2 - Reunion

¬čEs normal que pienses as√≠. Vuestros machos no son m√°s que z√°nganos sin mente, extensiones de ti mismo, sin identidad propia.¬õ ¬čConocemos a nuestros amantes a la perfecci√≥n. Los humanos inventan un amante imaginario y colocan una m√°scara sobre el rostro del cuerpo que est√° en su como.¬õ
¬č√Čsa es la tragedia del lenguaje, amiga m√≠a. Los que se conocen solamente a trav√©s de representaciones simb√≥licas est√°n obligados a imaginarse unos a otros. Y como la imaginaci√≥n es imperfecta, a menudo se equivocan.¬õ
¬č√Čsa es la fuente de su infelicidad.¬õ
¬čY de su fuerza, me parece. Tu pueblo y el m√≠o, cada uno por nuestros propios motivos evolutivos, se emparejan con compa√Īeros enormemente distintos. Nuestros machos son siempre, desgraciadamente, nuestros inferiores intelectuales. Los humanos se emparejan con seres que desaf√≠an su supremac√≠a. Tienen conflictos entre machos no porque su comunicaci√≥n sea inferior o la nuestra, sino porque se comunican entre ellos.¬õ
Valentine Wiggin repasó su ensayo, haciendo unas cuantas correcciones acá y allá. Cuando terminó, las palabras gravitaronenel aire sobre el terminal de suordenador. Se sentía satisfecha por haber escrito unanálisis irónico tancertero del carácter personal de Rymus Ojman, el presidente del gabinete del Congreso Estelar.
¬ó¬ŅHemos terminadootro ataque a los amos de los CienMundos?
Valentine no se volvi√≥ para mirar a sumarido: sab√≠a por suvozla expresi√≥nexacta que tendr√≠a enla cara,ypor eso le sonri√≥sinvolverse. Despu√©s de veinticincoa√Īos de matrimonio,pod√≠anverse claramente sintener que mirarse.
—Hemos hechoque Rymus Ojmanparezca ridículo.
Jakt se asomó a su diminuto cubículo, la cara tan cerca de la de ella que Valentine percibió su suave respiración mientras el hombre leía los primeros párrafos. Ya no era joven: el esfuerzo de asomarse a su despacho, apoyando las manos en el marco de la puerta, le hacía respirar más rápidamente de loque le gustaba oír.
Entonces habló, pero con la cara tancerca de la suya que sintió sus labios rozarle la mejilla, y
cada palabra le hizo cosquillas. Apartir de ahora inclusosumadre se reirá a escondidas cada vezque vea al pobre infeliz. —Fue difícil hacerlogracioso —dijoValentine—. Nopodía evitar denunciarlouna yotra vez. —Estoes mejor. —Oh, lo sé. Si hubiera dejado que se notara mi furia, si le hubiera acusado de todos sus crímenes, le habría hecho parecer más formidable y aterrador, y la Facción Legisladora lo habría
amado a√ļnm√°s,ylos cobardes de todos los mundos se habr√≠aninclinadotodav√≠a m√°s ante √©l.
—Para poder inclinarse más tendránque comprar alfombras más finas —comentóJakt.
Ella se echó a reír, pero debido a que el cosquilleo de sus labios sobre la mejilla se volvía insoportable. También empezaba, sólo un poco, a atormentarse con deseos que simplemente no podíanser satisfechos eneste viaje. La nave espacial era demasiado reducida yapretada, contoda su familia a bordo,para disfrutar de intimidadreal alguna.
¬óJakt, ya casi estamos en la mitad del viaje. Nos hemos abstenido m√°s tiempo durante la
carrera mishmishde todos los a√Īos.
—Podríamos colgar uncartel enla puerta yque noentre nadie.
¬óYtambi√©ncolocar otroque dijera: ¬ęPareja mayor desnuda reviviendoviejos recuerdos¬Ľ.
¬óNo soymayor.
¬óTienes m√°s de sesenta a√Īos.
¬óSi el viejo soldado puede mantenerse firme y saludar, lo mejor es dejarle participar en el desfile.
—Nada de desfiles hasta que el viaje termine. Sólo son un par de semanas más. Sólo tenemos que completar el encuentroconel hijoadoptivode Ender yluegoestaremos rumboa Lusitania.
Jaktse apart√≥ de ella, la sac√≥del despachoypermaneci√≥erguidoenel pasillo,unode los pocos lugares de la nave donde pod√≠a hacerlo. No obstante,gru√Ī√≥al adoptar esa postura.
—Crujes como una vieja puerta oxidada —observó Valentine.
¬óTe he o√≠do hacer los mismos sonidos al levantarte. No soy el √ļnico viejo chocho, senil,
decrépitoylamentable de la familia.
—Lárgate ydéjame transmitir esto.
—Estoy acostumbrado a tener trabajo que hacer en los viajes —protestó Jakt—. Aquí los
ordenadores lohacentodo,yesta nave nunca cabecea o se zambulle enel mar.
¬óLee unlibro.
—Estoypreocupadopor ti. Muchotrabajoynada de diversiónte convertiránenuna vieja bruja.
—Cada minutoque pasamos aquí charlandosonochohoras ymedia entiemporeal.
—El tiempo que pasamos enesta nave es tanreal como el tiempo de ellos ahí fuera —dijo Jakt —. A veces desearía que los amigos de Ender no hubieran encontrado un medio para que nuestra nave mantenga unenlace colateral.
—Requiere un montón de tiempo de ordenador —alegó Val—. Hasta ahora, sólo los militares podíancomunicarse conlas naves estelares durante el vuelo a velocidad cercana a la de la luz. Si los amigos de Ender puedenconseguirlo,entonces les debo el usarlo.
¬óNo haces todoestoporque le debas nada a nadie.
—Si escribo un ensayo cada hora, Jakt, eso significa que para el resto de la humanidad Demóstenes sóloestá publicandoalgocada tres semanas.
¬óNo es posible que escribas unensayo cada hora. Duermes,comes.
¬óYt√ļhablas yyo escucho. M√°rchate,Jakt.
—Si hubiera sabidoque salvar a unplaneta de la destrucciónsignificaría tener que regresar a un estadode absoluta castidad,nunca habría accedido a hacerlo.
√Čl s√≥lo bromeaba a medias. Dejar Trondheimfue una dura decisi√≥npara toda la familia;incluso para ella, a pesar de que sab√≠a que iba a ver de nuevo a Ender. Sus hijos erantodos adultos ahora, o
casi: considerabaneste viaje como una granaventura. Sus visiones del futuro no estabanatadas a un lugar concreto. Ninguno de ellos se había convertido enmarino, como supadre. Todos eraneruditos
o cient√≠ficos, y viv√≠an la vida del discurso p√ļblico y la contemplaci√≥n privada, como su madre. Pod√≠anseguir viviendo sus vidas, sinning√ļncambio sustancial, pr√°cticamente encualquier parte, en cualquier mundo. Jakt estaba orgulloso de ellos, pero decepcionado de que la cadena de la familia, que se remontaba a siete generaciones en los mares de Trondheim, terminara con √©l. Y ahora, por ella, Jakt hab√≠a renunciado al mar mismo. Renunciar a Trondheim era lo m√°s duro que ella podr√≠a haberle pedido, y√©l hab√≠a aceptadosinvacilaci√≥n.
Tal vez regresar√≠a alg√ļn d√≠a y si lo hac√≠a, los oc√©anos, el hielo, las tormentas, los peces, los dulces prados desesperadamente verdes del verano estar√≠an todav√≠a all√≠. Pero sus tripulaciones habr√≠an desaparecido, hab√≠an desaparecido ya. Los hombres a quienes conoc√≠a mejor que a sus propios hijos, mejor que a su esposa, ten√≠an ya quince a√Īos m√°s, y cuando regresara, si lo hac√≠a, habr√≠antranscurrido otros cuarenta a√Īos. Sus nietos estar√≠antripulando los barcos para entonces. No sabr√≠anel nombre de Jakt. Ser√≠a unarmador extranjero, venido del cielo, no unmarino, no unhombre conel hedor yla sangre amarillenta de los strika enlas manos. No ser√≠a unode ellos.
Por eso, cuando se quejaba de que ella lo estaba ignorando, cuando bromeaba sobre sufalta de intimidad durante el viaje, hab√≠a algo m√°s que el deseo juguet√≥n de un esposo maduro. Supiera √©l o no lo que dec√≠a, ella comprend√≠a el verdadero significado de sus palabras: ¬ęDespu√©s de todo lo que he dejadopor ti,¬Ņnotienes nada que darme?¬Ľ.
Y ten√≠a raz√≥n: ella se estaba esforzando m√°s de lo necesario. Hac√≠a m√°s sacrificios de los precisos, y ped√≠a demasiado tambi√©n de √©l. Lo importante no era el n√ļmero absoluto de ensayos subversivos que Dem√≥stenes publicara durante este viaje, sino cu√°nta gente leer√≠a y creer√≠a lo que ella escrib√≠a, y cu√°ntos de ellos pensar√≠an, hablar√≠an y actuar√≠an como enemigos del Congreso Estelar. Tal vez m√°s importante era la esperanza de que alguien dentro de la burocracia del propio Congreso llegara a sentir un lazo m√°s fuerte con la humanidad y rompiera su enloquecedora solidaridad institucional. Seguramente, algunos cambiar√≠antras leer lo que ella escrib√≠a. No muchos, pero tal vez los suficientes. Y tal vez suceder√≠a a tiempo de impedirles que destruyeran el planeta Lusitania.
De lo contrario, Jakt, ella y los que hab√≠an renunciado a tanto para acompa√Īarlos en este viaje desde Trondheimllegar√≠an a Lusitania justo a tiempo de dar media vuelta y huir¬Ö o ser destruidos junto contodos los dem√°s habitantes de ese planeta. No era de extra√Īar que Jaktestuviera nervioso y quisiera pasar m√°s tiempo conella. Lo absurdo era que ella se mostrara tanencerrada ens√≠ misma y se pasara todoel tiempoescribiendopropaganda.
—Ve haciendoel cartel para la puerta,yyome aseguraré de que noestés soloenla habitación.
—Mujer,haces que mi corazónaletee comounlenguadomoribundo —dijoJakt.
¬óEres muy rom√°ntico cuando hablas como un pescador ¬ódijo Valentine¬ó. Los chicos se reir√°n con ganas cuando se enteren de que no pudiste mantenerte casto ni siquiera durante las tres semanas de este viaje.
—Tienen nuestros genes. Deberían desear que estemos bien fuertes hasta que hayamos entrado
ennuestro segundosiglo. ¬óYo tengom√°s de cuatromilenios. ¬ó¬ŅCu√°ndo,oh,cu√°ndopuedo esperarte enmi camarote, bella anciana? ¬óCuando haya transmitidoeste ensayo. ¬ó¬ŅYcu√°ntotardar√°s?
—Unratitodespués de que te marches yme dejes enpaz.
Conunprofundo suspiro que era m√°s teatro que tristeza verdadera, √©l se march√≥ dando zancadas sobre el corredor alfombrado. Unmomentodespu√©s se produjounsonido met√°licoyella le oy√≥ gritar de dolor. Era broma, naturalmente: se hab√≠a dado un golpe accidental en la cabeza con la viga met√°lica el primer d√≠a de viaje, pero desde entonces sus colisiones hab√≠an sido deliberadas, buscando un efecto c√≥mico. Nadie se re√≠a en voz alta, desde luego (era una tradici√≥n familiar no re√≠rse cuando Jakt ejecutaba una de sus bromas f√≠sicas), pero √©l tampoco era el tipo de hombre quenecesita apoyo por parte de los dem√°s. √Čl mismo era su mejor p√ļblico: un hombre no pod√≠a ser marino yl√≠der de otros hombres toda la vida sinbastarse a s√≠ mismo. Por lo que Valentine sab√≠a, sus hijos yella eranlas √ļnicas personas que se hab√≠a permitidonecesitar.
Incluso as√≠, no los necesitaba tanto como para no poder continuar con su vida de marino y pescador y estar fuera de casa durante d√≠as, a menudo semanas, con frecuencia meses seguidos. Al principio Valentine lo acompa√Īaba algunas veces, cuando se deseaban tanto mutuamente que nunca estabansatisfechos. Pero conlos a√Īos suansia hab√≠a dado paso a la paciencia yla confianza;cuando √©l estaba fuera, ella investigaba y se entregaba a sus libros, y cuando volv√≠a dedicaba toda su atenci√≥na Jaktylos ni√Īos.
√Čstos sol√≠an quejarse: ¬ęOjal√° pap√° estuviera en casa, para que as√≠ mam√° saliera de su habitaci√≥n y volviera a hablarnos¬Ľ. ¬ęNo he sido demasiado buena madre ¬ópens√≥ Valentine¬ó. Los ni√Īos hansalidotanbuenos por pura suerte.¬Ľ
El ensayo segu√≠a gravitando enel aire sobre el terminal. S√≥lo quedaba por dar un√ļltimo toque.Centr√≥el cursor al pie ytecle√≥el nombre bajoel que se publicabansus escritos: DEM√ďSTENES
Era un nombre que le hab√≠a dado su hermano mayor, Peter, cuando los dos eran ni√Īos hac√≠a cincuenta¬Ö,no, hac√≠a ya tres mil a√Īos.
El mero hecho de pensar enPeter ya la trastornaba, le hac√≠a sentir fr√≠o ycalor por dentro. Peter, el cruel, el violento, cuya mente era tan sutil y peligrosa que cuando ten√≠a dos a√Īos la manipulaba a ella ycuando ten√≠a veinte al mundo entero. Cuando todav√≠a eranni√Īos enla Tierra, enel siglo XXII, √©l estudi√≥ los escritos pol√≠ticos de grandes hombres y mujeres, vivos y muertos, no para captar sus ideas (que comprend√≠a al instante), sino para aprender c√≥mo las dec√≠an. Para saber, en t√©rminos pr√°cticos, hablar como un adulto. Cuando domin√≥ el tema, ense√Ī√≥ a Valentine y la oblig√≥ a escribir demagogia barata bajo el nombre de Dem√≥stenes mientras √©l redactaba elevados ensayos dignos de un hombre de estado que firmaba con el nombre de Locke. Luego los enviaron a las redes inform√°ticas yencuesti√≥nde unos cuantos a√Īos estuvieronenel centro de los m√°s importantes temas pol√≠ticos del momento.
Lo que amargaba a Valentine entonces (ytodavía le escocía unpoco hoy, ya que nunca se había resuelto antes de que Peter muriera) era que él, consumido por el ansia de poder, la había obligado a ella a escribir aquello que expresaba el carácter de él, mientras él se dedicaba a escribir sentimientos elevados y amantes de la paz que procedían de Valentine por naturaleza. En aquellos días, el nombre de Demóstenes le parecióuna carga terrible. Todolo que escribióbajo aquel nombre era mentira,yni siquiera suya propia,sinode Peter. Una mentira dentrode otra.
¬ęAhora no. No desde hace tres mil a√Īos. El nombre es m√≠o. He escrito historias ybiograf√≠as que han configurado el pensamiento de millones de eruditos en los Cien Mundos y ayudado a definir las identidades de docenas de naciones. Te lo merec√≠as, Peter. Te lo merec√≠as por lo que intentaste hacer de m√≠.¬Ľ
Pero ahora, al mirar el ensayo que acababa de escribir, advirtió que seguía siendo alumna de Peter a pesar de haberse librado de su dominio. Todo lo que sabía de retórica, polémica (sí, de demagogia), lo había aprendido de él o de su insistencia. Y ahora, aunque lo usaba para una causa noble,efectuaba exactamente el mismotipode manipulaciónpolítica que tanto adoraba Peter.
Peter hab√≠a llegado a convertirse enHegem√≥n, legislador de toda la humanidad durante sesenta a√Īos al principio de la GranExpansi√≥n. Fue quienuni√≥ a todas las comunidades humanas enlucha a favor del vasto esfuerzo que envi√≥ naves estelares a todos los mundos donde los insectores hab√≠an vivido con anterioridad, y luego a descubrir m√°s mundos habitables hasta que, cuando muri√≥, los Cien Mundos hab√≠an sido colonizados o ten√≠an naves que iban en camino. Tuvieron que transcurrir otros mil a√Īos, por supuesto, antes de que el Congreso Estelar uniera una vez m√°s a toda la humanidad bajo un gobierno, pero el recuerdo del primer verdadero Hegem√≥n (el Hegem√≥n), estaba enel coraz√≥nde la historia que hac√≠a posible la unidad de la humanidad.
De undesiertomoral comoel alma de Peter surgióla armonía,la unidadyla paz.
Encambio,el legadode Ender, seg√ļnrecordaba la humanidad,era muerte,asesinato,xenocidio.
Ender, el hermano menor de Valentine, el hombre al que iban a ver, era el m√°s delicado, el hermano a quien amaba y a quien en los primeros a√Īos intent√≥ proteger. Era el bueno. Oh, s√≠, ten√≠a una veta implacable que rivalizaba con la de Peter, pero tambi√©n la decencia de sentirse asustado ante su propia brutalidad. Ella lo amaba tan fervientemente como odiaba a Peter, y cuando Peter exili√≥ a su hermano menor de la Tierra que anhelaba gobernar, Valentine se march√≥ con Ender, en repudiodefinitivoa la hegemon√≠a personal que Peter ejerc√≠a sobre ella.
¬ęYaqu√≠ estoyde nuevo ¬ópens√≥ Valentine¬ó,de vuelta a la pol√≠tica.¬Ľ
—Transmite —indicó bruscamente, en el tono entrecortado que anunciaba al terminal que le estaba dandouna orden.
La palabra transmitiendo apareci√≥ en el aire sobre el ensayo. Normalmente, cuando redactaba trabajos eruditos, ten√≠a que especificar un destino, enviar el ensayo a un editor a trav√©s de alg√ļn camino tortuoso para que nadie pudiera relacionarlo f√°cilmente con Valentine Wiggin. Ahora, sin embargo, una amiga subversiva de Ender, trabajando bajo el nombre en c√≥digo de ¬ęJane¬Ľ, se encargaba de eso por ella, recurriendo a todos los trucos para convertir un mensaje del ansible de una nave que viajaba casi a la velocidadde la luzenunmensaje legible enunansible planetariocuyo patr√≥ntemporal transcurr√≠a m√°s de cincoveces m√°s,r√°pido.
Ya que comunicarse con una nave estelar devoraba grandes cantidades de tiempo ansible planetario, normalmente se recurr√≠a a este procedimiento s√≥lo para informaci√≥n e instrucciones de navegaci√≥n. Las √ļnicas personas a las que se les permit√≠a enviar mensajes extensos eran los altos oficiales del gobierno o el ej√©rcito. Valentine no era capazde comprender c√≥mo Jane consegu√≠a tanto tiempo de ansible para esas transmisiones de textos, y al mismo tiempo lograba que nadie descubriera de d√≥nde proced√≠anaquellos documentos subversivos. A√ļnm√°s, Jane usaba m√°s tiempo de ansible transmiti√©ndole las respuestas publicadas a sus escritos, inform√°ndola de todos los argumentos y estrategias que el gobierno usaba para contrarrestar la propaganda de Valentine. Quienquiera que fuese Jane (y Valentine sospechaba que Jane era simplemente el nombre de una organizaci√≥n clandestina que hab√≠a penetrado los niveles m√°s altos del gobierno), era extraordinariamente h√°bil. Y extraordinariamente audaz. Sin embargo, si Jane estaba dispuesta a descubrirse (a descubrirlos),corriendotanaltos riesgos,Valentine le deb√≠a (les deb√≠a) la producci√≥n de tantos documentos como pudiera ytanimpactantes ypeligrosos comopudiera hacerlos.
¬ęSi las palabras puedenser armas letales, debo proporcionarles unarsenal.¬Ľ
Pero segu√≠a siendo una mujer: incluso los revolucionarios tienenderecho a tener una vida, ¬Ņno?
Momentos de alegr√≠a, o placer, o quiz√° tan s√≥lo de alivio, robados aqu√≠ y all√°. Se levant√≥ de su asiento, ignorando el dolor que le produc√≠a moverse despu√©s de estar sentada tanto tiempo, y sali√≥ retorci√©ndose de la diminuta oficina: una cabina de almacenamiento, en realidad, antes de que convirtieran la nave espacial para su propio uso. Se sinti√≥ un poco avergonzada por lo ansiosa que estaba de llegar a la habitaci√≥n donde la esperaba Jakt. La mayor√≠a de los grandes propagandistas revolucionarios de la historia habr√≠an podido soportar al menos tres semanas de abstinencia f√≠sica. ¬Ņ0no? Se pregunt√≥si alguienhabr√≠a hecho unestudiode ese tema enconcreto.
Todav√≠a estaba imaginando c√≥mo un investigador podr√≠a escribir una propuesta para una beca sobre un proyecto de esa envergadura cuando lleg√≥ al compartimento con los cuatro camastros que compart√≠a con Syfte y su marido, Lars, que se le hab√≠a declarado s√≥lo unos d√≠as antes de que se marcharan, encuanto advirti√≥ que Syfte iba a abandonar realmente Trondheim. Era duro compartir un camarote con reci√©n casados: Valentine siempre se sent√≠a como una intrusa al usar la misma habitaci√≥n. Pero no hab√≠a otra elecci√≥n. Aunque esta nave era un yate de recreo, con todas las comodidades que pod√≠an esperar, no hab√≠a sido dise√Īada para tanta gente. Era la √ļnica nave en Trondheimque resultaba remotamente adecuada,as√≠ que tuvieronque contentarse.
Su hija de veinte a√Īos, Ro, y Varsam, su hijo de diecis√©is, compart√≠an otro camarote con Plikt, sututora de toda la vida yuna apreciada amiga de la familia. Los miembros de la tripulaci√≥ndel yate que hab√≠andecidido hacer el viaje conellos (habr√≠a sido un error despedirlos a todos y dejarlos en Trondheim) usaban los otros dos. El puente, el comedor, la bodega, el sal√≥n, los camarotes¬Ö, todo estaba atestado de gente que se esforzaba al m√°ximo para no dejar que la incomodidad por la falta de espaciose les escapara de las manos.
Sinembargo, ninguno de ellos estaba ahora enel pasillo, yJakt había pegado ya uncartel enla puerta:
QU√ČDATE FUERA O MUERE
Estaba firmado: ¬ęEl propietario¬Ľ. Valentine abri√≥ la puerta. Jaktestaba apoyado contra la pared
tancerca de la puerta que ella se asustóysoltóungritito.
—Cuántome alegra saber que mi sola visiónpuede hacerte gritar de placer.
¬óDe espanto.
¬óPasa,mi dulce sediciosa.
¬ó¬ŅSabes? T√©cnicamente soyla propietaria de esta nave.
—Loque es tuyoes mío. Me casé contigopor tus propiedades.
Ella entróenel compartimento. Jaktcerróla puerta yla selló.
¬ó¬ŅEsoes todo loque soypara ti? ¬ópregunt√≥ ella¬ó. ¬ŅBienes ra√≠ces?
—Untrocito de terreno enel que puedo arar yplantar ycosechar, todo ensuestaciónadecuada
—extendió la mano hacia Valentine, yella se echó ensus brazos. Suavemente, deslizó las manos por
suespalda, le acariciólos hombros. Ella se sentía contenida ensuabrazo,nunca confinada.
¬óEl oto√Īo se acaba-coment√≥ella¬ó. Nos acercamos al invierno.
—Tiempo de desbrozar, tal vez —contestó Jakt—. O tal vezya sea hora de encender el fuego y
mantener c√°lida la vieja caba√Īa antes de que lleguenlas nieves.
La besó,yfue comola primera vez.
—Si hoyvolvieras a pedirme que me casara contigo,te diría que sí —dijoValentine.
—Si yote hubiera visto hoypor primera vez,te lohabría pedido.
Habíanpronunciado aquellas palabras muchas, muchas veces antes. Sinembargo, oírlas todavía les hacía sonreír, porque seguíansiendociertas.
Las dos naves hab√≠an completado su amplia danza, bailando a trav√©s del espacio con grandes saltos y giros delicados hasta que por fin pudieron encontrarse y tocarse. Miro Ribeira hab√≠a contemplado todo el proceso desde el puente de su nave, los hombros encogidos, la cabeza echada hacia atr√°s sobre el reposacabezas del asiento. Para otras personas, esta postura siempre parec√≠a inc√≥moda. En Lusitania, cada vez que su madre lo ve√≠a sentado de esta forma se acercaba y lo reprend√≠a, e insist√≠a entraerle una almohada para que estuviera c√≥modo. Nunca pareci√≥ comprender que s√≥lo enaquella extra√Īa postura, aparentemente molesta, consegu√≠a que la cabeza se le mantuviera erecta sinning√ļnesfuerzo consciente por suparte.
√Čl soportaba sus reproches porque no merec√≠a la pena discutir con ella. Su madre siempre se mov√≠a ypensaba r√°pidamente,yera casi imposible que frenara el ritmode suvida para escucharlo.
Desde la lesi√≥n cerebral que sufri√≥ al atravesar el campo disruptor que separaba la colonia humana del bosque de los cerdis, su habla se hab√≠a vuelto insoportablemente lenta, dolorosa de producir y dif√≠cil de comprender. Quim, el hermano de Miro, el religioso, le hab√≠a dicho que deb√≠a dar gracias a Dios por poder hablar al menos; los primeros d√≠as fue incapazde comunicarse excepto a trav√©s de un esc√°ner alfab√©tico, deletreando mensajes s√≠mbolo a s√≠mbolo. Sin embargo de alg√ļn modo, el deletreo fue lo mejor. Al menos Miro guardaba silencio, no escuchaba su propia voz. El sonido torpe y pastoso, su agonizante lentitud. ¬ŅQui√©n tuvo en su familia paciencia para escucharlo? Incluso en los que lo intentaron ¬ósu hermano menor, Ela; su amigo y padre adoptivo, Andrew Wiggin, el Portavozde los Muertos;yQuim, por supuesto¬Ö¬ó, pod√≠a sentir suimpaciencia. Tend√≠an a terminar las frases por √©l. Necesitabanapresurar las cosas. Por eso, aunque afirmabanque quer√≠an hablar con √©l, aunque se sentaban y escuchaban mientras √©l hablaba, no pod√≠a dirigirse a ellos libremente. No pod√≠a comunicar ideas: no pod√≠a hablar con frases largas y relacionadas, porque cuando llegaba al final sus oyentes hab√≠anperdidoel hilodel principio.
El cerebro humano, concluy√≥ Miro, era como un ordenador, √ļnicamente puede recibir datos a ciertas velocidades. Si eres demasiado lento, la atenci√≥n del oyente divaga y la informaci√≥n se pierde.
Ynosólola de los oyentes. Miro tenía que ser justo: se impacientaba tantoconsigomismo como conellos. Cuando pensaba enel crudo esfuerzo que implicaba explicar una idea complicada, cuando intentaba formar por anticipado las palabras con unos labios y lengua y mandíbulas que no le obedecían, cuando pensaba en cuánto tiempo requeriría, normalmente se sentía demasiado cansado para hablar. Su mente seguía y seguía corriendo, con la velocidad de siempre, produciendo tantos pensamientos que a veces Miro quería que sucerebro se cerrara, que guardara silencio ylo dejara en paz. Perosus pensamientos continuabansiendopropios,sinque nadie los compartiera.
Excepto conJane. Pod√≠a hablar conJane. Ella le hab√≠a abordado por primera vezenel terminal que ten√≠a en casa, cuando su rostro tom√≥ forma en la pantalla. ¬ęSoy amiga del Portavoz de los Muertos ¬óle dijo¬ó. Creo que podemos hacer que este ordenador sea un poco m√°s adecuado.¬Ľ A partir de entonces, Miro descubri√≥ que Jane era la √ļnica persona conquienpod√≠a hablar f√°cilmente. Para empezar, mostraba una paciencia infinita. Nunca terminaba sus frases. Pod√≠a esperar a que √©l mismo las acabara, ypor esonunca se sent√≠a apremiado,nunca sent√≠a que la estaba aburriendo.
Tal vez m√°s importante todav√≠a, no ten√≠a que formar sus palabras tan completamente para ella como para sus interlocutores humanos. Andrew le hab√≠a dado un terminal personal, un receptor inform√°tico incrustado en una joya como la que el propio Andrew llevaba en el o√≠do. Desde esa perspectiva, usando los sensores de la joya, Jane pod√≠a detectar todos los sonidos que hac√≠a, cada movimiento de los m√ļsculos de sucabeza. Ya no ten√≠a que completar cada sonido, sino comenzarlo, yella comprend√≠a. Pod√≠a ser perezoso. √Čl pod√≠a hablar m√°s r√°pidamente yser comprendido.
Y también podía hablar en silencio. Podía subvocalizar, no tenía que usar aquella voz torpe, molesta y aullante que era todo lo que podía producir ahora su garganta. Cuando hablaba con Jane, podía hablar rápidamente, de modo natural, sinrecordar que estaba lisiado. ConJane podía sentirse él mismo.
Ahora estaba sentado enel puente de la nave de carga que había traído a Lusitania al Portavoz de los Muertos hacía tan sólo unos pocos meses. Temía el encuentro con la nave de Valentine. Si hubiera pensado enotro sitio al que ir, se habría escapado: no sentía el menor deseo de conocer a la hermana de Andrew ni a nadie más. Si pudiera quedarse solo eternamente enla nave, hablando sólo conJane,se habría sentido satisfecho.
No,noera así. Nunca volvería a estar satisfecho.
Como mínimo, esta Valentine y su familia serían gente nueva. En Lusitania conocía a todo el mundo, o al menos a todo el mundo que valoraba: toda la comunidad científica, la gente con educaciónyconocimiento. Los conocía tanbienque no podía dejar de ver sucompasión, supesar, su frustraciónante lo que le había sucedido. Cuando lo miraban, percibía la diferencia entre lo que era antes yloque era ahora. Ellos sóloveíanpérdida.
Existía la posibilidad de que gente nueva (Valentine y su familia) pudieran mirarlo y ver otra cosa.
Sin embargo, era improbable. Los desconocidos lo mirar√≠an y ver√≠an menos, no m√°s, que quienes lo conocieronantes de quedar lisiado.Al menos, sumadre yAndrew yEla yOuanda ytodos los dem√°s sab√≠an que ten√≠a una mente, que era capaz de comprender ideas. ¬ę¬ŅQu√© pensar√°n cuando me vean? Ver√°n un cuerpo que se est√° atrofiando; encorvado; me ver√°n andar con paso torpe; me ver√°n usar las manos como garras, agarrar la cuchara como un ni√Īo de tres a√Īos; oir√°n mi habla pastosa ycasi ininteligible; ysupondr√°n, sabr√°n, que una persona as√≠ no puede comprender nada que sea complicado odif√≠cil.
¬ŅPor qu√© he venido?
No he venido. Me fui. No ven√≠a a encontrarme con esta gente. Me marchaba de all√≠. Escapaba. S√≥lo que me enga√Ī√© a m√≠ mismo. Pens√© en marcharme en un viaje de treinta a√Īos, que es s√≥lo como les parecer√° a ellos. Para m√≠ √ļnicamente ha transcurrido una semana y media. Eso no es tiempo ninguno. Ymi soledad ya se ha acabado. Mi tiempo de estar a solas conJane, que me escucha como si todav√≠a fuera unser humano,se ha terminado.¬Ľ
Casi. Casi había pronunciado las palabras que hubiesen abortado el encuentro. Podría haber robado la nave de Andrew para marcharse en un viaje eterno sin tener que enfrentarse a otra alma viviente.
Pero una acci√≥n nihilista de esas caracter√≠sticas no era propia de √©l, todav√≠a no. Decidi√≥ que a√ļnno estaba desesperado. Tal vezhab√≠a algo que pudiera hacer para justificar el hecho de continuar viviendoenaquel cuerpo. Ytal veztodocomenzar√≠a conociendo a la hermana de Andrew.
Las naves se un√≠anahora, mientras los umbilicales se retorc√≠anyse estiraban, hasta encontrarse. Miro observaba los monitores y escuchaba en los informes del ordenador cada maniobra completa. Las naves se un√≠ande todas las formas posibles para poder realizar el resto del viaje a Lusitania en perfecto t√°ndem. Todas las fuentes ser√≠an compartidas. Ya que la nave de Miro era de carga, no pod√≠a aceptar m√°s que a un pu√Īado de personas, pero se encargar√≠a de algunos de los suministros vitales de la otra nave: juntos,los dos ordenadores de a bordocalculabanunequilibrioperfecto.
Cuando calcularon la carga, decidieron exactamente cuánto debía acelerar cada nave mientras giraban para iniciar juntas la maniobra de acercamiento a la velocidad de la luz al mismo ritmo exacto. Era una negociaciónextremadamente delicada ycomplicada entre dos ordenadores que tenían que conocer casi a la perfecciónlo que llevabansus naves ycómo podíanejecutar sus movimientos. Terminóantes de que el tubo de tránsito entre las naves se conectara por completo.
Miro oy√≥ los pasos enel corredor. Gir√≥ la silla (lentamente, porque todo lo hac√≠a as√≠) yla vio acercarse hacia √©l. Encorvada, pero no mucho, porque no era alta. El pelo casi blanco, con unos cuantos pelos casta√Īos oscuros. Cuando se plant√≥ ante √©l, la mir√≥ a la cara yla juzg√≥. Mayor, perono vieja. Si el encuentro la inquietaba, no lo demostraba. Pero claro, por lo que Andrew y Jane le hab√≠an contado de ella, hab√≠a conocido a un mont√≥n de gente mucho m√°s temible que un lisiado de veinte a√Īos.
¬ó¬ŅMiro? ¬ópregunt√≥ella.
¬ó¬ŅQui√©n, si no? ¬órespondi√≥ √©l.
Hizo falta un momento, s√≥lo un parpadeo, para que ella procesara los extra√Īos sonidos que surgieron de la boca del muchacho y reconociera las palabras. Miro estaba ya acostumbrado a esa
pausa,peroseguía odiándola.
¬óSoyValentine.
—Losé —respondióél.
No estaba facilitando las cosas con sus respuestas lac√≥nicas, ¬Ņpero qu√© otra cosa pod√≠a decir?
Esto no era exactamente una reunión entre jefes de estado con una lista de decisiones vitales que
tomar. Pero ten√≠a que hacer alg√ļnesfuerzo, para al menos noparecer hostil.
¬óTunombre,Miro¬Ö significa ¬ęobservo¬Ľ,¬Ņverdad?
¬óObservo conatenci√≥n. Tal vez¬ęprestoatenci√≥n¬Ľ.
—No es tandifícil comprenderte —comentó Valentine.
√Čl se sorprendi√≥de que ella abordara el tema de una manera tanabierta.
—Creoque tengomás problemas contuacentoportugués que conla lesióncerebral.
Por unmomento, le pareció como si recibiera unmartillazo enel corazón: ella hablaba sobre su
situaci√≥n con m√°s franqueza que nadie, excepto Andrew. Pero era su hermana, ¬Ņno? Tendr√≠a que
haber esperadoque fuera directa.
¬ó¬Ņ0prefieres que finjamos que nohayuna barrera entre los dem√°s yt√ļ?
Ella había advertido su sorpresa. Pero ya había pasado, y ahora se le ocurrió que no debería
estar molesto, sino alegre de que no tuvieran que dar un rodeo ante el tema. Sin embargo, estaba
molesto,ytardóunmomentoenpensar por qué. Entonces losupo.
—Mi lesióncerebral noes suproblema.
¬óSi me impide entenderte, entonces es un problema con el que tengo que tratar. No te vuelvas quisquilloso ya conmigo, jovencito. S√≥lo he empezado a molestarte, y t√ļ s√≥lo has empezado a molestarme a m√≠. As√≠ que no te enfades porque yo haya mencionado tulesi√≥ncerebral como si fuera de alg√ļnmodo mi problema. No tengo ninguna intenci√≥nde sopesar cada palabra que diga por temor a ofender a unjovensupersensible que piensa que el mundo enterogira entornoa sus frustraciones.
A Miro le enfureció que ella lo hubiera juzgado ya, y de forma tan brusca. Era injusto, completamente opuesto a comodebía ser la autora de la jerarquía de Demóstenes.
—¡No considero que el mundo entero gire entorno a mis frustraciones!¡Pero no crea que podrá entrar aquí ydirigir mi nave!
Eso era lo que lo hab√≠a molestado, no sus palabras. Ella ten√≠a raz√≥n: sus palabras no erannada. Era suactitud, sucompleta confianza ens√≠ misma. √Čl no estaba acostumbrado a que la gente lomirara sinasombro opiedad.
Valentine se sent√≥ a su lado. √Čl se volvi√≥ para observarla. Ella, por su parte, no rehuy√≥ la mirada. Al contrario, escrut√≥ su cuerpo, de la cabeza a los pies, examin√°ndolo con aire de fr√≠a apreciaci√≥n.
¬ó√Čl dijoque eras duro. Dijoque hab√≠as sidoretorcido, peronoroto.
¬ó¬ŅSe supone que va a ser mi terapeuta?
¬ó¬ŅSe supone que vas a ser mi enemigo?
¬ó¬ŅTendr√≠a que serlo? ¬ópregunt√≥Miro.
¬óNo m√°s que yo tu terapeuta. Andrew no nos ha hecho encontrarnos para que yo pudiera curarte, sino para que t√ļ pudieras ayudarme. Si no piensas hacerlo, muy bien. Si lo vas a hacer, adelante. Pero d√©jame aclarar unas cuantas cosas. Estoydedicando cada momento que paso despierta a escribir propaganda subversiva a finde provocar unsentimiento p√ļblico en los CienMundos yen las colonias. Estoyintentando que el pueblo se enfrente a la flota que el Congreso Estelar ha enviado para someter a Lusitania. Tumundo,noel m√≠o,por cierto.
—Suhermano está allí.
Miro no estaba dispuestoa dejarla proclamar sucompleto altruismo.
—Sí, los dos tenemos familia allí. Y a los dos nos preocupa salvar a los pequeninos de la destrucción. Y ambos sabemos que Ender ha devuelto a la vida a la reina colmena en tu mundo, de modo que hay dos especies alienígenas que serán destruidas si el Congreso Estelar se sale con la suya. Haymucho enjuego yyo ya estoyhaciendo todo loposible para detener esa flota. Si pasar unas cuantas horas contigo puede ayudarme a hacerlo mejor, merece la pena robar tiempo a mis escritos para hablar contigo. Pero no tengo ninguna intención de malgastar mi tiempo preocupándome por si voy a ofenderte o no. Así que si vas a ser mi adversario, puedes quedarte sentado aquí solo y yo volveré a mi trabajo.
—Andrew dijoque era ustedla mejor persona que conocía.
¬óLleg√≥ a esa conclusi√≥n antes de verme educar a tres ni√Īos b√°rbaros. Tengo entendido que tu madre tiene seis.
¬óCierto.
¬óYt√ļeres el mayor.
—Sí.
¬óL√°stima. Los padres siempre cometen los peores errores con los hijos mayores. Es entonces
cuando saben menos y se preocupan m√°s, y es m√°s probable que se equivoquen e insistan en que
tienenrazón.
AMironole gustaba que esta mujer llegara a r√°pidas conclusiones acerca de sumadre.
¬óElla noes comousted.
¬óPor supuesto que no. ¬óValentine se inclin√≥ hacia delante en el asiento¬ó. Bien, ¬Ņte has
decidido?
¬ó¬ŅDecididoa qu√©?
¬ó¬ŅVamos a trabajar juntos ote desconectar√°s de treinta a√Īos de historia humana para nada?
¬ó¬ŅQu√© quiere de m√≠?
¬óHistorias,por supuesto. Los hechos puedoconseguirlos enel ordenador.
¬ó¬ŅHistorias sobre qu√©?
—Sobre vosotros. Los cerdis. Los cerdis y vosotros. Todo este asunto de la Flota Lusitania empezó contigoylos cerdis,después de todo. Fue porque interferisteis conellos que…
¬ó¬°Los ayudamos!
¬óOh, ¬Ņhe vueltoa usar la palabra equivocada?
Miro la observó. Pero inclusoal hacerlo,supoque ella tenía razón: estaba siendosupersensible. La palabra interferir, usada en contexto científico, apenas tenía connotaciones. Simplemente significaba que había introducido un cambio en la cultura que estaba estudiando. Y si tenía una connotaciónnegativa, era que había perdido superspectiva científica: había dejado de estudiar a los pequeninos y había empezado a tratarlos como amigos. Seguramente era culpable de eso. No, no culpable: estaba orgullosode haber hechoesa transición.
¬óContin√ļe ¬ópidi√≥.
—Todoestoempezó porque quebrantasteis la leyycomenzasteis a cultivar amaranto.
¬óYa no.
¬óS√≠, es ir√≥nico, ¬Ņverdad? El virus de la descolada se introdujo y mat√≥ a cada hembra de amaranto que tuhermana desarroll√≥para ellos. De modo que vuestra interferencia fue envano.
—No lofue —replicó Miro—. Estánaprendiendo.
—Sí, lo sé. Es más, estáneligiendo. Lo que quierenaprender, lo que quierenhacer. Les disteis la libertad.Apruebo de todo corazónvuestra decisión. Pero mi trabajo consiste enescribir acerca de vosotros para la gente de los Cien Mundos y las colonias, y ellos no se formarán necesariamente la misma opinión. Lo que necesito de ti es la historia de cómo y por qué quebrantasteis la ley e interferisteis con los cerdis, y por qué el gobierno y el pueblo de Lusitania se rebeló contra el Congresoenvezde enviaros a ser juzgados ycastigados por vuestros crímenes.
¬óAndrew ya le ha contadoesa historia.
—Yyo ya he escrito sobre ella, entérminos amplios.Ahora necesito el punto de vista personal. Quiero poder conseguir que otra gente conozca a esos seres llamados cerdis como personas. Y a ti también. Tengo que hacer que te conozcan como persona. Si es posible, sería conveniente que pudiera conseguir que te apreciaran. Entonces la Flota Lusitania parecerá lo que es: una reacción desorbitada ymonstruosa a una amenaza que nunca existió.
¬óLa flota supone el xenocidio.
—Esohe dichoenmi propaganda —apuntó Valentine.
√Čl no pod√≠a soportar su seguridad y su irrefutable fe en s√≠ misma. Por eso ten√≠a que contradecirla, ys√≥lo pod√≠a hacerlo ofreciendo ideas enlas que a√ļnno hab√≠a pensado completamente.
Ideas que todavía eransolamente dudas a medioformar ensumente.
—La flota es tambiéndefensa propia.
Tuvo el efecto deseado: ella interrumpió su conferencia e incluso levantó las cejas,
cuestionándolo. El problema era que Mirotenía ahora que explicar loque había queridodecir.
¬óLa descolada. Es la forma de vida m√°s peligrosa que existe.
¬óLa respuesta a eso es cuarentena. No enviar una flota armada con el Peque√Īo Doctor y la capacidadde convertir a Lusitania ytodos sus habitantes enpolvoestelar microsc√≥pico.
¬ó¬ŅEst√° segura de que tiene raz√≥n?
¬óEstoy segura de que es un error que el Congreso Estelar pretenda aniquilar a otra especie inteligente.
—Los cerdis no puedenvivir sinla descolada —explicó Miro—, ysi la descolada se extiende alguna veza otroplaneta,destruirá toda la vida allí. Lohará.
Era unplacer ver que Valentine podía parecer aturdida.
—Creía que el virus estaba contenido. Fueron tus abuelos quienes encontraron un medio de
detenerlo,para que quedara dormido enlos seres humanos.
¬óLa descolada se adapta ¬ódijo Miro¬ó. Jane me cont√≥ que ya ha cambiado un par de veces. Mi madre y mi hermana Ela est√°n trabajando en el tema, intentando adelantarse a la descolada. A veces parece que la descolada lo hace deliberadamente. Con inteligencia. Busca estrategias para sortear los productos qu√≠micos que usamos para contenerla e impedir que mate a la gente. Se est√° metiendo en las cosechas terrestres que los humanos necesitan para sobrevivir. Ahora hay que fumigarlas. ¬ŅEncontrar√° la descolada una forma de vencer esas barreras?
Valentine guardó silencio.Ahora no hubo ninguna respuesta lenguaraz. No se había enfrentado a esta cuestiónantes. Nadie lohabía hecho,exceptoMiro.
¬óNo le he dicho esto ni siquiera a Jane ¬ósuspir√≥ Miro¬ó. Pero ¬Ņysi la flota tiene raz√≥n? ¬ŅYsi la √ļnica forma de salvar a la humanidad de la descolada es destruir Lusitania ahora?
¬óNo ¬ócontest√≥ Valentine¬ó. Esto no tiene nada que ver con los prop√≥sitos por los que el Congreso Estelar envi√≥ la flota. Sus razones √ļnicamente obedecen a la pol√≠tica interplanetaria, para demostrar a las colonias qui√©n es el amo. Tiene que ver con una burocracia fuera de control y unos militares que¬Ö
¬ó¬°Esc√ļcheme! ¬óla interrumpi√≥ Miro¬ó. Ha dicho que quer√≠a escuchar mis historias, escuche √©sta: no importa cu√°les sean sus razones. No importa que sean un atajo de bestias asesinas. No me preocupa. Lo que importa es: ¬Ņdeber√≠andestruir Lusitania?
¬ó¬ŅQu√© clase de persona eres? ¬ópregunt√≥Valentine.
√Čl percibi√≥a la vezasombroyrepulsa ensuvoz.
¬óUsted es la fil√≥sofa moral ¬ódijo Miro¬ó. D√≠gamelo usted. ¬ŅSe supone que debemos amar tantoa los pequeninos para permitir que el virus destruya a toda la humanidad?
¬óPor supuesto que no. Simplemente, tendremos que encontrar un modo de neutralizar a la
descolada.
¬ó¬ŅYsi nopodemos?
¬óEntonces, pondremos a Lusitania en cuarentena. Aunque todos los seres humanos del planeta
mueran,tufamilia yla mía,nohabremos destruidoa los pequeninos.
¬ó¬ŅDe verdad? ¬ŅQu√© hayde la reina colmena?
¬óEnder me dijo que se estaba restableciendo, pero¬Ö
—Contiene en sí misma una sociedad industrializada completa. Construirá naves espaciales y
abandonar√° el planeta.
—¡Nose llevaría a la descolada consigo!
—No tiene elección. La descolada está ya dentro de ella. Está dentrode mí.
Fue entonces cuandorealmente la alcanzó. Percibió el miedoensus ojos.
—Estará tambiénenusted. Aunque corra de regreso a sunave yla selle yse mantenga apartada de la infección, cuando aterrice en Lusitania la descolada entrará en usted, en su marido y en sus hijos. Tendránque ingerir los productos químicos conla comida yel agua, todos los días de suvida.
Ynunca podránmarcharse de Lusitania ollevaránconsigola muerte yla destrucción.
—Supongo que sabíamos que era una posibilidad —admitió Valentine.
—Cuando partieron, sólo era una posibilidad. Pensábamos que pronto controlaríamos la
descolada.Ahora ni siquiera est√°nseguros de que puedancontrolarla alguna vez.Yeso significa que
nunca podránsalir de Lusitania cuando lleguenallí.
¬óEspero que nos guste el clima.
Miro estudió surostro, la forma enque procesaba la informaciónque le había suministrado. El
miedoinicial había desaparecido. Era de nuevoella misma,pensando.
—Eso es lo que creo —dijo Miro—. Creo que no importa lo terrible que sea el Congreso, no importa lo malignos que puedan ser sus planes; esa flota tal vez significará la salvación de la humanidad.
Valentine respondió pensativamente, escogiendo las palabras. Miro se alegró de verlo: ella era una persona que nocontraatacaba sinpensar. Podía aprender.
—Comprendo que aunque los hechos recorran sólo un camino posible, podría llegar un momento en que…, pero es muy improbable. Para empezar, sabiendo esto, es bastante improbable que la reina colmena construya ninguna nave espacial que lleve la descolada fuera de Lusitania.
¬ó¬ŅConoce usteda la reina colmena? ¬ódemand√≥Miro¬ó. ¬ŅLa comprende?
¬óAunque hiciera una cosa as√≠ ¬ódijo Valentine¬ó, tu madre y tu hermana siguen trabajando en el tema, ¬Ņno? Para cuando lleguemos a Lusitania, para cuando la flota llegue a Lusitania, puede que hayanencontradouna manera de controlar a la descolada de una vezpor todas.
¬óYsi lohacen,¬Ņdeber√≠anusarla?
¬ó¬ŅPor qu√© noibana hacerlo?
¬ó¬ŅC√≥mo podr√≠anmatar a todo el virus de la descolada? Es una parte integral del ciclo de vida de los pequeninos. Cuando la forma-cuerpo del pequenino muere, es el virus de la descolada lo que permite la transformaci√≥nenel estado-√°rbol, lo que los cerdis llamanla tercera vida¬Ö, yes s√≥lo en la tercera vida, siendo √°rboles, como los pequeninos machos pueden fecundar a las hembras. Si el virus desaparece,ser√° imposible el pasoa la tercera vida,yesta generaci√≥nde cerdis ser√° la √ļltima.
—Eso no lo hace imposible, sólo más difícil. Tu madre y tu hermana tienen que encontrar un medio de neutralizar la descolada en los seres humanos ylas cosechas que necesitamos para comer, sindestruir sufacultadde permitir a los pequeninos llegar a la edadadulta.
¬óYtienenmenos de quince a√Īos para hacerlo ¬óle se√Īal√≥Miro¬ó. No es probable.
¬óPerotampocoimposible.
¬óS√≠. Hayuna posibilidad. Ybas√°ndose eneso,¬Ņquiere deshacerse de la flota?
¬óLa flota destruir√° Lusitania,controlemos la descolada o no.
¬óY vuelvo a dec√≠rselo: el motivo por el que ha sido enviada es irrelevante. No importa cu√°l sea la raz√≥n, la destrucci√≥n de Lusitania podr√≠a ser la √ļnica protecci√≥n segura para el resto de la
humanidad.
¬óYyodigoque te equivocas.
¬óUstedes Dem√≥stenes, ¬Ņverdad? Andrew me lodijo.
—Sí.
¬óEntonces, piense en la jerarqu√≠a de los Extra√Īos. Los utlannings son extra√Īos a nuestro mundo. Los framlings son extra√Īos a nuestra propia especie, pero capaces de comunicarse con nosotros, capaces de coexistir conla humanidad. Los √ļltimos sonlos varelse¬Ö,¬Ņyqu√© son?
¬óLos pequeninos nosonvarelse. Tampocola reina colmena.
—Pero la descolada lo es. Varelse. Una forma de vida alienígena que es capaz de destruir a toda la humanidad.
¬óAmenos que podamos domarla¬Ö
—… y con la que no podemos comunicarnos, una especie alienígena con la que no podemos convivir. Usted dijo que en ese caso la guerra es inevitable. Si una especie alienígena parece decidida a destruirnos yno podemos comunicarnos conella, si no podemos comprenderla, si no hay ninguna posibilidad de desviarlos pacíficamente de su rumbo, entonces estamos justificados en cualquier acciónnecesaria para salvarnos a nosotros mismos, incluyendo la destruccióncompleta de la otra especie.
—Sí —admitióValentine.
¬óPero ¬Ņy si debemos destruir la descolada y sin embargo no podemos hacerlo sin destruir tambi√©na cada pequenino viviente,a la reina colmena,a todos los seres humanos de Lusitania?
Para sorpresa de Miro,los ojos de Valentine se llenaronde l√°grimas.
¬óEntonces, te has convertido enesto.
Miro se sintióconfundido.
¬ó¬ŅCu√°ndo se ha convertidoesta conversaci√≥nenuna discusi√≥nacerca de m√≠?
¬óHas pensado entodo esto, has visto todas las posibilidades para el futuro, buenas ymalas por igual, y sin embargo el √ļnico futuro en que est√°s dispuesto a creer, el √ļnico futuro imaginado que tomas como base para todas tus consideraciones morales, es el futuro enel cual todo el mundo que t√ļ yyohemos amadoytodolo que hemos anhelado debe ser aniquilado.
¬óNo he dicho que me gustara ese futuro.
—Yo tampoco —atajó Valentine—. He dicho que ése es el futuro para el que has elegido prepararte. Pero yo no. Yo elijo vivir en un universo con esperanza. Yo elijo vivir en un universo donde tumadre ytuhermana encontraránunmodo de contener a la descolada, un universo enel que el Congreso Estelar pueda ser reformado o reemplazado, ununiverso enel que no existe el poder ni la voluntad de destruir a una especie entera.
¬ó¬ŅYsi est√° equivocada?
¬óEntonces tendr√© tiempo de sobra para desesperarme antes de morir. Pero t√ļ¬Ö, ¬Ņbuscas todas las oportunidades antes de desesperarte? Puedo comprender el impulso que te lleva a ello. Andrew me ha dicho que eras un hombre atractivo, todav√≠a lo eres, y que la p√©rdida del pleno uso de tu cuerpo te ha herido profundamente. Pero otras personas hanperdido m√°s que t√ļynotienenuna visi√≥n tannegra del mundo.
¬ó¬Ņ√Čse es su an√°lisis sobre m√≠? ¬ópregunt√≥ Miro¬ó. ¬ŅHace media hora que nos conocemos, y ahora locomprende todosobre m√≠?
—Sé que ésta es la conversaciónmás deprimente que he mantenido entoda mi vida.
¬óY asume que es porque estoy lisiado. Bien, d√©jeme decirle una cosa, Valentine Wiggin. Espero las mismas cosas que usted. Incluso espero recuperar alg√ļn d√≠a el uso de mi cuerpo. Si no tuviera esperanza, estar√≠a muerto. Las cosas que le he dicho no son por desesperaci√≥n, sino porque cabenenlo posible. Yporque sonposibles tenemos que pensar enellas para que no nos sorprendan m√°s tarde. Tenemos que pensar en ellas para que, si se produce lo peor, ya sepamos c√≥mo vivir en ese universo.
Valentine parecía estar estudiando su cara: él sintió su mirada, como una cosa casi palpable, comounleve cosquilleobajola piel, dentrode sucerebro.
—Sí —dijo ella.
¬ó¬ŅS√≠ qu√©?
—Sí, mi maridoyyo nos trasladaremos aquí yviviremos entunave.
Se levantóde suasiento yse dirigióal corredor que conducía al tubode tránsito.
¬ó¬ŅPor qu√© ha decididoeso?
¬óPorque nuestra nave est√° demasiado abarrotada. Y porque decididamente merece la pena
hablar contigo. Ynosólopara conseguir material para los ensayos que tengoque escribir.
¬óOh,entonces, ¬Ņhe aprobadosuexamen?
¬óS√≠ ¬órespondi√≥ella¬ó. ¬ŅHe aprobadoel tuyo?
¬óNola estaba examinando.
—Yun cuerno. Pero, por si no te has dado cuenta, te lo diré: he aprobado. De lo contrario no me habrías dichotodas las cosas que dijiste.
Se marchó. Miro pudo oírla pasillo abajo, yluego el ordenador informó que estaba atravesando el tubo entre las naves.
Ya la echaba de menos.
Porque ten√≠a raz√≥n. Hab√≠a aprobado su examen. Le hab√≠a escuchado como no lo hab√≠a hecho nadie, sinimpaciencia, sinterminar sus frases, sindejar que sumirada se apartara de surostro. √Čl le hab√≠a hablado no con cuidadosa precisi√≥n, sino con enorme emoci√≥n. Gran parte del tiempo sus palabras debieronparecer casi ininteligibles. Sinembargo,ella le hab√≠a escuchado contanta atenci√≥n que comprendi√≥ todos sus argumentos yni una sola vezle pidi√≥ que repitiera algo. Pod√≠a hablar con esta mujer contanta naturalidad como hablaba concualquier persona antes de sulesi√≥ncerebral. S√≠, ella era porfiada, cabezota, mandona yr√°pida para sacar conclusiones. Pero tambi√©npod√≠a escuchar una visi√≥n opuesta, cambiar de opini√≥n cuando era necesario. Sab√≠a escuchar, y por eso √©l pod√≠a hablar.
Tal vezconella podría seguir siendo Miro.