3 - Manos limpias

¬čLos humanos s√≠ tienen metamorfosis. Cambian su identidad constantemente. Sin embargo, codo nuevo identidad se baso en la ilusi√≥n de que siempre estuvo en posesi√≥n del cuerpo que acaba de conquistar.¬õ
¬čEsos cambios son superficiales. Lo naturaleza del organismo sigue siendo lo misma. Los humanos se sienten muy orgullosos de sus cambios, pero todo transformaci√≥n imaginado se convierte en una nueva serie de excusas para que el individuo se comporte exactamente como lo ha hecho siempre.¬õ
¬čSois demasiado diferentes de los humanos para llegar a comprenderlos.¬õ ¬čSois demasiado similares a los humanos para poder verlos con claridad.¬õ
Los dioses hablaron por primera vez a Qing-jao cuando ten√≠a siete a√Īos. Durante alg√ļn tiempo ella no advirti√≥ que estaba oyendo la voz de un dios. S√≥lo sab√≠a que sus manos estaban sucias, cubiertas de unrepugnante limoinvisible,yque ten√≠a que purificarlas.
Las primeras veces, un simple lavado bastaba, y entonces se sentía mejor durante días. Pero a medida que transcurría el tiempo, la sensación de suciedad regresaba cada vez más pronto, y hacía falta frotar más para eliminarla, hasta que tuvo que lavarse varias veces al día, usando uncepillo de cerdas duras para frotarse las manos hasta que sangraban. Sólo cuando el dolor era insoportable se sentía limpia,aunque apenas durante unas horas cada vez.
No se lo dijo a nadie: supo instintivamente que ten√≠a que mantener ensecreto la suciedad de sus manos. Todo el mundo sab√≠a que lavarse las manos era uno de los primeros signos de que los dioses hablabana unni√Īo, yla mayor√≠a de los padres del mundo de Sendero observabanesperanzados a sus hijos en busca de signos de excesiva preocupaci√≥n por la limpieza. Pero lo que esta gente no comprend√≠a era el terrible autoconocimiento que conduc√≠a a los lavados: el primer mensaje de los dioses trataba de la insoportable suciedad de aquel a quienhablaban. Qing-jao ocult√≥ sus lavados de manos, no porque estuviera avergonzada de que los dioses le hablaran, sino porque estaba convencida de que si alguiensab√≠a lo vil que era,la despreciar√≠an.
Los dioses conspiraron con ella en secreto. Le permitieron restringir sus salvajes frotes a las palmas de sus manos. Esto significaba que, cuando sus manos estaban malheridas, pod√≠a cerrar los pu√Īos o met√©rselas en los pliegues de la falda al andar, o colocarlas mansamente sobre el regazo cuando se sentaba,ynadie las advert√≠a. S√≥love√≠ana una ni√Īita muybieneducada.
Si su madre hubiera vivido, el secreto de Qing-jao se habr√≠a descubierto mucho antes. En su situaci√≥n, transcurrieronmeses antes de que unsirviente se diera cuenta. La gorda Mu-pao descubri√≥ una mancha de sangre enel peque√Īo mantel de la mesa donde Qing-jao tomaba el desayuno. Mu-pao supo de inmediato lo que significaba aquello: ¬Ņno eranlas manos ensangrentadas unprimer signo de la atenci√≥n de los dioses? Por eso muchos padres ambiciosos forzaban a un ni√Īo particularmente prometedor a lavarse continuamente. Por todo el mundo de Sendero, lavarse las manos ostentosamente se llamaba ¬ęinvitar a los dioses¬Ľ.
Mu-pao fue de inmediato a ver al padre de Qing-jao, el noble Han Fei-tzu, de quien se rumoreaba era el más grande de los agraciados, uno de los pocos tan poderosos a los ojos de los dioses que podía reunirse con framlings (seres de otro mundo) sin traicionar nunca las voces del mundo de Sendero. Han Fei-tzu, se sentiría agradecido al conocer la noticia y Mu-pao recibiría honores por haber sidola primera enver a los dioses enQing-jao.
En cuestión de una hora, Han Fei-tzu, se reunió con su amada Qing-jao y juntos viajaron en palanquínal templo deAvalancha.AQing-jao no le gustaba viajar enesas sillas: se sentía incómoda por los hombres que teníanque cargar consupeso.
—No sufren —la tranquilizó su padre la primera vez que le mencionó esta idea—. Se sienten enormemente honrados. Es una de las formas en que la gente honra a los dioses: cuando uno de los agraciados va a untemplo,lo hace sobre los hombros de la gente de Sendero.
—Peroyocrezcomás cada día —respondióQing-jao.
—Cuando seas demasiado grande, caminarás por tu propio pie o viajarás en tu propia silla — dijo su padre. No necesitó explicar que tendría su propio palanquín sólo si crecía para ser una agraciada—. Nosotros intentamos mostrar nuestra humildad conservándonos muydelgados ylivianos para norepresentar una carga pesada para el pueblo.
Eso era una broma, naturalmente, pues el vientre de supadre, aunque no inmenso, era generoso. Pero la lecci√≥n tras el chiste era verdad: los agraciados nunca deb√≠an representar una carga para la gente com√ļn de Sendero. El pueblo deb√≠a estar siempre agradecido, no resentido, de que los dioses hubieranelegido sumundoentre todos los dem√°s para que oyera sus voces.
Ahora, sinembargo, Qing-jao estaba más preocupada conla prueba que la esperaba. Sabía que la llevabana ser probada.
¬óSe ense√Īa a muchos ni√Īos a fingir que los dioses les hablan ¬óexplic√≥ supadre¬ó. Debemos averiguar si los dioses te hanelegidoverdaderamente.
—Quieroque dejende elegirme-protestóQing-jao.
¬óY lo desear√°s a√ļn m√°s durante la prueba ¬ósuspir√≥ su padre. Su voz estaba llena de pesar. Eso hizo que Qing-jao se sintiera a√ļn m√°s asustada¬ó. El pueblo llano s√≥lo ve nuestros poderes y privilegios, y nos envidia. No conocen el gran sufrimiento de los que oyen la voz de los dioses. Si verdaderamente te hablan, mi Qing-jao, aprender√°s a soportar el sufrimiento igual que el jade soporta el cuchillo del tallador, el brusco pa√Īo del pulidor. Te har√° brillar. ¬ŅPor qu√© crees que te bautic√© Qing-jao?
Qing-jao significaba Gloriosamente Brillante. Era tambi√©n el nombre de una gran poetisa de tiempos remotos en la Vieja China. Una poetisa en una √©poca en que s√≥lo se mostraba respeto a los hombres, ysinembargo fue honrada como una de las m√°s grandes poetisas de sutiempo. ¬ęBruma fina y densa nube, tristeza todo el d√≠a.¬Ľ Era el comienzo de la canci√≥n de Li Quing-jao, El doble nueve. Era as√≠ como Qing-jaose sent√≠a ahora.
¬ŅY c√≥mo terminaba el poema? ¬ęAhora mi cortina se alza s√≥lo con el viento del oeste. Me he quedado m√°s delgada que este dorado capullo.¬Ľ ¬ŅSer√≠a tambi√©n √©se su fin? ¬ŅEstaba diciendo en su poema su antepasada-del-coraz√≥n que la oscuridad que ca√≠a ahora sobre ella se alzar√≠a s√≥lo cuando los dioses vinieran del oeste para retirar de su cuerpo su alma tenue, liviana y dorada? Era demasiado terrible pensar ahora en la muerte, cuando s√≥lo ten√≠a siete a√Īos de edad; sin embargo, el pensamiento la asalt√≥: si muero joven, entonces ver√© a mi madre pronto, e incluso a la granLi Qing¬≠jao.
Pero la prueba no estaba relacionada con la muerte, o al menos se suponía que no era así. En realidad, era bastante simple. Su padre la condujo a una gran sala donde había arrodillados tres hombres ancianos.Al menos eso parecían: podríanhaber sido mujeres. Erantanviejos que todos los rasgos distintivos habíandesaparecido. Sólo teníandiminutas hebras de pelo blanco ynada de barba, e iban vestidos con ropas informes. Más tarde, Qing-jao sabría que eran simples eunucos, supervivientes de los viejos tiempos antes de que el Congreso Estelar interviniera y prohibiera incluso la automutilaciónvoluntaria enservicio a una religión. Ahora, sinembargo, eranmisteriosas criaturas espectralmente viejas que la tocabanconsus manos,explorandosus ropas.
¬ŅQu√© buscaban? Encontraron sus palillos de √©bano y los retiraron. Le quitaron el cintur√≥n. Le quitaronlas zapatillas. M√°s tarde, se enterar√≠a de que se quedaronconesas cosas porque otros ni√Īos se hab√≠andejado llevar tanto por la desesperaci√≥ndurante la prueba que se hab√≠anmatado conellas. Una se hab√≠a metido los palillos por la nariz y se hab√≠a arrojado al suelo, para clav√°rselos en el cerebro. Otra se ahorc√≥ consucintur√≥n. Otra se introdujo las zapatillas enla boca, hasta la garganta, yse asfixi√≥. Era raro que los intentos de suicidio tuvieran√©xito, pero parec√≠ansuceder conlos ni√Īos m√°s brillantes, y eran m√°s comunes con las ni√Īas. As√≠ que le quitaron a Qing-jao todos los medios conocidos para suicidarse.
Los ancianos se marcharon. Supadre se arrodillójuntoa Qing-jao yle hablócara a cara.
¬óDebes comprender, Qing-jao, que en realidad no estamos prob√°ndote a ti. Nada de lo que hagas por propia voluntad implicar√° la m√°s leve diferencia en lo que suceda aqu√≠. A decir verdad estamos probando a los dioses, para ver si est√°ndecididos a hablar contigo. Enese caso, encontrar√°n unmedio, nosotros lo veremos yt√ļ saldr√°s de esta sala siendo una de las agraciadas. De lo contrario saldr√°s de aqu√≠ libre de sus voces para siempre. No puedo decirte por qu√© resultado rezo, ya que yo mismo loignoro.
¬óPadre,¬Ņysi te averg√ľenzas de m√≠? ¬ódijo Qing-jao.
La mera idea le hizo sentir un cosquilleo en las manos, como si las tuviera sucias, como si necesitara lavarlas.
—No me avergonzaré de ti pase loque pase.
Entonces dio una palmada. Uno de los ancianos volvió a entrar, llevando una pesada palangana.
La colocóante Qing-jao.
¬óIntroduce las manos ¬ódijosupadre.
La palangana estaba llena de densa grasa negra. Qing-jao se estremeció.
—No puedometer las manos ahí.
Supadre la cogió por los antebrazos yla obligó a meter las manos enel limo. Qing-jao gritó: su
padre nunca había empleado la fuerza conella antes.Ycuando le soltó los brazos, sus manos estaban
cubiertas de limopegajoso. Jadeóal ver la suciedad;resultaba difícil respirar, verlas así,olerlas.
El anciano recogióla palangana yse la llevó.
¬ó¬ŅD√≥nde puedolavarme,padre?¬ógimi√≥Qing-jao.
—No puedes lavarte —respondió supadre—. Nopodrás lavarte nunca más.
Y como Qing-jao era una ni√Īa, lo crey√≥, sin pensar que sus palabras formaban parte de la prueba. Vioa supadre salir de la habitaci√≥n. Oy√≥el cerrojode la puerta tras √©l. Estaba sola.
Al principio simplemente mantuvo las manos ante ella, asegur√°ndose de que no tocaran sus ropas. Busc√≥ desesperadamente alg√ļn sitio donde lavarse, pero no hab√≠a agua, ni siquiera un pa√Īo.
La habitacióndistaba mucho de estar vacía: había sillas, mesas, estatuas, grandes jarrones de piedra, pero todas las superficies eran duras y bien pulidas y tan limpias que no podía decidirse a tocarlas. Sinembargo, la suciedadde sus manos era insoportable. Tenía que limpiarlas.
—¡Padre!—gritó—. ¡Venylávame las manos!
Seguramente √©l pod√≠a o√≠rla. Seguramente estaba cerca, esperando el resultado de la prueba. Ten√≠a que o√≠rla¬Ö pero no vino. La √ļnica tela enla sala era la de la t√ļnica que llevaba puesta. Podr√≠a frotarse conella, pero entonces tendr√≠a la grasa encima;podr√≠a manchar otras partes de sucuerpo. La soluci√≥n, por supuesto,era quit√°rsela¬Ö, ¬Ņperoc√≥mopod√≠a hacerlosintocarse consus sucias manos?
Lo intentó. Primero frotó cuidadosamente tanta grasa como pudo en los suaves brazos de una estatua.
¬óPerd√≥name ¬óle dijo a la estatua, por si acaso pertenec√≠a a un dios¬ó. Volver√© y te limpiar√© despu√©s: te limpiar√© conmi propia t√ļnica.
Entonces se ech√≥ las manos a los hombros y reuni√≥ el tejido sobre la espalda, para sacarse la t√ļnica por encima de la cabeza. Sus dedos grasientos resbalaron sobre la seda; sinti√≥ el fr√≠o limo sobre suespalda desnuda cuandopenetr√≥la seda. ¬ęLo limpiar√© despu√©s¬Ľ,pens√≥.
Por fin consigui√≥ agarrar un buen trozo de tejido y pudo sacarse la t√ļnica. La desliz√≥ sobre su cabeza, pero incluso antes de hacerlo por completo supo que las cosas eran peores que nunca, pues unpoco de grasa se le hab√≠a quedado enel pelo, yese pelo hab√≠a ca√≠do sobre sucara, yahora ten√≠a la suciedadnos√≥loenlas manos, sinotambi√©nenla espalda,enel pelo,enel rostro.
Sin embargo, lo intent√≥. Termin√≥ de quitarse la t√ļnica, y luego se frot√≥ cuidadosamente las manos en un trocito de tela. Entonces se frot√≥ la cara con otro. Pero no sirvi√≥ de nada. Parte de la grasa permanec√≠a pegada a ella, no importaba lo que hiciera. Sent√≠a la cara como si la seda de su t√ļnica s√≥lohubiera esparcido la grasa envezde retirarla. Nunca hab√≠a estado tanhorriblemente sucia entoda suvida. Era insoportable,ysinembargonopod√≠a deshacerse de ella.
—¡Padre!¡Venysácame de aquí!¡Noquieroser una agraciada!
Supadre noacudió. Ella rompióa llorar.
El problema de llorar era que no serv√≠a de nada. Cuanto m√°s lloraba, m√°s sucia se sent√≠a. La desesperada necesidad de estar limpia abrum√≥ incluso sullanto. As√≠, conlas l√°grimas surc√°ndole la cara, empez√≥a buscar desesperadamente una forma de quitarse la grasa de las manos. Una vezm√°s lo intent√≥ con la seda de la t√ļnica, pero poco despu√©s frot√≥ las manos contra las paredes, mientras recorr√≠a la habitaci√≥n, manch√°ndolas de grasa. Frot√≥ las manos contra la pared tan r√°pidamente que acumul√≥ calor y la grasa se fundi√≥. Lo hizo una y otra vez hasta que las manos se le enrojecieron, hasta que parte de la blanda costra de sus palmas se gast√≥ o fue arrancada por invisibles irregularidades enlas paredes de madera.
Cuando las palmas ylos dedos le dol√≠anya tanto que no sent√≠a la suciedad, se frot√≥ el rostrocon ellas, se ara√Ī√≥ la cara para arrancar la grasa de all√≠. Entonces, conlas manos sucias una vezm√°s, las frot√≥de nuevoenlas paredes.
Finalmente, exhausta, cay√≥ al suelo y llor√≥ por el dolor que sent√≠a en las manos, por la imposibilidad de limpiarse. Ten√≠a los ojos anegados en llanto. Las l√°grimas le corr√≠an por las mejillas. Se frot√≥ los ojos, las mejillas, ysinti√≥ cu√°nto ensuciabanlas l√°grimas supiel, lo asquerosa que estaba. Supo que seguramente significaba esto: los dioses la hab√≠an juzgado y la hab√≠an encontrado sucia. No merec√≠a vivir. Si no pod√≠a limpiarse, ten√≠a que anularse. Eso los satisfar√≠a. Eso acabar√≠a con la agon√≠a. S√≥lo ten√≠a que encontrar un modo de morir. Dejar de respirar. Su padre lamentar√≠a no haber acudido cuando lo llamaba, pero ella no pod√≠a evitarlo. Ahora estaba bajo el poder de los dioses, yellos la hab√≠anjuzgado indigna para figurar entre los vivos. Despu√©s de todo, ¬Ņqu√© derecho ten√≠a a respirar cuando la puerta de los labios de sumadre hab√≠a dejado de permitir el pasoyla salida del aire durante tantos a√Īos?
Pens√≥ primero en usar la t√ļnica, met√©rsela en la boca a fin de que le impidiera respirar, o at√°rsela alrededor del cuello para ahogarse, pero estaba demasiado sucia, demasiado cubierta de grasa para cogerla. Tendr√≠a que encontrar otra forma.
Qing-jao se acercó a la pared, se apretó contra ella. Madera fuerte. Se echó atrás yse golpeó la cabeza contra la madera. El dolor la atravesó; aturdida, cayó hasta quedar sentada en el suelo. Le dolía la cabeza por dentro. La habitación giraba lentamente a su alrededor. Por un momento, olvidó la suciedadde sus manos.
Pero el alivio no duró mucho. Distinguió en la pared un lugar levemente más oscuro donde la grasa de sufrente interrumpía la superficie brillantemente pulida. Los dioses hablaronensuinterior, insistiendoenque estaba tansucia comosiempre. Unpocode dolor nopodría reparar suindignidad.
Otra vezse golpe√≥ la cabeza contra la pared. Sinembargo, ahora no hubo tanto dolor. Una yotra vez, pero ahora advirti√≥ que contra su voluntad su cuerpo retroced√≠a ante el golpe, rehusando causarse mucho da√Īo. Esto la ayud√≥ a comprender por qu√© los dioses la encontrabantanindigna: era demasiado d√©bil para lograr que sucuerpo obedeciera. Bien, no estaba indefensa. Pod√≠a enga√Īar a su cuerpohasta someterlo.
Seleccionó la más alta de las estatuas, que tenía unos tres metros de altura. Era un vaciado en bronce de un hombre en plena carrera que alzaba una espada por encima de su cabeza. Había suficientes ángulos, curvas yproyecciones para poder escalarla. Sus manos seguíanresbalando, pero perseveró hasta que logró mantenerse sobre los hombros de la estatua, agarrándose a su tocado con una manoya la espada conla otra.
Durante un instante, al tocar la espada, pens√≥ en intentar cortarse la garganta con ella. Eso detendr√≠a surespiraci√≥n, ¬Ņno? Pero la hoja era falsa. No estaba afilada, yno podr√≠a introduc√≠rsela en el cuello enel √°ngulo adecuado.As√≠ que volvi√≥ al planoriginal. Inspir√≥ profundamente varias veces, luego entrecruz√≥ las manos a la espalda y se inclin√≥ hacia delante. Aterrizar√≠a de cabeza. Eso acabar√≠a consusuciedad.
Sinembargo, mientras el suelo se precipitaba hacia arriba, perdió el control de sí misma. Gritó: sintió que las manos se soltabande suespalda yse abalanzabanhacia delante para intentar detener su caída. Demasiadotarde, pensóconsombría satisfacción,yentonces sucabeza chocócontra el sueloy todose sumióenla oscuridad.
Qing-jao despert√≥ con una molestia sorda en el brazo y un dolor agudo en la cabeza cada vez que se mov√≠a, pero estaba viva. Cuando consigui√≥ abrir los ojos vio que la habitaci√≥n estaba m√°s oscura. ¬ŅEra de noche enel exterior? ¬ŅCu√°nto tiempo hab√≠a permanecido inconsciente? No era capaz de mover el brazo izquierdo, el que le dol√≠a; descubri√≥ una fea magulladura roja enel codo ypens√≥ que deb√≠a de hab√©rseloroto al caer.
Vio tambiénque todavía tenía las manos manchadas de grasa ysintió suinsoportable suciedad: el juicio de los dioses contra ella. No tendría que haber intentado matarse, después de todo. Los dioses nole permitiríanescapar tanfácilmente a sujuicio.
¬ó¬ŅQu√© puedohacer? ¬ógimi√≥¬ó. ¬ŅC√≥mopuedoestar limpia ante vosotros, oh,dioses? ¬°Li Qing¬≠jao, mi antepasada-del-coraz√≥n, mu√©strame c√≥mo hacerme digna de recibir el amable juicio de los dioses!
Lo que de inmediato le vino a la mente fue la canci√≥nde amor de Li Qing-jao, Separaci√≥n. Era una de las primeras que supadre le hab√≠a hechomemorizar cuando s√≥loten√≠a tres a√Īos,pocoantes de que, junto con su madre, le dijera que √©sta iba a morir. Era exactamente adecuada ahora, pues ¬Ņno estaba separada de la voluntad de los dioses? ¬ŅNo necesitaba reconciliarse con ellos para que la recibierancomouna de las aut√©nticas agraciadas?
alguien ha enviado
una nota de amor
con líneas de gansos que regresan
y mientras la luna llena
mi habitación al oeste
mientras los pétalos danzan
sobre el ondulante arroyo
pienso de nuevo en ti
en los dos
viviendo una tristeza
separados
un dolor que no puede desaparecer
sin embargo cuando mi mirada baja
mi corazón se alza

La luna que llenaba la habitaci√≥n oeste le dijo que el destinatario de este poema se trataba realmente de un dios, no de un amante com√ļn: las referencias al oeste siempre significaban que los dioses estabanimplicados. Li Qing-jao hab√≠a respondido a la plegaria de la peque√Īa HanQing-jao y le hab√≠a enviado este poema para decirle c√≥mo curar el dolor que no pod√≠a desaparecer, la suciedad de sucarne.
¬ę¬ŅQu√© es la nota de amor? ¬ópens√≥ Qing-jao¬ó. L√≠neas de gansos que regresan¬Ö, pero no hay gansos enesta habitaci√≥n. P√©talos danzandosobre unondulante arroyo¬Ö,peroaqu√≠ nohayp√©talos, ni arroyo alguno. Sin embargo, cuando mi mirada baja, mi coraz√≥nse alza.¬Ľ √Čsta era la clave, √©sta era la respuesta, lo sab√≠a. Lenta, cuidadosamente, Qing-jao gir√≥ sobre suvientre. Una vez, cuando intent√≥ apoyar su peso en la mano izquierda, el codo cedi√≥ y un dolor intens√≠simo casi le hizo perder de nuevo el sentido. Por finse arrodill√≥, la cabeza gacha, apoy√°ndose enla mano derecha. Mirar hacia abajo. El poema promet√≠a que estopermitir√≠a que sucoraz√≥nse alzara.
No se sent√≠a mejor, sino sucia todav√≠a, dolorida a√ļn. Al mirar hacia abajo no vio nada m√°s que las tablas pulidas del suelo, la veta de la madera formando l√≠neas onduladas que se extend√≠an de entre sus rodillas hacia fuera,hasta el mismoextremode la habitaci√≥n.
L√≠neas. Las l√≠neas de la veta de la madera, l√≠neas de gansos. ¬ŅY no pod√≠an los dibujos de la madera interpretarse como un arroyo ondulante? Deb√≠a seguir estas l√≠neas como los gansos; deb√≠a bailar sobre estos ondulantes arroyos como un p√©talo. Eso era lo que promet√≠a la respuesta: cuando bajara la mirada,sucoraz√≥nse alzar√≠a.
As√≠ que empez√≥ a seguir la l√≠nea, cuidadosamente, hasta la pared. Unpar de veces se movi√≥ tan r√°pidamente que la perdi√≥, olvid√≥ cu√°l era. Pero pronto volvi√≥ a encontrarla, o eso pens√≥, yla sigui√≥ hasta la pared. ¬ŅEra suficientemente bueno? ¬ŅEstabansatisfechos los dioses?
Casi, pero no del todo… No podía estar segura de que cuando sumirada había perdido la línea hubiera regresado a la adecuada. Los pétalos no saltan de arroyo en arroyo. Tenía que seguir la adecuada, en toda su longitud. Esta vez empezó en la pared y agachó profundamente la cabeza, para que sus ojos no se distrajeran ni siquiera por el movimiento de su mano derecha. Se arrastró centímetro a centímetro, sin permitirse parpadear siquiera, a pesar de que los ojos le ardían. Sabía que si perdía la veta que estaba siguiendo tendría que regresar y empezar de nuevo. Tenía que hacerloa la perfecciónoel ritual perdería todo supoder para limpiarla.
Tardó una eternidad. Sí parpadeó, pero no al azar, por accidente. Cuando los ojos le quemaban demasiado, se inclinaba hasta que suojo estaba directamente sobre la veta. Entonces cerraba el otro ojo durante un instante. Cuando el ojo derecho estaba aliviado, lo abría, y lo colocaba directamente sobre la línea de la madera, y cerraba el izquierdo. De esta forma, pudo cruzar media habitación, hasta que la tabla terminóyse encontróconotra.
No estaba segura de que esto bastara, si debía acabar en esa tabla o encontrar otra veta que continuar. Hizo ademánde levantarse, probando a los dioses, para ver si estabansatisfechos. Medio se levantó,nosintiónada. Se incorporódel todoyse sintió tranquila.
¬°Ah! Estaban satisfechos, estaban complacidos con ella. Ahora la grasa de su piel no parec√≠a m√°s que un poco de aceite. No hab√≠a necesidad de lavarse, no en este momento, pues hab√≠a encontrado otro modo de purificarse, otra forma para que los dioses le mostraran disciplina. Lentamente, se tendi√≥ de nuevo en el suelo, sonriendo, sollozando suavemente de alegr√≠a. ¬ęLi Qing¬≠jao, mi antepasada-del-coraz√≥n, gracias por mostrarme la forma.Ahora he sido unida a los dioses: la separaci√≥n se ha acabado. Madre, de nuevo estoy conectada contigo, limpia y digna. Tigre Blanco del Oeste, ahora soylobastante pura para tocar tupiel ynodejar ninguna marca de suciedad.¬Ľ
Entonces unas manos la tocaron. Las manos de su padre, que la levantaba. Unas gotas de agua cayeronsobre surostro,sobre la piel desnuda de sucuerpo: las l√°grimas de supadre.
—Estás viva —sollozó—. Mi agraciada, querida mía, hija mía, vida mía, Gloriosamente Brillante,sigues brillando.
Más tarde se enteró de que su padre tuvo que ser atado y amordazado durante la prueba, que cuando subió a la estatua e hizo ademán de apretar su garganta contra la espada se abalanzó hacia delante contanta fuerza que susilla cayó yse golpeó la cabeza contra el suelo. Esto se consideró una gran merced, pues no vio su terrible caída desde la estatua. Lloró por ella todo el tiempo que permaneció inconsciente. Yluego, cuando se arrodilló yempezó a seguir las vetas de la madera del suelo,fue quiencomprendiólo que significaba.
—Mirad —susurró—. Los dioses le handadouna tarea. Los dioses le estánhablando.
Los otros fueronlentos enreconocerlo, porque nunca antes hab√≠anvisto a nadie seguir las vetas de la madera. No estaba en el Cat√°logo de Voces de los Dioses: Esperar-ante-la-puerta, Contar¬≠m√ļltiplos-de-cinco, Contar-objetos, Buscar-asesinatos-accidentales, Arrancarse-las-u√Īas, Ara√Īarse¬≠la-piel, Arrancarse-el-pelo, Morder-piedras, Sacarse-los-ojos¬Ö se sab√≠a que todas √©sas eran penas que los dioses demandaban, rituales de obediencia que limpiabanel alma de los agraciados para que los dioses pudieran llenar sus mentes de sabidur√≠a. Nadie hab√≠a visto jam√°s Seguir-vetas-en-la¬≠madera. Sin embargo, su padre comprendi√≥ lo que estaba haciendo, nombr√≥ el ritual, y lo a√Īadi√≥ al Cat√°logo de Voces. Llevar√≠a su nombre, Han Qing-jao, como la primera en recibir la orden de los dioses para la ejecuci√≥nde ese rito. Eso la hac√≠a muyespecial.
Igual que sus recursos para intentar encontrar maneras de limpiarse las manos y, m√°s tarde, matarse. Muchos hab√≠an intentado frotarse las manos en las paredes, naturalmente, y la mayor√≠a intentaban hacerlo en la ropa. Pero frotar las manos para acumular el calor de la fricci√≥n fue considerado algo raro e inteligente. Y aunque golpearse la cabeza era com√ļn, subir a una estatua y saltar para caer de cabeza era muy raro. Y nadie que lo hubiera hecho antes fue lo bastante fuerte para mantener las manos a la espalda tanto tiempo. El templo pronto hirvi√≥ conla noticia yel hecho se esparci√≥ por todos los templos del Sendero.
Fue un gran honor para Han Fei-tzu, por supuesto, que su hija fuera tan poderosamente pose√≠da por los dioses. Y la historia de su arrebato cercano a la locura cuando ella intentaba destruirse se extendi√≥ casi conla misma rapidezyconmovi√≥ muchos corazones. ¬ęPuede que sea el m√°s grande de los agraciados, pero ama a suhija m√°s que a la vida¬Ľ, se dec√≠a de √©l. Esto hizo que lo amarantanto comoya loreverenciaban.
Entonces la gente empezó a rumorear acerca de la posible cualidadde dios de HanFei-tzu.
¬óEs grande y tan fuerte que los dioses lo escuchar√°n ¬ódec√≠an aquellos que lo apreciaban¬ó. Sin embargo, es tan cari√Īoso que siempre amar√° a la gente del planeta Sendero, e intentar√° beneficiarnos. ¬ŅNoes as√≠ comodeber√≠a ser el dios de unmundo?
Por supuesto, resultaba imposible decidir ahora: un hombre no pod√≠a ser elegido dios de una aldea, mucho menos de unplaneta entero, hasta que muriera. ¬ŅC√≥mo se pod√≠a juzgar qu√© tipo de dios ser√≠a,hasta que fuera conocida toda suvida, de principioa fin?
Estos rumores llegaron muchas veces a oídos de Qing-jao a medida que iba creciendo, y el conocimiento de que su padre bien podría ser elegido dios de Sendero se convirtió en uno de los faros de su vida. Pero en ese momento, y eternamente en su memoria, recordó que sus manos fueron las que llevaron su cuerpo magullado y retorcido al lecho sanador, sus ojos los que derramaron cálidas lágrimas sobre sufría piel,suvozla que susurró enlos hermosos tonos apasionados del viejo lenguaje:
¬óQuerida m√≠a, mi Gloriosamente Brillante, nunca apartes tu luz de mi vida. Pase lo que pase, nunca te causes da√Īoa ti misma o seguroque morir√©.