5 - Capitulo 05

De: hgraff%MinCol@heg.gob
Asunto: ¬ŅQu√© buscamos?
Estimado Imo:
He estado reflexionando profundamente sobre nuestra conversaci√≥n y creo que puede que tengas raz√≥n. Se me ocurri√≥ la est√ļpida idea de que deber√≠as buscar rasgos deseables y √ļtiles para formar equipos ideales y equilibrados para las colonias. Pero la verdad es que no estamosrecibiendo tal volumen de voluntarios como para permitirnos ser excesivamente quisquillosos.
Y tal y como nos demuestra la historia, cuando la colonización es voluntaria la gente se autoselecciona mejor que por medio de cualquier sistema de pruebas.
Es como aquellos absurdos intentos de controlar la inmigraci√≥n a Am√©rica seg√ļn las caracter√≠sticas que se consideraban m√°s deseables, cuando hist√≥ricamente la √ļnica caracter√≠stica que define a los americanos es ser ¬ędescendiente de alguien que renunci√≥ a todo para venirse a vivir aqu√≠¬Ľ. ¬°Y ya no hablemos de c√≥mo seleccionaron a los colonos australianos!
El deseo de ir es la √ļnica prueba importante, como dijiste. Pero eso significa que todas las dem√°s pruebas son... ¬Ņqu√©?
No son tan in√ļtiles como dabas a entender. Al contrario, creo que los resultados de las pruebas son un recurso valioso. Incluso si los colonos est√°n todos locos, ¬Ņno deber√≠a tener el gobernador un buen informe sobre la versi√≥n particular de locura que anida en cada individuo?
Lo sé, no vas a dejar pasar a nadie que requiera medicación para mantenerse funcionalmente cuerdo. Ni a adictos, alcohólicos y sociópatas conocidos, ni a personas con enfermedades genéticas, etcétera. En eso siempre hemos estado de acuerdo, para evitar sobrecargar las colonias. De todas formas, en unas pocas generaciones desarrollarán sus propias particularidades genéticas y cerebrales; por ahora, sin embargo, vamos a dejarles un buen margen de maniobra.
En lo que respecta a la familia por la que preguntaste, la que planea casar una hija con el gobernador: bien, estoy seguro de que admitirás que en la larga lista de motivos históricos
para unirse a una colonia lejana el matrimonio era uno de los socialmente m√°s nobles y m√°s productivos.
HYRUM
¬ó¬ŅSabes qu√© he hecho hoy, Alessandra?
¬óNo, madre. ¬óAlessandra, de catorce a√Īos, dej√≥ la bolsa de los libros en el suelo, frente a la
puerta, y pasó junto a su madre para llegar al fregadero, donde se sirvió un vaso de agua.
¬ó¬°Adivina!
¬ó¬ŅHas conseguido que vuelva la electricidad?
—Los duendes no hablan conmigo —dijo madre. En su momento había tenido gracia esa idea de que

la electricidad era cosa de duendes. Pero ya no tenía demasiada gracia en medio del sofocante verano adriático, sin refrigeración para la comida, sin aire acondicionado y sin vídeos para distraerse del calor.
—En ese caso, no sé qué has hecho, madre.
¬óHe cambiado nuestras vidas ¬ódijo madre¬ó. He creado un futuro para nosotras.
Alessandra se quedó completamente inmóvil y rezó una oración mentalmente.
Hacía tiempo que había renunciado a cualquier esperanza de recibir respuesta a sus oraciones, pero

se consolaba pensando que cualquier oración sin respuesta engrosaría la lista de agravios que le
presentaría a Dios si se daba la ocasión.
¬ó¬ŅQu√© futuro es √©se, madre?
Madre apenas podía contenerse.

¬óVamos a ser colonos. Alessandra suspir√≥ aliviada. En la escuela les hab√≠an dado todos los detalles sobre el Proyecto de Dispersi√≥n. Ahora que los insectores no exist√≠an, la idea era que los humanos colonizasen sus antiguos mundos, de forma que el destino de la humanidad no estuviese ligado a un √ļnico planeta. Pero los requerimientos para los colonos eran muy estrictos. No hab√≠a ninguna posibilidad de que aceptasen a una persona inestable e irresponsable (no, perd√≥n, quer√≠a decir ¬ęalegre de cascos y algo loca¬Ľ) como madre.
¬óBien, madre, es maravilloso.
¬óNo pareces muy emocionada.

¬óLleva mucho tiempo que aprueben una solicitud. ¬ŅPor qu√© iban a aceptarnos a nosotras? ¬ŅQu√©
sabemos hacer?
¬óQu√© pesimista, Alessandra. No tendr√°s futuro si frunces el ce√Īo ante cualquier opci√≥n nueva. ¬ó

Madre bailó a su alrededor, sosteniendo frente a ella un papel que

agitaba—. Presenté la solicitud hace meses, querida Alessandra. ¡Hoy he recibido la confirmación de
que nos aceptan!
¬ó¬ŅMe lo has ocultado durante todo este tiempo?
—Sé guardar secretos —dijo madre—. Tengo un montón de secretos. Pero eso no es un secreto. Este

trozo de papel dice que viajaremos a un nuevo mundo, y en ese nuevo mundo no formar√°s parte de un

excedente perseguido, ser√°s necesaria, y notar√°n y admirar√°n todos tus talentos y encantos.
Todos sus talentos y encantos. En el colegio nadie parecía verlos. No era más que otra chica
desgarbada, todo brazos y piernas, que se sentaba al fondo, hacía lo que le decían y no causaba
problemas. Sólo madre consideraba a Alessandra una especie de criatura mágica y extraordinaria.

¬óMadre, ¬Ņpuedo leer ese papel? ¬ópregunt√≥ Alessandra.
¬ó¬ŅPor qu√©, dudas de m√≠? ¬óMadre se alej√≥ bailando con la carta.
Alessandra tenía demasiado calor y estaba demasiado cansada para ponerse a jugar. No la persiguió.
¬óClaro que dudo de ti.
¬óHoy no eres nada divertida, Alessandra.
—Incluso aunque fuese cierto, es una idea terrible. Deberías haberme consultado.
¬ŅSabes c√≥mo ser√° la vida de los colonos? Se la pasar√°n sudando en el campo como granjeros.
¬óNo seas tonta ¬ódijo madre¬ó. Para eso tienen m√°quinas.
—Y no están seguros de que podamos comer la vegetación autóctona. Cuando los insectores atacaron

la Tierra por primera vez, se limitaron a destruir toda la vegetación que crecía en esa parte de China.
No tenían intención de comer nada de lo que allí crecía de forma natural. No sabemos si nuestras
plantas pueden crecer en sus planetas. Todos los colonos podrían morir.

—Para cuando lleguemos, los supervivientes de la flota que derrotó a los insectores ya habrán
resuelto esos problemas.
¬óMadre ¬ódijo Alessandra con paciencia¬ó. No quiero ir.

¬óEso es porque las almas muertas de la escuela te han convencido de que eres una chica normal.
Pero no es así. Eres mágica. Debes alejarte de este mundo de polvo y tristeza y llegar a una tierra
verde y rebosante de poderes antiguos. ¬°Viviremos en las cuevas de los ogros muertos y saldremos a
cosechar los campos que una vez fueron suyos! ¡Y en las tardes frías, con una brisa dulce y verde
agitándote la falda, bailarás con jóvenes que se quedarán boquiabiertos ante tu belleza y gracia!

¬ó¬ŅY d√≥nde encontrar√°s a esos j√≥venes?

—Ya verás —dijo madre. Luego cantó—: ¡Ya verás! ¡Ya verás! Un buen joven con futuro te
entregará su corazón.
Al fin el papel estuvo lo suficientemente cerca para que Alessandra pudiese robarlo de las manos a

su madre. Lo leyó, con su madre inclinada hacia la hoja, con su sonrisa de hada. Era real. Dorabella
Toscano (29) y su hija, Alessandra Toscano (14), aceptadas para la Colonia 1.

¬óEvidentemente no hacen ning√ļn tipo de prueba psicol√≥gica ¬ódijo Alessandra.
¬óIntentas hacerme da√Īo pero no lo lograr√°s. Madre sabe lo que te conviene. No cometer√°s los
errores que cometí yo.

—No, pero los pagaré —dijo Alessandra.
¬óPiensa, mi querida, hermosa, inteligente, gr√°cil, buena, generosa y avinagrada ni√Īa, piensa en esto:

¬ŅQu√© te espera aqu√≠ en Monopoli, Italia, viviendo en un piso en el extremo menos elegante de Via
Luigi Indelli?
¬óNo hay ning√ļn extremo elegante de Luigi Indelli.
¬óMejor me lo pones.
¬óMadre, no sue√Īo con casarme con un pr√≠ncipe y cabalgar hacia la puesta de sol.
—Eso está bien, querida, porque no existen los príncipes... sólo hombres y animales que fingen ser

hombres. Me casé con uno de los segundos, pero al menos te dio los genes de esas mejillas
asombrosas, esa sonrisa devastadora. Tu padre tenía muy buena dentadura.
¬óSi al menos hubiese sido un ciclista m√°s atento.
¬óNo fue culpa suya, querida.

—Los tranvías van sobre raíles, madre. No te pillan si no te metes entre las vías.
¬óTu padre no era ning√ļn genio. Pero, por suerte, yo s√≠ que lo soy, y por tanto por ti fluye la sangre
de las hadas.

—Nadie diría que las hadas sudan tanto. —Alessandra apartó de la cara de su madre uno de sus rizos
empapados¬ó. Oh, madre, no nos ir√° bien en una colonia. Por favor, no lo hagas. ¬óEl viaje dura

cuarenta a√Īos... fui a casa del vecino y lo mir√© en la red.
¬ó¬ŅEsta vez le pediste permiso?
—Claro que sí, ahora atrancan las ventanas. Se alegraron mucho de saber que nos íbamos a las

colonias.
¬óDe eso estoy segura.
¬óPero por efecto de la magia, para nosotras s√≥lo pasar√°n dos a√Īos.
¬óDebido al efecto relativista de viajar a velocidades cercanas a la de la luz.
¬óMi hija es un genio. E incluso durante esos dos a√Īos podemos dormir, por lo que no

envejeceremos.
¬óNo mucho.
¬óSer√° como si nuestros cuerpos durmiesen una semana y nos despert√°semos cuarenta a√Īos despu√©s.
¬óY todos nuestros conocidos en la Tierra ser√°n cuarenta a√Īos mayores que nosotros.
—Y en su mayoría habrán muerto —cantó madre—. Incluida la bruja odiosa de mi madre, que me

repudió cuando me casé con el hombre al que amaba, y que por tanto jamás pondrá sus manos sobre

mi querida hija. —La melodía de ese estribillo siempre sonaba alegre. Alessandra no conocía a su

abuela. Pero entonces se le ocurrió que quizás una abuela podría impedirle unirse a una colonia.
¬óNo voy a ir, madre.
¬óEres menor de edad e ir√°s a donde yo vaya, toma.
¬óEres una loca y pedir√© la emancipaci√≥n legal antes que ir, toma t√ļ.
¬óTe lo pensar√°s antes porque voy a irme contigo o sin ti, y si crees que tu vida es dura entonces

deberías probar cómo será sin mí.
—Sí, debería —dijo Alessandra—. Déjame conocer a la abuela.
La mirada de furia de madre fue inmediata, pero Alessandra insistió.
¬óD√©jame vivir con ella. T√ļ vete a la colonia.
—Pero yo no tengo ninguna razón para ir a la colonia, querida. Lo hago por ti. Así que sin ti, no iré.
—Entonces no iremos. Díselo.
¬óVamos a ir, y estaremos encantadas de hacerlo.

Bien podía bajarse del tiovivo; a madre no le importaba dar vueltas una y otra vez a lo mismo, pero a
Alessandra le aburría.

¬ó¬ŅQu√© mentiras contaste para que te aceptasen?
—No conté ninguna mentira —dijo madre, fingiéndose indignada por la acusación—. Sólo me
identifiqué. Ellos se encargan de la investigación, por lo que, si tienen información falsa, es culpa
suya. ¬ŅSabes por qu√© nos quieren?

¬ó¬ŅLo sabes t√ļ? ¬ópregunt√≥ Alessandra¬ó. ¬ŅDe verdad te lo dijeron?
¬óNo hace falta ser un genio para darse cuenta, ni siquiera hace falta ser un hada
¬ódijo madre¬ó. Nos quieren porque las dos podemos tener hijos.
Alessandra gimió asqueada, pero madre se acicalaba delante de un espejo de cuerpo entero

imaginario.
¬óSigo siendo joven ¬ódijo madre¬ó, y t√ļ te est√°s haciendo mujer. All√≠ tienen a hombres de la flota,
jóvenes que jamás se han casado. Esperarán ansiosos nuestra llegada. Así que yo me uniré a un muy

ansioso viejo de sesenta a√Īos, le dar√© beb√©s y luego √©l se morir√°. Ya estoy acostumbrada. Pero t√ļ...
t√ļ ser√°s un premio para cualquier joven. Ser√°s un tesoro.
¬óTe refieres a mi √ļtero ¬ódijo Alessandra¬ó. Tienes raz√≥n, eso es exactamente lo que piensan.

Apuesto a que han aceptado a todas las mujeres sanas que se ofrecieron a ir.
¬óLas hadas siempre estamos sanas.
Era muy cierto... Alessandra no recordaba haber estado enferma, excepto por la intoxicación sufrida

aquella vez que madre insistió, después de un largo día de mucho calor, en que probasen la comida de un vendedor callejero.
¬óAs√≠ que env√≠an un reba√Īo de mujeres, como vacas. ¬óS√≥lo eres una vaca si as√≠ lo decides t√ļ ¬ódijo madre¬ó. Ahora lo √ļnico que me queda por decidir es si queremos dormir durante el viaje y despertar justo antes de aterrizar o quedarnos despiertas durante dos a√Īos, recibiendo instrucci√≥n y adquiriendo habilidades para estar listas y ser productivas durante la primera oleada de colonizaci√≥n.
Alessandra estaba impresionada.
¬ó¬ŅEn serio has le√≠do la documentaci√≥n?
—Es la decisión más importante de nuestra vida, mi querida Alessandra. Estoy siendo

extremadamente cuidadosa.
¬óSi hubieses le√≠do las facturas de la compa√Ī√≠a el√©ctrica...

¬óNo eran interesantes. S√≥lo describ√≠an nuestra pobreza. Ahora comprendo que Dios nos preparaba para un mundo sin aire acondicionado, sin v√≠deos y sin redes. Un mundo de naturaleza. Nosotros los elfos nacimos para la naturaleza. T√ļ ir√°s al baile y con tu gracia de hada deslumbrar√°s al hijo del rey, y el hijo del rey bailar√° contigo hasta que se enamore tanto que su coraz√≥n se rompa por ti. A continuaci√≥n, t√ļ ser√°s quien decida si √©l es el adecuado para ti.
¬óDudo que haya un rey.
—Pero hay un gobernador. Y otros altos cargos. Y jóvenes con futuro. Yo te ayudaré a elegir.
¬óNo me ayudar√°s a elegir, eso te lo aseguro.
¬óEs igual de f√°cil enamorarse de un rico que de un pobre.
¬óComo si t√ļ lo supieses.
¬óLo s√© mejor que t√ļ, porque en una ocasi√≥n lo hice muy mal. El flujo de sangre caliente al coraz√≥n es la magia m√°s oscura, y debe ser controlada. No debes permitir
que suceda hasta que no hayas escogido a un hombre que merezca tu amor. Te ayudaré a elegir.
No tenía sentido discutir. Mucho tiempo atrás Alessandra había aprendido que discutir con su madre no conducía a nada, mientras que pasar de ella resultaba muy efectivo.
Excepto por aquello. Una colonia. Era claramente el momento de buscar a la abuela. Vivía en Polignano a Mare, la siguiente ciudad un poco grande de la costa del Adriático. Eso era todo lo que sabía de ella. Y la madre de madre no se apellidaría Toscano. Alessandra tendría que investigar en serio.
***
Una semana más tarde, madre todavía intentaba decidirse entre si dormir durante el viaje o no, mientras Alessandra descubría que había mucha información a la que no permitían acceder a una menor. Rebuscando por casa encontró su certificado de nacimiento, pero no le sirvió de mucho porque sólo indicaba el nombre de sus padres. Necesitaba el certificado de su madre y no iba a encontrarlo en el apartamento.
La gente del gobierno apenas reconoc√≠a su existencia, y cuando escuchaban lo que quer√≠a la enviaba de vuelta a casa. S√≥lo cuando pens√≥ en la Iglesia cat√≥lica avanz√≥ algo. Lo cierto era que no hab√≠an ido a misa desde que Alessandra era muy peque√Īa, pero el p√°rroco la ayud√≥ a buscar para dar con su fe de bautismo. Ten√≠an constancia de los padres y padrinos del beb√© Alessandra Toscano, y Alessandra supuso que los padrinos eran sus abuelos o sabr√≠an qui√©nes eran sus abuelos.
En la escuela busc√≥ en la red y descubri√≥ que Leopoldo e Isabella Santangelo viv√≠an en Polignano a Mare, lo que era buena se√Īal, porque all√≠ viv√≠a la abuela.
En lugar de volver a casa, hizo uso de su bono de estudiante y se subió al tren que iba a Polignano. Se pasó cuarenta y cinco minutos recorriendo la ciudad en busca de la dirección. Para su disgusto, acabó al final de un callejón que daba a Via Antonio Ardito, frente a un edificio de apartamentos de aspecto lamentable que daba la espalda a las vías del tren. No había timbre. Alessandra subió al cuarto piso y llamó.
—¡Si quieres golpear algo, golpéate la cabeza! —gritó una mujer desde el interior.
¬ó¬ŅEs usted Isabella Santangelo?
—Soy la Virgen María y estoy ocupada respondiendo a las plegarias. ¡Vete!
La primera cosa que se le ocurrió a Alessandra fue: así que madre mintió sobre lo de ser hija de las

hadas. Realmente es la hermana menor de Jesucristo.

Pero decidió que el humor no sería la mejor forma de encarar la cuestión. Ya estaba en un lío por
abandonar Monopoli sin permiso, y tenía que descubrir si la Virgen María era o no su abuela.
¬óLamento molestarla, pero soy la hija de Dorabella Toscano y yo...
La mujer debía de estar detrás de la puerta, esperando, porque la abrió antes de que Alessandra

pudiese terminar la frase.
¬ó¬°Dorabella Toscano est√° muerta! ¬°Las muertas no pueden tener hijas!
¬óMi madre no est√° muerta ¬ódijo Alessandra, conmocionada¬ó. Usted aparece como mi madrina en

el registro de la parroquia.
—Fue el peor error de mi vida. Se casó con ese cerdo de chico, mensajero en bicicleta, cuando
apenas ten√≠a quince a√Īos. ¬ŅY por qu√©? Porque se le hinchaba la barriga contigo, ¬°por eso! ¬°Cree que

una boda lo limpia y lo purifica todo! Y el idiota de su marido se deja matar. Se lo dije, ¬°eso
demuestra que Dios existe! ¬°Ahora vete a la mierda!
Le cerró la puerta en las narices a Alessandra.
Había llegado muy lejos. No era posible que su abuela pretendiese deshacerse de ella de esa forma.

Apenas habían tenido tiempo de verse.
¬óPero soy tu nieta ¬ódijo Alessandra.
¬ó¬ŅC√≥mo podr√≠a tener una nieta si no tengo hija? Dile a tu madre que antes de enviar a su medio

bastarda a pedir a mi puerta, mejor ser√° que venga ella misma para disculparse en serio.
¬óSe va a una colonia ¬ódijo Alessandra.
La puerta volvió a abrirse.
—Está más loca que nunca —dijo la abuela—. Pasa. Siéntate. Dime qué estupidez se le ha ocurrido

hacer.

El apartamento estaba impecable. Todo era increíblemente barato, de la peor calidad, pero había
muchas cosas: cer√°micas, peque√Īas obras art√≠sticas enmarcadas...
y todo estaba limpio y reluciente. El sof√° y los sillones estaban tan llenos de mantas, fundas y

peque√Īos cojines bordados que no hab√≠a d√≥nde sentarse. La abuela Isabella no movi√≥ nada, y al final

Alessandra se sentó encima de un montón de cojines.
Sintiéndose de repente bastante desleal e infantil al hablar de su madre como si estuviese en el patio
del recreo, Alessandra intentó suavizar la situación.

—Tiene sus razones, lo sé, y supongo que cree que lo hace realmente por mi bien...
¬ó¬ŅQu√© es eso que hace por ti que t√ļ no quieres que haga? ¬°No tengo todo el d√≠a!
La mujer que ha bordado todos estos cojines dispone de todo el día todos los días.
Pero Alessandra se guardó el comentario.
¬óNos ha apuntado para ir en una nave colonial y nos han aceptado.
¬ó¬ŅUna nave colonial? Ya no hay colonias. Ahora esos lugares son pa√≠ses. No es que Italia tuviese

verdaderas colonias, no desde los tiempos del Imperio romano.
Después de esa época perdieron las pelotas... me refiero a los hombres. Desde entonces los italianos
son unos in√ļtiles. Tu abuelo, que Dios lo mantenga bajo tierra, era bastante in√ļtil, nunca le plant√≥
cara a nadie, dejó que todos le manejasen de cualquier manera, pero al menos trabajó duro y me dio

sustento hasta que mi desagradecida hija me escupió en la cara y se casó con el chico de la bici. Ese
padre in√ļtil tuyo nunca gan√≥ ni un c√©ntimo.
—Bien, al menos no desde que se murió —dijo Alessandra, algo más que un poco indignada.
—¡Me refiero a cuando estaba vivo! Trabajaba tan pocas horas como podía. Creo que se drogaba.

Probablemente t√ļ fuiste un beb√© de la coca√≠na.
¬óNo lo creo.
¬ó¬ŅC√≥mo puedes saberlo? ¬ódijo la abuela¬ó. ¬°Entonces ni siquiera sab√≠as hablar!
Alessandra se quedó sentada y esperó.
¬ó¬ŅBien? Cu√©ntamelo.
—Ya te lo he contado, pero no me has creído.
¬ó¬ŅQu√© es lo que me has dicho?

¬óTe he hablado de una nave colonial. Una nave espacial para uno de los planetas insectores, para
cultivarlos y explorarlos.
¬ó¬ŅLos insectores no se quejar√°n?

¬óYa no hay insectores, abuela. Murieron todos.
¬óUn asunto muy desagradable, pero inevitable. Si ese chico Ender Wiggin est√° disponible, tengo una
lista de otra mucha gente que precisa una buena destrucción.

En todo caso, ¬Ņqu√© quieres?

—No quiero ir al espacio con madre. Pero todavía soy menor de edad. Si firmases como mi tutora,
podría emanciparme y quedarme en casa. Es la ley.
¬ó¬ŅComo tu tutora?
—Sí. Para supervisarme y mantenerme. Viviría aquí.
¬óFuera.
¬ó¬ŅQu√©?
¬óLev√°ntate y sal de aqu√≠. ¬ŅTe crees que esto es un hotel? ¬ŅD√≥nde crees que ibas a dormir? ¬ŅEn el

suelo, para que me tropiece contigo por la noche y se me rompa la cadera? Aquí no hay sitio para ti.

Tendría que haber supuesto que vendrías con exigencias. ¡Fuera!
No había posibilidad de discusión. Al cabo de un momento Alessandra bajaba a toda prisa las
escaleras, furiosa y humillada. Esa mujer estaba todavía más loca que madre.

No tengo dónde ir, pensó Aíessandra. Seguro que la ley no permite que mi madre me obligue a ir al
espacio, ¬Ņverdad? No soy un beb√©, no soy una ni√Īa, tengo catorce a√Īos, puedo leer, escribir y tomar
decisiones racionales.

Cuando el tren llegó a Monopoli, Aíessandra no se fue directamente a casa. Tenía que ocurrírsele una
buena mentira sobre dónde había estado, así que bien podía inventarse una que explicase una
ausencia más prolongada. Quizá la oficina del Proyecto Dispersión siguiese abierta.

Pero no lo estaba. Ni siquiera pod√≠a conseguir un folleto. ¬ŅY qu√© sentido hubiera tenido? Cualquier
detalle interesante estaría en la red. Hubiera podido quedarse después de la escuela y descubrir todo
lo que quería saber. En lugar de eso, había ido a visitar a su abuela.

Eso demuestra lo buenas que son las decisiones que tomo.
Madre estaba sentada a la mesa, con una taza de chocolote delante. Alzó la vista y miró a Alessandra
cerrar la puerta y dejar la bolsa de libros, pero no dijo nada.

¬óMadre, lo siento, yo...

—Antes de que me mientas... —dijo madre en voz baja—. La bruja me ha llamado y me ha gritado por haberte enviado. Le he colgado, que es lo que hago habitualmente, y luego he desconectado el teléfono de la pared.
¬óLo siento ¬ódijo Alessandra.
¬ó¬ŅNo se te ocurri√≥ que yo ten√≠a una raz√≥n para mantenerla alejada de tu vida?
Por alg√ļn motivo, ese comentario desat√≥ algo en el interior de Alessandra y, en lugar de ceder,

estalló:
—No me importa si tenías una razón —dijo—. Hubieras podido tener diez millones de razones, ¡pero

no me contaste ni una! Esperabas que te obedeciese ciegamente. Pero a tu madre no la obedeces
ciegamente.
¬óTu madre no es un monstruo ¬ódijo madre.
¬óHay muchos tipos de monstruos ¬ódijo Alessandra¬ó. T√ļ eres del tipo que revolotea como una

mariposa pero jamás se posa el tiempo suficiente para saber siquiera quién soy.
¬ó¬°Todo lo que hago es por ti!
¬óNada es por m√≠. Todo es para la ni√Īa que imaginas que tuviste, la que no existe, la ni√Īa perfecta y

feliz que habr√≠a sido el resultado de que t√ļ hubieras sido lo opuesto a tu madre en todo, hasta el m√°s
m√≠nimo detalle. Bien, yo no soy esa ni√Īa. Y en casa de tu madre, ¬°hay electricidad!
—¡Entonces vete a vivir allí!

¬ó¬°No me deja!
—Acabarías odiando vivir allí. Nunca podrías tocar nada. Siempre tendrías que hacer las cosas a su
modo.

¬ó¬ŅComo partir en una nave de colonizaci√≥n?
¬óLo hice por ti.
¬óQue fue como comprarme un sujetador de gran tama√Īo. ¬ŅPor qu√© no miras qui√©n soy antes de

decidir qu√© necesito? ¬óTe dir√© qui√©n eres. Eres una chica demasiado joven e inexperta para saber qu√© necesita una mujer. Por ese camino yo te llevo diez kil√≥metros de ventaja, s√© lo que est√° por venir, intento darte lo que precisas para que ese camino te resulte llano y f√°cil, y ¬Ņsabes qu√© ? A pesar de ti, lo he hecho. Te me has resistido a cada paso del camino, pero contigo he hecho un gran trabajo. T√ļ ni siquiera sabes hasta qu√© punto es bueno el trabajo que he hecho contigo, porque ni siquiera sabes lo que podr√≠as
haber sido.

¬ó¬ŅQui√©n podr√≠a haber sido, madre? ¬ŅT√ļ?
¬óT√ļ nunca podr√≠as haber sido yo ¬ódijo madre.
¬ó¬ŅQu√© quieres decir? ¬ŅQue podr√≠a haber sido ella?
¬óNunca sabremos lo que habr√≠as sido, ¬Ņverdad? Porque ya eres aquello en lo que yo te he

convertido.
¬óFalso. Parezco lo que sea que debo parecer para sobrevivir en tu hogar. En lo m√°s hondo,
realmente soy una extra√Īa para ti. Una extra√Īa a la que pretendes arrastrar al espacio sin ni siquiera

preguntarle si quiere ir. Antes había una palabra para las personas a las que trataban de esa forma.
Las llamaban ¬ęesclavos¬Ľ.
Más que nunca en su vida, Alessandra quería correr a su dormitorio y dar un portazo. Pero no tenía

dormitorio. Dormía en un sofá, en el mismo cuarto de la cocina y la mesa de la cocina.
—Comprendo —dijo madre—. Iré al dormitorio y podrás cerrarme la puerta de golpe.
El hecho de que madre supiese realmente lo que pensaba era lo que la ponía más furiosa. Pero

Alessandra no grit√≥, no ara√Ī√≥ a su madre, no se tir√≥ al suelo con una rabieta y ni siquiera se lanz√≥ al
sofá y hundió la cara en el cojín. Se sentó a la mesa, frente a su madre, y dijo:
¬ó¬ŅQu√© hay de cenar?
¬óVaya. ¬ŅAs√≠ se acaba la discusi√≥n?

¬óDiscutamos mientras cocinamos. Tengo hambre.
—No hay nada para comer, porque no he presentado el consentimiento final, porque todavía no he
decidido si dormiremos o estaremos despiertas durante el viaje, y por tanto no hemos recibido la
bonificación por el consentimiento, y por tanto no tenemos dinero para comprar comida.

¬óEntonces, ¬Ņqu√© pasa con la cena?
Madre se limitó a apartar la vista.
—Ya lo sé —dijo Alessandra, animada—. ¡Vamos a casa de la abuela!
Madre se volvió y la miró furiosa.
¬óMadre ¬ódijo Alessandra¬ó, ¬Ņc√≥mo es posible que nos quedemos sin dinero cuando vivimos del

subsidio? Otras personas que viven del subsidio se las arreglan para comprar comida y pagar la electricidad.
¬ó¬ŅEn qu√© crees tu? ¬ódijo madre¬ó. Mira a tu alrededor. ¬ŅEn qu√© me he gastado todo el dinero del
gobierno? ¬ŅD√≥nde est√°n las extravagancias? Mira en mi armario y cuenta cu√°ntos vestidos tengo.
Alessandra pensó un momento.

¬óNunca se me hab√≠a ocurrido. ¬ŅLe debes dinero a la mafia? ¬ŅSe lo deb√≠a padre antes de morir?
¬óNo ¬ódijo madre desde√Īosa¬ó. Posees toda la informaci√≥n necesaria para comprenderlo
perfectamente, y aun así todavía no te has enterado, tan inteligente y adulta como eres.

Alessandra no ten√≠a ni idea de qu√© hablaba madre. Alessandra no pose√≠a ning√ļn dato nuevo.

Tampoco tenía nada que comer.
Se levantó y fue abriendo armarios. Encontró una caja de radiatori secos y un frasco de pimienta
negra. De debajo del fregadero sacó una cazuela, la llenó de agua, la puso sobre el fogón y encendió
el fuego.

¬óNo hay salsa para la pasta ¬ódijo madre.
¬óHay pimienta. Hay aceite.
—No se pueden comer los radiatori sólo con aceite y pimienta. Es como meterse en la boca un

pu√Īado de harina h√ļmeda.

—No es problema mío —dijo Alessandra—. Dada la situación, es pasta o suela de zapato, así que
ser√° mejor que cierres tu armario.
Madre intentó adoptar de nuevo un tono jocoso.
—Por supuesto, como una buena hija, te comerías mis zapatos.
¬óDate por satisfecha si paro antes de llegar al pie.
Madre fingió que seguía bromeando cuando dijo:
¬óLos hijos se comen vivos a sus padres, eso hacen.
¬óEntonces, ¬Ņqu√© hace esa criatura odiosa viviendo todav√≠a en ese piso de Polignano a Mare?
¬ó¬°Se me rompieron los dientes al morderla! ¬óAqu√©l fue el √ļltimo intento de bromear de madre.
¬óMe hablas de las cosas espantosas que hacen las hijas, pero t√ļ tambi√©n eres hija.
¬ŅLas hiciste?
—Me casé con el primer hombre que me ofreció un atisbo de lo que podían ser la dulzura y el placer.

Me cas√© como una est√ļpida.

¬óYo tengo la mitad de los genes del hombre con el que te casaste ¬ódijo Alessandra¬ó. ¬ŅEs por eso
que soy demasiado est√ļpida como para decidir en qu√© planeta quiero vivir?

—Es evidente que quieres vivir en cualquier planeta donde yo no esté.
—¡Fue a ti a la que se le ocurrió la idea de la colonia, no a mí! Pero ahora creo que has expresado tu
propia motivación. ¡Sí! ¡Quieres colonizar otro planeta porque tu madre no está allí!

Madre se hundió en su silla.
—Sí, en parte. No voy a pretender que no lo consideraba una de las mejores consecuencias de irnos.
¬óAs√≠ que admites que no lo hac√≠as √ļnicamente por m√≠.
—No admitiré tal mentira. Es todo por ti.
¬óAlejarte de tu madre, eso es por ti ¬ódijo Alessandra.
¬óEs por ti.
¬ó¬ŅC√≥mo podr√≠a ser por m√≠? Hasta hoy ni siquiera conoc√≠a la cara de mi abuela.
Nunca la había visto. Ni siquiera sabía cómo se llamaba.
¬ó¬ŅY sabes cu√°nto me cost√≥? ¬ópregunt√≥ madre.
¬ó¬ŅA qu√© te refieres?
Madre apartó la vista.
¬óEl agua hierve.
¬óNo, lo que oyes es mi enfado. Dime lo que quieres decir. ¬ŅCu√°nto te cost√≥ impedir que conociese a

mi abuela?
Madre se puso en pie, fue al dormitorio y cerró la puerta.
¬ó¬°Se te ha olvidado dar un portazo, madre! En todo caso, ¬Ņqui√©n es la adulta en esta casa? ¬ŅQui√©n

demuestra tener sentido de la responsabilidad? ¬ŅQui√©n prepara la cena?
El agua tard√≥ otros tres minutos en hervir. Alessandra le ech√≥ dos pu√Īados de radiatori. Luego sac√≥
los libros y se puso a estudiar sentada a la mesa. Acabó cociendo la pasta en exceso y era tan barata
que se le apelotonó y el aceite no logró despegarla. Se amazacotó en el plato y la pimienta apenas
lograba que la masa fuera comestible. Mientras comía, mantuvo la vista fija en el libro y en los
deberes, y tragó, mecánicamente hasta que el contenido de su boca le dio arcadas. Se levantó,
escupió en el fregadero y luego se bebió un vaso de agua y casi vomitó todo lo que había comido.
Tuvo arcadas dos veces en el fregadero antes de poder controlar el vómito.

—Mm, delicioso —murmuró. Luego regresó a la mesa.

All√≠ estaba sentada madre, recogiendo con los dedos un √ļnico trozo de pasta. Se la meti√≥ en la boca.
—Qué buena madre soy —dijo en voz muy baja.
¬óEstoy haciendo los deberes, madre. Ya hemos agotado el tiempo de pelea.
¬óS√© sincera, cari√Īo. Casi nunca nos peleamos.
¬óEso es cierto. T√ļ revoloteas pasando de lo que yo diga, repleta de felicidad. Pero cr√©eme, no dejo de dar vueltas mentalmente a mi parte de la discusi√≥n.
—Voy a contarte algo, porque tienes razón: eres lo suficientemente mayor para comprender las cosas.
Alessandra se sentó.
—Vale, cuéntame. —Miró a su madre a los ojos.
Madre apartó la vista.
—Así que no me lo vas a contar. Haré los deberes.
—Te lo voy a contar —dijo madre—. Simplemente, no te miraré mientras lo hago.
—Y yo tampoco te miraré a ti. —Regresó a los deberes.
¬óAlrededor del d√≠a diez de cada mes, mi madre me llama. Contesto al tel√©fono porque s√© que si no lo hago se subir√° a un tren y vendr√° aqu√≠, y luego tendr√© problemas para sacarla de casa antes de que t√ļ vuelvas del colegio. As√≠ que contesto y ella me dice que no la quiero, que soy una hija desagradecida, porque all√≠ est√° ella sola en su casa, y no tiene dinero, no puede tener nada bonito en su vida. M√ļdate a mi casa, dice, tr√°ete contigo a tu hermosa hija, podemos vivir en mi apartamento y compartir nuestro dinero, y as√≠ tendremos suficiente. No, mam√°, le digo. No me mudar√© a tu casa. Y ella llora y grita y me dice que soy una hija odiosa que arranca de su vida toda alegr√≠a y toda belleza porque la dejo sola y sin un c√©ntimo, as√≠ que le prometo que le enviar√© algo. Ella dice que no lo env√≠e, que eso es gastar dinero en sellos. Yo ir√© a buscarlo, dice, y yo digo, no, no estar√© aqu√≠, cuesta m√°s dinero ir en tren que enviarlo, as√≠ que lo enviar√©. Y de alguna forma consigo que cuelgue antes de que t√ļ vuelvas a casa. A continuaci√≥n me siento durante un rato sin cortarme las venas y luego meto algo de dinero en un sobre y lo llevo a Correos, donde lo env√≠o, y
luego ella coge el dinero y compra alg√ļn trozo odioso de basura y lo cuelga de una pared o lo coloca en un estante, hasta que la casa est√° repleta de cosas que yo he pagado con el dinero que deber√≠a haber dedicado a la crianza de mi hija, y yo pago por todo eso de forma que todos los meses me quedo sin dinero a pesar de que recibo el mismo subsidio que ella. Porque vale la pena. Vale la pena pasar hambre. Vale la pena que te enfades conmigo, porque as√≠ no tienes que conocer a esa mujer, no tienes que tenerla en tu vida. As√≠ que s√≠, Alessandra, lo hice todo por ti. Y si puedo sacarnos de este planeta, no tendr√© que mandarle m√°s dinero, y no me llamar√° m√°s, porque para cuando lleguemos al otro mundo ya habr√° muerto. S√≥lo desear√≠a que hubieses confiado en m√≠ lo suficiente para haber llegado a este punto sin tener que ver su rostro malvado y o√≠r su voz malvada.
Madre se levant√≥ y regres√≥ a su cuarto. Alessandra termin√≥ los deberes, los devolvi√≥ a la mochila y luego se fue a sentar al sof√° y a mirar el televisor que no funcionaba. Record√≥ haber vuelto a casa cada d√≠a, de la escuela, durante a√Īos, y all√≠ estaba madre, siempre, revoloteando por la casa, diciendo tonter√≠as sobre hadas, magia y todo lo bonito que hac√≠a durante el d√≠a y, mientras tanto, lo que hac√≠a durante el d√≠a era luchar contra el monstruo para evitar que entrase en casa, evitar que atrapase a la peque√Īa Alessandra.
Explicaba el hambre. Explicaba la electricidad. Lo explicaba todo.
No significaba que madre no estuviese loca. Pero ahora su locura tenía una especie de sentido. Y la
colonia significaba que al fin madre sería libre. No era Alessandra la que tenía que emanciparse.
Se puso de pie, fue hacia la puerta y llamó.
¬óYo digo que durmamos durante el viaje.
Una larga espera. Luego, desde el otro lado:
¬óEso creo yo tambi√©n. ¬óAl cabo de un momento, madre a√Īadi√≥¬ó: En esa colonia habr√° un joven

para ti. Un buen joven con futuro.
—Creo que lo habrá —dijo Alessandra—. Y sé que adorará a mi madre feliz y loca.
Y mi maravillosa madre también lo adorará a él.
Y luego silencio.
El calor en el piso era insoportable. El aire no se movía a pesar de que las ventanas estaban abiertas.

Alessandra se tendió en el sofá en ropa interior, deseando que el tapizado no fuese tan pegajoso y viscoso. Se tendió en el suelo, pensando que quizás allí el aire fuese un pelín más fresco, porque el aire caliente sube. Sólo que el aire caliente del piso de abajo también debía estar subiendo y calentaba el suelo, por lo que no servía de nada. Y encima el suelo estaba duro.
O quiz√° no estuviese tan duro, porque a la ma√Īana siguiente se despert√≥ en el suelo, hab√≠a algo de
brisa que llegaba del Adriático y madre freía algo.
¬ó¬ŅDe d√≥nde has sacado los huevos? ¬ópregunt√≥ Alessandra cuando sali√≥ del ba√Īo.
¬óLos he pedido ¬ódijo madre.
¬ó¬ŅA uno de los vecinos?
¬óA un par de gallinas de los vecinos ¬ódijo madre.

¬ó¬ŅNadie te ha visto?
¬óNadie me ha detenido, me viese o no.
Alessandra rio y la abrazó. Fue a la escuela y, en esa ocasión, no fue tan orgullosa como para no

comerse el almuerzo de caridad, porque pensó: mi madre pagó esta comida para mí.
Esa noche había comida en la mesa, pero no cualquier comida, sino pescado, salsa y verduras

frescas. As√≠ que madre deb√≠a haber presentado el √ļltimo documento y hab√≠a recibido la bonificaci√≥n
por el consentimiento. Se iban.
Madre fue escrupulosa. Llevó consigo a Alessandra cuando fue a casa de los dos vecinos que criaban

gallinas y les dio las gracias por no llamar a la policía y luego pagó los huevos que había cogido. Intentaron negarse, pero ella insistió en que no podía irse dejando esas deudas, que su generosidad contaría a su favor en los cielos, y hubo besos y lágrimas, y madre no caminó con su estilo fingido de hada, sino con el paso ligero de una mujer que se ha quitado un peso de encima.
Dos semanas más tarde, Alessandra estaba en la red, en la escuela, y descubrió algo que la hizo jadear con fuerza, allí mismo, en la biblioteca, de forma que varias personas se le acercaron corriendo y tuvo que pasar a otra pantalla y todos estuvieron seguros de que miraba pornografía; pero no le importó, porque no veía el momento de llegar a casa y contárselo a su madre.
¬ó¬ŅSabes qui√©n va a ser el gobernador de nuestra colonia?
Madre no lo sabía.
¬ó¬ŅImporta? Ser√° un viejo gordo. O un aventurero atrevido.
¬ó¬ŅY si no fuese un hombre? ¬ŅY si fuese un chico, un chico de trece o catorce a√Īos, un chico tan

absolutamente inteligente y bueno que salvó a la especie humana?
¬ó¬Ņ A qu√© te refieres ?
—Han anunciado la tripulación de nuestra nave colonial. El piloto será Mazer Rackham y el

gobernador de la colonia ser√° Ender Wiggin.
Ahora le tocó jadear a madre.
¬ó¬ŅUn ni√Īo? ¬ŅUn ni√Īo ser√° el gobernador?
—Comandó la flota durante la guerra, así que puede gobernar una colonia —dijo Alessandra.
¬óUn ni√Īo. Un ni√Īo peque√Īo.
¬óNo tan peque√Īo. De mi edad.
Madre la miró.

¬ó¬ŅQu√©, tan mayor eres?
¬óSoy lo suficientemente mayor. Como dijiste... ¬°puedo quedarme embarazada!
Madre adoptó una expresión reflexiva.
¬óY de la misma edad que Ender Wiggin.
Alessandra notó que se ruborizaba.
—¡Madre! ¡No creas que no sé qué piensas!
¬ó¬ŅY por qu√© no pensarlo? En ese mundo distante y solitario tendr√° que casarse con alguien. ¬ŅPor qu√©

no contigo? ¬óLuego el rostro de madre tambi√©n se puso rojo y se llev√≥ las manos a las mejillas¬ó. ¬°Oh, oh, Alessandra! Tem√≠a cont√°rtelo... ¬°y ahora me alegro, y t√ļ tambi√©n te alegrar√°s!
¬ó¬ŅContarme qu√©?
¬ó¬ŅRecuerdas que decidimos dormir durante el viaje? Bien, fui a la oficina a presentar el formulario,
pero vi que accidentalmente había marcado la otra casilla, la de estar despiertas, estudiar y
participar en la primera oleada de colonos. Y pens√©, ¬Ņy si no me lo dejan cambiar? Y decid√≠, ¬°los
obligaré a cambiarlo! Pero al sentarme con la funcionaría me entró miedo y ni siquiera lo comenté, y
me limité a presentarlo como una cobarde. Pero ahora comprendo que no fue cobardía, fue Dios
guiando mi mano, s√≠ que lo fue. Porque ahora estar√°s despierta durante todo el viaje. ¬ŅCu√°ntos chicos
de catorce a√Īos habr√° en la nave, despiertos? Ender y t√ļ, eso creo. Los dos.

¬óNo va a enamorarse de una ni√Īa est√ļpida como yo.
—Sacas muy buenas notas, y además, un chico listo no busca una chica todavía más lista, busca una
chica que le ame. √Čl es un soldado que despu√©s de la guerra nunca regresar√° a casa. T√ļ te convertir√°s

en su amiga. Una buena amiga. Pasar√°n a√Īos antes de que llegue el momento adecuado para casaros.
Pero cuando llegue ese momento, él te conocerá.
¬óQuiz√° t√ļ te cases con Mazer Rackham.
—Si él tiene suerte —dijo madre—. Pero me contentaré con cualquier viejo que me lo pida, siempre

que pueda verte feliz.
—No me casaré con Ender Wiggin, madre. No esperes lo imposible.
—No te atrevas a decirme lo que debo esperar. Pero me contentaré con el simple hecho de que os

hag√°is amigos.

—Yo me contentaré con verle y no mearme en los pantalones. Es el ser humano más famoso del
mundo, el mayor héroe de toda la historia.
¬óNo mojarse los pantalones es un buen primer paso. Los pantalones mojados no dan una buena

impresi√≥n.Acab√≥ el a√Īo escolar. Recibieron las instrucciones y los billetes. Tomar√≠an el tren a
N√°poles y luego volar√≠an a Kenia, donde los colonos de Europa y √Āfrica se reun√≠an para tomar el
transbordador al espacio. Los √ļltimos d√≠as los invirtieron en hacer todas las cosas que adoraban
hacer en Monopoli: ir al puerto, a los parquecitos donde Alessandra hab√≠a jugado de ni√Īa, a la
biblioteca, a despedirse de todo lo que había sido agradable en su vida en la ciudad. A la tumba de
su padre, para depositar las √ļltimas flores.

—Me gustaría que hubieses podido venir con nosotras:—susurró madre.

Alessandra se preguntó si en caso de no haber muerto tendrían que haber ido al espacio para
encontrar la felicidad.
Esa √ļltima noche en Monopoli volvieron tarde a casa y, cuando llegaron al piso, ah√≠ estaba la abuela,

en el escalón delantero del edificio. Se puso de pie en cuanto las vio y rompió a gritar incluso antes
de que pudiesen oír lo que decía.
—Es mejor que no volvamos al piso —dijo Alessandra—. Allí no hay nada que necesitemos.
¬óNecesitamos ropa para el viaje a Kenia ¬ódijo madre¬ó. Y adem√°s, no le tengo miedo.
Así que recorrieron la calle mientras los vecinos se asomaban para ver qué pasaba.
La voz de la abuela se fue haciendo m√°s comprensible.
¬ó¬°Hija desagradecida! ¬°Planeas robarme a mi querida nieta y llev√°rtela al espacio!

¡No la volveré a ver y ni siquiera me lo contaste, para que no pudiese despedirme!
¬ŅQu√© monstruo hace algo as√≠? ¬°Nunca te has preocupado por m√≠! Me dejas sola en mi vejez... ¬Ņqu√©
devoci√≥n es √©sa? Los vecinos, ¬Ņqu√© pens√°is de una hija as√≠? ¬°Qu√© monstruo ha estado viviendo entre
vosotros! ¡Un monstruo de ingratitud! —Y así siguió sin parar.

Pero Alessandra no estaba avergonzada. Al día siguiente no serían sus vecinos.
No ten√≠a de qu√© preocuparse. Adem√°s, cualquiera de ellos con un m√≠nimo de sentido com√ļn lo

comprender√≠a. Pensar√≠a: no es de extra√Īar que Dorabella Toscano se lleve a su hija lejos de esta
bruja vil. El espacio es apenas lo suficientemente grande para apartarse de esta arpía.
La abuela se situó directamente frente a su madre y le gritó a la cara. Madre no habló, se limitó a

apartarse e ir hacia la puerta del edificio. Pero no la abrió. Se volvió y alzó la mano para hacer
callar a la abuela.
La abuela no se calló.
Pero madre se limitó a sostener la mano en alto. Al final, la abuela terminó su retahíla diciendo:
—¡Así que ahora quiere hablar conmigo! ¡No quiso hablar conmigo durante todas estas semanas que

ha estado planeando ir al espacio! ¡Sólo ahora que vengo aquí con el corazón roto y el rostro
desencajado se molesta en hablar conmigo, sólo ahora!
¬°Habla entonces! ¬ŅQu√© esperas? ¬°Habla! ¬°Te escucho! ¬ŅQu√© te lo impide?
Finalmente, Alessandra se colocó entre las dos y le gritó a la cara a su abuela:
¬ó¬°Nadie podr√° hablar hasta que no te calles!
La abuela le dio una bofetada. Fue un golpe duro, y Alessandra se tambaleó.
Entonces madre le ofreció un sobre a la abuela.
—Aquí tienes todo el dinero que queda de nuestra bonificación por el consentimiento. Todo lo que
tengo en el mundo, excepto la ropa que nos llevaremos a Kenia, te lo doy. Y ahora he terminado
contigo. Te llevas lo √ļltimo que me sacar√°s.

Aparte de esto.

Le cruzó la cara con una tremenda bofetada.

La abuela se tambaleó y estaba a punto de gritar cuando madre, la alegre Dorabella Toscano nacida

de las hadas, pegó su rostro al suyo y le gritó:

¬ó¬°Nadie, nunca, jam√°s, pega a mi ni√Īa! ¬óLuego meti√≥ el sobre dentro de la blusa de la abuela, la

agarró por los hombros, le dio la vuelta y la empujó calle abajo.

Alessandra rodeó a su madre con los brazos y sollozó.

—Mamá, nunca lo había comprendido hasta ahora. No lo sabía.

Madre la agarró con fuerza y miró por encima de su hombro a los vecinos que miraban

conmocionados.
—Sí—dijo—, soy una hija horrible. ¡Pero soy muy, muy buena madre!
Varios vecinos aplaudieron y rieron, aunque otros chasquearon la lengua y se fueron. A Alessandra

no le importó.
¬óDeja que te mire ¬ódijo madre.
Alessandra dio un paso atrás. Madre le examinó la cara.
¬óUn cardenal, creo, pero no muy grande. Sanar√° con rapidez. Creo que no quedar√° ni rastro cuando

conozcas a ese buen joven con futuro.