15 - Capitulo 15

De: vwiggin%ShakespeareCol@MinCol.gob/viaje
Asunto: Tranquilo, ni√Īo
E: Nada en tu comportamiento con A debería sorprenderte o avergonzarte. Si el deseo
no entorpeciese el cerebro, nunca nadie se casaría, se emborracharía ni engordaría. V
Para cuando Sel y Po llevaban dos semanas de viaje, con casi doscientos kilómetros a sus espaldas, ya habían hablado al menos dos veces de todos los temas concebibles, y caminaban casi siempre en amistoso silencio, excepto cuando las exigencias del viaje los obligaban a comunicarse.
Advertencias breves: ¬ęNo agarres esa planta, no es seguro.¬Ľ Elucubraciones cient√≠ficas:
¬ó ¬Ņ Ser√° venenoso ese animal en forma de rana de llamativos colores?
¬óLo dudo, teniendo en cuenta que es una piedra.
—Oh. Llama tanto la atención que me ha parecido...
¬óHa sido una buena suposici√≥n. Y no eres un ge√≥logo, ¬Ņc√≥mo esperar que reconozcas una piedra?
En general silencio, excepto por su respiración, sus pisadas y los sonidos, olores y vistas del nuevo

mundo que se iba revelando a los primeros humanos que recorrían esa zona. Pero a los doscientos kilómetros fue momento de parar. Habían racionado la comida con mucho cuidado, pero ya había desaparecido la mitad. Levantaron un campamento más permanente junto a
una fuente de agua limpia, escogieron un lugar seguro y cavaron una letrina y plantaron la tienda con las estacas más hundidas y el suelo más blando debajo. Pasarían una semana en ese lugar. Una semana, porque eso era todo lo que esperaban poder vivir con la carne de los dos perros que
sacrificaron esa tarde.
Sel lament√≥ que s√≥lo dos de los animales fuesen lo suficientemente inteligentes para sacar la conclusi√≥n, a partir de la piel y los cuerpos, que sus amos humanos ya no eran compa√Īeros de fiar. A los otros dos tuvieron que alejarlos a pedradas.
A esas alturas, como todos los miembros de la colonia, tanto Sel como Po sabían conservar la comida ahumándola; sólo cocieron un poco de carne fresca y dejaron encendido el fuego para ahumar el resto, colgado de las ramas curvas de un árbol parecido a un helecho... un helecho parecido a un árbol.
En el mapa de sat√©lite que llevaban marcaron un c√≠rculo y cada ma√Īana sal√≠an en una direcci√≥n diferente a ver qu√© encontraban. Recog√≠an en serio muestras y tomaban fotograf√≠as que enviaban a la nave de transporte en √≥rbita para almacenarlas en su enorme ordenador. Las fotos enviadas, los resultados de las pruebas, estaban seguros... no se perder√≠an a pesar de lo que pudiese pasarles a Sel y a Po.
Pero las muestras materiales eran los elementos m√°s importantes con diferencia.
Una vez enviadas a la colonia, podrían ser examinadas cuidadosamente con equipo mucho más avanzado... el que traerían los xenos de la nueva nave de colonización.
Por la noche, Sel permanecía tendido despierto durante horas, pensando en lo que él y Po habían visto, clasificándolo mentalmente, intentando dar sentido a la biología de aquel mundo.
Pero al despertar no pod√≠a recordar haber tenido ninguna gran idea la noche antes, y ciertamente a la luz de la ma√Īana no ten√≠a ninguna. Ning√ļn avance crucial; simplemente., la continuaci√≥n del trabajo que ya hab√≠a realizado.
Debería haber ido al norte, hacia la jungla.
Pero explorar las junglas es mucho más peligroso. Soy un viejo. La selva podría matarme. Esta meseta templada, más fría que la colonia porque está un poco más cerca de los polos y tiene una elevación algo mayor, también es más segura (al menos en verano) para un hombre viejo que necesita campo abierto para caminar sin nada extremamente peligroso que pueda agarrarlo o partirlo en dos.
Al quinto día dieron con un sendero.
No había error posible. No era una carretera, definitivamente; pero aquello no era ninguna sorpresa, los insectores habían construido pocas carreteras. Trazaban senderos, sin querer, como resultado de miles de pies recorriendo la misma ruta.
Esos pies hab√≠an pasado por all√≠, aunque hab√≠a sido cuarenta a√Īos antes. Lo hab√≠an pisoteado tanto tiempo y tan a menudo que, al cabo de tantos a√Īos, a pesar de la vegetaci√≥n, el ojo distingu√≠a claramente el sendero pedregoso del estrecho valle aluvial.
Ya no tenía sentido seguir buscando flora y fauna. Allí los insectores habían encontrado algo de valor y la arqueología se impuso, al menos durante unas horas, a la xenobiología.
El sendero subía hacia las colinas, pero no tardó en desembocar en varias entradas de cueva.
¬óNo son cuevas ¬ódijo Po.
¬ó¬ŅNo?
¬óSon t√ļneles. Son demasiado nuevos y la tierra no se ha asentado a su alrededor como sucede en las

cuevas aut√©nticas. Los cavaron como entradas. Todos de la misma altura, ¬Ņves?
¬óEsa maldita altura tan poco conveniente por la que nos cuesta tanto introducirnos a los humanos.
¬óNo es nuestra misi√≥n, se√Īor ¬ódijo Po¬ó. Hemos encontrado el lugar. Llamemos y que otros

exploren los t√ļneles. Hemos venido a buscar lo vivo, no lo muerto.
—Debo saber qué hacían aquí. Es evidente que no cultivaban... aquí no hay ni rastro de cultivos que

hayan pasado al estado silvestre. No hay huertos. Tampoco montones de restos... éste no era un gran
asentamiento. Y, sin embargo, hab√≠a mucho movimiento, por ese √ļnico sendero.
¬ó¬ŅMiner√≠a? ¬ópregunt√≥ Po.
¬ó¬ŅSe te ocurre alguna otra raz√≥n? En esos t√ļneles hay algo que los insectores consideraban lo

suficientemente valioso como para molestarse en extraerlo. En grandes cantidades. Durante mucho
tiempo.
¬óNo en cantidades tan grandes ¬ódijo Po.

¬ó¬ŅNo?¬ódijo Sel. ¬óComo para fabricar acero en la Tierra. A pesar de que el prop√≥sito era fundir hierro para fabricar acero y que extra√≠an carb√≥n exclusivamente para alimentar fundiciones y acer√≠as, no llevaban el carb√≥n al lugar donde estaba el hierro, llevaban el hierro a donde estaba el carb√≥n... Porque para fabricar acero hac√≠a falta mucho m√°s carb√≥n que hierro.
—Debiste sacar muy buenas notas en geografía.
—Mis padres y yo nacimos aquí, pero soy humano. La Tierra sigue siendo mi hogar.
¬óEntonces, dices que lo que sea que sacasen de estos t√ļneles no fue en cantidades tan grandes como

para que valiese la pena construir una ciudad en este lugar.
—Situaban sus ciudades donde había comida o combustible. Lo que sacaban de aquí era en

cantidades tan peque√Īas como para que les resultase m√°s econ√≥mico llevarlo a sus ciudades en lugar
de construir aquí una ciudad para procesarlo.
¬óPuede que crezcas para convertirte en alguien.
¬óYa he crecido, se√Īor ¬órepuso Po¬ó. Y ya soy alguien. Simplemente no lo suficiente para que una

chica se case conmigo.
¬ó¬ŅY conocer los principios de la historia econ√≥mica de la Tierra atraer√° a una compa√Īera?
¬óTan seguro como las astas de ese conejo-sapo, se√Īor.
¬óCuernos ¬ódijo Sel.
¬óBien, ¬Ņentramos?
Sel encaj√≥ una de las peque√Īas l√°mparas de aceite en la parte superior ancha de su bast√≥n.
—Y yo que creía que la parte superior de ese bastón era decorativa.
—Hasta ahora lo era —dijo Sel—. También fue la forma en que el árbol creció del suelo.
Sel enrolló la manta y metió la mitad de la comida restante en su mochila, con el equipo de análisis.
¬ó¬ŅPlaneas pasar la noche ah√≠ abajo?
¬ó¬ŅY si damos con algo maravilloso y tenemos que volver a salir de los t√ļneles antes de tener

ocasión de explorar?
Obediente, Po lo guardó todo.
¬óCreo que all√° abajo no necesitaremos la tienda.
—Dudo que llueva mucho —se mostró de acuerdo Sel.
¬óPor otra parte, en las cuevas gotea.
¬óEscogeremos un lugar seco.
¬ó¬ŅQu√© puede vivir ah√≠ dentro? No es una cueva natural. No creo que encontremos peces.
¬óHay aves y otras criaturas a las que les gusta la oscuridad. O que consideran que estar a cubierto

es m√°s seguro y m√°s caliente. Y quiz√°s haya especies de cordados, insectos, gusanos u hongos que
todavía no hemos visto.
En la entrada, Po suspiró.

¬óSi al menos los t√ļneles fuesen m√°s altos.
—No es culpa mía que hayas crecido tanto. —Sel encendió la lámpara, alimentada con el aceite de
un fruto que Sel hab√≠a encontrado. Lo llamaba ¬ęoliva¬Ľ por el fruto aceitoso de la Tierra, aunque no se
parecían en nada más. Ciertamente no se parecían en sabor ni en valor nutritivo.

Los colonos lo cultivaban en huertos, tres cosechas al a√Īo que aplastaban y filtraban. Exceptuando el

aceite, la fruta no valía para nada más que como fertilizante. Estaba bien tener un combustible que ardiese limpiamente para iluminarse, en lugar de tender cables eléctricos entre todos los edificios, sobre todo en los asentamientos más alejados. Era uno de los descubrimientos favoritos de Sel...
sobre todo porque no hab√≠a ninguna indicaci√≥n de que los insectores hubiesen descubierto su utilidad. Claro estaba, los insectores se sent√≠an muy a gusto en la oscuridad. Sel se los imaginaba desliz√°ndose por aquellos t√ļneles, encantados de usar el olor y el o√≠do para guiarse.
Los humanos hab√≠an evolucionado a partir de criaturas que se refugiaban en √°rboles, no en cuevas, pens√≥ Sel, y aunque en el pasado los humanos hab√≠an hecho buen uso de las cuevas, siempre les resultaban sospechosas. Los lugares profundos y oscuros resultaban simult√°neamente atractivos y aterradores. No hab√≠a ninguna posibilidad de que los insectores hubiesen permitido la existencia de cualquier gran depredador en aquel planeta, sobre todo en las cuevas, ya que los insectores eran fabricantes de t√ļneles y ocupantes de cuevas.
Si al menos la guerra no hubiese destruido el mundo natal de los insectores. ¡Lo que hubiesen podido descubrir siguiendo una evolución alienígena que llevó hasta la inteligencia!
Aunque claro, si Ender Wiggin no lo hubiese volado por los aires, habríamos perdido la guerra. Entonces ni siquiera habríamos podido estudiareste mundo. Aquí la evolución no alcanzó la inteligencia... o, si lo hizo, los insectores la exterminaron junto con cualquier rastro que hubiesen podido dejar los nativos inteligentes.
Sel se agach√≥ y anduvo en cuclillas por el t√ļnel. Pero resultaba dif√≠cil avanzar de esa forma... su espalda era demasiado vieja. Ni siquiera pod√≠a apoyarse en el bast√≥n, porque era demasiado largo, y ten√≠a que arrastrarlo, manteni√©ndolo tan vertical como pod√≠a para que no se escapase el aceite del dep√≥sito de la parte superior.
Al cabo de un rato le fue imposible continuar en esa posición. Sel se sentó, y también lo hizo Po.
—Así no nos vale —dijo Sel.
¬óMe duele la espalda ¬ódijo Po.
—Nos vendría bien un poco de dinamita.
¬óComo si t√ļ fueses capaz de usarla ¬ódijo Po.
—No he dicho que sea una posición moralmente defendible —dijo Sel—.
Simplemente, nos convendr√≠a. ¬óSel le pas√≥ el bast√≥n con la l√°mpara a Po¬ó. T√ļ eres joven. Te recuperar√°s de esta experiencia. Yo debo probar otra posici√≥n.
Intentó reptar, pero de inmediato lo dejó. Las rodillas le dolían demasiado si las apoyaba directamente en el suelo rocoso. Al final se decidió por sentarse y adelantar
los brazos apoyando en ellos el peso y arrastrando piernas y caderas. Se avanzaba despacio.
Po también intentó arrastrarse y desistió enseguida. Pero como sostenía el bastón con la luz, se vio
obligado a volver a caminar doblado, en cuclillas.

¬óVoy a acabar tullido ¬ódijo Po.
—Al menos no tendré que oír a tu padre y tu madre quejarse de lo que te hice, porque yo no espero
salir vivo de aquí.

Y luego, de pronto, la luz disminuyó. Por un momento Sel ereyó que se había apagado, pero Po se
hab√≠a puesto en pie y hab√≠a colocado vertical el bast√≥n, de forma que el t√ļnel por el que avanzaba
Sel ahora estaba a oscuras.

No importaba. Sel veía la cámara que tenía delante. Era una cueva natural, con estalactitas y

estalagmitas formando columnas que sostenían el techo.
Pero no eran las columnas rectas que se formaban normalmente cuando el agua cargada de cal
goteaba directamente hacia abajo, dejando atrás un sedimento. Esas columnas se retorcían
caprichosamente. En realidad, estaban enroscadas.

—No son depósitos naturales —dijo Po.
¬óNo. Las fabricaron. Aunque el retorcimiento tampoco parece dise√Īado.
¬ó¬ŅAzar fractal? ¬ópregunt√≥ Po.
—No lo creo —dijo Sel—. Azar, sí, pero auténtico, no fractal. No es matemático.
¬óComo cacas de perro ¬ódijo Po.
Sel se quedó mirando las columnas. Efectivamente seguían el patrón en espiral de una larga caca de

perro a medida que se iba depositando desde arriba. Sólidas pero flexibles. Extrusiones desde
arriba, sólo que todavía conectadas al techo.

Sel alzó la vista. Luego cogió el bastón de las manos de Po y lo levantó.
La cámara parecía extenderse infinitamente, sostenida por los retorcidos pilares de piedra. Arcos
como de un templo antiguo, pero medio fundidos.

¬óEs roca compuesta ¬ódijo Po.

Sel bajó la vista para mirar al chico y le vio con un microscopio autoiluminado examinando la piedra
de la columna.
—Parece tener la misma composición mineral que el suelo —dijo Po—, pero granulosa. Como si lo

hubiesen desmenuzado y luego lo hubiesen vuelto a encolar.
¬óPero no es cola ¬ódijo Sel¬ó. ¬ŅCemento?

—Creo que sí que es cola —dijo Po—. Creo que es orgánico.

Como ya podían caminar erguidos, avanzaron por la cueva. A Po se le ocurrió marcar el camino
cortando trocitos de manta y dej√°ndolos en el suelo. Miraba atr√°s
de vez en cuando para asegurarse de que seguían una línea recta. Sel también miraba atrás y

comprendía que, de no haberla marcado, habría sido imposible dar con la salida.
—Bien, cuéntame cómo lo hicieron —dijo Sel—. No hay marcas de herramientas en el techo ni en el
suelo. Estas columnas, fabricadas con piedra desmenuzada y cola... Una especie de pasta, pero lo

suficientemente fuerte para sostener el techo de una c√°mara de este tama√Īo. Sin embargo, no se ve
equipo para desmenuzar, ni cubos para llevar la cola.
¬óGusanos gigantes comedores de roca ¬ódijo Po.
¬óEso mismo pensaba ¬ódijo Sel.
Po rió.
¬óBromeaba.
¬óYo no ¬ódijo Sel.
¬ó¬ŅC√≥mo iba a comer roca un gusano?
—Con dientes muy afilados que vuelven a crecer con rapidez. Va abriéndose camino desmenuzando.

La gravilla fina se adhiere con alg√ļn tipo de mucosidad como pegamento y extrudan estas columnas,

que luego se unen al techo.
¬ó¬ŅC√≥mo podr√≠a evolucionar una criatura as√≠? ¬ódijo Po.¬ó. Las rocas no son nutritivas. Y har√≠a falta
mucha energía para hacer algo así. Eso sin mencionar el material para los dientes.

¬óQuiz√° no evolucionasen ¬ódijo Sel¬ó. Mira... ¬Ņqu√© es eso?
Delante había algo que reflejaba la luz de la lámpara.
Al acercarse también vieron reflejos en puntos de las columnas. Incluso en el techo.
Pero no había nada tan brillante como lo que había en el suelo.
¬ó¬ŅUn cubo de cola? ¬ópregunt√≥ Po.
¬óNo ¬ódijo Sel¬ó. Es un bicho gigantesco. Un escarabajo. Una hormiga, algo como... mira esto, Po.
Ya estaban lo suficientemente cerca para comprobar que tenía seis patas, aunque las de en medio

parec√≠an m√°s bien dise√Īadas para aferrarse que para caminar o manipular. Las delanteras eran para agarrar y romper. Las traseras, para excavar y correr.
¬ó¬ŅQu√© opinas? ¬ŅB√≠pedo? ¬ópregunt√≥ Sel.
¬óDe seis patas o cuadr√ļpedo, y b√≠pedo en caso necesario. ¬óPo lo toc√≥ con el pie.
No hubo respuesta. Estaba muerto. Se inclinó y flexionó, y rotó las patas traseras.
Luego las delanteras.
¬óTrepar, reptar, caminar, correr, todo igualmente bien, me parece.
—No es un camino evolutivo muy probable —dijo Sel—. La anatomía tiende a decidirse por una

característica u otra.
—Como has dicho, no evolucionó, fue criado.
¬ó¬ŅPara qu√©?
—Para la minería —dijo Po. Le dio la vuelta al bicho. Era muy pesado y le hicieron falta varios

intentos. Pero ya podían ver mucho mejor lo que había reflejado la luz. El caparazón era una lámina sólida de oro. Era tan liso como el de un escarabajo, pero tan grueso que la cosa debía pesar al menos diez kilos.
Medía veinticinco, quizá treinta centímetros de longitud, y era grueso y achaparrado con todo el
exoesqueleto ligeramente recubierto de oro y la parte posterior muy reforzada de oro.
¬ó¬ŅCrees que extra√≠an oro? ¬ópregunt√≥ Po.
¬óNo con esa boca ¬ódijo Sel¬ó. No con esas manos.
—Pero de alguna forma el oro llegaba a su interior? Para depositarse en el caparazón.

—Creo que tienes razón—dijo Sel—. Pero este ejemplar es adulto. La cosecha.
Creo que los insectores sacaban estas cosas de la mina y se las llevaban para purificarlas. Para
quemar la parte org√°nica y dejar el metal puro.

—Así que ingerían el oro siendo larvas...
—Hacían un capullo...
—Y al salir, tenían el cuerpo recubierto de oro.
—Y ahí está —dijo Sel, levantando otra vez la lámpara. Sólo que esta vez se acercó a las columnas,

donde vieron que los reflejos eran de los cuerpos a medio formar de las criaturas, con la parte
posterior encajadas en los pilares, la cabeza y el vientre relucientes por una delgada capa de oro.
¬óLas columnas son los capullos ¬ódijo Po.

—Minería orgánica —dijo Sel—. Los insectores criaron estas cosas específicamente para extraer

oro.
¬óPero ¬Ņpara qu√©? Los insectores no usaban dinero. Para ellos el oro no ser√≠a m√°s que un metal
blando.

¬óUn metal √ļtil. ¬ŅQui√©n dice que no ten√≠an bichos como √©stos para extraer hierro, platino, aluminio,
cobre o lo que fuera?

—Así que para la minería no necesitaban herramientas.
—No, Po... esto son las herramientas. Y las refinerías. —Sel se arrodilló—. Veamos si podemos
obtener una muestra de ADN.

¬ó¬ŅCuando llevan muertos tanto tiempo?

—No son nativos de este planeta. Los insectores los trajeron. Así que son nativos del mundo natal de

los insectores o los criaron a partir de criaturas oriundas de su mundo.

—No necesariamente —dijo Po— u otras colonias ya los habrían encontrado.

¬óNosotros hemos tardado cuarenta a√Īos, ¬Ņno?

¬ó¬ŅY si son h√≠bridos? ¬ópregunt√≥ Po¬ó. ¬ŅY si s√≥lo existen en este mundo?

Sel ya estaba tomando muestras de ADN y era más fácil de lo que creía.

¬óPo, esto no lleva muerto cuarenta a√Īos.

Luego, bajo su mano, el bicho se estremeció.

—Ni veinte minutos —dijo Sel—. Todavía tiene reflejos. No está muerto.

¬óEntonces se muere ¬ódijo Po¬ó. No tiene fuerzas.

¬óApuesto a que se muere de hambre ¬ódijo Sel¬ó. Quiz√° justo acabase de terminar la metamorfosis,

intentase llegar a la entrada del t√ļnel y se parase aqu√≠ a morir.
Po aceptó las muestras y las guardó en la mochila de Sel.
¬óBien, ¬Ņestos bichos dorados siguen vivos cuarenta a√Īos despu√©s de que los insectores hayan

dejado de traerles comida? ¬ŅCu√°nto dura esa metamorfosis?
¬óNo dura cuarenta a√Īos ¬ódijo Sel. Se puso en pie para volver a inclinarse y examinar el bicho de
oro—. Creo que los bichos incrustados en las columnas son jóvenes. —Se irguió y se adentró en la
cueva.

Había muchos más bichos dorados, muchos de ellos tendidos en el suelo... Pero a diferencia del

primero que habían encontrado, muchos estaban destrozados, vacíos.
Sólo quedaba de ellos la concha dorada de sus lomos, con las patas desechadas, como si hubiesen
sido...

¬óEscupidas ¬ódijo Sel¬ó. Se los han comido.

¬ó¬ŅQui√©nes?

—Las larvas —dijo Sel—. Canibalizando a los adultos porque aquí no hay nada que comer. Cada

generaci√≥n es m√°s peque√Īa... ¬ŅVes lo grande que es √©ste? Cada uno es m√°s peque√Īo porque s√≥lo
comen los cuerpos de los adultos.
—Y van abriéndose camino hasta la puerta —dijo Po—. Para salir a donde están los nutrientes.

¬óCuando los insectores dejaron de venir...
—Sus cascarones son demasiado pesados para avanzar mucho —dijo Po—. Así que avanzan todo lo
que pueden, luego las larvas se alimentan del cad√°ver del

adulto y avanzan todo lo posible hacia la luz de la entrada, forman el capullo y surge la siguiente
generaci√≥n, m√°s peque√Īa que la anterior.

Se encontraban entre cascarones mucho mayores.
¬óAqu√≠ tienen m√°s de un metro de largo ¬ódijo Sel¬ó. Son m√°s peque√Īos a medida que nos
acercamos a la entrada.

Po se detuvo, se√Īalando la l√°mpara.

¬ó¬ŅSe dirigen hacia la luz?

¬óQuiz√° podamos ver uno.

¬óLarvas que devoran roca y la desmenuzan dejando columnas de piedra como excremento...

¬óNo he dicho que quiera verlas de cerca.

¬óPero quieres.

—Bueno, sí.

Los dos miraban a su alrededor, entrecerrando los p√°rpados para intentar apreciar movimiento en

alg√ļn lugar de la cueva.
¬ó¬ŅY si hay algo que les gusta m√°s que la luz? ¬ópregunt√≥ Po.

¬ó¬ŅComida blanda? ¬ópregunt√≥ Sel¬ó. No creas que no lo he pensado. Los insectores les tra√≠an comida. Quiz√°s ahora lo hayamos hecho nosotros.
En ese momento, Po se elev√≥ s√ļbitamente en el aire.
Sel alzó el bastón. Justo encima de él, una enorme larva como una babosa se aferraba al techo. En la
boca retenía la mochila de Po.

—¡Suéltate y baja! —gritó Sel.
¬ó¬°Las muestras!
¬ó¬°Siempre podemos tomar m√°s muestras! ¬°No quiero tener que sacar trocitos tuyos de esos pilares!
Po abrió las correas y cayó al suelo.
La mochila desapareció en las fauces de la larva. Oyeron el metal chirriando y quebrándose cuando

los dientes de la larva intentaron despedazar los instrumentos met√°licos. No se quedaron a mirar. Fueron hacia la entrada. Una vez pasado el cuerpo del primer bicho de oro, buscaron los trozos de manta que formaban el camino.
¬óToma mi mochila ¬ódijo Sel, quit√°ndosela mientras caminaba¬ó. Contiene la radio y las muestras
de ADN... ve a la entrada y pide ayuda.
—No voy a abandonarte —dijo Po. Pero obedecía.
¬óT√ļ eres el √ļnico que puede llegar a la entrada m√°s r√°pido de lo que puede arrastrarse esa cosa.
—No hemos visto con qué rapidez se puede mover.
—Sí que lo hemos visto —dijo Sel. Durante un momento caminó de espaldas, levantando la lámpara.
La larva se encontraba a unos treinta metros y se acercaba m√°s r√°pido de lo que ellos caminaban.

¬ó¬ŅSigue la luz o el calor de nuestros cuerpos? ¬ópregunt√≥ Po al volverse de nuevo y correr.
¬ó¬ŅO el di√≥xido de carbono de nuestro aliento? ¬ŅO las vibraciones de nuestras pisadas? ¬ŅO el latido
de nuestros corazones? —Sel le ofreció el bastón—. Tómalo y corre.

¬ó¬ŅQu√© vas a hacer? ¬ódijo Po, sin aceptar el bast√≥n.
¬óSi est√° siguiendo la luz, puedes mantenerte por delante corriendo.
¬ó¬ŅY si no?
¬óEntonces puedes salir y pedir ayuda.
¬óMientras a ti te almuerza.

¬óSoy correoso y cartilaginoso.
¬óEsa cosa come piedra.
—Toma la luz —dijo Sel— y sal de aquí.
Po vaciló un momento más y luego la cogió. Sel se sintió aliviado al comprobar que el chico

mantenía su promesa de obedecer.
Eso, o Po estaba convencido de que la larva seguiría la luz.
Fue la suposición correcta... Cuando aminoró el paso, Sel observó la aproximación de la larva y

comprobó que no iba directamente hacia él, sino que más bien se apartaba siguiendo a Po. Y, cuando

Po echó a correr, la larva aceleró.
Dejó a Sel atrás. Tenía más de medio metro de grosor. Se movía como una serpiente, con un
movimiento sinuoso, agitándose sobre el suelo, con la forma exacta de las columnas, sólo que en
horizontal y, claro, moviéndose.

Alcanzar√≠a a Po mientras intentaba recorrer el t√ļnel.
—¡Deja la luz! —gritó Sel—. ¡Déjala!
Al cabo de un momento, Sel vio la luz apoyada contra la pared de la cueva, junto a la boca del t√ļnel

que llevaba al mundo exterior. Po ya deb√≠a de estar en el t√ļnel.

La larva hab√≠a ignorado la luz y se hab√≠a metido en el t√ļnel detr√°s de Po. El bicho no ten√≠a que
avanzar agachándose ni doblada. Alcanzaría a Po fácilmente.
¬óNo. ¬°No, para! ¬ógrit√≥ Sel. Luego pens√≥: ¬ŅY si me oye Po?¬ó. ¬°Sigue, Po! ¬°Corre!
Y luego, sin pronunciar palabra, Sel gritó mentalmente: ¡Para y vuelve aquí!
¬°Regresa a la cueva! ¬°Vuelve con tus hijos!
Sel sabía que era una locura, pero era todo lo que se le ocurría. Los insectores se comunicaban mente

a mente. Esos bichos también eran una enorme forma de vida insectoide del mundo natal insector. Quizá pudiese hablarle de la misma forma que las reinas colmena hablaban a los obreros y soldados insectores.
¬ŅHablar? Vaya imbecilidad. No ten√≠an lenguaje. No pod√≠an hablar. Sel se detuvo y form√≥ en su mente la imagen definida de un bicho dorado tendido en el suelo de la cueva. S√≥lo que las patas se agitaban. Y mientras lo imaginaba, Sel intent√≥ sentir hambre, o al menos recordar c√≥mo era sentir hambre. O encontrar hambre en su interior... despu√©s de todo, llevaba varias horas sin comer.
Luego imaginó la larva acercándose al cuero. Dándole la vuelta.
La larva sali√≥ del t√ļnel. No se o√≠an gritos de Po... no le hab√≠a atrapado. Quiz√° se hab√≠a acercado tanto al sol que la larva, cegada, no hab√≠a podido seguir. O quiz√°s hab√≠a reaccionado a las im√°genes y sensaciones de la mente de Sel. En cualquier caso, Po estaba a salvo en el exterior.
Evidentemente, era posible que la larva, simplemente, hubiera decidido no molestarse en perseguir la presa que corría y regresar por la que estaba completamente inmóvil, pegada a una columna.