15 - La alocucion


HUMANO: ¬ŅPor qu√© no viene nunca a vernos ninguno de los otros humanos?
MIRO: Somos los √ļnicos a los que se les permite atravesar la verja.
HUMANO: ¬ŅY por qu√© no la escalan simplemente?
MIRO: ¬ŅNo hab√©is tocado nunca la verja? (Humano no responde). Es muy doloroso
tocarla. Pasar por encima de la verja sería como si todas y cada una de las partes de tu
cuerpo te dolieran lo m√°ximo posible, y a la vez.
HUMANO: Eso es una tonter√≠a. ¬ŅNo crece la hierba a ambos lados?
Ouanda Quenhatta Figueira Mucumbi, Transcripciones de di√°logos. 103:0:1970:1:1:5.
Faltaba apenas una hora para que se pusiera el sol. La alcaldesa Bosquinha subió las escaleras de las oficinas privadas que el obispo Peregrino tenía en la Catedral. Dom y Dona Cristaes estaban ya allí, y su aspecto era grave. El obispo Peregrino, sin embargo, parecía satisfecho de si mismo. Siempre disfrutaba cuando todo el liderazgo religioso y político de Milagro se congregaba bajo su techo. No importaba que Bosquinha fuera la que había solicitado la reunión, y que él se hubiera ofrecido a celebrarla en la Catedral, porque era ella la que tenía el poder. A Peregrino le gustaba sentir que de alguna manera era el amo de la colonia Lusitania. Bien, al final de la reunión todos tendrían claro que ninguno de ellos era amo de nada.
Bosquinha les salud√≥ a todos. Sin embargo, no se sent√≥ en la silla que le hab√≠an ofrecido. Lo hizo ante el terminal del obispo, lo conect√≥ y ejecut√≥ el programa que ten√≠a preparado. En el aire aparecieron varias capas de peque√Īos cubos.
La capa superior tenía solamente unos pocos; la mayoría de las capas tenían muchos más. Más de la mitad, empezando por las más altas, estaban coloreadas de rojo; el resto eran azules.
¬ó
Muy bonito — dijo el obispo Peregrino. Bosquinha miró a Dom Cristão.

¬ó
¬ŅReconoce el modelo?
√Čl neg√≥ con la cabeza.


¬ó
Pero creo que sé a qué se debe esta reunión.
Dona Cristã se inclinó hacia delante.


¬ó
¬ŅHay alg√ļn lugar seguro donde podamos esconder las cosas que queremos conservar?
La expresión de diversión no compartida del obispo Peregrino se desvaneció de su rostro.
No sé a qué se debe esta reunión.
Bosquinha se dio la vuelta para mirarle.


¬ó
Era muy joven cuando me nombraron gobernadora de la Colonia Lusitania. Ser elegida era un


gran honor, una gran muestra de confianza. Había estudiado gobierno de comunidades y sistemas sociales desde la infancia, y lo había hecho bien en mi corta carrera en Oporto. Lo que el comité aparentemente pasó por alto fue el hecho de que yo era ya recelosa, mentirosa y chauvinista.
— También tiene virtudes que todos hemos aprendido a admirar — dijo el obispo Peregrino. Bosquinha sonrió.
¬ó
Mi chauvinismo significó que en cuanto la Colonia Lusitania fue mía, mi lealtad se debió más a los intereses de Lusitania que a los de los Cien Mundos o al Congreso Estelar. Mi habilidad para disimular me permitió hacer creer al comité todo lo contrario, que tenía constantemente los mejores intereses del comité en el corazón. Y mi recelo me llevó a pensar que el Congreso no iba a dar a Lusitania nada remotamente parecido a la independencia y a un estatuto de igualdad entre los Cien Mundos.

¬ó Por supuesto que no ¬ó dijo el obispo ¬ó. Somos una colonia.

¬ó
No somos una colonia. Somos un experimento. Hace tiempo que examiné nuestros papeles y nuestra licencia y todas las órdenes del Congreso relacionadas con nosotros, y descubrí que las leyes de intimidad normal no se aplican a nosotros. He descubierto que el comité tiene el poder de acceder ilimitadamente a todos los ficheros de memoria de todas las personas e instituciones de Lusitania.

El obispo empezó a parecer enfadado.

¬ó
¬ŅQuiere decir que el comit√© tiene derecho a mirar todos los archivos confidenciales de la Iglesia?

¬ó
¬°Ah! ¬ó dijo Bosquinha ¬ó. Un amigo chauvinista.

¬ó
La Iglesia tiene algunos derechos asegurados por el Código Estelar.

¬ó
No se enfade conmigo.

¬ó
No me lo había dicho nunca.



¬ó
Si se lo hubiera dicho, habría protestado, y ellos habrían pretendido rectificar y entonces no podría haber hecho lo que hice.

¬ó
¬ŅQu√©?

¬ó
Este programa. Registra todos los accesos iniciados por ansible a los ficheros de la Colonia




Lusitania. Dom Crist√£o frunci√≥ el ce√Īo.
¬ó Se supone que no puede hacer eso.
— Lo sé. Como decía, tengo muchos vicios secretos. Pero mi programa no detectó nunca ninguna intrusión de importancia... oh, unos cuantos ficheros cada vez que los cerdis mataban a uno de nuestros xenobiólogos, pero eso era de esperar. Nada de importancia. Hasta hace cuatro días.
— Cuando llegó el Portavoz de los Muertos — dijo el obispo Peregrino.
A Bosquinha le hizo gracia que el obispo considerara la llegada del Portavoz como una fecha tan se√Īalada para hacer inmediatamente la conexi√≥n.
— Hace tres días — dijo —, se envió por ansible una sonda no — destructiva. Seguía un modelo interesante — se volvió al terminal y cambió la pantalla. Ahora mostró accesos primariamente a áreas de alto nivel, limitada a sólo una región de la pantalla —. Tiene acceso a todo lo que está relacionado con los xenólogos y xenobiólogos de Milagro. Ignoró todas las rutinas de seguridad como si no existieran. Y leyó todo lo que descubrieron, todo lo que tiene que ver con sus vidas privadas. Sí, obispo Peregrino, creí entonces y creo hoy que esto tiene que ver con el Portavoz.
¬ó
Seguramente no tiene autoridad con el Congreso Estelar.

Dom Cristão asintió sabiamente.

¬ó
San Angelo escribió una vez, en sus diarios privados, que nadie sino los Hijos de la Mente


leen... El obispo se volvi√≥ hacia √©l lleno de j√ļbilo.
¬ó ¬°As√≠ que los Hijos de la Mente tienen realmente escritos secretos de San √Āngelo!
¬ó
Secretos, no — dijo Dona Cristá —. Simplemente aburridos. Cualquiera puede leer los diarios, pero sólo nosotros nos molestamos en hacerlo.

¬ó
Lo que escribió — continuó Dom Cristão —, fue que el Portavoz Andrew es más viejo de lo que sabemos. Más viejo que el Congreso Estelar y, a su manera, quizá más poderoso.

¬ó Es un muchacho ¬ó replic√≥ el obispo ¬ó. No puede tener a√ļn cuarenta a√Īos.

¬ó
Sus est√ļpidas rivalidades nos est√°n haciendo perder el tiempo ¬ó dijo bruscamente Bosquinha ¬ó. Requer√≠ esta reuni√≥n porque esto es una emergencia. Como cortes√≠a hacia ustedes, porque ya he actuado para bien del gobierno de Lusitania.

Los otros guardaron silencio.
Bosquinha volvió a mostrar la pantalla original.


¬ó
Esta ma√Īana mi programa me alert√≥ por segunda vez. Otro acceso v√≠a ansible, s√≥lo que esta vez no fue el acceso selectivo no ¬ó destructivo de hace tres d√≠as. Esta vez est√° ley√©ndolo todo a gran velocidad, transfiriendo datos, lo que significa que todos nuestros archivos est√°n siendo copiados en ordenadores de otros mundos. Luego todos los directorios se reescriben para que una orden iniciada por ansible destruya completamente todos los ficheros de nuestras memorias.

Bosquinha pudo ver que el obispo Peregrino estaba sorprendido... y que los Hijos de la Mente, no.

¬ó
¬ŅPor qu√©? ¬ó dijo el obispo ¬ó. Destruir todos nuestros archivos... eso es lo que se hace a una naci√≥n en... rebeld√≠a, a la que se quiere destruir, a la que...

¬ó
Veo que ustedes también son chauvinistas y recelosos — les dijo Bosquinha a los Hijos de la Mente.

¬ó
Me temo que mucho más que usted — dijo Dom Cristão —. Pero también detectamos las intrusiones. Naturalmente, enviamos copias de todos nuestros registros — un gran gasto — a los monasterios de los Hijos de la Mente en otros mundos, y ellos tratarán de restaurar nuestros archivos después de que los destruyan. Sin embargo, si se nos va a tratar como a una colonia rebelde, dudo que se permita una restauración así. Así que estamos haciendo copias en papel de la información más vital. No hay esperanza de poder editarlo todo, pero pensamos que al menos podremos editar lo bastante para salir del paso y que nuestro trabajo no sea destruido completamente.

¬ó
¬ŅSab√≠a esto? ¬ó dijo el obispo ¬ó. ¬ŅY no me lo dijo?

¬ó
Perdóneme, obispo Peregrino, pero no se nos ocurrió que no lo hubieran detectado ustedes.

¬ó
¬°Y tampoco creen que hagamos ning√ļn trabajo importante que merezca la pena ser salvado!



¬ó
¬°Ya basta! ¬ó dijo la alcaldesa Bosquinha ¬ó. Las ediciones en papel no pueden salvar m√°s que un m√≠nimo porcentaje... no hay suficientes impresoras en Lusitania para resolver el problema. No podemos ni siquiera mantener los servicios b√°sicos. No creo que nos quede m√°s de una hora antes de que la copia se complete y puedan borrar todas nuestras memorias. Pero incluso si hubi√©ramos empezado esta ma√Īana, cuando comenz√≥ la intrusi√≥n, no habr√≠amos podido editar m√°s de una diezmil√©sima parte de los archivos a los que tenemos acceso cada d√≠a. Nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad, es completa.

— Así que estamos indefensos — dijo el obispo.

¬ó
No. Pero quer√≠a dejarles claro lo extremo de nuestra situaci√≥n para que as√≠ acepten la √ļnica alternativa. Ser√° muy desagradable.

¬ó No me cabe duda.

¬ó
Hace una hora, mientras estaba intentando ver si hay alguna clase de archivo que pueda ser inmune a ese tratamiento, descubrí que de hecho hay una persona cuyos ficheros han sido completamente pasados por alto. Al principio pensé que era porque es un framling, pero la razón es mucho más sutil. El Portavoz de los Muertos no tiene archivos en la memoria lusitana.

¬ó ¬ŅNinguno? Imposible ¬ó dijo Dona Crist√°.

¬ó
Todos sus archivos se mantienen por ansible. Fuera de este mundo. Sus registros, sus finanzas, todo. Cada mensaje que se le env√≠a. ¬ŅComprenden?

— Y sin embargo tiene acceso a ellos... — comentó Dom Cristão.

¬ó
Es invisible al Congreso Estelar. Si embargaran todos nuestros datos, sus archivos seguir√°n siendo accesibles porque los ordenadores no ven sus accesos como transferencias de datos. Son material original... y no est√°n en la memoria lusitana.

¬ó
¬ŅEst√° sugiriendo que transfiramos todos nuestros ficheros m√°s confidenciales e importantes como mensajes a ese... ese infiel?

¬ó
Le estoy diciendo que he hecho exactamente eso. La transferencia de los archivos más vitales de gobierno es ya casi completa. Fue una transferencia de alta prioridad, a velocidades locales, así que va mucho más rápido que la copia del Congreso. Le estoy ofreciendo una oportunidad de hacer una transferencia similar, usando mi prioridad para que tome precedencia sobre todos los otros usuarios locales de la red de ordenadores. Si no quiere hacerlo, bien... usaré mi prioridad para transferir el segundo grupo de archivos gubernamentales.

¬ó
Pero él podría mirar en nuestros archivos...

¬ó
Sí, podría.

¬ó
No lo har√° si le pedimos que no lo haga ¬ó intervino Dom Crist√£o, sacudiendo la cabeza.



¬ó
¡Es usted ingenuo como un chiquillo! — dijo el obispo Peregrino —. No habría nada que le obligara a devolvernos los datos.

¬ó
Eso es cierto — asintió Bosquinha —. Tendrá todo lo que es vital para nosotros, y puede quedárselo o devolverlo, como se le antoje. Pero creo, como Dom Cristão, que es un buen hombre que nos ayudará en nuestro momento de necesidad.


Dona Cristã se levantó.
¬ó Disc√ļlpenme. Me gustar√≠a empezar a hacer transferencias cruciales inmediatamente.
Bosquinha se volvió hacia el terminal del obispo e introdujo su propio módulo de alta prioridad.
¬ó
Sólo introduzca las clases de mensajes que quiere enviar al receptor de mensajes del Portavoz Andrew. Me imagino que ya los habrá colocado por prioridades, ya que los estaba editando.

¬ó ¬ŅCu√°nto tiempo tenemos? ¬ó pregunt√≥ Dom Crist√£o.
Dona Crist√£ estaba ya tecleando furiosamente.


¬ó
El tiempo disponible est√° aqu√≠, en lo alto ¬ó Bosquinha coloc√≥ la mano sobre la pantalla hologr√°fica y toc√≥ con el dedo los n√ļmeros de la cuenta atr√°s.


¬ó No te molestes en transferir todo lo que ya hemos editado ¬ó dijo Dom Crist√£o ¬ó. Siempre
podemos volver a introducirlo. Queda poco, de todas formas. Bosquinha se volvió al obispo.
¬ó
Sabía que esto sería difícil.
El obispo rió sin ganas.


¬ó
Difícil.

¬ó
Espero que lo considere antes de rechazarlo...


¬ó ¬°Rechazarlo! ¬ŅCree que soy tonto? Puede que deteste la pseudoreligi√≥n de esos blasfemos Portavoces de los Muertos, pero si √©ste es el √ļnico medio que Dios nos ha concedido para preservar los archivos vitales de la Iglesia, entonces yo ser√≠a un pobre siervo del Se√Īor si dejara que el orgullo me impidiera utilizarlo. Nuestros ficheros no est√°n a√ļn ordenados por prioridades, y eso nos llevar√° unos minutos, pero conf√≠o en que los Hijos de la Mente nos dejen tiempo para transferir nuestros datos.
¬ó
¬ŅCu√°nto tiempo cree que necesita? ¬ó pregunt√≥ Dom Crist√£o.

¬ó
No mucho. Diez minutos como m√°ximo.


Bosquinha estaba agradablemente sorprendida. Había temido que el obispo insistiera en copiar todos sus archivos antes de permitir continuar a los Hijos de la Mente, sólo un intento más por afirmar la supremacía del obispado sobre el monasterio.
— Gracias — dijo Dom Cristão, besando la mano que Peregrino le había extendido.
El obispo miró a Bosquinha fríamente.

¬ó
No tiene por qu√© sorprenderse, alcaldesa Bosquinha. Los Hijos de la Mente trabajan con el conocimiento del mundo, as√≠ que dependen m√°s de las m√°quinas del mundo. La Madre Iglesia trabaja con las cosas del esp√≠ritu, as√≠ que nuestro uso de la memoria p√ļblica es meramente administrativa. Y en cuanto a la Biblia, somos tan anticuados que a√ļn conservamos docenas de copias encuadernadas en piel en la Catedral. El Congreso Estelar no puede robarnos las copias del trabajo de Dios de ninguna manera ¬ó sonri√≥ maliciosamente ¬ó, por supuesto.

Bosquinha le devolvió la sonrisa bastante alegremente.

¬ó
Una peque√Īa pega ¬ó dijo Dom Crist√£o. Despu√©s de que destruyan nuestros archivos y volvamos a copiarlos de los archivos del Portavoz, ¬Ņqu√© le impide al Congreso hacerlo otra vez? ¬ŅY otra, y otra?

¬ó
Eso es lo dif√≠cil ¬ó dijo Bosquinha ¬ó. Lo que hacemos depende de lo que el Congreso intente hacer. Tal vez no quieren destruir realmente nuestros archivos. Tal vez restauren inmediatamente los m√°s vitales despu√©s de esta demostraci√≥n de poder. Si no tengo idea de por qu√© nos castigan as√≠, ¬Ņc√≥mo puedo suponer hasta d√≥nde llegar√°n las cosas? Si nos dejan alg√ļn camino para continuar siendo leales, entonces naturalmente tenemos que ser vulnerables para que puedan aplicar otros castigos.

¬ó Pero ¬Ņy si, por alguna raz√≥n, han decidido tratarnos como rebeldes?

¬ó
Bueno, si llegamos a lo peor, podríamos volver a copiarlo todo en la memoria local y luego... desconectar el ansible.

¬ó
Dios nos ayude — dijo Dona Cristá —. Estaríamos completamente solos.
El obispo pareció molestarse.


¬ó
Qu√© idea tan absurda, Hermana Detestai o Pecado. ¬ŅO es que piensa que Cristo depende del




ansible? ¬ŅQue el Congreso tiene poder para silenciar al Esp√≠ritu Santo? Dona Crist√£ se sonroj√≥ y volvi√≥ a su trabajo en el terminal.
El secretario del obispo le tendió un papel con una lista de archivos.
¬ó
Puede quitar de la lista mi correspondencia personal ¬ó dijo el obispo ¬ó. Ya he enviado mis mensajes. Bien, dejemos que la Iglesia decida cu√°les de mis cartas merecen ser conservadas. No tienen valor para mi.

¬ó
El obispo está preparado — dijo Dom Cristão. Inmediatamente, su esposa se levantó y el secretario tomó su puesto.

¬ó
Por cierto, pensé que querría saberlo — dijo Bosquinha —. El Portavoz ha anunciado — que esta noche, en la praça, Hablará de la muerte de Marcos Maria Ribeira — miró su reloj —. Ya falta muy poco, en realidad.

¬ó
¬ŅPor qu√© piensa que me importa eso? ¬ó pregunt√≥ el obispo secamente.

¬ó
Pensé que querría enviar un representante.



¬ó
Gracias por dec√≠rnoslo ¬ó dijo Dom Crist√£o ¬ó. Creo que asistir√©. Me gustar√≠a o√≠r una alocuci√≥n del hombre que Habl√≥ de la muerte de San √Āngelo ¬ó se volvi√≥ hacia el obispo ¬ó. Le informar√©, si quiere, de todo lo que diga.


El obispo se echó hacia atrás y sonrió tenso.
— Gracias, pero enviaré a uno de los míos.
Bosquinha salió de las oficinas del obispo y se marchó de la catedral. Tenía que regresar a sus habitaciones, porque fuera lo que fuese lo que el Congreso planeaba, sería Bosquinha quien recibiría sus mensajes.
No lo había discutido con los líderes religiosos porque realmente no era asunto de su incumbencia, pero sabía perfectamente bien, al menos en un sentido general, por qué el Congreso hacía esto. Los párrafos que daban al Congreso derecho para tratar a Lusitania como a una colonia rebelde estaban todos relacionados con las reglas referidas al contacto con los cerdis.
Obviamente los xen√≥logos hab√≠an hecho algo malo. Ya que Bosquinha no conoc√≠a ninguna de las violaciones, ten√≠a que ser algo muy grande cuya evidencia se mostraba por los sat√©lites, los √ļnicos aparatos registradores que informaban directamente al comit√© sin pasar por las manos de Bosquinha. Hab√≠a intentado imaginar lo que podr√≠an haber hecho Miro y Ouanda... ¬ŅIniciar un incendio en el bosque? ¬ŅTalar √°rboles? ¬ŅDirigir una guerra entre las tribus cerdis? Todo le parec√≠a absurdo.
Intentó llamarles para preguntarles, pero no estaban, naturalmente. Se encontraban al otro lado de la verja, en el bosque, para continuar llevando a cabo, sin duda, las mismas actividades que habían traído a la colonia Lusitania la posibilidad de destrucción. Bosquinha se recordaba así misma que eran jóvenes, que todo podía deberse a un ridículo error juvenil.
Pero no eran tan j√≥venes, y adem√°s eran dos de las mentes m√°s brillantes de una colonia que conten√≠a a mucha gente muy inteligente. Menos mal que los gobiernos bajo el C√≥digo Estelar ten√≠an prohibida la posesi√≥n de cualquier instrumento de castigo que pudiera ser utilizado como tortura. Por primera vez en su vida, Bosquinha sent√≠a tanta furia que podr√≠a haber hecho uso de esos instrumentos si los hubiera tenido. ¬ęNo s√© qu√© es lo que pens√°is que est√°is haciendo, Miro y Ouanda, y no s√© lo que hab√©is hecho, pero cual fuese vuestro prop√≥sito, esta comunidad entera pagar√° el precio. Y si hubiera justicia, os lo har√≠a pagar a vosotros.¬Ľ
Mucha gente hab√≠a dicho que no asistir√≠a a ninguna alocuci√≥n; eran buenos cat√≥licos, ¬Ņno? ¬ŅNo les hab√≠a dicho el obispo que el Portavoz hablaba con la voz de Sat√°n?
Pero se hab√≠an tambi√©n susurrado otras cosas desde la llegada del Portavoz. Rumores, en su mayor√≠a, pero Milagro era un lugar peque√Īo, donde los rumores eran la salsa de la vida; y los rumores no ten√≠an ning√ļn valor hasta que se cre√≠a en ellos. As√≠ que se hab√≠a corrido la voz de que la ni√Īa peque√Īa de Marc√£o, Quara, que no hab√≠a hablado desde que √©ste hab√≠a muerto, se hab√≠a vuelto ahora tan charlatana que ten√≠an problemas con ella en el colegio. Y Olhado, aquel chiquillo melanc√≥lico con sus repulsivos ojos de metal, se dec√≠a que de pronto parec√≠a alegre y excitado. Tal vez man√≠aco. Tal vez pose√≠do. Los rumores empezaban a implicar que, de alguna manera, el Portavoz ten√≠a habilidad para curar, que ten√≠a un mal de ojo, que sus bendiciones sanaban, que sus maldiciones pod√≠an matarte, que sus palabras pod√≠an hacer un encantamiento al que era inevitable obedecer. No todo el mundo oy√≥ esto, por supuesto, y no todo el mundo que lo hab√≠a o√≠do lo cre√≠a. Pero en los cuatro d√≠as que hab√≠an pasado entre la llegada del Portavoz y la noche de su intervenci√≥n para Hablar de la muerte de Marcos Maria Ribeira, la comunidad de Milagro decidi√≥, sin ning√ļn anuncio formal, que ir√≠a a la alocuci√≥n y oir√≠a lo que el Portavoz tuviera que decir, por mucho que el obispo dijera que no.
Era culpa del obispo. Al acusar al Portavoz de satánico, le había colocado en el extremo más lejano de sí mismo y de todos los buenos católicos: el Portavoz es lo opuesto a nosotros. Pero para aquellos que no eran sofisticados teológicamente, si Satán era poderoso y les daba miedo, lo mismo sucedía con Dios. Comprendían bastante bien la pugna entre el bien y el mal a la que el obispo se refería, pero les interesaba mucho más la lucha entre el fuerte y el débil, eso era con lo que vivían día tras día. Y en esa lucha ellos eran débiles, y Dios y Satán y el obispo eran fuertes. El obispo había elevado al Portavoz a su mismo rango de hombre poderoso. Ahora, la gente estaba preparada para creer en milagros.
As√≠, a pesar de que el anuncio hab√≠a llegado s√≥lo una hora antes de la alocuci√≥n, la pra√ßa estaba llena, y la gente se hab√≠a congregado en las casas que rodeaban la plaza y se api√Īaba en las verdes avenidas y calles. Como la ley requer√≠a, la alcaldesa Bosquinha hab√≠a proporcionado al Portavoz el sencillo micr√≥fono que utilizaba para los raros encuentros p√ļblicos. La gente se orient√≥ hacia la plataforma en la que aparecer√≠a; luego miraron alrededor para ver qui√©n hab√≠a all√≠. Todo el mundo. Por supuesto, la familia de Marc√£o. Por supuesto, la alcaldesa. Pero tambi√©n Dom Crist√£o y Dona Crist√£ y muchos sacerdotes de la catedral. El doctor Navio. La viuda de Pipo, la vieja Concei√ßao, la archivera. La viuda de Libo, Bruxinha, y sus hijos. Se rumoreaba que el Portavoz tambi√©n ten√≠a intenci√≥n de Hablar alg√ļn d√≠a de las muertes de Pipo y de Libo.
Y, por fin, cuando el Portavoz sub√≠a a la plataforma, el rumor barri√≥ la pra√ßa: el obispo Peregrino estaba all√≠. No con sus vestiduras, sino con la simple sotana de sacerdote. ¬°All√≠ mismo, para o√≠r la blasfemia del Portavoz! Muchos ciudadanos de Milagro sintieron un delicioso escalofr√≠o de excitaci√≥n. ¬ŅSe levantar√≠a el obispo y derribar√≠a milagrosamente a Sat√°n? ¬ŅHabr√≠a una batalla como no las hab√≠a habido fuera de la visi√≥n del Apocalipsis de San Juan?
Entonces el Portavoz se plant√≥ ante el micr√≥fono y esper√≥ a que se hiciera el silencio. Era bastante alto, a√ļn joven, pero su piel blanca le hac√≠a parecer enfermizo, fantasmal, comparado con los mil tonos amarronados de los lusos. Se callaron y √©l empez√≥ a Hablar.
¬ó
Se le conoci√≥ por tres nombres. Los archivos oficiales tienen el primero: Marcos Maria Ribeira. Y sus datos oficiales. Nacido en 1929. Muerto en 1970. Trabajaba en la fundici√≥n de acero. Registro de seguridad perfecto. Ning√ļn arresto. Esposa, seis hijos. Un ciudadano modelo, porque nunca hizo nada suficientemente malo para quedar registrado en los archivos p√ļblicos.

Muchos de los que escuchaban sintieron un vago resquemor. Habían esperado un elocuente discurso, y en cambio la voz de este hombre no era nada notable. Y sus palabras no tenían la formalidad de un sermón religioso. Su tono era sencillo, llano, casi coloquial. Sólo unos cuantos advirtieron que esta misma simplicidad hacía que su voz, sus palabras, fueran completamente creíbles. No estaba contando la Verdad, con trompetas; estaba simplemente contando la verdad, la historia de la que nadie piensa dudar porque se da por garantizada. El obispo Peregrino fue uno de los que lo advirtieron, y esto le hizo sentirse intranquilo. Este Portavoz sería un enemigo formidable, uno al que no se podría destruir con fuego ante el altar.

¬ó
El segundo nombre que tuvo fue Marc√£o. El Gran Marcos, porque era un gigante. Alcanz√≥ su tama√Īo adulto muy pronto. ¬ŅQu√© edad ten√≠a cuando lleg√≥ a medir dos metros? ¬ŅOnce a√Īos? Definitivamente, ten√≠a doce. Su tama√Īo y su fuerza le hicieron valioso en la fundici√≥n, donde los lotes de acero son tan peque√Īos que gran parte del trabajo se controla directamente a mano, y la fuerza cuenta. La vida de la gente dependi√≥ de la fuerza de Marc√£o.


En la pra√ßa, la gente de la fundici√≥n asinti√≥. Todos se hab√≠an jurado que nunca le hablar√≠an al framling ateo. Obviamente uno de ellos lo hab√≠a hecho, pero ahora les pareci√≥ bien que el Portavoz comprendiera lo que recordaban de Marc√£o. Cada uno de ellos dese√≥ haber sido el que le hab√≠a hablado de Marc√£o al Portavoz. No se les ocurri√≥ pensar que el Portavoz ni siquiera hab√≠a intentado hablar con ellos. Despu√©s de tantos a√Īos, hab√≠a muchas cosas que Andrew Wiggin conoc√≠a sin necesidad de preguntar.
¬ó Su tercer nombre fue C√£o. El perro.
¬ęAh, s√≠ ¬ó pensaron los lusos ¬ó. Esto es lo que hemos o√≠do de los Portavoces de los Muertos. No tienen respeto hac√≠a el muerto, no tienen ning√ļn sentido del decoro.¬Ľ
¬ó
√Čse era el nombre con que os refer√≠ais a √©l cuando os enterabais de que su esposa, Novinha, ten√≠a otro ojo morado, que caminaba cojeando, que ten√≠a cardenales en la cara. Era un animal por hacerle aquello.

¬ŅC√≥mo se atreve a decir eso? ¬°El hombre est√° muerto! Pero bajo su furia los lusos se sent√≠an inc√≥modos por una raz√≥n completamente diferente. Casi todos recordaron haber dicho u o√≠do exactamente esas palabras. La indiscreci√≥n del Portavoz consist√≠a en repetir en p√ļblico las palabras que hac√≠an referencia a Marc√£o y que hab√≠an pronunciado cuando estaba vivo.

¬ó
Y no es que a alguno os gustara Novinha, esa fr√≠a mujer que nunca os dio ni los buenos d√≠as. Pero era m√°s peque√Īa que √©l, y era la madre de sus hijos, y cuando la golpeaba merec√≠a el nombre de C√£o.

Se sintieron cohibidos; se hablaron mutuamente en murmullos. Los que estaban sentados en la hierba, cerca de Novinha, la miraron, deseosos de ver cómo reaccionaba, dolorosamente conscientes del hecho de que el Portavoz tenía razón, de que no les gustaba, de que al mismo tiempo la temían y sentían lástima por ella.

¬ó
Decidme, ¬Ņes √©ste el hombre que conocisteis? Pasaba m√°s horas que nadie en los bares, y sin embargo nunca hizo amigos all√≠, nunca tuvo la camarader√≠a del alcohol. Ni siquiera pod√≠ais decir cu√°nto hab√≠a estado bebiendo. Estaba arisco y enfadado antes de tomar un trago, y arisco y enfadado justo antes de morir... nadie pudo ver la diferencia. Nunca o√≠steis que tuviera un amigo, y ninguno devosotros se alegraba al verle entrar en donde estabais. √Čse es el hombre que la mayor√≠a de vosotros conoci√≥. C√£o. Apenas un hombre.


S√≠, pensaron. √Čse era. Ahora el shock inicial de su falta de decoro hab√≠a remitido. Se estaban acostumbrando al hecho de que el Portavoz no ten√≠a intenci√≥n de suavizar nada. Sin embargo, a√ļn se sent√≠an inc√≥modos. Pues hab√≠a una nota de iron√≠a, no en su voz, sino inherente a sus palabras. Apenas un hombre, hab√≠a dicho, pero naturalmente que era un hombre, y vagamente fueron conscientes de que mientras el Portavoz comprend√≠a lo que pensaban de Marc√£o, no coincid√≠a con ellos necesariamente.
¬ó
Unos pocos, los hombres de la fundición en el Bairro das Fabricadoras, le conocían como un brazo fuerte en el que podían confiar. Sabían que nunca decía que podía hacer más de lo que realmente podía, y siempre hacía lo que decía que iba a hacer. Se podía contar con él. Así que dentro de la fundición era respetado. Pero cuando salíais por la puerta le tratabais como todo el mundo, le ignorabais, no pensabais en él.

La iron√≠a era evidente ahora. Aunque no hab√≠a ninguna inflexi√≥n en la voz ¬ó segu√≠a siendo el mismo discurso llano y sencillo del principio ¬ó, los hombres que trabajaron con Marc√£o la sintieron en su interior: ¬ęNo deber√≠amos haberle ignorado como lo hicimos. Si era valioso dentro de la fundici√≥n, tal vez podr√≠amos haberle valorado tambi√©n fuera.¬Ľ

¬ó
Algunos tambi√©n sab√©is algo m√°s, en lo que nunca hab√©is pensado mucho. Sab√©is que le disteis el nombre de C√£o mucho antes de que se lo ganara. Ten√≠ais diez, once, doce a√Īos. Erais ni√Īos peque√Īos. ¬°Y √©l creci√≥ tanto! Sent√≠ais verg√ľenza de estar cerca de √©l. Y miedo, porque os hac√≠a sentiros indefensos.

¬ó
Vinieron en busca de chismorreo y les está dando responsabilidad — murmuró Dom Cristão a su esposa.

¬ó
As√≠ que le tratasteis de la forma en que los seres humanos tratan siempre a las cosas que son m√°s grandes que ellos ¬ó dijo el Portavoz ¬ó. Os unisteis. Como cazadores intentando derribar a un mastodonte. Como toreros intentando debilitar a un toro gigantesco y prepararlo as√≠ para la matanza. Azuzadlo, golpeadlo, punzadlo. Hacedlo girar. No puede adivinar de d√≥nde vendr√° el pr√≥ximo golpe. Azuzadle con banderillas. Debilitadle mediante el dolor. Enloquecedle. Porque aunque es grande, pod√©is hacer que haga cosas. Pod√©is hacerle gritar. Pod√©is hacerle correr. Pod√©is hacerle llorar. ¬ŅVeis? Despu√©s de todo, es m√°s d√©bil que vosotros.

Ela estaba furiosa. Había querido que acusara a Marcão, no que le excusara. Sólo porque hubiera tenido una infancia dura no tenía derecho a golpear a Madre cada vez que se le antojara.

¬ó
No hay culpa en esto. Entonces erais ni√Īos, y los ni√Īos son crueles porque no conocen otra cosa mejor. No lo har√≠ais ahora. Pero ahora que os lo he recordado, veis f√°cilmente la respuesta. Le llamasteis perro y por eso se convirti√≥ en uno. Para el resto de su vida. Lastimando a personas indefensas. Golpeando a su mujer. Hablando tan cruel y abusivamente a su hijo Miro, que el muchacho se march√≥ de casa. Actuaba de la forma en que le hab√≠ais tratado, se convirti√≥ en lo que le hab√≠ais dicho que era.


¬ęEres un idiota ¬ó pens√≥ el obispo Peregrino ¬ó. Si la gente s√≥lo reaccionara de la manera en que los dem√°s los tratan, entonces nadie ser√≠a responsable de nada. Si tus pecados no los eliges t√ļ mismo, entonces ¬Ņc√≥mo puedes arrepentirte?¬Ľ
Como si hubiera oído el silencioso argumento del obispo, el Portavoz alzó una mano y descartó sus propias palabras.
¬ó Pero la respuesta f√°cil no es verdad. Vuestros tormentos no le hicieron violento, le hicieron hura√Īo. Y cuando dejasteis de atormentarle, √©l dej√≥ de odiaros. No era rencoroso. Su furia se enfri√≥ y se volvi√≥ recelo. Sabia que le despreciabais y aprendi√≥ a vivir sin vosotros. En paz.
El Portavoz se detuvo un momento, y entonces formuló la pregunta que todos se hacían en silencio.
¬ó Entonces ¬Ņc√≥mo se convirti√≥ en el hombre cruel que conocisteis? Pensad un momento. ¬ŅQui√©n saboreaba su crueldad? Su esposa. Sus hijos. Algunas personas golpean a su mujer y a sus hijos porque ans√≠an el poder, pero son demasiado d√©biles o est√ļpidos para conseguir poder en el mundo. Una esposa indefensa y unos ni√Īos, atados a un hombre as√≠ por la necesidad, la costumbre y, lo m√°s amargo, por el amor, son las √ļnicas v√≠ctimas sobre las que puede mandar.
¬ęS√≠ ¬ó pens√≥ Ela, mirando de reojo a su madre ¬ó. Esto es lo que quer√≠a. Por eso le ped√≠ que Hablara de la muerte de Padre.¬Ľ
¬ó
Hay hombres as√≠ ¬ó continu√≥ el Portavoz ¬ó, pero Marcos Ribeira no era uno de ellos. Pensad un momento. ¬ŅO√≠steis alguna vez que hubiera golpeado a alguno de sus hijos? Los que trabajasteis con √©l... ¬Ņintent√≥ alguna vez obligaros a algo? ¬ŅParec√≠a resentido cuando las cosas no sal√≠an a su modo? Marc√£o no era un hombre d√©bil y malo. Era un hombre fuerte. No quer√≠a poder. Quer√≠a amor. No control. Lealtad.¬Ľ

El obispo Peregrino sonri√≥ sombr√≠amente, de la manera en que un duelista saluda a un oponente valioso. ¬ęCaminas siguiendo un rumbo torcido, Portavoz, dando vueltas alrededor de la verdad, fintando. Y cuando golpees, tu intenci√≥n ser√° mortal. Esta gente vino en busca de entretenimiento, pero son tus blancos. Les golpear√°s en el coraz√≥n.¬Ľ

¬ó
Algunos record√°is un incidente ¬ó dijo el Portavoz ¬ó. Marcos tendr√≠a unos trece a√Īos, lo mismo que vosotros. Le estabais molestando detr√°s de la escuela. Atacasteis con m√°s sa√Īa que de costumbre. Le amenazasteis con piedras, le disteis latigazos con hojas de capim. Le hicisteis sangrar, pero lo aguant√≥. Intent√≥ escaparse. Os pidi√≥ que pararais. Entonces uno de vosotros le golpe√≥ en el vientre, y le doli√≥ m√°s de lo que pod√≠ais haber imaginado, porque entonces estaba ya enfermo del mal que le matar√≠a finalmente. Todav√≠a no se hab√≠a acostumbrado a su fragilidad ni al dolor. Sinti√≥ como si fuera la muerte.


Estaba acorralado. Le estabais matando. Así que os devolvió el golpe.
¬ę¬ŅC√≥mo lo supo? ¬ó pens√≥ media docena de hombres ¬ó. Fue hace tanto tiempo. ¬ŅQui√©n le ha contado c√≥mo fue? Se nos escap√≥ de las manos, eso es todo. Nunca tuvimos mala intenci√≥n, pero cuando su brazo barri√≥ el aire, su pu√Īo, como la patada de una cabra... iba a matarme...¬Ľ
¬ó Cualquiera de vosotros podr√≠a haber ca√≠do. Sab√≠ais que era a√ļn m√°s fuerte de lo que tem√≠ais. Sin embargo, lo que m√°s os asust√≥ es que conoc√≠ais exactamente la venganza que os merec√≠ais. As√≠ que pedisteis ayuda. Y cuando los maestros llegaron, ¬Ņqu√© es lo que vieron? Un ni√Īo peque√Īo en el suelo, llorando, sangrando. Un ni√Īo del tama√Īo de un hombre con unos pocos ara√Īazos aqu√≠ y all√°, diciendo lo siento, no ten√≠a intenci√≥n. Y otra media docena de ni√Īos diciendo: Le golpe√≥ sin motivo, empez√≥ a matarle sin raz√≥n. Intentamos detenerle, pero C√£o es tan grande... Siempre est√° molestando a los ni√Īos peque√Īos.
El peque√Īo Grego interrumpi√≥ la historia.
— ¡Mentirosos! — gritó.
Varias personas a su alrededor se rieron. Quara le mandó callar.

¬ó Tantos testigos... ¬ó dijo el Portavoz ¬ó. Los maestros no tuvieron m√°s elecci√≥n que creer la acusaci√≥n. Hasta que una ni√Īa se adelant√≥ y fr√≠amente les inform√≥ de que lo hab√≠a visto todo. Marcos actuaba para protegerse de un ataque completamente sin provocaci√≥n, doloroso, sa√Īudo, por un grupo de ni√Īos que actuaban m√°s como caos, como perros, que lo que Marcos Ribeira hab√≠a hecho jam√°s. Su historia se acept√≥ inmediatamente. Despu√©s de todo, era la hija de Os Venerados.
Grego miró a su madre con los ojos brillantes y se levantó e increpó a la gente que le rodeaba.
¬ó
¡A mamae o libertou! Mamá le salvó.

¬ó
La gente se rió, volvió la cara y miró a Novinha. Pero ella continuó sin expresión, rehusando


reconocer su moment√°neo afecto por el ni√Īo. Ellos retiraron la mirada, ofendidos.
¬ó
Novinha — dijo el Portavoz —. Sus fríos modales y brillante mente la convirtieron en una marginada entre vosotros, igual que Marcão. Ninguno la habría imaginado haciendo un gesto amistoso hacia vosotros. Y aquí estaba, salvando a Marcão. Bueno, conocíais la verdad. No le estaba salvando... estaba evitando que os salierais con la vuestra.

Ellos asintieron y sonrieron, la gente cuyos intentos de amistad ella hab√≠a rechazado. √Čsa es Novinha, la Biologista, demasiado buena para los dem√°s.

¬ó
Marcos no la vio as√≠. Le hab√≠an llamado animal tan a menudo que casi lo cre√≠a. Novinha le mostr√≥ compasi√≥n, le trat√≥ como a un ser humano. Una ni√Īa hermosa, brillante, la hija de los santos Venerados, siempre distante como una diosa, hab√≠a bajado a la Tierra, le hab√≠a bendecido y hab√≠arespondido a su plegaria. √Čl la adoraba. Seis a√Īos m√°s tarde, se casaba con ella. ¬ŅNo es una historia encantadora?


Ela miró a Miro, quien le alzó una ceja.
¬ó Casi hace que te guste el viejo bastardo, ¬Ņno? ¬ó dijo Miro secamente.
De repente, después de una larga pausa, la voz de Ender surgió, más alta que nunca. Esto les sorprendió, les despertó.
¬ó ¬ŅPor qu√© lleg√≥ a odiarla, a golpearla, a despreciar a sus hijos? ¬ŅY por qu√© esta mujer brillante y voluntariosa lo soport√≥? Pod√≠a haber interrumpido el matrimonio en cualquier momento. La Iglesia puede que no permita el divorcio, pero siempre existe el desquite, y no ser√≠a la primera persona en Milagro que abandona a su marido. Pero ella se qued√≥. La alcaldesa y el obispo le sugirieron que le dejara. Ella les dijo que pod√≠an irse al infierno.
Muchos lusos se echaron a re√≠r; se imaginaban perfectamente a Novinha replic√°ndole al propio obispo, encar√°ndose a Bosquinha. Tal vez no les gustara mucho Novinha, pero era la √ļnica persona en Milagro que no ten√≠a que inclinar la nariz ante la autoridad.
El obispo record√≥ la escena en sus habitaciones, hacia m√°s de una d√©cada. Ella no hab√≠a usado exactamente las palabras que el Portavoz hab√≠a citado, pero el efecto fue muy parecido. Sin embargo, √©l estaba solo. No se lo hab√≠a dicho a nadie. ¬ŅQui√©n era este Portavoz y c√≥mo sabia tantas cosas?
Cuando la risa cesó, el Portavoz continuo.
— Había un lazo que les unía en un matrimonio que odiaban. Ese lazo era la enfermedad de
Marcão. Ahora su voz se suavizo. Los lusos prestaron atención.
¬ó Model√≥ su vida desde el momento de su concepci√≥n. Los genes que sus padres le dieron se combinaron de tal manera que, desde el momento en que empez√≥ su pubertad, las c√©lulas de sus gl√°ndulas comenzaron a transformarse constantemente en tejidos grasos. El doctor Navio podr√° deciros c√≥mo progresa esa enfermedad mejor que yo. Marc√£o supo su condici√≥n desde ni√Īo; sus padres lo supieron antes de morir por la Descolada; Gusto y Cida lo supieron por los ex√°menes gen√©ticos que hicieron de todos los humanos de Lusitania. Todos los que lo supieron estaban muertos. S√≥lo una persona lo sab√≠a, la que hered√≥ los archivos xenobiol√≥gicos. Novinha.
El doctor Navio estaba anonadado. Si ella sab√≠a aquello antes de casarse, seguramente sab√≠a que la mayor√≠a de las personas con esa enfermedad eran est√©riles. ¬ŅPor qu√© casarse con √©l cuando era posible que no pudiera tener hijos? Entonces advirti√≥ lo que deber√≠a haber sabido antes, que Marc√£o no era una rara excepci√≥n en el modelo de la enfermedad. No hab√≠a excepciones. Nav√≠o se ruboriz√≥. Lo que el Portavoz de los Muertos estaba a punto de decir era inenarrable.
— Novinha sabia que Marcão se estaba muriendo — dijo el Portavoz —. También sabía, antes de casarse con él, que era completamente estéril.
El significado de estas √ļltimas palabras tard√≥ un segundo en hacerse patente. Ela sinti√≥ como si sus √≥rganos se derritieran en el interior de su cuerpo. Vio, sin girar la cabeza, que Miro se hab√≠a puesto r√≠gido y que sus mejillas hab√≠an palidecido. El Portavoz continu√≥ a pesar de los murmullos de la audiencia.
¬ó He visto las pruebas gen√©ticas. Marcos Maria Ribeira nunca engendr√≥ a ning√ļn hijo. Su esposa los tuvo, pero no eran suyos, y √©l lo sabia, y ella sab√≠a que √©l lo sab√≠a. Fue parte del trato que hicieron cuando se casaron.
Los murmullos se convirtieron en un clamor, los gru√Īidos en quejas, y mientras el ruido alcanzaba su cl√≠max, Quim se puso en pie de un salto y le chill√≥ al Portavoz.
¬ó ¬°Mi madre no es una ad√ļltera! ¬°Te matar√© por llamarla puta!
Su √ļltima palabra colg√≥ en el silencio. El Portavoz no respondi√≥. S√≥lo esper√≥, sin dejar de mirar la cara enrojecida de Quim. Hasta que el ni√Īo comprendi√≥ finalmente que hab√≠a sido √©l, no el Portavoz, quien hab√≠a pronunciado la palabra que a√ļn resonaba en sus o√≠dos. Se dio la vuelta. Mir√≥ a su madre sentada junto a √©l en el suelo, pero perdida ya la rigidez, un poco encorvada, con las manos temblorosas.
— Díselo, Madre — pidió Quim. Su voz sonó más quejumbrosa de lo que había pretendido.
Ella no respondi√≥. No dijo una sola palabra, no le mir√≥. Si no lo supiera, pensar√≠a que el temblor de sus manos era una confesi√≥n, que estaba avergonzada, como si lo que el Portavoz dec√≠a fuera la verdad que el propio Dios le dir√≠a a Quim si le preguntara. Record√≥ al Padre Mateu explicando las torturas del infierno: Dios escupe sobre los ad√ļlteros, pues se r√≠en del poder de la creaci√≥n que compart√≠a con ellos, no tienen en su interior nada mejor que las amebas. Quim sabore√≥ la bilis en su boca. Lo que el Portavoz dec√≠a era cierto.
¬ó Mam√£e ¬ó dijo en voz alta, burlona ¬ó. ¬ŅQuem f√īde p'ra fazerme?
La gente contuvo la respiraci√≥n. Olhado se puso en pie de inmediato, con los pu√Īos extendidos. S√≥lo entonces reaccion√≥ Novinha, alargando una mano para evitar que Olhado golpeara a su hermano. Quim apenas advirti√≥ que Olhado hab√≠a saltado en defensa de su madre; todo lo que pudo pensar fue que Miro no lo hab√≠a hecho. Miro tambi√©n sab√≠a que era verdad.
Quim inspiró profundamente y luego se dio la vuelta, perdido por un instante.
Entonces se abrió paso entre la multitud. Nadie le habló, aunque todo el mundo le vio marcharse.
Si Novinha hubiera negado el cargo, la habrían creído, se habrían rebelado contra el Portavoz por acusar a la hija de Os Venerados de un pecado semejante.
Pero ella no lo había negado. Había escuchado cómo su propio hijo la acusaba obscenamente, y no había dicho nada.
Era cierto. Y ahora escucharon fascinados. Pocos de entre ellos ten√≠an ning√ļn motivo de
preocupación auténtico. Sólo querían saber quién era el padre de los hijos de Novinha. El Portavoz resumió tranquilamente su relato.
¬ó Despu√©s de que murieran sus padres y antes de que nacieran sus hijos, Novinha s√≥lo am√≥ a dos personas. Pipo fue su segundo padre. Novinha apoy√≥ en √©l su vida; durante unos pocos a√Īos supo lo que era tener una familia. Entonces Pipo muri√≥, y Novinha crey√≥ que le hab√≠a matado.
La gente sentada alrededor de la familia de Novinha vio a Quara arrodillarse delante de Ela y preguntarle:
¬ó
¬ŅPor qu√© est√° Quim tan enfadado?

¬ó
Porque Papai no era realmente nuestro padre — respondió Ela suavemente.

¬ó
Oh ¬ó dijo Quara ¬ó. ¬ŅEs el Portavoz nuestro padre ahora? ¬ó parec√≠a esperanzada. Ela la mand√≥ callar.


— La noche en que Pipo murió — dijo el Portavoz —, Novinha le mostró algo que había descubierto, algo que tenía que ver con la Descolada y la manera en que funciona con las plantas y los animales de Lusitania. Pipo vio más en su trabajo de lo que ella misma había visto. Corrió hacia los bosques donde esperaban los cerdis. Tal vez les dijo lo que había descubierto. Tal vez sólo lo supusieron. Pero Novinha se echó la culpa por haberle mostrado el secreto por cuya conservación los cerdis serían capaces de matar.
¬ĽEra demasiado tarde para deshacer lo que hab√≠a hecho. Pero pod√≠a evitar que sucediera de nuevo. As√≠ que sell√≥ todos los archivos que ten√≠an relaci√≥n con la Descolada y con lo que le hab√≠a mostrado a Pipo aquella noche. Sab√≠a que alguien querr√≠a ver los archivos: Libo, el nuevo Zenador. Si Pipo hab√≠a sido su padre, Libo hab√≠a sido su hermano, y mas que su hermano. Fue duro soportar la muerte de Pipo, soportar la de Libo pod√≠a ser peor. Le pidi√≥ los archivos. Demand√≥ verlos. Ella le dijo que nunca le dejar√≠a hacerlo.
¬ĽLos dos sab√≠an exactamente lo que significaba aquello. Si alguna vez se casaba con ella, podr√≠a deshacer la protecci√≥n de esos archivos. Se amaban desesperadamente, se necesitaban mutuamente m√°s que nunca, pero Novinha no podr√≠a jam√°s casarse con √©l. √Čl no prometer√≠a nunca no leer los archivos, e incluso aunque hiciera tal promesa, no podr√≠a mantenerla. Seguramente ver√≠a lo que su padre hab√≠a visto. Morir√≠a.
¬ĽUna cosa era rehusar casarse con √©l. Otra, vivir sin √©l. As√≠ que no vivi√≥ sin √©l. Hizo su trato con Marc√£o. Se casar√≠a con √©l ante la ley, pero su marido real y el padre de sus hijos ser√≠a, y fue, Libo.
¬ó
Mentira, mentira — Bruxinha, la viuda de Libo, se puso en pie, gimiendo. Pero su llanto no era de furia, era de pena. Lloraba nuevamente la pérdida de su marido. Tres de sus hijas la ayudaron a marcharse de la praça.

El Portavoz continuó hablando suavemente mientras ella se iba.

¬ó
Libo sabia que estaba hiriendo a su esposa Bruxinha y a sus cuatro hijas. Se odiaba por lo que hac√≠a. Intentaba apartarse. Durante meses, a veces durante a√Īos, ten√≠a √©xito. Novinha tambi√©n lo intentaba. Rehusaba verle, incluso hablarle. Prohibi√≥ a sus hijos que le mencionaran. Entonces Libo pensaba que era lo bastante fuerte para verla sin volver a caer. Novinha se sent√≠a tan solitaria, con su marido, que nunca pod√≠a evitarle. Nunca pretendieron que hubiera nada bueno en lo que hac√≠an. Simplemente no pod√≠an vivir sin ello.


Bruxinha oy√≥ esto mientras se la llevaban. Era un peque√Īo consuelo, naturalmente, pero el obispo Peregrino, al verla marcharse, reconoci√≥ que el Portavoz le estaba dando un regalo. Era la v√≠ctima m√°s inocente de su cruel verdad, pero no la dej√≥ s√≥lo con el rescoldo. Le estaba concediendo un modo de vivir con el conocimiento de lo que su marido hac√≠a. ¬ęNo es culpa tuya ¬ó le dec√≠a ¬ó. No habr√≠as podido hacer nada por evitarlo. Tu marido fue el que fall√≥, no t√ļ.¬Ľ ¬ęVirgen Santa ¬ó rez√≥ el obispo en silencio ¬ó, permite que Bruxinha escuche lo que √©l dice y lo crea.¬Ľ
La viuda de Libo no era la √ļnica que lloraba. Muchos cientos de ojos que la miraban al marcharse tambi√©n estaban llenos de l√°grimas. Descubrir que Novinha era una ad√ļltera era sorprendente, pero delicioso: la mujer del coraz√≥n de acero ten√≠a un defecto que no la hacia mejor que los dem√°s. Pero no hab√≠a tal placer al descubrir el mismo defecto en Libo. Todos le hab√≠an amado. Su generosidad, su amabilidad, su sabidur√≠a que tanto admiraban, les imped√≠a reconocer que todo era una m√°scara.
Así que se sorprendieron cuando el Portavoz les recordó que no era la muerte de Libo de la que Hablaba hoy.
¬ó
¬ŅPor qu√© consinti√≥ esto Marcos Ribeira? Novinha pensaba que era porque quer√≠a una esposa y la ilusi√≥n de que ten√≠a hijos, para no sentir verg√ľenza en la comunidad. Parcialmente fue por esto. Pero principalmente se cas√≥ con ella porque la amaba. Nunca esper√≥ realmente que ella le amara como √©l lo hac√≠a, porque √©l la adoraba, la consideraba una diosa, y sab√≠a que estaba enfermo, podrido, que era un animal despreciable. Sabia que ella no podr√≠a adorarle, ni siquiera quererle. Esperaba que alg√ļn d√≠a ella tal vez sintiera alg√ļn afecto. Que tal vez sintiera... lealtad.

El Portavoz inclinó la cabeza un momento. Los lusos oyeron las palabras que no tuvo que decir: ella no lo hizo nunca.

¬ó
Cada hijo que ven√≠a ¬ó dijo el Portavoz ¬ó, era otra prueba para Marcos de que hab√≠a fallado. De que la diosa a√ļn le encontraba indigno. ¬ŅPor qu√©? Era leal. Nunca le hab√≠a dicho a ninguno de los ni√Īos que no eran hijos suyos. Nunca rompi√≥ la promesa que le hab√≠a hecho a Novinha. ¬ŅNo se merec√≠a algo por parte de ella? A veces era m√°s de lo que pod√≠a soportar. Rehusaba aceptar su juicio. No era ninguna diosa. Sus hijos eran todos bastardos. Eso es lo que se dec√≠a cuando la golpeaba, cuando le gritaba a Miro.

Miro oy√≥ su nombre, pero no reconoci√≥ que tuviera nada que ver con √©l. Su conexi√≥n con la realidad era m√°s fr√°gil de lo que jam√°s hab√≠a supuesto, y hoy le hab√≠a dado demasiados choques. La magia imposible con los cerdis y los √°rboles. Madre y Libo, amantes. Ouanda, que estaba tan cerca de √©l como su propio cuerpo, su propio yo, de repente hab√≠a sido colocada en otro nivel, como Ela, como Quara, otra hermana. Sus ojos no ve√≠an la hierba; la voz de Andrew era puro sonido, no o√≠a los significados, s√≥lo el terrible sonido. Miro hab√≠a llamado a aquella voz, hab√≠a querido que Hablara de la muerte de Libo. ¬ŅC√≥mo podr√≠a haber sabido que en lugar de un sacerdote ben√©volo de una religi√≥n humanista traer√≠a al Portavoz original, con su penetrante mente y su comprensi√≥n demasiado perfecta? No pod√≠a haber sabido que bajo aquella m√°scara en√©rgica se escond√≠a Ender el destructor, el m√≠tico Lucifer del mayor crimen de la humanidad, determinado a cumplir con su nombre, a hacer una burla del trabajo de Pipo, Libo, Ouanda y el propio Miro, al ver en una sola hora con los cerdis todo lo que los otros no hab√≠an sido capaces de ver en casi cincuenta a√Īos, y luego apartar a Ouanda de su lado con un simple golpe, sin misericordia, de la espada de la verdad; √©sa era la voz que Miro o√≠a, lo √ļnico cierto que le quedaba, aquella voz despiadada y terrible. Miro se colg√≥ de su sonido, intentando odiarla, sin conseguirlo, porque sab√≠a, no pod√≠a enga√Īarse, sab√≠a que Ender era un destructor, pero lo que destru√≠a era la ilusi√≥n, y √©sta ten√≠a que morir. ¬ęLa verdad sobre los cerdis, la verdad sobre nosotros mismos. De alguna manera este hombre es capaz de ver la verdad y la verdad no ciega sus ojos ni le vuelve loco. Tengo que escuchar esta voz y dejar que su poder acuda a m√≠ para que yo tambi√©n pueda mirar a la luz y no morir.¬Ľ

¬ó
Novinha sab√≠a lo que era. Una ad√ļltera, una hip√≥crita. Sab√≠a que estaba hiriendo a Marc√£o, a Libo, a sus hijos, a Bruxinha. Sab√≠a que hab√≠a matado a Pipo. As√≠ que resisti√≥, incluso invit√≥ a Marc√£o a que la castigara. Era su penitencia. Y nunca era suficiente. No importaba cu√°nto la odiara


Marc√£o, ella se odiaba mucho m√°s.
El obispo asintió lentamente. El Portavoz había hecho una cosa monstruosa al desplegar ante toda la comunidad aquellos secretos que deberían haber sido dichos en el confesionario. Sin embargo, Peregrino había sentido su poder, la forma en que toda la comunidad había sido obligada a descubrir a estas personas a las que creían conocer, y luego descubrirlas otra vez, y otra; y cada revisión de la historia les forzaba a volver a concebirse también a sí mismos, pues también habían formado parte de ella, habían sido tocados por toda la gente cien, mil veces, sin comprender nunca a quién tocaban. Era una cosa dolorosa y terrible, pero al final tenía un curioso efecto calmante. El obispo se inclinó hacia su secretario y susurró:
¬ó Al menos no habr√° ning√ļn tipo de chismorreo... no quedan secretos que contar.
¬ó Todas las personas de esta historia sufrieron dolor ¬ó dijo el Portavoz ¬ó. Todos se sacrificaron por la gente que amaban. Todos causaron un terrible dolor a la gente que les amaba. Y vosotros... vosotros que me escuch√°is aqu√≠ hoy, tambi√©n causasteis dolor. Pero recordad esto: la vida de Marc√£o fue tr√°gica y cruel, pero podr√≠a haber terminado su trato con Novinha en cualquier momento. Eligi√≥ quedarse. Debi√≥ encontrar algo de alegr√≠a en ella. Y Novinha rompi√≥ las leyes de Dios que mantienen a esta comunidad unida. Tambi√©n ha soportado su castigo. La Iglesia no pide una penitencia tan terrible como la que ella misma se impuso. Y si est√°is inclinados a creer que se merece alg√ļn tipo de crueldad por vuestra parte, recordad esto: ella sufri√≥, hizo todo esto con un prop√≥sito: para evitar que los cerdis mataran a Libo.
Las palabras dejaron un rescoldo en sus corazones.
Olhado se levantó y se acercó a su madre, se arrodilló junto a ella, le pasó una mano sobre los hombros. Ella se sentó a su lado, pero ella estaba doblada contra el suelo, llorando. Quara se plantó delante de su madre, mirándola con asombro. Y Grego enterró la cara en su regazo y lloró. Los que estaban cerca pudieron oírle llorar:
¬ó Todo papai √© morto. N√°o tenho nem papai. Todos mis pap√°s est√°n muertos. No tengo ning√ļn pap√°. Ouanda permanec√≠a en la bocacalle donde hab√≠a ido con su madre justo antes de que la alocuci√≥n terminara. Busc√≥ a Miro, pero √©l ya se hab√≠a ido.
Ender estaba en la plataforma, mirando a la familia de Novinha, deseando poder hacer algo para aliviar su dolor. Siempre había dolor después de una alocución, porque un Portavoz de los Muertos no hacía nada por suavizar la verdad. Pero sólo raramente había vivido la gente vidas tan tristes como las de Marcão, Libo, y Novinha; raramente había tantas sorpresas, tantas piezas de información que obligaran a la gente a revisar su concepción de aquellos a quienes conocían, aquellos a quienes amaban. Ender sabía, por las caras que le miraban mientras hablaba, que había causado un gran dolor hoy. Lo había sentido en sí mismo, como si le hubieran traspasado su sufrimiento. Bruxinha había sido la más sorprendida, pero Ender sabía que su herida no era grave. Esa distinción pertenecía a Miro y Ouanda, que habían pensado que conocían lo que el futuro les traería. Pero Ender también había sentido antes el dolor de la gente, y sabía que las nuevas heridas de hoy sanarían mucho más rápidamente de lo que las viejas lo hubieran hecho jamás. Novinha tal vez no lo reconociera, pero Ender la había librado de una carga demasiado pesada para que pudiera seguir soportándola por más tiempo.
¬ó Portavoz ¬ó dijo la alcaldesa Bosquinha.
— Alcaldesa — contestó Ender. No le gustaba hablar con nadie después de una alocución, pero estaba acostumbrado al hecho de que alguien intentara siempre hablar con él. Forzó una sonrisa —.
Había mucha más gente de la que esperaba.
¬ó
Una distracci√≥n moment√°nea para la mayor√≠a. Lo olvidar√°n por la ma√Īana.
A Ender le molestó que ella estuviera trivializándolo.


¬ó
Sólo si sucede algo monumental durante la noche — dijo.

¬ó
Sí. Bien, eso puede arreglarse.


Sólo entonces Ender advirtió que estaba terriblemente agitada, casi sin control. La tomó por el codo y le pasó un brazo sobre el hombro; ella se apoyó en él, agradecida.
— Portavoz, vengo a pedir disculpas. Su nave ha sido requisada por el Congreso Estelar. No tiene nada que ver con usted. Se ha cometido un crimen aquí, un crimen tan... terrible, que los criminales deben ser llevados al mundo mas cercano, Trondheim, para ser juzgados y castigados. En su nave.
Ender reflexionó un instante.
¬ó
Miro y Ouanda.
Ella volvió la cabeza y le miró bruscamente.


¬ó
No le sorprende.

¬ó
Tampoco les dejaré ir.
Bosquinha se apartó de él.


¬ó
¬ŅNo les dejar√°?

¬ó
Creo que sé de qué les han acusado.

¬ó
¬ŅLleva aqu√≠ cuatro d√≠as y ya sabe cosas que yo ni siquiera sospechaba?

¬ó
A veces el gobierno es el √ļltimo en enterarse.


¬ó
D√©jeme decirle por qu√© les dejar√° ir, por qu√© todos les dejaremos ir a su juicio. Porque el Congreso nos ha quitado todos nuestros ficheros. La memoria del ordenador est√° vac√≠a, a excepci√≥n de los programas m√°s rudimentarios que controlan nuestro suministro de energ√≠a, nuestra agua, nuestro alcantarillado. Ma√Īana no se podr√° realizar ning√ļn trabajo porque no tenemos energ√≠a suficiente para poner en marcha las f√°bricas, para trabajar en las minas, para conectar los tractores. He sido depuesta del cargo. Ahora no soy nada m√°s que el jefe de polic√≠a, y tengo que ver que las directrices del Comit√© de Evacuaci√≥n Lusitana se llevan a cabo.

¬ó ¬ŅEvacuaci√≥n?

¬ó
La licencia de la colonia ha sido revocada. Han enviado naves para recogernos. Todo rastro humano debe ser borrado. Incluso las l√°pidas que marcan a nuestros muertos.


Ender intentó calibrar su respuesta. No esperaba que Bosquinha fuera del tipo de personas que se inclinan ante la autoridad.
¬ó ¬ŅTiene intenci√≥n de someterse a esto?
¬ó
Los suministros de energía y agua se controlan por ansible. También la verja. Pueden encerrarnos aquí sin energía, ni agua, y no podremos salir. Dicen que algunas de las restricciones se aliviarán en cuanto Miro y Ouanda estén a bordo de su nave en dirección a Trondheim — suspiró —. Portavoz, me temo que ésta no es una buena época para hacer turismo en Lusitania.

¬ó
No soy ning√ļn turista ¬ó no se molest√≥ en decirle que sospechaba que no era pura coincidencia que el Congreso advirtiera las Actividades Cuestionables cuando Ender estaba all√≠ ¬ó. ¬ŅPudieron salvar algunos archivos?

¬ó
Involucrándole a usted, me temo. Advertí que todos sus ficheros se mantenían por ansible, fuera de este mundo. Le enviamos nuestros datos más cruciales como mensajes.


Ender se echó a reír.
¬ó Bien hecho.
¬ó
No importa. No podemos recuperarlos. Oh, bueno, sí podemos, pero lo notarán de inmediato y tendrá usted tantos problemas como nosotros. Y entonces volverán a borrarlo todo.

¬ó
A menos que corte la conexión ansible inmediatamente después de copiar todos mis archivos a la memoria local.

¬ó
Entonces estar√≠amos de verdad en rebeld√≠a. ¬ŅY para qu√©?

¬ó
Para hacer de Lusitania el mejor y m√°s importante de los Cien Mundos.
Bosquinha se rió.




¬ó
Creo que nos considerarán importantes, pero es difícil que la traición sea el medio adecuado para ser reconocido como el mejor.

¬ó
Por favor. No haga nada. No arreste a Miro y Ouanda. Espere una hora y deje que me re√ļna con alguien m√°s que necesita tomar parte de la decisi√≥n.

¬ó
¬ŅLa decisi√≥n de rebelamos o no? No imagino qu√© tiene usted que ver con esa decisi√≥n, Portavoz.

¬ó
Lo comprenderá en la reunión. Por favor, este lugar es demasiado importante para que se pierda la oportunidad.

¬ó
¬ŅLa oportunidad de qu√©?

¬ó
De deshacer lo que Ender el Genocida hizo hace tres mil a√Īos.
Ella le dirigió una aguda mirada.


¬ó
Y yo que pensaba que acababa usted de demostrar que no era m√°s que un chismoso. Tal vez estuviera bromeando. O tal vez no.

¬ó
Si piensa que lo que he hecho ha sido s√≥lo un chismorreo, es demasiado est√ļpida para ser el




líder de esta comunidad — sonrió él. Bosquinha se encogió de hombros.
¬ó
Pois √© ¬ó dijo ¬ó. Por supuesto. ¬ŅQu√© m√°s?

¬ó
¬ŅCelebrar√° la reuni√≥n?

¬ó
Lo solicitaré. En el despacho del obispo. Ender dudó.


¬ó
El obispo no se reunir√° en ning√ļn otro sitio ¬ó dijo ella ¬ó, y ninguna decisi√≥n de rebelarse tendr√° valor si √©l no est√° de acuerdo. Puede que ni siquiera le deje entrar en la catedral. Usted es el infiel.

¬ó Pero lo intentar√° usted.

¬ó
Lo intentar√© por lo que ha hecho esta noche. S√≥lo un hombre sabio podr√≠a ver a mi gente tan claramente en tan poco tiempo. S√≥lo uno sin escr√ļpulos lo dir√≠a todo en voz alta. Su virtud y su defecto... necesitamos ambas cosas.


Bosquinha se dio la vuelta y se marchó apresuradamente. Ender sabía que, en su fuero interno, no quería obedecer al Congreso Estelar. Había sido demasiado repentino, demasiado severo; la habían despojado de su autoridad como si fuera culpable de un crimen. Y ella sabía que no había hecho nada malo. Quería resistir, encontrar una manera plausible de replicarle al Congreso y decirle que esperaran, que conservaran la calma o, si era necesario, que se pudrieran. Pero no era tonta. No haría nada por resistirles a menos que supiera que funcionaría y que beneficiaría a su pueblo. Era una buena gobernadora, Ender lo sabía. Sacrificaría alegremente su orgullo, su reputación, su futuro, por el bien de su gente.
Ender estaba solo en la praça. Todos se habían marchado mientras Bosquinha le hablaba. Ender se sintió como debe sentirse un viejo soldado cuando camina sobre los plácidos campos donde mucho antes se ha celebrado una batalla, oyendo los ecos de la matanza, en la brisa, sobre la hierba susurrante.
¬ó
No les dejes cortar la conexión del ansible.
La voz en su oído le sorprendió, pero la reconoció de inmediato.


¬ó
Jane.


— Puedo hacerles creer que habéis desconectado el ansible, pero si lo hacéis realmente no podré ayudarte.
¬ó Jane ¬ó dijo √©l ¬ó, has hecho esto, ¬Ņno? ¬ŅC√≥mo, si no, iban a darse cuenta de lo que Libo y
Ouanda han estado haciendo, si no hubieras llamado su atención? Ella no respondió.
¬ó Jane, lamento haberte desconectado, nunca... √Čl sab√≠a que Jane sab√≠a lo que iba a decir; nunca ten√≠a que terminar las frases con ella. Pero no contesto.
— Nunca volveré a desconectar...
¬ŅPara qu√© serv√≠a terminar las frases, si sab√≠a que ella comprend√≠a? No le hab√≠a perdonado a√ļn, eso era todo, o ya le habr√≠a respondido, dici√©ndole que dejara de malgastar el tiempo. Sin embargo, no pudo evitar intentarlo una vez m√°s.
¬ó Te echo de menos, Jane. Realmente te echo de menos.
Ella siguió sin contestar. Había dicho lo que tenía que decir, que mantuviera la conexión del ansible, y eso era todo. Por ahora. A Ender no le importaba esperar. Le bastaba con saber que ella estaba allí, escuchando. No se encontraba solo. Ender se sorprendió al hallar lágrimas en sus mejillas. Lágrimas de alivio. Catarsis. Una alocución, una crisis, la vida de la gente en juego, el futuro de la colonia en duda. Y yo lloro de alivio porque un programa de ordenador me habla.
Ela le estaba esperando en la puerta de su casa. Sus ojos estaban rojos por el llanto.
¬ó
Hola ¬ó dijo.

¬ó
¬ŅHice lo que quer√≠as? ¬ó pregunt√≥ √©l.

¬ó
Nunca había imaginado que no era nuestro padre. Debí haberlo sabido.

¬ó
No veo cómo.


¬ó
¬ŅQu√© he hecho? Llamarte para que Hablaras de la muerte de mi padre... de Marc√£o ¬ó empez√≥ a llorar de nuevo ¬ó. Los secretos de Madre... pensaba que sab√≠a cu√°les eran. Pensaba que eran s√≥lo sus archivos... pensaba que odiaba a Libo.

¬ó
Todo lo que hice fue abrir las ventanas y dejar que entrara el aire.

¬ó
Díselo a Miro y Ouanda.



¬ó
Piensa un momento, Ela. Lo habr√≠an descubierto tarde o temprano. Lo cruel fue que no lo supieran durante tantos a√Īos. Ahora que tienen la verdad, pueden encontrar su propia salida.


¬ó ¬ŅComo hizo Madre? ¬ŅS√≥lo que ahora es algo mucho peor que el adulterio?
Ender le acarici√≥ el pelo. Ella acept√≥ su contacto, su consuelo. √Čl no pod√≠a recordar si su padre

o su madre le hab√≠an tocado alguna vez con un gesto as√≠. Seguramente. ¬ŅC√≥mo si no lo habr√≠a aprendido?
¬ó
Ela, ¬Ņme ayudar√°s?

¬ó
¬ŅAyudarte a qu√©? Ya has hecho tu trabajo, ¬Ņno?


¬ó
Esto no tiene nada que ver con lo otro. Necesito saber, dentro de una hora, cómo funciona la Descolada.

¬ó
Tendr√°s que pregunt√°rselo a Madre... ella es la que lo sabe.

¬ó
No creo que le alegre verme esta noche.



¬ó
¬ŅY se supone que soy yo quien tiene que ped√≠rselo? Buenas noches, Mam√°e, acabas de ser descubierta ante todo Milagro como una ad√ļltera que ha estado mintiendo a sus hijos durante toda su vida, as√≠ que, si no te importa, me gustar√≠a hacerte un par de preguntas cient√≠ficas.


¬ó Ela, est√° en juego la supervivencia de Lusitania. Por no mencionar a tu hermano Miro ¬ó se
dio la vuelta y conectó el terminal —. Identifícate. Ella estaba sorprendida, pero lo hizo. El ordenador no reconocía su nombre.
¬ó
Me han borrado ¬ó le mir√≥ alarmada ¬ó. ¬ŅPor qu√©?

¬ó
No eres t√ļ sola. Es todo el mundo.

¬ó
No es una avería. Alguien ha borrado el fichero de usuarios.


¬ó El Congreso Estelar ha borrado toda la memoria local. Todo se ha perdido. Consideran que estamos en estado de rebeli√≥n. Miro y Ouanda van a ser arrestados y enviados a Trondheim para que les juzguen all√≠. A menos que yo pueda persuadir al obispo y a Bosquinha para que encabecen una rebeli√≥n real. ¬ŅComprendes? Si tu madre no te dice lo que necesito saber, Miro y Ouanda ser√°n enviados a veintid√≥s a√Īos ¬ó luz de distancia. La pena por traici√≥n es la muerte. Pero s√≥lo acudir a juicio es ya como una cadena perpetua. Todos estaremos muertos o seremos muy viejos para cuando regresen.
Ela miró a la pared sin apenas comprender.
¬ó
¬ŅQu√© necesitas saber?

¬ó
Lo que encontrará el Comité cuando abra sus archivos. Cómo funciona la Descolada.


¬ó S√≠. Lo har√° por el bien de Miro ¬ó le mir√≥ desafiante ¬ó. Nos quiere, ¬Ņsabes? Por uno de sus hijos, hablar√°.
¬ó
Bien. Sería mejor si viniera en persona. Al despacho del obispo, dentro de una hora.

¬ó
Sí — dijo Ela.


Por un momento permaneci√≥ inm√≥vil. Entonces algo pareci√≥ conectarse en alg√ļn lugar de su mente, se incorpor√≥ y corri√≥ hacia la puerta. Se detuvo. Volvi√≥ sobre sus pasos, le abraz√≥, le bes√≥ en la mejilla.
¬ó Me alegra que lo dijeras todo. Me alegra saberlo.
√Čl la bes√≥ en la frente y cuando la puerta se cerr√≥ tras ella, se tendi√≥ en la cama y mir√≥ al techo. Pens√≥ en Novinha y trat√≥ de imaginar lo que estar√≠a sintiendo ahora. No importa lo terrible que sea, Novinha, tu hija corre a casa, segura de que a pesar del dolor y la humillaci√≥n que est√°s atravesando, te olvidar√°s completamente de ti y har√°s lo que sea necesario para salvar a tu hijo. Cambiar√≠a todo tu sufrimiento, Novinha, s√≥lo porque un ni√Īo confiara en m√≠ de esa manera.