14 - Renegados


COME-HOJAS: Humano dice que cuando mueren vuestros hermanos los enterr√°is en
el suelo y que construís vuestras casas encima. (Risas).
MIRO: No. Nunca cavamos donde hay gente enterrada.
COME-HOJAS (rígido por la excitación): ¡Entonces vuestros muertos no os sirven
para nada!
Ouanda Quenhatta Figueira Mucumbi, Transcripciones de di√°logos, 103:0:1969:4:13:11.
Ender hab√≠a pensado que podr√≠an tener problemas para hacerle atravesar la verja, pero Ouanda palme√≥ la caja, Miro abri√≥ la puerta y los tres la atravesaron. Ning√ļn desaf√≠o. Ten√≠a que ser como Ela hab√≠a dado a entender: nadie quer√≠a salir del complejo, y por eso no se necesitaba ninguna medida seria de seguridad. Ender no pod√≠a saber si aquello significaba que la gente estaba contenta de vivir en Milagro, si tem√≠an a los cerdis o si odiaban su prisi√≥n tanto que ten√≠an que pretender que la verja no estaba all√≠.
Pero Ouanda y Miro estaban muy tensos, casi asustados. Eso era comprensible, naturalmente, porque estaban quebrantando las leyes del Congreso al dejarle entrar. Pero Ender sospechaba que había algo más. La tensión de Miro se completaba con la prisa; tal vez estaba asustado, pero quería ver lo que iba a suceder, quería seguir adelante. Ouanda se quedó atrás, caminando a ritmo mesurado, y su frialdad no se debía sólo al miedo, sino también a la hostilidad. No confiaba en él.
As√≠ que Ender no se sorprendi√≥ cuando ella se encamin√≥ al gran √°rbol que crec√≠a cerca de la verja y esper√≥ a que Miro y Ender la siguieran. Ender vio c√≥mo Miro se molestaba por un momento y luego se controlaba. Su expresi√≥n era todo lo fr√≠a que podr√≠a esperar un ser humano. Ender le compar√≥ con los ni√Īos que hab√≠a conocido en la Escuela de Batalla, sus camaradas de armas, y pens√≥ que Miro podr√≠a haber sido uno de ellos. Tambi√©n Ouanda, pero por diferentes razones. Se consideraba responsable de lo que estaba pasando, aunque Ender era un adulto y ella mucho m√°s joven. No se remit√≠a a √©l en absoluto. Temiera lo que temiera, no era a la autoridad.
¬ó
¬ŅAqu√≠? ¬ó pregunt√≥ Miro.

¬ó
O en ning√ļn sitio ¬ó dijo Ouanda.
Ender se sentó al pie del árbol.


¬ó
√Čste es el √°rbol de Ra√≠z, ¬Ņno?


Ellos se lo tomaron con calma ¬ó naturalmente ¬ó, pero su pausa moment√°nea le dijo que s√≠, que les hab√≠a sorprendido al conocer algo sobre un pasado que seguramente consideraban propio. ¬ęPuede que aqu√≠ sea un framling, ¬ó se dijo Ender ¬ó, pero no tengo por qu√© ser tambi√©n un ignorante.¬Ľ
¬ó S√≠ ¬ó respondi√≥ Ouanda ¬ó. Es el t√≥tem del que parecen recibir m√°s directrices √ļltimamente, en los √ļltimos siete u ocho a√Īos. Nunca nos dejan presenciar los rituales en los que hablan a sus antepasados, pero parece que tiene que ver con tocar el tambor sobre los √°rboles con unos palos muy pulimentados. Algunas veces les o√≠mos tocar toda la noche.
¬ó
¬ŅPalos? ¬ŅHechos de madera ca√≠da?

¬ó
Eso suponemos. ¬ŅPor qu√©?


¬ó
Porque no tienen herramientas de piedra o de metal con las que cortar madera, ¬Ņno es as√≠? Adem√°s, si adoran a los √°rboles no es l√≥gico que los corten.

¬ó
No creemos que adoren a los árboles. Es algo totémico. Están ahí en representación de los antepasados muertos. Ellos... los plantan. Dentro de los cuerpos.


Ouanda había querido detenerle, hablarle o interrogarle, pero Ender no tenía intención de dejar que creyera (ni ella ni Miro, por otro lado) que estaba a cargo de la expedición. Ender intentaba hablar con los cerdis por sí mismo. Nunca dejaba que nadie determinara sus planes cuando se preparaba para Hablar, y no iba a empezar ahora. Además, él tenía información que los otros no tenían. Conocía la teoría de Ela.
¬ó
¬ŅY en alg√ļn otro sitio? ¬ó pregunt√≥ ¬ó. ¬ŅHay alguna ocasi√≥n en la que planten √°rboles? Ellos se miraron mutuamente.

¬ó
No que hayamos visto — respondió Miro.


Ender no sent√≠a simplemente curiosidad. A√ļn pensaba lo que Ela le hab√≠a dicho sobre las anomal√≠as en la reproducci√≥n.
¬ó ¬ŅY los √°rboles tambi√©n crecen solos? ¬ŅEst√°n los reto√Īos esparcidos por el bosque?
Ouanda negó con la cabeza.

¬ó Realmente no tenemos ninguna evidencia de que se planten en ning√ļn otro lugar diferente de los cad√°veres de los muertos. Al menos, todos los √°rboles que conocemos son bastante viejos, excepto estos tres de aqu√≠.
¬ó Cuatro, si no nos damos prisa ¬ó dijo Miro.
¬°Ah! Aqu√≠ estaba la tensi√≥n entre ellos. La urgencia de Miro se deb√≠a a que quer√≠a salvar a un cerdi de ser plantado en la base de otro √°rbol. Aunque Ouanda estaba preocupada por algo distinto. Le hab√≠an revelado bastante de s√≠ mismos; ahora pod√≠a dejar que ella le interrogase. Se enderez√≥ y ech√≥ la cabeza hacia atr√°s para mirar las hojas del √°rbol, las ramas extendidas, el p√°lido verdor de la fotos√≠ntesis que confirmaba la convergencia, la inevitabilidad de la evoluci√≥n en cada mundo. Aqu√≠ estaba el centro de todas las paradojas de Ela: la evoluci√≥n de este mundo cuadraba con el modelo que los xenobi√≥logos hab√≠an visto en los Cien Mundos y, sin embargo, en alg√ļn lugar el modelo se hab√≠a roto, colapsado. Los cerdis eran una de las pocas docenas de especies que hab√≠an sobrevivido al colapso. ¬ŅQu√© era la Descolada, y c√≥mo se hab√≠an adaptado los cerdis a ella?
Su intenci√≥n era cambiar de conversaci√≥n para preguntar por qu√© estaban en ese √°rbol. Eso invitar√≠a a Ouanda a hacer preguntas. Pero en ese momento, con la cabeza hacia atr√°s, las hojas verdes movi√©ndose suavemente bajo una brisa casi imperceptible, tuvo una poderosa sensaci√≥n de d√©ja vu. Hab√≠a visto esas hojas antes. Recientemente. Pero eso era imposible. No hab√≠a grandes √°rboles en Trondheim, y dentro del complejo de Milagro no crec√≠a ninguno. ¬ŅPor qu√© la luz a trav√©s de aquellas hojas le parec√≠a tan familiar?
¬ó
Portavoz ¬ó dijo Miro.

¬ó
Si — contestó, saliendo de aquel lapsus momentáneo.

¬ó
No queríamos traerle aquí — Miro lo dijo con firmeza, y con el cuerpo orientado hacia


Ouanda para que Ender comprendiera que, de hecho, Miro hab√≠a querido traerle, pero que se inclu√≠a en la reluctancia de Ouanda para mostrarle que estaba con ella. ¬ęEst√°is enamorados ¬ó pens√≥ Ender ¬ó. Y esta noche, si Hablo de la muerte de Marc√£o, tendr√© que deciros que sois hermanos. Tendr√© que colocar entre vosotros el tab√ļ del incesto. Y seguramente me odiar√©is.¬Ľ
— Va a ver... — Ouanda no era capaz de decirlo. Miro sonrió.
¬ó Las llamamos Actividades Cuestionables. Empezaron accidentalmente con Pipo. Pero Libo las hizo deliberadamente, y nosotros continuamos su trabajo. Lo hacemos gradualmente, con cuidado. No hemos descartado simplemente las reglas del Congreso sobre esto. Pero hubo crisis, y tuvimos que ayudar. Hace unos pocos a√Īos, por ejemplo, los cerdis sufrieron una escasez de macios, los gusanos de la corteza de los √°rboles de los que se alimentan principalmente.
¬ó ¬ŅVas a decirle eso primero? ¬ó pregunt√≥ Ouanda.
¬ęAh, ¬ó pens√≥ Ender ¬ó. Para ella no es tan importante como para √©l mantener la ilusi√≥n de solidaridad.¬Ľ
¬ó
Está aquí en parte para Hablar de la muerte de Libo — contestó Miro —, y eso es lo que sucedió justo antes.

— No tenemos pruebas de que exista una relación de causa...

¬ó
Dejadme descubrir a mí las relaciones de causa — dijo Ender suavemente —. Decidme qué sucedió cuando los cerdis sufrieron hambre.

¬ó
Eran las esposas las que sent√≠an hambre, seg√ļn dec√≠an ¬ó Miro ignor√≥ la ansiedad de Ouanda ¬ó. Ver√°, los machos recogen comida para las hembras y los j√≥venes, y no hab√≠a suficiente. Empezaron a dar a entender que tendr√≠an que hacer la guerra y que probablemente morir√≠an todos ¬ó Miro sacudi√≥ la cabeza ¬ó. Parec√≠an casi felices con esa idea.


Ouanda le detuvo.
¬ó
Ni siquiera ha prometido. No ha prometido nada.

¬ó
¬ŅQu√© quer√©is que prometa? ¬ó les pregunt√≥ Ender.

¬ó
Que no diga... nada de esto...

¬ó
¬ŅQue no me chive de vosotros?
Ella asintió, aunque claramente rechazaba la frase infantil.


¬ó
No prometeré nada de eso — dijo Ender —. Mi oficio es contar.
Ella se giró hacia Miro.


¬ó
¬ŅVes?
Miro en cambio pareció asustado.


¬ó
No puede contarlo. Cerrar√°n la verja. ¬°No nos dejar√°n volver a franquearla!

¬ó
¬ŅY tendr√©is que encontrar otro empleo? ¬ó pregunt√≥ Ender.
Ouanda le miró con desdén.


¬ó
¬ŅEso es lo que piensa de la xenolog√≠a? ¬ŅQue es un empleo? Hay otra especie inteligente en


los bosques. Ramen, no varelse, y hay que darla a conocer. Ender no respondió, pero su mirada no se despegó de su cara.
¬ó
Es como la Reina Colmena y el Hegem√≥n ¬ó dijo Miro ¬ó. Los cerdis son como los insectores. S√≥lo que m√°s peque√Īos, m√°s d√©biles, m√°s primitivos. Necesitamos estudiarlos, s√≠, pero eso no es suficiente. Se puede estudiar a las bestias y no preocuparse un √°pice cuando una de ellas se cae muerta o es devorada, pero ellos... son como nosotros. No podemos estudiar simplemente su hambre, observar c√≥mo se destruyen en la guerra, les conocemos, les...

¬ó
Amamos ¬ó dijo Ender.

¬ó
¡Sí! — exclamó Ouanda, desafiante.

¬ó
Pero si los dej√°rais, si no estuvierais aqu√≠, desaparecer√≠an, ¬Ņno?

¬ó
No — respondió Miro.

¬ó
Te dije que sería como el comité — acusó Ouanda.
Ender la ignoró.


¬ó
¬ŅQu√© les suceder√≠a si los dej√°rais?



¬ó
Es como... ¬ó Miro hizo un esfuerzo por encontrar las palabras ¬ó. Es como si regres√°ramos a la vieja Tierra, mucho antes del Genocidio, antes de los viajes estelares, y les dij√©ramos, pod√©is viajar entre las estrellas, pod√©is vivir en otros mundos. Y luego les ense√Ī√°ramos un millar de milagros. Luces que se encienden con s√≥lo apretar un bot√≥n. Acero. Incluso cosas simples... cuencos para recoger el agua. La agricultura. Ellos te ven, saben lo que eres, saben que pueden convertirse en lo que eres, hacer todas las cosas que t√ļ haces. ¬ŅQu√© es lo que dir√°n? Ll√©vate todo esto, no nos lo muestres, d√©janos vivir nuestras breves, brutales y desagradables vidas, deja que la evoluci√≥n siga su curso. No. Dir√≠an danos, ens√©√Īanos, ay√ļdanos.

— Y respondéis que no es posible y os marcháis.

¬ó
¬°Es demasiado tarde! ¬ó dijo Miro ¬ó. ¬ŅNo lo comprende? ¬°Ya han visto los milagros! Ya nos han visto volar. Han visto que somos altos y fuertes, y tenemos herramientas m√°gicas y conocemos cosas con las que ellos nunca osar√≠an so√Īar. Es demasiado tarde para decirles adi√≥s, y marcharnos. Saben lo que es posible. Y cuanto m√°s tiempo nos quedamos, m√°s intentan aprender, y cuanto m√°s aprenden, m√°s vemos hasta qu√© punto el aprender les sirve de ayuda, y si tuviera alg√ļn tipo de compasi√≥n, tal vez si comprendiera que son... que son...

¬ó
Humanos.

¬ó
Ramen, de todas formas. Son nuestros hijos, ¬Ņlo comprende?
Ender sonrió.


¬ó
¬ŅQui√©n, de entre vosotros, si su hijo le pide pan le da una piedra?
Ouanda asintió.


¬ó
Eso es. Las leyes del Congreso nos dicen que tenemos que darles piedras. Aunque nos sobre




el pan. Ender se levantó.
¬ó
Bien, vamos.
Ouanda a√ļn no estaba lista.


¬ó
No ha prometido...

¬ó
¬ŅHab√©is le√≠do la Reina Colmena y el Hegem√≥n?

¬ó
Yo sí — dijo Miro.

¬ó
¬ŅPod√©is concebir que alguien que decide llamarse Portavoz de los Muertos haga despu√©s


algo que da√Īe a esos peque√Īos, a esos pequeninos? La ansiedad de Ouanda remiti√≥, pero su hostilidad no.
¬ó
Es usted muy listo, se√Īor Andrew, Portavoz de los Muertos. A √©l le recuerda la Reina Colmena y a m√≠ me cita las Escrituras.

¬ó
Le hablo a cada uno en el lenguaje que entiende ¬ó dijo Ender ¬ó. Eso no es ser listo. Es ser claro.

¬ó
Entonces har√° lo que quiera.

¬ó
Siempre y cuando no da√Īe a los cerdis.

¬ó
Seg√ļn su punto de vista.

¬ó
No tengo ning√ļn otro punto de vista que usar.
Echó a andar y se encaminó al bosque. Ellos tuvieron que correr para seguir su ritmo.




¬ó
Tengo que decirle que los cerdis han estado preguntando por usted — dijo Miro —. Creen que es el mismo Portavoz que escribió la Reina Colmena y el Hegemón.

¬ó
¬ŅLo han le√≠do?

¬ó
La verdad es que lo han incorporado bastante bien a su religión. Tratan el ejemplar que les




dimos como si fuera un libro sagrado. Y ahora sostienen que la mismísima reina colmena les habla. Ender le miró.
¬ó ¬ŅY qu√© dice?
¬ó Que es usted el Portavoz aut√©ntico. Y que tiene a la reina colmena. Y que la va a traer para que viva con ellos, y que va a ense√Īarles todo sobre el metal y... realmente es una locura. Lo peor es que tienen unas expectativas imposibles sobre usted.
Podría ser simplemente que sintieran un deseo de completarse, como obviamente creía Miro, pero Ender sabía por la crisálida de la reina colmena que ella había estado hablando con alguien.
¬ó ¬ŅC√≥mo dicen que les habla la reina colmena?
¬ó
No les habla a ellos, sino a Raíz — contesto Ouanda, que caminaba ahora al otro lado —. Y Raíz les habla a ellos. Todo es parte de su sistema de tótems. Siempre hemos intentado seguirles la corriente y actuar como si lo creyéramos.

¬ó
¡Qué condescendiente por vuestra parte! — dijo Ender.

¬ó
Es una pr√°ctica antropol√≥gica com√ļn ¬ó contest√≥ Miro.



¬ó
Estáis tan ocupados pretendiendo que les creéis que no hay una sola posibilidad de que aprendáis algo de ellos.


Por un momento, los dos se quedaron detrás y él se internó en el bosque. Corrieron hasta alcanzarle.
¬ó ¬°Hemos dedicado nuestra vida a saber de ellos! ¬ó dijo Miro.
Ender se detuvo.

¬ó
Pero no a aprender de ellos ¬ó estaban en el interior del bosque, la luz difusa que atravesaba los √°rboles hac√≠a imposible leer en sus caras. Pero sab√≠a lo que √©stas le dir√≠an. Malestar, resentimiento, queja... ¬Ņc√≥mo se atrev√≠a este extranjero a cuestionar su actitud profesional? ¬ó. Explot√°is vuestra supremac√≠a cultural hasta el fondo. Llev√°is a cabo vuestras Actividades Cuestionables para ayudar a los pobrecitos cerdis, pero no hay una sola posibilidad de que advirt√°is cu√°ndo ellos tienen algo que ense√Īaros a vosotros.

¬ó
¬ŅComo qu√©? ¬ó demand√≥ Ouanda ¬ó. ¬ŅComo asesinar a su mayor benefactor, torturarle hasta la muerte despu√©s de que salvara la vida de docenas de esposas e hijos suyos?


¬ó ¬ŅEntonces por qu√© lo toler√°is? ¬ŅPor qu√© les ayud√°is despu√©s de lo que hicieron?
Miro se interpuso entre ellos. ¬ęProtegi√©ndola, ¬ó pens√≥ Ender ¬ó, o impidiendo que revele sus debilidades.¬Ľ
¬ó
Somos profesionales. Comprendemos que las diferencias culturales que no podemos explicar...

¬ó
Comprendéis que los cerdis son animales, y no los condenáis por asesinar a Libo y a Pipo más de lo que condenaríais a una cabra por comer capim.

¬ó
Eso es ¬ó dijo Miro.
Ender sonrió.


¬ó
Y por eso nunca aprenderéis nada de ellos. Porque pensáis que son animales.

¬ó
¬°Pensamos que son ramen! ¬ó dijo Ouanda, coloc√°ndose delante de Miro.
Obviamente no le interesaba que la protegieran.




¬ó
Los trat√°is como si no fueran responsables de sus actos ¬ó dijo Ender ¬ó. Los ramen son responsables de lo que hacen.

¬ó ¬ŅY qu√© va a hacer usted? ¬ó pregunt√≥ sarc√°sticamente Ouanda ¬ó. ¬ŅVenir y llevarles a juicio?

¬ó
Os diré una cosa. Los cerdis han aprendido más sobre mí por el muerto Raíz que lo que habéis aprendido vosotros teniéndome delante.

¬ó
¬ŅY eso qu√© se supone que significa? ¬ŅQue de verdad es el Portavoz original? ¬ó Miro obviamente consideraba aquello como la proposici√≥n m√°s rid√≠cula imaginable ¬ó. Y supongo que de verdad tiene un pu√Īado de insectores en su nave en √≥rbita, y est√° esperando poder bajarlos y...

¬ó
Lo que significa — interrumpió Ouanda —, que este aficionado piensa que está más cualificado para tratar con los cerdis que nosotros. Y por lo que a mí respecta eso prueba que jamás debimos de haber accedido a traerlo.


En ese momento Ouanda dej√≥ de hablar, pues un cerdi hab√≠a salido de entre la maleza. Era m√°s peque√Īo de lo que Ender hab√≠a esperado. Su olor, aunque no completamente desagradable, era desde luego m√°s fuerte de lo que la simulaci√≥n por ordenador de Jane daba a entender.
— Demasiado tarde — murmuró Ender —. Creo que la reunión ya ha empezado.
La expresión del cerdi, si tenía alguna, era completamente ilegible para Ender. Miro y Ouanda, sin embargo, pudieron comprender parte de su lenguaje no hablado.
¬ó
Está sorprendido — murmuró Ouanda. Al decirle a Ender que comprendía lo que él no era capaz de captar, le estaba poniendo en su lugar. Eso estaba bien. Ender sabía que aquí era un novato. Sin embargo, esperaba también haberles sacado un poco de su forma de pensar normal. Era obvio que nunca se hacían preguntas y seguían pautas establecidas. Si quería tener ayuda real por su parte, tendrían que romper aquellos viejos modelos y alcanzar nuevas conclusiones.

¬ó
Come-hojas ¬ó dijo Miro.
Come-hojas no despegaba los ojos de Ender.


¬ó
Portavoz de los Muertos ¬ó dijo.

¬ó
Le hemos traído — anunció Ouanda.
Come-hojas se dio la vuelta y desapareció en la maleza.


¬ó
¬ŅQu√© significa eso? ¬ó pregunt√≥ Ender ¬ó. ¬ŅQue se marcha?

¬ó
¬ŅNo se lo imagina? ¬ó pregunt√≥ Ouanda.



¬ó
Os guste o no ¬ó dijo Ender ¬ó, los cerdis quieren hablar conmigo y yo quiero hablar con ellos. Creo que saldr√° mejor si me ayud√°is a comprender qu√© pasa. ¬ŅO es que tampoco lo comprend√©is?

Les vio debatirse, molestos. Y entonces, para alivio de Ender, Miro tomó una decisión. En vez de responder con arrogancia, lo hizo sencilla, mansamente.

¬ó
No. No lo comprendemos. Seguimos jugando a las adivinanzas con los cerdis. Ellos nos hacen preguntas, nosotros les hacemos preguntas, y por nuestra habilidad ni ellos ni nosotros hemos revelado nada deliberadamente. Ni siquiera les hemos hecho las preguntas cuyas respuestas queremos conocer realmente, por miedo a que aprendan demasiado de nosotros gracias a esas

preguntas. Ouanda no estaba dispuesta a participar en la decisión de cooperar de Miro.

¬ó
Sabemos m√°s de lo que usted sabr√° en veinte a√Īos. Y est√° loco si cree que puede duplicar lo que sabemos con una entrevista de diez minutos en el bosque.

¬ó
No necesito duplicar lo que sabéis — dijo Ender.

¬ó
¬ŅEso cree?

¬ó
Os tengo conmigo — sonrió.
Miro comprendió y lo tomó como un cumplido.




¬ó
Esto es todo lo que sabemos, y no es mucho. Come-hojas probablemente no se alegra de verle. Hay un roce entre él y un cerdi llamado Humano. Cuando pensaron que no íbamos a traerle, Come-hojas estuvo seguro de que había ganado. Ahora se le ha arrebatado la victoria. Tal vez hemos salvado la vida de Humano.

¬ó ¬ŅY le ha costado la suya a Come-hojas?

¬ó
¬ŅQui√©n sabe? Presiento que el futuro de Humano est√° en juego, pero el de Come-hojas no. Come-hojas s√≥lo est√° intentando que Humano fracase, no ganar √©l.

¬ó
Pero no lo sabéis.

¬ó
√Čse es el tipo de cosas sobre las que nunca preguntamos ¬ó Miro volvi√≥ a sonre√≠r ¬ó. Y tiene




usted razón. Es una costumbre tan enraizada que ni siquiera nos damos cuenta de que no preguntamos. Ouanda estaba furiosa.
¬ó ¬ŅTiene raz√≥n? Ni siquiera nos ha visto trabajar y de repente ya es todo un cr√≠tico de...
Pero Ender no ten√≠a ning√ļn inter√©s en verles discutir. Se encamin√≥ en la direcci√≥n que hab√≠a tomado Come-hojas y dej√≥ que le siguieran cuando quisieran. Lo que, por supuesto, hicieron inmediatamente, dejando su discusi√≥n para m√°s tarde. En cuanto Ender supo que iban tras √©l, empez√≥ a preguntarles de nuevo.
¬ó
Esas Actividades Cuestionables que hab√©is llevado a cabo... ¬ŅHab√©is introducido nuevos alimentos en su dieta?

¬ó
Les ense√Īamos a comer la ra√≠z de merdona ¬ó dijo Ouanda. Su tono era crispado y profesional, pero al menos le hablaba. No iba a dejar que su furia la excluyera de lo que obviamente iba a ser un encuentro crucial con los cerdis ¬ó. Les ense√Īamos a anular el contenido de cianuro moj√°ndola y poni√©ndola a secar al sol. √Čsa fue la soluci√≥n a corto plazo.

¬ó
La solución a largo plazo fueron algunas de las adaptaciones que Madre realizó con el amaranto — dijo Miro —. Consiguió una variante de amaranto que se adaptaba tan bien a Lusitania que no era buena para los humanos. Demasiada estructura proteínica lusitana, no lo suficientemente terrestre. Pero parecía adecuado para los cerdis. Hice que Ela me diera algunos especímenes sin que supiera que era importante.

¬ęNo te enga√Īes con lo que Ela sabe o no¬Ľ, pens√≥ Ender.

¬ó
Libo se los dio y les ense√Ī√≥ a plantarlos y luego c√≥mo molerlo, hacer harina, convertirlo en pan. Sab√≠a a rayos, pero les dio una dieta que controlaban directamente por primera vez. Han engordado desde entonces.


La voz de Ouanda era m√°s amarga.
— Pero mataron a Padre inmediatamente después de llevar a las esposas las primeras hojas.
Ender camin√≥ en silencio unos instantes, intentando sacar sentido a todo esto. ¬ŅLos cerdis mataron a Libo inmediatamente despu√©s de que les salvara del hambre? Impensable, y sin embargo hab√≠a sucedido. ¬ŅC√≥mo pod√≠a evolucionar una sociedad si mataba a aquellos que mejor contribu√≠an a su supervivencia? Tendr√≠a que ser exactamente al contrario... tendr√≠an que recompensar a los valiosos, d√°ndoles m√°s oportunidades para reproducirse. Es as√≠ c√≥mo las comunidades mejoran sus posibilidades de sobrevivir como grupo. ¬ŅC√≥mo pod√≠an sobrevivir los cerdis si asesinaban a aquellos que m√°s contribu√≠an a su supervivencia?
Y sin embargo hab√≠a precedentes humanos. Estos ni√Īos, Miro y Ouanda, con sus Actividades Cuestionables, eran mejores y m√°s sabios, a la larga, que el Comit√© Estelar que hac√≠a las reglas. Pero si les descubr√≠an, les separar√≠an de sus familias y les llevar√≠an a otro mundo... casi una sentencia de muerte, en cierto modo, puesto que todos aquellos a los que conoc√≠an habr√≠an muerto antes de que pudieran regresar. Y, adem√°s, ser√≠an juzgados y castigados, probablemente encarcelados. Ni sus ideas ni sus genes se propagar√≠an, y la sociedad se empobrecer√≠a por ello.
Sin embargo, sólo porque los humanos lo hicieran, no parecía sensato. Además, el arresto y encarcelamiento de Miro y Ouanda, si alguna vez sucedía, tendría sentido si se viera a los humanos como a una sola comunidad y a los cerdis como a sus enemigos, si se pensara que cualquier cosa que ayudara a sobrevivir a los cerdis fuera de alguna manera una amenaza a la humanidad. Entonces el castigo de la gente que ampliaba la cultura de los cerdis se produciría no para proteger a los cerdis, sino para evitar que los cerdis se desarrollaran.
En ese momento Ender vio claramente que las reglas que legislaban el contacto humano con los cerdis no funcionaban realmente para proteger a los cerdis. Funcionaban para garantizar la superioridad y el poder humano. Desde ese punto de vista, al ejecutar aquellas Actividades Cuestionables, Miro y Ouanda eran traidores a los intereses de su propia especie.
¬ó
Renegados ¬ó dijo en voz alta.

¬ó
¬ŅQu√©? ¬ó pregunt√≥ Miro ¬ó. ¬ŅC√≥mo dice?

¬ó
Renegados. Aquellos que niegan a su propia gente y aceptan al enemigo como suyo.

¬ó
Ah.

¬ó
No lo somos ¬ó dijo Ouanda.

¬ó
Sí que lo somos — dijo Miro.

¬ó
¬°No he negado mi humanidad!

¬ó
Seg√ļn la define el obispo Peregrino, hemos negado nuestra humanidad hace mucho tiempo.

¬ó
Pero como yo la defino...


¬ó
Seg√ļn la defines t√ļ ¬ó intervino Ender ¬ó, los cerdis son humanos tambi√©n. Por eso eres una renegada.

— ¡Creí que había dicho que tratamos a los cerdis como a animales!

¬ó
Cuando no les ten√©is en cuenta, cuando no les hac√©is preguntas directas, cuando intent√°is enga√Īarles, entonces les trat√°is como animales.

¬ó
En otras palabras — dijo Miro —, cuando seguimos las reglas del comité.

¬ó
Si — dijo Ouanda —, sí, es verdad, somos renegados.

¬ó
¬ŅY usted? ¬ó pregunt√≥ Miro ¬ó. ¬ŅPor qu√© es un renegado?

¬ó
Oh, la raza humana me dio la patada hace muchísimo tiempo. Por eso me convertí en




Portavoz de los Muertos. Con esto, llegaron al claro de los cerdis.
Madre no vino a cenar y tampoco lo hizo Miro. No hab√≠a problemas para Ela. Cuando alguno de los dos estaba presente, Ela perd√≠a su autoridad; no pod√≠a seguir controlando a los ni√Īos m√°s peque√Īos. Y sin embargo ni Madre ni Miro tomaban su puesto. Nadie obedec√≠a a Ela y nadie m√°s intentaba mantener el orden. As√≠ que era m√°s f√°cil cuando no estaban.
No es que los peque√Īos se comportaran especialmente bien ahora. Simplemente se le resist√≠an menos. S√≥lo tuvo que gritarle a Grego un par de veces para que dejara de pellizcar y dar patadas a Quara por debajo de la mesa. Y hoy Quim y Olhado estaban muy callados, sin los comentarios t√≠picos.
Hasta que terminó la cena.
Quim se echó hacia atrás en la silla y miró maliciosamente a Olhado.
¬ó
As√≠ que t√ļ eres el que le ense√Ī√≥ a ese esp√≠a c√≥mo entrar en los archivos de Madre.
Olhado se volvió hacia Ela.


¬ó
Has vuelto a dejar la boca de Quim abierta, Ela. Tendrías que ser más cuidadosa — era la


forma que tenía Olhado, a través del humor, de pedir la intervención de Ela. Quim no quería que recibiera ninguna ayuda.
¬ó Esta vez Ela no est√° de tu parte, Olhado. Nadie est√° de tu parte. Ayudaste a ese repugnante esp√≠a a entrar en los archivos de Madre, y eso te hace tan culpable como √©l. Es un servidor del diablo, y lo mismo eres t√ļ.
Ela vio la furia en el cuerpo de Olhado. Tuvo la visión momentánea de Olhado tirándole a Quim el plato a la cara. Pero el momento pasó. Olhado se calmó.
¬ó Lo siento ¬ó dijo Olhado ¬ó. No quise hacerlo.
Estaba cediendo ante Quim. Estaba admitiendo que Quim tenía razón.

¬ó
Espero — dijo Ela —, que quieras decir que sientes haberlo hecho sin intención. Espero que no estés pidiendo disculpas por ayudar al Portavoz de los Muertos.

¬ó
Por supuesto que se está disculpando por ayudar al espía — dijo Quim.

¬ó
Porque todos deberíamos ayudar al Portavoz en lo que podamos — continuó Ela.
Quim se puso en pie de un salto y se apoyó en la mesa para gritarle a la cara.




¬ó
¬ŅC√≥mo puedes decir eso? ¬°Estaba violando la intimidad de Madre, estaba descubriendo sus secretos, estaba...!

Para su sorpresa, Ela descubrió que también se había puesto en pie y que le gritaba, y más fuerte.

¬ó
¬°Los secretos de Madre son la causa de la mitad del veneno que hay en esta casa! ¬°Los secretos de Madre nos est√°n volviendo enfermos a todos, incluy√©ndola a ella! ¬°As√≠ que tal vez la √ļnica manera de arreglar las cosas sea robarle todos los secretos y airearlos para que podamos deshacernos de ellos!

Dejó de gritar. Quim y Olhado estaban de pie ante ella, apretándose contra la pared de enfrente como si sus palabras fueran balas y les estuviera ejecutando. Tranquila, intensamente, Ela continuó.

¬ó
En lo que a m√≠ respecta, el Portavoz de los Muertos es la √ļnica oportunidad que tenemos de volver a ser una familia. Y los secretos de Madre son la √ļnica cosa que nos lo impide. Por eso hoy le dije todo lo que s√© sobre los archivos de Madre, porque quiero ayudarle a descubrir la verdad en lo que pueda.

¬ó
Entonces eres m√°s traidora que nadie ¬ó dijo Quim. Su voz temblaba. Estaba a punto de llorar.


¬ó Digo que ayudar al Portavoz de los Muertos es un acto de lealtad ¬ó contest√≥ Ela ¬ó. La √ļnica traici√≥n real es obedecer a Madre, porque lo que quiere, aquello para lo que ha trabajado durante toda su vida, es su autodestrucci√≥n y la destrucci√≥n de su familia.
Para sorpresa de Ela, no fue Quim; sino Olhado, quien se echó a llorar. Sus lagrimales no funcionaban, por supuesto, pues habían sido extirpados cuando le instalaron los ojos. Así que no hubo lágrimas que indicaran que estaba llorando. En cambio emitió un sollozo y se aplastó contra la pared hasta que se sentó en el suelo, con la cabeza entre las rodillas, sollozando y suspirando. Ela comprendió por qué. Porque le había dicho que su amor por el Portavoz no era desleal, que no había pecado, y él creía en lo que le había dicho, sabia que era verdad.
Entonces, al alzar la vista de Olhado, vio a Madre de pie en el umbral. Ela sintió que se
debilitaba y se echó a temblar al advertir que Madre tenía que haberla oído.
Pero Madre no parecía enfadada. Sólo un poco triste, y muy cansada. Estaba mirando a Olhado.
Quim encontró la voz.
¬ó
¬ŅHas o√≠do lo que Ela estaba diciendo? ¬ó pregunt√≥.

¬ó
Sí — contestó Madre, sin dejar de mirar a Olhado —. Y por lo que sé, puede que tenga


razón. Ela estaba tan nerviosa como Quim.
¬ó Id a vuestras habitaciones, ni√Īos ¬ó dijo Madre suavemente ¬ó. Necesito hablar con Olhado.
Ela llamó a Grego y Quara, que se bajaron de sus sillas y se escurrieron a su lado, con los ojos abiertos de asombro ante aquellos sucesos inusitados. Después de todo, ni siquiera Padre había sido capaz de hacer llorar a Olhado nunca. Les sacó de la cocina, de vuelta a su dormitorio. Oyó a Quim recorrer el pasillo, entrar en su habitación, cerrar la puerta y meterse en la cama. Y en la cocina los sollozos de Olhado se difuminaron, se calmaron, terminaron cuando Madre, por primera vez desde que perdió los ojos, le abrazó y le consoló, secando con su pelo sus lágrimas inexistentes mientras le acunaba.
Miro no sabía qué pensar del Portavoz de los Muertos. De alguna manera siempre había imaginado que un Portavoz sería muy parecido a un sacerdote... o al menos, a lo que se supone que es un sacerdote. Tranquilo, contemplativo, apartado del mundo, siempre dejando la acción y la decisión a otros. Miro había esperado que fuera sabio.
No había previsto que fuera tan entrometido, tan peligroso. Sí, era sabio, de acuerdo, veía más allá de lo aparente, hacía o decía cosas sorprendentes que, cuando se pensaba bien, eran exactamente las adecuadas. Era como si estuviera tan familiarizado con la mente humana que pudiera ver, directamente por la expresión de tu cara, los deseos profundos, las verdades tan bien disfrazadas que ni siquiera uno mismo sabe que tiene en su interior.
Cu√°ntas veces se hab√≠a quedado Miro con Ouanda as√≠, mirando a Libo tratar a los cerdis. Pero con Libo siempre hab√≠an comprendido lo que hac√≠a; conoc√≠an su t√©cnica, conoc√≠an su prop√≥sito. El Portavoz, sin embargo, segu√≠a unas pautas de pensamiento que eran completamente extra√Īas para √©l.
Aunque ten√≠a aspecto humano, Miro lleg√≥ a preguntarse si no ser√≠a realmente un framling: pod√≠a ser tan enigm√°tico como los cerdis. Era tan ramen con ellos, extra√Īo pero sin ser un animal.
¬ŅQu√© advert√≠a el Portavoz? ¬ŅQu√© ve√≠a? ¬ŅEl arco que llevaba Flecha? ¬ŅLos cuencos en los que la ra√≠z de merdona se secaba? ¬ŅCu√°ntas Actividades Cuestionables reconoc√≠a, y cu√°ntas pensaba que eran pr√°cticas nativas?
Los cerdis sacaron la Reina Colmena y el Hegemon.
¬ó
T√ļ ¬ó dijo Flecha ¬ó. ¬ŅT√ļ escribiste esto?

¬ó
Sí — respondió el Portavoz de los Muertos.
Miro observó a Ouanda, cuyos ojos brillaron de indignación. Así que el Portavoz era un



mentiroso. Humano interrumpió.
¬ó Miro y Ouanda, piensan que eres un mentiroso.
Miro inmediatamente volvió la vista hacia el Portavoz, pero él no les miró.

¬ó
Por supuesto que lo creen — dijo —. Nunca se les ha ocurrido pensar que Raíz podría haberos dicho la verdad.

Las tranquilas palabras del Portavoz molestaron a Miro. ¬ŅPodr√≠a ser verdad? Despu√©s de todo, la gente que viajaba entre las estrellas se saltaba d√©cadas, a menudo siglos, al ir de un sistema a otro. A veces hasta medio milenio. No har√≠an falta muchos viajes para que una persona sobreviviera tres mil a√Īos. Pero que el Portavoz de los Muertos original viniera aqu√≠ ser√≠a una coincidencia demasiado incre√≠ble. Excepto que el Portavoz original era el que hab√≠a escrito la Reina Colmena y el Hegem√≥n y, por ello, estar√≠a interesado en la primera raza de ramen que conoc√≠an desde los insectores. ¬ęNo lo creo¬Ľ, se dijo Miro, pero ten√≠a que admitir la posibilidad de que pudiera ser cierto.

¬ó
¬ŅPor qu√© son tan est√ļpidos? ¬ó pregunt√≥ Humano ¬ó. ¬ŅNo reconocen la verdad cuando la oyen?

¬ó
No son est√ļpidos ¬ó respondi√≥ el Portavoz ¬ó. Es as√≠ como son los humanos: cuestionamos todas nuestras creencias, excepto aquellas en las que realmente creemos, y aquellas otras en las que nunca pensamos. Nunca se han planteado la idea de que el Portavoz de los Muertos original no muriera hace tres mil a√Īos, aunque saben hasta qu√© punto el vuelo interestelar prolonga la vida.

¬ó
Pero se lo dijimos.

¬ó
No... les dijisteis que la reina colmena le había dicho a Raíz que yo escribí este libro.



¬ó
Por eso tendrían que haber sabido que era verdad — dijo Humano —. Raíz es sabio, es un padre; nunca cometería un error.

Miro no sonrió, pero quiso hacerlo. El Portavoz se creía muy listo, pero aquí estaba ahora, donde todas las preguntas importantes terminaban, frustrado por la insistencia de los cerdis de que sus árboles tótem podían hablarles.

¬ó
Ah ¬ó dijo el Portavoz ¬ó. Hay tanto que no comprendemos. Y tanto que vosotros no comprend√©is. Deber√≠amos ense√Īarnos m√°s cosas.


Humano se sentó junto a Flecha, compartiendo con él la posición de honor. Flecha no hizo gesto de que le importara.
¬ó Portavoz de los Muertos ¬ó dijo Humano ¬ó, ¬Ņnos traer√°s a la reina colmena?
¬ó No lo he decidido todav√≠a. Una vez m√°s, Miro volvi√≥ la vista a Ouanda. ¬ŅEstaba loco el Portavoz, dando a entender que pod√≠a entregar lo que no pod√≠a ser entregado?
Entonces record√≥ lo que hab√≠a dicho el Portavoz sobre cuestionarse todas las creencias excepto aquellas en las que realmente se cree. Miro siempre hab√≠a aceptado lo que todo el mundo sab√≠a: que todos los insectores hab√≠an sido destruidos. Pero, ¬Ņy si hubiera sobrevivido una reina colmena? ¬ŅY si era por eso que el Portavoz hab√≠a podido escribir su libro? ¬ŅPor qu√© ten√≠a un insector con el que hablar? Era improbable en extremo, pero no imposible. Miro no sab√≠a con seguridad que hubiera muerto hasta el √ļltimo insector. S√≥lo sab√≠a que todo el mundo lo cre√≠a y que nadie en tres mil a√Īos hab√≠a dado la m√°s m√≠nima evidencia de lo contrario.
Pero incluso si era verdad, ¬Ņc√≥mo pod√≠a saberlo Humano? La explicaci√≥n m√°s simple era que los cerdis hab√≠an incorporado la poderosa historia de la Reina Colmena y el Hegem√≥n a su religi√≥n, y eran incapaces de comprender que hab√≠a muchos Portavoces de los Muertos, y que ninguno de ellos era el autor del libro; que todos los insectores estaban muertos, y que ninguna reina colmena pod√≠a venir. √Čsa era la explicaci√≥n m√°s simple, la m√°s f√°cil de aceptar. Cualquier otra le obligar√≠a a admitir la posibilidad de que el √°rbol t√≥tem de Ra√≠z, de alguna manera, pod√≠a hablarles a los cerdis.
¬ó
¬ŅQu√© te har√° decidir? ¬ó pregunt√≥ Humano ¬ó. Les hacemos regalos a las esposas, para ganar su honor, pero t√ļ eres el m√°s sabio de todos los humanos, y no tenemos nada que necesites.

— Tenéis muchas cosas que necesito.

¬ó
¬ŅQu√©? ¬ŅNo puedes hacer cuencos mejores que √©stos? ¬ŅFlechas m√°s certeras? La capa que llevo est√° hecha de lana de cabra... pero tu ropa es mejor.


— No necesito cosas así — dijo el Portavoz —. Lo que necesito son historias verdaderas.
Humano se acercó más, y entonces dejó que su cuerpo se pusiera rígido de excitación, de anticipación.
¬ó
¬°Oh, Portavoz! ¬ó dijo, y su voz son√≥ poderosa, por la importancia de sus palabras ¬ó. ¬ŅA√Īadir√°s nuestra historia a la Reina Colmena y el Hegem√≥n?

¬ó
No conozco vuestra historia.

¬ó
¬°Preg√ļntanos! ¬°Preg√ļntanos cualquier cosa!

¬ó
¬ŅC√≥mo puedo contar vuestra historia? S√≥lo cuento las historias de los muertos.



¬ó
¬°Estamos muertos! ¬ó grit√≥ Humano. Miro nunca le hab√≠a visto tan agitado ¬ó. Nos est√°n asesinando cada d√≠a. Los humanos llenan todos los mundos. Las naves viajan de estrella a estrella, a trav√©s de la negrura de la noche, llenando todos los huecos. Nosotros estamos aqu√≠, en nuestro mundo √ļnico, mirando c√≥mo el cielo se llena de humanos. Los humanos construyeron esa est√ļpida verja para mantenernos aparte, pero eso no es nada. ¬°El cielo es nuestra verja! ¬ó Humano salt√≥ hacia arriba, muy alto, pues sus piernas eran poderosas ¬ó. ¬°Mira c√≥mo la verja me devuelve al suelo!


Corrió hacia el árbol más cercano y subió por el tronco, más alto de lo que Miro le había visto nunca escalar. Dio una especie de zambullida y se arrojó al aire. Colgó allí un momento, y luego la gravedad le hizo caer contra el duro suelo.
Miro pudo oír la respiración escapársele por la fuerza del golpe. El Portavoz corrió inmediatamente hacia Humano; Miro le siguió de cerca. Humano no respiraba.
¬ó ¬ŅHumano est√° muerto? ¬ó pregunt√≥ a su espalda Ouanda. ¬ó ¬°No! ¬ó grit√≥ un cerdi en el Lenguaje de los Machos ¬ó. ¬°No puedes morir! ¬°No! ¬°No! ¬ó Miro vi√≥, para su sorpresa, que era Come-hojas ¬ó. ¬°No puedes morir!
Entonces Humano alzó una mano y tocó la cara del Portavoz. Inhaló profundamente y luego habló.
¬ó ¬ŅVes, Portavoz? Morir√≠a por escalar la muralla que nos separa de las estrellas.
En todos los a√Īos que Miro hab√≠a conocido a los cerdis, nunca hab√≠an hablado del viaje estelar, nunca le hab√≠an hecho una sola pregunta. Sin embargo, Miro advert√≠a ahora que todas las preguntas que hac√≠an estaban orientadas hacia el descubrimiento del secreto del vuelo estelar. Los xen√≥logos nunca se hab√≠an dado cuenta porque sab√≠an ¬ó sab√≠an sin preguntar ¬ó que los cerdis estaban tan lejos del nivel de cultura necesario para construir naves espaciales que pasar√≠an mil a√Īos antes de que una
cosa así pudiera estar a su alcance. Pero su ansia por conocer el metal, los motores, por volar sobre el suelo, era su manera de intentar averiguar el secreto del vuelo espacial.
Humano se puso lentamente en pie, agarrando la mano del Portavoz. Miro advirtió que nunca un solo cerdi le había tomado de la mano. Sintió una pena profunda. Y el agudo dolor de los celos.
Ahora que Humano estaba claramente ileso, los otros cerdis se api√Īaron alrededor del Portavoz. No apretaban, pero quer√≠an estar cerca.
¬ó
Raíz dice que la reina colmena sabe construir naves — dijo Flecha.

¬ó
Ra√≠z dice que la reina colmena nos lo ense√Īar√° todo ¬ó dijo Cuencos ¬ó. Metal, fuego hecho


de rocas, casas hechas de agua negra, todo. El Portavoz alzó las manos, deteniendo sus murmullos.
¬ó
Si todos tuvierais sed y vierais que yo tengo agua, me pedir√≠ais que os diera de beber. Pero ¬Ņy si yo supiera que el agua est√° envenenada?

¬ó No hay veneno en las naves que vuelan a las estrellas ¬ó dijo Humano.

¬ó
Hay muchas formas de volar — respondió el Portavoz —. Algunas mejores que otras. Os daré todo lo que pueda daros, siempre que no os destruya.

¬ó
¬°La reina colmena promete! ¬ó dijo Humano.

¬ó
Y yo también.




Humano se echó hacia delante, cogió al Portavoz por el pelo y las orejas y así lo tuvo cara a cara. Miro nunca había visto un acto de violencia semejante; era esto lo que había temido, la decisión de asesinar...
— ¡Si somos ramen — gritó Humano a la cara del Portavoz —, entonces la decisión es nuestra, no tuya! ¡Y si somos varelse entonces lo mismo da que nos mates ahora a todos de la misma forma en que mataste a todas las hermanas de la reina colmena!
Miro se qued√≥ de una pieza. Una cosa era que los cerdis decidieran que √©ste era el Portavoz que hab√≠a escrito el libro. Pero ¬Ņc√≥mo pod√≠an llegar a la incre√≠ble conclusi√≥n de que era culpable del Genocidio? ¬ŅQui√©n cre√≠an que era, el monstruo Ender?
Y sin embargo allí estaba el Portavoz de los Muertos, con los ojos cerrados, las lágrimas resbalándole por las mejillas, como si la acusación de Humano tuviera la fuerza de la verdad. Humano giró la cabeza para hablarle a Miro.
¬ó
¬ŅQu√© es este agua? ¬ó susurr√≥. Entonces toc√≥ las l√°grimas del Portavoz.

¬ó
Es la forma en que mostramos dolor, o pena, o sufrimiento — contestó Miro.


Mandachuva de repente exhaló un grito, un grito lastimero que Miro nunca había oído antes, como la agonía de un animal.
— Es así cómo mostramos el dolor — susurró Humano.
— ¡Ah! ¡Ah! — gimió Mandachuva —. ¡He visto ese agua antes! ¡En los ojos de Libo y Pipo he visto este agua!
Uno a uno, y luego todos a la vez, los dem√°s cerdis exhalaron el mismo grito. Miro estaba aterrorizado, sorprendido, excitado al mismo tiempo. No ten√≠a idea de lo que significaba, pero los cerdis estaban mostrando emociones que hab√≠an ocultado a los xen√≥logos durante cuarenta y siete a√Īos.
¬ó ¬ŅSe est√°n lamentando por Pap√°? ¬ó susurro Ouanda. Sus ojos, tambi√©n, brillaban por la
excitación, y su cabello estaba empapado del sudor del miedo. Miro lo dijo en el momento en que se le ocurrió.
¬ó No han sabido hasta ahora que Pipo y Libo lloraban cuando murieron.
Entonces Miro no supo qué pensamientos atravesaron la mente de Ouanda; sólo supo que ella se

dio la vuelta, dio unos cuantos pasos vacilantes, cayó de rodillas y lloró amargamente.
Después de todo, la llegada del Portavoz había agitado un poco las cosas.
Miro se arrodilló junto al Portavoz, que tenía la cabeza inclinada, la barbilla apretada contra el
pecho.
¬ó
Portavoz, Como pode ser? ¬ŅC√≥mo puede ser que seas el primer Portavoz y a la vez seas tambi√©n Ender? N√£o pode ser.

— Les ha contado más de lo que pensé — susurró él.

¬ó
Pero el Portavoz de los Muertos, el que escribi√≥ este libro, es el hombre m√°s sabio que ha vivido. Mientras que Ender fue un asesino, mat√≥ a un pueblo entero, a una maravillosa raza de ramen que podr√≠an hab√©rnoslo ense√Īado todo...

¬ó
Los dos eran humanos, sin embargo — susurró el Portavoz.
Humano se les acercó y recitó un par de líneas del Hegemón.


¬ó
¬ęLa enfermedad y la cura est√°n en cada coraz√≥n. La muerte y la entrega est√°n en cada mano.¬Ľ

¬ó
Humano ¬ó dijo el Portavoz ¬ó, dile a tu gente que no lamente lo que hicieron por ignorancia.

¬ó
Fue una cosa terrible ¬ó dijo Humano ¬ó. Fue nuestro mayor regalo.

¬ó
Dile a tu gente que se tranquilice, y que me escuche.




Humano gritó unas cuantas palabras, no en el Lenguaje de los Machos, sino en el Lenguaje de las Esposas, el de la autoridad. Todos se callaron y se sentaron para oír lo que el Portavoz tenía que decirles.
¬ó Har√© todo lo que pueda, pero primero tengo que conoceros, pues ¬Ņc√≥mo si no podr√© contar vuestra historia? Tengo que conoceros, pues ¬Ņc√≥mo puedo saber si la bebida es venenosa o no? Y a√ļn as√≠, el mayor problema de todos continuar√°. La raza humana puede amar a los insectores porque piensa que todos est√°n muertos. Vosotros est√°is a√ļn vivos, y por eso a√ļn tiene miedo de vosotros.
Humano se puso en pie y se√Īal√≥ su cuerpo, como si fuera una cosa d√©bil y enfermiza.
¬ó ¬°De nosotros!
¬ó
Tienen miedo de la misma forma que vosotros lo ten√©is cuando mir√°is al cielo y veis a las estrellas llenas de humanos. Tienen miedo de que alg√ļn d√≠a lleguen a un mundo y descubran que hab√©is llegado primero.

¬ó
No queremos ser los primeros — dijo Humano —. Queremos estar allí también.

¬ó
Entonces dadme tiempo. Ense√Īadme qui√©n sois para que yo pueda ense√Īarles a ellos.

¬ó
Todo ¬ó dijo Humano. Mir√≥ a los otros ¬ó. Te lo ense√Īaremos todo.
Come-hojas se levantó. Habló en el Lenguaje de los Machos, pero Miro lo entendió.


¬ó
Hay algunas cosas que t√ļ no puedes decidir.
Humano le contestó bruscamente, y en stark.




¬ó
Lo que Pipo y Libo y Miro y Ouanda nos han ense√Īado tampoco pod√≠an decidirlo, pero nos lo ense√Īaron.

¬ó
Su locura no tiene por qué ser nuestra — Come-hojas continuó hablando en el Lenguaje de los Machos.


— Ni su sabiduría se aplica necesariamente a nosotros — replicó Humano.
Entonces Come-hojas dijo algo en el Lenguaje de los √Ārboles que Miro no pudo comprender. Humano no contest√≥, y Come-hojas se march√≥.
Entonces Ouanda regresó, con los ojos rojos por el llanto.
Humano se volvió al Portavoz.
¬ó
¬ŅQu√© quieres saber? Te lo diremos, te lo mostraremos, si podemos.
El Portavoz en cambio se volvió a Miro y Ouanda.


¬ó
¬ŅQu√© debo preguntarles? S√© tan poco que no s√© qu√© necesitamos conocer.
Miro dejó que Ouanda contestara.


¬ó
No tenéis herramientas de metal o piedra — dijo —. Pero vuestra casa está hecha de madera,


igual que vuestros arcos y flechas. Humano permanecía de pie, esperando. El silencio se hizo mayor.
¬ó Pero ¬Ņcu√°l es vuestra pregunta? ¬ó dijo finalmente.
— Los humanos usamos herramientas de metal o piedra para cortar los árboles cuando queremos darle forma de casa, o flechas, o bastones como los que hemos visto que lleváis — contestó el Portavoz.
Las palabras del Portavoz tardaron un instante en calar hondo. Entonces, de repente, todos los cerdis se pusieron en pie. Empezaron a correr locamente, sin prop√≥sito, a veces tropezando mutuamente, o contra los √°rboles, o las casas de madera. La mayor√≠a guardaba silencio, pero de vez en cuando alguno aullaba, exactamente como hab√≠an hecho unos minutos antes. La locura casi silenciosa de los cerdis era extra√Īa, como si hubieran perdido repentinamente el control de sus cuerpos. Todos aquellos a√Īos de cuidadosa no ¬ó comunicaci√≥n, evitando decirle nada a los cerdis, y ahora el Portavoz romp√≠a la pol√≠tica y el resultado era esta locura.
Humano emergió del caos y se arrojó al suelo delante del Portavoz.
— ¡Oh, Portavoz! — exclamó —. ¡Prométeme que nunca cortaréis a mi padre Raíz con vuestras herramientas de piedra y metal! ¡Si queréis matar a alguno, hay hermanos antiguos que se entregarán,
o yo mismo moriré alegremente, pero no les dejes que maten a mi padre! ¡a mi padre! — gritaron los otros cerdis —. ¡O al mío!
— Nunca habríamos plantado a Raíz tan cerca de la verja — dijo Mandachuva — si hubiéramos
sabido que erais... varelse. El Portavoz volvió a alzar las manos.
¬ó ¬ŅHa cortado alg√ļn humano un solo √°rbol en Lusitania? Nunca. La ley lo proh√≠be. No ten√©is nada que temer de nosotros.
El silencio se fue haciendo a medida que los cerdis se tranquilizaban. Finalmente, Humano se incorporó del suelo.
¬ó Nos has hecho temer a los humanos m√°s que nunca ¬ó le dijo al Portavoz ¬ó. Ojal√° no
hubieras venido nunca a nuestro bosque. La voz de Ouanda replicó desde detrás.
¬ó ¬ŅC√≥mo puedes decir eso despu√©s de la forma en que asesinasteis a mi padre?
Humano la miró con perplejidad, incapaz de responder nada. Miro le pasó a Ouanda el brazo

por encima de los hombros. Y el Portavoz de los Muertos rompió el silencio.
¬ó Me prometiste que responder√≠ais a todas mis preguntas. Te pregunto ahora: ¬ŅC√≥mo constru√≠s una casa de madera, y los arcos y las flechas y los bastones? Te hemos dicho la √ļnica manera que conocemos. Dime la otra forma. Dime c√≥mo lo hac√©is.
— El hermano se da a sí mismo — respondió Humano —. Te lo he dicho. Le decimos al hermano antiguo nuestra necesidad, y le mostramos la forma, y él se da.
¬ó ¬ŅPodemos ver c√≥mo se hace? ¬ó dijo Ender.
Humano miró a los demás cerdis.

¬ó ¬ŅQuieres que le pidamos a un hermano que se d√©, s√≥lo para que pod√°is verlo? No necesitamos una casa nueva, ni la necesitaremos hasta dentro de muchos a√Īos, y tenemos todas las flechas que nos hacen falta...
— ¡Muéstraselo!
Miro se volvió, igual que los demás, para ver a Come-hojas salir del bosque. Caminó decididamente hasta la mitad del claro; no les miró, y habló como si fuera un heraldo, un pregonero, sin importarle si alguien le estaba escuchando o no. Habló en el Lenguaje de las Esposas, y Miro sólo pudo comprender fragmentos.
¬ó ¬ŅQu√© est√° diciendo? ¬ó susurr√≥ el Portavoz.
Miro, a√ļn arrodillado a su lado, tradujo lo mejor que pudo.

¬ó
Aparentemente ha ido a ver a las esposas, y ellas le han dicho que hagan todo lo que pidas. Pero no es tan simple. Les está diciendo algo sobre que todos van a morir. No conozco esas palabras. Algo de hermanos muriendo, de todas formas. Míralos. No tienen miedo. Ninguno.

— No sé cómo es su miedo — dijo el Porta — voz —. No conozco a esta gente en absoluto.

¬ó
Yo tampoco ¬ó contest√≥ Miro ¬ó. Tengo que reconocerlo, has causado m√°s excitaci√≥n aqu√≠ en media hora de lo que he visto en los a√Īos que llevo viniendo.

¬ó
Es un don con el que nac√≠. Te propongo un trato. No le digo a nadie lo de vuestras Actividades Cuestionables y t√ļ no le dices a nadie qui√©n soy.

¬ó
Eso es f√°cil. No lo creo de todas maneras...
El discurso de Come-hojas terminó. Inmediatamente se dirigió a la casa y entró en ella.


¬ó
Pediremos el regalo de un antiguo hermano — dijo Humano —. Las esposas así lo han dicho.




Miro, con el brazo alrededor de Ouanda, y con el Portavoz al otro lado, contempló cómo los cerdis ejecutaban un milagro mucho más convincente que aquellos que habían ganado a Gusto y Cida su título de Os Venerados.
Los cerdis formaron un círculo en torno a un grueso árbol en el borde del claro. Entonces, uno a uno, cada cerdi escaló el árbol y empezó a golpearlo con su bastón. Pronto estuvieron en todo el árbol, cantando y golpeando al son de un ritmo complejo.
¬ó Lenguaje de los √Ārboles ¬ó susurr√≥ Ouanda.
Unos pocos minutos después el árbol se inclinó apreciablemente. De inmediato, la mitad de los cerdis saltaron y empezaron a empujarlo para que cayera al terreno abierto del claro. El resto empezó a golpear más furiosamente y a cantar con más fuerza. Una a una, las grandes ramas del árbol empezaron a caer. Inmediatamente los cerdis corrieron a recogerlas y las apartaron del lugar donde iba a caer el árbol. Humano le llevó una al Portavoz, quien la cogió con cuidado, y la mostró a Miro y Ouanda. El extremo que había estado unido al árbol era absolutamente liso. No era plano: la superficie estaba ligeramente ondulada bajo un ángulo oblicuo. Pero no había aspereza, ni savia, nada que implicara la menor violencia en su separación del árbol. Miro la tocó con el dedo y notó que estaba fría y tan lisa como el mármol.
Finalmente, el árbol quedó convertido en un tronco liso, desnudo y majestuoso: los parches donde habían crecido las ramas brillaban bajo la luz del sol de la tarde. La canción alcanzó un clímax y entonces se detuvo. El árbol se ladeó y empezó a caer lenta y graciosamente a tierra. El suelo tembló y se sacudió cuando golpeó, y entonces todo quedó en silencio.
Humano caminó hasta el árbol caído y empezó a frotar su superficie, cantando suavemente. La corteza se abrió gradualmente bajo sus manos: la grieta se extendió por toda la longitud del árbol hasta que se dividió completamente en dos. Entonces muchos cerdis la cogieron y la separaron del tronco, de un lado y de otro.
¬ó ¬ŅLes hab√©is visto alguna vez usar la corteza? ¬ó le pregunt√≥ el Portavoz a Miro.
Miro negó con la cabeza. No encontraba palabras.
Flecha dio un paso adelante, cantando suavemente. Recorrió con los dedos el tronco, como si

trazara exactamente la longitud y la anchura de un arco. Miro vio cómo aparecían las líneas, cómo la madera desnuda se abría, se curvaba, hasta que sólo quedaba el arco, perfecto, pulido y liso, dentro de un gran agujero en la madera.
Otros cerdis se adelantaron, dibujando formas sobre el tronco y cantando. Se marcharon con bastones, con arcos y flechas, con cuchillos de fina hoja, y miles de finas virutas. Finalmente, cuando la mitad del tronco había desaparecido ya, todos dieron un paso atrás y cantaron juntos. El árbol tembló y se dividió en media docena de largos palos. Había sido usado por completo.
Humano avanz√≥ lentamente y se arrodill√≥ junto a los palos, con las manos apoyadas gentilmente sobre el m√°s cercano. Ech√≥ la cabeza atr√°s y comenz√≥ a cantar, una melod√≠a sin palabras que era el sonido m√°s triste que Miro hab√≠a o√≠do en su vida. La canci√≥n continu√≥, s√≥lo en la voz de Humano; √ļnicamente de modo gradual advirti√≥ Miro que los otros cerdis le estaban mirando, esperando a que hiciera algo.
Finalmente Mandachuva se le acercó y le habló suavemente.
¬ó
Por favor — dijo — Deberías cantar por el hermano.

¬ó
No sé cómo — contestó Miro, sintiéndose indefenso y temeroso.

¬ó
Dio su vida ¬ó dijo Mandachuva ¬ó, para responder a tu pregunta.


¬ęPara responder mi pregunta y abrir otras mil m√°s¬Ľ, pens√≥ Miro. Pero se adelant√≥, se arrodill√≥ junto a Humano, cerr√≥ los dedos en torno al mismo palo fr√≠o y liso que Humano sosten√≠a, ech√≥ atr√°s la cabeza y empez√≥ a cantar. Al principio su voz fue d√©bil y dudosa, insegura de la melod√≠a; pero luego comprendi√≥ la raz√≥n de la canci√≥n sin tono, sinti√≥ la muerte del √°rbol bajo sus manos, y su voz se hizo alta y fuerte, desafinando agonizante junto a la voz de Humano, que lloraba por la muerte del √°rbol y le agradec√≠a su sacrificio y promet√≠a usar su muerte por el bien de la tribu, por el bien de loshermanos y las esposas y los hijos, para que todos pudieran vivir, multiplicarse y prosperar. √Čse era el significado de la canci√≥n, y el significado de la muerte del √°rbol, y cuando finalmente la canci√≥n acab√≥, Miro se inclin√≥ hasta que su cabeza toc√≥ la madera y pronunci√≥ las palabras de la extremaunci√≥n, las mismas palabras que hab√≠a susurrado sobre el cad√°ver de Libo cinco a√Īos antes.