7 - Doncella secreta

¬čSuponemos que con vosotros suceder√° lo mismo. Cuando los nuevos padres-√°rbol hayan crecido, estar√°n presentes en vosotros. Las conexiones fil√≥ticas no se ven afectadas por la distancia¬õ
¬čPero testaremos conectados? No enviaremos ning√ļn √°rbol al viaje. S√≥lo hermanos, unas cuantos esposas y un centenar de peque√Īas madres para dar a luz a nuevas generaciones. El viaje durar√° como m√≠nimo d√©cadas. En cuanto lleguen, los mejores de entre los hermanos ser√°n enviados a la tercera vida, pero transcurrir√° al menos un a√Īo antes de que el primero de los padres-√°rbol envejezca lo suficiente para engendrar. ¬ŅC√≥mo podr√° saber el primer padre de ese nuevo mundo la forma de hablarnos? ¬ŅC√≥mo podremos saludarlo, si no sabemos d√≥nde est√°?¬õ
El sudor corría por el rostro de Qing-jao. Inclinada como estaba, las gotas le cosquilleabanlas mejillas, bajo los ojos yenla punta de la nariz. Desde allí, el sudor caía a las aguas del arrozal, o a las plantas de arrozque se alzabansobre la superficie del agua.
¬ó¬ŅPor qu√© note secas la cara, sagrada?
Qing-jao alzó la cabeza para ver quiénestaba lo bastante cerca para hablarle. Por regla general, los otros miembros de sugrupo enla labor virtuosa no trabajabancerca de ella: les inquietaba estar conuna de las agraciadas.
Era una ni√Īa, m√°s joven que Qing-jao, de unos catorce a√Īos, con cuerpo de muchacho y el cabello muy corto. Miraba a Qing-jao con franca curiosidad. Hab√≠a en ella una frescura, una completa falta de timidez que a Qing-jao le pareci√≥ extra√Īa y un poco desagradable. Su primer impulsofue ignorar a la ni√Īa.
Pero ignorarla ser√≠a arrogante. Ser√≠a lo mismo que decir: ¬ęComo soyuna agraciada, no necesito responder cuando me hablan¬Ľ. Nadie supondr√≠a jam√°s que la raz√≥n por la que no respond√≠a era porque estaba tan preocupada con la tarea imposible que el gran Han Fei-tzu le hab√≠a encomendado que resultaba casi dolorosopensar enotra cosa.
Así que respondió,peroconuna pregunta:
¬ó¬ŅPor qu√© deber√≠a secarme la cara?
¬ó¬ŅNo te cosquillea el sudor al caer? ¬ŅNo se te mete enlos ojos ypica?
Qing-jao bajó el rostro para seguir con su trabajo unos instantes, y esta vez advirtió

deliberadamente lo que sentía. Sí que hacía cosquillas, yel sudor que se le metía enlos ojos picaba. De hecho, resultaba bastante incómodo y molesto. Con cuidado, Qing-jao se enderezó, y advirtió el dolor, la forma enque suespalda protestaba por el cambiode postura.
—Sí —respondióa la muchachita—. Hace cosquillas ypica.
¬óEntonces, s√©cate ¬ódijola ni√Īa¬ó. Conla manga.
Qing-jaose miróla manga. Ya estaba empapada conel sudor de sus brazos.
¬ó¬ŅSirve de algosecarse? ¬ópregunt√≥.
Ahora le tocó a la muchachita el turno de descubrir algo en lo que no había pensado. Por un momento, pareciópensativa. Entonces se secóla frente conla manga.
Sonrió.
¬óNo,sagrada. Nosirve de nada.
Qing-jao asinti√≥ con gravedad yse inclin√≥ de nuevo para continuar con su labor. Pero ahora el cosquilleo del sudor, el picor de sus ojos, el dolor de su espalda, la molestaban demasiado. Su incomodidad apart√≥ su mente de sus pensamientos, en vez de hacer al contrario. Esta muchacha, quienquiera que fuese, acababa de aumentar sus penalidades al se√Īalarlo¬Ö y, sin embargo, ir√≥nicamente,al hacer que Qing-jaofuera consciente de la miseria de sucuerpo,la hab√≠a liberadodel martilleo de las preguntas ensucerebro.
Qing-jaoempezóa reír.
¬ó¬ŅTe r√≠es de m√≠,sagrada? ¬ópregunt√≥la muchacha.
—Te doylas gracias a mi manera —dijo Qing-jao—. Has quitadouna grancarga de mi corazón, aunque sólosea por unmomento.
—Te estás riendode mí por haberte dichoque te secaras la frente,aunque nosirva de nada.
—Te aseguro que no me río por eso. —Qing-jao se irguió otra vezymiró a la muchachita a los
ojos¬ó. Yo no miento.
La ni√Īa pareci√≥ avergonzada, pero ni la mitad de lo que deber√≠a parecer. Cuando los agraciados usaban el tono de voz que Qing-jao acababa de emplear, los dem√°s se inclinaban inmediatamente y mostrabansurespeto. Peroesta muchacha s√≥loprest√≥ atenci√≥n, comprendi√≥las palabras de Qing-jao, yluegoasinti√≥.
Qing-jaosólopudollegar a una conclusión.
¬ó¬ŅTambi√©neres una agraciada?
La muchacha abriómucholos ojos.
¬ó¬ŅYo? Mis padres son gente muy humilde. Mi padre extiende esti√©rcol en los campos y mi madre friega enunrestaurante.
Naturalmente,esonoera ninguna respuesta. Aunque confrecuencia los dioses eleg√≠ana los hijos de los agraciados, se sab√≠a que hab√≠anhablado a algunos cuyos padres nunca hab√≠ano√≠do sus voces. Sinembargo, era una creencia com√ļnque si tus padres erande muybaja extracci√≥nsocial, los dioses no tendr√≠an ning√ļn inter√©s en ti, y de hecho era muy raro que los dioses hablaran a aquellos cuyos padres notuvieranuna buena educaci√≥n.
¬ó¬ŅC√≥mote llamas? ¬ópregunt√≥Qing-jao.
¬óSi Wang-mu¬órespondi√≥la ni√Īa.
Qing-jao jadeó y se cubrió la boca, para sofocar una carcajada. Pero Wang-mu no parecía enfadada: sólo sonrióyparecióimpacientarse.
—Losiento —dijoQing-jaocuandopudohablar—. Pero ése es el nombre de…
¬óLa Real Madre del Oeste ¬ócomplet√≥ Wang-mu¬ó. ¬ŅTengo yo la culpa de que mis padre eligieranese nombre para m√≠?
—Es unnombre noble. Mi antepasada-del-corazónfue una granmujer, pero sólo era mortal, una poetisa. La tuya es una de las más antiguas diosas.
¬ó¬ŅYde qu√© sirve eso? ¬ópregunt√≥ Wang-mu¬ó. Mis padres fueron demasiado presuntuosos al ponerme el nombre de una diosa tandistinguida. Por esolos dioses nome hablar√°nnunca.
AQing-jao le entristeció que Wang-muhablara con tanta amargura. Si supiera lo dispuesta que estaría a cambiar de lugar conella… ¡Quedar libre de la vozde los dioses!No tener que arrodillarse nunca en el suelo para seguir las vetas de la madera, no lavarse las manos excepto cuando se ensuciaran…
Sin embargo, Qing-jao no pod√≠a explic√°rselo a la muchacha. ¬ŅC√≥mo iba a comprender? Para Wang-mu, los agraciados eranla elite privilegiada, infinitamente sabia e inaccesible. Si Qing-jao le explicara que las cargas de los agraciados eran mucho mayores que las recompensas, parecer√≠a una mentira.
Pero para Wang-mu la agraciada no hab√≠a sido inaccesible: le hab√≠a hablado a Qing-jao, ¬Ņno? As√≠ que Qing-jao decidi√≥decir de todas formas loque anidaba ensucoraz√≥n.
—Si Wang-mu, viviría alegremente el resto de mis días ciega si pudiera quedar libre de las voces de los dioses.
La boca de Wang-muse abrió,llena de sorpresa. Sus ojos se ensancharon.
Había sidounerror hablar. Qing-jaololamentóde inmediato.
¬óEstaba bromeando ¬ódijo.
¬óNo ¬óreplic√≥ Wang-mu¬ó. Ahora est√°s mintiendo. Antes dec√≠as la verdad. ¬óSe acerc√≥, chapoteando descuidadamente por entre los arrozales¬ó. Toda la vida he visto llevar a los agraciados al templo en sus palanquines, con sus brillantes sedas y toda la gente inclin√°ndose a su paso, todos los ordenadores abiertos a ellos. Cuando hablan, su lenguaje suena a m√ļsica. ¬ŅQui√©n no querr√≠a ser unode ellos?
Qing-jao no pod√≠a hablar abiertamente, no pod√≠a decir: ¬ęTodos los d√≠as los dioses me humillan y me hacen ejecutar tareas est√ļpidas y sin sentido para purificarme, y al d√≠a siguiente vuelven a empezar¬Ľ.
—No me creerás, Wang-mu,peroesta vida,aquí enlos campos, es mejor.
¬ó¬°No! ¬óexclam√≥ Wang-mu¬ó. Te lo han ense√Īado todo. ¬°Sabes todo lo que hay que saber! Puedes hablar muchos idiomas, sabes leer todo tipo de palabras, puedes pensar pensamientos que est√°ntanpor encima de los m√≠os como est√°nmis pensamientos por encima de los pensamientos de un caracol.
¬óHablas muybien¬ódijoQing-jao¬ó. Tienes que haber ido al colegio.
¬ó¬°Colegio! ¬ódesde√Ī√≥ Wang-mu¬ó. ¬ŅQu√© es el colegio para ni√Īos como yo? Aprendimos a leer, pero s√≥lo lo suficiente para entender las oraciones y los carteles de las calles. Aprendimos nuestros n√ļmeros, pero s√≥lo lo suficiente para hacer la compra. Memorizamos dichos de los sabios, pero s√≥lo los que nos ense√Īaron para que nos content√°ramos con nuestro lugar en la vida y obedeci√©ramos a aquellos que sonm√°s sabios que nosotros.
Qing-jao no sab√≠a que los colegios pod√≠anser as√≠. Pensaba que los ni√Īos aprend√≠anlas mismas cosas que ella hab√≠a aprendido de sus tutores. Pero comprendi√≥ de inmediato que Si Wang-mudeb√≠a de estar diciendo la verdad: unmaestro contreinta estudiantes no pod√≠a ense√Īar todas las cosas que Qing-jaohab√≠a aprendidocomo√ļnica estudiante de muchos maestros.
¬óMis padres son muy humildes ¬órepiti√≥ Wang-mu¬ó. ¬ŅPor qu√© iban a perder el tiempo ense√Ī√°ndome m√°s de lo que una sirviente necesita saber? Porque √©sa es mi mayor esperanza en la vida, ser muy limpia y convertirme en sirviente en la casa de un hombre rico. Tuvieron mucho cuidadode ense√Īarme a limpiar unsuelo.
Qing-jao pens√≥ enlas horas que hab√≠a pasado enlos suelos de sucasa, siguiendo las vetas enla madera de pared a pared. Nunca se le hab√≠a ocurrido pensar cu√°nto trabajo era para los sirvientes mantener los suelos tan limpios y pulidos para que las t√ļnicas de Qing-jao nunca se ensuciaran visiblemente,a pesar de lomuchoque se arrastraba.
—Sé algode suelos-dijo.
—Sabes algo de todo —replicó Wang-mu amargamente—. Así que no me digas lo duro que es
ser agraciada. Los dioses nunca me handirigido unpensamiento,yte digo que esoes muchopeor.
¬ó¬ŅPor qu√© notuviste miedo de hablarme?
¬óHe decidido no tener miedo de nada ¬ódijo Wang-mu¬ó. ¬ŅQu√© podr√≠as hacerme que sea peor
de lo que ya es mi vida?
¬ęPodr√≠a hacer que te lavaras las manos hasta que sangrarantodos los d√≠as de tuvida.¬Ľ
Pero entonces algo se agit√≥ en la mente de Qing-jao, y vio que la muchacha podr√≠a considerar que eso no era peor. Tal vez Wang-mu se lavar√≠a alegremente las manos hasta que no quedara m√°s que un amasijo sangrante de piel despellejada en los mu√Īones de sus mu√Īecas, con tal de aprender todo lo que ella sab√≠a. Qing-jao se sent√≠a oprimida por la imposibilidad de la tarea que su padre le hab√≠a encomendado, aunque era una tarea que, tuviera √©xito o fracasara, cambiar√≠a la historia. Wang¬≠muconsumir√≠a toda suvida ynunca emprender√≠a una sola tarea que no necesitara volver a ser hecha al d√≠a siguiente; toda la vida de Wang-muse agotar√≠a realizando trabajos que s√≥lo ser√≠anadvertidos
o comentados si los hac√≠a mal. ¬ŅNo era el trabajo de un sirviente casi tan carente de fruto, en el fondo,comolos rituales de purificaci√≥n? ¬óLa vida de unsirviente debe de ser dura ¬ócoment√≥ Qing-jao¬ó. Me alegro por tubiende que nohayas sidocontratada todav√≠a.
¬óMis padres albergan la esperanza de que sea hermosa cuando me convierta en una mujer. Entonces conseguir√°n mejores condiciones en el contrato para ponerme a servir. Tal vez el mayordomo de un hombre rico me quiera como esposa; tal vez una dama rica me quiera como doncella secreta.
—Ya eres hermosa-aseguró Qing-jao.
Wang-muse encogió de hombros.
¬óMi amiga Fan-liu est√° sirviendo, y dice que las feas trabajan m√°s, pero los hombres de la casa las dejan en paz. Las feas son libres de tener sus propios pensamientos. No tienen que decir cosas bonitas a sus se√Īoras.
Qing-jao pensó enlas sirvientas de la casa de supadre. Sabía que HanFei-tzununca molestaría a ninguna de ellas. Ynadie tenía que decirle cosas bonitas a ella.
—Enmi casa es diferente —declaró.
—Peroyonosirvoentucasa —contestóWang-mu.
Entonces, de repente, toda la escena se aclaró. Wang-mu no le había hablado por impulso. Lo
hab√≠a hecho con la esperanza de que le ofreciera un lugar como sirviente en la casa de una dama agraciada por los dioses. Por lo que sab√≠a, el chismorreo en la ciudad trataba de la joven dama agraciada Han Qing-jao, que hab√≠a terminado su formaci√≥n con sus tutores y se hab√≠a embarcado en su primera tarea adulta, y que no ten√≠a a√ļnmarido ni doncella secreta. Si Wang-muse hab√≠a abierto paso en la misma cuadrilla de la labor virtuosa que Qing-jao para mantener precisamente esta conversaci√≥n. Durante un momento, Qing-jao se enfureci√≥. Luego pens√≥: ¬ę¬ŅPor qu√© no podr√≠a hacer exactamente lo que ha hecho? Lo peor que podr√≠a pasarle es que yo adivinara lo que hac√≠a, me enfadara y no la contratara. Entonces no estar√≠a peor que antes. Y si no me diera cuenta de sus
intenciones yme cayera bienyla contratara, ser√≠a la doncella secreta de una dama agraciada por los dioses. Si yoestuviera ensulugar,¬Ņnohar√≠a lo mismo?¬Ľ.
¬ó¬ŅCrees que puedes enga√Īarme? ¬ópregunt√≥¬ó. ¬ŅCrees que no s√© que quieres que te contrate comosirvienta?
Wang-mupareció aturdida,enfadada, temerosa. Sinembargo,prudentemente,nodijonada.
¬ó¬ŅPor qu√© no me respondes con ira? ¬óse extra√Ī√≥ Qing-jao¬ó. ¬ŅPor qu√© no niegas que me has
habladosolamente para que te contrate?
—Porque es cierto —contestóWang-mu—. Te dejotranquila ahora.
Eso era lo que Qing-jao esperaba oír, una respuesta sincera. No tenía ninguna intenciónde dejar ir a Wang-mu.
¬ó¬ŅCu√°nto de lo que me has dicho es verdad? ¬ŅQuieres una buena educaci√≥n? ¬ŅQuieres hacer algomejor entuvida que servir?
¬óTodo ¬órespondi√≥ Wang-mu, yhab√≠a pasi√≥nensuvoz¬ó. Pero ¬Ņqu√© te importa a ti? Soportas la terrible carga de la vozde los dioses.
Wang-mupronunci√≥ su√ļltima frase conunsarcasmo tandesde√Īoso que Qing-jao casi se ri√≥ en vozalta, pero se contuvo. No hab√≠a ning√ļnmotivo para hacer que la muchacha se enfadara m√°s de lo que ya lo estaba.
¬óSi Wang-mu, hija-del-coraz√≥n de la Real Madre del Oeste, te contratar√© como mi doncella secreta, pero s√≥lo si est√°s de acuerdo con las siguientes condiciones. Primero, me dejar√°s ser tu maestra y estudiar√°s todas las lecciones que te asigne. Segundo, siempre me hablar√°s como a una igual ynunca te inclinar√°s ante m√≠ ni me llamar√°s ¬ęsagrada¬Ľ. Ytercero¬Ö
¬ó¬ŅC√≥mo podr√≠a hacer eso? ¬ódijo Wang-mu¬ó. Si no te trato conrespeto, los dem√°s dir√°nque soyindigna. Me castigar√°ncuando no est√©s mirando. Las dos caeremos endesgracia.
¬óPor supuesto que me tratar√°s con respeto cuando otras personas puedan vernos ¬ódeclar√≥ Qing-jao¬ó. Pero cuando estemos a solas, nada m√°s que t√ļ y yo, nos trataremos como iguales o te despedir√©.
¬ó¬ŅLa tercera condici√≥n?
¬óNunca revelar√°s a nadie ni una sola palabra de loque te diga.
El rostrode Wang-mumostróclaramente suira.
¬óUna doncella secreta nolohace nunca. Ennuestras mentes se colocanbarreras.
¬óLas barreras te ayudana no decirlo, pero si quieres hacerlo, puedes sortearlas.Yhayquienes intentar√°npersuadirte para que hables.
Qing-jao pensó enla carrera de supadre, entodos los secretos del Congreso que mantenía enla cabeza. No se los decía a nadie; no tenía nadie en quien confiar excepto, a veces, en Qing-jao. Si Wang-muresultaba ser fiel,Qing-jaotendría a alguien. Nunca estaría tansolitaria comosupadre.
¬ó¬ŅMe comprendes? ¬ópregunt√≥¬ó. Otras personas pensar√°n que te contrato como doncella secreta. Pero t√ļ yyo sabremos que enrealidad vienes a ser mi estudiante, yyo te traigo para que seas mi amiga.
Wang-mula miró,asombrada.
¬ó¬ŅPor qu√© haces eso, cuando los dioses ya te han dicho c√≥mo soborn√© al capataz para que me dejara estar entucuadrilla ynointerrumpirnos mientras hablara contigo?
Los dioses nole habíandichonada de eso,por supuesto, peroQing-jao tansólosonrió.
¬ó¬ŅPor qu√© nopiensas que tal vezlos dioses quieranque seamos amigas?
Avergonzada, Wang-mudio una palmada yse rió connerviosismo. Qing-jao cogió las manos de la muchacha ydescubrióque estaba temblando. Así que no era tanatrevida como parecía.
Wang-mu bajó la cabeza y Qing-jao siguió su mirada. Las manos estaban cubiertas de tierra y lodo,resecoahora porque llevabande pie muchotiempo,sintocar conellas el agua.
—Estamos muysucias —observóWang-mu.
Hac√≠a tiempo que Qing-jao hab√≠a aprendido a no dar importan-cia a la suciedad de la labor virtuosa,para loque nose requer√≠a ning√ļncastigo.
—He tenido las manos mucho más sucias que ahora. Venconmigo cuando nuestra labor virtuosa haya terminado. Le contaré nuestroplana mi padre, yél decidirá si puedes ser mi doncella secreta.
La expresión de Wang-mu se agrió. Qing-jao se alegró de que su rostro no fuera tan inescrutable.
¬ó¬ŅQu√© pasa? ¬ópregunt√≥.
—Los padres siempre lo decidentodo —se lamentó Wang-mu.
Qing-jaoasintió,preguntándose por qué Wang-muse molestaba endecir algotanobvio.
¬ó√Čse es el principiode la sabidur√≠a ¬ódijo¬ó. Adem√°s, mi madre est√° muerta.
La labor virtuosa siempre terminaba a primeras horas del atardecer. Oficialmente, era para que la gente que viv√≠a lejos de los campos tuviera tiempo de regresar a su casa. En realidad, era en reconocimiento de la costumbre de celebrar una fiesta al final de la labor. Como hab√≠antrabajado sin descanso durante toda la hora de la siesta, mucha gente se sent√≠a mareada despu√©s de la labor virtuosa, como si hubieran permanecido despiertos toda la noche. Otros se sent√≠an torpes y vacilantes. Todo era una excusa para beber ycenar conlos amigos, yluego desplomarse enla cama tempranopara compensar el sue√Īoperdidoyel duro trabajodel d√≠a.
Qing-jao era de las que se sentían agotadas; Wang-mu era obviamente de las alegres. O tal vez se debía simplemente al hecho de que la Flota Lusitania pesaba sobre la mente de Qing-jao, mientras que Wang-mu acababa de ser aceptada como doncella secreta por una muchachita a quien hablaban los dioses. Qing-jao guió a Wang-mua través de los trámites para solicitar empleo enla Casa de Han (lavarse, tomar las huellas, la comprobaciónde seguridad), hasta que finalmente se hartó de escuchar la voztemblorosa de Wang-muyse retiró.
Mientras subía las escaleras hacia su habitación, Qing-jao oyó que Wang-mu preguntaba
temerosamente:
¬ó¬ŅHe ofendidoa mi nueva se√Īora?
YJuKung-mei,el guardiánde la casa,respondió:
¬óLa agraciada responde a otras voces aparte de la tuya, peque√Īa.
Fue una respuesta amable. Qing-jao admiraba confrecuencia el tacto yla sabiduría de aquellos a quienes supadre había contratado. Se preguntó si habría elegido conel mismo acierto ensuprimer contrato.
En ese momento supo que se había precipitado al tomar una decisión tan rápida, sin consultar antes a su padre. Wang-mu resultaría inadecuada, y su padre la reprendería por haber actuado alocadamente.
Imaginar el reproche de su padre bastó para provocar el reproche inmediato de los dioses. Qing-jao se sintió sucia. Se apresuró a su habitación y cerró la puerta. Resultaba amargamente irónico que pudiera pensar hasta la saciedad lo odioso que era ejecutar los rituales que los dioses exigían, lo vacía que era suadoración, pero al pensar deslealmente ensupadre o el Congreso Estelar tenía que cumplir una penitencia inmediatamente.
Por norma se pasaba media hora, una hora, quizá más, resistiendo la necesidad de la penitencia, soportando su propia suciedad. Hoy, sin embargo, ansiaba el ritual de purificación. A su modo, el ritual tenía sentido, estructura, principio y fin, reglas que seguir. No como el problema de la Flota Lusitania.
Tras arrodillarse, eligi√≥ deliberadamente la veta m√°s estrecha yd√©bil de la tabla m√°s clara queencontr√≥. √Čsa ser√≠a una penitencia dura: tal vez los dioses la juzgar√≠an lo bastante limpia para mostrarle la soluci√≥n del problema que su padre le hab√≠a planteado. Tard√≥ media hora en cruzar la habitaci√≥n,pues constantemente perd√≠a la veta yten√≠a que empezar de nuevouna yotra vez.
Al final, exhausta por la labor virtuosa y con los ojos irritados por seguir las l√≠neas, ansi√≥ desesperadamente el sue√Īo. Encambio, se sent√≥ enel suelo ante suterminal ysolicit√≥ el resumende su trabajo hasta el momento. Despu√©s de examinar y eliminar todos los absurdos in√ļtiles que se hab√≠anacumulado durante la investigaci√≥n, Qing-jao se hab√≠a quedado contres amplias categor√≠as de posibilidad. Primero, que la desaparici√≥nobedeciera a alg√ļnhecho natural que, a la velocidad de la luz, no resultara visible a los astr√≥nomos que observaban el cielo. Segundo, la p√©rdida de las comunicaciones ansibles fue el resultadode unsabotaje o de una decisi√≥nde la propia flota. Tercero, que la p√©rdida de las comunicaciones se debiera a una conspiraci√≥nplanetaria.
La primera hip√≥tesis quedaba virtualmente eliminada por la forma en que viajaba la flota. Las naves no estaban suficientemente cerca para que ning√ļn fen√≥meno natural conocido las destruyera simult√°neamente. La flota no se hab√≠a encontrado antes de partir: el ansible hac√≠a que esas cosas fueran una p√©rdida de tiempo. En cambio, todas las naves se dirigieron a Lusitania desde el lugar donde se encontrabancuando fueronasignadas a la flota. Incluso ahora, cons√≥lo una√Īo aproximado de viaje antes de colocarse todas en la √≥rbita de la estrella de Lusitania, estaban tan separadas que ning√ļnhechonatural concebible podr√≠a haberlas afectadoa todas a la vez.
La segunda categor√≠a pod√≠a considerarse casi tanimprobable por el hecho de que la flota entera hab√≠a desaparecido, sin excepci√≥n. ¬ŅPod√≠a alg√ļn plan humano funcionar con tanta perfecci√≥n y eficiencia, y sin dejar ninguna prueba de su preparaci√≥n en ninguna de las bases de datos o perfiles de personalidad o diarios de comunicaci√≥n que se manten√≠an en los ordenadores planetarios? Tampoco hab√≠a la m√°s leve evidencia de que nadie hubiera alterado o escondido ning√ļn dato, o enmascarado las comunicaciones para evitar dejar rastros. Si era un plan de la flota, no exist√≠a ninguna prueba, ni enga√Īo,ni error.
La misma falta de evidencias hac√≠a que la idea de una conspiraci√≥n planetaria fuera a√ļn m√°s improbable. Por otra parte, el car√°cter simult√°neo de la desaparici√≥n de la flota hac√≠a que todas las posibilidades fuerana√ļnmenos dignas de cr√©dito.
Por loque podíandeterminar, todas las naves habíanrotolas comunicaciones ansibles casi enel mismo momento exacto. Podría haber una diferencia de segundos, quizás incluso de minutos, pero en cualquier caso no llegaron a cinco, ni hubo una abertura suficientemente amplia para que nadie a bordode una nave hiciera ninguna observaciónde la desapariciónde otra.
El resumenera elegante ensusimpleza. No quedaba nada. La evidencia era tancompleta como
podría llegar a serlojamás,yhacía inconcebible cualquier explicaciónimaginable.
¬ę¬ŅPor qu√© me ha hechoestomi padre?¬Ľ,se pregunt√≥,ynopor primera vez.
Inmediatamente (como de costumbre), se sintió sucia por formular esa pregunta, por dudar de la perfecta corrección de su padre en todas las decisiones. Necesitaba lavarse, sólo un poco, para anular la impureza de sududa.
Pero no se lavó. En cambio, dejó que la voz de los dioses se hinchara en su interior, que su orden se volviera más urgente. Esta vez no resistía por un virtuoso deseo de volverse más disciplinada. Esta vez intentaba deliberadamente atraer la máxima atención posible de los dioses. Sólo cuando jadeaba ya conla necesidad de lavarse, sólo cuando se estremecía ante el contacto más casual consupropia carne (una mano que rozara una rodilla),sóloentonces diovoza supregunta.
¬óVosotros lo hicisteis, ¬Ņverdad? ¬óinterrog√≥ a los dioses¬ó. Lo que ning√ļn ser humano pudo
hacer, debisteis hacerlo vosotros. Extendisteis la manoyacabasteis conla Flota Lusitania.
La respuesta vino, no enpalabras,sinoenla necesidadcada vezmayor de purificarse.
¬óPero el Congreso y el almirantazgo no pertenecen al Sendero. No pueden imaginar la puerta dorada de la Ciudad de la Monta√Īa de Jade del Oeste. Si mi padre les dice: ¬ęLos dioses robaron vuestra flota para castigaros por vuestra maldad¬Ľ, s√≥lo lo despreciar√°n. Si lo desprecian a √©l, a nuestro mayor estadista vivo, nos despreciar√°n tambi√©n a nosotros. Y si Sendero es deshonrado a causa de mi padre, eso lodestruir√°. ¬ŅPor esolohicisteis?
Empezóa llorar.
—No os dejaré destruir a mi padre. Encontraré otro medio. Encontraré una respuesta que los complazca. ¡Os desafío!
En cuanto pronunci√≥ las palabras, los dioses le enviaron la m√°s abrumadora sensaci√≥n de su propia abominable suciedad que hab√≠a experimentado jam√°s. Fue tan intensa que se qued√≥ sin respiraci√≥n, ycay√≥ hacia delante, agarr√°ndose al terminal. Intent√≥ hablar, suplicar perd√≥n, pero s√≥lo logr√≥ farfullar, mientras deglut√≠a con fuerza para no vomitar. Sent√≠a como si sus manos estuvieran esparciendo limo sobre todo lo que tocaba;mientras luchaba por ponerse enpie, la t√ļnica se le peg√≥ a la piel comosi estuviera cubierta de densa grasa negra.
Pero no se lavó. Ni cayó al suelo para seguir líneas en las vetas de la madera. En cambio, avanzótambaleándose hacia la puerta,conla intenciónde bajar a la habitaciónde supadre.
La puerta se lo impidi√≥. No f√≠sicamente (se abri√≥ tan f√°cilmente como siempre), pero no fue capaz de franquearla. Hab√≠a o√≠do hablar de estas cosas, c√≥mo los dioses capturaban a sus siervos desobedientes enlas puertas, pero a ella nunca le hab√≠a sucedido. No pod√≠a comprender c√≥mo estaba retenida. Sucuerpo era libre de moverse. No hab√≠a ninguna barrera. Sinembargo, sent√≠a una amenaza tan asfixiante ante la idea de atravesar la puerta que comprendi√≥ que no podr√≠a hacerlo, que los dioses requer√≠an alg√ļn tipo de penitencia, alg√ļn tipo de purificaci√≥n o nunca la dejar√≠an salir de la habitaci√≥n. No era seguir las vetas de la madera,ni lavarse las manos. ¬ŅQu√© exig√≠anlos dioses?
Entonces, de repente, supopor qu√© los dioses no la dejabanatravesar la puerta. Era el juramento que supadre le hab√≠a requerido por el biende sumadre. El juramento de que siempre servir√≠a a los dioses, sinimportar loque sucediera. Yaqu√≠ hab√≠a estadoal borde del desaf√≠o. ¬ę¬°Madre,perd√≥name! No desafiar√© a los dioses. Pero debo ir a mi padre yexplicarle la terrible situaci√≥nenla que nos han colocadolos dioses. ¬°Madre,ay√ļdame a atravesar esta puerta!¬Ľ Como enrespuesta a sus√ļplica,se le ocurri√≥ c√≥mo podr√≠a atravesarla. S√≥lo ten√≠a que fijar la mirada en un punto en el aire justo ante la esquina superior derecha de la puerta, ysinapartar la mirada de ese punto, atravesar de espaldas la puerta con el pie derecho, sacar la mano izquierda, luego girar hacia la izquierda, arrastrar hacia atr√°s la pierna izquierda hasta atravesar la puerta, luego avanzar el brazo derecho. Fue complicado y dif√≠cil, como un baile, pero movi√©ndose lentamente, con mucho cuidado, logr√≥ hacerlo. La puerta la liber√≥. Y aunque todav√≠a sent√≠a la presi√≥n de su propia suciedad, parte de la intensidad se hab√≠a difuminado. Era soportable. Pod√≠a respirar sinjadear, hablar sintartamudeos.
Bajólas escaleras yllamóal timbre ante la puerta de supadre.
¬ó¬ŅEs mi hija,mi Gloriosamente Brillante? ¬ópregunt√≥ el padre.
¬óS√≠,noble se√Īor-dijoQing-jao.
¬óEstoydispuesto a recibirte.
Abri√≥ la puerta de su padre y entr√≥ en la habitaci√≥n; esta vez no hizo falta ning√ļn ritual. Se dirigi√≥al lugar donde estaba sentado ante suterminal yse arrodill√≥ante √©l enel suelo.
¬óHe examinadoa tuSi Wang-mu,ycreoque tuprimer contratoha sido digno ¬ódijosupadre.
Las palabras tardaronunmomentoenadquirir significado. ¬ŅSi Wang-mu? ¬ŅPor qu√© le hablaba su padre de una antigua diosa? Alz√≥ la cabeza, sorprendida, y entonces mir√≥ hacia donde su padre estaba mirando: a una jovencriada conuna limpia t√ļnica gris, arrodillada humildemente, mirando al suelo. Tard√≥ un instante en recordar a la ni√Īa del arrozal, en recordar que iba a ser su doncella secreta. ¬ŅC√≥mo pod√≠a haberlo olvidado? S√≥lo hab√≠an transcurrido unas pocas horas desde que la dej√≥. Sinembargo, enese tiempo, Qing-jao hab√≠a luchado contra los dioses, ysi no hab√≠a vencido, al menos no hab√≠a resultado derrotada. ¬ŅQu√© era el contrato de una sirvienta comparada conuna batalla conlos dioses?
—Wang-mu es impertinente y ambiciosa —continuó su padre—, pero también es honesta y mucho más inteligente de lo que podrías suponer. Supongo por sumente brillante ysuclara ambición que las dos pretendéis que sea tualumna además de tudoncella secreta.
Wang-mu jade√≥, y cuando Qing-jao la mir√≥, vio lo aterrada que parec√≠a la muchacha. ¬ęOh, s√≠, debe de creer que yosospechoque le ha contadoa mi padre nuestroplansecreto.¬Ľ
—No te preocupes, Wang-mu —intervino Qing-jao—. Mi padre casi siempre adivina los secretos. Sé que no se lohas dicho.
—Desearía que hubiera más secretos tan sencillos como éste —suspiró el padre—. Hija mía, alabo tudigna generosidad. Los dioses te honraránpor esto,comolohagoyo.
Las palabras de alabanza fueroncomo unung√ľento para una herida punzante. Tal vezpor eso su rebeld√≠a no la hab√≠a destruido, por eso alg√ļn dios se hab√≠a apiadado de ella y le hab√≠a mostrado c√≥mo atravesar la puerta de suhabitaci√≥n. Porque hab√≠a juzgado a Wang-muconpiedad ysabidur√≠a, olvidando la impertinencia de la ni√Īa. La propia Qing-jao estaba siendo perdonada, al menos un poco, por suatrevimiento.
¬ęWang-mu no se arrepiente de su ambici√≥n ¬ópens√≥ Qing-jao¬ó¬Ö Yo tampoco me arrepentir√© de la decisi√≥n que he tomado. No debo permitir que mi padre sea destruido porque no puedo encontrar, o inventar, una explicaci√≥nno divina a la desaparici√≥nde la Flota Lusitania. Sinembargo, ¬Ņc√≥mo puedo desafiar los designios de los dioses? Hanescondido o destruido la flota. Las obras de los dioses debenser reconocidas por sus obedientes siervos, aunque debanpermanecer ocultas a los nocreyentes de otros mundos.¬Ľ
¬óPadre ¬ódijoQing-jao¬ó,debohablar contigode mi tarea.
Supadre malinterpretósuvacilación.
¬óPodemos hablar delante de Wang-mu. Ha sido contratada para ser tu doncella secreta. Ya hemos enviado el contrato a su padre y se han sugerido las primeras barreras de intimidad en su mente. Podemos confiar enque nos oir√° yno locontar√° nunca.
—Sí, padre —acató Qing-jao. En realidad, había vuelto a olvidar que Wang-mu estaba allí—. Padre, sé quién ha escondido la Flota Lusitania. Pero debes prometerme que nunca se lo dirás al CongresoEstelar.
Supadre,que por logeneral era tranquilo,pareció levemente inquieto.
—No puedo hacer semejante promesa —respondió—. Sería indigno de mí convertirme en un
sirviente desleal.
¬ŅQu√© pod√≠a hacer ella,entonces? ¬ŅC√≥mo pod√≠a hablar? Sinembargo,¬Ņc√≥mopod√≠a nohacerlo?
¬ó¬ŅQui√©nes tuamo? ¬ógrit√≥¬ó. ¬ŅEl Congresoo los dioses?
—Primero los dioses —contestóél—. Siempre sonlo primero.
—Entonces, debo decirte que he descubierto que los dioses sonlos que hanescondido la flota, padre. Pero si le dices esto al Congreso, se burlarán de ti y quedarás arruinado. —Entonces se le ocurrió otra idea—. Si fueron los dioses quienes detuvieron la flota, padre, entonces la flota debe haber ido encontra de los dioses después de todo.Ysi el Congreso Estelar envió a la flota contra la voluntad de…
Supadre alzó una mano para demandar silencio. Ella se interrumpió inmediatamente e inclinó la
cabeza. Esperó.
¬óPor supuestoque sonlos dioses ¬óconvinosupadre.
Sus palabras fuerona la vezunalivio yuna humillaci√≥n. ¬ęPor supuesto¬Ľ, hab√≠a dicho. ¬ŅLo hab√≠a
sabidodesde el principio?
¬óLos dioses hacen todas las cosas que suceden en el universo. Pero no asumas que sabes el porqu√©. Dices que debenhaber detenido la flota porque se opon√≠ana sumisi√≥n. Pero yo digo que el Congreso no pod√≠a haberla enviado en primer lugar si los dioses no lo hubieran querido. As√≠ pues, ¬Ņpor qu√© no podr√≠a ser que los dioses detuvieran a la flota porque su misi√≥n era tan ingente y noble que la humanidad no era digna de ella? ¬ŅY si ocultaron a la flota para proporcionarte una prueba dif√≠cil para ti? Una cosa es segura: los dioses han permitido que el Congreso Estelar gobierne a la mayor√≠a de la humanidad. Mientras ostenten el mandato del cielo, los habitantes de Sendero seguiremos sus edictos sinoposici√≥n.
—No pretendía oponerme…
No pudo terminar una falsedadtanevidente.
Supadre comprendióperfectamente,por supuesto.
¬óOigo que tu voz se apaga y tus palabras se pierden en la nada. Esto es porque sabes que tus palabras no son ciertas. Pretendes oponerte al Congreso Estelar, a pesar de todo lo que te he
ense√Īado. ¬óEntonces suvozse volvi√≥m√°s amable¬ó. Pretend√≠as hacerlo por mi bien.
¬óEres mi antepasado. Te debom√°s a ti que a ellos.
—Soytupadre. Nome convertiré entuantepasadohasta que haya muerto.
¬óPor el bien de madre, entonces. Si ellos pierden el mandato del cielo, entonces ser√© su m√°s terrible enemiga, pues servir√© a los dioses. ¬óSin embargo, mientras hablaba, comprendi√≥ que sus palabras eran una peligrosa verdad a medias. Hasta hac√≠a tan s√≥lo unos minutos, hasta que qued√≥ atrapada en la puerta, ¬Ņno hab√≠a estado dispuesta a desafiar incluso a los dioses por el bien de su padre? ¬ęSoyuna hija indigna yterrible¬Ľ,pens√≥.
¬óTe digo ahora, mi hija Gloriosamente Brillante, que oponerse al Congreso nunca ser√° por mi bien. Ni por el tuyo tampoco. Pero te perdono por amarme en exceso. Es el m√°s dulce y amable de tos vicios.
Sonrió. Eso calmó su agitación, aunque sabía que no merecía la aprobación de su padre. Qing­
jaopudopensar de nuevo,para volver a surompecabezas.
—Sabías que los dioses hicieronesto,ysinembargome hiciste buscar la respuesta.
¬óPero¬Ņte has formuladola pregunta adecuada? ¬ódijosupadre¬ó. La cuesti√≥nque necesitamos responder es: ¬ŅC√≥molograronlos dioses que fuera posible?
¬ó¬ŅC√≥mo puedo saberlo? ¬ódijo Qing-jao¬ó. Podr√≠an haber destruido la flota, u ocultarla, o llevarla a alg√ļnlugar secretodel Oeste¬Ö
—¡Qing-jao!Mírame. óyeme bien.
Ella lomiró. Suordentajante la ayudóa calmarla,a centrarse.
¬óEsto es algo que he intentado ense√Īarte toda tuvida, pero ahora tienes que aprenderlo, Qing¬≠
jao. Los dioses sonla causa de todoloque sucede,pero siempre act√ļanbajo disfraz. ¬ŅMe oyes?
Ella asintió. Había oídoaquellas palabras cientos de veces.
—Oyes ysinembargonome comprendes, ni siquiera ahora. Los dioses hanelegidoal pueblo de Sendero, Qing-jao. Sólo nosotros tenemos el privilegio de oír suvoz. Sólo a nosotros se nos permite comprender que sonla causa de todo lo que es ytodo lo que será. Para todas las demás personas, sus obras permanecenocultas, sonunmisterio. Tutarea no consiste endescubrir la auténtica causa de la desaparición de la Flota Lusitania…, todo Sendero sabría de inmediato que la verdadera causa es que los dioses desearon que sucediera. Tu tarea radica en descubrir el disfraz que los dioses han creadopara este caso.
Qing-jao se sintió mareada, aturdida. Había estado segura de que tenía la respuesta, de que había cumplido su misión. Ahora todo se le escapaba. La respuesta seguía siendo verdad, pero su tarea había cambiadoradicalmente.
¬óAhora mismo, porque no podemos encontrar una explicaci√≥n natural, los dioses se revelan para que toda la humanidad los vea, los no creyentes y los creyentes por igual. Los dioses est√°n desnudos y nosotros debemos vestirlos. Debemos encontrar la serie de hechos que los dioses han creado para explicar la desaparici√≥n de la flota, para hacer que parezca natural a los no creyentes. Cre√≠a que lo comprend√≠as. Servimos al Congreso Estelar, pero s√≥lo porque sirviendo al Congreso servimos tambi√©n a los dioses. Los dioses desean que enga√Īemos al Congreso, y el Congreso desea ser enga√Īado.
Qing-jaoasintió,aturdida por la decepciónde ver que sutarea todavía nohabía finalizado.
¬ó¬ŅTe parece despiadado por mi parte? ¬ópregunt√≥ su padre¬ó. ¬ŅSoy deshonesto? ¬ŅSoy cruel conlos nocreyentes?
¬ó¬ŅJuzga una hija a supadre? ¬ósusurr√≥ Qing-jao.
—Por supuesto que sí. Todos los días las personas se juzgan unas a otras. La cuestión es si juzgamos consabiduría.
—Entonces, considero que no es pecado hablar a los no creyentes en la lengua de su incredulidad —replicóQing-jao.
¬ŅHab√≠a una sonrisa enlas comisuras de la boca de supadre?
¬óComprendes ¬ódijo¬ó. Si alguna vez el Congreso viene a nosotros, buscando humildemente averiguar la verdad, entonces les ense√Īaremos el Camino y se convertir√°n en parte del Sendero. Hasta entonces, servimos a los dioses ayudando a los no creyentes a enga√Īarse a s√≠ mismos pensando que todas las cosas sucedenporque tienenexplicaciones naturales.
Qing-jaose inclinó hasta que sucabeza casi tocóel suelo.
¬óHas intentado ense√Īarme esto muchas veces, pero hasta ahora, nunca hab√≠a tenido una tarea a la que se aplicara este principio. Perdona la estupidezde tuindigna hija.
—No tengo ninguna hija indigna-aseguró supadre—. Sólo tengo a mi hija que es Gloriosamente Brillante. El principio que has aprendido hoy es uno que pocos en Sendero comprenderán jamás de
verdad. Por eso s√≥lo unos pocos podemos tratar directamente con gente de otros mundos sin confundirlos o contrariarlos. Me has sorprendido hoy, hija, no porque no hubieras comprendido a√ļn, sino porque has llegado a comprenderlo tan joven. Yo ten√≠a casi diez a√Īos m√°s que t√ļ cuando lo descubr√≠.
¬ó¬ŅC√≥mopuedo aprender algoantes que t√ļ,padre?
La idea de superar uno de sus logros parecía casi inconcebible.
¬óPorque me tienes a m√≠ para ense√Īarte, mientras que yo tuve que descubrirlo solo. Veo que te asusta pensar que tal vez has aprendido algo siendo m√°s joven que yo. ¬ŅCrees que me deshonrar√≠a verme superado por mi hija? Al contrario: no puede existir mayor honor para un padre que tener un hijom√°s grande que √©l.
¬óYo nunca podr√© ser m√°s grande que t√ļ,padre.
¬óEncierto sentido, eso es cierto, Qing-jao. Porque eres mi hija, todas tus obras est√°nincluidas dentro de las m√≠as, como un subconjunto de m√≠, igual que todos nosotros somos subconjuntos de nuestros antepasados. Pero tienes tanto potencial para la grandeza en tu interior que a mi entender llegar√° unmomento enque ser√© considerado m√°s grande debido a tus obras que a las m√≠as. Si alguna vez la gente de Sendero me juzga digno de alg√ļn honor singular, ser√° al menos tanto por tus logros comopor los m√≠os.
Con eso, su padre se inclin√≥ ante ella, no de forma cort√©s para indicar que se marchara, sino como se√Īal de profundo respeto, casi tocando el suelo con la cabeza. No del todo, pues casi habr√≠a sidouna burla que lohiciera enhonor a supropia hija. Peros√≠ cuantola dignidadpermit√≠a.
Aquello la confundi√≥ por unmomento, la asust√≥. Entonces comprendi√≥. Cuando supadre daba a entender que su probabilidad de ser elegido dios de Sendero depend√≠a de la grandeza de ella, no hablaba de alg√ļnvagoevento futuro. Hablaba del aqu√≠ ydel ahora. Hablaba de sutarea. Si ella pod√≠a encontrar el disfraz de los dioses, la explicaci√≥n natural a la desaparici√≥n de la Flota Lusitania, entonces su elecci√≥n como dios de Sendero quedar√≠a asegurada. Hasta este punto confiaba en ella. Hasta este punto era importante sutarea. ¬ŅQu√© era sumayor√≠a de edad, comparada conla deificaci√≥n de supadre? Deb√≠a trabajar conm√°s ah√≠nco, pensar mejor, ytener √©xito donde todos los recursos de los militares yel Congreso hab√≠anfracasado. No por ella misma, sino por sumadre, por los dioses,, ypor la oportunidadde supadre de convertirse enunode ellos.
Qing-jao se retiró de la habitaciónde supadre. Hizo una pausa enla puerta ymiró a Wang-mu. Unmirada de la agraciada por los dioses bastó para indicar a la muchacha que la siguiera.
Cuando Qing-jao llegó a su habitación, temblaba con la necesidad acumulada de purificación. Todos sus errores de aquel día, su rebelión contra los dioses, su negativa a aceptar la purificación antes, su estupidez al no comprender su verdadera tarea, la abrumaban ahora. No es que se sintiera sucia: no quería lavarse ni sentía autorrepulsa. Después de todo, su indignidad se había visto compensada por la alabanza de su padre, por el dios que le mostró cómo atravesar la puerta. Además, el hecho de que Wang-mu hubiera demostrado ser una buena elección era una prueba que Qing-jao había pasado, y también audazmente. Así que no era su vileza lo que la hacía temblar. Estaba ansiosa de purificación. Anhelaba que los dioses estuvieranconella mientras los servía. Sin embargo,ninguna penitencia que conociera bastaría para calmar suansiedad.
Entonces lo supo: debía seguir una línea encada tabla de la habitación.
Eligi√≥ de inmediato supunto de partida, la esquina sureste: seguir√≠a cada l√≠nea de la pared este, de forma que sus rituales se dirigierantodos hacia el oeste, hacia los dioses. Lo. √ļltimo ser√≠a la tabla m√°s peque√Īa de la habitaci√≥n, de menos de unmetro de largo, enel rinc√≥nnoroeste. El hecho de que la √ļltima pista fuera tanbreve yf√°cil ser√≠a surecompensa.
Oy√≥ que Wang-muentraba suavemente enla habitaci√≥ntras ella, pero Qing-jao no ten√≠a tiempo ahora para los mortales. Los dioses esperaban. Se arrodill√≥ en el pasillo, escrut√≥ las vetas para encontrar una que los dioses quisieran que siguiera. Por lo general ten√≠a que elegir ella misma, y siempre lo hac√≠a con la m√°s dif√≠cil, para que los dioses no la despreciaran. Pero esta noche estaba llena de la seguridad de que los dioses eleg√≠an por ella. La primera l√≠nea fue gruesa, ondulada pero f√°cil de ver. ¬°Ya se mostrabanpiadosos!El ritual de esta noche ser√≠a casi una conversaci√≥nentre ella y los dioses. Hoy hab√≠a atravesado una barrera invisible: se hab√≠a acercado m√°s a la clara comprensi√≥n de su padre. Tal vez alg√ļn d√≠a los dioses le hablar√≠ancon la claridad conque la gente llana cre√≠a que todos los agraciados o√≠an.
—Sagrada —llamóWang-mu.
Fue como si la alegr√≠a de Qing-jao estuviera hecha de cristal y Wang-mu la hubiera roto deliberadamente. ¬ŅNo sab√≠a que cuando un ritual se interrump√≠a hab√≠a que empezar de nuevo? Qing¬≠jaose alz√≥sobre sus rodillas yse volvi√≥ hacia la ni√Īa.
Wang-mudebióde ver la furia ensucara,pero no la comprendió.
¬óOh, lo siento ¬ódijo de inmediato, cayendo de rodillas e inclinando la cabeza hasta el suelo ¬ó. Olvid√© que no debo llamarte ¬ęsagrada¬Ľ. S√≥lo quer√≠a preguntarte qu√© est√°s buscando, para ayudarte.
Qing-jao casi se echó a reír ante tanta confusión. Naturalmente, Wang-muno tenía ni idea de que los dioses le estaban hablando. Ahora, interrumpida su furia, Qing-jao se avergonzó de ver cómo la muchacha temía suira. Le pareció mal que Wang-mutuviera la cabeza enel suelo. No le gustaba ver a otra persona tanhumillada.
¬ę¬ŅC√≥mo la he asustado tanto? Yo estaba llena de alegr√≠a, porque los dioses me hablaban claramente. Pero mi alegr√≠a era tan ego√≠sta que cuando me interrumpi√≥ en su inocencia, le volv√≠ la cara con odio. ¬ŅEs as√≠ como respondo a los dioses? ¬ŅEllos me muestran un rostro de amor, y yo lo traduzco en odio hacia la gente, sobre todo a quien est√° en mi poder? Una vez m√°s, los dioses han encontradounmedio de mostrarme mi indignidad.¬Ľ
—Wang-mu, no debes interrumpirme cuandome encuentres agachada así enel suelo.
Entonces le explicóel ritual purificador que los dioses le exigían.
¬ó¬ŅDebohacerloyotambi√©n? ¬ópregunt√≥ Wang-mu.
¬óNo,a menos que los dioses te lo ordenen.
¬ó¬ŅC√≥molo sabr√©?
—Si no te ha sucedido ya a tu edad, Wang-mu, probablemente no lo harán nunca. Pero si sucediera,losabrías,porque notendrías poder para resistir a la vozde los dioses entumente.
Wang-muasintiócongravedad.
¬ó¬ŅC√≥mo puedo ayudarte¬Ö, Qing-jao? ¬ópronunci√≥ el nombre de su se√Īora con cuidado, con
reverencia.
Por primera vez, Q√ćng-jao advirti√≥ que su nombre, que sonaba dulcemente afectuoso cuando su padre lo dec√≠a, pod√≠a parecer exaltado cuando se pronunciaba con tanta reverencia. Ser llamada Gloriosamente Brillante en un momento en que Qing-jao era agudamente consciente de su falta de brillo resultaba casi doloroso. Pero no prohibir√≠a a Wang-muque usara sunombre: la muchacha ten√≠a que llamarla de alguna manera, y su tono reverente servir√≠a a Qing-jao como un constante recordatorioir√≥nicode lopocoque lo merec√≠a.
—Puedes ayudarme nointerrumpiéndome-dijo Qing-jao.
¬ó¬ŅMe marcho,entonces?
Qing-jao estuvo a punto de asentir, pero entonces advirti√≥ que por alg√ļn motivo los dioses quer√≠an que Wang-mu formara parte de esta penitencia. ¬ŅC√≥mo lo sab√≠a? Porque la idea de que
Wang-muse marchara parecía casi taninsoportable como el conocimientode sulabor sinterminar.
¬óQu√©date,por favor. ¬ŅPuedes esperar ensilencio? ¬ŅObserv√°ndome?
—Sí…,Qing-jao.
—Si tardo tanto que no puedes soportarlo, puedes marcharte. Pero sólo cuando me veas
moverme del oeste al este. Eso significa que estoy entre pistas, y no me distraer√° tu marcha, aunque
nodebes hablarme.
Los ojos de Wang-muse ensancharon.
¬ó¬ŅVas a hacer estoconcada veta de la madera de cada tabla del suelo?
—No —respondió Qing-jao. ¡Los dioses nunca seríantancrueles!
Pero incluso mientras lo pensaba, Qing-jao supo que alg√ļnd√≠a podr√≠a llegar el momento enque los dioses le exigieran exactamente esa penitencia. Aquello la hizo sentirse enferma de miedo¬ó.√önicamente una l√≠nea encada tabla de la habitaci√≥n. Observa conmigo,¬Ņquieres?
Vio que Wang-mu miraba el indicador de tiempo que brillaba en el aire sobre su terminal. Ya era la hora de dormir, y las dos hab√≠an pasado por alto su siesta. No era natural que los seres humanos pasarantanto tiempo sindormir. Los d√≠as de Sendero eranuna mitad m√°s largos que los de la Tierra, as√≠ que nunca trabajabansiguiendo los ciclos internos del cuerpo humano. Saltarse la siesta yluegoretrasar el sue√Īoera muyduro.
Pero Qing-jao no tenía elección. Y si Wang-mu no podía permanecer despierta, tendría que marcharse ahora,aunque los dioses se resistierana esa idea.
¬óDebes permanecer despierta ¬ódijo Qing-jao¬ó. Si te quedas dormida, tendr√© que hablarte para que te muevas y no tapes algunas de las l√≠neas que tengo que seguir. Y si te hablo, tendr√© que empezar de nuevo. ¬ŅPuedes permanecer despierta, silenciosa ysinmoverte?
Wang-muasinti√≥.AQing-jao le pareci√≥ que √©sa era suintenci√≥n, pero no cre√≠a que la muchacha fuera capazde hacerlo. Sinembargo, los dioses insist√≠anenque dejara quedarse a sunueva doncella secreta;¬Ņqui√©nera Qing-jaopara rehusar loque los dioses le ped√≠an?
Qing-jao regres√≥ a la primera tabla y empez√≥ su trabajo otra vez. Para su alivio, los dioses estaban a√ļn con ella. Tabla tras tabla, le daban la veta m√°s f√°cil para seguir; y cuando, de vez en cuando, se le daba una dif√≠cil, suced√≠a invariablemente que la veta f√°cil se difuminaba o desaparec√≠a enel borde de la tabla. Los dioses se preocupabanpor ella.
En cuanto a Wang-mu, la muchacha se esforzó cuanto pudo. Dos veces, al retroceder desde el oeste para empezar de nuevo en el este, Qing-jao miró a Wang-mu y la vio dormida. Pero cuando empezó a pasar cerca del lugar donde estaba tendida, descubrió que su doncella secreta se había despertado ycambiado a unsitio que ya había seguido, tansilenciosamente que Qing-jao ni siquiera había oído sus movimientos. Buena chica. Una eleccióndigna.
Por fin, Qing-jao alcanz√≥ el principio de la √ļltima tabla, una corta situada enel rinc√≥n. Estuvo a punto de hablar envozalta, tal fue sualegr√≠a, pero se contuvo a tiempo. El sonido de supropia vozy la inevitable respuesta de Wang-museguramente la enviar√≠ande nuevo al comienzo, ser√≠a una locura insoportable. Qing-jao se inclin√≥ sobre el principio de la tabla, ya a menos de unmetro de la esquina noroeste de la habitaci√≥n, yempez√≥ a seguir la l√≠nea m√°s definida, que la condujo derecha a la pared. Hab√≠a terminado.
Qing-jao se desplomó contra la pared yempezó a reír, aliviada. Pero estaba tandébil ycansada que la risa debió de parecer unllanto a Wang-mu. Enunos instantes la muchacha se colocó a sulado yle tocó el hombro.
¬óQing-jao ¬ódijo¬ó. ¬ŅSientes dolor?
Qing-jaocogióla manode la muchacha yla sostuvo.
¬óNo. Oal menos noes undolor que nopueda remediar el sue√Īo. He terminado. Estoylimpia.
Tanlimpia, de hecho, que no sintió repugnancia cuando cogió la mano de Wang-mu, piel a piel, sin suciedad de ninguna clase. Era un regalo de los dioses tener a alguien a quien coger de la mano cuando suritual acababa.
—Lo has hecho muybien —sonrió Qing-jao—. Me resultó más fácil concentrarme enlas líneas contigoenla habitación.
—Creoque me quedé dormida una vez, Qing-jao.
¬óTal vezdos. Perote despertaste cuandoimportaba,ynohubo ning√ļnda√Īo.
Wang-muempezó a sollozar. Cerró los ojos pero no apartó la manode Qing-jao para cubrirse la
cara. Simplemente,dejóque las lágrimas corrieranpor sus mejillas.
¬ó¬ŅPor qu√© lloras,Wang-mu?
—No losé. Realmente es difícil ser una agraciada por los dioses. Nolosabía.
—Y también es difícil ser una verdadera amiga de los agraciados —dijo Qing-jao—. Por eso
no quer√≠a que fueras mi sirvienta, me llamaras ¬ęsagrada¬Ľ ytemieras el sonido de mi voz. Aese tipo
de servidora la tendría que echar de mi habitacióncuandolos dioses me hablaran.
Las l√°grimas de Wang-muarreciaron.
¬óSi Wang-mu,¬Ņte resulta demasiadopenosoestar conmigo? ¬ópregunt√≥Qing-jao.
Wang-musacudióla cabeza.
—Si alguna vez se te hace demasiado difícil, lo comprenderé. puedes dejarme entonces. Antes
estaba sola. Notengomiedode volver a estarlo.
Wang-musacudióla cabeza,esta vezcondecisión.
¬ó¬ŅC√≥mopodr√≠a dejarte,ahora que veolodif√≠cil que es para ti?
¬óEntonces un d√≠a se escribir√°, yse contar√° enuna historia, que Si Wang-mununca dej√≥ a Han Qing-jaodurante sus purificaciones. De repente,la sonrisa de Wang-muse extendi√≥por sucara, ysus ojos se abrieron con un resquicio de alegr√≠a, a pesar de que las l√°grimas a√ļn brillaban en sus mejillas.
¬ó¬ŅNo te has dado cuenta del chiste que has dicho? Mi nombre, Si Wang-mu. Cuando cuenten esa historia, no sabr√°n si era tu doncella secreta quien estaba contigo. Pensar√°n que era la Real Madre del Oeste.
Qing-jao se echó a reír también. Pero una idea cruzó su mente: tal vez la Real Madre era una auténtica antepasada-del-corazónde Wang-mu, yal tenerla a sulado, como amiga, Qing-jao también tenía una nueva cercanía conesta diosa que casi era la más vieja de todos los dioses.
Wang-mu tendi√≥ sus esterillas para dormir, aunque Qing-jao tuvo que ense√Īarle c√≥mo. Era el deber de Wang-mu, y Qing-jao tendr√≠a que dejarla hacerlo cada noche, aunque nunca le hab√≠a importado hacerlo ella sola. Mientras se acostaban, conlas esterillas juntas para que ninguna veta en la madera apareciera entre ellas, Qing-jao advirti√≥ que una luz gris√°cea asomaba a trav√©s de las rendijas de las ventanas. Hab√≠anpermanecido despiertas todo el d√≠a ytoda la noche. El sacrificio de Wang-mufue noble. Ser√≠a una verdadera amiga.
Sin embargo, unos pocos minutos m√°s tarde, cuando Wang-mu se hubo dormido y Qing-jao estaba a punto de sumirse en el sue√Īo, a √©sta se le ocurri√≥ preguntarse c√≥mo era que Wang-mu, una muchacha sin dinero, hab√≠a conseguido sobornar al capataz de la cuadrilla de la labor virtuosa para dejar que le hablara sininterrupci√≥n. ¬ŅPod√≠a haber pagado alg√ļnesp√≠a el soborno, para que pudiera infiltrarse en la casa de Han Fei-tzu? No¬Ö Ju Kung-mei, el guardi√°n de la Casa de Han, lo habr√≠a descubierto y Wang-mu nunca habr√≠a sido contratada. El soborno de la ni√Īa no habr√≠a sido pagado condinero. S√≥lo ten√≠a catorce a√Īos, pero Si Wang-muera ya una muchacha hermosa. Qing-jao hab√≠a le√≠do suficiente historia y biograf√≠a para saber c√≥mo pagaban normalmente las mujeres ese tipo de sobornos.
Sombr√≠amente, Qing-jaodecidi√≥ que el asunto deb√≠a ser investigadocondiscreci√≥n, yel capataz ser√≠a despedido endesgracia si se descubr√≠a que era cierto.Alo largo de la investigaci√≥n, el nombre de Wang-mu nunca ser√≠a mencionado en p√ļblico, para protegerla de todo da√Īo. Qing-jao s√≥lo ten√≠a que mencionarloa JuKung-mei y√©l se encargar√≠a de todo.
Qing-jao miró a la dulce cara de su servidora dormida, su digna nueva amiga, y se sintió abrumada por la tristeza. Lo que más la entristecía, sin embargo, no fue el precio que Wang-mu hubiera pagado al capataz, sino que lo hubiera hecho por un trabajo tan indigno, doloroso y terrible como ser doncella secreta de Han Qing-jao. Si una mujer tenía que vender la puerta de su vientre, como tantas mujeres se habían visto obligadas a hacer a lo largo de toda la historia humana, seguro que los dioses la dejaríanrecibir a cambioalgo de valor.
Por eso Qing-jao se durmi√≥ esa ma√Īana a√ļn m√°s firme en su resoluci√≥n de dedicarse a la educaci√≥n de Si Wang-mu. No pod√≠a dejar que su trabajo educador interfiriera con su lucha con el enigma de la Flota Lusitania, pero dedicar√≠a todo el tiempo posible y le dar√≠a a Wang-mu una bendici√≥n adecuada en honor a su sacrificio. Seguro que los dioses no esperaban menos de ella, a cambio de haberle enviado a una doncella secreta tanperfecta.