6 - Guerra santa

¬ó¬ŅNo se trataba de eso? Era un gran poema bobo. Me siento mal por no haber escrito uno para ti. ¬óYo no puse mis zapatos. Flip suspir√≥.
—Lamento haber hecho eso. Sentía nostalgia de casa. No pensé que nadie fuera a hacer algo al respecto. —Lo siento.
—Los dos lo lamentamos muchísimo —dijo Flip—. Excepto por eso, no lamentamos nada en absoluto. —No, la verdad es que no —dijo Dink. —De hecho, es divertido meterse en problemas por celebrar el día de Sinterklaas. Imagina lo que sucedería si celebráramos la Navidad.
—Bueno —dijo Dink—, todavía nos quedan diecinueve días. —Cierto.
Cuando llegaron a los barracones de la Escuadra Rata, quedó claro que la historia ya era de sobras conocida. Todos guardaron silencio cuando Dink y Flip se detuvieron ante la puerta.
¬óEst√ļpidos ¬ódijo Rosen.
—Gracias —respondió Dink—. Viniendo de ti, eso significa mucho.
¬ó¬ŅDesde cu√°ndo os ha dado por la religi√≥n? ¬óexigi√≥ Rosen¬ó. ¬ŅPor qu√© os met√©is en una especie de guerra santa?
—No era nada religioso —respondió Dink—, era holandés.
¬óBueno, capullo, ahora est√°s en la Escuadra Rata, no en Holanda.
—Dentro de tres meses no estaré en la Escuadra Rata, pero seré holandés hasta que me muera.
¬óAqu√≠ arriba las naciones no importan ¬óapunt√≥ uno de los dem√°s ni√Īos.
¬óLas religiones tampoco ¬óa√Īadi√≥ otro.
—Bueno, está claro que la religión sí que importa —repuso Flip—, o no nos habrían llamado para echarnos la bronca por cortar una tortita en forma de F y escribir un poemita divertido y meterlo en un zapato.
Dink contempló el largo pasillo, que al final tomaba forma de curva en dirección hacia arriba. Zeck, que dormía al fondo del barracón, no podía ni siquiera verse desde la puerta.
—No está aquí —dijo Rosen.
¬ó¬ŅQui√©n?
—Zeck. Vino y nos dijo lo que había hecho, y luego se marchó.
¬ó¬ŅAlguien sabe adonde va cuando quiere estar solo? ¬ópregunt√≥ Dink.¬ó¬ŅPor qu√©? ¬ó respondi√≥ Rosen¬ó. ¬ŅEst√°s planeando darle una paliza? No puedo permitirlo.
—Quiero hablar con él.
¬óOh, hablar ¬ódijo Rosen.
¬óCuando digo hablar, quiero decir hablar.
¬óYo no quiero hablar con √©l ¬ódijo Flip¬ó. Est√ļpido capullo.
—Sólo quiere largarse de la Escuela de Batalla —dijo Dink.
¬óSi lo someti√©ramos a votaci√≥n, se marchar√≠a en un segundo ¬ódijo otro de los ni√Īos¬ó. Qu√© desperdicio de espacio.
—Una votación —dijo Flip—. Qué idea tan militar.
¬óVete a meter el dedo en un dique ¬órespondi√≥ el ni√Īo.
—Así que ahora somos antiholandeses —comentó Dink.
¬óNo pueden evitarlo si todav√≠a creen en Santa Claus ¬ódijo un ni√Īo americano.
¬óSinterklaas ¬óa√Īadi√≥ Dink¬ó vive en Espa√Īa, no en el Polo Norte. Tiene un amigo que lleva su saco, Black Piet.
¬ó¬ŅAmigo? ¬óinquiri√≥ un ni√Īo de Sud√°frica¬ó. Black Piet me suena a esclavo.
Rosen suspiró.
—Es un alivio cuando los cristianos luchan entre sí en vez de cargarse a judíos.
Fue entonces cuando Ender Wiggin se unió a la discusión por primera vez.
¬ó¬ŅNo se supone que es esto exactamente lo que las reglas pretenden impedir? ¬Ņ Que la gente se pelee por motivos religiosos o de nacionalidad?
¬óY sin embargo de todas formas lo hacemos ¬óa√Īadi√≥ el ni√Īo americano.¬ó¬ŅNo estamos aqu√≠ para salvar a la raza humana? ¬óreprendi√≥ Dink¬ó. Los humanos tienen razas y nacionalidades. Y costumbres. ¬ŅPor qu√© no podemos ser tambi√©n humanos?
Wiggin no contestó.
—No tiene mucho sentido que vivamos como insectores —dijo Dink—. Ellos tampoco celebran el día de Sinterklaas.
—La condición humana conlleva el hecho de masacrarnos unos a otros de vez en cuando —dijo "Wiggin—. Así que, tal vez hasta que derrotemos a los fórmicos, deberíamos intentar no ser demasiado humanos.
—Y los soldados luchan quizá por lo que quieren, y lo que quieren es a sus familias y a sus tradiciones y a su fe y a su nación —respondió Dink—. Las cosas que no nos permiten tener aquí.
—Tal vez luchamos para poder volver a casa y encontrar todas esas cosas allí, esperándonos — dijo Wiggin.
—Tal vez ninguno de nosotros está luchando —comentó Flip—. Puede que no sea real lo que hacemos aquí.
—Te diré lo que es real —dijo Dink—. Anoche fui ayudante de Sinterklaas.
Entonces sonrió.
¬óAs√≠ que finalmente admites que eres un elfo ¬óobserv√≥ sonriendo el ni√Īo americano.
¬ó¬ŅCu√°ntos ni√Īos holandeses hay en la Escuela de Batalla? ¬ópregunt√≥ Dink¬ó. Sinterklaas es decididamente el icono cultural de una minor√≠a, ¬Ņno? No como Santa Claus, ¬Ņverdad?
Rosen le dio una patadita a Dink en la espinilla.
¬ó¬ŅQu√© piensas que est√°s haciendo, Dink?
¬óSanta Claus no es tampoco una figura religiosa. Nadie le reza a Santa Claus. Es una cosa americana.
¬óY canadiense tambi√©n ¬óapostill√≥ otro ni√Īo.
—Del Canadá anglófono —aclaró otro—. Para algunos de nosotros es Papá Noel.
¬óFather Christmas ¬ódijo un brit√°nico.
¬ó¬ŅVeis? No es cristiano, sino nacional ¬ócoment√≥ Dink¬ó. Una cosa es reprimir la expresi√≥n religiosa, pero tratar de ignorar la nacionalidad... La flota entera est√° llena de lealtades nacionales. No obligan a los almirantes holandeses a fingir que no son holandeses. No lo permitir√≠an.
¬óNo hay ning√ļn almirante holand√©s ¬ódijo el brit√°nico.
No es que Dink dejara que comentarios idiotas como ése le pusieran furioso. No quería pegar a nadie. No quería alzar la voz. Pero, con todo, ahí tenía un claro desafío que no podía pasar por alto. Tenía que hacer algo que no gustaría a otras personas. Aunque sabía que causaría problemas y al final no conseguiría nada, iba a hacerlo, e iba a empezar ahora mismo.
—Pudieron reprimir nuestra fiesta holandesa porque somos muy pocos —dijo Dink—, pero es hora de que insistamos en expresar nuestras culturas nacionales como cualquier otro soldado de la Flota Internacional. Navidad es un día de fiesta para los cristianos, pero Santa Claus es una figura seglar. Nadie reza a San Nicolás.
¬óLos ni√Īos peque√Īos lo hacen ¬ócoment√≥ el americano, a pesar de que estaba riendo.
¬óSanta Claus, Father Christmas, Pap√° Noel, Sinterklaas, puede que al principio fueran una festividad cristiana, pero ahora son nacionales, y la gente sin religi√≥n sigue celebrando esa fecha. Es el d√≠a para hacer regalos, ¬Ņno? El 25 de diciembre, se sea cristiano creyente o no. Pueden impedir que seamos religiosos, pero no pueden
impedir que nos hagamos regalos el día de Santa Claus.
Algunos se reían. Otros pensaban.
—Vas a meterte en un buen lío —dijo uno.
—Sí—respondió Dink—. Pero es lo que hago todo el tiempo.
¬óNi lo intentes.
Dink se volvió para ver quién había hablado con tanta furia.
Zeck.
—Creo que ya sabemos dónde estás —apuntó Dink.
¬óEn nombre de Cristo os prohibo que traig√°is a Sat√°n a este lugar.
Todas las sonrisas desaparecieron. Todos guardaron silencio.
¬ó¬ŅSabes, Zeck, que acabas de garantizarme que tendr√© apoyo para mi peque√Īo movimiento de Santa Claus? ¬ódijo Dink.
Zeck parecía verdaderamente asustado. Pero no de Dink.
—No atraigáis esa maldición sobre vuestras cabezas.
¬óNo creo en maldiciones, s√≥lo creo en bendiciones ¬óse√Īal√≥ Dink¬ó. Y estoy seguro que no ser√© maldito por dar regalos a la gente en nombre de Santa Claus.
Zeck miró alrededor y pareció intentar calmarse.
¬óLas pr√°cticas religiosas est√°n prohibidas para todo el mundo.
¬óY sin embargo t√ļ practicas tu religi√≥n todo el tiempo ¬óle reprendi√≥ Dink¬ó. Cada vez que no disparas tu arma en la Sala de Batalla, lo est√°s haciendo. As√≠ que si te opones a nuestra peque√Īa revoluci√≥n de Santa Claus, cretino, queremos verte entonces disparar con esa arma y eliminar a gente. De lo contrario, ser√°s un maldito hip√≥crita. Un fraude. Un falsario piadoso. Un mentiroso.¬ó Dink se plant√≥ ante su cara. Tan cerca que algunos chicos se sintieron inc√≥modos.
¬óAp√°rtate, Dink ¬ómurmur√≥ uno de ellos. ¬ŅQui√©n? Wiggin, naturalmente. Magn√≠fico, era un pacificador. De nuevo Dink sinti√≥ un desaf√≠o brotando en su interior.
¬ó¬ŅQu√© vas a hacer? ¬ópregunt√≥ Zeck en voz baja¬ó. ¬ŅPegarme? Soy tres a√Īos m√°s joven que t√ļ.
—No —respondió Dink—. Voy a bendecirte.
Alzó su mano en el aire, por encima de la cabeza de Zeck. Como Dink esperaba, Zeck aguantó allí sin moverse. Zeck destacaba en eso: aceptaba todo lo que la gente tiraba sin intentar siquiera apartarse.
¬óYo te bendigo con el esp√≠ritu de Santa Claus ¬ódijo Dink¬ó. Te bendigo con compasi√≥n y generosidad. Con el irresistible impulso de hacer feliz a otras personas. ¬ŅY sabes qu√© m√°s? Te bendigo con la humildad de darte cuenta de que no eres mejor que el resto de nosotros a los ojos de Dios.
¬óT√ļ no sabes nada de Dios ¬ódijo Zeck.
¬óS√© m√°s que t√ļ ¬ócontest√≥ Dink¬ó, porque no estoy lleno de odio.
—Ni yo tampoco —apuntó Zeck.
¬óNo ¬ómurmur√≥ otro ni√Īo¬ó. Est√°s lleno de mierda.
¬óBestial ¬ódijo otro, riendo.
¬óYo te bendigo con amor ¬óa√Īadi√≥ Dink¬ó. Cr√©eme, Zeck, cuando finalmente lo sientas, ser√° una sorpresa tan grande para ti, que incluso podr√≠a matarte. Luego tendr√°s la capacidad de hablar directamente con Dios y averiguar d√≥nde la cagaste.
Dink volvió a mirar al resto de la Escuadra Rata.
¬óNo s√© vosotros, pero yo voy a hacer de Santa Claus este a√Īo. Aqu√≠ arriba no poseemos nada, as√≠ que hacer regalos no es f√°cil. No se puede conectar con las redes y pedir cosas para que las env√≠en envueltas para regalo. Pero los regalos no tienen porque ser juguetes y cosas por el estilo. Lo que le regal√© a Flip, lo que nos meti√≥ en tantos problemas, fue un poema.
¬óOh, qu√© mono ¬ódijo el brit√°nico¬ó. ¬ŅUn poema de amor?
Por respuesta, Flip lo recitó. Ruborizándose, por supuesto, porque era una broma a su costa. Pero también encantado, porque la broma era sobre él.
Dink pudo comprobar cómo un montón de ellos pensaban que era guay contar con un líder de batallón que escribía un poema satírico sobre uno de sus soldados. Eso sí que era un regalo.
¬óY s√≥lo para demostrar que no estamos celebrando la Navidad ¬ódijo Dink¬ó vamos a hacernos unos a otros los regalos que se nos ocurran, cualquier d√≠a de diciembre. Puede ser para celebrar la Hannukah. Puede ser... demonios, puede ser por el d√≠a de Sinterklaas, ¬Ņno? El d√≠a todav√≠a es joven.
—Sí, Dink, un regalo nos apetece a todos —entonó el chico jamaicano— y eso de todos modos alegrará nuestros corazones.
—Oh, qué mono —dijo el británico.
—Crazy Tom piensa que todo es mono —comentó el canadiense—, excepto sus propios pies cubiertos de lodo.
La mayoría rio.
¬ó¬ŅY se supone que eso es un regalo? ¬ódijo Crazy Tom¬ó. Father Christmas no est√° a la altura este a√Īo.
—No vendría nada mal disfrutar de un regalo —dijo Wiggin. Y todos rieron de forma discreta. Wiggin continuó—: Más me hace falta recibir una carta.
S√≥lo unos cuantos se rieron de eso. Entonces todos guardaron silencio.¬ó√Čse es el √ļnico regalo que quiero ¬ódijo Wiggin en voz baja¬ó. Una carta de casa. Si me consigues eso, te apoyar√©.
¬óNo puedo ¬ódijo Dink, tan serio ahora como Wiggin¬ó. Nos han aislado de todo. Lo mejor que puedo hacer es esto: sabes que en casa tu familia est√° haciendo las cosas t√≠picas de Santa. Colgando calcetines, ¬Ņno? Eres americano, ¬Ņverdad?
Wiggin asintió.
¬óCuelga tu calcet√≠n este a√Īo, Wiggin, y te pondr√°n algo dentro.
—Carbón —dijo Crazy Tom, el británico.
—No sé qué será todavía —murmuró Dink—, pero estará allí.
¬óPero no ser√° de ellos ¬ódijo Wiggin.
—No, no lo será —respondió Dink—. Será de Santa Claus. —Sonrió.
Wiggin sacudió la cabeza.
¬óNo lo hagas, Dink. No merece la pena por los problemas que causar√°.
¬ó¬ŅQu√© problemas? Elevar√° la moral.
—Estamos aquí para estudiar la guerra —recordó Wiggin.
Zeck susurró:
—No estudiéis la guerra nunca más.
¬ó¬ŅSigues ah√≠, Zeck? ¬ópregunt√≥ Dink, d√°ndole adrede la espalda¬ó. Estamos aqu√≠ para construir un ej√©rcito, Wiggin. Un grupo de personas que trabajen juntos, como un solo hombre. No √ļnicamente un pu√Īado de crios fastidiados por unos profesores que creen que pueden borrar mil a√Īos de historia y cultura humanas dictando unas normas.
Wiggin apartó la mirada y dijo, con tristeza:
¬óHaz lo que quieras, Dink. ¬óSiempre lo hago.
¬óEl √ļnico regalo que Dios respeta ¬óa√Īadi√≥ Zeck¬ó es un coraz√≥n roto y un esp√≠ritu contrito.
Un mont√≥n de ni√Īos gru√Īeron, pero Dink le dirigi√≥ a Zeck una √ļltima mirada.
¬ó¬ŅY cu√°ndo has estado t√ļ contrito alguna vez? ¬óLa contrici√≥n es un regalo que hago a Dios, no a ti. S√≥lo entonces se march√≥ Zeck, de regreso a su cama, donde la curvatura del barrac√≥n lo ocultaba.