17 - Las esposas


Descubre c√≥mo se ha corrido la voz de que la Flota de Evacuaci√≥n va armada con elPeque√Īo Doctor. Esto es M√ĀXIMA PRIORIDAD. Luego, averigua qui√©n es ese que se hace llamar Dem√≥stenes. Llamar a la Flota de Evacuaci√≥n un Segundo Genocidio es definitivamente y de acuerdo con el C√≥digo una violaci√≥n de las leyes de traici√≥n, y si la ASC no puede encontrar esta voz y ponerle freno, no imagino ning√ļn buen motivo para que la ASC contin√ļe existiendo.
Mientras tanto, contin√ļa tu evaluaci√≥n de los archivos conseguidos en Lusitania. Es completamente irracional que se rebelen s√≥lo porque queremos arrestar a dos xen√≥logos errantes. No hab√≠a nada en los antecedentes de la alcaldesa que sugiriera esta reacci√≥n. Si hay alguna posibilidad de que estalle una revoluci√≥n, quiero averiguar qui√©nes podr√≠an ser sus l√≠deres.
Pyotr, s√© que lo est√°s haciendo lo mejor que puedes. Yo tambi√©n. Y todo el mundo. Tambi√©n, probablemente, los habitantes de Lusitania. Pero mi responsabilidad es la seguridad e integridad de los Cien Mundos. Tengo cien veces la responsabilidad de Peter el Hegem√≥n y una d√©cima parte de su poder. Por no mencionar el hecho de que estoy lejos de ser el genio que √©l fue. No hay duda de que t√ļ y todos los dem√°s ser√≠ais m√°s felices si Peter estuviera a√ļn disponible. Me temo que para cuando todo esto acabe, necesitemos otro Ender. Nadie quiere el Genocidio, pero si sucede, quiero asegurarme de que son los otros los que desaparecen. Cuando se llega a la guerra, el humano es humano y el alien√≠gena es alien√≠gena. Toda la historia de los ramen se convierte en humo cuando hablamos de supervivencia. ¬ŅTe satisface eso? ¬ŅMe crees cuando te digo que no estoy siendo blanda? Procura no serlo t√ļ tampoco. Procura ofrecerme resultados, r√°pido. Ahora. Besos, Bawa.
Gobawa Ekimbo, Pres. Com. Sup. Xen. a Pyotr Martinov, Dir. Agc Seg. Con, nota 44:1970:5:4:2, cit. en El Segundo Genocidio, Demóstenes, 87:1972:1:1:1.
Humano abría camino a través del bosque. Los cerdis pasaban fácilmente por entre los
senderos, por los arroyos, a través de gruesos matorrales. Humano, sin embargo, parecía hacer un baile de su avance, pues escalaba parcialmente algunos
√°rboles determinados, tocaba y hablaba a otros. Los dem√°s cerdis eran mucho m√°s restringidos en sus
movimientos, y sólo ocasionalmente se unían a él en sus cabriolas. Solamente Mandachuva se
quedaba con los tres humanos.
¬ó
¬ŅPor qu√© hace eso? ¬ó le pregunt√≥ Ender.
Mandachuva se quedó sorprendido por un instante. Ouanda le explicó lo que Ender quería decir.


¬ó
¬ŅPor qu√© escala Humano los √°rboles, o los toca y canta?

¬ó
Les canta cosas de la tercera vida ¬ó dijo Mandachuva ¬ó. Est√° mal que lo haga. Siempre ha


sido ego√≠sta y est√ļpido. Ouanda mir√≥ a Ender con sorpresa, y luego se volvi√≥ hacia Mandachuva.
— Pensé que a todos os gustaba Humano.
¬ó
Sin duda. Es sabio. ¬ó Entonces dio un codazo a Ender en la cadera ¬ó. Pero es un necio en una cosa. Piensa que le honrar√°s. Piensa que le dar√°s la tercera vida.

¬ó ¬ŅQu√© es la tercera vida? ¬ó pregunt√≥ Ender.

¬ó
El don que Pipo se guardó — respondió Mandachuva. Entonces apretó el paso y alcanzó a los otros cerdis.

¬ó
¬ŅTiene algo de todo esto sentido para ti, Ouanda?

¬ó
A√ļn no puedo acostumbrarme a la forma en que les hacen preguntas directas...

¬ó
Tampoco consigo mucho con las respuestas, ¬Ņno?



¬ó
Mandachuva está enfadado, eso es algo. Y está enfadado con Pipo. La tercera vida... un regalo que Pipo se quedó. Todo tendrá sentido.

¬ó
¬ŅCu√°ndo?

¬ó
Dentro de veinte a√Īos. O de veinte minutos. Por eso la xenolog√≠a es tan divertida.
Ela también tocaba los árboles y de vez en cuando miraba los matojos.




¬ó
Todos los √°rboles son de la misma especie. Y tambi√©n los matojos. Y esa enredadera que cuelga de la mayor√≠a de los √°rboles. ¬ŅHas visto alguna vez otra especie en el bosque, Ouanda?


¬ó No que yo advirtiera. Nunca las he buscado.
La enredadera se llama merdona. Los macios parecen alimentarse de ella, y los cerdis se comen a los macios. Nosotros les ense√Īamos a hacer comestible la ra√≠z. Antes el amaranto. As√≠ que ahora se est√°n alimentando de un punto m√°s bajo de la cadena alimenticia.
¬ó Mirad ¬ó dijo Ender.
Los cerdis se hab√≠an detenido, dando la espalda a los humanos, de cara a un claro. En un momento Ender, Ouanda y Ela se pusieron a su altura y miraron al calvero iluminado por la Luna. Era un lugar bastante grande, y el suelo estaba pelado. Hab√≠a varias casas de troncos alineadas en los bordes del claro, pero el centro estaba vac√≠o a excepci√≥n de un √ļnico √°rbol, un √°rbol muy grande, el m√°s grande que hab√≠an visto en el bosque.
El árbol parecía moverse.
¬ó
Está lleno de macios — comentó Ouanda.

¬ó
No de macios — corrigió Humano.

¬ó
Trescientos veinte ¬ó dijo Mandachuva.

¬ó
Hermanitos ¬ó dijo Flecha.

¬ó
Y peque√Īas madres ¬ó a√Īadi√≥ Cuencos.


¬ó Y si les hac√©is da√Īo ¬ó advirti√≥ Come-hojas ¬ó, os mataremos sin plantaros y derribaremos vuestro √°rbol.
¬ó No les haremos da√Īo ¬ó dijo Ender.
Los cerdis no dieron un solo paso para entrar en el claro. Esperaron y esperaron, hasta que finalmente algo se movió cerca de la casa de troncos más grande, casi directamente frente a ellos. Era un cerdi. Pero más grande que ninguno de los que hubieran visto antes.
¬ó
Una esposa — murmuró Mandachuva.

¬ó
¬ŅC√≥mo se llama? ¬ó pregunt√≥ Ender.
Los cerdis se volvieron hacia él, sorprendidos.


¬ó
Ellas no nos dicen sus nombres — anunció Come-hojas.

¬ó
Si es que tienen nombres ¬ó a√Īadi√≥ Cuencos.
Humano extendió una mano e hizo agacharse a Ender para poderle susurrar al oído:


¬ó
Siempre la llamamos Gritona. Pero nunca lo hacemos cuando pueda oírnos una esposa.


La hembra les miró y entonces cantó — no había otra manera de describir el torrente melifluo de su voz —, una o dos frases en el Lenguaje de las Esposas.
¬ó
Dice que vayas ¬ó tradujo Mandachuva ¬ó. T√ļ, Portavoz.

¬ó
¬ŅSolo? Preferir√≠a que Ouanda y Ela vinieran conmigo.


Mandachuva habló en voz alta en el Lenguaje de las Esposas; parecía un gorgoteo comparado con la belleza de la voz de la hembra. Gritona respondió, cantando de nuevo brevemente.
¬ó
Dice que por supuesto que pueden ir ¬ó inform√≥ Mandachuva ¬ó. Dice que son hembras, ¬Ņno? No es muy sofisticada respecto a las diferencias entre humanos y Peque√Īos.

¬ó
Una cosa m√°s ¬ó dijo Ender ¬ó. Que venga al menos uno de vosotros como int√©rprete. ¬ŅO es que sabe hablar stark?


Mandachuva tradujo la pregunta de Ender. La respuesta fue breve, y a Mandachuva no le gustó. Rehusó traducirla. Fue Humano quien explicó.
¬ó
Dice que puedes llevar el intérprete que quieras, siempre y cuando sea yo.

¬ó
Entonces nos gustaría tenerte como intérprete.


¬ó T√ļ debes entrar el primero en el lugar de los nacimientos ¬ó dijo Humano ¬ó. Eres el invitado.
Ender dio un paso al frente, bajo la luz de la Luna. Pudo o√≠r a Ela y Ouanda sigui√©ndole, y a Humano detr√°s. Ahora advirti√≥ que Gritona no era la √ļnica hembra. Hab√≠a varias caras asomadas a las puertas.
¬ó
¬ŅCu√°ntas son?
Humano no respondió. Ender se volvió a mirarle.


¬ó
¬ŅCu√°ntas esposas hay? ¬ó repiti√≥.


Humano siguió sin responder. No lo hizo hasta que Gritona cantó de nuevo, más fuerte y con tono de mando.
¬ó
En el lugar de los nacimientos, Portavoz — dijo Humano —, sólo se habla cuando una esposa te pregunta.

Ender asintió gravemente, entonces se dio la vuelta y regresó al borde del claro, donde los otros machos esperaban. Ouanda y Ela le siguieron. Pudo oír a Gritona cantando tras él, y ahora comprendió por qué los machos la llamaban así: su voz podía hacer temblar a los árboles. Humano alcanzó a Ender y le tiró de la ropa.

¬ó
Dice que por qué te vas, que no se te ha dado permiso para marcharte. Portavoz, esto es muy malo, está muy enfadada.

¬ó
Dile que no he venido a dar órdenes ni a recibirlas. Si no me trata como a un igual, no la trataré como a una igual.

¬ó
No puedo decirle eso.

¬ó
Entonces se preguntar√° siempre por qu√© me march√©, ¬Ņno?

¬ó
¬°Es un gran honor ser llamado entre las esposas!


¬ó
También es un gran honor para el Portavoz de los Muertos venir a visitarlas.
Humano se quedó quieto unos momentos, rígido por la ansiedad. Entonces se giró y le habló a





Gritona. Ella permaneció callada. No se produjo un sonido en el calvero.
¬ó
Espero que sepa lo que hace, Portavoz — murmuró Ouanda.


¬ó
Estoy improvisando. ¬ŅC√≥mo crees que va la cosa?
Ella no respondió.
Gritona entró en la gran casa de troncos. Ender se dio la vuelta y de nuevo se encaminó al



bosque. Casi inmediatamente, la voz de Gritona volvió a cantar.
¬ó Te ordena que esperes ¬ó dijo Humano.
Ender no redujo el paso y en un momento llegó junto a los otros machos cerdis.

¬ó Si me pide que vuelva, tal vez lo haga. Pero debes decirle, Humano, que no vine a mandar ni a ser mandado.
¬ó
No puedo decir eso.

¬ó
¬ŅPorqu√© no?

¬ó
D√©jame a m√≠ ¬ó dijo Ouanda ¬ó. Humano, ¬Ņquieres decir que no puedes porque tienes miedo


o porque no hay palabras para expresarlo?
¬ó No hay palabras. No hay forma posible de que un hermano pueda hablarle a una esposa
dándole órdenes, ni de que ella pueda formular un ruego, esas palabras no pueden decirse así. Ouanda le sonrió a Ender.
¬ó
No es la costumbre, Portavoz. Es el lenguaje.

¬ó
¬ŅNo comprenden vuestro lenguaje, Humano? ¬ó pregunt√≥ Ender.

¬ó
El Lenguaje de los Machos no puede hablarse en el lugar de los nacimientos.


— Dile que mis palabras no pueden ser dichas en el Lenguaje de las Esposas, sino sólo en el de los Machos, y que yo le... pido, que te permita traducir mis palabras al Lenguaje de los Machos.
— Causas muchos problemas, Portavoz — dijo Humano. Se giró y volvió a hablar a Gritona.
De repente el calvero se llenó del sonido del Lenguaje de las Esposas, una docena de canciones diferentes, como un coro.
¬ó
Portavoz — dijo Ouanda —, acaba de violar prácticamente todas las leyes de la buena práctica antropológica.

¬ó
¬ŅCu√°les me faltan?

¬ó
La √ļnica que se me ocurre es que a√ļn no ha matado a nadie.



¬ó
Lo que olvidas es que no estoy aquí como científico para estudiarles. Estoy aquí como embajador para hacer un tratado con ellos. Con la misma rapidez con que empezaron, las esposas se callaron. Gritona salió de la casa y


caminó hasta la mitad del claro hasta detenerse muy cerca del gran árbol central. Cantó. Humano le respondió... en el Lenguaje de los Machos. Ouanda murmuró una traducción.
¬ó
Le est√° diciendo lo que ha dicho, lo de venir como iguales.
Una vez más las esposas estallaron en una canción llena de cacofonía.


¬ó
¬ŅC√≥mo crees que responder√°n? ¬ó pregunt√≥

¬ó
No soy Pizarro.


Jane empezó a murmurar en su oído.
¬ó Estoy empezando a encontrar sentido al Lenguaje de las Esposas. Los fundamentos del Lenguaje de los Machos estaban en las notas de Pipo y Libo. Las traducciones de Humano son muy √ļtiles. El Lenguaje de las Esposas est√° estrechamente relacionado con el de los Machos, excepto que parece m√°s arcaico, m√°s cercano a las ra√≠ces, con formas mas antiguas. Todas las formas hembra ¬ó a ¬ó macho son en modo imperativo, mientras que las de macho ¬ó a ¬ó hembra son suplicativas. La palabra que las hembras usan para los hermanos parece estar relacionada con la palabra que los machos usan para el macio, el gusano de los √°rboles. Si √©ste es el lenguaje del amor, es una maravilla que se las arreglen para reproducirse.
Ender sonrió. Era bueno oír a Jane hablándole de nuevo, saber que tendría su ayuda. Advirtió que Mandachuva le había estado preguntando algo a Ouanda, pues ella ahora le susurraba su respuesta.
¬ó
Está escuchando a la joya que lleva en el oído.

¬ó
¬ŅEs la reina colmena? ¬ó pregunt√≥ Mandachuva

¬ó
¬ŅC√≥mo puedo saberlo? ¬ó respondi√≥ Ouanda ¬ó. He venido aqu√≠ tantas veces como t√ļ.

¬ó
Creo que lo comprenderán y me aceptarán en esos términos — dijo Ender.

¬ó
¬ŅPor qu√© piensa eso?

¬ó
Porque he venido del cielo. Porque soy el Portavoz de los Muertos.

¬ó
No empiece a pensar que es el gran dios blanco. A menudo no sale bien.

¬ó
No. Es... — se esforzó por encontrar la palabra —. Es un ordenador. Una máquina con voz.

¬ó
¬ŅPuedo tener una?


¬ó Alg√ļn d√≠a ¬ó respondi√≥ Ender, ahorrando a Ouanda el problema de intentar imaginar c√≥mo contestarle. Las esposas se callaron, y una vez m√°s la voz de Gritona qued√≥ sola. Inmediatamente, los
machos se agitaron, empinándose y agachándose sobre sus talones. Jane le susurró al oído.
¬ó La hembra est√° hablando el Lenguaje de los Machos.
— Un gran día — dijo Flecha suavemente —. Las esposas hablan el Lenguaje de los Machos en este lugar. Nunca había sucedido antes.
¬ó Te invita a entrar ¬ó dijo Humano ¬ó. Te invita como una hermana a un hermano.
De inmediato, Ender entró en el claro y se acercó directamente a ella. A pesar de que era más alta que los machos, seguía siendo al menos medio metro más baja que Ender, así que él se arrodilló. Se miraron cara a cara.
¬ó
Agradezco tu amabilidad conmigo ¬ó dijo Ender.

¬ó
Eso podía haberlo dicho en el Lenguaje de las Esposas — protestó Humano.

¬ó
Dilo en tu idioma de todas formas.


Así lo hizo. Gritona alargó una mano y tocó la suave piel de la frente de Ender y la áspera barba de su mentón; apretó un dedo contra sus labios y él cerró los ojos, pero no reaccionó cuando ella pasó delicadamente un dedo por sus párpados.
Ella habló.
¬ó
¬ŅEres el santo Portavoz? ¬ó tradujo Humano. Jane aclar√≥ la traducci√≥n.

¬ó
Ha a√Īadido la palabra santo.
Ender miró a Humano a los ojos.


¬ó
No soy santo.
Humano se quedó rígido.


¬ó
Díselo.


Permaneció indeciso un momento; luego aparentemente decidió que Ender era el menos peligroso de los dos.
¬ó
Ella no ha dicho santo.

¬ó
Dime lo que dice, tan exactamente como puedas.

¬ó
Si no eres santo, ¬Ņc√≥mo sabes lo que dijo realmente?

¬ó
Por favor, sé fidedigno entre nosotros.


¬ó
A ti te soy fiel ¬ó dijo Humano ¬ó. Pero cuando le hablo a ella, es mi voz la que oye diciendo tus palabras. Tengo que decirlas... con cuidado.

¬ó
S√© fidedigno. No tengas miedo. Es importante que sepa exactamente lo que digo. Dile esto. Dile que le pido que nos perdone por hablarle con rudeza, pero soy un rudo framling y t√ļ debes decir exactamente lo que digo.


Humano cerró los ojos, pero se volvió hacia Gritona y habló.
Ella contestó brevemente. Humano tradujo.

¬ó
Dice que su cabeza no está hecha de raíz de merdona. Por supuesto que entiende eso.

¬ó
Dile que los humanos nunca hemos visto un árbol tan grande antes. Pídele que nos explique


qué es lo que ella y las otras esposas hacen con este árbol. Ouanda estaba sorprendida.
¬ó Va directamente al grano, ¬Ņno? Pero cuando Humano tradujo las palabras de Ender, Gritona inmediatamente se dirigi√≥ al √°rbol, lo toc√≥, y empez√≥ a cantar.
Ahora, m√°s cerca del √°rbol, pudieron ver la masa de criaturas de la corteza. La mayor√≠a no ten√≠an m√°s de cuatro o cinco cent√≠metros de largo. Parec√≠an vagamente fetales, aunque una fina mata de pelo oscuro cubr√≠a sus cuerpos ros√°ceos. Ten√≠an los ojos abiertos. Se api√Īaban unos sobre otros, intentando ganar un puesto en una de las extensiones de pasta seca que cubr√≠an la corteza.
¬ó
Masa de amaranto ¬ó dijo Ouanda.

¬ó
Bebés — dijo Ela.

¬ó
No, bebés no — corrigió Humano —. Ya casi pueden andar.


Ender avanzó hacia el árbol y extendió la mano. Gritona detuvo bruscamente su canción. Pero Ender no interrumpió su movimiento. Tocó la corteza de un joven cerdi. En su ascenso, la mano le tocó, éste saltó sobre ella y se colgó de la misma.
¬ó ¬ŅLe conoc√©is por su nombre? ¬ó pregunt√≥ Ender.
Asustado, Humano tradujo apresuradamente. Y dio la respuesta de Gritona.

¬ó √Čste es uno de mis hermanos. No tendr√° nombre hasta que pueda caminar sobre sus dos piernas. Su padre es Ra√≠z.
¬ó
¬ŅY su madre?

¬ó
Oh, las peque√Īas madres nunca tienen nombre.


¬ó
Preg√ļntaselo.
Humano así lo hizo. Ella respondió.
— Dice que su madre era muy fuerte y muy valiente. Engordó mucho para tener cinco hijos —



Humano se toc√≥ la frente ¬ó. Cinco hijos es un n√ļmero muy bueno. Y engord√≥ lo suficiente para alimentarles a todos.
¬ó
¬ŅSu madre trae la masa que le alimenta?
Humano se aterrorizo.


¬ó
Portavoz, no puedo decir eso. En ning√ļn lenguaje.

¬ó
¬ŅPor qu√© no?


¬ó Te lo he dicho. Ella engord√≥ lo suficiente para alimentar a sus cinco peque√Īos. Suelta a ese hermanito y deja que la esposa le cante al √°rbol.
Ender coloc√≥ de nuevo la mano sobre el tronco y el peque√Īo hermano se escurri√≥. Gritona reemprendi√≥ su canci√≥n. Ouanda mir√≥ a Ender, reprimi√©ndole por su impetuosidad. Pero Ela parec√≠a excitada.
¬ó
¬ŅNo lo veis? Los reci√©n nacidos se alimentan del cuerpo de sus madres.
Ender retiró la mano, con repulsión.


¬ó
¬ŅC√≥mo puedes decir eso? ¬ó pregunt√≥ Ouanda.


¬ó
M√≠ralos, movi√©ndose sobre los √°rboles, igual que los peque√Īos macios. Ellos y los macios deben haber sido competidores ¬ó Ela se√Īal√≥ una parte del √°rbol que no mostraba moho de amaranto ¬ó. El √°rbol destila savia. Aqu√≠, en las grietas. Mucho antes de la Descolada, debe haber habido insectos que se alimentaban de la savia, y los macios y los cerdis compet√≠an para com√©rsela. Por eso los cerdis pudieron mezclar sus genes con estos √°rboles. No s√≥lo los beb√©s viv√≠an aqu√≠, los adultos ten√≠an que escalar los √°rboles constantemente para mantener apartados a los macios. Incluso cuando hab√≠a muchas otras fuentes de alimento, segu√≠an estando atados a estos √°rboles a trav√©s de sus ciclos vitales. Mucho antes de que se convirtieran en √°rboles.

¬ó
Estamos estudiando la sociedad cerdi ¬ó dijo Ouanda impacientemente ¬ó. No las evoluciones que experimentaron en el pasado.


— Estoy llevando a término unas negociaciones muy delicadas — intervino Ender —. Así que
por favor callaos y aprended lo que podáis sin montar una mesa redonda. La canción alcanzó su clímax. Una grieta apareció en el árbol.
¬ó
No ir√°n a derribar este √°rbol para nosotros, ¬Ņno? ¬ó pregunt√≥ Ouanda, horrorizada.

¬ó
Le está pidiendo al árbol que abra su corazón


¬ó Humano se toc√≥ la frente ¬ó. Este es el √°rbol madre, y es el √ļnico de nuestro bosque. No se puede hacer ning√ļn da√Īo a este √°rbol, o todos nuestros hijos vendr√°n de otros √°rboles, y todos nuestros padres morir√°n.
Ahora, las voces de todas las demás esposas se unieron a la de Gritona, y pronto un amplio agujero se abrió en el tronco del árbol madre. Inmediatamente, Ender se adelantó. El interior estaba demasiado oscuro para que pudiera ver.
Ela sacó su bastón iluminador del cinturón y, temblándole las manos, se lo tendió. Ouanda la agarró rápidamente por la mano.
¬ó
¡Una máquina! ¡No se puede traer eso aquí!
Ender cogió gentilmente el bastón de la mano de Ela.


¬ó
La verja est√° desconectada y todos podemos ejecutar ahora Actividades Cuestionables.


Apunt√≥ al suelo con el ca√Ī√≥n del bast√≥n y lo conect√≥, entonces desliz√≥ su dedo r√°pidamente para reducir la intensidad de la luz y lo despleg√≥. Las esposas murmuraron, y Gritona toc√≥ a Humano en el vientre.
¬ó Les dije que de noche pod√≠ais hacer peque√Īas lunas ¬ó anunci√≥ √©ste ¬ó. Les dije que las llevabais con vosotros.
¬ó ¬ŅCausar√° alg√ļn da√Īo si introduzco esta luz en el coraz√≥n del √°rbol madre?
Humano le preguntó a Gritona, y ésta extendió la mano hacia el bastón. Entonces, sosteniéndolo con manos temblorosas, cantó suavemente y lo inclinó lentamente para que una brizna de luz atravesara el agujero. Casi inmediatamente retrocedió y apuntó con el bastón en otra dirección.
¬ó El brillo las ciega ¬ó dijo Humano.
Jane susurró en el oído de Ender.

— El sonido de su voz repite el del interior del árbol. Cuando la luz entró, el eco se moduló, produciendo un tono alto y moldeando el sonido. El árbol respondía, usando el sonido de la propia voz de Gritona.
¬ó
¬ŅPuedes ver? ¬ó dijo Ender suavemente.

¬ó
Arrodíllate y acércame lo suficiente y luego muéveme por delante de la abertura.


Ender obedeció y dejó que su cabeza se moviera lentamente delante del agujero, permitiendo a la joya de su oído un claro ángulo del interior. Jane describió lo que veía. Ender permaneció arrodillado largo rato, sin moverse. Luego se volvió hacia los otros.
¬ó
Las peque√Īas madres est√°n ah√≠ dentro, embarazadas. No miden m√°s de cuatro cent√≠metros. Una de ellas est√° dando a luz.

¬ó ¬ŅVes con la joya? ¬ó pregunt√≥ Ela.
Ouanda se arrodilló junto a él, intentando ver el interior, pero sin conseguirlo.


¬ó
Incre√≠ble dimorfismo sexual. Las hembras llegan a su madurez sexual en la infancia, dan a luz y mueren. Humano, ¬Ņtodos esos peque√Īos que hay fuera del √°rbol son hermanos?

Humano repitió la pregunta a Gritona. La esposa extendió la mano hacia un lugar cercano a la apertura en el tronco y tomó a uno bastante grande. Cantó unas palabras de explicación.

¬ó
√Čsa es una joven esposa ¬ó tradujo Humano ¬ó. Se unir√° a las otras esposas en el cuidado de los ni√Īos cuando sea lo bastante mayor.

¬ó
¬ŅEs la √ļnica? ¬ó pregunt√≥ Ela.
Ender tembló y se puso en pie.


¬ó
√Čsa es est√©ril, o bien nunca la han dejado aparearse. No habr√≠a podido tener hijos.

¬ó
¬ŅPor qu√© no? ¬ó pregunt√≥ Ouanda.

¬ó
No hay canal para dar a luz — dijo Ender —. Los bebés se abren camino mordiendo.
Ouanda musitó una plegaria.
Ela, sin embargo, sentía más curiosidad que nunca.


¬ó
Fascinante. Pero si son tan peque√Īas, ¬Ņc√≥mo se aparean?



¬ó
Las llevamos con los padres, naturalmente ¬ó dijo Humano ¬ó. ¬ŅC√≥mo sino? Los padres no pueden venir aqu√≠, ¬Ņno?


— Los padres — dijo Ouanda —. Así es cómo llaman a los árboles más reverenciados.
Eso es. Los padres maduran en la corteza. Ponen su simiente en la corteza, en la savia. Llevamos a la peque√Īa madre al padre que las esposas han escogido. Ella se arrastra sobre la corteza, y la semilla de la savia entra en su vientre y lo llena de peque√Īos.
Ouanda se√Īal√≥ sin hablar las peque√Īas protuberancias en el vientre de Humano.
¬ó S√≠ ¬ó dijo Humano ¬ó. Aqu√≠ las llevamos. El hermano honrado pone a la peque√Īa madre en una de sus bolsas, y ella se agarra con fuerza mientras la lleva al padre ¬ó se toc√≥ el vientre ¬ó. Es el
mayor placer que tenemos en nuestra segunda vida. Llevar√≠amos a las peque√Īas madres todas las noches si pudi√©ramos.
Gritona cantó, más y más alto, y el agujero en el árbol madre empezó a cerrarse de nuevo.
¬ó
Todas esas hembras, las peque√Īas madres ¬ó pregunt√≥ Ela ¬ó. ¬ŅSon conscientes?
Humano no comprendía la palabra.


¬ó
¬ŅEst√°n despiertas? ¬ó pregunt√≥ Ender.

¬ó
Por supuesto.


¬ó
Lo que quiere decir ¬ó intervino Ouanda ¬ó es si las peque√Īas madres pueden pensar. ¬ŅComprenden el lenguaje?

¬ó
¬ŅEllas? ¬ó pregunt√≥ Humano ¬ó. No, no son m√°s listas que las cabras. Y s√≥lo un poco m√°s que los macios. S√≥lo hacen tres cosas. Comer, arrastrarse y colgarse de la bolsa. Los hermanos que est√°n ahora fuera del √°rbol est√°n empezando a pensar. Recuerdo haber escalado a la superficie del √°rbol madre. O sea que ya ten√≠a memoria. Pero soy uno de los pocos que recuerda hasta tan lejos.

Las l√°grimas acudieron a los ojos de Ouanda.

¬ó
Todas las madres nacen, se aparean, dan a luz y mueren en su infancia. Ni siquiera saben que est√°n vivas.

¬ó
Es un dimorfismo sexual llevado a un extremo ridículo — dijo Ela —. Las hembras alcanzan pronto la madurez sexual, mientras que los machos lo hacen tarde. Es irónico que las hembras adultas dominantes sean todas estériles. Gobiernan toda la tribu, y sin embargo sus propios genes no pueden ser transmitidos...

¬ó
Ela ¬ó propuso Ouanda ¬ó, ¬Ņy si pudi√©ramos desarrollar un medio para que las peque√Īas madres tuvieran a sus hijos sin tener que ser devoradas? Una operaci√≥n de ces√°rea. Con un nutriente rico en prote√≠nas para sustituir el cad√°ver de la peque√Īa madre. ¬ŅPodr√≠an las hembras sobrevivir hasta la edad adulta?


Ela no tuvo oportunidad de contestar. Ender las tomó a ambas por el brazo y las apartó.
¬ó ¬ŅC√≥mo os atrev√©is? ¬ó susurr√≥ ¬ó. ¬ŅY si ellos pudieran concebir un modo de hacer que las
ni√Īas humanas concibieran y tuvieran hijos que se alimentaran del cad√°ver de la madre? ¬ŅDe qu√© est√° hablando? ¬ó pregunt√≥ Ouanda.
¬ó Eso es repugnante ¬ó dijo Ela.
¬ó
No hemos venido a atacarles en la misma ra√≠z de sus vidas. Hemos venido para encontrar la manera de compartir un mundo con ellos. Dentro de cien o quinientos a√Īos, cuando hayan aprendido lo suficiente para hacer los cambios ellos mismos, entonces ellos podr√°n decidir si alteran o no la forma en que sus hijos son concebidos y su nacimiento. Pero no podemos ni imaginar lo que les pasar√≠a si de repente llegaran a la madurez tantas hembras como machos. ¬ŅPara hacer qu√©? No pueden tener m√°s hijos, ¬Ņno? No pueden competir con los machos para convertirse en padres, ¬Ņno? ¬ŅPara qu√©?

¬ó Pero est√°n muriendo sin ni siquiera estar vivas...

¬ó
Son lo que son — dijo Ender —. Ellos, no vosotras, decidirán qué cambios querrán hacer, no desde vuestra ciega perspectiva humana, ni de vuestros intentos de hacer que vivan felices, como nosotros.


— Tienes razón — dijo Ela —. Naturalmente, tienes razón. Lo siento.
Para Ela, los cerdis no eran personas, sino una extra√Īa fauna alien√≠gena, y estaba acostumbrada a descubrir que otros animales ten√≠an modos de vida inhumanos. Pero Ender pudo ver que Ouanda estaba a√ļn trastornada. Hab√≠a hecho la transici√≥n ramen: Pensaba en los cerdis en t√©rminos de nosotros en vez de ellos. Aceptaba la extra√Īa conducta que conoc√≠a, incluso el asesinato de su padre, como parte de un marco aceptable de diferencias. Esto significaba que era m√°s tolerante y aceptaba a los cerdis m√°s que Ela; sin embargo, aquello la hac√≠a a√ļn m√°s vulnerable al descubrimiento de conductas bestiales y crueles entre sus amigos.
Ender advirti√≥ tambi√©n que, despu√©s de a√Īos de asociaci√≥n con los cerdis, Ouanda hab√≠a adquirido uno de sus h√°bitos: en aquel momento de extrema ansiedad, su cuerpo se puso r√≠gido. As√≠ que √©l le record√≥ su humanidad, tom√°ndola por el hombro en un gesto paternal.
Con su contacto, Ouanda se relajó un poco y se rió nerviosamente.
¬ó
¬ŅSabe lo que no dejo de pensar? ¬ó dijo en voz baja ¬ó. En que las peque√Īas madres tienen a sus hijos y mueren sin ser bautizadas.

¬ó
Si el obispo Peregrino les convierte, tal vez nos dejen meter un hisopo en el √°rbol madre y decir las palabras.

¬ó No se burle de mi.

¬ó
No lo hago. Por ahora, sin embargo, les pediremos que cambien lo suficiente para que podamos vivir con ellos, no m√°s. Nosotros cambiaremos para que puedan soportar nuestra convivencia. Acceded a eso o la verja se alzar√° de nuevo, porque entonces seriamos verdaderamente una amenaza para su supervivencia.


Ela asinti√≥, pero Ouanda se puso r√≠gida de nuevo. Los dedos de Ender, s√ļbitamente, la apretaron en el hombro. Asustada, ella asinti√≥ tambi√©n. El relaj√≥ su tenaza.
— Lo siento — dijo —, pero son lo que son. Si te parece mejor, son como Dios les hizo. Así
que no intentes rehacerles a tu propia imagen. Regresó junto al árbol madre. Gritona y Humano estaban esperando.
¬ó
Por favor, disculpad la interrupción.

¬ó
Est√° bien ¬ó dijo Humano ¬ó. Le he dicho lo que estabais haciendo.
Ender notó que se hundía por dentro.


¬ó
¬ŅQu√© le dijiste?


¬ó Que ellas quer√≠an hacer algo a las peque√Īas madres que nos har√≠a m√°s parecidos a los humanos, pero t√ļ dijiste que no lo hicieran nunca o levantar√≠as otra vez la cerca. Le dije que dijiste que deb√≠amos continuar siendo Peque√Īos, y vosotros deb√©is continuar siendo humanos.
Ender sonri√≥. Su traducci√≥n era estrictamente verdadera, pero ten√≠a el buen sentido de no entrar en los detalles espec√≠ficos. Era de suponer que las esposas pudieran desear que las peque√Īas madres sobrevivieran a la infancia, sin comprender cu√°n vastas podr√≠an ser las consecuencias de un cambio aparentemente tan simple. Humano era un diplom√°tico excelente; dec√≠a la verdad y a la vez evitaba todo el asunto.
¬ó Bien ¬ó dijo Ender ¬ó. Ahora que ya nos hemos conocido, es hora de empezar a hablar en
serio. Ender se sentó sobre la tierra desnuda. Gritona lo hizo frente a él. Cantó unas pocas palabras.
¬ó
Dice que ten√©is que ense√Īarnos todo lo que sab√©is, llevarnos a las estrellas, traernos a la reina colmena y darle el palo de luz que esta nueva humana ha tra√≠do consigo, o en la oscuridad de la noche enviar√° a todos los hermanos de este bosque para que maten a los humanos mientras dorm√≠s y os colgar√° bien alto, lejos del suelo, para que no teng√°is tercera vida.

Viendo la alarma de los humanos, el cerdi extendió la mano y tocó el pecho de Ender.

¬ó
No, no, ten√©is que comprender. Eso no significa nada. Esa es la manera en que siempre empezamos a hablar con otra tribu. ¬ŅCre√©is que estamos locos? ¬°Nunca os matar√≠amos! Nos disteis amaranto, cuencos y la Reina Colmena y el Hegem√≥n.

¬ó
Dile que retire su amenaza o no le daremos nada m√°s.

¬ó
Te lo he dicho, Portavoz, no significa...


¬ó
Ella dijo esas palabras, y no le hablaré mientras las palabras permanezcan.
Humano le habló.
Gritona se puso en pie de un salto y empezó a dar vueltas en torno al árbol madre, con las manos





alzadas, cantando en voz alta. Humano se inclinó hacia Ender.
¬ó Se est√° quejando a la gran madre y a todas las esposas de que eres un hermano que no conoce
su puesto. Dice que eres rudo e imposible de tratar. Ender asintió.
— Sí, exactamente eso. Ahora estamos consiguiendo algo.
Una vez más, Gritona se sentó frente a Ender. Habló en el Lenguaje de los Machos.

¬ó Dice que nunca matar√° a ning√ļn humano ni dejar√° que ninguno de los hermanos o las esposas mate a ninguno de vosotros. Dice que recuerdes que eres el doble de alto que cualquiera de nosotros, y que lo sabes todo y nosotros no sabemos nada. ¬ŅSe ha humillado ya lo bastante para que le hables?
Gritona le observó, esperando malhumorada su respuesta.
— Sí — dijo Ender —. Ahora podemos empezar.
Novinha se arrodilló en el suelo junto a la cama de Miro. Quim y Olhado estaban de pie tras ella. Dom Cristão acostaba a Quara y Grego en su habitación. El sonido de su nana apenas era audible por la torturada respiración de Miro.
Los ojos de Miro se abrieron.
¬ó Miro ¬ó dijo Novinha.
Miro gru√Ī√≥.

¬ó Miro, est√°s en casa. Atravesaste la verja cuando estaba conectada. El doctor Navio dice que tu cerebro ha sido da√Īado. No sabemos si el da√Īo ser√° permanente o no. Puedes quedar paralizado parcialmente. Pero est√°s vivo, Miro, y Navio dice que puede hacer muchas cosas para ayudarte a compensar lo que puedas haber perdido. ¬ŅComprendes? Te estoy diciendo la verdad. Puede que sea malo durante un tiempo, pero merece la pena intentarlo.
Miro gimió suavemente. Pero no era un sonido de dolor. Era como si intentara hablar y no pudiera.
¬ó
¬ŅPuedes mover la mand√≠bula, Miro? ¬ó pregunt√≥ Quim.
Lentamente, la boca de Miro se abrió y se cerró.
Olhado colocó la mano un metro por encima de su cabeza y la movió.


¬ó
¬ŅPuedes hacer que tus ojos sigan el movimiento de mi mano?
Miro gimió de nuevo.


¬ó
Cierra la boca para decir no, y ábrela para decir que sí — sugirió Quim.
Miro cerró la boca y pronunció un murmullo.
Novinha no pudo dejar de sentir, a pesar de sus palabras de √°nimo, que aquello era lo m√°s



terrible que le había ocurrido a uno de sus hijos.
Cuando Lauro perdió los ojos y se convirtió en Olhado (odiaba el mote, pero ahora ella misma lo usaba), pensó que nada peor podría suceder.
Pero Miro, tan paralizado e indefenso, que ni siquiera notaba el contacto de su mano... no podía soportarlo.
Había sentido un tipo de pena cuando Pipo murió, y otro cuando murió Libo, y un pesar terrible por la muerte de Marcão.
Incluso recordaba el doloroso vacío que sintió mientras contemplaba cómo enterraban a su padre y a su madre.
Pero no había dolor peor que ver sufrir a un hijo sin poderle ayudar.
Se levantó para marcharse. Por su bien, lloraría en silencio, y en otra habitación.
¬ó
Mm. Mm. Mm.

¬ó
No quiere que te vayas ¬ó dijo Quim.

¬ó
Me quedaré si quieres, pero deberías dormir. Navio dice que cuanto más duermas...

¬ó
Mm. Mm. Mm.


¬ó
Tampoco quiere dormir — dijo Quim. Novinha reprimió su respuesta inmediata, replicarle a Quim que podía oír sus respuestas perfectamente bien ella sola. Pero no era momento para pelearse. Además, era Quim quien había ideado el sistema que Miro usaba para comunicarse. Tenía derecho a sentirse orgulloso, de pretender que era la voz de Miro. Era su modo de afirmar que era parte de la familia. Que no renunciaba a ella por lo que había aprendido en la praça hoy. Era su forma de perdonarla, así que se calló.

¬ó
Tal vez quiera decirnos algo — sugirió Olhado.

¬ó
Mm.

¬ó
¬ŅO hacernos una pregunta?

¬ó
Ma. Aa.

¬ó
Magnífico — dijo Quim —. Si no puede mover las manos, no puede escribir.



¬ó
Sem problema — dijo Olhado. Puede ver. Si le llevamos junto al terminal, puedo hacer que vea las letras y que diga solamente sí cuando vea la letra que quiere.

¬ó
Eso nos llevar√° una eternidad ¬ó dijo Quim.

¬ó
¬ŅQuieres intentarlo, Miro? ¬ó pregunt√≥ Novinha.




Quería. Entre los tres le llevaron a la habitación principal y le acostaron en la cama que había allí. Olhado orientó el terminal para que Miro pudiera ver todas las letras del alfabeto cuando las mostrara en la pantalla. Escribió un corto programa que hacía que cada letra se encendiera por turnos durante una fracción de segundo. Tuvo que hacer algunos intentos para ajustar la velocidad y hacer que fuera lo suficientemente lenta para que Miro pudiera emitir un sonido que significara esta letra, antes de que la luz se moviera hacia la siguiente.
Miro, a su vez, consiguió que las cosas fueran más rápidas abreviando deliberadamente sus palabras. C-E—R.
¬ó
Los cerdis ¬ó dijo Olhado.

¬ó
S√≠ ¬ó intervino Novinha ¬ó. ¬ŅPor qu√© cruzabas la verja para ir con los cerdis?

¬ó
¬°Mmmmm!

¬ó
Está preguntando él, Madre — dijo Quim —. No quiere contestar ninguna pregunta.

¬ó
Aa.


¬ó
¬ŅQuieres saber qu√© ha pasado con los cerdis que estaban contigo cuando cruzaste la verja? Han regresado al bosque. Con Ouanda, Ela y el Portavoz de los Muertos.

Le refirió rápidamente la reunión en las habitaciones del obispo, lo que habían sabido de los cerdis y todo lo que habían decidido hacer.

¬ó
Desconectar la verja para salvarte, Miro, fue una decisi√≥n que significa rebelarse contra el Congreso. ¬ŅComprendes? Las reglas del Comit√© se han acabado. La verja no es m√°s que un pu√Īado de alambres in√ļtiles. La puerta permanecer√° abierta.


Los ojos de Miro se llenaron de l√°grimas.
¬ó
¬ŅEso es lo que quer√≠as saber? ¬ó pregunt√≥ Novinha ¬ó. Deber√≠as dormir.
No, dijo. No, no, no, no.


¬ó
Espera a que sus ojos se aclaren ¬ó dijo Quim ¬ó. Y busquemos m√°s palabras.
D-I¬óG-A¬óF-A¬óL.


¬ó
Diga ao Falante pelos Mortos ¬ó dijo Olhado.

¬ó
¬ŅQu√© tenemos que decir al Portavoz? ¬ó pregunt√≥ Quim.


¬ó Mejor que duermas ahora y nos lo digas m√°s tarde. No volver√° hasta dentro de unas horas. Est√° negociando una serie de normas para gobernar las relaciones entre los cerdis y nosotros. Para evitar que maten m√°s humanos de la forma en que mataron a Pipo y a Li... a tu padre.
Pero Miro se negó a dormir. Continuó deletreando el mensaje a medida que terminal iba mostrando letras. Los tres juntos consiguieron dilucidar lo que quería que le dijeran al Portavoz. Y comprendieron que quería que lo hicieran ahora, antes de que las negociaciones terminaran.
As√≠ que Novinha dej√≥ a Dom Crist√£o y Dona Crist√£ a cargo de la casa y los ni√Īos. Cuando sal√≠a, se detuvo junto a su hijo mayor. El esfuerzo le hab√≠a agotado; ten√≠a los ojos cerrados y su respiraci√≥n era acompasada. Le toc√≥ la mano, la apret√≥; sab√≠a que √©l no pod√≠a sentir su contacto, pero era a s√≠ misma a quien consolaba, no a √©l.
Miro abrió los ojos. Y ella sintió que sus dedos, muy tenuemente, apretaban los suyos.
¬ó
Lo he sentido — le susurró —. Te pondrás bien.
√Čl cerr√≥ los ojos anegados de l√°grimas. Ella se levant√≥ y camin√≥ a ciegas hacia la puerta.


¬ó
Tengo algo en un ojo — le dijo a Olhado —. Guíame unos cuantos minutos hasta que pueda


ver. Quim estaba ya en la verja.
¬ó
¬°La puerta est√° demasiado lejos! ¬ó grit√≥ ¬ó. ¬ŅSabes escalar, Madre?
Pudo hacerlo, aunque no fue f√°cil.


¬ó
No hay duda, Bosquinha va a tener que dejarnos instalar otra puerta aquí.


Era tarde, pasada la medianoche, y tanto Ouanda como Ela comenzaban a sentir sue√Īo. Ender, no. Hab√≠a estado negociando con Gritona durante horas, y la qu√≠mica de su cuerpo hab√≠a respondido. Incluso si pudiera irse ahora a casa, tardar√≠a horas antes de poder conciliar el sue√Īo.
Ahora sab√≠a mucho m√°s sobre lo que los cerdis quer√≠an y necesitaban. El bosque era su hogar, su naci√≥n; era toda la definici√≥n de propiedad que hab√≠an necesitado durante toda su existencia. Ahora, sin embargo, los campos de amaranto hab√≠an hecho que vieran la pradera como tierra √ļtil que necesitaban controlar. Sin embargo, ten√≠an pocos conocimientos de c√≥mo medir la tierra. ¬ŅCu√°ntas hect√°reas necesitaban para cultivar? ¬ŅCu√°nta tierra pod√≠an usar los humanos? Ya que los propios cerdis apenas comprend√≠an sus necesidades, a Ender le costaba trabajo averiguarlo.
A√ļn m√°s dif√≠cil que el concepto de ley y gobierno. Las esposas mandaban; para los cerdis, eso era simple. Pero Ender, por fin, hab√≠a conseguido hacerles comprender que los humanos hac√≠an sus leyes de forma distinta, y que las leyes humanas se aplicaban a problemas humanos. Para hacerles comprender esto, Ender tuvo que explicarles las pautas de apareamiento de los humanos. Le hizo gracia ver la forma en que Gritona se escandalizaba ante el concepto de que los adultos se apareaban, y de que los hombres tuvieran la misma voz que las mujeres en la creaci√≥n de las leyes. La idea de familia y amistades separados de la tribu era ¬ęceguera ante los hermanos¬Ľ para ella. Estaba bien que Humano se sintiera orgulloso de las muchas veces que su padre se hab√≠a apareado, pero en lo que concern√≠a a las esposas, eleg√≠an a los padres √ļnicamente sobre la base de lo que era bueno para la tribu. La tribu el individuo... √©sas eran las √ļnicas entidades que las esposas respetaban.
Finalmente, comprendieron que las leyes humanas deb√≠an aplicarse dentro de los l√≠mites de los asentamientos humanos, y que las leyes cerdis deb√≠an regir dentro de las tribus cerdis. D√≥nde ten√≠an que colocarse esos l√≠mites era un asunto completamente diferente. Ahora, despu√©s de tres horas, finalmente hab√≠an accedido a una sola cosa: la ley cerdi se aplicaba en el bosque, y todos los humanos que entraran al bosque estaban sujetos a ella. La ley humana se aplicaba dentro de la verja, y todos los cerdis que fueran all√≠ quedar√≠an sujetos al gobierno humano. Todo el resto del planeta se dividir√≠a m√°s tarde. Era un triunfo muy peque√Īo, pero al menos era un principio de acuerdo.
¬ó
Debes comprender ¬ó le dijo Ender ¬ó que los humanos necesitar√°n gran cantidad de tierra. Pero esto es s√≥lo el principio del problema. Quer√©is que la reina colmena os ense√Īe a extraer minerales, a fundir metales y a hacer herramientas. Pero ella tambi√©n necesitar√° tierras. En muy poco tiempo ser√° mucho m√°s fuerte que los humanos o los Peque√Īos.

Cada uno de sus insectores, explicó, era completamente obediente e infinitamente trabajador. Rápidamente sobrepasarían a los humanos en su poder y productividad. Una vez fuera restaurada a la vida habría que tenerla en cuenta.

¬ó
Ra√≠z dice que se puede confiar en ella ¬ó dijo Humano y, traduciendo a Gritona, a√Īadi√≥: El √°rbol madre tambi√©n le concede su confianza.

¬ó
¬ŅLe dar√©is vuestra tierra? ¬ó insisti√≥ Ender.

¬ó
El mundo es grande. Puede usar los bosques de otras tribus. Igual que vosotros. Os los damos




libremente. Ender miró a Ouanda y Ela.
¬ó
Eso est√° muy bien ¬ó dijo Ela ¬ó, ¬Ņpero son vuestros esos bosques?

¬ó
Definitivamente no — contestó Ouanda —. Incluso tienen guerras con las otras tribus.


¬ó Les mataremos por vosotros si os crean problemas ¬ó ofreci√≥ Humano ¬ó. Ahora somos muy fuertes. Trescientos veinte beb√©s. Dentro de diez a√Īos ninguna tribu podr√° enfrentarse a nosotros.
¬ó Humano ¬ó dijo Ender ¬ó, dile a Gritona que estamos tratando con esta tribu ahora.
Trataremos con las dem√°s tribus m√°s tarde. Humano tradujo r√°pidamente, y pronto obtuvo la respuesta de Gritona.
¬ó
No, no, no, no y no.

¬ó
¬ŅA qu√© se opone?


— No trataréis con nuestros enemigos. Habéis venido a nosotros. Si tratáis con ellos, entonces también vosotros sois enemigos.
En ese momento aparecieron las luces en el bosque tras ellos, y Flecha y Come-hojas condujeron a Novinha, Quim y Olhado al calvero de las esposas.
¬ó
Miro nos envió — explicó Olhado.

¬ó
¬ŅC√≥mo est√°? ¬ó pregunt√≥ Ouanda.

¬ó
Paralizado — se apresuró a decir Quim evitando a Novinha el esfuerzo de explicarlo.

¬ó
Nossa Senhora — susurró Ouanda.


¬ó
Pero es temporal en gran parte — dijo Novinha —. Antes de que me marchara, le apreté la mano. La sintió y me devolvió el apretón. Sólo un poco, pero las conexiones nerviosas no están muertas. No todas, al menos.

¬ó
Disculpadme, pero podréis tener esa conversación en Milagro — dijo Ender —. Tengo otro asunto que atender aquí.

¬ó
Lo siento — se excusó Novinha —. Miro nos dio un mensaje. No puede hablar, pero nos lo dio letra a letra, y nosotros rellenamos los huecos. Los cerdis están planeando una guerra, aprovechándose de los conocimientos que han aprendido de nosotros. Con flechas y su superioridad numérica... serían irresistibles. Tal como yo lo entendí, Miro cree que su interés bélico no se centra sólo en un deseo de conquistar territorio. Es una oportunidad para mezclar genes. Exogamia masculina. La tribu ganadora consigue el uso de los árboles que crecen de los cuerpos de los guerreros muertos.

Ender miró a Humano, Come-hojas y Flecha.

¬ó
Es cierto ¬ó dijo Flecha ¬ó. Naturalmente que es cierto. Ahora somos la tribu m√°s sabia. Todos nosotros seremos mejores padres que ninguno de los otros cerdis.

¬ó
Ya veo.

¬ó
Por eso Miro quiso que viniéramos ahora, esta noche — dijo Novinha —. Cuando las




negociaciones a√ļn no han acabado. Eso tiene que terminar. Humano se puso en pie y comenz√≥ a dar saltos arriba y abajo como si quisiera echar a volar.
¬ó
No traduciré eso — dijo.

¬ó
Yo lo haré — dijo Come-hojas.


¬ó
¡Alto! — gritó Ender. Su voz sonó más fuerte de lo que la había oído nunca. Inmediatamente todo el mundo guardó silencio; el eco de su grito pareció extenderse entre los árboles —. Come­hojas, no tendré más intérprete que Humano.

¬ó
¬ŅQui√©n eres para decirme que no hable a las esposas? Soy un cerdi, mientras que t√ļ no eres nada.

¬ó
Humano, dile a Gritona que si deja que traduzca las palabras que los humanos hemos dicho entre nosotros, entonces ser√° un esp√≠a. Y si deja que nos esp√≠e, nos iremos a casa inmediatamente y no conseguir√©is nada de nosotros. Me llevar√© a la reina colmena a otro mundo donde restaurarla. ¬ŅMe comprendes?


Por supuesto que comprend√≠a. Ender tambi√©n sab√≠a que Humano estaba complacido. Come-hojas estaba intentando usurpar el papel de Humano y desacreditarle... junto con Ender. Cuando Humano termin√≥ de traducir, Gritona le cant√≥ a Come-hojas. Azorado, √©ste se retir√≥ r√°pidamente al bosque para observar junto a los dem√°s cerdis. Pero Humano no era ni mucho menos una marioneta. No mostr√≥ ning√ļn signo de agradecimiento. Mir√≥ a Ender a los ojos
¬ó
Dijiste que no intentarías cambiarnos.

¬ó
Dije que no intentaría cambiaros más de lo necesario.

¬ó
¬ŅPor qu√© es necesario esto? Es un asunto entre nosotros y los otros cerdis.

¬ó
Cuidado — advirtió Ouanda —. Está muy trastornado.


Antes de convencer a Gritona, Ender sabía que tenía que convencer a Humano.
Sois nuestros amigos entre los cerdis. Ten√©is nuestra confianza y nuestro amor. Nunca haremos nada para da√Īaros, o para que otros cerdis tengan ventaja sobre vosotros. Pero no hemos venido s√≥lo a vosotros. Representamos a toda la humanidad, y hemos venido a ense√Īar todo lo que podamos a todos los cerdis. No importa de qu√© tribu.
¬ó No represent√°is a toda la humanidad. Est√°is a punto de pelear contra todos los dem√°s
humanos. ¬ŅC√≥mo puedes decir que nuestras guerras son malas y las vuestras son buenas? Seguramente Pizarro, con su escasez de recursos, tuvo menos problemas con Atahualpa.
¬ó
Estamos intentando no pelear con los otros humanos. Y si llega el caso, no ser√° nuestra guerra, ni intentaremos conseguir ventaja sobre ellos. Ser√° vuestra guerra, y trataremos de conseguiros el derecho de viajar entre las estrellas ¬ó Ender extendi√≥ su mano abierta ¬ó. Hemos renunciado a nuestra humanidad para convertirnos en ramen con vosotros ¬ó cerr√≥ la mano y la convirti√≥ en un pu√Īo ¬ó. Humano, cerdi y reina colmena ser√°n uno en Lusitania. Todos los humanos. Todos los insectores. Todos los cerdis.

Humano se quedó sentado, en silencio, digiriendo esto.

¬ó
Portavoz ¬ó dijo finalmente ¬ó. Esto es muy duro. Hasta que los humanos llegasteis, los otros cerdis ten√≠an que morir, y su tercera vida era ser esclavos nuestros en los bosques que mantenemos. Este bosque fue una vez un campo de batalla. Nuestros padres m√°s antiguos son los h√©roes de esa batalla, y nuestras casas est√°n hechas de los cobardes. Toda la vida nos preparamos para ganar batallas a nuestros enemigos, para que nuestras esposas puedan hacer un √°rbol madre en un nuevo bosque y seamos grandes y poderosos. En estos √ļltimos diez a√Īos hemos aprendido a usar flechas para matar desde lejos. A usar cuencos y pieles de cabra para llevar el agua a las tierras secas. A usar amaranto y ra√≠z de merdona para que podamos ser muchos y fuertes y llevemos comida lejos de los macios de nuestro bosque natal. Nos alegramos de esto porque significaba que ser√≠amos siempre victoriosos en la guerra. Llevar√≠amos a nuestras esposas, nuestras peque√Īas madres, nuestros h√©roes a cada rinc√≥n del gran mundo, y finalmente, alg√ļn d√≠a, a las estrellas. Este es nuestro sue√Īo, Portavoz, y ahora me dices que quieres que lo perdamos como el viento se pierde en el cielo.

Fue un discurso apasionado. Ninguno de los otros humanos ofreció a Ender ninguna sugerencia sobre lo que tenía que responder. Humano casi les había convencido.

¬ó
Vuestro sue√Īo es bueno ¬ó dijo Ender ¬ó. Es el sue√Īo de todas las criaturas vivientes. El deseo que est√° en la ra√≠z de la vida misma: crecer hasta que todo el espacio que pod√°is ver sea vuestro y est√© bajo vuestro control. El deseo de grandeza. Sin embargo, hay dos formas de cumplirlo. Una es matando a todo lo que sea extra√Īo a nosotros mismos, devor√°ndolo o destruy√©ndolo, hasta que no quede nada que se os oponga. Pero ese camino es malo. Le dec√≠s a todo el universo: ¬ęS√≥lo yo ser√© grande y, para que yo me abra espacio, el resto de vosotros ten√©is que renunciar incluso a lo que ya ten√©is, y convertiros en nada.¬Ľ Comprende, Humano, que si nosotros sinti√©ramos de esta forma y actu√°ramos de esta forma, podr√≠amos matar a todos los cerdis de Lusitania y hacer de este sitio nuestro hogar. ¬ŅQu√© quedar√≠a de vuestro sue√Īo si fu√©ramos malos?

Humano se esforzaba por comprender.

¬ó
Veo que nos hab√©is dado grandes regalos, cuando podr√≠ais haber tomado de nosotros incluso lo poco que tenemos. Pero ¬Ņpor qu√© nos disteis los regalos si no podemos usarlos para hacernos grandes?

¬ó
Queremos que crezc√°is y viaj√©is entre las estrellas. Queremos que se√°is fuertes y poderosos, con cientos y miles de hermanos y esposas. Queremos ense√Īaros a cultivar muchas especies de


plantas y a criar muchos animales diferentes. Ela y Novinha, estas dos mujeres, trabajar√°n todos los d√≠as de su vida para desarrollar m√°s plantas que puedan vivir aqu√≠, en Lusitania, y todas las cosas buenas que consigan os las dar√°n. Para que pod√°is crecer. Pero ¬Ņpor qu√© tiene que morir un solo cerdi de los dem√°s bosques para que pod√°is tener esos regalos? ¬ŅY por qu√© os lastimar√≠a si tambi√©n le di√©ramos a ellos los mismos regalos?
¬ó Si se vuelven tan fuertes como nosotros, ¬Ņqu√© habremos ganado entonces?
¬ę¬ŅQu√© esperabas que hiciera este hermano? pens√≥ Ender ¬ó. Su gente siempre se hab√≠a medido contra las otras tribus. Su bosque no tiene cien o quinientas hect√°reas: es m√°s grande o m√°s peque√Īo que el bosque de la tribu del este o del sur. Lo que tengo que hacer ahora es el trabajo de una generaci√≥n. Tengo que ense√Īarle un nuevo modo de concebir la grandeza de su propio pueblo.¬Ľ
¬ó ¬ŅEs grande Ra√≠z? ¬ó pregunt√≥ Ender.
¬ó Claro que s√≠. Es mi padre. Su √°rbol no es el m√°s antiguo ni el m√°s grueso, pero ning√ļn padre ha tenido nunca tantos hijos tan r√°pidamente despu√©s de ser plantado.
¬ó As√≠ que en cierto sentido, todos los hijos que ha tenido son a√ļn parte de √©l. Cuantos m√°s
hijos tiene, mas grande es ¬ó Humano asinti√≥ lentamente ¬ó. Y cuanto m√°s consigas t√ļ en tu vida, m√°s grande har√°s a tu padre, ¬Ņno es cierto?
¬ó
Si sus hijos hacen bien, entonces sí; es un gran honor para el padre árbol.

¬ó
¬ŅTienes que matar a todos los otros grandes √°rboles para que tu padre sea grande?


¬ó Eso es distinto. Todos los otros grandes √°rboles son padres de la tribu, y los m√°s peque√Īos son a√ļn hermanos.
Sin embargo, Ender pudo ver que Humano estaba ahora inseguro. Se resist√≠a a las ideas de Ender porque eran extra√Īas, no porque fueran err√≥neas o incomprensibles. Estaba empezando a comprender.
¬ó Mira a las esposas. No tienen hijos. Nunca podr√°n ser grandes como es grande tu padre.
¬ó
Portavoz, sabes que son las más grandes de todas. La tribu entera les obedece. Cuando nos gobiernan bien, la tribu prospera; cuando la tribu se multiplica, entonces las esposas son también fuertes...

¬ó
Aunque ninguno de vosotros sea hijo suyo.

¬ó
¬ŅC√≥mo podr√≠amos serlo?



¬ó
Y sin embargo aumentáis su grandeza. A pesar de que no son vuestra madre ni vuestro padre, crecen cuando vosotros crecéis.

¬ó
Todos somos la misma tribu...

¬ó
Pero, ¬Ņpor qu√© sois la misma tribu? Ten√©is diferentes padres, diferentes madres...

¬ó
¡Porque somos la tribu! Vivimos aquí en el bosque, y...

¬ó
Si viniera otro cerdi de otra tribu y os pidiera que le dejarais quedarse y ser un hermano....

¬ó
¡Nunca le permitiríamos ser un árbol padre!

¬ó
Pero intentasteis que Pipo y Libo lo fueran.
Humano respiraba ansiosamente.




¬ó
Eran parte de la tribu. Del cielo, pero les hicimos hermanos e intentamos hacerles padres. La tribu es lo que nosotros creemos que es. Si decimos que la tribu son todos los Peque√Īos del bosque, y todos los √°rboles, eso es lo que es la tribu. Incluso algunos de los √°rboles m√°s antiguos provienen de guerreros de otras tribus, ca√≠dos en batalla. Nos convertimos en una tribu porque decimos que lo somos.


Ender se maravill√≥ por la mente de este peque√Īos ramen. Cu√°n pocos humanos eras capaces de comprender esta idea, o dejar que se extendiera m√°s all√° de los estrechos confines de su tribu, su familia, su naci√≥n.
Humano dio la vuelta a su alrededor y se apoyó contra él. El peso del joven cerdi presionó contra su espalda. Ender sintió su respiración en la mejilla, y entonces Humano hizo que las mejillas de ambos se juntaran y miraran en la misma dirección. Comprendió de inmediato.
¬ó Ves lo que yo veo.
¬ó
Los humanos crecéis al hacer que seamos parte de vosotros, humanos y cerdis e insectores, ramen juntos. Entonces somos una tribu, y nuestra grandeza es vuestra grandeza, y lo vuestro es nuestro.

Ender pudo sentir el cuerpo de Humano temblando con la fuerza de la idea.

¬ó
Nos dices que tenemos que ver a las otras tribus de la misma manera. Como una sola tribu, nuestra tribu, para que creciendo nosotros les hagamos crecer a ellos.

¬ó
Podéis enviar maestros a las otras tribus — dijo Ender —. Hermanos que pasen a su tercera vida en los otros bosques y tengan hijos allí.

¬ó
Es dif√≠cil pedir a las esposas una cosa tan extra√Īa y dif√≠cil. Tal vez imposible. Sus mentes no funcionan igual que la de los hermanos. Un hermano puede pensar en muchas cosas diferentes. Pero una esposa S√≥lo piensa en una cosa: en lo que es bueno para la tribu, en lo que es bueno para los ni√Īos y las peque√Īas madres.

¬ó
¬ŅPuedes hacerles comprender esto?

¬ó
Mejor que t√ļ, s√≠. Pero probablemente fallar√©.

¬ó
No lo creo.



¬ó
Has venido esta noche para hacer una alianza entre nosotros, los cerdis de esta tribu, y vosotros, los humanos que vivís en este mundo. Los humanos de fuera de Lusitania no se preocuparán por nuestra alianza, y los cerdis de fuera de este bosque tampoco.

¬ó
Queremos hacer la misma alianza con todos.

¬ó
Y en esta alianza, los humanos promet√©is ense√Ī√°rnoslo todo.

¬ó
Tan r√°pido como pod√°is comprenderlo.

¬ó
Todas las preguntas que hagamos.

¬ó
Si sabemos las respuestas.



¬ó
¬°Cu√°ndo! ¬°S√≠! ¬°√Čsas no son palabras para una alianza! Dame respuestas directas, Portavoz de los Muertos ¬ó Humano se levant√≥, se separ√≥ de Ender, dio la vuelta a su alrededor y se inclin√≥ un poco para mirarle desde arriba ¬ó. ¬°Prometed que nos ense√Īar√©is todo lo que sab√©is!

¬ó
Lo prometemos.

¬ó
Y que devolver√°s a la vida a la reina colmena para que nos ayude.

¬ó
La devolveré. Tendréis que hacer con ella vuestra propia alianza. No obedece la ley humana.

¬ó
Promete restaurar a la reina colmena, nos ayude o no.

¬ó
Sí.



¬ó
Promete que obedeceréis nuestra ley cuando vengáis a nuestro bosque. Y que accedéis a que la tierra de la pradera que necesitemos también estará bajo nuestra ley.

— Sí.

¬ó
¬ŅE ir√©is a la guerra contra todos los otros humanos de todas las estrellas del cielo para protegernos y dejar que viajemos tambi√©n a las estrellas?


¬ó Ya lo hemos hecho.
Humano se relajó, dio un paso atrás, se sentó en su antigua posición. Dibujó con el dedo en el suelo.
¬ó
Ahora, lo que queréis de nosotros. Obedeceremos la ley humana en vuestra ciudad, y también en la tierra de la pradera que necesitéis.

¬ó
Sí.

¬ó
Y no queréis que vayamos a la guerra.

¬ó
Eso es.

¬ó
¬ŅY eso es todo?

¬ó
Una cosa m√°s.

¬ó
Lo que pides es ya imposible. Bien puedes pedir m√°s.



¬ó
¬ŅCuando empieza la tercera vida? Cuando mat√°is a un cerdi y se convierte en un √°rbol, ¬Ņverdad?

¬ó
La primera vida es dentro del árbol madre, donde nunca vemos la luz, y donde comemos a ciegas la carne del cuerpo de nuestra madre y la savia del árbol. La segunda vida es cuando vivimos a la sombra del bosque, en la media luz, corriendo, saltando y escalando; viendo, cantando y hablando, haciendo cosas con nuestras manos. La tercera vida es cuando nos estiramos y bebemos del sol, por fin bajo la luz total, no moviéndonos nunca excepto con el viento; sólo pensando y, cuando los hermanos tocan el tambor sobre tu tronco, hablándoles. Sí, ésa es la tercera vida.

¬ó
Los humanos no tienen tercera vida.
Humano le miró, sorprendido.


¬ó
Cuando morimos, aunque nos plantéis, no crece nada. No hay árbol. Nunca bebemos del Sol.




Cuando morimos, estamos muertos. Humano miró a Ouanda.
— Pero el otro libro que nos disteis... hablaba todo el rato de vivir después de la muerte y volver a nacer.
¬ó
No como √°rbol. No como nada que pod√°is tocar o sentir. O hablar. O escuchar.

¬ó
No te creo. Si eso es cierto, ¬Ņpor qu√© Pipo y Libo nos hicieron plantarles?


Novinha se arrodilló junto a Ender, rozándole casi aunque sin apoyarse en él, para poder oír con más claridad.
¬ó ¬ŅC√≥mo hicieron eso? ¬ó pregunt√≥ Ender.
¬ó
Nos dieron el gran regalo, ganaron el gran honor. El humano y el cerdi juntos. Pipo y Mandachuva. Libo y Come-hojas. Mandachuva y Come-hojas pensaron que ganar√≠an la tercera vida, pero ni Pipo ni Libo quisieron conced√©rsela. Se quedaron el regalo para si. ¬ŅPor qu√© hicieron eso, si los humanos no tienen tercera vida?

¬ó
¬ŅQu√© ten√≠an que hacer para darle la tercera vida a Mandachuva o Come-hojas? ¬ó irrumpi√≥ la voz de Novinha, brusca y emotiva.

¬ó
Plantarles, por supuesto. Lo mismo que hoy.

¬ó
¬ŅLo mismo que hoy? ¬ó pregunt√≥ Ender.



¬ó
T√ļ y yo. Humano y el Portavoz de los Muertos. Si hacemos esta alianza para que las esposas y los humanos est√©n de acuerdo, entonces √©ste es un d√≠a grande y noble. As√≠ que o t√ļ me das la tercera vida o yo te la doya ti.

¬ó
¬ŅCon mi propia mano?

¬ó
Naturalmente. Si no me das el honor, entonces yo debo d√°rtelo.




Ender recordó la foto que había visto hacía sólo dos semanas. Pipo desmembrado y destripado, con las partes de su cuerpo separadas. Plantado.
¬ó Humano, el peor crimen que un ser humano puede cometer es el asesinato. Y una de las
peores maneras de hacerlo es coger a una persona viva y cortarla y herirla hasta que muera. Una vez más Humano reflexionó un momento, intentando captar el sentido de esto.
¬ó
Portavoz ¬ó dijo por fin ¬ó, mi mente sigue viendo esto de dos formas. Si los humanos no tienen tercera vida, entonces plantarles es un crimen, siempre. A nuestros ojos, Pipo y Libo se estaban quedando el honor para s√≠, dejando a Mandachuva y Come-hojas como les veis, para que mueran sin honor por sus logros. Los humanos vinisteis del otro lado de la verja y os los llevasteis del terreno antes de que sus ra√≠ces pudieran crecer. A nuestros ojos, fuisteis vosotros quienes cometisteis un asesinato. Pero ahora lo veo de otra forma. Pipo y Libo no quisieron llevar a Mandachuva y Come-hojas a la tercera vida porque para ellos seria asesinato. As√≠ que accedieron a morir para no tener que matar a ning√ļn cerdi.

— Sí — dijo Novinha.

¬ó
Si es as√≠, ¬Ņentonces por qu√© cuando los humanos les encontrasteis no vinisteis al bosque y nos matasteis a todos? ¬ŅPor qu√© no hicisteis un gran fuego que consumiera a todos nuestros padres y a la propia madre √°rbol?

En el borde del bosque, Come-hojas emitió un chillido terrible, lleno de pena insoportable.

¬ó
Si hubierais cortado uno de los √°rboles ¬ó dijo Humano ¬ó, si hubierais asesinado a uno solo de ellos, os habr√≠amos visitado por la noche y os habr√≠amos matado a todos. Y aunque alguno de vosotros sobreviviera, nuestros mensajeros habr√≠an contado la historia a todas las otras tribus, y ninguno de vosotros dejar√≠a esta tierra vivo. ¬ŅPor qu√© no nos matasteis por haber asesinado a Pipo y Libo?


Mandachuva apareció de repente tras Humano, jadeando pesadamente. Se arrojó al suelo y tendió las manos hacia Ender.
— ¡Le corté con estas manos! — gimió —. ¡Intenté honrarle, y maté su árbol para siempre!
¬ó
No ¬ó dijo Ender. Tom√≥ las manos de Mandachuva y las sostuvo ¬ó. Los dos pensabais queestabais salvando la vida del otro. √Čl te hiri√≥ y t√ļ... le heriste, s√≠, le mataste, pero los dos cre√≠ais que estabais haciendo bien. Eso es suficiente por ahora. Ahora sabes la verdad, igual que nosotros. Sabemos que vuestra intenci√≥n no era el asesinato. Y ahora vosotros sab√©is que cuando introduc√≠s uncuchillo en un ser humano, morimos para siempre. √Čse es el √ļltimo punto de la alianza, Humano. No llevar a ning√ļn ser humano a la tercera vida, porque no sabemos ir.

¬ó
Cuando le cuente esta historia a las esposas, oiréis una pena tan terrible que parecerá que los árboles se rompen bajo una tormenta.


Se dio la vuelta y se plantó ante Gritona, y le habló unos instantes. Entonces regresó junto a Ender.
¬ó
Vete ahora ¬ó dijo.

¬ó
A√ļn no tenemos la alianza.


¬ó Tengo que hablar a todas las esposas. Nunca lo har√°n mientras est√©is aqu√≠, a la sombra del √°rbol madre, sin nadie que proteja a los Peque√Īos. Flecha os guiar√°. Esperadme en la colina donde Ra√≠z monta guardia. Dormid si pod√©is. Le presentar√© la alianza a las esposas e intentar√© que comprendan que debemos tratar a las otras tribus con tanta amabilidad como nos hab√©is tratado vosotros.
Impulsivamente, Humano extendió una mano y tocó con firmeza a Ender en el vientre.
— Hago mi propia alianza — le dijo —. Te honraré siempre, pero nunca te mataré.
Ender apoyó la palma de su mano contra el cálido abdomen de Humano. Notó las protuberancias calientes bajo su contacto.
— Yo también te honraré siempre.
¬ó
Y si hacemos esta alianza entre tu tribu y las nuestras ¬ó dijo Humano ¬ó, ¬Ņme dar√°s el honor de la tercera vida? ¬ŅMe dejar√°s estirarme y beber la luz?

¬ó ¬ŅPodemos hacerlo con rapidez? No de la forma lenta y terrible en que...

¬ó
¬ŅY convertirme en uno de los √°rboles silenciosos? ¬ŅSin ser nunca padre? ¬ŅSin m√°s honor que alimentar con mi savia a los apestosos macios y dar mi madera a los hermanos cuando me canten?

¬ó
¬ŅHay alguien m√°s que pueda hacerlo? ¬ŅUno de los hermanos que conozca vuestro camino de vida y muerte?

¬ó
No comprendes. As√≠ es c√≥mo toda la tribu sabr√° que se ha dicho la verdad. O t√ļ me llevas a la tercera vida o yo debo llevarte a ti. De otro modo, no habr√° alianza. Yo no te matar√©, Portavoz, y los dos queremos el tratado.

¬ó
Lo haré — dijo Ender.
Humano asintió, retiró la mano y regresó con Gritona.


¬ó
O Deus ¬ó susurr√≥ Ouanda ¬ó. ¬ŅC√≥mo tendr√° valor para hacerlo?




Ender no respondió. No tenía respuesta. Simplemente siguió a Flecha en silencio mientras les conducía a la salida del bosque. Novinha le dio su linterna para que encontrara el camino; Flecha jugaba con ella como un chiquillo, regulando su intensidad, haciendo que revoloteara entre los árboles y los arbustos como una mariposa. Estaba más alegre y juguetón de lo que Ender había visto nunca a ninguno de ellos.
Pero tras ellos pudieron o√≠r las voces de las esposas entonando una canci√≥n terrible y cacof√≥nica. Humano les hab√≠a dicho la verdad sobre Pipo y Libo, que hab√≠an muerto definitivamente, y con dolor, para no tener que asesinar a Mandachuva y Come-hojas, seg√ļn pensaban. S√≥lo cuando se alejaron lo suficiente y el sonido del lamento de las esposas fue ya m√°s leve que el ruido de sus propias pisadas y el viento en los √°rboles, volvieron a hablar.
¬ó √Čsa ha sido la misa por el alma de mi padre ¬ó dijo Ouanda suavemente.
¬ó Y por el m√≠o ¬ó a√Īadi√≥ Novinha; todos supieron que hablaba de Pipo; no de Gusto, el Venerado.
Pero Ender no escuchaba su conversaci√≥n; no hab√≠a conocido a Pipo y Libo, y no participaba del recuerdo de su pena. En todo lo que pod√≠a pensar era en los √°rboles del bosque. Cada uno de ellos hab√≠a sido una vez un cerdi vivo. Los cerdis pod√≠an cantarles, hablarles, incluso a veces comprenderles. Pero Ender, no. Para Ender los √°rboles no eran personas, nunca podr√≠an serlo. Si usaba el cuchillo contra Humano, no seria un asesinato a los ojos de los cerdis, pero para Ender ser√≠a acabar con la √ļnica parte de la vida de Humano que comprend√≠a. Como cerdi, Humano era un aut√©ntico ramen, un hermano. Como √°rbol, seria poco m√°s que una l√°pida. Eso era todo lo que Ender pod√≠a comprender, todo lo que pod√≠a creer.
¬ęUna vez m√°s debo matar, ¬ó pens√≥ ¬ó, aunque promet√≠ que nunca volver√≠a a hacerlo.¬Ľ Sinti√≥ que la mano de Novinha le tomaba por el brazo y se apoyaba en √©l.
¬ó
Ay√ļdame ¬ó dijo ella ¬ó. Apenas puedo ver con esta oscuridad.

¬ó
Tengo buena visión nocturna — se ofreció Olhado.

¬ó
Calla esa boca, est√ļpido ¬ó susurr√≥ Ela con furia ¬ó. Madre quiere hablar con √©l.


Pero Novinha y Ender la oyeron claramente, y pudieron sentir la risa silenciosa de cada uno. Novinha se acercó más a él mientras caminaban.
— Pienso que serás capaz de hacerlo — suavemente, para que sólo él pudiera oírla.
¬ó
¬ŅFr√≠amente y sin escr√ļpulos? ¬ó pregunt√≥ √©l. Su voz ten√≠a un cierto tinte humor√≠stico, pero en su boca las palabras le parecieron amargas y verdaderas.

¬ó
Con la compasi√≥n suficiente como para poner el hierro candente en la herida, cuando es el √ļnico medio de curarla. Ella ten√≠a derecho a hablar, pues hab√≠a sentido su hierro ardiente cauterizar sus heridas m√°s profundas; √©l la crey√≥ y aquello tranquiliz√≥ su coraz√≥n.


Sabiendo lo que le esperaba, Ender pensaba que no ser√≠a capaz de dormir. Pero se despert√≥ al o√≠r la suave voz de Novinha que le hablaba. Advirti√≥ que estaba al aire libre, sobre el capim, con la cabeza apoyada en el regazo de Novinha. A√ļn estaba oscuro.
— Ahí vienen — dijo Novinha.
Ender se sent√≥ en el suelo. Antes, cuando ni√Īo, se habr√≠a despertado por completo al instante; pero entonces era un soldado adiestrado. Ahora necesit√≥ unos momentos para orientarse. Ouanda y Ela estaban despiertas y observando, Olhado estaba dormido y Quim cabeceaba. El alto √°rbol de la tercera vida de Ra√≠z se encontraba a s√≥lo unos metros de distancia. Y en la distancia aunque no demasiado lejos, m√°s all√° de la verja y al fondo del peque√Īo valle, las primeras casas de Milagro en las laderas con la catedral y el monasterio en las colinas m√°s altas y cercanas.
En la otra dirección, el bosque, y bajando de los árboles, aparecieron Humano, Mandachuva, Come-hojas, Cuencos, Calendario, Gusano, Danza — corteza y varios otros hermanos cuyos nombres Ouanda desconocía.
¬ó No les he visto nunca ¬ó dijo ¬ó. Deben de venir de las otras casas de hermanos. ¬ę¬ŅTenemos ya la alianza? ¬ó se pregunt√≥ Ender ¬ó. Eso es todo lo que me preocupa. ¬ŅHa conseguido Humano que las esposas comprendan una nueva manera de concebir el mundo?¬Ľ
Humano llevaba algo envuelto en hojas. Los cerdis lo colocaron ante Ender sin decir palabra; Humano lo destapó con cuidado. Era un libro impreso por ordenador.
¬ó
La Reina Colmena y el Hegemón — dijo Ouanda suavemente —. La copia que Miro les dio.

¬ó
La alianza ¬ó dijo Humano.


S√≥lo entonces advirtieron que el libro estaba boca abajo, por la cara blanca del papel. Y all√≠, a la luz de una linterna, vieron una serie de letras escritas a mano. Eran largas y extra√Īamente formadas. Ouanda se sorprendi√≥.
¬ó
Nunca les ense√Īamos a hacer tinta ¬ó dijo ¬ó. Nunca les ense√Īamos a escribir.

¬ó
Calendario aprendió a hacer las letras — explicó Humano —. Escribiendo con palos en el


suelo. Y Gusano hizo la tinta de jugo de cabra y macios secos. Es as√≠ c√≥mo hac√©is los tratados, ¬Ņno?
¬ó
Sí — dijo Ender.

¬ó
Si no lo escribiéramos sobre el papel, entonces lo recordaríamos de forma diferente.

¬ó
Eso es — dijo Ender —. Habéis hecho bien al escribirlo.


¬ó Hemos introducido algunos cambios. Las esposas quer√≠an algunos cambios, y pens√© que los aceptar√≠ais ¬ó Humano los se√Īal√≥ ¬ó. Los humanos pod√©is hacer esta alianza con otros cerdis, pero no pod√©is hacer una alianza diferente. No pod√©is ense√Īar a otros cerdis cosas que no nos hay√°is ense√Īado a nosotros. ¬ŅLo aceptas?
¬ó Por supuesto.
¬ó √Čsa fue la parte f√°cil. ¬ŅY si no estamos de acuerdo en las reglas? ¬ŅY si no estamos de acuerdo en d√≥nde termina vuestra pradera y empieza la nuestra? As√≠ que Gritona dijo: Que la reina colmena juzgue entre humanos y Peque√Īos. Que los humanos juzguen entre los Peque√Īos y la reina colmena. Y que los Peque√Īos juzguen entre la reina colmena y los humanos.
Ender se pregunt√≥ c√≥mo resultar√≠a aquello. Record√≥, como no pod√≠a hacerlo ning√ļn otro ser humano, lo temidos que hab√≠an sido los insectores tres mil a√Īos antes. Sus cuerpos de insecto eran la pesadilla de los ni√Īos humanos. ¬ŅC√≥mo aceptar√≠an los habitantes de Milagro su veredicto?
¬ęEs dif√≠cil. Pero no m√°s de lo que le hemos pedido a los cerdis.¬Ľ
— Si. Podemos aceptar eso también. Es un buen plan.
¬ó
Y otro cambio ¬ó dijo Humano. Mir√≥ a Ender y sonri√≥. Parec√≠a extra√Īo, ya que las caras de los cerdis no hab√≠an sido dise√Īadas para aquella expresi√≥n humana ¬ó. Por eso llev√≥ tanto tiempo. Por todos estos cambios.

Ender le devolvió la sonrisa.

¬ó
Si una tribu de cerdis no quiere firmar la alianza con los humanos, y si esa tribu ataca a una de las tribus que si ha firmado la alianza, entonces podemos ir a la guerra contra ellos.


¬ó ¬ŅQu√© entend√©is por atacar? ¬ó le pregunt√≥ Ender.
Si consideraban un ataque un simple insulto, aquella cláusula reduciría a la nada la prohibición de la guerra.
¬ó Atacar es venir a nuestras tierras y matar a los hermanos o las esposas. No es atacar cuando se presentan para la guerra, u ofrecen un acuerdo para empezar una guerra. Atacar es cuando se empieza una guerra sin avisar. Ya que nunca iremos a la guerra, un ataque hecho por otra tribu es la √ļnica manera en que la guerra puede empezar. Sab√≠a que lo preguntar√≠as.
Se√Īal√≥ las palabras de la alianza. Ciertamente, el tratado defin√≠a claramente lo que constitu√≠a un ataque.
— Eso también es aceptable — dijo Ender.
Significaba que la posibilidad de guerra no desaparecer√≠a durante muchas generaciones, tal vez durante siglos, ya que se tardar√≠a mucho tiempo en llevar esta alianza a todas las tribus de cerdis. Pero antes de que la √ļltima tribu se uniera a la alianza, los beneficios de una convivencia pac√≠fica estar√≠an claros, y pocos querr√≠an ser guerreros.
¬ó Ahora, el √ļltimo cambio ¬ó dijo Humano ¬ó. Las esposas lo pusieron con la intenci√≥n de castigarte por hacer esta alianza tan dif√≠cil. Pero creo que no lo considerar√°s un castigo. Ya que nos est√° prohibido llevaros a la tercera vida, una vez la alianza entre en vigor, los humanos tambi√©n tendr√°n prohibido llevar a los hermanos a la tercera vida.
Por un momento, Ender pensó que aquello era su liberación; ya no tendría que hacer lo que Pipo y Libo habían rehusado.
¬ó
Despu√©s de la alianza ¬ó dijo Humano ¬ó. Ser√°s el primer y √ļltimo humano en dar el regalo.

¬ó
Desearía...


— Sé lo que desearías, mi amigo Portavoz. Para ti es un asesinato. Pero para mí... cuando a un hermano se le da el derecho de pasar a la tercera vida y convertirse en padre, elige a su mayor rival
o a su mejor amigo para que le d√© el tr√°nsito. T√ļ, Portavoz. Desde que aprend√≠ stark y le√≠ por primera vez la Reina Colmena y el Hegem√≥n te he esperado. Le dije muchas veces a Ra√≠z, mi padre, de todos los humanos, √©ste es el que nos comprender√°. Entonces, cuando tu nave vino, Ra√≠z me dijo que t√ļ y la reina colmena ven√≠ais a bordo, y supe que t√ļ tenias que darme el tr√°nsito si lo hac√≠a bien.
¬ó
Lo has hecho bien, Humano.

¬ó
Aqu√≠ ¬ó dijo ¬ó. ¬ŅVes? Hemos firmado la alianza a la manera humana.
Al pie de la √ļltima p√°gina de la alianza hab√≠a dos palabras formadas ruda y laboriosamente.


¬ó
Humano — leyó Ender en voz alta, aunque no pudo hacer lo mismo con la otra palabra.


— Es el verdadero nombre de Gritona. Mira — estrellas. No es muy buena con el palo de escribir. Las esposas no usan herramientas a menudo, ya que los hermanos hacen ese tipo de trabajo. Así que quiso que te dijera cuál es su nombre. Y que te dijera que la llamaron así porque siempre estaba mirando las estrellas. Dice que entonces no lo sabía, pero que miraba para ver tu venida.
¬ęTanta gente deposita su confianza en m√≠, ¬ó pens√≥ Ender ¬ó. Al final, sin embargo, todo depende de ellos. De Novinha y Miro. De Ela, que me llam√≥. De Humano y Mira ¬ó estrellas. Y tambi√©n de los que tem√≠an mi llegada.¬Ľ
Gusano trajo el cuenco con la tinta, Calendario la pluma. √Čsta era una fina barra de madera con una hendidura y un hueco que albergaba un poco de tinta cuando se mojaba en el cuenco. Tuvo que mojarla cinco veces para poder firmar con su nombre.
¬ó Cinco ¬ó dijo Flecha.
Entonces Ender record√≥ que el n√ļmero cinco era portentoso para los cerdis. Hab√≠a sido una casualidad, pero si ellos quer√≠an verlo como un buen presagio, tanto mejor.
¬ó
Llevaré la alianza a nuestra gobernadora y al obispo — dijo Ender.

¬ó
De todos los documentos atesorados en la historia de la humanidad... ¬ó dijo Ouanda.


Nadie necesit√≥ que terminara la frase. Humano, Come-hojas y Mandachuva envolvieron cuidadosamente el libro y lo tendieron, no a Ender sino a Ouanda. Ender supo inmediatamente, con terrible certeza, lo que aquello significaba. Los cerdis a√ļn ten√≠an un trabajo para √©l, un trabajo que requerir√≠a que tuviera las manos libres.
¬ó
Ahora la alianza se ha hecho al modo humano ¬ó dijo Humano ¬ó. Debes hacerla tambi√©n al de los Peque√Īos.

¬ó ¬ŅNo basta con la firma? ¬ó pregunt√≥ Ender.

¬ó
De ahora en adelante la firma bastará. Pero sólo porque la misma mano que firmó en nombre de los humanos también hizo la alianza a nuestro modo.

¬ó
Entonces lo haré, como te prometí.
Humano alargó la mano y la pasó desde la garganta al vientre de Ender.


¬ó
La palabra del hermano no está sólo en su boca. La palabra del hermano está en su vida. Se volvió hacia los otros cerdis.

¬ó
Dejadme que hable con mi padre por √ļltima vez antes de que me alce junto a √©l.




Dos de los extra√Īos hermanos se adelantaron con los bastones en la mano. Caminaron con Humano hasta el √°rbol de Ra√≠z y empezaron a golpear sobre √©l y a cantar en la Lengua de los Padres. Casi de inmediato el tronco se abri√≥. El √°rbol era a√ļn bastante joven, y no mucho m√°s grueso que el cuerpo de Humano, por lo que le cost√≥ trabajo entrar en √©l. Pero lo consigui√≥, y el tronco se cerr√≥ detr√°s. El tamborileo cambi√≥ de ritmo, pero no ces√≥ ni un momento.
Jane susurró al oído de Ender.
¬ó Puedo ver la resonancia del tamborileo cambiar dentro del √°rbol. El √°rbol est√° moldeando lentamente el sonido para convertir el tambor en lenguaje.
Los otros cerdis empezaron a aclarar el terreno para el árbol de Humano. Ender notó que lo plantarían de forma que, visto desde la puerta, Raíz estaría a la izquierda y Humano a la derecha. Arrancar el capim por la raíz era un trabajo duro para los cerdis; pronto Quim empezó a ayudarles, y luego Olhado hizo lo mismo, y después Ouanda y Ela.
Ouanda le dio la alianza a Novinha para que la sostuviera mientras ayudaba a arrancar el capim. Novinha, en cambio, se la llevó a Ender, se plantó ante él y le miró fijamente.
¬ó Firmaste como Ender Wiggin, Ender.
El nombre sonaba feo incluso a sus propios oídos. Demasiado frecuentemente lo había escuchado como epíteto.
¬ó
Soy m√°s viejo de lo que aparento. √Čse era el nombre con el que me conoc√≠an cuando aniquil√© el mundo natal de los insectores. Tal vez la presencia de ese nombre en el primer tratado firmado entre humanos y ramen haga algo para cambiar su significado.

¬ó
Ender... — susurró ella. Se acercó a él, con el tratado envuelto en las manos, y lo sostuvo contra su pecho; era pesado, ya que contenía todas las páginas de la Reina Colmena y el Hegemón en la otra cara de las hojas donde se había escrito la alianza —. Nunca acudí a confesarme a los sacerdotes, porque sabía que me despreciarían por mi pecado. Sin embargo, hoy has nombrado todos mis pecados y pude soportarlo porque supe que no me despreciabas. No pude entender por qué, hasta ahora.

¬ó
No soy qui√©n para despreciar a otras personas por sus pecados. No he encontrado a√ļn a nadie que haya pecado m√°s que yo.

¬ó Durante todos estos a√Īos has llevado la carga del pecado de la humanidad.

¬ó
S√≠, bien, pero no es algo m√≠stico. Creo que es como llevar la marca de Ca√≠n. No haces muchos amigos, pero nadie te hace tampoco mucho da√Īo.

El terreno se hab√≠a aclarado. Mandachuva habl√≥ en el Lenguaje de los √Ārboles a los cerdis que golpeaban el tronco; su ritmo cambi√≥ y otra vez el tronco form√≥ la apertura. Humano sali√≥ de √©l como si fuera un reci√©n nacido. Entonces camin√≥ hasta el centro del terreno desbrozado. Come-hojas y Mandachuva le tendieron un par de cuchillos. Al cogerlos, Humano les habl√≥ en portugu√©s, para que los humanos pudieran entenderle y as√≠ sus palabras tuvieran mayor fuerza.

¬ó
Le dije a Gritona que pedisteis vuestro pase a la tercera vida por causa de un gran malentendido con Pipo y Libo. Dijo que antes de que pasara otra mano de manos de días, los dos creceríais hacia la luz.


Come-hojas y Mandachuva soltaron sus cuchillos, tocaron suavemente a Humano en el vientre y dieron un paso atr√°s.
Humano tendió los cuchillos a Ender. Los dos estaban hechos de madera delgada. Ender no pudo imaginar ninguna herramienta que pudiera pulir la madera para convertirla al mismo tiempo en algo tan fino y agudo y a la vez tan fuerte. Pero, por supuesto, ninguna herramienta había pulido aquellos cuchillos. Habían salido perfectamente formados del corazón de un árbol viviente, dados como regalo para ayudar a un hermano a pasar a la tercera vida.
Una cosa era saber que Humano no morir√≠a realmente y otra muy distinta creerlo. Al principio, Ender no cogi√≥ los cuchillos, sino que agarr√≥ a Humano por las mu√Īecas.
¬ó A ti no te parecer√° la muerte, pero para m√≠... te conoc√≠ ayer, y hoy eres mi hermano con tanta seguridad como si Ra√≠z tambi√©n fuera mi padre. Y, sin embargo, cuando el sol salga por la ma√Īana, no podr√© hablarte nunca m√°s. Para m√≠ es la muerte, Humano, lo sientas t√ļ como lo sientas.
¬ó Ven y si√©ntate a mi sombra ¬ó dijo Humano ¬ó, y contempla la luz del sol a trav√©s de mis hojas, y descansa tu espalda en mi tronco. Y haz tambi√©n esto: a√Īade otra historia a la Reina Colmena y el Hegem√≥n. Ll√°mala la Vida de Humano. Cu√©ntale a todos los humanos c√≥mo fui concebido en la corteza del √°rbol de mi padre, y nac√≠ en la oscuridad, comiendo la carne de mi madre. Cu√©ntales c√≥mo dej√© detr√°s la vida de oscuridad y entr√© en la media luz de mi segunda vida, para aprender el lenguaje de las esposas y esforzarme luego para aprender todos los milagros que Libo, Miro y Ouanda vinieron a ense√Īarnos. Diles c√≥mo el √ļltimo d√≠a de mi segunda vida vino mi verdadero hermano del cielo y juntos hicimos la alianza para que los humanos y los cerdis sean s√≥lo una tribu, no una tribu humana y una tribu cerdi, sino una tribu de ramen. Y luego c√≥mo mi amigo me dio el tr√°nsito a la tercera vida, a la plena luz, para que pudiera elevarme al cielo y dar vida a diez mil hijos antes de morir.
¬ó
Contaré tu historia.

¬ó
Entonces, verdaderamente, viviré para siempre.
Ender tomó los cuchillos. Humano se tumbó en el suelo.


¬ó
Olhado ¬ó dijo Novinha ¬ó. Quim. Volved a la puerta. Ela, t√ļ tambi√©n.

¬ó
Voy a ver esto, Madre — dijo Ela —. Soy una científica.


¬ó
Olvidas mis ojos — contestó Olhado —. Lo estoy grabando todo. Podremos mostrar a los humanos de todas partes que el tratado se firmó. Y podremos mostrar a los cerdis que el Portavoz firmó la alianza también a su manera.

¬ó
Yo tampoco me voy — dijo Quim —. Hasta la Santa Virgen se quedó al pie de la cruz.

¬ó
Podéis quedaros — dijo suavemente Novinha. Y también se quedó.
La boca de Humano estaba llena de capim, pero no masticó mucho.


¬ó
Mastica m√°s ¬ó dijo Ender ¬ó, para que no sientas nada.



¬ó
Eso no est√° bien ¬ó intervino Mandachuva ¬ó. √Čstos son los √ļltimos momentos de su segunda vida. Es bueno sentir algunos de los dolores del cuerpo, para recordarlos cuando est√©s en la tercera vida, m√°s all√° del dolor.


Mandachuva y Come-hojas le ense√Īaron a Ender d√≥nde y c√≥mo cortar. Ten√≠a que hacerse r√°pidamente, le dijeron, y sus manos se√Īalaron los √≥rganos que deb√≠an ir aqu√≠ o all√°. Las manos de Ender eran r√°pidas y seguras, su cuerpo tranquilo, pero, a pesar de que apenas pod√≠a apartar los ojos de su sangriento trabajo, sabia que los ojos de Humano le observaban, llenos de gratitud y amor, de agon√≠a y muerte.
Sucedió bajo sus manos, tan rápidamente que durante los primeros instantes pudieron verlo crecer. Varios órganos grandes se encogieron cuando las raíces surgieron de ellos; los tendones se extendieron de un lugar a otro dentro del cuerpo; los ojos de Humano se ensancharon con la agonía final, y de su espina dorsal un tallo germinó hacia arriba, dos hojas, cuatro hojas...
Y entonces se detuvo. El cuerpo estaba muerto; su √ļltimo espasmo de fuerza hab√≠a ido dirigido a crear el √°rbol surgido de su espina dorsal. Ender hab√≠a visto las raicillas y tendones atravesando el cuerpo. Los recuerdos, el alma de Humano hab√≠a sido transferida a las c√©lulas del √°rbol reci√©n nacido. Estaba hecho. Su tercera vida hab√≠a empezado. Y cuando el sol saliera por la ma√Īana, dentro de poco ya, las hojas saborear√≠an la luz por primera vez.
Los otros cerdis danzaban, contentos. Come-hojas y Mandachuva cogieron los cuchillos de las manos de Ender y los enterraron en el suelo a ambos lados de la cabeza de Humano. Ender no podía unirse a su celebración. Estaba cubierto de sangre y apestaba por el olor del cuerpo que había masacrado. Se arrastró, apartándose del cuerpo, hasta la cima de la colina, donde no tuviera que verle. Novinha le siguió. Todos estaban exhaustos, agotados por el trabajo y las emociones del día.
No dijeron nada, no hicieron nada, s√≥lo se tumbaron sobre el grueso capim, buscando alivio en el sue√Īo, mientras los cerdis continuaban su danza y se internaban en el bosque.
Bosquinha y el obispo Peregrino se dirigieron a la puerta, poco antes de que saliera el sol, para ver regresar al Portavoz del bosque. Permanecieron all√≠ diez minutos antes de ver movimiento cerca. Era un ni√Īo, que orinaba medio dormido sobre un matojo.
— ¡Olhado! — llamó la alcaldesa.
El ni√Īo se dio la vuelta, salud√≥ y luego se abroch√≥ r√°pidamente los pantalones y empez√≥ a despertar a los dem√°s, que dorm√≠an entre la alta hierba. Bosquinha y el obispo abrieron la puerta y se acercaron a ellos.
¬ó
Es una tontería, pero éste es el momento en que nuestra rebelión parece más real — dijo Bosquinha —. Cuando atravieso por primera vez la verja.

¬ó
¬ŅPor qu√© han pasado la noche a la intemperie? ¬ó se pregunt√≥ el obispo en voz alta ¬ó. La puerta estaba abierta, podr√≠an haber vuelto a casa.


Bosquinha identificó rápidamente al grupo. Ouanda y Ela, tomadas del brazo como hermanas. Olhado y Quim. Novinha. Y allí, claro, el Portavoz, sentado, con Novinha detrás de él. Todos esperaron expectantes, sin decir nada. Hasta que Ender se levanto.
¬ó
Tenemos el tratado ¬ó dijo ¬ó. Es bueno.
Novinha mostró un paquete envuelto en hojas.


¬ó
Lo escribieron. Para que lo firmen ustedes.
Bosquinha tomó el bulto.



— Todos los ficheros fueron restaurados antes de la medianoche — dijo —. No sólo los que salvamos en su receptor de mensajes. Quienquiera que sea su amigo, Portavoz, es muy bueno.
¬ó Amiga. Se llama Jane.
El obispo y Bosquinha pudieron ver ahora lo que había en el suelo, al pie de la colina donde el Portavoz había dormido. Ahora comprendieron las manchas oscuras de sus manos y brazos, y los salpicones en su cara.
— Preferiría no tener tratado a matar para conseguirlo — dijo Bosquinha.
¬ó
Espere antes de juzgar ¬ó repuso el obispo ¬ó. Creo que el trabajo de esta noche fue m√°s de lo que ahora vemos ante nosotros.

¬ó Muy sabio, padre Peregrino ¬ó dijo suavemente el Portavoz.

¬ó
Se lo explicaré si quieren — se ofreció Ouanda —. Ela y yo lo comprendimos tan bien como cualquiera.

¬ó
Fue como un sacramento ¬ó dijo Olhado.
Bosquinha miró a Novinha, sin comprender.


¬ó
¬ŅLe dejaste mirar?
Olhado se palpó los ojos.


¬ó
Alg√ļn d√≠a, todos los cerdis lo ver√°n a trav√©s de mis ojos.

¬ó
No fue muerte — dijo Quim —, sino resurrección.




El obispo se acercó al cadáver torturado y tocó la semilla de árbol que crecía de la cavidad pectoral.
¬ó
Su nombre es Humano ¬ó dijo el Portavoz.

¬ó
Y también el suyo — dijo el obispo suavemente.
Se dio la vuelta y mir√≥ a aquellos miembros de su peque√Īo reba√Īo que hab√≠an llevado a la



humanidad un paso adelante. ¬ę¬ŅSoy el pastor ¬ó se pregunt√≥ Peregrino ¬ó, o la m√°s confusa e indefensa de las ovejas?¬Ľ
¬ó Venid todos. Venid conmigo a la catedral. Las campanas llamar√°n pronto a misa.
Los ni√Īos se reunieron y se prepararon para ir. Novinha, tambi√©n, dio un paso adelante. Entonces se volvi√≥ y mir√≥ al Portavoz con una invitaci√≥n muda en los ojos.
— Pronto — dijo él —. Un momento más.
Ella siguió también al obispo y subió la colina y entró en la catedral.
La misa apenas acababa de empezar cuando Peregrino vio que el Portavoz, al fondo de la

catedral, se detenía un momento y buscaba con la mirada a Novinha y su familia. Dio unos pocos pasos y se colocó junto a ella, donde Marcão se había sentado en aquellas raras ocasiones en que toda la familia venía junta.
Los deberes del servicio recabaron su atención. Cuando, unos pocos segundos más tarde, Peregrino pudo volver a mirar de nuevo, vio que Grego estaba sentado junto al Portavoz. Pensó en los términos del tratado tal como las muchachas se lo habían explicado, en el significado de la muerte del cerdi llamado Humano, y antes de él, de las muertes de Pipo y Libo. Todo se aclaraba, todo se unía. El joven, Miro, paralizado en la cama, con su hermana Ouanda atendiéndole. Novinha, la oveja perdida, ahora encontrada. La verja, con su negra sombra proyectándose sobre la mente de todos los que habían vivido dentro de sus límites y ahora inofensiva, invisible, insubstancial.
Era el milagro del pan convertido en carne de Cristo en sus manos. ¡Qué repentinamente encontramos la carne de Cristo en nuestro interior, después de todo, cuando pensamos que sólo estamos hechos de barro!