo esto esperando sinceramente que finalmente podamos llegar al punto en que toda colonia reciba una visita anual. No durante tu vida o la mía, probablemente, pero tal debería ser nuestra meta.
Aunque si la historia nos sirve de gu√≠a, dentro de cincuenta a√Īos tal ambici√≥n resultar√° absurdamente modesta, porque posiblemente lleguen y partan naves cada seis meses, cada mes o cada semana del a√Īo. Que los dos vivamos para verlo.
ANDREW
Es imposible prever los caprichos de los ni√Īos. Cuando Alessandra era peque√Īa, Dorabella simplemente se re√≠a de las cosas extra√Īas que pretend√≠a hacer. Cuando Alessandra ten√≠a ya edad para hablar, sus preguntas parec√≠an derivadas de procesos mentales tan aleatorios que Dorabella sospechaba hasta cierto punto que su hija le hab√≠a sido enviada realmente por las hadas.
Cuando van a la escuela, los ni√Īos tienden a volverse m√°s razonables. No era cosa de los profesores ni de los padres, sino de los otros ni√Īos, que ridiculizaban o hac√≠an el vac√≠o a un ni√Īo cuyos actos o palabras no se ajustasen a su est√°ndar de normalidad.
A pesar de ello, Alessandra nunca había dejado de dar sorpresas absolutas y, con el pobre Quincy tan frustrado por el modo en que Ender le había superado en las maniobras burocráticas, escogió precisamente aquel momento para ser muy poco razonable.
¬óMadre ¬ódijo¬ó, la mayor√≠a de los durmientes ya han despertado y han bajado a Shakespeare, y llevo d√≠as con el equipaje preparado. ¬ŅCu√°ndo nos vamos?
¬ó¬ŅEquipaje? ¬ódijo Dorabella¬ó. Pensaba que te hab√≠a dado un ataque de limpieza. Iba a pedir a los m√©dicos que comprobasen si ten√≠as alguna enfermedad rara.
¬óNo bromeo, madre. Firmamos para ir a la colonia. Estamos en la colonia. Basta con un viaje en transbordador. Tenemos un contrato.
Dorabella rió. Pero la chica no se iba a dejar convencer tan fácilmente.

—Querida hija mía —dijo Dorabella—. Ahora estoy casada. Casada con el almirante que capitanea
esta nave. Cuando la nave se va, √©l se va. El se va, yo me voy. Yo me voy, t√ļ te vas.
Alessandra se quedó inmóvil, totalmente en silencio. Parecía dispuesta a discutir.
Pero no discutió.
¬óVale, madre. As√≠ que pasaremos unos cuantos a√Īos m√°s viviendo en la limpieza del interior.
—Mi querido Quincy me cuenta que el próximo destino es otra colonia que no está tan lejos de aquí

como la Tierra. No ser√°n m√°s que unos meses de vuelo.
—Pero tediosos para mí —dijo Alessandra—. Toda la gente interesante se ha ido.
¬óTe refieres, por supuesto, a Ender Wiggin ¬ódijo Dorabella¬ó. La verdad es que esperaba que

lograses atraer a ese joven con futuro. Pero aparentemente decidió dejarnos de lado.
Alessandra la miró confusa.
¬ó¬ŅA nosotras? ¬ódijo.
—Es un chico muy listo. Sabía que obligando a mi querido Quincy a abandonar Shakespeare también

nos expulsaba a ti y a mí.
—No se me había ocurrido —dijo Alessandra—. Vaya, entonces estoy muy enfadada con él.
Dorabella lo comprendió de pronto. Alessandra se lo estaba tomando demasiado bien. No era propio

de ella. Y esa ligera petulancia infantil con Ender Wiggin era casi una parodia de la forma de hablar
deliberadamente infantil de Dorabella.

¬ó¬ŅQu√© tramas? ¬óle pregunt√≥.
¬ó¬ŅTramar? ¬ŅC√≥mo podr√≠a tramar nada si la tripulaci√≥n est√° tan ocupada y los marines se encuentran
todos en el planeta?

¬óEst√°s planeando tomar un transbordador sin permiso y llegar a la superficie del planeta sin que yo

me entere.
Alessandra miró a Dorabella como si hubiera perdido el juicio. Pero como ésa era su expresión
normal, Dorabella esperaba que le mintiera, y su hija no la decepcionó.

¬óClaro que no ¬ódijo Alessandra¬ó. Esperaba contar con tu permiso.
¬óBien, no te lo doy.

¬óHemos hecho un largo viaje, madre. ¬óLo dijo con petulancia, por lo que tal vez estuviera siendo sincera¬ó. Al menos quiero hacer una visita.Quiero decir adi√≥s a todos los amigos del viaje. Quiero ver el cielo. ¬°Hace dos a√Īos que no veo el cielo!
¬óHas estado en el cielo ¬ódijo Dorabella.
—Oh, qué respuesta tan ingeniosa —dijo Alessandra—. Hace que mi deseo de ver el exterior desaparezca por completo... mira. Así de rápido. Ahora que Alessandra lo mencionaba, Dorabella comprendió que también ella ansiaba un poco
caminar al aire libre. El gimnasio de la nave siempre estaba lleno de marines y miembros de la tripulaci√≥n, y aunque se les exig√≠a caminar cierto n√ļmero de minutos en la cinta cada d√≠a, aquello no la hac√≠a sentirse como si realmente hubiese ido a alguna parte.
¬óNo es descabellado ¬ódijo Dorabella.
¬óEst√°s de broma ¬ódijo Alessandra.
¬ó¬ŅQu√© pasa, no lo consideras razonable?
¬óNo cre√≠a que t√ļ fueses a considerarlo razonable.
—Eso me duele —dijo Dorabella—. Yo también soy un ser humano. Ansío ver nubes en el cielo.

Aqu√≠ hay nubes, ¬Ņno?
¬ó¬ŅC√≥mo voy a saberlo yo, madre?
¬óIremos juntas ¬ódijo Dorabella¬ó. Madre e hija nos despediremos de los amigos.
No llegamos a hacerlo al dejar Monopoli.
—No teníamos amigos —dijo Alessandra.
—Vaya si los teníamos, y debieron considerarnos muy maleducadas por irnos sin ellos.
¬óEstoy seguro de que lo lamentan todos los d√≠as. ¬ę¬ŅQu√© habr√° sido de esa chica tan maleducada,

Alessandra, que se fue sin decir adi√≥s... hace cuarenta a√Īos}¬Ľ
Dorabella rió. Alessandra tenía un ingenio afilado.
¬ó√Čsa ha sido la lista de mi hija fe√©rica. Titania no te hace sombra en lo que a sarcasmo se refiere.
—Ojalá que después de La fierecilla domada hubieses dejado de leer a Shakespeare.
¬óLlevo toda la vida viviendo sin saberlo en El sue√Īo de una noche de verano ¬ódijo Dorabella¬ó.

Para m√≠ leerlo fue como llegar a casa, no el hecho de alcanzar un planeta extra√Īo.

¬óBien, yo vivo en La tempestad ¬ódijo Alessandra¬ó. Atrapada en una isla y desesperada por salir.
Dorabella volvió a reír.
¬óLe pedir√© a tu padre que nos deje bajar en uno de los transbordadores y volver en otro. ¬ŅQu√© te

parece?
¬óExcelente. Gracias, madre.
¬óEspera un momento¬ódijo Dorabella.
¬ó¬ŅQu√© pasa?
¬óHas aceptado con demasiada rapidez. ¬ŅQu√© tramas? ¬ŅCrees que podr√°s perderte en los bosques y

esconderte hasta que yo me vaya sin ti? Eso no pasar√° jam√°s, mi ni√Īa. Yo no me ir√© sin ti, y Quincy

no se irá sin mí. Si intentas huir, los marines te seguirán, te encontrarán y te arrastraránde vuelta

conmigo. ¬ŅComprendes?
¬óMadre ¬ódijo Alessandra¬ó, me escap√© por √ļltima vez a los seis a√Īos.
—Querida, te escapaste apenas unas semanas antes de que nos fuésemos de Monopoli. Cuando
hiciste novillos y te fuiste a ver a tu abuela.
—Eso no fue escapar —dijo Alessandra—. Regresé.
—Sólo porque descubriste que tu abuela era la viuda de Satanás.
—No sabía que el diablo hubiese muerto.
¬óSe cas√≥ con ella, ¬Ņcrees que no iba a suicidarse?
Alessandra rió. Así se hacía: imponías la ley, pero luego los hacías reír y sentirse felices de
obedecerte.
¬óVisitaremos Shakespeare y volveremos a casa, a la nave. Ahora esta nave es nuestro hogar. No lo
olvides.
¬óClaro que no ¬ódijo Alessandra¬ó. Pero mam√°.
¬ó¬ŅQuerida hija de las hadas?
¬ó√Čl no es mi padre.
A Dorabella le llevó un momento comprender a qué se refería.
¬ó¬ŅQui√©n no es tu qu√©?
¬óEl almirante Morgan ¬ódijo Alessandra¬ó. No es mi padre.
¬óYo soy tu madre. √Čl es mi esposo. ¬ŅEn qu√© crees que te convierte eso, en su sobrina?
¬óNo. Es. Mi. Padre.
—Oh, eso me entristece —dijo Dorabella—. Yo que creía que te alegrabas por mí.
¬óMe alegro mucho por ti ¬ódijo Alessandra¬ó. Pero mi padre fue un hombre real, no el rey de las

hadas, y no se perdió bailando un día en el bosque: murió.
Cualquiera con quien te cases ser√° tu esposo, pero no ser√° mi padre.
—Yo no me he casado con cualquiera, me casé con un hombre maravilloso con el que tendré más

hijos, así que si le rechazas como padre, no le faltarán herederos a los que legar su fortuna.
¬óNo quiero su fortuna.
¬óEntonces, mejor ser√° que te cases con un rico ¬ódijo Dorabella¬ó, porque no querr√°s criar a tus

hijos en la pobreza como hice yo.
¬óSimplemente no digas que es mi padre ¬ódijo Alessandra.
—Tendrás que llamarle de alguna forma, y yo también. Sé razonable, querida.
—Entonces le llamaré Próspero —dijo Alessandra—, porque eso es.
¬ó¬ŅQu√©? ¬ŅPor qu√©?
¬óUn extra√Īo poderoso que nos controla por completo. T√ļ eres Ariel, la delicada mujer que ama a su

amo. Yo soy Calibán. Sólo quiero la libertad.
¬óEres una adolescente. Ya se te pasar√°.
¬óNunca.
¬óLa libertad no existe ¬ódijo Dorabella, impacient√°ndose¬ó. Pero, en ocasiones, tienes la

posibilidad de elegir a tus amos.
¬óMuy bien, madre. T√ļ escogiste a tu amo. Pero yo no he escogido al m√≠o.
—Todavía crees que el chico Wiggin te tiene en cuenta.
—Sé que lo hace, pero no pongo mis esperanzas en él.
¬óTe ofreciste a √©l, mi ni√Īa, y te rechaz√≥ por completo. Fue muy humillante, aunque no te dieses

cuenta.
El rostro de Alessandra enrojeció un poco y caminó hacia la puerta del camarote.

Luego se volvió, con el rostro lleno de furia y dolor genuinos.
¬óLo viste ¬ódijo¬ó. ¬°Quincy lo grab√≥ y t√ļ miraste!
—Claro que lo hice —dijo Dorabella—. De no haberlo hecho yo, lo habría hecho él o un miembro

de la tripulaci√≥n. ¬ŅCrees que quer√≠a que mirasen tu cuerpo con deseo?

—Me enviaste a Ender esperando que me desnudase para él, y sabías que lo grababan, y
lo viste. Me viste.
¬óNo te desnudaste, ¬Ņverdad? ¬ŅY qu√© si lo hubieses hecho? Durante los a√Īos que pas√© limpi√°ndote el

culo vi tu cuerpo desnudo desde √°ngulos que ni se te han ocurrido.
¬óTe odio, madre.
¬óMe amas, porque siempre cuido de ti.
¬óY Ender no me humill√≥. Ni me rechaz√≥. Te rechaz√≥ a ti. ¬°Rechaz√≥ la forma en que t√ļ me hiciste

actuar!
¬ó¬ŅQu√© ha sido del ¬ę¬°Oh, gracias, madre! Ahora tendr√© al hombre que quiero¬Ľ?
¬óNunca he dicho eso.
—Me diste las gracias, reíste y volviste a darme la gracias. Allí te quedaste, inmóvil, y me dejaste

arreglarte como una puta para atraerle. ¬ŅEn qu√© momento te obligu√© a hacer algo contra tu voluntad?

—Me dijiste lo que debía hacer si quería que Ender me amase. ¡Sólo que un hombre como Ender no
pica con esos trucos!
¬ó¬ŅUn hombre? Querr√°s decir un ni√Īo. Probablemente no pic√≥ con ese ¬ętruco¬Ľ
porque todavía no ha alcanzado la madurez sexual. Si es que es heterosexual.
—Fíjate en lo que dices, madre —dijo Alessandra—. Ender empieza siendo el comienzo y el final

del mundo, la mejor oportunidad que tendré jamás de conseguir a un gran hombre. Un momento
despu√©s, es un ni√Īito peque√Īo y homosexual que me humill√≥. Le juzgas seg√ļn te conviene.
¬óNo, mi ni√Īa. Seg√ļn le conviene a mi ni√Īita.

¬óBien, no me conviene ¬ódijo Alessandra. ¬óAh√≠ quer√≠a llegar ¬ódijo Dorabella¬ó. Y, sin embargo, me has insultado por decirlo. Dec√≠dete, mi peque√Īa Calib√°n. ¬óLuego Dorabella, sin pretenderlo, se ech√≥ a re√≠r, y tambi√©n Alessandra. La chica estaba tan furiosa consigo misma por re√≠rse, o con Dorabella por hacerla re√≠r, que huy√≥ de all√≠ cerrando de un portazo. O intent√°ndolo... el sistema neum√°tico se activ√≥ y cerr√≥ suavemente.
Pobre Alessandra. Nada le salía como ella quería.
Bienvenida al mundo real, hija m√≠a. Alg√ļn d√≠a comprender√°s que hacer que el querido Quincy se enamorase de m√≠ fue lo mejor que pude haber hecho por ti.
Porque todo lo hago por ti. Y lo √ļnico que pido es que t√ļ cumplas con tu parte y aproveches las oportunidades que te ofrezco.
***
Valentine entr√≥ con normalidad en la sala, perfectamente tranquila. Pero estaba tan disgustada con Ender que apenas pod√≠a contenerse. El chico estaba tan ocupado estando ¬ędisponible¬Ľ para todos los nuevos y antiguos colonos, respondiendo preguntas, hablando de detalles que era imposible que recordara de entrevistas de media hora celebradas dos a√Īos antes, cuando estaba tan cansado que apenas pod√≠a hablar. Pero cuando alguien con quien manten√≠a una verdadera relaci√≥n √≠ntima iba en su busca, no hab√≠a forma de dar con √©l.
Era igual que su método para negarse a escribirles a sus padres. Bien, no se había negado. Siempre había prometido hacerlo. Sólo que jamás lo hacía.
Durante los dos √ļltimos a√Īos le hab√≠a prometido (d√°ndoselo a entender, no con palabras) que si la pobre joven Toscano se enamoraba de √©l no la rechazar√≠a. Ahora ella y su madre hab√≠an venido al planeta a echar un ¬ęvistazo¬Ľ. Era m√°s que evidente que la chica s√≥lo aspiraba a ver una cosa: a Ender Wiggin. Y √©l no aparec√≠a por ninguna parte.
Valentine estaba harta. S√≠, el chico pod√≠a ser audaz y valiente, menos cuando hab√≠a algo emocionalmente duro que no se ve√≠a ineludiblemente obligado a hacer. Pod√≠a dar esquinazo a la chica, quiz√° pensase que con eso el mensaje estaba claro, pero le deb√≠a unas palabras. Le deb√≠a al menos un adi√≥s. No hac√≠a falta que fuese cari√Īoso, pero deb√≠a afrontarlo.
Al fin dio con él en la sala de ansible de XB, escribiendo... probablemente una carta a Graff o algo igualmente irrelevante para la vida en el nuevo mundo.
—El hecho de que estés aquí —dijo Valentine— te deja sin ninguna excusa.
Ender la miró, aparentemente confundido. Bien, a lo mejor no fingía... a lo mejor se había olvidado de la chica tan completamente que no tenía ni idea de a qué se refería Valentine.
¬óEst√°s mirando su correo. Eso significa que tienes el registro de pasajeros de este transbordador.
¬óYa he hablado con los nuevos colonos.
¬óExcepto con uno.
Ender alzó una ceja.
¬óAlessandra ya no es una colona.
¬óTe est√° buscando.
—Podría preguntarle a cualquiera dónde estoy y se lo dirían. No es un secreto.
¬óNo puede preguntarlo.
¬óBien, entonces, ¬Ņc√≥mo espera encontrarme?
¬óNo finjas. No soy tan est√ļpida como para pensar que eres est√ļpido, aunque act√ļes tan

est√ļpidamente.
¬óOh, comprendo lo relativo a la estupidez. ¬ŅPuedes ser m√°s concreta?

¬ó Extremadamente est√ļpido.
¬óNo en el grado, querida hermana.
¬óEmocionalmente insensible.
¬óValentine ¬ódijo Ender¬ó, ¬Ņse te ha ocurrido pensar que s√© lo que estoy haciendo? ¬ŅPuedes tener

un poquito de fe en mí?
—Creo que estás evitando una confrontación emocionalmente difícil.
¬óEntonces, ¬Ņpor qu√© no me escondo de ti?
No supo si molestarse a√ļn m√°s porque √©l le hubiese devuelto la pelota o si sentirse un poco aliviada

de que Ender considerase que una confrontación con ella era emotiva. Valentine no estaba segura de

haber tenido suficiente ascendencia sobre Ender como para que sus confrontaciones fuesen

emotivas... al menos, para él.
Ender miró la hora en la pantalla del ordenador y suspiró.
¬óBien, tu sentido de la oportunidad es, como siempre, impecable, incluso si no lo entiendes.
—Entendería algo si me lo explicases —dijo Valentine.
Ahora Ender estaba de pie, y para su sorpresa, sí que era más alto que ella. Se había dado cuenta de
que crecía, pero no de que la había superado. Y no era que llevase zapatos de suela gruesa... no
llevaba zapatos.
—Val —dijo en voz baja—. Si analizases lo que digo y hago, tendrías claro lo que está pasando.
Pero no lo analizas. Ves algo que no te parece bien y te saltas toda la parte de pensar y pasas
directamente a ¬ęEnder se est√° equivocando y debo hacer lo posible por impedirlo¬Ľ.

¬ó¬°Pienso! ¬°Analizo!

¬óLo analizas todo y a todos. Es lo que hace que tu historia de la Escuela de Batalla resulte tan
maravillosa y sincera.
¬ó¬ŅLa has le√≠do?
—Me la diste hace tres días. Claro que la he leído.
¬óNo has dicho nada.
¬ó√Čsta es la primera vez que te veo desde que la termin√©. Val, piensa, por favor.
¬ó¬°No seas condescendiente conmigo!

— Sentirte tratada con condescendencia no es pensar —dijo él, al fin irritado.
Valentine se sintió un poco mejor—. No me juzgues hasta que no me comprendas.
No puedes comprenderme si ya me has juzgado. Crees que he tratado mal a Alessandra, pero no es as√≠. La he tratado extremadamente bien. Estoy a punto de salvarle la vida. Pero t√ļ no puedes confiar en que yo haga lo correcto. Ni siquiera te molestas en pensar qu√© es lo correcto antes de decidir que no lo estoy haciendo.
¬ó¬Ņ Qu√© es eso que haces que yo creo que no haces ? Esa chica suspira por ti...
¬óEso son sus sentimientos, no sus necesidades. No es lo que realmente le conviene.
Crees que el peor peligro al que se enfrenta es que hieran sus sentimientos.
Valentine sinti√≥ c√≥mo se le pasaba la furia. ¬ŅDe qu√© peligro hablaba? ¬ŅQu√© necesidades ten√≠a Alessandra m√°s all√° de la necesidad de Ender? ¬ŅQu√© se le hab√≠a pasado a Valentine?
Ender la abrazó y luego salió de la sala, del edificio. Valentine se vio obligada a seguirle.
Ender se movi√≥ con rapidez por la plaza de hierba del complejo de ciencias... en realidad, cuatro estructuras de un piso donde un pu√Īado de cient√≠ficos se dedicaban a la biolog√≠a y la tecnolog√≠a que manten√≠an en funcionamiento la colonia. Pero con los reci√©n llegados de la nave, las casas estaban repletas de gente y Ender hab√≠a pedido a los capataces que cambiasen sus prioridades y levantasen edificios cient√≠ficos adicionales. El ruido de la construcci√≥n del edificio no era ensordecedor, porque hab√≠a pocas herramientas autom√°ticas. Pero las instrucciones a gritos, los avisos de peligro, el golpeteo de hachas y martillos formaba en su conjunto un buen estruendo.
El sonido del cambio deliberado y bien recibido.
¬ŅSab√≠a realmente Ender d√≥nde estar√≠an exactamente las Toscano? Desde luego camin√≥ directamente hacia ese lugar. Y ahora que Valentine lo pensaba (lo analizaba, s√≠, Ender) comprendi√≥ que su hermano deb√≠a haber estado esperando hasta el final de su visita, hasta que el transbordador estuviese cargado para el viaje de vuelta. No ser√≠a el √ļltimo, pero s√≠ el √ļltimo que no ir√≠a lleno de marines y miembros de la tripulaci√≥n. Era el √ļltimo transbordador con sitio para pasajeros no esenciales.
Aun as√≠, ha sido arriesgarse mucho. Alessandra de pie, con expresi√≥n de desamparo, al pie de la rampa, con su madre tir√°ndole de la manga, inst√°ndola a entrar en el transbordador. Luego vio a Ender acercarse y se solt√≥ de su madre, corriendo hacia √©l. ¬ŅLa pobrecita pod√≠a expresarlo con m√°s claridad?
Ech√≥ los brazos alrededor del cuello de Ender, y √©ste, hab√≠a que reconoc√©rselo, la abraz√≥ con ganas. A Valentine le sorprendi√≥ ver c√≥mo la agarraba, hundiendo la cara en su hombro con aut√©ntico afecto. ¬ŅQu√© quer√≠a expresar con ese gesto? ¬ŅQu√© pensar√≠a la chica que significaba? Ender, ¬Ņen serio eres tan insensible?
***
Cuando ella prácticamente le saltó a los brazos, Ender dio un paso atrás para compensar el impulso
s√ļbito; pero se asegur√≥ de acercarle la boca a la oreja.
—Dieciséis es edad suficiente para unirse a la colonia sin permiso paterno.
Alessandra se apartó de él, mirándole inquisitivamente a los ojos.
¬óNo ¬ódijo Ender¬ó. No pasar√° nada entre nosotros. No te estoy pidiendo que te quedes conmigo.
¬óEntonces, ¬Ņpor qu√© ibas a pedirme que me quede?
—No lo he hecho —dijo Ender—. Te estoy diciendo cómo hacerlo. Ahora mismo, aquí mismo,

puedo librarte de tu madre. No para ocupar yo su lugar, no para tomar
yo el control de tu vida, sino para dejar que t√ļ tomes el control. La pregunta es si t√ļ quieres.
Los ojos de Alessandra se llenaron de l√°grimas.
¬ó¬ŅNo me amas?
¬óMe importas ¬ódijo Ender¬ó. Eres una buena persona que no ha tenido jam√°s ni un momento de

libertad. Tu madre controla tus idas y venidas. Teje historias a tu alrededor y con el tiempo t√ļ siempre te las crees y haces lo que ella quiere. Apenas sabes qu√© quieres. Aqu√≠, en Shakespeare, lo descubrir√°s. All√° arriba, con tu madre y el almirante Morgan, me pregunto si llegar√°s a saberlo.
Ella asintió, comprendiendo.
—Sé lo que quiero. Quiero quedarme.
—Entonces, quédate —dijo Ender.

¬óD√≠selo t√ļ ¬ódijo Alessandra¬ó. Por favor.
¬óNo.
¬óSi yo hablo con ella, dar√° con una raz√≥n para decirme que soy una est√ļpida.
¬óNo la creas.
¬óMe har√° sentirme culpable. Como si realmente estuviese cometiendo un acto odioso contra ella.
—No es así. En cierto modo, a ella también la estás liberando. Podrá tener los hijos de Morgan sin

preocuparse por ti.
¬ó¬ŅLo sabes? ¬ŅSabes que va a tener hijos con √©l?
Ender suspiró.
¬óAhora no tenemos tiempo de hablar de eso. Tu madre se acerca porque el transbordador debe irse

y espera que estés a bordo. Si decides quedarte, yo te apoyaré. Si te vas voluntariamente con ella, no
levantaré la mano para ayudarte.
Ender se apartó justo cuando llegaba Dorabella.

***
¬óVeo lo que hace ¬ódijo madre¬ó. Te promete todo lo que quieres, simplemente para que te quedes
y te conviertas en su juguete.

—Madre —dijo Alessandra—, no sabes de qué hablas.

—Sé que lo que te haya prometido es mentira. No te ama.

¬óS√© que no me ama ¬ódijo Alessandra¬ó. √Čl mismo me lo ha dicho.

Fue bastante agradable ver la expresión de sorpresa de madre.

¬óEntonces, ¬Ņa qu√© han venido esos abrazos, esa forma de pegar la cara a ti?

—Me susurraba al oído.

¬ó¬ŅQu√© te ha dicho?

—Sólo me ha recordado algo que yo ya sabía —dijo Alessandra.

—Cuéntamelo en el transbordador, mi querida princesa de las hadas, porque se impacientan. No

quieren llegar tarde y enfurecer a tu padre.
No había pasado ni un día desde que Alessandra le había dicho a su madre que nunca se refiriese a

Quincy como su ¬ępadre¬Ľ y ya lo volv√≠a a hacer. As√≠ hab√≠a sido siempre... Madre decid√≠a c√≥mo deb√≠an ser las cosas y nada de lo que hiciese Alessandra la har√≠a cambiar. Era Alessandra la que siempre ten√≠a que cambiar. Al final Alessandra colaboraba en lo que madre quisiese porque le resultaba m√°s c√≥modo. Madre siempre se aseguraba de que su forma de hacer las cosas fuera la m√°s c√≥moda.
Sólo la he desafiado a hurtadillas. Cuando no miraba, cuando podía fingir que no lo sabía. Me aterra, aunque no sea un monstruo como mi abuela. O... o quizá lo sea, pero jamás me he enfrentado a ella lo suficiente para descubrirlo.
No tengo que irme con ella. Puedo quedarme.
Pero Ender no me ama. ¬ŅA qui√©n tengo aqu√≠? No tengo verdaderos amigos. A gente que conozco del viaje, pero todos se relacionaban con madre, no conmigo.
Hablaban de mí, delante de mí, porque era lo que hacía madre. Cuando me hablaban, era para decir lo que madre prácticamente les había ordenado que dijesen. No tengo amigos.
Ender y Valentine son los √ļnicos que me han tratado como a una persona de pleno derecho. Y Ender no me ama.
¬ŅPor qu√© no me ama? ¬ŅQu√© problema tengo? Soy bonita, soy lista. No tan lista como √©l, o como Valentine, pero nadie es as√≠ de listo, ni siquiera en la Tierra. Aquella vez en la nave dijo que me deseaba. Me desea, pero no me ama. Para √©l no soy m√°s que un cuerpo, una gran nada y, si me quedo aqu√≠, tendr√© que recordarlo continuamente.
¬óMi hadita ¬ódijo madre tir√°ndola de nuevo de la manga¬ó. Ven conmigo.
¬°Vamos a ser muy felices juntos viajando entre las estrellas! Tendr√°s una excelente educaci√≥n con los oficiales, tu padre ya me lo ha prometido, y cuando llegues a la edad adecuada, estaremos cerca de la Tierra, para que puedas ir a una universidad de verdad y encontrar a un hombre y no a ese ni√Īo odioso y ego√≠sta.
En aquel momento su madre casi la arrastraba hacia el transbordador. Así eran siempre las cosas. Madre hacía que pareciese inevitable seguir sus planes. Y la
alternativa era siempre muy horrible. Otras personas jamás comprendían a Alessandra como la comprendía madre.
Pero madre no me comprende, pensó Alessandra. No me comprende a mí. Sólo comprende la imagen demencial que se ha hecho de mí. Su hija que las hadas le dejaron.
Alessandra mir√≥ atr√°s por encima del hombro, a Ender. All√≠ estaba, con el rostro inexpresivo. ¬ŅC√≥mo lo hace? ¬ŅNo tiene sentimientos? ¬ŅNo meechar√° de menos? ¬ŅNo me llamar√°? ¬ŅNo me rogar√° que me quede?
No. Ha dicho que no lo haría. Me lo ha dicho... mi elección... voluntaria.
¬ŅY acompa√Īo voluntariamente a madre?
Tira de mí, pero no con demasiada fuerza. Me habla a cada paso, y yo avanzo.
Como las ratas siguiendo al flautista de Hammelin. La m√ļsica de su voz me hipnotiza y yo la sigo, y

me encuentro... aquí, en la rampa, en dirección al transbordador.
Regresando al lugar donde siempre estar√© bajo su control. Una rival para los ni√Īos que tenga con
Quincy. Al final, una molestia. ¬ŅY qu√© suceder√° entonces, cuando madre se vuelva contra m√≠? E

incluso si no pasa nunca, simplemente será porque yo estaré cumpliendo todo lo que ella quiera de
mí.
Alessandra se detuvo.
La mano de madre se escapó de su brazo... en realidad no la había estado agarrando, o apenas.
¬óAlessandra ¬ódijo madre¬ó. Veo que le mirabas, pero ¬Ņte das cuenta? √Čl no te quiere. No te llama.

Aquí no hay nada para ti. Pero ahí arriba, entre las estrellas, hay amor. Está la magia del mundo

maravilloso que compartimos.
Pero el mundo maravilloso que compartían no era mágico, era una pesadilla que
madre llamaba m√°gica. Y ya hab√≠a otra persona en ese ¬ęmundo maravilloso¬Ľ, alguien con quien
madre dormía y con quien tendría bebés.

Madre no me miente a mí, se miente a sí misma. En realidad no quiere que yo esté allí. Ha encontrado

una nueva vida propia y, simplemente, finge que nada cambiar√°.
El hecho es que en realidad madre necesita desesperadamente librarse de mí para poder seguir con la
felicidad que ha encontrado. Durante diecis√©is a√Īos he sido el peso que la reten√≠a, que la manten√≠a
pegada al suelo, que le imped√≠a hacer lo que so√Īaba. Ahora tiene al hombre de sus sue√Īos... bueno,
un hombre que puede darle la vida de sus sue√Īos. Y yo soy un obst√°culo.

¬óMadre ¬ódijo Alessandra¬ó. No voy contigo.
—Sí que vendrás.
¬óTengo diecis√©is a√Īos ¬ódijo Alessandra¬ó. Seg√ļn la ley puedo decidir unirme a una colonia.
—Tonterías.
¬óEs cierto. Valentine Wiggin se uni√≥ a esta colonia cuando s√≥lo ten√≠a quince a√Īos.
Sus padres no querían, pero lo hizo.
¬ó¬Ņ√Čsa es la mentira que te cont√≥ Valentine? Puede parecer rom√°ntico y valiente, pero

estar√°s sola siempre.

¬óMadre ¬ódijo Alessandra¬ó. Ya estoy sola siempre.
Su madre retrocedió al oír sus palabras.
—Cómo puedes decir eso, mocosa desagradecida —dijo—. Estoy contigo. Nunca estás sola.
¬óSiempre estoy sola ¬ódijo Alessandra¬ó. Y t√ļ nunca est√°s conmigo. T√ļ est√°s con tu querida hija

angelical que te dejaron las hadas. Y ésa no soy yo.
Alessandra se volvió y empezó a bajar la rampa.
Oyó las pisadas de madre. No, sintió vibrar ligeramente la rampa por el impacto de los pies.
Luego notó el empujón, un golpe brutal que la desequilibró por completo.
—¡Ve entonces, puta! —gritó su madre.
Alessandra intentó recuperar el equilibrio, pero la parte superior de su cuerpo se movía mucho más

rápido que los pies y se sintió caer hacia delante. La rampa era tan inclinada y la iba a golpear con

tal fuerza que no podría agarrarse con las manos...
Pensó todo eso en una fracción de segundo, y luego sintió que la agarraban el brazo desde atrás y, en
lugar de golpear la rampa, se balanceó adelante y atrás, y no era su madre quien la había sujetado.
Madre seguía a unos pasos de distancia, donde estaba al empujarla. Era el alférez Akbar y su rostro
manifestaba tanta preocupación, tanta dulzura...

¬ó¬ŅEst√°s bien? ¬ódijo, una vez que la tuvo en pie.
—¡Eso! —gritó madre—. Trae de vuelta a esa mocosa desagradecida.
¬ó¬ŅQuieres volver a la nave? ¬ópregunt√≥ el alf√©rez Akbar.
—Claro que quiere —dijo madre, que ya estaba junto a Akbar. Alessandra presenció la

transformaci√≥n en el rostro de su madre, que pas√≥ de ser la aulladora que la hab√≠a llamado puta y mocosa a la dulce reina de las hadas¬ó: Mi querida hija fe√©rica s√≥lo es feliz en compa√Ī√≠a de su madre.
¬óCreo que quiero quedarme ¬ódijo Alessandra en voz baja¬ó. ¬ŅMe dejas ir?
El alférez Akbar se inclinó y le susurró al oído, exactamente igual que Ender.
—Me gustaría poder quedarme aquí contigo —dijo. Luego se puso firme—. Adiós, Alessandra

Toscano. Disfruta de una vida feliz en este mundo bueno.
—¡Qué dices! ¡Mi marido te someterá a un consejo de guerra! —Acercándose a Alessandra, tendió
hacia ella una mano que era como la mano huesuda de la muerte.

El alf√©rez Akbar la atrap√≥ por la mu√Īeca.

—¡Cómo te atreves! —le siseó Dorabella en la cara—. Has firmado tu sentencia de muerte por
motín.
¬óEl almirante Morgan aprobar√° que haya evitado que su esposa incumpla la ley
—dijo el alférez Akbar—. Dará su aprobación a que haya permitido que una colona libre ejerza su

derecho a cumplir su contrato y quedarse en la colonia.

Madre pegó la cara a la suya, y Alessandra veía parte de la saliva de madre sobre la boca de Akbar,
su nariz, su barbilla y sus mejillas. Pero él no se echó atrás.
¬óNo ser√° por esto, idiota ¬ódijo¬ó. Ser√° por aquella vez que intentaste violarme en una sala oscura

de la nave.

Durante un momento, Alessandra se preguntó cuándo había sucedido tal cosa y por qué madre no lo
había mencionado en su momento.
Luego lo comprendió: no había sucedido. La intención de madre era simplemente decir que había

pasado. Amenazaba al alférez Akbar con una mentira. Y una cosa era segura: madre mentía muy bien.
Porque se creía sus propias mentiras.
Pero Akbar se limitó a sonreír.
¬óLa dama Dorabella Morgan olvida algo.

¬ó¬ŅEl qu√©?
¬óTodo est√° grabado. ¬óLuego solt√≥ la mu√Īeca de su madre, le dio la vuelta y la empuj√≥ suavemente
rampa arriba.

Alessandra no pudo evitarlo. Soltó una carcajada corta y aguda.
Dorabella se volvió, furibunda. ¡Se parecía tanto a la abuela!
—La abuela —dijo Alessandra en voz alta—. Pensaba que la habíamos dejado atrás, pero mira por

dónde, la trajimos con nosotras.
Era lo más cruel que Alessandra hubiese podido decir, eso estaba claro. Su madre se quedó

conmocionada por el dolor. Pero era la pura verdad y Alessandra no lo hab√≠a dicho para hacer da√Īo
a su madre. Simplemente se le había escapado en cuanto lo había comprendido.
—Adiós, madre —dijo—. Ten muchos bebés con el almirante Morgan. Sé feliz todo el tiempo.

Deseo que lo seas. Lo espero. ¬óLuego permiti√≥ que el alf√©rez Akbar la acompa√Īase rampa abajo.
Ender estaba allí... Se había acercado mientras su madre la distraía y Alessandra no se había dado

cuenta. Después de todo, había venido por ella.
Akbar y ella llegaron a la parte inferior de la rampa; se dio cuenta de que Ender no la pisaba.
¬óAlf√©rez Akbar ¬ódijo Ender¬ó, est√° confundido con respecto al almirante Morgan. √Čl la creer√°,

aunque sólo sea para mantener la paz con su esposa.
¬óMe temo que tiene usted raz√≥n ¬ódijo¬ó. Pero ¬Ņqu√© puedo hacer?
¬óPuede renunciar a su puesto. Tanto por tiempo real como por tiempo relativista, su periodo de

alistamiento ha expirado.
—No puedo renunciar a mitad del viaje —objetó Akbar.
—Pero no está a mitad del viaje —recordó Ender—. Está en un puerto, bajo la autoridad de la

Hegemonía encarnada en mí, el gobernador.
—No lo permitirá —aseguró Akbar.
—Sí que lo permitirá —dijo Ender—. Obedecerá la ley, porque es la misma ley que le da autoridad

absoluta durante el viaje. Si la viola para ir contra usted, entonces podrían violarla para ir contra él.
Lo sabe.
—Y, si no lo sabía —dijo Akbar—, se lo está diciendo ahora mismo.

Sólo entonces comprendió Alessandra que seguían grabando sus palabras.
—Así es —dijo Ender—. Así que no tiene que enfrentarse a las consecuencias de desafiar a la
se√Īora Morgan. Actu√≥ usted con total correcci√≥n. Aqu√≠, en mi ciudad de Miranda, se le tratar√° con el
respeto que merecen los hombres de su integridad. ¬ó

Ender se volvi√≥ y con un gesto de la mano indic√≥ todo el asentamiento¬ó. Es una ciudad peque√Īa.
Pero mire... es mucho mayor que la nave.

Era cierto. Alessandra lo comprendía por primera vez. Aquel lugar era enorme.
Había espacio para alejarse de la gente si no te gustaba. Espacio para tener un lugar propio, para
decir cosas que nadie más podría oír, para pensar tus propias ideas.

He tomado la decisión correcta.
El alférez Akbar bajó del extremo de la rampa. También lo hizo Alessandra. En la rampa, su madre

gritó algo. Pero Alessandra no logró dar sentido al sonido. No podía oír ni una palabra, aunque
seguro que pronunciaba palabras.
No tenía por qué oírlas. No tenía que comprenderlas. Ya no vivía en el mundo de su madre.