10 - Capitulo 10

De: vwiggin%Colonia 1 @MinCol.gob/ciutad
Asunto: Cabrón arrogante
¬ŅTe haces una idea de todos los problemas que causaste enviando ese paquete de datos con una prioridad tan alta que consumi√≥ toda la capacidad de comunicaci√≥n por ansible de la nave? Ciertas personas lo tomaron por un ataque contra el enlace ansible y Ender estuvo a punto de acabar en estasis durante el viaje... y habr√≠a sido uno de ida y vuelta.
Pero, una vez resuelto todo, el paquete en s√≠ result√≥ muy informativo. Aparentemente, alg√ļn pseudoconfuciano te maldijo a vivir tiempos interesantes. Por favor, cu√©ntame c√≥mo siguen las cosas. Pero que sea con una prioridad lo suficientemente baja, por favor, de forma que la nave pueda mantener sus comunicaciones regulares. Y no dejes que Graff lo dirija a Ender. Que venga dirigido a m√≠ como colona, no al gobernador nombrado.
Me parece que te va bastante bien. Aunque es posible que la situaci√≥n haya cambiado desde tu env√≠o y mi respuesta. ¬ŅNo es genial el viaje espacial?
¬ŅYa les ha escrito Ender a nuestros padres? No puedo pregunt√°rselo (bien, se lo he preguntado, pero no consigo respuestas) y no puedo pregunt√°rselo a ellos, porque sabr√°n que he intentado que escriba, lo que les har√° todav√≠a m√°s da√Īo si no ha escrito y, si lo ha hecho, restar√° emotividad a la misiva.
Sigue siendo listo. Eso no te lo pueden quitar.
Tu antigua marioneta,
DEM√ďSTENES
Alessandra se alegró al saber que se realizaría la lectura de la obra. Su madre se había quedado destrozada, aunque sólo se lo manifestó a Alessandra en la intimidad de su camarote. Dejó bien claro que no iba a llorar, lo que estaba bien, pero no dejaba de recorrer el diminuto espacio, abriendo y cerrando puertas, golpeando cosas y dando patadas siempre que podía y, de vez en cuando, soltando alguna declaración incomprensible del estilo:
¬ó¬ŅPor qu√© siempre estamos en la estela de la nave de otra persona?
Luego, en medio de una partida de backgammon:
¬ó¬°En las guerras de los hombres, las mujeres siempre pierden!
Y a trav√©s de la puerta del ba√Īo:
¬ó¬°No hay placer tan simple como para que alguien no te lo robe simplemente por hacerte da√Īo!
En vano Alessandra intentaba apaciguarla:
¬óMadre, no iba dirigido contra ti, claramente iba contra Ender.
Esas respuestas siempre provocaban una larga diatriba, y ninguna lógica podía hacerle cambiar de idea... aunque al cabo de un momento era posible que adoptara por completo el punto de vista de Alessandra, actuando como si hubiese pensado siempre así.
Sin embargo, si Alessandra no respondía a las observaciones epigramáticas de su madre, la tormenta era cada vez peor... Necesitaba una respuesta, de la misma forma que otras personas necesitan aire. Pasar de ella era darle fuelle. Así que Alessandra respondía, participaba en la conversación intensa y sin sentido, y luego pasaba de la incapacidad de su madre para admitir que había cambiado de opinión aunque así hubiese sido.
A su madre no parec√≠a hab√©rsele ocurrido que la propia Alessandra estaba decepcionada, que interpretar a Bianca frente al Lucencio de Ender le hab√≠a hecho sentir... ¬Ņqu√©? No era amor... definitivamente no estaba enamorada. Ender era muy agradable, pero era tan agradable con Alessandra como con todos los dem√°s, por lo que quedaba claro que para √©l ella no era nadie especial, y Alessandra no ten√≠a intenci√≥n de entregar su afecto a alguien que primero no se lo hubiese entregado a ella. No, lo que Alessandra sent√≠a era gloria. Gloria reflejada, claro, de la muy asombrosa interpretaci√≥n de su madre como Kate y de la fama de Ender como salvador de la especie humana... y de su notoriedad como monstruo asesino de ni√Īos, que Alessandra no tomaba por cierta pero que claramente se sumaba a la fascinaci√≥n.
Toda decepción quedó olvidada en cuanto llegó el mensaje a los escritorios de todos: la lectura se celebraría a la noche siguiente, y el propio almirante asistiría.
Alessandra pens√≥ de inmediato: ¬ŅEl almirante? Hab√≠a dos almirantes en el viaje, y uno ya formaba parte del programa. ¬ŅEra aquello un desaire calculado, para que el mensaje sonase como si un √ļnico oficial poseyese esa graduaci√≥n superior? El mismo hecho de que Ender hubiese sido convocado perentoriamente para ver al almirante Morgan era otra se√Īal... ¬Ņrealmente Ender merec√≠a tan poco respeto? Aquello la hac√≠a sentirse un poco furiosa por √©l.
Luego se dijo: No tengo ninguna relaci√≥n con Ender Wiggin que me obligue a proteger sus privilegios. Me he contagiado de la enfermedad de madre, actuando como si sus planes y sue√Īos fuesen reales. Ender no me ama de la misma forma que yo no le amo a √©l. Cuando lleguemos a Shakespeare all√≠ habr√° chicas; cuando √©l tenga edad de casarse, ¬Ņqu√© ser√© yo para Ender?
¬ŅQu√© he hecho, viniendo en este viaje con destino a un lugar donde no habr√° suficiente gente de mi edad como para llenar un bus?
No por primera vez, Alessandra envidió la capacidad de su madre para ponerse contenta por simple fuerza de voluntad.
Para la lectura se vistieron con sus mejores galas... no es que durante el viaje hubiese mucha variedad en lo que a ropa se refer√≠a. Pero hab√≠an empleado parte de la compensaci√≥n por el consentimiento en comprar ropa antes de entregarle el resto a la abuela. La mayor√≠a de las prendas deb√≠an ajustarse a la descripci√≥n de la lista del Ministerio de Colonizaci√≥n: ropa caliente para un invierno fr√≠o, pero no excesivamente, ropa ligera pero resistente para trabajar en verano y al menos un traje duradero para ocasiones especiales. La lectura de esa noche era una de tales ocasiones... y su madre se hab√≠a asegurado de gastar parte del dinero en baratijas y accesorios. Lo cierto era que las joyas eran exageradas y claramente falsas. Luego estaban los deslumbrantes pa√Īuelos de madre, que a ella le quedaban casi ir√≥nicamente extravagantes pero a Alessandra pat√©ticos. Madre se hab√≠a vestido para matar; Alessandra s√≥lo pod√≠a aspirar a no desaparecer por completo en la sombra proyectada por su madre.
Llegaron justo cuando se suponía que debía comenzar la lectura. Alessandra corrió de inmediato a su taburete, pero su madre avanzó despacio, saludando a todos, tocando a todos, dedicando a todos su sonrisa. Excepto a uno.
El almirante Morgan estaba sentado en la segunda fila, rodeado de algunos oficiales que lo aislaban de cualquier contacto con el p√ļblico... era m√°s que evidente que se consideraba de una raza aparte y no quer√≠a tener nada que ver con los simples colonos. Tal era el privilegio de su rango, y Alessandra no se lo ech√≥ en cara. M√°s bien dese√≥ tener el poder de crear un cord√≥n a su alrededor para mantener a raya a personas que quisiesen violar su intimidad.
Para horror de Alessandra, una vez que madre llegó a la parte delantera, siguió con su majestuoso avance siguiendo la primera fila, saludando a la gente... y también la segunda fila. ¡Iba a intentar obligar al almirante Morgan a hablarle!
Pero no, el plan de su madre era todav√≠a peor. Se present√≥ (y flirte√≥) con los oficiales sentados a ambos lados del almirante. Pero ni siquiera hizo una pausa frente a Morgan, como si no existiese. ¬°Un desaire! ¬°Al hombre m√°s poderoso de su peque√Īo mundo!
Alessandra apenas podía soportar mirar la cara de Morgan, pero tampoco podía apartar la vista de él. Al principio, Morgan había seguido con resignación la
aproximación de su madre... iba a tener que hablar con esa mujer. Pero cuando ella le dejó atrás, la expresión de desdén apenas contenida de Morgan dio paso a la de consternación y luego a la de furia turbulenta. Madre se había ganado un enemigo.
¬ŅEn qu√© estaba pensando? ¬ŅDe qu√© pod√≠a servir hacerlo?
Pero era hora de empezar. Los actores principales estaban sentados en taburetes; los dem√°s ocupaban la fila delantera, listos para levantarse y mirar al p√ļblico cuando les tocase. Madre finalmente lleg√≥ hasta el taburete del centro del escenario. Antes de sentarse, mir√≥ caritativamente al p√ļblico y dijo:
—Muchas gracias por venir a nuestra modesta representación. La obra transcurre en Italia, donde nacimos mi hija y yo. Pero está escrita en inglés, que para nosotras es una segunda lengua. Mi hija lo habla con fluidez, pero yo no. Así que si me equivoco al pronunciar, recordad que Catalina era italiana y que en inglés ella también hubiese tenido mi acento.
Lo dijo con el brillo caracter√≠stico de madre, con su aire de ligereza y felicidad. El tono que hab√≠a sido tan molesto para Alessandra que en ocasiones deseaba gritar de furia al o√≠rlo resultaba en aquel momento absolutamente encantador. Y el resto de los colonos y la tripulaci√≥n respondieron al discursito con risas e incluso aplausos. Y el actor que interpretaba a Petruchio (que evidentemente sent√≠a algo por madre, a pesar de haberse tra√≠do a una esposa y cuatro hijos) incluso a√Īadi√≥:
¬ó ¬°Brava! ¬°Brava!
As√≠ que la obra comenz√≥ con todos los ojos centrados en madre, a pesar de que ella no interven√≠a hasta el segundo acto Por medio de miradas de reojo, Alessandra comprobaba que su madre se encontraba en un trance perfecto de introspecci√≥n durante las escenas en las que los hombres se ocupaban de la exposici√≥n y hac√≠an el trato con Petruchio. Mientras los otros actores mencionaban repetidamente a la hermosa Bianca y a la monstruosa Catalina, Alessandra comprobaba que la pose de su madre surt√≠a efecto... A medida que crec√≠a su reputaci√≥n, el p√ļblico no dejaba de mirarla y encontraba una quietud perfecta.
Pero eso no ser√≠a apropiado en el caso de Bianca, pens√≥ Alessandra. Record√≥ un comentario de Ender durante el √ļltimo ensayo: ¬ęBianca es perfectamente consciente del efecto que surte en los hombres.¬Ľ
Por tanto, Catalina estaría tan inmóvil como madre, pero la labor de Bianca era estar radiante, ser feliz y deseable. Así que Alessandra sonreía y apartaba la vista cuando los hombres hablaban de la hermosa Bianca, como si estuviese enrojeciendo y fuese tímida. No importaba que Alessandra no fuese hermosa... como siempre le repetía madre; las mujeres más simples se convertían en estrellas de cine gracias a la manera en que se presentaban, sin avergonzarse de sus peores rasgos. Lo que Alessandra no podía hacer en la vida real (saludar al mundo con una gran sonrisa), podía hacerlo como Bianca.
Y entonces lo comprendi√≥ por primera vez. Madre no es capaz de cambiar de estado de √°nimo simplemente decidiendo ser feliz. No, es una actriz. Siempre ha sido una actriz. Simplemente act√ļa como si fuera feliz para su p√ļblico. Durante toda mi vida yo he sido su p√ļblico. E incluso cuando yo no aplaud√≠a su interpretaci√≥n, igualmente la hac√≠a para m√≠; y ahora comprendo la raz√≥n. Porque madre sab√≠a que cuando se pon√≠a con su baile de hadas, era imposible mirar o pensar en nada que no fuese ella.
Pero ahora, la reina de las hadas había desaparecido y en su lugar sólo había una reina: madre, monárquica e inmóvil, dejaba que los peones y cortesanos hablasen, porque sabía que, de desearlo, podría sacarlos del escenario con un soplido.
Y as√≠ fue. Sucedi√≥ en el segundo acto, escena primera, donde Catalina supuestamente arrastraba a Bianca, atada de manos. Alessandra se volvi√≥ conmovedora y dulce, rog√°ndole a su madre que la soltase, jurando que no amaba a nadie, mientras madre la injuriaba, ardiendo con tal furia interna que realmente asust√≥ a Alessandra, al menos moment√°neamente. Ni siquiera en los ensayos madre hab√≠a sido tan vehemente. Alessandra dudaba que se hubiese estado conteniendo antes... a madre no se le daba bien lo de contenerse. No, ese fuego especial era debido al p√ļblico.
Pero no a todo el p√ļblico, como qued√≥ claro a medida que avanzaba la escena.
¬°Todas las frases de Catalina sobre la injusticia de su padre y la estupidez de los hombres invariablemente las disparaba directamente hacia el almirante Morgan! No era s√≥lo imaginaci√≥n de Alessandra. Todos se daban cuenta, y al principio el p√ļblico re√≠a disimuladamente, pero luego empez√≥ a re√≠rse abiertamente a medida que flecha tras flecha se clavaba no s√≥lo en los personajes de la obra, sino tambi√©n en el hombre sentado en el centro de la segunda fila.
Era Morgan el √ļnico que no parec√≠a darse cuenta; aparentemente, con madre mir√°ndole directamente, simplemente pensaba que la representaci√≥n, no el sentido de las palabras, iba dirigida a √©l.
La obra fue bien. Oh, las escenas de Lucencio fueron tan aburridas como siempre...
En realidad no era culpa de Ender, Lucencio simplemente no era uno de los papeles graciosos. Era un destino compartido por Bianca, por lo que se supon√≠a que Alessandra y Ender deb√≠an ser la ¬ędulce pareja¬Ľ mientras el foco de atenci√≥n (de las risas y el romance) eran Catalina y Petruchio. Es decir, a pesar de todos los esfuerzos de un Petruchio bastante bueno, todos los ojos estaban fijos en su madre. Puede que √©l gritase, pero era el rostro de ella, sus reacciones lo que provocaba la risa. El ansia de madre, su somnolencia, su desesperaci√≥n y, finalmente, su aquiescencia juguetona cuando Catalina comprend√≠a al final y empezaba a seguir el juego alocado de Petruchio, quedaban completamente claros en el rostro de madre, en su postura, en su tono de voz.
Madre es genial, comprendi√≥ Alessandra. Completamente genial. Y lo sabe. ¬°No es de extra√Īar que propusiese leer una obra!
Y luego otra idea: Si madre puede hacer algo as√≠, ¬Ņpor qu√© no es actriz? ¬ŅPor qu√© no se ha convertido en estrella del escenario o la pantalla para que todos vivi√©semos en la opulencia?
La respuesta, comprendi√≥, era bien simple: Alessandra hab√≠a nacido cuando su madre s√≥lo ten√≠a quince a√Īos.
Me concibi√≥ cuando ten√≠a exactamente la edad que yo tengo ahora, comprendi√≥ Alessandra. Se enamor√≥ y se entreg√≥ a un hombre (a un muchacho) y tuvo una ni√Īa.
Para Alessandra era increíble, ya que ella jamás había sentido ninguna pasión por ninguno de los chicos de su escuela.
Padre debía ser asombroso.
O madre deb√≠a estar desesperada por alejarse de la abuela. Lo que resultaba m√°s probable. En lugar de esperar unos a√Īos m√°s y convertirse en una gran actriz, se cas√≥ y se dedic√≥ a cuidar de la casa y de su beb√© (no por ese orden) y, como me tuvo a m√≠, nunca pudo emplear su talento para avanzar en el mundo.
¡Hubiésemos podido ser ricos!
¬ŅY ahora qu√©? A las colonias, un lugar de granjeros, tejedores, constructores y cient√≠ficos, sin tiempo para el arte. No habr√° tiempo libre en la colonia, no como lo hay en la nave durante el viaje. ¬ŅLlegar√° madre a tener la oportunidad de demostrar lo que puede hacer?
La obra llegaba a su final. Valentine interpretó a la Viuda con sorprendente ingenio y brío... Comprendía por completo el papel, y no por primera vez Alessandra deseó poseer la genialidad y la belleza de Valentine. Pero algo ensombrecía ese deseo. Por primera vez en su vida, Alessandra envidiaba a su madre y deseaba parecerse más a ella. Increíble, pero cierto.
Madre se apartó de su taburete y recitó su monólogo mirando directamente al frente (directamente al almirante Morgan), hablando del deber de una mujer con un hombre. De la misma forma que todas las flechas las había dirigido contra Morgan, ahora ese discurso (esa homilía dulce, sumisa, grácil, sentida y repleta de amor) la pronunció mirando directamente a los ojos a Morgan.
Y Morgan qued√≥ fascinado. Ten√≠a la boca ligeramente abierta, sus ojos no dejaron un momento de mirar a su madre con total atenci√≥n. Y cuando √©sta se arrodill√≥ y dijo: ¬ęMi mano est√° lista, que le trate con dulzura¬Ľ, ¬°hab√≠a l√°grimas en los ojos de Morgan!
Petruchio aulló su parte:
—¡Menuda mujer! ¡Ven y bésame, Kate!
Graciosamente, su madre se levantó, sin intentar fingir un beso, sino más bien poniendo la cara que una mujer le pone a su amante cuando está a punto de besarle...
y sus ojos, una vez m√°s, estaban clavados en Morgan.
Por fin Alessandra comprendía a qué jugaba madre. ¡Hacía que Morgan se enamorase de ella!
Y funcionaba. Cuando se hubieron recitado las √ļltimas frases y el p√ļblico se puso en pie para vitorearlos mientras todos los lectores hac√≠an reverencias y saludaban, Morgan pas√≥ a la primera fila de asientos, de forma que, mientras los aplausos continuaban, lleg√≥ al escenario y tom√≥ la mano de su madre. ¬ŅLa tom√≥? No, se aferr√≥ a ella y no la soltaba, dici√©ndole lo maravillosa que era.
La altivez de madre, su desaire inicial, formaba parte del plan. Ella era la fierecilla, castigándolo por haberse atrevido a cancelar la lectura; pero, al final, estaba domada; le pertenecía completamente a Morgan.
Toda esa velada, mientras Morgan invitaba a todos al comedor de oficiales (que hasta ese momento había estado estrictamente prohibido a los colonos), revoloteó alrededor de madre. Resultaba tan evidente que estaba locamente enamorado que varios oficiales se lo comentaron, indirectamente, a Alessandra.
¬ęTu madre parece haber fundido el gran coraz√≥n de piedra¬Ľ, dijo uno. Y oy√≥ a dos oficiales hablando y a uno decir: ¬ę¬ŅMe equivoco o ya est√° quit√°ndose los pantalones?¬Ľ
Si cre√≠an que eso iba a pasar, no conoc√≠an a su madre. Alessandra hab√≠a soportado a√Īos de consejos de su madre sobre los hombres. No dejes que hagan esto, no dejes que hagan aquello... da a entender, insin√ļa, promete, pero que no obtengan nada hasta no haberse comprometido. Madre lo hab√≠a hecho al rev√©s en su juventud y llevaba quince a√Īos pagando el error. Ahora con seguridad seguir√≠a su propio consejo, m√°s triste pero m√°s sabio, y seducir√≠a a ese hombre s√≥lo con palabras y sonrisas. Le quer√≠a perdidamente enamorado, no satisfecho.
Oh, madre, vaya un juego que te has montado.
¬ŅDe verdad... es posible... realmente te atrae este hombre? Es un tipo atractivo con su uniforme. Y cerca de ti no es fr√≠o en absoluto, ni altivo; o, si lo es, te incluye a ti en su altivez.
Un momento esclarecedor; mientras Morgan hablaba con otro hombre (uno de los pocos oficiales que se había traído a su esposa), la mano de Morgan acabó sobre el hombro de su madre, en un abrazo ligero. Ella instantáneamente alzó la suya y apartó la de él, pero al mismo tiempo se dio la vuelta y le habló a Morgan dedicándole una sonrisa cálida, haciendo una broma, porque todos rieron. El mensaje era complejo, pero claro: No me toques, mortal, pero sí, te concederé esta sonrisa.
T√ļ eres m√≠o, pero yo todav√≠a no soy tuya.
Eso es lo que madre pretende que haga yo con Ender Wiggin, mi supuesto ¬ęjoven con futuro¬Ľ. Pero no podr√≠a poseer a un hombre de la misma forma que no puedo
volar. Siempre seré la que suplica, nunca la seductora; siempre la agradecida, nunca la agraciada.
Ender se le acercó.
¬óEsta noche tu madre ha estado genial ¬ódijo.
Claro que lo dijo. Era lo que decían todos.
—Pero sé algo que los demás no saben —dijo él.
¬ó¬ŅQu√© es? ¬ópregunt√≥ Alessandra.
¬óS√© que la √ļnica raz√≥n para que mi interpretaci√≥n fuese buena has sido t√ļ. Todos los que interpretamos a los pretendientes de Bianca, toda esa comedia, todo se cimentaba en que el p√ļblico creyese que nosotros aspir√°bamos a tu amor. Y estabas tan encantadora que nadie lo ha dudado ni por un momento.
Ender le sonrió y se alejó para volver con su hermana.
Dejando a Alessandra boquiabierta.