14 - Capitulo 14

De: GobDes%ShakespeareCol@MinCol.gob/viaje
Asunto: Al acercarnos
Estimado doctor Menach:
He admirado (y agradecido) su trabajo mientras lo estudiaba durante el viaje. Vitaly Kolmogorov hablaba de usted con más que admiración (asombro y profunda amistad son expresiones inadecuadas), y aunque yo no le conozco como le conocía él, he visto sus logros. El hecho de que miles de nuevos colonos lleguemos para encontrar la colonia Shakespeare en marcha, en lugar de llegar para rescatar una colonia fracasada, se debe a todos los colonos, por supuesto, pero sin sus soluciones para las enfermedades e incompatibilidades proteínicas, es muy probable que hubiésemos llegado para no encontrar a nadie.
Vitaly me cont√≥ su renuencia a considerar la aceptaci√≥n del puesto de gobernador, pero compruebo que lo ha hecho, y que lleva casi cinco a√Īos gobernando efectivamente. Gracias por comprometer un poco sus principios y aceptar un trabajo pol√≠tico. Puedo asegurarle que yomismo me mostr√© casi igual de renuente a aceptar el trabajo; en mi caso, no ten√≠a ning√ļn otro lugar al que ir.
Como gobernador soy joven y carezco de experiencia, aunque al igual que usted he sido soldado. Espero encontrarle ah√≠ al llegar, para poder aprender de usted y contar con su ayuda para integrar a cuatro mil ¬ęnuevos colonos¬Ľ y mil ¬ęantiguos colonos¬Ľ de forma que, dentro de un tiempo razonable, sean todos simplemente... ciudadanos de Shakespeare.
Me llamo Andrew Wiggin, pero sol√≠an llamarme por mi mote de la infancia, Ender. Como fue usted piloto durante la batalla en el sistema en el que es ahora colono, es muy posible que oyese mi voz; seguro que oy√≥ la de al menos uno de mis compa√Īeros de mando. Lloro por los pilotos perdidos en esa batalla; puede que no supi√©semos que nuestros errores costar√≠an vidas reales, pero eso no nos exime de la responsabilidad. Comprendo que para usted han pasado m√°s de cuarenta a√Īos; para m√≠, esa batalla tuvo lugar hace s√≥lo tres, y siempre la tengo presente. Estoy a punto de conocer a los soldados que lucharon en ella y que recuerdan a quienes perdieron la vida por culpa de mis errores.
Ans√≠o conocer a los hijos y nietos descendientes de sus compatriotas. Ellos, por supuesto, no recuerdan batallas que deben parecerles historia antigua. No tendr√°n ni idea de qui√©n soy yo ni de por qu√© se los insulta haciendo que un chico de quince a√Īos sea su gobernador.
Por suerte, cuento con el experimentado almirante Quincy Morgan, quien amablemente se ha ofrecido a ejercer su liderazgo sobre la colonia así como sobre la nave durante todo el tiempo que esté aquí. Vitaly y yo comentamos la naturaleza del liderazgo y el mando, y acabamos considerando a Quincy Morgan como un hombre de paz y autoridad; usted sabrá mejor que yo lo que eso significa para la colonia.
Lamento las cargas que le impondr√° nuestra llegada y le doy las gracias de antemano.
Sinceramente,
Andrew
Para: GobDes%ShakespeareCol@MinCol.gob/viaje
De: smenach%ShakespeareCol@MinCol.gob
Asunto: Mal momento
Estimado Ender:
Gracias por tu considerada misiva. Comprendo perfectamente a qu√© te refieres con eso de que el almirante Morgan sea un hombre de paz y autoridad, y me gustar√≠a estar equipado para darle el recibimiento adecuado. Pero nuestros √ļnicos soldados son tan viejos como yo; nuestros j√≥venes no han tenido ninguna raz√≥n para aprender disciplina militar o habilidades de ning√ļn tipo. Me temo que para ti nuestros intentos de maniobra te avergonzar√≠an. Las ceremonias que se puedan celebrar a tu llegada deben ser planeadas por tu parte. Habiendo visto TU trabajo, observ√°ndolo al menos tan de cerca como t√ļ has seguido el m√≠o, conf√≠o completamente en que lo ejecutar√°s todo con perfecto aplomo.
Desde la muerte de Vitaly no hab√≠a tenido ocasi√≥n de emplear la palabra ¬ęaplomo¬Ľ. Quiz√°, dado que ser√°s nuestro gobernador (para mi gran alivio), he usado contigo el estilo de discurso que siempre emple√© con √©l.
Es una lástima que tu llegada coincida con un viaje urgente ya planificado desde hace tiempo que debo realizar. Ya no soy el xenobiólogo ¡efe, pero mis deberes en esa área no se han esfumado. Ahora que llegas, puedo al menos realizar ese viaje a la amplia extensión de terreno del sur, que está casi totalmente inexplorada. Nos asentamos en un clima semitropical para no morir congelados si no podíamos encontrar a nuestra llegada combustible adecuado o refugio.
Ahora traéis vegetación terrestre que necesita climas más fríos para prosperar, y debo comprobar si hay entornos apropiados. También me hace falta comprobar si hay frutas, verduras y hierbas autóctonas que podamos usar ahora que traéis medios de transporte que harán que sea práctico cultivar en un clima y consumir lo cosechado en otro.
Por razones que te resultarán evidentes, también creo que tener rondando por ahí a un viejo no será tan conveniente como imaginas. Cuando dos hombres que han tenido el título de
¬ęgobernador¬Ľ est√°n ¬°untos, la gente recurre al que mejor conoce. Y la nueva gente, puesto que ha estado en estasis, probablemente siga el ejemplo de la vieja. Mi ausencia ser√° tu mejor baza.
Ix Tolo, el xenobiólogo jefe, puede ponerte al día acerca de los proyectos en marcha.
Estoy seguro de que comprender√°s que este viaje no implica ning√ļn deseo por mi parte de no ayudarte o de no verte. Si creyese que mi presencia iba a ser mejor para la colonia que mi ausencia, ser√≠a un gran placer para m√≠ estrechar la mano al comandante que n os llev√≥ a lavictoria. Entre los viejos de la colonia encontrar√°s todav√≠a a muchos a los que intimidas. Por favor, ten paciencia con ellos si al principio les cuesta hablar.
Sinceramente,
SEL
Sel se puso tranquilamente a preparar la expedición al sur. Iría a pie... la expedición original no había traído bestias de carga y no iba a privar a la colonia de uno de sus medios de transporte. Y aunque muchos de los nuevos híbridos comestibles se habían extendido por grandes zonas, tenía intención de ir más allá del clima óptimo, lo que significaba que tendría que llevar comida. Por suerte, no comía mucho, y se llevaría con él a seis de los nuevos perros, que había modificado genéticamente para metabolizar las proteínas locales. Los perros cazarían, y luego él sacrificaría dos de ellos... y soltaría a los otros cuatro, dos parejas en edad reproductiva que podrían vivir de lo que encontraran.
Nuevos depredadores liberados en estado salvaje... Sel sabía lo peligroso que podía ser para la ecología local. Pero los perros no podían comertodas las especies nativas y no serían un inconveniente para la vegetación. Para los exploradores y colonizadores futuros sería importante encontrar criaturas comestibles y domesticables en estado salvaje.
No estamos aquí para conservar la ecología local como si fuese un museo. Hemos venido a colonizar, a crearnos un mundo.
Que era precisamente lo que los insectores habían empezado a hacer en la Tierra.
Sólo que lo habían hecho con un método más drástico... quemarlo todo para luego plantar vegetación del mundo natal insector.
Sin embargo, por alguna razón no lo habían hecho allí. No había encontrado ninguna de las especies que los insectores habían plantado en la Tierra durante la Masacre de China, casi un siglo antes. Aquélla era una de las colonias insectoras más antiguas, y su flora y fauna parecían demasiado distantes, genéticamente, como para compartir antepasados comunes con las variedades insectoras. Seguramente lo
habían ocupado antes de desarrollar la estrategia de formificación que habían empezado a usar en la
Tierra.

En todos aquellos a√Īos, hasta entonces, Sel se hab√≠a dedicado por entero a la investigaci√≥n gen√©tica necesaria para que la colonia fuese viable, y, durante los √ļltimos cinco, a gobernarla. Ahora pod√≠a salir a territorio inexplorado y aprender lo que pudiese.
No podía recorrer grandes distancias (suponía que su límite estaría en unos pocos cientos de kilómetros) porque no hubiese estado bien que se alejara tanto como para no poder volver y comunicar sus descubrimientos.
Ix Tolo le ayudó a guardar las cosas, quejándose sobre esto y aquello... como era habitual en él. No llevas suficiente equipo, llevas demasiado, no bastante comida, demasiada agua, por qué esto, por qué no aquello... Su atención constante a los detalles era lo que le hacía tan eficiente en su trabajo y Sel lo soportaba con buen humor.
Y, por supuesto, Ix tenía planes propios.
¬óPuedes deshacer esa otra bolsa¬óle dijo Sel¬ó, porque no vienes conmigo.
¬ó¬ŅOtra bolsa?
¬óNo soy tonto. La mitad del equipo que he decidido no llevar t√ļ lo has guardado en otra bolsa, con

m√°s comida y un saco de dormir adicional.

¬óJam√°s he pensado que seas tonto. Pero yo no soy tan est√ļpido como para poner en peligro a la
colonia enviando a sus dos principales xenobiólogos en el mismo viaje.
¬óBien, ¬Ņentonces para qui√©n es la bolsa?
¬óPara mi hijo Po.
¬óSiempre me ha incordiado que le pusieras el nombre de un poeta chino demencialmente rom√°ntico.

¬ŅPor qu√© no de un personaje de la historia maya?

¬óTodos los personajes del Popol Vuh llevan n√ļmeros en lugar de nombre. Es un chico pr√°ctico.
Fuerte. Si hace falta, él te cargará de vuelta a casa.
¬óNo soy tan viejo y no estoy tan arrugado.
¬ó√Čl podr√≠a hacerlo ¬ódijo Ix¬ó. Pero s√≥lo si est√°s vivo. En caso contrario, observar√° y registrar√° el

proceso de descomposición y luego tomará muestras de los microbios y gusanos que logren
alimentarse de tu viejo cad√°ver terrestre.
—Me alegra comprobar que sigues pensando como un científico y no como un tonto sentimental.
¬óPo es buena compa√Ī√≠a.

¬óY me permitir√° cargar suficiente equipo como para que el viaje sea √ļtil. Mientras t√ļ te quedas aqu√≠

y juegas con lo nuevo que llegue en la nave de colonización.
—Y entreno a los xenobiólogos que han enviado —dijo Ix—. Sin duda le has dicho a Wiggin que le
ayudaré. No va a pasar. Tendré trabajo de sobra con lo mío sin cuidar del nuevo gobernador.

Sel hizo caso omiso de la queja. Sabía que Ix ayudaría a Wiggin en todo lo que necesitase.
¬ó¬ŅY a la madre de Po le parece bien que se vaya conmigo?
—No —dijo Ix—. Pero sabe que no volvería a hablarle si se lo prohibiese. Así que tenemos su

bendición. Más o menos.
¬óEntonces saldremos a primera hora de la ma√Īana.
—A menos que el nuevo gobernador lo prohíba.
—No tiene autoridad hasta que no ponga el pie en el planeta. Todavía ni siquiera está en órbita.
¬ó¬ŅNo has mirado el manifiesto? Tienen cuatro deslizadores.
—Si nos hace falta, lo pediremos por radio. En caso contrario, no les cuentes dónde hemos ido.
¬óEs una suerte que los insectores eliminasen a todos los grandes depredadores de este planeta.
¬óNing√ļn depredador en su sano juicio se comer√≠a un viejo mont√≥n de cart√≠lagos como yo.
¬óPensaba en mi hijo.
¬ó√Čl tampoco querr√° comerme, aunque nos quedemos sin comida.
Esa noche, Sel se acostó temprano y, luego, como era habitual, Se levantó a orinar después de haber

dormido unas horas. Se dio cuenta de que el ansible parpadeaba.
Mensajes.
No es problema mío.
Bien, no era cierto, ¬Ņverdad? Si Wiggin no ten√≠a autoridad hasta no haber puesto un pie en el planeta,

entonces Sel seguía siendo el gobernador en funciones. Así que tenía que recibir cualquier mensaje
de la Tierra.

Se sentó e indicó que estaba listo.
Había dos mensajes grabados. Reprodujo el primero. Era el rostro del ministro de Colonización,
Graff, y el mensaje era breve:

—Sé que planea huir de ahí antes de que llegue Wiggin. Antes de hacerlo hable con Wiggin. No

intentará impedírselo, así que tranquilícese.
Eso era todo.
El otro mensaje era de Wiggin. Aparentaba su edad, pero empezaba a ser tan alto como un adulto. En la colonia, se esperaba que los adolescentes de su altura realizaran tareas de hombre, y tenían voto en las reuniones. Por tanto, quizá su posición no fuese tan incómoda como se temía Sel.
¬óPor favor, p√≥ngase en contacto conmigo v√≠a ansible en cuanto reciba este mensaje ¬ódijo Ender¬ó. Estamos a distancia de radio, pero no quiero que nadie pueda interceptar la se√Īal.
Sel consider√≥ la idea de pasar el mensaje a Ix para que lo respondiese √©l, pero decidi√≥ que no. No ten√≠a sentido ocultarse de Wiggin, ¬Ņno? S√≥lo era preciso dejarle el campo libre.
Así que indicó su intención de establecer una conexión. Sólo hicieron falta unos minutos para que apareciese Wiggin. Ahora que la nave de colonización no viajaba a velocidad relativista, no había desfase temporal, y por tanto el ansible transmitía instantáneamente. Ni siquiera se notaba el retraso de la radio.
—Gobernador Menach —dijo Ender Wiggin. Sonrió.
¬óSe√Īor ¬órespondi√≥ Sel. Intent√≥ devolverle la sonrisa, pero hablaba con Ender Wiggin.
¬óCuando tuvimos noticia de que se iba, mi primera idea fue rogarle que se quedase.
Sel hizo caso omiso.
¬óMe he alegrado de ver en el manifiesto todo tipo de bestias de carga, adem√°s de animales productores de leche, lana, huevos y carne. ¬ŅSon naturales de la Tierra o han sido modificados gen√©ticamente para consumir la vegetaci√≥n local?
—Cuando partimos sus métodos eran muy prometedores, pero no quedaron demostrados hasta que ya estábamos de camino. Por tanto, todos los animales y plantas que hemos traído son naturales de la Tierra. Todos están en estasis, y durante un tiempo podrán permanecer en ese estado en la superficie, incluso cuando la nave se haya marchado. Por tanto, habrá tiempo para modificar la siguiente generación.
¬óIx Tolo est√° ocupado con sus propios proyectos, pero creo que podr√° ense√Īar las t√©cnicas a los nuevos xenos.
¬óEn su ausencia, Ix Tolo seguir√° siendo el xenobi√≥logo jefe ¬ódijo Wiggin¬ó. He visto su trabajo de las √ļltimas semanas... a√Īos para ustedes. Le ense√Ī√≥ usted muy bien, y los xenos de esta nave tienen la intenci√≥n de aprender de √©l. Aunque esperan su pronto regreso. Quieren conocerle. Para ellos esusted un h√©roe. √Čste es el √ļnico mundo que tiene flora y fauna no insectora. Las otras colonias han estado trabajando con los mismos grupos gen√©ticos... √©ste es el √ļnico mundo que ofrece desaf√≠os √ļnicos,
así que usted tuvo que hacer, solo, lo que en otras colonias pudieron hacer cooperativamente.
¬óDarwin y yo.
¬óDarwin tuvo m√°s ayuda que usted ¬ódijo Wiggin¬ó. Espero que tenga la radio en stand by en lugar

de desactivada. Porque me gustaría poder pedirle consejo si lo necesito.
¬óNo lo necesitar√°. Ahora me vuelvo a la cama. Ma√Īana voy a caminar mucho.
¬óPuedo enviar un deslizador para que siga sus pasos. No tendr√°n que cargar con todo el equipo.

Podrían explorar hasta más lejos.

—Pero entones los viejos colonos esperarían que regresase pronto. Estarían esperándome a mí en

lugar de depender de usted.

¬óPero no puedo fingir que no podemos localizarle y encontrarle.

¬óPero puede decirles que respeta mi deseo de no hacerlo.

—Sí —dijo Ender—. Eso haré.

Poco más se podía decir. Cortaron la conexión y Sel volvió a la cama. Durmió plácidamente. Y,

como era habitual, despertó justo cuando quería... una hora antes del amanecer.
Po le esperaba.
¬óYa me he despedido de pap√° y mam√° ¬ódijo.
¬óBien ¬ódijo Sel.
¬óGracias por dejarme venir.
¬ó¬ŅHubiese podido imped√≠rtelo?
—Sí—dijo Po—. No te desobedecería, tío Sel. —Toda la generación de nietos le llamaba así.
Sel asintió.
¬óBien. ¬ŅHas comido?
—Sí.
—Entonces vámonos. Yo no necesito comer hasta el mediodía.
***
Da un paso, luego otro. Eso es el viaje. Pero dar un paso con los ojos abiertos no es en absoluto un

viaje, es rehacer tu mente. Ves cosas que no has visto nunca. Cosas que no han visto los ojos de

ning√ļn ser humano. Y ves con tus ojos en concreto, que
fueron entrenados para no ver s√≥lo una planta, sino esta planta, que ocupa este nicho ecol√≥gico, pero con tal o cual diferencia. Y cuando tus ojos se han estado entrenando durante cuarenta a√Īos para familiarizarse con los
patrones de un nuevo mundo, entonces eres Antonie Van Leeuwenhoek, quien vio por primera vez el mundo de animáculos a través del microscopio; eres Cari Linneo, el primero en ordenar criaturas en familias, géneros, especies; eres Darwin, distinguiendo líneas de paso evolutivo de una especie a otra.
Así que no era un viaje rápido. Sel tenía que obligarse a avanzar con cierta prisa.
—No me dejes demorarme demasiado rato con cualquier cosa nueva que vea —le dijo a Po—. Sería

muy humillante que mi gran expedición me llevase sólo a diez kilómetros al sur de la colonia. Al
menos debo cruzar la cordillera monta√Īosa.
¬ó¬ŅY c√≥mo debo evitar que te demores, si me tienes fotografiando, recogiendo muestras,

almacenando y anotando?
—Niégate a hacerlo. Dime que separe las rodillas huesudas del suelo y me ponga a caminar.
¬óDurante toda mi vida me han ense√Īado a obedecer a mis mayores, a observar y a aprender. Soy tu

ayudante. Tu aprendiz.

¬óSimplemente esperas que no nos alejemos demasiado para, cuando muera, no tener que arrastrar el
cad√°ver mucha distancia.
—Creía que mi padre te lo había dicho... Si de verdad mueres, se supone que debo pedir ayuda y

observar el proceso de descomposición.
—Eso es. Sólo puedes cargar conmigo si estoy respirando.
¬ó¬ŅQuieres que empiece ahora? ¬ŅTe cargo a hombros para que no puedas descubrir toda una nueva

familia de plantas cada cincuenta metros?
¬óPara ser un joven respetuoso y obediente puedes llegar a ser muy sarc√°stico.
¬óNo estaba siendo m√°s que un poco sarc√°stico. Puedo hacerlo mejor si quieres.
¬óEsto est√° bien. He estado tan ocupado discutiendo contigo que he avanzado un trecho sin ver nada.
—Sólo que los perros han encontrado algo.
Result√≥ ser una peque√Īa familia de los reptiles cornudos que parec√≠an ocupar el nicho de los

conejos: un comedor de hojas de grandes dientes que saltaba y sólo peleaba si lo acorralaban. A Sel los cuernos no le parecían instrumentos defensivos (demasiado romos) y cuando se imaginó un ritual
de cortejo en el que esas criaturas saltasen en el aire y los entrechocasen, no logró imaginar cómo
iban a servir de algo aparte de para revolverles el cerebro, porque tenían el cráneo delicado.
¬óProbablemente sea una muestra de salud ¬ódijo Sel.
¬ó¬ŅLa cornamenta?

¬óCuernos ¬ódijo Sel.
¬óCreo que los pierden y les vuelven a crecer ¬ódijo Po¬ó. ¬ŅEstos animales no te parece que mudan
la piel?

¬óNo.

—Buscaré por alguna parte alguna muda.

¬óBuscar√°s mucho tiempo ¬ódijo Sel.

¬ó¬ŅPor qu√©, se comen la piel?

¬óPorque no mudan la piel.

¬ó¬Ņ C√≥mo puedes estar tan seguro ?

¬óNo estoy seguro ¬ódijo Sel¬ó. Pero este animal no fue importado por los insectores, es una

especie autóctona, y no hemos visto especies autóctonas que muden la piel.
Así se desarrolló la conversación mientras viajaban... pero avanzaron. Sacaron fotos, sí. Y, de vez en
cuando, cuando algo era realmente nuevo, se detenían y tomaban muestras. Pero siempre caminaban.
Puede que Sel fuese viejo y que de vez en cuando tuviese que apoyarse en su bastón, pero aun así

podía avanzar a buen ritmo. Era probable que Po fuese por delante, pero también era Po el que se
quejaba cuando Sel decía, tras un breve descanso, que era hora de ponerse en marcha de nuevo.
—No sé por qué llevas bastón —dijo Po.
¬óPara apoyarme cuando descanso.
—Pero tienes que cargar continuamente con él.
¬óNo pesa tanto.

¬ó Parece pesado.
¬óEs de madera de balsa... bien, de la que yo llamo de balsa, porque es muy ligera.
Po lo probó. Pesaba como medio kilo, aunque era grueso, estaba retorcido y se ensanchaba en la

parte superior como un vaso.

—Aun así, me cansaría de cargarlo.
¬óS√≥lo porque t√ļ has llenado la mochila m√°s que yo.
Po no se molestó en discutir.
¬óLos primeros viajeros humanos a la luna de la Tierra y a los planetas lo tuvieron muy f√°cil ¬ódijo

Po mientras coronaban una cresta—. Sólo había espacio vacío entre ellos y su destino. Ninguna

tentación de parar y explorar.
¬óComo los primeros viajeros por mar. Yendo de tierra a tierra, sin tener en cuenta el mar porque no
había herramientas que les permitiesen explorar a cualquier profundidad.

—Somos conquistadores —dijo Po—. Sólo que matamos a todos los conquistados antes de poner un

pie aquí.
¬ó¬ŅEso es una diferencia o una similitud? ¬ópregunt√≥ Sel¬ó. La viruela y otras enfermedades fueron
por delante de los conquistadores.

¬óSi al menos hubi√©semos podido hablar con ellos ¬ódijo Po¬ó. Le√≠ sobre los conquistadores... nosotros los mayas ten√≠amos buenas razones para intentar comprenderlos. Col√≥n dej√≥ escrito que los nativos que hab√≠a encontrado ¬ęno ten√≠an idioma¬Ľ simplemente porque no comprend√≠an ninguno de los idiomas hablados por sus int√©rpretes.
—Pero los insectores carecían de lenguaje.
¬óO eso creemos.
—En sus naves no había dispositivos de comunicación. Nada para transmitir voz o imágenes. Porque

no les hacían falta. Intercambio de memoria. Transferencia directa de los sentidos. Fuese cual fuese
su mecanismo, era mejor que el lenguaje, pero peor, porque no tenían forma de hablar con nosotros.
¬óEntonces, ¬Ņqui√©nes eran los mudos? ¬ópregunt√≥ Po¬ó. ¬ŅEllos o nosotros?
—Todos éramos mudos —dio Sel—, y todos sordos.

—Lo que daría por tener uno con vida.
—No podrías tener sólo uno —dijo Sel—. Formaban colmenas. Hacían falta cientos, quizá miles
para alcanzar la masa crítica que producía la inteligencia.

¬óO no ¬ódijo Po¬ó. A lo mejor s√≥lo la reina era consciente. ¬ŅPor qu√© si no mor√≠an todos si mor√≠a la

reina?
¬óA menos que la reina fuese el nexo, el centro de la red neuronal, de forma que todos se
desmoronaban al morir las reinas. Pero hasta ese momento, todos eran individuos.

—Como he dicho, me gustaría tener uno con vida —dijo Po—, para poder aprender algo de verdad en lugar de estar haciendo suposiciones a partir de cadáveres disecados.
En silencio, Sel se alegró de que otra generación de la colonia hubiese producido al menos a un individuo que pensaba como un científico.
¬óTenemos m√°s cuerpos conservados que cualquier otra colonia. Aqu√≠ hab√≠a pocos carro√Īeros que se los pudiesen comer, y los cad√°veres duraron lo suficiente para que lleg√°semos a la superficie del planeta y congel√°semos algunos. Pudimos estudiar su estructura.
—Pero no había reinas.
¬óLa pena de mi vida ¬ódijo Sel.
¬ó¬ŅEn serio? ¬ŅEso es lo que m√°s lamentas?
Sel guardó silencio.
¬óLo siento ¬ódijo Po.
¬óNo pasa nada. Simplemente meditaba la pregunta. Lo que m√°s lamento. Vaya pregunta. ¬ŅC√≥mo puedo lamentar haber dejado atr√°s todo lo que hab√≠a en la Tierra, cuando lo hice para ayudar a salvarla? Y venir aqu√≠ me permiti√≥ hacer cosas con las que otros cient√≠ficos s√≥lo pueden so√Īar. Ya he podido bautizar m√°s de cinco mil especies y he creado un sistema rudimentario de clasificaci√≥n para toda una biota nativa. M√°s que en cualquiera de los otros mundos insectores.
¬ó¬ŅPor qu√©?
¬óPorque los insectores barrieron todo lo que hab√≠a en esos mundos y luego establecieron unsubconjunto limitado de su propia flora y fauna. √Čste es el √ļnico mundo donde la mayor√≠a de las especies han evolucionado aqu√≠. El √ļnico lugar ca√≥tico. Los insectores llevaron menos de mil especies a sus colonias. Y su mundo natal, que tal vez era mucho m√°s diverso, ha desaparecido.
¬óPor tanto, ¬Ņno lamentas haber venido aqu√≠?
—Claro que sí—dijo Sel—. Y también me alegro de haberlo hecho. Lamento ser una vieja ruina de hombre. Me alegra no estar muerto. Me da la impresión de que todas mis lamentaciones están compensadas por algo de lo que me alegro. En conjunto, por tanto, no lamento nada. Pero tampoco soy en absoluto feliz. El equilibrio perfecto. De media, no siento nada en absoluto. Creo que no existo.
—Padre dice que si obtienes resultados absurdos es que no eres un científico sino un filósofo.
¬óPero mis resultados no son absurdos.
¬óT√ļ existes. Puedo verte y o√≠rte.
—Hablando genéticamente, Po, no existo. Me he apartado de la red de la vida.
¬óPor tanto, ¬Ņdecides medirte seg√ļn el √ļnico est√°ndar que permite declarar que tu vida no tiene sentido?
Sel se río.
¬óEres hijo de tu madre.
¬ó¬ŅNo de mi padre?
¬óDe los dos, por supuesto. Pero es tu madre la que no soporta la caca de la vaca.
¬óHablando de lo cual, no veo el momento de ver una vaca.
***
Ahora que la nave desaceleraba r√°pidamente aproxim√°ndose a Shakespeare, la tripulaci√≥n estaba m√°s ocupada de lo habitual. Lo primero ser√≠a atracar con la nave de transporte que cuarenta a√Īos antes hab√≠a tra√≠do a la flota de guerra hasta ese mundo. Sin suministros para el viaje de regreso, la nave hab√≠a quedado como un enorme sat√©lite en √≥rbita geosincr√≥nica, directamente sobre el asentamiento de la colonia. La energ√≠a solar hab√≠a sido suficiente para mantener los ordenadores y las comunicaciones en funcionamiento durante las √ļltimas d√©cadas.
La tripulaci√≥n original, los actuales colonos, hab√≠an empleado los cazas como veh√≠culos de aterrizaje; los suministros y el equipo para los primeros a√Īos de la colonia estaban dise√Īados para encajar dentro o sobre los cazas. Todos iban equipados con ansible. Pero los cazas eran s√≥lo veh√≠culos para aterrizar una vez y no pod√≠an abandonar la superficie del planeta.
La tripulación del almirante Morgan repararía y modernizaría el transporte.
Traían nuevos satélites de comunicación y meteorológicos, que situarían en órbita geosincrónica a intervalos, rodeando todo el planeta. Luego se asignaría al viejo transporte un capitán y una tripulación y viajaría, no de vuelta a Eros, sino a otra colonia.
A pesar de toda esa actividad, Ender no se hac√≠a ilusiones de que el almirante Morgan estuviese tan distra√≠do como para dejar de controlar las actividades de Ender. El tipo era un planificador, un conspirador, y aunque un ¬ęhombre de paz¬Ľ
como él podía parecer que avanzaba poco a poco, sin hacer nunca mucho, siempre estaba dispuesto a atacar.
As√≠ que mientras el momento clave se aproximaba (la llegada a Shakespeare) Ender no le daba a Morgan ninguna raz√≥n para sospechar que estuviese tramando nada. Morgan esperaba que Ender fuese un chico alegre y ansioso de quince a√Īos, y era preciso no defraudar sus expectativas; sin embargo, a Morgan le preocupaba el derecho inalienable de Ender a ser gobernador. Deb√≠a confiar en que Ender estuviera contento dej√°ndole ser el poder en la sombra.
Por eso Ender recurrió a Morgan y le pidió permiso para usar el ansible y comunicarse con los xenobiólogos de Shakespeare. /
—Sabe que he estado estudiando los sistemas biológicos de los insectores y ahora puedo comunicarme con ellos en tiempo real. Tengo muchas preguntas.
¬óNo quiero que los molestes ¬ódijo Morgan¬ó. Ya tienen mucho que hacer prepar√°ndose para el aterrizaje.
Ender sabía que la colonia en tierra no tenía nada que hacer en cuanto al aterrizaje excepto apartarse. Morgan aterrizaría y luego decidiría qué suministros requisar para el viaje de vuelta. Estuviese Morgan a bordo o no, la nave volvería a la Tierra.
¬óSe√Īor, los xenos precisan saber qu√© especies de pastoreo traemos para poder iniciar los preparativos de adaptaci√≥n a las prote√≠nas alien√≠genas. Es un proyecto a muy gran escala, y no tendremos carne hasta que no haya una nueva generaci√≥n de animales adaptados. No se imagina lo ansiosos que est√°n. Y yo estoy al d√≠a, porque examin√© el manifiesto cuando salimos de Eros.
¬óYa les hemos enviado el manifiesto.
En realidad, Ender había visto el manifiesto antes de que la nave partiese. Pero
¬Ņpara qu√© discutir?
¬óLa lista dice cosas como ¬ęvacas¬Ľ y ¬ęcerdos¬Ľ. Les hace falta mucha m√°s informaci√≥n. Yo la tengo; puedo enviarla, y nadie usa el ansible, se√Īor. Esto es muy importante. ¬óEnder estuvo a punto de decir ¬ęporfa, porfa, porfa¬Ľ, pero decidi√≥ que resultar√≠a demasiado infantil y Morgan podr√≠a sospechar.
Morgan suspiró.
¬óEs por eso que a los ni√Īos no deber√≠an encomendarles deberes de adulto. No respet√°is la prioridad como los adultos. Pero... siempre que dejes lo que est√©s haciendo, en cuanto la tripulaci√≥n precise usar el ansible, adelante. Ahora, si no te importa, tengo trabajo de verdad.
Ender sab√≠a que el trabajo ¬ęde verdad¬Ľ de Morgan ten√≠a m√°s que ver con preparar una boda a bordo que con el aterrizaje. Dorabella Toscano le ten√≠a tan fren√©tico de lujuria (no, lo suyo era afecto, la profunda uni√≥n de una relaci√≥n permanente) que hab√≠a aceptado que ella llegase a Shakespeare no como una colona corriente sino como esposa del almirante.
Y a Ender le parec√≠a bien. No era ning√ļn inconveniente.
Ender fue directamente a la sala de ansible para enviar los mensajes. De haberse conectado desde su escritorio, con toda seguridad habr√≠an interceptado el mensaje y lo habr√≠an almacenado para su posterior examen. Ender consider√≥ la idea de desconectar el sistema de observaci√≥n para que no se oyese nada de lo que dijese a Sel Menach, pero decidi√≥ que no. Aunque la seguridad era la habitual de la F.I., por lo que un n√ļmero considerable de ni√Īos de la Escuela de Batalla hab√≠an podido alterarlo, modificarlo o, como Ender, entrar y espiar con total impunidad, no pod√≠a arriesgarse a que Morgan pidiese ver el v√≠deo de Ender en la sala de ansible y que recibiese la noticia de que no hab√≠a v√≠deo de ese periodo de tiempo.
Por lo demás, sólo tenía un mensaje corto que enviar a Graff, pidiéndole un poco de ayuda con la situación actual, y luego tendría un rato de bendita intimidad antes de hacer lo que le había dicho a Morgan que había venido a hacer.
Hizo lo que siempre hac√≠a cuando ten√≠a la oportunidad de estar completamente a solas. Apoy√≥ la cabeza sobre los brazos y cerr√≥ los ojos para abandonarse a unos momentos de sue√Īo y refrescar la mente.
Se despertó porque alguien le masajeaba los hombros con suavidad.
¬óPobrecito ¬ódijo Alessandra¬ó. Te has quedado dormido mientras trabajabas.
Ender se sent√≥, y ella sigui√≥ masaje√°ndole los m√ļsculos de los hombros, la espalda y el cuello. Los ten√≠a muy tensos y lo que le hac√≠a Alessandra le gustaba. Si ella se lo hubiese pedido, Ender se habr√≠a negado (no quer√≠a contacto f√≠sico entre ellos), y si se le hubiese acercado y se hubiese puesto a darle masaje estando despierto, se habr√≠a apartado porque le desagradaba que alguien se creyese con derecho a tocarlo sin su consentimiento.
Pero despertarse en esa situación resultaba demasiado agradable para detenerlo.
—No hago mucho —dijo—. En su mayoría, tonterías. Que los adultos se ocupen de lo complicado. Yo ya he cumplido. —A aquellas alturas ya le mentía a Alessandra por puro instinto.
¬óNo me enga√Īas ¬ódijo¬ó. No soy tan tonta como crees.
¬óNo creo que seas tonta ¬ódijo Ender. Y as√≠ era. No era material de la Escuela de Batalla, pero tampoco era est√ļpida.
—Sé que no te gusta que madre y el almirante Morgan vayan a casarse.
¬ŅPor qu√© iba a importarme?
—No, me parece bien —dijo Ender—. Supongo que aceptas el amor allí donde lo encuentras, y tu madre sigue siendo joven. Y hermosa.
¬óLo es, ¬Ņverdad? ¬ódijo Alessandra¬ó. Espero que mi cuerpo acabe siendo como el suyo. Las mujeres de la familia de mi padre eran todas esquel√©ticas. Sin curvas.
Ender supo al instante a qu√© hab√≠a venido Alessandra. Que le hablara de ¬ęcurvas¬Ľ
mientras le masajeaba era demasiado evidente para no darse cuenta. Pero quer√≠a ver d√≥nde quer√≠a ir a parar y por qu√©. Sobre todo, ¬Ņpor qu√© en aquel momento?
¬óLisas o con curvas, en las circunstancias adecuadas todos somos atractivos.
¬óEn tu caso, Ender, ¬Ņcu√°les son esas circunstancias? ¬ŅCu√°ndo te resultar√° atractiva otra persona?
Ender sabía lo que esperaba.
¬óEres atractiva, Alessandra. Pero eres demasiado joven.
¬óTengo tu edad.
—Yo también soy demasiado joven —dijo Ender. Ya habían tenido aquella conversación... pero

te√≥rica, alegr√°ndose de ser tan buenos amigos sin ning√ļn tipo de inter√©s sexual. Estaba claro que se hab√≠a producido un cambio de programa.
¬óNo s√© ¬ódijo Alessandra¬ó. En la Tierra la gente se casaba cada vez m√°s tarde. Y manten√≠an relaciones sexuales cada vez m√°s pronto. Estaba mal separar esas dos situaciones, lo s√©, pero ¬Ņcu√°l de las dos tendencias es la incorrecta? Quiz√° la biolog√≠a de nuestro cuerpo es m√°s sabia que todas las razones para esperar a casarse. Quiz√° nuestro cuerpo quiera criar hijos cuando todav√≠a somos lo suficientemente j√≥venes para aguantarlo.
Ender se preguntó qué parte del discurso eran notas de su madre. Probablemente no mucho. Alessandra realmente se planteaba esas cosas... habían mantenido suficientes conversaciones sobre sociopolítica como para saber que estaba en su línea.
El problema era que, a pesar de que Ender comprendía muy bien dónde quería ir a parar, lo estaba disfrutando. No quería que parara.
Pero debía parar. Parar o cambiar. Lo de masajearle la espalda no podía durar eternamente. Y no podía parar de pronto. Tenía que interpretar su papel. Morgan debía creerse que Ender quería a Alessandra y que al casarse con Dorabella se convertiría en el suegro de Ender. Más palancas con las que controlarse. Ender había planeado hacerlo platónicamente, que el tiempo que había pasado con Alessandra, la atención que le había dedicado, iba a ser suficiente.
Hasta aquel momento. Ahora le estaban forzando. Por medio de Alessandra...
porque Ender no creía que a ella sola se le hubiese ocurrido aquel encuentro.
¬ó¬ŅPiensas en tu madre y el almirante Morgan? ¬ódijo Ender¬ó. ¬ŅSientes celos?
Eso hizo que apartase las manos.
¬óNo ¬ódijo ella¬ó. En absoluto. ¬ŅQu√© tiene que ver masajearte la espalda con su matrimonio?
Bien, ahora que ya no le tocaba, Ender podía girar la silla para mirarla. Iba vestida de forma...

diferente. Nada evidente, no como en los vídeos que había visto sobre las modas supuestamente sexy

de la Tierra. Llevaba ropa que ya le hab√≠a visto llevar antes, pero con un bot√≥n m√°s desabrochado. ¬ŅEra la √ļnica diferencia? Quiz√°, como hasta hac√≠a un momento le hab√≠a estado tocando, la ve√≠a con otros ojos.
—Alessandra —dijo—, no finjamos que no sabemos lo que pasa aquí.
¬ó¬ŅQu√© crees que pasa? ¬ódijo ella.
¬óYo dorm√≠a y t√ļ has hecho lo que no hab√≠as hecho nunca.
—Nunca me había sentido así —dijo ella—. Veo la pesada carga que soportas. No sólo la de ser gobernador y demás, me refiero... a todo lo sucedido antes. Al peso de ser Ender Wiggin. Sé que no te gusta que te toquen, pero eso no significa que otras personas no quieran tocarte.
Ender tocó la mano de Alessandra, reteniéndola apenas entre los dedos. Incluso mientras lo hacía sabía que no debía. Sin embargo, su deseo de hacerlo fue casi
irresistible, y una parte de √©l dec√≠a que no era peligroso. ¬ŅTocarse las manos? La gente lo hac√≠a continuamente.
Sí, y continuamente hacen otras cosas, dijo otra parte de su mente.
Calla, dijo la parte a la que le gustaba tocar a Alessandra.
¬ŅY si segu√≠a el gui√≥n de Alessandra... o el de su madre? ¬ŅHab√≠a destinos peores?
Iba a un mundo colonial. Lo importante en las colonias era la reproducción. La chica le gustaba. En la colonia tampoco habría tantas chicas entre las que elegir; entre los pasajeros en estasis había pocas de su edad, así que tendría que elegir sobre todo entre las chicas nacidas en Shakespeare, y no serían... de la Tierra.
Mientras argumentaba contra s√≠ mismo, ella le agarr√≥ con m√°s fuerza y se le acerc√≥. Se coloc√≥ a su lado. Notaba su calor... o imaginaba que pod√≠a sentirlo. El cuerpo de Alessandra le roz√≥ el antebrazo; su otra mano, la que no le reten√≠a, le acariciaba el pelo. Coloc√≥ la mano de Ender sobre su pecho. Presion√≥ el dorso de la mano de Ender no contra su seno (aquello hubiera sido demasiado obvio) sino contra su pecho, donde lat√≠a el coraz√≥n. ¬ŅO lo que sent√≠a era su propio pulso martilleando en la mano?
¬óDurante el viaje he llegado a conocerte. A conocer no al chico famoso que salv√≥ al mundo, sino al adolescente, al joven de mi edad, tan cuidadoso, tan considerado con los dem√°s, tan paciente con todos. Conmigo, con mi madre. ¬ŅCrees que no me he dado cuenta? Siempre deseando no hacer da√Īo a nadie, no ofender a nadie, pero sin permitir jam√°s que alguien se acerque demasiado, aparte de tuhermana. ¬Ņ√Čse es tu futuro, Ender? ¬ŅTu hermana y t√ļ, formando un c√≠rculo que no permite la entrada de nadie?
Sí, pensó Ender. Eso es lo que he decidido. Cuando Valentine apareció pensé: Sí, a ella la puedo dejar entrar. En ella puedo confiar.
No puedo confiar en ti, Alessandra, pensó Ender. Vienes aquí a cumplir con los planes de otra
persona. Quizá seas sincera en lo que dices, quizá sí. Pero te están utilizando. Eres un arma
apuntando a mi corazón. Hoy alguien te ha vestido.

Alguien te ha dicho lo que hacer y cómo hacerlo. O, si realmente sabes todo esto por ti misma,
entonces eres demasiado para mí. Estoy demasiado pillado en esto. Lo quiero demasiado para dejar
que siga adelante como aparentemente me lo est√°s ofreciendo.

No dejaré que siga, pensó Ender.
Pero incluso tomada esa decisi√≥n, no pod√≠a limitarse a ponerse en pie y decir ¬ęsal de aqu√≠,
tentadora¬Ľ, como le hab√≠a dicho Jos√© a la mujer de Putifar. Ten√≠a que lograr que ella quisiese parar,
para que el almirante Morgan nunca creyese que la había rechazado. Seguro que Morgan vería la

grabación de aquel encuentro. En la víspera de su boda, de ninguna forma Morgan podía ver a Ender
rechazando a Alessandra.
¬óAlessandra ¬ódijo Ender, hablando en voz tan baja como la de ella¬ó. ¬ŅDe verdad quieres vivir la

vida de tu madre?
Por primera vez Alessandra vaciló, con incertidumbre.
Ender apartó la mano, se sujetó en los apoyabrazos, se levantó.
La abrazó y decidió que, para que fuese efectivo, tenía que besarla.
Así que lo hizo. No se le daba bien. Para su alivio, tampoco se le daba bien a ella.
Fue torpe, fallaron un poco y tuvieron que centrarse, y ninguno de los dos sabía realmente qué había

que hacer. Curiosamente, el beso rompió la tensión y, al terminar, los dos rieron.
¬óYa est√° ¬ódijo Ender¬ó. Lo hemos hecho. Nuestro primer beso. Mi primer beso, con cualquiera.
—El mío también —dijo ella—. El primero que he querido.

— Podríamos ir más lejos —dijo Ender—. Los dos estamos equipados... estoy seguro de que hacemos juego.
Ella volvió a reír. Eso, pensó Ender. Reír es el estado de ánimo adecuado, no el otro.
¬óIba en serio lo que he dicho sobre tu madre ¬ódijo Ender¬ó. Ella hizo esto mismo, a tu edad. Te concibi√≥ cuando ten√≠a catorce a√Īos, naciste cuando ten√≠a quince. La edad que tienes ahora. Y se cas√≥ con el chico, ¬Ņs√≠?
—Y fue maravilloso —dijo Alessandra—. Madre me contó, muchas veces, lo feliz que era con él. Lo bueno que fue. Lo mucho que me amaban los dos.
Claro que tu madre te dijo todo eso, pensó Ender. Es una buena persona, no quería contarte que fue

una pesadilla tener quince a√Īos y cargar con todas esas responsabilidades.
Pero quizá fuese bueno, pensó otra parte de su mente. La parte que era más que consciente de que sus

cuerpos seguían juntos, que él tenía los dedos pegados contra la parte posterior de la blusa de
Alessandra, moviéndose un poco, acariciando la piel y el cuerpo bajo la tela.
—Tu madre vivía bajo el dominio de alguien más fuerte que ella —dijo Ender—.
Tu abuela. Quería ser libre.
Con eso bastó. Alessandra se apartó.
¬ó¬ŅDe qu√© hablas? ¬ŅC√≥mo sabes lo de mi abuela?
—Sé lo que tu propia madre me contó —dijo Ender—. Delante de ti.
En el rostro de Alessandra vio que lo recordaba y el estallido de furia desapareció.
Pero no volvió a sus brazos. Ni tampoco la invitó él. Pensaba con más claridad cuando ella estaba a

medio metro de distancia. Un metro hubiera sido incluso mejor.
¬óMi madre no se parece en absoluto a mi abuela ¬ódio Alessandra.
—Claro que no —dijo Ender—. Pero las dos habéis vivido juntas toda la vida. Con mucha intimidad.
—No intento alejarme de ella—dijo Alessandra—. No te utilizaría para algo así. —
Pero su rostro decía otra cosa. Reflejaba el reconocimiento, quizá, de que a ella la habían estado

utilizando... que aquel encuentro se había producido a instancias de su madre.
¬óSimplemente pensaba que incluso la alegre tierra de las hadas donde finge vivir...
¬ó¬ŅCu√°ndo has visto t√ļ...? ¬óempez√≥ a decir ella, pero call√≥, porque, por supuesto, Dorabella hab√≠a

interpretado el papel de reina de las hadas en muchas ocasiones, para deleite de los colonos.
—Pensaba que después de tanto tiempo... —dijo Ender—. Tal vez no quieras pasar el resto de tu

vida en sus lugares imaginarios. No pensaba nada m√°s. Ella ha tejido para ti un maravilloso capullo,
pero aun así quizá quieras salir de él y volar.
Alessandra se quedó allí de pie, con la mano en la boca. Luego se le llenaron los ojos de lágrimas.

— Per tutte sante —dijo—. Yo estaba... haciendo lo que ella quería. Creía que era idea mía, pero ha sido idea suya... Yo quería gustarte, de verdad, eso no es fingido, pero la idea de venir aquí... No me alejaba de ella, la obedecía.
¬ó¬ŅEn serio? ¬ódijo Ender, intentando actuar como si no lo supiese ya.
—Me dijo lo que debía hacer, hasta dónde... —Alessandra empezó a desabrocharse los botones de la
blusa, llorando. Debajo no llevaba nada—. Lo que ibas a ver, lo que podías tocar pero no más... Ender avanzo y la volvió a abrazar para evitar que siguiese desabrochándose la blusa. Porque incluso en aquel emotivo momento una parte de él sólo se preocupaba por la blusa y lo que mostraría, no por la chica que lo hacía.
—Te preocupas por mí —dijo ella.
—Claro que sí —dijo Ender.
¬óM√°s que ella ¬ódijo Alessandra. Sus l√°grimas empapaban la camisa de Ender.
¬óProbablemente no ¬ódijo Ender.
¬óMe pregunto si le importo algo ¬ódijo Alessandra, apoyada en su pecho¬ó. Me pregunto si alguna

vez he sido algo más que su marioneta, de la misma forma que ella fue la marioneta de la abuela. Quizá si madre se hubiese quedado en casa, no se hubiese casado y no me hubiese tenido amí, la abuela hubiese rebosado de tierra de hadas y belleza... porque se hubiera estado saliendo con la suya.
Perfecto, pens√≥ Ender. A pesar de mis propios impulsos, de mi biolog√≠a, esto ha salido justo como quer√≠a. El almirante Morgan comprobar√≠a que, a pesar de que la aproximaci√≥n sexual no hab√≠a ido seg√ļn lo previsto, Ender y Alessandra segu√≠an siendo √≠ntimos, segu√≠a habiendo una relaci√≥n entre ellos... lo que quisiese interpretar.
El juego seguía en marcha. Auque claramente el romance estuviese parado.
¬óLa puerta de esta sala no se puede cerrar ¬ódijo Ender.
—Lo sé —dijo ella.
—Podría entrar alguien en cualquier momento. —Consideró que lo mejor era no comentar que en

todas las salas había cámaras de vigilancia, incluida aquélla, y que en aquel mismo momento podía

haber alguien mirando.
Ella lo comprendió, se apartó y volvió a abrocharse la blusa. En esta ocasión hasta donde se la
abrochaba habitualmente.

—Has visto a través de mí—dijo.
¬óNo ¬ódijo Ender¬ó. Te he visto a ti. Quiz√° tu madre no lo haga.
—Sé que no lo hace —dijo Alessandra—. Lo sé. Yo sólo soy... es sólo... el almirante Morgan, eso

es. Dijo que me traía para que encontrase a un joven con futuro, pero ella encontró a un viejo con un
futuro a√ļn mejor, de eso se trataba, y yo simplemente encajo en sus planes, eso es todo, yo...
/ —No lo hagas —dijo Ender—. Tu madre te ama, no ha sido un acto de cinismo, ella creía que te

ayudaba a conseguir lo que t√ļ deseabas.
¬óQuiz√°¬ódijo Alessandra. Luego se rio amargamente¬ó. ¬ŅO es esto simplemente tu versi√≥n de la

tierra de las hadas? Todos quieren que yo sea feliz, así que construyen a mi alrededor una realidad
falsa. Sí, quiero ser feliz, ¡pero no con una mentira!
¬óNo te miento ¬ódijo Ender.
Ella le miró furibunda.
¬ó¬ŅMe deseabas? ¬ŅUn poco?
Ender cerró los ojos y asintió.
—Mírame y dilo.
¬óTe deseaba ¬ódijo Ender.
¬ó¬ŅY ahora?
¬óQuiero muchas cosas que no tengo derecho a tener.
¬óParece como si tu madre te hubiese ense√Īado a responder as√≠.
¬óDe haber crecido con mi madre, quiz√° lo hubiese hecho ¬ódijo Ender¬ó. Pero la verdad es que lo

aprend√≠ cuando decid√≠ ir a la Escuela de Batalla, cuando decid√≠ vivir seg√ļn las reglas de ese lugar.

Todo tiene reglas, incluso si nadie las inventa, incluso si
nadie lo considera un juego. Y si quieres que las cosas salgan bien, lo mejor es conocer las reglas y
sólo romperlas si juegas a un juego diferente y sigues otras reglas.

¬ó¬ŅCrees que eso que has dicho tiene alg√ļn sentido?

¬óPara m√≠ lo tiene ¬ódijo Ender¬ó. Te deseo. T√ļ me deseabas a m√≠. Es bueno saberlo. He tenido mi

primer beso.

¬óNo ha estado mal, ¬Ņverdad? ¬ŅNo he estado fatal?

—Expresémoslo de esta forma —dijo Ender—: No he descartado repetirlo. En el futuro.

Ella rio. Había dejado de llorar.

—La verdad es que tengo trabajo —dijo Ender—. Y créeme, me has despertado por completo. No

tengo ni una pizca de sue√Īo. Ha sido muy √ļtil.
Ella rio.
¬óComprendo. Es hora de que me vaya.

—Creo que sí —dijo él—. Pero te veré luego. Como siempre.
—Sí—dijo Alessandra—. Intentaré no comportarme como una tonta.
—Pórtate como siempre —dijo Ender—. No puedes ser feliz si finges continuamente.
¬óBueno, mi madre...
¬ó¬ŅQu√©? ¬ŅFinge o es feliz?
¬óFinge ser feliz.
¬óAs√≠ que quiz√° t√ļ puedas crecer para ser feliz sin tener que fingir.
¬óQuiz√° ¬ódijo ella. Y se fue.
Ender cerró la puerta y se sentó. No quería más que gritar por la frustración del deseo contrariado, de

furia por una mujer que podía enviar a su hija a semejante misión, contra el almirante Morgan por

hacer que todo aquello fuese necesario, contra s√≠ mismo por ser tan mentiroso. ¬ęNo puedes ser feliz

si finges continuamente.¬Ľ
Bien, su vida evidentemente no contradecía esa sentencia. No dejaba nunca de fingir y sin duda alguna no era feliz.