1 - Sannick

o marcharse y preservar la tranquilidad del encuentro. Zeck era el hijo del ministro, y sab√≠a cu√°l era su deber. El reverendo Habit Morgan se encontraba en el peque√Īo p√ļlpito, en realidad un viejo atril para
diccionarios comprado en los saldos de una biblioteca. Sin duda el diccionario que una vez estuvo posado all√≠ hab√≠a sido sustituido por un ordenador, un signo m√°s de la degradaci√≥n de la raza humana, para adorar al Falso Dios del Rayo Domado.¬óCreen que porque han atra√≠do al rayo del cielo y lo han contenido en sus m√°quinas son ahora dioses, o amigos de los dioses. ¬ŅNo saben que lo √ļnico que se escribe con el rayo es el fuego? ¬°S√≠, yo os lo digo, es el fuego del infierno, y los dioses con quienes tratan son demonios!
Hab√≠a sido uno de los mejores sermones de su padre. Lo dio cuando Zeck ten√≠a tres a√Īos, pero Zeck no hab√≠a olvidado ni una palabra. Zeck no olvidaba ni una palabra de nada. En cuanto sab√≠a cu√°les eran las palabras, las recordaba.
Pero no le había dicho a su padre que recordaba. Porque cuando su madre se dio cuenta de que podía repetir sermones enteros, palabra por palabra, le dijo, muy tranquila pero muy intensamente:
—Es un gran don que Dios te ha dado, Zeck. Pero no se lo debes mostrar a nadie, porque podrían pensar que procede de Satán.
¬ó¬ŅS√≠? ¬ópregunt√≥ Zeck¬ó. ¬ŅProviene de Sat√°n?
—Satán no otorga buenos dones —contestó su madre—. Así que viene de Dios.
¬óEntonces, ¬Ņpor qu√© iba a pensar nadie que procede de Sat√°n?
Ella frunci√≥ el ce√Īo, aunque sus labios conservaron la sonrisa. Sus labios siempre sonre√≠an cuando sab√≠a que alguien la estaba mirando. Era su deber como esposa del ministro demostrar que la pura fe cristiana le hac√≠a feliz.
¬óAlgunas personas se esfuerzan tanto en buscar a Sat√°n ¬ódijo por fin¬ó que lo ven incluso cuando no est√°.
Naturalmente, Zeck recordaba esa conversaci√≥n, palabra por palabra. La ten√≠a en mente cuando ten√≠a cuatro a√Īos y su padre dijo:
¬óHay quienes dicen que una cosa procede de Dios, cuando en realidad es del diablo.
¬ó¬ŅPor qu√©, padre?
¬óPorque los enga√Īa su propio deseo ¬ócontest√≥ su padre¬ó. Desear√≠an que el mundo fuera un
lugar mejor, de modo que defienden que aquello que está contaminado es puro, para no tener que temerlo. Desde entonces, Zeck se había mantenido en equilibrio entre estas dos conversaciones, pues sabía que su madre le advertía sobre su padre, y su padre le advertía sobre su madre. Era imposible elegir entre ambos. No quería elegir.
Sin embargo... nunca permitió que su padre juzgara su memoria como perfecta. Aunque no era del todo mentira. Si su padre le pedía alguna vez que repitiera una conversación, un sermón o cualquier cosa, Zeck estaba dispuesto a hacerlo, y sinceramente, demostraría que se sabía palabra por palabra. Pero su padre no pedía nada a nadie, excepto a Dios.
Cosa que acababa de hacer. All√≠, de pie en el p√ļlpito, mirando a la congregaci√≥n, dijo:
¬ó¬ŅY Santa Claus? ¬°San Nick! ¬ŅEs lo mismo que el ¬ęViejo Nick¬Ľ? ¬ŅTiene algo que ver con Cristo? ¬ŅEs pura nuestra adoraci√≥n, cuando tenemos a ese ¬ęViejo San Nick¬Ľ en nuestros corazones? ¬ŅEs realmente alegre? ¬ŅSe r√≠e porque sabe que conduce a nuestros hijos al infierno?
Mir√≥ a la congregaci√≥n como si esperara una respuesta. Y finalmente alguien dio la √ļnica respuesta adecuada en ese punto del serm√≥n:
¬óHermano Habit, no lo sabemos. ¬ŅQuieres preguntarle a Dios y contarnos qu√© dice?
Y entonces su padre rugió:
¬ó¬°Dios de los cielos! ¬°T√ļ conoces nuestra pregunta! ¬°Nosotros, tus hijos, te pedimos pan, oh, Padre! ¬°No nos des una piedra!
Entonces se agarr√≥ al p√ļlpito (al atril para diccionarios, que tembl√≥ bajo su mano) y continu√≥ mirando hacia arriba. Zeck sab√≠a que, cuando su padre miraba hacia arriba de esa forma, no ve√≠a las vigas ni el techo. Estaba contemplando el cielo, exigiendo que todos aquellos √°ngeles vol√°tiles se apartaran de su camino para que, con su mirada penetrante, pudiera conectar con Dios y exigirle su atenci√≥n, porque estaba en su derecho. Pedid y se os dar√°, hab√≠a prometido Dios. ¬°Llamad y se os abrir√°n las puertas! Habit Morgan llamaba y ped√≠a, y es que hab√≠a llegado la hora de que Dios abriese las puertas y diera. Dios no pod√≠a faltar a su palabra... al menos cuando Habit Morgan le reclamaba.
Pero Dios marcaba su propio ritmo. Y por eso Zeck estaba all√≠ sentado en primera fila, con su madre y sus tres hermanas menores a su lado, todos sentados en asientos tan d√©biles que mostraban el menor signo de movimiento. Las otras tres ni√Īas eran peque√Īas, y sus movimientos eran perdonados. Zeck estaba decidido a ser puro, y su temblorosa silla pod√≠a haber estado hecha de piedra por el movimiento que hac√≠a.
Cuando su padre contemplaba el cielo tanto tiempo era una prueba. Tal vez la hacía Dios, o tal vez su padre ya había recibido su respuesta (quizá la noche antes, cuando estaba escribiendo su sermón), y entonces la prueba era para él. Fuera como fuese, Zeck pasaría esta prueba y pasaría todas las pruebas que se le presentasen.
Los largos minutos se arrastraron. Un picor desaparecía sólo para ser sustituido por otro. Su padre seguía mirando al cielo. Zeck ignoró el sudor que le caía por el cuello.Y tras él, en alguna parte entre los setenta y tres miembros de la congregación que habían venido hoy (Zeck no los había contado, sólo los había mirado, pero como de costumbre supo de inmediato cuántos eran), alguien se agitó en su asiento. Alguien tosió. Era el momento que su padre (o Dios) habían estado esperando.
La voz de su padre fue sólo un susurro, pero se oyó por toda la sala.
¬ó¬ŅC√≥mo puedo o√≠r la voz del Esp√≠ritu Santo cuando estoy rodeado de impureza?
Zeck pens√≥ en citarle su propio serm√≥n, pronunciado dos a√Īos atr√°s, cuando Zeck apenas ten√≠a cuatro a√Īos.
¬ó¬ŅCre√©is que Dios no es capaz de hacese escuchar, por m√°s ruido que haya a vuestro alrededor? Si sois puros, entonces todo el tumulto del mundo es silencio comparado con la voz de Dios.
Pero Zeck sabía que con esa cita podría derivar entonces en la vara de castigo. Su padre en realidad no estaba haciendo ninguna pregunta. Estaba recalcando lo que todos sabían: que en toda esa congregación, sólo Habit Morgan era auténtico, verdaderamente puro. Por eso la respuesta de Dios se dirigía a él, sólo a él.
¬ó¬°San Nick es una m√°scara! ¬órugi√≥ su padre¬ó. ¬°San Nick es la barba falsa y la risa falsa que llevan los sirvientes beodos del Dios de la frivolidad. ¬°Dionisos es su nombre! ¬°Baco! ¬°Jolgorio y libertinaje! ¬°Codicia y avaricia son los regalos que instala en los corazones de nuestros ni√Īos! ¬°Oh, Dios, s√°lvanos del Sat√°n de Santa! ¬°Evita la mirada maliciosa y depredadora de nuestros ni√Īos! ¬°No sientes a nuestros ni√Īos en su regazo para susurrar su ansia en su coraz√≥n de piedra! ¬°Es un modelo de idolatr√≠a! ¬°Dios sabe qu√© esp√≠ritu alienta a esos √≠dolos y los hace re√≠r su ho ho, con sus furcias y abominaciones y rebuznos insensatos!
Su padre estaba en buena forma. Y ahora que gritaba las palabras de Dios, caminando de un lado a otro delante del santuario, Zeck pod√≠a rascarse de alg√ļn picor ocasional, mientras mantuviera la mirada fija en el rostro de su padre.
Continu√≥ durante una hora, contando historias de ni√Īos que pon√≠an su fe en Santa Claus, y padres que ment√≠an a sus hijos sobre San Nick y les dec√≠an que todas las historias de la Navidad eran mitos, incluyendo la del Cristo ni√Īo. Cont√≥ historias de ni√Īos que se volv√≠an ateos cuando Santa no les tra√≠a los regalos que m√°s ansiaban.
—¡Satán siempre miente! Cuando Santa pone una mentira en los labios de los padres, la semilla de esa mentira se planta en los corazones de sus hijos y, cuando esa semilla florece y da fruto, la fruta de esa mentira es la falta de fe. ¡No os merecéis la confianza de vuestros hijos cuando mentís por Satán!
Entonces su voz se redujo a un susurro.
—Viejo y alegre San Nicolás —siseó—, óyenos. No le digas a nadie lo que voy a decir —y entonces su voz tronó de nuevo—: ¡Sí, vuestros hijos susurran sus deseos secretos a Satán y él responde a sus oraciones no con los regalos que quieren y, desde luego, tampoco con la presencia de Dios Emmanuel! No, responderá a sus oraciones con las cenizas del pecado en sus bocas, con el veneno del ateísmo y la falta de fe en el plasma de su sangre. ¡Expulsará la hemoglobina y la sustituirá por la lujuria del infierno!
Y así continuó y continuó.
En la mente de Zeck, el reloj que marcaba el tiempo exacto midi√≥ los cuarenta minutos completos de serm√≥n. Su padre nunca se repet√≠a ni una sola vez, y sin embargo nunca se apartaba del mensaje √ļnico. El mensaje de Dios era siempre breve, dec√≠a, pero a √©l le hac√≠an falta muchas palabras para traducir la sabidur√≠a pura del lenguaje de Dios al ingl√©s pobre que pod√≠an comprender los mortales.Y los sermones de su padre nunca se alargaban. Los conclu√≠a con exactitud a la hora convenida. No era un hombre que hablara s√≥lo para escucharse. Hac√≠a su trabajo y terminaba.
Al final del sermón, hubo un himno y su padre llamó entonces al viejo hermano Verlin y le dijo que Dios lo había visto ese día y que consideraba que su corazón había alcanzado la pureza indicada para rezar. Verlin se puso de pie, arrancó a llorar y apenas pudo pronunciar la oración de bendición a la congregación, pues estaba muy conmovido por haber sido elegido otra vez, desde que confesó haber vendido un coche viejo por casi el doble de su valor porque el comprador le había tentado ofreciéndole incluso más. Su pecado estaba más o menos perdonado. Era lo que significaba que el hermano Habit le llamara a rezar.
Entonces termin√≥. Zeck se puso de pie y corri√≥ hacia su padre y lo abraz√≥, como hac√≠a siempre, pues consideraba que cuando un serm√≥n terminaba algo del polvo de luz del cielo deb√≠a quedar a√ļn en las ropas de su padre. Y si Zeck pod√≠a abrazarlo con fuerza, se le podr√≠a pegar algo, y as√≠ estaba en disposici√≥n de comenzar a ser puro. Porque el cielo sab√≠a que no era puro por ahora.
A su padre le encantaban esos momentos. Sus manos acariciaron su pelo, su hombro, su espalda. No había ninguna vara de sauce que le hiciera sangre en la camisa.
¬óMira, hijo ¬ódijo¬ó, tenemos un extra√Īo aqu√≠, en la Casa del Se√Īor.
Zeck se zaf√≥ del abrazo para mirar hacia la puerta. Tambi√©n los dem√°s hab√≠an reparado en el hombre, y se lo quedaron mirando en silencio, a la espera de que Habit Morgan lo declarara amigo o enemigo. El desconocido vest√≠a de uniforme, pero no era ning√ļn uniforme que Zeck hubiera visto antes: no era el sheriff ni uno de sus ayudantes, ni un bombero, ni un miembro de la polic√≠a estatal.
—Bienvenido a la Iglesia del Cristo Puro —dijo su padre—. Lamento que no llegara a tiempo para el sermón.
—Lo escuché desde fuera —respondió el hombre—. No quise interrumpir.
—Entonces hizo bien, pues oyó la palabra de Dios, y sin embargo escuchó con humildad.
¬ó¬ŅEs usted el reverendo Habit Morgan? ¬ópregunt√≥ el hombre.
¬óLo soy ¬órespondi√≥ su padre¬ó, a pesar de que entre nosotros no tenemos m√°s t√≠tulos que los de hermano y hermana. ¬ęReverendo¬Ľ sugiere que soy un ministro certificado, un contratado. Nadie m√°s que Dios me certific√≥, pues s√≥lo Dios puede ense√Īar Su pura doctrina, y s√≥lo Dios puede nombrar a sus ministros. Tampoco estoy contratado, pues los siervos de Dios son todos iguales a sus ojos, y todos deben obedecer la admonici√≥n de Dios a Ad√°n de ganarse el pan con el sudor de su frente. Trabajo en una granja. Tambi√©n conduzco un cami√≥n para United Parcel Service.
—Perdóneme por usar un título inadecuado —dijo el hombre—. Desde mi ignorancia sólo era una muestra de respeto.
Pero Zeck era un agudo observador de los seres humanos, y le pareci√≥ que el hombre ya sab√≠a qu√© opinaba su padre del t√≠tulo ¬ęreverendo¬Ľ, y que lo hab√≠a utilizado deliberadamente.
Esto estaba mal. Era ensuciar el santuario.
Zeck se plantó a unos pocos palmos del hombre.
—Si le digo la verdad ahora mismo —dijo con osadía, sin temer nada que pudiera hacerle ese hombre—, Dios le perdonará por su mentira y el santuario será purificado de nuevo.
La congregación se quedó boquiabierta. No sorprendida o desazonada: asumían que Dios hablaba a través de él en momentos como ése, aunque Zeck nunca lo proclamaba. Negaba que Dios hablara jamás a través de él y, aparte de eso, no podía controlar lo que ellos creyeran.
¬ó¬ŅY qu√© mentira era? ¬ópregunt√≥ el hombre, divertido.
¬óLo sabe todo de nosotros ¬ódijo Zeck¬ó. Ha estudiado nuestras creencias. Lo ha estudiado todo acerca de mi padre. Sabe que es una ofensa llamarlo ¬ęreverendo¬Ľ. Lo hizo a prop√≥sito, y ahora miente al fingir que pretend√≠a respeto.
¬óTienes raz√≥n ¬ódijo el hombre, todav√≠a divertido¬ó. Pero ¬Ņqu√© posible diferencia puede haber?
—Para usted, debe haber significado alguna diferencia o no se habría molestado en mentir.
Su padre se había detenido tras él, y con la mano sobre su cabeza le dijo a Zeck que ya había dicho suficiente y que ahora le tocaba a él.
¬óDe la boca de los ni√Īos ¬óle dijo su padre al desconocido¬ó. Ha venido a nosotros con una mentira en los labios, una mentira que incluso un ni√Īo pudo detectar. ¬ŅPor qu√© est√° aqu√≠, qui√©n lo ha enviado?
¬óMe env√≠a la Flota Internacional, y mi prop√≥sito es evaluar a este ni√Īo para ver si est√° preparado para asistir a la Escuela de Batalla.
¬óSomos cristianos, se√Īor¬ódijo el padre¬ó. Dios nos protege si √©sa es Su voluntad. No alzaremos una mano contra nuestro enemigo.
—No estoy aquí para discutir de teología —respondió el desconocido—. He venido a cumplir con la ley. No hay ninguna excepción por la religión de los padres.
¬ó¬ŅQu√© hay de la religi√≥n del ni√Īo?
¬óLos ni√Īos no tienen ninguna religi√≥n ¬ódijo el desconocido¬ó. Por eso los reclutamos a j√≥venes, antes de que hayan sido adoctrinados en ninguna ideolog√≠a.
—Para así poder adoctrinarlos en la suya.
¬óExactamente.
El hombre extendió la mano hacia Zeck.
¬óVen conmigo, Zechariah Morgan. Hemos emplazado el examen en la casa de tus padres.
Zeck le dio la espalda al hombre.
¬óNo quiere hacer su examen ¬ódijo el padre.
—Y sin embargo, lo hará, de un modo u otro —respondió el hombre.
La congregación murmuró.
El hombre de la Flota Internacional miró a su alrededor.
¬óNuestra responsabilidad en la Flota Internacional es proteger a la raza humana de los invasores f√≥rmicos. Protegemos a toda la raza humana, incluso a aquellos que no desean ser protegidos, y recurrimos a las mentes m√°s brillantes de la raza humana y las entrenamos para que tomen el mando... incluso a aquellos que no desean ser entrenados. ¬ŅY si este ni√Īo fuera el m√°s brillante de todos, el comandante que nos lleve a la victoria donde ning√ļn otro podr√≠a tener √©xito? ¬ŅDeben morir todos los dem√°s miembros de la raza humana s√≥lo para que ustedes en esta congregaci√≥n puedan permanecer... puros?
—Sí—dijo el padre. Y la congregación lo coreó.
—Sí. Sí.—Somos la levadura del pan —dijo el padre—. Somos la sal que debe conservar su sabor, para que la tierra entera no sea destruida. Es nuestra pureza la que persuadirá a Dios a preservar esta generación pecadora, no su violencia.
El hombre se echó a reír.
¬óSu pureza contra nuestra violencia.
Extendi√≥ la mano y agarr√≥ a Zeck por el cuello de la camisa y tir√≥ de √©l bruscamente hacia atr√°s, hacia √©l. Antes de que nadie pudiera hacer otra cosa sino protestar a gritos, le hab√≠a arrancado a Zeck la camisa y le hab√≠a hecho girarse para mostrar su espalda cubierta de cicatrices, con las heridas m√°s frescas todav√≠a de un rojo brillante, y la m√°s nueva de todas a√ļn sangrando por el s√ļbito movimiento.
¬ó¬ŅY qu√© hay de su violencia? Nosotros no levantamos la mano contra nuestros ni√Īos.
¬ó¬ŅNo? ¬ódijo el padre¬ó. Evitar la vara es malcriar al ni√Īo: Dios nos ha dicho c√≥mo mantener puros a nuestros hijos desde el momento en que adquieren responsabilidad hasta que dominan su propia disciplina. Golpeo el cuerpo de mi hijo para ense√Īarle a su esp√≠ritu a abrazar el amor puro de Cristo. Ustedes le ense√Īar√°n a odiar a sus enemigos, de modo que ya no importar√° si su cuerpo est√° vivo o muerto, pues su alma estar√° contaminada y Dios lo escupir√° por Su boca.
El hombre arrojó la camisa de Zeck a su cara.
¬óVuelva a casa y nos encontrar√° con su hijo, haciendo lo que la ley requiere.
Zeck se zafó de la presa del hombre. Lo sujetaba con mucha fuerza, pero Zeck tenía una ventaja mayor: no importaba cuánto le doliera para librarse.
—No iré con usted —dijo.
El hombre toc√≥ un peque√Īo artilugio electr√≥nico en su cintur√≥n e irrumpieron de inmediato por la puerta una docena de hombres armados.
—Arrestaré a tu padre —dijo el hombre de la flota— y a tu madre. Y a todos los miembros de esta congregación que se me resistan.
Su madre entonces se adelantó, abriéndose paso entre su padre y otros feligreses.
—Por lo visto no sabe nada de nosotros —dijo—. No tenemos ninguna intención de resistirnos. Cuando un romano nos pide una capa, le damos también nuestro abrigo.
Empuj√≥ a las dos ni√Īas mayores hacia el hombre.
¬óHaga el examen a todos. Ponga a prueba tambi√©n a la m√°s peque√Īa, si puede. No habla todav√≠a, pero estoy segura de que tienen sus m√©todos.
¬óVolveremos a por ellas, aunque las dos m√°s peque√Īas son ilegales. Pero no cuando tengan la edad.
¬óPodr√°n robar el cuerpo de nuestro hijo, pero nunca su coraz√≥n. Entr√©nenlo todo lo que quieran. Ens√©√Īenle lo que quieran. Su coraz√≥n es puro. Les repetir√° sus palabras pero nunca, nunca las creer√°. Pertenece al Cristo Puro, no a la raza humana.
Zeck permaneci√≥ inm√≥vil, para no poder estremecerse como su cuerpo quer√≠a. La valent√≠a que mostraba su madre era extra√Īa y, como siempre, arriesgada. ¬ŅC√≥mo reaccionar√≠a su padre ante esa situaci√≥n? Era √©l quien deb√≠a hablar, actuar, proteger a la familia y a la iglesia.
Pero su padre, por supuesto, había dicho varias veces que una buena esposa es aquella que no tiene miedo de dar consejos no solicitados a su marido, y que un marido tan necio como para no oír la sabiduría de su esposa no es digno de serlo de ninguna mujer.
¬óVe con ese hombre, Zeck ¬ódijo el padre¬ó. Y responde a todas las preguntas con sinceridad pura.