11 - Capitulo 11

De: GobDes%Shakespeare@MinCol.gob/viaje
Asunto: ¬ŅCuan limpio est√° tu escritorio?
Mi escritorio es completamente inmune a intrusiones... aunque varias veces al d√≠a el ordenador de la nave intenta instalar programas esp√≠a. Adem√°s, doy por supuesto que toda habitaci√≥n, pasillo, ba√Īo y armario de esta nave registra como m√≠nimo el sonido. En un viaje como √©ste, sin ninguna fuerza externa para apuntalar la autoridad del capit√°n, el peligro de mot√≠n es continuo, y no es por paranoia que Morgan escucha todas las conversaciones de la gente que considera un peligro para la seguridad interna de la nave.
Ha sido desafortunado pero predecible que me considerase a mí un peligro de ese tipo.
Poseo una autoridad que de ninguna forma depende de √©l o sus buenos deseos. Su amenaza de ponerme en estasis y devolverme a Eros (dentro de ochenta a√Īos) es una que efectivamente puede cumplir, y aunque posiblemente ser√≠a reprendido, el suyo no ser√≠a considerado un acto criminal. Se supone que al capit√°n de la nave hay que creerle siempre cuando hace una acusaci√≥n de mot√≠n o conspiraci√≥n. Incluso para m√≠ es peligroso cifrar este mensaje. Sin embargo, no tenemos ninguna otra forma segura de hablar. (Te habr√°s dado cuenta de que, alcontrario que Peter, yo exijo pruebas de que est√°s vivo, no s√≥lo tu dedo insertado en el holoespacio.)
Estoy haciendo cosas que seguro que vuelven loco a Quincy.
Recibo mensajes casi diarios (mensuales) del gobernador en funciones Kolmogorov, que me mantiene informado de lo que va sucediendo en la colonia Shakespeare. Morgan no tiene ni idea de lo que nos decimos; debe limitarse a pasar las notas cifradas en cuanto llegan por elansible.
También recibo todos los artículos e informes científicos que entregan los equipos de químicos ybiólogos. El XB Sel Menach es el Linneo y el Darwin de ese planeta. Se enfrenta a la ÚNICA biota no insectora jamás descubierta (aparte de la Tierra, claro), y su trabajo creando las adaptaciones genéticas para producir variaciones comestibles de plantas y animales nativos, así como de variedades de especies terrestres que puedan vivir en ese mundo, ha sido brillante. Sin él, probablemente llegaríamos a una colonia andrajosa e indigente; pero en cambio generan excedentes de comida y podrán abastecer la nave para su partida inmediata (inshallah).
El almirante Morgan tiene a su disposición toda la información científica por si le interesa.
No parece interesarle. Yo soy la √ļnica persona de la nave que accede a los art√≠culos del XB de la colonia Shakespeare, ya que nuestros xenobi√≥logos est√°n en estasis y no despertar√°n hasta que no abandonemos las velocidades relativistas.
Comprender√°s por qu√© decid√≠ no pasar a estasis. Tuve visiones del almirante Morgan en las que no se molestaba en despertarme hasta que ten√≠a el control total de la colonia, digamos unos seis meses despu√©s de nuestra llegada. No tendr√≠a derecho a hacerlo, pero s√≠ que hubiesetenido el poder de hacerlo. ¬ŅY qui√©n iba a contradecirle, con sus cuarenta marines cuya √ļnica misi√≥n es garantizar que se cumpla su voluntad, y una tripulaci√≥n cuya supervivencia y libertad est√°n √≠ntimamente relacionadas con su satisfacci√≥n?
Pero ahora, cualquier cosa que yo haga es una provocaci√≥n en potencia... es lo que ha dejado m√°s que claro con sus amenazas y actos. No creo que fuese intencionado... Me parece que realmente cre√≠a estar enfrent√°ndose a alg√ļn tipo de ataque. Pero lleg√≥ demasiado r√°pidamente a la conclusi√≥n de que yo era el responsable, y fue tan paranoico como para intentar resolverlo como si fuese un ataque contra su autoridad, no contra la nave en s√≠. Estamos a prueba, y entre nosotros no puede haber ni una palabra que pueda tomar por burla, denigrarlo o poner en duda sus decisiones.
Tampoco podemos confiar en nadie m√°s. Aunque tengo absoluta confianza en el gobernador Kolmogorov (y √©l en mi), no se puede contar con que nadie m√°s en el planeta est√© dispuesto a admitir que tener de gobernador a un chico de quince a√Īos sea una buena idea.
Por tanto, no puedo realizar ninguna acci√≥n preventiva recurriendo a mi futura autoridad como gobernador. As√≠ que mi √ļnica alternativa es dar la impresi√≥n de que considero a Quincy una especie de padre y que tengo la intenci√≥n de dejarme guiar por √©l. Cuando me ves haci√©ndole desvergonzadamente la pelota, se trata del equivalente moral de la guerra. Estoy pasando un ej√©rcito bajo sus narices, disfrazado de un mont√≥n de simples granjeros. Que t√ļ y yo seamos todo el ej√©rcito no es un problema... siempre que est√©s dispuesta a fingir que eres todo inocencia. T√ļ y Peter lo hicisteis durante a√Īos, ¬Ņno es as√≠?
A esta carta no la seguir√°n muchas otras... s√≥lo en caso de verdadera urgencia. No quiero que se pregunte qu√© nos decimos. Tiene derecho a requisar nuestros escritorios y a obligarnos a revelar su contenido. Por tanto, borrar√°s este mensaje, como lo har√© yo. Por supuesto, ESTOY tomando la precauci√≥n de copi√°rselo, con seguridad total, a Graff. En caso de que alg√ļn d√≠a se celebre un consejo de guerra para determinar si Morgan hizo bien poni√©ndome en estasis y llev√°ndome de vuelta a Eros, quiero que este mensaje est√© disponible como prueba de mi estado mental despu√©s de nuestro peque√Īo incidente por el mensaje de Peter.
Sin embargo, cabe siempre la posibilidad de que el plan de Morgan sea más funesto: que planee hacer regresar la nave en lugar de quedársela, mientras él permanece en Shakespeare como gobernador de por vida. Para cuando se pueda enviar a alguien desde Eros para sofocar su rebelión, su vida ya habrá pasado o será tan viejo que no valdrá la pena juzgarle.
Sin embargo, no creo que eso sea propio de su carácter. Es una criatura burocrática: ansia la supremacía, no la autonomía. Además, mi valoración de momento es que sólo puede ejecutar actos pérfidos que en su propia cabeza pueda justificar moralmente... como enfurecerse todo lo posible por mi supuesto sabotaje de las comunicaciones ansibles para justificar lo que hubiera sido un golpe de Estado contra mí como gobernador.
Eso sólo en lo que respecta a lo que planea conscientemente, no a sus deseos inconscientes.
Es decir, pensar√° que responde a los acontecimientos a medida que se produzcan, pero en realidad estar√° interpretando los hechos para justificar las acciones que desea realizar...
aunque ignore su deseo de realizarlas. Por tanto, cuando lleguemos a Shakespeare, cabe siempre la posibilidad de que encuentre una ¬ęemergencia¬Ľ que le exija quedarse m√°s tiempo de lo que puede quedarse la nave y lo ¬ęobligue¬Ľ a enviarla de vuelta mientras que √©l se queda.
La necesidad de comprender a Quincy es el motivo por el que permanezco tan cerca de las Toscano. Está claro que la madre apuesta por Quincy, y no por mí, como poder futuro, aunque sin duda no está más que confirmando la apuesta para asegurarse de que, gobierne quien gobierne, ella o su hija estarán casadas con una figura poderosa.
Pero la madre no tiene ninguna intención de permitir que la hija escape a su control, como pasaría si nos casásemos y yo me convirtiese en gobernador de hecho así como de nombre. Por tanto, deliberadamente o no, la madre será mi enemiga; sin embargo, ahora mismo es mi mejor guía del estado mental de Quincy, ya que está con él todo lo que puede. Debo conocer a ese hombre. Nuestro futuro depende de saber qué va a hacer antes de que lo haga.
Mientras tanto, no te haces ni idea del alivio que representa tener a alguien con quien compartir todo esto. En todos los a√Īos en la Escuela de Batalla, lo m√°s parecido a un confidente para m√≠ fue Bean. Sin embargo, s√≥lo pod√≠a descargarme hasta cierto punto; esta carta es mi primer ejercicio de aut√©ntico candor desde que hablamos hace ya tanto tiempo en Carolina del Norte.
Oh, un momento. S√≥lo han pasado tres a√Īos. ¬ŅMenos? El tiempo es muy confuso. Gracias por estar conmigo, Valentine. S√≥lo espero ser capaz de evitar que se convierta en un ejercicio sin sentido que nos lleve de vuelta a Eros en estasis, habiendo perdido ochenta a√Īos de historiahumana y sin lograr nada m√°s que ser derrotado por un bur√≥crata.
ENDER
Virlomi no había contado con cómo le afectaría regresar a la Escuela de Batalla después de todo lo que había vivido, de todo lo que había hecho.
Se entregó a sus enemigos al comprender que ya no quedaba nada de la guerra excepto la carnicería. Sabía para desesperación de su corazón que todo era culpa suya. Amigos y futuros amigos se lo
hab√≠an advertido: ¬ęEsto es demasiado.¬Ľ

Fue suficiente para hacer salir a los chinos de la India y liberar tu patria. No pretendía castigarlos.
Había sido tan tonta como Napoleón, Hitler, Jerjes y Aníbal: creía que, como no había sido derrotada nunca, jamás lo sería. Había superado a enemigos cuyas fuerzas eran mucho mayores que las suyas; había supuesto que siempre sería así.
Lo peor, se dijo, fue que me creí mi propio mito. Deliberadamente cultivé la idea de que era una diosa, pero al principio recordaba que simplemente fingía.
Al final, fue el Pueblo Libre de la Tierra (el PLT, la Hegemon√≠a de Peter Wiggin bajo un nuevo nombre) el que la derrot√≥. Fue Suriyawong, un tailand√©s de la Escuela de Batalla, que en su momento la hab√≠a amado, quien acord√≥ su rendici√≥n. Al principio, ella se neg√≥... pero comprend√≠a que el orgullo era la √ļnica diferencia entre rendirse inmediatamente y esperar a que murieran todos sus hombres. Y el orgullo no val√≠a la vida de uno solo de sus soldados.
¬ó Satyagraha ¬óle dijo Suriyawong¬ó. Soportar lo que debe soportarse.
Satyagraba fue lo √ļltimo que grit√≥ a su gente. Os ordeno vivir y soportar esta situaci√≥n.
Así que salvó la vida de sus ejércitos y se entregó a Suriyawong. Y, a través de él, a Peter Wiggin.
A Wiggin, quien hab√≠a tenido misericordia con ella en la victoria, que era m√°s de lo que su hermano peque√Īo, el legendario Ender, hab√≠a tenido con los insectores.
¬ŅEllos tambi√©n hab√≠an visto en √©l la mano de la muerte, repudi√°ndolos? ¬ŅEllos ten√≠an dioses a los que rezar, ante los que resignarse, a los que maldecir al comprender su destrucci√≥n? Quiz√° para ellos hubiese sido m√°s f√°cil ser eliminados del universo.
Virlomi sigui√≥ con vida. No pod√≠an matarla... todav√≠a la adoraban en toda la India; si la ejecutaban o la encarcelaban, la India se convertir√≠a en una revoluci√≥n continua, imposible de gobernar. Si simplemente desaparec√≠a, se convertir√≠a en el mito de la diosa que se fue y que alg√ļn d√≠a regresar√≠a.
Por lo que grabó los vídeos que le pidieron. Rogó a su pueblo que votara unirse libremente al Pueblo Libre de la Tierra, que aceptara el gobierno del Hegemón, que licenciara y desmantelara su ejército y, a cambio, que tuviera la libertad de gobernarse a sí mismo.
Han Tzu hizo lo mismo en China, y Alai, que había sido su esposo hasta que ella le traicionó, lo hizo en el mundo musulmán. Más o menos surtió efecto.
Todos ellos aceptaron el exilio. Pero Virlomi sabía que sólo ella lo merecía.
El exilio consistía en convertirse en gobernadores de colonias. Ah, ¡si la hubiesen nombrado con Ender Wiggin y no hubiese regresado jamás a la Tierra para derramar tanta sangre! Pero, en todo caso, era porque había conseguido tan espectacularmente la libertad de la India ante un ejército chino ampliamente superior, porque había unido un país imposible de unir, que la consideraban capaz de gobernar.
Precisamente por los actos monstruosos que cometí, pensó, se me confía fundar un nuevo mundo.
Durante su cautiverio en la Tierra, en los meses pasados bajo custodia tailandesa y luego brasile√Īa, siempre vigilada pero bien tratada, empez√≥ a impacientarse y a desear abandonar el planeta y empezar una nueva vida.
Con lo que no había contado era con que la nueva zona de partida era la estación espacial antiguamente conocida como Escuela de Batalla.
Era como despertar de un sue√Īo muy real y encontrarse en el lugar de su infancia.
Los pasillos no habían cambiado; el código de luces de distintos colores en las paredes todavía ejecutaba su función: guiar a los colonos a sus dormitorios. Los barracones habían cambiado, claro: los colonos no iban a admitir el hacinamiento ni la reglamentación que habían soportado los alumnos de la Escuela de Batalla.
Tampoco había la tontería de un juego en ingravidez. Si usaban la sala de batalla para algo, no se lo contaron.
Pero los comedores seguían allí, tanto el de oficiales como el de soldados... aunque ahora comía en aquel en el que jamás había estado siendo estudiante: el de profesores. A sus propios colonos no se les permitía entrar allí; era el lugar en el que se refugiaba de ellos. La rodeaba el personal de Graff del Ministerio de Colonización.
Eran discretos y la dejaban en paz, cosa que agradec√≠a; eran altivos y se manten√≠an a distancia de ella, cosa que lamentaba. Respuestas opuestas, suposiciones opuestas sobre sus motivaciones; sab√≠a que estaban siendo amables, pero aun as√≠ se sent√≠a como una leprosa, apartada. Si hubiera querido amistad, probablemente la habr√≠a conseguido; probablemente esperaban a que ella les hiciese saber si quer√≠a conversaci√≥n. Ansiaba la compa√Ī√≠a humana. Pero jam√°s atraves√≥ el corto espacio entre su mesa y la de los dem√°s. Com√≠a sola. Porque no cre√≠a merecer participar en la sociedad humana.
Lo que la irritaba era la adoración con que le trataban los colonos. Siendo estudiante en la Escuela de Batalla, era normal. Ser una chica la hacía diferente, y tenía que esforzarse para ganarse su puesto... pero ella no era Ender Wiggin, no era una leyenda. Tampoco era una gran líder. Eso llegaría después, ya en la India, con gente a la que comprendía, sangre de su sangre.
El problema era que aquellos colonos eran en su mayor√≠a indios. Se hab√≠an ofrecido voluntarios para el programa de colonizaci√≥n precisamente porque Virlomi ser√≠a la gobernadora de su colonia: varios le contaron que hab√≠an competido en una loter√≠a para ganarse la oportunidad de ir. Cuando se mezclaba con ellos, para hablarles, para conocerlos, le resultaba pr√°cticamente in√ļtil. La reverenciaban tanto que apenas pod√≠a hablar o, si lograba hacerlo, usaban un lenguaje tan formal, tan culto, que no hab√≠a posibilidad de mantener una verdadera comunicaci√≥n con ellos.
Se comportaban como si creyeran que hablaban con una diosa.
Durante la guerra cumpl√≠ demasiado bien con mi tarea, se dijo. Para los indios, la derrota no era una se√Īal de la desaprobaci√≥n de los dioses. Lo que importaba era el
modo en que ella soportaba su carga. Y ella no podía evitarlo: mantenía su dignidad y, por tanto, precisamente por eso les parecía divina.
Quizás así resulte más fácil gobernarlos. O quizás haga que el día de su desilusión sea un momento terrible.
Un grupo de colonos de Hyderabad le presentó una petición.
¬óEl planeta se llama Ganges en honor al r√≠o sagrado ¬ódijeron¬ó, lo que es adecuado. Pero ¬Ņno podr√≠amos tambi√©n recordar a todos los que venimos del sur?
Hablamos telugu, no hindi ni urdu. ¬ŅNo podr√≠a haber una parte de la nueva colonia que nos pertenezca?
Virlomi les respondió en telugu fluido, lengua que había aprendido porque no hubiese podido unificar por completo la India hablando sólo hindi e inglés, y les dijo que haría lo que los colonos le permitiesen hacer.
Fue la primera prueba de su liderazgo. Se acercó a la gente y preguntó, dormitorio por dormitorio, si aceptarían bautizar el pueblo que construirían en el nuevo mundo con el nombre de Andhra, por la provincia que tenía por capital Hyderabad.
Todos aceptaron al instante la propuesta. El mundo se llamaría Ganges, pero el primer asentamiento sería Andhra.
¬óNuestra lengua debe ser el com√ļn ¬óles dijo¬ó. Me rompe el coraz√≥n olvidar las hermosas lenguas de la India, pero debemos poder comunicarnos con una sola voz, con una lengua. Vuestros hijos deben aprender com√ļn en casa como lengua materna.
Tambi√©n pod√©is ense√Īarles hindi, telugu o cualquier otra lengua, pero primero el com√ļn.
¬óEl lenguaje del Raj ¬ódijo un anciano. De inmediato, los otros colonos le gritaron que fuese respetuoso con Virlomi.
Pero Virlomi se limitó a reír.
¬óS√≠ ¬ódijo¬ó. La lengua del Raj. Conquistados en su momento por los brit√°nicos y, una vez m√°s, por la Hegemon√≠a. Pero es la lengua que todos tenemos en com√ļn: los de la India, precisamente porque los brit√°nicos nos gobernaron durante tanto tiempo y luego tuvimos mucho trato con Am√©rica; los que no son indios, porque es un requisito hablar com√ļn para realizar este viaje.
El anciano se rió con ella.
¬óAs√≠ que recuerda ¬ódijo¬ó: Hemos tenido una relaci√≥n m√°s larga con el llamado com√ļn que nadie a excepci√≥n de los propios americanos e ingleses.
¬óSiempre hemos tenido la capacidad de aprender las lenguas de nuestros conquistadores y convertirlas en propias. Nuestra literatura se convierte en su literatura, y la de ellos se convierte en la nuestra. Con esas palabras hablamos a nuestro modo y pensamos nuestras ideas. Somos quienes somos. Nada cambia.
Así habló a los colonos indios. Pero había otros, un quinto de los colonos aproximadamente, que no eran de la India. Algunos la habían escogido porque era famosa y su lucha por la libertad había arraigado en su espíritu. Después de todo, ella era la creadora de la Gran Muralla de la India, y por tanto la consideraban una celebridad y la seguían por esa razón.
Pero hab√≠a otros a quienes el azar hab√≠a situado en la colonia Ganges. Fue decisi√≥n de Graff no permitir que m√°s de cuatro quintas partes de los colonos fuesen de la India. Su mensaje hab√≠a sido conciso: ¬ęPuede que llegue un d√≠a en que pueda fundar las colonias un grupo concreto. Pero la ley de estas primeras colonias es que todos los humanos son ciudadanos por igual. Nos estamos arriesgando al permitirte llevar a tantos indios. S√≥lo la realidad pol√≠tica de la India me hizo contravenir la pol√≠tica habitual de no aceptar m√°s de un quinto de poblaci√≥n de una naci√≥n determinada. Y claro, ahora los keniatas, los darfurianos, los kurdos, los hablantes de quechua y maya y otros grupos sienten la necesidad de una patria exclusivamente propia. Ya que se la concedemos a los indios de Virlomi, ¬Ņpor qu√© no a ellos? Tienen que hacer la guerra para... etc√©tera, etc√©tera... Es por eso que preciso a ese veinte por ciento que no son indios y por lo que necesito estar seguro de que efectivamente los convertir√°s en ciudadanos de pleno derecho.¬Ľ
S√≠, s√≠, coronel Graff, se har√° como dices. Incluso cuando hayamos llegado a Ganges y t√ļ est√©s a a√Īos luz de distancia y ya no puedas inmiscuirte en lo que hacemos, yo mantendr√© mi promesa y animar√© los matrimonios mixtos y el tratamiento igualitario e insistir√© en que el ingl√©s (disculpa, el com√ļn) sea la lengua de todos.
Pero, a pesar de mis esfuerzos, el veinte por ciento acabar√° asimilado. Dentro de seis generaciones, de cinco, quiz√° de tres, vendr√°n visitantes a Ganges y se encontrar√°n con indios rubios y pelirrojos, de piel blanca con pecas y piel negra como el √©bano, rostros africanos y chinos que, sin embargo, insistir√°n en que ¬ęyo soy indio¬Ľ y tratar√°n con desprecio a quien insista en que no lo son.
La cultura india es demasiado fuerte para que nadie pueda controlarla. Yo gobern√© la India someti√©ndome a las costumbres de la India, cumpliendo los sue√Īos de la India. Ahora guiar√© la colonia Ganges, al pueblo de Andhra, ense√Īando a los indios a fingir ser tolerantes con los dem√°s, mientras los convertimos en nuestros amigos y los atraemos a nuestras costumbres. Pronto se dar√°n cuenta de que, en ese extra√Īo y nuevo mundo, nosotros los indios seremos los nativos y los dem√°s los intrusos hasta que ¬ęse conviertan en nativos¬Ľ y en otros m√°s de ¬ęnosotros¬Ľ. Es inevitable. Es la naturaleza humana combinada con la terquedad y la paciencia de la India.
Aun así, Virlomi se aseguró de hablar con los no indios que había en la Escuela de Batalla... allí, en la Estación de Paso.
La aceptaron bastante bien. Su fluidez hablando com√ļn de la Escuela de Batalla y argot la situaban en una buena posici√≥n. Tras la guerra, los ni√Īos de todo el mundo hab√≠an adoptado el argot de la Escuela de Batalla, y ella lo usaba con soltura.
Llamaba la atenci√≥n de ni√Īos y j√≥venes, y divert√≠a a los adultos. De esa forma, la sent√≠an m√°s cercana, menos como una celebridad.
En los barracones (no, en los dormitorios) que antiguamente ocupaban los estudiantes recién llegados (lanzados, como se decía) había una mujer con un bebé en brazos que se mantenía a distancia. A Virlomi le parecía bien (no tenía por qué ser ella la favorita de todos), pero pronto le quedó claro, visitando a menudo los barracones, que Nichelle Firth no era simplemente tímida o altiva, era activamente hostil.
Virlomi quedó fascinada e intentó descubrir más acerca de ella. Pero la biografía de su expediente era tan sucinta que Virlomi sospechó que era falsa; había varias así, de personas que se unían a la colonia para dejar atrás su pasado, incluso su identidad.
Sin embargo, no había forma de hablar directamente con la mujer. Con neutralidad cortés respondía apenas, si respondía; cuando decidía no hacerlo, sonreía con la mandíbula rígida, de forma que, a pesar de la sonrisa dentuda, Virlomi notaba su furia subyacente. No forzó la situación.
Pero observ√≥ las reacciones de Nichelle a lo que Virlomi y los otros dec√≠an cuando pod√≠a o√≠rlos, aunque no formase parte del grupo. Lo que parec√≠a dispararla, lo que hac√≠a que su lenguaje corporal se pusiese de mal humor, era o√≠r mencionar la Hegemon√≠a, a Peter Wiggin, las guerras de la Tierra, el Pueblo Libre de la Tierra o el Ministerio de Colonizaci√≥n. Tambi√©n ante la menci√≥n de Ender Wiggin, Graff, Suriyawong y, especialmente, la de Juli√°n Bean Delphiki agarraba al beb√© con m√°s fuerza y le susurraba alg√ļn tipo de encantamiento.
Virlomi pronunció ella misma algunos de esos nombres, como prueba. Estaba claro que Nichelle Firth no había participado en la guerra de ninguna forma: envió una foto suya al personal de Peter y no pudieron ofrecerle nada. Aun así, parecía tomarse muy personalmente los acontecimientos de la historia reciente.
S√≥lo hacia el final del periodo de preparaci√≥n se le ocurri√≥ probar con otro nombre. Lo encaj√≥ en una conversaci√≥n con un par de belgas, pero asegur√°ndose de estar lo suficientemente cerca de Nichelle para que √©sta pudiese o√≠rlo. ¬ęAchilles Flandres¬Ľ, dijo, comentando que era el belga m√°s famoso de la historia reciente. Por supuesto, se ofendieron y negaron que fuese realmente belga, pero mientras ella quitaba hierro al asunto con los belgas tambi√©n observaba a Nichelle.
La reacción fue intensa, sí, y a primera vista la misma de siempre: apretar más al bebé, acariciarlo, hablarle.
Pero luego Virlomi se dio cuenta: no estaba r√≠gida. No estaba malhumorada. Era cari√Īosa con el ni√Īo. Era delicada y estaba feliz. Sonre√≠a.
Y susurraba una y otra vez el nombre de ¬ęAchilles Flandres¬Ľ.
Resultaba tan inquietante que Virlomi tuvo ganas de acercársele y gritarle: ¡Cómo te atreves a venerar el nombre de ese monstruo!
Pero tambi√©n era extremadamente consciente de otros hechos monstruosos. S√≠, hab√≠a diferencias entre Achilles y ella, pero tambi√©n hab√≠a similitudes, y no era inteligente por su parte condenarle con demasiada vehemencia. As√≠ que la mujer sent√≠a afinidad por √©l... ¬ŅA qu√© se deb√≠a?
Virlomi abandon√≥ los barracones y volvi√≥ a buscar. No hab√≠a ning√ļn archivo que situase a Achilles en alg√ļn lugar donde hubiese podido conocer √° aquella mujer que sin duda alguna era americana. Virlomi no se la imaginaba hablando franc√©s, ni siquiera mal. No parec√≠a tener la suficiente educaci√≥n: como la mayor√≠a de los americanos, conocer√≠a una √ļnica lengua, que hablar√≠a mal pero fuerte. No era posible que el beb√© fuese de Achilles.
Pero debía comprobarlo. El comportamiento de la mujer indicaba demasiado claramente esa posibilidad.
No permitió que los Firth, madre e hijo, pasasen a estasis y fuesen almacenados en la nave hasta no haber recibido los resultados de la comparación entre la huella genética del bebé y los archivos de los genes de Achilles Flandres.
No había coincidencia. No podía ser su padre.
Vale, pensó Virlomi. La mujer es rara. Será un problema. Pero no uno que no se pueda controlar con algo de tiempo. Lejos de la Tierra, lo que sea que la convirtió en devota de ese monstruo se irá debilitando. Aceptará la presión de la amistad de los demás.
O no lo har√°, y entonces esa ofensa se volver√° contra ella y aquellos a los que niegue su amistad la condenar√°n al ostracismo. En cualquier caso, Virlomi afrontar√≠a la situaci√≥n. ¬ŅCuan problem√°tica puede ser una √ļnica mujer entre miles de colonos?
No es que Nichelle Firth fuese precisamente una líder. Nadie la seguiría. No lograría nada.
Virlomi dio la orden de autorizar el paso a estasis de los Firth. Pero, debido al retraso, seguían allí cuando Graff fue en persona a hablar con los que estarían despiertos durante el viaje. Eran sólo unos cien colonos, porque la mayoría había preferido la opción de dormir, y la tarea de Graff consistía en dejarles claro que era el capitán de la nave quien tenía el mando absoluto así como poder casi ilimitado para imponer castigos.
—Haréis cualquier cosa que os pida un miembro de la tripulación y lo haréis inmediatamente.
¬ó¬ŅO qu√©? ¬ópregunt√≥ alguien.
Graff no se ofendió... la voz sonaba más asustada que desafiante.
¬óEl capit√°n tiene poder sobre la vida y la muerte... dependiendo de la seriedad de la infracci√≥n. Y es el √ļnico que juzga la gravedad de la ofensa. No hay apelaci√≥n. ¬ŅMe explico?
Todos lo comprendieron. Unos cuantos incluso se decidieron por la opci√≥n in extremis de viajar en estasis... no porque pretendiesen amotinarse, sino porque no les gustaba la idea de estar encerrados durante a√Īos con alguien que ten√≠a tanto poder.
Al terminar la reunión, hubo un tremendo ruido y ajetreo mientras algunos se apresuraban hacia la mesa donde podían solicitar la estasis, otros se dirigían a los dormitorios y, unos pocos, se reunían alrededor de Graff: cazadores de famosos, claro, ya que era casi tan famoso a su modo como Virlomi y, además, no había estado a su alcance hasta aquel momento.
Virlomi se acercaba a la mesa de estasis cuando oyó un estruendo de jadeos y exclamaciones de la gente que rodeaba a Graff. Miró pero no vio qué pasaba. Graff estaba allí, sonriéndole a alguien, y parecía perfectamente tranquilo. Sólo algunas miradas (en realidad, miradas de furia) de algunos de los testigos guiaron sus ojos hacia una mujer que salía de la sala de mal humor, alejándose del corrillo de Graff.
Era Nichelle Firth, claro, con su querido hijo Randall en brazos.
Bien, lo que hubiese hecho aparentemente no había incomodado a Graff, aunque sí a otras personas.
Aun así, era preocupante que Nichelle hubiese buscado la oportunidad de enfrentarse a Graff. Su hostilidad la hacía actuar; muy mala noticia.
¬ŅPor qu√© no ha sido abiertamente hostil conmigo? Yo soy tan famosa como...
Famosa, pero ¬Ņpor qu√©? Porque la Hegemon√≠a me derrot√≥ y me encarcel√≥. ¬ŅY los enemigos dispuestos contra m√≠? Suriyawong, Peter Wiggin. Acompa√Īados de todo el mundo civilizado. B√°sicamente la misma lista que odiaba y se enfrentaba a Achilles Flandres.
No es de extra√Īar que se ofreciese voluntaria para mi colonia y no para alguna de las otras. Cree que soy un alma gemela, derrotada por los mismos enemigos. No comprende (o al menos no lo comprend√≠a cuando se ofreci√≥ voluntaria) que estoy de acuerdo con los que me derrotaron, que yo me hab√≠a equivocado y era preciso detenerme. No soy Achilles. No soy como Achilles.
Si la diosa deseaba castigar a Virlomi por haberla usurpado para obtener poder y unir a la India, no había mejor forma que ésta: hacer que todos creyesen que ella era como Achilles... y que por eso les cayese bien.
Por suerte, Nichelle Firth era la √ļnica persona, y no le ca√≠a bien a nadie porque a ella no le ca√≠a bien nadie. Sus opiniones, las que fuesen, no pod√≠an afectar a Virlomi.
No dejas de repet√≠rtelo, pens√≥ Virlomi. ¬ŅSignifica eso que en las profundidades de mi mente, las extra√Īas opiniones de esa mujer ya empiezan a afectarme?
Claro que sí.
Satyagraha. Esta carga también la soportaré.