12 - La guerra de grego

¬čLo verdad es que no. He estado pensando en eso √ļltimamente. Aprendieron de vosotros a viajar entre las estrellas. Ender dice que no comprendieron la f√≠sica necesaria para hacerlo hasta que vuestra primero flota colonial lleg√≥ a su sistema solar.¬õ
¬č¬ŅTendr√≠amos que habernos quedado en casa por temor o ense√Īar a volar a unas babosas sin pelo, con cuerpos blandos y.cuatro extremidades?¬õ
¬čHablaste hace un momento como si creyeras que los seres humanos tuvieran inteligencia.¬õ
¬čEst√° claro que la tienen.¬õ
¬čYo creo que no. Creo que han encontrado un medio de falsificar la inteligencia.¬õ
¬čSus naves vuelan. No hemos visto a ninguna de las vuestros surcando las ondas de
luz a través del espacio.›
¬čTodav√≠a somos una especie muy joven. Pero m√≠ranos. M√≠rate. Ambas especies hemos desarrollado un sistema muy similar. Ambas tenemos cuatro tipos de vida. Los j√≥venes, que son larvas indefensas. Las parejos, que nunca tienen inteligencia¬Ö, entre vosotros son los z√°nganos, entre nosotros las peque√Īos madres. Luego est√°n los muchos individuos que poseen suficiente inteligencia para ejecutar tareas manuales: nuestras esposas y hermanos, vuestras obreras. Y finalmente los inteligentes: nosotros, los padres-√°rbol, y t√ļ, la reina colmena. Somos los depositarios de la sabidur√≠a de la especie, porque tenemos tiempo para pensar, para contemplar. Nuestra actividad primario es la reflexi√≥n.¬õ
¬čMientras que los humanos est√°n siempre de un lado para otro como los hermanos y los esposas. Como los obreras.¬õ
¬čNo s√≥lo los obreras. Sus j√≥venes tambi√©n atraviesan una etapa larval en la que est√°n indefensos, y que duro m√°s de lo que algunos de ellos piensan. Y cuando es la hora de reproducirse, todos se convierten en z√°nganos o peque√Īas madres, peque√Īos m√°quinas que tienen s√≥lo un objetivo en la vida: gozar del sexo y morir.¬õ
¬čEllos creen que son racionales a lo largo de todos esas etapas.¬õ
¬čSe enga√Īan a s√≠ mismos. Incluso en sus mejores ejemplos, nunca, como individuos se alzan sobre el nivel de trabajadores manuales. ¬ŅQui√©n entre ellos tiene tiempo poro volverse inteligente?¬õ
¬čNinguno.¬õ
¬čNunca saben nada. No gozan de suficientes a√Īos en sus cortas vidas para llegar a comprender nada en absoluto. Sin embargo, creen que comprenden. Desde la m√°s tierno infancia, se enga√Īan para pensar que comprenden el mundo, mientras que lo que en realidad sucede es que tienen algunos primitivos prejuicios y suposiciones. A medido que se hacen mayores, aprenden un vocabulario m√°s elevado con el que expresar su seudo¬≠conocimiento y enga√Īar a otras personas para que acepten sus prejuicios como si fueran la verdad, pero todo se reduce o lo mismo. Individualmente, los seres humanos son todos idiotas.¬õ
¬čMientras que, colectivamente¬Ö¬õ
¬čColectivamente, son un conjunto de idiotas. Pero con tanto correr de un lado o otro pretendiendo ser sabios, lanzando teor√≠as idiotas a medio comprender sobre esto y aquello, un por de ellos se topan con alguna idea que se acerca un poco m√°s a la verdad de lo que ya se sab√≠a. Y en una especie de vacilante prueba de tanteo y error, aproximadamente la mitad de las veces la verdad se obre paso y es aceptada por personas que todav√≠a no la comprenden, que simplemente lo adoptan como un nuevo prejuicio en el que confiar a ciegas hasta que el siguiente idiota se encuentre por casualidad con uno mejora.¬õ
¬čEntonces est√°s diciendo que ninguno de ellos es inteligente individualmente, y que los grupos son a√ļn m√°s est√ļpidos que los individuos. Sin embargo al mantener a tantos idiotas entretenidos en fingir ser inteligentes, se encuentran con algunos de los mismos resultados con los que se encontrar√≠a una especie inteligente.¬õ
¬čEn efecto.¬õ
¬čSi ellos son tan est√ļpidos y nosotros ton inteligentes, ¬Ņpor qu√© tenemos s√≥lo una colmena, que sobrevive aqu√≠ porque nos trajo un humano? ¬ŅY por qu√© hab√©is dependido vosotros de ellos de una forma tan completa paro todos los avances t√©cnicos y cient√≠ficos que hab√©is realizado?¬õ
¬čTal vez la inteligencia no lo es todo.¬õ ¬čTal vez nosotros somos los est√ļpidos, al pensar que sabemos. Tal vez los humanos son los √ļnicos que pueden tratar con el hecho de que nada puede ser conocido.¬õ
Quara fue la √ļltima en llegar a la casa de su madre. Fue Plantador, el pequenino que serv√≠a como ayudante de Ender enlos campos, quienla recibi√≥. Estaba claro por el expectante silencio del sal√≥nque Miro no se lo hab√≠a dicho a nadie todav√≠a. Pero todos sab√≠an, igual que Quara, por qu√© los hab√≠a convocado all√≠. Ten√≠a que ser Quim. Ender deb√≠a de haberlo alcanzado ya, ypod√≠a hablar con Miro a trav√©s de los transmisores que llevaban.
Si Quimestuviera bien,nolos habríanreunido. Simplemente,se lo habríandicho.
As√≠ que todos lo sab√≠an. Quara escrut√≥ sus rostros mientras permanec√≠a en la puerta. Ela, con aspecto dolorido. Grego, el rostro furioso, siempre furioso, idiota petulante. Olhado, sin expresi√≥n, con los ojos brillantes. Y madre. ¬ŅQui√©n pod√≠a leer la terrible m√°scara que llevaba? Pena, desde luego, como Ela, y furia tanardiente como la de Grego, y tambi√©nla fr√≠a e inhumana distancia de la cara de Olhado. ¬ęTodos llevamos la cara de madre, de unmodo uotro. ¬ŅQu√© parte de ella es m√≠a? Si pudiera comprenderme, ¬Ņqu√© reconocer√≠a entonces en la retorcida postura que tiene madre en su silla?¬Ľ
¬óMuri√≥por la descolada ¬óanunci√≥ Miro¬ó. Esta ma√Īana. Andrew acababa de llegar.
—No pronuncies ese nombre —ordenóNovinha.
Suvozestaba ronca por el dolor mal contenido.
—Muriócomounmártir —dijoMiro—. Muriócomohabría querido.
Novinha se levantó de la silla, torpemente. Por primera vez, Quara advirtió que su madre

envejecía. Caminó con pasos inseguros hasta plantarse delante de Miro, que estaba sentado con las piernas abiertas. Entonces lo abofeteócontodas sus fuerzas.
Fue un momento de dolor. Ver a una mujer adulta golpeando a un lisiado indefenso ya era bastante penoso, pero ser testigos de cómo su madre golpeaba a Miro, que siempre fue su fuerza y salvación durante la infancia, resultó insoportable. Ela y Grego se levantaron de un salto y la arrastraronde vuelta a susilla.
¬ó¬ŅQu√© intentas hacer? ¬óchill√≥Ela¬ó. ¬°Golpear a Mirononos devolver√° a Quim!
¬ó¬°Miro y esa joya de su o√≠do! ¬ógrit√≥ Novinha. Se abalanz√≥ de nuevo hacia Miro; los dem√°s apenas pudieroncontenerla, a pesar de suaparente fragilidad¬ó. ¬ŅQu√© sabes t√ļ de c√≥mo quiere morir la gente?
Quara tuvo que admirar la forma en que Miro la observó, impertérrito, aunque tenía la mejilla
roja por el golpe.
—Sé que la muerte noes lopeor que hay-dijoMiro.
—Sal de mi casa —ordenóNovinha.
Miro se levantó.
—No estás llorando por él —la acusó—. Ni siquiera sabes quiénera.
¬ó¬°Note atrevas a decirme eso!
¬óSi lo amaras, no habr√≠as intentado impedirle ir ¬ódijo Miro. Suvoz no era fuerte, y su habla era penosa y dif√≠cil de comprender. Todos lo escucharon, en silencio. Incluso su madre, pues sus palabras eran terribles¬ó. Pero no lo amas. No sabes c√≥mo amar a la gente. S√≥lo sabes c√≥mo poseerla. Ycomo la gente nunca actuar√° como t√ļ quieres, madre, siempre te sentir√°s traicionada. Y como tarde o temprano todo el mundo muere, siempre te sentir√°s enga√Īada. Pero eres t√ļ quien enga√Īa, madre. T√ļeres la que usa nuestroamor para intentar controlarnos.
—Miro —llamóEla.
Quara reconoci√≥ el tono de suvoz. Era como si volvierana ser ni√Īos peque√Īos y Ela intentara calmar a Miro, para persuadirlo de que suavizara suactitud. Quara record√≥ haber o√≠do a Ela hablarle as√≠ una vez, cuando supadre acababa de golpear a Novinha yMiro dijo: ¬ęLo matar√©. No sobrevivir√° a esta noche¬Ľ. Esto era lo mismo. Miro dec√≠a cosas dolorosas a su madre, palabras que ten√≠an el poder de matar. S√≥lo que Ela no podr√≠a detenerlo a tiempo, esta vez no, porque las palabras ya hab√≠ansido pronunciadas. El veneno estaba ahora dentro de sumadre, haciendo sutrabajo, buscando sucoraz√≥npara quemarlo.
—Ya has oídoa madre —espetóGrego—. Sal de aquí.
—Me voy—contestóMiro—. Perosólohe dichola verdad.
Gregoavanzóhacia Miro,locogió por los hombros yloempujó hacia la puerta.
¬ó¬°Noeres unode nosotros!¬ógrit√≥¬ó. ¬°Notienes ning√ļnderechoa decirnos nada!
Quara se interpuso entre ellos,enfrent√°ndose a Grego.
¬ó¬°Si Miro no se ha ganadoel derechoa hablar enesta familia, entonces nosomos una familia!
¬óT√ļlohas dicho ¬ómurmur√≥Olhado.
—Apártate de mi camino —mascullóGrego.
Quara le había oído proferir amenazas antes, unmillar de veces al menos. Pero esta vez, al estar tancerca de él, consualientoenla cara,se diocuenta de que estaba fuera de control. La noticia de la muerte de Quimle había golpeadoconfuerza,ytal vezeneste momento no estaba cuerdodel todo.
¬óNo estoy en tu camino ¬ódijo Quara¬ó. Adelante. Golpea una mujer. Empuja a un lisiado.
Est√° entunaturaleza, Grego. Naciste para destruir. Me averg√ľenza pertenecer a la misma especie que t√ļ, no digamos a la misma familia.
S√≥lo despu√©s de hablar se dio cuenta de que tal vez estaba presionando demasiado a Grego. Despu√©s de todos estos a√Īos de discusi√≥n continuada, esta vez hab√≠a logrado herirlo. Su expresi√≥n era aterradora.
Pero él no la golpeó. Pasó por su lado rodeándola, rodeando también a Miro, y se plantó en la puerta, las manos en el marco. Empujaba hacia fuera, como si intentara apartar a las paredes de su camino. O tal vez se aferraba a ellas, esperando que pudieran sujetarlo.—No voy a dejar que me enfurezcas, Quara —manifestó—. Sé quiénes mi enemigo.
Entonces salió por la puerta y se perdió en la oscuridad. Un momento después, sin decir nada más, Mirolosiguió. Ela hablómientras se dirigía tambiéna la puerta:
¬óSean cuales fueran las mentiras que te est√°s diciendo, madre, no ha sido Ender ni nadie m√°s quienha destruidoa esta familia esta noche. Has sidot√ļ.
Entonces se marchó.
Olhado se levant√≥ y sali√≥, sin pronunciar palabra. Quara quiso abofetearlo cuando pas√≥ por su lado, para hacerle hablar. ¬ę¬ŅLo has grabado todo en los ordenadores de tus ojos, Olhado? ¬ŅTienes todas las im√°genes grabadas en la memoria? Bien, no te sientas demasiado orgulloso de ti mismo. Puede que yo s√≥lo tenga uncerebro hecho de tejidos para grabar esta maravillosa noche enla historia de la familia Ribeira,peroapuesto a que mis im√°genes sontanclaras comolas tuyas.¬Ľ
Novinha contempló a Quara. Su rostro estaba surcado de lágrimas. Quara no pudo recordar:
¬Ņhab√≠a vistollorar a sumadre alguna vezantes?
¬óEntonces t√ļeres todoloque queda-suspir√≥.
¬ó¬ŅYo? ¬ópregunt√≥ Quara¬ó. Soy la hija a quien prohibiste el acceso al laboratorio,
¬Ņrecuerdas? Soyla que ha quedadoapartada del trabajode mi vida. No esperes que sea tuamiga.
Entonces tambi√©n Quara se march√≥. Sali√≥ al aire de la noche sinti√©ndose revitalizada, justificada. ¬ęQue la vieja bruja reflexione todo eso durante untiempo, a ver si le gusta estar aislada, comohizoconmigo.¬Ľ
Unos cinco minutos después, cuando Quara estaba cerca de la verja yel brillo de suira se había difuminado, empezó a advertir lo que le había hecho a su madre. Lo que le habían hecho todos. Dejarla sola. Dejarla sintiendo que había perdido no sólo a Quim, sino a su familia entera. Aquello fue algoterrible, ysumadre nolomerecía.
Quara se volvió de inmediato y regresó a la casa. Pero cuando atravesaba la puerta, Ela entró
tambiénenel salónpor la otra,la que conducía al interior de la casa.
—No está aquí —dijo Ela.
—Nossa Senhora —susurróQuara—. Le dije cosas terribles.
¬óTodos lohicimos.
—Nos necesita. Quimestá muerto,ynosotros sólosupimos…
—Cuando ella golpeóasí a Miro,fue…
Para su sorpresa, Quara descubri√≥ que estaba llorando, abrazada a su hermana mayor. ¬ę¬ŅEntonces todav√≠a soy una ni√Īa, despu√©s de todo? S√≠, lo soy, lo somos todos, y Ela sigue siendo la √ļnica que sabe consolarnos.¬Ľ
¬óEla, ¬Ņera Quim el √ļnico que nos manten√≠a unidos? Ahora que ya no est√°, ¬Ņhemos dejado de formar una familia?
—No losé.
¬ó¬ŅQu√© podemos hacer?
Por respuesta,Ela la cogi√≥ de la manoyambas salieronde la casa. Quara pregunt√≥ ad√≥nde iban, pero Ela no respondi√≥, s√≥lo le sujet√≥ la mano y sigui√≥ avanzando. Quara la acompa√Ī√≥ sin ofrecer resistencia: no ten√≠a ni idea de qu√© hacer, y de alg√ļn modo seguir a Ela parec√≠a algo seguro. Al principio pens√≥ que Ela estaba buscando a sumadre, pero no, no se dirigi√≥ al laboratorio ni a ning√ļn otro lugar donde pudiera estar. Se sorprendi√≥a√ļnm√°s al ver d√≥nde termin√≥sucamino.
Se encontrabandelante del altar que el pueblo de Lusitania había erigido enmitad de la ciudad. El altar de Gusto y Cida, sus abuelos, los primeros xenobiólogos que descubrieron una forma para contener al virus de la descolada ysalvar así a la colonia humana de Lusitania.
Aunque encontraron las drogas que impidieron que la descolada siguiera matando gente, ellos mismos murieron,demasiadoinfectados ya para que supropia droga los salvara.
El pueblo los adoró, construyó aquel altar, los llamó Os Venerados incluso antes de que la iglesia los beatificara. Y ahora que estaban a sólo un paso de ser canonizados como santos, estaba permitidorezarles.
Para sorpresa de Quara, Ela había acudido allí para rezar. Se arrodilló ante el altar, y aunque Quara no era demasiado creyente, se arrodillójuntoa suhermana.
Abuelo, abuela, rezad a Dios por nosotros. Rezad por el alma de nuestro hermano Estev√°o. Rezadpor todas nuestras almas. Rezada Cristopara que nos perdone.
Era una oracióna la que Quara podía unirse contodosucorazón.
¬óProteged a vuestra hija, nuestra madre, protegedla de¬Ö de su pena y su ira, y hacedle saber que la amamos y que vosotros la am√°is y que¬Ö Dios la ama. Oh, por favor, pedidle a Dios que la ame ynola deje hacer ninguna locura.
Quara nunca había oído rezar así a nadie. Siempre eran oraciones memorizadas, o leídas. No este tropel de palabras. Pero, claro, Os Venerados no erancomo los demás santos. Eransus abuelos, aunque nunca habíanllegadoa conocerlos envida.
—Decidle a Dios que ya hemos tenido suficiente —continuó Ela—. Tenemos que encontrar una salida a todo esto. Cerdis matando humanos. Esa flota que viene a destruirnos. La descolada intentando arrasar contodo. Nuestra familia odiándose. Encontradnos una salida, abuelo, abuela, ysi nola hayentonces que Dios abra una,porque estonopuede continuar.
Ela yQuara respiraronpesadamente enmedio del silencioagotador.
—Ennome doPai e doFilhoe doEspíritoSanto —dijo Ela—. Amem.
Amem—susurróQuara.
Entonces Ela abrazóa suhermana ylas dos continuaronllorando enla noche.
Valentine se sorprendi√≥ al descubrir que el alcalde yel obispo eranlas dos √ļnicas personas en la reuni√≥nde emergencia. ¬ŅPor qu√© estaba ella all√≠? Noten√≠a fuerza,ni autoridad.
El alcalde Kovano Zeljezo le acerc√≥ una silla. Todos los muebles de la habitaci√≥n privada del obispo eran elegantes, pero las sillas estaban dise√Īadas para resultar dolorosas. El asiento era tan estrecho que para poder sentarse hab√≠a que mantener el trasero bien pegado al respaldo. Y el respaldo era ens√≠ mismo recto como unariete, sinninguna concesi√≥na la columna vertebral humana, ysub√≠a tanalto que la cabeza quedaba hacia delante. De permanecer sentada enella alg√ļntiempo, la silla acabar√≠a obligando a quienla usara a inclinarse hacia delante, para apoyar los brazos sobre las rodillas.
¬ęTal vezeso era lo que se pretend√≠a ¬ópens√≥ Valentine¬ó. Sillas que te haceninclinarte ante la presencia de Dios.¬Ľ
O tal vez era a√ļn m√°s sutil. Las sillas estaban dise√Īadas para hacerte sentir tan f√≠sicamente inc√≥modo que ansiabas una existencia menos corp√≥rea. Castigaba la carne para preferir vivir en el esp√≠ritu.
—Parece sorprendida —comentóel obispo Peregrino.
¬óComprendo que ustedes dos se re√ļnan en una situaci√≥n de emergencia. ¬ŅMe necesitan para que tome notas?
¬óDulce humildad ¬ódijo Peregrino¬ó. Pero hemos le√≠do sus escritos, hija m√≠a, y ser√≠amos est√ļpidos si nobusc√°ramos susabidur√≠a enunmomento problem√°tico.
—Les ofreceré la sabiduría que tenga,peroyonoesperaría demasiada.
Coneso,el alcalde Kovanose zambullóenel tema de la reunión.
¬óHaymuchos problemas a largo plazo, pero no tendremos muchas posibilidades de resolverlos si no lo hacemos primero conel m√°s inmediato. Anoche hubo una especie de pelea enla casa de los Ribeira¬Ö
¬ó¬ŅPor qu√© tienenque estar nuestras mejores mentes agrupadas ennuestra familia m√°s inestable? ¬ómurmur√≥el obispo.
—No sonla familia más inestable, obispo Peregrino —objetó Valentine—. Sonsimplemente la familia cuyas disputas internas causanmás perturbaciónenla superficie. Otras familias sufrenpeores enfrentamientos,peronose notanporque noimportantantoa la comunidad.
El obispo asintió sabiamente, pero Valentine sospechaba que se sentía molesto por verse corregido enun tema tan trivial. Apesar de todo, ella sabía que no lo era. Si el obispo y el alcalde empezaban pensando que en la familia Ribeira eran más inestables de lo que ya de por sí eran, podían perder su confianza en Ela, o en Miro, o en Novinha, todos los cuales eran absolutamente esenciales si Lusitania quería sobrevivir a las crisis futuras. Para esa cuestión, incluso los miembros más inmaduros de la familia, Quara y Grego, podían ser necesarios. Ya habían perdido a Quim, probablemente el mejor de todos. Sería una tontería perder tambiéna los demás.
Si los líderes de la colonia empezaban a juzgar equivocadamente a los Ribeira como grupo, prontolos juzgaríantambiénmal comoindividuos.
¬óAnoche la familia se dispers√≥ ¬ócontinu√≥ el alcalde¬ó, y por lo que sabemos, pocos son los que se hablan entre s√≠. He intentado encontrar a Novinha, y acabo de enterarme de que se ha refugiado con los Hijos de la Mente de Cristo y se niega a ver o a hablar con nadie. Ela me ha comunicado que sumadre ha sellado todos los archivos del laboratorio xenobiol√≥gico, de forma que el trabajo se ha paralizado por completo esta ma√Īana. Quara est√° con Ela, lo crea o no. Miro se encuentra fuera del per√≠metro, en alguna parte. Olhado est√° en su casa y su esposa dice que se ha desconectadolos ojos, que es suforma de aislarse de la vida.
—Hasta ahora, parece que se están tomando muy mal la muerte del padre Esteváo —observó Peregrino—. Tengo que visitarlos yayudarlos.
—Todas ésas son respuestas perfectamente aceptables al dolor —dijo Kovano—, y no habría convocado esta reunión si eso fuera todo. Como usted dice, Su Eminencia, debe tratar este asunto comosulíder espiritual,sinmí.
—Grego —apuntóValentine al advertir que Kovanonolohabía incluidoenla lista.
—Exactamente —asintió el alcalde—. Surespuesta fue irse a unbar…, a varios bares, antes de que acabara la noche, ydecir a todos los matones borrachos yparanoides de Milagro, ytenemos unos cuantos, que los cerdis hanasesinadoal padre Quima sangre fría.
—Que Deus nos avençóe —murmuróel obispoPeregrino.
—Hubo problemas en uno de los bares —prosiguió Kovano—. Ventanas destrozadas, sillas
rotas, dos hombres hospitalizados.
¬ó¬ŅUna reyerta? ¬ópregunt√≥el obispo.
—No del todo. Sóloira descargada engeneral.
—Entonces ya pasó.
—Esoespero. Peroparece que sólose acabócuando salió el sol. Ycuandollegóel alguacil.
¬ó¬ŅAlguacil? ¬ópregunt√≥Valentine¬ó. ¬ŅS√≥louno?
—Lidera una fuerza policial de voluntarios —explicó Kovano—. Como la brigada de bomberos voluntarios. Patrullas de dos horas. Despertamos a algunos. Hicieron falta veinte para calmar las cosas. Sólo contamos con unos cincuenta hombres en la brigada, por lo general sólo cuatro prestan servicio cada vez. Normalmente se pasan la noche contándose chistes. Y algunos de los policías fuera de servicioestabanentre los que destrozaronel bar.
¬óEsosignifica que no sonmuyde fiar enuna emergencia.
—Se comportaron espléndidamente anoche —objetó Kovano—. Los que estaban de servicio, quierodecir.
—Contodo,nohayesperanza ninguna de que controlenundisturbio real —suspiróValentine.
—Se encargaron de las cosas anoche —insistió el obispo—. Esta noche la primera oleada se habrá agotado.
¬óEsta noche la noticia se habr√° extendido. Todo el mundo conocer√° la muerte de Quim y la furia ser√° mayor ¬ódijoValentine.
¬óTal vez ¬óconvino el alcalde Kovano¬ó. Pero lo que me preocupa es ma√Īana, cuando Andrew traiga el cad√°ver a casa. El padre Estev√°o no era una figura muypopular, nunca iba a beber con los muchachos, pero se hab√≠a convertido en una especie de s√≠mbolo espiritual. Como m√°rtir, tendremos a mucha m√°s gente queriendo vengarloque disc√≠pulos dispuestos a seguirlotuvo envida.
—Entonces está diciendo que debemos celebrar un funeral sencillo y discreto — aventuró Peregrino.
—No lo sé. Tal vezlo que la gente necesita es ungranfuneral, donde pueda descargar sudolor ysuperarlode una vezpor todas.
—El funeral noes nada —rebatióValentine—. El problema es esta noche.
¬ó¬ŅPor qu√© esta noche? La primera oleada de la noticia de la muerte del padre Estev√°o habr√°
pasado. El cad√°ver no llegar√° hasta ma√Īana. ¬ŅQu√© pasa esta noche?
—Tienen que cerrar todos los bares. No permita que fluya el alcohol. Arreste a Grego y manténgalo aislado hasta después del funeral. Declare el toque de queda al anochecer y ponga de servicioa todos los policías. Patrulle la ciudadengrupos durante toda la noche,conporras yarmas.
—Nuestra policía notiene armas.
—Déselas de todas formas. No tienen que cargarlas, sólo mostrarlas. Una porra es una invitaciónpara discutir conla autoridad, porque siempre se puede salir corriendo. Una pistola es un incentivopara comportarse coneducación.
¬óEso parece muyextremo ¬óopin√≥ el obispo Peregrino¬ó. ¬°Untoque de queda! ¬ŅQu√© pasa con los trabajos nocturnos?
—Cancélenlos todos menos los servicios vitales.
¬óPerd√≥neme, Valentine ¬ódijo el alcalde¬ó, pero si reaccionamos de forma excesiva, ¬Ņno
sacar√° esolas cosas de quicio? ¬ŅNocausar√° el tipode p√°nico que queremos evitar?
¬óNunca ha vistounmot√≠n,¬Ņverdad?
—Sóloloque pasóanoche.
¬óMilagro es un pueblo muy peque√Īo ¬óexpuso el obispo Peregrino¬ó. S√≥lo unas quince mil personas. Apenas somos suficientemente grandes para tener disturbios reales¬Ö, eso queda para las grandes ciudades,enmundos densamente poblados.
¬óNo es cuesti√≥nde tama√Īode la poblaci√≥n,sinode sudensidadyel miedop√ļblico. Sus quince mil personas est√°n api√Īadas en un espacio apenas mayor que el centro comercial de una ciudad. Tienen una verja alrededor, por decisi√≥n propia, porque m√°s all√° hay criaturas que son insoportablemente extra√Īas y que creen poseer el planeta entero, aunque todo el mundo puede ver grandes praderas que deber√≠an abrirse al uso de los humanos, si no fuera porque los cerdis se oponen. La ciudad ha sido diezmada por una plaga, yahora est√°naislados de los dem√°s mundos yhay una flota que llegar√° dentro de poco para invadirlos, oprimirlos ycastigarlos. Yensus mentes, todo esto, todo, es culpa de los cerdis. Anoche se, enteraronde que los cerdis hanvuelto a matar, aunque hicieron el solemne juramento de no da√Īar a ning√ļn ser humano. Sin duda, Grego les ofreci√≥ una descripci√≥nbiendetallada de la traici√≥nde los cerdis. El muchacho tiene habilidad conlas palabras, sobre todo con las desagradables. Y los pocos hombres que estaban en el bar reaccionaron con violencia. Les aseguroque las cosas empeorar√°nesta noche,a menos que se adelanten.
—Si tomamos esa acciónrepresora, pensaránque nos dejamos `llevar por el pánico —alegó el obispoPeregrino.
¬óPensar√°nque tienenfirmemente el control. La gente equilibrada se lo agradecer√°. Restaurar√°n la confianza p√ļblica.
¬óNo s√© ¬ódud√≥Kovano¬ó. Ning√ļnalcalde ha hechonada parecidoantes.
¬óNing√ļnalcalde tuvola necesidad.
—La gente dirá que utilicé la menor excusa para asumir poderes dictatoriales.
—Tal vez—admitió Valentine.
—Nunca creeránque podría haberse producido unmotín.
¬óYtal vezlo derrotar√°nenlas pr√≥ximas elecciones ¬óapunt√≥Valentine¬ó. ¬ŅYqu√©?
—Piensa como unclérigo —rió Peregrino.
—Estoy dispuesto a perder las elecciones para hacer lo que sea más adecuado —declaró
Kovano,unpocoresentido.
—Peronoestá segurode qué es loadecuado —dijoValentine.
¬óBueno,nopuede saber si habr√° una revuelta esta noche.
—Sí puedo. Le aseguro que a menos que tome el control con mano firme ahora mismo y anule
cualquier posibilidadde que la gente forme grupos,perderá muchomás que las próximas elecciones.
El obispotodavía estaba riéndose.
¬ó¬ŅNo nos dijoque noesper√°ramos demasiada sabidur√≠a por suparte?
¬óSi piensa que estoyactuandode forma exagerada, ¬Ņqu√© propone usted?
—Anunciaré unservicioenmemoria de Quimesta noche,yoraciones por la pazyla calma.
—Eso llevará a la catedral exactamente a la gente que nunca formaría parte de una revuelta­objetóValentine.
¬óNo comprende loimportante que es la fe para el pueblo de Lusitania ¬ódijoPeregrino.
—Yusted no comprende lo devastadores que puedenser el miedo yla ira, ylo rápidamente que se olvidanla religión,la civilizaciónyla decencia humana cuandose forma una muchedumbre.
—Pondré enalerta a toda la policía esta noche —anunció el alcalde Kovano—, ya la mitad de ellos de servicio desde el atardecer a la medianoche. Pero no cerraré los bares ni declararé el toque de queda. Quiero que la vida siga con toda la normalidad posible. Si empezamos a cambiarlo y a cerrarlo todo,les estaremos dandomás razones para sentirse asustados yfuriosos.
—Les estaría dando una sensación de que la autoridad tiene el mando —discutió Valentine—. Estaría emprendiendo acciones comparables a los terribles sentimientos que albergan. Sabrían que alguienestá haciendoalgo.
—Es usted muy sabia —dijo el obispo Peregrino—, y éste sería un gran consejo para una ciudad grande, sobre todo en un planeta menos fiel a la fe cristiana. Pero nosotros somos un simple pueblo, y la gente es piadosa. No necesitan que los atemoricen. Necesitan apoyo y tranquilidad esta noche,notoques de queda, cierres,pistolas ni patrullas.
—Sonustedes quienes debentomar la decisión. Comodije,la sabiduría que tengola comparto.
—Y se lo agradecemos. Puede estar segura de que observaremos con atención los hechos de esta noche —dijoKovano.
—Gracias por invitarme —contestó Valentine—. Pero ya pueden ver que, como predije, no he servido de grancosa.
Se levant√≥ de la silla, con el cuerpo dolorido por haber permanecido tanto tiempo en aquella postura imposible. No se hab√≠a inclinado hacia delante. Tampoco lo hizo ahora, cuando el obispo extendi√≥ la manopara que se la besara. Encambio, Valentine la estrech√≥fuertemente;luegorepiti√≥la operaci√≥nconel alcalde. Como a iguales. Como a extra√Īos.
Sali√≥ de la habitaci√≥n, ardiendo interiormente. Les hab√≠a advertido y les hab√≠a indicado lo que deber√≠an hacer. Pero como la mayor√≠a de los l√≠deres que jam√°s se hab√≠an enfrentado con una crisis aut√©ntica, no cre√≠anque esta noche se pudiera producir nada distinto a las otras noches. La gente s√≥lo cree de verdad enlo que ha visto antes. Despu√©s de esta noche, Kovano creer√° entoques de queda y cierres en momentos de tensi√≥n p√ļblica. Pero para entonces ser√° demasiado tarde. Para entonces estar√°ncontando las bajas.
¬ŅCu√°ntas tumbas se cavar√≠an junto a la de Quim? ¬ŅY de qui√©n ser√≠an los cad√°veres que reposar√≠anenellas?
Aunque Valentine era all√≠ una extra√Īa y conoc√≠a a pocas personas, no pod√≠a aceptar la revuelta comoinevitable. S√≥lohab√≠a otra esperanza. Hablar√≠a conGrego. Intentar√≠a persuadirle de la seriedad de lo que estaba sucediendo. Si √©l iba de bar enbar esa noche, aconsejando paciencia, hablando con calma, entonces los disturbios se podr√≠an atajar. S√≥lo √©l ten√≠a la posibilidad de hacerlo. Ellos lo conoc√≠an. Era el hermano de Quim. Sus palabras los hab√≠an enfurecido la noche anterior. Ahora podr√≠anescucharlo para que la revuelta fuera contenida, impedida, canalizada. Ten√≠a que encontrar a Grego.
Si Ender estuviera all√≠¬Ö Ella era historiadora. Era Ender quienhab√≠a conducido a los hombres a la batalla. Bueno, en realidad a ni√Īos. Hab√≠a conducido a ni√Īos. Pero era lo mismo: √©l sabr√≠a qu√© hacer. ¬ę¬ŅPor qu√© no est√° aqu√≠ ahora? ¬ŅPor qu√© queda este asunto en mis manos? No tengo est√≥mago para la violencia y la confrontaci√≥n. Nunca lo he tenido.¬Ľ Para eso naci√≥ Ender, un tercer hijo concebido a instancias del gobierno enuna era enque no se permit√≠a a los padres m√°s que dos hijos sin sufrir devastadores sanciones legales: porque Peter fue demasiado sa√Īudo, y ella, Valentine, demasiadomansa.
Ender habría convencido al alcalde y al obispo para que actuara con sensatez. Ysi no hubiera podido hacerlo,habría sabidocómoir a la ciudad a calmar los ánimos, a mantenerlos bajocontrol.
Sinembargo, aunque deseaba que Ender estuviera all√≠, sab√≠a que ni siquiera √©l podr√≠a controlar lo que iba a suceder aquella noche. Tal vez lo que ella hab√≠a sugerido ni siquiera ser√≠a suficiente. Hab√≠a basado sus conclusiones sobre lo que suceder√≠a entodo lo que hab√≠a visto yle√≠do en muchos mundos diferentes en muchas √©pocas distintas. La conflagraci√≥n de la noche anterior se extender√≠a much√≠simo m√°s aquella noche. Pero ahora Valentine empezaba a comprender que las cosas podr√≠an ser mucho peores de lo que hab√≠a supuesto en un principio. La gente de Lusitania hab√≠a vivido sin expresar sumiedo enunmundo extra√Īo durante demasiado tiempo. Todas las otras colonias humanas se hab√≠an extendido inmediatamente, tomando posesi√≥n de sus mundos, apropi√°ndoselos en cuesti√≥n de unas pocas generaciones. Los humanos de Lusitania todav√≠a viv√≠an en una peque√Īa reserva, virtualmente enunzoo donde terribles criaturas parecidas a cerdos los contemplabana trav√©s de los barrotes. No se pod√≠a calcular lo que se hab√≠a acumulado enel interior de esta gente. Probablemente nopodr√≠a contenerse. Ni siquiera und√≠a.
Las muertes de Pipo yLibo enel pasado ya hab√≠ansido graves. Pero ellos erancient√≠ficos que trabajaban entre los cerdis. Con ellos fue como cuando los aviones se estrellan o las naves espaciales estallan. Si s√≥lo la tripulaci√≥n estaba a bordo, el p√ļblico no se preocupaba tanto: a la tripulaci√≥nse le pagaba por el riesgo que corr√≠a. Este tipo de accidentes s√≥lo causaba miedo yfuria cuando mor√≠anciviles. Yenla mente de la gente de Lusitania,Quimera uncivil inocente.
No, más que eso: era un hombre santo que llevaba hermandad y beatitud a aquellos semianimales que nada se merecían. Matarlo no fue sólo un acto bestial y cruel, sino también sacrílego.
La gente de Lusitania era tanpiadosa como cre√≠a el obispo Peregrino. Lo que √©l olvidaba era la forma enque la gente piadosa hab√≠a reaccionado siempre a los insultos contra su dios. Peregrino no recordaba lo suficiente de la historia del cristianismo, pens√≥ Valentine, o quiz√° simplemente cre√≠a que todas aquellas cosas hab√≠anterminado conlas cruzadas. Si la catedral era, de hecho, el centro de la vida en Lusitania, y si la gente sent√≠a devoci√≥n por sus sacerdotes, ¬Ņpor qu√© imaginaba Peregrino que supena ante el asesinato de uncura se expresar√≠a enunsimple servicio de oraci√≥n? Si el obispo parec√≠a pensar que la muerte de Quimcarec√≠a de importancia, aquello s√≥lo servir√≠a para aumentar la furia. Estaba a√Īadiendomatices al problema,noresolvi√©ndolo.
Valentine estaba todav√≠a buscando a Grego cuando oy√≥ que las campanas empezaban a doblar. La llamada a la oraci√≥n. Sin embargo, √©sta no era la hora normal de misa. La gente deb√≠a de estar alzando la cabeza sorprendida, pregunt√°ndose, ¬Ņpor qu√© doblan las campanas? Y entonces recordaban: el padre Estev√°o ha muerto. El padre Quim fue asesinado por los cerdis. ¬ęOh, s√≠, Peregrino, qu√© excelente idea, tocar esa campana. Eso ayudar√° a la gente a pensar que las cosas est√°n tranquilas ynormales.
L√≠branos,Se√Īor, de todos los hombres sabios.¬Ľ
Miro yac√≠a acurrucado enundoblezde las ra√≠ces de Humano. Nohab√≠a dormidomuchola noche anterior, si es que hab√≠a llegado a hacerlo, e incluso ahora estaba tendido sin moverse, con los pequeninos a sualrededor, golpeandoconsus bastones ritmos enlos troncos de HumanoyRa√≠z. Miro o√≠a las conversaciones y comprend√≠a la mayor parte, aunque todav√≠a no dominaba la lengua de los padres, porque los hermanos no hac√≠anning√ļnesfuerzo por ocultarle sus agitadas conversaciones. √Čl era Miro, despu√©s de todo. Confiaban en √©l. No estaba mal que se diera cuenta de lo furiosos y asustados que estaban.
El padre-√°rbol llamado Guerrero hab√≠a matado a unhumano.Yno a uno cualquiera: sutribuy√©l hab√≠anasesinado al padre Estev√°o, el ser humano m√°s amado de todos despu√©s del propio Portavoz de los Muertos. Era inenarrable. ¬ŅQu√© deber√≠an hacer? Hab√≠an prometido al Portavoz no entablar nunca m√°s la guerra, ¬Ņpero c√≥mo si no podr√≠an castigar a la tribu de Guerrero y mostrar a los humanos que los pequeninos repudiabansupernicioso acto? La guerra era la √ļnica respuesta, ytodos los hermanos de cada tribu atacar√≠an el bosque de Guerrero y talar√≠an sus √°rboles excepto aquellos que hab√≠an discutido contra el plan de Guerrero. ¬ŅY su √°rbol-madre? √Čse era el debate que todav√≠a continuaba: discut√≠an si bastar√≠a con matar a todos los hermanos y padres-√°rbol implicados en el bosque de Guerrero, o talar tambi√©nel √°rbol-madre, para que no hubiera oportunidad de que ninguna semilla de Guerrero volviera a enraizar en el mundo. Dejar√≠an vivo a Guerrero el tiempo suficiente para ver la destrucci√≥nde sutribu, yluego lo quemar√≠an, la m√°s terrible de todas las ejecuciones, y la √ļnica ocasi√≥nenque los pequeninos usabanel fuegodentrode unbosque.
Miro oy√≥ todo esto, y quiso intervenir, quiso decir: ¬ę¬ŅPara qu√© sirve todo eso ahora?¬Ľ. Pero sab√≠a que nadie podr√≠a detener a los pequeninos. Estabandemasiado furiosos. Enparte, se deb√≠a a la pena por la muerte de Quim, pero tambi√©nporque sent√≠anverg√ľenza. Guerrero los hab√≠a avergonzado a todos al romper sutratado. Los humanos nunca volver√≠ana confiar enlos pequeninos, a menos que destruyeranpor completoa Guerrero ya sutribu.
La decisi√≥n estaba tomada. Al d√≠a siguiente por la ma√Īana todos los hermanos empezar√≠an el viaje hacia el bosque de Guerrero. Pasar√≠anmuchos d√≠as agrup√°ndose, porque √©sta ten√≠a que ser una acci√≥n de todos los bosques del mundo juntos. Cuando estuvieran preparados, con el bosque de Guerrero completamente rodeado, lo destruir√≠antanconcienzudamente que nadie podr√≠a imaginar que all√≠ se hab√≠a alzadounbosque antes.
Los humanos lo ver√≠an. Sus sat√©lites mostrar√≠an c√≥mo trataban los pequeninos a sus cobardes asesinos que transgred√≠anlos tratados. Entonces volver√≠ana confiar enlos pequeninos. Entonces los pequeninos podr√≠analzar la cabeza sinverg√ľenza enpresencia de unhumano.
Gradualmente, Miro se dio cuenta de que no s√≥lo le estaban dejando escuchar sus conversaciones ydeliberaciones. Se estabanasegurando de que o√≠a ycomprend√≠a todo lo que hac√≠an. ¬ęEsperanque lleve la noticia a la ciudad. Esperanque explique a los humanos de Lusitania c√≥mo los pequeninos pretenden castigar a los asesinos de Quim. ¬ŅNo se dan cuenta de que ahora soy un extra√Īo? ¬ŅQui√©n me escuchar√≠a entre todos los humanos de Lusitania, a m√≠, a un muchacho lisiado surgido del pasado, con un habla casi ininteligible? No tengo ninguna influencia sobre los dem√°s humanos. Apenas ten-goinfluencia sobre mi propiocuerpo.¬Ľ
Sin embargo, era el deber de Miro. Se levant√≥ lentamente, liber√°ndose de su lugar entre las ra√≠ces de Humano. Lo intentar√≠a. Ir√≠a a ver al obispo Peregrino y le dir√≠a lo que pretend√≠an los pequeninos. El obispo difundir√≠a la noticia y entonces la gente podr√≠a sentirse reconfortada al saber que miles de inocentes reto√Īos de pequeninos ser√≠an asesinados para compensar la muerte de un hombre.
¬ę¬ŅQu√© sonlos beb√©s pequeninos, despu√©s de todo? S√≥lo gusanos que vivenenel oscuro vientre de un√°rbol-madre.¬ĽAla gente nunca se le ocurrir√≠a que apenas hab√≠a diferencia entre este asesinato enmasa de beb√©s pequeninos y la masacre de inocentes del reyHerodes en la √©poca del nacimiento de Jes√ļs. S√≥lo buscaban justicia. ¬ę¬ŅQu√© es la completa aniquilaci√≥n de una tribu de pequeninos comparado coneso?¬Ľ
Grego: ¬ęde pie en mitad de la plaza, la multitud alerta a mi alrededor, cada uno de ellos conectado a m√≠ por untenso cable invisible de forma que mi voluntad es la suya, mi boca pronuncia sus palabras, sus corazones latena mi ritmo. Nunca he sentido esto antes, esta clase de vida, formar parte de un grupo como √©ste, y no ser s√≥lo una parte, sino su mente, el centro, de forma que mi esencia los incluye a todos ellos, a cientos; mi furia es su furia, sus manos son mis manos, sus ojos s√≥lovenlo que yoles muestro¬Ľ.
La m√ļsica,la cadencia de invocaci√≥n,respuesta,invocaci√≥n,respuesta:
¬óEl obispodice que recemos por la justicia, pero¬Ņes suficiente para nosotros?
¬ó¬°No!
¬óLos pequeninos dicen que ellos destruir√°n el bosque que asesin√≥ a mi hermano, ¬Ņpero les creemos?
¬ó¬°No!
¬ęEllos completanmis frases; cuando me paro a tomar aliento, ellos gritanpor m√≠, de forma que mi vozno se calla nunca, sino que surge de las gargantas de quinientos hombres ymujeres. El obispo vino a verme, lleno de paz y paciencia. El alcalde vino a verme con sus advertencias de polic√≠a y tumultos, y sus amenazas de prisi√≥n. Valentine vino a verme, todo intelecto helado, hablando de mi responsabilidad.'Todos conocen mi poder, un poder que yo ignoraba, un poder que empez√≥ s√≥lo cuando dej√© de obedecerlos ytransmit√≠ finalmente a la gente lo que albergaba mi coraz√≥n. La verdad es mi poder. Dej√© de enga√Īar al pueblo yles di la verdad yahora venenqu√© me he convertido, enlo que nos hemos convertidojuntos.¬Ľ
¬óSi alguien castiga a los cerdis por matar a Quim, debemos ser nosotros. ¬°Una vida humana debe ser vengada por manos humanas!Dicenque la sentencia para los asesinos es la muerte¬Ö ¬°Pero somos nosotros quienes tenemos el derecho a decidir el verdugo! ¬°Somos nosotros los que tenemos que asegurarnos de que la sentencia se cumple!
—¡Sí!¡Sí!
—¡Dejaronmorir a mi hermanoenla agonía de la descolada!¡Contemplaronsucuerpo ardiendo desde dentro!¡Ahora quemaremos ese bosque hasta el final!
¬ó¬°Quemadlos!¬°Fuego!¬°Fuego!
¬ęVed c√≥mo prende la cerilla, c√≥mo arrancan pu√Īados de hierba y la encienden. ¬°La llama que
encenderemos juntos!¬Ľ
¬óMa√Īana partiremos enexpedici√≥nde castigo¬Ö
¬ó¬°Esta noche!¬°Esta noche!¬°Ahora!
¬óMa√Īana. Nopodemos partir esta noche,tenemos que proveernos de agua ysuministros.
¬ó¬°Ahora!¬°Esta noche!¬°Aquemarlos!
—Os digo que no podremos llegar allí en una sola noche, está a cientos de kilómetros de
distancia, haránfalta días para llegar…
¬ó¬°Los cerdis est√°njustoal otroladode la verja!
¬óNo los que matarona Quim¬Ö
¬ó¬°Todos sonunos asesinos hijos de puta!
¬óSonlos que matarona Libo,¬Ņno?
¬ó¬°Matarona Pipo yLibo!
¬ó¬°Todos sonasesinos!
—¡Quemémoslos esta noche!
—¡Quemémoslos a todos!
¬ó¬°Lusitania para nosotros,nopara los animales!
¬ę¬ŅEst√°n locos? ¬ŅC√≥mo pueden pensar que los dejar√≠a matar a estos cerdis? Ellos no han hecho
nada.¬Ľ
¬ó¬°Es Guerrero!¬°Es a Guerreroysubosque a quienes tenemos que castigar!
¬ó¬°Castigadlos!
¬ó¬°Muerte a los cerdis!
¬ó¬°Quemadlos!
¬ó¬°Fuego!
¬ęUn silencio moment√°neo. Un instante de calma. Una oportunidad. Piensa en las palabras adecuadas. Piensa en algo para recuperarlos, se te est√°n escapando. Formaban parte de mi cuerpo, eran parte de mi esencia, pero ahora se escabullen, un espasmo y he perdido el control, si es que alguna vez he llegado a tenerlo. ¬ŅQu√© puedo decir en esta fracci√≥n de segundo de silencio para devolverlos a la cordura?¬Ľ
Demasiado tiempo. Grego esper√≥ demasiado para pensar en algo. Fue una voz infantil la que llen√≥ el breve silencio, la voz de un ni√Īo que todav√≠a no hab√≠a alcanzado la adolescencia, exactamente el tipo de voz inocente que podr√≠a causar que la santa furia de sus corazones entrara en erupci√≥n,para llevarlos a una acci√≥nirrevocable.
¬ó¬°Por Quimypor Cristo!¬ógrit√≥el ni√Īo.
¬ó¬°QuimyCristo!¬°QuimyCristo!
—¡No!—gritóGrego—. ¡Esperad!¡Nopodéis hacer esto!
Lo rodearon, lo derribaron. Estaba a gatas, alguienle pis√≥ la mano. ¬ę¬ŅD√≥nde est√° el banco enel que me hab√≠a subido? Aqu√≠ est√°, ag√°rrate, no dejes que te arrollen, me matar√°n si no me levanto, tengoque moverme conellos,levantarme ycaminar conellos,correr conellos ome aplastar√°n.¬Ľ
Entonces se marcharon, dej√°ndolo atr√°s, rugiendo, gritando, el tumulto de pies saliendo de la plaza a las calles, mientras peque√Īas llamas prend√≠an, ylas voces gritaban¬ęFuego¬Ľ y¬ęQuemadlos¬Ľ y¬ęQuimyCristo¬Ľ, fluyendo como una corriente de lava desde la plaza hacia el bosque que esperaba enla colina cercana.
¬óDios del cielo,¬Ņqu√© est√°nhaciendo?
Era Valentine. Grego se arrodilló junto al banco, apoyándose en él, y vio que ella estaba a su lado, mirando la turba que se marchaba de aquel frío cráter vacío donde había comenzado la conflagración.
¬óGrego,engre√≠do hijo de puta,¬Ņqu√© has hecho?
¬óIba a conducirlos hasta Guerrero. Iba a guiarlos hacia la justicia.
¬óEres f√≠sico,jovenidiota. ¬ŅNohas o√≠dohablar nunca del principiode incertidumbre?
—Física de partículas. Física filótica.
¬óF√≠sica de turbas, Grego. Nunca llegaste a poseerlos. Ellos te poseyeron a ti. Y ahora te han utilizado y van a destruir el bosque de nuestros mejores amigos y abogados entre los pequeninos. ¬ŅQu√© vamos a hacer? Ser√° la guerra entre humanos y pequeninos, a menos que tengan unautocontrol inhumano, yser√° nuestra culpa.
—Guerrero matóa Quim.
¬óUncrimen. Lo que t√ļhas iniciadoaqu√≠,Grego,es una atrocidad.
¬ó¬°Yonolohice!
—El obispo Peregrino te aconsejó. El alcalde Kovano te advirtió. Yo te supliqué. Ylo hiciste
de todas formas.
—Me advirtióde una revuelta, no sobre esto…
¬óEsto es una revuelta, idiota. Peor que una revuelta. Es un pogrom. Es una masacre. Es un asesinatode ni√Īos. Es el primer pasoenel largo yterrible camino hacia el xenocidio.
¬ó¬°Nopuede culparme por eso!
La cara de Valentine es terrible a la luz de la luna, a la luz de las puertas ylas ventanas de los
bares.
—Te echo la culpa sólo de lo que hiciste. Empezaste un fuego en un día seco, caluroso y con viento, a pesar de todas las advertencias. Te responsabilizo de eso, ysi no te consideras responsable de todas las consecuencias de tus propios actos, entonces eres realmente indigno de la sociedad humana yesperoque pierdas tulibertadpara siempre.
¬ęSe ha ido. ¬ŅAd√≥nde? ¬ŅA hacer qu√©? No puede dejarlo aqu√≠ solo. No es justo que lo dejen solo.¬Ľ Unos momentos antes era un coloso, con quinientos corazones, mentes y bocas; un millar de manos y pies; ahora todo hab√≠a desaparecido, como si su gran cuerpo nuevo hubiera muerto y √©l se hubiera convertido enel tembloroso fantasma de unhombre, la d√©bil alma de ungusano despojado de la poderosa carne que sol√≠a gobernar. Nunca hab√≠a estado tan asustado. Casi lo mataron en su ansia por dejarlo,casi lo aplastaroncontra la hierba.
Eran suyos, de todas formas. √Čl los hab√≠a creado, los hab√≠a convertido en una simple muchedumbre, yaunque hab√≠anmalinterpretado para qu√© los hab√≠a creado, todav√≠a actuabanseg√ļnla ira que hab√≠a provocado enellos, yconel planque hab√≠a introducido ensus mentes. Suintenci√≥nera mala, eso es todo¬Ö; por lo dem√°s, estaban haciendo exactamente lo que quer√≠a que hicieran. Valentine ten√≠a raz√≥n. Era suresponsabilidad. Lo que hicieranahora, lo hab√≠a cometido √©l igual que si todav√≠a estuviera al frente del grupo. Entonces,¬Ņqu√© pod√≠a hacer?
Detenerlos. Conseguir el control de nuevo. Plantarse ante ellos ysuplicarles que se detuvieran. No iban a quemar el lejano bosque del loco Guerrero, sino a masacrar a los pequeninos que él conocía, aunque no los apreciara mucho. Tenía que detenerlos, o la sangre mancharía sus manos comosavia que nopodría ser lavada ni frotada,undolor que permanecería siempre ensuinterior.
Ech√≥ a correr, siguiendo el fangoso rastro de sus pisadas entre las calles, donde la hierba qued√≥ convertida encieno. Corri√≥ hasta que le doli√≥ el costado, atraves√≥ la verja por donde la hab√≠anroto. ¬ŅD√≥nde estaba el campo disruptor cuando lo necesitaban? ¬ŅPor qu√© no lo conectaba nadie? Entonces lleg√≥ al lugar donde las llamas lam√≠anya el cielo.
¬ó¬°Alto!¬°Apagadel fuego!
¬ó¬°Quemadlos!
¬ó¬°Por QuimyCristo!
¬ó¬°Morid,cerdos!
¬ó¬°√Čse, que se escapa!
¬ó¬°M√°talo!
—¡Quémalo!
¬ó¬°Los √°rboles noest√°na√ļnsecos¬Ö,el fuegonoprende!
—¡Sí arde!
¬ó¬°Talad el √°rbol!
—¡Ahí hayotro!
¬ó¬°Mirad, los peque√Īos bastardos est√°natacando!
¬ó¬°Partidlos por la mitad!
¬ó¬°Dame esa azada si no vas a usarla!
¬ó¬°Destroza al peque√Īo cerdo!
¬ó¬°Por QuimyCristo!
La sangre salta en un amplio arco y roc√≠a la cara de Grego cuando se abalanza hacia delante, intentando detenerlos. ¬ę¬ŅConoc√≠ a √©ste? ¬ŅConoc√≠ la vozde este pequenino antes de que se convirtiera eneste grito de agon√≠a ymuerte? Nopuedo controlar esto, lohanroto.Aella. La handestrozado. Una esposa. Una esposa nunca vista. Entonces debemos estar cerca del centro del bosque, y ese gigante debe ser el √°rbol-madre.¬Ľ
—¡Aquí hayunárbol asesinosi alguna vezhe vistouno!
Alrededor del per√≠metro del claro donde se alzaba el gran √°rbol, los √°rboles menores empezaron s√ļbitamente a inclinarse, y luego se desplomaron, rotos sus troncos. Por un momento, Grego pens√≥ que eran los humanos tal√°ndolos, pero entonces advirti√≥ que no hab√≠a nadie cerca de aquellos √°rboles. Se quebraban ellos solos, lanz√°ndose a la muerte para aplastar a los humanos asesinos enunintentopor salvar al √°rbol-madre.
Por un instante, funcion√≥. Los hombres gritaron en agon√≠a; tal vez una docena o dos fueron aplastados o quedaron atrapados o rotos bajo los √°rboles ca√≠dos. Pero todos los que pod√≠an caer terminaronpor hacerlo, yel √°rbol-madre continuaba all√≠, el tronco ondulando extra√Īamente, como si estuviera enmarcha una extra√Īa peristalsis, deglutiendoprofundamente.
—¡Dejadlovivir!—gritóGrego—. ¡Es el árbol-madre!¡Es inocente!
Pero los gritos de los heridos y atrapados ahogaron su voz, igual que el terror cuando advirtieron que el bosque podía contraatacar, que éste no era un juego vengativo de justicia y retribución, sinouna guerra real,donde ambos bandos eranpeligrosos.
¬ó¬°Quemadlo!¬°Quemadlo!
El c√°ntico era tanintenso que ahogaba tambi√©nlos gritos de los moribundos. Yahora las ramas y hojas de los √°rboles ca√≠dos se estiraron hacia el √°rbol-madre. Los hombres encendieron esas ramas, que ardieronr√°pidamente. Unos cuantos se dieroncuenta de que si el fuego arrasaba el √°rbol¬≠madre tambi√©n quemar√≠a a los hombres atrapados, y empezaron a intentar rescatarlos. Pero la mayor√≠a qued√≥ prendida enla pasi√≥nde su√©xito. Para ellos, el √°rbol-madre era Guerrero, el asesino. Era todo lo que resultaba extra√Īo eneste mundo, el enemigo que los manten√≠a recluidos enuna verja, el terrateniente que los hab√≠a restringido arbitrariamente a unpeque√Īo pedazo de tierra enunmundo tanamplio. El √°rbol-madre era todo opresi√≥nyautoridad, todo extra√Īeza ypeligro, yellos lo hab√≠an conquistado.
Grego retrocedió ante los gritos de los hombres atrapados que contemplaban el avance del fuego, ante los aullidos de los hombres a quienes las llamas habían alcanzado ya, ante el cántico triunfal de los hombres que habíancometidoeste asesinato.
¬ó¬°Por QuimyCristo!¬°Por QuimyCristo!
Grego estuvo a punto de echar a correr, incapaz de soportar todo lo que podía ver yoler yoír, las brillantes llamas anaranjadas, el olor de la carne quemada, el chasquido de la madera viva ardiendo.
Pero no corri√≥. En cambio, trabaj√≥ junto a los hombres que avanzaban hacia las llamas para liberar a los otros hombres atrapados enlos √°rboles ca√≠dos. Estaba chamuscado, yuna vezsus ropas empezarona arder,pero aquel caliente dolor nofue nada,casi loagradec√≠a, porque era el castigoque merec√≠a. Deber√≠a morir eneste lugar. Incluso deber√≠a de haberlo hecho, deber√≠a de haberse internado profundamente enlas llamas yno salir hasta que sucrimenquedara purgado ytodo cuanto restara de √©l fueran huesos y cenizas, pero todav√≠a hab√≠a personas heridas que sacar del alcance del fuego, todav√≠a hab√≠a vidas que salvar. Adem√°s,alguienle apag√≥las llamas del hombroyle ayud√≥a levantar el √°rbol para que el chiquillo que yac√≠a debajo de √©l pudiera liberarse. ¬ŅC√≥mo pod√≠a morir cuando formaba parte de algocomoesto,parte del salvamento de este muchacho?
¬ó¬°Por QuimyCristo! ¬ógimi√≥ el ni√Īo mientras se arrastraba para ponerse fuera del alcance de las llamas.
Aqu√≠ estaba, el ni√Īo cuyas palabras hab√≠an llenado el silencio y vuelto a la multitud en esta direcci√≥n. ¬ęT√ļlohiciste ¬ópens√≥Grego¬ó. T√ļ los apartaste de m√≠.¬Ľ
El ni√Īolomir√≥ylo reconoci√≥.
—¡Grego! —gritó, yse abalanzó hacia delante. Sus manos se agarrarona los muslos de Grego,
sucabeza se apoyócontra sucadera—.¡Tío Grego!
Era el hijo mayor de Olhado,Nimbo.
—¡Lohicimos!—gritóNimbo—. ¡Por el tíoQuim!
Las llamas chisporroteaban. Grego alz√≥ al ni√Īo y lo apart√≥ del alcance de las llamas m√°s peligrosas, y luego lo llev√≥ m√°s all√°, a la oscuridad, a un lugar donde hac√≠a fresco. Todos los hombres se dirigieron hacia all√≠, pues las llamas los conduc√≠an, y el viento impulsaba a las llamas. La mayor√≠a estaba como Grego, agotados, asustados, doloridos por efecto del fuego o tras haber ayudadoa alguien.
Pero algunos, tal vez muchos, no habíansido tocados más que por el fuego interno que Grego y
Nimbohabíanencendidoenla plaza.
¬ó¬°Quemadlos a todos!
Voces aqu√≠ yall√°, turbas m√°s peque√Īas como remolinos diminutos enuna corriente mayor, pero
ahora sostenían antorchas y tizones que habían encendido en el fuego que ardía en el corazón del
bosque.
¬ó¬°Por QuimyCristo!¬°Por PipoyLibo!¬°Nom√°s √°rboles!¬°Nom√°s √°rboles!
Gregoavanzó,tambaleándose.
—Suéltame —pidióNimbo.
Siguióavanzando.
¬óPuedocaminar.
Pero la misi√≥nde Grego era demasiado urgente. No pod√≠a detenerse por Nimbo, no pod√≠a dejar caminar al ni√Īo, no pod√≠a esperarlo y tampoco pod√≠a dejarlo atr√°s. No se abandona al hijo del hermano en un bosque incendiado. As√≠ que lo llev√≥, y despu√©s de un rato, las piernas y los brazos doloridos por el esfuerzo, el hombro convertido en un blanco sol de agon√≠a en el lugar donde se hab√≠a quemado, sali√≥ del bosque ylleg√≥ a la vieja verja, al sendero que conduc√≠a a los laboratorios xenobiol√≥gicos.
La muchedumbre se hab√≠a congregado all√≠, muchos de ellos con antorchas, pero por alg√ļn motivo todav√≠a estabana cierta distancia de los dos √°rboles que all√≠ hab√≠a: Humano yRa√≠z. Grego se abri√≥ paso entre la turba, todav√≠a sujetando a Nimbo. El coraz√≥nle redoblaba a la vezde una chispa de esperanza, pues sab√≠a por qu√© se hab√≠an detenido los hombres de las antorchas. Cuando lleg√≥ al final de la multitud,vioque ten√≠a raz√≥n.
Alrededor de los dos √ļltimos padres-√°rbol hab√≠a congregados unos doscientos hermanos y esposas cerdis, peque√Īos y sitiados, pero con un aire de desaf√≠o en su porte. Luchar√≠an hasta la muerte eneste lugar, antes de dejar que estos dos √ļltimos √°rboles fueranquemados. Pero √©se ser√≠a su destino si la muchedumbre lo decid√≠a, pues no hab√≠a ninguna esperanza de que los pequeninos se interpusieranenel camino de hombres decididos a matar.
Pero entre los cerdis ylos hombres se encontraba Miro, que parecía ungigante comparado con los pequeninos. No llevaba ninguna arma, sinembargo extendió los brazos como para proteger a los pequeninos,otal vezpara contenerlos. Consuhabla pastosa ydifícil,desafiaba a la muchedumbre.
—¡Matadme a mí primero! —decía—. ¡Os gusta matar! ¡Matadme primero! ¡Igual que ellos matarona Quim!¡Matadme primero!
¬ó¬°T√ļ no! ¬órespondi√≥ uno de los hombres que sujetabanuna antorcha¬ó. Pero esos √°rboles van a morir. Ytodos esos cerdis tambi√©n, si notienensesopara salir corriendo.
¬óAm√≠ primero. ¬°√Čstos sonmis hermanos!¬°Matadme a m√≠ primero!
Habl√≥ con fuerza, despacio, para que su lengua pastosa pudiera ser comprendida. La muchedumbre todav√≠a estaba enfurecida, algunos de sus miembros al menos. Sin embargo, hab√≠a muchos que ya estaban hartos de todo, muchos de ellos avergonzados, descubriendo ya en sus corazones los terribles actos que hab√≠an ejecutado aquella noche, cuando entregaron sus almas a la voluntad de la turba. Grego todav√≠a sent√≠a su conexi√≥n con los otros y supo que pod√≠an seguir cualquier camino: los que todav√≠a ard√≠an de ira podr√≠an iniciar un √ļltimo incendio esta noche; o tal vezprevalecieranlos que se hab√≠anenfriado,cuyo √ļnicocalor internoera undestello de verg√ľenza.
Grego ten√≠a una √ļltima oportunidad de redimirse, al menos enparte. Ypor eso avanz√≥, todav√≠a sujetandoa Nimbo.
—A mí también —dijo—. ¡Matadme a mí también, antes de levantar una mano contra estos hermanos yestos árboles!
¬ó¬°Quitaos de enmedio, Grego,t√ļyel lisiado!
¬ó¬ŅC√≥mopodr√©is ser diferentes de Guerrero,si mat√°is a estos peque√Īos?
Ahora Gregose colocó junto a Miro.
¬ó¬°Quitaos de enmedio! Vamos a quemar los √ļltimos yacabaremos. ¬óPero la voz ten√≠a menos
seguridad.
—Hay un incendio detrás de vosotros —dijo Grego—, y demasiadas personas han muerto ya, humanos ypequeninos por igual. —Su voz era ronca, y le costaba trabajo respirar por todo el humo que había inhalado. Pero todavía podía hacerse oír—. El bosque que mató a Quimestá lejos de aquí, y Guerrero todavía permanece intacto. No hemos hecho justicia esta noche. Hemos causado asesinatos ymasacre.
¬ó¬°Los cerdis soncerdis!
¬ó¬ŅLo son? ¬ŅTe gustar√≠a que fuera al rev√©s? ¬óGrego dio unos pocos pasos hacia uno de los hombres que parec√≠a cansado y poco dispuesto a continuar, y le habl√≥ directamente, mientras se√Īalaba al portavozde la turba¬ó. ¬°T√ļ!¬ŅTe gustar√≠a ser castigadopor lo que √©l ha hecho?
—No —murmuróel hombre.
¬óSi √©l matara a alguien, ¬Ņcrees que ser√≠a justoque alguienviniera a tucasa ymatara a tuesposa ytus hijos por ello?
Varias voces contestaronahora.
¬óNo.
¬ó¬ŅPor qu√© no? Los humanos sonhumanos,¬Ņno?
¬óYo no he matadoa ning√ļnni√Īo ¬óespet√≥ el portavoz.
Ahora se estaba defendiendo. Y el nosotros había desaparecido de su discurso. Ahora era un individuo,solo. La muchedumbre se difuminaba, separándose.
—Quemamos al árbol-madre —manifestóGrego.
A su espalda se produjo un sonido penetrante, varios gemidos agudos. Para los hermanos y esposas supervivientes,era la confirmaciónde sus peores temores. El árbol-madre había ardido.
¬óEl √°rbol gigante en mitad del bosque¬Ö, en su interior estaban todos sus beb√©s. Todos ellos. Este bosque nonos hizoning√ļnda√Īo,ynosotros fuimos ymatamos a sus beb√©s.
Miro dio unpaso al frente, coloc√≥ la mano sobre el hombro de Grego. ¬ŅSe apoyaba en√©l? ¬ŅOle ayudaba a permanecer enpie?
¬óTodos vosotros. Marchaos a casa.
—Tal vezdeberíamos intentar apagar el fuego —sugirióGrego.
Perotodoel bosque estaba ya ardiendo.
—Marchaos a casa —repitióMiro—. Quedaos dentrode la verja.
Todavía quedaba algo de furia.
¬ó¬ŅQui√©neres t√ļpara decirnos loque debemos hacer?
¬óQuedaos dentro de la verja. Ahora viene alguienpara proteger a los pequeninos.
¬ó¬ŅQui√©n? ¬ŅLa polic√≠a?
Varias personas se rieron amargamente, ya que ellos eran policías, o habían visto a agentes
entre la muchedumbre.
Aquí están—declaróMiro.
Pudierono√≠r unzumbido bajo, d√©bil al principio, apenas audible conel rugir del fuego, pero fue aumentando de volumen, hasta que cinco voladores aparecieron, rozando la hierba mientras revoloteaban sobre la multitud, a veces negros en su silueta contra el bosque ardiente, a veces brillantes con el fuego reflejado cuando estaban en el lado opuesto. Por fin se detuvieron. S√≥lo entonces pudo la gente distinguir una forma negra tras otra, mientras los seis pilotos se alzaban de cada plataforma. Lo que hab√≠an tomado por la brillante maquinaria de los voladores no lo era en absoluto, sino criaturas vivientes, no tangrandes como los hombres pero tampoco tanpeque√Īos como los pequeninos, con grandes cabezas y ojos multifacetados. No hicieron ning√ļn gesto amenazador, s√≥lo formaronfilas ante cada volador;pero no hizo falta ning√ļngesto. Sumisi√≥nbast√≥ para despertar recuerdos de antiguas pesadillas e historias de terror.
¬óDeus nos perdoe!¬ógimieronvarios hombres¬ó. Dios nos perdone.
Creyeronmorir.
—Marchaos a casa —repitióMiro—. Quedaos dentrode la verja.
¬ó¬ŅQu√© son? ¬óLa vozinfantil de Nimbohabl√≥ por todos ellos.
Las respuestas llegaronensusurros.
¬óDiablos.
¬ó√Āngeles destructores.
¬óLa muerte.
Yentonces la verdad, por boca de Grego,pues sabía loque debíanser, aunque era impensable.
—Insectores —dijo—. Insectores, aquí enLusitania.
No se marcharoncorriendo del lugar. Se fueroncaminando, observando concuidado, temerosos de las extra√Īas nuevas criaturas cuya existencia ninguno de ellos hab√≠a sospechado, cuyos poderes s√≥lo pod√≠an imaginar o recordar de antiguos v√≠deos estudiados en el colegio. Los insectores, que hab√≠an estado a punto de destruir a la humanidad, hasta que fueron aniquilados por Ender el
Xenocida. El libro de la Reina Colmena dec√≠a que eran hermosos y que no ten√≠an por qu√© haber muerto. Pero ahora, al verlos, con sus brillantes exoesqueletos negros, un millar de lentes en sus resplandecientes ojos verdes, lo que sent√≠an no era belleza,. sino terror. Y cuando llegaran a casa, ser√≠a conel conocimiento de que eranestos seres,yno s√≥lo los peque√Īos yretrasados cerdis, los que les esperaban al otro lado de la verja. ¬ŅEstuvieron aprisionados antes? As√≠ pues, ahora estaban atrapados enunode los c√≠rculos del infierno.
Por fin, de todos los humanos s√≥lo quedaronMiro, Grego yNimbo. Asualrededor tambi√©nlos cerdis observaban asombrados, pero no con terror, pues no ten√≠an insectos de pesadilla acechando sus sue√Īos como suced√≠a con los humanos. Adem√°s, los insectores hab√≠an acudido a ellos como salvadores y protectores. Lo que pesaba m√°s sobre ellos no era curiosidad hacia los desconocidos, sinopena por lo que hab√≠anperdido.
¬óHumano pidi√≥ a la reina colmena que los ayudara, pero ella dijo que no pod√≠a matar humanos ¬óexplic√≥ Miro¬ó. Entonces Jane vio el fuego desde los sat√©lites yse lo comunic√≥ aAndrew Wiggin.√Čl habl√≥conla reina yle indic√≥loque ten√≠a que hacer. Que notendr√≠a que matar a nadie.
¬ó¬ŅNo vana matarnos? ¬ópregunt√≥Nimbo.
Grego advirti√≥ que Nimbo hab√≠a pasado los √ļltimos minutos creyendo que iba a morir. Entonces se dio cuenta de que tambi√©n lo hab√≠a esperado √©l, y que s√≥lo ahora, con la explicaci√≥n de Miro, estaba seguro de que no hab√≠anvenido a castigarlos por lo que hab√≠anprovocado esta noche. O, m√°s bien, por lo que √©l hab√≠a puesto en movimiento, preparado por el peque√Īo empujoncito que Nimbo, ensuinocencia,hab√≠a dado.
Lentamente, Grego se arrodill√≥ ysolt√≥ al ni√Īo. Los brazos apenas le respond√≠anyel dolor de su hombro era insoportable. Empez√≥a llorar. Peronolohac√≠a por el dolor.
Los insectores se movieron rápidamente. La mayoría permaneció allí, tomando posiciones alrededor del perímetro de la ciudad. Unos cuantos volvieron a subir a los voladores, uno en cada máquina, y las devolvieron al cielo, volando sobre el bosque incendiado y la hierba quemada, para rociarlo conalgo que cubrióel fuegoylo consumió lentamente.
El obispo Peregrino se encontraba en la baja pared de cimientos que hab√≠a sido levantada aquella ma√Īana. Todo el pueblo de Lusitania estaba congregado, sentado en la hierba. Us√≥ un peque√Īo amplificador, para que nadie dejara de enterarse de sus palabras. Pero probablemente no lo habr√≠a necesitado: todos permanec√≠anensilencio, incluso los ni√Īos peque√Īos, que parec√≠anpercibir el ambiente sombr√≠o.
Tras el obispo se hallaba el bosque, ennegrecido pero no carente de vida del todo: unos cuantos árboles volvían a reverdecer. Ante él se encontraban los cadáveres cubiertos, cada uno junto a su tumba. El más cercano de todos era el de Quim, el padre Esteváo. Los otros pertenecían a los humanos que habíanmuertodos noches atrás,bajolos árboles yenel incendio.
—Estas tumbas formarán el suelo de la capilla, de forma que cada vez que entremos en ella pisemos sobre los cuerpos de los muertos. Los cuerpos de aquellos que murieronmientras intentaban llevar muerte y desolación a nuestros hermanos los pequeninos. Por encima de todos, el cuerpo del padre Esteváo, que murió intentando llevar el evangelio de Jesucristo a unbosque de herejes. Murió martirizado. Los demás murieronconasesinato enel corazónysangre enlas manos.
¬ĽHablo muy claramente, para que el Portavoz de los Muertos no tenga que a√Īadir ninguna palabra despu√©s de m√≠. Hablo muy claramente, como habl√≥ Mois√©s a los hijos de Israel despu√©s de que adoraran al becerro de oro y rechazaran su alianza con Dios. De todos nosotros, s√≥lo hay un pu√Īado que no compartenla culpa de este crimen. El padre Estev√°o, que muri√≥ puro, ycuyo nombre estaba en los blasfemos labios de aquellos que mataron. El Portavoz de los Muertos y los que viajaron con √©l para traer a casa el cad√°ver de este sacerdote martirizado. YValentine, la hermana del Portavoz, que nos advirti√≥ al alcalde y a m√≠ de lo que suceder√≠a. Valentine conoc√≠a la historia, conoc√≠a a la humanidad,pero el alcalde yyopensamos que os conoc√≠amos a vosotros yque erais m√°s fuertes que la historia. Pobres de nosotros, pues sois tanindignos como cualquier otro hombre, igual que yo. ¬°El pecado recae sobre cada uno de nosotros, que pudimos evitar esto yno lo hicimos!Sobre las esposas que no intentaronretener a sus maridos encasa. Sobre los hombres que observaronpero no dijeron nada. Y sobre todos aquellos que sostuvieron las antorchas y mataron a una tribu de hermanos cristianos por uncrimencometidopor sus primos lejanos a mediocontinente de distancia.
¬ĽLa ley est√° haciendo su peque√Īa porci√≥n de justicia. Ger√°o Gregorio Ribeira von Hesse se encuentra en prisi√≥n, pero por otro crimen, por haber violado nuestra confianza y contado secretos que no ten√≠a derecho a revelar. No est√° enprisi√≥npor la masacre de los pequeninos, porque no tiene m√°s culpa que los dem√°s que le seguisteis. ¬ŅMe comprend√©is? ¬°La culpa es de todos nosotros, ytodos debemos arrepentirnos juntos,yhacer juntos nuestra penitencia,yrezar a Cristopara que nos perdone a todos juntos por la terrible acci√≥nque cometimos consunombre ennuestros labios!
¬ĽEstoy de pie sobre los cimientos de esta nueva capilla, que llevar√° el nombre del padre Estev√°o, Ap√≥stol de los Pequeninos. Los bloques de los cimientos fueronarrancados de las paredes de nuestra catedral: all√≠ hay agujeros ahora, y el viento podr√° soplar y la lluvia podr√° caer sobre nosotros cuando recemos. Yas√≠ permanecer√° la catedral, herida y rota, hasta que esta capilla quede terminada.
¬Ľ¬ŅY c√≥mo la terminaremos? Os ir√©is a casa, todos vosotros, a vuestras casas, y abrir√©is las paredes, ycoger√©is los bloques que caigan, ylos traer√©is aqu√≠. Ytambi√©nvosotros dejar√©is vuestras paredes abiertas hasta que esta capilla se complete.
¬ĽLuego abriremos agujeros enlas paredes de cada f√°brica, de cada edificio de nuestra colonia, hasta que no quede ninguna estructura que muestre la herida de nuestro pecado. Ytodas esas heridas permanecer√°n abiertas hasta que las paredes sean lo suficientemente altas para poner el tejado, que ser√° entonces cubierto ytechado conlos troncos de los √°rboles quemados que cayeronenel bosque, intentandodefender a supueblode nuestras manos asesinas.
¬ĽY entonces vendremos, todos nosotros, a esta capilla, y entraremos de rodillas, uno a uno, hasta que todos nos hayamos arrastrado sobre las tumbas de nuestros muertos, ybajo los cuerpos de esos viejos hermanos que vivieroncomo √°rboles enla tercera vida que nuestro Dios misericordioso les concedi√≥ hasta que nosotros le pusimos fin. Entonces todos rezaremos pidiendo perd√≥n. Rezaremos a nuestro venerado padre Estev√°o para que interceda por nosotros. Rezaremos a Cristo para que incluya nuestro terrible pecado en Su expiaci√≥n, para que no tengamos que pasar la eternidadenel infierno. Rezaremos a Dios para que nos purifique.
¬ĽS√≥lo entonces repararemos nuestras paredes da√Īadas y curaremos nuestras casas. √Čsa es nuestra penitencia,hijos m√≠os. Recemos para que sea suficiente.
En mitad de un claro cubierto de ceniza, Ender, Valentine, Miro, Ela, Quara, Ouanda y Olhado contemplaban c√≥mo la m√°s honorable de las esposas era descuartizada viva y plantada en el suelo, para que se convirtiera en un nuevo √°rbol-madre a partir del cad√°ver de su segunda vida. Mientras mor√≠a, las madres supervivientes metieron la mano en una abertura del viejo √°rbol-madre y rescataron los cad√°veres de los hijos muertos y las peque√Īas madres que hab√≠an vivido all√≠, y los colocaronsobre el cuerpo sangrante hasta que formaronuna pila. Encuesti√≥nde una hora, sureto√Īo se alzar√≠a de los cad√°veres ybuscar√≠a la luzdel sol.
Usando su sustancia, crecer√≠a r√°pidamente, hasta tener suficiente grosor y altura para crear una abertura en el tronco. Si crec√≠a suficientemente r√°pido, si se abr√≠a pronto, los pocos beb√©s supervivientes que se aferraban al interior de la cavidad del viejo √°rbol-madre muerto podr√≠an transferirse al peque√Īo refugio del nuevo √°rbol-madre. Si alguno de los beb√©s supervivientes eran peque√Īas madres, ser√≠an llevadas a los padres-√°rbol supervivientes, Humano y Ra√≠z, para que se apareasen. Si se conceb√≠an nuevos beb√©s dentro de sus cuerpos diminutos, entonces el bosque que hab√≠a conocidotodolobuenoylomaloque pod√≠anofrecer los seres humanos sobrevivir√≠a.
Si no¬Ö, si los beb√©s erantodos machos, lo cual era posible, o si todas las hembras que hubiera eran est√©riles, o si todos estaban demasiado heridos por el calor del suelo que arras√≥ el tronco del √°rbol-madre hasta matarlo, o si estaban demasiado debilitados por los d√≠as de hambre que sufrir√≠an hasta que el nuevo √°rbol-madre estuviera preparado para ellos¬Ö, entonces el bosque morir√≠a con estos hermanos y esposas, y Humano y Ra√≠z vivir√≠an durante un milenio como padres sin tribu. Tal vezalguna otra tribulos honrar√≠a yles traer√≠a a sus peque√Īas madres para que se aparearan. Tal vez. Peronoser√≠anpadres de supropia tribu,rodeados de sus hijos.
Ser√≠an √°rboles solitarios sin bosque propio, monumentos √ļnicos al trabajo para el que hab√≠an vivido: unir a humanos y pequeninos. En cuanto a la ira contra Guerrero, se hab√≠a desvanecido. Los padres-√°rbol de Lusitania estuvierontodos de acuerdo enque la deuda moral enque hab√≠anincurrido con la muerte del padre Estev√°o hab√≠a quedado saldada con creces con la masacre del bosque de Ra√≠z y Humano. De hecho, Guerrero hab√≠a ganado muchos nuevos conversos a su herej√≠a, pues ¬Ņno hab√≠an demostrado los humanos que eran indignos del evangelio de Cristo? Eran los pequeninos ¬ó dec√≠a Guerrero¬ó, los aut√©nticos elegidos para ser recept√°culos del Esp√≠ritu Santo, mientras que los humanos no ten√≠anninguna parte de Dios enellos. ¬ęNo tenemos necesidad de matar a ning√ļnotro ser humano ¬ódijo¬ó. S√≥lo tenemos que esperar, y el Esp√≠ritu Santo acabar√° con todos ellos. Mientras tanto, Dios nos ha enviado a la reina colmena para que nos construya naves espaciales. Llevaremos al Esp√≠ritu Santo con nosotros para que juzgue cada mundo que visitemos. Seremos el √°ngel exterminador. Seremos Josu√© y los israelitas, purgando Cana√°n para abrir camino al pueblo elegido de Dios.¬Ľ
Muchos pequeninos lo creíanahora. Guerrero ya no les parecía loco: habíansido testigos de las primeras sacudidas del apocalipsis enlas llamas de unbosque inocente. Para muchos pequeninos, ya nohabía nada que aprender de la humanidad. Dios ya nonecesitaba para nada a los seres humanos.
Aquí, sinembargo, eneste claro del bosque, conlos pies hundidos encenizas hasta los tobillos, los hermanos y esposas que velaban a su nuevo árbol-madre no creían en la doctrina de Guerrero. Ellos, que conocíanmejor que nadie a los seres humanos, habíanelegido incluso a humanos para que estuvieranpresentes como testigos yayudantes ensuintento de resurrección.
—Porque sabemos que no todos los humanos son iguales, como tampoco lo son todos los pequeninos —dijo Plantador, que era ahora el portavoz de los hermanos supervivientes—. Cristo vive en algunos de vosotros, no así en otros. No todos somos como el bosque de Guerrero, ni vosotros sois todos asesinos.
As√≠, Plantador estrech√≥ las manos de Miro y Valentine por la ma√Īana, cuando el nuevo √°rbol¬≠madre consigui√≥ abrir una grieta ensufino tronco, ylas esposas transfirierontiernamente los cuerpos d√©biles y hambrientos de los beb√©s supervivientes a su nuevo hogar. Era demasiado pronto para decirlo, pero hab√≠a motivos para la esperanza: el nuevo √°rbol-madre se hab√≠a preparado en s√≥lo un d√≠a y medio, y hab√≠a m√°s de tres docenas de beb√©s que sobrevivieron para hacer la transici√≥n. Al menos una docena podr√≠anser hembras f√©rtiles, yaunque s√≥lo una cuarta parte de ellas consiguieran engendrar j√≥venes,el bosque podr√≠a volver a vivir. Plantador estaba temblando.
¬óLos hermanos nunca hanvistoesto entoda la historia del mundo ¬ódijo.
Varios de los hermanos se arrodillaron e hicieron la se√Īal de la cruz. Muchos hab√≠an estado
rezando durante toda la vigilia. Eso hizo pensar a Valentine en algo que le había dicho Quara. Se
acercóa Miro ysusurró:
—TambiénEla rezó.
¬ó¬ŅEla?
Antes del incendio. Quara estaba en el Altar de los Venerados. Rezó a Dios para que nos
abriera uncaminoconel que resolver nuestros problemas.
¬óPara eso reza todoel mundo.
Valentine pensóenloque había sucedidoenlos días transcurridos desde entonces.
¬óSupongo que estar√° bastante decepcionada por la respuesta que le ha dadoDios.
¬óEs lonormal.
—Pero tal vezesto, el árbol-madre abriéndose tanrápidamente, tal vezesto sea el principio de
la respuesta.
Miro miróa Valentine,aturdido.
¬ó¬ŅEres creyente?
¬óDigamos que sospecho. Sospecho que tal vez hay alguien que se preocupa por lo que nos sucede. Es unpasopor encima del simple deseo. Yunpasopor debajode la esperanza.
Miro sonrió débilmente, pero Valentine no supo si eso significaba que estaba complacido o divertido.
¬ó¬ŅYqu√© har√° Dios a continuaci√≥n,comorespuesta a la plegaria de Ela?
—Esperemos a ver —dijo Valentine—. Nuestro trabajo es decidir qué vamos a hacer nosotros.
Sólotenemos los misterios más profundos del universo por resolver.
—Bueno,esodebe estar justo enel terreno de Dios —observó Miro.
Entonces lleg√≥ Ouanda. Como xen√≥loga, tambi√©n hab√≠a estado relacionada con la vigilia, y aunque √©ste no era su turno, la noticia de la abertura del √°rbol-madre le hab√≠a llegado de inmediato. Suaparici√≥n hab√≠a coincidido siempre conla r√°pida partida de Miro. Esta vez no fue as√≠. Valentine se alegr√≥ al ver que los ojos de Miro no se entreten√≠anenOuanda ni la esquivaban: ella estaba all√≠, trabajando con los pequeninos, igual que √©l. Sin duda, todo era una elaborada pretensi√≥n de normalidad, pero enla experiencia de Valentine, la normalidad era siempre una pretensi√≥n, yla gente actuaba seg√ļn lo que cre√≠a que se esperaba de ellos. Miro hab√≠a llegado a un punto en que estaba dispuesto a actuar de forma normal enrelaci√≥na Ouanda, no importaba lo falso que esto pudiera ser para sus aut√©nticos sentimientos. Por otra parte, tal vez no era tan falso, despu√©s de todo. Ella le doblaba ahora enedad. Noera ya la muchacha que am√≥.
Los dos se habían amado, aunque nunca habían dormido juntos. Valentine se alegró de oírlo cuando Miro se lo dijo, aunque él lo hizo confurioso pesar. Valentine había observado hacía tiempo que en una sociedad que esperaba castidad y fidelidad, como Lusitania, los adolescentes que controlaban y canalizaban sus pasiones juveniles eran los que crecían para convertirse en fuertes y civilizados. Los adolescentes de comunidades similares que erandemasiado débiles para controlarse
o desde√Īabandemasiado las normas de la sociedad, normalmente acababansiendo lobos o corderos,
miembros sinmente del reba√Īoodepredadores que cog√≠anloque pod√≠ansindejar nada a cambio. Cuando conoci√≥ a Miro, temi√≥ que fuera un muchacho d√©bil autocompasivo o un depredador
egoísta que lamentaba su confinamiento. No era una cosa ni otra. Ahora podría lamentar su castidad de adolescente (era natural que deseara haberse acostado conOuanda cuando todavía era fuerte ylos dos tenían la misma edad), pero Valentine no lo lamentaba. Aquello demostraba que Miro tenía fuerza interior y sentido de responsabilidad hacia su comunidad. Para Valentine, era predecible que Miro, por sucuenta, hubiera contenido a la multitud enaquellos momentos cruciales que salvaronla vida de RaízyHumano.
Tambi√©nera predecible que MiroyOuanda hicieranahora los mayores esfuerzos para fingir que eran simplemente dos personas cumpliendo con su trabajo, que todo era normal entre ellos. Fuerza interior y respeto exterior. √Čstas son las personas que mantienen unida a una comunidad, quienes la lideran. Contrariamente a los lobos ylos corderos, ejecutanunpapel mejor que el que les da el gui√≥n con sus miedos y deseos internos. Act√ļan siguiendo el gui√≥n de la decencia, del autosacrificio, del honor p√ļblico, de la civilizaci√≥n. Y la pretensi√≥n se convierte en realidad. ¬ęHay realmente civilizaci√≥nenla historia humana ¬ópens√≥Valentine¬ó,peros√≥logracias a personas como√©stas. Los pastores.¬Ľ
Novinha se encontró con él en la puerta del colegio. Se apoyaba en el brazo de dona Cristá, la cuarta directora de los Hijos de la Mente de Cristodesde que Ender llegara a Lusitania.
—No tengo nada que decirte. Todavía estamos casados ante la ley, pero eso es todo —dijo Novinha.
—Yo no maté a tuhijo.
¬óTampocolosalvaste.
¬óTe quiero.
—Todo lo que eres capaz de amar —espetó ella—. Y sólo cuando te queda algo de tiempo después de atender a otras personas. Crees que eres una especie de ángel guardián, con responsabilidades hacia todo el universo. Sólo te pedí que aceptaras la responsabilidad de mi familia. Eres bueno amando a la gente a millones, pero no tanto cuando es por docenas, yresultas un completofracaso para amar a una sola.
Era unjuicioduro, yél sabía que noera cierto, peronohabía ido a discutir.
—Por favor, vuelve a casa —suplicó—. Me amas yme necesitas tantocomoyoa ti.
¬ó√Čsta es mi casa ahora. He dejado de necesitarte a ti o nadie. Y si esto es todo lo que has venidoa decir,est√°s perdiendo mi tiempo yel tuyo.
¬óNo,noes todo.
Ella esperó.
—Los archivos del laboratorio. Los sellaste todos. Tenemos que encontrar una solución a la
descolada antes de que nos destruya a todos.
Ella le dirigió una sonrisa ajada yamarga.
¬ó¬ŅPor qu√© me molestas conesto? Jane puede superar el c√≥digoenclave,¬Ņno?
¬óNo loha intentado.
¬óSinduda para noherir mis sentimientos. Peropuede hacerlo, no?
¬óProbablemente.
—Entonces que lo haga ella. Es todo lo que necesitas ahora. Nunca me necesitaste a mí, no cuando la tenías a ella.
¬óHe intentado ser unbuenmarido ¬ódijo Ender¬ó. Nunca dije que pudiera protegerte de todo, aunque hice cuantoestuvoenmi mano.
—Si lo hubieras hecho, mi Esteváoestaría vivo.
Se dio la vuelta y dona Cristá la escoltó al interior de la escuela. Ender se la quedó mirando hasta que doblóuna esquina. Entonces se volvióyabandonóla escuela.
Noestaba segurode adónde iba,pero sabía que tenía que llegar allí.
¬óLosiento ¬ódijo Jane suavemente.
—Sí.
—Cuandoyoya noesté,tal vezNovinha vuelva contigo.
—Nomorirás si puedo impedirlo —dijo él.
¬óPeronopuedes. Vana desconectarme dentrode unpar de meses.
¬óC√°llate.
—Es sólola verdad.
—Cállate ydéjame pensar.
¬ó¬ŅQu√©,vas a salvarme ahora? √ļltimamente tur√©cordde salvaciones noes muyalto.
Ender no respondió y ella no volvió a hablarle durante el resto de la tarde. Deambuló hasta llegar más allá de la verja, pero no se internó enel bosque. Pasó la tarde enla pradera, solo, bajo el cálido sol.
A veces pensaba, intentando luchar con los problemas que a√ļn le acechaban: la flota ven√≠a contra ellos, Jane ser√≠a desconectada pronto, los constantes esfuerzos de la descolada por destruir a los humanos de Lusitania, el plan de Guerrero para extender la descolada por toda la galaxia, y la sombr√≠a situaci√≥n en la ciudad ahora que la reina colmena manten√≠a constante vigilancia sobre la verja yla estricta penitencia que hac√≠antodos derribandolas paredes de sus propias casas.
Aveces sumente estaba casi vacía de pensamiento, mientras permanecía de pie, se sentaba o se tumbaba sobre la hierba, demasiado aturdido para llorar, el rostro de ella atravesándole la memoria, los labios yla lengua formando sunombre, suplicándole ensilencio, sabiendoque aunque emitiera un sonido, aunque gritara,aunque pudiera hacerla oír suvoz,nole respondería. Novinha.